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La fiesta[Abi McDowell]

Invitado el Miér Mar 12, 2014 1:46 pm

Me presenté en la mansión Riddle a medianoche tal y como el señor tenebroso me había ordenado, y una vez más había otra persona invitada en la habitación. La situación pintaba a una nueva misión con mi usual compañera Abi McDowell. Parecía que Lord Voldemort había cogido la costumbre de agruparnos a las dos, supongo que por la efectividad y eficiencia de nuestros resultados. Era evidente que cumplíamos perfectamente las misiones cometidas, ¿Quién se atrevería a desafiar al señor oscuro o estaría dispuesto a ser torturado sino cumplías sus mandatos de la forma esperada?

Las dos esperamos en silencio hasta que Voldemort nos explicó su nuevo plan. Como yo, y supongo que Abi también, ya sabíamos, mañana se celebraba una fiesta en honor a tres ''célebres aurores'' que habían estado persiguiendo mortífagos en los últimos meses y atrapando a la mayoría. Por lo visto eso no le hacía mucha gracia a nuestro líder y lo mejor era evitar complicaciones, esos aurores sabían más de lo necesario.

La fiesta, otra de las múltiples fiestas que celebraba el ministerio, que parecía que no tenían trabajo que hacer, se celebraba en la mansión de otro compañero del ministerio. Nuestra misión consistía en presentarnos allí como invitadas y, bueno, ocuparnos de los tres aurores. Serán todo lo bueno que digan, pero no serán rival para nosotras.
Sin más, Abi y yo no fuimos cada una por su lado y decidimos encontrarnos a las ocho del día siguiente cerca de la mansión para asistir a la gran fiesta.

Llegada las siete de la tarde del día siguiente empecé a prepararme. Me puse un vestido sencillo y apropiado para la celebración y una vez lista me aparecí en el lugar acordado.
Miré alrededor asegurándome de que nadie me había visto llegar y me acerqué a la pared para no estorbar en medio de la calle mientras veía como algunos de los trabajadores del ministerio iban caminando en dirección a la fiesta. Abi aún no había llegado y yo no tenía ganas de esperar demasiado, pero por suerte sabía que no solía retrasarse.
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Abigail T. McDowell el Miér Mar 12, 2014 2:59 pm

El Señor Tenebroso tenía la misión perfecta para dos mortífagas como nosotras. Erradicar escoria andante, martirizar a débiles y patrullar eran para los novatos, esos mortífagos que no tienen nada que ofrecer para el crecimiento de Lord Voldemort. No obstante, el Señor Tenebroso sabía elegir entre quién valía y quién no. Uzumaky y yo nos presentamos ante la llamada y atendimos con claridad los caprichosos y certeros deseos de nuestro líder. No nos había mandado una estupidez, nos había mandado una misión dura y peligrosa. ¿Enfrentar a dos mortifagos contra los tres aurores más reconocidos? No parecía una tarea especialmente fácil, aunque evidentemente éramos capaces de eso y más. Ambas teníamos una confianza en nosotras mismas alucinante,pues no había que comparar la justiciera magia de los aurores con la mortal de nosotras.

Cuando salimos de la reunión, ambas acordamos nuestra propia estrategia. Por mi parte conseguiría meternos como invitadas especiales, ya que ambas por tener nuestro trabajo, habíamos sido invitadas a esa festividad. Había que aparentar diversión e inclusión y esperaríamos hasta el final de la noche, leyendo los movimientos de los aurores, para poder atentar contra ellos. Otro factor que yo afirmaba pero que Dai no compartía era el de seducirlos. Dos de ellos eran hombres, por lo que la mejor manera de embaucarles era esa. Pero ella rehusaba de esas maneras (como siempre), sin embargo, tenía toda una noche para convencerla de lo contrario.  

Me había vestido  con un vestido que tenía una seducción y elegancia en partes iguales. El pelo lo había dejado suelto por mis hombros, totalmente pelirrojo y chillón y sólo me había maquillado la raya del ojo, suficiente para realzar tanto mi jovial mirada, como la perversa. Depende de a quién mire. Puesto que la fiesta no era en el Ministerio, sino en una Mansión, decidí ir por todo lo alto, para llamar la atención y no pasar desapercibida ante mis objetivos. Además de que no podía aparecerme porque no tenía ni idea dónde era. Así que “alquilé” (realmente un Imperio a un muggle fue suficiente) un coche y fui a toda pastilla hacia dónde era la fiesta. Muchos de los magos se acercaron también en métodos convencionales tales como motos, coches y demás, aunque muchos se aparecían o utilizaban la Red Flú. El sonido del coche resonó por el patio de aquella gran mansión y lo dejé parado justo en un lateral. Rápidamente vino el típico pringado encargado de aparcar y yo abrí la puerta, saliendo con estilo y dándole las llaves al imbécil con un guiño alentador. Saludé a la gente que me saludaba al reconocerme y caminé “distraídamente” mientras subía las escaleras. Una vez llegué a la puerta no me hizo falta decir el nombre, ya que el que llevaba la lista era uno de los aprendices de la Jefa de Aurores, el cual me conocía bastante bien por todas las veces que pasaba por mi despacho.

Entré a la fiesta, tenía un ambiente caldeado y con una música bastante movida a pesar de notarse la tranquilidad. Todos iban de gala, elegantes y con formalismos. Al fin y al cabo es otra pesada fiesta del Ministerio… Me adentré y fui a saludar al Señor Labèque. Lo veía todos los días, pero era tan iluso y simpático que siempre esbozaba una agradable y feliz sonrisa al ver a su secretaria favorita. Me adoraba.

