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No todo podía salir bien {Circe}

Ian Howells el Vie Abr 28, 2017 6:54 pm

Recuerdo del primer mensaje :


Ian Howells & Circe Masbecth - Sala de espera de San Mungo, 16 de abril del 2017 a las 19:33 horas

Ahora mismo Ian era un flanecillo de huevo.

Probablemente ahora mismo podríamos comparar a Ian con una gran masa gelatinosa de cobardía y nerviosismo. Su cerebro estaría pasando por el momento más estresante de su vida, por lo que la actividad neuronal acaba de llegar a un límite insospechado en la cabeza del chico y eso había hecho que se le quemasen aquellas otras neuronas que eran las encargadas de enviar las respuestas más rápidas al resto de su cuerpo. Ahora mismo, en aquel preciso momento, él estaba observando como su hijo nacía con una cantidad ingente de sudor en el cuerpo y una incapacidad física para hacer nada más que hiperventilar en una bolsa de papel que una sanadora, muy amablemente, le había dado. Se supone que ahí sufría la mujer. Se supone también que en ese momento al padre le sube le instinto paternal tranquilizador y esas cosas, pero no. Lo que a Ian le estaba subiendo en ese momento eran los huevos, para posicionarse en su garganta como corbata y no dejarle ni hiperventilar con propiedad.

Al final, como solo estaba siendo un estorbo, lo apartaron hacia un lado porque no paraba de molestar a los sanadores que intentaban hacer su trabajo. No les costó moverlo demasiado, ya que más que una persona parecía un retrasado con complejo de zombie. Necesitaba un café. O mejor, una hostia que lo despertase de golpe y pudiese reaccionar como un hombre.

Después de un rato, salió corriendo de la habitación, empapado en sudor, despeinado y con una sonrisa en el rostro después de haber visto todo. ¡Ya estaba deseando coger al pequeño Howells entre sus brazos! Aunque tenía la sensación de que cuando lo hiciese, iba a resbalarse de sus manos, a caerse contra el suelo y, automáticamente, recibir una maldición asesina de Eris. Corrió hacia la sala de espera, allí en donde se encontraba no solo algunos miembros de la familia Masbecth que habían llegado sin previo aviso al enterarse de que Eris rompió aguas, sino la familia de Ian. Los padres y la hermana de Ian estaban allí y realmente era a ellos a los que iba a avisar de que todo había salido bien y que por fin era padre. No obstante, cuando abrió épicamente la puerta de la sala de espera y gritó por todo lo alto un claro y conciso.-¡Ya soy padre!-No se había dado cuenta de que a un lado, junto a la familia Masbecth, estaba la más pequeña de los hermanos y su mejor amiga. Circe.

Automáticamente, todo el miedo que pasó ahí dentro mientras Eris hacía la parte dura, volvió a su cuerpo. Sus huevos volvieron a subir a su garganta y su mirada se quedó fija en su amiga, sin saber qué decir. Su primer pensamiento fue huir, pero era consciente que teniendo en cuenta el estado gelatinoso de sus piernas, Circe sería más rápida. Descartado. Él sabía que era una mala idea ocultarle la información desde un principio. ¡Él sabía que era una mala idea! ¡ERA UNA IDEA HORRIBLE! ¡ERIS LE OBLIGÓ A OCULTÁRSELO! ¿¡Por qué había sido tan subnormal!? Ahora era consciente de que había sido un craso error. Pero claro, si se lo decía antes corría el riesgo de que jamás pudiese conocer a su hijo porque la ira de Circe podía ser peor que la del diablo. ¿Recordamos la pedazo de patada que le pegó en los huevos por teñirle el pelo de negro? ¿Cómo se multiplacará la mala hostia de Circe en forma de golpes por haberse acostado con su hermana y encima dejarla embarazada? Intentó decir algo al ver a su amiga. Carraspeó antes de hablar.-Circe, tengo algo importante que contarte. Deberías sentarte tranquilamente y tener una conversación civilizada conmigo.-Já. No. Lo intentó.

La madre de Ian se había levantado felizmente de la silla para abrazar a su marido y luego dirigirse a Ian, no obstante, al ver la mirada de puro temor de su hijo, retrocedió unos pasos para dejarles "intimidad" en medio de aquella sala de espera a los amigos. La madre sabía que allí había tomate.
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Circe A. Masbecth el Jue Jun 29, 2017 7:33 pm

Circe aún no comprendía cómo existían mujeres en el mundo capaces de abrirse de piernas cuando Ian abría la boca. Por Merlín y todos sus antepasados, aquel chico era un zoquete. Y luego habría alguna que incluso esperaría que después de metérsela el chico le regalase flores y le llevase el desayuno a la cama en lugar de irse en mitad de la noche por no tener que dormir en compañía de una tía tan poco interesante como el mecanismo de un chupete. El pobre era lerdo hasta decir  basta en lo que eran las relaciones sociales. Y eso que lo pensase alguien con el sentido de la empatía más perdido que un hijo de puta el día del padre era ya bastante.

A cada palabra que salía  de la boca de Ian, las ganas de Circe por romperle todos los dientes aumentaban exponencialmente. Realmente en aquellos momentos en lo único que pensaba era en diferentes formas de torturar al chico sin importar nada en absoluto salvo su total y agónico sufrimiento. Quería matarle. De verdad que quería hacerlo. Estaba perdiendo la  paciencia por momentos y Circe precisamente no se caracterizaba por tener mucha. Es más, el día que se repartió la paciencia lo más seguro es que se encontrase haciendo cola extra para que le otorgasen más amor propio.

- Mi enfado contigo es una consecuencia de que seas un hijo de puta mentiroso. Así que debería quitarte el sueño ser  un hijo de puta mentiroso. – Hizo caso omiso a todo lo demás. No le importaba como pudiese sentirse Ian. Nunca le importaban los demás, y mucho menos iban a hacerlo en ese momento. Ian no se merecía ningún tipo de buen trato por parte de la rubia. Más bien se merecía que le lanzase por la cristalera de la ventana para convertirle en una papilla cuando se estrellase contra el asfalto de la calle. O, con un poco de suerte, durante el trayecto de caída se quedase empalado en una de las sombrillas de la terraza de la cafetería situada en la planta baja del edificio. Eso sí sería un buen final.

¿En serio tenía ganas de decir tantas gilipolleces? Elevó ambas cejas ante el comentario de Ian. Se estaba planteando coger la varita y matarlo ahí mismo. O limitarse a petrificarlo y mandarlo de vuelta a su casa. Pero sabía que aún así, su cabezonería le obligaría a volver a llamar a la puerta una y mil veces. Igual que su cabezonería le impedía la tregua entre ambos.

- Tengo que hacer cualquier cosa menos escuchar tus gilipolleces y perder el tiempo con tus tonterías de adolescente hormonado que sólo piensa en follarse a las hermanas de sus mejores amigas. Suerte que no tienes otra mejor amiga y que yo no tengo otra hermana o acabaría con veinte sobrinos con tus  putos genes. – Santo Merlín, esperaba que el niño no saliese tan retrasado como sus padres o le harían la vida imposible desde que conociese a otros niños. – Aunque bueno, así recibirá alguna subvención por discapacidad.

El comportamiento del perro fue lo único que hizo que Circe sonriese de verdad. No una sonrisa irónica carente de emoción alguna. Una sonrisa divertida. Aquel perro se acababa de ganar la oportunidad de dormir otra vez en su cama solo por lo que acababa de hacer. Lástima que no se hubiese cagado también encima de Ian. Con algo de suerte en su boca, para que la mantuviese ocupada y dejase de  decir tonterías.

