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In the nick of time [Ophelia - Priv]

Invitado el Jue Mayo 11, 2017 7:50 am

Dediqué una terrible mirada a Dobby cuando este irrumpió en la sala de estudio de forma ruidosa. Años con este elfo doméstico y el mismo aún no aprendía a tocar las puertas antes de ingresar a una habitación o, por lo menos, a no andar tropezando con todo lo que se encontraba a su paso, a mi aún me sorprendía que en la mansión hubiera vajilla donde comer, Dobby ya se estaba tardado en romper cada plato y cada taza con su torpeza. - ¿y bien? - pregunté luego de que el elfo se quedara de pie delante de mi tartamudeando y removiéndose en su lugar. Estaba estudiando, tenía un examen importante en un par de días y este elfo me estaba quitando el tiempo aparentemente para nada. Comencé a pasar mis dedos sobre la superficie del pesado escritorio de madera, creando una melodía que dejaba de manifiesto mi poca paciencia en estos momentos, Dobby se estaba tardado y cuando justo creí que no iba a decir nada el incorregible elfo me extendió un pedazo de pergamino ¿qué se supone que es esto? - cuestioné no de mejor humor y entonces Dobby comenzó a decir un montón de cosas que carecían de claridad para mi. Sin desear perder más mi tiempo y un tanto exasperada, abrí ese pedazo de pergamino para encontrarme con la letra de mi esposo.

Con rapidez comencé a leer el contenido de aquella nota mientras iba frunciendo el ceño con cada línea que iba leyendo - ¡¿Cómo te atreves a darme esto hasta ahora?! - espeté contra la orejuda criatura poniéndome de pie al instante. El elfo retrocedió de un salto y nuevamente comenzó a dar una vaga explicación de que había olvidado entregármela al llegar. Yo había llegado a casa dos horas atrás, ya eran las cinco de la tarde y el tiempo seguí avanzando, un tiempo que ahora me hacía falta - traeme mi bolso y mi túnica...ahora - ni para qué gastar mas tiempo y enojos contra el elfo, tenía prisa. Cerré mi libro, me guardé la nota de Lucius, quién seguramente regresaría a casa a las siete, en un bolsillo de mi vestido largo y oscuro y caminé con paso decidido hacia la chimenea de la mansión donde el elfo al menos ya me esperaba con lo que el había pedido. Me coloqué mi túnica oscura y fina sobre mi vestido, tomé mi bolso y un par de polvos y tras recitar unas palabras ya me encontraba viajando a través de la red flu hasta el callejón Diagón.

Por algún extraño motivo mi viaje no se detuve donde lo había solicitado, sino en algún extraño sitio que descubrí se encontraba cerca de la entrada muggle al Caldero Chorreante, genial ¡mas contratiempos! Pero por ahora me correspondía ocuparme y no quejarme si es que quería llegar a tiempo a Flourish and Blotts y regresar a la Mansión antes de que mi esposo regresara del Ministerio, aunque si no lograba mi encomiendo también sería culpa de Lucius por no tratar el tema directamente conmigo y confiar en el ineficiente elfo doméstico que en más de una ocasión se había tomado el lujo de cometer este tipo de descuidos. Al ingresar al Caldero me encontré con el lugar medio lleno, varias mesas y sillas estaban ocupadas por todo tipo de personas con las cuales no deseaba relacionarme ahora y muy posiblemente tampoco en un futuro. Con paso firme y elegante comencé a esquivar a las personas que se movían por el sitio así como rodeando mesas y sillas hasta que distinguí a una mujer delgada, de cabello largo y castaño. En principio ignoré a la mujer, una bruja más al fin de cuentas, pero la duda me llenó de pronto y volví a ver a aquella chica algo intrigada ¿sería? en efecto se trataba de Winslow. Sabiendo que la mujer se encontraba en mi trayectoria hacia la salida que me llevaría al callejón Diagón, decidí desviar mis pasos hacia la castaña. Tenía prisa sí, pero siempre había tiempo para la educación - parece haber un poco de gente este día ¿no? - comenté a forma de saludo comenzando a mostrar una discreta sonrisa - ¿Qué tal estás? - agregué con amabilidad hacia la chica que había conocido hacia ya varios años atrás en Hogwarts.
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InvitadoInvitado

