Situación Actual
21º-14º // 5 octubre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Apolo MasbecthMejor PJ ♂
Circe MasbecthMejor PJ ♀
Alexandra B.Mejor User
Denzel S.Mejor roler
Ashanti ButtonMejor nuevo
Joshua EckhartMejor jugador
Sam & HenryMejor dúo
Eva WaldorfPremio Admin
Afiliaciones
Hermanas [2/4]
Expectro PatronumExpectro Patronum
Directorios [8/8]
Élite [36/40]
1zp6r0z.jpgSaint Michel UniversitéMagic WordsBelovedHogwartsExpectro PatronumExpectro PatronumExpectro Patronum
Redes Sociales
2añosonline

Al descorrerse el velo [Priv.]

Niara Soyinka el Jue Abr 27, 2017 11:13 am

Entre cuatro paredes, apenas alumbrada por una luz titilante que había comenzado a fallar de a ratos; entre cuatro paredes, y sin embargo, perseguida por las sombras movedizas de una magia todavía más oscura. Niara se mantenía vigilante e inquieta, imaginando susurros donde no había voces. Por la hórrida sensación de espanto que transmitía su mirada era posible adivinar que algo la acechaba. Esos ojos tan bonitos que se habían reflejado en otros llenos de ternura, e incluso deseo, apuntaban a todos lados inmersos en la ansiedad e inyectados en sangre. Niara Soyinka era un trapo agazapado contra la pared, sucio e infectado, pero vivo. Incluso cuando a esas alturas parecía imposible, la desbordaba la preocupación, porque todavía tenía un corazón que latía en aquel cuerpo desnutrido y tocado por el maltrato. Pero, ¿por qué tan asustada? El chirrido de la puerta la hizo sobresaltarse. La tonada melodiosa de un silbido familiar llegó de repente, y lo siguiente que supo fue que la llevarían a los laboratorios. De nuevo, a los laboratorios.

***

¿Te has enterado? Yo lo he oído decir, el rumor está por todos lados. Un experimento que salió mal. ¿Pero es que acaso no lo odiaba todo el mundo? En ese lugar, hacerse enemigos era tan fácil como morir fulminado. Andate con cuidado. Dicen que fue encontrado por un celador durante su guardia. ¿Cómo? Irreconocible. ¿Qué? Tonterías. Suicidio, eso es lo que fue. Lo hallaron colgando de su cinto. ¿Pero cómo estar seguros? ¿Y tú?, ¿qué es lo que sabes tú…?

¡Shhh!, ¡shhh!, ¡shhh!

Los pasillos son siempre un paso hacia algún otro lugar, la promesa de un destino, pero en sí mismos no son más que una desesperante prórroga, un aplazamiento de lo que vendrá. Lo que podías encontrar de camino a través del blanco interminable de la nueva sección de Azkaban eran rumores y malos augurios, o a lo sumo un experimento fallido que se había extraviado. Lo que no podías encontrar nunca era una salida. Todos los pasillos parecían llevar hasta allí donde el eco de la muerte se hacía más fuerte, pero nada más. Para algunos, podía ser una atmósfera opresiva. Incluso algunos celadores se sentían nerviosos al recorrer aquella zona, casi exclusiva de los extirpadores. Ni siquiera la luminosa extensión de los corredores podía ocultar el inamovible peso de un mal presentimiento.

—¿Me escuchas? ¡Ey!—
¡PLAF! Le dio en la cara, de lleno en la mejilla. Niara ni siquiera se indignó por el manotazo, como si tuviera la sensibilidad de una muñeca a la que puedes girarle la cabeza y luego volverla a acomodar sin esperar ninguna queja por su parte. El celador mostró los dientes en un gesto desdeñoso; la miraba con asco, pero lo que dijo a continuación lo agregó por lo bajo—: Tú me enfermas tanto como este lugar—Y seguidamente, al tiempo que la instaba por la fuerza, bramó—: ¡Muévete!

Ella se dejó arrastrar luego de que su instinto la hiciera detenerse y creer por un momento que había algo a sus espaldas, a pesar de que allí no eran más que ellos dos, únicamente acompañados por el eco de sus pasos a lo largo del blanco corredor. Niara llevaba las manos tendidas hacia adelante y atadas por las muñecas; se mostraba insensible, pero alerta; y su pecho subía y bajaba como si en cualquier momento fuera a echar a correr, pero no había hacia dónde huir. Finalmente, sus cinco sentidos reconocieron el entorno familiar que era nicho de horrores, y cuando el celador cerró la puerta detrás de ella esperó a oír la voz del extirpador que la había torturado a pesar de las súplicas, pero por alguna razón, él no estaba allí y el celador permaneció a su lado cual centinela. Sin embargo, sí se oyó una voz, mecánica y fría y femenina:

—A todos los guardias que estén de camino al Ala Oeste, una criatura ha sido vista…

—¿¡Qué!?—
No llegaron a oír el comunicado porque fue tapado por el alboroto proveniente de fuera—¡Maldición!— A Niara le tenía sin cuidado, porque lo que ella más temía en ese momento era a los hombres. Por su cuenta, el celador salió corriendo por pura inercia, olvidándose de ella. Aparentemente, algo estaba intentando ser contenido en los corredores.

Clavada en su sitio y de pie, Niara tardó en darse cuenta de que la habían dejado completamente sola y a su suerte. Un leve tic nervioso en su cuello la hacía repasar una y otra vez los objetos y detalles a su alrededor. Había en ella el pulso trémulo de un ave que aleteaba atrapada en un arbusto de espinas. Le bastó, sin embargo, centrar su atención en los artilugios dispersos para hallar entre ellos el brillo punzante de un abrecartas. Lo que realmente capturó su interés fue la varita que estaba justo al lado. Conveniente, oportuna, dispuesta allí para que Niara la tomara, y algo que hizo sin dudarlo.

—¡Relashio!

Sí, libre de las ataduras. ¿Y por qué…?, ¿ese picor en sus dedos? ¿Era la varita de McKinn?, ¿lo era? Le tembló el labio inferior al tiempo que se vio afectada por una rápida y punzante sensación de aturdimiento. Por un segundo, y a modo de flash, pudo ver una sombra pasar frente a sus ojos, una sombra familiar que la visitaba en sus pesadillas, ¿pero cómo estar segura? Casi se sintió tentada a soltar la varita. Duró un segundo, pero al momento siguiente respiraba con la agitación de alguien que ha vuelto de casi morir ahogado.


Última edición por Niara Soyinka el Dom Abr 30, 2017 1:18 am, editado 1 vez
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Preso Area-M
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 1.100
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 93
Puntos : 70
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/

Silvanus D. Gates el Sáb Abr 29, 2017 1:58 am

El extirpador McKinn había sido asesinado; o quizás se había suicidado. Una auténtica pena... o no. Ya no estaba entre los vivos y al menos para Silas su pérdida había sido incluso más nimia que la de perder a un sujeto de experimentación. Sí, era bien cierto que eran compañeros, compartían teorías y trabajaban juntos, pero el extirpador definía muy bien lo que era una relación laboral de algo más personal y nunca había sido un hombre demasiado empático o unido a los demás. Lo único que verdaderamente le daba pena de la muerte de McKinn es que el experimento que estaba llevando a cabo, ahora quedaría inconcluso. Trabajaba en una idea demasiado ambiciosa que recaía totalmente en la magia más oscura que al menos Gates había tocado. Jugar con la vida y con la muerte era algo que, hasta el momento, ni se había planteado el extirpador. Quizás, por ese motivo, se vio tan tentado de continuar con el experimento de McKinn para al menos saber hasta dónde habían llegado sus progresos.

No nos engañemos... McKinn era un hombre bastante egoísta y suficientemente ambicioso como para querer la fama para sí solo, por lo que en realidad Silas tenía bastante poca información sobre el experimento que estaba llevando a cabo. Era consciente de la idea principal; de aquello que esperaba conseguir a largo plazo. ¿Pero y a corto plazo? ¿Cómo lo estaba enfocando? ¿Qué había conseguido por el momento? ¿Qué consecuencias habían en el sujeto? ¿Iba por buen camino o por el contrario había sido una absoluta decepción?

No iba a dejar de lado sus propios intereses, pero tenía curiosidad. Y cuando Silas tiene curiosidad, necesitaba saciarla.

Se hizo con los informes de McKinn, así como con su caso. Sus ratas de laboratorio pasaron a pertenecerle a él y ahora todo lo que él en su momento lideraba, le pertenecía a Silas. Se deshizo de aquello que no le interesaba, quedándose con aquello que el difunto extirpador guardaba con tanto ahínco y a lo que le ponía tanto empeño: Niara Soyinka. Sí, a simple vista era solo un preso. No era más que una mujer en la que basar unas teorías y en las que ver ciertos efectos... pero era la mujer que había conseguido que McKinn se obsesionase con aquel experimento. Quizás era cosa de él, o quizás era cosa de ella. Quizás no era cosa de ninguno y, como era de esperar, era la magia negra que utilizaba lo que le había vuelto un obsesivo que rozaba la locura.

Quizás, simplemente, solo se habían vuelto locos ambos por jugar con la vida y con la muerte. Desde siempre Silas pensó que tenía potestad para arrebatar una vida, pero que no la tenía como para intentar devolverla al mundo de los vivos.

Por eso mismo, ese día había hablado con los celadores para que le trajeran a la preso Niara Soyinka a los laboratorios, pues tenía intención de descubrir todo aquel vacío que no comprendía. Al escuchar la puerta del laboratorio salió del despacho interior para recibir a su sujeto de pruebas, pero no tuvo ocasión de hablar con el celador pues éste salió corriendo al escuchar el aviso que sonaba por megafonía. La chica no tuvo ocasión de ver a Silas, sino que su instinto de supervivencia le hizo volcar toda su atención en la varita de McKinn —la cual reposaba sobre la mesa— para liberarse de las ataduras que le impedían ser libre. El extirpador sonrió, divertido por las ilusas esperanzas de la chica. Un confundus salió de la varita del hombre contra la chica y eso fue el motivo de que no fuese capaz de evitar que un expelliarmus la desarmase con evidente facilidad. Para cuando volvió de sí, ya no tenía varita.

Se escuchó como se cerraba la puerta mágicamente y se pudo ver como las luces se encendían rápidamente con una luz blanca que no iluminaba en exceso. Por último movió la varita con una ligera floritura, para que el rostro de Niara mirase directamente a los ojos del extirpador. No la volvió a atar; le gustaba ver cómo actuaban ante la libertad que creían haber conseguido por méritos propios.

