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Operación bikini [Priv. Steven D. Bennington]

Laith Gauthier el Vie Mayo 12, 2017 3:15 am

El sábado había llegado lentamente, como si la semana laboral hubiese sido cientos de veces más dura cuando esperaba a que llegara un día en lo particular. Había al menos estado un poco en contacto con Steven gracias a la mensajería instantánea, pero siendo honestos Laith no tenía mucho tiempo para estar mirando sus textos y contestándolos; su vida de médimago, suicida e infiltrado no le dejaba mucha libertad a estar revisando todo el día su teléfono, lamentablemente, y seguramente fuese parecido con el fugitivo.

Se había sentido preocupado por la herida que Steven había tenido, incluso si ésta había cerrado. No era extraño para nadie a veces sentir el fantasma de una herida curada con magia, por lo que quizá sintiera dolor en algún momento en la carne curada, o tal vez no pudiese recomponerse fácilmente de la pérdida de sangre, aunque por suerte había conseguido sobrevivir hasta, al menos, la noche anterior que le escribió para confirmar el encuentro al día siguiente.

Fuese como sea, al final había llegado el día y la hora acordada, dirigiéndose sin pensarlo demasiado a la pizzería donde planificaron su encuentro. Llevaba los audífonos puestos y a veces cogía el ritmo de la música como el suyo y comenzaba a caminar al son de la melodía. Nunca iba a permitir que la situación actual mermara su buen ánimo y su optimismo, además que las calles nomaj lo hacían sentir protegido de los mortífagos y los puristas. Ahí fuera no era otra cosa que otro nomaj más.

They say: before you start a war, you’d better know what you’re fighting for. Well, baby, you are all that I adore, if love is what you need a soldier I will be —a veces, cantaba algunas de las partes de la canción sin perder mucho la compostura. Si ya de por sí estaba ocasionalmente bailando, era mejor mantener la discreción. Pensaba en algunas cosas que quería contarle a aquel sujeto cuando se encontraran, con una ligera sonrisa en el rostro.

Iba un poco tarde ya, aunque no se alteraba por ello. Alcanzó a ver a Steven en cierto momento, bajando los lentes de sol para asegurarse que fuese él, para entonces quitarse los audífonos y guardándolos en su bolsillo luego de detener la música. Se acercó discretamente, con una sonrisa traviesa y tratando de recordar cuál era la mano dominante de Steven para protegerse un poco, recordando cuando lo ayudó con la limpieza de la habitación que utilizó la derecha.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, a un par de locales de la pizzería, le tomó por la mano derecha y la torció en su espalda de modo que intentar moverse le causaría dolor en la muñeca, sometiéndolo y amenazándolo al cuello con una navaja imaginaria. La mano derecha era importante, pues podía sacar la varita y hacerle daño cuando solamente estaba jugando a espantarlo un poco. Un juego brusco y muy tonto, pero que pensó podría ser divertido.

Vas a darme todo lo que tengas sin rechistar —trató de hacer más tosca su voz para que no lo reconociera al escucharlo hablar, permitiendo que se creyese el tonteo un par de minutos antes de soltar una risotada, sujetándole el rostro con la mano de la supuesta navaja y besándolo en la mejilla, todavía sujetándolo por la espalda antes de soltarlo. — Me conformo con que me des tu compañía, no me pegues y luego me lleves a comer helado —bromeó con una sonrisa.
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Steven D. Bennington el Sáb Mayo 13, 2017 1:04 pm

- Cro.

- Cro.

- Que.

- Que.

- Ta.

- Ta.

- Ahora todo seguido. Croqueta.

- Cocreta. – Dijo Agnes muy conforme con el resultado de su pronunciación. Steven rodó los ojos, aquello estaba más que perdido. Era imposible que Agnes pronunciase bien esa palabra. Igual de imposible que resultaba ser que recordase que la “pizza” no era lo mismo que la “picha” y cada vez que llamaba a la pizzería (o pichería, según su pronunciación) de Steven cada miércoles para pedir un 2x1 en familiares, acababa siendo el hazme reír del que atendiese en el teléfono aquel día. – Anda, anda, llévate otro tupper de cocretas y dale unas cuantas a tu hermana. ¡Y dile que venga a verme!

