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Arbustos puntiagudos y poción herbicida {Priv. Laith Gauthier}

Invitado el Miér Abr 12, 2017 6:11 am

Recuerdo del primer mensaje :

Era una concurrida tarde más en Hogsmeade, y por el día de hoy, se nos había permitido completamente la salida del castillo hacia el pueblo cercano, aunque algunos ya se solían fugar, esta vez sería legal. Apenas la tarde comenzaba, pues recién eran alrededor de las dos, y tenía hasta más de las seis para volver al castillo, por lo que tenía bastante tiempo para hacerse con las cosas que consideraba necesarias, y podría también darme el gusto de descansar un rato.

Antes que nada, tenía bastantes cosas por hacer, llevaba bajo mi brazo derecho algunos libros que necesitaba y me serían de bastante ayuda, el "Filtros y Pociones Mágicos" de Arsenius Jiggers, y "Mil hierbas mágicas y hongos" de Phyllida Spore. Estos libros me acompañaban desde mis inicios en Hogwarts, y nunca paraba de aprender con ellos, pues iban siempre de la mano, uno de Pociones, y el otro de Herbología, eran sumamente útiles ambos. La principal razón por la que venía a Hogsmeade era para intentar buscar un montón de ingredientes para realizar unas cuantas pociones, ya que no tenía tiempo ni podía salir mucho del castillo a recolectar con mis propias manos los ingredientes, debía buscar en cada rincón de Hogsmeade para comprarlo.

Mis padres me habían mandado ya varias veces a su lechuza Nuit, la cual siempre llegaba durante el desayuno, me entregaba una carta de su parte, comenzaba a ulular sobre mi hombro, mientras esperaba que leyera la carta y la contestara, luego picaba un poco de mi comida y se devolvía a casa. Todos los días, recibía una carta de mis padres quedándose de unos molestos arbustos puntiagudos y unas plantas punta espinosa que habían crecido curiosamente en el jardín, quizás como forma de alguien de sabotear el buen cuidado que mi madre le daba al jardín, o quizás por mera casualidad. También, podría ser alguna clase de sabotaje a mi padre, que hace poco había tenido unos líos en el ministerio por unos asuntos mal llevados, y puede que alguno de los ministros o empleados le haya querido jugar una pequeña broma en forma de represalia. Según expresaban las cartas, ya ellos habían sufrido varias veces algunos cortes y rasguños debido a estas plantas, y mi padre, aparte de no tener mucho tiempo disponible, era un desastre total en herbología, por lo que no tenía idea alguna de cómo deshacerse de la planta, ni siquiera diferenciaría un lazo del diablo de una tentácula venenosa, cuando mucho sabría que estas dos plantas existían.

Había decidido por mi cuenta comenzar a preparar una poción herbicida, ya que se me daba bien, y comenzaba a hartarme de estas cartas que se volvían cada vez más largas y descriptivas, acompañados de la glotona lechuza marrón, que solía picar de más mi desayuno, llegando a ser bastante molesta en algunas ocasiones. No era gran cosa la poción herbicida, de hecho, en el libro de Filtros y Pociones Mágicas se explicaba detalladamente su preparación. Además, también tenía que abastecerme de poción embellecedora, que utilizaba constantemente para evitar el crecimiento de acné en mi rostro, y la poción pimentónica, que solía tener siempre de reserva en caso de un molesto resfriado.

Estuve aproximadamente una hora, entrando en más de una tienda averiguando los materiales de las pociones, hasta que por fin logré hacerme con todos. Sin duda, los ingredientes más difíciles de conseguir habían sido los mocos de Flobberworm, el cuerno de bicornio y el pelo de imp, que correspondían cada uno a una de las diferentes pociones. Había gastado una considerable cantidad de galeones consiguiendo estos materiales, aunque merecía la pena, ya que me libraría de la molestia de recibir quejas diarias sobre las molestas plantas mágicas del jardín, libraría mi cara del futuro acné que pudiera adquirir (Ya que de momento, tenía el rostro completamente intacto) Y además, me cuidaría de un resfriado, los cuales eran bastante comunes en mí.

Llevaba todos los ingredientes en una gran bolsa, de mi hombro colgaba mi mochila del colegio, donde tenía el ejemplar de Mil hierbas mágicas y hongos, caminaba por las calles de Hogsmeade mientras que ojeaba con cuidado el libro de Filtros y Pociones Mágicas, específicamente en la sección de Poción herbicida. No prestaba mucha atención a mi alrededor, a pesar de ser una calle bastante concurrida a esta hora y en este preciso día - 2 gotas de mocos de Flobberworm, una menos y sería inútil, y una más ocasionaría una tragedia - Comenté esto con total normalidad, como si estuviera intentando aprender de memoria la poción, para no tener que leer el libro mientras que estuviera llevando a cabo la preparación.´

Disfrutaba mucho de hacer pociones, ya que era mi área de conocimiento del mundo mágico favorita, además que había una poción para todo, despejaba la mente, era un arte sencillo y bastante efectivo, y no había más que seguir un par de instrucciones y todo saldría perfecto.


Última edición por Rebecca Howells el Miér Abr 12, 2017 9:56 pm, editado 1 vez
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Laith Gauthier el Miér Abr 19, 2017 5:01 am

Ella lo hacía reír, se sentía inusualmente halagado con la honestidad de la jovencita que no se cortaba ni un pelo en decirle que era dulce, adorable y el resto de adjetivos que había escuchado de su parte. Aunque Laith no sintiera mucho gusto en admitirlo, era realmente un poco engreído, así que tener a alguien que constantemente le hacía subir la autoestima no era nada que le disgustase. Motivo por el cual tener la conversación alargándose no le era en lo absoluto molesto.

