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Hello stranger - [Henry Kerr]

Caroline Shepard el Lun Abr 10, 2017 1:36 am


Se llevó sus manos hacia sus hombros para poder hacerse pequeños y suaves masajes en aquella zona de su cuerpo, sintió enseguida un tirón que la hizo fruncir el ceño y resoplar por lo bajo.  

Hace apenas ocho días que había llegado a Londres, y todas las palabras, testimonios, cartas – hasta las más crudas- no se comparaban a la realidad que ahora se encontraba ante sus ojos. Aún no se podía sacar de la cabeza la imagen de su amiga Sam con unas letras enormes que decían “Se busca”. Es que su amiga  era- y eso que ha conocido a mucha gente durante sus veintisiete años-  el ser más inocente y bueno que ha conocido en su vida y hoy se encuentra quizás dónde escondiéndose para conservar su  vida.

Suspiró, y apoyó sus codos en su escritorio y ahora llevó las manos a su cabeza haciéndose masajes en su cien. Odiaba el nuevo régimen y el Ministerio de Magia, desde pequeña jamás estuvo muy de acuerdo con la forma que tenían de gobernar, sus Leyes, su trato con las Criaturas mágicas, y ahora el panorama era mucho peor que entonces. Recordó como en sus años de Universidad se había prometido, sin importar lo necesitada que estuviera jamás terminar trabajando en el Departamento que ahora se encontraba. Había escupido al cielo y ahora se le devolvía.  Pero tenía que soportar, tenía que fingir y sonreír a pesar de que lo único que quería era repartir golpes a diestro y siniestro. Necesitaba encontrarse en aquel lugar, hacer contactos, ganarse su confianza y así de a poco poder ir recibiendo información que la ayudará a saber de sus seres queridos que hoy se encontraban fugitivos y al mismo tiempo saber el origen del tráfico ilegal de Criaturas en el país.

Aun así agradecía que aún quedaran vacantes en el Sector de “Servicio de apoyo a hombres lobo” – que a su modo de ver- era uno de los pocos sectores de aquel departamento que valía la pena. Siempre le ha chocado que no exista la palabra “cuidado” en su título junto a Regulación y Control, como si las Criaturas fueran sus mascotas, o ellos fueron superiores…Arg, a veces la humanidad le daba asco.

Un café, eso es lo que necesitaba en esos momentos, se levantó de su escritorio y fue hacia la cafetera, mientras se preparaba volteo y se apoyó en la mesa. Inconscientemente se llevó la mano a la boca y se comenzó a morder las uñas, gesto que hacía cada vez que algo le molestaba o debía solucionar.  Cuando se descubrió en ello se retó mentalmente y alejo su mano de su boca. Suspiró iba a girar nuevamente para terminar de preparar su café, pero en el transcurso su mirada paso por el pasillo topando con el rostro de alguien que hizo que su respiración se detuviera y una sonrisa apareciera su rostro.- Henry…- susurró a lo bajo aún por la emoción, pero el chico ya había seguido por el pasillo, sin importarle nada corrió hacia la dirección que lo había visto caminar.

Llegó al pasillo y pudo verlo pasos más allá.- ¡Henry!.- gritó animada, observó como el chico se giraba y corriendo hacia él, sin esperar si quiera una respuesta se abalanzo a abrazarlo. - ¡Que alegría volver a  verte!.- le dijo aún en su abrazo.

Sí habían pasado más de diez años de la última vez que lo vio, sí habían dejado de hablarse hace un buen tiempo. Pero pese a aquello, el cariño hacia él permanecía intacto, y la alegría que tenía en estos momentos era enorme. Además era de los primeros rostros amigos  que veía desde que había regresado, y sabía que junto a Henry podía dejar de fingir, además de seguro él sabía algo de Sam. Y por primera vez desde su regreso sintió una leve esperanza.
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Henry Kerr el Dom Abr 23, 2017 5:02 am

Su vida no solamente iba a ser un ciclo sin fin de capturas y persecuciones de fugitivos. Pues valga la redundancia, había vida más allá del mortífago.

Últimamente estaba centrado en su labor como cazador para el grupo. Demasiado centrado en ello, quizás. Tanto que entre descanso y descanso, siempre tenía que hacer una nueva misión.

Henry suspiró resignado, mientras avanzaba por los pasillos del Ministerio de Magia.

No había mucho que hacer al respecto. Y en realidad, tampoco es que fuera a hacer nada por cambiar su situación, pues su familia estaba en la posición que siempre había deseado. Lo que siempre habían querido.

No tenía queja de ello. Simplemente el volumen de trabajo era impresionante. Algo totalmente normal, dadas las circunstancias. No todos los días se cambiaba de gobierno mágico en las islas británicas. Sobre todo, a una ideología tan positiva para los puristas como él. Así que la cantidad de personas, que de repente se habían convertido en prófugos de la noche a la mañana, era impresionante.

Y tener tantas personas que capturar, le hastiaba. Solamente había que ver la gran cantidad de carteles de se busca, que habían repartidos por todo el maldito Ministerio.

De todos modos, en parte, eso solo era una excusa. Era cierto que estar tan ocupado como mortífago podía ser estresante. Robarle tiempo de otras cosas que le agradaban más. No le gustaba que los sangre sucia coparan puestos importantes dentro del mundo mágico, cuando venían de donde venían. No obstante, tener que apresarlos, y a veces cosas mucho más duras, no era plato de buen gusto.

Pero no. Eso no era exactamente lo que le traía de cabeza. Lo que le rondaba por la mente sin cesar, era el asunto de la fábrica de galletas. Como había acabado todo aquello, y lo extraño de todo ello. No entendía ni por asomo que le pasaba por la testa a aquella rubia. A la tal Samantha, que decía que le conocía, y que era evidente que estaba bastante loca. Aunque…

Sabía algunas cosas bastante concretas. Y además no solía cambiar el discurso. Los datos que aportaba eran fijos, y eso normalmente era síntoma de decir la verdad. Pero es que… ¡No podía creerla! ¿En que estaba pensado?

Desde que llegara a Reino Unido, su mente era todo un puzle difícil de ensamblar. Todo un rompecabezas del cual no sabía ni por dónde empezar. Y eso no le gustaba. No cuando siempre se había guiado por la lógica y el razonamiento, siendo estas la base de su personalidad. De su ser. Sentía que su mundo se desmoronaba a pedazos a su alrededor, bajo la fachada de normalidad que aparentaba en todo momento en su rostro.

Con lo bien que estaba antes de volver a casa. Persiguiendo sus amados dragones por el mundo.

Henry volvió a suspirar. Por lo menos, ahora estaba en el Ministerio por algo relacionado con su trabajo. Con su verdadero oficio. Y no para entregar a nadie ante la justicia, ni para iniciar una nueva caza.

Hoy sería un día tranquilo y relajado. O eso pensaba, instantes antes de ser abordado por una mujer. Y que mujer. Más bien había sido abrazado por una diosa nívea. Un ángel caído del cielo. Pero por bella que fuera, con una inherente y presumible simpatía y desparpajo, no tenía más remedio que dignarse a contestarle con la verdad. Una verdadera pena…

- Eh. Lo mismo digo-, respondió, sin saber muy bien qué hacer, o decir. - Yo también me alegro de volver a verte-, fingió que la conocía, mientras intentaba recordar si se le escapaba algún detalle. Alguna remembranza de cuando habría conocido a esa chica.

¿Tantas copas se habían tomado esa noche? Menudo marrón. Qué problema. No recordaba a esa chica de nada, y por tanto, no sabía ahora mismo cual era su nombre. Y no hacía falta decir, lo peligroso que era mencionar incorrectamente el nombre de una mujer. Más de un hombre había muerto por ello.

Maldición. Tendría que decirle la verdad, y comentarle que no tenía ni pajolera idea de quien se trataba.

- Sí, me llamo Henry. Así que veo que me conoce, pero…-, dejó las palabras en el aire. - Me ayudaría mucho si concretara de cuando y donde. Porque ahora mismo... Estoy en blanco-, comentó finalmente.

Menuda mierda de contestación, y de situación. Pero no veía muchas más salidas que ser franco con ella. Solo esperaba que no se lo tomara demasiado mal.
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Henry KerrMagos y brujas

Caroline Shepard el Dom Abr 30, 2017 3:24 am

El corazón le latía fuertemente por la emoción de ver nuevamente un rostro amigo en el Ministerio de Magia. Y no cualquier rostro sino el de Henry Kerr, un Ravenclaw de su generación que gracias a Sam se volvió en un muy buen amigo y los último años mucho más que eso. Quizás la distancia los había separado por  un largo periodo de diez años, pero al menos para Caroline el cariño permanecía intacto. Ya que él junto a Sam eran lejos las personas más importantes que había conocido en Hogwarts.

No dudó en correr hacia su encuentro y abalanzarse a él para abrazarlo fuertemente, sonrió al comprobar que olía de la misma manera que años atrás, y por unos breves instantes se transportó a los años de antaño en dónde todo era risas, y cariño en la Sala común de las águilas o algún rincón de Hogwarts.

Se alejó de él y sonrió de manera  amplia y sincera, como hace días no hacía. Tenía tantas preguntas que hacerle, y contarle tantas cosas, que simplemente no sabía por dónde empezar. Se dio el tiempo de observarlo, el tiempo había pasado por su rostro  otorgándole mayor madurez, pero en el fondo podía reconocer al mismo chico revoltoso y curioso que ella conocía y tanto había extrañado. – Sigues idéntico, aunque con algunas nuevas arrugas, viejin.- le dijo sonriente, mientras que con su índice le daba un fugaz cariño a la arruga que se le marcaba en su entre ceño.