Steven no tardó mucho más en dejar la casa de Agnes e irse rumbo al restaurante  donde había ido con Laith la primera vez. Esperaba que los Mortífagos pensasen que como buen fugitivo no repetiría lugar que visitar y tomarían otro rumbo en su búsqueda. Por su propia seguridad, cambió su color de pelo a un negro azabache que distaba bastante de su color natural y avanzó desde la puerta de Agnes hasta llegar al ascensor de casa de la mujer. Una vez en su interior, se desapareció en una de las calles colindantes al local.

No tuvo que andar demasiado. Fueron un par de metros los que tuvo que recorrer hasta llegar a la entrada del local. Se quedó frente a esta, esperando a que Laith llegase. Miró el reloj en su muñeca y comprobó que apenas pasaban diez minutos de la hora prevista, por lo que no se preocupó por si Laith había sido descubierto en su boicot al nuevo gobierno donde no lo pensaba dos veces a la hora de ayudar a todo aquel que lo precisase sin poner en tela de juicio cual fuese su sangre.

El ahora moreno se cruzó de brazos mientras miraba la lista de pizzas que tenía el local. Al parecer no era algo tan cutre como una de las sucursales de Telepizza o Dominos, sino que contaba con una gran variedad de pizzas que podían combinar sus sabores. A su vez, pudo ver en la lista de precios un menú del día y diversos italianos. Aunque lo que más había eran pizzas. Una lista interminable de sabores de los que Steven no había probado ni la mitad.

Pero el cielo se abrió ante sus ojos cuando vio algo. Algo importante. Más importante que el sol brillando sobre su cabeza demostrando que aún no había llegado el fin del mundo. Más importante que el oxígeno que respiraba… Había una oferta. Oferta de pizzas. Una oferta que rezaba: “Come todo lo que puedas por diez libras”. La cara de Steven era un poema. Sus ojos se habían iluminado al ver tal alarde de generosidad por parte del local e incluso no le dio importancia a la letra pequeña que advertía que la bebida no iba incluida en la oferta. ¡Que importaba eso ahora!

Estaba tan pendiente del cartel que tenía ante sus ojos que no vio venir a Laith. Tampoco lo habría hecho de no haber tenido ojos en la espalda y por eso la escena que se dibujó ante sus ojos a continuación le pilló de improviso. Estuvo a punto de aparecerse lejos de allí aunque eso supusiese llevarse consigo a su agresor, pero al escuchar la voz de Laith maquillada por un intento poco eficiente por disimular quien era, dibujó una sonrisa y abandonó todo intento de resistirse.

- ¿Sabes la que podríamos haber liado aquí si no llego a reconocerte? – Preguntó antes de que el chico terminase de soltarle. – Que soy un fugitivo, en cualquier momento pueden intentar atacarme y… Podría matarte solo con mirarte. – Fingió tener una de esas miradas capaces de matar a alguien. Pero no tenía una de esas. Steven era tan tierno como un osito de peluche. – Lo de pegarte tienes que ganártelo. Y lo del helado. Esto no son formas de ganarte comida gratis, doctor. – Sin pensarlo mucho avanzó al interior del local. – Tengo una sorpresa para ti. Y sí, es comida. Te va a encantar. – Dijo con la ilusión propia de un niño mientras pasaban al interior del local. Steven pensaba pedir aquella oferta. Vamos, no tenía ni la más mínima duda.
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Laith Gauthier el Sáb Mayo 13, 2017 9:00 pm

Steven llevaba el cabello cambiado, y se dudó un poco que aquel fuera realmente su amigo; no quería incomodar a nadie por una confusión, seguramente de no haber sabido que era metamorfomago se lo hubiera pensado más, pero pronto alcanzó a reconocer que verdaderamente se trataba de él. Por ello se acercó lentamente para poder sorprenderlo, estando por completo distraído mirando hacia el cartel del local mientras lo esperaba.

Lo inmovilizó fácilmente debido a su distracción, sabiendo que podría tener muchos riesgos hacer semejante idiotez con un mago, pero Laith no se caracterizaba por un buen juicio y por ello no se lo pensó demasiado. A pesar de todo, no consiguió camuflar su voz de una forma correcta y tampoco es que lo haya intentado mucho, quitándole las ganas de resistirse a su amigo mientras lo saludaba correctamente a fuerza de beso para así soltarlo.

En mi cabeza sonaba todo muy divertido, al menos hasta que me tirabas una imperdonable, ahí se acababa la diversión —bromeó con una sonrisa, aunque sí estaba consciente de que pudo haberle hecho daño por la sorpresa. — Eres el fugitivo más peligroso de toda la comarca, debí haber pensado que podrías asesinarme… Bueno, luego de ese otro tipo que sale en las noticias día sí día también —se llevó la mano a la barbilla en un gesto pensativo.

