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No todo podía salir bien {Circe}

Ian Howells el Vie Abr 28, 2017 6:54 pm

No todo podía salir bien {Circe} V4WACbw
Ian Howells & Circe Masbecth - Sala de espera de San Mungo, 16 de abril del 2017 a las 19:33 horas

Ahora mismo Ian era un flanecillo de huevo.

Probablemente ahora mismo podríamos comparar a Ian con una gran masa gelatinosa de cobardía y nerviosismo. Su cerebro estaría pasando por el momento más estresante de su vida, por lo que la actividad neuronal acaba de llegar a un límite insospechado en la cabeza del chico y eso había hecho que se le quemasen aquellas otras neuronas que eran las encargadas de enviar las respuestas más rápidas al resto de su cuerpo. Ahora mismo, en aquel preciso momento, él estaba observando como su hijo nacía con una cantidad ingente de sudor en el cuerpo y una incapacidad física para hacer nada más que hiperventilar en una bolsa de papel que una sanadora, muy amablemente, le había dado. Se supone que ahí sufría la mujer. Se supone también que en ese momento al padre le sube le instinto paternal tranquilizador y esas cosas, pero no. Lo que a Ian le estaba subiendo en ese momento eran los huevos, para posicionarse en su garganta como corbata y no dejarle ni hiperventilar con propiedad.

Al final, como solo estaba siendo un estorbo, lo apartaron hacia un lado porque no paraba de molestar a los sanadores que intentaban hacer su trabajo. No les costó moverlo demasiado, ya que más que una persona parecía un retrasado con complejo de zombie. Necesitaba un café. O mejor, una hostia que lo despertase de golpe y pudiese reaccionar como un hombre.

Después de un rato, salió corriendo de la habitación, empapado en sudor, despeinado y con una sonrisa en el rostro después de haber visto todo. ¡Ya estaba deseando coger al pequeño Howells entre sus brazos! Aunque tenía la sensación de que cuando lo hiciese, iba a resbalarse de sus manos, a caerse contra el suelo y, automáticamente, recibir una maldición asesina de Eris. Corrió hacia la sala de espera, allí en donde se encontraba no solo algunos miembros de la familia Masbecth que habían llegado sin previo aviso al enterarse de que Eris rompió aguas, sino la familia de Ian. Los padres y la hermana de Ian estaban allí y realmente era a ellos a los que iba a avisar de que todo había salido bien y que por fin era padre. No obstante, cuando abrió épicamente la puerta de la sala de espera y gritó por todo lo alto un claro y conciso.-¡Ya soy padre!-No se había dado cuenta de que a un lado, junto a la familia Masbecth, estaba la más pequeña de los hermanos y su mejor amiga. Circe.

Automáticamente, todo el miedo que pasó ahí dentro mientras Eris hacía la parte dura, volvió a su cuerpo. Sus huevos volvieron a subir a su garganta y su mirada se quedó fija en su amiga, sin saber qué decir. Su primer pensamiento fue huir, pero era consciente que teniendo en cuenta el estado gelatinoso de sus piernas, Circe sería más rápida. Descartado. Él sabía que era una mala idea ocultarle la información desde un principio. ¡Él sabía que era una mala idea! ¡ERA UNA IDEA HORRIBLE! ¡ERIS LE OBLIGÓ A OCULTÁRSELO! ¿¡Por qué había sido tan subnormal!? Ahora era consciente de que había sido un craso error. Pero claro, si se lo decía antes corría el riesgo de que jamás pudiese conocer a su hijo porque la ira de Circe podía ser peor que la del diablo. ¿Recordamos la pedazo de patada que le pegó en los huevos por teñirle el pelo de negro? ¿Cómo se multiplacará la mala hostia de Circe en forma de golpes por haberse acostado con su hermana y encima dejarla embarazada? Intentó decir algo al ver a su amiga. Carraspeó antes de hablar.-Circe, tengo algo importante que contarte. Deberías sentarte tranquilamente y tener una conversación civilizada conmigo.-Já. No. Lo intentó.

La madre de Ian se había levantado felizmente de la silla para abrazar a su marido y luego dirigirse a Ian, no obstante, al ver la mirada de puro temor de su hijo, retrocedió unos pasos para dejarles "intimidad" en medio de aquella sala de espera a los amigos. La madre sabía que allí había tomate.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Circe A. Masbecth el Vie Abr 28, 2017 11:34 pm

A penas había recibido el aviso por parte de sus padres y había dejado la vivienda en la que ahora vivía para ir rumbo a San Mungo. Cualquier persona habría pasado previamente por una tienda de chocolates o quizá de flores, pero no era el caso de la menor de las Masbecth. Circe consideraba que su presencia ya era suficiente regalo y que el nacimiento de una masa de carne llorona y cagona no era motivo de alegría. Más bien lo contrario. Los niños eran repulsivos y ahora uno llevaría incluso su apellido.

- ¿Ya ha nacido? – Preguntó una vez llegó al hospital. Su padre contestó con una negativa mientras seguía caminando por la sala de espera. Brazos cruzados sobre su pecho y pasos constantes que no llegaban a ninguna parte. Circe por su parte tomó asiento junto a Apolo y apoyó la cabeza en el hombro de este mientras esperaba a que llegase el desenlace.

Pero las cosas comenzaron a ponerse… Raras.

De la nada surgió otra familia. Otra familia que Circe ya conocía de sobra y su cara fue un auténtico poema cuando la familia Howells tomó asiento no muy lejos de la suya. No era necesario ser muy inteligente o, en su defecto, tener una ingeniería química, para llegar a la conclusión acertada. Ian Howells estaba en el Hospital.

La cabeza de Circe comenzó a funcionar a toda velocidad. A comprender muchos silencios por parte de su amigo. A comprender por qué el chico afirmaba que ya había sentado en la cabeza. ¿Aquello significaba que Eris e Ian eran pareja? Estaba claro que no habían jugado a los naipes explosivos para tener un hijo juntos, por lo que la opción del sexo estaba más que afianzada. Un escalofrío. Semejante imagen desagradable se dibujó en su mente. La rubia se mantuvo estática apoyada sobre Apolo. Por eso Eris no había hablado del padre y afirmaba que tendría al hijo sola, sin necesidad de una pareja. ¡Por eso!

En aquel momento no sabía a cuál de los dos odiaba más. Pero le quedó claro a cuál de estos era cuando la puerta se abrió y un feliz Ian, gritando como si no hubiese un mañana, alertó a todos los allí presentes – y con semejante grito, a los que no lo estaban también – que acababa de ser padre. Dudas resultas. Ian Howells era gilipollas. Ah, y también se había tirado a su hermana.

La varita de Circe ya estaba en su mano, apoyada en el asiento en el que se encontraba. Alzó la vista en dirección a Ian mientras sus familiares se abrazaban entre ellos. Apolo seguía en su misma posición y sus padres, por su parte, sí parecían felices con la idea de ser abuelos a tan pronta edad. O al menos, para Circe era demasiado pronto para ser tía.

Cuando Ian se acercó para hablar con su amiga, esta no lo pensó dos veces. Una vez su voz dejó de escupir aquellas estúpidas palabras carentes de sentido, su varita se alzó haciendo que Ian Howells saliese disparado hacia la pared más cercana.

- ¡Nada de varitas! – Gritó una de las enfermeras. - ¡Por favor! – Avisó por segunda vez al ver a Circe de pie ir en dirección a donde se encontraba Ian. Pero la rubia ya había bajado la varita.

- Te voy a cortaras las putas pelotas para que no vuelvas a reproducirte. Y la polla para que sufras sin poder follar. Que parece que es lo único que sabes hacer, pedazo de cabrón. – La rubia le miró con desprecio. Realmente, en aquel momento, le odiaba. Más de lo que le había odiado cuando habían comenzado a conocerse y su relación era nula. Más de lo que le había odiado cuando se había aprovechado junto con Zack de su cuerpo  y habían teñido su cabello de negro. Más que cuando… - Para mí estás muerto.

No dijo más. Se giró y se fue de la sala. No quería dar el espectáculo en mitad del Hospital, aunque en aquel preciso instante quería decorar las paredes con la sangre de Ian Howells.

- Circe, cariño… - La mano de su  madre se posó sobre su hombro.