Cuando de pronto  recordó lo que la había traído hasta acá- ¡Sam!.- exclamó impulsivamente abriendo sus ojos como dos huevos fritos para luego llevarse una mano a la boca y mirar para todos lados por si alguien la había escuchado.- ¿Sabes algo de ella Henry? ¿Sabes si se encuentra bien?.- le preguntó esta vez de manera mucho más baja, casi susurrante mientras lo miraba fijamente, sintiendo como su rostro se convertía en una  mueca abrumadora.

Ok, recién se lo había encontrado y quizás al igual que ella volvía de un viaje eterno dónde se comunicó poco y nada con las personas que estimaba. Pero vamos, es Henry Kerr y él jamás abandonaría a Sam, no como ella que se fue años y ahora al regresar ya nada de ella sabía, aún se sentía tan culpable por no haberse comunicado antes, tanto con Sam como con Henry , quién la observaba como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

Enarcó una ceja cuando escuchó las siguientes palabras del castaño para luego soltar una risa.- Vamos Henry, no es tiempo de bromas. – le dijo entre risas para darle un pequeño y cariñoso golpe de puño en el brazo derecho del castaño.- Soy un inferí enviado a cobrar tu vida, Kerr.- le quiso seguir la broma colocando un gesto gracioso como de zombie en su rostro mientras su manos se movían de manera graciosa, para luego terminar soltando una risa.

Risa que se detuvo al seguir viendo un rostro confundido en el ex – ravenclaw.- Vamos Henry, soy yo….Caroline- le dijo esta vez de manera más seria y mirándolo fijamente a los ojos.

Años atrás, cuándo eran ambos más pequeños Caroline se pavoneaba diciendo que mientras le mirara a los ojos Henry jamás le podría mentir, era como su don o algo así. Pero ahora por más que lo miraba no podía descubrir nada, sus ojos estaban vacíos, era como un papel en blanco. Sintió como su corazón se detuvo, y el peso de haber estado ausente por diez años le cayó encima como un saco de papas. Preguntándose una sola cosa, ¿Qué había pasado con el castaño estos diez años? .

Sintió una extraña sensación, mientras que su esperanza se comenzaba lentamente a agrietar.


Última edición por Caroline Shepard el Jue Mayo 25, 2017 5:41 pm, editado 1 vez
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Henry Kerr el Vie Mayo 12, 2017 8:57 pm

La operación “salvar el culo”, estaba saliendo bien por el momento. Todo lo bien que podía ir una situación como en la que se encontraba, claro está.

De momento la joven no había alzado la mano para darle un sonoro guantazo, por haberla olvidado de dios sabría qué momento en su vida pasada. Pero era bastante evidente, que para la chica su presencia suponía todo un acontecimiento, así que seguramente, le había causado una gran impresión en su día. Todo lo contrario que a él, que ni siguiera llegaba a recordarla.

Demonios. Estos lapsus mentales que tenía de vez en cuando, le estaban dando problemas a cada paso que daba. Era un maldito incordio cuando le pasaba. Y cada nueva ocasión en la que se veía envuelto, con otro vacío dentro de su cerebro, le aumentaba la preocupación que sentía por ese estado en el que se encontraba últimamente.

Su mente era su bien material más preciado. Lo único que verdaderamente le importaba mantener intacto, y lo que precisamente le estaba fallando. Parecía una burla del destino. Él. Un Ravenclaw. Con el cerebro afectado y con lagunas mentales. El capullo dios, que le había dedicado esa enfermedad, debía estar descojonándose de la risa en esos precisos instantes.

Pero bueno, como había dicho antes, era un Ravenclaw. Así que el mal que asolaba su mente, sabía que distaba mucho del juego de un dios imaginario. Debía haber alguna lógica en todo aquello, y estaba seguro de que hallaría la solución al enigma en algún momento. Un momento, que desgraciadamente, estaba muy lejos del presente actual en el que se encontraba. Tendría que salvar la papeleta con la mujer, con educación y pura suerte.

- Bueno, me hago mayor. Que se le va a hacer-, contestó en broma. Intentando seguir el hilo amigable que mantenía la chica. - Pero aún así, mantengo un bien tipito, ¿o no? - sonrió a la chica.

No iba a durar mucho, simplemente siendo agradable y simpático. En algún momento la joven dejaría de hacerle gracia que no se acordara de ella. Y ya podría tener un protego preparado, para cuando llegara ese momento.

En serio. Como odiaba que su mente le estuviera jugando esas malas pasadas. Y no solamente porque odiara tener su órgano más importante y valioso, dañado. Sino también porque había cosas que uno olvidaba con el tiempo. Cosas carentes de interés y poco primordiales para el transcurso de la vida. Pero había otras que no se debían olvidar. Y, por supuesto, una de ellas eran las personas que se conocían. El mal rato que estaba pasando era buena prueba de ello. Sobre todo cuando esa persona era una mujer tan… Sí, tan. Sobraban los adjetivos.

- Sam-, dijo, más para sí mismo que para la chica ante sus ojos.

Era increíble. ¿Cómo podía salir aparecer ese nombra otra vez en su vida? ¿Cómo? Después de lo que había sucedido precisamente en ese mismo ministerio, y en aquella fábrica abandonada. Su cerebro no andaba muy bien, cierto, pero que otra mujer se dirigiera a él como si lo conociera, y que también conociera a aquella extraña mujer… Algo no iba bien. No había que ser muy listo para notarlo, y comenzaban a darse demasiadas casualidades, para que fueran realmente casualidades.

- Sam, creo que está bien. La última vez que la vi, lo estaba-, comentó. Algo sincero, pero que era totalmente ambiguo, pues no sabía a donde había ido. - Caroline. Un bonito nombre, muy acorde a tu simpatía, y totalmente ajeno a un inferius. Diría que me has engañado en esa parte-, bromeó, intentando que el ánimo de la chica no decayera demasiado.

El desánimo se notaba en el rostro de la joven, como bien se podría ver la luna llena, en una noche totalmente despejada. Se sentía mal por ello, sin saber por qué se lamentaba tanto por la tristeza de una desconocida para él. Otro de esos problemas que iba teniendo últimamente, y que parecía un efecto secundario de las lagunas mentales.

- Aunque lo siento mucho. Sigo sin recordar de qué nos conocemos-, se mostró sincero nuevamente. - Pero ese nombre que has mencionado. Sam. Lo conozco. He visto a esa chica hace poco-, comentó por bajo, lo suficiente para que ella lo escuchara, pero no oídos ajenos.

Lo último que necesitaba, es que alguien lo acusara de traición por relacionarse con fugitivos. Sobre todo cuando se había vuelto vital para él. Saber más de lo que sabía esa chica. Tanto Samantha como Caroline parecían conocer cosas que escapan a su entendimiento. Y por fugitiva que fuera una, y amiga de ella parecía que la segunda, estaba dispuesto a escuchar lo que tuvieran que decir. Cómo ya había pensado con anterioridad, tantas casualidades no podían ser algo al azar. Debía existir una conexión entre ellos tres, y estaba dispuesto a averiguarlo. Incluso sentía que Sam, no le había mentido, después de todo. Un sentimiento que también había notado en dichos momentos, en sus encuentros con ella en el ministerio y la fábrica, pero que ahora, cada vez parecían más ciertos. O al menos más probable de que fueran reales, aunque no tal cual los hubiera contado la rubia.

- Quizás puedas ayudarme-, sonrió a la joven. - Lo cierto es que con Samantha me pasó lo mismo. Supongo que me he vuelto alguien olvidadizo-, rió cortamente. - Si pudieras arrojar más luz a todo esto, te lo agradecería. Está claro de que te conozco. ¿Pero de qué te conozco? - preguntó, en el mismo tono bajo que estaba usando desde que saliera el nombre de Sam en la conversación. - Más bien, ¿de qué os conozco a ambas?

Esa segunda pregunta era aún más interesante que la primera. Ya que si la información que diría Caroline, concordaba con lo que le había dicho con Sam… Las palabras de la rubia se volverían ciertas, al menos una parte de ellas. Eso, o esas mujeres estaban conspirando para volverlo loco.

- Seguro que sabes de un lugar donde podamos hablar…-, dejó las palabras unos segundos en el aire. - En privado-, comentó finalmente, dibujando una media sonrisa en sus labios.
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Henry KerrMagos y brujas

Caroline Shepard el Dom Mayo 28, 2017 12:23 am

Desde que había vuelto a Londres se sentía una extranjera, cómo si ese Londres mágico que había dejado hace diez años atrás hubiera desaparecido, llevándose todo lo que quería para poner uno completamente nuevo y que le era totalmente desconocido. Es por esa razón que cuando ante sus ojos apareció Henry era cómo si todo hubiera cobrado sentido nuevamente. Corrió a su encuentro, y lo abrazo como si él fuera ese cable a tierra que había estado necesitando durante las últimas semanas.

Lo había extraño montones, a él y a Sam. Poco han de creerle por no  haberles escrito ni una mísera carta durante los últimos cuatro años, pero dentro de todo su caos y esa vertiginosa vida que comenzó a tener en las tierras de Oriente, no había ni un día en que sus rostros o algún recuerdo se le cruzara en su andar sacándole una sonrisa.
Rodeó los ojos y soltó una risa al escuchar las palabras del chico.- La verdad, es que…- comenzó a decir con una sonrisa de lado, para luego con su mirada recorrer de pies a cabeza el cuerpo de Henry sin pudor alguno deteniéndose en sus ojos.- ...debo admitir que los años te han sentado muy bien, Kerr.- le dijo con un brillo travieso en su mirada.