O. Winslow el Sáb Mayo 20, 2017 1:18 am

Adoraba la situación actual en el mundo mágico. Me gustaba saber que podía ir a cualquier lugar sin tener que compartir mesa con un asqueroso sangresucia, o tener que ocultar mi repugnancia hacia ellos. Si bien extrañaba la emoción de poder torturarlos y no dejar huella, la emoción de que pudieran pillarme y el éxtasis que suponía eliminar las pruebas y cargar con la culpa a otros. Esos gritos cuando aún tenían esperanzas de ser salvados. Era un deleite que hoy no podía conseguir salvo que torturara a algún patético muggle. Ya no era tan emocionante.

Y si a ello le sumamos mis labores como gerente del Caldero Chorreante, mi vida se había vuelto demasiado monótona. Ni siquiera tenía a Natalie cerca para variar un poco la charla al menos. Debía encontrar algo que hacer, algún modo de entretenerme y no querer matar a los ineptos de mis empleados. Pero desde luego hoy no sería el día.

La tarde ya se cernía sobre nosotros, y parecía un día tranquilo, como otro cualquiera. Estaba en mi despacho haciendo cuentas e inventario. - ¿Cómo es posible que falte tanto Whisky de fuego? - Pregunté a Lrog, que siempre estaba conmigo. Él se limitó a encogerse de hombros. Era un simple elfo, no podía pedirle mucho más. Me limité a mirar los pergaminos que ante mí reposaban y suspiré varias veces, dejando caer la pluma sobre ellos cuando la puerta se abrió de golpe. - ¿Qué diantres haces Marlin? - Pregunté con cara de pocos amigos, odiaba esas entradas, odiaba que no tocaran a la puerta. - Lo siento mucho, Miss Winslow. Pero el ministerio ha enviado un aviso urgente, hay que cerrar los accesos. Un fugitivo ha sido visto en el callejón Diagon. - Sus palabras sonaban entrecortadas y rápidas, le faltaba el aliento en ocasiones. - ¿A qué esperas? ¡Hazlo! - Mi voz sonó autoritaria, negando con la cabeza ante la idea de que hubiera perdido tiempo de un modo tan tonto. - Héctor se está encargando de ello, yo venía a avisarla del alboroto que se está formando. Algunos clientes quieren salir y no parecen atender a razones. - Dejó claro al fin su visita.

Todo tenía más lógica en ese instante. Así fue como dejé mis quehaceres y bajé a la planta principal. Varios hombres se agolpaban en la salida al callejón. - ¡Calma! - Exclamé tras conjurar un sonorus sobre mi misma. Quería que todos me oyeran sin elevar demasiado la voz. - Esta situación se resolverá en unos minutos. Un fugitivo ha sido visto en el callejón, el ministerio está trabajando para apresarlo, no podemos permitir que tenga la mínima opción de escapar. - Expliqué a los presentes, aunque algunos estaban incómodos porque lo que querían era ganar la recompensa simplemente. - A la próxima ronda invita la casa, por favor, que reine la calma. - Intentaba ser lo más educada posible cuando del negocio se trataba, pero las ganas de lanzar un par de avadas para terminar con las tonterías no me las quitaba nadie.  

Parecía que la cosa estaba algo más calmada cuando una voz familiar llegó a mis oídos.  - Lo bueno es que no puede entrar nadie más. - Respondí a la vez que me giraba hacia ella y esbozaba una leve sonrisa. - Rodeada de tontos, pero bien. ¿Tú qué tal estás? No esperaba verte por el Caldero Chorreante. - Pregunté de vuelta, observándola rápidamente de arriba a bajo.

- ¿Quieres tomar algo? Invita la casa, y si lo deseas puedes pasar a mi despacho, porque yo no aguantaría mucho con esta panda de energúmenos que quieren salir al callejón. -  Comenté sin pensar en la remota posibilidad de que Narcissa no se hubiera enterado de lo sucedido. Ni por un instante lo había pensado. Hasta que apareció un mago canoso en la chimenea. - ¡Mierda, la red flú! - Exclamé en voz baja. Saqué la varita y apunté a la chimenea, conjurando un hechizo de media complejidad que impediría las apariciones con el uso de los polvos flú. Desde luego estaba siendo una tarde movidita.
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O. WinslowInactivo