- Ya he desayunado. – Dijo elevando el vaso del zumo. – Y el perro no puede comer dulces. – Por suerte el elfo doméstico ya se había ido. Ese pequeño hijo de puta sí se los comería y dejaría las palabras de Circe en saco vacío.

Se levantó y fue en dirección a la cocina, perseguida por el perro que ya había vaciado su depósito sobre Ian. Elevó la varita haciendo que comenzase a fregarse solo y fue hacia su dormitorio, haciendo caso omiso a la presencia de Ian para cambiarse de ropa, con total tranquilidad, para salir a dar una vuelta. Por desgracia, aquel día no tenía que ir a la Universidad ni tenía entrenamientos de Quidditch, por lo que se buscaría cualquier escusa para que Ian se mantuviese alejado.

Terminó de vestirse, cogió las llaves y salió de  la casa dejando al perro correteando por el salón como si fuese algún tipo de ser poseído por el mismo diablo. Comenzó a caminar, bajó las escaleras y salió a la calle, recorriendo los alrededores del edificio con paso tranquilo. Sí, pensaba ignorar a Ian.
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Ian Howells el Lun Jul 03, 2017 2:36 am

Vale, todo seguía prácticamente igual. Ella no parecía haber cambiado después de dormir y seguía igual de enfadada con él. En realidad, era lo lógico que pasase. Ian no había ido esa mañana con intención de encontrarse un panorama demasiado diferente al que se encontró ayer noche, no obstante, si quería resultados, iba a tener que ponerse las pilas, como le dijo su hermana. -No era mi intención acostarme con tu hermana porque fuese tu hermana. De hecho cuando la vi aquella noche ni pensé en tirármela, simplemente surgió. -Se excusó, aunque no sirviese de nada. Total, dar explicaciones era gratis y, teniendo en cuenta toda la hostilidad que emanaba de sus palabras, lo necesitaba para no sentirse terriblemente derrotado.

Puso los ojos ligeramente en blanco ante su orgullo al no querer comer nada de lo que había llevado, viendo como se levantaba para irse a su habitación, probablemente a cambiarse. Él no la persiguió, ya que por mucho que quisiese convencerla de que le perdonase, no quería tampoco ser un acosador. Se comió un par de bollos mientras se bebía el chocolate que había llevado para él, aún sentado en la alfombra después de haberse limpiado la meada del perro del pantalón.

Después de unos minutos, Circe salió de su habitación y recogió todo para irse, por lo que Ian cogió su chocolate y redujo su casco con un hechizo para metérselo en el bolsillo junto al otro. Luego, la persiguió antes de que le dejase allí dentro a él solo con ese meón que tiene como perro. La comenzó a seguir escaleras abajo y allá a dónde iba. Ahora sí que parecía un poco acosador, o más bien parecían dos amigos que habían tenido un problema y no hablaban: qué básicamente era lo que eran. -Bueno, ya que vamos a tener una mañana juntos, ¿qué quieres hacer?, ¿a dónde estás yendo?, ¿te puedo acompañar, no? -Preguntó por cortesía irónica, ya que en realidad iba a acompañarla igualmente. Tenía tiempo hasta el mediodía, ya que había quedado en ir a visitar a Eris y al pequeño. Así que tenía tooooda la mañana para incordiar a Circe a base de bien y que se diese cuenta de que Ian es retrasado por naturaleza y que perdonarle era algo que debía de hacer para el bien del mundo y también de su intimidad como persona. -Te puedo llevar a algún lugar en moto, ¿te apetece? Nunca te has montado conmigo. Supongo que ahora te apetecerá una mierda, pero es genial. ¿Has ido antes en moto? -Preguntó curioso, ya que él desconocía la historia con ese tal tipo con el que se había hecho amiga y tenía moto. Tsk, tsk.

Claro, había un problema. Si Circe había decidido ignorarlo, entonces no iba a recibir demasiadas respuestas y se iba a marcar el monólogo de su vida. ¿Podría contarle su vida? Seguro que se la suda tres pueblos, pero en cierta manera si le contaba su vida a lo mejor se daba cuenta de que seguía siendo el mismo de siempre. Y, no sé, si se ponía a suplicarle el perdón cada hora iba a terminar por cansarla todavía más de lo que ya la estaba cansando y ese no era su objetivo. -¿Y qué tal te va todo?, ¿con el equipo de quidditch bien? -Preguntó para introducir un tema. -A mí creo que me quedarán tres o cuatro porque no me da la vida para presentarme a todas a finales, así que creo que pasaré a segundo con ellas, siempre y cuando apruebe las que tengo en mente aprobar, claro. Pero bueno, la idea era aprobar más de la mitad, con eso mi madre estará contenta para un año por lo menos. -Comentó divertido. Entre eso y que le había dado un nieto... la señora Howells ahora mismo estaba en éxtasis. Ya verás ya cuando pueda sacar al pequeño de San Mungo, iba a ser una lapa. El tiempo que lo pudiese tener Ian en realidad sería el tiempo para la abuela Howells.

Miró de reojo a CIrce y se metió la mano no ocupada por el chocolate en el bolsillo, bebiendo entonces de su vaso de cartón feo. -O podemos estar callados, tu compañía es tan genial que aún sin hablar me llenas el alma. -Ironizó divertido.
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Circe A. Masbecth el Lun Jul 03, 2017 5:11 pm

Ian conocía lo suficiente a Circe como para saber que dijese lo que dijese no iba a salir bien parado de todo aquello. Si cuando había teñido su cabello había tardado meses en perdonárselo y todavía seguía echándoselo en cara. ¿Qué esperaba con toda esa situación? Aunque, si era sincera, le había molestado más lo de su pelo. Total hermanos tenía muchos pero su pelo era único y alimentaba su ego.

La rubia pasó a hacer caso omiso de su supuesto amigo y entró en su dormitorio para cambiarse de ropa y, acto seguido, salió de la casa siendo plenamente consciente que el nivel de subnormalidad de Ian Howells no le permitiría quedarse de brazos cruzados en su puñetera casa sin dejar de molestar al resto de la humanidad.

- Vas a acompañarme aunque te meta una patada en las pelotas así que paso de gastar energía en hacerlo. – Elevó ligeramente la rodilla tras frenar en seco mirando a Ian. Sí, no sería la primera vez que el chico se llevaba una patada en la entrepierna por parte de Circe, por lo que ya sabía que tenía buena puntería para aquel tipo de golpes.

En lo relativo al resto de las preguntas de Ian, Circe guardó silencio y siguió caminando por la calle como si Ian no estuviese. Como si se tratase de algún tipo de vendedor o de uno de esos jóvenes que intentan que dones dinero para alguna causa benéfica cuando eres tan joven como ellos o más y estás estudiando por lo que tu poco dinero queda reducido a sacarte el abono transportes cada mes y, con algo de suerte, ir al cine cuando los planetas se alinean.

Entró en una librería que no se encontraba muy lejos de su propia casa. Era un local pequeño y con dos amplias cristaleras. El exterior estaba pintado de un rojo similar al del ladrillo y estaba encajado entre dos edificios mucho más altos. En la planta superior había un par de viviendas decoradas con el mismo todo. La campanita situada sobre la puerta sonó cuando Circe entró en la tienda, dibujando una sonrisa amable en dirección al dependiente, un hombre de algo más de cincuenta años que tomaba un café mientras pasaba las páginas del periódico de aquel día.

Avanzó por la librería escuchando la voz de Ian. Esa voz tan molesta. Intentó respirar hondo fingiendo que estaba sola en aquel lugar, pues no eran muchos los clientes que podían encontrarse a aquella hora de la mañana.

