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Pious lie [Priv. Archie Washburne]

Laith Gauthier el Jue Abr 06, 2017 10:56 pm

Recuerdo del primer mensaje :

Era temprano por la mañana y acababa de terminar su turno de trabajo. Había vuelto a su departamento a descansar dos míseras horas antes de salir a la vida. No tenía muchas cosas que hacer ese día, volvería a tomar el turno nocturno y tenía hasta entonces para perder el tiempo, luego de haber desayunado algo. Lo bueno de las mañanas así es que casi nadie está en las calles, son suyas por completo, como una especie de escenario hecho para un solista. Con la música en los oídos, el mundo era suyo, siempre que no viese a nadie en la misma calle. Se sentía apresado en las calles mágicas.

Sus pasos iban rítmicos con el sonido de la canción, en una coreografía improvisada que el sanador aprovechaba bien dentro de su escenario personal. — I say, ah… Are you coming back to me? It’s a disastrophe. Like, come on, are you really feeling apathy? I got the moves, make you come on running after me —seguía la canción en un tono bastante discreto, aunque no por ello bajo. — ’Cause, baby… Oh, my, well, it’s unfair: looking like that make a gentleman stare —siguió un poco, entre sus pasos y su voz.

Cuando oyó un ruido, apagó la música y guardó el reproductor en una mochila que llevaba. Si era un mago purista iba a verse con problemas de que lo viesen oyendo música nomaj, en serio era desesperante poder llegar a sentirse así de perseguido, aunque esos rumbos no los frecuentaban demasiado. Eran de esos que él utilizaba para ejercitarse un poco más que para hacer nada, sitios desolados que asemejaban una especie de parque sin saber si lo era en realidad, pero que distaba suficiente del ajetreo matinal y le quedaba relativamente cerca de casa.

Fue en ese momento que vio a otro mago que parecía estar teniendo problemas con alguna cosa que desde su escondite no alcanzaba a ver. Le sacó quizá unos treinta y cinco años, tenía un rostro agradable y no estaba mal. Laith tenía la mala costumbre de juzgar primero un rostro atractivo y dejarse llevar un poco por el momento, un día iba a acabar intentando coquetearle a un secuestrador y nadie iba a saber más de Laith Gauthier. Pero éste día no era el día, tratando de descubrir qué estaba haciendo antes de acercarse.

Eso era… ¿un artículo nomaj? Eso parecía, aunque no alcanzaba a verlo bien. Tenía su oportunidad de iniciar una buena conversación, siempre que no lo confundiera con un purista. Salió de su escondite con naturalidad como si nunca hubiese estado oculto. — Buenos días, ¿qué estás haciendo? —le preguntó. Por su tono amable esperaba que se diese cuenta que no iba a meterlo en problemas por estar jugando con cosas nomaj, aparentando casi sorpresa de la cosa que tenía ahí, aunque era algo de lo más habitual para él.
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Archie Washburne el Vie Abr 14, 2017 9:35 pm

Que a Archie le gustara investigar cómo funcionaban las cosas era casi paradójico, dado que se creía en un nivel ulterior de conocimiento donde habría descubierto que nada es real sino fruto de una mente superior. O eso creía él, claro. Quizá fuese por eso, por creerse conocedor de la verdad última, que mostraba interés en cosas más nimias para entender qué leyes fundamentales la regían. Aunque eso supusiese comprender algo tan banal como el funcionamiento de un reloj.

— Yo ya tuve emociones para dos o tres vidas, muchas gracias. — sostuvo Archie.

La verdad es que nunca se había metido en un lío, mucho menos de aquel calibre. Ni en Hogwarts como alumno, ni durante su periplo conociendo nuevas culturas —y mira que según dónde, el peligro recalaba a la vuelta de la esquina, pero Archie lo esquivaba con maestría—, ni como profesor del Colegio, salvo en los últimos meses. Archie era un tipo tranquilo, y disfrutaba de un día a día como tal, sin exabruptos. La vida contemplativa era lo suyo: más cachivaches que desmontar y más libros que leer, y menos duelos de varitas y salidas a escondida. Raro también para alguien que había querido ser auror de más joven, aunque de eso hacía ya muchos años. Aun así, precisamente porque aquella vida tranquila le había sido arrebatada, ahora haría todo por volver a recuperarla.

Incluso pasar a la acción.

Cuando su vena docente se hizo patente, Laith rio. No fue un detalle que molestase a Archie —sería hipócrita para alguien que ríe de casi todo—, pero sí le hizo arquear una ceja. Afeó el rostro un instante, pero sólo bromeaba; al rato estaba riendo junto con él.

— Pues nunca me lo he planteado. — contestó Archie respecto a por qué le gustaba tanto desmontar cachivaches, aunque en parte mentía. Quizá a un nivel subconsciente, tratar de entender las cosas era un mero símbolos de un intento por comprender su desbaratada cabeza. — Supongo que nunca perdí esa conexión con mi lado muggle y mientras que de magia estaba servido gracias a Hogwarts, cada vez me aislaba más del mundo no mágico. Siempre me parecieron que tenían unos inventos la mar de ingeniosos que suplían la magia, y cada vez que descubro uno me entran ganas de saber cómo funcionan. — se explicó, tratando de hacerse entender, pero temiendo que no lo hubiera hecho. Frunció el ceño. — No sé si eso tiene algún sentido.