Oh, qué mala, no te rías —se quejó con un tono suave que demostraba que en realidad estaba bromeando, sonriéndole con suavidad antes de que la niña le apretara el rostro estrujando sus mejillas. Una parte del sanador le hizo pensar que aquello era un abuso de confianza, y la otra le decía que aquello daba completamente igual. — Para ya, niña, que no eres mi abuela —objetó con una risa entretenida, mirándola con gracia hasta que dejó de tocarlo. Laith no sentía un reparo especial en ser tocado, así que no le molestaba en serio.

Él siempre era positivo, así que por ello no dudó en que ella tenía que tener muchas otras virtudes que las que le decía, a pesar de conocerla de hace bastante poco. La gente nunca era del todo mala o del todo buena, así que él sabía de primera mano que tenía razón. De todas maneras, ella no parecía muy convencida, simplemente dedicándole una de sus más brillantes sonrisas para mirarla. Los jóvenes a veces no se daban cuenta de lo grandes que eran, era una edad proveedora de inseguridades.

Si piensas hacerte algo, tiene que ser una cosa que te guste toda tu vida, algo que te recuerde un evento importante, tiene que ser algo que mañana no vas a querer borrar —le explicó. Él no estaba en contra de los tatuajes por razones bastante obvias, aunque en el mundo mágico aquello fuera especialmente complicado y más en esos tiempos. Pero él pensaba que si alguien tenía verdadero interés en recordar algo, un tatuaje era la mejor opción.

Así, después, escucharía sobre su casa en Hogwarts; recordaba poco de ella, lo que había podido llegar a escuchar de las conversaciones con colegas y cosas parecidas; se preguntó si eso verdaderamente encajaba con Rebecca, pero lo cierto era que no era nadie para juzgar por un rato conversando, asintiendo con la cabeza mientras la miraba y escuchaba. Desprecio por las reglas le hizo eco en la cabeza un par de veces, así como la rivalidad y un par de detalles en particular. Lo que no esperó escuchar fue quién había sido parte de esa casa, le ensombreció el rostro un par de segundos.

No es bueno juzgar algo por un hecho aislado, nena, supongo que existen personas de todos tipos, gente con dudosa moralidad en todas las casas —le dijo, volviendo a sonreír. Lo que decía era cierto, pero eso no quitaba de todos modos cierto mal sabor de boca. Así como en Ilvermorny solían acertar con los trabajos, no siempre ocurría, él era un hecho aislado en donde Pukwudgie acertaba con su elección, eso no significaba que todos sus compañeros también fueran sanadores.

Una sonrisa salió de sus labios apenas escuchó que tenía una vida más interesante que ella. — Puedo dudármelo, al menos en mi colegio había muchas cosas que hacer, jugábamos al Quodpot todos los días luego de clases, competíamos entre nosotros, le jugábamos bromas a los chulos del colegio, hacíamos grupos de estudio donde se escuchaban más cotilleos que comentarios del temario, muy divertido —le explicó cómo era su vida estudiantil. Si bien había cosas académicas y demás, en realidad había sido relativamente popular y por ello estaba metido en todo tipo de situaciones.

Oh, me gustaría que fueras elaboradora de pociones, yo compraría tus libros si llegas a publicar uno, en especial si pones ahí la receta de esa maravillosa crema corporal —le sonrió con dulzura, incentivándola en su sueño si eso era lo que quería. Él siempre iba a apoyar a las personas por sus sueños sin importar lo locos que fueran, siempre y cuando sus pequeñas utopías personales no afectaran a los demás. — A mí la verdad no me apasionan mucho los animales ni las criaturas mágicas, pero creo que es genial como carrera —admitió. No pudo evitar recordar cierto dragonolista que aún le rondaba los pensamientos.

Pero con una negación breve volvió a sonreír. — Yo al principio quería ser muchas cosas… Quise ser jugador de Quodpot profesional, catador de vinos, periodista, poner mi propia tienda; quise estudiar psicología nomaj y también me llegué a interesar por la adivinación, ¡tantas posibilidades! —le compartió su experiencia. Al final, había sido un evento triste el que había decidido por él qué era lo que quería estudiar, un evento que nunca hubiese podido imaginar y que nunca se había querido sentado a considerar con seriedad.

Volvió a abrir el libro y paseó su mirada con suavidad, al igual que sus dedos a través de las páginas. Recordó una viejísima película donde la gente moría a causa de un libro envenenado, el mero pensamiento lo hizo sonreír, dirigiendo su mirada hacia la jovencilla. En cierto punto de su cabeza se preguntaba si no quería retomar el tema de las pociones, pero no le preocupaba lo contrario, ya que al final le gustaba hablar con ella.

Dime una cosa… ¿cuál es tu comida favorita? —aquella pregunta no era precisamente la más inteligente, pero sí le interesaba. Quién sabe, quizá adoptaba a la chiquilla como su hermana y era un buen hermano llevándole su comida favorita a la jovencilla un fin de semana. Como un loco, soltó una carcajada por el pensamiento anterior, cerrando sus ojos mientras alzaba su rostro al cielo.


