Situación Actual
3º-10º
21 marzo -> luna nueva
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
S. LYSSANDRA ØSTBERG pj destacado
GWENDOLINE EDEVANE pj destacado
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline

Living like we're renegades [Steven Bennington]

Invitado el Jue Mar 30, 2017 12:07 am

Acababa de regresar de una pequeña misión fallida en la que habían intentado rescatar a un supuesto grupo de fugitivos que habían estado ocultándose en un refugio a las afueras de Londres. Novikov, un auror que había sido colega de Jane en el ministerio, la había acompañado. Habían encontrado el refugio en el bosque, pero a nadie dentro. Pensaron que había sido una trampa de los mortífagos, pero ellos tampoco aparecieron. Buscaron y buscaron y finalmente regresaron a la Zona Segura, donde Novikov estaba viviendo, suponiendo que la información que habían recibido era falsa o los fugitivos habían cambiado de lugar. Por supuesto, también estaba la opción de que hubiesen llegado demasiado tarde y los mortífagos hubiesen dado con ellos antes, pero tanto Jane como el auror intentaban no pensar en eso.

-Podemos intentarlo mañana de nuevo -le dijo a Novikov luego de que aparecieran en el patio principal de la Zona Segura, tras haberse lanzado a las vías del tren en la estación de metro de Camden Town. El hombre la miró con cierto pesar.
-Creo que no será posible, Jane -empezó a medida que avanzaban-. He decidido irme de Inglaterra, y debo preparar algunas cosas.
Aquello tomó a la chica por sorpresa, por lo que se detuvo por un momento para mirarlo seriamente antes de seguir caminando.
-Sabes tan bien como yo que esta situación se prolongará por un tiempo indefinido, y no quiero que mis hijos pasen una infancia encerrados bajo tierra. Adrian ya está por cumplir los once años, odiaría tener que decirle que no podrá asistir a un colegio mágico.

Jane bajó la mirada sin saber bien qué decir. Ambos habían sido colegas durante años, y aunque no fuesen realmente amigos, el hombre le caía bien a Jane. También sabía que su mujer era muggle, y que ese era otro motivo que había llevado a la familia a refugiarse en aquella zona.
-Lamento no poder seguir ayudando, pero tengo que pensar en mi familia.
-Claro, no tienes ni que decirlo. Muchos ya han tomado la misma decisión, y otros tantos se sentirían muy afortunados de poder hacerlo. ¿A dónde irás?
-Volveré a Rusia. Tomaremos un traslador la próxima semana.
-De acuerdo. Espero que todo salga bien.

Se detuvieron entonces, pues ya habían llegado al sitio donde la familia de Novikov lo esperaba. Una sencilla puerta marcaba el que era su nuevo hogar, si es que podía llamarse como tal.
-Avísame antes de marcharte, ¿sí? -le pidió al auror antes de que se separasen. Para poder despedirme correctamente.
-Claro -Novikov sonrió por un instante, una sonrisa triste y cansada, antes de desaparecer tras su puerta. Jane dio media vuelta y volvió a andar parte del camino recorrido, también algo apenada, pues parecía ser que por cada nuevo recluta que conseguían para la Orden del Fénix, algún otro decidía irse del país. Eran decisiones extremas, pero la situación en la comunidad mágica británica también parecía estar empeorando con cada día que pasaba.

