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Our adventure book~ [FB Sam Lehmann]

Caroline Shepard el Lun Abr 10, 2017 1:35 am

Recuerdo del primer mensaje :

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01 de septiembre | Primer año | 21:00 hrs.
Le dedicó una sonrisa al chico con lentes que se encontraba enfrente suyo en el bote que los llevaría a Hogwarts, se veía nervioso y algo asustado. A diferencia de ella, que se encontraba en esos momentos con unas ganas tremendas de sumergirse- sin importar  la hora- dentro de aquel Lago, pero apenas había preguntado le habían sugerido que mejor permaneciera con todas sus extremidades dentro del bote si no quería perderlas. Aun así, cuando no la veían rozó con la yema de sus dedos la superficie del agua, gesto que la hizo sonreír de inmediato, adoraba el agua. Y ésta estaba con la temperatura que ella amaba para nadar.

Se estaba preguntando si en Hogwarts habría algún lugar en dónde ellos pudieran nadar cuándo de pronto escuchó los gritos de asombro del resto de los niños, salió de su ensimismamiento y dirigió su mirada hacia donde todos apuntaban.

Su respiración se detuvo, antes sus ojos el enorme castillo se hacía presente, más majestuoso y mágico que nunca. Era hermoso. Sintió un cosquilleo en su estómago, estaba ansiosa de poder cruzar las enormes puertas de Hogwarts, conocer el Gran Comedor, el sombrero mágico y más que nada saber cuál sería su casa por los siguientes siete años.  Elevó la jaula que se encontraba a su costado con una le una lechuza negra con manchas blancas que ella había decidido llamar "Dalmy", para que esta también pudiera contemplar el hermoso paisaje.

La sonrisa de su rostro iba en aumento mientras se iban acercando al Castillo, cuándo llegaron a tierra, fue una de las primera en salir del bote para ir a paso rápido –por no decir corriendo- hacia la enorme puerta. Se detuvo justo antes de entrar, sonrió y tomó una gran bocanada de aire, miró su reloj y se anotó la hora mentalmente para luego escribirla en su cuaderno de anotaciones elevó su mirada y sin perder la sonrisa dio su primer paso hacia donde muchos decían se volvería  su segundo hogar.

Pese a que leyó todos los libros sobre Hogwarts, se grabo todas las imágenes, y recordaba palabra por palabra las  historias que le había contado su madre nada de eso le hacía honor en esos momentos. Estaba fascinada con cada rincón, cada sala, cada cuadro que aparecía ante sus ojos. Algunos chicos con un “P” dorada en sus capas los iban guiando por los pasillos, y antes de ingresar al Gran Comedor le pidieron dejar sus cosas a un costado. En un comienzo no le agrado la idea de dejar a su lechuza, más que nada porque se perdería toda la diversión y tendría que quedarse sola en su habitación esperando que ella regresase a contarle todo. Porque sí, Caroline siempre le ha gustado desde pequeña hablar con los animales, y cree fervientemente que ellos sienten y comprenden sus palabras.

Aun así la dejo junto al resto de los animales, más que nada para no generar problemas en su primer día en la escuela.- Te traeré un poco de deliciosa comida ¿si?.- le susurró a la lechuza con una sonrisa, para luego unirse al resto de los chicos y caminar hacia el Gran comedor.

Y por segunda vez en aquel día su respiración se detuvo por el golpe de emoción que se apoderaba de su pequeño cuerpo al ver algo indescriptiblemente hermoso. Cuando la impresión primera al ver el Gran comedor paso sintió la mirada de todos sobre ellos, y más que sentir vergüenza o timidez por aquello, simplemente lo ignoró, elevó su mentón, enderezo su columna haciendo que creciera un par de centímetros y caminó a paso seguro hacia donde se encontraba el famoso Sombrero Seleccionador.

Le dieron la bienvenida, y la lista comenzó a andar. Sintió nuevamente un revoltijo en su estómago, pero descubrió que esta vez a parte de los nervios su estómago le exigía comida, frunció el ceño al recordar que durante el expreso se había pasado leyendo en vez de comerse la colación que sus padres le habían hecho para el viaje y que ahora se encontraba en su habitación dentro de su mochila roja.

Miró a su alrededor habían muchos chicos, y su apellido era uno de los últimos. ¿Será posible ir a buscar su comida y regresar? Se preguntó, frunció el ceño y comenzó a caminar hacia uno de los chicos que los habían guiado para preguntárselo cuando recordó que se había comprado una barra de chocolate (se negaba a comprar las ranas, lo encontraba muy cruel) pero que luego había olvidado porque su lectura estaba demasiado atrapante. Pero en estos momentos agradecía que las aventuras de Moby estuvieran tan buenas y ahora ella tuviera un dulce con el cual poder engañar a su estómago hasta que las mesas fueran llenadas de la más deliciosa comida.

Silenciosamente saco su  barra de chocolate y cortó un trozo. Estaba a punto de llevárselo a la boca, cuando desvió su mirada a un costado y se topó con una chica de su misma estatura y de cabellos rubios, tenía la mirada baja y movía sus manos de manera nerviosa, hizo una mueca con su boca, miró su trozo de chocolate y se encogió de hombros.- ¿Quieres chocolate?.- le susurró con una sonrisa. Una vez había escuchado a su padre decir que no había ningún mal que un poco de chocolate no pudiera solucionar, y ella creía en las palabras de su padre. La chica elevó su mirada y ella le dedico una sonrisa cariñosa de vuelta.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Sam J. Lehmann el Vie Jul 28, 2017 1:53 pm

Era curioso como a tan temprana edad las personas ya tenía cierto límites establecidos en cuanto a la intimidad de las relaciones sociales. La futura legeremante no quería aceptar que con dieciséis años estaba empezando a sentir cosas por el mismo sexo, algo que aunque en muchos sitios pareciese normal, en otros muchos aún no lo era. Bastante tenía con ser “repudiada” por ser sangre sucia como para encima añadirle el hecho de ser lesbiana. Al menos podía jugar con que no estaba segura y todo se le pasaría cuando cumpliese un par de años o conociese al chico ideal; algo que al menos hasta sus veintiséis años, aún no ha pasado. Por otro lado estaba la futura magizoologa, la cual quería negar sus evidentes sentimientos hacia el amigo de ambas: Henry. Lo de ella era, en teoría, algo más normal, pero el límite de que te atraiga una persona con la que tienes tanta confianza y, a simple vista, está claro el rechazo porque no ha habido reciprocidad, hace que te haga replantearte la seguridad con la que piensas que verdaderamente te gusta alguien. A Sam le pasaría pronto; eso de sentirse atraída por una amiga y no querer aceptarlo ni decirlo en voz alta.

Samantha era un poco lenta para las relaciones amorosas y sociales, pero por suerte para la rubia, era Ravenclaw y eso se veía reflejado —a veces— en su inteligencia. No le fue difícil asumir que todo lo que estaba diciendo era por una razón, una razón que en realidad no quería asumir, ¿era complicada la manera de razonar de los adolescentes, eh? El próximo año posiblemente Sam también le dijese algo así de ambiguo a Caroline cuando se sintiese atraída por ella, aunque está claro que no lo pillaría. Es más complicado asumir eso.

