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Our adventure book~ [FB Sam Lehmann]

Caroline Shepard el Lun Abr 10, 2017 1:35 am

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01 de septiembre | Primer año | 21:00 hrs.
Le dedicó una sonrisa al chico con lentes que se encontraba enfrente suyo en el bote que los llevaría a Hogwarts, se veía nervioso y algo asustado. A diferencia de ella, que se encontraba en esos momentos con unas ganas tremendas de sumergirse- sin importar  la hora- dentro de aquel Lago, pero apenas había preguntado le habían sugerido que mejor permaneciera con todas sus extremidades dentro del bote si no quería perderlas. Aun así, cuando no la veían rozó con la yema de sus dedos la superficie del agua, gesto que la hizo sonreír de inmediato, adoraba el agua. Y ésta estaba con la temperatura que ella amaba para nadar.

Se estaba preguntando si en Hogwarts habría algún lugar en dónde ellos pudieran nadar cuándo de pronto escuchó los gritos de asombro del resto de los niños, salió de su ensimismamiento y dirigió su mirada hacia donde todos apuntaban.

Su respiración se detuvo, antes sus ojos el enorme castillo se hacía presente, más majestuoso y mágico que nunca. Era hermoso. Sintió un cosquilleo en su estómago, estaba ansiosa de poder cruzar las enormes puertas de Hogwarts, conocer el Gran Comedor, el sombrero mágico y más que nada saber cuál sería su casa por los siguientes siete años.  Elevó la jaula que se encontraba a su costado con una le una lechuza negra con manchas blancas que ella había decidido llamar "Dalmy", para que esta también pudiera contemplar el hermoso paisaje.

La sonrisa de su rostro iba en aumento mientras se iban acercando al Castillo, cuándo llegaron a tierra, fue una de las primera en salir del bote para ir a paso rápido –por no decir corriendo- hacia la enorme puerta. Se detuvo justo antes de entrar, sonrió y tomó una gran bocanada de aire, miró su reloj y se anotó la hora mentalmente para luego escribirla en su cuaderno de anotaciones elevó su mirada y sin perder la sonrisa dio su primer paso hacia donde muchos decían se volvería  su segundo hogar.

Pese a que leyó todos los libros sobre Hogwarts, se grabo todas las imágenes, y recordaba palabra por palabra las  historias que le había contado su madre nada de eso le hacía honor en esos momentos. Estaba fascinada con cada rincón, cada sala, cada cuadro que aparecía ante sus ojos. Algunos chicos con un “P” dorada en sus capas los iban guiando por los pasillos, y antes de ingresar al Gran Comedor le pidieron dejar sus cosas a un costado. En un comienzo no le agrado la idea de dejar a su lechuza, más que nada porque se perdería toda la diversión y tendría que quedarse sola en su habitación esperando que ella regresase a contarle todo. Porque sí, Caroline siempre le ha gustado desde pequeña hablar con los animales, y cree fervientemente que ellos sienten y comprenden sus palabras.

Aun así la dejo junto al resto de los animales, más que nada para no generar problemas en su primer día en la escuela.- Te traeré un poco de deliciosa comida ¿si?.- le susurró a la lechuza con una sonrisa, para luego unirse al resto de los chicos y caminar hacia el Gran comedor.

Y por segunda vez en aquel día su respiración se detuvo por el golpe de emoción que se apoderaba de su pequeño cuerpo al ver algo indescriptiblemente hermoso. Cuando la impresión primera al ver el Gran comedor paso sintió la mirada de todos sobre ellos, y más que sentir vergüenza o timidez por aquello, simplemente lo ignoró, elevó su mentón, enderezo su columna haciendo que creciera un par de centímetros y caminó a paso seguro hacia donde se encontraba el famoso Sombrero Seleccionador.

Le dieron la bienvenida, y la lista comenzó a andar. Sintió nuevamente un revoltijo en su estómago, pero descubrió que esta vez a parte de los nervios su estómago le exigía comida, frunció el ceño al recordar que durante el expreso se había pasado leyendo en vez de comerse la colación que sus padres le habían hecho para el viaje y que ahora se encontraba en su habitación dentro de su mochila roja.

Miró a su alrededor habían muchos chicos, y su apellido era uno de los últimos. ¿Será posible ir a buscar su comida y regresar? Se preguntó, frunció el ceño y comenzó a caminar hacia uno de los chicos que los habían guiado para preguntárselo cuando recordó que se había comprado una barra de chocolate (se negaba a comprar las ranas, lo encontraba muy cruel) pero que luego había olvidado porque su lectura estaba demasiado atrapante. Pero en estos momentos agradecía que las aventuras de Moby estuvieran tan buenas y ahora ella tuviera un dulce con el cual poder engañar a su estómago hasta que las mesas fueran llenadas de la más deliciosa comida.

Silenciosamente saco su  barra de chocolate y cortó un trozo. Estaba a punto de llevárselo a la boca, cuando desvió su mirada a un costado y se topó con una chica de su misma estatura y de cabellos rubios, tenía la mirada baja y movía sus manos de manera nerviosa, hizo una mueca con su boca, miró su trozo de chocolate y se encogió de hombros.- ¿Quieres chocolate?.- le susurró con una sonrisa. Una vez había escuchado a su padre decir que no había ningún mal que un poco de chocolate no pudiera solucionar, y ella creía en las palabras de su padre. La chica elevó su mirada y ella le dedico una sonrisa cariñosa de vuelta.
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Sam J. Lehmann el Lun Abr 10, 2017 3:43 am

Diecisiete minutos le costó despedirse de su familia, a lágrima tendida, en la entrada mágica de la estación de King Cross. Sin embargo, después del sufrimiento de internarse sola en lo desconocido, ahí estaba subida a una de las barcas que se abrían paso a través de aquel hermoso lago. Pero para hermoso era aquel enorme castillo que estaba frente a ellos y que había secuestrado totalmente la mirada de Sam. Ella no se fijaba en los dos chicos que estaban junto a ella en la barca, ni tampoco en cómo algunas criaturas mágicas nadaban amistosamente bajo el lago, mucho menos se fijaba en la luna y el precioso reflejo que dejaba en las ondas del lago... no. Ella sólo podía pensar en la inmensidad de cosas que escondía aquel castillo; la cantidad de cosas que iba a descubrir.

Por timidez y nerviosismo no habló con nadie ni en el expreso, ni tampoco en el bote, ni tampoco mientras caminaban en dirección al Gran Comedor. Se sentía tan perdida y tan sola, que no sabía qué decir a nadie. Lo único que había pronunciado en todo el trayecto era un débil "gracias" a una chica que le recogió el libro que estaba leyendo cuando se le cayó en la estación de tren. Pero a medida que se iba internando cada vez en el mundo mágico, se iba quedando cada vez más sin palabras. ¿Y cuándo le abrieron las puertas del gran comedor? Eso fue como si le hubiesen robado la voz para convertirla en un sentimiento de pura grandeza. Ella no era nadie, solo una hija de muggles, ignorante, que buscaba conocerlo todo, pero en aquel momento, se sentía como nunca antes. ¿Nerviosa? Mucho. ¿Segura? Poco. ¿Contenta? Demasiado.

Se puso en fila, en medio de montón de gente mientras escuchaba a la profesora hablar sobre los nuevos y la inminente ceremonia de selección. Ella había leído sobre ello, pero estaba asustada. ¿Y si el sombrero se equivocaba y le mandaba a una casa en la que no encajaba? Tenía la mirada en sus propios pies y sus dedos jugueteaban nerviosamente entre ellos por miedo a no saber nada. Y eso era lo que más le molestaba: no saber nada. Ella necesitaba saberlo todo para no sentirse un puntito insignificante en un lugar tan grandioso. En su pequeña burbuja de angustia momentánea, una voz amiga la hizo explotar. Miró hacia ese lugar y vio a una chica pelirroja, sonriente, ofrecerle chocolate. ¡Qué simpática! Samantha se relajó, esbozó una pequeña sonrisa y aceptó el trozo.—Gracias —respondió, otra vez. Al parecer en el mundo mágico solo era capaz de decir la palabra "gracias". Tenía ganas de decirle más cosas pues le había inspirado confianza, pero no pudo, ya que la ceremonia comenzó.

Con el trozo de chocolate en la boca, admiró como muchos alumnos que iban antes que ella iban de una casa a otra. Quiénes iban a Slytherin solían sonreír con soberbia, quiénes iban a Gryffindor con ganas y, quienes iban a Hufflepuff, con muchísima ilusión. Por el momento, no había visto a ningún Ravenclaw. De hecho, un chico que se llamaba Henry fue el primero en ir a Ravenclaw, aunque no sonrió ni se mostró contento, es más, su rostro fue un poco fastidioso. ¿Sería la peor casa? Sam se volvió a poner nerviosa. ¿Y si le tocaba Ravenclaw y le tocaban amigos tan amargados como ese? No podía ser. Ella quería ir a Hufflepuff que ahí parecían todos felices. Sin embargo, antes de poder pensar en mucho más, fue llamada.

Caminó aparentando serenidad, cuando en realidad estaba que se moría de los nervios y, cuando el sombrero se posó en su cabeza, se rió.

¡Pero niña, tranquilízate! —dijo con una carcajada, con una voz demasiado amigable. Todo el gran comedor comenzó a reír y Sam se tapó la cara, riéndose de los nervios—. ¡No te dejes llevar por las apariencias! ¡Tú eres un águila de los pies a la cabeza! ¡¡RAVENCLAW!! —gritó.

Sam sonrió de los nervios y caminó hacia la mesa de color azul, sentándose al lado del chico de la cara de pocos amigos. Sin embargo, no habló con él, sino que recibió felicitaciones y bienvenidas del resto de compañeros de casa que, a partir de ahora, serían su familia. Sintió calidez y se dio cuenta de que estaba en el lugar adecuado. Algunos chicos más tarde, fue la pelirroja que le dio el chocolate la que se enfrentó al sombrero y, como si el destino hubiese jugado con ellas, las volvió a unir en la misma mesa. Se sentó en frente de Sam y, ahora, más tranquila y serena, le sonrió con una risueña sonrisa.—Soy Sam. —Quizás era un poco redundante, pues acababan de gritar sus nombres para ser seleccionados, pero ella quería presentarse igualmente—. Gracias por el chocolate antes, me hacía falta azúcar para enfrentar mis nervios. —Se encogió de hombros visiblemente contenta, sintiéndose liberada.