A veces miraba las noticias y no paraba de leer de un sujeto que se metía en todo tipo de cruzadas, aunque el nombre no le salía ahora mismo. También se había encontrado con la pena de que uno de sus pacientes había acabado en búsqueda y captura tras una noticia que quería creer con todo su ser era falsa. El Profeta había resultado ser motivo de desespero para Laith cuando leía nombres conocidos, así que siempre intentaba dejar tranquila la prensa mágica por el bien de su salud emocional.

Prefiero ganarme el helado que pegarme, de preferencia eliminemos pegarme de la lista —le sonrió de forma traviesa mientras lo seguía al interior del local, dando un sonidillo de curiosidad cuando le dijo que tenía una sorpresa para él, que encima era comida y que iba a encantarle. — ¿Vas a darme una dotación de por vida de helado? —le preguntó entusiasmado, aunque estaba seguro de que no era eso, aunque definitivamente le hubiese gustado.

Pronto se dio cuenta de que lo que realmente le quería enseñar era una promoción, un “come toda la pizza que puedas comer por diez libras” que, como el glotón que era, no estaba nada mal. No llevaba el refresco incluido pero eso no le pareció un verdadero problema, sonriéndose a sí mismo mientras los dos abusaban de semejante alarde de generosidad. El local no tenía ni idea del problema en que se había metido por ponerles dicha promoción a aquel par de amigos, que probablemente le dejaran en la ruina.

Me da hasta un poco de pena, pobre local… No tienen ni idea de dónde se han metido —le dijo con una sonrisa en cuanto se sentaron en la mesa. A partes estaba ilusionado por poder saciar su hambre y un poco más con sólo diez libras, y en otras realmente se compadecía de la pizzería por la pérdida que iba a tener. — Eso, amigo, se llama un golpe de suerte —se sonrió, dando un golpecito en la mesa con el puño . Sabía que la situación actual de Steven no era la mejor, así que encontrar tal oferta debía ser un respiro a su bolsillo.

Se sentía más tranquilo de ver a Steven sin un hueco en la espalda, por supuesto, quitándose los lentes de sol y enganchando una de sus patas en el cuello de su camisa para tenerlas a la mano y que no se le perdieran. Apoyó los codos contra la mesa mientras esperaban la primera ronda de pizza. Aprovechó para tocar por encima de la ropa la zona por donde había traspasado la flecha del otro día.

¿No tuviste ninguna incomodidad? —le preguntó, serenándose por un momento y, casi sin querer, adoptando esa seriedad profesional que tenía en San Mungo. Estaba casi seguro de que se lo hubiera hecho saber si hubiese sido algo grave, pero la duda todavía le repiqueteaba en la consciencia. — Por un momento pensé que te perdía, idiota, me asustaste —se atrevió a reclamarle algo por lo que no tenía la culpa, pero que igual lo había alterado mucho en su momento.
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Steven D. Bennington el Dom Mayo 14, 2017 3:26 pm

Debía admitir que el movimiento de Laith le había pillado desprevenido aunque pillar desprevenido a Steven no era precisamente una misión complicada. Tendía a estar en las nubes. Por suerte no literalmente. Pero sí de manera metafórica donde sus pensamientos iban y venían centrándose en detalles muchas veces carentes de importancia a ojos de cualquiera con dos dedos de frente. Más teniendo en cuenta los tiempos que corrían y que su cabeza tenía un precio puesto por el propio Ministerio de Magia. Cualquiera leal al nuevo régimen o con necesidades económicas no lo pensaría a la hora de atacarlo y llevarlo ante la ley. Pero él seguía con la cabeza en las nubes, ajeno a lo peligroso que era aquello.

- ¿Yo lanzando algo de eso? – Elevó sendas cejas. ¿Steven? No había usado una maldición imperdonable en su vida. Conocía la teoría, mas carecía de práctica alguna. – Creo que si te hubiese lanzado un hechizo habría sido un tragababosas. Soy tan maduro que a veces me sorprendo a mí mismo. – Rió. A veces dudaba que tuviese realmente la edad que aparecía en su documentación. ¿Treinta y un años? ¡Si él se sentía como todo un crío de veinte! O incluso mucho menos, pues su madurez rozaba el límite de encontrarse dentro de la infancia. – De toda la comarca, porque todo el mundo sabe que si me quito los zapatos mis pies son grandes y peludos. Y bueno, llevo prótesis en las piernas para parecer más alto, los Hobbits de la comarca no superamos la altura del enano medio. – No pudo evitar reír ante aquel comentario tan poco elocuente por su parte.