Sonrió en medio de su intento de espionaje. —Ya sabes, para la próxima, que no debes de dejar que tome café. Como siga con estos razonamientos descubriré el sentido de la vida esta noche. —Sí, en este momento de su vida se dio cuenta de que el café, además de despertarle, le hacía tener la mente mucho más lúcida. Imagínate si tenía la mente lúcida, que hasta ella fue capaz de sacar lo de Henry. ¡La mirada de Caroline se delató por si misma! Y esos mofletes colorados… —¡QUÉ FUERTE! —Exclamó susurrante cuando su amiga lo negó en rotundo con una torpeza verbal muy poco característica en ella. —¿Qué? ¡No!, ¡espera!, ¿a dónde vas? —comenzó preguntar al ver cómo tenía intención de irse.

Sam la sujetó del brazo antes de que se fuese a ningún lado y la miró con ojos divertidos y sumamente conciliadores. A ella todavía no le había pasado nada por el estilo —todavía—, pero siempre había sido una chica suficientemente empática como para entender que su amiga ahora mismo estaba avergonzada y posiblemente incómoda. —No te vayas —le pidió, sonriente. —Prometo no hablar del tema hasta que tú quieras hablar de ello, ¿trato? —añadió, abriéndole un hueco bajo aquella manta para que se sentase junto a ella otra vez en el sillón.

**
Curso: séptimo.
Último día en el banquete de final de curso, recién graduados

Normalmente todos los finales de curso eran iguales, a excepción de éste. Este final era literalmente el final de Hogwarts para el trío de los Ravenclaw. Henry, Caroline y Sam por fin se graduaban y ahora comenzaba su auténtica vida como magos adultos, allá fuera en una sociedad en donde cada uno tomaría un rol diferente.

Recientemente Albus Dumbledore les había entregado a cada uno de los graduados sus notas, así como su correspondiente título como magos graduados en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Sam, como era de esperar, sacó todo extraordinario a excepción de Defensas contra las Artes Oscuras, en donde sacó un supera las expectativas. Había que admitir que Sam no era una buena duelista, ni por aquel entonces ni tampoco actualmente. Sin embargo, ella estaba cien por cien segura de que conseguiría entrar a su carrera por la nota que había sacado, de hecho, prácticamente podría ingresar en cualquier carrera mágica con la media de notas que había sacado en Hogwarts.

Caroline les había dado la triste noticia de que no estudiaría en Inglaterra, por lo que desde que pudieron irse del Gran Comedor, ambos decidieron pasar su última noche juntos y a solas, en donde verdaderamente salían a relucir sus verdaderas personalidades. Sam, al menos, tenía la sensación de que junto a Caroline y Henry era ella de manera totalmente auténtica. Salieron al exterior del castillo, en donde la noche ya estaba caída y la iluminaba una brillante luz creciente en un cielo totalmente despejado. Las estrellas relucían en la lejanía de la luna y la brisa era suave, propia del clima del verano. —Caroline, ¿nos vas a decir antes de irte por qué nos odias y nos abandonas en Inglaterra?, ¿te hemos hecho algo estos años y esta es tu manera de vengarte?, ¿abandonarnos? —Las preguntas habían sido dichas con un tono enteramente dramático y en broma y, a pesar de que su mirada era propia de la de un perrito con ojitos, revelaban un brillo travieso. Entonces vio como ellos comenzaban a mirarse como si se entendiesen entre ellos, hasta que Henry sacó una botella que ella identificó con dificultad. —¿Eso es…? ¡No! —Dijo divertida, sacando a relucir su lado más responsable. ¿He dicho ya que obviamente Sam es la responsable del trío? No había más que ver a los gamberros de Caroline y Henry para corroborarlo. —¿Cómo es nuestra última noche oficial pensáis saltaros las normas? ¡Aún pueden bajarnos las notas! —¿Podían? En realidad Sam había dicho eso para asustar, ya que dudaba mucho que le fuesen a bajar la nota. Además, la copa de la casa ya había sido entregada a Hufflepuff, así que poco influiría. ¿Si les pillaran y le restaran puntos, empezaría Ravenclaw con una puntuación negativa el próximo año por su culpa?
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Henry Kerr el Jue Ago 03, 2017 5:02 am

Una etapa más se cerraba. Y llegaba el momento de las despedidas. Tan horrible y triste. Una costumbre anual en todo colegio, y que por supuesto, no cambiaba aunque dicho colegio fuera el prestigioso Hogwarts.

No obstante, sabía que esa tristeza era pasajera. Pues con cada final, llegaba la oportunidad de un nuevo comienzo. Un nuevo curso sustituía al anterior. Permitiéndole volver a encontrarse con sus amigos. Con sus compañeras de fatigas. O solía ser así.

Este año era distinto. Este año todo terminaba para ellos en Hogwarts. Y ya nunca se volvería a ver. No al menos con misma asiduidad. No todos los días. Y eso, en cierto modo, le rompía el corazón.
No quería dejar de ver a sus inseparables amigas. Pero así era la vida.

Un reloj de arena en constante movimiento. Siempre girando. Para que cada grano siguiera cayendo de forma progresiva y permanente. Hasta el final de sus días.

Solo en ese momento ese reloj se pararía, pero para entonces, muchas cosas habrían cambiado en su vida. Muchas ya lo habían hecho, en realidad. Pues la rotura en su seno familiar era patente, y una decisión totalmente.

No había vuelta atrás en ello. Como tampoco había vuelta atrás en otras situaciones que preferiría que no ocurrieran, más no estaba en su mano cambiarla. Principalmente porque no era una decisión que fuera de su competencia. No podía tener autoridad sobre tal decisión, cuando recaía sobre los hombros de otra persona. Pero lo cierto, es que tampoco podía tomarla, aunque no deseara dejar de verla. Aunque aún la quisiera.

Debía dejarla marchar. Pues su sueño estaba ante sus ojos, alumbrándola. Como el sol encima del firmamento. Y él no iba a ser el obstáculo que lo ocultase. Él no.

- Porque nos odia, Sam-, dijo en tono alegre. En broma.

Era su última noche. La despedida. No iba a fastidiarla pese a estar roto por dentro. Quería que el último recuerdo que cada uno tuviera del trío de amigos, fuera hermoso.

- Sabes cómo es con sus adorables Kappas. Los ama tanto que ya decidió dejarnos abandonados por ellos-, se carcajeó bastante alto. - No hagamos un melodrama-. Eso iba más por él que por ellas. - La mejor y más prestigiosa especialización de su carrera, está bien lejos de a donde nosotros vamos a estudiar. Simplemente eso. Y nuestra querida Caroline tiene una nota que haría envidiar a cualquiera. Yo inclusive, por supuesto-, marcó una sonrisa, y puso ojos de fingido envidioso. - Que puedo decir. Es su sueño, Que son unos años, después de todo. Nuestra amistad es imperecedera-, se sinceró, sin perder la sonrisa.