Pasó entre los estantes mirando los títulos hasta que encontró el que estaba buscando. Siguió avanzando hasta encontrar otro de su agrado, con el reverso algo desgastado por el tiempo que tenía aquella edición. Le tendió el primero de los libros a Ian, ignorando el resto de su palabrería sobre sus propios estudios y se aproximó hacia una zona con sillones, donde se dejó caer para abrir su libro y empezar a leer.

Por su parte, le había dado a Ian un libro blanco con una portada de lo más simple, donde se podía leer en letras grande el nombre del autor y, en letra más pequeña y sobre un dibujo minimalista en tonos azules y rojos, el título del libro: Crónica de un mal amigo.

- Disculpe. – El hombre se acercó a Ian. – Pero no se pueden traer bebidas ni alimentos del exterior. Si quiere se lo puedo guardar y se lo devuelvo cuando vayan a salir de la tienda. – Circe elevó la vista para salir de su lectura y miró al hombre.

- Yo quiero un café con hielo. – Se limitó a decir, como si el tema de la bebida de Ian no fuese con él. El hombre afirmó con la cabeza a esperas de lo que Ian tuviese que decirle.

- ¿Te traigo galletas? Las he hecho hace diez minutos, aún están calientes. – Circe tendía a ir a aquel local todas las mañanas que tenía libres. Era un lugar donde podía leer cualquier  libro que encontrase a cambio del precio de tomar allí un café o algo similar. Además, podía llevarse algún libro siempre y cuando pusiese otro en su lugar. Algo que, para alguien como Circe, siempre era un punto positivo.

- Claro. ¿Cómo está tu mujer? – Y, señores y señoras, ahí estaba una de las pocas personas con las que Circe era verdaderamente amable. Su acompañante en los momentos de tranquilidad que tanto valoraba.

- Le dieron el alta el martes. – Sonrió de manera cálida. – Le vaciaron los pulmones de líquido pero ahora se le estaban empezando a hinchar las piernas. Pero no te preocupes, son cosas de la edad. – El hombre se fue hacia la zona trasera de la tienda en busca del pedido de Circe.

- Voy a quedarme aquí durante horas. Así que puedes irte. – Sentenció de manera cortante volviendo a su lectura.
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Ian Howells el Mar Jul 04, 2017 10:29 pm

Llegaron a una librería y en el interior Ian decidió callarse la maldita boca porque ya se había cansado de decir cosas sin recibir respuesta alguna. Cogió casi de manera automática el libro que le había dado Circe, sin ni siquiera echarle una ojeada al nombre, simplemente la siguió allí a dónde iba, hasta que finalmente se sentó en un sillón al lado de ella. Aquel sitio molaba mucho, al menos estéticamente. Era una librería que se combinaba con una cafetería y si bien ahora mismo no había apenas nadie, se notaba que era un lugar bastante concurrido, sobre todo por esas personas que adoraban la lectura y un espacio para ellos solos. Vamos, como Circe. Fue en ese momento en el que se dio cuenta del nombre del libro que le había dado Circe y la miró con cara de pocos amigos. -¿En serio? -Negó con al cabeza divertido, viendo entonces como un señor se acercaba a ellos para decirle que no podía tener ese chocolate. Se encogió de hombros y le tendió la bebida al señor. -Perdón no me di cuenta. Puede tirarla, está casi vacía. -Respondió Ian.

Ya que Circe había pedido algo para desayunar, dejando en su casa aquellos bollos que como se descuidase el perro iba a devorar ahora que no había nadie en la casa, Ian decidió hacerlo también. Aquella mañana la tenía libre, así que iba a perder el tiempo a lo Circe a la espera de conseguir algún resultado. -A mí póngame un capuccino. -Le pidió, para luego sonreír. -Y de las galletas también. -Eso lo dijo con una sonrisa de gordo.

Se dio cuenta de que Circe estaba siendo amable con aquel señor muggle y se sorprendió. No porque fuese muggle, sino porque Circe siendo amable solo ocurría una vez al año cuando los astros se alineaban o cuando él la retaba a serlo a cambio de algo, ¿pero así, sin más? Imagínate si estaba enfadada con Ian que prefería hablar con un señor mayor antes que con él. Qué desgracia. Prefería escuchar que la mujer de ese tipo tenía las piernas hinchadas a la vida de su amigo. Eso era odio señores, ESO ERA ODIO. Pero no lo iba a permitir, no, no, no. Aquel viejo no le ganaría a su amiga. Se pensaba quedar allí con ella toda la mañana si hacía falta leyéndose ese libro de mierda que seguro que criticaba amistades, pero bueno, así al menos aprendía algo y Circe veía que no se iba a rendir tan fácilmente. ¡Iba a quedarse allí leyendo, por ella! ¡Ian leyendo por placer! Eso era casi tan raro como ver a Circe siendo amable. -No, me quedo. Leeré contigo.

Se cruzó de piernas y abrió el libro que le tendió su amiga por la primera página, apoyándose hacia atrás en una cómoda posición para comenzar a leer aquello.

Fueron tres horas las que pasaron mientras estaban allí leyendo sus respectivos libros. El de Ian había resultado ser todo lo contrario a lo que él esperaba, ya que en realidad no iba sobre las amistades, sino sobre un señor que tenía cáncer. Hubo una frase que le gustó mucho:

"Y se preguntó qué es el cáncer. La primera definición que le vino a la mente fue: "un mal amigo". Llega sin que lo llamen y se queda sin que lo inviten. Corrigió: en ocasiones, sin darnos cuenta, no solo lo llamamos sino que además le facilitamos el camino y le abrimos la puerta. Un mal amigo. Por eso la tarea fundamental para combatirlo es conocerlo. Y no solamente con la investigación científica, que es tan necesaria, sino en todo nivel. Cómo aparece, cómo se comporta, cómo se evita, cómo se combate... conocer sus debilidades."

¿Sería él un mal amigo? Siempre iba a su casa sin que lo llamase y se quedaba sin que Circe le invitase a hacerlo. Pero claro, Circe le conocía y aún así lo permitía... suponía que estaría más que acostumbrada a cómo era Ian, a cómo aparecía, a cómo se comportaba y, sobre todo, cómo se combatía la pesadez del chico. Por ejemplo, haciéndole el vacío era un buen método, indudablemente. Aunque no lo pareciese, el libro le hizo reflexionar bastante, quedándose un rato sin leer, con la mirada perdida en la taza de su capuccino.

Se dio cuenta de la hora que era y tenía que estar en media hora en donde Eris, por lo que iba a despedirse de su amiga. -Pues me está gustando el libro. ¿Sabías de lo que va? Es de un tipo con cáncer, no habla precisamente de las amistades. -No le dijo que comparaba el cáncer con un mal amigo porque a partir de ahora le iba a llamar cáncer a él. -Bueno, me voy ya. Nos vemos pronto. -Dejó sobre la mesa un billete de cinco libras y salió de la tienda, asumiendo que Circe le iba a ignorar la despedida.

Fue entonces cuando comenzó el auténtico camino del perdón. Si Ian pensaba que iba a ser fácil, estaba muy equivocado. Y si ella se iba a pensar que Ian se iba a rendir fácilmente, también estaba muy equivocada.


----------Dos meses después.

Dos meses estuvo detrás de Circe sin recibir su perdón. Las primeras semanas fueron muy parecidas, de Ian yendo por las mañana a casa de Circe a llevarle el desayuno aunque ésta no tocase nada de lo que él le llevaba. Muchas veces la acompañaba a dónde tenía que ir si él tenía el resto de la mañana libre y ella no iba a entrenamiento o a la universidad. Después de esas semanas en donde no consiguió muchos resultados, dejó de ir por la mañana de repente un día. Parecía que se había dado por vencido, pero no. Se acercaban los exámenes finales y esta vez iba por las noches, llevando pizzas, chino, mexicano o lo que fuese para cenar con ella. Normalmente cenaba él solo.