Siéntate en tu sitio.

El sitio de los experimentos, al menos dentro del laboratorio, era la camilla. Por lo menos Silas tenía enseñado a los suyos lo que debían de hacer para ahorrarse el recordatorio de las lecciones. Acortó las distancias con al chica y se mantuvo de pie delante de ella.

Tú y yo vamos a tener una charla, Niara. ¿Sabes quién soy?
avatar
Imagen Personalizada : ¿Tortura a hijos de muggles para sus experimentos?
RP : 10
PB : Daniel Brühl
Edad del pj : 38
Ocupación : Extirpador
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 6.400
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 92
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4140-silvanus-d-gates#66257 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4145-relaciones-de-silas-d-gates#66268 http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/

Niara Soyinka el Dom Abr 30, 2017 12:55 am

Lo miró y no supo qué decir. Niara no se lo había esperado, y ni siquiera cuando la distancia entre ellos fue haciéndose cada vez más algo íntimo, ni siquiera entonces cuando quedaron a un palmo, no, no pudo, no pudo adivinar qué decir. Y quizá no hiciera falta, no si ella seguía sonriendo de esa forma, como una muchachita colorada y contenta. “Tú y yo vamos a tener una charla, Niara”, eso es lo que había dicho. Él era una caja de sorpresas, ¡tan impredecible! Ella creyó que hablarían del viaje a las catacumbas al que se fue sin avisarle, pero no. En cambio, le propuso toda una vida a su lado. Estaba loco, ¡era un loco! Y ella debía haberse contagiado un poco de él, sólo un poquito, porque al final, al final le dijo que sí. Y de eso, hace mucho tiempo. El “ahora” tenía otro escenario, que no era el sol de África ni los brazos del amor. Y si por un momento Niara pensó que tenía algún sentido liberarse de su realidad actual como prisionera, aquel nuevo rostro que tenía enfrente apareció para acallar tales ambiciones. La situación la tomó por sorpresa, y aunque fue difícil recuperar el ritmo normal de la respiración luego de lo que fue un shock de adrenalina, se normalizó al tiempo que salía de la confusión y medía al hombre que tenía delante con una mirada muy centrada, atenta a la amenaza que podría suponer. Sin varita, él no tenía nada que temer. O eso era lo que sus victimarios querían hacerles creer, que eran débiles, que no había manera en la que ellos podrían resistirse, ¿y era así?, ¿lo era?

—Sé las cosas que has hecho para estar aquí—
Una breve pausa, seguida por una mirada. Niara no estaba siendo especialmente valiente, pero había una auténtica nota de hastío en su expresión, hundida por el maltrato y la humillación. Porque el hábito de contemplar la crueldad a la cara puede volverse tanto en contra del propio espíritu como contra el verdugo. En el caso de Niara, sus pupilas irradiaban una chispa vibrante por momentos. ¿Locura, voluntad, miedo?—Y si eres alguien—agregó, sentenciosa y con la voz lastimada. Hablaba entrecortadamente, con los ojos tristes y expresivos—eres alguien que ha sido insignificante toda su vida, alguien que se presta a las cosas que hacen aquí dentro—Niara retrocedió, con los puños apretados, visiblemente incómoda, quizá por un instinto huidizo de supervivencia. Intentaba alzar la perilla como alguien con determinación, pero los nervios la recorrían por debajo de la piel y se evidenciaban por lo inquieta que se mostraba, como asaltada por escalofríos. Lo que dijo a continuación, lo dijo sin dudar, aunque resaltara cuál era realmente su posición allí dentro—Ayúdame. Si alguna vez te ha importado algo lo suficiente como para verdaderamente preocuparte por ello, ayúdame por favor.

En ningún momento Niara había dejado de pedir ayuda, ni cuando las burlas de los celadores se hicieron tan ruidosas como para tapar sus súplicas. Incluso si la única respuesta era el asco, la provocación y la tortura, ella seguía pidiendo por ayuda. Había entendido que hombres como McKinn carecían de bondad, y aun así lo intentaba, porque era su manera de luchar. Y en cuanto a lucha, todos tenían su forma de escalar en la vida. Algunos, por ejemplo, elegían ser aduladores y serviles, en otras palabras, que eran un puñado de patética escoria que intentaban aparentar ser más de lo que realmente eran hasta el punto del ridículo. Ese era el caso de Broderick, el celador que entró llevándose la puerta por delante, prácticamente arrojándose a trompicones dentro del laboratorio. Su repentina aparición fue un tanto exagerada, y era difícil saber lo que estaba buscando. Además, era tan feo, tan maloliente, tan repelente, que era imposible pensar que alguien querría encontrárselo. Para colmo de males, resultó que su expedición por los corredores acabó con él salpicado por lo que parecía vómito, puesto que llevaba encima una sustancia viscosa, una mezcla de sangre y fluidos.

—Señor…yo…señor…—El hombre quedó un tanto azorado, y aparentemente confuso por la escena que tenía delante—Ejem, ejem… Lamento esto señor, notará que la reclusa es una insolente… ¡Estos sucios muggles!, ¡necesitan que les impartan modales!  Si quiere señor, yo la pongo en su lugar. Ya nos conocemos, esta perra y yo—Intentó reír, como quien está entre amigos. Pero no pudo fingir tanta naturalidad y se interrumpió bruscamente. Evidentemente, no tenía idea de situación, o de que sus servicios no eran ya requeridos, porque intentó envolverse de un velo de importancia, como si trajera noticias valiosísimas que deseaba compartir, y claro está, con la mayor de las condescendencias—Por supuesto que yo no quiero molestarlo, señor… No es eso… Importunarle sería lo último que quisiera hacer… Pero creo que querrá usted saber que he encontrado algo que podría interesarle…—Hizo una pequeña pausa, para conferirle cierto grado de misterio a lo que iba a decir. Tenía la ávida mirada de un oportunista. Intentó, además, limpiarse la cara con un pañuelo mugriento entre que se disponía a hablar, aunque su aspecto no mejoró— Verá, he encontrado esto entre las ropas del pobre hombre, el señor McKinn, ¡una pérdida tan lamentable, señor! ¡Qué sería de nosotros los magos sin hombres valientes como ustedes!, que se sacrifican por… ¿la ciencia?... y… porque sé que lo que hacen es importante…y… yo lo respeto mucho señor, y bueno… Pensé que esto le serviría, y usted sabe que puede pedirme lo que sea, que yo estoy a su entera disposición, señor. Tome, es esto—finalizó, tendiéndole todo esperanzado (por una recompensa, claro está) un… ¿relicario? No parecía algo que McKinn llevaría puesto en vida, ¿qué importancia podía tener? Pero Niara sí lo reconoció, y el miedo se reflejó en sus ojos a pesar de que ella no dijera nada. Broderick, siempre en la suya, continuó, muy satisfecho consigo mismo—: Vi a otro guardia, ¡ese despreciable Hunter!, queriendo deslizar esto en sus bolsillos, pero yo se lo impedí porque sabía que usted quería poseer todo lo que le perteneciera al señor McKinn, ¡todo! Y se lo dejé muy claro a esa rata ladrona, ¡ya lo creo que sí! Verá, señor, no todos los guardias somos lo mismo, ¡por supuesto que no! Están los que tienen integridad y los que no. ¡Y pensar que esa rata era el asistente personal del buen señor McKinn! ¡Y los aires que se daba por ese privilegio! Lo habrá engañado, ¡estoy seguro! El pobre señor McKinn confió sus experimentos a una rata así, ¡un convenido delincuente! Yo no quiero arrojar culpas, pero… la muerte del señor McKinn ha sido tan extraña, ¿no lo cree señor? Y por otro lado, esta ese Hunter que sería muy capaz de hacer las cosas más terribles, ¡cosas terribles!, ¡ya lo creo!...

El bueno de Broderick sí que se iba de bocazas. Diríase que se había tragado un laxante poderosísimo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Preso Area-M
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 1.100
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 93
Puntos : 70
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/

Silvanus D. Gates el Jue Mayo 04, 2017 2:27 am

Las respuestas que esperaba de un sujeto como ella se reducían a las típicas convencionales: respuestas cargadas de respeto u odio, que enfocaban toda su intención o bien en portarse bien para tener la ilusa creencia de salir de allí, o bien que volcaban todo su odio en él porque son conscientes de que ya su vida acabará entre aquellas paredes tarde o temprano. Lo único que distaba entre unos y otros era el umbral de dolor. Todos sabían que si el trato no era el adecuado, sufrirían más. Y nadie quiere morir entre terribles sufrimientos.

Pero no fue el caso de Niara. Ella no le otorgó una respuesta convencional, de esas que de alguna manera u otra, podía esperarse el extirpador. Daba la sensación de que la chica sabía cosas de él que era imposible que pudiera saber, más todavía el hecho de presentar aquella nerviosa manera de expresarse. Normalmente aquellos que decidían presentar un actitud hostil hacia el extirpador lo hacían con más presencia y seguridad. Ella parecía temerosa, como si no estuviese segura de lo que decía.

No hay que ser muy inteligente como para suponer lo que tiene que hacer un extirpador en su vida para llegar a trabajar aquí.

Respondió de manera concisa y tajante, dando por hecho de que no sabía nada cien por cien seguro, solo especulaciones que cualquier persona un poco inteligente pudiese adivinar. Luego esbozó una sonrisa de lo más irónica ante su última frase. ¿Al final no era más que un teatro para dar misterio y pena y ver si Silas era más benevolente que McKinn para ayudarla? No iba a tener tanta suerte.

Solo me preocupo por mí y por la evolución de la raza mágica. Ahora mismo tú eres un sujeto que nos ayudará a descubrir si una idea es válida o no para la evolución, por lo que tú eres la que nos está ayudando a los demás. Yo te ayudo a que lo consigas.

Era retorcido buscar la manera de hacer que aquel trabajo resultase como algo bonito, pero El Profeta y el nuevo gobierno habían conseguido que la aspiración de los extirpadores se viese como algo bueno y no como lo cuestionable que era.