Sí. Serían años sin verla. Tanto que era mejor olvidar su idilio pasajero. Al fin y al cabo, solamente eran unos críos. Ahora mismo, pese a su edad, y por responsable y potente que sonara la palabra universidad, no dejaban de ser unos malditos críos.

Era mejor dejarla libre. Mantener el contacto por carta si se pudiera. Y ya reencontrarse alguna vez. Quizás. Cabía la posibilidad de nunca verse de nuevo con ella, pero prefería pensar en positivo. Y dar argumentos positivos, para también mantener el ánimo de Sam y Carol. Ya que, aunque Caroline se fuera, no hacía la situación menos dura para ella.

Pero en fin, la mejor manera de recordar la despedida de una forma bonita y alegre, era precisamente animando el cotarro, y comenzando una buena juega. La última. Debía ser simple pero memorable, así que ya tenía pensado lo que mejor le vendría a ella.

- Así es. Justo lo que piensas-, contestó sonriente. Acercando al rostro de Sam la botella de alcohol, que había sacado de su mochila. - Un Aberlour-, comentó, sacándole el corcho y oliendo el aroma. -Mmmm, nada como un rico whisky de Escocia que lleva más de doce años envejeciendo-, sonrió de forma lobuna. -  ¡Viva mi tierra! - gritó, recolocando el corcho, y lanzándole la botella a Caroline. - Cuidado, que no se rompa. Seguro que me daría el mismo ataque que le habrá dado a mi padre cuando haya visto que le falta la botella-, rió a pleno pulmón. - Sabía que este año era especial-, dijo, dejando de hablar en seco.

Se mantuvo callado unos instantes, pues le hacía recordar el porqué era especial ese año, y ese motivo no era más que el fin del triángulo de amigos.

- Bueno, en fin-, rió, recuperando el ánimo. - Este fin de curso era especial para nosotros, así que tuve la…-, se paró unos segundos, buscando el mejor término para describir su acción. - Delicadeza de tomar prestada esta botella de la reserva privada de mi padre, antes de regresar a Hogwarts-, comentó, dándole especial énfasis a la parte “delicadeza de tomar prestada” - Por supuesto, lo mío me ha costado ocultarla a ojos ajenos. Pero ha merecido la pena-, rió otra vez. - Joder, en serio. Me hubiera encantado poder ver la cara de mi padre cuando viera que le falta esta. Que es jodidamente cara-, siguió riendo.

El rubio aprovechó para acercarse a Sam, y pasarle el brazo por encima del hombro para acercarla hasta sí. Quedando ambos muy pegados.

- Claro, Sam. Ahora viene el director del colegio a bajarnos las notas al sótano-, rió. - Coño. Pero que cosas dices a veces, mi querida Jota. Con la prodigiosa mente que tienes, y las ocurrencias que puedes llegar a maquinar-, la miró fijamente, con su característica media sonrisa plasmada en los labios. - Ni que el año que viene fuéramos a empezar la universidad con menos uno en el global-, le revolvió el pelo de forma amistosa.

Aprovechó ese instante para atrapar también a Carol. Y echarle el lazo por encima de los hombros, como ya hiciera con Sam con el otro brazo, quedando en medio de las dos.

- Animante, mi dulce y cándida Sam. Es nuestra última noche. Y nuestra bella pelirroja nos deja-, puso cara de tristeza, bajando en exceso las comisuras de sus labios. - No querrás dejarla ir sin una buena fiesta, por la rara posibilidad de que nos encierren en las mazmorras del castillo por malditos y alocados insurrectos-, exageró. Pero con un tono triste, notablemente falso, que era perfecto para acompañar su rostro de igual falsa pena.  - ¿Verdad que no? - mantuvo la cara de broma. - Esa es mi chica-, comentó finalmente, sin darle tiempo a contestar.

En ese momento apretó a las chicas contra él, y las espachurró contra su cuerpo.

- Mis bellas amigas. Como las quiero. Ya verán cómo esta noche será inolvidable-, dijo, dejando de apretarlas, y alejándose unos pasos, antes de voltearse para mirar a sus compañeras. - ¿Quién se anima a tomar unos tragos junto al lago? - sonrió ampliamente.
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Henry KerrMagos y brujas

Caroline Shepard el Mar Ago 15, 2017 2:50 am

Elevó su mirada y se dejó deslumbrar por la hermosa vista que ofrecía el cielo aquella noche. El verano estaba a la vuelta de la esquina, por lo que se podía disfrutar de todas las estrellas y la luna estaba simplemente deslumbrante. Era una noche hermosa, a excepción por un pequeño detalle. Era su última noche en Hogwarts, y más que eso era la última noche que pasaba junto a sus queridos amigos.

Todo debería ser alegría. Habían sido unos excelentes siete años, sus calificaciones habían sido excelentes en todas sus asignaturas por lo que ya tenía un lugar asegurado en la Universidad y Carrera que ella deseaba. Ok, la copa no había quedado en Ravenclaw, pero no era precisamente aquello lo que le quitaba levemente la sonrisa en su rostro, sino más bien el hecho de que en menos de una semana se encontraría al otro lado del mundo. Lejos de todos sus seres queridos, y no es que se arrepintiera de su elección, ya que era su sueño desde hace años, pero aun así era difícil. Porque por más que por fuera no demostrará ser la persona más cariñosa del mundo, los dos chicos que se encontraban a su lado aquella noche se habían ganado un lugar importantísimo en su corazón, sacando muchas veces su lado más cursi y sentimentalista. Esperaba que esta noche no fuera la ocasión, ya que esa noche sólo quería reír y disfrutar.

Soltó una risita al escuchar la pregunta de Sam, y luego rodeó los ojos ante la respuesta de Henry negando con su cabeza divertida. Le dedico una falsa mirada de reproche por las cosas que estaba diciendo.- ¿Qué quieren que les diga? Ellos son muchas más divertidos, y guapos que ustedes chicos. No hay donde perderse.- bromeó encogiéndose de hombros. Para luego dedicarles una mirada a los dos.

Joder, como los extrañaría.

Clavó su mirada en Henry y sonrió de medio lado, para luego soltar una risa tras escuchar sus palabras. Era precisamente aquello lo que hizo que se enamorara de él hace años atrás, y también el miedo a perder aquello lo que hizo que le costará tanto admitir sus sentimientos hacia él. Era ese increíble don de poder hacer reír a todos a su alrededor sin importar lo difícil que sean los tiempos. Era imposible estar más de una hora enojada con él porque en menos de que te dieras cuenta ya estabas retorciéndote de la risa y sumergiéndose en su mirada. Y ni siquiera quería referirse a Sam, ya que allí sí que se volvería cursi y no, como ya había dicho esa noche era para celebrar, divertirse, y decir adiós a lo grande, no ponerse sentimentales. Quizás eso dejarlo para más tarde, cuando los estragos de la botella que Henry estaba sacando en esos precisos momentos de su chaqueta hicieran lo suyo.