- ¿La viste? ¿Dónde? ¿Sabes dónde puedo comunicarme con ella? .- lo siguió bombardeando con preguntas sin fijarse por la emoción que tenía al saber que su amiga estaba viva, que Henry le había respondido con una distancia no característica en la relación que ambos amigos tenían.- Soy una nueva colección de inferis, más guapos y coquetos, así atraemos a las presas más fácilmente.-bromeó guiñándole un ojo.

La agradable sorpresa que había sentido al  toparse a su viejo amigo en aquel lugar tan lúgubre y frío no duró mucho tiempo, a medida que pasaba el tiempo el rostro de incomprensión por parte del castaño le hizo entender que el no recordarla no era una de sus tantas bromas, era real.

Retrocedió unos pasos algo confundida, y apartó su mirada mientras su ceño fruncido se intensificaba. No entendía lo que estaba pasando, Henry no la recordaba a ella y por la manera en que se refería a Sam tampoco. – Yo…- balbuceo, para luego volver a mirar al castaño pero ahora como si de un extraño se tratase. Todo su cuerpo se puso alerta, y se retó a si misma por haber revelado más de la cuenta antes de tiempo. La emoción le había ganado y se había comportado como una primeriza. Había vuelto a Londres con el objetivo de encontrar a sus amigos, y de saber sobre el tráfico de Kappas en esta zona. Y el ver a Henry le había hecho olvidar todo lo que siempre le habían enseñado cómo algo básico que era el no revelar su identidad antes de tiempo.

Qué pasaba si él que tenía enfrente no era su amigo sólo alguien en poción multijugos, o qué pasaría si su amigo estuviera siendo manejado por otra persona, o sí realmente le hubieran borrado su memoria y tanto Sam como ella fueron tiradas al olvido.

Maldición, maldición, maldición. Se había quedado congelada sin saber qué hacer. Lo miró, sus palabras seguían irradiando confianza y esa calidez que era tan característica en él y  por más que todo su raciocinio le decía que debía excusarse diciéndole que de seguro se debe haber confundido con otra persona, dedicarle una sonrisa y darse media vuelta, había un algo  que le hacía permanecer allí, lo más probable que ese algo  que la mantenía allí eran los innumerables recuerdos que tenía junto al castaño, su cuerpo se negaba a irse y su curiosidad le rogaba por saber más, entender que había pasado durante estos diez años lejos de Londres. Comprender como todo había cambiado tan radicalmente.

- Sé de un lugar…- susurró por lo bajo, sin apartarle la mirada se acercó a él lentamente llevó su mano derecha a su brazo izquierdo, giró su rostro a ambos lados viendo que nadie estuviera en el pasillo siendo espectador de aquello para luego cerrar sus ojos y pensar en el lugar a dónde lo quería llevar.

Al abrir nuevamente sus ojos sintió el sol pegarle fuertemente el rostro, se llevó una mano a la frente para darle algo de sombra  y poder mirar a Henry, o la nueva versión que había encontrado de él. Tenía tantas preguntas, millones de dudas que por más que estaba deseosa de soltarlas todas sabía que desde ahora debía actuar con mayor precaución.

- Bienvenido a la hermosa playa Falsterbo.- le dijo mirándolo con una leve sonrisa en el rostro. – Menudo lugar que te he traído ¿eh?.- se permitió bromear, miró a Henry esperando que este recordará lo mucho que ella adoraba nadar, y por eso las criaturas marinas eran sus especialidad. Pero en el fondo sabía que nada de esos recuerdos le llegarían y suspiró. Al menos en este lugar tan apartado, si la persona que estaba enfrente no era su amigo Henry y fuera su gemelo malvado y asesino, al menos podría darle la pelea, estando apartados de todo y de todos.

- ¿Qué recuerdas de Hogwarts?.- le preguntó mirándolo mientras le hizo un gesto con su cabeza para que la acompañara a caminar más cerca del mar, mientras caminaban se sacó sus zapatos. Tenía alrededor de quince minutos antes de que la extrañaran en su trabajo y no tuviera que dar explicaciones, necesitaba el mar, necesitaba a sus amigos.

Sintió el frío del agua llegar a los dedos de sus pies, y sonrió levemente al sentir unas cosquillas recorrer su cuerpo, lo volvió a mirar.- Nos conocemos de Ravenclaw, fuimos de la misma generación pero al parecer decidiste olvidar a esta águila de tu vida, Kerr. – le soltó medio en broma, medio en serio para luego encogerse de hombros y volver a mirar el mar.

¿Sería muy descabellada la idea de sumergirse en el agua? Se preguntó. Tenía unas ganas tremendas de volverse una mantarraya e irse a vivir al mar, las cosas le serían mucho más fáciles.
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Henry Kerr el Mar Jun 20, 2017 3:33 am

El escrutinio de la joven se podría describir con miles de adjetivos distintos, pero en el que no había espacio para la discreción o la timidez. Su recorrido con la mirada, por encima de su cuerpo, había tenido de todo menos esos calificativos. Y por supuesto no tenía queja alguna. No sería él quien llamara la atención y cortara la acción de la chica. O no.

Había ciertos placeres en la vida que no importaban de condiciones. De conocimiento de la magia, de la ausencia de ella, o de política dentro del mundo mágico o fuera. Placeres que escapan a las luchas de las personas, y eran universales. Y no le cabía duda alguna, que una mujer hermosa te encontrara atractivo, era una de ellas.

No se le había escapado el significado final que había tras el brillo travieso en su mirada. Una mirada que podía entenderse más como una broma pícara, que como una verdad absoluta. Más, las bromas solían tener algo de verdad tras ellas, ¿no es así?

Por ello, y aunque la chica fuera amiga de una fugitiva, como deducía por el interés que tenía por encontrar a Samantha. Como había dicho anteriormente, eso carecía de importancia. Con los placeres absolutos, todo lo demás pasaba a segundo plano. Incluso un hecho tan destacable en los tiempos que corrían, y más siendo miembro de la facción del señor tenebroso. Debería importarle que a la joven Caroline le interesara ver a Sam. Pero ahora mismo, lo único que le verdaderamente le importaba es que se sentía bien. Que un simple gesto de una chica hermosa lo había hecho sentirse bien. Apuesto, feliz, y por qué no decirlo, con el ego tan inflado, que podría salir volando sin magia alguna como si de un globo de cumpleaños se tratara.

Sobre todo feliz. Esa palabra hacía tiempo que no conjugaba bien con su persona. Desde una semanas después de que volviera al Reino Unido. Y sí, le encantaba estar de los dragones, pero la causa de infelicidad no era solo eso. Ojalá. Todo sería más fácil si supiera decir que le pasaba realmente.

Su bando controlaba el Ministerio. El mundo de la magia sería un poco más purista, y con una filosofía de vida y una política más acorde a sus creencias. ¡Habían vencido, maldita sea! Y sin embargo, no se sentía bien. Prácticamente estaba en un siempre falso estado de felicidad, a ojos de los demás, pero que ocultaba bajo la capa superficial una gran melancolía. Hacía su trabajo, Lo cumplía a la perfección. O casi. Salvo por la situación que había vivido con Sam y Steven y su hermana. A la primera se lo debía por salvarle la vida, era un hombre de honor ante todo, el caso de los australianos era más difícil de explicarse, pero salvo tres personas, había hecho su trabajo sin rechistar. Sin llevar la contraria a las ordenes en ningún caso, pero con la desgracia de la pesada carga que se iba acumulando sobre sus hombros.

Ese estado de tristeza interna no podía durar demasiado. Ni por razonamiento lógico, ni porque no era nada sano de cargar. Era algo de lo que debía librarse en algún momento, pero ya pensaría en ello en su debido momento. No obstante, la mirada traviesa de Caroline, y su sonrisa, habían sido un oasis dentro del desierto de oscuridad en el que se encontraba. Un pequeño gesto, que para él había significado mucho más de lo que nunca pudiera imaginar la chica.

Y en cierto modo… Le traía buenos recuerdos. No sabía especificar en donde y como. Concretar el momento. Vamos, sacar ese momento exacto de su mente. Pero se había sentido, como si ya se hubiera sentido así alguna vez en el pasado. Había notado esa paz que aparecía cuando se evocaba un recuerdo muy particular. Cuando  se veía un gesto especial en una persona especial. En un ser querido.

Sinceramente. Salvo por un importante detalle, hubiera pensado que efectivamente habría visto esa dulce mirada traviesa de mar azulado. En aquella situación no había remembranza que recordar. Si de algo estaba seguro, es que no conocía a la señorita Caroline de nada en absoluto.

No obstante, lo que había sentido…  Odiaba esos sentimientos extraños que le ocurrían desde que volviera a su patria. Lo que había sentido no podía calificarlo como falso, pero la verdad dentro de su mente decía que tampoco podía afirmarlo como verdadero. Esa era la maldita tesitura en la que se veía envuelto más veces de las que se atreviera a reconocer.

Hizo a un lado tales pensamientos, como siempre que le acaban acosando, y rió levemente ante las bromas de la chica ante sus ojos.

- Creo que no debería creerte. Me atrevería a decir que los inferi no se parecen nada a ti. Eres una mujer demasiado hermosa para acabar en tal categoría-, la piropeó con descaro. - Incluso de esa clase nueva de la que dices pertenecer. Te sales de la escala de belleza, y por mucho, me atrevería a asegurar-, dibujó una media sonrisa en los labios.

