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FLASHBACK — Don't play with guns [Priv.]

I. Ezra Sullivan el Vie Mar 31, 2017 10:45 pm


Con  Theodore Cooper · 15 de octubre de 2007 · 13.45 horas · Calles de Nueva York · Soleado, 12ºC · Outfit



En muchos casos, una buena educación condiciona lo que una persona será durante el resto de su vida. En el caso de Ezra, la falta de una educación mágica le hacía carecer de conceptos que muchos magos adquirían a pronta edad en sus correspondientes colegios. Podía haber tomado uno de los libros de cualquiera de sus hermanos. O incluso haber preguntado a alguno de estos. Pero no lo había hecho. Su tiempo de formación hacía años que había expirado, o al menos eso opinaba el Squib.

Sus idas y venidas por el mundo le habían hecho no tener un punto fijo donde vivir. Un día estaba aquí, otro día estaba allí. Pero los últimos dos meses los había pasado viajando por Estados Unidos, un lugar en el que no habría imaginado poner un pie hasta que un billete de avió por debajo del precio habitual cayó en sus manos

Aquella misma mañana el tren había llegado hasta Grand Central Teminal, una estación de trenes situada en pleno Nueva York, lugar en el que Ezra ponía un pie por primera vez. Se colocó la chaqueta y cargó la mochila que acostumbraba a llevar a todas partes sobre el hombro izquierdo antes de salir del lugar, dejando un par de monedas de color cobre sobre la funda de guitarra de un músico callejero.

Caminó hasta recorrer cinco manzanas y allí mismo decidió sacar uno de sus habituales mapas. Estaba algo descolorido, con las esquinas marcadas cuando se encontraba abierto. La letra en algunos puntos era ilegible pero el rótulo que él mismo había dibujado tiempo antes se podía ver con claridad trazando líneas por el recorrido del mapa.

Bajó las gafas de sol hasta cubrir sus ojos y guardó el mapa de nuevo en el bolsillo trasero de su pantalón antes de volver a encaminarse siguiendo el rumbo que en su mapa aparecía marcado con un llamativo color rojo. Torció a la izquierda y tres manzanas más adelante lo hizo a la derecha. Dos más y paró en un puesto ambulante de bebida para coger una lata de cerveza Budweiser. A tres manzanas de allí tiró la lata en una papelera situada bajo una farola y apenas tres metros a la derecha se encontraba la puerta del local que buscaba.

Bajó los escalones hasta dar con la puerta de entrada y llamó a esta. Una rendija se abrió a la altura de su ombligo. Dio un paso hacia atrás y bajó la vista para dibujar una sonrisa irónica ante los ojos de aquel elfo doméstico que no dudó a la hora de abrir la puerta, como si aquella sonrisa fuese algún tipo de contrato no verbal que le daba la oportunidad de entrar a aquel lugar.

Un local como otro cualquiera, muchos pensarían. Pero no lo era. Un elfo doméstico tras la puerta. Dos tras la barra y tres sirviendo a los allí presentes que bebían desde primera hora de la mañana.

- ¿Whisky de fuego? Es la especialidad de la casa. – Ezra contestó una afirmativa con un simple gesto de mano y acto seguido un vaso de tubo se depositó en sus manos, literalmente por parte de magia. – Le buscaré un asiento, señor. – Dijo el mismo elfo doméstico que le había abierto la puerta tras recibir, mostrando los dientes en una sonrisa torcida, un par de monedas doradas.

Siguió los pasos del elfo doméstico hasta tomar asiento en una de las mesas vacías. Una tabla de madera con un tapete verde. Una pequeña lamparilla dorada con adornos florales que contrastaban con un local de paredes de piedra y marcado olor a humo.

- ¿Le traigo alguna cosa? -  Su contestación fue el silencio acompañado de un movimiento de brazos, el cual esta vez utilizó para coger el periódico situado sobre la mesa. El elfo doméstico entendió la negativa y se marchó por donde había venido mientras el hombre fingía leer mientras que sus ojos se fijaban en el dueño del local. Un hombre de unos setenta años, pelo canoso y nariz torcida. Una cicatriz en el cuello y una camisa de cuadros abotonada en un intento fallido por ocultarla. Un rostro fácil de identificar. Un sujeto fácil de robar.