Seguramente no.

Cuando Archie se interesó por el nerviosismo que parecía mostrar Laith cada vez que alguien cruzaba el umbral de la cafetería, éste estaba precisamente observando quién entraba y no supo a qué se refería. Quiso responder cómicamente a aquello, con algo como “disculpado”, pero se lo pensó dos veces debido a la intranquilidad del joven sanador. Pronto no tuvo de qué preocuparse, porque la propia conversación derivó hacia otros derroteros, aunque éstos acabaron nublando más aún el rostro de Laith.

— Qué hijos de puta. — exclamó por lo bajini Archie, escuchando la historia de quien fue a reparar a Azkabam. Su faz también se apesadumbró ante aquella conversación. — Gracias, lo tendré en cuenta. — contestó. Sería una información valiosa para los que compartían refugio con él.

Archie volvió a cambiar el gesto, riendo ante la aparente broma de Laith, aunque lo hizo con timidez pues el joven había usado un tono que parecía indicar que hablaba en serio. Sea como fuera, al fugitivo le hizo gracia y continuó la carcajada con una sonrisa a la espera de lo que el de los tatuajes tuviera que añadir. Laith se extrañó en cierta medida de que recién ahora Archie descubriese los carteles. Alguien más cabal habría deducido que esos panfletos existían, incluso antes de verlos, pero Archie no era de esos.

— Supongo que lo debería haber predicho. — asumió, rascándose la nuca en gesto de falsa timidez. — Y seguramente esos carteles lleven días en las calles, pero como comprenderás no estoy en situación de ir a dar paseos a diario. — añadió, algo bromista, pese a la gravedad del asunto.

La conversación se detuvo durante un segundo ante la cara de pasmo de Laith. Por un momento, Archie pensó que había visto entrar a alguien en el establecimiento y se planteó el echarse a correr o aparecerse en otro lugar, pero no veía miedo en el rostro del tatuado. Había bajado el rostro, en vez de clavarlos en el virtual intruso; y su gesto parecía más bien de revelación, más que de ingrata sorpresa. Archie no tuvo que preguntar qué pasaba, pues el propio Laith se pronunció y descubrió el pequeño y fugaz misterio: la poción multijugos, esa posible amiga de todo fugitivo.

— ¿E ir con la piel de otro a todos lados? — respondió Archie con otra cuestión, mientras cabeceaba de lado a lado. — Sí que la conozco, pero no sé cuan viable es eso desde el punto de vista fisiológico, el ir transformado todo el tiempo en otra persona. Supongo que tú sabrás más de eso, pero no lo veo como algo apetecible. Además, está el hecho de que esa persona no pueda aparecer, lo que supondría secuestrarla, y no aprecio tanto mi libertad como para hacer algo así. — aclaró. — Ojo, no digo que no sea útil, ni siquiera que no lo vaya a usar en algún caso puntual. Pero teniendo en cuenta que no sé cuánto se alargará esta situación, que podrían ser años, no voy a estar tanto tiempo disfrazado y ocultando a otra persona. Por ahora me ayuda bastante el no salir mucho de mi escondite. Y el confiar en extraños salvadores, claro. — explicó, ampliando mucho su sonrisa ya hacia el final.

A decir verdad, la utilidad de la poción multijugos había pasado ya por su mente. Es más, había decidido usarla y tenía un claro objetivo en mente. Tenía que llegar hasta sus alumnos, tenía que introducirse en Hogwarts durante unas horas para llevarles un mensaje a sus pupilos de mayor confianza. En ese caso sí que la poción multijugos sería de vital importancia, y la usaría con gusto. Claro está, no iba a confesar su plan maestro al primer extraño con el que se cruzase. Por mucho que éste le hubiese salvado la vida. En ese caso, tendría que perdonarle, guardaría silencio.
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Laith Gauthier el Sáb Abr 15, 2017 1:16 am

Las cosas parecían más complicadas de lo que jamás se había imaginado; la verdad era que Laith no era tan tranquilo; cuando más joven, como cualquiera, había pasado por las etapas de rebeldía de cualquier adolescente; además, demostraba en muchas ocasiones la actitud de cualquier chico a su edad, así que problemas había tenido bastantes, pero no lo suficientemente grandes como para compararlos con el hecho de que podrían llegar a perseguirlo por haber ayudado a una persona. No era del tipo filosófico, sino que era activo y prefería cierta emoción en su existir, pero eso ya era pasarse.

Ver a Archimedes con su vena de profesor, le dio mucha gracia. Lo había devuelto brevemente a sus épocas de estudiante, aunque en realidad no es que se burlara de nada, viendo que se había puesto serio apenas un poco antes de reír también. La risa era una medicina gratuita, así que no iban a conseguir quitarles la risa a pesar de lo mal que se pusieran las cosas.

Lo oyó explicarle sobre su gusto a desmontar cosas, esperando su respuesta con calma mientras aprovechaba para beber en ocasiones. Le dio un poco de curiosidad cómo había sido su vida, pues decía haberse alejado de su lado muggle, quizá había sido criado por estos aunque su escape había sido por traición y no por impureza. De todos modos, escuchó su explicación con atención, acariciándose la barbilla una vez que acabó de hablar. — Tiene un poco de sentido, creo… —le dijo, aunque no estaba muy seguro de que si en serio lo tenía.

