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Want you back | Sam

Invitado el Jue Abr 06, 2017 7:50 pm

Como el revoloteo de l abejita que era, Bee se hayaba totalmente inquieta. Es decir, más d elo acostumbrado, que ya era bastante. Pero tenía verdaderos motivos para hayarse en ese estado y es que había conseguido contactar con alguien de su pasado más cercano sin que esto supusiera, en principio, peligro para ninguna de ellas. No había que olvidar que ambas eran fugitivas y que, por tanto, exponerse siempre era un riesgo. Sin embargo, no podían quedarse de por vida sin verse una vez supieron que la otra seguía, como así le pasó a Sam cuando vio el cartel de "se busca" d eBeatrice y decidió contactar con ella. Al principio, la pequeña de los Bennington tuvo sus dudas, por si era una trampa. sin embargo, la otra había firmado de esa manera que sólo ella lo haría y despejaba cualquier duda al respecto.

Preparó el encuentro de tal manera que pudieran hacerlo cuando Beatrice terminara su jornada laboral, pues el sol ya habría cáido y seria mucho más discreto. Y también más racional, a juzgar por el peligro que podían correr a plena luz del día si aluien llegaba a reconocerlas como lo que eran y, por tanto, secuestrarlas y someterlas a cuantas torturas se les pudiera pasar a los más sádicos por la cabeza. No le dijo nada a Steve, a pesar de lo poco que le gustaba esconderle cosas a su hermano, pero quería evitar, precisamente, darle más preocupaciones de las que ya tenían ellos de por sí.  — Tranquilízate Bee, todo saldrá bien — esa había sido una frase que s ehabía repetido a sí misma a lo largo de toda su jornada laboral, cuando no tenía más compañía que la de aquellos animales que esperaban ser adquiridos por alguien que buscara mascota nueva.

Recogió todo, volvió a revisar que toods sus pequeños amigos peludos, plumíferos y nadadores tuvieran comida, bebida o cualquier otra cosa que les hiciese falta para pasar la noche. Después, y antes de apagar las luces para salir, se echó l capucha de la sudadera por encima de la cabeza, escondiendo casi todo su rubio cabello bajo la tela, dejando tan sólo un par de mechones asomando. Tras bajar la persiana que sellaba la tienda, salió al encuentro de su amiga en el lugar acordado, una pequeña y coqueta cafetería en la que también podían comprarse libros, el sueño de cualquier aficionado a leer y a las infusiones, especialidad de la casa. En cuanto tuvo a la otra rubia en el punto de mira, no pudo contenerse, abrazándola con fuerza.
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Sam J. Lehmann el Vie Abr 07, 2017 2:17 pm

Desde que Sam había tenido que huir y estar sola, no había tenido oportunidad de contactar con nadie más que con Matt. Todos sus seres queridos estaban igual de escondidos que ella, bien por su pureza de sangre o bien porque habían decidido posicionarse en contra del nuevo gobierno... y contactar con ellos era poner a ambas partes en peligro, sobre todo porque ella desconocía si algunos seguían con vida. Lo menos que quería era poner a otra persona en peligro o a sí misma, que bastante riesgo corría ya.

Sin embargo, cuando comenzó a ver carteles de "se busca" en cualquier rincón del mundo mágico y vio entre ellos el de Beatrice y el de su hermano, dio por hecho que estaban vivos y, por tanto, podía contactar con ellos. El problema era... ¿Debería? Podría ser arriesgado si alguien interceptaba el correo, pero... ¿Valía la pena arriesgarse, no? Quería ver si estaba bien, a salvo y en un lugar seguro; ver cómo se las apañaba con todo esto que les caía encima día tras día.

Así que tras recibir la respuesta de Bee, se preparó para quedar con ella una vez cayó la noche. Samantha se vistió de manera sencilla, con unos pantalones vaqueros, una chaqueta vaquera con capucha de tela y unas cómodas converse. Esperó allí, en el exterior del café, a la espera de que apareciera su amiga. La echaba de menos. Hacía casi cuatro meses que no sabía de ella y temía que le hubiese pasado algo malo, aunque por lo que había dicho en la carta, todo le había ido relativamente bien. O al menos estaba viva y no en Azkaban, que eso para un fugitivo hoy en día es mucho que decir.

Esperó pacientemente, subiéndose la bufanda que tenía para tapar lo suficiente su rostro, ya que después de tanto tiempo en busca, se había vuelto maniática y obsesiva con ocultarse. Sin embargo, cuando vio aparecer a Bee por la acera, no tardaron ambas en acortar las distancias para abrazarse fuertemente.—Me alegro de que estés bien —confesó, aún sin apartarse de ella, para luego retroceder un poco y mirarla de arriba abajo—. Vale, no te falta nada —dijo tras tocarle los brazos, para luego volver a abrazarla, esta vez esbozando una sonrisa y examinarla con la mirada para cerciorarse de que seguía igual que la última vez que la vio.

Quería saber todo de ella, a excepción de su ubicación o su posible relación con grupos rebeldes. Sam estaba en una posición peligrosa por su obligada lealtad hacia ciertos señores oscuros, por lo que prefería no saber nada, así no tenía nada que ofrecer a esa gente y mucho menos para traicionar a los suyos. Entonces la miró, acariciando cariñosamente su brazo, ya que hacía frío y además estaba contenta por volver a verla. Hacía tiempo que no estaba con algún ser querido, hasta se sentía raro sintiendo cosas y mostrándose cariñosa con alguien que no fuese su cerdito vietnamita.—Vamos adentro, que aquí fuera me siento como si pudiera reconocerme cualquiera. —Empujó la puerta, para dejarla pasar.

