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Arbustos puntiagudos y poción herbicida {Priv. Laith Gauthier}

Invitado el Miér Abr 12, 2017 6:11 am

Era una concurrida tarde más en Hogsmeade, y por el día de hoy, se nos había permitido completamente la salida del castillo hacia el pueblo cercano, aunque algunos ya se solían fugar, esta vez sería legal. Apenas la tarde comenzaba, pues recién eran alrededor de las dos, y tenía hasta más de las seis para volver al castillo, por lo que tenía bastante tiempo para hacerse con las cosas que consideraba necesarias, y podría también darme el gusto de descansar un rato.

Antes que nada, tenía bastantes cosas por hacer, llevaba bajo mi brazo derecho algunos libros que necesitaba y me serían de bastante ayuda, el "Filtros y Pociones Mágicos" de Arsenius Jiggers, y "Mil hierbas mágicas y hongos" de Phyllida Spore. Estos libros me acompañaban desde mis inicios en Hogwarts, y nunca paraba de aprender con ellos, pues iban siempre de la mano, uno de Pociones, y el otro de Herbología, eran sumamente útiles ambos. La principal razón por la que venía a Hogsmeade era para intentar buscar un montón de ingredientes para realizar unas cuantas pociones, ya que no tenía tiempo ni podía salir mucho del castillo a recolectar con mis propias manos los ingredientes, debía buscar en cada rincón de Hogsmeade para comprarlo.

Mis padres me habían mandado ya varias veces a su lechuza Nuit, la cual siempre llegaba durante el desayuno, me entregaba una carta de su parte, comenzaba a ulular sobre mi hombro, mientras esperaba que leyera la carta y la contestara, luego picaba un poco de mi comida y se devolvía a casa. Todos los días, recibía una carta de mis padres quedándose de unos molestos arbustos puntiagudos y unas plantas punta espinosa que habían crecido curiosamente en el jardín, quizás como forma de alguien de sabotear el buen cuidado que mi madre le daba al jardín, o quizás por mera casualidad. También, podría ser alguna clase de sabotaje a mi padre, que hace poco había tenido unos líos en el ministerio por unos asuntos mal llevados, y puede que alguno de los ministros o empleados le haya querido jugar una pequeña broma en forma de represalia. Según expresaban las cartas, ya ellos habían sufrido varias veces algunos cortes y rasguños debido a estas plantas, y mi padre, aparte de no tener mucho tiempo disponible, era un desastre total en herbología, por lo que no tenía idea alguna de cómo deshacerse de la planta, ni siquiera diferenciaría un lazo del diablo de una tentácula venenosa, cuando mucho sabría que estas dos plantas existían.

Había decidido por mi cuenta comenzar a preparar una poción herbicida, ya que se me daba bien, y comenzaba a hartarme de estas cartas que se volvían cada vez más largas y descriptivas, acompañados de la glotona lechuza marrón, que solía picar de más mi desayuno, llegando a ser bastante molesta en algunas ocasiones. No era gran cosa la poción herbicida, de hecho, en el libro de Filtros y Pociones Mágicas se explicaba detalladamente su preparación. Además, también tenía que abastecerme de poción embellecedora, que utilizaba constantemente para evitar el crecimiento de acné en mi rostro, y la poción pimentónica, que solía tener siempre de reserva en caso de un molesto resfriado.

Estuve aproximadamente una hora, entrando en más de una tienda averiguando los materiales de las pociones, hasta que por fin logré hacerme con todos. Sin duda, los ingredientes más difíciles de conseguir habían sido los mocos de Flobberworm, el cuerno de bicornio y el pelo de imp, que correspondían cada uno a una de las diferentes pociones. Había gastado una considerable cantidad de galeones consiguiendo estos materiales, aunque merecía la pena, ya que me libraría de la molestia de recibir quejas diarias sobre las molestas plantas mágicas del jardín, libraría mi cara del futuro acné que pudiera adquirir (Ya que de momento, tenía el rostro completamente intacto) Y además, me cuidaría de un resfriado, los cuales eran bastante comunes en mí.

Llevaba todos los ingredientes en una gran bolsa, de mi hombro colgaba mi mochila del colegio, donde tenía el ejemplar de Mil hierbas mágicas y hongos, caminaba por las calles de Hogsmeade mientras que ojeaba con cuidado el libro de Filtros y Pociones Mágicas, específicamente en la sección de Poción herbicida. No prestaba mucha atención a mi alrededor, a pesar de ser una calle bastante concurrida a esta hora y en este preciso día - 2 gotas de mocos de Flobberworm, una menos y sería inútil, y una más ocasionaría una tragedia - Comenté esto con total normalidad, como si estuviera intentando aprender de memoria la poción, para no tener que leer el libro mientras que estuviera llevando a cabo la preparación.´

Disfrutaba mucho de hacer pociones, ya que era mi área de conocimiento del mundo mágico favorita, además que había una poción para todo, despejaba la mente, era un arte sencillo y bastante efectivo, y no había más que seguir un par de instrucciones y todo saldría perfecto.


Última edición por Rebecca Howells el Miér Abr 12, 2017 9:56 pm, editado 1 vez
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Laith Gauthier el Miér Abr 12, 2017 6:43 am

Hacía semanas no visitaba Hogsmeade. Siempre le había parecido divertido ir y conversar con los jovencitos estudiantes y en ocasiones servía como un tutor si tenía la oportunidad. Siempre era entretenido, algunos de ellos no tenían padres atentos o mágicos, así que a veces un adulto externo al colegio con quien hablar podía resultarles una buena compañía. Pero últimamente, llegado el año, veía cada vez a menos y eso le ocasionaba preocuparse más de la cuenta. Se temía que estuvieran tratando mal a los estudiantes dentro de las paredes de aquel castillo.

Era fin de semana cuando decidió ir, donde solía estar más concurrido. Además, había almorzado lo suficiente como para no tener hambre hasta pasada la media tarde, así que simplemente miraba un poco con un cigarrillo en la zurda que calaba sin prisa pero sin pausa. Quería contagiarse de los estudiantes, de su alegría, pero tenía que decir que muchos de ellos parecían pedantes y en más de una ocasión se había metido porque vio a algunos acosando a alguna persona por motivos bastante absurdos. Así eran los jóvenes.

Creyó que podría comprar algunos dulces de la dulcería de ahí, quería ver si la tienda de música aún era funcional, aquella donde Steven trabajaba antes de que huyera, además de que esperaba quizá encontrar de forma mágica algo con qué entretenerse. Estaba esperando fuera de una de las tiendas acabar de fumar para entrar a ver, ya que sabía que no muchos iban a estar de acuerdo con verlo haciéndolo cuando ahí accedían más que nada jóvenes estudiantes. Y estaba sumamente aburrido, porque, ya que era un sitio mágico donde podía peligrar con tan sólo uno que lo viese tener audífonos en los oídos escuchando música nomaj.

El silencio le atolondraba los sentidos. No llevaba bien el silencio, era del tipo de hombres que siempre están haciendo ruido: hablando, escuchando a alguien, oyendo música, no podía quedarse sin oír nada porque eso le permitía perderse en sus pensamientos y no era precisamente el lugar donde prefería perderse. Por ahora sólo miraba al suelo, estaba preocupado por un motivo que no comprendía bien, calando largamente el último poco de tabaco y tirándolo al suelo para pisarlo, así levantándolo y tirándolo a la papelera que estaba a su derecha.

Entró a la tienda, tintineando su puerta al hacerlo y compró un par de cosas, un par de artículos de broma que iba a gastar única y exclusivamente con sus amigos. Además de un par de novedades que podrían venirle bien cuando estuviese aburrido en casa. Le hubiera gustado comprar unas cosas más pero era consecuente con su economía y no gastaba más de la cuenta en banalidades, por lo que decidió salir luego de despedirse de la agradable dependienta que lo había estado guiando por toda la tienda explicándole algunos artículos con los que no estaba familiarizado.

Creyó que podría ser pertinente hacer sus últimas visitas antes de marcharse cuando una voz femenina lo mandó directo a un punto de su memoria que desde hacía años no era desempolvado. Se encontró en la casa en la que se había criado, en el sótano de ésta, y un tarareo suave y terroso que le dijo algo en francés que repiqueteó un par de veces en su memoria antes de percatarse que, en realidad, estaba muy lejos de Canadá, y todavía más lo estaba de ese tiempo. Sin pensar, como si hubiese sido traicionado por el primer instinto de hablar y complementar la información, añadió:

Apenas luego de sacarse del frasco, si pasa mucho tiempo puede secarse —agregó con un tono de voz que, aunque neutro, era cálido y agradable. Su mirada se deslizó suavemente hasta la chiquilla de oscuros cabellos, sin estar seguro de si había hablado o si sólo lo había pensado. Sonrió pronto, pisando la realidad con ambos pies. — Lo siento, te he escuchado sin querer… ¿Qué poción piensas hacer, si me permites preguntar? —le preguntó, habiendo detenido sus pasos y girando su cuerpo por igual hacia la chica. Sus caminos eran paralelos y en sentidos contrarios, habiendo hablado cuando iba pasando por su costado.