Última edición por Laith Gauthier el Lun Jul 10, 2017 11:26 pm, editado 1 vez
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Invitado el Miér Abr 19, 2017 7:41 pm

Fue un alivio para mí el percatarme de que el mayor no se había enojado ni nada por el estilo al entrar nuevamente en contacto con su piel, esta vez con un rostro, que muchos consideraban la zona más sagrada de todo el cuerpo, y era un claro abuso de confianza que hice sin pensarlo dos veces, y por el contrario, lo había tomado de una forma bastante agradable, e incluso se había reído - Lo siento, no pude evitarlo - Le sonreí de forma bastante amigable, para justificar la falta de respeto de recién, aunque sin detenerme ni mostrarme avergonzada ni siquiera un poco.

Ya era la segunda vez que lo tocaba de aquella forma, como si fuera un antiguo conocido, y en ninguna de las dos ocasiones él se había disgustado o resistido, por lo que se podía ver que no era una persona delicada, por el contrario, era bastante tolerante incluso conmigo, que lo conocía hace un rato apenas. Yo nunca aceptaría esa clase de gestos de un desconocido, por el contrario, acabaría odiándolo o algo por el estilo, pero Laith tenía una forma de pensar bastante diferente por lo que veía, y eso no era para nada malo.

El tema de los tatuajes siempre me había resultado bastante llamativo, siempre había querido uno pero no sin primero pensarlo durante bastante tiempo, ya que como dijo el mayor, no debía hacer algo de lo que luego pudiese arrepentirme, por mucho tiempo había buscado varias opciones sobre el diseño de un tatuaje, pero nada me había llamado suficientemente la atención como para tatuarme, no quería algo que simplemente fuera lindo, sino que tuviera alguna clase de significado - Por eso no me he hecho nada aún, no quiero hacer nada de lo que me pueda arrepentir - Claramente el mayor tenía unos tatuajes muy bien pensados, y me causaban curiosidad, pero decidí no profundizarme en aquel tema de momento.

Las palabras del rubio eran bastante ciertas, habían varias personas en Slytherin que eran bastante buenas y con una mentalidad increíblemente pura, estábamos quienes preferíamos ser un poco más neutrales, no preferíamos ningún bando en especial y no opinábamos al respecto, además teníamos personalidades bastante mezcladas, y por otro lado estaban los que apoyaban de lleno al lado oscuro, eran completamente puristas, engreídos y demás. En otras casas también habían habido casos de personas que se entregaban al lado oscuro, ya que no siempre el sombrero tomaba unas decisiones completamente certeras, era extremadamente difícil acertar en esta clase de cosas para ser sincera. Aún así, era cierto que casi todos los magos tenebrosos que han existido en la historia del mundo mágico han pertenecido a Slytherin, ya sea por destino o por mera coincidencia, y eran sumamente escasos los magos tenebrosos que habían pertenecido a alguna otra casa.

- Ya lo sé, de igual forma conozco mi casa, y estoy segura de que casi todos son especialmente malos - Solté un pesado suspiro, habían algunos que eran tan puristas que incluso denigraban a las personas de sangre mestiza como yo, sin importarles que tuviera un padre mago, ya que decían que el ser hijo de al menos un muggle era una vergüenza para el mundo mágico, aunque sólo algunas personas tenían esta clase de mentalidad.

Escuché atentamente lo que solía hacer el mayor cuando estaba en Ilvermorny, se escuchaba como algo bastante sencillo, sin muchas preocupaciones, y era lo que yo siempre intentaba hacer aunque sin descuidar las clases, aunque siempre terminaba con la cabeza entre los libros investigando por horas y horas acerca de un tema en específico - Se escucha divertido, como un adolescente cualquiera - Sonreí nuevamente - Yo no acostumbro mucho a eso, suelo pasar el tiempo leyendo o investigando, en Hogwarts ahora no hay muchas cosas... Interesantes por hacer - Con el nuevo régimen que había en el colegio no era tan fácil hacer travesuras, ahora podías pagar muy caro por no acatar cualquier orden del director, y no quería para nada tener que sufrir cualquier clase de tortura, así que prefería mantenerme distanciada de los problemas.

El joven continuaba siempre respondiendo con una sonrisa dibujada en el rostro, lo que era bastante reconfortante, en especial por el comentario sobre lo de ser pocionera - Gracias, pero no nos adelantemos a los acontecimientos, aparte debo encontrar aún ese ingrediente extra - Las criaturas mágicas también me agradaban bastante, aunque no sabía si lo suficiente como para dedicarme a ellas a tiempo completo, por lo que eso sería más bien como una segunda o tercera opción para mí - Es buena carrera, aunque no es mi favorita - Admití, mientras que observaba a mi entorno y veía como la multitud se dispersaba un poco, ya no habían tantas personas en la calle como hace un rato, aunque igual seguía siendo una calle con una buena multitud en ella.

La psicología nomaj era bastante interesante, y era curioso que el mayor la hubiera considerado como una profesión, considerando que era un mago, ya que la mayoría de los magos solían pasar desapercibidos la mayor parte de problemas psicológicos por alguna extraña razón - Sí que tenías bastantes opciones - En realidad, todos las teníamos, aunque en mi caso tenía pensamientos menos confusos, por lo que cuando mucho consideraba unas tres o cuatro carreras como viables para mí, y el resto estaban casi completamente descartadas.