Dos horas después

La prefecta de Ravenclaw, de séptimo curso, los guiaba a través de las grandes escaleras movedizas hacia el último piso. Sam iba la última, asfixiándose. Entre que había comido mucho porque los nervios le habían liberado el estómago y que la Torre de Ravenclaw estaba muy alta, por casi no se muere. Sin embargo, cuando llegó a su cuarto, se sintió como si hubiese vivido allí todo el tiempo. Todas sus pertenencias estaban en la última cama de la derecha y todo su uniforme, que yacía sobre su baúl, ahora tenía el color azul y bronce característico de su casa. Sonrió emocionada, para luego mirar a la cama de al lado y ver a la pelirroja sobre ella, probando el colchón. Sam la imitó en su propia cama, dando varios botes.—Creo que hoy no voy a poder dormir de la emoción. —Cogió la bufanda de Ravenclaw y la admiró con felicidad, intentando sacar conversación con aquella chica que había conseguido que dejase de temblar en el Gran Comedor—. No pensé que fuese a terminar en esta casa. ¿Tú lo sabías? —En el expreso había escuchado a gente hablar con seguridad sobre en qué casa caería, pero para Sam eso era un misterio tan grande como todo lo que podría encontrar y descubrir en Hogwarts. Aún ella no se creía lo que le estaba pasando y eso que había tenido casi medio año para asimilarlo.
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Caroline Shepard el Sáb Abr 15, 2017 7:27 am

Sonrió y le tendió el trozo de chocolate para que lo tomara entre sus manos, para luego ella cortarse un nuevo trozo y metérselo a la boca. No era como un delicioso plato de lasagna, o un famosos “sándwich satánicos” que cocinaba con sus padres los viernes de películas, o el delicioso pastel de papa de su abuela Norah, pero algo era algo. Al menos para engañar por unos instantes a sus tripas rabiosas, que por más que era una amante de las cosas saladas esta noche podía ser infiel por un tiempo con un poco de chocolate. Además, si la lista seguía así de rápido como iba hasta el momento, muy pronto vendría el momento que su madre había titulado “el carnaval de la comida” describiendo las horas en el Gran comedor.

¿Tenía curiosidad por saber cuál sería su casa? Sí, mucha. Pero en esos momentos, y quizás era porque tenía hambre, estaba más inquieta de lo normal. Y más que prestarle atención a la ceremonia, que de seguro sus padres más tarde le pedirían una descripción detallada y ella que se ha pasado todo el tiempo mirando para cualquier parte en vez del sombrero, tendría que recurrir a su imaginación para no decirles cosas como;  “el chocolate estaba delicioso” “¿sabían que el Gran comedor tiene en total 8 pedestales?”, o “había un chico de Gryffindor con un tic de sobarse la nariz cada diez segundos y no miento ¡los conté!”.  

Sólo fueron tres las oportunidades que prestó al cien por ciento atención a Mr. Sombrero adivinador: al comienzo, cuando llamaron a la chica de dulce sonrisa que le había dado chocolate y en estos precisos momentos en que ella se encontraba  divertida mirando a los fantasmas que revoloteaban por el comedor cuando escucha su nombre en voz alta.

Sintió cosquillas en la punta de sus dedos por la emoción, y dando pequeños saltos llegó con una enorme sonrisa a sentarse a espera de que el sombrero leyera algo en ella característico de alguna casa. - ¡Tienes el mismo corazón y alegría de tu madre! Pero, tu curiosidad es mayor pequeña Shepard ¡Ravenclaw!.- exclamó el sombrero y de paso escuchó el bullicio que provenía de la mesa de las águilas.

Y la pequeña Caroline quien no tenía predilección por ninguna casa en particular sintió una alegría tremenda al recibir tan buena acogida al llegar a la mesa, y más aún cuando se topo con la chica que había compartido su chocolate minutos atrás. No dudo en sentarse frente a ella , más que mal desde ese momento sería no sólo su compañera de generación sino además de casa.

-“No hay nada que un poco de chocolate no pueda solucionar”.-  citó de manera graciosa tratando de imitar la voz de su padre mientras que con sus manos hacía movimientos divertidos, como si dirigiera una orquesta con ellos.- Eso dice mi padre, y suele tener razón la mayoría de las veces. Menos la vez que dijo que la mezcla de manjar con kétchup podía ser una explosión de sabrosura y diversión, y nosotras las creyentes comprobamos que además de sonar asqueroso, lo era.- terminó por decir con una escalofrió y mueca de asco al recordar aquello para luego terminar riendo.

Escuchó a medias el discurso del Director, ya que se dedicó a mirar a sus compañeros de sus misma generación que habían caído en la casa de las águilas, luego a los profesores, luego el efecto de cielo del comedor y por último intentar mirar fervientemente su plato para ver si así aparecía algo por acto de magia. Y como si sus suplicas fueran escuchadas frente a sus ojos apareció comida por montón.- ¡El carnaval de comida!.- exclamó con una enorme sonrisa, antes de armarse un torre enorme con ella en su plato.


2 horas después

Fue una de las primeras en levantarse de la mesa y casi correr hacia el lado de los prefectos de su casa cuando la cena se dio por finalizada, es que la pequeña Caroline era un batería inagotable de energía. Y a pesar de haberse dado un gran banquete hace apenas unos minutos, con pequeños pero energéticos pasos subió escalera tras escalera hasta llegar a la Torre de ravenclaw, dándose cuenta que al menos en su primera semana su corazón andaría recibiendo sorpresa tras sorpresa, es que ante sus ojos estaba una Sala común hermosa, llena, no, no ¡repleta!  de libros y ventanales que daban una vista hermosa de los terrenos de Hogwarts ¡que maravilla!.

Subió la escalera hacía su habitación y apenas entró corrió hacía la cama en dónde se encontraban sus cosas y se abalanzo en un gran salto sobre ella dando brinco tras brinco que le sacaban risa tras risa. Escuchó las palabras de Sam y de un sólo movimiento se incorporó quedando sentada sobre sus talones en la cama. Miró como la chica tenía en sus manos una bufanda toda monísima de Ravenclaw, y ella quién ni siquiera se había detenido a mirar sus cosas se giró a mirarlas y descubrir que ella también tenía una. La tomó entre sus manos y se la puso en su cuello para luego dirigirse a la cama de la rubia, y sin ningún rastro de pudor se subió a su cama y se acostó a su lado.- Creo que yo tampoco podre hacerlo, mi corazón esta bailando cha cha  chá de tanta emoción.- dijo divertida, además no mentía en esos precisos momentos su corazón andaba a mil por hora, aunque de seguro era porque hace apenas unos segundos atrás se encontraba saltando como loca en su cama.

- No lo sabía, a veces pensaba que terminaría en Hufflepuff como mi madre. Quien va a flipar cuando le cuente que el sombrero la nombró.- dijo divertida soltando un risa titilante.- Pero no, terminamos siendo una águilas Sam.-se incorporo quedando de pie sobre la cama de la rubia.- Nuestro destino es volar Sam, voooolaaaar.- dijo dando un par de vueltas con los brazos abiertos para que después de un salto volver a estar de pie en el suelo de la habitación sin perder nunca la sonrisa . Y cuando por fin pudo parar de reír volvió a mirar a su compañera de habitación con su nariz levemente arrugada, como si acabara de recordar algo.- ¿Me acompañarías mañana a conocer la biblioteca? ¡Dicen que es hermosa y que uno casi se puede perder dentro de ella!.- le dijo emocionada abriendo de par en par sus ojos azules. La verdad eran muchos los lugares que ella quería visitar si o si del Castillo, pero ese lugaren particular definitivamente liderada su lista.
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Sam J. Lehmann el Miér Abr 19, 2017 6:15 pm

El banquete de bienvenida fue increíble y la pequeña solo podía pensar una y otra vez si aquello iba a ser así todos los días. ¡Porque como fuese así todos los días, sería todavía más increíble! Si a eso además le añadimos la buena acogida que tuvo Sam en la mesa de los Ravenclaw, ahora mismo rebosaba una felicidad inaudita. Eso y que sus compañeros de primer año parecían todos mil veces más agradables de cómo ella se los había imaginado. Por el momento, no tenía ninguna queja de nada y sólo podía pensar que aquello cada vez se parecía más a un sueño.

Subir por todo el castillo hasta la torre de Ravenclaw fue toda una aventura. Las escaleras que se movían, los cuadros parlantes... Un buen señor de uno de los cuadros —y el cual Sam suponía que no existía, pues estaba dentro de un cuadro—, persiguió a Sam por todos los cuadros, ya que al ser una de las rezagadas, éste le contaba una historia de lo más divertida para acompañarla. Ya se enteraría más adelante que ese señor del cuadro existió y que la historia que le contó es verídica. Pero por el momento pensó que solo era un juego. Llegó a la sala común todavía más contenta. ¡Debería de haberle preguntado a aquel hombre su nombre o por lo menos el lugar en donde estaría siempre su cuadro! Pero bueno, tenía un año para preguntárselo y, si se le olvidaba, aún le quedarían siete por delante para hacerlo. Tener prisa en un lugar como aquel era innecesario.

Una vez en su habitación, terminó de maravillarse al ver completo su uniforme. Antes carecía de colores y escudo, pero ahora poseía con elegancia el emblema de la casa de Rowena Ravenclaw y poseía los accesorios de los mismos colores. Se rió divertida al ver a su amiga saltando en su propia cama, para luego volver a hablar con ella y que ésta se uniese a Sam en su propia cama. Podría haber reparado en muchas de las cosas que dijo Caroline, pero se sorprendió por una de ellas.—¿Tú madre también vino a Hogwarts? —preguntó sorprendida. Claro, Sam no sabía todavía que la gran mayoría de magos procedían de familias mágicas o, al menos, poseían un progenitor mágico. Ella era totalmente muggle, por lo que aún estaba un poco perdida. Además, desconocía desde hace cuanto que Hogwarts existía. Debía de informarse cuánto antes—. Yo no tenía ni idea de en donde iba a terminar. Leí un poco sobre ellas y pensé que también terminaría en Hufflepuff por eso de que Helga acogía a todo el mundo y no me veía en ninguna de las otras —confesó con  diversión, ya que todavía no se había visto a sí misma con esa vena Ravenclaw que sin duda alguna poseía. Sólo le hacía falta acomodarse a ese nuevo mundo y se convertiría en una águila digna—. ¡Claro que te acompañaré! He escuchado que es enorme y tiene todo tipo de lecturas. Me muero por ver cómo es. —Sam estaba acostumbrada a la biblioteca de su pueblo, pequeña y bastante pobre en cuanto a contenido, un martirio para alguien como ella a la que le encantaba leer—. ¿Tú me enseñarías como mandar una lechuza? Bueno, una lechuza no, una carta mediante lechuza. —Frunció el ceño, visiblemente divertida por no saber cómo hablar con jerga mágica, porque claro, no iba a mandar una lechuza, iba a mandar una carta—. Quiero mandarle a mis padres una carta para contarles todo esto y no sé como funciona la lechuza. Es decir, tengo una pero... ¿cómo va? ¿Escribo la carta y le digo a la oreja el lugar a donde tiene que enviarla? ¿Y lo hace sola? ¿Sabe dónde está el lugar que le digo?—preguntaba sorprendida. Porque a ella le resultaba inverosímil el hecho de que una lechuza fuese capaz de procesar una dirección e ir hasta ella sin haber ido nunca antes. ¿Tendría que entrenarla antes de mandar una carta o vendrían entrenadas con todo el mapa de Londres aprendido? O quizás eran lechuzas mágicas...—. ¿Son lechuzas mágicas? —preguntó entonces con una mirada de lo más seria, ya que ahora mismo era la opción más obvia para ella.