Buenas noches Señor Labèque… —saludé jovialmente desde detrás de mi jefe. Él se giró y yo me hice falsamente la sorprendida—. ¡Qué elegante! Admítalo, ha sido su hija quién le ha vestido esta noche… —me permití bromear y él sonrió. Me dijo lo típico, que estaba muy guapa, que  se alegraba de verme, que podía llamarme Edmond, blablablá…

Era consciente de que había quedado con Dai, pero no podía presentarme acompañada de ella, entrar y separarnos del importante hueco al que pertenezco. La noche era larga y había tiempo de sobra, pero primero tenía que hacer los formalismos convenientes con todos los que me conocen para aparentar. La agradable sonrisa en mi rostro parecía tan real como las carcajadas hacia los chistes sin puta gracia de algunos, por lo que solo me faltaba ver a Dai por ahí dentro para tener una excusa para irme. Suponía que como yo llegué tarde y ella es la chica más puntual del universo, me habrá visto meterme y se habrá metido después de mí.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Miér Mar 19, 2014 10:48 am

Mientras esperaba en la calle de al lado de la entrada de la mansión, empezando a aburrirme, oí un estrepitoso ruido resonando por toda la manzana. ¿Quién necesita llamar tanto la atención para llegar a una fiesta privada?
Caminé a lo largo de la calle hasta llegar a la esquina desde la que podía ver la entrada y me asomé con curiosidad e indignación por el ruido para ver qué había pasado, a lo mejor había llegado uno de los aurores y ya me estaba perturbando y suplicando que lo matara.
Pero para mi sorpresa, la puerta del ruidoso coche se abrió y de él salió Abi. A estas alturas no sé de qué me sorprendo. Vi cómo se dirigía segura y jovial hacia la puerta y entraba sin ninguna dificultad ni control. Lógico, teniendo en cuenta que es la secretaria del ministro.

Decidí esperar un minuto y luego fui yo también hacia la fiesta. Al llegar a la entrada el chico de la lista me preguntó el nombre y buscó en la lista demasiado pacientemente para mi gusto.
-¿Todo bien?- le pregunté cuando vi que se quedaba parado señalando un nombre en la lista y lo marcaba. El asintió y yo le respondí con una sonrisa fingida. Menos mal, estaba empezando a cabrearme, ¿es que tengo que pegar carteles con mi cara en el ministerio para que sepan quién soy? No saben ni quiénes son los jefes de departamento, aunque pensándolo bien, mejor, mientras menos gente me conozca menos gente puede inculparme. Puede que sea lo mejor pasar desapercibida.

Tras pasar el umbral y meterme entre el barullo de gente fui hasta el fondo de la sala, donde estaba más despejado. Por el camino algunas personas del departamento me miraban y saludaban y yo les respondía con una sencilla sonrisa cordial. ¿Por qué diablos siempre me tocan misiones en sitios llenos de gente importunosa?

Al llegar a la zona despejada, donde tenía pensado esperar a Abi y visualizar el plan de la noche. Pude observar durante poco tiempo donde estaban las tres víctimas, que se reunían en un lado de la habitación saludando orgullosos a todos los presentes. Por ahora habían llegado solo dos de ellos, faltaba uno de los hombres.

Para mi desgracia, no tuve mucho tiempo de seguir analizando la situación, ya que otro trabajador del ministerio, un inefable, se me acercó. Era el tipo que siempre me encontraba en el ascensor del ministerio y que siempre intentaba hablarme. ¿Pero es que mi cara de lárgate y lo de ‘’ahora estoy bastante ocupada’’ no le decía nada? Se nota que trabaja en el departamento de misterios, están todos trastornados… ¿O esa soy yo?

En lo que veía que se acercaba inevitablemente, miré alrededor buscando a Abi y recé porque viniera a buscarme en seguida, no me apetecía una ronda de cordialidad fingida y conversaciones incomodas. Y tenía que hablar con ella de lo que íbamos a hacer, aunque aún tendríamos que esperar por el tercero.
Seguí ojeando la sala hasta que por fin la vi parloteando de la forma más cursi existente con el ministro y crucé con ella una mirada de ‘’Ven ya o creo que hoy van a morir más de tres’’.
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Abigail T. McDowell el Miér Mar 19, 2014 5:25 pm

Hablando con el Ministro se me había alargado el momento, ya que cada vez que entraba alguien nuevo o pasaba a nuestro lado algún jefe o trabajador, se acercaba a mantener una agradable conversación con nosotros, por lo que no podía hacer el feo de irme en esos momentos. Entendí perfectamente la mirada de Dai, pero debía de sufrir un poco más con ese chicle en el culo, ya que en estos momentos no podía ir a quitárselo de encima. No obstante, el sufrimiento valió la pena, ya que cuando entró el último conmemorado por llegar, se pronunció la sala con un aplauso mientras miraban todos a la puerta. Yo los imité, intentando buscar con la mirada al famoso Auror. No fue muy difícil, ya que fue directamente hacia el Ministro, el cual estaba a mi lado.

Gracias por dejar que se organizase esto en nuestro honor —le dijo al Ministro, dándole la mano formalmente.

Lo siguiente fueron todos formalismos, en dónde se presentaba a todos los presentes, séase los demás jefes que rodeaban en plan lameculos al Ministro y, como no, a mí. A mí me sujetó la mano y en vez de darme dos besos en la mejilla, formalmente me dio un cálido beso en el dorso de la mano mientras me miraba con una mirada que quería parecer seductora. Por desgracia, quedó en ridícula teniendo en cuenta que pensaba matarla esa noche si todo salía según el plan que aún no habíamos acordado. Ahora que lo pienso, Dai debe de estar de los nervios teniendo en cuenta que le encanta tenerlo todo planeado…

Me presenté con un inocente y sensual gesto y él hizo lo mismo. Sebástian se llamaba la primera de nuestras víctimas y si mal no recordaba, la chica se llamaba Victoria. El tercero no tenía ni pajolera idea. Tras unas frases entre ambos, él siguió su camino y me giré para seguirle con la mirada, percatándome de que él también se giró para verme. Qué fácil… Nadie puede resistirse a las pelirrojas… Me disculpé con el ministro ya que estaba a su bola hablando con una bola de cebo y yo fui hacia donde estaba Dai.