El sanador volvió a leer el libro, a pesar de que ya él lo conocía, de hecho casi todos los magos conocían al menos la mitad de las pociones que habían en él, pues era un libro bastante famoso que se utilizaba como material de estudio en la mayor parte de los colegios de magia. Cada una de las preguntas del mayor parecía dejar mi mente en blanco, no tenía gustos definidos en cuanto a comida, por el contrario, era bastante tolerante ante la mayoría, no se quejaba por casi nada que le dieran de comer - Me gustan muchas cosas, diría que los mariscos son mi comida favorita, aunque la pizza y las hamburguesas son la gloria - Asentí, poniendo un dedo en mi barbilla y pensando en algunas otras comidas que me llamaran especialmente la atención, aunque no conseguía absolutamente nada - ¿Cuál es la tuya? -
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Laith Gauthier el Miér Abr 19, 2017 10:30 pm

Está bien, gracias por decirlo —aceptó su disculpa, incluso la agradeció. Eso calmaba un poco la parte de él que había sentido aquello como un hecho de excesiva confianza, simplemente relajándose de nuevo. Enfadarse porque le tocaban un poco sería un enfado gratuito y sin mucha importancia, no es que en serio fuese algo importante, al menos no para él. Tomar la vida de buena forma era una virtud, él tenía experiencia con tocamientos indeseados puesto que a veces servía como voluntario en asilos y orfanatos, donde más de un anciano o chiquillo quería ponerle las manos encima y sería muy descortés responder de forma agresiva a ello.

Pasaron a hablar sobre tatuajes, ella parecía comprender que no era un juego y eso lo hizo sentir quizá un poco orgulloso. Él se había perforado en el colegio a escondidas y poco a poco fue expandiendo los huecos hasta tener los adornos que llevaba, y los tatuajes, antes impensables, comenzaron a llegar también. Por eso sabía que no tenían por qué apresurar nada, un evento marcaría a Rebecca y sabía exactamente lo que quería en su piel, no había necesidad de que se comiera la cabeza pensando en ello.

Demostró sin apenas pensar en eso que pensaba que no sólo por formar parte de una casa significaba que aquello marcaba por completo a las personas. Si bien tenía que ver, ya que formaba parte de una especie de influencia grupal, no tenían que encerrarse en ello. Se acarició el cuello cuando ella le hizo saber que en su casa creía que todos eran especialmente malos, a pesar de que él no quería creer en eso. Se preguntaba si en serio aquella diferencia estaba tan marcada en el colegio de Hogwarts, una verdadera tragedia si se lo preguntaba. Que antes de aquella época oscura se atacaran unos a otros… no era el tipo de rivalidad sana que se espera de las diferentes casas.

Claro, de eso se trata… ser adolescente, de ser uno cualquiera —le dijo, como si no fuera evidente. Crecer en un buen ambiente, divertirse y madurar de a poco eran los lujos que los jóvenes tenían y los adultos olvidaban. — Entiendo que ahora es un poco más complicado, pero… ellos habrán ganado si consiguen borrarles la sonrisa —le dijo en un susurro, colocando su mano en un cuenco para que su voz no fuera a otro sitio que no fuera su oído, como si tan sólo ser escuchado fuese motivo de castigo. Podrían callar una boca pero nunca un alma.

Él trató de animarla con las dos carreras que quería, riendo al ella decirle que no quería que se adelantaran a los sucesos. Le daba ternura verla un poco indecisa, como lo estaba él a su edad. Por ello, decidió darle el consejo que más le había servido a él. — ¿Te digo una cosa? A mí mi abuelo me decía que no importaba qué fuera, que fuese el mejor. Si quería barrer calles, que las barriese como nadie nunca vio —le dijo con una brillante sonrisa. Le agradaba tener recuerdos de ese tipo, siempre brillantes y llenos de calidez. La conversación de barrer había sido real, en una carta que escribió, muy agobiado, diciendo que iba a ser barrendero para ya no pensar en su carrera.

Si podía ayudarla a sentirse más confiada con su carrera, con toda seguridad iba a hacerlo. Tenderle la mano nunca era una opción, era una prioridad. Sabía que muchos estudiantes no tenían el apoyo de sus padres y por ellos estudiaban algo que no les gustaba, simplemente elegían lo que ellos querían y el resto de sus vidas eran infelices por no haber tomado la opción que a la larga les haría felices, sino una paz momentánea y efímera. Él, por suerte, no había tenido ese tipo de presión externa que lo obligara a decidir algo que no deseaba.

De todos modos, había decidido preguntar sobre su comida favorita. Le sonrió cuando le dijo que le gustaban muchas cosas, volviendo a cerrar el libro que miraba cuando le mencionó tres buenas opciones. — Sabias elecciones, pequeña saltamontes —asintió con voz de sabio anciano. — Mi comida favorita de todo el mundo es el helado, si el cuerpo humano pudiera sobrevivir sólo con helado ten por seguro que lo haría… No, en realidad no, lo cierto es que comer es uno de los mejores placeres de vivir, así que me gusta comer de todo —se animó a conversar acerca de su gran gusto por la comida. A las personas se les llega por el estómago y él era un claro ejemplo de ello.

A veces se le complicaba tan sólo un poco pensar en temas de conversación con alguien que era casi diez años menor que él, pero la espontaneidad del sanador no hacía demasiado complicado el proceso de sujetarse a otro tema. Había mirado el reloj en su diestra, esa noche tomaba el turno nocturno en el hospital, pero aún tenía bastante tiempo para llegar. Y, si se retrasaba, también podía aparecerse, aunque aquello era mil veces peor para el sanador. Igualmente, suponía que la chica tendría en el colegio un toque de queda que no debía ser muy tarde, así que la acompañaría, quizá, hasta entonces.