Había prometido a sus padres que recibirían cuanto antes esa carta, pero ya la escribiría mañana cuando los nervios de la emoción no la hiciesen temblar. Además, eso de tener que habituarse a escribir con pluma y tinta le parecía un poco neandertal, por lo que debía de practicar un poco antes, pues estaba acostumbrada al lápiz y al bolígrafo y no era para nada lo mismo.

Entonces Sam dejó a un lado de su bufanda y miró a Caroline con suma emoción, sonriendo ampliamente con un gesto risueño. —Entonces tienes que saber un montón de cosas de Hogwarts, ¿verdad? ¿Qué más sabes? —preguntó, dejando en evidencia su ignorancia y, por tanto, probablemente su procedencia.
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Caroline Shepard el Sáb Abr 29, 2017 5:25 pm

Sonrió ampliamente, había esperado por tanto tiempo este momento e imaginándoselo algunas noches en que el sueño no venía a su pequeño cuerpo que aún no podía creer del todo que ya se encontrase allí. Estaba en Hogwarts, había visto el famoso Lago, el grandisimo Gran Comedor, algún que otro pasillo, las escaleras juguetonas, y su desde ahora Casa. Comprobando que la sala común de Ravenclaw era hermosa, y su habitación era sumamente acogedora.

Miró a Sam y observó su rostro de sorpresa cuando había nombrado que su madre también había venido a Hogwarts, arrugó su nariz y ladeo su cabeza en su dirección.- ¿Tus padres son muggles?.- le preguntó curiosa sin perder su sonrisa. Su madre le había comentado de personas que sin tener padres magos poseían la magia en su sangre, ella lo encontraba fascinante. Era como si la magia los hubiera buscado no simplemente tocado por herencia como a ella. – Y pues sí, mi madre vino a Hogwarts, pero mi padre no, él es muggle, aunque con mi madre creíamos que él sería Gryffindor.- le comentó divertida, y de paso unos recuerdos junto a sus padres se le atravesaron por su cabeza llevándosela de la habitación por unos segundos. Los extrañaría, sobre todos los viernes de películas o sábado de parque, pero luego sacudió la cabeza,  porque sabía que acá también pasaría increíbles momentos y ya pronto los volvería a ver.- El sombrero jamás se equivoca.- dijo volviendo a la conversación y mirando a los ojos a Sam- o bueno al menos eso dicen.- agregó riendo y encogiéndose de hombros.

- Yeeei.- exclamó elevando sus brazo animadamente para luego volver a sentarse en la cama de Sam sonriente.- También tenemos que ir a Lago, quizás vemos asomarse al Calamar Gigante, y también podemos ir a ver el campo de Quidditch ¿haz andado alguna vez en escoba?.-terminó por preguntarle, había hablado sumamente rápido por la emoción de tan sólo pensar las innumerables cosas que tenía que conocer y  le esperaban al siguiente día. – .- Es grandioso Sam, si podemos entrar yo te podría enseñar al menos a montarla sino sabes, así no vas tan de cero a la clase de vuelo.- le comentó con ojos brillantes, ella tenía su propia escoba desde los siete, su madre era buscadora de Hufflepuff y le había trasmitido esa pasión a Sam. Caroline tenía pensando poner al día a Sam con todo lo que respectase a la magia, para que no le fuera tan difícil adaptarse a cosas que en un principio pueden llegar  a ser muy confusas, como por ejemplo encontrarse con Nick casi decapitado mientras estas comiendo tu tostada de mermelada de frutilla en el desayuno y no morir de susto.

Se rio ante sus palabras de manera cálida.- Sólo debes escribir tu carta y dárselas. Como bien piensas son lechuzas mágicas, no tienes que decirles nada,  ellas solas saben dónde ir. Aunque yo siempre de paso le doy sus mimos y comida, son aves muy fieles y adorables.- le explicó sonriente. Caroline adoraba los animales, y lamentaba haber tener que escogido tan sólo uno de sus hermosos animales para traer a Hogwarts, dejando en casa a su regalón gato “Meno” y a “Canela” su adorable perra labradora. – Creo que han mandado a nuestras lechuzas a la lechucería.- dijo haciendo un leve puchero al ver que Dalmy no se encontraba en la habitación. – Mañana vamos para allá y mandamos una carta a nuestros padres, y de paso te muestro a Dalmy, es una lechuza muy cariñosa.- miró a Sam sonriente, ya que cada vez se le iban sumando nuevos lugares, y esperaba que el día el alcanzara para todo lo que tenía en mente.

Miró a Sam sonriente-  Pues, es una de las escuelas más prestigiosas del mundo mágico, y sumamente segura. Es enorme, y se dice que esconde muchos secretos, o pasadizos dentro de ella.  Mi madre decía que era un Castillo que jamás te dejaría de sorprender ¡Oh! Y cada Casa tiene un fantasma Sam, para que mañana en el desayuno no te asustes si vez alguno, mi madre me ha dicho que son amigables.- sonrió, ¿Qué más? Pensó, se le venían muchas cosas a la cabeza pero un bostezo interrumpió sus pensamientos para decirle que su cuerpo le pedía descansar, había sido un día de grandes emociones.

- Y muchas cosas más, pero ya mañana mejor en vez de decírtelas te las muestro ¿te parece?.- le preguntó animada.- Nos esperan muchas aventuras este años, Sam. – la miró sonriente para luego darle un abrazo.- Me alegra que seamos compañeras.- le admitió, Caroline era una chica de piel y cariñosa. Y la pequeña Sam a pesar de tan sólo haber pasado unas horas junto a ella ya le había tomado cariño, y algo le decía que serían grandes amigas.

Caminó hacía su cama, para ponerse el pijama y luego cubrirse con sus mantas hasta la cabeza.- Buenas noches, Sam.- dijo antes de quedarse dormida con una enorme sonrisa en su rostro.
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29 de Abril | Tercer año | Pasillo principal

- Tenemos que ir a visitar Las tres escobas, o el salón de té de Madame Tudipié, mi madre dice que vende unos pasteles deliciosos ¿Fueron allá con Henry?. ¡Oh ya sé! Vamos a la librería, mis padres me han mandando dinero y quizás podamos comprar algún libro.- le comentó con ojos brillosos, mientras caminaba con su amiga hacia los carruajes que las llevarían al pueblo.

Era sábado y por fin ya no tenía ese catarro horrible encima. Ya que sólo a ella le pasaba que al tener por fin la edad para ir al pueblo se enferma teniéndose que quedar en cama todo el día, aburriéndose como ostra, y mirando  el techo de la habitación. Claro que después recibió muchos mimos y golosinas de parte de ellos y el ánimo se le subió un poco. Pero ahora ya estaba recuperada , ya que  no por nada había tomado todos los días miel (algo que detestaba) y hasta había aceptado ir en busca de una medicina a la enfermería. Es que tenía pensando recorrer y comprarlo todo.

Llegaron a la entrada donde alumnos de todas las casas se encontraban reunidos para ir subiendo a los carruajes ordenadamente, se acercaron a una de las filas para esperar su turno.- ¿Henry vendrá?.- le preguntó curiosa a su amiga, mientras buscaba al chico con la mirada ya que no lo había visto en la Sala común ni el desayuno.

- ¿Sientes ese olor, Jones?.- preguntó uno chico de cabello castaño a otro chico más pequeño que en estatura y de contextura delgada. Una insignia de Slytherin destacaba de la mochila que colgaba de su espalda

Caroline frunció el ceño al ver que por la emoción no se habían fijado y habían ido a la fila donde se encontraba el insoportable de Parker, un idiota de Slyhterin que cada vez que tenía la oportunidad le daba por molestar a Sam por su condición de sangre, y en cada oportunidad Caroline comenzaba una lucha verbal, mágica y hasta muggle con el chico.

- Vayámonos a otro lado Sam.- le dijo a su amiga, antes de escuchar alguna pesadez de su parte. No quería meterse en problemas, y menos el día que podían ir al pueblo por primera vez.

- Es como olor a podrido, olor a sucio, a sangre  sucia…- comenzó a decir el chico que ahora se había girado para mirar con total desprecio a las dos, en especial a su amiga Sam.- Eso, regresa a tu Sala común sangre sucia, para que no contamines con tu presencia el pueblo.- agregó despectivamente. Caroline se giró rápidamente y sacó su varita para apuntar al chico con ella.- Atrévete a repetir eso y te puedo enseñar lo bien que se me da el Bombarda, Parker.- le dijo apretando sus dientes.

Había hecho el intento de mantenerse al margen, pero cuando se trataba de Sam y esos idiotas simplemente no podía controlarse.

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Sam J. Lehmann el Jue Mayo 04, 2017 7:02 pm

La pregunta que le había hecho Caroline le sonaba tan raro como "¿Tus padres son primos?" cuando intentaban tratarte de subnormal, es más, aquella relación hizo que Sam casi automáticamente soltase una sonrisa por sus propios pensamientos.—Muggles, sí, gente no mágica —repitió tal cual le había dicho aquel mago que fue a su casa a hablar con sus padres—. Que curioso... yo pensaba que los magos se juntaban con magos y los muggles con muggles. ¡Pero tu madre se enamoró de un muggle! Parece como Romeo y Julieta —comparó divertida, todavía sin mucha idea de cómo iba la sociedad mágica—. ¡Y seguro que no lo ha hecho! Al principio no sabía qué prefería, pero cuando me senté en la mesa con todos nuestros compañeros... ¡Qué agradable recibimiento! Son todos geniales. ¿Tu madre también fue Ravenclaw?