Era la primera vez en mucho tiempo que se sentía interesado en alguna poción. De hecho, nunca fue su rama de la magia favorita, pero había crecido en un sitio lleno de todo tipo de ingredientes y un constante entrar y salir de pociones de diferentes tipos y naturalezas. Normal que hubiera aprendido un poco, cuando le pedían ayuda para ello o por su propio aburrimiento se acercaba a preguntar, mejor dicho a hacer perder el tiempo, a aquel, su abuelo, sobre alguna cosa que hacía.
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Invitado el Miér Abr 12, 2017 6:09 pm

Estaba tan sumida en mis propios pensamientos sobre la poción herbicida, que sentí que volvía directamente a la realidad al escuchar unas palabras pertenecientes a una voz masculina cercana. Me giré, y pude percatarme de un chico rubio, que debía ser varios años mayor que yo, era un muchacho de cabello rubio, piel blanquecina, y al deslizar mi mirada con agilidad a través de todo su cuerpo, pude distinguir unos cuantos tatuajes que adornaban su cuerpo, además de unas expansiones en las orejas, sin duda un aspecto bastante peculiar e interesante. Me detuve inmediatamente al escuchar sus palabras, y le observé directo a los ojos - Pareces saber mucho de pociones, ¿no? - Mi voz demostraba bastante amabilidad, a diferencia de mi rostro, el cual tenía una expresión completamente neutral.

Mi humor era especialmente bueno el día de hoy, no había picado a nadie hasta el momento, y había pasado todo el día pensando en pociones, y sin duda alguna, no había nada mejor que eso, al menos así lo era para mí - No hay problema, de todos modos lo he dicho en voz alta - Acomodé los libros debajo de mi brazo, mientras que con la misma mano sujetaba la bolsa con los ingredientes para las pociones - Tengo varias, pero la más importante es una poción herbicida, también una poción pimentónica - Tuve que subir mi tono de voz un poco a mitad de la oración, ya que la calle se encontraba bastante concurrida, y las personas hablaban en un tono bastante alto y caminaban de un lado a otro.

Claramente, no había nombrado la poción embellecedora por vergüenza, aunque no era nada grave, no me gustaría para nada que alguien supiera que me empleaba esta poción, aunque lo único que hacía era erradicar el acné, no era agradable que los demás supieran esta clase de cosas. Me acerqué un poco al chico, y me puse de pié a su lado, para no estorbar el paso en la calle - Hay mucha gente por aquí hoy, ¿No crees? - Deslicé mi mano libre a través de mi cabello, haciéndolo hacia un lado, y dirigí nuevamente mi mirada hacia el adulto que se encontraba a mi lado. Tenía un aspecto bastante interesante, y mi curiosidad hacia él se incrementaba cada vez más, quizás porque además de ser algo extravagante tenía conocimientos sobre las pociones, ya que había reconocido sobre que hablaba con sólo escuchar una sencilla oración.

La gente comenzaba cada vez a tener más prisa, y ahora se inclinaban más hacia el lado en que nos encontrábamos, y mi paciencia se agotó claramente al sentir como un chico, de unos veinte años acababa de pisarme, sin siquiera volverse a pedir disculpa como lo haría cualquier persona común y corriente. Como si lo conociera de toda la vida, cogí al rubio de la mano y lo llevé lo más acercado a la pared que pudiera, para nuevamente no ser un estorbo para la multitud - Disculpa, pero me saca de quicio - Esta vez, dirigí una sonrisa bastante amable hacia él, para justificar el hecho de haberlo cogido de la mano como si fuesen conocidos.

- Mi nombre es Rebecca Howells, un placer - Acto seguido, extendí mi mano libre hacia él, mientras que aguardaba que él se presentara. Claramente, lo había apartado de la multitud como si nada para conocerlo, quizás entablar una conversación con él si él hacía lo quería, claramente, además si era conocedor del tema podría pedirle unos consejos de pociones y demás.
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Laith Gauthier el Miér Abr 12, 2017 9:52 pm

Cuando estaba en la zona mágica siempre intentaba vestir de manera sobria, aunque sin perder cierto estilo moderno, pero sin necesidad de vestir de modo extravagante era bastante llamativo. No le importaba en lo absoluto, si tenía que ser sincero, y a los dos les había puesto en una posición un poco incómoda que la jovencita decidiera hablar, pues sin pensarlo el sanador le había dado un complemento a su información sobre los mocos de gusarajo, haciendo que ambos se miraran en silencio un par de segundos antes de que ella rompiese el silencio, preguntando sobre sus conocimientos en pociones que hizo sonreír al mayor.

No soy un experto, pero me defiendo —le explicó con voz suave en un alarde de humildad; normalmente Laith tenía una actitud ambivalente que vagaba de lo pasiva a lo enérgicamente extrovertida. En pocas ocasiones podía salir de aquellas dos actitudes, principalmente en situaciones específicas. Pero ahora, con aquella muchacha, se mostraba sereno. Optó por disculparse por haber hablado sin pensar y así haberla interrumpido, ella lo había tomado de una forma bastante agradable.

No recordaba que Hogsmeade fuese así de concurrido, pero consiguió escuchar cada palabra acerca de las pociones que quería crear, asintiendo con la cabeza; para la herbicida necesitaba los mocos de gusarajo, lo identificó fácilmente haciendo conexiones en su cabeza. Creyó que eran fácilmente conseguibles en una tienda de pociones, pero quizá la joven quería hacerlas por su propia cuenta y no iba a negarle nada.

¿Ya tienes todos los ingredientes? —le preguntó por sana curiosidad, asintiendo con la cabeza cuando ella mencionó que había mucha gente. Además, al ellos detenerse habían cerrado uno de los tantos caminos que la gente podía seguir para caminar por las calles. — Realmente, no recordaba que aquí se llenara de tanta gente —admitió con calma, sin poder evitar sonreír con cierta diversión; él, que llevaba mal la soledad, se sentía cómodo rodeado de gente.

Pensó en despedirse y unirse a la marea de personas, pero ella no se lo permitió. Lo había tomado de la mano y se había puesto a caminar; por un segundo se temió que ella tuviese otro interés en su persona, como le había pasado hacía algunos meses con una chiquilla de cuarto año, pero educadamente la siguió hasta que salieron de la fluctuación de gente yendo y viniendo, apegados a la pared. Entendió entre el silencio que ella quería conversar con él, pero no podía hacerlo cuando había tantas personas.

No hay cuidado —respondió, una manera de hacerle saber que no tenía por qué preocuparse, una vez que ella se disculpó. — El placer es mío, llámame Laith, Laith Gauthier —se presentó, estrechando su mano con la de Rebecca. Si la jovencita tenía un puro y duro interés en la elaboración de pociones y había estudiado lo suficiente, le sonaría su apellido. Clark Gauthier había sido un experto en ellas, aunque más reconocido en Norteamérica, si bien no había publicado ningún libro, su nombre era conocido por entre los entendidos.

Ya que ella le demostró un verdadero interés en conocerlo, suspiró, tomando los libros sin permiso que tenía bajo su brazo. A pesar de haber sido más o menos secuestrado por la joven, pensó que podría ayudarla si lo que quería era establecer una conversación. Ésta vez fue él quien comenzó a caminar, sin establecer contacto, calle arriba. Ahí podrían encontrar un buen sitio no tan concurrido para sentarse a hablar como dos personas civilizadas y no parados en medio de la gente, llevando los libros de ella sin ningún problema.

Dedicar un poco de su tiempo nunca estaba de más, así que se sentó y la invitó a sentarse a su lado, mirando los libros que había traído con ella. Arsenius Jiggers y Phyllida Spore; lo hicieron sonreír. — Estudié a estos en el colegio —le comentó, permitiéndose abrirse un poco con ella. Le resultaba muy raro, no solía hablar de pociones con nadie desde hacía mucho tiempo. — ¿Las pociones las haces para tu disfrute personal o es que las necesitas para el colegio? —se animó a preguntarle, de esa manera podría tener una sospecha de si su interés era puro o si simplemente era una estudiante dedicada.


Última edición por Laith Gauthier el Lun Jul 10, 2017 11:34 pm, editado 1 vez
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Invitado el Jue Abr 13, 2017 12:32 am

La voz del muchacho sonaba tan suave que, en conjunto con su dulce rostro, resultaba bastante tierno a pesar de los tatuajes, los cuales según la mayoría de las personas simbolizaban rebeldía, parecía no ser el caso que tenía en frente justo ahora - Algo es algo, ¿O no? - Sonreí nuevamente de forma dulce, lo que demostraba que en serio mi humor estaba muy cambiado hoy.

Claramente, la multitud que había el día de hoy circulando por las calles se debía en su mayoría porque casi todo Hogwarts se encontraba en el lugar, algunos familiares de los alumnos también se ponían al tanto de esto e iban al pueblo para pasar una tarde con ellos, aparte de los civiles que normalmente circulaban por el pueblo, ya sea en busca de diversión (La cual se podría encontrar en varios lugares en el pueblo, como en las tiendas de artículos de bromas o en bares como Las Tres escobas), o por el contrario buscando hacer compras específicas (Dulces en Honeydukes, además de algunas tiendas de pociones y muchas otros tipos).