No quiso dar más hincapié en las palabras que la chica había dicho, las cuales probablemente ocultaban más de lo que aparentaba. No obstante, en aquel momento Silas solo veía a una chica que intentaba salir de allí, utilizando cualquier método para ello. No pudo ni siquiera comenzar con la investigación que tenía en mente, ya que de repente un guardia del Área-M hizo aparición en el laboratorio de una manera no solo impropia sino también desagradable. El extirpador lo miró con desdén ante su aspecto y el olor que desprendía, sobre todo cuando se acercó a darle un relicario que al parecer pertenecía a McKinn. Mientras el celador continuaba con su verborrea, Silas observó con detenimiento aquel relicario que en realidad no le transmitía nada. Cuando hubo terminado de observar, alzó la mirada hacia los ojos del tipo y éste calló de inmediato.

Broderick, me molestas.

Fue tan claro y lo dijo con tanta pasividad que el mismo guardia se puso firme y adoptó una pose nerviosa. No se movió, eso sí. Silas solía poseer una actitud bastante autoritaria y dado todo lo que había dicho, él sabía que no había terminado de hablar.

La muggle Niara Soyinka está en buenas manos, al menos por el momento. Tú limítate a hablar y a hacer tu trabajo cuando se te pida y ni se te ocurra volver a irrumpir en mi laboratorio de esa manera tan descuidada. Te agradezco que me hayas traído esto, pero si quieres acusar a Hunter de la muerte de McKinn deberías hacerlo frente a alguien a quién le importe, ya que yo no voy a tomar cartas en el asunto. Ahora sal de mi laboratorio y vete a lavarte porque tienes un hedor tan desagradable como la carroña que tenemos en las celdas. ¿Entendido?

Sí, señor... —Sonó triste y se dio la vuelta—. Llámeme si me necesita, estaré disponible.

Salió fuera del laboratorio y cerró la puerta. Silas agradecía la insistencia en intentar lamerle el culo, pero era molesto cuando estaba trabajando y en realidad no le importaba nada lo que le estaba diciendo. Si verdaderamente intentaba que él se fijase en él como ayudante, debía de dejar de ser tan lameculos y comenzar a ser más útil. Así pues, volvió otra vez a donde estaba Niara, metiéndose el relicario dentro del bolsillo de la bata médica que poseía.

Como habrás escuchado, McKinn ha muerto, por lo que ahora mismo has pasado a ser mía. Continuaré con su experimento, siempre y cuando considere que es útil y tiene futuro, si no es así, dejarías de hacernos falta y no creo que tenga que especificar lo que pasaría contigo. —Hizo una pausa—. Quiero saber qué es lo que ha hecho McKinn contigo, o más bien, qué es lo que crees que ha hecho.

Si ella no sabía explicarse daba igual. Por algo se había especializado en una habilidad que le ayudaría a conocer a sus pacientes más que de ninguna otra manera. No obstante, lo que a él le interesaba ahora mismo era ver la reacción de Niara ante todo lo que McKinn le había hecho y si era consciente del por qué.
avatar
Imagen Personalizada : ¿Tortura a hijos de muggles para sus experimentos?
RP : 10
PB : Daniel Brühl
Edad del pj : 38
Ocupación : Extirpador
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 6.400
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 92
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4140-silvanus-d-gates#66257 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4145-relaciones-de-silas-d-gates#66268 http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/

Niara Soyinka el Dom Mayo 07, 2017 8:43 am

Niara enarcó una ceja, lo que en el mutismo de la situación—especialmente, luego de la alborotada entrada del bueno de Broderick, quien solía conseguir que el silencio se apreciara más en su ausencia—, destacó como una ruidosa, estrepitosa, manifestación de incredulidad. Al instante siguiente, su boca se ensanchó en una sonrisa, sus ojos dejaron escapar lágrimas furtivas, apretó los labios. Se dio un momento para mirar el techo—una forma de ponerle freno a las emociones de frustración e ira— en tanto que la sonrisa en sus labios se resistía a morir. No tenía verdaderos ánimos de alegría o ganas de compadecerse a sí misma. Todo lo irónico e insultante de la situación le resultaba insoportable y risible hasta lo indecible.

—Para ayudarme, ¿necesitas un poco de ayuda?—Volcó hacia su nuevo… ¿atento samaritano de bata blanca?... una mirada consumida por las horas de fiebre, pero lúcida. Lo único que la mantenía en pie por momentos era su creciente enojo. Allí, en aquel laboratorio del horror, estaba ella, Niara, ofrecida como carne de rapiña, despojada de dignidad o cualquier signo que la hiciera pasar por persona: o eran sus ropas como trapos sucios, o su rostro demacrado, o la mugre y el sudor de la ansiedad en su piel, o las cicatrices de mordidas en sus brazos, o los ojos inyectados en sangre y tormento, pero nada, nada en ella valía como para que la miraran como una persona. Era tratada incluso peor que las bestias y en sí misma era una muestra descarnada y cruel de la vida en el encierro. Pero, aparentemente, sí tenía valor como experimento, o bien podría tenerlo—Él me torturaba. En esa camilla—indicó, señalando aquella con el gesto de su brazo. A pesar de lo lastimada que se oía su voz, toda ella vibraba. Algo había cambiado en su postura, ahora beligerante, y sus facciones eran una expresión intensa de asco, indignación, enfado. Todavía lagrimeaba por las cuencas de sus ojos, pero se quitaba esas lágrimas como si no fueran más que una molestia cada vez que se llevaba la mano a la cara—… Él me violaba con magia negra… Me profanaba…—Al tiempo que hablaba se tocaba el pecho con los puños cerrados, apuntándose a sí misma en una sentida forma de expresar que ella era una persona y no un objeto; también, apretaba sus labios cada vez que reprimía la rabia que venía acompañada con los recuerdos de dolor y tristeza— Cada vez que recitaba su conjuro. Cada vez… A él le interesaban los resultados, decía. Como tú, él sólo me veía como una “cosa” que podía diseccionar a su antojo por esa egoísta obsesión con su propio dolor… ¿¡Qué está mal con ustedes!? ¡Eso es una magia prohibida!, ¡algo que no pueden controlar!—acusó, con toda su voz, con todo su cuerpo, en tanto que el corazón la latía violentamente— ¡Yo sé bien lo que él quería hacer conmigo! Lo supe cuando empezó a hablarme como si fuera—su labio tembló, y se interrumpió por un breve instante—...como si fuera ella. La mujer del relicario—aclaró, no sin cierto temor que no escaba a la vista. Y agregó con profundo conocimiento y un acento volátil que iba de la gravedad al escándalo—: En África le llaman “Kishi” al brujo que juega con la muerte y se deja engañar confundiendo por dicha lo que le supondrá sólo desgracias; al brujo que cae seducido por una magia que creará al engendro que terminará devorándolo… Muchos, cuando pierden a los que aman, caen en la tentación de ser “Kishi”, pero ninguno escapa de ser devorado por su propia espantosa creación. Es una magia antinatural. Es peligrosa. Tan poderosa que se alimenta de la oscuridad que vive dentro de uno. ¡Nadie debería practicar una magia así! ¿Dices que McKinn está muerto?, ¿y cómo murió?, ¿lo mataron?, ¿no te preocupa saber si lo que lo mató fue siquiera humano?, ¿o fue uno de los tuyos? ¡Cobardes ignorantes! Les importa el éxito, la fama, los favores, ¡no les importaría matarse entre ustedes por algo de eso! ¡Pero están jugando con las vidas de las personas!

Era el cuerpecillo de Niara algo tan pequeño, delicado, famélico, que quizá fuera por la intensidad de sus emociones, o por el esfuerzo físico que le supuso hablar al tiempo que se manifestaba excitada y algo vehemente, que de un momento a otro se vio sacudida por un ataque de tos, y se vio obligada a encorvarse como si se empequeñeciera de repente y a buscar sostén en la mesa que tenía cerca, derribando un que otro bártulo que cayó con estrépito al suelo. Así reducida, y en un presumible estado deplorable de salud, no parecía muy amenazante, por mucho que se pusiera a ladrar.

avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Preso Area-M
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 1.100
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 93
Puntos : 70
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/

Silvanus D. Gates el Jue Mayo 11, 2017 1:36 am

El extirpador esbozó una cínica sonrisa a la pregunta de la chica, asumiendo que era retórica, pues no pensaba contestar a eso. Él había usado una manera ideal de describir la situación en la que Niara vivía continuamente, aquella que se le dice a la gente de fuera, pero los sujetos que están allí dentro viviendo cómo actúan y trabajan los extirpadores saben perfectamente que su trabajo no es cien por cien honesto y que allí abajo, en aquella región de Azkaban, lo que más abundaba era una crueldad que se justificaba en la ciencia. Al menos mucho conseguían resultados, pero al fin y al cabo lo verdaderamente amoral de todo aquello era el uso de personas humanas como sujetos de pruebas. Aunque por lo que se ve, a la gran mayoría no les importa, pues aquello sigue a flote, cada vez con más resultados. A nadie le importa que sufran personas que no merecen vivir, así como a nadie le importa que sufran animales en laboratorios.  

Atendió a las palabras de la joven, la cual hablaba con una expresividad que pocas veces había visto. Se sentía llena de rabia y odio, cargada de tristeza. No había que ser un analista para fijarse en eso, en como sus puños se apretaban con fuerzas y su rostro luchaba por ocultar cada una de las emociones que le estallaban en su interior. Silas, mientras tanto, se mostraba visiblemente impasible, con un rostro serio y la mirada fija en la chica, hasta que se sorprendió por una información desconocida, a lo que abrió los ojos más de lo normal.

¿Ella? ¿Sabes a quién le pertenece esto?

Preguntó, sacando el relicario del interior del bolsillo de su bata.

Silas nunca se había considerado una persona de inteligencia infinita ni mucho menos una persona sabia. Era alguien bastante experto en su rama principal de medicina, además de que como extirpador e inventor de hechizos había triunfado, no obstante, habían miles de cosas que escapaban de su conocimiento e ignoraba, como lo era por ejemplo la historia del Kishi. Era la primera vez que escuchaba algo así. ¿Lo curioso? Que a pesar de que venía de labios de una chica a la que no tenía en nada de alta estima y de la que no creería ni una sola palabra, sonaron tan convincentes que no dejó de prestar atención. Pudo prestar atención hasta que su efusividad un tanto agresiva se convirtió en un ataque de tos que prácticamente la dejó indefensa y más cerca del suelo que de un punto de apoyo.

Puso los ojos ligeramente en blanco por aquella molesta debilidad y la cogió como si fuese una muñeca por el brazo, arrastrándola hasta la camilla para sentarla sobre ella, con una intención bastante despreocupada ante la debilidad de la chica. Apenas le costó esfuerzo, ya que ella estaba verdaderamente delgada y él acostumbraba a esfuerzos mayores. Una vez sentada, Silas sacó su varita con la mano derecha y mostró con la derecha el relicario, justo delante de la chica. No la apuntó con la varita, sino que la mantuvo baja al lado de su pierna.