- ¡Quita! – Gritó la rubia apartando la mano ajena de un manotazo para seguir avanzando hasta salir de la habitación.
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Ian Howells el Miér Mayo 03, 2017 2:46 pm

No se sentó ni quiso hablar con él civilizadamente. Era normal. Lo que hizo, de hecho, fue sacar su varita y conjurar un hechizo que hizo volar a Ian salvajemente hasta una de las paredes. Se chocó contra un cuadro que le debió dejar la marca en la espalda del perfecto marco y luego cayó al suelo con el cuadro detrás. Menos mal que la sanadora no quería tener que envolver a un muerto aquel día y le pidió a Circe que parase, porque Ian ya se veía sin testículos.

Escuchó desde el suelo las palabras de puro desdén de Circe, las cuales parecían dichas para herir. Él entendía que estuviese enfadada, ¿pero pretendía acabar con toda su relación por aquello? Bueno, si nos poníamos a observar la situación de una manera objetiva, Ian había sido el cabrón que se tiró a su hermana en su fiesta de graduación, para luego dejarla embarazada y no decir ni pio cuando iba a ser el padre del sobrino de su mejor amiga. Era complicado, la verdad. Ian jamás le había ocultado nada a Circe. ¡Nada de nada! ¿Se sentiría ofendida porque Ian no se lo contó a pesar de la confianza que tenían? ¿O se sentiría ofendida porque se tiró a su hermana? Ian no sabía elegir. Quería pensar que es por la primera opción dado como se lleva con su hermana y lo pichafloja que es Ian, pero... ¿Y si no? ¿Y si verdaderamente se molestó por lo segundo? Pedirle perdón por eso era un poco estúpido, sobre todo porque ya había nacido hasta el niño.

Para cuando quiso reaccionar, un tajante "estás muerto para mí" hizo que Ian levantase la mirada para ver como Circe se iba de allí con una mala hostia considerable.-Mierda...-Suspiró en voz baja, levantándose lentamente del suelo. Su hermana Juliette vino a ayudarle, ya que desde que Ian iba a ser padre habían ensanchado la relación fraternal. Sin embargo, la madre de Ian hizo una aparición estelar para darle una colleja considerable en el cogote.

-¡Te lo dije! ¡Te dije que no le iba a hacer gracia que se lo ocultaras tanto tiempo! ¡Pero como se te ocurre!-La madre la verdad es que no ayudaba nada.

-¡Ya lo sé, ¿vale?! ¡Si se lo oculté no fue por mí!-Contestó Ian, ofendido. Estaba ya harto de que todo el mundo le juzgase, si se había quedado tanto tiempo callado es porque Eris le pidió expresamente que no dijese nada hasta que ella estuviese lista. No sabía quiénes de los integrantes de la familia Masbecth lo sabía, pero al parecer ahora lo sabían al menos cuatro por culpa de Ian.-Si pudiera habérselo dicho, hubiera sido de lejos la primera en enterarse, así que dejaros de gilipolleces trascendentales de lo mal que me comporté.

Hasta los cojones estaba. Si se comportó como se comportó fue por Eris y ya está. Si llega a cagarla de alguna manera, quizás ahora ella no hubiese querido que estuviese ahí. Así que se levantó, se estiró para comprobar que aquella embestida mágica no le había roto nada y volvió a entrar por la puerta para contarle a Eris lo que acababa de suceder cuando estuviese ya tranquila y poder coger al pequeño.

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18 de abril del 2017, casa de Circe.

Ella era su mejor amiga y aunque Ian no fuese precisamente un chico que demostrase su cariño por las personas a las que se los tenía, era alguien que sentía y que tenía muchísimo aprecio por la rubia. Y no le gustaba lo más mínimo lo que había pasado, aunque él tuviese toda la culpa. No obstante, quería disculparse y que Circe supiese su versión de la historia. Era lo suficientemente orgullosa como para escucharla y que todo le siguiese dando igual, pero al menos iba a intentarlo. ¿A quién, si no, iba a contarle todas las perrerías que iba a hacerle a su hijo? ¡A su madre no podía!

Así que siguió el consejo de su hermana: comprarle un regalo para hacer la disculpa más sólida y preocupada. A Ian le gustó la idea, se notaba que su hermana era Ravenclaw y mujer. Así que ese día por la mañana fue con Juliette por Londres a buscar algo. Ella estaba empeñada en comprar algo como una joya o algo, pero a pesar de lo presumida que era Circe, también era muy millonaria y pija y tenía todas las jodidas joyas del universo que quisiese tener. Necesitaba algo más... más bien menos común y que ella no se fuese a comprar por sí sola. Les costó, pero cuando salieron del restaurante en donde almorzaron y comenzaron a caminar por la acera, un escaparate fue la solución a la incertidumbre de Ian. Supo, en ese momento, que eso que veía a través del cristal era lo que debía de comprarle a Circe. ¡Era PERFECTO!

Juliette se oponía a la idea, pero todos sabemos que Ian normalmente hace lo que le sale de los cojones, más todavía cuando cree fervientemente que su idea es magnífica.

Así que ese día por la tarde se apareció con su regalo envuelto con un lacito en la puerta de Circe. Suspiró fuertemente y se preparó mentalmente para aquel encuentro. Se le había olvidado ponerse un protector en sus huevos, pero esperaba que no hiciese falta. Pero que conste que pensó que sería ideal si iba a sacar la valentía para ir a hablar con su amiga.

Tocó el timbre y luego tres veces con los nudillos en la puerta. Cogió con las dos manos a aquella rechoncha bolita de pelo y lo alzó cual Rafiki cuando alza a Simba, para que fuese lo primero que viese Circe al abrir la puerta. Cuando se escuchó la puerta abrirse, Ian habló desde detrás del perro.-Holi. Tu amigo viene a disculparse, por favor no me cierres la puerta en la cara.-Dijo, a la vez que cerraba las piernas. Ya él no se fiaba con esas patadas mortales que tenía Circe para pegarle en las pelotas, así que lo mejor era prevenir. Estaba atento, por si Circe le quería cerrar la puerta en la cara, meter el pie de por medio para impedírselo.


OFFROL: Para tú.
Ian Howells
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Ian HowellsMagos y brujas

Circe A. Masbecth el Dom Mayo 07, 2017 12:10 am

Hacía ya dos días que había sido tía y no le podía importar menos. No se había dignado a volver al Hospital para ver cómo estaría Eris ni su hijo. Ni siquiera se había preocupado por averiguar el nombre de aquella criatura que había tenido la desgracia de ser herencia directa de dos retrasados mentales como eran sus padres. Circe les odiaba a ambos en aquel preciso instante. Ambos le habían ocultado lo que habían hecho durante nueve meses. Nueve malditos meses mintiendo a la cara; nueve malditos meses en los que ella había vivido en la completa ignorancia sobre el padre del bebé de Eris e incluso se había preocupado para que su hermana no tuviese que cuidar del bebé ella sola. Pero no. El padre había estado frente a ella todo este tiempo. El padre había sido su mejor amigo que, no sólo había traicionado su confianza acostándose con su hermana y usándola para que decorase su eterna e interminable lista de conquistas. Sino que también le había ocultado durante todo aquel tiempo que se había acostado con su hermana. Pues no veía a Ian donando amablemente semen para darle un hijo a la mayor de las Masbecth.

Les odiaba a todos.

También a su familia. Si las cosas en la cabeza de Circe no estaban ya lo suficiente patas arriba aquello había servido como aliciente para empeorar las cosas. No le bastaba con que uno de sus hermanos hubiese muerto. No le bastaba con que otro hubiese desaparecido y casi matase a Eris. No le bastaba que sus padres pareciesen ajenos a lo sucedido con Adonis y Odiseo. No. Ahora tenía que sumarse todo aquello a la eterna lista de dramas familiares que había comenzado el día que cayó el Ministerio de Magia. Circe no lo había pensado dos veces a la hora de hacer las maletas con escusas baratas y había decidido alejarse de la familia. Había sido la mejor decisión que podía haber tomado en toda su vida.

Era jueves. Y, como cada jueves, tenía turno de tarde en la Universidad después de los entrenamientos de Quidditch con las Arpías. Llegaba a casa agotada y lo único en lo único en lo que pensaba era en perderse entre sus sábanas y almohadones. La casa estaba muy tranquila cuando Ian llevaba unos días sin venir porque su  madre había decidido discutir nuevamente con él. Se agradecía el silencio.