No le apenaba tanto el hecho de ver a alguien como Novikov irse de allí, tal vez para siempre, sino más bien el que dejaran de creer en aquella causa. No podían perder la esperanza, eso era algo que se repetía todos los días. En eso estaba pensando cuando, a lo lejos, le pareció ver un rostro conocido. Y tuvo suerte, pues Jane solía ser bastante distraída cuando estaba concentrada en sus propios pensamientos.
-¿Steven? -preguntó en voz lo suficientemente alta como para que el aludido la escuchara. Reconocía al muchacho como un antiguo compañero de Hogwarts de su hermano mayor, aunque no lo había visto en bastante tiempo. Era la primera vez que se topaba con él en la  Zona Segura, tal vez porque pasaba la mayor parte del tiempo ocupada con asuntos de la Orden, y cuando no, prefería estar en casa de Cosmas que en aquel lugar oscuro.
Anonymous
InvitadoInvitado

Steven D. Bennington el Jue Mar 30, 2017 10:12 pm

No hacía mucho que Odiseo les había llevado hasta aquella denominada como zona segura. Steven se había mostrado reacio en una primera instancia a la hora de vivir en aquel lugar pero sabía que era lo mejor tanto para sí mismo como para su hermana. Aún no se había acostumbrado a los ritmos de unos y de otros; aún no se había acostado al ir y venir de la gente; aún no se había acostumbrado a estar en un lugar verdaderamente seguro.

Todavía había noches en las que se despertaba bañado en su propio sudor y sentándose, de golpe, en la cama. Aún no se acostumbraba a no tener que dormir con un ojo abierto y a la ahora imposibilidad de ser encontrados. Ya no sentía miedo por Agnes, aquella amable anciana que les había facilitado tanto las cosas durante su huida de sus antiguas vidas.

- ¿Quieres que te guarde más en un tupper? – Preguntó la anciana mientras Steven fregaba las tazas del café y los platos donde habían estado comiendo. – Steven, tienes que comer bien. Y Beatrice. Ay, mi pequeña Beatrice, ¿No está muy delgada? ¿Y tú? Yo creo que habéis perdido peso desde que llegasteis.

- No te preocupes, de verdad. Donde estamos comemos bien, ya somos mayorcitos para saber cuidarnos solos. – Intentó decir Steven aún cuando estaba viendo cómo Agnes guardaba un gran grupo de pasteles que había preparado para su visita en un tupper para que Steven se lo llevase. La mujer intentaba hacerlo de manera sigilosa, pero teniendo en cuenta que no llegaba al estante de los tuppers y le había pedido ayuda a Steven, su plan no era muy efectivo.

- Dile a Beatrice que venga a verme más. Esa chica ya no se acuerda de mí, es como mi familia. – Steven no pudo evitar reír, y es que Agnes no sabía nada de su familia desde hacía un par de años que su marido había fallecido. Desde aquel entonces ninguno se había preocupado por cómo estaría la mujer y aún cuando se acordaban de llamar en fechas señaladas para no quedarse fuera de la herencia, Steven tenía claro que Agnes era plenamente consciente de todo a pesar de su avanzada edad.

Antes de que Steven terminase de recoger la cocina, Anges ya se había encargado de introducir en su mochila un tupper con pasteles de aquella tarde. Pero también había aprovechado para meter unos cuantos congelados que posiblemente ella jamás se comería. Y es que aquella mujer había hecho todo lo que estaba en su mano por ayudar a Steven y a Beatrice cuando estos habían sido dos simples desconocidos. Sólo porque habían sido su compañía y ayuda durante los últimos meses.

- El miércoles que viene haré croquetas y empanadillas. Puedes venir y llevarte unas cuantas para ti y todos tus amigos. – Dijo con un entusiasmo que rozaba lo juventud.

- Intentaré pasarme a comer contigo, ¿Qué te parece? – Una sonrisa con a la que le faltaban ya un par de dientes se dibujó en los labios de Agnes.

- Eso espero, o llamaré a tu trabajo para pedir un par de pichas y que vengas a verme. – Fingió estar malhumorada colocando los brazos en jarras.

- Pizzas, Agnes, son pizzas. Las pichas son otras cosas. – Rió Steven. Aún le sorprendía que toda la familia de aquella mujer hubiese preferido permanecer al margen de su vida. Era algo que no comprendía cuando era alguien tan agradable como lo era Anges. Algún día se darían cuenta de su error, tan sólo esperaba que no fuese demasiado tarde. Y por eso seguía acudiendo mínimo una vez por semana a casa de Agnes para que esta no se sintiese sola. Ya no era ningún tipo de compromiso, sino que no quería que estuviese sola. – Nos vemos el miércoles. – Deposito un corto beso en la frente de la mujer y se fue rumbo al metro.