Un momento de paz y relax después del infierno en el que se había convertido su vida, era todo un bálsamo para su espíritu. Como deseaba poder hablar de una forma simple y llana en esos tiempos. Una conversación tranquilla, sin cacerías, ni fugitivos a los que mandar a Azkaban. Quizás por eso Steven aún estaba suelto por ahí. El australiano tenía la ingenuidad típica e intrínseca de la bondad, y por eso con él podía hablar en paz. Aunque fuera su enemigo, con Steven encontraba la paz que nunca tenía.

Y ahora había encontrado otro pedazo de tregua en la guerra por medio de Caroline. Una desconocida podía brindarle más sosiego que todos los demás conocidos. Que compañero de armas y demás puristas. Que su propia familia. Más aún cuando lo llevaba a sitios tan bonitos como aquel.

- Qué lugar tan hermoso-, exclamó, mirando el vaivén de la marea junto a la orillas. - ¿Dónde estamos? - preguntó con su típica curiosidad.

Esa curiosidad siempre al acecho por nuevos conocimientos y saberes. Tan propia inherente a él, y que le hacía volver a parecer el Ravenclaw que una vez fue, y por supuesto, no recordaba ya.

- Es magnífico-, comentó, mirando hacia el lejano horizonte. Anotando ese sitio en su mente, como una buena posibilidad para esconderse temporalmente, en busca de esa paz que tanto anhelaba. - Sí, te estoy agradecido por traerme. Es un lugar de ensueño-, dijo, mirando esta vez directamente a la chica a su lado.

La sensación de tranquilidad que había obtenido con la mirada de la chica, y con su aparición en aquella playa había sido algo que necesitaba. Un sentimiento que apreciaba en aquellos momentos tan negros. Sin embargo, no había olvidado el motivo por el cual estaban allí.

- Sam. La muy rubia, muy hermosa, y con legua aún más afilada, Samantha Lehmann-, comentó, rememorando su conversación con ella en la fábrica abandonada.

Henry suspiró resignado. Cansado. Agotado. ¿Pues había una cosa que odiara más un Ravenclaw, que no tener conocimiento sobre algo? Pues sí, no conocerlo, y además ser incapaz de hallar una explicación para dicho asunto. Llevaba demasiado tiempo, dándose cabezazos contra el muro de la ignorancia de los sentimientos extraños que albergaba. Y Sam era la piedra angular de ese maldito muro.

- Es muy curioso lo que me preguntas-, dijo, después de soltar otro bufido de resignación. Parecía que todo aquel asunto siempre giraba sobre el mismo momento. - Recuerdo que era un joven maravilloso. Pese a que esté mal que yo lo diga-, rió. - Buen estudiante. Y siempre de los mejores de clase en cuanto a notas, pese a que era un poco golfo. Algunos profesores seguramente aún me la tengan jurada por ello-, volvió a reír de forma cristalina. Con una risa sincera. - Recuerdo que era cazador de quidditch de mi casa. Me apunté en el equipo porque me gustaba volar con escoba. Es más, aún me gusta. Y no se me daba mal, llegué a estar en el equipo de la universidad, aunque no era ni mucho menos el mejor de mi generación. Para que mentir-, sonrió con franqueza.

Henry metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, y se meció volviendo a mirar hacia el horizonte. Que más podría decir de aquellos tiempos. No había nada destacable en su vida en el colegio. Había tenido una infancia y adolescencia del todo normales. No recordaba nada, que pudiera ser distinto a cualquier otro estudiante.

- Que puedo decirle, señorita Caroline. Recuerdo el colegio como una bonita época. Pero sin nada destacable-, comentó en el mimos tono de sinceridad que estaba usando con la bruja. - Sin embargo. Aquí estamos, ¿no es así? En esta hermosa playa, frente a frente-, dijo, poniéndose de cara a la chica. - No eres la primera mujer que me dice que me recuerda del colegio. Y que a su vez yo no recuerdo. ¿No le parece curioso? Seguro que sí. Dice que es una Ravenclaw, y si es cierto, sin duda no puede considerar esto una casualidad. Además, también debe amar los acertijos tanto como yo. Resolvamos este.

El rubio dio varios pasos hasta colocarse mucho más cerca de la joven, a escasos centímetros de ella.

- Mi mente me dice que no puede ser casual. Tiene razón. Es imposible que sea así. También me dice que estoy ante un complot para volverme loco. Que unas mujeres desean mi ruina y mi locura-, comentó, mirando fijamente y directamente a sus ojos. - Es lo más lógico. Y como buen águila debería hacerle caso a esa lógica. Pero heme aquí. Si lo creyera del todo no me habría dejado llevar por ti. Ni para dejarme secuestrar por una de la mujeres más hermosas que haya visto jamás-, negó con la cabeza. - No. Estoy aquí porque Sam es la mujer que buscas. Sam es la mujer que dijo haberme conocido en el colegio. Y Sam es la mujer que sacó una foto de una cámara, de esas muggles. Y aunque sé que las fotos se pueden trucar, esa no lo parecía. Tenía ese toque antiguo del pasar del tiempo que acaba en todas las cosas materiales. Y a que no sabes quién salía-, sonrió.

El Kerr pegó el rostro al de la chica.

- Sí. Has acertado-, dijo en un susurro, a escasa distancia de su oído. Y antes de que pudiera decir nada, pues imaginaba que sabría de quien se trataba. Tan solo unos milímetros los separaban.

El rubio dio un paso atrás, para darle espacio a la chica. Y después se giró lentamente hacia la orilla, quedando unos instantes de lado, mirando de soslayo a la joven.

- Sí. Exacto. Salía yo, Y también aparecía Samantha. Eso me dijo ella. La niña se parecía a ella, así que me inclino a pensar que decía la verdad. Y evidentemente, el niño no necesitaba que nadie me dijera quien era-, comentó, antes de girar de todo y volver a centrar su vista en el mar. - Me he fijado en como mirabas el mar. ¿Deseas bañarte en él? - preguntó, volviendo de pasada a la tranquila realidad anterior a las intrigas por su pasado.
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Henry KerrMagos y brujas

Caroline Shepard el Miér Jul 19, 2017 8:49 pm

Rió tras escuchar las palabras del castaño, mientras negaba con la cabeza divertida. Clavó su mirada en los ojos del ex ravenclaw, sonrió de lado con cierta coquetería inherente en ella.

Tomó aire para soltar en un suspiro sin perder la sonrisa. Lo había extrañado, y mucho. Tener frente a sus ojos a Henry, y comprobar que pese a los años él aún tenía ese increíble don de sacarle una sonrisa hasta en las peores circunstancias hacía que Caroline nuevamente se sintiera en hogar. Algo que no sentía desde que había llegado a Londres. Todos sus familiares se encontraban lejos, o perseguidos por el nuevo régimen. Realmente se sentía muy sola, por lo que ver al castaño era realmente un respiro dentro de todo el caos.

- Muchas gracias por esos halagos, señorito Kerr.- dijo divertida, sus ojos pese a estar achinados por la sonrisa que se había apoderado de su rostro delataban aún el brillo de picardía anterior. – Aunque me gustaría darte un consejo…- comenzó a decir mientras se acercaba a él sin apartarle la mirada y adoptando un rostro de seriedad que evidenciaba evidentemente una risa contenida.- Dicen por ahí que a veces la belleza puede guardar mucha maldad. Deberías tener cuidado con esta nueva colección de inferis, Kerr. Somos letales.- bromeó con falsa inocencia mientras se encogía de  hombros para luego echar a reír.

Y de pronto el balde de agua fría. Debería ser algo grandioso para los horribles días de calor que dominaban Londres, pero este no lo había sido. Retrocedió un par de pasos sin saber qué hacer o decir. Sintió que el corazón le empezaba a latir fuertemente, mientras su cerebro comenzaba a funcionar a mil por segundo. Los pasados diez años le acababan de dar un derechazo en plena mandíbula dejándola en knockout.

Bajó la mirada y soltó una débil risita, que no contenía nada de alegría sino todo lo contrario. Se reía de sí misma al pensar por una fracción de segundos  las cosas se podrían más fáciles desde que había vuelto a Londres. Pero Henry Kerr no la conocía ni a ella ni a Sam. Levantó la mirada y la clavó en el castaño. Podía excusarse y darse media vuelta, volver a su escritorio, y ahí pensar con calma y cautela los siguientes pasos a seguir. Pero no, no podía hacerlo. Quizás lo siguiente que haría se encontraría en la categoría de alto peligro, ya que absolutamente nada le aseguraba que saldría bien y más aún si ese chico que se encontraba frente a sus ojos realmente fuera su verdadero amigo. Pero ahí estaba como tantas veces ya siendo jodidamente  impulsiva junto al castaño, pese a que este ya no lo recodarse.

Cuando sintió la brisa marina golpear su rostro sonrió. Adoraba ese lugar, muchas veces fue su lugar de escape, iba allí y nadaba para olvidar todas las cosas terrestres y simplemente disfrutar de la vida acuática. Miró al chico y sonrió. Podían acabar con todo pero la curiosidad en él seguía intacta.- Suecia, y esta es su hermosa playa  Falsterbo.- desvió su mirada nuevamente al mar. Podría haber agregado que este era uno de sus lugares favoritos desde que tenía ocho años. Y que a media hora de allí vivía su tan famosa tía Marlene, la de los veinte gatos con nombre de personaje de Los Simpson, detalles que le hubiera fascinado al Henry de diez años atrás. Hasta hubiera querido ir a visitarla y sacarse una foto junto a Moe (el gato favorito del trío). Pero no lo hizo porque eso sólo sería revelar más información de la necesaria y que  al parecer habían extraído de la extraordinaria cabeza de su amigo.