Steven suponía que aquel asesino del que hablaba era algún tipo de personaje imaginario que Laith acababa de inventarse para compararle con alguien. Su inocencia era tal que pensaba que los tiroteos sólo podían tener lugar en Estados Unidos y que los asesinos en serie no salían de las pantallas televisivas. Todo eso teniendo en cuenta que vivía en un mundo de locos donde los nacidos de muggles tenían que vivir escondidos como si de ratas se tratase, pues de ser encontrados serían enviados a algo similar al matadero. Azkaban no parecía ser un hotel de cinco estrellas a pesar de su envidiable servicio de cinco estrellas a buen precio. A precio gratuito. Y aunque todo lo gratuito llamaba la atención de Steven, ese no era el caso de la prisión de magos.

- Sí, claro, me atacas por la espalda y encima pretendes que te de helado gratis. ¿Qué tipo de amigo crees que soy? ¿De esos que no viven escondidos porque de ser vistos por quien no deben acabaran muertos? Porque soy uno de esos. – Elevó ambas cejas antes de reír.

Oh, Steven y la comida. Para Steven el cielo estaba compuesto por nubes rosas de algodón de azúcar, de esos que venden las ferias y por los que los niños se pelean. De grandes piruletas redondeadas de color rojo y blanco. De regalices rojos que recorren el terreno. De grandes montañas de helado de chocolate, vainilla y fresa. De torres de nata con una galleta en la parte superior. De grandes tartas de chocolate con cobertura de chocolate aún más espeso. Oh, el dulce. Steven y el dulce. Pero en aquel caso, Steven y la pizza. Oh, Steven y la pizza.

- Mejor aún. – Bueno, no sabía si era mejor aún pero su presupuesto no era suficiente como para poder considerar dar helado a alguien gratis durante el resto de su vida a no ser que atracase una fábrica de helados. Que, por el momento, no era el caso. Ya tenía suficiente por ser perseguido por robar magia como para encima añadir a sus crímenes robar una fábrica de helado. - ¿Verdad? Creo que podríamos arruinarles la vida a estas pobres personas pero… La vida está para correr riesgos, amigo mío. – Y sin pensarlo dos veces, indicó al camarero del local que elegirían dicha oferta y este les sentó cerca de las cocinas. El pobre hombre no sabía lo que se le venía encima.

- Bien, les explico. – El hombre sacó un pequeño bloc de notas  una vez los chicos se sentaron. – Al ser dos, les traemos una pizza mediana de dos sabores a elegir. En la carta tienen los diferentes sabores que están dentro de la oferta. Cuando terminen con la primera pizza, me hacen una señal y les anoto la siguiente. – Steven afirmó con la cabeza. Pobre hombre iba a hacer más viajes de los que había hecho a lo largo de toda su vida.

La primera pizza no tardó en llegar cuando ambos chicos hubieron decidido los sabores y pudieron dar inicio al primer ataque contra aquel local y su economía.

- Tenía a Beatrice. Cuando llegué se aseguró que todo estuviese en orden y me estuvo echando un mejunje raro. No sé qué era. Me lo explicó pero… Bueno, los términos médicos jamás fueron mi punto fuerte, para qué engañarnos. – Se encogió de hombros antes de tomar el primer trozo de pizza. – Me lo estuvo echando cada dos horas. Luego cada seis y al final cada ocho. Ya lo tengo más o menos bien, aunque tengo una cicatriz considerable. Dice que en unas semanas si sigo con esa cosa una vez a la semana se habrá ido.

Steven siempre había sido un imán para los accidentes. Desde niño se había caracterizado por llevarse mil y un golpes. Pero por suerte, ninguno había acabado con su vida.