Pasaron más de cuatro horas en las que bebió tan sólo tres copas. Lo dejó pasar con un aperitivo de algo que le hubiese gustado que supiese algo mejor y, justo aprovechando el cambio de turno, se levantó con su copa para depositarla sobre la barra con tal mala suerte que el poco contenido que aún quedaba en esta cayó sobre la ropa del sueño del local.

- Disculpe, le ayudaré a limpiarse. – Dijo con un marcado acento escocés mientras con una de las servilletas intentaba al hombre limpiarse. Este comenzó a maldecir y acto seguido sacó su varita. Ezra dio un paso hacia atrás para apartarse de la trayectoria de la varita y ante sus ojos el estropicio quedó arreglado.

- Estúpido, usa la varita.- El hombre se marchó de allí, ofendido por lo sucedido. Dos elfos domésticos rieron tras la barra, ellos sí se habían percatado de cuál era la condición de Ezra. Pero estaban tan entretenidos bromeando entre ellos que ninguno vio como la mano del hombre se desplazaba hasta el bolsillo del dueño del local y se llevaba consigo algo similar a un reloj de arena de color dorado. Un giratiempos que ahora descansaba en su propio bolsillo.
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Invitado el Sáb Abr 01, 2017 1:28 am

No llevaba demasiado tiempo trabajando en MACUSA, ya había conseguido dejar de ser el novato de otro auror , pero el resto de mis compañeros aun me veían como un novato , un novato que ya no trabajaba con un mentor , pero al fin y al cabo seguía siendo para ellos solo un novato. Aun no había logrado resolver ningún caso lo suficientemente gordo como para hacerme un nombre en la comisaría y que el resto de los aurores más experimentados me tomasen en serio. El papeleo se me acumulaba , tantos casos pequeños y sin importancia , tantos magos inconscientes y con las manos demasiado largas creando problemas , todos castigos lo suficientemente leves como para que la semana que viene volviesen a cometer el mismo crimen y a acumular más papel en mi escritorio.

Cuando llevaba unas horas sumergido entre papeles uno de mis compañeros se acerco y me comento que el jefe quería verme , era la primera vez que lo hacía por lo que decidí darme prisa para que las represalias no fuesen mayores ¿represalias? , no había hecho nada malo , pero nada demasiado bueno tampoco , ¿la habría cagado en algún informe? . Me acerco a la puerta y llamo , una voz dentro me dice que pase y al entrar puedo llegar a ver al jefe junto a un hombre. -Señor Cooper , quiero presentarle al Sr. Aldrich , hoy se ha cometido un robo de un artefacto peligroso y me gustaría que se encargase personalmente- no entendía nada , era una misión digna de un veterano , ¿por que me había encargado a mi esa misión? -Theodore es uno de nuestros mejores aurores , si le puede dar la información Sr. Aldrich ... – Aldrich me comenta donde sucedió el robo y me da una descripción del hombre que cree que le ha robado , tras darme toda la información se despide y sale del despacho del jefe.

-Sabe que no es el mejor Auror , pero prefería calmar al Sr. Aldrich- antes de poder preguntarle el por que de lo que había dicho responde a mi pregunta – me gustaría que este caso se resolviese sin que el resto se enterase , la mayoría de los aurores de la oficina son de confianza de mi superior y esto no puede llegar a sus oídos , Aldrich es un viejo amigo y el conocimiento de que tenía ese giratiempos le podría llevar a grandes problemas- ya entendía , debía estar callado para que no hubiese represalias con su amigo y así el ganaría un favor. Ese Sr. Aldrich debía de ser alguien con bastantes contactos si el jefe quería ganarse su respeto. Tan pronto como acabó la conversación me puse en su búsqueda , tendría que recorrerme los bajos fondos en su búsqueda sin preguntar por el giratiempos , la cosa me llevaría un par de horas, pero los bajos fondos era donde mejor me desenvolvía , sabía a quien comprar para conseguir la información y no era tan cruel con los criminales como el resto de aurores de MACUSA.