Aquí solo estamos jugando con la vida de una persona, la tuya. Y todo por ver si jugar con la vida y la muerte es posible tal y como muchos magos oscuros afirman. Y yo, personalmente, creo que merece la pena el riesgo. Lo siento por la parte que te toca.

Sonó irónico con su manera de dejarle claro que, tarde o temprano, aquello daría un resultado y, fuese cual fuese, ella terminaría verdaderamente mal. Lo peor que podía pasarle era sobrevivir y quedarse tan tocada de la cabeza que al final viviese en un infierno de locura. Más le valía morir para ahorrarse el sufrimiento.

A McKinn posiblemente lo mataron, era un cabrón hijo de puta y a nadie le caía bien excepto a mí, porque soy otro cabrón hijo de puta. A la única persona a la que una magia tan negra podría hacerle daño hasta enloquecer es a ti, pues ahora mismo estás podrida por dentro. Y como eso siga así, vas a terminar consumiendo. Que no se te olvide que aquí el experimento eres tú.

Silas ignoraba completamente el motivo real de la muerte de McKinn, pero apostaba que había sido un asesinato en toda regla, incluso por un aliado. ¿Tomar parte en el asunto? De nada servía. La muerte de McKinn no supone una gran pérdida ni para la ciencia, ni para la Causa Mortífaga, ni incluso para su familia. Era triste por la parte que le tocaba, pero su muerte no significó nada. Lo único que cambió es que ahora Silas llevaba su trabajo. Pero dudaba muchísimo que la magia negra utilizada tuviera algo que ver. ¿Quizás se había suicidado? Podría pecar de tanta cobardía, pero no de tanta gilipollez, por lo que Silas en primera instancia lo descartaba.

Ahora vas a fijarte en el relicario y contestar mis preguntas, ¿está claro? ¿McKinn cómo comenzó a hablarte? ¿Cómo si fueses quién? ¿A quién pertenecía este relicario?

Podría simplemente utilizar la legeremancia para leer la mente de Niara y descubrir lo que quisiese, pero ahora mismo quería conocer al sujeto y todo aquello que conocía. En última instancia tenía esa posibilidad si ella no cooperaba ni a las malas.
avatar
Imagen Personalizada : ¿Tortura a hijos de muggles para sus experimentos?
RP : 10
PB : Daniel Brühl
Edad del pj : 38
Ocupación : Extirpador
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 6.400
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 92
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4140-silvanus-d-gates#66257 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4145-relaciones-de-silas-d-gates#66268 http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/

Niara Soyinka el Dom Mayo 14, 2017 9:10 pm

—Eres patético.

El cielo se desmoronaba en gotas de lluvia del otro lado de la ventana. Era una noche tronante y oscura, que encubría lo que sucedía en las calles: la encarnizada persecución por la causa Mortífaga, en pos de purgar la comunidad mágica bajo los designios de el-que-no-debe-ser-nombrado. No serían más que un puñado de fugitivos con una mala estrella como guía. Se había vuelto común en esos días negros tener problemas con “las ratas” que infestaban cada pequeño escondrijo como una plaga.

Sarah, Sadie, Sally, la princesa de los McKinn, se entretenía infligiendo quemaduras en la piel de su amante con la varita, y si es que éste no se quejaba—o porque lo hacía—, rascaba la quemadura con sus uñas pintadas como una novia juguetona. No era muy diferente con sus víctimas, a quienes también les mostraba ese encantador lado lúdico de ella, que sólo podía llevarlos a la asfixiante degradación de la psique o la muerte. Eres patético, susurraba ella en su oído. En torno a ellos, las paredes empapeladas de un cuarto de hotel los encerraban dentro de lo que era una atmósfera cargada de ostentación—que era como a ella le gustaba vivir, engalanada con el dinero de la familia; porque ella era “la princesita Sarah”, por mucho que tuviera los modales de una manipuladora con muy mala reputación—y corroída por los signos supurantes de la decadencia física y moral: jeringas, cajones revueltos y frascos del mercado negro, manchas de humedad en las esquinas y un incienso narcótico que cubría un olor rancio. Era en aquel antro presuntuoso que Sarah ofertaba su mercancía a extraños que acudían desesperados, sujetos por su adicción. Pálida y delgada, ella también ofrecía un aspecto consumido como el de sus compradores, y ni la iluminación anaranjada del cuarto podía disimular su rostro de novia sepultada en vida. Sin embargo, dicen que no hay belleza más destructora que la que adquieren los vivos durante los estertores de la muerte.

—No me sirves si vas a quejarte por ser tan inútil, ¿sabes?—insistía su voz femenina, siempre en son de burla. Era en verdad un encanto, incluso cuando lo único que quería era utilizarte. En ese momento, un haz de luz verde parpadeó a través de la ventana. Ella se acercó con los pies descalzos para ver a través de la densa capa de lluvia, que lo hacía todo borroso. A la altura del piso, un hombre había sido atado al calefactor que se articulaba con la pared, y permanecía despatarrado en un estado lamentable. La mitad de su cara había sido desfigurada por una quemadura—Todos los problemas de carácter se llevan en la sangre—sentenció ella, tan risueña y divertida. Tenía la habilidad de decir las cosas más mordaces con un acento de miel, sal y veneno—Como este sangre sucia. Ahora mismo me resulta que eres igual de patético, mi amor.  

Esa noche habían aporreado la puerta, la habían hecho volar con un hechizo, y lo que es más, nada resultó ser fuera de lo típico cuando estabas en compañía de Sarah. Las cosas se ponían violentas cuando se trataba de ella. Y lo disfrutaba, eso era seguro. Hacía que las personas y las situaciones se enturbiaran alrededor de ella. Nada bueno podía salir de esa mujer. Era una sádica y una manipuladora, una de esas criaturas que viven en el abismo más corrosivo y que te arrastran consigo. Pero también era “la princesita McKinn” y era muy amada por su hermano, su alma gemela, tanto como para que él negara su muerte y se volviera loco en el proceso.

—Ahora vas a fijarte en el relicario y contestar mis preguntas, ¿está claro? ¿McKinn cómo comenzó a hablarte? ¿Cómo si fueses quién? ¿A quién pertenecía este relicario?

—Ella—repitió Niara, a manera de respuesta. Daba la impresión de que hablaba de una entidad muy real, muy presente en su imaginación cada vez que soltaba la palabra “ella”—, la mujer del relicario. McKinn siempre miraba su foto en el relicario. Y en su fantasía, yo era su hermana. Así de patéticos son ustedes. Muerta, ella está muerta, pero él quería creer que no era así. Y puso sus manos sobre una magia que no entendía. Tú tampoco la entenderás. ¿Dices que eres como él?—Ella lo observaba desde la diferencia de alturas, todavía desbordante de indignación y en un lamentable estado de debilitamiento. Apoyaba ambas manos sobre la mesa, que usaba como soporte—Pues eres igual de patético.

Entonces, tan inesperadamente pronto, un hilillo de sangre saltó de su boca, deslizándose por las comisuras. Los ojos de Niara se tornaron blancos y perdió el equilibro; se llevó las manos a la cabeza como si esta fuera a explotar y contrajo su expresión presa de un dolor agudo y lacerante. Perdió toda noción de rededor en tanto que en su cabeza se sucedían imágenes que no comprendía, pero que la aterraban desde lo más íntimo y profundo de su ser. Como si se tratara de una serie de fotografías que se superponían a una velocidad imposible, una escena que era completamente ajena a ella cobró forma en su mente: hombres que irrumpían en una habitación, una discusión intensa, maleficios cruzados, y ella, gozosa por encima de los cadáveres, riendo y disfrutando su poder sobre la vida y la muerte. Los rostros y la violencia, el frenesí y los cuerpos, todo se entrecruzaba y era imposibles de distinguir qué sucedía, y entre todo ello, él… Niara, en medio de toda esa convulsión fue sacudida por la risa, una risa hueca y estridente, impropia de ella. De hecho, no parecía ella misma.

—¡Patético!, ¡eres tan patético!, ¡lo llevas en la sangre!—Entre gritos y carcajadas, la reclusa no parecía poder hilar un discurso coherente. A pesar de ello, se la apreciaba espantada y huidiza—¡Aléjate!, ¡tú, aléjate!, ¡deshaz lo que han hecho conmigo!

Otro caso de más de locura en Azkaban. ¿Quién podía culparla? Era una reclusa que había perdido el juicio. Tendría excesos de locura intercalados con momentos de relativa calma, como una muñeca rota. No era extraño cruzarse con reclusos que parecían hacer conexiones racionales al principio, para después acabar delatándose con un par de tornillos menos. En el caso de Niara Soyinka, parecía que iba a comenzar a saltar por todo el laboratorio si le daban la oportunidad.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Preso Area-M
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 1.100
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 93
Puntos : 70
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/

Silvanus D. Gates el Jue Mayo 25, 2017 1:26 am

Sadie. Le llegó ese nombre a su mente como si se tratase de un efímero recuerdo que creyó olvidado. Claro que conocía a la pequeña de los McKinn y claro que se había preocupado de que su compañero jamás le relacionase con aquella influencia que su hermana tuvo hace años. Aunque muchos discreparían si dijesen que Silas era la mala influencia de la chica. Ella, en realidad, con su actitud manipuladora y tóxica era quién más hacía mal al otro en aquella turbia relación que mantenían, lo cual era increíble teniendo en cuenta la actitud y la crueldad que poseía Silas actualmente, mas con Sadie nunca fue así.

El extirpador siempre supo que su compañero intentaba jugar con la vida y con la muerte, pero jamás supo que lo intentaba con su propia hermana. ¿No era consciente de las atrocidades que podría conseguir? ¿De verdad quería mancillar el recuerdo de su propia hermana de esa manera? Muchos pensarían que era un acto de amor, pero en ese momento solo podía pensar que se trataba de una obsesión insana y que alguien que de verdad quería a otra persona, jamás intercedería en su propia muerte. Mucho menos cuando estás desarrollando una idea y todas las posibilidades apuntan a que va a salir mal.