¿Me dijiste que te gustaba la lectura? ¿Qué tipo de libros son los que te llaman la atención? —lo trajo a su memoria. Él no era un ávido lector, de hecho prefería ver series en su portátil y algunas películas, pero igualmente en más de una ocasión había tomado un libro y se había puesto a leerlo, principalmente en el colegio que a veces se aburría y tenía que hacer algo para entretenerse si no tenía a nadie a quien molestar. Quizá, por casualidad, alguno de los libros que ella había leído él los podría conocer.
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Invitado el Jue Ago 03, 2017 3:37 am

En mi rostros se dibujó una amplia y grata sonrisa con rapidez al escuchar el increíble nivel de amabilidad que presentaba aquel adulto, cuya tranquilidad parecía nunca agotarse, y que ciertamente lo hacía sumamente encantador - Debo recalcar que eres demasiado dulce - Lo más curioso, es que no era de esa clase de chicos que era solo dulce de personalidad, o que por el contrario era un bombón en cuanto a físico se refiere, pero vamos, este hombre parecía tenerlo todo, ya que era bastante guapo y con una personalidad peculiarmente perfecta, o por lo menos eso había demostrado en el tiempo en el que habían conversado, y también era uno de los pocos hombres que encontraba tan atractivo pero que no tenía intención alguna de coquetearle o siquiera de hacer el intento de llevarlo a la cama, como si fuera un ángel que bajó del cielo únicamente para desviarme del camino de mi inminente promiscuidad... O una simple coincidencia.

Además, era bastante agradable que era una de esas personas que rebosaban espontaneidad, capaz de abarcar con facilidad un tema de conversación, luego otros dos o tres más y volver a donde comenzaron, como si la idea de quedarse sin un tema del cual hablar resultara imposible cuando la charla involucra a este hombre. Mis ojos parecían jamás apartarse del rostro y cuerpo de Laith, intentando observar cada detalle que pudiera sobre él y guardarlo en su mente, además de tomarse un tiempo adecuado para admirar los tatuajes que se encontraban al alcance de mis rápidos orbes, aquellas pequeñas obras de arte que podían contar la historia de una persona con tanta facilidad. Muchos veían los tatuajes como algo inapropiado e incluso vulgar, pero no eran nada más que otra forma de arte y de expresarse, era quizás uno de los artes modernos más incomprendidos, en especial porque muchas personas en la actualidad tenían un tatuaje únicamente como adorno, y no representaba nada de valor emocional para el susodicho, lo que muchas veces lleva a la comunidad a pensar que los tatuajes no son más que una forma de llamar la atención, aunque no es así para los verdaderos entendedores de este arte.

Observé cuidadosamente el rostro ajeno mientras que le platicaba acerca de mi casa en Hogwarts. La mayoría de las personas que conocía no se hacían ninguna clase de pregunta al respecto, debido a que las casas eran bastante conocidas y cada una tenía sus rasgos característicos, aunque Slytherin siempre ha sido tachada como la que traía el mayor mal al mundo, ya que era la casa de la que salían casi todos los mortífagos, además, casi todos los miembros de ella en su totalidad eran bastante engreídos, puristas, y tenían un cierto desdén hacia las normas, además de una enorme ambición. Yo era exactamente la representación de una Slytherin, excluyendo el purismo, ya que yo misma no era de sangre pura, y me parecía inadecuado juzgar a alguien únicamente por su estatus social, así como muchos de sangre limpia eran unos seres humanos completamente despreciables y tenían una mente casi inútil, muchos mestizos o incluso hijos de muggles podían aportar más a la sociedad que ellos. Me gustaba considerarme como una digna Slytherin que simplemente era un poco menos maliciosa que lo que acostumbraban los demás, no me aprovechaba de quienes me rodean con tanta frecuencia, y cuando lo hago suele ser por diversión o beneficio propio.

Era bastante agradable la forma en que Laith pensaba que debían ser las cosas, que tanto yo como los demás deberíamos vivir nuestra juventud plenamente sin importar lo que estuviera pasando, y tenía bastante razón, ya que no era tan fácil disfrutar que como lo había sido en tiempos pasados, aunque eso no solía impedirme hacer las cosas que a mí me gustaban, ya que a pesar de tener gusto por los libros y la investigación, también disfrutaba bastante de las cosas banales de la vida, además gozaba de salir de fiesta, beber y drogarse ocasionalmente, cuando la diversión escaseaba o cuando los problemas abundaban - Lo más importante es no dejar que nos limiten - Comenté en un tono de voz bajo, pero que no impidiera que el adulto escuchara, mientras que le guiñaba el ojo con algo de picardía aunque sin ninguna doble intención. Actualmente, no se podía estar del todo seguro yendo por ahí a sus anchas, aunque mantenerse escondido y atemorizado tampoco era la forma de vivir.

Luego, hizo un comentario bastante agradable y de hecho muy motivador sobre su abuelo, como siempre, el mayor parecía tener un comentario bastante ocurrente y muy acorde con la circunstancia, y era reconfortante el saber que en realidad no importaba el hecho de qué carrera elegir luego de salir de Hogwarts, que lo que importaba era dedicarle el esfuerzo adecuado a lo que se hacía, y en cierto tenía bastante razón - Muchas gracias por eso, en serio - La indecisión a la hora de escoger un oficio era completamente común cuando aún estudiabas, pues de eso vivirías y marcaría completamente tu vida para bien o mal. Lo que más me llamaba era ser elaboradora de pociones, siempre había sido algo así como mi pasión, tanto que el simple hecho de hacer una poción podía alegrar completamente mi día, era la salida más fácil para todos mis problemas del día a día.