Sonrió ampliamente sin apartar la mirada del mar.- La has descrito perfectamente. Aunque te ha faltado agregar que es jodidamente inteligente- dijo entre risas ¿Es que existe en el mundo una mujer más inteligente que su amiga ? Imposible.. ¿Dónde te encuentras, Jota? Se preguntó mentalmente, y suspiró.

Lo miró y frunció el ceño al verlo así de confundido y agobiado. Apretó la mandíbula, sentía tanta rabia y frustración en estos momentos. Quería gritar, sacudir a Henry y decirle que no podía sólo recordar eso de Hogwarts. Que no podía haber olvidado la primera vez que se desvelaron en la sala de las águilas con miles de ranas de chocolate, regaliz y un cockteil de grageas que hicieron que a la mañana siguiente los tres terminaran en la enfermería muertos de la risa, o esos miles de fin de semana en el pueblo como aquella tarde en que los tres en la tienda de música recrearon su propia versión de We are the campion de Queen para celebrar que habían sacado fabulosas notas en los T.I.M.OS. O la primera vez de borrachera de Sam…  simplemente no podía olvidar todos los abrazos, secretos, risas, palabras, clases, libros, miradas, paf…tantas cosas que habían pasado. Pero no dijo nada. Se quedó allí en silencio mirándolo. Más que mal ella se había ido por diez años, al parecer había sido tiempo suficiente para que tu mejor amiga se encontrara de fugitiva y  tu otro  amigo no te recordara.

Sintió la mirada de él sobre ella, lo miró y volteó para quedar frente a él. ¿Qué si le gustaban los acertijos? Puf, los amaba. Pero algo le decía que no le gustaría mucho la respuesta de este en particular. Soltó una pequeña risita melancólica al escuchar sus palabras,  no se apartó ni un centímetro cuando lo vio acercarse a ella. Mantuvo su mirada clavada en la de él todo el tiempo, hasta cuando estuvo apenas a unos centímetros de su rostro. Tuvo el inmenso impulso de abrazarlo y de decirle que no estaba loco. Que como esa fotografía hay miles, de hecho ella tenía un álbum completo en su pequeño departamento que tenía en el centro de Londres, pero el castaño ya se había alejado y ahora se encontraba a pasos de ella mirando el mar.

Tomó aire, podía seguir insistiéndole en que le contará más cosas, o exigirle que él en  quince minutos le resumiera su vida para que luego ella se la destruyera con su propia versión. Pero estaban en Suecia,  kilómetros y océanos los separaban de Londres dónde carteles de "Se busca" dominaban las calles. Pero en ese preciso momento  sólo estaban  ellos dos, después de diez años. Él sin un solo recuerdo y ella con miles sobre la espalda.

Tomó aire y sin pensarlo, sólo dejándose llevar por sus pulsaciones caminó a paso seguro hacia donde el castaño se puso frente de él, tomó su rostro con ambas manos y se acercó clavando su azul mirada sobre la suya.- Sé que estas aún por ahí Henry, y te prometo que tarde o temprano resolveremos este gran acertijo.- Quizás ahora no habían rayos de luces saliendo de sus varitas para cerciorar mágicamente que esa promesa fuera real. Pero la rubia jamás ha faltado a su palabra y haría todo lo posible para que esta no fuera su primera vez.- Y de paso hacerte recordar que odio que me den las respuestas antes de deducirlas por mi misma.- bromeó sacandole la lengua infantilmente. La respuesta era evidente, pero sólo bromeaba para destensar el ambiente. En quince minutos volverían a Londres donde el drama se respiraba por todas partes, ahora simplemente quería...nadar.

Se alejó.- Ahora, déjame decirte que tu capacidad de observación también a mejorado durante los últimos años…- comenzó a decir mientras se alejaba un par de pasos de él, sacó su varita y tras pronunciar el hechizo correcto en un cerrar de ojos su vestuario de trabajo se había vuelto en su traje de baño de color rojo y pequeños círculos blancos. Le sonrió.- Estas en lo correcto, desde que desperté esta mañana que tengo ganas de nadar. Y el día de hoy tú me vas a acompañar, Kerr.- dijo ante de abalanzarse hacia él, abrazarlo fuertemente mientras se dejaba caer y lo arrastraba junto a ella sumergiéndose en el agua.

offrol: PERDÓN POR MIL TRILLONES  yuno El fin de semestre me abdujo llevándome a una galaxia muy lejana (no tan chachi como la de Star wars, sino una llena de libros, informes, ensayos, y bleble i.i) pero logré sobrevivir y he vuelto :dios: jejé, prometo no demorarme tanto la próxima vez, pinky promise~  
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Henry Kerr el Miér Ago 23, 2017 3:32 am

Menudo panorama tenía ante sus ojos. Un hermoso mar, de horizonte infinito, se dibujaba ante él, como la más excelsa obra paisajística del mejor de los pintores. Uniéndose donde se perdía la vista con el azulado cielo, pareciendo que el propio firmamento era el nacimiento del mar, donde las aguas del cielo inundaban el océano.  

Y sin embargo, ante tal belleza abrumadora, no podía sentir más que tristeza en lo más profundo de su alma.
Cualquier persona razonable desehcaría las ideas de aquella mujer. De ella y de su amiga Samantha. Pero sentía que debía crearla. Algo en su interior decía que debía creer la historia que les habían contado ambas mujeres. Más aún, cuando la ya mencionada Sam, le había enseñado aquella foto tan difícil de explicar.

La instantánea no había sido trucada. Ni con magia, ni con trucos muggles. La foto era muy antigua para haberse editado digitalmente, como hacían las personas sin magia en la sangre. Y le costaba creer que hubieran manipulado dicha foto desde hacía tanto tiempo, solamente para confundirle después de tantos años. ¿Quién iba a elaborar un plan tan a largo plazo? Nadie en su sano juicio, pues preparar un plan tan osado en la distancia del tiempo, lo convertía automáticamente en un fracaso. Demasiadas variables a tener en cuenta.

No. La foto tampoco había sido envejecida con magia. Era real. Sentía que así lo era, más aún cuando no solo estaba la prueba de dicha foto, sino también del recuerdo de Hogsmade que le había entregado la rubia. Ese bote con las remembranzas de aquella noche en el pintoresco pueblo cercano al colegio, y que sin duda era una argumento irrefutable.

Había visto como Sam se había extraído el recuerdo in situ, justo delante de él, así que era imposible que fuera falso. La única explicación que le quedaba para intentar convencerse de que eran una mentirosa, era que la historia fuera al revés de cómo  la rubia le había contado. Que él no había sido al que había lavado el cerebro, sino a ella. Y le habían metido recuerdos falsos. Pero no parecía sostenible. No parecía ser cierto.

Cuando ocurría algo, la explicación más sencilla era la más probable y lógica. Con lo complicado que era borrarle la mente a una mujer, para luego meterle recuerdos falsos, y teniendo en cuenta, que todo ella era para confundirlo a él…. No parecía tener sentido. Que Sam dijera la verdad, y le hubieran borrado la mente a él, y no al contrario, como quería imperiosamente creer, era lo más razonable.

Pues, llegados a este punto, como no buscar una salida a aquel asunto que dejara en buen lugar a su familia. A su padre. A su madre. A su hermano.

Los quería, o eso creía. Pero le habían hecho algo horrible. Si Sam y ahora Carol, decían la verdad, le habían destrozado la mente. Lo habían manipulado como un juguete. Y eso era inconcebible en personas que supuestamente le querían, y a su vez él amaba.

No podía dejar de sentirse roto. Porque no dejaban de ser su familia, después de todo, y con el truco mental que le habían hecho, aún sentía algo por ellos. Seguramente siempre había querido algo a su familia, o eso pensaba, pero era evidente con lo que le habían hecho, que gran parte de lo que sentía por ellos era inventado. Creado de la nada.

- Todo esto es difícil de creer-, dijo con voz amargada. Cargada de pena. - Soy un Ravenclaw al fin y al cabo. Hasta yo sé que si mi familia me hizo esto, es que no era de su agrado. Así que me es fácil entender que no hacía las cosas como ellos deseaban-, comentó, sin dejar de mirar el horizonte.

En ese momento desvió la vista del mar, para centrarlo en la mujer a su lado.

- Dudo que sea una mujer malvada, señorita Caroline. Sé que no lo eres-, le dedicó una media sonrisa, que no había perdido del todo la tristeza que albergaba en su pecho, pese a su intento de aparentar no sentir pena. - Aunque lo que ha dicho de la belleza es cierto. A veces, los seres más hermosos son los más despiadados. Sólo hay que observar a los humanos-, terminó por decir.

Solamente había que observar a su familia, quiso decir. Pero se ahorró tal comentario. Aún le producía dolor pensar en ellos como en sus verdaderos enemigos. En personas tan crueles como para hacerle algo así a un hijo. A un hermano.

Sí. A un hermano. La realidad era clara. Cristalina. En el seno de su familia, la persona mejor preparada para llevar a cabo una maniobra como esa, era su hermano. Su propio hermano lo había traicionado. Porque, más allá de las posibles diferencias que tuvieran antes del cambio que le realizó, que tipo de hombre le hacía algo así a su propio hermano.