A contrario de lo que había dado a entender y en base a su ignorancia, Silas jamás hubiera hecho eso con su propia hermana. Ahora, sin embargo, no podía evitar tener más y más curiosidad, sobre todo ahora que conocía a esa persona detrás de toda el obsesivo trabajo de McKinn. El aprecio que Silas pudo tener por Sarah en algún momento, actualmente había desaparecido. O al menos eso es lo que pensaba.

Inevitablemente, esbozó una sonrisa ante el recuerdo y esa chispa de esperanza que acababa de aparecer ante sus ojos. Era una sonrisa perversa, pero en ella escondía un atisbo de inseguridad. ¿De verdad que quería verlo? ¿Quería ver lo rota que estaba Niara en su interior y lo mucho que podría encontrar de esa mujer que le había empujado a lo más hondo de lo que jamás había estado en su vida?

McKinn intentó devolverle la vida a Sarah. Y... ¿Ella está en ti?

Le parecía una realidad inverosímil. Le parecía imposible. Él asistió al funeral de Sarah McKinn cuando falleció, vio como la enterraban. Vio su cuerpo sin vida, frío como el hielo. Pudo sentir, en aquel momento, algo parecido a pena por los buenos momentos, algo que no duró apenas unos segundos hasta que recordó los malos. ¿Pero ahora? Ahora todos los sentimientos se habían agolpado en su interior creándole una emoción curiosa. No tenía nada que perder. La única que tenía que perder era Niara y, aunque ella no lo supiese, ya estaba muerta. Por ahora nadie ha salido vivo del Área-M y no creo que ella sea la excepción; no teniendo en cuenta como está.

La risa de locura que salió de los labios de la presa le hizo despertar. Jamás había tolerado que le criticasen por su sangre; por su procedencia. Eso era algo que jamás había dejado que sucediese, por lo que desde que lo dijo, el extirpador le sujetó por la muñeca en un gesto abusivo. Tenía una mirada cargada de locura, mezclada con un temor indescriptible. El extirpador no sabía a quién estaba mirando a los ojos. ¿A una presa? ¿A una luchadora? ¿A Sadie?

Relájate. Más te vale concentrarte en mantenerte cuerda, porque si no lo haré a la fuerza.

Y ni por su bien, ni por el bien de lo que iba a suceder, les convenía a ninguno que Silas usase la fuerza.

Como te veo incapaz de mantener una conversación coherente, vamos a hacer una cosa...

Con un movimiento, hizo que se sentase y unas cuerdas mágicas le agarrasen las muñecas a los posabrazos de la silla, así como los pies a las patas, dejándola inmóvil. Silas sacó un pañuelo del interior de su bolsillo y le limpió aquel hilillo de sangre que había salido de su boca con un gesto que podría caracterizarse de paternal. Nada más alejado de la realidad, pues era ironía lo que desbordaba aquella decisión.

Voy a ver con mis propios ojos que es lo que ha enterrado McKinn en ti y teniendo en cuenta cómo estás, te va a doler. Prometo ser breve si me enseñas lo que quiero ver.

Hizo que una de las sillas se desplazase hasta donde estaba él y se sentó justo en frente de la chica, mirándole fijamente a los ojos. Quería ver por lo que había pasado Niara, o ver qué era lo que tenía en su cabeza. ¿De verdad habría conseguido su compañero implementar un alma perdida en un cuerpo? ¿De verdad había llegado tan lejos? Ella no sabía cómo contestar a las preguntas de Silas, así que iba a verlo con sus propios ojos a través de la mente afectada. Era la primera vez que se iba a meter en una mente tan perjudicada, pero ahora mismo era algo que su interés como médico no podía evitar, pese a que era consciente de que podía encontrar cosas catastróficas en una mente tan mutilada por magia negra.

Legeremens...

A través de sus ojos pudo ver cómo la mente de Niara se expandía ante los de él.
avatar
Imagen Personalizada : ¿Tortura a hijos de muggles para sus experimentos?
RP : 10
PB : Daniel Brühl
Edad del pj : 38
Ocupación : Extirpador
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 6.400
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 92
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4140-silvanus-d-gates#66257 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4145-relaciones-de-silas-d-gates#66268 http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/

Niara Soyinka el Lun Mayo 29, 2017 2:16 pm


Niara había sido atravesada por la punta envenenada de una flecha imprevista. ¿Y dónde mirar?, ¿qué temer?, cuando no sabes lo que está sucediendo o por qué. Cuando lo que vives parece imaginario y real al mismo tiempo. Dentro suyo, la ponzoña desencadenaba sus consecuencias y rompía sus defensas. Lo único que deseaba era arrancarse la piel, rascarse cada partícula de sí misma hasta purgar la maldición que llevaba encima. Era instintivo, como la rabia. Pero su juicio permanecía estoico, clavado en su corazón como una diana que punza y escuece, y era lo suficientemente claro por momentos como para no incurrir en la autolesión. De momento. Fue una buena señal que percibiera a Silas como una amenaza física cuando lo sintió oprimir su muñeca. En su estado de extrema alerta intentó desasirse con brusquedad, huidiza y dispuesta a salir corriendo a cualquier costo. Le escupió sus quejas a voz en grito, atacada por una afasia temporal de la que no llegó a darse cuenta. El agarre, sin embargo, no cedió y pronto se vio privada de su movilidad. Si se resistía, las cuerdas se tensaban enrojeciéndole la piel. Tal imposición de control tuvo un efecto magnético sobre su consciencia, que como un imán se mantenía atada al presente inmediato a fuerza de estímulo y esto le daba una chance contra esa otra influencia invisible que la arrastraba al delirio. El ataque ‘invisible’ que sufrió significó una subida violenta del estrés; en contrapartida, su cuerpo empezó a debilitarse igual de rápido, tentándola a caer en el desmayo. Era como el estadio de una fiebre demasiado intensa con fuertes altibajos.

El extirpador se había inclinado sobre ella y Niara percibía desde su abstraída noción de rededor ciertas palabras que confundía en su cabeza con otras que Silas había empleado para construir aquellos diálogos enfermos y degradantes sobre su condición como preso y muggle, con ese descaro en su voz de hombre desalmado y asesino: “Prometo. Si me enseñas. El experimento eres tú. Lo mataron. Continuaré siempre y cuándo… Dejarías de hacernos falta. Lo que quiero ver. ¿Ella está en ti?”. En su estado de confusión hilvanaba rostros, situaciones y diálogos de forma inconexa tanto como extrañamente reveladora. Pronto, los lazos que su consciencia intentaba establecer desesperadamente con el presente se borrarían del todo. Las cuerdas dejarían de sujetarla a esa realidad, a ese laboratorio, a la intensamente desagradable compañía de Silvanus Gates. Por mucho que hubiera deseado aferrarse a él, antes de que éste desapareciera frente a sus ojos. A esas alturas, Niara ya lo sabía. Ella sabía que su mente estaba rajada, partida en dos. Las alucinaciones que había estado padeciendo ese último tiempo tenían relación con la atrocidad que habían cometido con su cuerpo, con su alma. Y ella no quería ‘ver’. Le había pedido ayuda a su victimario, pero la afasia se impuso entre ellos. La honda ternura de su mirada había delatado su debilidad, su desesperado grito de ayuda, pero él no respondía a los gestos de patetismo. Ese hombre estaba más allá de la empatía. Debía considerarla algo sucio y estropeado, del mismo modo que un juguete roto, como una cosa vacía que únicamente es interesante cuando sangra. Y así y todo, por un instante, Niara tuvo el violento deseo de que él la tocara como un ser humano puede tocar a otro ser humano: a través de un gesto de ternura, de bondad. Que ingenuas son las personas cuando se sienten vulnerables.

—Legeremens...

¿Cómo habría de ser el interior de una mente rajada por magia oscura? Trata de hacerte una idea de lo que Niara vive hacia dentro, en su mundo de tormento personal. Los contornos son imprecisos, la percepción euclidiana del espacio se ha reducido a un absurdo y el sentido de orientación no te guiará hacia ningún lado en concreto. Hace frío y no tienes pleno control sobre tus movimientos, justo como en tus sueños, sólo que esto es real. El rededor se hace opresivo y amenazante por instinto. Hay oscuridad. Hay el rumor de peligro escurriéndose con la ligereza de las ratas correteando por las cañerías.

No le temes a la oscuridad porque sea negra. Es porque la luz utiliza a la oscuridad como lienzo para trazar siluetas grotescas que te devoran de la incertidumbre. Es la luz la que juega con tu mente. Y cuando no son las sombras sin rostro las que te mantienen en vilo, es el eco de tu respiración agitada que regresa a ti como aguijones de mal presentimiento.

¿Qué harías tú si no te quedara nada más que la cordura en un mundo subterráneo del horror y donde todos tus sentidos estuvieran siendo destrozados más allá del límite? Te es posible verte a ti mismo, desde otro plano, y lo que ves no puedes evitarlo: una penosa criatura, rastrillada hasta la pulpa del nervio, que se retuerce poseída por demonios. Tu cabeza cuelga hacia atrás, piernas y brazos se doblan en ángulos bizarros, y la amorfa y horrida y violenta imagen de ti mismo se agolpa enredada en un confuso remolino. Esa persona trasfigurada que eres tú mismo muda su rostro en formas que no reconoces y en otras que son demasiado familiares, habla en una lengua extraña y en una voz que por momentos se oye impropia, y ríe,  y grita, y susurra.

Afortunados son aquellos que ignoran los compartimentos revueltos de una mente desorganizada, invadida por tormentos y pulsiones que destruyen y tiranizan. Invadida por magia negra. No era como explorar una mente sin mancha. Ésta estaba resquebrajada, infestada. ¿Cómo estar seguro de que de las grietas no emergería una mano de pesadilla para arrastrarte consigo?, ¿era Niara contenedora de algo verdaderamente peligroso que acabaría por desbordarla y corromper todo lo que ella tocara? Si así era había que matarla, como un experimento fallido. Pero ningún extirpador hubiera llegado hasta allí, el sector M, si no fuera por su fascinación por la magia oscura y la soberbia ilusión de que podían controlarla. Las artes oscuras esclavizaban sus impulsos del mismo modo que una adicción. Una vez que probabas esa textura de horror y seducción, nada te satisfacía de la misma manera. ¿Había forma de parar?, ¿de no recaer?, ¿algo así era posible?

En la camilla, el cuerpo seminconsciente del sujeto de experimentación se revolvía inquieto. Una invasión forzada siempre será mal recibida. Silvanus había penetrado su intimidad, era dueño de sus temores, de sus placeres, de su vergüenza, pero también, se adentraba demasiado deprisa porque había ido directo al ojo de la tormenta, ¿y sería seguro el camino de vuelta? La cabeza de Niara daba vueltas y las imágenes se sucedían.