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Invitado el Dom Abr 16, 2017 6:38 pm

Se suponía que no debían llamar la atención y, al menos en el caso de Beatrice, resultaba toda una aventura. Era un persona que, de normal, siempre se había vestido con colores alegres, alguien que les ponía corazones a las íes y que, además, era llamativa. En su forma de comportarse, en su tono de voz, en los grititos de emoción que pegaba cuando algo la emocionaba sobremanera. Pero se contuvo, en todos los aspectos. Pese a todo, siempre había dado por hecho que la noche era más peligrosa para los fugitivos por mucho que las sombras jugaran a su favor. —Mi hermano dice que a veces me falta un hervor pero no, físicamente estoy entera. Dos brazos, dos piernas, esta preciosa nariz...— bromear siempre hacía quitar hierro al asunto y eso era algo que tenía en común con Steven, entre otras cosas. A su vez, también ella se permitió observar, durante unos segundos, a la otra rubia. Comprobó que ella también había corrido la misma suerte, por llamarlo de alguna manera.

Estás preciosa y entera, como siempre. Así que sí, entremos — no sólo por haber comprobado su aparente buen estado, sino por el hecho de que eran, precisamente, dos fugitivas. Ninguno de los que ahora eran perseguidos conocían si alguna vez podrían volver a recuperar su normalidad, si dejarían de ser perseguidos como escoria. Sin insistir en el hecho de que pasara ella primero, por no montar una escena que llamase la atención, finalmente se encaminó al interior del local, que las acogió con un calorcito que ella adoraba. Se había venido al país de niña, pero nunca dejaría de añorar el clima Australiano, incluso cuando tenía un tono de piel que no era muy amigo de los rayos directos del sol. — Me muero por un café de aquí — además, les hacían dibujos bonitos en la espuma.

Poco después las atendían, despidiendo a la camarera con una buena sonrisa, al menos por parte de la menor de los Bennington. — He llegado a pensar que podía teñirme el pelo para estar más tranquila, pero me niego a desfigurarme la cara. No es que sea una supermodelo preciosa, pero estoy contenta con lo que la genética me ha dado — podrían recurrir a alguna pócima o fórmula que para eso tenían dotes, pero nadie estaba por la labor.
¿Qué haces ahora? — como su amiga, ella también miraba a un lado y otro sólo por lo que pudiera pasar, aunque hacerlo de forma constante las haría parecer sospechosas. Más de lo que lo eran por su condición, claro.
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Sam J. Lehmann el Miér Abr 19, 2017 6:48 pm

La legeremaga sonrió risueña ante la actitud bromista y adorable que poseía su amiga. Le gustaba su manera de ser, incluso en los momentos en los que se encontraba. Sam había pasado por muchos momentos estos últimos meses que podrían definirse con una canción melodramática de tristeza, pero ahora mismo, junto a Bee, su manera de ser y esa sensación de que nada hubiese ocurrido, podría perfectamente definirse con una banda sonora de pura esperanza y felicidad. ¡Pero ojo! Eso era ahora. El momento en el que Sam se de cuenta de que todo seguía igual y que en algún momento tenía que volver a irse y esconderse, todo volvería a lo mismo. No obstante... al menos había que aprovechar el momento.

Entraron al interior y se sentaron en una de las mesas más alejadas de la ventana, ya que a ambas les venía ocultarse un poco y no estar ahí en la intemperie o al lado de la ventana. —Yo me muero por un donut —confesó divertida después de ella. ¡Hacía meses que no se comía un donut bien fresco de esos que tienen chocolate por dentro! Ambas pidieron y Sam, por su parte, se pidió un té y un donut. Uno por capricho y lo otro porque necesitaba algo de beber.

Soltó una pequeña sonrisa cuando dijo lo de cambiarse el pelo. —Podrías probar con diferentes pociones a ver cómo te quedan ciertos cambios de pelo. Eres muy guapa, seguro que te queda bien otros tonos aparte del rubio —le contestó—. Aunque yo tampoco lo haría. Quién te busque y te encuentre, un cambio de pelo no va a hacer que dude demasiado —añadió, sonando realista y encogiéndose de hombros—. Yo ahora mismo estoy de un lado para otro. Tengo una tienda de campaña mágica y me oculto en diferentes lugares cada cierto tiempo. Me están persiguiendo bien de cerca. —Le respondió, suspirando—. No es la primera vez que me tengo que enfrentar a alguien que viene con el cartel de "se busca" en el bolsillo. Es... agobiante. —Entonces fingió una sonrisa al ver como la chica del lugar traía el pedido con bastante rapidez. Aunque a decir verdad ni había mucha gente ni era demasiado complicado hacer el pedido—. ¿Y tú? ¿Estás a salvo? ¿Con gente? —preguntó, aunque antes de que Bee hablase, decidió añadir otra cosa:—No me des muchos detalles. No quiero saber nada que pudiese ir en contra vuestra. Prefiero no tener nada que ofrecer si me pillan, pero quiero saber que estás bien... o si sabes de más gente. Es super horrible no saber de nadie.
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