No tardó más de media hora en llegar a Candem Town donde, con aún algo de medio, saltó a  las vías en el momento indicado para aparecerse en la zona segura que Odiseo le había enseñado. Colocó bien su mochila y caminó en dirección a lugar donde ahora él y Beatrice vivían. No había dado ni dos pasos cuando escuchó un murmullo tras de sí.

Se volteó ante este sin haber identificado ni la voz ni lo que decía, pero ver a Jane hizo que dibujase una sonrisa.

Si te das prisa te invito a un café con pasteles, que se me descongela la compra. – Dijo riendo, pues la compra era todo lo que Agnes había metido en su mochila como si él no fuera plenamente consciente de aquello. Abrió la puerta e invitó a la chica a entrar sin borrar la sonrisa de sus labios.
Steven D. Bennington
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 9.950
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 521
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Invitado el Lun Abr 17, 2017 9:09 am

Jane sonrió ante la respuesta del chico, que efectivamente era Steven, y asintió luego de escuchar su propuesta. ¿Quién en su sano juicio podría negarse a la invitación de café y pastel? Aquel pequeño detalle fue como una luz en medio de ese sitio de oscuridad, pues aunque la Zona Segura se había convertido en un verdadero santuario para muchos magos y brujas, no dejaba de ser un lugar donde la gente vivía limitada en muchos aspectos, y recordando día a día la libertad que habían perdido tras la implantación del nuevo régimen.

-Gracias -le dijo con sinceridad, un poco sorprendida de que Steven la invitase a su “hogar” sin ningún tipo de reparo. Cruzó la entrada y observó su interior, encontrándose con una morada simple y modesta como todas las que había visto en aquel refugio, pero comparada con las celdas de Azkabán en las que ahora residían tantas personas, aquello era un verdadero hotel de cinco estrellas.
-Vaya, es más acogedor de lo que uno podría pensar -dijo después como un pensamiento en voz alta, aun observando el lugar.

Luego volvió a mirar a Steven, suponiendo que tendría que ordenar y guardar las compras que había hecho, porque eso había hecho, ¿no?
-No sabía que estabas viviendo aquí -le dijo tras un momento-. Aunque, bueno, probablemente hay un montón de gente viviendo aquí con la que no me he topado todavía -rió entre dientes-. Pero cada vez me voy encontrando con más y más caras conocidas… supongo que eso es bueno.

Era bueno si considerabas que aquel refugio era uno de los sitios más seguros para fugitivos en esos momentos, cualquiera que estuviese viviendo allí era afortunado de tener un lugar donde poder dormir con tranquilidad, pero… no se era exactamente afortunado por ser fugitivo. Por eso Jane admiraba a aquellos que podían seguir con sus vidas con normalidad, e incluso con optimismo, pues le parecía que no sólo era algo difícil de lograr, sino también muy importante de mantener. Por ahora todo parecía marchar bien allí, y esperaba que así continuara.

-¿Cómo te encuentras? -preguntó con interés. No conocía demasiado bien a Steven, había hablado con él algunas veces en el pasado, pero no sabía detalles acerca de su vida. Sí recordaba que era un hijo de muggles, lo que seguramente era el motivo que lo llevaba a estar viviendo allí, y también que tenía una hija. Se preguntó internamente qué sería de la niña, pero prefirió no expresar ese pensamiento en voz alta, pues no le pareció oportuno iniciar la conversación con un tema tan personal.
Anonymous
InvitadoInvitado

Steven D. Bennington el Vie Abr 21, 2017 3:00 pm

Siempre había  sido confiado. No necesitaba demasiadas razones para mostrar su lado amable, para prestar ayuda a los demás. O simplemente para ofrecer una mano amiga que en momentos como aquellos parecía un sueño imposible para muchos. Sonrió. Una sonrisa sincera, cercana, como todas las que se dibujaban en sus labios. Una sonrisa que se agrandó cuando Jane aceptó su invitación y pasó tras él al interior de la casa. O de aquel habitáculo al que cariñosamente apodaba hogar.