En menos de una hora me dieron un chivatazo de que habían visto a alguien con esa descripción en la calle , a partir de allí era cosa mía rastrearle , me aparezco en el lugar donde me iba a reunir con mi contacto , extiende las manos para pedirme una recompensa y le doy unas cuantas monedas  -Si le consigo atrapar volveré a darte un extra- me señala en que dirección se ha largado y empiezo mi caza. Era el momento de hacer de investigador para encontrar al ladrón , puede que al final del camino me aguarde un duelo que me pueda dar popularidad entre mis compañeros.
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I. Ezra Sullivan el Dom Abr 02, 2017 10:06 pm

Hizo una corta visita por los lugares emblemáticos de la ciudad. Uno no visitaba Nueva York todos los días y Ezra no era más que un turista visitando una gran cuidad como lo era aquella. Se paró a mirar la Estatua de la Libertad desde un puerto, visitó la entrada del Empire State Building y acabó por comer sentado en un parque de Central Park viendo cómo animales salvajes paseaban por aquel lugar como si de un zoológico en plena ciudad se tratase.

Tras un día ajetreado para un turista como él, miró el reloj en su muñeca para asegurarse que aún le quedaba tiempo de sobra para acudir a la reunión. Él mismo había elegido el lugar dónde tendría lugar la entrega y es que para alguien que no tiene un lugar fijo donde vivir un poco de dinero nunca venía mal. En este caso el de un coleccionista de objetos curiosos. O eso afirmaba ser el hombre. Para Ezra, no era más que un simple ladrón que metería aquel artilugio en el mercado negro.

Se sentó frente al Rockefeller Center, en un banco alejado de la multitud que comenzaba a llenar la plaza donde se encontraba el edificio. Abrió una lata de cerveza y bebió parte de su contenido, dejando esta a medio terminar sobre el banco de piedra. Volvió a mirar el reloj, esta vez de su teléfono móvil, y comprobó que quedaba aún media hora para la llegada del comprador.

Se colocó con una pierna clavada en el suelo, la otra doblada para apoyarse a la hora de sacar una fotografía. Aprovechó los últimos rayos de sol del día para fotografiar el lugar. A una pareja que discute a un par de metros de allí sin saber que están siendo observados. A un grupo de palomas que discuten sobre cuál de ellas merece más la miga de pan más grande que una anciana dejó caer al suelo. A un grupo de adolescentes que van preparados para ir de fiesta. Y, por supuesto, a un hombre que se acercaba a donde estaba con cara de pocos amigos.

Ezra no lo dudó ni un momento. No era la primera vez que alguien intentaba dar con él, era por ello precisamente que ya había hecho alguna que otra visita a la comisaria y, desgraciadamente, a prisión. Cogió la mochila con sus cosas y la cargó sobre el hombro izquierdo. Dejó la lata de cerveza a medio beber y, aún con la cámara fotográfica en la mano comenzó a caminar en la dirección opuesta a la que el hombre seguía.

Aprovechó el camino para guardar la cámara en su correspondiente funda y seguidamente en el interior de la mochila acelerando cada vez más sus pasos por cada metro que avanzaba. Lanzó un par de miradas hacia atrás para cerciorarse que, efectivamente, estaba en el punto de mira de aquel hombre.

No había que ser muy listo para comprender que el objeto que aún portaba en el bolsillo trasero de sus pantalones era la razón de todo aquello. No sabía qué era ni para qué servía. Sólo que el precio por entregarlo era elevado y que el comprador le había hecho jurar una y mil veces que no lo tocaría por las posibles consecuencias que sus actos podrían ocasionar. Era una persona curiosa, todo había que decirlo, pero con cuatro hermanos magos había aprendido que la magia no era ningún juego de niños, sino que en numerosas ocasiones contaba con ocasiones a las que era mejor no tener oportunidad de enfrentarse.
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