El último mes estaba mucho más ocupado entre Perseo, Eris, los finales y la verdad es que tenía muchísimo menos tiempo para dedicarle a su amiga. Aún así, continuó yendo de vez en cuando, aunque siempre solo, ya que no iba a llevarle a Perseo a menos que ella decidiese por su propia cuenta conocerlo. Ian se había preocupado de que cada vez que fuera a casa de Circe, hablarle de ella, de él y punto pelota.

Las últimas semanas del segundo mes sí que fue menos. Dejó de ir a la casa y lo que hacía era ir a los lugares a dónde sabía que al encontraría, entre ellos la librería-cafetería, los entrenamientos de las arpías, su facultad en la universidad... como si fuesen encuentros casuales. ¡Ian jamás se había esforzado tanto por una mujer, me cago en dios! Pero aunque no quisiese admitirlo en voz alta, esto de que le hiciera el vacío su mejor (y única) amiga sí que le estaba afectando. Todas las demás que eran "algo" para él dentro del ámbito de la amistad eran o Lluna o fugitivas,  así que... con unas no podía verse y con Lluna no tenía la misma confianza que con Circe. Además le parecía fatal hacer que Lluna conociese a Perseo antes que Circe, por ejemplo.

Un día de junio, Ian sacó a Perseo a dar una vuelta por Londres en uno de esos portabebés que te deja al niño justo por delante, bien agarrado y pegado a tu cuerpo. Eris había confiado en el universitario y además éste había conseguido que su familia le dejase un día a solas con el pequeño, el cual se llevaba muy bien con su padre. Tenía poco pelo, pero además de rubio, él insistía en que tenía sus ojos. Estaba enamorado de aquella preciosidad. Ay. Se encontraba en Hyde Park, con intención de coger alguna ardilla para mostrársela a Persie y que flipase un poco con la monosidad. Después de vivir con los feos de los elfos domésticos, un poco de monosidad no hacía daño a nadie, además, era genial ver al pequeño con esa cara de sorpresa que ponía cuando veía o tocaba algo nuevo que jamás había visto antes.
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Circe A. Masbecth el Miér Jul 05, 2017 12:33 pm

Durante los dos siguientes meses Ian no dejó de dar por culo. Al menos, metafóricamente. Tras haber dejado a Circe tranquila y feliz en la librería leyendo mientras se tomaba un café ignorando su presencia, había debido de idear un calendario de visitas en modo acosador para su amiga. Un calendario que se resumía en presentarse en su casa cada mañana para desayunar, luego para cenar y, después de esto, en cualquier lugar donde casualmente pudiesen encontrarse. No es que Ian estuviese algo por recuperar su amistad con Circe, sino que estaba haciendo todo lo humanamente posible para acosar a la chica y hacer que su vida se resumiese en encontrarse a Ian casualmente hasta en los aseos de la universidad. Por suerte, no se tomó aquello al pie de la letra y al menos esperaba en la salida de estos.

Cada mañana, pasadas las ocho y media, abría la puerta para que Ian no tuviese que llamar. Ni siquiera le abría la puerta. Ni le dirigía la palabra durante todo el rato que estaban sentado en el mismo comedor o en la cocina. No cruzaba mirada alguna con él aunque Ian tuviese la necesidad de abrir esa enorme bocaza que resultaba que servía para algo más que comer bollos para romper el silencio. Ella simplemente desayunaba su propio desayuno, haciendo caso omiso de todo lo que Ian, día tras día, traía. Luego pasó a coger parte del desayuno del chico pero sin hacer ningún tipo de interacción con él. Como si las palabras no fuesen necesarias para decirle que era una mierda de persona con la que no volvería a hablar en lo que le quedaba de vida.

El mismo proceso pasaron las cenas de pizza. De comida china y comida mexicana. También de comida india e incluso alguna hamburguesa del restaurante situado bajo la casa de  Circe. La chica no hacía nada por entablar conversación con Ian. Se limitaba a cenar con él mientras este hablaba como si alguien le estuviese prestando atención. Ella no interactuaba, sólo estaba ahí. Como si se tratase de algún tipo de estatua. Circe le escuchaba y en más de una ocasión pensó en contestarle. Pero no lo hizo. Prefirió guardarse todos aquellos pensamientos para ella y dejar que se perdiesen en el interior de su cabeza antes de dar su brazo a torcer para hablar con Ian.

Cuando sus encuentros comenzaron a ser más casuales, las cosas siguieron igual. No le miraba, no le saludaba. Hacía como si él no estuviese allí. Como si la presencia de Ian fuese igual de insignificante que la de cualquier otra persona con la que pudiese encontrarse. Como si nunca hubiesen sido amigos ni hubiesen confiado el uno en el otro. No le daría el gusto de perdonarle. No consideraba que lo mereciese.

Los exámenes finales hacían que su tiempo fuese incluso más limitado de lo que ya era normalmente, por lo que se encontró con la suerte de que Ian no aparecía por ningún lado. Al parecer, él también era alguien responsable que debía aprobar algo si no quería que su madre le echase de casa. Aunque si no le había echado todavía, dudaba que lo hiciese porque suspendiese alguna asignatura. Y más teniendo en cuenta que eso era lo que se esperaba de él y de su cabeza hueca.

Dado que su tiempo libre había desaparecido por completo, era raro que estuviese fuera de la biblioteca de la facultad o de su propia casa, pero aquel día salió a tomar el aire. No por gusto propio, por supuesto. Sino porque el puñetero elfo de los Masbecth había decidido tomarse unas vacaciones y había dejado al perro sin salir a pasear. No es que los elfos de los Masbecth tuviesen vacaciones pagadas, sino que Odiseo había conseguido enviar un paquete sospechoso a casa de sus padres sin que nadie sospechase que era suyo. Paquete que, por accidente, había ido a parar a manos del elfo doméstico de la familia cuando el patriarca de la familia se lo entregó sin saber lo que había en su interior: unos calzoncillos de patos.

El elfo doméstico no volvió a poner un pie en casa de los Masbecth y nadie supo más de él. Quizá se perdió en algún bar y se dio a la bebida. Una incógnita.

Lo importa era que Circe tenía que sacar a pasear al perro aquel día y el lugar elegido fue uno de los parques más frecuentados de la capital inglesa donde no tardó en toparse con la última persona que le gustaría haberse encontrado en este mundo. Perseo y su padre. O ese bebé arrugado y su padre el picha floja.

- No sabía que me habías regalado a uno de tus mellizos. – Dijo mirando primero al niño y luego al bebé para seguir andando y pasar de largo al lado de Ian.
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Ian Howells el Miér Jul 12, 2017 6:37 pm

Después de todo este tiempo en el que Ian había estado haciendo artificial todo encuentro casual con Circe, le pareció de lo más surrealista y extraño que justamente cuando no lo estaba intentando, se encontrase de ella de manera verdaderamente casual. No la vio venir, sino que él estaba tranquilamente agachado intentando que una ardilla se le acercase cuando Circe pasó a su lado con su perro. ¡Al menos sacaba al perro y no se lo mandaba a su elfo doméstico!

Rápidamente Ian ignoró a la pobre ardilla y se puso en pie. ¿Era ese el momento? Se había encontrado con él y le había dedicado unas palabras. Podría haberlo ignorado simplemente y él ni se había dado cuenta de que estaba ahí, pero no lo hizo, sino que pasó a su lado y le habló aún cuando él tenía a Perseo sobre él y ella todavía no lo había conocido. ¿Era el momento, verdad? Era el momento. O al menos, lo iba a intentar. ¿Cuánto había pasado ya?, ¿dos meses desde que nació el pequeño? Ya era hora de que al menos se lo presentara.