Tenía once años y discutía con su madre porque quería llevarla a visitar un centro de refugiados donde trabajaba de voluntaria: ¿por qué su madre tenía tanta generosidad para con desconocidos y tan poco tiempo para su hija?, ¿por qué a su madre tenían que importarle los demás?, ¿por qué tenían que importarle a ella?... Estaban en el salón principal y su madre, esa harpía, cruzó su cara con una bofetada. Bastó una sola mirada entre hermanos para decidir que la matarían uno de esos días y eso hicieron… Niara corría por los bosques y lanzó su maleficio hacia el mago que la perseguía y éste murió… una joven Sarah McKinn apunta con su varita el ala rota de un pájaro maltratado y éste vuelve a volar. No muy lejos un niño muggle llora con el brazo quemado… Trepados a la copa de un árbol para poder apreciar el sol de África que se escondía en el horizonte, se dejaron llevar. Ella se sentó sobre él y los besos se hicieron algo más… Esa tarde lo hizo llorar de angustia y luego se rio de lo tonto que era. Su hermano no podía resistirse a sus juegos, o ella. Y Sally se aprovechaba de ello… Niara mató a esos muggles luego de prometerles que los ayudaría…

—¡No!, ¡no!—exclamó. Sudaba en frío. Sus ojos se pusieron en blanco. Estaba muy inquieta. Las cuerdas se apretaban demasiado a su cuerpo y era preocupante cómo se contorsionaba a pesar de las ligaduras. No era sólo su complexión pequeña y desnutrida la que estaba dando pelea, era la cosa que ella no podía controlar. Bien mirado, se podía apreciar a un nivel físico el trabajo de la magia oscura sobre ella.

…Sarah abrazó a su madre con verdadera emoción. Había sido convocada para asistir a Uagadou… Niara lo disfrutaba especialmente cuando les prendía fuego… Ella aceptó ‘regalarle’ la droga al zaparrastroso que apareció ante su puerta, pero a cambio de un favor… Los mataba porque eran muggles, pero jugaba con ellos porque le gustaba. En una plaza habían acabado con tres. Niara les colocó a cada uno una flor en la boca porque no tenía nada que hacer…

—¡NO!






Última edición por Niara Soyinka el Dom Jun 11, 2017 6:52 am, editado 1 vez
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Preso Area-M
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 1.100
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 93
Puntos : 70
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/

Silvanus D. Gates el Miér Jun 07, 2017 2:09 pm

Lo que menos se esperó encontrarse fue con esa intermitente causas y sucesos que no tenían relación entre sí en la mente de aquella chica. Se había internado en la mente de la presa sin problemas ninguno, pero era bien sabido por todo legeremante que cuando entras en un lugar sin ser invitado, no eres bien recibido; las cosas se ponen difíciles y lo que resulta sencillo, se complica hasta límites a los que no creíste que llegarías. Lo que él andaba buscando con facilidad, le costó horrores encontrarlo porque la mente de Niara se había convertido en un torbellino de recuerdos desordenados, no sabía si por una auto-defensa en salvaguardar su intimidad o porque de verdad su mente no le pertenecía a ella sola.

Y de repente, allí la vio.

Vio a la joven Niara de joven, pero también vio a Sarah McKinn, aquella mujer que había resultado ser tan tóxica en la vida de Silas. Aquella relación había estado basada en manipulaciones, violencia y drogas y, por suerte, el ahora extirpador hizo gala de la inteligencia que le quedaba para separarse de aquella persona que la estaba hundiendo cada vez más en la miseria. La sacó de su vida de la manera más ruin que se conoce, pero... ¿acaso había dejado en aquel momento de sentir algo por aquella mujer? Al final, de tal palo, viene la astilla y Silas se había enamorado de aquella mujer que le hacía tan mal como sus padres se hacían entre ellos. Lo único que le ayudó a salir de allí, fue el vivo recuerdo de que no quería ser como sus padres. Ahora, solo le quedaba observar lo que había quedado atrás; ese recuerdo de la mujer que un día quiso y que le recuerda, día sí y día también, que por mucho que hubiera hecho, lo mejor que hizo fue apartarla de su vida. A saber en qué cuneta o en qué condiciones se encontraría en ese momento si llega a continuar con aquella repulsiva relación.

Por eso, al ver cómo Niara de repente se mostraba presente en las vivencias de Sarah y cómo Sarah atrapaba aquellos recuerdos de la chica, se dio cuenta de que aquella identidad no le pertenecía. Aquellos recuerdos; aquellas memorias no eran de ella. Aquello estaba allí porque había sido implantado. Era una síntesis tan bien hecha de dos personas compartiendo recuerdos que a Silas le resultó magnífico ver lo que estaba viendo, pero a la vez tremendamente perturbador; incómodo. No quería seguir viendo a Sarah McKinn en los recuerdos de una chica como aquella; simplemente no quería seguir viendo a Sarah. Aquella mujer debería de estar muerta, en todos los sentidos de la palabra. Pero ahora... ahora se daba cuenta de que podía estar viva, o al menos una parte de ella.

De repente, sintió una terrible presión en la cabeza. Niara le estaba echando de su mente con tanta fuerza que lo estaba consiguiendo. Silas no era un experto legeremante, ni mucho menos. Tenía la habilidad para aquellas personas como Niara que se encontraban en situaciones en donde estaban por debajo de sus posibilidades... sin embargo, de algún sitio sacó las fuerzas necesarias para que Silas tuviese que abandonar su mente. Por un momento, el extirpador dudó en si había sido Niara o si aquella actitud agresiva y que intenta salvaguardar su identidad, pertenecía más bien a Sarah.


**

La cabeza de Silas daba tumbos sin cesar, como si se hubiesen metido en su interior a dar martillazos por el interior de su cráneo. Niara había sufrido otro ataque, esta vez mucho peor que el anterior. De sus ojos, su nariz e incluso de su boca emanó sangre fruto de la convulsión que sintió al intentar sacar a Silas de su mente, dejándola abatida por completo. Necesitaba descansar y no era para menos. Por lo que ponía el informe de Niara Soyinka, McKinn se cebaba con ella y sus descansos eran tan efímeros como el tiempo que podía soportar en pie frente a un extirpador. Así que al sentirse un tanto abatido y con la varita en la mano, la recostó sobre la camilla. Él, mientras tanto, se sentó en una silla a interiorizar lo que había visto.

Escalofríos le daban.

Él no había sentido alivio al enterarse de la muerte de Sarah, ni tampoco pena. Él era consciente de que alguien como ella tendría una muerte temprana y también era consciente de que era demasiado orgullosa como para ir detrás de Silas, por mucho que hubiera pasado entre ambos. Por eso, el extirpador siempre había estado en un estado de tranquilidad en el que no debía de preocuparse. ¿Pero ahora? Ahora sentía que lo perseguía. Sentía que todo aquello a lo que no se había tenido que enfrentar, se le había presentado por una razón.

No, seguía sin verle la gracia a resucitar a los muertos. Sí, seguía teniendo tremenda curiosidad por saber a dónde llegaba aquello. ¿Pero merecía la pena? Era algo que no iba con él; que nunca había intentado porque nunca le había interesado. Pero ahora que lo tenía delante... ¿era una buena idea abandonar el proyecto por la inseguridad que le daba?

El extirpador pudo ver como tras un rato, la chica se levantaba de nuevo, con una mirada que parecía testar el terreno en busca de saber en donde se encontraba. Sin embargo, él pudo darse cuenta de que no era la mirada que caracterizaba a la Niara Soyinka con la que hace un momento se relacionó. Aquella mirada era muy diferente. Silas se sentía perdido, pero no era para menos después de su primer contacto con aquella presa y después de todo lo que había visto. Se sentía... desubicado; sin tener muy claro qué hacer. ¿Y lo peor? Odiaba sentirse así. Él siempre debía de tenerlo todo claro y estar un paso por delante, pero sentía que era justo al revés, por irónico que sonase.

Lo que vi en tu cabeza son recuerdos que no te pertenecen.

Hizo una pausa, frunciendo el ceño con seriedad. Portaba su varita en la mano y él estaba cruzado de brazos, en una pose seria y que denotaba autoridad. Era una manera de revelarle que al mínimo intento de hacer algo contra él, Silas poseía todas las posibilidades de victoria.

O quizás sí que te pertenecen, en un porcentaje que no tengo bien claro cuál es.

Caminó hacia ella, sin apartar la mirada de sus ojos que hace un rato estaban bañados en sangre. La magia negra le consumía, tanto a ella como probablemente había consumido a quién le había profanado a ella.

¿Solo posees sus recuerdos? ¿Es todo lo que eres de ella? ¿Recuerdos?

Ahora mismo tenía tantas dudas que no parecía el Silas al que todo el mundo acostumbraba a ver: seguro de sí mismo, de lo que hacía y de lo que decía. Ahora mismo, no sabía nada.
avatar
Imagen Personalizada : ¿Tortura a hijos de muggles para sus experimentos?
RP : 10
PB : Daniel Brühl
Edad del pj : 38
Ocupación : Extirpador
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 6.400
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 92
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4140-silvanus-d-gates#66257 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4145-relaciones-de-silas-d-gates#66268 http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/

Niara Soyinka el Dom Jun 11, 2017 6:48 am

—¿Solo posees sus recuerdos? ¿Es todo lo que eres de ella? ¿Recuerdos?

Ahora mismo tenía tantas dudas que no parecía el Silas al que todo el mundo acostumbraba a ver: seguro de sí mismo, de lo que hacía y de lo que decía. Ahora mismo, no sabía nada.

—Tú no sabes nada, Jon Snow

No intentes ver las cosas como las verías normalmente. Imagina que tus ojos te engañan. Los contornos que delineaban la apariencia de Niara Soyinka lentamente se difuminan. Y por momentos, tienes la impresión de que son pintarrajeados por la pluma de un loco. ¿Es tu mente la que juega contigo?

A través del velo de la mirada, esa cosa, está observándote. Atreverte a llegar hasta el fondo de sus pupilas significa descorrer el velo y ser devorado por las terribles fauces del abismo. Tú crees que el espacio sobre el que se afirman tus pies es real, es sólido. Pero no es más que el lienzo sobre el que la magia negra se expande hasta rodearte completamente. La sensación es opresiva. Es turbadora.