Cuando volvió aquel día de la Universidad se encontró con que en su puerta había alguien. Alguien que estaba llamando a su puerta y que, por suerte o por desgracia, se encontró con alguien que abría. La familia Masbecth, como tantas en el mundo mágico, contaba con elfos domésticos a su servicio. Aquel era el caso. Uno de los elfos había accedido a limpiar la casa de Circe cuando ella se encontraba en la Universidad, pues no soportaba tener que cruzarse con aquellos seres sucios y arrugados, aunque verdaderamente agradecía no tener que ser ella quien alzase la varita para limpiar todo a su alrededor. No tenía ganas de llegar a casa y verse obligada a perder el tiempo usando hechizos de limpieza.

El elfo doméstico abrió la puerta y miró el panorama. A Ian Howells elevando un cachorrito como si del propio Simba se tratase.

- La ama Masbecth no está en casa, le diré que el perrito arrugado trajo un humano. – De un portazo, el elfo doméstico cerró la puerta ante las narices de Ian.

Circe vio la escena desde atrás. Con los brazos cruzados sobre su regazo y avanzó hacia Ian. No dijo nada en absoluto. Se limitó a sacar la llave de la casa, meterla en la cerradura y abrir. Acto seguido se giró para coger al perrito de los brazos de Ian y, sin mirarle siquiera, entró al interior de la casa.

No cerró tras de sí, pues sabía que Ian intentaría entrar y no estaba de humor precisamente para intentar frenarle. Dejó al perrito sobre el suelo del comedor y fue hacia la cocina a por un bol con agua, el cual colocó frente al animal que rápidamente se lanzó a meter la cabeza entera en el cuenco.

- Tú, largo de aquí. – Indicó al elfo doméstico que aún seguía en la habitación. Este desapareció acompañado por un chasquido dejando la escena lista para estallar. – Y tú, ¿A qué cojones has venido? – Por primera vez se dirigió a Ian. Pero fue todo lo que dijo, ya que no tardó en bajar la vista y centrarse en el animal que tan animado terminaba con el contenido del cuenco.
Circe A. Masbecth
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Ian Howells el Mar Mayo 09, 2017 1:59 am

Fue inesperado que en vez de la cara de Circe, se encontrase con la de un elfo doméstico arrugado. Mira que Poppy (la elfina doméstica de Ian) era fea de cojones, pero ya de tanto verla al menos le había cogido el gusto. ¿Pero los demás? Parecía que el gen se lo curraba para que cada vez saliesen más feos. Espera, iugh, ahora acaba de pasar por mi mente la imagen de dos elfos domésticos follando. ¡Iugh! ¡Y ahora la imagen ha pasado por tu mente! ¡Serás pervertido! Bueno, continuemos. Fue todavía más inesperado que de repente Circe apareciese por un lateral, como si nada hubiera pasado, cogiese al perro y siguiese para el interior de la casa. Ian se quedó confundido. ¿Sin violencia? ¿Sin gritos? ¿El perro funcionó?

Entró detrás de ella al ver que incluso no había intentando cerrar la puerta, con tranquilidad. Suponía que era consciente de lo pesado que podía ser Ian cuando quería algo y que no se iba a quedar de brazos cruzados si le cerraba la puerta en la puta cara. Es otra opción. El chico cerró la puerta tras de sí y esperó a que Circe terminase de hacer lo que estaba haciendo para plantarse en medio del comedor y preguntarle directamente lo que quería.-He venido a disculparme por mi comportamiento de gilipollas.-Frunció el ceño.-O sea, por mi comportamiento de gilipollas multiplicado por mil, ya que yo soy gilipollas de normal.-Dijo como si fuese algo obvio que había que recalcar, por si acaso. Esperaba que Circe supiese que de base Ian es muy tonto y es una persona hecha y diseñada para cometer un error sí y otro también; y eso es así.-Déjame hablar todo de carrerilla, ¿vale? No me interrumpas hasta el final que soy hombre y no puedo disculparme y discutir a la vez porque entonces exploto.-Intentó hacer una bromilla, aunque en verdad era totalmente cierto. Ian solía discutir mucho, pero disculparse poco.

Así que empezó por lo primero.-Primero quería disculparme por haberme acostado con tu hermana y no haberte dicho nada. Pensé que no te haría gracia saberlo y si ya te sueles enfadar cuando te hablo de alguna chica con la que me acuesto, no creí correcto hablarte de cómo me acosté con tu hermana. Me parecía una falta de respeto hacia ti. La verdad que por aquel momento Eris me daba igual, te podría haber hablado perfectamente del tema si a ti te daba igual, pero vamos, dudaba mucho que eso fuese así. Además, pensé que te ofenderías por haberlo hecho y tanto ella como yo estábamos demasiado borrachos como para haberlo pensado en el momento.-Hizo una pausa y se humedeció los labios antes de decir lo último:-La cagué bien cagada y por eso te pido perdón.-Vale, lo admitía. Estaba siguiendo una serie de pasos escrito por su hermana para poder disculparse de manera civilizada: primero era recordar el motivo del enfado y, segundo, recalcar el arrepentimiento. Por ahora va bien, ¿no? Nadie puede decir que no se lo ha currado. La verdad es que Juliette le había ayudado mucho a aprender a disculparse con propiedad.

Ahora venía lo verdaderamente difícil, el problema consecuencia del primer problema, lo cual había hecho que todo desencadenase en esta pedazo de bomba de relojería: el puto bebé. Suspiró.-Y obviamente también tengo que pedirte perdón por no haberte contado lo del bebé. Me enteré en noviembre y Eris me recalcó expresamente dos cosas ese día: que ni pensase en la opción de inmiscuirme y que como dijese algo me reventaba lentamente a palos.-En realidad no le dijo eso, pero el contexto es el mismo.-Obviamente me enfadé, pero como dijese algo iba a tener menos oportunidad todavía de inmiscuirme, así que tuve que ganarme la confianza de tu hermana y demostrarle que no soy tan cafre. El día del ataque casi pierde al bebé, fue cuando de repente desaparecí de tu lado en Hogwarts, fue porque fui a ver cómo estaba y tuvimos que ir corriendo a San Mungo. Desde entonces su actitud cambió respecto a mí y me dio esperanzas, siempre y cuando continuase sin decir nada. Y ahí sé que te estaba jodiendo, pero lo hacía por respeto a ella, pues era su decisión y si no me callaba como una puta al final todo se iba a ir a la mierda.-Entonces se quedó callado, aún con el ceño fruncido. Parecía que estaba estreñido, pero es que esa situación era muy extraña para él. ¿Cuántas veces se habría disculpado en la vida? ¿UNA? Sí, esta. Bueno, una vez se disculpó con su madre, pero porque necesitaba dinero, así que no cuenta.

El silencio se volvió un poco agobiante, por lo que aprovechando que el perro metió una pata en el interior del bol con agua y lo tiró todo por fuera, además de resbalarse y quedarse sentado de una manera muy graciosa, añadió lo obvio.-El perrito es un regalo para ti. Te lo he comprado arrugado para que combine con el feo de tu elfo doméstico.-Bromeó. Sí, Ian había COMPRADO UN PERRO en vez de ADOPTARLO. Menos mal que en el mundo mágico la gente no ve tantos mensajes de "adopta, no compres" porque si no seguro que también se lo echa en cara. Pero ya me dirás en donde puedes adoptar a uno de estos perretes tan monos y de raza pura. Decidió matizar algo al notar que el silencio era casi palpable de lo incómodo.-Ya puedes hablar, he terminado.
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Ian HowellsMagos y brujas

Circe A. Masbecth el Mar Mayo 09, 2017 2:45 pm

Le importaba una mierda lo que Ian tuviese que decir. Pensaba dejarle soltar su discurso de disculpa y mandarle a la mierda haciendo alarde de su poca educación. Pero el chico empezó de tal manera que en lugar de querer echarle lo que quería era darle tal patada en las pelotas que le saliesen por la cabeza a forma de cuernos de demonio. Porque eso era Ian Howells. El puto diablo. ¿Cómo tenía la poca vergüenza de presentarse en su casa con esa estúpida disculpa y pretender que le perdonase? Estaba claro que el perro iba a quedárselo porque le había parecido muy mono, pero no por otra cosa. No era  como si aquello fuese la pipa de la paz y hubiese accedido a fumar de ella. Ni muchísimo menos. Aquel cabrón no se iba a salir con la suya tan fácilmente después de todo lo que había hecho. ¿Acaso Ian era incapaz de aprender? No había pasado ni un año desde la última vez que Circe juró no perdonarle por haberle destrozado el pelo. Pero aquello ya no tenía ni nombre. Lo que había hecho, no se merecía oportunidad alguna.