…entonces apareció un elefante y resultó ser mi suegra! —No me dio tiempo de escuchar más nada de la aburrida verborrea del acompañante de mi compañera. Estaba hablando aun con el pesado de antes, a lo que me metí en medio de la conversación ni corta ni perezosa. Entré en escena con una falsa carcajada al chiste que el hombre contó y que solo se había reído él—. Divertidísimo. ¿Por qué no nos traes una copa a ambas? A ella algo sin alcohol y a mí… yo que sé, cualquier cosa. Vete —le eché tranquilamente, metiéndome entre ambos para no tuviese en su abanico de posibilidades el quedarse.

El pequeño ser masculino con ilusas intenciones de tener una conversación con Dai, emprendió camino hacia a saber dónde y yo me quedé en frente de Dai. Iba a empezar con algo suave, ya que si le soltaba algo del plan iba a saltar con echarme la bronca y precisamente no estaba para recibir ninguna reprimenda.

Me gusta tu vestido, ¿te lo han hecho a medida? Las hombreras están muy bonitas —Odiaba la moda, me parecía lo más estúpido del universo, pero era consciente que un comentario así iba a molestar a mi compañera, la cual lo atañería a mi “falta de profesionalidad”. Siempre me dice lo mismo y siempre sale todo bien, ergo me gusta hacerla rabiar. Me puse seria y me coloqué a su lado, observando el ambiente, más bien, a nuestras presas en lo que parecía una tarima—. ¿Qué has pensado? Acabo de tener el placer de conocer a uno, al delgado moreno, se llama Sebástian y al parecer es el que más ha conseguido meter en Azkaban… —El amiguito de Dai volvió con las bebidas y nos la tendió a cada una, esperó un agradecimiento o una unión a la conversación, pero yo lo miré despectivamente. Sin embargo, no dije nada, dándole el placer a Dai de echarle de allí para que me contestase a lo que le había preguntado.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Mar Abr 01, 2014 10:25 am

Abi había visto mi mirada de desesperación, sin embargo, decidió que aún no era el momento de dejar sus formales conversaciones con el ministro y sus allegados. Por suerte para ella, justo después había llegado el auror que nos faltaba. Por lo menos ahora tiene una excusa para no echarle la bronca.
En cuanto la tercera víctima entró en la sala, todos comenzaron a aplaudir y vitorear a la vez que él se acercaba al círculo donde estaba el ministro y Abi. Empezaron a saludarse y a intercambiar nuevas conversaciones mientras yo seguía soportando al pesado de mi lado. Espero que Abi no pretenda empezar de nuevo con las conversaciones formales ahora que ha llegado ese inútil.

El inefable siguió parloteando sin parar, ahora sobre una tal cena familiar con su ex-mujer y su suegra. De vez en cuando le dedicaba una mirada con una sonrisilla falsa de ‘’sí, me parto’’, ¿Pero a mí por qué me iban a importar sus estúpidas historias?
Estaba empezando a inquietarme y no podía dejar de mirar de un lado a otro, incluso me estaba empezando a dar el típico tic del pie síntoma del nerviosismo. – Jaja, sí, genial.- le respondí a la pegatina que tenía al lado sin siquiera saber que me estaba diciendo.
En ese instante, vi la luz cuando vi que Abi se acercaba hacia mi posición. Dios, por fin. Cuando llegó, soltó una falsa carcajada y mandó a mi acompañante a por bebidas.
-No, la mía con alcohol por favor, y cargadito.- la corregí y cuando nuestro camarero personal se fue miré a Abi. - ¿Qué?, estoy muy nerviosa.- le dije e intenté relajarme respirando profundamente. – Sí, gracias, un vestido precioso el tuyo también. - ¿A qué venía ese comentario? No parecía propio de Abi, yo ya ni si quiere recordaba ya que llevaba puesto.

-En fin, vamos al grano, deberíamos empezar por aqu…- quise señalar a uno de los auores para indicarle a Abi que deberíamos empezar por él cuando volvió nuestro chico de las bebidas y miró hacia donde yo estaba señalando.
-¿Planeando conquistar a los aurores famosillos?- nos preguntó al darse cuenta de a quién señalaba. Le respondí con una sonrisa artificial y al ver que Abi no decía ni mu, supuse que me estaba dejando a mí la responsabilidad de echarlo de aquí.
-Emm, ¿podrías dejarnos a solas?, queremos charlar de…cosas de chicas.- Cosas de chicas, por favor...- Gracias, Linus.- le despedí y alargué el brazo para coger mi bebida.

Por fin estábamos las dos a solas, como alguien osara volver a incordiarnos lo iba a meter dentro del saco de víctimas de esta noche. – Empecemos ya con esto, ¿por quién quieres empezar?, tu eres la retorcida, te doy la libertad de elegir a quién quieres eliminar primero.- le ofrecí, ya que por otros trabajos sabía que le gustaba jactarse de hacerles sufrir hasta al final.- ¿Quieres encargarte de tu competencia la chica o de tu nuevo pretendiente? Aunque lo mejor será que los lleváramos a los tres juntos y acabemos con ellos, no quiero que ninguno tenga ni una sola oportunidad de escapar.- Sería muy problemático si matáramos a dos de ellos y al volver el último hubiera escapado, sin duda lo más óptimo era tenerlos los tres a mano, aunque suponía que Abi querría divertirse un poco más.

Al terminar de decir la frase, una mujer y un hombre pasaron justo delante nuestra en dirección a las bebidas, lo suficiente para poder oír nuestra conversación. Aunque lo odiara, tenía que ponerme a fingir ser quién no era y empecé a reírme dándole una palmadita a Abi en el hombro como si acabara de decir el cotilleo del año. - ¿En serio? No puedo creérmelo, jajaja.- seguí hasta que se alejaron lo suficiente y volví radicalmente a mi actitud habitual.- Odio este trabajo.- concluí y miré a Abi esperando a su respuesta sobre el plan.
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InvitadoInvitado

Abigail T. McDowell el Mar Abr 01, 2014 9:22 pm

Solté un bufido de lo más divertido cuando Dai le dijo “Gracias, Linus” al pobre desgraciado que nos traía las bebidas. Yo cogí la mía deliberadamente y me la llevé a la nariz para olerla. Olía a puro Vodka, por lo que por el color me imaginé que se trataba de un Blue Lagoon. Sonreí satisfecha y me llevé la pajita a la boca mientras Dai se despedía del pesado y volvía a la conversación. No obstante, la interrumpí antes de que hablase, ya que me daba curiosidad.