Observé cuidadosamente a Laith, y la forma en que sus ojos parecían brillar al entrar en el tema de la comida, lo que me hacía intuir que era uno de los muchos amantes de la comida que habían en este mundo, ¿Pero cómo no serlo? Si la comida es lo más glorioso en el mundo entero. Una pequeña carcajada se escapó de mi interior cuando escuché al mayor llamarme 'pequeña saltamontes' simulando ser un experto en la comida - He aprendido del mejor, maestro - Reí nuevamente, y pasé mi mano por mi rostro, atrapando unos cuantos mechones de mi cabello entre mis dedos y poniéndolos tras mi oreja, ya que estorbaban mi visión. Apoyé mi codo sobre mi pierna y puse la palma de mi mano bajo mi barbilla, mientras que observaba fijamente a los ojos al sanador hablar sobre los helados, como si estuviera hablando del amor de su vida - Yo tampoco tengo gustos exigentes en lo que se refiere a comida, si al fin y al cabo todo lo que está bien preparado sabe a gloria - La boca se me hizo agua mientras que por mi mente pasaban cientos de deliciosas comidas, muchos helados, pasteles, comida italiana, tailandesa, pizza, hamburguesa, muchos pancakes y demás, todo tipo de comidas.

Noté que el mayor se había detenido unos cuantos segundos a examinar el reloj de su muñeca para ver la hora, aunque no me detuve a reparar para nada en ello, pues estaba perdiendo completamente la noción del tiempo únicamente charlando con Laith. Mis ojos se iluminaron nuevamente con el nuevo tema de conversación, los libros. Era quizás otra de mis grandes pasiones, leer... Pasar largas noches con un libro entre las manos, una taza de café y unos cuantos cigarros para mí era como mi noche ideal - Los libros de fantasía son mis favoritos... La infinidad de posibilidades que hay en esos libros es sencillamente magnífica -  La saga de El señor de los anillos, Los juegos del hambre, Divergente, El nombre del viento, Juego de tronos, El maravilloso mago de oz, La serpiente de Uróboros, eran algunos de los títulos de fantasía que más me habían cautivado - Y también los libros de misterio me atraen mucho... ¿Qué hay de ti? ¿Te cautiva algún género literario en específico? -
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Laith Gauthier el Lun Ago 07, 2017 7:50 am

El oír, por enésima vez en ese día, que era demasiado dulce lo hizo reír. La chica era extraña meramente porque no parecía tener otro adjetivo mejor para usar con él, Laith simplemente era amble, normalmente era amable con las personas así que no es que fuese una peculiaridad muy notoria. — Si sigues diciendo eso, las hormigas van a escucharte y se me van a subir para comerme —bromeó un poco, sin perder nunca el estilo y la gracia. Le gustaba ser así, no poner barreras a sus pensamientos y emociones positivas, demostraba la curiosidad de un chiquillo, la picardía de un adolescente y la madurez de un adulto, todo en el mismo cuerpo.

Hablar del colegio era uno de sus temas favoritos, sus años de estudiante habían sido grandiosos. Claro, exceptuaba un par de años horribles de acoso escolar, pero esos casi nunca visitaban su memoria, prefería dejar el pasado amargo atrás y concentrarse en las partes buenas. Tanto como su juventud había sido y seguía siendo maravillosa, le gustaría que todos los jóvenes tuviesen las mismas oportunidades que él de crecer, aprender y desarrollarse, vivir y dejar vivir era una parte importante en el crecimiento de cualquier persona. Aprender que, en realidad, había límites, el derecho de uno terminaba donde empezaba el de otro, pero no podían dejar que los presionaran hasta el punto de quiebre porque era más fácil controlar adeptos que personas.

Ella pareció entender su punto de vista, eso causó que el médimago sonriese. Decidió preguntarle si tenía conocimiento de qué quería hacer en el futuro, y no pudo evitar comentarle algo que su abuelo le decía. Ese hombre lo había visto en la cima de cualquier rubro, le había dado esa confianza de poder conseguirlo todo. Por ello es que, en su proceso de ser el mejor, había estudiado cada rama de la medicina que pudo, había compaginado una carrera mágica y una nomaj también, y luego se había seguido especializando hasta ser lo que era ahora. Y aún ahora se seguía informando y continuaba aprendiendo para ser lo mejor de lo mejor. Ama lo que haces y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida, dice la gente, y él lo había descubierto de una forma inesperada.

El tema de uno de sus más grandes amores, por otro lado, le emocionó sin que pudiese hacer nada al respecto. El helado era su debilidad, un talón de Aquiles brutal para él. — Eso es cierto, realmente la comida sabe a gloria si se sabe preparar… No es mi caso, pero admiro mucho a la gente que puede cocinar bien sin quemarlo todo —se sonrió con encanto, admitiendo una flaqueza con humildad. No era perfecto, no le costaba reconocer que tenía defectos, estirándose de modo que su espina dorsal crujió junto con su cuello. No quería pensar en comida porque iba a darle hambre, una cosa que compartía con su forma animal era que siempre parecía estar a punto de morir de hambre, ¡es que amaba tanto la comida!

Laith atacó por el lado de los libros. Él no era un ávido lector, prefería, de hecho, las series, pero a la chiquilla sí que le gustaban y se le notó por la forma en que reaccionó, su mirada iluminándose con el nuevo tema de conversación. Si bien no eran del particular interés del rubio, éste nunca tenía impedimentos para hablar sobre un tema que no le interesaba con tal de entusiasmar a alguien más. Amaba cuando una persona se entusiasma tanto al punto que no lo dejan ni intervenir, esa emoción le encantaba. Cuando una persona podía hacerlo sentir pasión contagiado de la pasión propia, entonces la conversación había sido muy productiva en su opinión, fuese el tema que fuese. Esa jovencita le daba la impresión de que lo haría tener una conversación así si le daba la oportunidad.