El sujeto de experimentación exhibe fríos sudores y sangrado en ojos, boca y oídos. Recuperada la movilidad, se acomoda lentamente en el centro de la camilla; su cuerpo encorvado se mueve acompasadamente al ritmo de una respiración profunda; ladea el cuello una, tres veces. Algo la incomoda. ¿Un dolor en las articulaciones?, ¿la piel de otra persona? No tarda en reconocer una presencia extraña, como el predador huele la carne. No le quita los ojos ni un segundo. Está atenta.

Es una rara oportunidad esa en la que tu presa se te acerca por su cuenta.

—Ay, ay, ay—Chasqueó la lengua expresando su disconformidad. Ella solía sonar como una melodía por la costumbre que tenía de hacer rimar sus palabras—. Mi hermano decía que eras un poco tonto—Sonríe. Tan radiante como en sus días de Hogwarts—No habrás pensado que él no sabía nada de ti. Me lo reprochaba todo el tiempo, ¿sabes? Estar contigo. Lo ponía celoso, creo. Pobre Eric, siempre lloriqueando—La vívida imagen de su rostro trasfiguró en un parpadeo. En un segundo era una mujer maliciosa pero hermosa, al siguiente, la atroz aparición de un cadáver carcomido por los gusanos. Y la "película" no se detuvo ahí. Era como contemplar una escena que rebobinaba una y otra vez.

En la camilla, Niara Soyinka lo miraba tan fijamente que nada parecía perturbarla o siquiera importunarle. Su estado era lamentable, pero aquel cuerpo no tenía alma consciente que pudiera sentir dolor. Se movía como movido por hilos. Era y no era Niara al mismo tiempo. Mantenía el contacto de los ojos, ¿de forma intencional? No había articulado palabra, no había realizado ningún gesto, pero tocar la mente de otra persona puede considerarse una invasión violenta. Sarah se había colado a través del velo, porque Silas había exigido una respuesta. Y la única forma de comunicarse era en el terreno de la mente. Como si el hechizo se hubiera invertido, le tocaba a Silas resistirse a una intromisión indeseada.

—No los poseo, los devoro—Era tan encantadora cuando quería, justo como podía recordársela—Ernie tenía recuerdos tan fuertes. Tú también los tienes, lo sé. Dámelos, mi amor. Veamos qué es lo que tienes.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Preso Area-M
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 1.100
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 93
Puntos : 70
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/

Silvanus D. Gates el Sáb Jun 17, 2017 2:06 pm

Nunca había tenido problemas con que violasen su mente y sus recuerdos, no porque fuese un astuto oclumante, sino más bien porque nunca tuvo nada que ocultar ante las personas que le rodeaban. No recordaba ningún momento en el que nadie hubiese invadido de esa manera su intimidad y sus secretos. Él se había hecho legeremante precisamente para eso, para poder ser capaz de entender a sus víctimas hasta puntos en los que muchos no se arriesgan a entrar. Entrar en la mente de un demente es cosa de valientes, ¿pero a la de una persona bañada en magia negra hasta la saciedad? Quizás no fue el momento más lúcido del extirpador entrar en la mente de Niara cuando estaba condenada con esa magia oscura... pero sentía el ávido deseo de ver qué pasaba en su interior, de ver si realmente Sarah McKinn, una mujer que marcó una etapa en la vida de Silas, realmente estaba en el interior de ese cuerpo; ver el mecanismo que había adoptado ese cuerpo para aceptar otra... ¿alma? Para su desgracia, no contó con la posibilidad de que la magia negra se extendiese tan rápido como la sangre que recorre las venas ante un palpito acelerado. El momento en el que Niara cortó la conexión mental, creyó que sería el momento en el que todo volvía a ser normal, pero se equivocó estrepitosamente.

Cuando la presa recobró el sentido y el extirpador se acercó a ella con seguridad, de repente sintió como todas sus barreras se caían frente a aquella chica. La mirada de aquella mujer no correspondía con lo que sentía al verla y ya cuando escuchó la voz de ella en su mente, sintió un escalofrío recorrer su piel. El miedo era una emoción racional y totalmente humana, pero más que miedo sintió... confusión. Algo que le aterrorizaba era no saber lo que ocurría, no a lo que se enfrentaba.

Eeee...

No, no se esperaba escuchar aquello en su mente. De repente sentía que había entrado en el juego de una persona que no debería tener el control de absolutamente nada. Maldita sea, ¿eso en qué momento había pasado?, ¿iba a ser así siempre?, ¿cómo narices sacaba a aquella mujer de su mente? Por un momento le pasó por la cabeza que ese motivo podría haber sido el motivo por el que McKinn perdió la vida. ¿Se habría vuelto loco?

Intentó relajarse.

No pienso mostrarte nada.

Pero al contrario de lo que le hubiera gustado creer: él no tenía ningún tipo de poder resistiéndose a la intromisión ajena en su mente. Lo mucho que podía hacer era luchar por meterse en la de la contraria, pero ahora mismo estaba muy por debajo de sus oportunidades. Lo único que le quedaba era jugar a ver quién era más poderoso en ese juego, pero su mente estaba vendida por el momento.

Sal de mi mente antes de que...

Pero un incómodo y agudo dolor llegó a su sien repentinamente y por delante de sus ojos, en un plano totalmente secundario y que en realidad no tenía presencia tangible, comenzó a materializarse un recuerdo junto a aquella persona que ahora mismo estaba doblegando su voluntad. Ahora él, su mente, se encontraba en otro lugar muy distinto a aquella habitación quirúrgica.

*

Una casa; un cuchitril más bien... un cuarto oscuro en donde las persianas en mal estado no dejaban entrar más que unos pocos rayos de sol. Allí se encontraba Silas con un aspecto de lo más terrible, con un delgadez extrema, ojeras de cansancio y los síntomas de un hombre que se drogaba en exceso; de hecho, en ese preciso momento, le temblaban las manos por las drogas que tenía en el organismo y su respiración estaba agitada, aunque eso no era por lo que se había tomado sino más bien por la reciente batalla que se le había presentado para capturar al hombre que tenía delante. A su lado estaba Sarah y ambos tenían las manos ensangrentadas de sangre —obviamente— que no era de ellos, sino del moribundo que se encontraba a sus pies rogando por clemencia.  

Morirás lentamente en tu propio charco de sangre como gratitud por tu información.

Una de sus manos se posó con una perversa suavidad en el rostro de la chica que le acompañaba, acompañando ese gesto con una mirada de complicidad. Silvanus en esa época era la viva representación de esos padres que intentaba a toda costa evitar copiar. La demencia hecha persona, la indecencia convertida en un modelo de vida. La humillación de su propia vida; la decadencia de sus acciones y la ilusa idea de que lo que hacían los convertirían en grandes magos cuando solo estaban cavando su propia en todos los ámbitos de su vida. Ni siquiera Voldemort les tendría en alta estima si sólo poseían ambiciones que destrozaban sus propias vidas.

Tenemos un nombre y una dirección. Tú decides lo que hacer.

La miraba como si fuese la dirección de sus decisiones.


*

En esa habitación quirúrgica, se pudo escuchar como Silas, con las manos en su cabeza, gritaba con ferocidad.

¡Sal de mi mente!

La época en la que se reconocía ese recuerdo era una etapa de su vida que no quería recordar. Era una etapa que había asumido como la peor de su vida, en donde se degradó no solo como persona, sino incluso como mago. Había que caer muy profundo para llegar a donde llegó él, consumido por una grandeza que no poseía y viviendo una vida llevada por las drogas.
avatar
Imagen Personalizada : ¿Tortura a hijos de muggles para sus experimentos?
RP : 10
PB : Daniel Brühl
Edad del pj : 38
Ocupación : Extirpador
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 6.400
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 92
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4140-silvanus-d-gates#66257 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4145-relaciones-de-silas-d-gates#66268 http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/

Niara Soyinka el Lun Jun 19, 2017 9:17 am

Regalos, regalos:
Tomá, user, regalito. Justo hoy lo encontré por casualidad y pensé que la letra se ajustaba de una forma u otra a tu pj y su tortuosa relación (?).


Era incluso más vívido que un recuerdo. La luz que se filtraba por los resquicios de la persiana revelaba el negro juego de las sombras desparramadas entre esas cuatro paredes que ningún grito de dolor podía atravesar. La víctima se arrastraba en el suelo de madera, oscurecido por las manchas de sangre. Sally sólo tenía que decirlo y no quedaría nada de ese esperpento de mago.

Sally Mckinn era una bruja de perfil provocativo. Estilaba vestir en cuero; una chaqueta negra y botas largas; y usualmente, lucía algo corto para que destacaran sus piernas flacas. Pero cuando tus ojos se cruzaban con ella, te detenías en la curvatura semiabierta de sus labios descoloridos. No era una boca perfecta, y sin embargo, cuando sus labios carnosos se torcían en son de burla no había forma de dejar de pensar en ella.

—Veamos—La rubia apartó el gesto de Silas con un manotazo apresurado y se adelantó, rodeando a la víctima con una expresión ligeramente pensativa— ¿Qué haré contigo?

Entre los claroscuros de aquel cuarto ella ofrecía el aspecto enfermizo de la tuberculosis. Esquelética y pálida, como una flor radiante y envenenada. Poco quedaba de sus días de Hogwarts, de su gracia esbelta y saludable.    

Una risa lunática brotó de los labios del desdichado al contemplar cómo el rostro luminoso de la mujer se inclinaba sobre él, un saco de carne herida.

—¿Te has dado cuenta, Philip, cariño? Iremos a por tu familia—Se miraron durante un breve lapsus de silencio. Él dejaba escapar saliva por las comisuras. Al final, estalló en carcajadas. Sally curvó su boca en una sonrisa—. Sí, los mataremos.

El rostro de Sally mudó de semblante, traicionada por una mueca de dolor. La aguda punzada la atacó por sorpresa e inmediatamente se enderezó y llamó a Silas por su nombre, fastidiada; necesitándolo. Era una mujer altiva por naturaleza, pero su encolerizada reacción fue la de alguien asustado y vulnerable. Sus estallidos de violencia tenían mucho que ver con sentirse débil, asquerosamente débil. Estar herida la irritaba. Se quitó el improvisado vendaje del vientre y reveló una cicatriz abierta y supurante que había recibido en un duelo. Mirar fijamente el rojo infectado de la carne pareció tranquilizarla. Puede que no le gustara el dolor, pero sentía una viva fascinación por los cortes y moretones que lesionaban la piel. Era una obsesiva atracción.