Aunque el último comentario le resultó incluso gracioso no lo demostró en absoluto. Se encontraba sentada en el sofá, con los brazos cruzados y mirando en dirección a la pared como si fuese lo más interesante del mundo. Y es que no quería mirar a Ian en la cara porque sabía que le entrarían aun más ganas de estrangularlo. Aun cuando su voz no servía precisamente para acallar su propia voz en su cabeza que sólo gritaba: ¡Mata a ese hijo de puta! Respiró hondo y finalmente elevó la vista en dirección a Ian.

- ¿Quieres que te perdone? – Preguntó retóricamente. – Te perdono si es lo es lo que necesitas para seguir viviendo con tu puto egoísmo y que así puedas pegar ojo por las noches. Pero tú y yo ya no somos amigos. Para mí estás muerto. – Repitió lo mismo que había dicho en el Hospital. Y es que aquello ya era el colmo de lo que Ian podía llegar a hacer.

No es solo que te hayas tirado a mi hermana. Tú te acuestas con cualquiera y ella tiene una facilidad increíble para abrirse de piernas. Claro que me jode que te hayas acostado con mi hermana, se supone que los hermanos es algo que los amigos respetan. ¿No podías decírmelo en su momento? Mira Circe, estaba borracho y me acosté con tu hermana.  – Dijo lo más calmadamente posible, pero su voz salía a toda velocidad de su boca elevándose en más de una ocasión. – Te habría perdona. Claro que me había enfadado, joder. Te has follado a mi hermana. Pero te habría perdonado porque así eres tú y se supone que los amigos… Bueno, se aceptan como son. – Circe podía ser una hija de puta con todas las personas, incluidos sus amigos. Pero también era alguien terriblemente protector con la gente que le importaba. Una de esas personas que se tenía en alta estima pero no dejaba de lado a la gente importante. Era una buena amiga, aunque una mejor enemiga. – Pero no puedo perdonarte no haberme dicho que eras el padre. Eso no puedo hacerlo. – Respiró hondo y elevó nuevamente la vista en dirección a Ian. – Se supone que tu amiga soy yo, no ella. Ella es una desconocida más a la que se la has metido pero aun así has preferido cumplir con ella que conmigo. Cuando se supone que tu amiga soy yo. – Bajó la vista y se levantó. – A ella no le debías guardarle el secreto. Pero a mí sí me debías ser sincero conmigo. - ¿Estaba dolida? Ian no podía hacerse una idea de cuánto. -  Me importa una mierda lo que hicieras después de irte de Hogwarts. Como si fuiste a follarte a la enfermera que cuidaba de mi hermana, que visto lo visto ya no me extrañaría viniendo de ti. Me importa una mierda todo, Ian. Me has mentido dos veces para salvarle el culo a mi hermana. – Fue hacia la puerta y la abrió, indicándole para que saliese de allí. – Ahora, vete. No tengo nada más que hablar contigo. Ya me has demostrado lo poco que te he importado siempre.
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Ian Howells el Lun Mayo 15, 2017 5:13 pm

¡EL PERRO NO FUNCIONÓ! Juliette, le debes una explicación. Aunque claro, dijo que le derretiría el corazón para que la disculpa fuese más efectiva, pero todos sabemos que el corazón de Circe es un pedrusco volcánico y que eso lo menos que hace es derretirse. Necesitaba serenarse para poder contestar con propiedad a la invitación que Circe le estaba diciendo para que fuese a la mierda.

No sabía si era un alivio o no lo que le decía de haberse follado a Eris. Decía que le habría perdonado, ¿pero entonces ahora no le está perdonando? ¿O sí le estaba perdonando? Era importante saber qué le perdonaba y que no. Algo le decía a Ian que lo que Circe le estaba diciendo es que si hubiera sido en el momento, le hubiera perdonado pero que ahora simplemente podía irse a fumar pepinillos pues era demasiado tarde. Pero claro, Ian no quería pensar que eso era cierto porque era todo lo contrario de lo que él quería conseguir. Sin embargo, lo que sí le quedó claro clarísimo es que no le perdonaba por lo del bebé, lo cual era una soberana mierda, ya que en realidad era lo más importante. Podía entender perfectamente como se sentía y por un momento sus palabras hicieron que Ian dejase de pensar en cómo conseguir su perdón, para entonces darse cuenta de cómo había hecho sentir a su amiga. Siempre supo que lo que hacía le iba a enfadar, pero en realidad nunca pensó que iba a sentirse tan dolida, por una parte porque Ian es un poco insensible y por otra porque Circe siempre ha aparentado ser tan dura como su corazón: un pedrusco andante, ya lo he dicho. Pero en verdad, si nos ponemos ñangas, había que admitir que con diferencia, Circe era la mejor amiga de Ian, la que de verdad le conocía cómo era y con la que era totalmente sincero y, de alguna manera, Ian quería pensar que era recíproco, aunque ahora le hubiera dejado claro que no quería saber nada de él. Se sentía fatal, ¿pero es que acaso había tenido opción? ¡Nunca pudo elegir!

Elevó la mirada repentinamente cuando Circe abrió la puerta de la calle y le pidió que se fuese. No iba a irse, ¿estamos locos? No pensaba irse de allí hasta que al menos dejase de verlo como alguien muerto. Quería explicarse y que Circe supiese su versión de la historia.-No voy a irme, cierra la puerta, por favor.-Le pidió amablemente, para luego comenzar a hablar él.-¿Entonces tu crees que lo correcto habría sido decírtelo a ti por encima de todo y ganarme el odio de tu hermana, la madre de mi hijo? ¡Cuando me lo dijo me dijo que no quería que yo reconociese al hijo, que me olvidase de conocerlo! Y me añadió expresamente que si decía algo lo lamentaría. Si te llego a decir cualquier cosa hubiese perdido toda oportunidad de ganarme su confianza y aunque no la valoro más que la tuya, necesitaba su confianza si quería estar hace dos días con ella en el hospital y ver nacer a mi hijo.-Respondió, para entonces hacer una breve pausa que él mismo se encargó de cortar.-No quiero excusarme porque sé que lo que hice estaba mal, pero estaba entre la espada y la pared. Ella no me conocía tanto como tú y o hacía lo que me pedía, o me podía olvidar de todo. Y aunque lo que te hice fue horrible, tenía la esperanza de que al menos me entendieras.-Continuó, más tranquilo.-No quiero que pienses que la prefiero a ella, o que la antepongo a ti. Si lo he hecho es porque he tenido que hacerlo, seré muchísimas cosas y no te lo negaré, pero quería hacer algo bien y no quería ser el cabrón que dejase a su primogénito sin padre. De verdad que he tenido que cambiar muchísimo estos meses y... -Soltó aire, con la sensación de que nada de lo que estaba diciendo serviría para nada.-Ha sido una puta mierda tener que hacerlo solo. Siempre he querido decírtelo porque sé que si no llega a ser tu hermana, me hubieras llamado subnormal y luego me hubieras ayudado, pero es que ya si me decidía a hacerlo, sentía que ya era demasiado tarde. Pero cuando yo me enteré en su momento, todavía era un estúpido retrasado asimilando la mala suerte y lo jodido que estaba. Lo menos que pensaba en ese momento era en no cumplir con lo que Eris me había dicho...

Joder... no tenía ni idea ya de lo que estaba diciendo y seguía teniendo la misma sensación que hace unos minutos, que su estancia allí y mucho menos sus palabras no iban a servir para nada. Así que puestos a decir cosas que se queden en el aire, quiso continuar. Se pasó la mano por la nuca, despeinándose, en un movimiento bastante perdido y con un gesto preocupado.-De verdad que lo siento, Circe. Por lo de haberme tirado a tu hermana ya es que... los dos sabemos que fui un gilipollas y que siempre lo he sido y en aquel momento pensé que te enfadarías muchísimo conmigo y pensé que si no lo decía, total... tampoco pasaba nada. No iba a volver a repetirse. Pero claro... pasó lo que pasó...-Tragó un bolo de saliva que llevaba acumulándose en su garganta todo este tiempo, por lo que sonó fuerte.-Y siento todavía más haber sido un amigo de mierda, pero por favor, prefiero que no me perdones y existir para ti, a que me perdones y me des por puto muerto, que ya sé lo mucho que me afecta que mi mejor amiga me haga el vacío. Y total, si me odias al menos ya estoy acostumbrado a tus hostilidades.-Dijo finalmente, respirando profundamente ya que había hablado sin pensar y muy rápido. ¿Habría dicho alguna burrada?