Por distintos que fueran, eso no le se le hacía a alguien de tu misma sangre. Y por ello, ahora con cierta ironía recordaba a Ezra. Lo había encarcelado por culpa de su padre y su hermano. Ellos habían dado el chivatazo. Ellos le habían traicionado. Y pese a lo capullo que fuera el Sullivan, le había asqueado que su familia lo vendiera tan gratuitamente.

Henry rió quedamente, distraído por los recuerdos en su mente. La familia Sullivan, padre e hijo, lo asqueaban, y resultaba que su familia era aún peor. Maldita ironía.

- Falsterbo. Me suena de haberlo escuchado alguna vez. Pero creo que nunca había estado. No estoy seguro-, comentó.

Porque ahora era difícil estar seguro de nada de lo que recordase antes de…. ¿De cuándo? Cómo poder concretar el momento donde le había borrado la mente.

Tanto si le gustaba, como si no, ahora más que nunca estaba en manos de otras personas. Samantha y Caroline. Por poco que las conociera, pues si de verdad eran amigos en el pasado, de eso ya no quedaba nada en su mente, debía dejarse guiar por ellas. Eran las únicas que tenían las respuestas. Las únicas que verdaderamente lo ayudarían, claro. Porque su familia también sabía todo esto, pero ellos, por evidentes razones, quedaban descartados.

Debía dejar las riendas de su vida en manos de otras personas.

No era una idea que le gustase. Pero era el precio que debía pagar para recuperar su mente.

- Depende de con quien se compare. Comparado conmigo, no existe nada más inteligente-, bromeó, enarcando una ceja. Divertido con su exagerada chulería.

No quería dejarse llevar por el pesar. No era una buena idea. Si quería salir de esta bien parado, debía ser como siempre. O como siempre había sido desde que tuviera uso de razón. Es decir, el día que Nathan manipulara su mente. Su día cero era muy posterior al de toda persona normal. Pero era lo que había. Era lo único que le quedaba. Lo único a lo que aferrarse.

En ese instante, la pelirroja se acercó hasta él. Y no puedo evitar sacar una sonrisa ante la respuesta que le dedicó a su “acertijo”.

Oh, vamos señorita Caroline. A qué persona en su sano juicio le gusta que le den las respuestas antes de deducirlas por mi misma-, mantuvo la sonrisa. - A un tejón como mucho-, bromeó, atizando a la casa Hufflepuff de paso, aunque con cierto cariño.

Cada vez que tenía un contacto, ya fuera primero con Sam, y ahora con Carol, algo dentro de él despertaba. Era como un gigante durmiendo, preso, esperando que alguien encontrara la llave de la cerradura donde estaba encerrado.

- Eh espera…-, empezó a decir.

No tuvo tiempo de decir nada más, ya que la joven lo arrastró junto a ella hacia el agua. Pronto sintió como el frió del líquido lo rodeaba por doquier, y como se quedaba sin respiración hasta el momento en el que pudo sacar el rostro del interior del mar.

- Oh. Maldita sea-, maldijo, pero con una sonrisa en los labios. - Estás un poco loca, ¿no es así? - rió. - No me has dejado tiempo ni de cambiarme. Este traje es de Dolce & Gabbana, ¿lo sabías? - la reprendió, pero de buen humor.

Se sentía bien estar en el agua. Olvidar las penas y penurias por un instante. Se estaba volviendo loco con todo aquel asunto, y disfrutar de un bonito día de playa, era todo lo que necesitaba ahora mismo.

- Falsterbo-, dijo mirando hacia el cielo. Dejando su cuerpo flotar en la superficie, mecido por la marea, al estar tan cerca de la costa. - Es un lugar precioso-, miró hacia ella. - Pero palidece ante tu hermosura-, comentó.

Justo antes de moverse rápidamente hasta ella, y atraparla en sus brazos.  Aprovechó la situación, y rodó por encima de la costa, ayudado y empujado por la marea, hasta quedar sobre la arena. Ella debajo, y él encima.

- ¿De verdad estás tan segura, de que Henry sigue aquí? - preguntó mirando directamente  hacia sus ojos. - Puede que el hombre que conociste ya no exista. Ni vuelva a hacerlo. Hay cosas…-, empezó a decir, pero desvió la mirada. - Hay cosas que han cambiado. No creo que estés orgullosa de lo que he hecho en los últimos tiempos-, volvió a mirar hacia sus ojos, y acarició su rostro. - No creo que ese Henry que describas, pueda perdonarse tales pecados-, comentó con tristeza, refiriéndose a su condición de mortífago.

A sus capturas y asesinatos. Pero sin llegar a mentarlo claramente. Ya no era lo mismo. Ya no era algo de lo que estar orgulloso. Y suponía que cada día que fuera más el verdadero Henry, más asqueado se sentiría consigo mismo. Estaba metido en una auténtica pesadilla.

La marea iba y venía con cada ola. Bañándolos levemente mientras permanecían sobre la arena. Era una estampa de ensueño, incluso cuando uno de los dos protagonistas de la escena estaba tan maldito.

- Pero bueno. Deseas nadar. Eso me has dicho antes-, cambió el tono por uno bien engatusador. Zalamero. Pegando mucho su cara. Quedando muy cerca, casi rostro con rostro. Intentando por enésima vez no dejarse llevar por el pesar y la tristeza. - Pero atrapada en mis zarpas no podrá hacerlo. ¿Qué piensa hacer para salvarse?, señorita Caroline-, sonrió con picardía,
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Caroline Shepard el Dom Oct 01, 2017 5:08 am

Inspiró profundamente y sintió la brisa  que ofrecía el mar aquel día, refrescándola agradablemente. Se quedó unos segundos simplemente disfrutando del hermoso paisaje que sus ojos tenían la fortuna de poder ver una vez más. Y lo más curioso de todo era la persona que estaba a su lado, que pese a que quizás él ya no conserve ninguno de los innumerables momentos que tenían juntos seguiría formando parte de ese reducido grupo de personas que poseía un  lugar inamovible en la vida de la maga, su corazón siempre sería su casa, así de simple.  Lo miró, y sintió como se le apretaba levemente el pecho al observar su mirada perdida, y un ceño en el castaño que sólo denotaba a alguien sumido en sus pensamientos y que imperiosamente pedía ayudaba en silencio.

Recordó la primera vez que había escuchado que un mago era capaz de torturar hasta la demencia a una persona de la misma forma en que podía generar un patronus gracias a un recuerdo feliz, tenía doce años y comprendió que sin importar el mundo en el que se encontrará, el bien siempre traía a sus espaldas el mal y viceversa, eran incluyentes. No podía existir el uno sin el otro, por más que eso le molestara enormemente. Pero es que ¿la perfección alguna vez ha existido? , se preguntó de paso. No.

Pero una cosa era esa mezcla histórica del Yin y el Yang, pero otra cosa muy diferente era  remover y extraer los recuerdos de una persona tan buena como su amigo, eso no era ni el mal ni el bien. Eso era cobardía. Cobardía pura, porque simplemente no pudieron contra su personalidad, con esa forma de ser mágica y única que tanto quería y admiraba. Pero como alguna vez escuchó (no recuerda bien donde) “Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera” (o algo así). Y así sería, mirando la infinidad del mar, y escuchando la furia del oleaje Caroline se prometió que haría todo lo que estuviera a su alcance para poder encontrar el camino de regreso a casa para su amigo, pero su verdadera casa, su familia a elección; sus amigos. Aún no sabía cómo, pero era una ravenclaw de tomo y lomo, un gato muy curioso que si llegase a ser necesario era hasta capaz de perder una de sus siete vidas, es que sus amigos valen eso y más.  

Le escuchó y volvió a desviar su mirada depositándola en él.A su vez sintió unas ganas tremendas de agregar todas las cosas que pensaba de su familia, lo despreciable y horribles que pensaba que eran. Y como desde los siete años que compartió junto al castaño ellos siempre tuvieron un increíble don de despertar lo peor de ella. Familias de mierda existían en todas partes, pero definitivamente la de Henry se ganaba el primer lugar y con honores.- Es por eso que prefiero las criaturas y animales…- musitó sonriendo de lado.

A lo largo de su vida había tenido que ver muchas cosas, cosas que hubiera deseado no ver jamás y otras que por siempre permanecerán atesoradas en algún lugar de su memoria, o marcadas en la piel. Pero siempre se volvía a sorprender, siempre le volvía impactar como las personas podían llegar a ser tan…crueles. Y eso le molestaba, porque de una vez por todas debía dejar de pensar así, de querer creer que algún día todo aquello se detendría.

Sintió su mirada y trató de adoptar una postura menos tormentosa de la que había ido adquiriendo a medida que se perdía más y más en sus cavilaciones mentales. Le ofreció una sonrisa de vuelta, pese a que lo último que quería en esos momentos era sonreír. Es que había sido demasiada la información que había tenido que procesar en quince minutos. Se había ido lejos por diez años pero jamás se imaginó que su regreso fuera de esa manera.  Pero si ella se sentía así no quería ni imaginar el torrente de emociones que deben estar rondando en la cabeza de su amigo.

- De seguro lo has escuchado, pero al menos conmigo no has estado aquí antes.- le dijo sincera sin apartarle la mirada. Caroline le habló innumerables veces de aquella playa y de su tía Marlene, pero jamás pudieron concretar una visita. Qué curioso que justo ahora y bajo estas circunstancias haya llegado a suceder.