Tú sabes que si es una herida, tienes que atenderla cuanto antes. Tiene que ser así, porque si no, lo que puede ser una pequeña raspadura al principio, se infectará y empeorará hasta que se te pudra la carne. La gangrena puede extenderse al ámbito de tu vida, incluso alcanzar tu alma. Sally no parecía entenderlo o preocuparse por ello. Estaba irremediablemente atraída por las heridas abiertas.

—¿Las has traído?—Sally se apegó a él, revolviendo sus bolsillos, tirando ansiosa de su ropa. Cuando el dolor volvía, cuando las sensaciones la quebraban, ella buscaba su dosis. Al no encontrarla, se exasperó—¿¡No tienes!?, ¿qué pasó con lo que te di la última vez?—De un cachetazo, quería atravesarle la cara de un cachetazo y alzó la mano, colmada de furia. Hacía un rato que no consumía, y la abstinencia la volvía temperamental—¡Es porque eres un asqueroso sangre sucia!
 
***

Un mago es siempre un mago, aunque no tenga pleno control de sí mismo o de su varita. La magia es parte de las emociones. Si te sientes atrapado, actúas. Tú atacas. Niara Soyinka, o lo que fuera que poseía al sujeto de experimentación, se revolvió dolorido, atacado por un maleficio punzante. Pero algo tan superficial como la carne no era preocupación para la cosa que se alimentaba de los temores y la oscuridad en los corazones de sus víctimas. Y todavía era muy pronto para soltar a su presa.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Preso Area-M
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 1.100
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 93
Puntos : 70
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/

Silvanus D. Gates el Jue Jun 22, 2017 12:05 am

Se acercó a ella de manera inmediata cuando le llamó con esa necesidad. Él le había dicho muchas veces que fuese a verse era herida antes de que comenzase a ponerse peor, pero ella, como siempre, ignoraba sus consejos de manera soberbia. Aquella herida necesitaba de atención rápida y de mano de alguien que supiese lo que estaba haciendo. Cuando se quitó aquella venda, se pudo dar cuenta de que aquella herida había alcanzado un nivel muy superior al que debería de alcanzar una herida así. Estaba infectada y lo peor de todo es que Sadie no quería arreglar aquello, sino que veía algún tipo de atracción y placer en dejar que aquello empeorase y con ello dañase su propio cuerpo.

Tienes que ir a que alguien te vea eso.

Ignoró la pregunta de la chica, ya que no era momento para responderla, sino para advertirle de que como siguiese así, aquello iba a terminar mucho peor. De hecho, Silas se preocupó tanto, que se enfrascó por completo en un intento de convencerla y olvidó que había otra persona allí con ellos.

No pienso darte nada hasta que decidas tratarte esa herida, Sarah. La tienes infectada y...

Claro que tenía drogas. Por favor, Silas estaba tan metido en la mierda como ella, pero al menos no se regocijaba en el dolor propio en una herida que podría suponer una severa amenaza para su integridad física. Podría haberle dado una dosis para que se tranquilizase y el dolor pasase, pero entonces se olvidaría de esa herida hasta la próxima vez que palpitase de dolor debido a esa asquerosa infección. De todas maneras, el cabreo de Silas empezó ahí, pero aumentó cuando la chica le llamó sangre sucia. La soltó con violencia, mirándola con llamas en los ojos. Ella era consciente de lo que su sangre significaba para él; su apellido. Él era sangre limpia, pero el trato que habían tenido los Gates era casi tan ultrajante que se les trataba casi peor que a los sangre sucias. Los Gates estaban en el último peldaño del prestigio purista, sobre todo después de lo bajo que cayó el apellido con Donovan Gates, el padre de Silas.

No vuelvas a decir eso.

Él sabía que no lo había dicho queriendo; era la abstinencia. Era el dolor. Sadie nunca le diría eso conscientemente. O al menos, el Silas del pasado, corrompido por un amor tóxico, era lo único que podía pensar al verla, casi en tan mal estado como él.

Ni se te ocurra volver a decirlo...

Tenía los dientes apretados y el puño cerrado fuertemente.

Y claro que la he traído, pero no pienso dártela hasta que decidas ir a ver a alguien que te trate eso. Vete a Zabini, él te la tratará rápidamente y evitará que esa maldita infección te mate.

Le propuso como trato finalmente. Sí, Sadie podía llegar a ser muy intensa, impulsiva y tremendamente temperamental cuando no consumía y encima bajo los efectos de un dolor infectado, pero Silas no iba a permitir que volviese a quedarse en la inopia con otra dosis y se olvidase de la enfermedad que se propagaba por culpa de esa herida. Aunque no lo pareciese con ella, Silas también poseía una actitud muy temperamental y autoritaria, sobre todo cuando tenía razón o le herían el orgullo. Luego se encargarían de los asuntos que tenían entre manos; pero ahora había que marcar las prioridades.
avatar
Imagen Personalizada : ¿Tortura a hijos de muggles para sus experimentos?
RP : 10
PB : Daniel Brühl
Edad del pj : 38
Ocupación : Extirpador
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 6.400
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : 000
Mensajes : 92
Puntos : 53
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4140-silvanus-d-gates#66257 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4145-relaciones-de-silas-d-gates#66268 http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/

Niara Soyinka el Dom Jun 25, 2017 1:35 pm

—¿O qué?—preguntó, ácida. Sally le plantó cara, contrariada. Habría querido golpearlo, pero cuando se trataba de encarar la violencia que ella misma había desencadenado, la heredera de los Mckinn se tornaba abruptamente suave y receptiva y su acento aterciopelado sonaba a burla descarada. Sonrió para sí al contemplarlo tan afectado, pero al oírlo decir “Y claro que la he traído…”, se mordió el labio en un gesto—Sabes que Zabini es un puerco. No me pondrá jamás una mano encima. ¿Has terminado?

Y de la punta de su varita nacieron unas violentas llamaradas que dirigió de un rápido movimiento al lunático que se desangraba en el suelo. Había sido impulsivo, un acto incontrolable, terrible. Sally se olvidó momentáneamente de la compañía de Silas mientras contemplaba su obra. Era algo habitual en ella, abstraerse en ese arte que otros llamaban dolor. Sally los compadecía, los compadecía muchísimo, a sus víctimas. Una lágrima helada y solitaria se deslizó por su pálida mejilla. Aquel loco soltaba una risa histriónica y desgarradora, intercalada con los alaridos más hirientes. Que dolor más hermoso.

Sally estiró una mano blanca y fría y quiso entrelazar los dedos con Silas.

—Deberías matarme por lo que te he dicho. Nadie debería hablarte así—Le dedicó una mirada. Entreabrió los labios en una sonrisa que buscaba seducir a través de la condescendencia. El loco continuaba arrastrándose, aún en llamas; esta vez hacia el otro extremo de la habitación, aunque fuera demasiado tarde para escapar—Pero a veces, siento que quiero lastimarte un poco, sólo un poco. Tú no podrías entenderlo, porque no me amas. ¿Estás enojado? Por supuesto que lo estás. Iré con mi hermano, ¿eso te satisface?—Ella se acercó, íntima y complaciente. El suelo y las cortinas comenzaron a incendiarse—No quería verlo por cómo habla de ti. Pero me ama. Haría cualquier cosa por mí, incluso soportarte—rio, encantadora y burlona— ¡Pobrecito, Eric! Tú no sabes lo que es sentirse así por alguien, Silas. No es propio de tu carácter—Le echó los brazos al cuello, un poco vehemente—Pero cuidas muy bien de mí, ¿verdad? Por favor, Silas, por favor, sólo un poco… sabes que me hará sentir mejor… Y haré lo que tú quieras… A ti también te gustaría, ¿verdad? Hace rato que estás temblando, mi amor, ¿por qué no tomas lo que necesitas? Yo puedo conseguirnos algo más fuerte luego, si me ayudas ahora. E iremos y les prenderemos fuego a todos los que hablan de ti… porque ellos lo hacen, ellos hablan, mi amor... debe molestarte tanto...

La pared del fondo estaba en llamas. El humo negro intoxicaba el aire respirable. El fuego mágico no se detendría hasta consumirlo todo. La destrucción era uno de sus pasatiempos favoritos, de Sally.

—¿Crees que no lo haría por ti?—Ella se apartó riendo hacia el centro de la habitación y  jugó a manipular el fuego que había desatado— Sólo dime un nombre. Que sea un crímen. No seas cobarde o te parecerás a ellos.

***

Niara abrió los ojos y se encontró a sí misma en un lugar al que por momentos pensó que no volvería jamás. Al menos, una parte de sí misma estaba segura de que estaba en la casa principal de los Soyinka, allí donde la familia se reunía siempre que sus miembros eran convocados. Sí, ese era el pasillo, y esas las ventanas. Pero desde el fondo del pasillo provenía un gruñido de animal que causaba un terrible vértigo. Y en cuanto se animó a dar los primeros pasos hacia un destino incierto y pavoroso, se percató de que avanzaba sin avanzar, como si el pasillo se extendiera interminablemente. Y al mirar a través de las ventanas lo que veía no era un paisaje, si no, la desolación absoluta. Hasta que finalmente contempló su reflejo en una de las ventanas y un alarido rasgó su garganta. ¿Qué cosa tan espantosa le devolvía la mirada? Era una de un horror inenarrable. Y sin embargo, ese reflejo era el suyo. ¿Es que acaso las personas no son sino la suma de sus recuerdos, los recuerdos de un pasado que se esmera en hacerse porvenir? Ella era tanto Niara Soyinka como Sarah Mckinn, esa que la miraba a los ojos hasta lo profundo de su alma. Tenía que hacer algo para que su identidad prevaleciera por sobre la otra, tan negra, tan consumida y triste. Pero ya no podía negarla, porque estaba allí, con ella. Y los sentimientos de la que fuera Sarah golpeaban y atravesaban su corazón, embargándola de asco, pero también de un dolor amargo e incomprendido del que ella era una observadora en carne propia. Por lo que Niara empezó a comprender su violento odio, su impulsiva naturaleza, y de pronto supo que si no podía contra ella, su enemiga, sí podía, en cambio, usarla. Pero había algo más. Algo más al fondo del pasillo, que había sido creado con magia oscura, y que esperaba por ella al final de la pesadilla.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Preso Area-M
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 1.100
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 93
Puntos : 70
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 1 de 2. 1, 2  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.