- Así es, justo los he conseguido todos, aunque tengo que admitir que el moco de Flobberworm me ha costado un poco - Comenté con total normalidad, aunque unos segundos después, al desviar mi mirada hacia la bolsa, me percaté de un ligero detalle - Moco de gusarajo, disculpa, es que acostumbro a llamarlos Flobberworm - Usualmente se conocían a estas criaturas como gusarajos, aunque para mí sonaba mejor llamarlos Flobberworm, ya que con este nombre los había estudiado por primera vez y había quedado con la costumbre de llamarlos de esta forma, aunque la mayoría de las personas no comprendieran a qué se refería.

Sentí como mi oído se aguzó al escuchar su apellido "Gauthier" el cual sin duda me resultaba conocido, aunque no recordaba exactamente por qué. Dudé por unos segundos si comentarle lo que se me había pasado por la mente, pero luego de pensarlo de forma breve, lo solté - ¿De casualidad alguien en tu familia no fue creador de pociones? Creo haber escuchado ese apellido por ahí mientras estudiaba - Considerando que el chico también sabía algo sobre pociones, era bastante creíble, y la única rama de la magia que me dedicaba a estudiar de forma minuciosa eran las pociones, así que si reconocía su nombre definitivamente era de allí.

Pude observar como Laith tomaba de debajo de mi brazo el par de libros que tenía, a lo cual me habría opuesto si yo lo hubiera cogido de la mano hace rato sin siquiera conocerlo, aunque de cierta forma era un alivio, ya que no tenía que sujetar los libros por otro rato. Comencé a caminar a su lado, aunque realmente desconocía completamente hacia donde se dirigía, pero era descortés dejar la conversación ahí, aparte que recién había cogido mis librosy por supuesto que no se los llevaría - Sí, a mí me los han pedido en Hogwarts, aunque algunas de las cosas que hay en ellos no las hemos utilizado para nada de momento - Suspiré con desilusión, las más complicadas pociones que conocía era porque yo misma me había dedicado a estudiar, hurgando en los libros de la biblioteca durante horas, y algunas veces en el pasado había falsificado autorizaciones de los profesores para algunos libros de pociones de la sección restringida, aunque no había sido más de un par de veces.

- La poción herbicida es para mis padres, que me tienen harta con las quejas de unas molestas plantas mágicas que han aparecido en el jardín... - Como si fuera común tener plantas mágicas, proseguí - Y la poción pimentónica es para mí, detesto los resfriados, por lo que siempre intento tener un poco de esta poción - Argumenté, aunque sonaba bastante raro pensar que prepararía estas pociones, las cuales no eran para nada difíciles de conseguir en cualquier tienda mágica de pociones, pero por supuesto, yo siempre quería hacer mis propias pociones, así me aseguraba que eran de buena calidad, ahorraba unos pocos galeones y también me divertía haciéndolas, y cada que hacía una aprendía un poco más - Las hago por mí misma, más que nada porque me gusta - Sonreí nuevamente, observando el rostro del chico con mayor detenimiento mientras caminábamos con calma a través de las calles de Hogsmeade, que comenzaban a volverse cada vez menos transitadas conforme las personas ingresaban en las tiendas del pueblo.
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Laith Gauthier el Jue Abr 13, 2017 1:21 am

Sí, eso creo —le dio la razón. Era una jovencita bastante amable, a su parecer, lo invitaba a mantenerse en terreno pacífico con la dulzura con que le sonreía. Le dio curiosidad escuchar sobre las pociones que quería hacer, sin perturbarse por cómo llamaba a los gusarajos, había oído nombres más raros para ellos del otro lado del mar, asintiendo cuando le dijo que le costaba un poco encontrarlos, haciendo que simplemente suspirara con una sonrisa. — Puedes colocarles un poco de repollo en una zona húmeda y lodosa y llegarán muchos —le dijo, por si quería encontrar sus propios gusarajos y no comprar su moco.

Había tenido muy sencillo permitirle hacerlo a su voluntad cuando lo llevó de la mano hasta otro sitio menos transitado; Laith no era del tipo de hombres que se alteraban porque alguien los tocara un poco más de la cuenta, siempre y cuando nadie le faltara al respeto, así que la siguió hasta la pared en donde se presentaron, sin saber si su apellido le sonaría y creyendo que no lo había hecho hasta que ella repentinamente preguntó acerca de su familia.

Clark Gauthier era mi abuelo, era un reconocido elaborador de pociones en Norteamérica y si me lo preguntas el mejor de Canadá —le explicó con sosiego, encogiéndose de hombros. — No saqué ni de lejos sus habilidades, pero sí que aprendí un poco de su oficio —lo cierto era que lo apasionaban las pociones, aunque a esas alturas prefería más la medicina, pese a no ser el tema que ahora mismo los ocupaba.

El sanador tenía una sonrisa en el rostro, destinada a permanecer ahí la mayor parte del tiempo posible; así tomó sus libros y la guio sin perder la elegancia a través de Hogsmeade. En Ilvermorny había tenido una profesora de pociones que no se había sentido tranquila hasta no acabar y enseñarles cada una de las pociones de esos libros, causándole un recuerdo bastante agradable. — Si tienes un profesor apasionado y el grupo avanza bien, quizá durante el año escolar puedas aprender… Y si no, no es que sea muy complicado, ¿sabes? Todo está en los libros, sólo hay que tener cuidado —su forma de hablar era una rara mezcla entre la madurez de un adulto y la picardía traviesa de alguien joven.

No la cuestionó sobre sus plantas mágicas; una vez había salido con un chico cuya casa era más planta que casa, así que ya nada lo sorprendía si tenía que ser honesto. Asentía con su cabeza en un gesto apacible, haciéndole ver que la estaba escuchando; Laith siempre ponía toda su atención cuando le contaban algo. Era grandioso escuchando y tenía una habilidad nata para hacer sentir cómodas con su presencia a las personas de su alrededor.

Pronto se había sentado en una banca a la orilla del camino, y la invitó a sentarse a su lado, parecía una joven inteligente a la que le gustaba mucho elaborar pociones. Hojeó un poco los libros que ahora él tenía en las manos, cruzando las piernas formando un cuatro cerrado con ellas y servirse de apoyo para los libros.

¿Sabías que si utilizas un poco de tomillo en tu poción pimentónica también puedes prevenir los resfriados por los próximos dos meses? —le preguntó amablemente; no solía estar dentro de los libros de texto, pero sí que podía llegar a ser muy útil, así como pequeñas mezclas naturales con las que un entendido podía potenciar el efecto de determinada poción sin riesgo a morir en el intento. — Creo que es particularmente útil para los cambios de clima.

No le molestaba si ella quería recibir consejos de él. De hecho, tenía la ligera sospecha de que por eso quería hablar y conocerlo. Laith se sentía halagado, sería idiota ofenderse por llamar el interés de un estudiante. Además, siendo honesto, no es que tuviera nada mejor que hacer, atender a una persona siempre era su prioridad, sin importar si era físico, mental o emocional.


Última edición por Laith Gauthier el Lun Jul 10, 2017 11:35 pm, editado 1 vez
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Invitado el Jue Abr 13, 2017 2:50 am

Escuché atentamente al consejo que me brindaba el mayor sobre los gusarajos, claramente se podía percibir que él tenía conocimiento sobre el tema, a diferencia del mío, que era más que nada teórico, sabía de memoria lo que ponían los libros, aunque desconocía algunas cosas que solo se aprendían viviéndolas, y no estaban en ningún libro - Muchas gracias por el consejo, me gustaría recolectar mis propios materiales, pero no tengo mucho tiempo para recogerlos, con el colegio y todo eso - Sinceramente, no había ninguna otra razón para no recoger por mi cuenta los ingredientes, ya que sabía como conseguir al menos la mitad de ellos.

El rubio parecía ser bastante amable, tenía una sonrisa muy dulce y tierna, y su tono de voz era tan sereno que le inspiraba calma, muy rara vez conseguía una persona que se comportara de esta manera, y era bastante agradable, aunque quizás en una situación completamente diferente en la que no me encontrara de muy buen humor no estaríamos entablando una conversación tan amistosa, debido a mi gran falta de tacto al decir las cosas, especialmente cuando no tenía un buen día.

Mis ojos se iluminaron de repente ante sus palabras sobre su abuelo, e inmediatamente recordé de dónde lo había escuchado - ¡Por supuesto! Clark Gauthier, he escuchado de él varias veces, no lo he estudiado como es debido, pero he oído que era un experto en el área - Más de una vez había escuchado este nombre, aunque nunca en un libro, sino más bien con expertos en pociones, a los cuales usualmente acudía para resolver mis dudas, o para comentarles mis progresos cuando me encontraba con la elaboración de una avanzada poción - Con eso te bastará, supongo... Mi madre es muggle y mi padre... Bueno, mi padre, si es mago, pero no tiene ni idea de cómo se elabora una poción, nunca se le ha dado bien - Suspiré algo desilusionada, pues habría querido que su padre le hubiera enseñado algo de aquel oficio.