- Oh, me perdías. – Repitió con tono dramático. – Venga hombre, que aún tengo mucha guerra para dar. ¿Quién te invitaría a helado si yo no estuviese? Nadie, así que no puedo morirme todavía. – Rió. - ¿Te metí en algún lío? Tu amiga estuvo increíble, realmente parecía estar inconsciente.
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Laith Gauthier el Dom Mayo 14, 2017 8:40 pm

No tuvo reparo en mencionar las imperdonables, cuando Laith era completamente incapaz de lanzar una maldición así. Le temblaba la mano para hacer un tragababosas, no estaba hecho para hacer daño a los demás de ninguna manera. Sonrió cuando Steven lo corrigió y le dijo que, de haberlo maldito, habría utilizado un inmaduro hechizo para hacerle supuesto daño. Claro que no era agradable tener babosas saliendo de tu boca y menos para alguien tan pulcro como Laith, pero no daba más que muchísimo asco y ya.

Ah, ahora todo tiene sentido, ya me lo suponía. Soy tan astuto que de lejos te vi las prótesis, soy doctor, no me puedes engañar —le guiñó un ojo, sonriéndole y decidido, como siempre, a seguirle una conversación absurda. — Todo estará bien mientras no te encuentres el anillo, mira cómo corrompió al pobre Sméagol, o que no te coma un orco —hizo uso de su conocimiento en literatura nomaj al seguirle el tonteo, sonriéndole de forma quizá hasta un poco traviesa.

Hubiese deseado estar inventándose a aquella figura. Que no existiese en realidad y fuera un producto de su imaginación. Pero no, era una persona viva que existía y estaba ahí fuera. Que seguramente por cargos falsos tuvo que escapar y ahora le aunaban más crímenes de los que de por sí tenía. La vida ya no tenía sentido para Laith, a veces era una tragicomedia de la que prefería reírse mientras pudiera, siempre que estuviese fuera de Azkaban y lejos de la mira de los puristas y su irracional odio hacia aquellos cuya sangre era diferente.

No te… ataqué por la espalda, sólo te sorprendí amigablemente —trató de excusarse de una forma un poco torpe, intentando parecer serio cuando le preguntó qué tipo de amigo creía que era, aunque no pudo evitar soltar aire a modo de risa. — Si tú eres de esos, yo soy del tipo de amigos que se juegan el pellejo a ser vistos contigo, un acto casi heroico tengo que decir —se jactó con una sonrisa altanera, aunque simplemente estaban jugando, decidiendo entrar al local.

Le dio curiosidad saber que el otro le tenía una sorpresa, imaginando que eso era lo que le tenía mirando hacia el local con tanta concentración que le permitió pillarle por la espalda para asustarlo un poco. El helado era de los mayores placeres de la vida, pero sabía que seguramente no fuese aquella vez la respuesta, y pronto notó aquella promoción que los dos iban a elegir para dejar en quiebra a la pobre pizzería, riendo con el comentario de Steven.

Una de ciento veinte —dijo con una sonrisa cuando recibieron la primera pizza, escuchando pronto a Steven contarle lo que había hecho Beatrice para ayudarlo a sanar. Se había sentido culpable de no haber terminado su curación con magia, pero se temía su propia salud si llegaba a esforzarse demasiado. Identificó rápido el mejunje que había estado colocando en la cicatriz, asintiendo con la cabeza. — Eso está bien, te ayudará a sanar y apuesto a que también te ayudó con el dolor… ¿Te has sentido cansado? ¿Te recuperaste bien de la pérdida de sangre? —siguió con su pequeño interrogatorio, casi se sentía la madre de Steven en ese momento.

Se sonrió cuando se burló un poco de su preocupación; parecía que Steven no recordase la forma en que lo recibió, desfalleciendo tan pronto lo encontró y estando inconsciente la mayor parte de su curación. Al menos había recuperado su usual ánimo y eso lo alegraba. Cuando escuchó la pregunta de quién lo invitaría iba a decirle un par de nombres por joder, pero, como acostumbraba a hacer, lo interrumpió antes de que pudiera contradecirlo.

Nadie se dio cuenta de que estuviste ahí, incluso convencimos a la recepcionista que seguramente eras un fantasma —le dijo con una sonrisa, algo divertido de recordar aquella conversación tan hilarante. — Lindsay es una reina del drama, la conozco desde la universidad así que hace cualquier cosa que le pida sin preguntar, ya luego me interroga cuando todo está bien —explicó con un gesto resuelto.

Había desarrollado una extraña confianza con Steven. Usualmente evitaba hablar de su vida personal con gente que no conocía de mucho, pero con aquel fugitivo sentía que podía ser honesto y todo estaría bien. Además que a veces era tan lento que no se enteraba de mucho, era más o menos hablarle a una pared que te contestaba. De todos modos, entre la conversación la pizza se iba vaciando, al cabo de un rato la pizza no había sobrevivido al hambre de los dos sujetos, así que tocó pedir otra pizza de la que se aseguraron utilizar otros ingredientes distintos a la primera.