Tú bebiendo alcohol en horario de trabajo… sí que debes de estar nerviosa. ¿Qué te preocupa? Todo saldrá bien —sonreí con una chulesca sonrisa, de esas que emanan despreocupación y tranquilidad. Ya habría tiempo de ponerse nerviosa cuando nos enfrentásemos directamente a ellos, puesto que no iban a ser precisamente rápidos de quitarlos de enfrente.

Luego ella comenzó a hablar sobre cómo empezar con el movimiento. Era difícil saber cómo idear una táctica, ya que teniendo en cuenta que la fiesta acababa de empezar, el hecho de acercarnos a alguno de los tres era bastante difícil y sobretodo intentar sacarlos y separarlos, puesto que sería lo más cantoso y poco inteligente que podríamos hacer. Así que antes de decir nada, esperé a que ella terminase de hablar por completo, en lo que yo miraba hacia los aurores, los cuales hablaban animadamente. ¿Serán conscientes o que morirán hoy o que matarán a dos mortifagas que conspiran contra su vida? Dejé de beber de la bebida, solté la pajita y miré a Dai con una perspicaz mirada, pasándome los dientes por el labio inferior para recoger el sabor sobrante del vodka.

Prefiero eliminar primero a la chica, tiene pinta de ser el cerebro del triplete. Y creo que es la que más nos puede joder a la hora de ir a por los demás… —opiné y cuando dijo lo de tenerlos a los tres a la vez, lo vi casi como algo imposible—. Esa opción definitivamente no. ¿Tres contra dos? ¿Tres aurores contra dos mortifagas? —repetí en voz baja—. Creo que eso sería un suicidio. Como mucho a iguales, pero opino que deberíamos ir juntas a por los tres, ya que ni tú ni yo sabemos cuán fuerte o adiestrados con la varita pueden llegar a ser y, personalmente, no quiero optar al fallo. —dije tranquilamente.

Después de eso volví a mirar hacia el fondo mientras escuchaba a Abi, mientras volvía a beber de mi bebida, no obstante, sentí como de pronto me dio un golpe en el hombro que hizo que casi echase para fuera la bebida. La miré con reprobación y la vi descojonándose para aparentar ante una pareja.

Jajaja. Sí… —intenté disimular y, cuando se fueron y ella cambió de actitud radicalmente, yo hice lo mismo—. La próxima desencájame mejor el hombro, que creo que te faltó un poco. —ironicé.

Era un poco sospechoso estar siempre allí, así que le hice un movimiento de cabezas para empezar a caminar. No debíamos estar siempre en el mismo sitio, debíamos intentar llegar a los dos hombres, ya que teniendo en cuenta nuestra condición, era la mejor manera de embaucarlos. Mientras caminábamos, hablé con ella, con tranquilidad y bajito, que se notase que estábamos teniendo una desinteresada conversación y que nadie pudiese escucharla.

Beberán. Entonces será cuando deberemos intentar apartarles de la fiesta. Sin embargo, coincidirás conmigo en que la muerte de tres aurores dará mucho de qué hablar, por lo que las principales sospechosas serían las chicas con las que se fueron la noche de su muerte… así que la idea de hacer que nos lo llevamos a un sitio más cómodo aquí no sirve. —le expliqué, por lo que no podría hacer mi obra de arte, sin embargo, adoraba jugar a lo sucio. Me acerqué a su oído y me humedecí con la lengua los labios antes de hablar juguetona—. Así que habrá que perseguir a los corderos hasta darles caza. Por lo que no podemos dejar que se nos escapen… —y con una traviesa y perversa sonrisa me separé, quedándome cerca de ella para mi próximo comentario—. Aunque también estaría bien esperar a que alguno de ellos se separe de forma voluntaria a… no sé… ¿el baño? Y… —me alcé las cejas con diversión—…empezar el juego.

Era la primera que sabía que no debía subestimarlos, de hecho, no lo hacía. Simplemente tenía plena confianza y, según como lo tenía planeado, siempre íbamos a ser dos contra una. Teniendo en cuenta la maestría de Dai con la varita, confiaba en nuestras habilidades.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Miér Abr 23, 2014 9:25 pm

Después de oír el comentario de Abi sobre mi bebida alcohólica y descubrir tras un par de buches que su sabor no mejoraba ni del de una poción multijugos, quise dejar la copa abandonada en la mesa más cercana, pero decidí que tenerla en la mano aunque fuera de adorno valdría para aparentar algo.
Abi me respondió comentando su opinión sobre el plan. Con respecto a la cerebrito del grupo compartía su opinión, así que como decía, lo más conveniente sería eliminarla en primer lugar.
En ese momento, nuestro debate fue interrumpido por una parejita que pasaba muy cerca, la cual me hizo fingir estúpidamente y me hizo sentir ridícula para luego recibir el reproche de Abi. - ¿Tanto hacerte la dura y se te desencaja del hombro de una caricia, pelirroja? - le recriminé molesta.