Estaba tan concentrada en la conversación y mi mente se sentía tan en paz observando la cálida sonrisa del chico que ni siquiera me había percatado de que le había hablado sobre el hecho de que era mestiza a un completo desconocido, a pesar de no avergonzarme para nada de ello, no se sabía qué clase de personas andaban por allí juzgando la pureza de los demás, aunque lo que demostraba Laith era ser una de las personas menos puristas de todas.

En Hogwarts, nunca había tenido un profesor de pociones que se profundizara tanto en los libros, sino que tendían mayormente a practicar las mismas pociones hasta obtener la perfección, lo cual se hacía sumamente tedioso para mí, que completaba una pasión con facilidad al primer intento. Al ser un arte tan preciso y sencillo, me resultaba muy fácil seguir las instrucciones de un libro y elaborar una poción, aunque algunas personas tenían dificultad incluso para seguir estos pasos - Es muy fácil seguir las instrucciones de los libros - Seguía caminando, mientras que aclaré mi garganta para continuar hablando - Pero las pociones más elaboradas y con efectos más prolongados surgen de forma espontánea, haciendo mezclas y probando otros ingredientes, y digamos que nunca he intentado arriesgarme con eso -

Así como un ingrediente adicional bien colocado en una poción podía tener efectos bastante beneficiosos, un ingrediente que no se adecuara bien a la mezcla tendría efectos perjudiciales, que podrían generar enfermedades u otros efectos secundarios, por ejemplo, una vez un hufflepuff había hecho mal una poción pimentónica y había tenido que ir a la enfermería ya que unas enormes pústulas a lo largo de toda su piel, por fortuna yo nunca me había visto perjudicada por uno de estos efectos secundarios, pero temía añadir ingredientes de más para ser precavida.

No tardamos más que unos cuantos minutos en llegar hasta una banca, en la que el rubio con bastante amabilidad me había invitado a sentarme. Tomé asiento a su lado rápidamente, y observé su rostro concentrado mientras ojeaba los libros que tenía en sus manos - No, nunca lo había escuchado, tengo muy poca experiencia fuera de los libros - Me sorprendí un poco al escuchar los efectos que un simple ingrediente como el tomillo podía hacerle a una poción, y comencé a intentar memorizar esto para cuando hiciera la poción pimentónica al llegar al castillo - ¿Conoces más cosas como esas? He querido experimentar con ingredientes, aunque es algo arriesgado probarlos en mí, y no tengo nada que pueda utilizar como conejillo de indias - Reiteradamente, le dirigí una amable y cálida sonrisa que no muchas personas veían de mi parte con frecuencia, aunque claramente Laith se las estaba ganando sin dificultad alguna.
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Laith Gauthier el Jue Abr 13, 2017 3:42 am

Una de las cosas favoritas de su abuelo era atraer a las criaturas que servían como ingredientes para tenerlas a mano y no tener que esmerarse en buscarlas. Las vivas eran fácilmente manipulables si había en los alrededores, como el consejo que ahora le daba respecto al repollo y los gusarajos. No era complicado si sabías qué les gustaba, así también atraían otros bichos de características semejantes y convivían de forma bastante pacífica, en un mutualismo.

Laith había comentado un poco de su abuelo, un gran elaborador de pociones y, mejor que eso, una gran persona. Sonrió con complacencia en cuanto se dio cuenta de que Rebecca conocía su nombre, encogiéndose de hombros. — No creo que encuentres mucha información de él… Era bastante pusilánime y no llevaba muy bien la fama, nunca lo convencí de que publicara nada, así que si lo ves en libros probablemente sea alguien que lo conoció y decidió honrar su nombre —le explicó; debía ser raro hablar con un pariente de una persona reconocida con la misma simpleza como si no estuviese enterada de lo reconocida que era.

Lo que le preocupó fue que le dijera que su madre era nomaj. No por él, él era, como podría imaginarse, bastante abierto y liberal, sino porque no todos eran como él. Aunque no le molestaba, decidió hacer una pequeña pausa en ese tema particular, sin perder la gracia ni la calma. — Me temo que debo recomendarte tener cuidado de a quién le relevas información de tu madre… No queremos que le suceda nada, ¿verdad? Hay oídos que podrían ponerla en riesgo —su preocupación por Rebecca y por su madre era completamente honesto, cada palabra suya lo ponía en evidencia; además de que su padre tampoco estaría a salvo.

Él era así, podría ni siquiera conocer a alguien y ya preocuparse por él. Sentía un amor puro por la raza humana, aunque muchos humanos no merecieran llamarse de esa manera. Pero no la estaba riñendo ni mucho menos esperaba con eso cortar su inspiración y la confianza que le tenía, sólo le pidió ser más cuidadosa con lo que le comentaba. Aunque él no, otro que la oyera por accidente sí podría ser malo.

Lo que le dijo a continuación era una verdad tan grande que no pudo evitar soltar una risa. Las verdaderas pociones que valían la pena no estaban escritas en libros. No en los libros de texto, sino en recetarios que cada elaborador tenía para su disfrute personal. — Tienes razón, tienes razón… Te recomendaría hacer una lista de todos los ingredientes que vayas aprendiendo y su relación con otros, así evitarás reacciones tóxicas o explosivas —le dio otro consejo, porque a veces un solo ingrediente, una gota, podía hacer de una poción un brebaje mortal.

Ahora revelada su falta de experiencia de campo, le dio un ejemplo, cómo prolongar la duración de una de las pociones que quería con una cucharada de hojas de tomillo. Le agradó ver su sorpresa, apenas de reojo, antes de volver a dirigir sus ojos al libro, estaba situado en la página de la poción pimentónica. Deslizó su dedo a través del método de prepararlo hasta detenerlo ahí donde decía de hervir la raíz de mandrágora. — Cuando añadas la raíz de mandrágora, inmediatamente luego agrega una cucharada de mesa en el caldero; si añades más de eso no tendrás más meses pero sí un malestar asegurado —le explicó con bastante calma.

Rebecca era muy dulce con él, sabía de adolescentes que eran insolentes prepotentes y, aunque sabía tratar con ellos sin perder la compostura, era irritante lidiar con ellos. Por ello se animaba a seguir compartiendo su tiempo con ella, era una agradable compañía que valoraba todo lo que tuviera para contarle, hojeando un poco más el libro una vez que le pidió otro consejo, oyendo que le daba miedo probar sus pociones en ella.

Compra una maceta de azaleas u orquídeas y vierte un poco de la poción en ellas. Soy muy delicadas y si hiciste algo tóxico será cuestión de tiempo antes de que se sequen. No es un método infalible pero sí viable —le dio un nuevo consejo, deteniéndose en la poción embellecedora y causándole reír. — No creo que esto te haga falta, tienes un rostro muy lindo, pero puedes añadirle un octavo de taza de azúcar, elimina significativamente la grasa del rostro y eso causa que el efecto sea prolongado y el brillo del rostro desaparezca —le dijo con una sonrisa, era su poción favorita, incluso hoy en día modificaba las que compraba y que usaba con relativa frecuencia.
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Invitado el Jue Abr 13, 2017 5:57 am

No podía evitar sonreír constantemente ante los ocurrentes y simpáticos comentarios del rubio, quien cada vez llegaba a agradarme un poco más. Lo interesante era que, lo había conocido de la forma más aleatoria posible y no había tenido problema alguno en entablar una conversación sobre mi tema favorito, las pociones, lo cual valoraba bastante - Quizá haya leído su nombre una que otra vez, alguna mención... - Claramente, recordaba haber leído ese nombre con anterioridad, aunque no tenía ni idea de dónde pudo haber sido, y consideraba inadecuado jugar a las adivinanzas justo ahora.

Él también parecía haberse dado cuenta de mi repentina metida de pata, y de inmediato mostró su preocupación, lo cual cada vez me daba un mejor y más puro concepto sobre él - Ya lo sé, es que te hablo como si te conociera de años, y no lo he pensado siquiera antes de decirlo, yo también me he dado cuenta que la he liado apenas lo dije - Solté una fuerte bocanada de aire que había contenido durante unos segundos, mientras que acomodaba mi cabellera, intentando no pensar en lo que había dicho recién, y lo malo que pudo haber sido si la había escuchado alguien inadecuado.

Hoy en día no era muy bien visto eso de tener padres muggles, aunque me salvaba un poco de ser juzgada gracias a que mi padre era mago, no cabía ninguna duda de que seguía sin ser de estirpe pura, y eso era mal visto para los puristas, los cuales hoy en día eran mayoría - Muchas gracias por preocuparte, es lindo que seas tan atento - Le observé durante unos segundos, directo a sus brillantes ojos, dedicándole una sonrisa tan dulce que incluso parecía ajeno a mí, no como las sonrisas que usualmente solía esbozar mi rostro, esta era una sonrisa completamente pura y sincera, en muestra de agradecimiento al adulto, que cada vez me resultaba más y más agradable.

En cualquier otra situación en la que el chico tuviera una personalidad menos llamativa, no dudaría haberle coqueteado ya, pues era bastante atractivo, pero parecía ser de esas personas que van más allá de lo físico, en lo poco que habían conversado sentía que era uno de los seres más puros que había conocido, y eso era bastante apreciable, y era agradable encontrar alguien con quien entablar una profunda conversación sin que resultara tedioso, era una compañía bastante agradable.