Oye, quiero enviar algunas provisiones a… tú sabes. Cuando puedas hazme una lista de las pociones curativas y remedios que necesiten para ello —tenía la idea de que Steven formaba parte de una resistencia, y por ello creía que podría ser un buen puente para hacerles llegar apoyo médico aunque seguía completamente reacio a conocer nada sobre ello. La ignorancia hace la felicidad, y mientras no supiera nada al respecto, mejor sería para todos. Vivía con el miedo de que alguien entrase en su mente y dañara a otra persona por ello.
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Steven D. Bennington el Mar Mayo 16, 2017 10:21 pm

Laith podía ser doctor, sí, pero Steven tenía un doctorado en conversaciones absurdas del que hacía alarde con solo abrir su boca. Fue por eso que nada más hacer la primera toma de contacto su sonrisa ya había aflorado lanzando el primero de sus comentarios que, en parte, no comprendía. Sí, conocía la novela de Tolkien. Sí, conocía al argumento de cómo un Hobbit acompañado de otros tantos viajaba hacia un monte a lanzar un anillo. Pero de ahí no sabía más. Salvo que había un elfo y un enano. Y también Sean Bean, que está hecho para morir.

- ¿Los orcos comen ladrones de magia? Claro, así se convierten en super orcos con super magia y super poderes. – Frunció el ceño. – Así nació Superman. – Lo cierto era que tampoco había visto Superman. Lo consideraba un superhéroe sin mucho sentido. Si es que el hombre llevaba los calzoncillos por fuera, eso no era ni medio creíble.

No pudo más que enarcar una ceja ante el comentario de Laith. Claro que era un buen amigo y le había ayudado a seguir con vida, pero aquello no tenía que ver con jugarse el pellejo para COMER. Porque estaba ahí para comer, no para salvarle la vida como había hecho no mucho tiempo atrás.

- Sí, es que estás aquí por mi maravillosa compañía. No por la comida, claro, por eso es tan heroico. – Tenía que admitir que llevaba razón. No por el hecho de tratarse de una heroicidad, sino porque se estaba jugando el cuello por estar con él, cuando cualquier otra persona que hubiese conocido en las mismas circunstancias en las que había conocido a Laith ya haría tiempo que le habría mandado a tomar vientos y no sabría nadad de él.

Steven se sentía como pez en el agua, o como gordo en una pizzería donde había buffet libre. Podía comer hasta que su estómago no pudiese más y encima estaba en compañía de alguien que no le miraría mal si lograba terminarse tres pizzas él solo porque por su parte haría, posiblemente lo mismo.

- Soy propenso a hacerme brechas, sé cómo funciona la pérdida de sangre. – Rió. Siempre había sido un niño de darse golpes hasta con las paredes, literalmente. Era de correr por la casa de una habitación a otra y de acabar comiéndose el marco de la puerta con la cabeza. Uno de esos golpes había desencadenado en una brecha considerable en su frente. También tenía una marca en la rodilla derecha por engancharse con la cadena de la bici y caer rodando por una cuesta de césped. – Una buena Coca-Cola siempre sienta bien. Y el cansancio… Realmente no más de lo normal. Soy una marmota, persona a tiempo parcial. – Admitió con tranquilidad. – Deja de preocuparte, sigo vivo, ya no voy a morirme de un… ¿Flechazo? Que surrealista suena eso en pleno siglo XXI. Me siento un caballero medieval al que le ha alcanzando una flecha en plena batalla.

Steven no había pensado en las consecuencias que su actuación habría ocasionado a Laith  - y, ahora también a Lindsay – antes de aparecer en San Mungo. Tampoco en cómo la pobre recepcionista se tomaría haber visto un fantasma, como ahora decía Laith.