Ya lo había hecho antes, cuando le hizo aquella gamberrada con Zack en Hogwarts. ¡Pero joder, no tenía comparación! Aquello había sido una broma, una broma de mal gusto, pero una broma al fin y al cabo. ¿Cuánto tiempo duró con el pelo así? ¡Casi nada! Estaba seguro de que lo que le molestó fue que se uniese a Zack, su archienemigo, antes de lo que le hicieron en el pelo. Tenía que ser eso. Igual que ahora, que Ian había elegido a Eris, su hermana con la que no se lleva del todo bien, en vez de a ella. Ian era puto subnormal. Al menos ahora ya lo había entendido.
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Circe A. Masbecth el Mar Mayo 16, 2017 10:22 pm

¿Le odiaba? Santo Merlín, claro que lo hacía. ¿Cómo no iba a odiarle después de todo lo que había hecho y que encima tuviese la poca vergüenza de presentarse en su casa a rogar un perdón que no se merecía? ¡Estaba a años luz de merecerse su perdón! Lo único que se merecía en aquellos momentos era tal patada en las pelotas que lo sintiese hasta su madre que le había parido hace ya tantos años atrás. Y menuda desgracia para su madre, tener un hijo gilipollas y encima no cobrar la subvención por retraso mental cuando era evidente que Ian lo padecía.

- Claro que lo sientes. Sientes haber sido un gilipollas como has sido toda tu vida. – Cerró la puerta de un portazo, tal y como Ian había pedido.

Escuchó una vez más todo lo que el chico tenía que decir sin moverse de la puerta, con el picaporte sujeto en una de sus manos mientras que su peso reposaba en la pared situada inmediatamente al lado de la puerta.

No eres consecuente con lo que has hecho. Piensas que puedes destrozar las cosas, pedir perdón y fingir que nada ha pasado. – Se acercó a la mesa del salón y cogió una figurita de porcelana que, por cierto, le había regalado la madre de Ian hace un par de años por Navidad. La lanzó al suelo y esta se rompió en mil pedazos. –Ahora dile que lo sientes. – Señaló los restos de la figura que se encontraban en el suelo, demostrando que, cuando rompes algo, por mucho que te disculpes sigue roto.

Y por mucho que aquello sonase demasiado profundo para alguien que, aparentemente, carecía de sensibilidad alguna como era Circe Masbecth, era la verdad. La vida de Circe se había ido descomponiendo pedazo por pedazo desde que los Mortífagos habían tomado el poder e Ian era uno de los únicos pedazos que aún seguían dentro de lo que era su antigua vida. La desaparición de Odiseo cuando había traicionado a su propia familia y casi acabado con la vida de Eris. La muerte de Adonis, con quien a pesar de no mantener una buena relación seguía siendo su hermano. La indiferencia de sus padres ante todos los sucesos acontecidos aquella noche. Las mentiras que Eris acababa de lanzarle a la cara aun cuando su relación parecía haber mejorado. Y el único Masbecth exento de culpa parecía estar desaparecido de la faz de la tierra. E Ian… Ian había decepcionado a Circe como jamás lo había hecho hasta el momento.

- Se supone que los amigos son la familia que no elige. Me equivoqué al elegir a Damon y sabes lo mucho que me dolió que nos dejase de lado por tirarse a Lluna. Y ahora me demuestras que tú no eres igual, sino que eres peor. – Negó con la cabeza y soltó una pequeña risa irónica. – Tú te tiras a cualquiera, Ian. Te lo habría perdonado. Incluso haber dejado embarazada a mi hermana, aunque  te habría odiado un buen rato antes de hacerlo. Lo que no puedo perdonarte es que me hayas mentido así. ¿Qué lo hiciste por tu hijo? La próxima vez ponte hielo en la entrepierna cuando quieras tirarte sin protección a la primera que se te cruza y así no tendrías un problema que se caga encima del que preocuparte. ¿No soy tu amiga? Los amigos confían los unos en los otros. Si me hubiese dicho todo, Eris jamás se habría enterado. Joder, Ian, ni que fuese tan lista como para leerme la mente y descubrir que sé que mi mejor amigo la ha preñado. – Dijo molesta.

- ¿Crees que es sencillo perdonarte esto? Me has mentido. Y esto era importante. ¿Prefieres que te odie a que te haga el vacío? Pues prepárate a tener una vida terrible, porque no sabes lo hija de puta que puedo llegar a ser si es lo que tanta ilusión te hace.
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Ian Howells el Lun Mayo 29, 2017 2:28 am

La metáfora de la figura rota fue TAN BUENA que Ian se quedó admirando la figura con tanta expectación que no pudo decir nada. Se quedó sin palabras. Ya no solo porque decirle lo siento no funcionaba para nada, sino más bien porque no quería imaginar que los mil pedazos en los que se había roto era la misma metáfora para como se sentía Circe. Ella era la chica más fuerte que Ian jamás había conocido, ¿y de verdad él le había destrozado tanto? ¿Él, con lo idiota que era? Hombre, sí, quería considerarse importante en la vida de Circe, ¿pero tanto? ¿Tanto? Por un momento se imaginó que fuese al revés y... ¿Si Circe hubiera dejado embarazada a su hermana y no se lo hubiera dicho hasta que Juliette tuviese al bebé? Pues oye, sería muy fuerte. Por un momento esa posibilidad le hizo gracia, por una parte por imaginarse a esas dos teniendo sexo y, otra, porque está claro que Circe no podría dejar embarazado a nadie.

Se rascó la mejilla, nervioso por la conversación. Sentía que se estaba quedando sin argumentos con los que defender su posición y lo cierto es que su posición estaba tan jodida que no era difícil quedarse sin buenos argumentos.-No he sido consecuente durante todos estos meses, por eso me estoy disculpando, por haber sido un idiota. Podría haber seguido perfectamente con mi vida y asumir que te has enfadado conmigo por algo que he hecho por convicción y porque he creído que era lo correcto, pero no, me he dado cuenta de que la he cagado y he venido a disculparme. A mí me hubiera molestado si tú lo hubieras hecho, pero tuve que elegir en su momento y...-Bufó, encogiéndose de hombros, aún inquieto.-Me equivoqué.

Cuando le comparó con Damon le molestó muchísimo, ya que juntos se habían metido con Damon una y otra vez por su comportamiento. ¿De verdad él era peor? Damon lo hizo solo por follar, al menos Ian lo había hecho por su hijo. No sé, había un peso relativamente diferente entre ambos motivos.-Yo no te he dejado de lado en ningún momento, Circe. He estado ahí siempre, aunque te ocultase la verdad. Sabes que no me voy a ir a ningún lado por nadie, no seas boba. No me compares con ese.-Se defendió, pues se sintió ofendido. Damon había sido su mejor amigo durante muchos años, estaba igual de dolido por el tema que Circe y claro, le tocó la fibra sensible que encima le comparase con ese idiota. Frunció el ceño y contestó con un tono de voz más estresado:-Te lo he confiado todo menos esto, Circe. ¡Todo! ¡Ya te he dicho que me he equivocado! ¡Te he dicho que soy un gilipollas y que me he comportado fatal contigo porque te he mentido durante todo este tiempo! Me he sentido mal cada minuto de cada día de todos estos malditos meses por no contártelo y te estoy diciendo que me arrepiento, que lo he hecho puto mal y que me perdones. Me pongo en tu pellejo y entiendo que te haya molestado porque he sido un completo desconsiderado. ¿Pero no eres capaz de ponerte en mi posición y entender, al menos, un diez por ciento de por lo que yo he tenido que pasar?-Gesticuló varias veces con las manos, visiblemente molesto por la discusión en la que tenía la sensación de que iba perdiendo.-Sólo ponte en mi maldito lugar, siendo yo, claro. Porque tú puedes ser la mujer más segura sobre la faz de la tierra, pero ya ha quedado claro que yo soy gilipollas y no rindo bien.-Dijo finalmente.