Además, la risa que emitió su boca unos segundos después aliviaron el ambiente de incomodidad que hubo durante un corto momento - Tendría que probar, agregando un ingrediente que vea conveniente, si funciona lo anoto, y si no funciona también, así tengo cuidado de no probarlo otra vez, parecer saber bastante del tema - Inmediatamente, saqué de mi mochila una hoja y una pluma, y comencé a escribir recordatorios, sobre probar distintos tipos de mezclas, además de apuntar el consejo de agregarle algo de tomillo a la poción pimentónica.

No guardé la pluma ni por un momento, estaba bastante atenta a las constantes palabras y consejos que me brindaba el mayor, también me había dicho que debía comprar algunas flores para probar sobre ellas las pociones, y era una idea bastante viable que jamás se me habría ocurrido, la verdad. Seguí tomando nota, y mi mirada se dirigió hacia su rostro al escuchar lo que decía sobre la poción embellecedora, pues había olvidado que la tenía marcada en el libro de pociones, y en un principio no había querido que él se enterara. Un suave color carmesí se asomó por mis pómulos, mientras que tomaba nota sobre poner 1/8 de una taza de azúcar a la poción embellecedora.

El rubor se incrementó un poco más cuando se percató que el chico le había dicho que era linda, un cumplido que usualmente acostumbraba escuchar, aunque no de esta forma - Muchas gracias... Utilizo la poción para repeler el acné, nunca lo he tenido gracias a esta poción, pero tampoco quiero descuidar mi rostro, y menos ahora que me has dicho que soy linda - Se me fue imposible no soltar una fuerte carcajada ante mis propias palabras, mientras que observaba al chico nuevamente, y le dirigía una tierna sonrisa de agradecimiento por aquellas palabras

- Oh, recuerdo que una vez se me cayó algo en el caldero de la poción embellecedora, y se convirtió más en algo como una espesa crema suavizante, así que me la comencé a aplicar en todo el cuerpo, y era increíble - Comenté, bastante interesada, mientras que intentaba pensar qué pudo haber caído en aquel caldero, aunque la verdad nunca supo lo que había sido - Tenía la piel demasiado suave, debiste haberme visto, pero no recuerdo qué le agregué esa vez a la poción, así que de momento no la he podido repetir - Era obvio que, el pus de bubotubérculo utilizado para hacer la poción embellecedora traía grandes beneficios para la piel humana, siempre y cuando este pus se encontrara diluido, ya que de lo contrario era bastante dañino, así que comencé a anotar en la hoja algunos ingredientes que se decía que eran buenos para el cuidado de la piel, y quizás los probaría luego.

Observé el reloj que se encontraba en mi muñeca izquierda, y una sonrisa se me escapó al ver que el tiempo pasaba sumamente lento, y no me lamentaba para nada esto, ya que de esta forma podría hablar más rato con aquel agradable adulto antes de tener que volver al encierro del castillo - ¿Qué edad tienes? ¿En qué trabajas? - Comenté, aunque esta vez más interesada en saber un poco sobre el chico que en averiguar sobre pociones, aunque pudiera sonar un poco entrometida, en serio le intrigaba.
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Laith Gauthier el Jue Abr 13, 2017 7:02 am

No rechazaba la idea de que hubiesen escrito de él; era un hombre que lo tenía todo, menos el deseo de reconocimiento, así que era muy apreciado por su círculo de contactos. Laith siempre había querido imitarlo, y se había vuelto conocido por motivos distintos y semejantes al mismo tiempo. El sanador se preocupaba en dosis interminables por las personas que lo rodeaban, era un hombre sensible que no temía demostrarse sentimental, aunque nunca rallaba lo blando. Todo su ser lo conformaban dosis precisas de virtudes y defectos.

Me alegra que te sientas tan cómoda conmigo, pero es mejor que tus padres estén a salvo, ¿verdad? —fue honesto con ella. No quería que se sintiera avergonzada ni reprendida, sólo era un comentario de buena fe. Le conmovía un poco que ella confiara tanto en él con apenas minutos hablando, pero ese no era un motivo para bajar la guardia. — No te preocupes, todos tenemos deslices a veces —hizo un ademán con su mano de que no lo agradeciera.

Después de todo, la estirpe de Laith tampoco era pura, pero la gente lo ignoraba un poco por su trabajo y por su descendencia. Ya que nunca convivió con un padre nomaj, los puristas pensaban que estaba “limpio” de pensamientos referentes a ellos como personas de valor. Podían creerse con toda facilidad que era tanto o más purista que ellos, aunque no era el caso, sólo servía para engaños premeditados en los que metía las manos al fuego por los demás.

Le aconsejó hacer su propio libro con notas sobre las reacciones de diferentes pociones, de modo que así pudiera de a poco encontrar combinaciones precisas y las que no servían tanto. Claro que aquello llevaba tiempo, dedicación y experimentación, pero si verdaderamente le gustaban las pociones no pensaba que fuera nada difícil para ella. Incluso había sacado papel y tinta para anotar lo que le iba diciendo, repitiéndolo si notaba dificultad para que lo recordase y escribiera.

Le dio dos tipos de flores frágiles que podrían ayudarla a probar la toxicidad de una poción, para luego avanzar hasta encontrar su poción favorita. Su rostro era terso y pulcro gracias a ella, aprovechando para dar un sincero halago a la muchacha, sin otra intención que no fuera elevarle un poco la autoestima. Le dio otro consejo que a él le había servido mucho desde que era un adolescente hasta la actualidad, mirándola cuando le agradeció su cumplido.

Oh, para, vas a hacer que me avergüence —se quejó con una risa jovial cuando dijo que no quería descuidarla especialmente porque él la había llamado linda. — No tiene nada de malo que quieras cuidar tu piel, aunque siempre recuerda diluir la pus de bubotubérculo, puede causar reacciones adversas si no lo haces —le dio un consejo que quizá estaba de más, pero nunca venía mal recordar los puntos importantes de pociones e ingredientes por igual.

La oyó hablar de una poción con un ingrediente desconocido, riendo ligeramente mientras cambiaba el peso de sus piernas, descruzándolas y cruzándolas nuevamente del lado contrario, pensando en qué pudo haberle colocado. — Si yo quisiera hacer una crema corporal… utilizaría pétalos de caléndula —habló despacio, pensándose cada palabra. Estaba acostumbrado a mezclar ingredientes mágicos con nomaj, así que a eso venía su deducción, aunque no estaba seguro de que eso fuera lo que añadió a su poción. — Si algún día lo descubres, me gustaría saberlo —le dijo con una sonrisa, intrigado por el descubrimiento de la joven.

Laith podía fácilmente seguir cualquier tipo de conversación; era espontáneo y lo que no sabía se lo inventaba, así que por ello era un buen conversador. La dejaba hacer notas, por lo que su paciencia salía a relucir como un traje que le quedaba bien. Aunque creyó que ella comenzaba a aburrirse por el modo en que miró su reloj, un gesto normal en la gente que “no ve la hora de irse”, metafóricamente hablando. Aunque no fue así, sino que le preguntó cosas más personales.

Eso no se le pregunta a un caballero —fingió ofenderse, aunque salió a la luz su despreocupada sonrisa socarrona. — Tengo veinticinco —aún dudaba un poco; había cumplido años hace no mucho y por ello a veces dudaba su propia edad. — Actualmente soy sanador en San Mungo, espero no verte ahí pronto —le guiñó un ojo con un gesto agradable y pícaro, permitiéndose bromear un poco con ella que parecía interesada en su vida fuera de las pociones (que era muy vasta).

Él la miró al rostro unos segundos, cerrando el libro y entrelazando sus propios dedos encima de éste, con un ojo cerrado como si intentara ver algo que no está a simple vista en un gesto un poco cómico. Pasado un poco de tiempo, sonrió con complacencia; era hábil adivinando cosas de los demás y tenía un ojo muy agudo para percibir edades. Si ella quería hablar de cosas personales, él tampoco tenía ningún problema.

Tienes diecisiete —intentó adivinar, aunque por su tono asumía que no podía equivocarse. A veces dudaba más con gente más grande, pero a los jóvenes podía leérseles como libros abiertos, al menos él podría hacerlo. — No estudié en Hogwarts, así que… ¿a dónde te mandó el sombrero? —le gustaba mofarse un poco del asunto del sombrero: Ilvermorny era mucho más ingenioso en las selecciones de su casa, aunque seguía manteniendo un buen tono agradable.
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Invitado el Vie Abr 14, 2017 5:32 pm

Estaba consciente de la metida de pata que acababa de cometer al decir que mi madre era muggle, pero sinceramente había sido un acto inconsciente, con suerte nadie indebido la habría escuchado y no tendría problemas en el futuro a causa de este momento, el cual intentaría no repetir jamás.

El adulto era bastante dulce y risueño, de hecho, había tomado de una forma bastante agradable el error que cometí recién, advirtiéndome con total amabilidad que no debería ir por ahí comentando eso, y diciendo que todos cometíamos errores en un gesto bastante modesto - ¿Eres así de dulce siempre? - Comenté en tono de voz medio, dudando por un segundo si había pensado en voz alta.