- Vamos Sam, es nuestra última noche…- le susurró acercándose a ella y ofreciéndole una sonrisa picarona, para luego mirar al castaño y reír por sus palabras. Con unos reflejos envidiables logró tomar entre sus manos la botella que le había lanzado el castaño sin previo aviso. Acercó la boca de la botella a su nariz y aspiró el aroma meloso que emanaba el licor.- ¡Viva la tierra de Henry!.- gritó repitiendo las palabras del castaño de segundo atrás elevando sus brazos y dejando caer un poco de su contenido.- Upsy.- dijo poniendo rostro inocentón, pero al parecer nadie se había dado cuenta de aquello.

- Hablas muy mal de tu padre Henrytote, de seguro se alegró mucho de que nosotros disfrutáramos de su mejor licor, con lo tanto que nos quiere. – bromeó entre risas. Es que ella también hubiera pagado por ver el rostro de aquel hombre que se había ganado todo su rencor durante los últimos años. Es que simplemente no entendía como su amigo podía ser pariente de todas esas personas que tiene que llamar familia más por obligación que cualquier cosa.


- Así es Sam. Además, estoy segura que si el Director baja terminaría tomando con nosotros en vez de regañarnos. Celebrando que se librará de nosotros, y de otros al menos por un par de meses.- dijo entre risas para luego desviar su mirada a la botella y comenzar a leer de sus etiquetas. Por eso no se fijó que Henry rodeaba sus hombros con su brazo hasta dejarla cerca de él.

Caroline simplemente se dejó querer, es que jamás negaría un abrazo o gestos de cariños de sus amigos. Es más, ayudó a Henry en su intento de convencer a Sam de que los puntos y calificaciones quedarían intactos pese a cualquier locura que cometieran aquella noche. Por lo que estiró su cabeza para quedar a la vista de su amiga e imitó el gesto de tristeza del castaño haciendo pucheros de vez en cuando, como cual perrito bajo la lluvia pidiendo refugio. Sonrió cariñosamente ante el apretujón de Henry, sonrisa que se volvió maliciosa tras escuchar su pregunta.

Los miró a ambos traviesamente.- ¡El último en llegar al Lago deberá darle un beso al Calamar!.- gritó divertida para comenzar a correr hacia el Lago. Al llegar a su orilla se detuvo, no se fijó cuál de los dos había llegado último, ya que estaba sumida en la belleza que ofrecía el reflejo de la Luna en el Lago aquella noche. Se giró dentro de su propio eje y los miró sonriente.- Quiero hacer un salud por ustedes, los mejores amigos que puedan existir en el planeta y sus constelaciones.- les dijo mirándolos cariñosamente ofreciéndoles a ambos una cálida sonrisa. Ok, había dicho que no se volvería cursi antes de tiempo. Pero estando a su lado simplemente no podía evitarlo. Pero antes, de que se pusiera aún más cursi, se llevó la botella a su boca y tomó un gran sorbo.

- Jaaash.- soltó tras sentir el ardor del licor recorrer toda su garganta quemando todo a su paso, sacudió su cabeza divertida para luego soltar una risita.- ¡Viva la tierra de Henry!.- gritó nuevamente entre risas. Para luego tenderle la botella a Sam.- Mademosielle, le cedo los honores de ser la siguiente.- dijo toda caballerosamente mientras hacia una mini reverencia. Elevó su mirada.- Vamos Sam…- le dijo dedicándole una mirada de ojitos de gato que hasta el momento nadie ha podido negarle algo, esperaba que esta no fuera la primera vez.
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Sam J. Lehmann el Lun Ago 21, 2017 2:47 am

Sin duda su frase no había sido la más inteligente de todas, ¿bajarles las notas, quitarles puntos? No, definitivamente no pensó antes de hablar, pero la idea de tomar alcohol perdidos de la mano de Dios cuando deberían estar en el castillo... pues se le antojaba como algo ilícito y, solo por eso, ya no se sentía cómoda haciéndolo. ¡Sam en esa época era un angelito, no podían pedirle que infringiera tantas normas en tan poco tiempo! Pero sí que podían y, de hecho, Sam estaba tan enamorada de sus dos amigos que... al final iba a ceder, porque está claro que va a ceder en la última noche en la que estarán los tres juntos por última vez.

Partirse de risa con Henry era algo que ocurría siempre. Si en algún momento de tu vida no te reías con él, es que algo verdaderamente malo estaba pasando, por lo que Sam no pudo borrar la sonrisa de su rostro mientras les contaba la historia de cómo había conseguido aquella botella de whisky. Su padre iba a matarle cuando se enterase. Al menos tenía la suerte de que Nathaniel parecía más del tipo de roba alcohol a sus padres con tal de alardear de ello. —Tiene una pinta horrible y aunque estoy en contra de todo esto, sería una falta de respeto negarme a probarlo cuando te has metido con la despensa de alcohol de tu padre —admitió divertidísima, consciente del miedo que le daba el padre de Henry. Los Kerr, en general, le daban miedo a excepción de su amigo, claro. —¡Cállate! No lo pensé antes de hablar. Ya sabes que a final de curso uno está tan obsesionada con no perder puntos que hasta una vez graduada sigue la obsesión ahí en tu cabeza. —Negó con la cabeza ante su estúpida premisa. Aún no se creía que se hubiesen graduado.

Fue entonces cuando ante la negativa de Sam a beber alcohol y más en Hogwarts —pues estaba prohibido, básicamente—, ellos pusieron dos rostros de tristezas cuyo objetivo era sólo y llanamente derretir el de Sam y que ésta cediese. ¡Y lo consiguieron! —¡No me pongáis esas caras! —Ellos rieron y Caroline desató la competición para llegar al lago.

Como era de esperar, Sam llegó la última aún en un intento de hacer trampas y sujetar a Henry, ya que llegó justo después de él. No le dio tiempo de quejarse, ya que su amiga se dio la vuelta con un gesto bastante emocionado y queriendo brindar por ellos. La sonrisa de Sam se volvió cálida y muy cariñosa. Antes de poder decir nada, se llevó aquella botella a la boca y pegó un sorbo bastante amable que hasta a Sam le dio asco solo de imaginarse el sabor al ver su cara. —Tu cara no me ha inspirado confianza —miró a Henry—, ¿seguro que no quieres ser tú el siguiente? —La contestación a esa pregunta fue dada por una mirada reprobatoria de sus dos amigos, a lo que Sam solo pudo acceder. —Está bien... lo que hay que hacer por tus amigos...