Comenzó a caminar por la zona. ¡Estaba hasta sudando de los nervios! Caminando, terminó apoyándose en el respaldar del sillón, con la mirada cabizbaja. Negó con la cabeza ante las últimas palabras de Circe y suspiró, bufando con resignación.-Claro que no es sencillo perdonar. Mi intención es al menos que quieras intentarlo, no que lo hagas ya. Sé lo rencorosa y orgullosa que eres, pero si me dices que estoy muerto para ti, no me voy a quedar de brazos cruzados e irme por esa puerta.-Respondió, ya más tranquilo, elevando la mirada al final para volver a mirar a su amiga.-Y quiero que seas de las primeras en conocerlo ahora que está a punto de salir de San Mungo. Esperaba que al menos me dieses una tregua para presentártelo. Por favor.-Le pidió finalmente, mirándole seriamente. Ese tipo de seriedad era muy difícil de verla en Ian, pero se tomaba a Circe muy en serio, sobre todo dadas las circunstancias en las que se encontraban.-Yo puedo estar muerto para ti, pero tú para mí no.
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Circe A. Masbecth el Jue Jun 01, 2017 5:39 pm

Por regla general era una persona a la que le importaba más bien poco lo que el resto hiciese o dejase de hacer. No era alguien que se veía afectado por las decisiones ajenas y que cuya piedra angular de su vida era ella misma y tan solo ella. Pero a pesar del distanciamiento que Circe tenía hacia toda relación humana y social, había un pequeño vacío legal al que pocos accedían. Y es que Circe era una persona egoísta por naturaleza, narcisista hasta la médula y con un amor propio tan grande que podría llenar una sola habitación. Pero quería a los suyos. Quizá los suyos eran un contado número de personas a las que despreciaba menos que al resto pero que, poco a poco, se habían ganado un hueco en su corazón. Los suyos no eran su familia, un grupo de desconocidos con los que se había visto obligada a vivir durante años por el mero hecho de compartir lazos genéticos. No, los suyos eran aquellas personas que con el paso de los años se habían asentado en su vida y por las que Circe sería capaz de arriesgarlo todo. Ian era una de esas pocas personas que con el paso del tiempo se había ganado un hueco especial en la vida de Circe. E, idiota de él, acababa de lanzarlo todo por la borda por un simple calentón que había desembocado en una mentira tras otras. Y Circe odiaba las mentiras. Quizá porque ella era incapaz de emitir una con tanta facilidad ante personas que realmente le importaban. Pero Ian no había permitido que el aprecio o la simpatía tuviesen importancia en su vida. Él simplemente había lanzado al aire una mentira tras otra sin ser consecuente de lo que aquello acarrearía.

- Él al menos fue sincero. – Le recriminó. A Circe no le parecía suficiente razón su hijo. Y más cuando dudaba que nada más tirarse a su hermana Ian fuese consciente que sus espermatozoides habían dado en el blanco y había conseguido que uno de ellos se coronase ganador en la carrera de su vida hacia el óvulo a fecundar. – Te fuiste el día que decidiste follarte a mi hermana y no decirme nada. – Claro que Damon había sido un hijo de puta de campeonato y un amigo terrible pero Ian no lo había hecho ni de lejos mejor que él. La había estado engañando durante meses cuando sabía perfectamente que una de las cosas que más odiaba su amiga era que alguien le mintiese. Y él lo había hecho. No una, sino muchas veces. Primero con haberse acostado con Eris y luego con haber sido el padre de la criatura, mentira que se había alargado durante meses y él había sido incapaz de sincerarse con quien, supuestamente, era su mejor amiga.

- ¡¿Desde cuándo he sido yo capaz de ponerme en el lugar de alguien, Ian?! – Gritó enfadada. – Claro que no soy capaz de ponerme en tu lugar. Pero no soy capaz porque yo en la vida te mentiría tan descaradamente, joder. Si me follase a tu hermana te lo diría. Puede que no al minuto, pero al menos si te lo diría pronto. – Suerte que no existía la posibilidad del embarazo en aquella ocasión, claro. – No quiero ponerme en tu lugar. Quiero que tú te pongas en el mío de verdad. No me vale que me digas que lo entiendes. Quiero que veas que duele, Ian. Duele que te mientan durante meses cuando la verdad era tan sencilla. Eris te pidió que no me dijeses nada y tú aceptaste. Aceptaste cuando sabías que no pasaría nada si me lo decías salvo que me enfadaría contigo y que si no me lo decías acabaría siendo peor. Pero preferiste elegir mentirme a mí en lugar de mentirle a ella. ¿Es que ahora además os pensáis casar o qué? – Estaba molesta porque Ian había decido engañarla solo por petición de Eris. Había decidido engañarla cuando ella, si Ian se lo pedía, no le diría nada a Eris del tema.

¿De verdad le estaba diciendo aquello? ¿De verdad pensaba que a Circe le importaba lo más mínimo su sobrino? Esa criatura que lo único que haría durante meses sería berrear, comer, cagar y dormir. Y aquello último si había un poco de suerte, porque era posible que no dejase vivir al resto con sus alaridos. Circe esperaba que fuese aquello lo que sucediese y que su hermana acabase más gilipollas por la falta de sueño de lo que ya era.

- Vete, Ian. – Sabía que como se quedase la cosa iba a ser bastante peor. Estaba furiosa con él y hablar del tema una y mil veces en aquel momento no ayudaría a que se calmase nada. Sólo estaba alimentando el odio que sentía en aquel momento hacia el que había considerado un amigo durante años. – Sabes que ahora no vas a arreglar nada conmigo y va a ser peor. – Como no se fuese ya acabaría lanzándole cualquier maleficio sólo para que cerrase la boca.
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Ian Howells el Jue Jun 08, 2017 2:56 am

Aquello iba a ser sencillamente imposible. Ian había traicionado la confianza que Circe había depositado en él y era muy lógico que se enfadase; de hecho, estaba en todo su derecho. El chico lo único que podía hacer ahí era intentar apaciguar a la bestia e intentar que ella pudiese empatizar un poco con él para perdonarle... pero seamos sinceros, allí no había nada que rascar. Si éramos del todo honestos, si Ian se pusiese en la posición de Circe, también estaría muy enfadado. ¿Pero es que acaso la parte que le correspondía a Ian no tenía ni un poco de justificación? Él seguía apostando que sí, pero no podía hacer nada con el argumento de Circe, el cual era inquebrantable.

Podría repetirse una y otra vez, decirle que si no le contó lo de Eris era porque pensaba que se iba a quedar en el olvido (y porque no lo recordaba muy bien después de todo el whisky que bebió) y que una vez se enteró de que la había dejado embarazada, tenía prohibido decir cualquier cosa. Pero claro, eso a ella le daba absolutamente igual. Lo único que le importaba es que Ian le había decepcionado como amigo y estaba en todo su derecho. Tenía razón, así de claro.-La elegí a ella porque no la conocía de nada. Ella podría haberse enterado o tomar una decisión precipitada por mis acciones... lo hice así porque tú me conoces y ante una cagada, eras la que más probabilidad tenía de perdonarme.-Explicó, metiéndose las manos en los bolsillos de su vaquero en una posición bastante insegura.-Claro que sé que duele, si tú me lo hubieras hecho a mí también me hubiera enfadado.-Aunque menos, ya que estaba el factor de que no podía dejar preñada a nadie y el hecho de que se acostase con su hermana sería bastante perturbador.-No nos vamos a casar, ya te he dicho porque...-Pero desistió de volver a explicarse, porque sabía que no iba a servir para nada.

Ella no dijo nada al respecto de la petición que le hizo Ian sobre conocer al pequeño, sino que insistió en que se fuese. ¿Ahora acaso tenía otra opción? Ya lo había dicho todo, al principio como si fuese algo que se había estudiado, pero al final la conversación fue totalmente sincera y propia del universitario. No quería perder a su mejor amiga, pero era consciente de que la había cagado bien cagada. Al menos, sabía que no iba a darse por vencido.

Le pareció bien que no quisiera ver a su sobrino, aunque pudo verse claramente que a Ian no le gustó la idea aunque la respetase. Hablar con Circe caliente no era una opción, ya que al final iba a ser mil veces peor el remedio que la enfermedad.-Está bien.-Caminó entonces hacia la puerta, pasando por su lado y parándose a un paso de ella.-Sé que me merezco que estés enfadada conmigo, he actuado como un auténtico subnormal. Perdóname. Yo...-Apartó un momento la mirada, en busca de las palabras correctas.-Te juro que solo hice lo que pensé que era mejor, pero me equivoqué. Lo reconozco y por eso te pido que me perdones.-Era sabido por todos que Ian era el ser más estúpido e imperfecto sobre la faz de la tierra, no había que pedirle más de lo que podía dar. Y si era algo, sin duda lo que era es un inmaduro desconsiderado, o al menos era algo que había sido durante los siete años en los que Circe lo conoció. Ahora, aunque no lo pareciese, estaba cambiando poco a poco, o al menos era su intención.-Te prometo que no volverá a pasar, aunque ahora encuentres esa promesa vacía. No volveré a traicionarte nunca más, decidas lo que decidas hacer.