Se mostró visiblemente animada ante todas las ideas, menos una. ¿Calamar gigante? ¿Qué?—¿Cómo que un calamar gigante? —preguntó asustada. Eso sí, lo que no se esperaría en ese momento es que dentro de unos dos meses, en vez de tenerle miedo al calamar y entusiasmo a la escoba, sería justo al revés; le temería a la escoba y le resultaría adorable el calamar—. El quidditch es el deporte, ¿verdad? ¡Tengo muchas ganas de practicarlo! Y sobre todo de volar en escoba. Tiene que ser increíble.—¡Qué ilusa! El día que recibiese esa bludger en el brazo dejaría de amar tanto el quidditch como volar. Y créeme, no sería dentro de mucho.

Ahora mismo la chica estaba recibiendo demasiada información con falta de matices. ¿Cómo era posible que una lechuza fuese mágica? ¿Tiene una especie de mapa mental, control mental y empatía pre-diseñada? ¿¡O saben leer!? A lo mejor el truco es que saben leer y puede saber a quién va dirigido el remitente y en qué lugar... porque dudaba mucho que la lechuza pueda leerte la mente... o al menos la que Sam se compró parecía bastante tontita y no parecía entender nada de lo que ella le decía.

No podía dejar de sonreírle a Caroline por lo entusiasmada que se veía contándole todo, aunque Sam estuviese más perdida que un hijo de puta el día del padre, pero aún así, le mostraba su entusiasmo a pesar de no conocerlo todo. La información sobre los fantasmas le sorprendió, ya que siempre había sido un poco miedica—. Fantasmas amigables. Hogwarts tiene todo lo que yo nunca imaginé que existiría —dijo con jovialidad.

Luego se puso el pijama cuando Caroline se puso a hacerlo, para meterse en la cama después de un día lleno de emociones. Las otras tres compañeras de habitación habían estado hablando entre ellas, así que ya mañana sería el día en el que las cinco podrían hablar juntas. ¡Lo menos que quería era crear grupos el primer día! Tras acurrucarse debajo de la manta, abrió un ojo para mirar a Caroline cuando ésta le deseó buenas noches.—Que duermas bien. ¡Coge fuerzas para nuestro primer día de aventuras! —exclamó, en voz baja, contenta, antes de cerrar los ojos y dormir más feliz que nunca.

--------
29 de Abril | Tercer año | Pasillo principal

Ay, Hogsmeade. ¡Se lo había pasado tan bien con Henry la primera vez que pudieron ir, que ahora lo veía como un pueblo entrañable y demasiado mágico para ser real! Aquella vez no pudo ir Caroline porque estaba enferma, pero a la semana siguiente ya se encontraba bien para poder ir. ¿Lo irónico? Ahora Henry era el que no podía ir. El muy bobo había hecho una travesura y le habían pillado, por lo que le habían castigado el fin de semana sin poder salir. Mientras salían de Hogwarts hasta los carruajes, Sam paró a Caroline repentinamente.—Espera. ¿Hay una librería en Hogsmeade? —preguntó con sorpresa—. ¡Henry es un gordo y un travieso, sólo me habló de comida y de artículos de broma! ¡No me llevó a ninguna librería! —Se quejó con muchísima diversión. Cualquiera diría que son Ravenclaw. Continuaron caminando hasta los carruajes y la rubia negó con la cabeza—. No, está castigado. Le pillaron después de hacer una gamberrada y ahora tiene que dejar como los chorros del oro la sala de trofeos —respondió a su amiga.

Hubieran tenido una charla más agradable en su carruaje, pero por desgracia se acercaron a uno en donde habían Slytherin que además de ser poco amigables, eran tremendamente hostiles al menos con Sam por su condición de sangre sucia. No solían decirle cosas bonitas y tanto Caroline como Henry siempre daban un paso por delante para defender a la chica, la cual solía mostrar una actitud bastante sumisa a los insultos. Sin embargo, ese día —como casi todos—, Carolie no estaba dispuesta a dejar que eso sucediera.—Caroline, no —dijo Sam por lo bajo.

Eso, hazle caso a tu amiga la sangre sucia. Dios los cría y ellos se juntan. Caroline, serás mestiza, pero eres igual de despreciable que ella —dijo el chico, poniéndose de pie en el carruaje con una pose orgullosa.

Desde atrás, Sam volvió a acercarse a Caroline.—Es un idiota, no le hagas caso. —Murmuró, o al menos su intención era murmurar, ya que el Slytherin lo escuchó. Sam rara vez insultaba con odio, pero era muy fácil tomarse las cosas de mala manera.

¿Qué soy qué? —dijo Parker, bajándose del carruaje de un salto para encararse con las chicas. Sus amigos le imitaron—. A ti no te permito que me insultes, asquerosa sangre sucia. Repítelo y te mostraré lo que hace la varita de un auténtico mago. —Amenazó, cogiendo su varita.

¡Pero cuánta hostilidad! Sam sujetó también la suya, pero esperaba fervientemente que no tuviese que utilizarla.
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Caroline Shepard el Sáb Mayo 06, 2017 9:28 pm

Se rió al escuchar la asociación que había hecho Sam con respecto a sus padres. Ya que para ella jamás el hecho de que un mago se enamorara de un muggle era algo de otro planeta. Había tenido la fortuna de poder conocer a ambos mundos y eso lo agradecía enormemente. Ya que desde pequeña podía caminar con total soltura en ambos mundos.- En el caso de mis padres al menos la historia no fue tan desafortunada como esos enamorados, pero sí aún debemos eliminar cualquier rastro de magia cuando viene la familia de mi padre a visitarnos, ya sabes por la Ley mágica y esas cosas. Creo que sólo dejan que la pareja de la maga/mago sepa su condición.- hizo una mueca para luego encogerse de hombros, no era nada de otro mundo hacerlo, además tanto a ella como su madre disfrutaban vivir de manera muggle, o bueno, al menos un par de días o semanas. Ya todo la vida era otra cosa. - ¡Sí! Todos han sido muy acogedores, y agradables. Lo único que preocupa es no ser lo suficientemente inteligente para resolver la contraseña para entrar a la Sala, imagínate pasar toda una tarde a las afueras sin poder entrar.- dijo haciendo un puchero, pero luego sacudió una cabeza y la sonrisa volvió apoderarse de su rostro al recordar a su madre.- No, ella fue Hufflepuff, cuándo la conozcas entenderás porqué.- dijo sonriente. Es que para Caroline no había ser humano más cariñoso y bueno que su madre. Era de esas personas que sin importar el lugar, hora, o contexto siempre, pero siempre tenía una cálida sonrisa para ofrecerte.

- Bah! No te preocupes Sam, estoy segura que lo que tiene de tamaño lo tiene de ternura.- se aventuró a decir, es que Caroline siempre tenía ojos de enamorado para cualquier criatura tanto mágica o muggle, los adoraba a todos.- Sí, es el deporte mágico más importante, hacen Torneo y todo. Acá en Hogwarts también, de hecho  me gustaría unirme al equipo de Ravenclaw pero creo que sólo aceptan  alumnos de tercero hacia arriba.- hizo una mueca, para luego encogerse de hombros, consolándose al pensar que sí tal vez demostraba desde antes sus destrezas sobre la escoba podrían llamarla a dar las pruebas.- Y sí es increíble, creo que el jueves tenemos clases de vuelo. Si quieres te puedo mostrar algunas cosas antes, traje mi escoba.- le dijo con animada.

Habían muchas cosas que aún tenía por decirle, pero había preferido irse a dormir para al día siguiente tener toda la energía para en vez de hablar, mirar con sus propios ojos todo.  Y así fue, se durmió prometiéndose de que mañana comenzaría un año lleno de aventuras.

- - - - - - - -

Una enorme alegría dominaba todo el cuerpo de la Ravenclaw, ya que  tras tres años y un fin de semana de martirio con un catarro de horrores por fin podría ir junto a su mejor amiga al pueblo. Tenía tantas ideas en mente que estaba segura en un solo día no podría realizarlas, pero ya la noche anterior, ansiosa por lo que le esperaba el día de hoy se había quedado haciendo una lista de las cosas que quería hacer y sus prioridades, siendo el local de Madame Tudipié y la librería las que lideraban aquella lista el día de hoy.

Se rió ante lo que dijo de Henry, y negó con la cabeza divertida.- Claro que hay una librería, y una enorme. Dicen que tiene la colección más grande del mundo mágico. – Dijo asintiendo.- Pero vamos, de seguro lo pasaste genial con él. Yo también quería ser traviesa y golosa ese día y me abandonaron, dejándome morir en la habitación de chicas.- dijo toda dramática, llevando una de sus manos a la frente y otra al pecho, para luego echar a reír.

- Bah! Debería estar aquí, así yo los guiaba a la librería y después él a la zona de golosinas.- dijo haciendo un puchero. Le caía bien Henry, se había acercado más a él gracias a Sam, y juntos eran horas y horas de interminables risas y diversión, por lo que realmente le apenaba que no las acompañara aquel sábado.

Todo iba de maravilla, hasta que escuchó la voz más desagradable de Hogwarts.  Sin darse cuenta habían llegado a caer cerca de los seres más despreciables antes lo ojos de la Ravenclaw, eran Parker y su séquito de amigos con rostro de Troll. Y cómo cada vez que se topaban con su presencia y este insistía en hablar mal de su amiga, ya se encontraba Caroline con la varita apuntándolo sedienta de lanzarle un Bombarba que lo expulsara hasta la China, para que se quedara allí para siempre y dejara de molestar el resto de las personas, que como su amiga y ella sólo querían disfrutar de una agradable tarde en el pueblo.

- Tú te lo buscaste, Parker…- dijo entre dientes, mientras se disponía a lanzarle un hechizo, pero antes de eso volvió a escuchar la cálida voz de Sam, y como de si un calmante se tratase cedió un poco su presión. Pero, como el idiota de Parker jamás puede mantener su bocota cerrada, y nuevamente volvió a insultar a su amiga, logrando que hasta ella levantara su varita hacia su dirección. La tercera guerra mundial es la que se desataría en esos momentos hasta que…

- ¿Qué está sucediendo aquí? Que yo sepa no estamos en la clase de duelo para mantener las varitas alzadas jóvenes.- escuchó tras su espalda, no tenía ni porque girarse para observar que se trataba de la Profesora de Defensa, arrugó su rostro en una mueca para luego girarse con el rostro más angelical que tenía en su repertorio, y bajar su varita.- Sólo le estábamos explicando a Parker cómo era la forma correcta de tomar la varita para comenzar un duelo,  profesora. Es que la última clase dejó mucho que desear…- no se aguantó y provocó un poco más al Slytherin dedicándole una ácida sonrisa de lado, disfrutando al verlo contenerse con todas sus fuerzas.- Sólo estábamos siendo buenas compañeras, ¿verdad Sam?.- le preguntó a su amiga dedicándole una mirada de “ayúdame en esto” a pesar de que sabía que Sam odiaba mentir, pero esta ocasión realmente merecía la pena.