El fugitivo se interesó por su inquietud, justo en el momento en que volvía a apartarle la mirada, lo que lo dejó un poco fuera de jugada. Le hubiese venido bien su broma, aunque no fue realizada mientras le explicaba un poco que no tenía de qué preocuparse. Decidieron hablar de otro tema, aunque no resultó mejor, sino que Archimedes le pidió decirle acerca de cómo funcionaban ahora las cosas en San Mungo, animándose a explicarle algo que sucedió. Oyó vagamente la expresión del exprofesor, haciéndolo sonreír brevemente, con cierta irritación.

Si quieres puedo darte mi número… Pueden llamarme y yo me acercaré a ayudar, es la única forma en la que verdaderamente pueden recibir atención médica sin riesgo a que los entreguen —se ofreció, y pronto había sonreído de nuevo. — Aprovechando que ya tienes un teléfono espejo doble —bromeó un poco por la mentira que le había dicho al momento de encontrarse por primera vez.

Le resultó muy extraño que no se le ocurriese que su rostro estaría por todo el mundo mágico, como lo había sucedido con cualquiera en una situación parecía. Había gestos y expresiones de Archimedes que lo hacían pensar que era endemoniadamente lindo. Lo miró con atención, le hizo suponer que debía estar escondido entre las calles nomaj la mayor parte del tiempo, asintiendo con una sonrisa cuando le comentó que no daba paseos seguido; no había oportunidad para bajar la guardia. Y eso mismo le provocó traer a su memoria una idea acerca de las pociones multijugos, mirándolo mientras intentaba pensar en ello, escuchando su respuesta ante su idea.

Quizá no secuestrarla, sino, por ejemplo, tomar muestras de personas que no estén en Londres, no habría manera de que los localizaran y así los suplantarían, además de que no vivirían con ese cuerpo, sino simplemente para cuando fuera menester entrar al mundo mágico para conseguir recursos o cosas parecidas —le trató de explicar, hasta que su cabeza repitió lo de extraños salvadores como un eco que le causó una tardía risa luego de haber respondido con una explicación. Su forma de interpretarlo era bastante sencilla, pero por ello quería hablarlo con alguien que estuviese en esa situación y pudiera corregirlo.

A Laith no le importaba mucho que fueran reservados con él, cuando muchas veces parecía un cristal de lo transparente que era con los otros. Si era sincero, prefería no estar enterado de mucho: el que sabe más de lo que debe habla más de lo que le conviene. Si en algún momento lo interrogaran mágicamente, no podría evitar poner en evidencia y hacer peligrar a las personas, por lo que prefería simple y sencillamente permanecer en la ignorancia. Así que era mejor no estar consciente de demasiado de acuerdo a su punto de vista.

Bueno, es una idea después de todo… No es como si a mí me sirviera demasiado en todo caso —suspiró, volviendo a su posición relajada mientras acariciaba la taza un poco pensativo. Él podía ir y venir a demanda sin que nadie lo buscara, disfrutaba de la libertad aunque algunos podrían creer que la odiaba y por ello metía las manos al fuego por cualquiera. — ¿Te puedo hacer una pregunta aparte de ésta? —le preguntó, mas no dio tiempo a que le respondiese. — ¿Alguna vez has pensado en irte lejos? En escapar, tú sabes, de todo, de todos —eso le daba mucha curiosidad.

Cada quien tenía sus motivos para hacer las cosas; para quedarse y para irse. Todo el mundo había tomado una decisión cuando todo colisionó, y le daba un deseo de saber los motivos de alguien para quedarse o para irse. Pero, en todo caso, podría aceptar bien si no quería decírselo, después de todo no podía obligarlo y quizá fuese un tema demasiado delicado como para que quisiera decírselo al chico que había conocido hace apenas un rato.
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Archie Washburne el Lun Abr 17, 2017 2:43 am

¿Qué hacía en un café con un total extraño? ¿Qué hacía contando detalles de su vida a alguien que acababa de conocer? Vale, le había salvado el pescuezo y le estaría eternamente agradecido, pero aun así… ¿era de fiar? ¿Y si todo era parte de una gran actuación para sacarle información? ¿Y si estaban vigilándoles en aquel momento? Toda la adrenalina acumulada comenzaba a disiparse, dejando sitio a lo que parecía ser un ataque paranoico persecutorio. Archie no es que fuera un tipo muy cabal, ni muy lineal en cuanto a lo que a estabilidad mental se refiere; normal que con tantos altibajos vividos últimamente acabara por descontrolarse.

Clavó su mirada en los oliváceos ojos de Laith.

Trató de serenarse. No tenía ojos de mortífago. Respiró hondo, guardó silencio un instante. “¿Por qué estoy tan cómodo hablando con él?”, se preguntó. Agitó su cabeza, metafóricamente hablando, reordenando así sus pensamientos y desechando aquella idea de su mente. Porque si le quedaba algún resquicio de duda, el altruista gesto del joven de los tatuajes acabaría por disolverla completamente.