Sujetó con desconfianza la botella y la miró con todavía más desconfianza, mirando de reojo primero a Henry y luego a Caroline. Suspiró y se llevó la boquilla a la boca, pero no bebió nada, sino que volvió a bajar la botella al oler su horrible olor. —Yo quería brindar por... —dijo divertida, como si nadie se hubiese dado cuenta de que apartó la botella en el último momento con cara de asco. —Quiero brindar por los dos mejores amigos que he tenido jamás y que sé que siempre tendré. ¿Sabéis esa leyenda china, en verdad no sé si es china, en donde aquellas personas que están destinadas a estar juntas por siempre las une un lazo rojo invisible por el dedo meñique? Nosotros tres estamos unidos formando un gran círculo irrompible. —confesó sonriente, con su típico y característico rostro risueño y cargado de ternura. —Y brindo porque ojalá un Kappa le muerda el culo a Caroline y vuelva a Londres dentro de tres meses arrepentida por habernos abandonados —dijo eso último de broma y para quitar sentimentalismo al asunto, para luego llevarse instantáneamente la botella a la boca y beber un sorbito que le pareció eterno. ¡¡AQUELLO ERA HORRIBLE!! Tosió y tosió, poniendo una cara de asco considerable.

Entonces miró a su amigo Henry y le tendió la botella sin quitar la cara de asco. —¡Te toca! ¡Y tienes que brindar por algo! —lo miró con un gesto de lo más travieso.

En aquel momento aún no había caído, pero a partir de ese día solo estarían Henry y ella durante mucho tiempo. Pronto se daría cuenta de que iba a ser esa persona a la que cuidar como nunca. Y pronto se daría cuenta de que en muy poco tiempo se haría todavía más imprescindible en su vida ahora que una de las patas de ese círculo irrompible estaba bien lejos de ellos. Era curioso, ¿no? Cómo dos amigos pueden ser tanto para ti, casi tanto como la familia. Habían personas que no lo valoraban, pero para Sam, cuya familia estaba bastante rota, era algo increíble. Quizás, por eso, aunque no se le notase en aquel momento y porque no quería ponerse triste delante de Caroline, le dolía muchísimo tener que separarse de ella durante a saber cuántos años después de haber estado otros tantos juntas.
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Henry Kerr el Vie Sep 15, 2017 11:54 pm

Escuchar las palabras que había utilizado Carol, para ayudarle a convencer a Sam de que se uniera a la fiesta con alcohol, provocó que se carcajeara a pleno pulmón.

- ¿Te imaginas? ¿Te imaginas que el director baje y nos requise la botella para darle a pleno morro? - comentó divertido, y volvió a reír.

Maldita sea. Como echaría de menos a la pelirroja.

Sam, Caroline, y él mismo, formaban un trío de lo más singular. Eran unos loquillos, sin duda. Inteligentes, eso sí, como buenos Ravenclaw, pero de los más especiales. Había pocos alumnos en el colegio que les gustaran más una broma o un día alegre que a ellos, aunque en las peores trastadas, tuvieran que forzar un poco a la dulce rubia para que cediera y fuera con ellos.

La cándida Jota, se hacía la dura, le gustaba intentar mantener las formas y respetar las normas… pero no podía decirle que no a sus queridos amigos.

Y en esta ocasión no fue distinto.

- ¡Ese es el espíritu! - gritó como respuesta a Sam. - No me jugué la vida por esta botella como para que te negaras ahora tomar de ella. ¿A qué no?

Quizás había exagerado un poquito con eso de jugarse la vida….   Quizás… Bueno, que sería de la vida sin la magnífica y sensual exageración personal.

- Estaba claro que no lo pensaste antes de decirlo. De eso estábamos seguros-, se mofó y le sacó la lengua.

Serían especiales y un tanto alocados, pero hermoso trío hacían. Si bien, había pocos alumnos que les gustara más una broma que a ellos, estaba seguro de que no había ninguno que tuviera algo ni mínimamente parecido a lo que ellos tenían. Esa amistad que los unía era eterna e imperecedera. Y esta vez no exageraba. Para él, Sam y Carol eran su verdadera familia.

Cuando Carol echó a correr, mientras hacía su particular apuesta para el perdedor, comenzó a perseguirla como alma perseguida por el diablo. ¡Ni de coña iba a darle un beso a un calamar!

Por unos segundos pensó en dejar ganar a Sam, ya que tenía complicado ganarle por piernas. No porque fuera lenta, sino porque él estaba en muy buena forma, y Caroline les llevaba una delantera que no podían recortar de ninguna de las maneras. Fueron unos instantes donde ralentizó su marcha para que su amiga lo alcanzara. Pero esa idea se le pasó de la mente cuando la “inocente” y “cándida” Sam lo agarró para evitar que corriera. Nótese la ironía.

Henry consiguió desembarazarse de ella, y volvió a correr todo lo rápido que podía, llegando en segundo lugar al lago. Nada más hacerlo echó a reir mirando como llegaba la tramposa de Sam en último lugar.

- Te toca besar al calamar, te lo mereces por intentar que perdiera agarrándome-, rió de nuevo.

Por supuesto, sabía que eso nunca pasaría. Era una broma de Carol, ¿no? Por el bien de Sam, sería mejor que así fuera.

De todos modos, dejó de pensar en tonterías relacionadas con calamares, y centró su vista en la pelirroja recortada contra el paisaje. La figura de Carol se recortaba contra la luz de luna que se reflejaba sobre la superficie del lago.

- Es una hermosa escena-, comentó, refiriéndose al paisaje, aunque en su mente había pensado en su ex.

Avanzó hasta pasar de largo de Carol, sin dejar de contemplar la belleza del paisaje ante sus ojos. Captando cada detalle de la luz, los sonidos de la naturaleza, y la paz reinante.

- Creo que hemos acertado escogiendo este lugar para nuestra última juerga-, dijo, dejando de mirar hacia el horizonte, y volteándose, para hablar mirando hacia sus amigas. - ¡Hey, hey! Brindemos por los mejores amigos del planeta. Y por la familia que elegimos ser-, comentó, caminando rápidamente hacia donde se encontraban sus amigas. Unos metros a su izquierda, cerca de la orilla. - Pero tengan un poco de consideración hacia este pobre mago-, comentó, marcando una sonrisa. - Sé que ese whisky es néctar de dioses, pero por favor, dejen al menos un trago para este humilde amigo vuestro-, rió.

No podía haber dicho con más sinceridad que habían escogido ser familia. Nada como el poder de la amistad verdadera. Mas no había pasado ni un minuto desde que llegaran al lago, y Carol ya estaba dándole a la botella. Debía defender su parte de whisky, o tendría que conformarse con beber agua del lago.

Tanto la pelirroja como la rubia brindaron por la amistad. Por sus mejores amigos. Por ellos tres, un grupo, que como bien había dicho Sam, era irrompible. No importaba que Carol pasara un tiempo lejos por sus estudios. Pese a que estuviera tan lejos, sentirían que estaban juntos, pues cuando se llegaba al nivel de amistad que ellos tenían, nada era imposible.

Ahora la botella le llegaba a él. Así debía brindar por algo importante, ya que era una noche especial. Debía sacar a relucir sus mejores deseos, y brindar por algo memorable.