Caminó detrás de ella, colocándose a su lado mientras paseaba con el perro. -¿Cómo estás? -Preguntó al llegar a su lado. Perseo miraba hacia todos lados, curioso, aunque al ver la cabellera rubia de Circe se quedó impregnado por ella y sus ojos se abrieron muchísimo para observarla con interés. -¿Ya le has puesto nombre al perro o vas a llamarlo "perro" toda la vida? -Hasta dónde él tenía entendido, todavía no le había bautizado y también tenía casi dos o tres meses. ¡Iba siendo hora!

El pequeño se estiró hacia Circe, con las manos por delante intentando atrapar el pelo dorado, aunque obviamente no llegaba. Además, Ian se hizo hacia el lado contrario para que no la molestase. Una de sus manos subió hasta el bebé para que jugase con sus dedos. -¿Cómo te han ido los exámenes?, ¿bien? -preguntó, curioso. -¿No me has echado de menos estos días llevándote el desayuno o la cena? Admítelo, me has echado de menos. Las pizzas que te llevaba eran la hostia, cuando las probabas, claro. -Habló el solo, dándoselas de caballero.

En realidad creía que lo más conveniente era darse la vuelta e irse para dejar de molestarla, pero si el destino les había unido allí en ese momento es porque estaba diciéndole algo a Ian. No sabía el qué, pero algo le estaba diciendo. Aprovechar el momento era algo que se le daba bien, así que como enfadada ya estaba, total, enfadarla más era imposible si no se había incrementado su cabreo después de lo pesado que había sido Ian todo este tiempo. ¿Qué perdía por presentarle a Perseo? Aunque lo haría de una manera diferente, ya que obviamente si hacía una presentación convencional el arte del ignorar que tenía Circe iba a hacer que no funcionase.

Carraspeó y aprovechó que Persie hizo un sonido de lo más gracioso al mirar a Circe apartarse el cabello de la cara. Ian comenzó a hablar con su hijo tranquilamente, obviamente con intención de que lo escuchase Circe. -¿Qué?, ¿ella? Claro que te gusta, es de tu familia. Tu tía, más concretamente. Pero no quiere conocerte porque está enfadado con tus padres. La verdad es que tus padres fuimos un poco capullos. Nos acostamos juntos y no le dijimos nada. ¿Y lo peor? Que cuando supimos de ti, tampoco le dijimos nada. La verdad es que somos una deshonra. Deshora para tu  familia y deshora para tu vaca. -Repitió divertido al acordarse de esa película de Disney que su hermana veía tanto de pequeña. Bueno y él también. -Así que quizás cuando crezcas y seas un señor independiente y simpático, quiera saber algo de ti, ahora mismo dice que pasa de tu culo. -Persie sonrió aunque las palabras de Ian fuesen muy diferentes a algo que hiciera para hacerle sonreír, eso sí, como le hablaba animadamente, Persie debía de pensar que estaba jugando con él. -Se llama Circe. Y la muy boba no quiere cogerte con lo mono que eres. Ella se lo pierde, ¿verdad? -Le dio un golpecito en la nariz a Persie y continuó caminando al lado de su amiga.
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Circe A. Masbecth el Sáb Jul 15, 2017 1:07 pm

Si el destino existía, aquello era la representación gráfica de una ironía del destino. Pero Circe no era el tipo de persona que creía en ese tipo de tonterías, más bien consideraba una casualidad de mal gusto el haberse topado con Ian aquella tarde. De todas las personas que podría haber visto en aquel parque, tenía que haber sido precisamente Ian. Pero, contrariamente a lo que había hecho durante los meses anteriores, sí le habló. No fue para decir prácticamente nada. Pero rara vez Circe introducía la conversación nada más toparse con una persona. Ella era más dada a la broma fácil, al comentario hiriente. Y en aquel momento fue lo que hizo, metiéndose con aquel ser que la genética aseguraba que era su sobrino y, para más bromas, el hijo de su mejor amigo. Por suerte, aquel trozo de carne, huesos y babas poco tenía que ver con sus progenitores. Más bien parecía un tumor con ojos y boca.

- Perfectamente. – Se limitó a contestar sin preguntarle siquiera a Ian cómo iba su día. ¿De verdad le importaba cómo estaba? Ya tenía suficiente información sobre el estado de Ian en aquel momento. Era capaz de respirar y de andar al mismo tiempo, eso era un avance para alguien con tan pocas neuronas como él. – Perro está bien. – Si Circe parecía tener un palo metido por el culo las veinticuatro horas del día, en aquel momento era cómo si tuviese metidos cinco. No le importaba una mierda cómo estaba Ian y tampoco iba a preguntarle nada sobre él, el aborto de ser humano que tenía por hijo o el estado de salud de su hermana, de quién no sabía nada desde que había dado a luz a aquel repollo de carne.

Lanzó una mirada cargada de evidente asco hacia aquel niño. Ni siquiera sabía cómo se llamaba. Y si lo sabía, lo había olvidado por completo del poco interés que tenía por saberlo.

- Bien. – Sí, esa era su respuesta  a cómo le habían ido los exámenes. También sería su respuesta a todas las preguntas sobre cómo estaba. No estaba de humor para entrar en detalles aunque en aquel momento le estaba dando el beneficio de la duda después de todo lo que había hecho. Todo lo malo meses antes. Y también todo lo bueno, durante los últimos meses y antes de aquel fatídico suceso donde había decidido que la vagina de su hermana era un lugar cálido y cómodo donde dejar reposar su pene. – Se agradece la comida gratis. – Hombre, lo que era echar de menos… Poco. Echaba de menos la comida gratis sin tener que mover ni un dedo. Pero no echaba de menos la compañía de Ian. O, al menos, no lo admitiría.

A Circe jamás le habían agradado los niños. Y a simple vista, aquel crío tampoco le agradaba en absoluto. Además, a todo aquel desagrado hacia la vida en general y hacia aquel mocoso en específico, tenía que sumarle que era el hijo de aquellos dos despropósitos de persona. Pero no pudo evitar dibujar una leve sonrisa al ver el comportamiento del niño y, seguidamente, el del niño grande que era el inmaduro que tenía por padre.

- La vaca está de vacaciones con el tío Odi. – Agregó la rubia. Otro igual. No tenía ni la más remota idea de dónde estaba su hermano mayor. Aunque los Masbecth hubiesen sido siempre una familia un tanto disfuncional, Circe siempre había tenido un vínculo especial hacia su hermano Odiseo. Un vínculo que la rubia no consideraba roto aun cuando no supiese nada de este salvo que había luchado por el bando contrario. Algo que, para ser sinceros, no era para nada una sorpresa.

Escuchó la conversación que Ian estaba teniendo con su hijo. Un hijo que le miraba con cara de “no sé qué coño me estás contando pero tú sigue hablando que así me entretengo”. Vamos, como todo niño.