¿Qué tal un título? —le pidió con una sonrisita socarrona, aunque la “fantasía” era un tema algo anticuado para los magos, era más dado al mundo nomaj. No le apeteció, en ese momento, comentárselo, lo haría eventualmente, se lo apuntó mentalmente. Laith era mucho más de series, así que seguramente no se habría visto muchos libros de las series o películas que miraba. — Uhm… En realidad sólo leo con motivos meramente profesionales, no soy un lector por placer… No digo que esté mal o sea aburrido, pero no soy muy bueno manteniendo el interés en un libro —le confesó, sonriéndole de forma agradable, pero le daba toda oportunidad a ella de hablarle a sus anchas.

Qué chica tan interesante, pensaba a veces el sanador. Es que no siempre se encontraba a gente así, parecía una curiosa contradicción. Algo le decía que la chica no era con él lo que era con otro tipo de amigos, lo que era normal y comprensible, aunque imaginaba que era una especie de cambio radical. De todos modos, no estaba ahí para estudiarle el comportamiento sino sólo para compartir un rato agradable con la muchacha, lo que estaban haciendo sin ningún problema.
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Invitado el Jue Ago 31, 2017 6:03 am

Solté una pequeña carcajada ante el chiste que había comentado el mayor, sobre las hormigas, y ciertamente tenía razón, pues parecía ya la décima vez aproximadamente que lo llamaba dulce o dulzura, unas cuantas más y ya lo cogería de paleta - Lo lamento, pero con tanta dulzura no creo que le deje nada a las hormigas - Acto seguido, le guiñé un ojo de forma coqueta, para luego dejar salir una gran carcajada, y posteriormente acomodar mi cabello detrás de mi oreja, para que esos molestos mechones que rodeaban mi cara no continuaran estorbando - Tranquilo, que es una broma - Por unos segundos, mi mirada se perdió, y me detuve a pensar lo extraño que era coquetear en broma, cuando muy frecuentemente lo hacía bastante en serio, y con alguien tan atractivo como Laith, era curioso que no tuviera ganas siquiera de intentarlo.

Hablar sobre la escuela no me provocaba más que aburrimiento, pues últimamente las cosas eran tan sumamente aburridas para mí, que ya la vida en el castillo no tenía sentido alguno. Pasaba más tiempo con mis libros y mis pociones que prestando atención a las clases, y aún así, se me hacía extremadamente fácil tener buenas calificaciones, y el resto de mi tiempo libre lo dedicaba únicamente a cazar carne fresca en el castillo, algún que otro chico buenorro, engatusarlo, salir con él unos cuantos días, algo de intimidad y luego solía dejarlos, o usarlos solo para cuando me encontraba aburrida, los chicos ya eran tan aburridos, todos eran exactamente iguales, y era como si fueran completamente carentes de personalidad, de pensamientos, incapaces de ser innovadores y marcar algún efecto en mí, claramente la mayoría solo servían para utilizar sus dos pares de varitas, y no para atrapar el corazón de una chica como es debido.

Mi boca parecía hacerse agua mientras que pensaba en el sinfín de dulces que quería comer, postres, deliciosas tartas, algunos pasteles especialmente preparados como los de mi madre, galletas con chispas de chocolate, flan, helados, brownies, la vida definitivamente era mucho más placentera cuando se sabía apreciar la comida, y era un don del cual no carecía para nada, pues se me daba bien tanto degustar como preparar, aunque nunca le había puesto especial cuidado a preparar comida, podía preparar platillos a la primera con bastante facilidad solo confiando en sus instintos y utilizando sus propias medidas - Entonces parece que ya me he ganado tu admiración - Le sonreí de forma amistosa posterior a este comentario, mientras que observaba fijamente al rostro del sanador, claramente se notaba que le encantaba la comida, pues al simplemente hablar de ella sus ojos parecían iluminarse, como si se encontrara en su lugar ideal - La comida es lo mejor de este mundo, en serio que sí -

Llevé mi mano hacia una de las bolsas de compras que tenía, y saqué unos cuantos caramelos que había comprado en Honeydukes, estaban completamente revueltos, algunas grageas, chocolates, mentas, bastones y demás, y comencé a comerlos poco a poco, iniciando por los chocolates, los cuales definitivamente eran mis favoritos - ¿Quieres algún caramelo? ¿Chocolate? ¿Menta? - Para mí, siempre había resultado completamente imposible salir de compras sin pasearme por la tienda de dulces a abastecerme, especialmente de chocolate, ya que en ocasiones era lo que le daba sentido a mi vida, y la razón por la cual solía pensar que era demasiado comelona, y solía acomplejarse porque los dulces la harían subir de peso, aunque por suerte nunca ocurrió.

Los libros sin duda eran mi punto más débil, amaba casi todo lo que tuviera que ver con ellos, desde los libros de crimen, fantasía, misterio y demás, hasta los libros de cocina, y que eran útiles para aprender distintas disciplinas, todos eran muy útiles para cualquier ocasión, y brindaban acceso al conocimiento de forma rápida y eficiente. Pensé durante unos cuantos segundos mi título favorito, aunque sin duda alguna no tenía uno solo, así que comenzó a nombrar - Memorias de Idhún es definitivamente uno de mis favoritos, también me gusta mucho el señor de los anillos, Tormenta de Espadas, Los juegos del hambre y En el nombre del viento - Concluí con ese último, claramente no tenía un libro favorito bastante definido, aunque estos siempre habían sido los que más me habían marcado en el género de la fantasía, los que habían capturado mi atención por un gran tiempo, si era como Los juegos del hambre, incluso me había vuelto un fanático de la trilogía, pero como no hacerlo, si los libros eran increíbles.