— Eso… sería… muy amable por tu parte. — balbuceó, sin poder ocultar su asombro. — Nos vendría bien un sanador de vez en cuando. Tener tu número sería un alivio. — concedió. — Algo bueno tenía que tener no estar en Hogwarts: ¡los teléfonos funcionan! — Archie rio con la broma de Laith, mirando al smartphone que había encontrado, que estaba aún sobre la mesa. — Pues la verdad es que no sé si podré desbloquearlo si quiera. ¿Hay algún conjuro para liberar un trasto de éstos? Qué va a haber… — se respondió a sí mismo. Parece ser una broma cuyas referencias sólo Archie conocía.

Estaba cometiendo un error una y otra vez, sólo notándolo esta última. No paraba de usar el plural cuando se refería a ‘refugiados’, dando a entender que se esconden en grupos, que se asocian, o peor: que existe una guarida conjunta, como ocurría realmente. Había decidido al fin confiar en Laith, pero no podía hacer lo mismo con quienes le rodeaban. El nuevo gobierno tenía oídos en todas partes, por lo que más le valía contener su verborrea de aquí en adelante y filtrar bien sus palabras.

— Hablas como si fuera yo un espía o algo. — dijo, en respuesta a sus consejos acerca de la poción multijugos. Le contestó en tono serio, pero le bastó un segundo para echarse a reír. — No sabría por dónde empezar, la verdad. ¿Cómo sé que no estarán en Londres para cuando yo use la poción? ¿Cómo consigo sus muestras y los mantengo localizados? Parece una labor que requiere unas habilidades muy concretas, y te recuerdo que sólo soy un humilde profesor. — se excusó, mostrando la más amplia de sus sonrisas. — De todos modos, tendré en cuenta tu consejo. Si es para tareas rápidas, poco importará que haya dos personas idénticas por Londres. Para eso sí lo usaría. Tendré en mente arrancar un mechón de pelo al próximo con el que me choque en el metro. — añadió, bromeando. Aunque no distaría mucho de la realidad; qué bajo le habían hecho caer.

Archie no tenía intención de parecer un desagradecido, sólo constataba lo que debería ser obvio: era un total inepto en esto de ser un fugitivo. Era hábil con la varita, sí, lo suficiente como para ganar un duelo si se llegase a ello; pero sus habilidades de subterfugio dejaban mucho que desear. Por suerte no le faltaba inventiva —su empeño por conocer cómo funcionan las cosas podría al fin dar algún fruto real—, ni arrojo cuando le fuese necesario, pero le faltaba esa estrategia a gran escala tan necesaria para convivir siempre con el peligro mortal tras sus espaldas.

— Y se agradece la idea, de veras. — complació encantado. — No dudes que la pondré en práctica. — No mentía, al fin y al cabo había ideado ya cuándo, cómo y dónde. — Claro, dispara. — concedió Archie, asintiendo con vehemencia, aunque el tatuado no esperaba respuesta en realidad. — Ya he viajado lo suficiente para toda una vida, Laith. — comenzó a decir. — Me pasé una década viajando y viviendo en multitud de lugares a lo largo y ancho de todo el globo, ahora quería un poco de reposo, rutina y nada más. Pero no, no descarto volver a irme. Nunca lo haría, pero por ahora mi lugar está aquí. Espero que esta situación no dure mucho, la verdad. — Frunció el ceño. — Pero si dura, me acabaré yendo, claro está. Ahora… — se interrumpió a sí mismo, torciendo una mueca que mucho distaba de una sonrisa. — ¿Te puedo hacer la misma pregunta a ti? Porque tal y como la has formulado, bien parecería que lo hubieras estado pensando seriamente. — vaticinó.

Estaba confiando en él, pero por recelo se seguía guardando detalles de vital importancia. De nuevo, no tanto por temer que él fuera el enemigo, sino porque éste podría estar a la vuelta de la esquina, acechando, escuchando. Le hubiera gustado responderle que no pensaba huir porque tenía un plan para colaborar con un grupo selecto de magos y brujas que buscaban restaurar el orden natural de la sociedad. Le gustaría haberle dicho que sí que usaría la poción multijugos, y pronto. Pero sería dar demasiados detalles, otorgar demasiada confianza y jugar con el buen desarrollo de aquella peligrosa empresa que se traía entre manos. Quizá en un futuro, con otro café de por medio, cuando todo hubiera vuelto a su cauce, volvería a ver a Laith y explicarle todo, de principio a fin.

Se lo merecía, le había salvado la vida.
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Laith Gauthier el Lun Abr 17, 2017 3:57 am

Laith era sanador por vocación y humano por devoción; motivo por el que a veces sin querer utilizaba demasiada amabilidad en su comportamiento. Se jactaba a veces de despertar y generar confianza, aunque si era sincero era don y maldición al mismo tiempo. Con frecuencia repetía que la ignorancia hace la felicidad, el miedo constante a ser atrapado y que lo obligaran a revelar información de la gente a su alrededor era atroz. Por ello, saber poco era igual a preocuparse poco.

Mismo motivo por el que consideraba que si el “ellos” del que Archie hablaba sin querer necesitaba asistencia médica, no querría ser llevado a ningún sitio clave. No le interesaba saber dónde estaban los grupos de resistencia ni mucho menos quería saber quiénes formaban parte del mismo. Su propuesta audaz había conseguido asombrar al exprofesor de un modo que Laith encontró hasta un poco exagerado.