Dejando el tema del golpe y las risitas falsas, Abi me hizo una señal y empezó a caminar por la sala a donde pude intuir que era la posición de nuestras víctimas masculinas. Supongo que tendrá pensado usar su táctica habitual...
Siguió hablándome sobre el plan y no pude evitar soltar un bufido al darme cuenta de lo complicado que se iba a poner el tema. Tener que esperar al final de la fiesta y encima perseguirlos sin ser vistas. Por suerte, parecía que Abi tampoco quería esperar demasiado, ya que parecía esperar la oportunidad de que uno de ellos se ausentara por momentos -Supongo que tienes razón, habrá que esperar, tenemos que estar muy atentas a cualquier oportunidad.- respondí indignada mientras miraba el reloj que colgaba de una de las paredes. Aún queda mucho tiempo... espero que el destino, o el suficiente alcohol, nos ofrezca la oportunidad de terminar con esto cuanto antes.

Pasaron horas y horas deseando que alguno de los malditos aurores  de pacotilla bebiera lo suficiente como para tener que ir al baño, o incluso llegando a desesperarme, que tuvieran que salir a echar sus entrañas, o que con suerte la cerebrito y el guapito entraran en celo y salieran a la calle. ¡Serían dos de una vez, mira qué bien!
O a que ocurriera cualquier cosa, pero llegó el final de la fiesta. Sí, el final de la fiesta. No me puedo creer que haya tenido la mala suerte de tener que espara aquí como una estúpida durante todas estas horas a que los aurores terminaran sus ''entrañables, simpáticas y repugnantes''  conversaciones para empezar con nuestro cometido.

Estaba demasiado enfadada, tanto que mis límites de cabreo estaban por encima de lo normal, y ya es mucho decir. En fin, al menos ya ha pasado. Intenté tranquilizarme y concentrarme para poder llevar eficientemente el plan y busqué a Abi con la mirada, la cual estaba varios metros más allá, ya que con todo este tiempo le había dado tiempo a tener que saludar comprometidamente a varios de sus inferiores compañeros del ministerio.
-Dios, por fin, uno de los hombres ya ha salido solo, no recuerdo su nombre, el que te escaneó con la mirada cuando llegó no, el otro.- le aclaré cuando llegó de nuevo a mi lado y sin más demora me puse en marcha hacia la salida.

Ya en la puerta, miré hacia ambos lados y vi a nuestro objetivo alejándose por la derecha hacia un callejón. No podía ser más perfecto. - Los otros dos siguen dentro, pero no tardarán en salir, démonos prisa.- le insté y empecé a caminar despacio hacia el lado contrario para dar un pequeño rodeo, sería demasiado sospechoso si empezaba a caminar a toda velocidad en la misma dirección. - Demos una vuelta, lo cogeremos de frente.- aclaré por si parecía que se me había ido la olla.

Cuando le dimos la vuelta a la pequeña manzana, visualizamos al auror acercándose hacia nosotras cabizbajo y con paso lento, seguramente por el cansancio -Con lo redondo y bebido que está no podrá ir muy lejos, manos a la obra, te toca empezar.- Le dije a Abi a medida que nos acercábamos a la víctima esperando a que empezara a poner en práctica su habilidades.
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Abigail T. McDowell el Jue Abr 24, 2014 1:47 pm

Habíamos pasado aquel principio de velada buscando la mejor manera de atentar contra ellos. No se me ocurría idea más estúpida que hacerlo cuando alguno se fuera al baño. Habían asistidos todos los de la lista de invitados, por lo que cualquier movimiento sospechoso (o asesinato directamente) allí dentro, sería como sentenciarnos. Ambas decidimos que lo más lógico sería esperar a que terminase la fiesta.

Durante la fiesta tuve que hacer muchas cosas. Una de ellas fue estar más de lo que me hubiera gustado alrededor de todos esos compañeros del Ministerio que se creen que pueden hablarme como si fuésemos amigos de toda la vida. También tuve que acercarme al Ministro de vez en cuando, lo cual me venía muy bien, ya que acercaba las fronteras hacia los aurores, con la intención de enterarme de algo que fuese útil. Pero la verdad es que no soltaban prenda de absolutamente nada. Hablaban de trivialidades, había formalismos de más y todo resultaba condenadamente aburrido. Odiaba estas fiestas porque la diversión resalta por su ausencia.

A medida que pasaba el tiempo, la gente comenzaba a irse de la fiesta, cansados o con algunas copas de más. Dai y yo no habíamos bebido más que algunas copas al principio, ya que no era plan de tener copas de más cuando te enfrentas a gente que puede matarte. Había estado observando a los aurores, uno de ellos (el más feo) había bebido hasta reventar, por lo que ese no iba a ser un problema. Sin embargo, el otro chico y la chica se habían mantenido sobrios toda la noche.

Aprovechamos que el borracho había salido antes, desorientado, hacia afuera, intentando vagamente buscar la estación de metro. Dai y yo salimos tranquilamente de allí, despidiéndonos de todos con formalidad y una grata sonrisa. Una vez fuera le seguimos y perseguí a Dai tras aclararme el motivo de por qué íbamos hacia el lado opuesto. Comenzamos a caminar alrededor de esa casa y aproveché para sacar la varita y cambiarme de ropa, ya que moverme rápidamente con ese vestido se me antojaba como una ardua tarea. Dejé de vestir tacones finos y un atractivo vestido para ponerme unos pantalones ajustados de cuero junto a una chaqueta cerrada del mismo tejido. En vez de tacones ahora tenía botas y también tomaba la precaución de ponerme rubia. ¿Cuántas pelirrojas habría ahí dentro? Muy pocas. Miré justo después a Dai.

Sí, ahí está. Ocúltate, puede vernos alguien… —y pasé mi mano por delante de mi cara y, en un haz sombrío, se me creó la máscara de mortifago en el rostro. Giré la cabeza cuando dijo que me tocaba empezar y me di la vuelta, caminando con paso ligero hacia nuestra primera víctima.

Para cuando el borracho con los sentidos y los reflejos atrofiados se dio cuenta de mi presencia, ya fue demasiado tarde, ya que tenía su mirada gacha con la única intención de no tropezarse y caerse. Sacó su varita demasiado tarde y, sobre todo, con mucha lentitud. De un sencillo “expelliarmus” se la arrebaté, haciendo que saltase por los aires. Para cuando él quiso pensar en algo, yo ya estaba delante de él con la varita directa a su cuello. Había que aprovechar que uno de ellos es suficientemente gilipollas como para cometer errores.