La profesora le dirigió una mirada entrecerrada, como si de ese modo pudiera leer su mente, y Caroline rogó a que ella realmente no tuviera esa habilidad o si no estaba perdida. – Le sugiero señorita Shepard, que ayude al señorito Parker en otro contexto, no el día que tienen para divertirse y olvidarse un poco de los deberes.- le dijo dedicándole una última mirada, para luego rodear los ojos e irse susurrando algo como “los niños de hoy en día”.

- Antes muerto que aprender de personas tan despreciables y asquerosas como ustedes.

Fue lo último que escuchó antes de que algo, que no sabría decir muy bien qué se apodero de su cuerpo y de un movimiento terminó con su puño derecho enterrado en la nariz del Slytherin.

- ¡Señorita Shepard! – exclamo la profesora, que no dudó en girarse ale escuchar gemir a Parker. Hizo una mueca, estaba perdida. Ahora sí que no iría una vez más al pueblo, y de seguro que en un buen tiempo más. Pero pese a eso y el dolor que tenía en su mano derecha, definitivamente había valido la pena.
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Sam J. Lehmann el Dom Mayo 07, 2017 8:02 pm

Con los ojos como platos, atendió a todo lo que decía su nueva amiga sobre la forma de llevar una relación entre un no mágico y un mago. Era muy curioso. ¿Habría lugares en donde la ley te prohibiera mantener una relación con un no mágico? ¡Qué injusticia para el amor!

Se rió divertidísima ante la preocupación de Caroline, que si bien era una preocupación bien justificada, Sam todavía no había tenido la oportunidad de preocuparse por ella. Pero es verdad, ¿y si no nos sabemos la contestación? ¿Dormimos en la calle?—. ¡Es verdad! ¡Qué difícil! Aunque pensemos que si estamos en Ravenclaw es porque el sombrero vio que éramos capaz en nuestro interior. No creo que haya sido tan malo de mandarnos a una casa para que durmiésemos en la calle —respondió divertida. La idea del quidditch y de volar sonaba sencillamente abrumadora, pero como algo que no agobia, sino libera. Se moría de ganas de probarlo para experimentar esa sensación—. ¡Sí, vale! —aceptó encantada cuando se ofreció a enseñarle un poco antes de clase a volar con su escoba.

Después de eso, ambas se quedaron dormidas casi instantáneamente. Es cierto que la emoción rara vez te deja dormir, pero llevaban tanto tiempo nerviosas por la ida a Hogwarts y la elección de casa... que al final cayeron rendidas ante un día tan duro. Y así, empezó posiblemente la mejor época de la vida de cualquier mago: Hogwarts.

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A estas alturas seguía pensando que Hogwarts actualmente era la mejor época de su vida, a pesar de los Slytherin que atormentaban su día a día, pues las cosas buenas lo superaban con creces. Eso sí, lo que no seguía pensando es que el quidditch y volar fuera tan buena idea. De hecho, lo aborrecía.

Menos mal que para trasladarse de Hogwarts a Hogsmeade era mediante carruaje y no mediante una escoba, porque si no Sam se quedaba en el castillo leyendo todos los fines de semana hasta su graduación. Pero bueno, ese era otro tema. Ahora el que acontecía es que Henry era un mal amigo por no decirle que había una librería en Hogsmeade, aunque bueno, le perdonaba porque como bien había dicho Caroline, se lo había pasado en grande ese día, hasta con las bromas finales de Henry.—Ahora yo sé dónde está la zona de golosinas, me lo explicó muy bien —dijo orgullosa. Enseñarle a ellos algo del mundo mágico, para ella era algo especial, ya que siempre había sido a la que le tenían que enseñar todo—. Tú me llevas a la librería y yo a ti a comprar golosinas como gordas. Es un buen trato, ¿no? —Sonrió.

Pero qué ilusas si pensaban que iban a subirse al carruaje para ir a Hogsmeade... Fue la profesora de Defensa contra las Artes Oscuras la que apareció de repente cuando Parker y Caroline se estaban amenazando. La excusa de su amiga fue un poco pobre, pero si era apoyada podía sonar hasta creíble.—Sí, profesora —le apoyé cuando me pregunto. Los Slytherin, por su parte, también prefirieron ahorrarse una riña y un posible castigo, por lo que también se unieron a la excusa barata. La profesora, un tanto desconfiada, decidió pasarlo por alto después de un advertencia.

Sam se guardó la varita ante ello, pensando que todo se acabaría ahí. Pero no. La profesora se giró y fue Parker el primero en comentar algo despectivo, algo que hizo que Caroline sacase a la justiciera que llevaba dentro para darle un puñetazo en toda la nariz. Se quedó ojiplática, sobre todo al verlo en primera persona y ver la cara de la profesora.—Casi mejor que dejamos lo de Hogsmeade para otro fin de semana, ¿no? —le dije a mi amiga, con una sonrisa que no podía ocultar que aquello le había hecho mucha gracia. Estaba claro que después de eso ella no podía ir a Hogsmeade y Sam no pensaba ir sola.

Y así fue. Dos horas más tardes en donde fueron arrastradas a Hogwarts y castigadas limpiando retretes durante toda la tarde. Pero espera, que no era un castigo convencional. Había que limpiar retretes con cepillos de dientes y sin varita. ¡Con cepillos de dientes! Eso era injusto. ¿Por qué Sam también estaba castigada, si no hizo nada? Pues por defender a Caroline y porque Parker fue muy explícito haciéndose el víctima y culpándolas a ambas. La profesora no se lo creyó del todo, pero al ver sin objeciones el ataque de Caroline... no le quedaba otra que hacerlo.

Así que ahí estaban, tiradas en el suelo mientras raspaban uno de los retretes sin muchas ganas.—Henry se va a reír de nosotras cuando se entere que estamos aquí limpiando retretes en vez de en Hogsmeade, lo sabes, ¿verdad? —Dijo con una sonrisa—. Pero mereció la pena. ¡Se lo merecía! ¡Menudo golpe le has pegado! ¿Habías practicado? ¿No te duele la mano? —preguntó curiosa y con una imborrable sonrisa.
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Caroline Shepard el Mar Mayo 16, 2017 3:46 am

Estaba emocionadísima, había escuchado tantas historias acerca de las tiendas del pueblo, como la enorme librería, la picara tienda de travesuras y bromas, la sobredosis azucara en Honeydukes, los cálidos y reconfortantes té de Madame Tudipié, el encanto de los instrumentos mágicos de la tienda de música, la incomparable cerveza de mantequilla de Las tres escobas, y tantas cosas que simplemente no podía más de alegría. Por eso había sufrido el triple el fin de semana pasado cuándo un vil resfrío se apoderó de su cuerpo dejándola bajo las sábanas en vez de conquistar Hogsmeade junto a sus amigos.

- ¡YEEEI! Me parece perfecto, libros y golosinas ¿qué más se puede pedir?.- preguntó con ojos brillosos, ya podía sentir el olor de libro nuevo entrar por su nariz, y el sabor dulce en su boca, hasta le habían entrado ganas de bailar pero se contuvo al observar detrás de quién habían ido a parar.

¿Había alguien en Hogwarts más despreciable que Parker? Imposible. Desde que habían llegado el chico se había esmerado en molestar a Sam cada vez que podía, y como tanto Caroline como Henry siempre estaban a su lado de paso les lanzaba comentarios ácidos a ellos también, y como los dos eran mucho más impulsivos y chispitas que su amiga, siempre terminaba todo en peleas monumentales hasta que un profesor o prefecto los encontraba a punto de que la bomba estallase.  

Como sucedió en este caso, era como si los profesores tuvieran un radar para saber cuándo un alumno levantaba su varita fuera de clases y sus intenciones claramente no era buenas. Caroline invento una excusa horrible, y si no fuera por su rostro angelical y el perfecto historial que tenía en la clase de Defensa jamás  le hubiera creído. Aun así Sam la apoyo como buena amiga, y la profesora terminó por ceder y tan sólo dejarle una advertencia sutil.  Pero como Parker simplemente no puede mantener su venenosa boca cerrada, se ganó un puñetazo directo en la nariz por parte de la ravenclaw.

Le dedicó una sonrisa de medio lado a Sam cuándo escuchó su comentario, claro que lamentaba no ir al pueblo otro fin de semana más, pero había valido la pena, ya era hora de que alguien le diera su merecido a ese chico, y uno muggle para que comprendiera con quienes se estaba metiendo.

Y el Oscar es para… Jeremy Parker, la vil serpiente había armado un espectáculo tal que logró culpar tanto a ella como a su amiga Sam ¡y ella no había hecho nada! ¡Nada! Arg, cuanta rabia le daba todo aquello, pero como ya nada las podría salvar ni siquiera su mejor rostro de niña inocente, tuvieron que agachar sus cabezas e ir ambas a pagar a los baños, debían limpiarlos  ¡con cepillos! Artículos que fueron hechos para limpiar los dientes, cosas pequeñas no inodoros, a veces la vida podía ser muy injusta.

- No lo hará, porque temerá a que le dé un derechazo también a él .- bromeó, jamás le daría un golpe a Henry a no ser que un día lo abdujeran y se volviera un gilipollas, ahora lo máximo que hacía era regañarle cuando no estudiaba para los exámenes, o los castigaban por cosas muy sin sentido que podría haberse ahorrado si no fuera tan impulsivo y como buen Ravenclaw haberlas maquinardo mejor, o no sé pedirle ayuda a ella que sea. – No he practicado, sólo lo he visto en películas.- admitió divertida, se miró la mano y notó sus nudillos algo azulados.- Me duele un poco, Parker tiene el rostro de mármol.- dijo entre risas mientras movía un poco su mano, soltando un pequeño “Ouch” por lo bajo.- Ya después iré a la enfermería para ver si me dan una crema o algo.- dijo encogiéndose de hombros sin prestarle mayor importancia.