No era muy común ver por ahí a alguien que fuera tan amistoso, tierno y atento con alguien que recién conocía, aunque Laith de momento daba todas las señales de serlo. Ya habían conversado durante varios minutos, y la verdad es que el chico no había dado ni la más mínima muestra de antipatía, sino todo lo contrario.

Una sonrisa un tanto pícara se plasmó en mi rostro al escuchar el nuevo comentario del rubio - ¿Avergonzarte? Sería lindo ver eso - Nuevamente, se asomó una sonrisa por mis labios, seguida por una pequeña carcajada de sólo pensar en eso. El comentario sobre el pus de bubotubérculo estaba de más, la verdad, aunque quizás él creyera que no tenía conocimiento sobre eso, aunque era todo lo contrario, ya que en el colegio lo habíamos visto desde hace varios años, y también había comprobado los terribles efectos que tenía el pus de bubotubérculo sin diluir, el cual era bastante perjudicial para la piel, y en más de una vez había afectado a alguno de mis compañeros de clase los cuales carecían de habilidades para la herbología.

- Ya lo sé, más de una vez he visto como alguien sin experiencia alguna dejaba caer el pus de bubotubérculo en su piel y debía salir corriendo a la enfermería - Aún no comprendía como había gente que cometía esta clase de errores, en especial porque antes de llegar a la práctica en clase ya habían visto unas cuantas veces las propiedades que tenían el pus de bubotubérculo, sencillamente eran errores que cometían los que no prestaban atención alguna en clase.

Anoté también la opción de añadir los pétalos de caléndula a la poción embellecedora para intentar repetir la poción que había hecho hace algún tiempo, además de anotar algunos ingredientes que se consideraban buenos para la piel, y que podría coger en el castillo si tenía algo de cuidado, por supuesto - Te aseguro que te enviaré una lechuza si consigo repetirla - Ni siquiera me tomé la molestia de mirar su rostro al decir estas palabras, pues permanecía en mi rostro una expresión neutra mientras que intentaba recordar algunos ingredientes que podría utilizar para la poción, para probarlos luego de forma individual.

No levanté mi vista hasta escuchar nuevamente la voz del joven, el cual se intentaba hacer el ofendido ante la pregunta referente de su edad, como si se tratara de una vieja cuarentona a la cual le disgustaba decir su verdadera edad - Disculpe señorita, una falta de respeto de mi parte - Comenté en un tono bastante divertido, dejando escapar una corta carcajada, mientras que jugueteaba con la pluma entre mis dedos, y observaba fijamente sus coloridos ojos. Me era inevitable sonreír ante casi cada uno de los comentarios que hacía el adulto, ya que eran bastante elocuentes y había algo de divertido en básicamente cada uno de ellos.

- Si alguna vez tengo que ir, sería un placer que me atendieras tú - Lo podía imaginar claramente como un buen sanador en San Mungo, era bastante divertido y amigable, así que era perfecto para tratar con pacientes enfermos que necesitaban que les brindaran algo de apoyo y que les subieran un poco el ánimo, sería bastante bueno de hecho ser atendido por alguien con una personalidad tan completa como la del joven que tenía frente a mí.

Mantuve una expresión bastante seria en mi rostro mientras que Laith me observaba de forma bastante minuciosa, como si estuviera intentando intuir algo sobre mí, y una casi invisible sonrisa se dibujó en mi rostro al escuchar que había acertado con mi edad - Sanador y adivino, por lo que veo - Era una de las primeras veces que alguien en serio acertaba con mi edad, ya que en la mayoría de los casos solían pensar que era mayor, debido a que tenía buena figura para mi edad, y un rostro que demostraba sólo un poco de madurez.

Dudé durante unos segundos si decirle la casa a la que me había asignado el sombrero seleccionador, aunque sabía que había tomado una muy buena decisión, ya que esa casa se adecuaba bastante a mi personalidad, no todos tenían un muy buen concepto sobre la casa Slytherin, pues gran cantidad de magos tenebrosos habían salido de esa casa y muchos preferían mantener las distancias con nosotros - Estoy en Slytherin, sexto curso - Me percaté un poco tarde de lo que había dicho el sanador, y lo miré con algo de curiosidad renovada - ¿En qué escuela estudiaste? - Había leído con anterioridad algo sobre otras escuelas de magia en otros países, aunque no tenía muchos datos sobre ellas, la que había estudiado un poco más era Beauxbatons en Francia, porque me parecía bastante interesante, y a pesar de las súplicas que había hecho a mi padre para estudiar allá, él siempre consideró más adecuada la idea de estudiar en Hogwarts.
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Laith Gauthier el Vie Abr 14, 2017 10:51 pm

Me encontraste de buenas —le dijo con una pequeña risa; la verdad es que siempre estaba de buenas. Si no lo estaba, se esmeraba en estarlo, la vida era demasiado corta (y la suya estaba particularmente en peligro casi siempre) como para amargarse la existencia y estar triste o enfadado. Y, siendo sincero, le tenía debilidad a los jóvenes amigables.

Ella lo avergonzó un poco cuando le dijo que quería lucir linda y cuidar su rostro porque a él le parecía agradable; incluso le dedicó una sonrisa un tanto pícara, como un jugueteo, ella parecía pensar que se conocían de toda la vida y no era algo precisamente molesto para él. Sin embargo, largó una carcajada breve en cuanto oyó que sería lindo verlo avergonzado, cuando en realidad él rozaba un poco la insolencia y no solía avergonzarse con facilidad.

Vamos, deja de tentar a mi suerte —le guiñó un ojo con una sonrisa, como si fuera a afectarlo enormemente el que ella lo viese avergonzado, cosa que distaba mucho de la realidad. Decidió comentarle un poco sobre los bubotubérculos, aunque por su expresión y su respuesta se dio cuenta de que estaba completamente de más. A él también en su época de estudiante le había tocado ver a algún compañero afectado por la pus sin diluir, aunque gracias a su conocimiento previo nunca fue su caso.

Asintió con la cabeza un par de veces, notando que anotaba cada opción que le entregaba para poderla probar por su propia cuenta. Le comentó un par de ingredientes más que podrían ayudarla con su poción embellecedora, además de complementar con un par de ideas más que podía aplicar. Le pidió que le informara si podía repetir aquella poción para el cuerpo, asintiendo con su cabeza cuando le aseguró hacerlo. Era una chica bastante agradable.

Ella decidió preguntarle su edad y su profesión, atreviéndose a jugar un poco con lo primero, fingiendo ser una dama acomplejada con su edad al ofenderse un poco antes de reír cuando ella se disculpó llamándolo señorita. Le acabó diciendo su edad y su profesión, que no era la gran cosa. Se jactaba de ser joven y atractivo, así que no era que en serio tuviera un problema con su edad. Él la miraba siempre que podía a los ojos, prestándole atención a cada momento.

¿Uh? ¿De verdad te has tomado en serio el querer avergonzarme? Eres adorable, ¿sabías? —soltó una pequeña risa. Le daba gracia que no hacía mucho un paciente había comentado también que quería que él siempre fuera su sanador, lo que le daba bastante orgullo. Eso significaba que estaba haciendo bien su trabajo de tratar y, más importante aún, de cuidar a las personas; era tan importante sanar como procurar que sus pacientes estuvieran tranquilos.

La miró con un gesto gracioso hasta conseguir adivinar su edad; ella lucía un poco más grande de lo que era en realidad, con el cuerpo formado ya de una mujer, pero no podía engañar fácilmente a un ojo tan agudo como el que poseía el sanador. Era, después de todo, la primera pista para saber si quería intentar coquetearle a algún sujeto, así que con la experiencia y la práctica había conseguido ser bastante perspicaz.

Oye, es bueno tener formación en todas las áreas —bromeó un poco con ella, encogiéndose de hombros. Le agradaba la compañía de la pequeña bruja, volviendo a cambiar el peso de sus piernas cruzadas. — A veces también la hago de artista, esto de aquí —señaló su cuello, — lo hice yo —mencionó con orgullo. Le gustaba llegar con su tatuador de confianza con el diseño que quería y que sólo lo replicara en su piel. También había diseñado el de su hombro y pecho, pero no podía mostrárselo sin que se viera mal a los ojos de los demás.

No estaba del todo seguro de cómo funcionaban las casas de Hogwarts, aunque en más de una ocasión se las habían explicado. Notó que ella dudó un poco para contestarle y la miró con calma y sin preocuparse por ello mientras le sonreía para proveerla de confianza. Quizá la proveyó de más confianza de la cuenta que incluso le mencionó su curso, suponía que también eran sólo siete. Slytherin…

Es la de la serpiente, ¿verdad? De los astutos, si no me equivoco —recordaba aquello por la “S” que era inicial de Slytherin, serpiente y además su forma era parecida a ésta última. No tenía un juicio previo para las casas, ya que sólo las conocía por lo que había oído de ellas y prejuzgar nunca había sido lo suyo. — Yo estudié en Ilvermorny, está en Estados Unidos —le comentó encogiéndose de hombros, acariciándose el cuello. — Estuve en la casa de Pukwudgie, ¿sabes qué es? Es una criatura que puede aparecer y desaparecer, utilizar fuego y tienen apariencia de puercoespín —le explicó a grandes rasgos cuál era esa criatura mágica. — Representa el corazón de un mago —le hizo saber.