Primero vámonos a otro lado más privado. —hice la mano hacia atrás para que Dai me diese la mano y nos desaparecimos de allí los tres, apareciendo en Pequeño Hangleton, más concretamente en el cementerio de éste, dónde se enterró al mismísimo Tom Riddle. O eso se creía… Miro a Dai—. Sabrán dónde estamos y allí puede que vayan con refuerzos de los  que aún quedan en la fiesta. Y no nos conviene. —le explico a Dai para que no se crea que se me ha ido la pinza. Últimamente estamos muy explicativas de nuestros actos.

Me giro hacia el hombre que tenía delante de mí, que ahora si que no tenía escapatoria, pues su varita se había quedado detrás de aquella casa.

Imperio. —conjuré, su mirada de volvió ausente—. Llama a tus amigos y diles dónde estás. Que vengan. —le obligué a hacer. Él con gesto forzado se metió la mano en el bolsillo para sacar uno de esos espejos comunicadores—. Vaya, perfecto así puedo presentarme.

De un momento a otro, en el espejo apareció el rostro de la chica, preguntándole que qué había pasado, que si había llegado bien a casa. El hombre se quedó mudo y yo, sin dejar de apuntarle con la varita al cuello, me puse por detrás de él,  haciendo que desde su espejo se pudiese ver mi rostro. O más bien, mi fabulosa máscara de mortifagos que desprendía una dulce y a la vez perversa voz de mujer.

Hola. ¿Qué hay, señores aurores? Este es vuestro amigo, ¿no? No parece estar en pleno uso de sus facultades. De hecho, no tiene varita y ni se puede mantener de pie. ¿No creéis conveniente venir a salvarle el culo? —le arrebaté el espejo al hombre e hice que se pudiera ver el cementerio y la mismísima tumba de Tom Riddle—. Ya sabéis dónde estamos. Vengan solos, no querréis cabrearnos. Vuestro amigo lo pagaría caro si nos cabrearais…

Sin embargo, ellos cortaron la comunicación rápidamente. Tiré el espejo hacia atrás y, rápidamente, hice un Incarcero al hombre para hacer que las cuerdas mágicas le rodeasen el cuello, le sujetasen las manos y luego una larga cuerda siguiese de largo hasta casi el suelo, manteniéndolo suspendido y sujeto en la guadaña de “la muerte” que precedía la tumba. Después con un Incendio hice una hoguera llameante justo bajo de él, que, mágicamente, iba aumentando en volumen hasta alcanzar la cuerda, lo cual haría que lo quemase vivo.
Justo en ese momento, unos sonidos de aparición resonaron detrás nuestra.

¡Sois hombres de palabra! Yo también, aún está vivo. —ellos intentaron lanzar un hechizo para apagar el fuego y bajarlo de ahí, pero yo los paré, aprovechando para crear una barrera de protección alrededor del hombre y que no pudiera llegar ningún hechizo—. Por encima de mi cadáver lo salvaréis. —fue lo último que dije, antes de hacer que el fuego subiese un poco más.

Era sabido por todos que bajo presión y desesperación, nadie actúa en pleno uso de sus facultades… por lo que había que aprovecharlo. Si lo hubiera matado directamente, hubieran actuado con más cabeza que bajo la presión de salvar la vida de su compañero.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Invitado el Jue Jul 17, 2014 11:37 pm

Mientras no acercábamos a nuestra primera presa Abi se puso la máscara de mortífaga y en ese momento me fijé en que se había vuelto rubia para que no la reconocieran. Decidí que yo también debería ocultarme, ya que nuestra misión de hoy contemplaba el grave riesgo de que nos reconocieran. Por ello, conjuré la máscara de mortífago y una capa negra que me cubría desde la cabeza a los pies.
El auror intentó sacar su varita para protegerse, pero debido a su estado lamentable de borrachera, Abi consiguió tirarle la varita sin ninguna dificultad, y pude ver como en la cara del auror se dibujaba una nueva expresión de desesperación. Al llegar a él, Abi estiró el brazo hacia mí y yo le cogí la mano para transportarnos los tres hacia un lugar más privado.

No sabía a donde iba a llevarnos, pero fue fácil de reconocer en cuanto vi la tumba de Tom Riddle. En los dos segundos en los que miré alrededor situándome, Abi conjuró un imperio e hizo que el auror sacara de su bolsillo un espejo comunicador para alertar a sus dos amiguitos aurores. Típica trampa en la que siempre caen como ratas que son.
Abi ató al auror y lo sujetó con la guadaña de la muerte para luego prender fuego bajo él y que este ardiera lentamente. Me acerqué y le hablé de forma que solo me oyera ella. – Eres una sádica.- afirmé, aunque probablemente ella ya estaba al tanto de eso.

Acto seguido, se oyó detrás nuestra como dos personas se aparecían para unirse a la fiesta. Me giré y vi a los otros dos mortífagos con expresión de angustia e impaciencia. El estado de debilidad perfecto para aprovecharnos de ellos. Las ideas de Abi eran sádicas, pero al fin y al cabo funcionaban y debilitaban la mente del enemigo.