Miró el cepillo y suspiró frustrada.- Ya las verá Parker, no sé cómo pero lograré que este cepillo llegue a su baño y luego a su boca.- dijo mirándolo y sonriendo traviesamente. ¿Era vengativa? Quizás, pero es que cuándo se trataba de personas que ella estimaba pobre del que se atreviera a hacerles algo, no tenía piedad alguna. – Logró dejarme sin otro fin de semana.- dijo con un puchero en su rostro.  – Pero lo volvería hacer una y mil veces.- agregó, detuvo su accionar y la miró.- Jamás dejaré que nadie hable mal de ti delante de mí, Sam. Parker tiene una nuez en lugar de cerebro, mira que perderse la oportunidad de conocerte ¡vaya gilipollas!.- dijo sonriente, camino a gatillas hacia ella y con su brazo rodeó sus hombros.- Lamento que tengas una amiga tan impulsiva y que te mete en problemas, logrando que una tarde de libertad se convierta en…esto.- se disculpó mirando el “hermoso” escenario que tenían a su alrededor, y del olor mejor ni hablar. – Pero no te miento cuando digo que lo haría mil veces,Sam. Hasta el fin de los tiempos me tendrás a tu lado. Eres el Batman de mi Robin, El Joey de mi Chandler, o el Goku de mi Krilin, y si tengo que pasar el resto de mis sábados limpiando retretes, pues bien.- terminó por decir con una sonrisa. Sam era sin duda una de las personas más maravillosas que había conocido en su vida, una persona sencilla, inteligente, cariñosa y cien por ciento incondicional y por ella sería capaz de todo, como sabía que también lo haría la chica.  Luego le sacó la lengua de manera cariñosa para volver a su puesto.

Se arremangó las mangas.- Ahora, terminemos con esto lo antes posible. Se me ocurrió que quizás podíamos hacer una visita a las cocinas y robarnos pasteles. Pasamos a buscar a Henry a la Sala de trofeos y nos vamos a la Sala común para terminar la tarde entre risas.- le dijo sonriente, para luego sacar ánimos de no sé dónde y volver a limpiar con todo el ímpetu para así salir cuanto antes de aquel lugar.
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Sam J. Lehmann el Jue Mayo 25, 2017 3:25 am

Al menos la rubia no se esperaba que ese día terminasen limpiando retretes en vez de estar en Hogsmeade gastándose sus ahorros del mes. Sin embargo, debía de admitir que en compañía de Caroline hasta un castigo se hacía ameno y rápido. La respuesta de Caroline sobre cómo había sido capaz de pegar ese puñetazo, hizo que la chica sonriese. Dejó el cepillo de dientes a un lado para sujetar la mano de su amiga con suavidad, mirando con el ceño fruncido sus nudillos.—No deberías meterte en tantos líos por mí. Tanto tú como Henry lo hacéis y no merece la pena. No me importa lo que diga esa gente de mí, son personas con dos dedos de frente que no va a llegar a nada en esta vida más que a criticar a los que creen que están por debajo.

Pero las palabras tan honestas y cargadas de valor que profería Caroline hacía que ella se sintiese casi mejor que en casa. Aunque eso no era difícil teniendo en cuenta cómo estaban las cosas en casa, la verdad. Ella esbozó una sonrisa de lo más cálida ante sus palabras, negando con la cabeza.—Tener una amiga impulsiva es lo mejor. Aún nos quedan cuatro años por delante para ir a Hogsmeade. Al menos ahora gracias a ti tendremos la anécdota de cómo le partiste la nariz a Parker en tu primer permiso para ir a Hogsmeade y ambas terminamos limpiando retretes con un cepillo de dientes. —Sonó cariñosa y su mirada también lo reflejaba—. Que menuda broma de mal gusto, ¿a quién se le habrá ocurrido este estúpido castigo?

Sonaba bien eso de ser el Joey de Chandler y el Robin de Batman. No sabía quién era Goku ni Krilin, pero se podía hacer una idea. Pero por alguna extraña razón, se sentía más querida y protegida por sus amigos que nunca. Se sentía afortunada por haber llegado a un mundo desconocido y haber conocido en él a personas tan extraordinarias como lo era Caroline. Solo esperaba poder seguir siendo su Joey y su Robin durante mucho, mucho tiempo.—¡La que limpie más retretes se queda con el pastel más grande! —La retó divertida, comenzando a limpiar con ganas el inodoro que tenía en frente.

---------
Dos años más tarde
Quinto año de Caroline y Sam
Sala común de Ravenclaw, 1:00 a.m de la mañana.


Los TIMOS estaban a la vuelta de la esquina. Bueno, en realidad decir eso era volverse alguien demasiado optimista, ya que mañana tenían el primer examen: Herbología. Caroline y Sam, como las buenas empollonas que eran, aún se encontraban en la sala común de Ravenclaw, dándolo todo para bordar el examen y sacar la mejor nota de toda su promoción. ¿Lo curioso? Que Sam era una chica que rendía por la mañana y por la tarde, pero por la noche hasta lo más mínimo la despistaba. Eso sí, no tenía sueño. Suponía que ese chute de cafeína en la cena le había sentado de maravilla. Creía fervientemente que no deberían de darle café a esas horas a los alumnos, ni aunque rogasen por ello.

Caroline y Sam se encontraban en el mismo sillón, cada una apoyada en un respaldar, compartiendo una manta en donde ambas estaban metidas, por lo que los deditos de las piernas de cada una se chocaban de vez en cuando bajo aquella manta. Estaban en silencio, en absoluto silencio mientras cada una se suponía que estaba atenta a lo que estaba leyendo en sus propios libros. Pero Sam... Sam estaba muy alejada de prestar atención a lo que estaba leyendo. Llevaba mucho tiempo pensando en otras cosas y ya no tenía más ánimos para seguir estudiando. ¡Si es que ya se lo sabía todo!

Molestó a Caroline por debajo de la manta, para luego bajar un poco su libro y subir la mirada a través de él, mirando directamente a su amiga.—¿Te acuerdas hace dos años cuando ibas a ir por primera vez a Hogsmeade y nos castigaron porque pegaste a Parker? —Rió divertida—. Desde entonces siempre guarda las distancias contigo. Tiene miedo de tu super puño. —Cerró entonces su libro y miró a su amiga con cara culpable—. No tengo ganas de estudiar más, llevamos días sin parar y mi mente me está gritando que paremos antes de que nos convirtamos en mandrágoras por memorizar tanto su vida y sus propiedades —dijo, dejando caer su libro a la alfombra del suelo—. Deberíamos preguntarnos para así comprobar que sabemos. ¡O mejor! Podemos hablar de otra cosa. O ir a por chocolate. Ay, cómo me apetece chocolate de repente. ¿A ti te apetece chocolate? Bueno, si a ti siempre te apetece chocolate. —Habló rápidamente, como si la cafeína le hubiese subido de repente y pudiese decir cien palabras en un segundo—. ¿Cuántas veces he dicho chocolate? —Se preguntó a sí misma, con diversión y un bufido—. Creo que tengo en la habitación, voy a por él.

No esperó a que Caroline le dijese que sí, ya que era algo evidente. ¡Nadie rechaza un buen trozo de chocolate a la una de la mañana! En apenas un minuto y medio, Sam bajaba las escaleras rápidamente para meterse de nuevo bajo aquella manta tan calentita. Ellas eran las únicas de la sala común, ya que absolutamente todo el mundo descansaba en sus habitaciones.
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Caroline Shepard el Lun Jun 05, 2017 5:24 am

Durante las últimas semanas la palabra T.I.M.OS le aparecía hasta en la sopa, y no lo decía sólo por decirlo. Ya que esta tarde literalmente en su sopa de pollo y frijoles de letras  casi por acto de magia había visto flotar aquella fatídica palabra haciéndola escupir la sopa de su boca directo hacia el rostro Jeremy, un ravenclaw de tercero,  quién tras limpiarse con su servilleta, sólo le ofreció una mirada y sonrisa comprensiva, que al igual que todos los de la casa de las águilas entendían el estrés que rondaba en los alumnos de quinto por tan famosos exámenes, su extraño y tan particular accionar ya era pan de cada día.

Mañana sería el día D, comenzarían con herbología y menos mal porque ya estaba cansada de soñar con mandrágoras o con ser cruzada por las agujas de los arbustos puntiagudos. Sabía que se lo había estudiado todo, y que prácticamente estaba todo dentro de su cabeza pero a veces su no muy amiga inseguridad la atacaba por las noches y se colaba en sus sueños convirtiéndolos en pesadilla, pero nada que un buen chocolate o la sonrisa de sus amigos a la mañana siguiente pudiera sanar.

Ahora se encontraba con su querida Sam, como buenas nerdys que eran,  tratando de repasar los últimos detalles para mañana como que las semillas de la tentáculo venenosa son de clase C o que para soltarse de un lazo del diablo se necesita luz, y así. Como buena chica debería estar pensando en aquello, pero la verdad de las verdades es que hacía como que leía el libro mientras se encontraba en esos momentos en un galaxia muy, muy lejana.

Volvió a pisar tierra cuando sintió los movimientos de su amiga, para dirigir su mirada hacia ella, soltó una risa sonora que esperaba no llegará hacia las habitaciones de las demás águilas por lo fuerte que había sido, le había salido de las entrañas al recordar tan buen momento.- ¡Claro que lo recuerdo! Está en mi top five de los mejores.- dijo entre risas.- Es que Rudaminga es inolvidable…- bromeó mientras empuñaba su puño derecho y le daba un beso para luego echar a reír. Enarcó una ceja cuando vió esa miradita por parte de su amiga, eso sólo podía conocer una cosa…¡BREACK ESTUDIANTIL! Ni siquiera alcanzó a responderle cuándo Sam ya había desaparecido por las escaleras dejando a una Caroline con escalofríos al recordar su pesadilla con las mandrágoras, necesitara una buena dosis de chocolate para borrar ese recuerdo.

En cuanto llegó se apachurro junto a ella para generar más calor y de paso sacarle de la reserva de chocolate que había traído.- Cinco veces.- le dijo de la nada, para luego mirarla y sonreír.- Cinco veces dijiste chocolate.- dijo con la boca llena para luego sonreír mostrándole sus dientes achocolatados.

Cerró los ojos por unos momentos disfrutando del exquisito sabor que desprendía el chocolate a aquellas horas de la noche. Ella era una chica más salada para sus cosas, pero a veces una buena dosis azucarada no venía nada, pero nada de mal. Y esa noche era una de esas veces.

- Manjar de dioses.- ronroneo al abrir nuevamente los ojos.- Me uno al team de hablar de cualquier cosa, que temo a que si sigo estudiando nuevamente tenga una pesadilla, y ya sabemos que me pasa cuando sueño con esas planta devora humanos, te despierto a mitad de la noche obligándote a dormir conmigo y yo encima de ti como una sanguijuela.- dijo divertida, las dos veces que había soñado con aquello Sam era la victima principal, la despertaba y de paso le obligaba a permanecer a su lado hasta quedarse nuevamente dormida. Es que Caroline era una amiga muy mimada, y mimadora obvio.