Siempre se sentía cómodo hablando de su colegio, era de las cosas que más conocía en realidad. Se quedó calmado mientras cerraba el libro de pociones, al ver que ella quería hablar de otras cosas que no fueran pociones, aunque siempre podrían regresar al tema si ella lo quería. Se llegaba a sentir un poco como un hermano mayor de la joven, le provocaba querer hablar con ella largo y tendido.

Así que, cuéntame, ¿qué otros intereses tienes? —la invitó a abrirse con él, que le dijera si quería sus hobbies, las materias que le gustaban, cualquier cosa estaba bien, Laith quería escuchar cualquier cosa que ella deseara contarle, por lo que no se sentía personalmente expectante de nada en particular.
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Invitado el Dom Abr 16, 2017 6:53 am

El adulto parecía cada vez más agradable y coqueto, tenía una respuesta divertida para todo lo que decía, y era bastante amable, parecía bastante dulce, aunque no le conocía en realidad, había logrado agradarme en cuestión de minutos, cosa que algunos no conseguían siquiera en años, considerando que algunas personas habían intentado acercarse a mí desde hacía varios años, aunque si no me interesaban para nada no me molestaba en hacerles caso - Que suerte tengo de encontrarte cuando estás tan dulce, ¿No crees? - Sonreí de forma bastante jovial, como si no me molestara si quiera en parecer demasiado amable con el chico, pues él también lo era, y me sentía a gusto teniendo buen ánimo a su lado.

Se me hizo un poco divertido el comentario que había hecho sobre su suerte, sería claramente bastante interesante verlo avergonzado, aunque tenía la impresión de que no sería nada fácil, y con una simple plática no sería posible, quizás solo cosas bastante personales lo harían sentir algo incómodo o avergonzado, por lo que prefería desistir de intentar hacerlo sentir apenado.

Mi mano se movía con bastante agilidad mientras que anotaba en el papel todos los ingredientes que el sanador me decía, era claramente algo conocedor del tema, y me nombraba varias cosas que me serían útiles para probar sobre mis pociones, algunos materiales que podía añadir y que podrían modificar los efectos de las mezclas, y no podía esperar para llegar al castillo y comenzar a probar todas las sugerencias que el adorable rubio me daba - Supongo que ya está - Comenté luego de percatarme que el adulto ya no recordaba más ingredientes para sugerirme, y que yo tampoco tenía ni la más remota idea de alguna otra cosa que podría añadir para dar efectos adicionales a mis pociones.

Sonreí de forma bastante pícara al escuchar su comentario sobre ser adorable, claramente no lo era mucho, aunque con él sí, usualmente solía ser un poco más distante de las demás personas, un poco más seria y callada, aunque mi lado amable comenzaba a mostrarse con él - Ya sé que soy adorable, no lo puedo evitar - Seguidamente, puse mis manos sobre mis mejillas, y sonriendo sin mostrar los dientes, en una expresión bastante tierna y casi pareciendo inocente. Segundos después, retiré mis manos de mi rostro - Claramente tú lo eres más, eres todo un encanto - A pesar de los tatuajes y la expansión, lo cual muchos considerarían como algo de rebeldía y que le daría un aspecto algo severo y rudo al chico, no paraba de ser más y más adorable mientras más hablaban.

Observé con detenimiento el cuello de Laith, ya que aseguraba haber diseñado aquel tatuaje, el cual estaba bien elaborado, e indicaba que era bastante bueno dibujando, cosa que nunca se me dio demasiado bien - Que genial, yo no es que sirva mucho para el arte... - Suspiré, pues mis dotes artísticos siempre habían sido pésimos, para no decir inexistentes. Me intrigaba bastante el cuerpo del muchacho, pues entre la expansión y los tatuajes me parecía bastante interesante y curioso, siempre me habían gustado los tatuajes, y sería bueno preguntarle a qué se deben, cuantos tiene y demás, aunque claramente tendría que escoger una pregunta únicamente para no ser demasiado pesada - ¿Cuántos tatuajes tienes? - Esta vez, la expresión de mi rostro era neutral, aunque esperaba que me enseñara algún otro tatuaje más, sería un poco raro que lo hiciera, considerando que estábamos en una zona pública.

Estuve a punto de soltar un suspiro al ver como no sabía acerca de las casas en Hogwarts, por lo que no tendría un repentino prejuicio sobre mí, pero no lo hice para no ser nada evidente - Sí, nuestro escudo tiene una serpiente - Asentí con rapidez, alegrándome al ver como cambiaba el tema y comenzaba a hablar sobre su escuela, Ilvermorny, sabía que estaba ubicada en Estados Unidos, ya que había leído un poco al respecto en libros de historia, aunque sólo conocía algunos detalles menores, lo que más recordaba era los nombres de las casas, aunque desconocía en realidad qué representaba cada una de ellas - Ilvermorny, sí, he leído algo sobre esa escuela - Conque estadounidense, era bastante interesante saber qué hacía entonces en Inglaterra, aunque no era para nada de mi incumbencia, y seguramente no sería una gran pregunta.

- Si representa el corazón de un mago, parece que te sienta bastante bien esa casa - Sonreí nuevamente, mientras que observaba al rostro del mayor, pues acostumbraba a observar directamente a la persona durante una plática - Pukwudgie, Wampus, Thunderbird y... Horned Serpent, ¿Cierto? - Creía haber acertado con los nombres de las casas, aunque realmente era probable que estuviera errada, ya que hacía bastante que no leía nada con respecto a esa escuela, y mis recuerdos sobre aquella lectura eran un poco nublados de momento.

Mi mente se vació por algunos segundos cuando el chico preguntó sobre mis intereses, es como cuando te dicen "Háblame de ti" y automáticamente olvidas incluso tu nombre. No habían muchos aspectos interesantes sobre mí, no habían demasiadas cosas que me simpatizaran la verdad, así que sería algo difícil contestar a esa pregunta - No muchas cosas, aparte de las pociones, me gusta estudiar, investigar, ya sabes... También amo salir de fiesta, nunca está de más salir de farra - Aseguré, como si fuera una adulta experta en fiestas, aunque si había estado en varias fiestas que debieron ser de adultos, había conseguido entrar y disfrutar de todo lo que estos eventos implicaban.

- ¿Y tú? ¿Qué sueles hacer aparte de ser un amor y trabajar en San Mungo? - Sonreí nuevamente, con un poco de picardía en mi mirada, mientras que observaba fijamente el rostro del rubio, me gustaba bastante hacer esta clase de comentarios, y en especial a él, ya que sus respuestas siempre me divertían un poco, en especial ante esta clase de comentarios.
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Laith Gauthier el Dom Abr 16, 2017 7:44 am

La forma de jugar de Laith era aquella, simpática y con pequeños comentarios un poco galantes. Lo que era gracioso: cuando en serio quería cortejar, se quedaba sin palabras y se sentía más como un idiota apenado. De resto, como a chicas y hombres cuyo interés no era precisamente muy elevado, podía tratarles con una inisual normalidad bastante elevada. Como si pudiera comerse el mundo de un bocado con la confianza que tenía en sí mismo.

Ah, claro, es que de repente me entra el modo y no hay quién me aguante, ¿sabes? —tonteó un poco, acomodándose el cabello como una imagen sacada de una película del clásico chulo que se echa hacia atrás el cabello del costado con la palma. Ella estaba siendo demasiado amable con él, se preguntaba si era su estilo natural de ser o si sólo él se lo provocaba. De ser lo segundo, podría sentirse hasta un poco preocupado, no quería despertar en ella un interés romántico, aunque por cómo jugaba parecía comprender la situación.

La dejó escribir cuanto necesitó, le dio ideas para ello hasta que todas las opciones se vieron ya tocadas. Tampoco es que fuera a darle todo su recetario, siempre le gustaba tener ideas bajo la manga para usar si a él se le antojaba ponerse a ello. Quién sabe, quizá encontraba una poción maravillosa y se volvía millonario con su distribución. Ella volvía a intentar avergonzarlo de una forma un tanto descarada y él respondió con un buen ánimo, para causarle que intentara una mueca supuestamente adorable que a él le pareció de lo más divertida, encogiéndose un poco de hombros.

No sé si adorable, prefiero el término… esbelto cautivador —y le guiñó un ojo, con un tono de voz presumido con el que sólo traía a colación una nueva broma. Presumió un poco sus habilidades artísticas, pues era el tipo de hombres que pensaban que cuando uno es bueno en algo, es mejor que más de uno lo sepa. Le sonrió con amabilidad cuando dijo que no era muy buena para ello. — Pero apuesto a que hay muchas cosas más con las que eres muy buena —la animó de aquella manera, que no pretendía hacerla bajar su buen ánimo con un comentario sin pensar.