Cuenta conmigo entonces —le pidió, buscando en su mochila algo de papel y un bolígrafo donde escribió la combinación numérica de memoria. Él en su colegio nunca había tenido la necesidad de un teléfono móvil, así que honestamente no sabía si en Ilvermorny funcionaban o no, encogiéndose de hombros con lo que Archimedes dijo. — Conjuro yo no sé, pero hay algo que la gente llama “Locales de reparación de teléfonos” y no veas las maravillas que hacen —le dijo en un tono discreto, como si aquello fuese información confidencial.

Le dio gracia que le dijera que era un espía, no exactamente, pero Laith había visto suficientes películas de acción como para saber, más o menos, cómo funcionaba eso de no ser detectado por los enemigos. Una impresión poco realista, pero que, a fin de cuentas, no dejaba de ser general y una visión de la que muchos magos lejanos al mundo nomaj carecían. Y una gran parte del éxito de esos planes era simple y sencillamente jugársela.

Puedes ir a un aeropuerto a robarte ADN de las personas, mantenerlas localizadas no es necesario, no es como si sólo fueras a usar una persona… O puedes agregarles a las redes sociales y esperar que sean de los que suben fotos de todo —dijo con una risa, sin saber si estaba pidiendo demasiado para un adulto mago al pedirle pensar en redes sociales, de las que el sanador hacía uso frecuentemente. Eran planes que se decían simples pero que eran muy elaborados, y que cualquiera muy desesperado podría hacer con mucha facilidad.

Tampoco iba a ser un insistente pesado; no era la única a la persona a la que le sugeriría el dato. En realidad, la poción multijugos podría no ser precisamente reconocida y no era algo muy del saber popular, así que siempre venía bien un consejo así. Entre la charla amena, tuvo intención de preguntar sobre sus intenciones de quedarse en el país cuando todo poco a poco se iba, dicho con anterioridad, derechito al demonio. Tenía que admitir que ciertas palabras o modos de hablar le hacían ver la diferencia de edades entre ellos dos, cosa que le daba algo de gracia.

Asentía con sus palabras, respetaba su opinión, no la compartía pero la respetaba. — Sería injusto que yo te la haga y espere que no me preguntes de vuelta, ¿no es así? —aceptó de acuerdo al tono que usó para preguntar si podría regresar la pregunta. — Yo… bueno, lo pensé seriamente, tienes razón —concedió con un tono reflexivo, dando un sorbo a su bebida mientras miraba a otro sitio como siguiendo una mosca imaginaria. — Y llegué a la conclusión de que prefiero morir de pie que vivir de rodillas, ¿sabes? Si simplemente hiciera las maletas porque todo se puso difícil, ¿no sería traicionar a la gente que me abrió sus brazos aquí? —él, precisamente por ser extranjero, sentía cierto compromiso hacia la gente que lo había recibido y ayudado, nomajs, hijos de estos, magos, todos.

La traición era un tema muy delicado para él, siempre que hablaran de una traición verdadera. La dichosa traición a la sangre no era otra cosa que no fuese el berrinche caprichoso de alguien con poder contra la gente que no tenía los mismos ideales. La traición verdadera, la de la gente que uno quiere, cala en el alma. Probablemente el sanador no podría lidiar con un peso semejante, así que seriamente no podría aplicarlo a su realidad.

Pero, bueno —y su semblante taciturno volvió a iluminarse con facilidad. — Pasará lo que tenga que pasar —era la manera para tajantemente cerrar el tema. ¿Habían ido de verdad a tomar un café para darse confianzas? Podría ser, en cualquier otra ocasión, pero el sanador sabía cuando estaban balanceándose al límite de las conversaciones inapropiadas para un primer encuentro. — No te sienta estar tan serio, luces mejor cuando sonríes —y sí, de pronto el joven se ha acordado que su primer acercamiento fue para cortejarlo.

Laith sabía que en el mundo real no se decían frases épicas, pero lo hacía a veces un poco por molestar. Como si en su cabeza supiera que sus palabras no lo iban a llevar a ningún sitio, pero generar un poco de incomodidad le divirtiera. Un hablador que no pensaba en sus palabras y que cuando en serio le interesaba conquistar a alguien las pensaba tanto que al final daba la impresión de ser callado o simplemente un poco insípido.
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Archie Washburne el Lun Abr 24, 2017 12:24 am

Le fascinaba a veces como otras personas podían llegar a ser tan solidarias, más frente a completos desconocidos. A veces, sólo a veces, se preguntaba cómo sería su vida sin tener aquella certeza tan clara de la futilidad de ésta, de que preocuparse por algo, lo que sea, era tan inútil como tratar de contar los granos de arena de una playa. En un mundo con aquel paradigma, una mente lúcida como la que pensaba poseer Archie, tomar decisiones era algo banal, por lo que dirigirlas hacia el beneficio de un desconocido era algo más irracional todavía.

Trató de serenarse, de cuidar sus palabras, de dejar de usar el plural. Confiaba en Laith, sí —aunque no entendía bien por qué—, pero no podía hablar por los demás inquilinos del refugio. Lo mejor sería resguardar el secreto incluso ante el joven, por muy altruista que se mostrase; al menos hasta que no quedara más remedio. Habiéndole dado su teléfono y pudiéndole contactar para una urgencia médica, temía que eso el “no quedar más remedio” no estuviese muy alejado en el tiempo.