- Tú no te preocupes, que si tienes un poco de suerte acabarás en servicios sociales porque tu madre se habrá olvidado que existes y tu padre te habrá dado coca para desayunar. – Le dijo al niño con una sonrisa como si aquello fuese una conversación normal. Total, el criajo no se enteraba de nada. – O mejor aún, envenenado porque tu padre no sabe hacerte la cena y te echa veneno para ratas en la papilla. – Imitó el tono de voz que Ian había utilizado y elevó la vista para mirar al padre en lugar de encorvarse para hacer el gilipollas con el hijo. – Más te vale cuidar al repollo. Si le pasa algo me encargaré de que acabes en Azkaban con alguna de las sangre sucias a las que seguro que te has follado. Puede que incluso encuentres a alguna a la que hayas dejado preñada y puedas conocer a algún hermanastro del repollo. – Aquella cosa era sangre de su sangre, desgraciadamente, se sentía responsable de él. Y con unos padres como los que tenía, era difícil que saliese bien parado.
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Ian Howells el Miér Jul 19, 2017 2:11 pm

El pobre perro no tenía ni nombre. Aunque al menos lo sacaba a pasear. Ian pensaba que en un primer momento iba a mandarle a la mierda junto al perro, pero al parecer le había dado en esa fibra que poseen las mujeres que son capaces de rendirse ante la monosidad de un cachorro. Él pensaba que Circe carecía de esa fibra, pero menos mal que se equivocó. Eso le daba ciertas esperanzas... se había quedado con su regalo principal de la disculpa, así que era todo un paso. Su hermana Juliette siempre le decía que si había aceptado al perro es que en algún momento recibiría el perdón. Parecía ella la monja de la iglesia a la que hay que sobornar los domingos cuando pasan con la cesta para recibir el perdón.

No pensaba sacar el tema de su hermano Odiseo, básicamente porque llevaba tan ocupado todos estos meses que ni se había preocupado en contactar con él. Además, sinceramente, después de lo que le había hecho a Eris la relación entre Ian y Odiseo no sería ni iba a ser como era antes. Eris estuvo a punto de perder el bebé por su culpa y posiblemente si Ian lo ve sea para romperle esa cara de felicidad suprema a puñetazos. Y la verdad, bastante tenía con haberse tirado a Eris y tener un hijo con ella como para ahora intentar matar a otro hermano Masbecth. Circe a este paso iba a terminar por matar a Ian personalmente, así que mejor dosificar el mal rollo hacia su mejor amiga.

Tras el monólogo que se pegó Ian, el cual iba dirijo aparentemente a Perseo cuando en realidad iba para Circe, ella habló más de cinco palabras seguidas. Él automáticamente sonrió, aunque las palabras fuesen una puta mierda y no revelasen para nada algo que él esperaba. ¡Al menos había hablado más que monosílabos y frases cortas! -No consumo coca, ¿lo sabes, verdad? -Preguntó entre preocupado y gracioso. Gracioso porque le parecía gracioso (obvio) y preocupado porque si lo decía en serio, ¿qué imagen de mierda tenía Circe de él? ¡Coca, tío! ¡Eso era muy fuerte! Es verdad que la probó una vez de fiesta en no sé dónde, pero más nunca, nunca de nunca. Jamás.

Escuchar la amenaza de Circe con respecto al pequeño hizo que se confundiese. Si Ian hubiese sabido enarcar una ceja, ÉSTE era el momento en el que lo hubiese hecho con una confusión propia de un ataque pokemon de nivel cien. ¿Circe preocupándose por Perseo? Debía de ser una broma. Pero a Ian le hizo sonreír como un subnormal (cómo lo que era, vamos). ¡Se estaba preocupando por Perseo! ¡TENÍA SENTIMIENTOS BUENOS EN ALGUNA PARTE DE ESA OSCURA ALMA REPLETA DE ODIO Y HOSTILIDAD! -He hecho muchas cosas malas de las que me arrepiento por el repollo, ¿de verdad crees que tengo intención de no cuidar de él? -Entre ellas mentirle a ella. Por favor, mira lo paleto que parecía con el niño por delante y la maleta azulita claro por detrás con sus pertenencias. ¡Un paleto!, ¡un paleto enamoradito de su hijo, pero un paleto! Y ese tipo de paletos no son del tipo que descuidan su descendencia. -La verdad es que no puedo reprocharte nada, la versión de Ian que ha vivido de aquí para atrás ha sido un puto desastre. Y es que soy un desastre. Ya sabes que mi inteligencia está limitada y normalmente piensa más la cabeza de mi pene. Peeeeeero... -Dijo eso alargando la vocal, encogiéndose de hombros. -La gente cambia cuando tiene que cambiar. -Y alzó el dedo índice del dedo para hacer una matización. -Cambiar, ¿eh? No madurar. Ambos sabemos que yo seré una papaya inmadura toda mi vida, aunque quizás pueda disimularlo si me porto como un señor respetable. -Soltó un bufido divertido y Perseo llevó sus dos manos a los mofletes de Ian para jugar con ellos.

Continuó caminando a su lado y se colocó mejor a Perseo en la pechera. -Supongo que ofrecerte cogerlo sería como favorecer las oportunidades de que me mandes a la mierda, ¿no? -preguntó, mirándola de reojo. -Pero últimamente me he vuelto insistente con lo que me importa y ya me mandan mucho a la mierda normalmente, estoy acostumbrado.
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Circe A. Masbecth el Miér Jul 19, 2017 10:24 pm

Nunca había visto a Ian como un adolescente que necesitaba las drogas para pasar un buen rato. A ese hombre le bastaba su ego para pasar la mejor noche de  su vida en compañía de su propia soledad hasta que alguna mujer, pasada de copas, decidiese abrirse de piernas para él. Pero eso no quitaba que pudiese usar cualquier frase para faltarle al respeto  e insultarle como acababa de hacer en aquel momento como si le considerase algún tipo de drogadicto cuya existencia en sí ya era un riesgo para la salud física y mental de su hijo. Que era cierto, Ian era un riesgo para cualquier persona, pero no precisamente por la cantidad de drogas  que consumía. Sino porque nació con la palabra “riesgo” tatuada en el culo.

- Por ahora. Acabas de tener un niño de la zorra de mi hermana. Espera el día al que tengas que recurrir a una droga dura para poder soportar la presión y la amargura de ser padre y encima de ese adefesio de persona. – Miró al niño y le sonrió de manera irónica sabiendo que no se estaba enterando de cómo su tía estaba poniendo de puta para arriba a su madre. - ¿Verdad? ¿A qué tú también sabes que tu madre es una zorra de mierda? – El bebé agarró el dedo de Circe entre risas y lo metió en su boca para  chuparlo. - ¿Ves? Los niños saben más cosas que los adultos. – Sacó el dedo de la boca del crío y limpió las babas en la camiseta de Ian sin importarle ni lo más mínimo lo poco higiénico que pudiese haber sido todo eso. Ella no se iba a quedar con las  babas de aquel crío en la mano y mucho menos cuando su padre, el adefesio, estaba ahí enfrente.

Circe, por regla general, sólo mostraba sentimientos y emociones negativas. Eso no quería decir que no tuviese otras en su interior pero sí que las negativas lograban eclipsar a las positivas. Circe era como un pozo de oscuridad que aniquila todo lo bueno. Podía compararse con un agujero negro si era necesario y  la comparativa no sería del todo desacertada. Y es que siempre había habido algo que a Circe le importaba y por lo que se había preocupado. Y eso era su familia. Los suyos. Y ahora aquel repollo nacido de alguien con quien no se dirigía la palabra, era un miembro importante de su vida. Aunque no lo fuese a verbalizar jamás.

- No me sorprendería que no lo hicieras. – Contestó con sinceridad. Ian le había decepcionado. Y la decepción hace que las personas crean al resto capaces de hacer cualquier cosa. Incluido dejar de lado a su hijo en cualquier momento, mentirle, abandonarlo. ¿Circe creía a Ian capaz de algo así? Por supuesto que lo hacía, por cruel que sonase. – Eres un gilipollas desde el día que naciste y no lo dejarás de ser. Sólo espero que ahora que tienes alguien que depende de ti para sobrevivir no le trates como una mierda como has hecho con los demás. - ¿Seguía dolida? Joder que si seguía dolida. Circe era rencorosa hasta decir basta. No iba a perdonar a Ian en su puñetera vida y se lo recordaría cada día de esta. Pasaría un tiempo hasta que le tratase mejor de lo que estaba haciendo en aquel momento aunque jamás llegaría a tratarle bien. Si no lo había hecho durante los años anteriores, no iba a empezar a hacerlo en aquel momento cuando ni siquiera se lo merecía. En aquel momento tenía todas las razones del mundo y más para tratarle como la mierda que era.