- La pobre recepcionista, seguro que ahora está en un psiquiátrico por creer que ve fantasmas. ¿Le dijisteis de verdad que era un fantasma? Al menos espero que fuese el fantasma de un asesino en serie que murió desangrado en San Mungo. – Dijo inventando aquella estúpida historia. Aunque realmente se sentía preocupado por aquella mujer en quién no había pensado hasta que Laith la había mencionado. - ¿Y qué le contaste a tu amiga? Espero que hablaras bien de mí, tengo una reputación de fugitivo rebelde y ladrón de magia que mantener ante la prensa. – Recordó haber visto uno de los carteles con su nombre  y haberlo guardado en el bolsillo de su chaqueta. Pasó la mano al interior de esta para comprobar que, efectivamente, ahí se encontraba. – Si quieres te lo firmo. – Dijo tendiéndole el cartel a Laith con una sonrisa, como si se sintiese orgulloso de aquel cartel. Y es que después de todo, había que buscar un lado bueno a aquella situación.

No mucho tiempo atrás, Odiseo había dado con Steven para hablarle de un lugar secreto donde otras personas, que se encontraban en la misma situación que él, se escondían y vivían en comunidad. De esa manera nadie se sentía solo e  indefenso y aquel lugar había sido una luz al final de un largo y oscuro camino.

- Te mandaré un WhatsApp con todo lo que necesitemos. – Dijo dando por hecho que Laith y él hablaban de lo mismo. Aunque no quería pecar de confiado y preguntarle si se refería al refugio por conocerlo, por un rumor o simplemente era una suposición sin sustento real. – Pero pizzas tenemos de sobra. O pichas, como dice Agnes. Me mandó saludos para ti. Y… Tengo varios tuppers llenos de sus “cocretas” – Dibujó unas comillas sobre su cabeza con los dedos. – Así que puedes llevarte uno siempre y cuando se lo devuelvas fregado.
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Laith Gauthier el Miér Mayo 17, 2017 12:20 am

Aunque los orcos no son muy listos… Seguramente tú eres un orco que se comió a un ladrón de magia y pues por eso eres un orco con magia y encima impuro —adoptó una posición pensativa mientras utilizaba su hipótesis, aunque el hecho de que mencionara a Superman le hizo cambiar de postura rápidamente debido a la risa que le tentó. — ¿Ah, sí? —le preguntó como si tuviese todo el sentido del mundo.

Laith estaba consciente de que siempre se estaba jugando el pellejo cuando estaba cerca de un fugitivo. Adoraba la compañía de Steven, pero eso no le quitaba de la cabeza que podría todo torcerse justo como la primera vez. De cualquier modo, siempre era agradable tener una buena compañía y una pizza de por medio, que en ese entonces podrían ser muchísimas pizzas hasta llenar. Podrían comer como los dos gordos que eran sin miedo a ser juzgados, pues su compañía le hacía una gran competencia a la hora de comer.

Vale, me siento mejor sabiendo eso, señor marmota adicto a la azúcar —le sonrió, sintiéndose realmente más tranquilo con saber que su amigo estaba bien. Aunque sí, sonaba surrealista que de lo que se hubiera salvado fuese un flechazo, haciéndole reír. — Ya no mires Juego de Tronos, tío, eso es lo que pasa, al final quieres imitar la ficción en la realidad, ya me sentía Jon con Ygritte —lo riñó como si aquello fuera en serio, aunque estaba seguro de que no habría querido en ningún caso recibir una flecha.

Pasó a contarle respecto a cómo sucedió todo lo demás luego de su encuentro en San Mungo, que había resultado mejor que lo que el sanador lo habría esperado. Sus planes siempre salían misteriosamente bien, era como si tuviese al lado a un ángel guardián que lo cuidaba luego de darse en la cara con la palma de ver las estupideces que su protegido hacía. Aunque en esa ocasión no fue su culpa, fue la de Steven.

A veces tenemos fantasmas en San Mungo antes de que se vayan buscando dónde establecerse, así que no fue tan complicado convencerla de ello —comentó, mirándose un momento las uñas, porque realmente era de lo más natural. Cuando a un mago lo aterrorizaba la muerte, se quedaba en forma de fantasma. — Le dijimos que debías haber sido un pobre diablo que se murió de tos —le sonrió divertido, aunque en realidad no le habían dicho nada, sólo pusieron sobre la mesa esa posibilidad. — Claro, le dije que eras un gorrón que no me echa dinero cuando toco en la calle —bromeó, negando con la cabeza para ponerlo en evidencia. — Sólo le dije que eras un colega que necesitaba apoyo —tampoco hablaba demasiado de sus conocidos fugitivos.