— ¿Locales? Meh. — se pronunció con desidia. — Prefiero acabar rompiéndolo trasteando con él pero intentarlo por mí mismo, que llevarlo a ningún local de reparación. — confesó, sonriente para liberar a sus palabras de todo rastro de soberbia.

Por como hablaba, por como pensaba, Laith pareciera que se podría desenvolver mucho mejor que Archie si sus situaciones se intercambiaran. El exprofesor no era tan hábil pensando aquellos planes que para del tatuado parecían brotar tan naturalmente.

— Tienes madera de fugitivo, ¿nunca te planteaste ser uno? — preguntó, con evidente sorna. — A mí la verdad es que no se me habrían ocurrido esas cosas ni en un millón de años, pero tomo nota de ello. Gracias. — Quizá no acabara usándolas, pero eran muy buenas ideas.

Laith mencionó las redes sociales, pero Archie no quiso indagar en ese tema. Eran algo muggle que se escapaban de su control, y se sentía extrañamente avergonzado por ello. Internet en sí suponía de por sí una herramienta que le costaba comprender, ya que a Archie lo absorbió la magia antes del bum de éste; aunque poco a poco había ido desentrañando el misterio y ahora no se perdía tanto con aquellos temas. Sin embargo, en lo referente a redes sociales, el asunto se volvía tan caótico, cambiante y apremiante que no acababa de seguir bien el hilo como para mostrarse cómodo en ellas.

— Vaya, ahora quedé como un cobarde. — se lamentó, antes la respuesta de Laith a su pregunta espejo. Archie podría ser muchas cosas, pero no un cobarde: — Pero prefiero que me recuerden como un pasota: el valor me da pereza, no es que no lo tenga. — añadió, con un tono que señalaba hacia la broma, pero que en realidad poco o nada tenía de ésta. — Pero te entiendo, haces bien en no traicionar a quienes te acogieron, en el amplio sentido de la palabra. — concluyó, sonriente.

El gesto del joven medimago cambió de repente, y sólo con ello logró animar a Archie más aún. Éste no perdía con facilidad su humor, aunque debía reconocer que la conversación podría haberse enrarecido algo. Al menos por parte de Laith. Se alegraba de que éste retomara su particular cruzada, que no era otra que cortejarlo. El mero hecho de darse cuenta de aquello lo hizo sonreír ampliamente. Ni que decir queda que siempre le alegra a uno que le engalanen los oídos, pero también le divertía entonces por lo inusual de la situación. Lástima que estuviera tan cerca la hora de partir. Siendo un fugitivo como él, no podía permitirse el lujo de permanecer mucho tiempo en un mismo lugar. No era seguro.

Igualmente, tenía aún tiempo para un poco más de diversión:

— Pocas cosas me quitan el humor, no te preocupes. — le dijo, devolviéndole una amplísima sonrisa. — Y he de decir que a ti tampoco te sienta nada bien el ambiente taciturno en el que nos hemos sumergido. Mucho mejor así. — concedió, señalándole grácilmente a su sonrisa.

¿No podía un café ser sólo un café? Claro que sí, pero siempre era mucho más interesante cuando existía la oportunidad, por muy remota que pareciese, de que fuese algo más. Además, aunque tuviese que marchar pronto, ya tenía su teléfono. No había ido nada mal la mañana para un fugitivo como él. Más cuando el fugitivo resultaba ser el excéntrico de Archie. Quién se lo iba a decir.
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Laith Gauthier el Lun Abr 24, 2017 1:55 am

Lo miró con un gesto curioso en cuanto le mencionó que prefería dañarlo antes que llevarlo a que alguien más lo intentara, sin saber si aquello era muy soberbio o si simplemente le gustaba hacer las cosas por sí mismo, que era probable tomando en consideración lo mucho que decía gustarle jugar con los artículos nomaj. Por ello sólo sonrió, encogiéndose de hombros, se preguntaba si en serio habría un hechizo que pudiese hacer algo con los aparatos tecnológicos.

Laith a veces se sentía como un fugitivo cuando le tocaba ayudar a uno. Tenía que pensar como ellos para ser como ellos, y su mente estaba bien alimentada por películas de acción y cosas por el estilo. No sólo la vida de ellos corría peligros sino la suya propia en cuanto accedía a ser un traidor de la sangre por ayudar a los demás, un comportamiento tan altruista como inconsciente.

Cuando era niño siempre pensaba ser uno, era como mi sueño —bromeó con una sonrisa antes de reír, cerrando los ojos unos segundos. — Creo que depende del tipo de fugitivo que quieras ser… está el que se arriesga el pellejo todos los días y el que vive tranquilo y oculto —siguió un poco el juego, como si en serio estuviese la oportunidad de decidir qué tipo de fugitivo era uno. Pero había tantas opciones como personas en la Tierra.

Él, muy al contrario que Archimedes, había crecido en la época tecnológica, cuando ya empezaba a tomar fuerza. Al salir de Ilvermorny, se creó sus cuentas de redes sociales para mantenerse en contacto con sus amigos de ahí y los nomaj, para así venirse a otro continente donde apenas y se conseguían poner en contacto por teléfono y cosas parecidas. Siempre era cuidadoso con su privacidad, por si acaso algún purista lo veía, pero ese era un pensamiento paranoico que seguramente jamás se fuera a hacer realidad.