No iba a coger al niño. Ni de coña. Los niños pesan, babean, lloran, se cagan y pueden caerse. Aunque aquello último era lo de menos si había heredado la cabeza hueca de su padre.

- No tientes a la suerte. – Se limitó  a contestar. - ¿El repollo tiene nombre o prefieres que siga llamándole repollo? También puedo ser más original y llamarle hijo de una arpía y un deficiente mental. Pero repollo me gusta, tiene cara de repollo. – Estiró el dedo clavándolo en uno de los mofletes del niño, quien empezó a reír. – Es igual de tonto que tú. Pero él tiene le excusa de ser un bebé. ¿Cuál es la tuya?
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Ian Howells el Mar Ago 01, 2017 7:35 pm

Después de todos estos meses en donde Ian había tenido que tratar expresamente con Eris por el embarazo, había adoptado una visión muy diferente de la hermana de Circe de la que ésta tenía. Obviamente no iba a decirlo en voz alta ni tampoco defender a la madre de su hijo, ya que lo que quería era volver a retomar la amistad con Circe, no echarla más por la borda todavía. No obstante, al menos por parte de Ian, había visto una parte de Eris que nunca había podido ver y por mucho que dijera su hermana... Eris estaba siendo una madre y una amiga excepcional; al menos para Ian. Quizás no fuese una buena hermana, pero en eso Ian tenía poco que decir. -No creo que tenga que recurrir a la droga para soportar la presión si ya no lo he hecho en el pasado. -Dudaba mucho que la presión del futuro fuese peor de la que soportó en el pasado. Ian miró a Circe con cara de: "si tú lo dices", cuando dijo que el niño sabía más que un adulto por darle la razón desde su evidente ignorancia. Ian tenía bien claro que no iba a comentar nada al respecto, solo mirarla un poco mal por limpiarse las babas en la camisa de él.

Como es normal, no le gustó oír lo que salía de la boca de su amiga. Podía entender que estaba dolida, pero estaba mirando las cosas de una manera tan tajante y negativa que le estaba sacando de quicio. Habían sido un gilipollas la mayoría del tiempo de su vida, sí, pero confiaba en que su amiga supiese cómo era verdaderamente Ian como para cambiar por algo tan importante como lo es un maldito hijo. Puso los ojos en blanco ante su especie de advertencia camuflada de insulto. -No tienes ni idea. -Respondió, un tanto ofendido. -Un día, si te da por mirar más allá de lo que tu rencor te permite ver, quizás te des cuenta de que la gente es capaz de cambiar. Aunque ya veo que tú no. -Contestó, dando un pequeño empujón a su pequeño para que se colocara mejor encima de él, ya que se había movido a una posición incómoda.

Al menos Ian había tenido un motivo por el que cambiar, aunque no fuese el lógico a su edad, pero había tenido algo por lo que dejar de ser tan gilipollas como lo era antes y preocuparse por algo que tenía un verdadero peso en su vida. Y por mucho que Circe no lo viera, había cambiado. ¿A peor, a mejor? Eso ya era otro tema. El tema importante es que por culpa de eso, ahora mismo habían muchas cosas de Ian que no eran igual que antes. Y le tocaba los cojones que Circe fuese tan obtusa de solo repetir que era un gilipollas y así se quedaría por el resto de su vida.

Pero, al igual que antes, decidió no saltar. Lo menos que quería era convertir aquello en otra discusión. Ya había quedado bien claro el punto de vista de Circe y lo poco en cuenta que tiene la opinión de Ian en aquel momento.  En algún momento, si volvían a mantener una conversación normal, quizás pudiese darle su punto de vista sincero. -Se llama Perseo. -Sobraba decir por qué habían elegido ese nombre. -Aunque yo lo llamo Persie. Tu puedes llamarlo como quieras. Aunque te diga que prefiero que lo llames por su nombre, vas a llamarlo como te salga de los cojones, así que siéntete libre de elegir. -Dijo como si fuese algo evidente y supiese perfectamente lo que iba a pasar. ¡Cómo si no conociese a Circe lo suficiente!  -Ha sacado mi encanto, qué se le va a hacer. -Se encogió de hombros a su intento de llamarlo tonto. -¿Y tú qué haces perdiendo tu tiempo con el chucho?, ¿se te perdió el elfo doméstico o se cansó de recogerle las cacas? Pensé que tu corazón era tan pedregoso que ni podría sentir cariño por un perrete. Me alegra haberme equivocado. ¡Aún tienes esperanzas! -Exageró, viendo entonces como el perro empezaba a ladrar a otro perro como si le fuese la vida en ello. -Se nota que los perros se parecen a sus dueños. Míralo que mono, tan antisocial y arisca como tú.
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Circe A. Masbecth el Vie Ago 04, 2017 4:19 pm

Con los años había desarrollado una gran facilidad para humillar a los demás e insultarles, algo que puso de manifiesto en cuanto tuvo la menor oportunidad para volver la conversación en contra de  Ian. Ya podía dar las gracias por el mero hecho de estar respirando el mismo aire y que Circe no se hubiese largado de allí tras pegarle un puntapié en la entrepierna. No, la rubia se había quedado en aquel parque mientras ambos hablaban como dos personas medianamente civilizadas. E incluso había accedido a conocer al repollo que Ian tenía como hijo. Repollo con el cual no compartía ningún tipo de relación de parentesco bajo su juicio. Y, si supiese la verdad, también en la realidad su parentesco sería nulo.

- No, no tengo ni idea. – Respondió con una sonrisa irónica. – Y tú no tienes ni idea de cómo conseguir arreglar las cosas si tienes que recurrir a meterte conmigo para quedar tú en buen lugar. Has sido un amigo de mierda, no tienes justificación alguna. Y si sigues por ese camino lo único que vas a conseguir es que la oportunidad de perdonarte te la meta por el culo. – Añadió molesta. Si Ian estaba intentando retomar su amistad, encontrar el perdón de Circe en alguna parte de aquel músculo que irónicamente se hacía llamar corazón, estaba yendo por muy mal camino.

Circe le había dado una oportunidad. La oportunidad de hablar y de ser escuchado. Una oportunidad que durante semanas le había negado y lo único que Ian era capaz de contestar era que ella no era capaz de cambiar. Claro que no era capaz de cambiar. Su ego no le permitía ver que su comportamiento no era el adecuado en cientos de ocasiones. Pero, ni aunque su ego no estuviese de por medio, aquel comentario sólo servía para alejarle de la oportunidad de retomar su amistad solo por orgullo.

- Entonces lo llamaré el espermatozoide más rápido que fue tan retrasado de ir a fecundar un óvulo diabólico. – De no haber sido por los comentarios previos de Ian, aquel comentario no habría salido de los labios de Circe. E incluso hubiese mostrado cierta amabilidad hacia el pequeño que, a fin de cuentas, no tenía culpa de nada. Él no había elegido a su familia del mismo modo que ella no había elegido a la suya. De haber  tenido la oportunidad, se hubiese quedado con Apolo y hubiese exterminado al resto de sus hermanos. Aunque dos de ellos ya se habían encargado por sí solos de cavarse su propia tumba e incluso uno ya yacía descansando en ella. – ¿No estabas intentando arreglar las cosas conmigo? Si sigues comportándote como un retrasado  mental no vas a conseguirlo. A lo mejor deberías llamar a tu hermana para que te aconseje sobre cómo tratar a las mujeres, se ve que durante el embarazo se quedó ella todo el cerebro. - ¿Acaso Ian creía que Circe podía pensar que todo lo que había hecho durante meses había sido cosa suya? Por favor, no era tan inocente ni mucho menos tan estúpida.