- Por favor, se ruega un poco de atención-, dijo, después de sacar su varita y darle unos golpecitos al cristal de la botella. Haciendo ruido con el vidrio, como se hacía con la copa en las cenas de los ricos más pedantes. Alguna ya había vivido en el hogar de sus padres. Para su desgracia, pues eran sumamente aburridas. - Muchas gracias-, sonrió con picardía, guardando su varita de nuevo, y dejando caer su mochila a un lado. - Es una noche memorable, mis queridas amigas. Todos sabemos la importancia de la reunión a la que asistimos, y nos congratula poder pasar tiempo con nuestros amigos. Con Caroline, a la que por desgracia debemos decir adiós por una temporada. Un adiós que es un hasta luego, pues sabemos que el recuentro será más pronto que tarde. Es algo de lo que estoy seguro. Más no por saber que volverás, esta noche deja de ser importante y hermosa para nosotros. Esta noche se merece un brindes especial-, sonrió de forma afectiva a sus amigas.

Henry levantó la botella en alto, por encima de su cabeza, y con voz solemne comenzó a hablar.

- ¡Brindemos por lo más importante de nuestras vidas! Brindemos mí, el más bello y sensual escocés que existe-, dijo, sin ningún temblor en la voz. Con la mayor cara del mundo, dejando una sonrisa dibujada en el rostro, y sin cambiar un ápice la postura de brindis formal.

Una auténtica parodia, si se tenía en cuenta, que su pose era todo contraria a su sonrisa y las palabras que había dedicado a sus amigas.

No tardó ni medio segundo, en sentir como le arrebataban la botella de la mano, y de paso le daban un fuerte empujón.

- ¡No! ¡No! ¡No! - gritó, sintiendo como perdía el equilibrio por culpa del empellón que le había dado Sam.

Pronto, no sólo sintió como caía hacia atrás, sino también la humedad que lo rodeó cuando cayó de culo sobre el agua. Se quedó quieto uno instantes, mirando a su alrededor más cercano, viéndose sumergido a medias en el agua del lago de la orilla.

- ¡Noooooooooooooooo! - gritó, fingiendo drama. - Qué desastre. Un hermoso escocés empapado. Las he visto con mejor humor, señorita Lehmann-, bromeó, usando un tono de profesor del colego. Pero sonriendo,  a la vez que se tumbaba hacia atrás, para quedar flotando a medias sobre el agua. - Que vida tan perra. En este país, ya ni se respeta a un bello norteño como merece-, rió.

Echaría de menos a la pelirroja. Pero menos mal que su rubia se quedaría con él en Reino Unido. El futuro cercano hubiera sido muy difícil de afrontar, sin el apoyo de su querida Sam.

- Brindo por la amistad-, dijo hacia el cielo, aún tumbado y flotando sobre el agua. - Por mis mejores amigas. A las que siempre querré.
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Henry KerrMagos y brujas

Caroline Shepard el Lun Oct 16, 2017 6:10 am

Cuando uno extraña a alguien se le viene toda clase de recuerdos a la memoria; buenos, malos, felices, y los no tanto. Pero algo le indicaba a  Caroline que lo que más extrañaría de estos dos seres, lo que más recordaría eran esos momentos en que la risa salía sin pensarlo, inconscientemente.  Ese reír con ganas, de estomago, de esas risas que al día siguiente la sentías en tu abdomen y te recordaba lo feliz que habías sido.  Es que con ellos todo era alegría, hasta una noche como esta teñida de nostalgia y de despedidas.

Ambos jovenes comenzaron a sacar su mejor repertorio de pucheros, rostro de gato con botas o perrito bajo la lluvia , y de a poco la luna (la única espectadora hasta el momento) iluminaba el rostro de Sam que cada vez iba cediendo ante sus amigos, explotando al final con una negativa que no era más una afirmación escondida. Aún negada, pero no por mucho tiempo.

Los años podían pasar pero el trío siempre conservaban esa alma infantil, juguetona. Donde sólo bastaba un estímulo por parte de alguno para que los demás le siguieran. En esta ocasión fue la pelirroja que instauró el juego, o "competencia". Siendo Caroline la ganadora, pero una muy traviesa y tramposita. Siguiéndole detrás Henry y la adorable de Sam.

"Súblime" pensó para sus adentros la ravenclaw mientras observaba el Lago y los terrenos de Hogwarts en todos su esplendor. Sacó una fotografía mental de aquel momento, de esas que no necesitan cámara sino que simplemente uno inspiraba y escucha en su cabeza un suave "click" y ese paisaje frente a tus ojos queda conservado para siempre, intocable.  La voz de Henry la sacó de aquel lugar nostálgico en que se había sumergido  y la hizo volver a sonreír ampliamente.

- Hermosisima...- susurró corroborando las palabras de su amigo mientras giraba para mirarlo. Y cuando sus ojos se toparon con lo suyos las palabras anteriores cobraron un significado totalmente distinto, que aunque no lo demostrará corporalmente en su interior un pequeño escalofrío recorrió todo su cuerpo desde la punta de su pies hasta terminar liberándose en una sonrisa de medio lado que escondía más que un gesto de cariño, mucho, mucho más.

¡Pero ya basta de nostalgias! ¡Era hora de celebrar!

La pelirroja brindo con un gran sorbo por la amistad para luego tendérsela a su amiga probando suerte una vez más, y la sonrisa que le apareció al ver que se le aceptaba podría haber iluminado más que cualquier lumus del mundo mágico.  ¡ESTA NOCHE SERÍA LEGENDARIA!

- ¡Hey, no tienes por qué meter a mi pobre trasero en esto!.- alegó falsamente tras escuchar el terminó del salud de Sam, pero la risa que había soltado y que de seguro había llegado hasta las cocinas la delataba.  Se acercó hacia ella divertida para darle pequeños cariñitos en la espalda a su amiga que aún seguía tosiendo con desagrado por lo recién tomado, para luego clavar su mirada en el castaño quién era el portador de la botella de saludes.

Le miró curiosa y con un brillo juguetón en su mirada, deseosa de saber que se le ocurriría decir a su amigo en esta oportunidad, de seguro todo terminaría en una gran risa colectiva, de esas que te ponen los ojos aguados pero de felicidad. Lo miró su pudor alguno mientras hablaba para luego terminar rodeando los ojos antes sus palabras y soltando una risa por lo bajo que se hizo audible al ver el accionar de su amiga.

- Por eso y más es que te amo, mi Jota bonita.- le dijo a su amiga, mientras le daba un besote en la mejilla, mientras miraba toda divertida a un Henry en el agua y le sacaba la lengua burlona de manera infantil.  Lo observó dejarse llevar por el agua y quedar flotando sobre el Lago y creyendo que le resultaba una imagen muy tentadora. Es que Caroline definitivamente en otra vida fue un ser del agua.

Y sin pensarlo mucho entra Lago y se abalanza hacia el chico para darle un abrazo que sólo terminó con los dos sumergidos bajo el agua, para luego salir todos empapados y tosiendo por haberse tragado un poco de agua. Pero nada de eso le importó a la pelirroja, es que dentro se sentía como en casa, no le importaba el horario ni que la temperatura fuera mucho menor a la del exterior ella se encontraba toda feliz flotando por el Lago junto a su amigo. Se acercó hacia él y rodeo su brazo izquierdo alrededor de su hombros.-  Debemos admitir que el agua le sienta muy bien a los norteños...- comenzó a  decir mientras que con su manos comenzaba a peinar su cabello haciéndole un peinado gracioso.- ¡Guapísimo!.- dijo divertida mientras miraba su creación y le ofrecía una amplía sonrisa al castaño. Para luego desordenarle el cabello y reír.