Entendí claramente cuando Laith comentó que no era muy bueno manteniendo la atención en un libro, a muchas personas le ocurría exactamente lo mismo, aunque sinceramente me parecía algo demasiado triste, aunque quizás pudiese ser que jamás había encontrado el libro correcto - Quizá con el libro correcto no tengas problemas para poner atención - De solo pensar la enorme cantidad de libros que le podría sugerir que leyera a mi acompañante, mis ojos volvieron a brillar, como un niño pequeño cuando recién llegaba a una enorme tienda de dulces y sabía que sus padres le ordenarían lo que quisiera, justo así.
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Laith Gauthier el Miér Sep 20, 2017 10:31 pm

Con un gesto de divertida confusión miraba a la chica que acababa ¿de coquetearle? No, seguramente estuviera jugando con él, pero incluso así le daba curiosidad que una chiquilla le coquetease así. El rubio consideró que quizá incluso ya hasta se habría dado cuenta de su sexualidad, por lo que no debía considerar coquetearle en serio. Se lo hizo saber después, así que se limitó a sonreír, la conversación era curiosa y tocaba todos los temas que se les ocurrían sin miedo a que el otro lo encontrase quizá demasiado personal. Tanto Rebecca como Laith parecían abiertos a la conversación que no parecía molestarles ningún tema en particular.

Hablando del colegio, Laith recordaba momentos muy agradables por ahí después de su tercer año. Lo había pasado bien mientras había podido, así que no tenía nada de lo que arrepentirse. Lamentablemente, su posición era muy diferente a la que tenía Hogwarts, él sólo debía evitar mencionar el contacto con nomaj, ellos incluso por ser nacidos de estos podrían estar en serios problemas. De todos modos, el tema cambió al cabo de un rato de forma agradable para ir a la comida, uno de los grandes amores del mayor. Ponía en evidencia lo mucho que la amaba y, al mismo tiempo, lo mucho que el rubio debía entrenar para evitar que su amor se convirtiese en gordura.

Vaya, ¿en serio? ¡Qué sorpresa! Y dicen que ningún pocionista es bueno cocinando, eso es mentira, soy el único que conozco que no sabe cocinar —le guiñó un ojo en un gesto divertido, todo podía y sería tomado en broma y de forma agradable mientras pudiera. Era reconfortante encontrarse con gente que amaba tanto la comida como él, luego estaban esos que tenían enfermedades alimenticias y él se preguntaba cómo vivían. Definitivamente Laith nunca podría aspirar a sufrir anorexia, bulimia o algún problema de ese tipo, amaba más la comida que su figura después de todo, aunque por lo menos nunca se debió preocupar por nada parecido. — Gracias —le sonrió.

No negó el caramelo, tomando de su bolsa un chocolate y abriéndolo para comerlo en ese momento. Y mientras comía el chocolate, se le ocurrió preguntar por los libros, por lo que sabía en el colegio no funcionaban los aparatos electrónicos así que para no morir de aburrimiento debían poder leer algo, al menos. Él nunca había sido muy bueno leyendo, aunque no podía ser perfecto así que no lo acomplejaba, tenía otras habilidades en las que no incluía la lectura. Ella, por su lado, sí que tenía una pasión por ellos así que la abordó por ese lado, preguntando por cuáles eran los que le gustaban. Había visto algunas de las películas de los libros que mencionó, así que tan mal no estaba.

Sí, supongo, aunque no lo he encontrado todavía —le dijo lo evidente, prefirió no preguntar recomendaciones porque, vamos, no iba a leerlos y en cambio se sentiría mal por la culpa de que ella tenía la esperanza de que leyese alguno. — Ya te contaré si hay alguno que me guste —le aseguró con esa sonrisa imborrable de su rostro, guardando el empaque del chocolate dentro de su bolsillo para tirarlo más tarde. Había encontrado inusualmente agradable conversar con esa chica, muy inteligente en su humilde opinión, estaba seguro que aquellas cosas que le dijo que tener éxito en lo que se propusiera podría cumplirse; vidente nunca había sido, pero sí sabía reconocer cuando alguien ponía tanto empeño a algo que tenía que conseguirlo, sí o sí.

Lamentablemente, su tiempo iba agotándose. Era momento de marcharse si no quería correr a contratiempo, por lo que le regresó el libro de ella que tenía entre sus brazos, esperaba que no se le dificultase cargarlo de regreso al colegio, y se levantó finalmente, estirándose. Al hacerlo, varias de sus vértebras crujieron. Se aseguró que en su bolsillo estuvieran sus llaves, su billetera y su teléfono móvil antes de dirigir sus ojos en dirección a la muchacha con ese agradable gesto que siempre tenía. Ah, quizá le escribiría si algún día estuviera aburrido, no le molestaría ser su amigo por correspondencia y, quién sabe, quizá se encontrasen en alguna ocasión.

Nena, me toca dejarte, es momento de que vaya a trabajar —le informó, apoyándose con su mano en la banca para inclinarse y besarle la mejilla a modo de despedida, ese tipo de besos que por educación se les da a las mujeres. — Ya hablaremos en otro momento, puedes escribirme si necesitas algo, o si sólo quieres hablar —le avisó con una sonrisa, irguiéndose y acomodarse la chaqueta. Iría a pie en la medida de lo posible, en algún momento volaría, pero no iba a aparecerse, prefería tomar más tiempo que llegar mareado y enfermizo.
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