Dejó las bolsas sobre una pequeña mesa de madera algo desgastada y comenzó a sacar el contenido de estas para meterlo en una pequeña nevera. No superaba el metro de altura, más bien parecía digna de una habitación de hotel donde sólo se acumulan dulces y bebidas a precio de oro. Pero  su contenido no era oro. Eran suministros. Había una botella de agua fría. Un par de tuppers a medio comer que acompañarían ahora a los nuevos que Agnes le había dado aquella misma tarde. También una tableta de chocolate con leche y una botella de leche.

- ¿Solo? – Preguntó mientras servía un café con leche para él y esperaba a las indicaciones de Jane para hacer lo propio con el suyo. – Es cosa de Bee. Le gusta que esto parezca una casa y no una mazmorra. – No la juzgaba. La casa estaba mejor desde que Beatrice había decidido que tenían que hacer que aquello pareciese un hogar, si es que tanto tiempo iban a pasar allí.

Sirvió sendas bebidas y acompañó con dos sobres de azúcar de restaurante. Lo colocó sobre la mesa y se acercó a  uno de los muebles situados sobre la encimera, sacando un paquete de magdalenas. ¿Pasteles? Desgraciadamente no podía ofrecerle algo así a Jane y tendría que conformarse con simples magdalenas de supermercado.

- Estaba entre este piso de veinte metros cuadrados situado en el subsuelo de Londres o… Un ático en la zona céntrica. No pude resistirme a firmar un contrato indefinido para esta zona. Buenas vistas, un vecindario poco problemático… - Rió antes de dejarse caer en una de las sillas, indicando a Jane que tomase asiento a su lado.

¿Cuál era la respuesta para aquella pregunta? No sabía cuál era. No quería pensarla. Pensarla hacía que la situación fuese más real. Que pensase que Alex estaba encerrada en un castillo, lejos de allí. Que pensase que su hermana estaba en peligro. Que pensase que su padre y su madre también lo estaban por su culpa. Que pensase que muchos de sus amigos habían perdido la vida y otros tantos estaban en Azkaban. Que pensase en aquel agujero negro en el que se encontraban ahora perdidos.

- ¿Bien? – Contestó tras un breve silencio. – Dentro de lo posible. No es que se pueda estar muy bien con todo lo que está pasando. – Dio un pequeño trago al café y abrió una de las magdalenas, partiendo un pedazo para metérselo en la boca. – Trabajabas en el Ministerio, ¿Verdad? – Tenía aquel vago recuerdo. No muy certero, pero viendo los carteles que recorrían la ciudad con el rostro de Jane era algo que había ido asumiendo. - ¿Qué pasó allí? La noche que cambió todo. – Tenía tantas preguntas que no sabía cómo comenzar a enumerarlas. Tenía tantas preguntas que dudaba que tuviesen respuesta.
Steven D. Bennington
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Sam Claflin
Edad del pj : 32
Ocupación : Profesor encantamientos
Pureza de sangre : Sucia
Galeones : 9.950
Lealtad : Pro - Muggle
Patronus : Camaleón
Mensajes : 521
Puntos : 335
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3393-steven-d-bennington http://www.expectopatronum-rpg.com/t3398-it-s-where-my-demons-hide-relaciones-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3443-this-city-never-sleeps-at-night-cronologia-de-steven http://www.expectopatronum-rpg.com/t3400-correspondencia-de-steven-d-bennington

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
Permisos de este foro:
Puedes responder a temas en este foro.