Finalmente miró al perrete, el cual estaba olisqueando la pata del sillón como si no hubiese mañana.-No te olvides de darle un nombre.-Esbozó una pequeña sonrisa y continuó caminando hacia la puerta, para sujetar el pomo, abrirla lentamente y salir al exterior. Podría haberse ido con desaparición, pero ahora mismo lo único que necesitaba era mucho aire que le ayudase a ordenar sus ideas.
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Circe A. Masbecth el Sáb Jun 10, 2017 10:22 pm

Perdonar no era su punto fuerte. Jamás lo había sido. Ni tampoco dejar de lado sus propias emociones y sentimientos para anteponer las del resto. En aquel momento el odio hacia Ian Howells recorría cada parte de su ser, del mismo modo que el odio hacia Eris Masbecth lo haría en cuanto el chico se fuese de allí y dejase de acaparar todos los pensamientos de la chica. Pensamientos poco agradables. Algunos cargados de odio, otros de venganza. Lo único que quería era golpearle el rostro hasta que se volviese tan irreconocible como un maldito bicho palo. Quería que sintiese físicamente el dolor emocional que ella sentía. Quería desahogarse. Quería dejar escapar toda su furia, odio y frustración de una vez por todas y descargar sobre el rostro que tanto conocía lo que en aquel preciso instante estaba sintiendo.

- Ella no se habría enterado. – Dijo de manera seca y fría. Estaba cansada de aquella discusión que ambas partes sabían que no llegaría a ninguna parte. – Soy tu mejor amiga, habría guardado el secreto como siempre he hecho. – Sentenció, fría e impasible. No le importaba lo que Ian Howells pudiese sentir. No le importaba lo que Ian Howells quería decir. No le importaba una mierda el maldito Ian Howells. – Te equivocaste, yo no te lo perdonaré en la vida. – Circe era una persona de extremos. Para ella no existía una amplia gama de grises sino dos tonalidades bien definidas y opuestas. El blanco y el negro. Así que por mucho que Ian hablase no iba a cambiar su opinión. No daría su brazo  a torcer por nada del mundo. Aquello no era una opción.

Ian podía intentar justificarse todo lo que quisiese pero sus palabras no eran más que un dolor de cabeza para la rubia. Le había amenazado una y mil veces desde que había aparecido en su casa  y aún así él seguía ahí. No se marchaba. Lo cual no hacía más que alimentar el odio que sentía en aquel momento Circe. Sólo quería que se marchase de allí. No quería ver su rostro nunca más y su presencia no hacía más que recordarle lo mucho que le odiaba. Lo mucho que le dolía la mentira. O más bien la serie encadenada de estas que Ian había creado ante sus propias narices. Traicionando su confianza. Traicionando su amistad. Traicionándola a ella.

- Más te vale, no tengo más hermanas a las que puedas preñar. – Dijo a forma de despedida. No iba a echar más leña al fuego. Ni él iba a intentar dejar de justificarle ni Circe iba a darle el beneplácito de la duda ante su comportamiento. No podía perdonarle, todo estaba demasiado reciente y se sentía traicionada. Tremendamente traicionada y dolida.

Cerró la puerta tras la salida de Ian. No, no iba existir ese momento dramático en el que le pediría, por favor, que no se marchase de allí. Aquello no era una maldita comedia romántica y ella no era alguien que perdonase fácilmente. Ian tendría que hacer algo para volver a ganarse la confianza de la rubia. Y eso no era una tarea sencilla.

- ¿Y tú qué miras? – El perro se sobresaltó ante su pregunta y soltó un corto ladrido antes de correr en dirección de Circe. – Espero que seas más  listo que él. – Tocó la cabeza del animal y se marchó a su dormitorio para intentar pegar ojo aquella noche.

* * *

El despertador alertó que ya era hora de despertarse. Aquel día no tenía entrenamiento por la mañana lo que le daba la posibilidad de ponerse al día con los trabajos universitarios y comenzar a estudiar para los exámenes finales que estaban a un paso de llegar. La rubia salió de la cama y fue hacia la cocina a por un zumo de naranja. El perro se despertó y saltó de la cama donde había pasado la noche sin invitación de su dueña y la persiguió hasta la cocina.

Dio un golpe de varita y entonces el elfo doméstico de los Masbecth hizo acto de presencia. Su cara estaba igual de arrugada que siempre. Tan asqueroso como el día anterior.

- Saca al perro, necesita ir a mear. – Fue lo único que dijo mientras avanzaba al salón para dejarse caer sobre el sillón. Cogió uno de los cuadernos de apuntes y empezó a leerlo mientras el elfo se abría paso  hasta la salida de la casa. Abrió la puerta y ahí lo encontró.

- Ama Masbecth, tiene visita. – El elfo pasó de largo dejando la puerta abierta y Circe frunció el ceño mirando a Ian. No iba a rendirse fácilmente.
Circe A. Masbecth
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Ian Howells el Miér Jun 14, 2017 4:33 pm

Sí, Ian se había ido de la casa de Circe en un principio derrotado, consciente de que no iba a conseguir nada. Ella siempre había sido una persona muy rencorosa y, sobre todo, cerrada de mente. Solía ser todo o blanco o negro y tenía la sensación de que después de lo que le había hecho, jamás conseguiría en ella ningún matiz que pudiese conseguir que le perdonase.

Llegó a casa una hora después, bastante tarde. Toda su familia estaba durmiendo, a excepción de Juliette, que se encontraba en la sala de estar leyendo un libro sobre la paleontología y su relación con el mundo mágico. Vamos, cosas que solo le interesaban a su hermana la friki.

-¿Qué tal ha ido?-Preguntó nada más verle. Él negó con la cabeza, encogiéndose de hombros.-Al menos se quedó con Rechoncho.-Añadió, cerrando el libro tras ponerle el marca páginas y levantándose hasta llegar a donde estaba él. Rechoncho era el apodo que Juliette le había puesto al perro, ya que le había acompañado a comprarlo y en una hora que había estado con él, le había cogido cariño al cachorro.-Piensa que si se ha quedado con algo tuyo, que le has llevado como disculpa, es que al menos tienes posibilidades. ¿Quién narices quiere un perro de alguien a quién odia? Yo al menos no. Me recordaría a esa persona todo el rato y al final terminaría odiando al pobre perro.-Comentó para darle esperanzas a su mellizo.

-Pfff, ni idea.-Dijo él, sin muchas esperanzas en el asunto por cómo había estado Circe de poco receptiva.-Yo no veo muchas posibilidades, ha estado super tajante.

-Es normal, llevas mintiéndole desde hace meses, Ian. Se supone que es tu mejor amiga. Si quieres recuperarla vas a tener que currártelo, no esperar que por pedir perdón por una vez en tu vida fuese a funcionar a la primera. Si lo quieres, vas a tener que merecértelo. No conozco mucho a Circe, pero te va a costar. Es lo primero que tienes que asumir y tener claro.-Le dejó claro.-Acompáñame a la cocina a comer algo y mientras me cuentas lo que ha pasado con mas detalles.

-No me apetece.-Se intentó quejar, para irse a la cama.

-Que me acompañes, cara-pan.-Le dio un codazo y le cogió de la mano, tirando de él.

Quería ayudarlo. Bastante desgracias le venían encima ahora con un bebé como para encima estar triste por haber perdido a su mejor amiga. Juliette no podía ayudarle con lo del bebé porque de eso no sabía nada, pero al menos con el tema amistad sí que podía.


La mañana siguiente...

Ian volvió a plantarse en casa de Circe. Esta vez se levantó temprano y fue en moto, aparcándola justo debajo de su casa y subiendo rápidamente las escaleras. Llevaba todavía el casco puesto  y es que en una de las manos tenía dos bebidas calientes y en la otra tenía una caja con bollería para desayunar, por lo que no le habían sobrado manos para sacarse el casco de la cabeza; ni tampoco para tocar a la puerta.