Soltó una risita al escuchar sus palabras.- y al parecer una más egocéntrica tampoco ¿eh?.- agregó bromeando amigablemente, mientras le lanzaba la lengua de manera infantil. Sonrió ampliamente y pensó que si él no le hubiera dicho que no recordaba nada, hasta el moemnto eran tantas las veces que durante este periodo sintió que estaba con el verdadero Henry, ese que recordaba hasta el detalle más mínimo y poseía toda una enciclopedia de conocimientos en su cabeza pero que ni se comparaban con aquel humor que poseía de manera innata y que hacía que que reír a su lado inevitable.

Acertijos, acertijos, ella amaba los acertijos pero este no. Y se negaba ante la irrefutable respuesta que parecía poseer este.  Se acercó a él y le habló a lo que quedase de su amigo en esa tierra perdida que se ha convertido su mente, y le prometió que aún quedan capítulos por escribir, que su historia aún puede dar un giro inesperado. Y que tal vez un poco de agua pueda ayudar.

En menos de un minuto cambió su vestir y diciéndole unas pocas palabras se abalanzó hacia el castaño y se sumergió junto a él al mar, sintiendo como al encontrarse bajo el agua todo volvía a fluir, todo se calmaba.  Pero al parecer no a su acompañante, divertida volvió a salir a la superficie, aunque si fuera por ella ya estaría al menos nadando hasta lograr media milla, donde comenzaba la real diversión. Rió.- Sólo un poco.- le respondió divertida tratando de adoptar su mejor pose de inocente, aunque su sonrisa y mirada traviesa la delataba. - ¡NO! No me he dado cuenta que era un DilciGibini ¡Sí hubiera sabido antes! ¡Mil perdones, noble señor!.- le dijo falsamente arrepentida, se permitió hasta llevar una mano a su pecho para incrementar dramatismo, una actuación diga de un Oscar dirían algunos. Al menos hasta que la rubia ya no aguantó más y rodeando los ojos soltó una leve carcajada.

Lo miró flotar y por un momento su mente retrocedió hace años atrás como aquella noche en que había visto esa misma imagen pero en Lago de Hogwarts, más jóvenes pero no por eso menos impulsivos, sólo bastaba con verlos flotar como si nada estuviera pasando kilómetros más allá, como si los años jamás hubiera pasado.  Nadó a su alrededor para luego detenerse cerca de él y con sólo su mirada sobre el agua. Sus ojos se achinaron, no se podía ver pero bajo el mar Caroline había sonreído. Se acercó un poco más mientras de a poco iba apareciendo más de su rostro.- Pues, muchas gracias. Debo decirte que desde este lado de la valla…- comenzó a decir mientras que  con su mano derecha trazaba una línea imaginaria entre los dos.-…Las vistas también están muy…agradables.- terminó por decir de manera coqueta.  En eso de improvisto el castaño la tomó entre sus brazos girando con ella hasta la orilla, quedando encima de ella.

Su respiración se volvió entrecortada y más densa tras ese movimiento, abrió ligeramente su boca para poder respirar de mejor manera pero sin apartar jamás su mirada del ex – ravenclaw. ¿Realmente pensaba aquello? Se preguntó mentalmente. , se respondió enseguida.  Inconscientemente como un gato recibiendo una caricia el rostro de Caroline busco generar más contacto con la mano del castaño, como si su piel lo hubiese reconocido, en aquel tan simple acto.- Sí lo creo.- le respondió con tono seguro, segura de sus palabras.- El Henry que conozco sabe que todo lo que ha hecho no ha sido de manera consciente, sabe que a veces ni uno mismo logra reconocerse pero, lo importante es saber volver. Y yo lo puedo ayudar.- Sabía que lo más cauteloso era cerciorarse que encontrarse a su lado no fuera de alto riesgo, y que debía decir lo menos posible hasta que lograra entender este gran crucigrama, pero simplemente no podía ser prudente junto a él.  Jamás había podido serlo.

Levantó su mentón cuando observó al chico acercarse nuevamente a su rostro, quedando aún más cerca.- Así es, quiero nadar…- le susurró aterciopeladamente mientras de vez en cuando sus labios rozaban los del castaño, muy sutilmente.- Y ¿Qué haré?.- bajó su mirada y la depositó en su boca. – Esto.- terminó por decir mientras que de un seco y preciso movimiento eleva su rodilla derecha pegándole directamente en  una de las zonas más sensibles del sector masculino.  

Sintió que el castaño dejaba de ejercer presión sobre ella para encogerse en un vano intento de disminuir aquel dolor y que Caroline aprovechó para girar sobre su cuerpo y levantarse dejándolo a él en el suelo.  Se agachó levemente hasta quedar a su altura.- Tú me lo has preguntado.- se excusó para luego darle un fugaz beso en su mejilla divertida. La ex – ravenclaw jamás ha sido una tierna damisela en apuros, y por más que pegarle a sus amigos jamás ha sido uno de sus pasatiempos favoritos, debía dejarle en claro al nuevo Henry que ella sabía defenderse muy bien.

- Ahora, ¿me acompañaras a nadar o seguirás llorando por tu traje “ oooolceGabananananananá”.?.- le preguntó con una sonrisa de lado mientras comenzaba a caminar de espalda sintiendo como de apoco el mar le cubría más  y más su cuerpo. Sintió el rugir de una ola que estaba por venir y llevándose una mano a su nariz antes de que esta golpease su espalda se sumergió dentro de ella.

Abrió los ojos en el interior contemplando la maravillosa vista de la vida acuática. Y comenzó a nadar hacia el sector más profundo, y tan sólo cuando le hizo falta el aire volvió a salir a la superficie encontrándose con la sorpresa de que le castaño no sólo se había decidido  meter al mar sino que hasta le había alcanzado en su nadar. En eso, una duda le atravesó por su mente.- ¿Qué haces actualmente? ¿Trabajas en el Ministerio?.- le preguntó curiosa, cambiando rotundamente de tema, como si nada hubiera pasado. Es que el agua le había permitido despejar un poco sus ideas, y ahora ella quería investigar hasta qué punto la vida de su amigo había cambiado.  
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Caroline ShepardTrabajador Ministerio

Henry Kerr el Miér Nov 22, 2017 3:22 am

El juego del gato y el ratón siempre le era divertido. Sobre todo cuando podía ser el hermoso y sigiloso felino de sonrisa encantadora. Colmarse de placer al sentirse cazador. Escudriñando a su presa con una intensa mirada que atravesaba su piel, a quemarropa, tan cerca que captaba el delicioso aroma que desprendía.

Ser el eslabón fuerte en el juego era todo un deleite para sus sentidos. Llegaba a ser embriagador.

Aunque tenía que reconocer que también era divertido ser la presa cuando la dama lo merecía. No podía negar que había cierto disfrute en caer en las redes de una mujer, y dejarse llevar. Tenía su encanto, y también disparaba la adrenalina hasta niveles insospechados.

Eso sí, prefería movimientos más delicados y sutiles. Por divertido que pudiera ser tanto el gato como el ratón, nunca lo era ser un mamífero castrado a base de patadas en la entrepierna.

- Si lo llego a saber no te pregunto-, bromeó, justo después de sentir el calor de sus labios en la mejilla.

Por extraño que pareciera, el beso fue como un calmante para su dolor. Una ayuda extra para un dolor que sólo tenía cómo remedio el reposo. En un rato estaría como nuevo, pero de momento el beso de Carol sería una excelente distracción.

- Oye, no he llorado ni cuando me has roto mi baja moral-, siguió hablando con buen sentido del humor. Eso sí, estaba con una rodilla hincada en la arena bajo las aguas, para sobrellevar su mal. - Así que tampoco he llorado cuando me has mojado mi hermoso y fantástico traje de DilciGibini, cómo tú lo llamas-, rió sin poder evitarlo.

Menudo nombre se había inventado. Esa mujer estaba loca. Pero cargada de una locura encantadora y divertida, que en cierta forma le era familiar de un modo que no podía llegar a explicar.

Henry no contestó a a la pregunta de la pelirroja con claridad. Sólo se refirió a la parte de los lloros, pero no matizó si entraría en el agua o no. Bueno, si entraría más adentro, porque empapado ya estaba.

En su defecto dio unos pasos hacia el interior de la playa, hasta llegar a la zona seca donde no alcanzaba la marea, y allí se quitó el abrigo superior, la parte superior de su traje y la corbata. Las dejó caer a un lado y después tomó su varita del bolsillo interior de su abrigo. Con un rápido movimiento de repente estuvo con un aspecto más apropiado para un día de playa. No fue menos ágil su encantamiento de Deletrius para hacer invisible su marca tenebrosa. No creía que fuera una buena idea que la joven la viera.

Con toda probabilidad, después de la conversación que habían tenido en la orilla, Caroline sospecharía que era uno más de los fieles al señor tenebroso. Ya le había dicho que había hecho cosas, de las que el Henry del pasado que ella describía no estaría orgulloso. Pero aún así, prefería mantenerla oculta.

Por ello, cuando se sumergió en las aguas, y se internó en el mar buceando para sorprender a la pelirroja, lo único que destacaría en su cuerpo era el bañador carmesí que llevaba.

- Creo que si alguien llegara, y viera en la orilla la parte superior de un traje, y un abrigo que al registrarlo sólo contiene un palo, pensará que soy un tipo de lo más raro. Aunque más jodido sería que llegara un perro y huyera con mi varita en el hocico, ¿te imaginas? -  bromeó, antes de salpicarla con el agua.