Intentaron apagar el fuego desesperadamente, pero todos los hechizos estaban siendo contrarrestados por una barrera de Abi. Aproveché la incertidumbre que se apoderaba del otro chico auror y decidí entrar en acción lanzándole un cruciatus. El chico empezó a retorcerse cayendo lentamente hasta desplomarse en el suelo mientras la chica soltaba un grito de rabia.
-Tú eliges guapa, ¿a cuál de los dos quieres salvar?- alcé la voz para que  me oyera haciendo un esfuerzo para que sonara lo suficientemente prepotente como para picarla. Y no es que fuera fácil, lo mío era poner tono y cara de póker y acabar con mi trabajo, pero esta situación requería enfurecer al enemigo. La aurora se movió hacia su compañero intentando interponerse y entonces hice un giro de muñeca, como quién abre un pomo, para hacer que el otro siguiera retorciéndose, solo a modo de advertencia. - ¿A dónde crees que vas? ¿Crees que te voy a regalar su libertad? Primero tendrás que luchar con mi acompañante si quieres conseguir algo.- la chica frunció el ceño y se giró para mirar a Abi mientras ambas adoptaban una posición de lucha.  Me quedé mirando la escena. Ya que iba a ser una noche larga al menos intentaría disfrutar de la película, pero mientras esperaba que comenzara la lucha de verdad, me despisté lo suficiente para que mi auror consiguiera liberarse y que la lucha diera comienzo por sí sola, pero de una forma inesperada.

El auror se levantó y me atacó con un expulso que me lanzó hasta más allá de la tumba de Riddle, haciendo que la capa se me cayera y dejando al descubierto mi cabeza, rápidamente intenté volver a levantarme, pero un Fulmen cruciatus me llegó antes de que consiguiera ponerme en pie. Volví a caer al suelo, incrédula, pensando que esto no podía estar pasando.
Abi seguía luchando con la chica, y despistarse para defenderme podía ser fatal, pero si yo no conseguía librarme de esto mi contrincante tampoco tardaría en cambiar de oponente y ayudar a su amiga. Miré alrededor analizando como podía ingeniármelas y entonces vi en el suelo el espejito comunicador del primer auror. Hice todo el esfuerzo posible para conseguir mover mi varita y señalando el espejo grité.- ¡Opugno!- y lo lanzé hacia la cabeza del auror. Era un objeto demasiado pequeño para causarle ningún daño, pero era suficiente para aturdirle uno dos segundos y salir de esta.

Me levanté de un salto e invoqué el protego maxima  al ver que volvía a intentar atarcarme devolviéndole el hechizo el cual consiguió esquivar. Estaba empezando a cabrearme de verdad. Y de no ser por la máscara se me habría notado en mi expresión. Esperé el momento oportuno, y cuando el auror intentaba volver a lanzar un hechizo, rápidamente y con un tono demasiado tranquilo para una situación tan intensa dije -Inferno.- unas cuerdas de fuego salieron de mi varita y abrazaron a mi enemigo empezando a quemarlo.

Miré a la chica que había dedicado unos segundos de preocupación a mirar a su compañero y me dirigí a ella.- Disfruta de la escena.- hice una pausa, el tiempo suficiente para que observara su muerte agonizante y antes de que terminara de ser consumido por las llamas volví a gritar.- ¡Avada Kedavra! – y el auror se desplomó en el suelo como si de un saco de harina se tratase.

Miré a Abi, que seguía ocupada con su preciada víctima y le hablé dejando aflorar mi estado de indignación por lo que había pasado.- Basta de tonterías, terminemos con esto. – le dije con un tono firme que ella ya estaba acostumbrada a escuchar de mí y por el que otras personas solían mirarme asustadas. Por suerte, Abi decidió dejar de jugar y en lo que yo terminaba de sacudirme la ropa ya había acabado con su adversaria.

Había sido de los combates más arriesgados que habíamos tenido en un tiempo, pero por fin habiendo acabado con los dos más importantes, las dos volvimos a levantar la cabeza y nos giramos para mirar al pobre desgraciado que seguía mirando la escena mientras se cocía lentamente. Tenía pinta de que se le había pasado la borrachera de golpe, y mejor, así podía centrar todos sus sentidos en ver morir a sus compañeros. Empezaba a gustarme esto de disfrutar del sufrimiento ajeno, al menos por un día.
Abi y yo miramos al auror con actitud dominante -¿quieres terminarlo tú?- le ofrecí, sabiendo que se relamía por torturar y matar a estos inútiles, ¿por qué iba a ser yo quién le quitara su golosina?
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Abigail T. McDowell el Mar Jul 29, 2014 1:44 am

No había nada que me pusiera más que arriesgarme —aparte que algún que otro irresistible buenorro—. Sí, sonará sumamente masoquista, pero la adrenalina que segrega tu cuerpo en estas ocasiones es como una droga. Podría decirse que comparable con volar alto y caer al vacío, o ir tan rápido que no sabes si te dará tiempo a cambiar el sentido de tu vuelo antes de chocar. Era esa sensación de querer y desearlo pero no estar segura de sí funcionarán tus métodos. Me consideraba una maga con talento, con una precisión y rapidez en mi varita digna de admiración y es que todo lo que hago lo hago para mejorar y situaciones como éstas eran mis pruebas, esas que me dicen si he perdido el tiempo o si realmente estoy dónde debería estar. Ya que básicamente de nada me sirve estar bajo las órdenes de alguien que no me motiva a mejorar. Lord Voldemort era la mejor baza para ello.

Sonreí con suma perversidad cuando mi compañera me llamó sádica. ¿Sadismo? Sólo me gusta jugar con mis víctimas. ¿Ver el temor en sus ojos? ¿Ver cómo miran su destino con un acérrimo pavor en el brillo de sus más temerosos ojos? Era reconfortante. Divertido. Era el más puro límite de cada uno, el rostro de pánico en frente de la mismísima Parca que vienen a buscarlos de una manera o de otra. Algunas veces representadas con fuego, otras con agua y otras en un fugaz brillo verde en forma de maleficio. En este caso, ya la muerte amenazaba con llevárselo y esperaba que así fuera. Dai nos repartió a los aurores y para mi desgracia me había tocado la más sobria y, por lo que parecía, la más seria. La reconocía a la perfección del Ministerio, una de las manitas derechas del propio jefe de aurores, más casi nunca estaba en la oficina, siempre fuera, una gran amiga de mi madre. Ella, por el contrario, no tenía ni idea de quién era yo.