Por suerte, la elfa sacaba al perro a la calle (lo cual era muy curioso de ver) y justo le abrió la puerta en las narices a tiempo que él entraba en el interior y la cerraba tras de sí.-Buenos días.-Saludó con un sonido sordo por culpa de que estaba detrás del casco. Se acercó al salón y dejó las cosas sobre la mesa del centro, justo en frente de Circe. Cuando ya tuvo las manos libres, se quitó el casco y lo dejó en el sillón vacío, para él sentarse sobre la alfombra, en un término medio. No quería sentarse junto a Circe porque seguramente seguiría enfadada y no quería agobiarla, pero sentarse en el sillón de en frente le resultaba demasiado distante.-¿Cómo has dormido? Pensé que después de darte el dolor de cabezas de ayer, al menos debía de traerte el desayuno. He traído chocolate caliente y unos dulces flipantes.-Era consciente de que todo eso le importaría tres mierdas a Circe, pero ya que se había acoplado, al menos sacar conversación.

Se había levantado pronto para salir rápido de casa por si Circe tenía que salir al menos cogerla a tiempo en casa, pero por lo que parecía, le había cuadrado el día en el que se quedaría en casa. Si lo llega a saber, se hubiese peinado al menos, que ni eso hizo por las prisas.
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Circe A. Masbecth el Miér Jun 14, 2017 8:49 pm

A diferencia de muchas personas, Circe no era de esas que perdían el sueño por darle vueltas a los problemas que podía tener. No le daba esa importancia al resto de seres con los que se veía obligada a compartir oxígeno y que Ian no supiese utilizar preservativos ni ser una persona sincera no le iba a quitar el sueño. Al menos, no en aquel momento. No se merecía esa atención por su parte, por lo que pasó una noche de lo más normal aunque en compañía de aquel perro que había decidido que la cama de Circe también era la suya y se había subido a ella, llegando a llenar toda la parte baja de las sábanas de babas. Babas calientes de perro.

Cuando el elfo de los Masbecth volvió a hacer acto de presencia, Circe lo mandó directo a sacar al perro. No tenía ganas de  tener toda la casa llena de pis de aquel animal y que Ian se ganase una razón más para ser odiado por la rubia. Aunque bueno, cualquier razón era válida para darle más odio a aquel cabeza hueca.

Especialmente colarse en su casa cuando el elfo doméstico salía a pasear al perro. Le lanzó una mirada cargada de odio y siguió su camino hacia la calle. ¿Lo gracioso? De pronto se volvió invisible para que ningún vecino se asustase al ver a semejante ser paseando al perro (aunque dado el aspecto de ambos no se sabía quién sacaba a quién).  Al parecer, a juicio del elfo, era mucho más normal que la gente viese una correa flotando con un perro al otro lado que toparse con un ser arrugado que bien podía ser confundido con una anciana con enanismo y mal gusto para vestir. Por suerte, se le encendió la bombilla en el interior de su cabeza y se marchó de allí junto con el perro antes siquiera de comenzar a bajar los escalones, yendo a una zona mágica donde su presencia no alertaría a nadie.

En el interior de la casa, Ian se volvió a tomar todas las confianzas habidas y por haber cuando se sentó frente a Circe dejando dos vasos y una caja sobre la mesa del comedor. La rubia elevó una ceja sin perder de vista a Ian. Tenía una mueca de asco descomunal.

- Pensaste que después de follarte a mi hermana y dejarla embarazada podías arreglar las cosas trayéndome el desayuno, un perro y colándote en mi casa cuando estoy medio en bragas. – Porque sí, iba con una camiseta ancha y unas bragas. Que tampoco es que a Circe le importase mucho aquello teniendo en cuenta que se conocían desde hacía años y se habían visto más que en ropa interior. Pero no le hacía ni puta gracia que Ian hubiese aparecido ahí para tocarle aún más las narices. Si es que aquello era posible. - ¿Tú qué tal has dormido? ¿No te ha quitado el sueño eso de ser un hijo de puta mentiroso que engaña a su mejor amiga por meterla en caliente? – Sonrió de manera irónica. Joder, si pensaba que Circe iba a ser amable, lo llevaba claro.

En aquel momento la puerta se abrió de nuevo. Al parecer el elfo ya había tenido suficiente en la calle y prefería volver a casa para luego volver con sus verdaderos amos.

- Está estreñido. – Dijo el elfo con la misma cara de pocos amigos que le caracterizaba y se marchó de allí. Así de simpático era.

Circe volvió la vista a Ian cuando desapareció el animal y dio un trago a lo que quedaba de su zumo de naranja, ignorando por completo lo que Ian había colocado sobre la mesa para que ambos desayunasen.

- ¿Querías algo o sólo querías tocarme las pelotas otro rato? – Preguntó subiendo ambas piernas sobre el sillón y sentándose en modo indio mientras seguía con la vista al perro, el cual fue directo a Ian, elevó una de sus patas traseras y empezó a mear como si no hubiese un mañana. Al menos no dejó otro regalito y sólo se limitó a mearle encima. Como si tuviese complejo de profesor de Defensa contra las Artes Oscuras frustrado con su aburrida vida.
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Ian Howells el Lun Jun 26, 2017 1:40 am

A ver, seamos sinceros, el hecho de que Circe estuviese en bragas era lo de menos. Ya la había visto en bragas en otras ocasiones e incluso sin bragas, así que había confianza de sobra. Para Ian es como si llevase pantalones, ya que no la veía de esa manera. Se había convertido en una muy buena amiga como para pensar en follársela, aunque está claro que está buenísima.-¿En serio el que estés medio en bragas es un problema? Te puedo traer un pantalón para que te lo pongas.-Le ofreció.-Aunque hace calor y tienes unas piernas muy bonitas. No te preocupes por mí, no miraré hacia tu florecilla.

Sí, se había interesado por la parte más estúpida de la frase para no tener que dar crédito de lo demás, que era lo verdaderamente importante. Jeje, luego dicen que Ian es tonto. ¡Lo que tiene una inteligencia especial! Eso sí, cuando le preguntó directamente, se vio en el compromiso social de tener que contestar. La escuchó mientras abría la caja que había llevado, dejando ver en el interior una amplia variedad de bollos tanto de chocolate como de crema. De cabello de ángel no porque eso era lo más horrible que había creado la comunidad muggle.-He dormido poco.-Se limitó a decir respecto a como había dormido, pues era la verdad.-Me lo quitó en su momento. Una vez me acostumbré me fue llegando de nuevo.-Dijo con sinceridad.-Hoy lo que me ha quitado el sueño es que estás enfadada conmigo, no ser un hijo de puta mentiroso. Mi madre se ofendería mucho con ese lenguaje por cierto, te tiene mucho cariño.-Respondió finalmente. Era muchas cosas, pero no precisamente un hijo de puta. ¡Si la pobre de su madre solo había follado con un hombre en toda su vida! El padre de Ian era un capullo con suerte.

En ese momento entró el elfo doméstico de Circe junto con el perro, el cual no parecía estar muy cómodo en compañía de ese ser extraño.-Deberías sacarlo tú. Mira como mira el perro al elfo, normal que no le salga la mierda si está en tensión.-Dijo con respecto a lo que había visto. Sin duda ese elfo tenía que ser el bicho de Circe con esa actitud de mierda. Ian se encogió de hombros, arrastrando la caja de bollos hacia Circe mientras ésta le preguntaba que qué hacía allí.-No quiero tocarte las pelotas, quiero hacer las paces y por eso he venido hoy a traerte el desayuno. ¿No tienes nada que hacer hoy?-Preguntó entonces por curiosidad.

Vio que el perro se estaba acercando a él, por lo que puso un gesto de lo más cariñoso para cogerlo cuando éste llegara, no obstante, el perro tenía otros planes. Se plantó ahí de repente y un chingo de pis salió de su pene dirigido a los pantalones de Ian. El chico se levantó de golpe y arrastró al perro lejos de él con la pierna. Finalmente, se miró los pantalones y puro un gesto de lo más asqueado.-Qué perro tan maleducado.-Sacó entonces su varita y limpió tanto el suelo como sus pantalones. Iba a quitarse los pantalones para estar a la par con Circe, pero luego pensó que si fuese otra ocasión quizás tendría gracia, pero ahora dudaba que le hiciera demasiada.-¿No quieres nada de lo que he traído? He traído cosas que te gustan. Aprovéchate de mí, voy a ser así de pesado hasta conseguir resultados. Puedo llegar a ser muy persuasivo.-Le guiñó un ojo amistosamente.
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