La miró cuando le preguntó sobre sus tatuajes, abriendo un poco su chaqueta para dejar ver el comienzo del segundo. — Por ahora sólo tengo dos, pero quiero hacerme un tercero —le dijo con una sonrisa. No era la ocasión para mostrarle el segundo, pero tampoco pensaba que a ella le molestara de verdad. Podía ser un joven rebelde, insolente y obstinado, pero su comportamiento era situacional.

Ella le arrancó una pequeña risa cuando le dijo que le sentaba bastante bien su casa: Laith propio lo sabía, no necesitaba que nadie se lo dijera. Asintió cuando le mencionó las demás casas de su colegio de una forma inesperadamente agradable. — ¿Te digo algo gracioso? Pukwudgie elige a los sanadores —le confesó como en un secreto. No sólo por ser el corazón sino en su oficio aquella criatura había atinado su flecha. — Cuéntame sobre… ¿Slytherin? ¿Cómo son sus estudiantes, qué los distingue? —si ella pensaba que iba a dejar el tema en el olvido, estaba muy equivocada. Quería que le abriera un poco de su mundo, saber el entorno en el que estudiaba. No tenía nada de malo pensarlo así.

Escuchó también sobre sus intereses; le parecía gracioso como uno, al hablar de sí mismo, era falsamente humilde y no se enorgullecía de las cosas que tenía que enorgullecerse. Le dio un poco de curiosidad escuchar que le gustaba salir de fiesta, de “farra” según lo describió. No pudo evitar imaginarse a él mismo de joven, sus ansias de madurez de pega y las celebraciones alocadas llenas de diversión de una noche y las fiestas que duraban lo mismo que dura una cometa. Y luego había madurado, dándose cuenta que tras aquellas fiestas en realidad gobernaba la soledad.

Aparte de ser un amor y trabajar en San Mungo, me gusta dibujar, como puedes verlo —le dijo, pensando un poco; no había negado lo primero que dijo con una sonrisa agraciada, — también disfruto del deporte, practico boxeo en mis tiempos libres, la cosa que más amo en la vida es comer, a veces también tengo reuniones con mis colegas —su término no era “fiesta”, sino “reunión”, una diferencia sutil pero evidente en la práctica. Además, tenía otro hobbie que no podía decir: era suicida a tiempo parcial, un activista pasivo por los derechos de los nomaj y los nacidos de éstos. — No soy el tipo más interesante, me temo.

Eso era verdad. Había gente que domaba dragones, por ejemplo, pero no era algo que a él le apasionara. Sus pasiones eran un poco aburridas: los fines de semana tranquilos viendo Juego de Tronos, hacer turnos extra en el trabajo, probar comidas nuevas; pequeñas partes que conformaban un él completo. Eso le trajo a la cabeza una nueva pregunta que podría llamarle la atención a la muchacha, si tanto ímpetu tenía en conocer su vida privada.

¿Ya sabes lo que vas a estudiar al graduarte? —le preguntó, usando ese tono un poco socarrón. No había dejado que respondiera todavía, — No pasa nada si no lo sabes, yo lo supe sólo luego de graduarme… —le explicó con ese dulce tono comprensivo del que hacía uso la mayor parte del tiempo con Rebecca. Ya que era, aunque ninguno de los dos lo pusiera en evidencia, un adulto, podría ayudarla un poco si tenía dudas con su futuro.
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Invitado el Mar Abr 18, 2017 4:14 am

- ¿Que no? No tendría problema alguno en tratar con alguien así de dulce todos los días - Observé con atención mientras el mayor se acomodaba su cabello, el cual era lacio y tenía un lindo color, tenía muy buen aspecto la verdad. Sonreí con jovialidad, como si fuese una pequeña niña que sólo se limitaba a observar, sin preocupaciones ni nada por el estilo, había tenido bastante relajación esta tarde, y luego de tanto tiempo de monotonía en Hogwarts, eso era más que perfecto.

Laith era bastante amable y adorable, además de ser bastante apuesto, y aunque me había percatado de esto desde el momento en que lo vi, no había tenido ninguna intención en especial al hablar con él, al principio era sólo una charla para saber más sobre pociones, aunque algo en su personalidad me incitaba a alargar más y más la platica, hasta el punto en que probablemente solo la abandonaríamos cuando uno de los dos tuviese que irse. El rubio tenía ya veinticinco años, aunque parecía tener un alma de niño que era sumamente atractiva y adorable.

Se me hizo completamente inevitable soltar una carcajada bastante sonora al escuchar las palabras del mayor, llamándose a él mismo "esbelto cautivador". Tenía algo de cierto, tenía muy buena figura y rostro, pero aquel comentario no dejaba de hacerme gracia - Creo que deberías dejarlo en adorable, que no se te suba el ego - Una nueva carcajada se escapó de mi boca, mientras que observaba directamente el rostro del sanador, y llevé mis manos hacia sus mejillas y los estrujé como solían hacer las ancianas, sonriendo de oreja a oreja - ¡Qué tierno niño! - Estrujé sus mejillas bastante, aunque sin aplicar bastante fuerza para no enrojecer su rostro, luego le quité las manos de encima y pensé durante un momento como había tratado a alguien que apenas y conocía.

Asentí con algo de vergüenza, y un pequeño rubor casi imperceptible en mis mejillas - Puede que tengas algo de cautivador, sí - Asentí varias veces, mientras que continuaba analizándolo. Parecía tan despreocupada y confiada hablando con él que apenas parecía la misma persona testaruda que era en el colegio. Quedé pensativa durante unos segundos al escuchar las nuevas palabras de Laith, ¿Qué otras cosas era buena haciendo? Aparte de estudiar, no solía hacer mucho aparte de beber, fumar y ligar, así que mi mente parecía estar en blanco, ya que claramente no le comentaría nada sobre las tres últimas cosas - Sí, supongo que debo de ser buena en algo -

Centré cuidadosamente mi vista sobre el cuerpo del contrario cuando hizo un poco al lado su chaqueta para dejar ver una pequeña parte de lo que parecía su segundo tatuaje - Yo quisiera hacerme alguno, pero no sé muy bien sobre qué - Más de una vez había considerado un tatuaje, era algo que me llamaba especialmente la atención, aunque siempre había querido tener uno que significara algo para mí, y realmente no se me venía a la mente nada lo suficientemente importante para tatuarlo en mi piel.

No sabía mucho con respecto a las casas de Ilvermorny, por lo que fue una sorpresa para mí cuando el mayor me dijo que Pukwudgie escogía a los sanadores, lo cual era una elección un poco más precisa que en hogwarts, en la cual se separaban básicamente por su forma de pensar. Clavé mi mirada fuertemente en sus ojos al escuchar como volvía a preguntarme sobre mi casa, esta vez enfatizando en el tema que más me preocupaba, que pensara mal al describirle lo que nos caracterizaba - Digamos que Slytherin se encarga de tener a los alumnos más ambiciosos, astutos, inteligentes, con gran capacidad de liderazgo, y algunos tienden a decir que tenemos algo de desprecio por las reglas, lo cual no es del todo falso - Claramente, la descripción que había dado sobre la casa a la que pertenecía no la hacía sonar tan mal, al fin y al cabo, aunque sentía que era deshonesto omitir algunos detalles.

- Slytherin es conocida en Hogwarts por su rivalidad con las otras tres, no solemos entablar mucha amistad con las demás casas, somos muy competitivos, y la mayoría suelen ser bastante purista y altanero... Puede que tenga un poco de eso último, sólo de vez en cuando - En realidad, sí lo era bastante, aunque sólo con las personas que me desagradaban, pues con las personas que eran de mi agrado siempre solía tratar con bastante respeto, a diferencia de algunos Slytherin, quienes trataban mal a todos en general de forma completamente innecesaria - Slytherin era la casa de el que no debe ser nombrado - Detestaba rotundamente no decir aquel nombre, pero últimamente rondaban por ahí más mortífagos de lo normal, en todos lados de hecho, y no es que les simpatizara demasiado que alguien hablara de su señor.

Escuché con total atención lo que el mayor decía, no era muy amante de los deportes, aunque me gustaba ver un hombre que los practicara, aparte de ser sanador, le daba tiempo de dibujar de vez en cuando y practicar deportes, claramente sabía organizar bastante bien su tiempo - Por lo menos tienes una vida más interesante que la mía - Sonreí nuevamente, aunque esta vez llevando mi mano hacia mi cabello y revolviéndolo un poco.

Nuevamente, mi mente parecía nublarse con aquella pregunta, nunca me había detenido durante mucho tiempo a pensar, pero claramente siempre me había llamado la atención eso de trabajar con las pociones, o en cualquier otro caso, trabajar con criaturas mágicas, me interesaban bastante en general - No tengo nada claro, claramente me gustaría ser pocionera, es bastante difícil prosperar siéndolo, pero me llama bastante la atención y me siento capaz de serlo... - Aclaré mi garganta para continuar hablando, mientras que jugueteaba con la yema de mis dedos - También me gustaría trabajar con criaturas mágicas, aunque eso sería una segunda opción - El único trabajo relacionado con criaturas mágicas que abundaba era el de cuidador de dragones, era bastante arduo y peligroso, aunque llamaba en gran medida mi atención, y lo consideraba bastante interesante.
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