Abi McDowell. ¿Me equivoco? —preguntó la tipa. Pues oye, al parecer si sabe quién soy… Se me encogió levemente el corazón por el simple hecho de que más gente pudiera saber de mí. Más razón me había dado para que aquello sólo tuviese como final o su muerte o la mía, ya que no iba a vivir en un mundo en dónde mi cara fuera reconocida cómo una mortifaga con más condenas que hombres me he tirado. Y eso ya es decir.
Entonces creo que esto sobra —pasé mi varita por mi rostro y me quité la máscara, haciendo que mi pelo recobrase su color natural— Ahora que voy a matarte, no tengo por qué ocultarme.
Eso ya lo verem… —Pero es que me la sudaba tanto lo que pudiera decirme que ahora mismo lo único que quería era matarla, por lo que mi varita se alzó en medio de su frase, lanzándole un maleficio.

Fue precisamente un poderoso Expulso que ella consiguió parar sin problemas ninguno. No esperaba menos de una gran maga como ejerce su propia fama. Volví a lanzarle otro y otro maleficio, pero se los paró todos. Ella intentó hacer lo mismo conmigo, pero en aquel momento tenía el noventa y nueve por ciento de mi atención en aquella pelea, ya que el uno por ciento lo tenía la pelea de Dai con el auror, por si acaso a ella le pasara algo y yo tuviera que esquivarme algo que viniera por mi visión en punto muerto. Ese uno por ciento pareció traicionarme, ya que uno de sus conjuros me alcanzó y me hizo volar hacia atrás hasta caer de espaldas al suelo. La miré con rabia. La pelea parecía equilibrada, sosa, inequívoca de un desesperante final. Tragué saliva y pegué un salto a la vez que mi cuerpo se convertía en humo negro y se dirigía directamente hacia ella a suma velocidad. Conseguí pararme uno de sus maleficios y llegué hasta ella, llevándomela por delante hasta hacerla chocar contra la pared de una tumba y cogerla por el cuello.

¿Quién más tiene sospechas de mí? —pregunté con cierto odio y notándoseme la desesperación— ¡Dímelo! —Los mato a todos, ya.
¿Aparte de tu madre? Pues…—hizo una pausa y me desesperé, tirándola hacia un lado al suelo, a lo cual ella aprovechó para desaparecerse. Escuché como se aparecía detrás de mí y conjuré una barrera protectora para evitar que todo lo que me lanzase se frenase— Eres una buena actriz, McDowell. Pero para los mejores como nosotros una zorra como tú se huele desde cualquier parte. —Yo sonreí y me encogí de hombros.
Entonces sólo he de matar a los mejores y… —eché un vistazo a Dai— Vamos por buen camino —No iba a tener piedad con nadie.

Le lancé un Avada Kedavra directo, sin rodeos, pero se lo esquivó, al igual que el segundo y el tercero que le lancé. Utilicé mi desaparición en humo para distraerla y en cierta ocasión conseguí acertarle un certero Expulso. Aproveché ese momento de confusión para conjurar un poderoso Fiendfyre con forma de zorro que corrió hacia la mujer. Ella fue rápida y un Fiendlocked hizo que el fuego fuese consumido por su varita. Se levantó y de las llamas de mi zorro salió un águila que había conjurado ella, dándome de lleno y quemándome parte de la pierna antes de poder quitármelo de encima. Luego, en un duelo en dónde yo fui más rápida y una pared explotó a su lado por un bombarda máxima, descolocándola y tirándola a un lado. Unas cuerdas volaron cortando el espacio entre ambas y rodeándole desde su cuello hasta sus piernas, evitando que pudiera levantarse. Estuvo a punto de quitárselas, pero me aparecí a su lado y le pisé la mano de la varita con fuerza, agachándome y cogiéndola. Muchos coleccionan las orejas de sus víctimas, por mi parte, me encanta coleccionar las varitas de las mías. Apreté las cadenas y escuché como los huesos de sus brazos resonaban bajo ellas y su rostro se contraía con dolor. Dejé de hacerlo y ella sonrió al verme el pantalón quemado y mi pantorilla quemada al rojo vivo.

Sí, sonríele a la muerte —le digo, apuntándola con la varita. Intentó decir algo, pero ya no quería escuchar sus palabras cuando pueden hablarme sus pensamientos— Crucio —pronuncié en voz alta, para que supiera lo que le esperaba. Sus gritos fueron como una sintonía para mí y el dolor atroz que sentía en la pierna. Con un Legeremens, un hechizo que no se me daba nada bien, observé los recuerdos de la chica antes de que ésta pudiera perder el conocimiento y pude saber quién sabía de mí, o más bien, quién lo sospechaba: mis próximas víctimas sin dudarlo lo más mínimo. Por suerte, sólo eran dos personas más; entre ellas mi madre. Fue entonces cuando escuché la voz de Dai diciéndome que terminásemos ya. Y tenía razón, estábamos en un sitio peligroso. Me agaché hasta acercar mi rostro al de ella— La próxima vez piénsatelo antes de subestimar a una zorra como yo —le puse mi varita en la barbilla y susurré en sus labios— Avada Kedavra.

Me desaparecí acto seguido de allí, apareciendo al lado de Dai mientras guardaba la varita de la aurora. Sonreí ante las palabras de Dai y observé al joven que había muerto bajo sus manos. Ella tampoco parecía haber salido ilesa, pero por suerte para ella no había terminado con quemaduras graves en la piel. Quería irme ya porque aquello me estaba ardiendo.

Como no —Le iba a dar una muerte lenta y dolorosa, así que simplemente conjuré un Sectusempra no verbal y dejé que se desangrase solo mientras se quemaba vivo. La varita de ese no me apetecía tenerla, ya que sólo conservo las de aquellos que son unos dignos adversarios. Miré a Dai— Seguro que habrán informado antes de venir, vámonos ya. O yo por lo menos necesito urgente un médico —le expliqué a pesar de que era Dai, seguramente se le sudase lo que yo necesitase— Mañana por la mañana a primera hora quedamos para informar. —retrocedí algunos pasos y me desaparecí de allí.
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