Miró a su amiga que aún permanecía fuera del Lago.- Hey, ahora recuerdo que una señorita le debe un besote a nuestro amigo Calamar...- dijo con tono travieso y ojos juguetones.- Ven únete a nuestra fiesta acuática, Jota.- le dijo para luego sumergirse sonriente.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Sam J. Lehmann el Jue Oct 19, 2017 1:18 am

Fue un impulso totalmente instantáneo lo de empujar a Henry hacia atrás para que cayese en el interior del lago, como 'queja' por ese brindis tan egocéntrico. Ver como se sumergía fue muy divertido y la rubia hizo una ligera reverencia cuando Caroline apoyó ese gesto. ¡Si es que se lo merecía! Sería el mejor escocés de todo Hogwarts, ¡pero ya podría brindar por otra cosa menos narcisista!

Caroline fue corriendo detrás de él para hundirle de nuevo en el agua y Sam se quedó afuera, pensándose los pros y los contra de meterse ahí. Debía de estar super fría, ese maldito lago siempre estaba congelado fuese la época en la que fuese. Al final parecía la rubia la borracha, afuera del lago con la botella de whisky escocés en su mano, el cual, por cierto, estaba horrible. No sabía como Henry podía beberse eso sin poder cara de limón ácido.

Ante la invitación de Caroline, Sam puso un mohin un tanto disconforme. —¿Está fría? —Estaba fría, no había más que ver los pezoncillos de Henry que se notaban a través de la camisa del uniforme. —¿Por qué sois tan masoquistas? Os vais a poner malos.

Y entonces se dio cuenta. La viejoven de Sam ahí haciendo de madre responsable mientras portaba en su mano derecha la botella de whisky de su amigo. Habían dos opciones: quedarse ahí fuera siendo la guardiana responsable del whisky y sentirse un poco aburrida o dejar la botella ahí y unirse a sus amigos aunque luego se arrepintiese al sentir el frío en cada poro de su piel y como la nariz se le pondría roja de todos los estornudos que echaría. ¿Pero acaso no valía la pena un último remojón con sus dos amigos?

Dejó la botella allí, se descalzó —puesto que ella no quería volver a Hogwarts caminando mientras los zapatos hacían sonidos de pedos todo el rato— y corrió hacia allí junto a ellos. Nada más entrar comenzó a sentir el frío de los pies hacia arriba y, cuando el agua tocó su vientre, se arrepintió. —¡Está helada! —Subió los brazos para no mojárselos e iba a dar la vuelta para irse, pero Henry sujetó su mano y tiró de ella para meterla bajo el agua de golpe.

Al salir de debajo del agua, miró a Henry con la boca bien abierta, en un intento de quejarse. —¡Te perdono porque me lo merecía! —dijo divertidísima, para ir hacia donde estaba él, abrazarle y subirse a su espalda como un koala bien cariñoso.

Y claro que merecía la pena. ¿Cuándo sería la próxima vez que podrían hacer eso? Estaba claro que ninguno de los presentes se esperaría lo que le estaría por venir: que Caroline se pasase año tras año fuera de Inglaterra, que de repente Henry desapareciese un buen día durante tres años, que de repente todo cambiase... Eso no se lo esperaba nadie. —Deberíamos prometer una cosa —dijo tras un breve periodo de silencio. —Pase lo que pase de aquí a... no sé, ¿diez años? Quedamos en un lago y nos damos un baño como este. Porque claro, Caroline se nos va y ya no sabremos qué será de nuestra amistad... —Dramatizó en broma, separándose de Henry para nadar hasta su amiga y ponerse, esta vez, de koala en la espalda de ella.
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Henry Kerr el Miér Ene 31, 2018 1:25 am

¡Por Merlín!  Por dios, o por cualquiera que estuviera en otro plano existencial y pudiera verle en su estado actual. El frío se apoderaba de su cuerpo con la velocidad del rayo, y se enroscaba alrededor de su cuerpo, igual que una anaconda hiciera con una de sus aterradas presas.

Y es que en verdad era eso mismo para el frío nocturno de aquella época. Una presa más. Sentía cómo se le entumecía el tren inferior del cuerpo, y como el calor escapaba con la misma velocidad que la frialdad de la noche se instalaba en cada centímetro de su piel, de su carne, de su alma.

A esas alturas, ya casi ni sentía el calor que le había proporcionado el trago de whisky, pero maldita sea, había merecido la pena.

- Mujeres. A lo largo de vuestras vidas no encontraréis otro discurso más bonito y sincero que el mío-, se jactó en tono jocoso.

Sí, claro que lo merecía. Poder pasar una bonita noche con sus amigas, bien valía un baño en frías aguas. Además, no serían el trío más divertido de la casa Ravenclaw si no fueran por momentos así. Habían conformado un pequeño grupo de espléndidas personas, y ahora que Carol se iba lejos, podía decir bien alto que había sido un placer ser uno de los integrantes de tan maravillosa pandilla.

Eso sí, nada más soltar la broma pensó que lo mejor sería ir saliendo del agua. Porque por más mago que fuera, no era un ser inmune al frío, y ya había disfrutado el tiempo suficiente de su tierno castigo por ser tan jodidamente gracioso. O quizás poco gracioso, que cada cual que juzgase el nivel de sus bromas.

Un plan que no pudo llevar a cabo, pues una mujer de movimientos felinos lo atrapó antes de que pudiera escapar.

- Hey, hey. Mi hermoso pelo. No destruyas el peinado de esta hermosa creación de la ingeniería biológica-, bromeó en referencia a su propia persona. - Oh, claro. El guapo soy yo. Cuando ando flotando al lado de una diosa pelirroja. Una diosa marina de esbelta figura y perfecta factura-, dijo, aprovechando para revolverle el pelo a Carol, como ella hiciera con él.

La lucha de despeinarse entre los recién graduados Ravenclaw duró el tiempo justo a que la dama de cabellos carmesí decidiera fundirse con el lago. Típico en ella. No podía resistir el influjo de las aguas, él bien lo sabía. Había llegado a conocer a Carol mejor que la mayoría de las personas en aquel planeta llamado Tierra. Habían sido uña y carne durante unos años que sólo se podían catalogar como felices, y eso sólo se conseguía con confianza y aprecio.

Ambos habían abierto la caja de sus sentimientos hacia el otro de un modo que nadie más había podido ver. Ninguna otra persona había visto el fondo de esa caja tan cerca como ellos, salvando, claro estaba, la dulce Sam. Ella era la tercera punta de un triángulo de amistad perfecto.

- No está fría, Sam. Está perfecta para echarse un chapuzón-, mintió con todo el descaro del mundo. - Deja la botella, alcohólica, y disfruta de la vida junto a tus mejores amigos. ¡Sólo se vive una vez! -, gritó esto último, e inició un suave deslizamiento por encima de la superficie del agua, al comenzar a nadar de espaldas.