No le gustaba separarse de su varita. Prefería tenerla siempre a mano, pero en ese caso tendría que conformarse con dejarla en su abrigo. Con franqueza, no tenía mucho espacio donde guardarla. Eso sí, esperaba no tener que ser llevado de vuelta a casa por Caroline, y pasar la vergüenza de tener que contar que necesitaba una nueva varita porque un maldito perro se la había robado.

- Pues no. Directamente no. A veces he hecho algún trabajito para ellos, pero no soy un señorito funcionario del gobierno-, dijo con retintín la última parte de la frase, para picar a la joven pelirroja con el oficio. - Soy dragonolista, pero no he estado en un sitio fijo desde que terminara la carrera. He viajado por todo el mundo, y hace poco he vuelto a Reino Unido-, comentó tranquilo.

Se dejó llevar por la marea. Como una tabla varada encima del mar.

- Pero como te he dicho. He hecho algunos trabajos para ellos relacionados con mi especialidad. Bueno, para los británicos y en otros países-, la miró sonriente, con la cabeza ladeada sobre las aguas para mirarla.

Se sentía bien tener un poco de paz y tranquilidad, después de vivir tiempos tan cambiantes y turbulentos.

- Pero en fin, cuál es la historia de Caroline. Recuerda que soy un hombre con mala memoria-, bromeó sin perder la sonrisa. - Por cierto, ¿cómo te apellidas? Estaría bien que ambos supiéramos nuestros nombres completos. Eso nos dejaría en la misma posición-, le guiñó el ojo.

Nada más guiñarle el ojo nadó para acercarse más a ella.

- Ese bañador te queda muy bien-, comentó, mirándola con descaro. - Muy, muy bien-, sonrió, y la volvió a salpicar con agua. - Dijiste que te gustan más las criaturas y los animales que las personas. ¿Yo entro en la categoría de animal? - rió. - Te has tomado muchas molestias para captar mi atención. Supongo que debía ser muy especial para ti. O me equivoco-, se atrevió a indagar. - O quizás sólo seas muy amiga de tus conocidos. Pero no sé, no parece que sea tan simple. Estaría bien saber más de ti y de mí. De nosotros, en definitiva-, comentó más serio, pero sonriente.

No podía quitarse de la cabeza que había sido una cobaya experimental para su familia. Al final, sí que era poco más que un animal para algunas personas. Y pensarlo dolía. Dolía por dentro como acero candente enterrado en su pecho.

Más no quería dejarse llevar por el lamento y el dolor. Prefería aprender más de quien era, aunque ahora fuera una persona distinta por completo. Quería pasar una buena tarde con esa mujer, y conocerla, y de paso, a su vez, conocer más de su propio pasado. De su pasado real.

- Eso sí. Seguro que yo aguanto más que tú bajo el agua. Te reto-, dijo divertido, justo antes de sumergirse.

Contempló la esbelta figura de la pelirroja desde debajo de las aguas, y esperó que esta se uniera a él en el nuevo juego. Que pudiera aprender más cosas de él, no significa que no pudiera pasar un buen rato al mismo tiempo.
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Henry KerrMagos y brujas

Caroline Shepard el Miér Dic 13, 2017 4:00 am

Se rió tras escuchar sus palabras. Es que ella era de las que si les preguntas te responden, y  no solo en palabras. Aun así no pudo ir al mar sin antes tender un pequeño beso en la mejilla del castaño. Quizás por culpa o mero gusto, no lo sabía, pero lo había hecho.  Volvió a soltar una carcajada, al escuchar su siguiente respuesta.- Uhuhuhu. Henry, él que no llora.- bromeó para la luego sacarle la lengua y sin más rodeos ir a sumergirse a su querido mar.

La mayoría de las personas amantes de las aguas tienden a sumergirse rápidamente, como desesperados de ese encuentro tan esperado. Ella, en cambio, le gustaba introducirse lentamente, ir sintiendo el golpe de las olas y como de a poco se iban volviendo más y más amigables. Hasta fundirse por completo y terminar siendo una con el mar.  Nadó cuanto sus pulmones le permitieron, encontrándose al salir  con el castaño a su lado.

Siempre le ha sorprendido el increíble don de Henry de hacer reír a las personas. Bajo cualquier circunstancia, él siempre logra sacar aunque sea una sonrisa. - ¡Hey! .- le dijo falsamente ofendida, lanzándole agua ella también, mientras que con la otra mano se iba secando su rostro. - Me sorprende que siendo tan amante del buen vestir muggle, no conozcas los mágicos. - Se giró dándole la espalda y mostrarle una parte de su traje de baño, era una gran curva que dejaba al descubierto su piel. Con su mano derecha dobló el costado derecho mostrando su varita adherida y cubierta con una especie de tela musgosa. - Voilá.- le dijo sonriente mientras le movía sus cejas graciosamente para luego volver a girarse.  Miró hacia donde se encontraban las cosas del castaño y le lanzó un hechizo protector de manera silenciosa.- Me lo imagino. Y ese...¿ No es acaso un perro...?- dijo en tono de pregunta mirando con sus ojos entrecerrados en dirección a la orilla solo por bromear.

Su lado curioso no tardó en aparecer, aunque su respuesta le hizo poner una mueca y su nariz arrugada, como quien huele algo apestoso.  Es que a ella no le gustaba ser una 'señorita del Ministerio´, ella era todo lo contrario a ser una trabajadora del principal edificio regulador de un país y que debe obedecer al gobernador vigente. Quién, cabe destacar, ella no empatiza en absoluto con sus ideales. Si estaba ahí era por la información, y por el dinero, nada más.

Sonrió al escucharlo decir que era dragonolista, al menos aún habían cosas que permanecían en el castaño. Como su eterna pasión por los dragones. Que a decir verdad ella disfrutaba enormemente, siempre era un gusto escucharlo hablar de ellos. Era muy emocionante y gratificante observar y aprender de alguien que ama algo en extremo. - En  Motuo logre ver en vivo un Bola de fuego.- le dijo animada, recordando de pronto que esa anécdota era una de las primeras cosas que quería contarle a Henry cuando lo volviese a ver.  Pero como las cosas dieron un giro inesperado, fue hasta este momento que se dió la oportunidad de decírselo. - Solo pude observarlo de cierta distancia, ya que lo mío son las aguas, no mucho las alturas. - rió.- Algunos subieron más y pudieron verlo de más cerca. Fue increíble...- dijo suspirando recordando mentalmente su gloriosa imagen.

¿Cuál era su historia?
Explicarla en menos de diez minutos era un poco dificil, y ella jamás ha sido buena con los resúmenes. Suspiró y respondió lo más fácil primero.- Shepard.- le dijo con una sonrisa de medio lado. Cayendo una vez más en lo horroroso que era - por más que ha tratado de obviarlo lo más posible- el hecho de que Henry no recordase nada. Ni siquiera algo tan banal como su apellido.

- ¡Hey! ¡Que no me gusta tu nuevo pasatiempo, Kerr! .- le reclamó tras recibir una vez más un chorro de agua inesperado como 'ataque'.  Mientras sacaba las gotas de mar en su rostro soltó nuevamente una risa tras escuchar su pregunta, le miró divertida y con una sonrisa imborrable que de a poco se volvió tremendamente melancólica.  Es que cómo le contaba al  propio protagonista los innumerables recuerdos que tenía a su lado, y  lo mucho que él significaba en su vida.  Era un desafío casi titánico.

- Nosotros juntos éramos perfectamente imperfectos. - le susurró mirándolo fijamente, sonriente pero más que nada porque se había quedado ahí congelada en su rostro de repente. Como quién quiere decir muchas cosas pero sólo termina conjugando las primeras palabras que se le vienen a la cabeza por nervio o desconcierto (o un poco de ambas) .  Además, le dolía demasiada hablar en pasado, narrar un atrás. Mientras que ella lo único que quería era vivir un presente y quizás, si la apresuran, idear un futuro.

Y como si el castaño le hubiese leído la mente, la desafió haciéndola salir de ese pantano del cual de un segundo a otro se había sumergido. Sonriente inspira profundamente aire y se introduce bajo el mar, y con aquel simple acto sintió como todo se iba, todo el dolor, toda la angustia.

Si alguna vez le preguntan no sabría decir con exactitud cuánto tiempo estuvieron flotando y nadando de un lugar a otro. Sólo podría decir que ella como el mar de vez en cuando iba soltando olas de recuerdos, como también extraía los del castaño para ir construyendo un nuevo capítulo.  Empezar a escribir el nuevo libro del mago en su cabeza.  Re-construirlo en su memoria.

Mientras miraba por última vez la playa de Falsterbo junto a Henry a su lado comprendió que en Londres le esperaba un largo camino. Y que por más que fueran aguas turbulentas y peligrosas, ella se sumergirá hasta el fondo si es necesario.

- Respondiendo a una de tus preguntas anteriores: Si. Tú formas parte del grupo de las criaturas más graciosas que existen en el mundo mágico.- bromeó divertida, le miró fijamente.- Hasta pronto, Kerr.

Una despedida con claros dejes de hasta pronto los separaron.  Ambos con innumerables preguntas y una que otra respuesta. Y ella con unas ganas-  como hace mucho tiempo no sentía- de viajar en el tiempo; a esa noche donde los tres estaban empapados y no solo por el agua del lago, sino de sueños y anhelos...con miles de promesas, y sonrisas por delante.  

Pero ya basta.
Se dijo ya al llegar a casa.
Había llegado la hora de comenzar a actuar, accionar.
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