- ¿Supiste lo de Claire, la Gryffindor de sexto?.- le preguntó con los ojos bien abiertos y una mueca traviesa, la hora de datos rosa y rumores había llegado. – La que estaba de novia con Patrick, el guapo golpeador de Hufflepuff.- no espero que Sam le respondiera si sabía, y continuo hablando sin dejar de meterse chocolate a la boca como si de palomitas de maíz se tratase.- Pues, ayer la pilló con Robert, el cazador Hufflepuff, en la sección de Runas antiguas de la biblioteca. Todos se enteraron por que comenzaron a dar una pelea del siglo, y la señora de la biblioteca tuvo que entrar a petrificarlos para que se detuvieran. Definitivamente este año Hufflepuff no ganará la copa, que de seguro Patrick le lanzara todas las Quaffles a Robert en el próximo partido.- terminó diciendo con una mueca de lado.- Nunca le creí ese rostro de santa que tenía Claire, esas son las peores.- terminó diciendo negando con la cabeza y rodeando los ojos.

Y hablando de rostro de santas, Gryffindor y esas son las peores, recordó algo que hace unos días le venía rondando al cabeza y le causaba un cierto resquemor…- Hablando de leonas que se hacen las santas ¿Qué se trae Henry con Layla? La otra vez los vi almorzando juntos y me pareció extraño, ya que jamás los había visto juntos y se veían todos cariñosos- dijo encogiéndose de hombros a modo de quitarle importancia, tratando de ocultar el ceño fruncido que se le había producido bajando la mirada centrándola en la barra de chocolate. No era que estuviera celosa, o algo por el estilo. Sólo era curiosidad, sólo eso.
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Sam J. Lehmann el Jue Jun 08, 2017 12:15 am

Está claro que la cafeína revolucionaba a la joven Samantha a la edad de dieciséis años y claro, eso hacía que recordase momento inolvidables, repitiese palabras de una manera atronadora e incluso que se moviese más de lo normal con tal de gesticular propiamente todo lo que decía. ¿Lo peor? Que el café, en vez de concentrarla en sus estudios —que se supone que es lo que debía de hacer—, hacía todo lo contrario; desconcentrándola y queriendo hacer de todo menos estudiar. Al menos cabe decir que era lo suficientemente empollona como para tenerlo ya todo al día. —Rudaminga es la mejor, mi fiel salvadora —dijo con un tono de voz soñador, como si fuese su ángel guardián. —Bueno, no fueron tantas veces como mi mente creyó, para mí la palabra chocolate dejó de tener sentido después de haberla repetido tantas veces. Chocolate... Choco, late. —Se rió de su estupidez mental.

Abrió la tableta de chocolate y compartió con su amiga una vez ya estuvieron ambas metidas bajo aquella calentita manta, sintiendo el dulce sabor del chocolate endulzar todo su cuerpo. ¡Es que aquel sabor era sencillamente genial! —Lo sé, sé lo que pasa cuando tu mente se atosiga con demasiada información... —dejó caer aludiendo a lo fatal que podía ser una noche. —¿No te acuerdas de cuando estudiamos las criaturas oscuras en defensa contra las artes oscuras? Soñaste que de tu cama salían kappas para morderte y robarte la sangre. Estuviste durmiendo en mi cama dos días. ¡Y eran días de calor! —Se quejó divertida, obviamente en broma. Sam jamás se había quejado en serio de que se metiera en su cama, mucho menos por una pesadilla. Además, siempre era bien recibido un ser calentito al que abrazar como si fuera un peluche. —Pero nada, tu tienes a Rudaminga para protegerme y tú me tienes a mí ante tus insólitas pesadillas. Comparto contigo mi manta protectora anti-pesadillas. —Le guiñó un ojo con diversión.

Y de repente, comenzaron los cotilleos. Sam era mujer, ergo le gustaban los cotilleos. Eso era ley de vida. Sin embargo... Sam tenía algo malo para ser una persona con gusto por los cotilleos y es que... cotilleaba verdaderamente poco y se enteraba nada de los cotilleos que acontecían por Hogwarts. Por suerte, ahí estaba Caroline enterándose de todo. —¿Qué me dices, en serio? —Sam era de esas personas cotillas que niegan las sorpresas de los cotilleos. —¡Pero si parecían super bien juntos! Y ella parecía una buena persona... —Asintió entonces a lo que dijo. —No todas son así, pero sí que menuda decepción... parecía una buena persona. Al final qué pasó con Claire, ¿supiste? ¿Volvió con Patrick tras pedirle perdón o se quedó con Robert? Porque teniendo en cuenta como son las cosas... no me extrañaría que fuese llorándole a Patrick. —¡Cotilleos everywhere!

A Sam luego le resultó raro el cambio de tema de Caroline. En realidad no era un cambio de tema, pues seguían habiendo novedades salseante de por medio, pero el hecho de meter a Henry le pareció curioso. Aunque seamos sinceros, lo que más le resultó extraño fue el tono que utilizó la pelirroja. —Me ha hablado poco de Layla, la verdad... pero lo poco que me ha dicho, me lo ha dicho muy ilusionado. Lo poco que sé es que se llevan genial. Hace poco le mandaron en Pociones hacer un trabajo juntos y desde entonces están bastante unidos. ¡Ya hasta prefiere ir a Hogsmeade con ella en vez de conmigo! —Se quejó, visiblemente divertida. Otra vez, estaba de broma, no le importaba que Henry tuviese una nueva amiga. —¿Por qué lo preguntas tan seriamente? ¿No te cae bien Layla? —Sam para temas románticos a esa edad —bueno y actualmente también— era de lo peorsito que había. Nunca se daba cuenta de a quién le gustaba quién, ya que muchas veces no sabía si a ella misma le gustaba otra persona. De hecho, últimamente no hacía más que negarse cosas porque sus gustos no seguían un canon impuesto y se sentía tremendamente rara. Pero bueno, dejando eso de lado, al menos había notado a Caroline rara... Sólo un empujoncito más y seguro que se da cuenta. O no.
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Caroline Shepard el Mar Jul 18, 2017 7:03 pm

Sabía que debía concentrarse y estar repasando los últimos detalles para mañana. Los T.I.M.O.S ya le saludaban desde la esquina y ella como buena alumna debería estar agotando hasta la última instancia para poder sacar un hermoso extraordinario en todos sus exámenes. Pero simplemente no podía, su cabeza estaba volando lejos,  pensando en todo menos cuál de todos los díctamos era el inflamable.  El blanco, se respondió mentalmente. ¿Ven? Ya se lo sabía todo, pero aun así hacía como que estaba leyendo mientras algunos recuerdos de cierta persona se le venía a la cabeza haciéndola fruncir su ceño.

Pero para su suerte, su querida amiga  Sam estaba igual que ella, sacándola de sus pensamientos y ofreciéndole sonrisas y un buen momento bajo una mantita. Algo le decía que la rubia había tomado más café de lo que acostumbraba, ya que siempre que lo hacía su nivel de energía aumentaban a mil, sin importar cual fuese la hora. Rió ante las palabras de su amiga, recodando uno de los tantos buenos momentos que habían vivido juntas. – Y lo seguirá siendo hasta el fin de los tiempos.- aseguró sonriéndole.- Te quiero Sammy.- hizo como si el puño le estuviera diciendo aquello poniendo una voz aguda como de dibujo animado, su mano le dio un beso en la mejilla a su amiga,  para luego echar a reír.- ¿Qué dices? Esa palabra jamás dejará de tener sentido.- dijo mirándola falsamente atacada, se acomodó en el sillón.- Choco, chocolate, te, te,te. Dame una choco, dame un late ¿Qué dice? ¡Chocolate! ¿Y qué es lo que queremos? ¡Chocolate! ¡Sí! Choco, chocolate, late, late, te teeeee.- mientras iba cantando aquello improvisaba una coreografía graciosa. Que no me la miren mal, es la hora, el café, y la culpa del delicioso chocolate la que la hacen estar así toda hiperventilada (y bueno algo de su irremediable locura, claro está).

Se acurruco cerca de su amiga para  obtener más calor mientras disfrutaba de sus trozos de chocolate. – Jijiji.- se rió de manera traviesa cuando recordó aquella noche en que había soñado con Kappas.- En mi defensa, aún no sabía lo maravilloso que podían llegar a ser esas criaturas. Sólo veía su lado negativo chupa sangre.-  un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar de lo que eran capaz esas criaturas, pero luego sonrió.- ¡Pero ya no más! ¿Sabías que son unas criaturas sumamente inteligentes? .- le preguntó con ojos brillantes a Sam. Durante el último tiempo Caroline se había dedicado a estudiar más de la cuenta a las criaturas mágicas. Miró a Sam y  sonrió ampliamente.- Mientras estemos juntas nada malo podrá pasarnos.- apachurró a la rubia junto a ella y ahora fue ella quien le dio un beso en la mejilla. Caroline no era la mujer más cariñosa del mundo, pero con sus seres queridos se daba más licencias para  mostrar su lado más tierno y de piel.

En eso recordó el chisme del momento en el Castillo, estaba casi segura que Sam no sabría nada de aquello, la mayoría de las veces era ella quien traía los últimos cotilleos. Y no porque los anduviera buscando pero es que por alguna extraña razón la gente solía sentarse a su lado y contarles su vida, o justo se encontraba en el lugar preciso para observar todo en primer plano. Además a la única persona que le contaba y comentaba aquellas cosas era con su amiga, porque sabía que todo aquello terminaría allí, ella no iría a contárselo a medio Castillo. Asintió cuando escuchó la pregunta de la rubia, y luego negó antes sus siguientes palabras.- Pues ya ves, se veía toda buenita pero no.- hizo una mueca de lado, para luego resoplar y rodear los ojos cuando Sam dijo que no todas eran iguales. – Bueno como  tú digas.- musitó sin mucha gana, sin aún ser consciente del trasfondo de su molestia.-  Lo último que supe es que Patrick no le dirige la palabra a ninguno de los dos.  Así que si ella volvió llorando o no al parecer da lo mismo. Pobre Pat…se veía todo enamorado - hizo una mueca y se encogió de hombros.