Invitado el Lun Jun 05, 2017 4:25 am

Totalmente extrañada, fruncí el ceño al notar el aparente alivio en el semblante de Winslow luego de señalar que nadie más podía entrar al Caldero Chorreante ¿hablaba enserio? Discretamente pasé mi vista a un lado y otro notando que, varias mesas estaban ocupadas pero el sitio aún no estaba rebosante de clientes, de desearlo aún un par de magos y brujas podrían ingresar al establecimiento y pedir algo de beber estando seguros de que encontrarían donde sentarse, pero definitivamente yo no sería esa persona. No es que tuviera algo contra los dueños de este lugar, sencillamente que aquí uno podía encontrarse a gente desagradable aunque gozaran de un linaje puro. Vamos, entre los nuestros también había niveles y yo no me rebajaría a sentarme codo con codo con un harapiento apestoso. Por otro lado, realmente no podía agrupar a la familia de Ophelia dentro de estos pero no siempre me encontraba entre sus clientes a alguien que me alegrara saludar. Mi gesto, cambió incluso más cuando la bruja señaló que sus clientes querían salir al Callejón, como si el deseo de los mismos fuera descabellada, incluso yo deseaba salir al Callejón cuanto antes para atender el pedido de mi esposo, pero comenzaba a creer que mi misión del día no sería tan sencilla de desempeñar como hubiera creído. Debía haberlo supuesto desde que la chimenea no me dejó llegar directamente al Callejón y me desvió de mi destino.

Elevé mi mano hasta mi frente para remover un par de mechones tratando de mantener la calma luego de ver como la castaña sellaba la Red Flu. Poco después de haber entrado al Caldero Chorreante, había presenciado como varios magos y brujas se habían elevado un poco de sus sillas para comenzar a reclamar algo, dado que esta gente poco me importaba no me puse a prestar atención a lo que decían y aún menos a sus reclamos vulgares, aquello sería un desgaste de energía y de tiempo y si me había detenido había sido sólo para saludar a una amiga que hacía tiempo no veía. Pero ahora, comenzaba a creer que debí escuchar un poco más y que incluso debí prestar atención a las palabras dichas por una de las dueñas; yo sencillamente había supuesto que ella intentaba mantener el orden en su establecimiento mas no que estaba diciendo algo que incluso sería importante para mi. Esto, comenzaba a ser incómodo sobre todo porque creía que estaba imaginando cosas que realmente no estaba ocurriendo ¿cierto? - te diría que me encuentro algo apresurada con un asunto que me acabo de enterar debo realizar antes de que cierren las tiendas del Callejón Diagón, pero con lo que has mencionado y con lo que acabas de hacer con la Red Flu. . . la verdad es que ahora más que ajetreado me encuentro confundida - admití, manteniendo una de mis manos sobre mi cintura y la otra a mi lado, evitando tomar un poco de la tela de mi túnica para comenzar a jugar con ella, tal como hacía cuando me encontraba inquieta por algo que se escapaba de mi entendimiento, detestaba sentirme tan perdida como ahora yo lo estaba.

Dos hombres al fondo comenzaron a estallar en carcajadas, desconocía de quienes se trataban porque no tenía ojos en la espada y la verdad es que poco me importaba saber de quiénes se trataban, así que preferí continuar - es que ¿me estoy perdiendo de algo? minutos atrás intenté llegar directamente al Callejón a través de la Red Flu, pero la misma red me desvió a un par de calles de aquí, así que supuse que sería mas sencillo entrar al Callejón a través del Caldero pero ahora veo que estás sellando todo y que... - desvié la vista con cierto desdén hacia mi entorno viendo como algunos murmullos de molestia comenzaban a crecer de nuevo al rededor de nosotros - tus clientes estar perdiendo la razón y creo que yo también estoy en camino de, pero por diferentes circunstancias - es decir, tanto ruido estaba logrando que lentamente fuera perdiendo la poca paciencia con la que había salido de mi dulce hogar para irle a cumplir un capricho a Lucius. Entonces, se escuchó como se estrellaba el vidrio contra el suelo, por inercia giré el rostro viendo a una bruja de cabello cano y vestiduras un poco...viejas, por no decir ¡horribles! carcajearse mientras señalaba a otro hombre que veía su bebida escurrida por el piso. Inconscientemente hice otra mueca y tomé a Ophelia por el brazo - pero creo que podemos continuar con esto en tu despacho... - esto era demasiado para mi. - y de paso me cuentas como has estado tu.
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InvitadoInvitado