¿Como un cobarde? No, no me lo parece… Cada quien tiene sus prioridades, así que no hay por qué pensar así —le confesó, acariciando la taza. Su contenido estaba vaciándose despacio pero de forma constante, seguramente al acabarlo optaría por marcharse. Siempre tenía presente que, al final, cada quien hacía sus elecciones acorde a sus personalidades y vivencias, no era para acabar juzgando a nadie.

Pronto había recompuesto su buen ánimo, no iba a amargar ese buen encuentro, y tampoco su buen día iba a verse afectado por una conversación un tanto taciturna. Recordó que le había entrado al exprofesor para coquetear un poco con él, volviendo a aludir lo atractivo que encontraba su rostro y mencionando que prefería verlo sonriendo. Lo que no se esperaba, era que iba a galantearle también un poco.

Se quedó unos segundos sin saber qué decir, no estaba acostumbrado a que nadie le regresara así sus elogios, pero encontró la respuesta en soltar una breve risa. — Vaya, gracias por decirlo —aceptó con una sonrisa, decidiendo dar un nuevo paso hacia adelante dentro de su imaginaria convivencia. — Tengo que decir que reconsideraría ser fugitivo si eso significa que puedo esconderme contigo —un nuevo cortejo completamente improvisado que conforme más se pensaba, menos sentido tenía.

Bebió el final de su bebida, para darse cuenta que era momento de separarse. Le apetecía un poco explorar los alrededores y, en caso de necesitarlo, aparecería en su casa donde podría morir a gusto y sin preocuparse de que nadie se aprovechase de su debilidad momentánea. Tenía que admitir que le resultaba un poco complicado aceptar que tenía que marcharse cuando había conseguido un buen avance con Archimedes y su compañía la encontraba grata.

Me gustaría pasar un rato más contigo, pero me temo que sería preferible que vayas a un sitio más seguro —aceptó para después suspirar. — Te dejo invitarme ésta vez sólo si me contactas para que te invite en otro momento, tienes mi número —a pesar de que Archimedes le había dicho que lo invitaría por cubrirle las espaldas, decidió que podía usarlo a su favor para prometerse un siguiente encuentro.
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Archie Washburne el Lun Mayo 01, 2017 8:44 pm

No había decidido qué tipo de fugitivo quería ser. Ni siquiera había decidido ser un fugitivo, le había venido dado y no es que lo pillase preparado, precisamente. Lo estaba demostrando, y sobradamente, aquel día. Laith parecía mucho mejor fugitivo, sin serlo, de lo que él nunca sería. Archie estaba hecho para la vida sencilla y plácida, con sus clases, sus alumnos… Quizá por eso le costó comprender que, tras el cambio de gobierno, su lugar ya no estaba en Hogwarts. Quizá por eso no abandonó en el acto, aferrándose a su puesto, hasta que no tuvo más que decir basta.

— Ay, pues yo no, es todo un coñazo. — contestó Archie, siguiéndole la broma a Laith. — Supongo que soy más de lo segundo, pero terminas hartándote igual y saliendo en busca de aventuras. O de algún altruista que te salve el día. — añadió, guiñándole un ojo.

Archie no era un cobarde, no. Pero tampoco un valiente. Y mira que por formación bien encajaría como un defensor de la paz y la justicia, pero hacía mucho que había abandonado aquel parecer. De hecho, nunca lo sostuvo como propio, sino que se vio siguiendo los pasos de su padre por no tener nada mejor que hacer. Lo suyo era más bien la apatía, como su truncada psique le exigía. El valor era algo que le inspiraba pereza, sin más; pero apreciaba su vida lo suficiente para no dejarse engañar por la cobardía.

— Ya, sólo bromeaba, disculpa. — se apremió a decir. No muchos compartían su sentido del humor, y éste a veces se tornaba tan excéntrico que sus palabras se podrían confundir con unas más serias. — Supongo que de haber sido un cobarde, habría aguantado el chaparrón en mi puesto y aún seguiría en Hogwarts. Lo cual no estaría mal del todo, al menos podría ayudar a mis alumnos. — se sinceró.

Hacía mucho que no pensaba en ellos, en sus estudiantes. Había concebido especial cariño con unos cuantos de ellos, bien porque compartían sus extraños gustos, bien porque le habían demostrado a Archie su gran curiosidad; faceta que el ex profesor tenía en gran aprecio. Y no se había parado a pensar en ellos porque había estado bastante ocupado manteniéndose de una pieza al principio. En cuanto pudo centrarse en otra cosa, su mente se trasladó a sus pupilos y a cómo ayudarlos, claro.

Laith pareció recuperar el buen humor en lo siguiente, pero éste pareció esfumarse cuando —contra todo pronóstico— Archie le devolvió el coqueteo. Tardó unos segundos en recomponerse, y aquel detalle divirtió mucho al fugitivo. Se limitó a sonreír aquella vez, en vez de carcajear, por respeto únicamente.

— De nada. — contestó, sin darle mucha importancia. — La verdad es que estaría mucho más seguro a tu lado. — concedió.