Luego la conversación dio un giro que ni ella entendía muy bien,  pero se decía a sí misma que era simplemente su enorme curiosidad la que la había llevado a hacer esos links y terminar preguntando por Henry y esa Gryffindor.  Inconscientemente soltó un resoplido al escuchar la palabra “ilusionado”. Es que vamos, no podía haber personas más distintas entre ellas que Henry y Layla ¿no? Pensó mentalmente sin darse cuenta que su ceño fruncido se había pronunciado considerablemente.- No es eso, aunque tampoco es que ella me caiga de maravillas. Es sólo que… no sé, desde que los vi aquella vez he notado a Henry algo extraño...Por ejemplo ahora debería estar estudiando con nosotras ¿no? O eso de que ahora ya no va contigo al pueblo, no sé…algo me dice que esa chica no le hará bien, sólo eso.- nada de lo que decía tenía mucho sentido, eran sólo excusas para evitar reconocer lo inevitable. Pero era algo que Caroline aún se negaba a aceptarlo por lo que simplemente se  encogió de hombros e hizo un gesto con sus manos de “pero ya no importa”.- Pero qué más da, Henry puede hacer lo que quiera.- agregó después restandole importancia a sus palabras.

- Ahora, ¿tú crees que será muy terrible si voy a consolar a Patrick?.- preguntó en broma para luego echar a reír y apoyar su cabeza en las piernas de Sam y llevarse otro trozo de chocolate a su boca.

offrol: PERDÓNAME LA VIDA ! yuno  El final de semestre me consumió horriblemente, pero prometo que jamás me demoraré tanto en responder , pinky promise <3
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Sam J. Lehmann el Vie Jul 21, 2017 1:03 am

Estudiar se había quedado en un segundo plano y ahora mismo hablaban de cualquier cosa menos de Herbología. La verdad es que los elfos domésticos debería de sopesar la idea de la cafeína, aunque los alumnos suplicasen por ella, ya que al final era peor el remedio que la enfermedad. No había más que verlas a ellas dos ahí en la habitación más activas a esa hora de la madrugada que a cualquier otra hora del día. —Y yo a tiiii... —le dijo, hundiendo sus labios en la mejilla de su amiga en un beso de lo más cariñoso. Se había acostumbrado tanto a la compañía de Caroline, así como a su cercanía, que tenía una confianza descomunal con ella como para decir o hacer cualquier cosa.

Samantha rió con ganas —aunque intentó controlar el volumen de voz por la hora que era— cuando vio a Caroline cantar improvisadamente una canción con la palabra chocolate y creaba una coreografía a la par. Estaba cien por cien segura de que eso no lo haría delante de mucha gente, ni mucho menos sin una dosis de cafeína —o en su defecto azúcar— en vena. —Estás loca. Que pena que no hayan cámaras grabando esto. Daría lo que fuera por una copia de ese baile para la posteridad.

Ella no entendía la pasión de sus amigos por las criaturas mágicas, pero algo bonito tenían que tener. Tanto Henry como Caroline poseían una pasión por ellas que Sam no entendía, pero bueno, suponía que si a sus dos amigos le interesaban es porque algo tenían que tener. Ella, sin embargo, desde hace unos años que tenía su interés puesto en otro campo de la magia muy distinto al de ellos. —¿Ahora te parecen super inteligentes? —Rió divertida. —Nunca olvidaré aquella noche en la que viniste a mi cama por culpa de los Kappas. —Recibió su beso y la miró de reojo, con una imborrable sonrisa en el rostro. —Pues claro que no. —Sam siempre había sido, desde bien pequeña, una fiel defensora de sus amigos aunque no fuese la amiga más fuerte. Siempre había tenido en mente que tanto Henry como ella eran los que la protegían a ella, pero la rubia estaba ahí para absolutamente todo lo que necesitasen sus amigos, por mínimo que fuera; por tonto que fuera.

Después vino el cotilleo de la noche, lo cual fue un poco decepcionante. ¡Debería de habérselo contado nada más enterarse, no ahí, en una noche de estudio! Pero bueno, ahora mismo estaba demasiado emocionada por el cotilleo. Eso sí, Caroline no parecía tener el mismo entusiasmo que ella. —Ya, pobre Pat... —comentó, un tanto desorientada. Pero no por el tema de Patrick, Claire y Robert, sino porque repentinamente a Caroline le caía mal Layla, la nueva amiga de Henry. Que a ver, Layla no es que fuese la mejor persona del universo, ni tampoco la más divertida, pero al menos parecía una buena persona y a Henry le gustaba y, al menos con Sam, había sido bastante agradable. No fue hasta que soltó ese pasota "Henry puede hacer lo que quiera", hasta que Sam no la miró con los otros medianamente entrecerrados, como sospechando.

Pudo ver cómo Caroline se tomaba otro trozo de chocolate y se apoyaba en su regazo, por lo que bajó la mirada para dar con sus ojos. —¿Patrick?, ¿te gusta Patrick? No, espera. —Se llevó las manos a la cabeza y cerró los ojos momentáneamente. —Tanta Herbología me ha dejado tonta, espera. No puede gustarte Patrick, ese niño no es de tu estilo. Aunque en verdad no sé qué chicos son de tu estilo, pero a ti ese niño te da igual. Si es la primera vez que me hablas de él... —Razonó, abriendo los ojos lentamente y mirando a Caroline con misterio a los suyos. Eso era un cambio de tema, lo presentía. Los cálculos eran claros: si dos más dos eran seis y si teníamos dos manzanas y le restábamos cuatro peras conseguíamos la distancia de la Tierra hacia el Sol, entonces a Caroline le gustaba alguien muy diferente a Patrick. —¿Por qué tanto odio contra Layla? ¡A mi no me engañas! Siempre te ha dado igual Henry y sus nuevas amistades. ¿Estás celosa de que ahora tenga una nueva amiga? —Preguntó, dándole un golpecito en la puntita de la nariz. —Yo estoy celosa porque evidentemente me encanta ir con él a Hogsmeade, pero no como para odiar a esa pobre niña ni para que me importe una caca lo que haga Henry. Lo tuyo es otro nivel. —¡ESPERA! Abrió los ojos repentinamente y miró a su amiga. ¿¡TE GUSTA HENRY!? En realidad no lo preguntó en voz alta, pero Sam y Caroline se conocían lo suficientemente bien como para que Caroline supiese que Sam estaba pensando justo eso con solo una mirada.
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Caroline Shepard el Vie Jul 21, 2017 7:59 am

En ese preciso momento en que el estómago le dolía de tanto reír tras hacer esa coreografía y cántico improvisado comprendió que, por más que pasaran los años y las arrugas dominaran su cuerpo convirtiéndola en una pasa recuerdos como este quedarían grabados en su memoria. Donde con un simple sillón, una barra de chocolate, una mantita y mucha cafeína en las venas convertían de una noche que debería ser terrible en una llena de palabras amigas, bromas, chismes y confesiones.

Caroline rió.- ¡Bendita sea la no tecnología en Hogwarts!.- exclamó divertida la rubia levantando sus brazos al cielo para agregarle dramatismo. - Y ya bueno, no llores.- rodeó los ojos y resopló.- Se que nos puedes vivir sin mis pasos de bailes y voz de otro mundo. No te preocupes, esta perfomance no ha terminado aquí, rubita. – Bromeó poniendo voz galante y guiñándole un ojo.- Cuando menos te lo esperes tendrás más de “Celeste; la estrella de la noche”.- adoptó una pose de baile toda seria para luego echar a reír. - Bueno sí, estoy loca.- admitió divertida dedicándole una mirada traviesa mientras se encogía de hombros con falsa inocencia.

Asintió con una sonrisa de par en par cuando escuchó la pregunta de su amiga.- Súper mega inteligentes y honorables.- acentúo.  Sí, tal vez años atrás los Kappas le hacían desvelarse  e ir a invadir la cama de su amiga Sam pegándose a ella como una sanguijuela. ¡Pero eso ya era pasado, señoras y señores!  Hogwarts, o bueno su querido profesor de Cuidado de Criaturas mágicas le había abierto los ojos y le ayudo a ver belleza en las criaturas menos pensadas. – Y yo sé que jamás me dejarás olvidarla.- resopló  falsamente ofendida porque el cariño siempre era mayor. Enojarse con Sam para la ravenclaw era simplemente imposible y menos cuando le respondía con un tono tan seguro que mientras estuvieran juntas nada les pasaría.  Sonrió e inspiró aire sintiéndose profundamente afortunada de tener a la rubia a su lado.

¡Cotilleos, cotilleos, cotilleos! ¿Quién necesitaba a Corazón de bruja si tenían a Sam y Caroline? Em…ok, quizás no es tan así. Pero sin importar aquello la pelirroja le traía el último rumor de pasillo, que incluía a cierto hufflepuff llamado Patrick, su amigo Robert y…a su ex (información no oficial) novia Claire, la Gryffindor con cara de santa pero no.


¿Cómo es que termino hablando de Henry y Layla? Ni idea, pero algo le decía que si seguía por ese camino llegaría a una calle sin salida, dónde la única opción sería admitir cosas que ni ella aún se permitía aceptar. Por lo que antes de que la conversación siguiera por esa dirección, trató vanamente de cambiar de tema dejándose caer sobre el regazo de su amiga mientras centraba su atención en la barra de chocolate.

Soltó una pequeña risa nerviosa ante las palabras de su amiga.- Sólo bromeaba Sam. No le des más vueltas al asunto.- agregó con tono despreocupado sin entender muy bien porque de pronto su corazón comenzó a acelerarse.  Soltó una risa exagerada y notablemente falsa cuando escuchó las siguientes conclusiones de Sam.- ¿Qué estás diciendo? Estas delirando Sam. Definitivamente por un buen el café estará prohibido para tí ¿eh? .- dijo negando con la cabeza, para luego inconscientemente se tronara los dedos de sus manos haciéndolos sonar, gesto que sólo hacía cuando  se ponía muy nerviosa.

¿Qué diablos le estaba pasando? Se preguntó mentalmente, a ella no le gustaba Henry ¿no?

- Aparta esa mirada de mí, señorita.-  exclamo frunciendo el ceño apuntándola con su dedo índice mientras se re incorporaba quedando nuevamente sentada. – No, a mí… no, yo.. ¡Ah! ¡No me gusta Henry!.- respondió torpemente a esa pregunta que sin importar que hubiera sido en silencio logro interpretar, y de paso sintió como sin su consentimiento sus mejillas se comenzaban a acalorar tiñéndolas de un intenso color rojo.

- Bueno, creo que ya es tarde ¿no? Mejor ir a dormir, y bueno descansar para mañana y eso…-  dijo esquivando la mirada de su amiga y comenzándose a parar del sillón.

Por una razón que aún no quería comprender Caroline sentía la necesidad de querer escapar de allí lo antes posible y resguardarse bajo sus sábanas. Al parecer reconocer ciertos sentimientos por cierto ravenclaw le iba a costar un poco más de tiempo.
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