O. Winslow el Vie Jun 30, 2017 7:58 pm

No había nada peor para el negocio que tenerlo todo cerrado, pero peor era tenerlo cerrado con los clientes dentro y a hora punta. Insoportable y tedioso. Tener que invitarlos para que cerraran sus bocas y no llegaran a las manos. Aunque deseaba con todo mi ser que alguien rompiera una silla o una simple copa para lanzarle la maldición cruciatus a diestro y siniestro y que así aprendieran todos a respetar mi local. Era un antro, sí, que pocos consideraban importante. Pero era mío, de mi familia y tan importante como que servía de paso del mundo muggle al mágico. Lo divertido que era cuando se metía algún muggle, diversión asegurada durante horas.

Fue una sorpresa semiagradable encontrarme a Narcisa Malfoy entre los clientes, más que nada por la situación en la que se encontraría ahora. Alguien mayor que yo, de otra familia respetable y que debía acatar mis órdenes. Puesto que a pesar de todos los que pudieran haber dentro, la máxima autoridad pasaba a ser una servidora. - Desde luego que no ha sido el momento más idílico. Lamento la confusión, pero los aurores están persiguiendo a un traidor a la causa visto en el callejón, han bloqueado todas las salidas al mundo muggle y nuestro local por precaución. No podemos dejar que ninguna lagartija asquerosa se vaya tan pancho. - Dije sin mucho decoro, ahora que lo pensaba detenidamente el estar tanto tiempo rodeada de esta gente me estaba pasando factura en cuanto a vocablos.

Las escenas que a nuestro alrededor se estaban sucediendo no tenían mucho sentido, algunas eran muy comunes, otras….bueno, las otras eran propias de la frustración por no poder ir a donde querían. - Por favor, vete yendo a mi despacho, sin ningún reparo. Arreglo ese pequeño incidente y enseguida estoy contigo. ¿Deseas algo de tomar? - Pregunté con cordialidad, esperando que aceptara mi petición. Si bien la acompañé hasta la escalera. - La puerta del fondo, no tiene mucha pérdida. Mi elfo estará a tu disposición. - Añadí para tranquilizarla. El despacho estaba vacío a su excepción, puesto que se aseguraba de guardar mi paz en esa estancia.

Apunté mi garganta con mi varita y conjuré un sonorus no verbal. - ¿Qué parte de mantener la calma no habéis entendido? - Me puse más seria que la vez anterior. Esta situación me superaba en ocasiones. - El ministerio no tardará en desbloquear las salidas y todo aquel que quiera marcharse podrá hacerlo, pero hasta que no den con el traidor, nos quedaremos aquí todos tranquilitos. ¿Entendido? - Con esta gente muchas veces sólo valía la brutalidad. Así no dudé en retirar el sonorus y lanzar un fulmen cruciatus a un hombre de metro ochenta que pretendía golpear a la vieja risueña. Sonreí con satisfacción al contemplar su cuerpo retorcerse en el suelo. - Sed consecuentes, mis empleados tienen autorización del ministerio para reducir a aquel que se exceda en cuanto a entusiasmo en esta situación. - Me inventé pero sonando con total convicción. ¿Por qué no iba a disponer de esa influencia la hija de un antiguo ministro? Ellos no tenían motivos para dudar ni yo se los iba a dar.

Poco tardé en regresar a mi despacho. - Estos momentos son caóticos. Cómo se nota que las clases bajas no tienen educación suficiente. - Comenté con una sonrisa y un tono despectivo. - Lo cierto es que necesito huir de este lugar. Desde la muerte de mi padre las responsabilidades son mayores y como habrás podido comprobar se me está pegando la peculiar forma de hablar de esta gente. Extraño rodearme de calma y clase. - Confesó más por el cansancio que por otra cuestión. - ¿Lo que necesitabas del callejón eran objetos de difícil adquisición? Quizás pueda ayudarte. - Fui directa, sin andar con preámbulos, luego podría preguntarle por su vida, si era necesario.
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