Arqueó una ceja y se cruzó de brazos  mirando en dirección a Ian. ¿De verdad pretendía con todo aquello obtener el perdón de la rubia? No había aprendido mucho de las mujeres ni aunque hubiese dejado embarazada a una. Y mucho menos de una como llegaba a ser Circe Masbecth, a quien se supone que conocía bien desde ya hacía unos años.

- ¿Intentas arreglar algo o aún quieres que te mande a la mierda? – Se limitó a contestar colocándose en cuclillas al lado del perro y acariciando su cabeza para que dejase de ladrar. El animal colocó sendas patas delanteras sobre las piernas de Circe e hizo un intento en vano por subirse sobre ellas, pero dado su pequeño tamaño aquello le resultó imposible. – Cuando te tragues tu orgullo y quieres disculparte como alguien que se ha equivocado, sabes donde vivo. – Añadió levantándose y tirando de la correa del animal que nuevamente comenzó a ladrar, aunque en aquella ocasión en dirección a Ian con cara de pocos amigos.
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Ian Howells el Miér Sep 13, 2017 6:32 pm

¡ARGGGGGGG! ¡Pero es que se estaba volviendo insoportable! ¡Llevaba lamiéndole el culo y arrastrándose como un idiota casi tres meses y ella seguía con la misma actitud que el principio! ¡Y lo peor de todo es que aún así se quejaba de que Ian no estaba haciendo suficiente! ¿Cuánto tiempo quería que le siguiera lamiendo el puto culo? ¡Ian también tenía mejores cosas que hacer que luchar por una causa que cada vez parece más perdida! Se irritó por dentro, evitando mirarla ante sus palabras porque si no le iba a echar una mirada de mala hostia. Y no quería echarle una mirada de mala hostia. -Ah, ¿que hay oportunidad? -Preguntó irónico, ya que por cómo había ido la cosa estos meses no lo parecía.

Bufó, más por molestia que por diversión, cuando dijo el próximo nombre que le diría a su hijo. Ambos sabían que era demasiado largo y que probablemente se le olvidaría de aquí a un minuto. Y la verdad es que después de toda la metralla de bullying que había sufrido por parte de Circe con lo del bebé... ya ni le influía ese tipo de insultos. Eso sí, cuando metió en la conversación a la hermana de Ian, éste sonrió con cierta diversión. No había que tener un máster en psicología para adivinar que obviamente Juliette había estado ayudando a Ian. Sin duda sacó la inteligencia, la empatía y todo el trato humano que puede darse entre personas. -Mi hermana ya está cansada de estar ayudándome con lo que parece una causa perdida. Nunca ha tenido demasiada relación contigo, pero sabía lo que eras para mí, por eso se implicó tanto en ayudarme a ser menos gilipollas para que me perdonaras. Pero también ha sido la primera en cansarse. -Hacía tiempo que su hermana ya había dejado de insistir o decirle cosas. Fue más bien al principio, cuando Ian no tenía ni pajolera idea de por dónde tirar.

Se veía que lo que acababa de decir Ian molestó a Circe o más bien la sacó de la zona de confort que Ian había estado haciendo durante todas estas semanas en donde el chico le lamía el culillo a la chica. Muy pocas veces la relación entre ambos había sido así. Circe era una persona hostil por naturaleza e Ian pasota y cabroncete. Rara vez alguno de los dos se había implicado tanto por la otra persona hasta el punto de parecer que le quieres besar el orto. ¿El problema? Que Ian ya se había cansado de no recibir nada y encima sentir que el resto de su vida iba a tener que estar fingiendo como un gilipollas para que Circe no se enfadase. El comentario que había hecho sobre la relación del perro y ella era algo que perfectamente podría haber dicho en una ocasión normal y ella seguro que no se hubiera "ofendido" tanto o amenazado por no conseguir el perdón.

Así que cuando finalmente Circe le dijo aquellas últimas palabras, como si fuese una especie de ultimátum o no hubiese sido lo que lleva haciendo todas estas semanas... Ian saltó. -¿Perdona? -Sujetó el brazo de la chica con suavidad para que no se fuera. No gritó ni nada, por favor, que estaban en medio de un parque... pero sonó ofendido y bastante enfadado. La miró a los ojos para hablarle con seriedad. -Llevo tragándome el orgullo todo este tiempo y pidiéndote perdón desde que nació Perseo, Circe. Llevo todo este tiempo aceptando mi equivocación y pidiéndote que me perdones, sin sacar en ningún momento mi orgullo. Me lo he tragado, he admitido mi estúpido error y te he pedido perdón de mil maneras diferentes, ¿qué más quieres que haga? -Sonó serio, aunque sus ojos ya no mostraban enfado. -Llevo intentando tratarte de una manera diferente todo este tiempo con tal de que veas que puedo rebajarme ante ti para que me perdones y cuando te trato como se supone que te trataba antes... cuando éramos amigos... oh, te falto el respeto, me meto contigo y ahora tengo demasiado orgullo. -Tragó saliva. -Te he demostrado que me he equivocado, te he dicho que me arrepiento y no veas cuanto. He admitido que he obrado mal y te juro que no sé que más hacer para demostrarte que sé que he sido un estúpido y que mi orgullo no está en este tema. Sé que me equivoqué y que lo hice mal, sé que eres tú quién se merece una disculpa. No tengo orgullo en este tema. Mi orgullo sale cuando, después de todo este tiempo en donde he cambiado, tú insistes en que alguien tan gilipollas como yo no puede salir de su burbuja de gilipollez. Si hubieras estado en mi vida, te darías cuenta de que te equivocas. Cosa que al parecer, tampoco puedes hacer.

Suspiró, retrocedió un paso y le soltó el brazo, aunque la verdad es que lo estaba sujetando con una suavidad indescriptible. No quería ponerse intenso porque ya había pasado mucho tiempo, pero necesitaba desahogarse y repetirle, hasta que le quedase claro, la realidad. O al menos, la realidad de Ian, ya que al parecer no estaban en la misma. -Lo siento. -Pidió ante el gesto de haberla sujetado. -Jamás en mi vida me había currado tanto una disculpa. Y si lo he hecho es porque sé que el error fue mío y... porque te aprecio tía. Eres mi amiga. -Eso lo dijo como enfadado, pero enfadado porque le daba rabia la situación, no porque lo estuviese con ella. Posiblemente era la primera vez que sentía la necesidad de decir que quería a una persona, pero no quería sonar melodramático ni amoroso, por eso sonó enfadado. ¿Ian diciendo "te quiero"? Era raro, sin duda. -Puedes pretender que esté toda la vida con esta actitud para que me perdones. Pero a mi no me gusta. Quiero volver a poder hablar contigo sin tener que medir mis palabras y no tener que ir a sobornarte con comida a tu casa para sentir que no sobro en tu vida. Te dará igual mi punto de vista, supongo... -Se llevó la mano a la nuca y se rascó, para entonces coger el babero de Perseo y pasárselo suavemente por los labios, ya que estaba babeando mucho, haciendo ruiditos con la boca mientras miraba con curiosidad a su padre, hablando con tanta seriedad. Ese no era su padre juguetón con el que había ido al parque. -Te dejo pasear tranquila. No quiero seguir cagando la hermosa relación que tenemos.-Sonó irónico y directamente se dio la vuelta para irse. Él era consciente de que ella no se opondría a ello, a fin de cuentas, era ella la que siempre quería que él se fuera de todos lados.
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