No trataba de crear falsas esperanzas a aquel muchacho. De hecho, no mintió con ninguno de sus halagos. Simplemente contestó como le nació, sin ánimos de ofender o crear malos rollos. Por suerte, Laith pareció corresponderle y todo quedó en una agradabilísima conversación. Lástima que, como decía el medimago, debían separarse ya, por el bien de Archie. Si no quién sabe a qué podría haber conducido aquel café.

— Tienes toda la razón. — concedió el ex profesor. — De hecho, estaba por comentártelo, pero no quería sonar descortés, después de todo. — explicó, con total honestidad. — ¡Te iba a invitar igual! Es lo menos que podría hacer. Gracias de nuevo por salvarme. — dijo. — Prometo llamarte no sólo para emergencias, sino para que podamos repetir este café, claro que sí. — añadió. — ¿Tienes cómo volver al centro?

No iba a proponerle otra aparición, después de cómo había resultado la primera, pero tampoco iba a dejarlo ahí a la suerte del bueno de Merlín. Cuando se asegurara de que tuviera cómo volver, le tendería la mano y la apretaría con gentil fuerza.

— Nos vemos pronto. — se despidió. — Gracias por todo.

Tras aquello, pagaría los cafés y saldría del local, rumbo al callejón de nuevo. Allí se desaparecería, solo esta vez.
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Laith Gauthier el Mar Mayo 02, 2017 4:33 am

Una risilla breve se le escapó cuando le dijo que ser un fugitivo era todo un coñazo, escuchándolo cuando trató de catalogarse como un tipo de fugitivo en particular. Como si existiese la manera de poder definirlos por medio de un par de características. Él, en el forzoso caso de ser uno, seguramente sería de aquellos que salen buscando ayudar a otros en su misma situación. Archimedes, en cambio, le parecía bastante más desidioso.

Dicho antes, lo cierto era que la mayor parte del tiempo Laith buscaba jugueteos en las conversaciones, pero a veces Archimedes parecía tan serio que no sabía si bromeaba o no lo hacía; claro ejemplo fue esa ocasión en que una broma fue tomada por él con seriedad, aún le faltaba encontrarle un poco el modo de comportamiento. Y sin embargo, algo de lo que dijo le caló hondo: en Hogwarts podría ayudar a sus alumnos. Muestra innegable de que las cosas no iban bien ahí que, aunque lo sospechaba, nunca había querido creerlo.

Apuesto a que lo harán bien… Y, si no, pues me llamas y nos tomamos por completo el castillo —aquello, aunque su voz tenía un tono de jugueteo, podría ser mucho más serio de lo que Laith querría. Sabía que debía estar tomado por mortífagos, y eso sólo complicaba más las cosas, pero estaba dispuesto a intentarlo si se formaba un movimiento inteligente y coordinado para ello.

Cuando retomó su intento de coquetear con él, se vio con la sorpresa de que le regresaron algunas palabras galantes. Archimedes estaba lleno de sorpresas y aquella le resultó especialmente grata, por lo que la tomó de buen modo en cuanto pudo recomponerse. Su encuentro, al principio completamente improvisado, había terminado por resultarle muy ameno al sanador. No se creaba falsas esperanzas: Laith tenía los pies sobre la tierra y sabía que no quería nada serio. Pero a veces el cuerpo llama, y él no se negaría si ocurría algo más que un trato amistoso.

Después de aquello, consideró que lo más inteligente y, además, lo mejor para el exprofesor era precisamente separarse. — No es descortés, tranquilo —aclaró con una sonrisa ladina, aplicando una de sus usuales tácticas para intentar prometer un siguiente encuentro. Aún no se separaban y le nacía volver a ver a aquel curioso sujeto. — No tienes nada que agradecerme —repuso nuevamente, soltando un poco de aire que asemejó una risa. — Entonces estaré esperando tu llamada —presagió con calma.

Se levantó de su asiento y exhaló durante algunos segundos. Lo había comentado antes y regresar al centro iba a ser un poco complicado para él. Mas sin embargo el mundo era una aventura para el rubio, perderse no era otra cosa que descubrir otro camino equivocado a casa. Por ello, con todo el ánimo del mundo se le escapó un sonrisa al escuchar su pregunta, pues no iba a pedirle ayuda en esa ocasión aunque quizá fuera lo más sencillo.

La verdad estoy más perdido que un pez encima de un árbol. Pero quiero conocer un poco los alrededores, así que no debes preocuparte —calmó, alzando su índice. — Si la cosa se complica, puedo aparecer en casa y ahí agonizar todo lo que yo quiera —dramatizó con un gesto divertido, que era cierto pero no quería reconocerlo, esperaba poder conseguir una forma más común para llegar sin apariciones de por medio.

En cuanto notó la mano de Archimedes aproximarse hacia él, le estrechó la mano firmemente, mirándolo a los ojos unos segundos antes de sonreírle y por fin soltarla de su sujeción. Además de lindo, era encantador, quién lo diría. Lo dejó ir a pagar para salir a su lado del local, donde tomaría cada quien un rumbo distinto.

Gracias por el café —le sonrió, — llámame pronto —dicho aquello, le guiñó un ojo, secundando de cierta forma el “nos vemos pronto” que se le había sido dicho con anterioridad. Entonces comenzó a caminar, mano en el bolsillo, en dirección contraria a la que tomaría Archimedes de regreso al callejón por donde habían llegado.
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