Se movía despacio. Con una parsimonia que daba la sensación de que una ligera corriente se lo estuviera llevando, y no que él estuviera haciendo nada por alejare. Por supuesto en todo momento mantuvo la mirada sobre Sam, y no se cortó un pelo en carcajearse cuando la rubia entró en las heladas aguas.

- Ya te dije que estaba perfecta-, dijo entre risas.

No perdió el tiempo riéndose, y se movió con rapidez hacia su amiga para tirar de ella del brazo. Un movimiento ágil y con la fuerza suficiente para que Sam no pudiera escapar del abrazo de las frías aguas.

- Oh, y yo que pensaba que era este escocés al que le debían una disculpa-, bromeó con cariño, dejando que la rubia se subiera a su espalda. - ¿Caroline se nos va, o ya se nos fue? - preguntó con guasa, pese a que veía perfectamente a la pelirroja mientras iba hacia ella. - Creo que la hemos perdido en las profundidades de las aguas de este lago. Supongo que hay amores más fuertes que la amistad-, rió su propia broma.

En ese momento se dejó mecer por las aguas una vez más, mirando hacia el cielo estrellado.

- Carol volverá para esa noche en el lago. Sabes en el fondo de tu corazón que será así-, dijo más serio. - Todos estaremos preparados para venir a este lago juntos una vez más, algún día, ya sea dentro de diez, once o quince año-, aseveró con la confianza que da estar seguro de lo que se dice.

Estaba convencido por completo. Estaba seguro de que sería así, y que lo que había dicho se haría realidad algún día.

- Pero antes de pensar en tiempos tan lejanos…-, se incorporó y se puso de pie sobre el lecho del lago. - Creo que será mejor que pensemos en no morir congelados-, terminó de decir, mirando hacia la botella de whisky posada sobre la orilla. - ¡Tonto el último! - gritó empezando a correr hacia dicha botella.
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Henry KerrMagos y brujas

Caroline Shepard el Dom Feb 11, 2018 8:40 pm

No dudó en lanzarse al Lago, ya que era de esas personas que se sentía en hogar no cuando sus pies estaban sobre la tierra sino cuando estaban sumergidos en el agua. Y pese a que estuviera sumamente helada, haciendo que todo su piel se le pusiera de gallina sonrió feliz. Porque estaba al lado de sus personas favoritas y haciendo algo que le encantaba.

Se acercó a Henry y de manera infantil le desordenó su cabello creyendose la mejor estilista del mundo mágico. Le miró con ojos brillosos y con una sonrisa que solo aparecía cuando el castaño estaba frente a ella.- Hey, aleja esas manotas de mi cabello.- protestó falsamente indignada, para luego contradiciendo a sus palabras se abalanza sobre él, le abraza y le da un beso en la mejilla. - Te extrañaré molestosín.- le susurró al oído, para luego alejarse con una sonrisa de medio lado. Porque si seguía allí  sus ojos iban a ponerse aguados y no, no, no esa noche era solo de felicidad. Por lo que optó por sumergirse dentro del Lago en un intento de que si se movía y nadaba el frío de a poco iría pasando. Ella lo llamaba: periodo de adaptación acuática, como la piel que tras horas de pasar en el agua se arruga para encontrarse más a gusto.

Se acercó a la orilla para ir a tentar a Sam que se les uniera, poniendo su mejor rostro de gato con botas, de esos que era casi imposible de negarle algo, para luego volver a sumergirse casi por inercia y necesidad por igual. Al salir observó como su amiga se iba sacando sus zapatos ya resignada. La vió sumergirse de a poco, algo que ella creía era terrible, ya que se pasaba un frío innecesario para su gusto, ella era más de la que se sumergía de sopetón. Soltó una carcajada al ver a Henry tomarla del brazo y hundirla bajo el agua como dos niños de máximo ocho años.

Les dedicó una mirada de profundo amor, ¿es qué acaso podía poner otra estando a su lado?, la luna los iluminaba de tal manera que resaltaba perfectamente sus facciones y podía pese a la oscuridad que ofrecía esa helada noche tener una increíble perspectiva de sus inolvidables sonrisas y miradas. - ¿Qué dicen? Ya verán cómo en menos de lo que esperamos estaremos juntos de nuevo haciendo de las nuestras.- le dijo sonriente, aunque un leve apretón de pecho le inundó por unos segundos, como si de pronto ese terror que le producía separarse de ellos se volviera más y más real. Y no se le quitó hasta que sintió a Sam, como una especie de calmante, acercarse a ella y encaramarse a su espalda. - Lo prometo, volveremos, lo sé.- aseguró mientras le ofrecía una mirada a Sam y luego a Henry que se encontraba flotando pasos más allá.- Aunque ya quiero ver a los nosotros del futuro tratando de meterse al Castillo sin que Dumbledore se entere. Que yo hasta lo que sé jamás hacen reuniones de viejos alumnos en Hogwarts.-  dijo divertida de tan sólo imaginar esos intentos por parte de los tres.  - Hey, trampa.- exclamó risueña cuando vio al castaño salir corriendo del agua, tomó fuerte a Sam y salió junto a ella del Lago en busca de su amigo.

Lo que resto de esa noche fue increíble, fue un cierre glorioso para los siete años dentro de ese Castillo, que aparte de ofrecerle conocimientos de los cuales siempre estaría agradecida le había regalado algo mucho mejor , a los compañeros de las más maravillosas aventuras, de los más hermosos recuerdos que la acompañarían el resto de su viaje casi como un amuleto o como ese aliento necesario en los momentos más difíciles. Lo que ella no sabía, ni ninguno de los tres, es que la vida les tendería una que otra mala jugada y esa promesa se tornaría muy difícil de cumplir, pero no imposible. Eso jamás, porque esa palabra cuando se trataba de ese trío no existía.

A la mañana siguiente despertaron con una jaqueca de mil demonios, pero había valido pena de tal manera que pese a ser una de las más grandes que había tenido la sonrisa jamás se lo borró del rostro en lo que resto del día. Y como una sanguijuela anduvo al lado de sus dos amigos, aprovechando cada segundo a su lado porque sabía que luego vendría un largo periodo de tiempo sin verlos. Ya en el andén vió a sus padres a los lejos, su primer impulso fue correr hacia ellos ya que hace un buen tiempo que nos los veía pero se detuvo, giró y corrió nuevamente hacia sus amigos para abrazarlos una vez más.- Los amo, los amo, los amo ¿no lo olviden , sí?.- les dijo aún entre su apretón, aunque lo que quería decir era más bien un "no me olviden", era unos de sus mayores miedos al irse.- Nada de adiós, esto es solo un hasta pronto mis adorados.- le dijo ya alejándose, le dió un beso en la mejilla a cada uno de ellos y se fue en busca de sus padres. Antes de irse se giró por última vez para volver a mirarlos, prometiendose que no importa el tiempo que pasase ella movería cielo, mar y tierra por volver a ese Lago y reír una vez más junto a sus amigos.
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