Podía ser tonto, pero no tanto, así que la información que revelaba siempre era esencial y no tenía detalles importantes o que pudieran poner en problemas a alguien más. Lo que sí que hizo fue mirar a Steven sin saber si con sorpresa o con gracia cuando le enseñó uno de sus carteles de búsqueda y le ofrecía firmárselo. Su respuesta fue darle un golpe en el hombro por ser tan inconsciente de encima venir a sacar su cartel en medio de un restaurante, antes no llamaron a la policía de haberlo visto con éste, resistiendo la tentación de reírse del idiota de su amigo.

Vale, lo estaré esperando —le sonrió, satisfecho con no tener que dar de más explicaciones a ello. Sería incómodo ponerse a hablar respecto a aquello en ese momento, sólo quería hacerle esa petición. Y eso le daba la clara respuesta de que Steven estaba en un sitio así. Él sólo lo había sospechado, había conocido a un par que sí que lo estaban y probó suerte con Steven. — Las pichas no pueden faltar en un sitio así de aburrido —se atrevió a decir con una sonrisa. — Tengo curiosidad cómo me envió saludos: ¿“Saludos a Beatrice”, “Saludos a tu colega que no es Laith”, “Saludos al rubio ese que vino el otro día”? —le sonrió divertido, esperando saber cómo lo recordaba aquella agradable anciana. — Claro, me vendría bien un tupper de cocretas y se lo devolveré fregado —y el fallo era a propósito.

Siguió comiendo tranquilo, en ocasiones bebiendo del refresco que había tenido que comprar aparte de la promoción, aunque a fin de cuentas siempre era agradable interrumpir la comida con un comentario, y por eso a Laith de pronto se le ocurrió algo.

Tío, te tengo una misión súper importante… Quiero que descubras a dónde se va el par de los calcetines cuando los meto a la lavadora —le dijo, completamente serio como si no estuviese hablando de algo absurdo. Era, después de todo, uno de los grandes misterios de la vida, ¿a dónde se iba ese puñetero calcetín? ¡Compraba calcetines casi cada mes porque siempre se le perdían los pares! Era inaudito.
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Steven D. Bennington el Vie Mayo 19, 2017 2:52 pm

Desde niño había sido aficionado de toda serie de ficción que pusiesen en la televisión. Cuando aun vivía en Australia había tenido una marcada preferencia por los dibujos animados típicos para los niños de sumi edad. La cosa había cambiado cuando su residencia había sido la capital inglesa, pues allí veía cualquier programa quede emitiesen en la televisión con la idea de mejorar su nivel de inglés. Allí descubrió que la mitad de estas series estaban grabadas y dobladas en el continente americano y el acento que sacaría de ellas no ayudaría a mejorar su inglés propio de las islas en las que residía. Al final había terminado por ver las series por entretenimiento y cabía decir que había perdido más tiempo frente al televisor de lo que le hubiese gustado admitir. En los años siguintes la cosa se mantuvo salvo los periodos lectivos en los que se encontraba en Hogwarts por lo que series de lala envergadura de Juego de Tronos las había visto en más de una ocasión.

- No me hables de Ygritte, aún no logro superar su muerte. Creo que era mi personaje favorito. - Dijo con tono dramático que, quizá por primera vez en una de suslas eestúpidas conversaciones sin sentido con Laith, era cierto. - Y luego matan a Jon y como es muy protagonista llega la bruja roja y le revive. Así no se puede tomar uno en serio eso de que en Juego de Tronos mueren todos, si sólo mueren secundarios. Y Ned Stark no cuenta, que solo duró una temporada y encima era Sean Bean. Ese es un spoiler con patas, siempre muere. - Steven consideraba que aquella serie era buena pero que las había mejores. Además, no podían presumir de ser la primera serie en matar protagonistas cuando solo había muerto Sean Bean. Por favor, que aprendiesen de Lost donde mataron hasta al apuntador, cualquiera diría que el guionista había sido Shakespeare.

Empezó a sentirse culpable. Tremendamente culpable. Aquella pobre mujer de la recepción que no era culpable de nada salvo de estarla en su puesto de trabajo cuando Steven apareció en San Mungo ddebía creer que se había vuelto completamente loca. Y todo por su culpa, que por una vez no había pensado en cómo podría afectar en los demas su aparición en el hospital. Sólo había pensado en si mismo yque en recibir ayuda médica inminente y la mujer pagaba las consecuencias.

- ¿Está bien? No la habrán acabado ingresando en la zona de psiquiatría, ¿Verdad? - Lo cierto es que no sabía que salas había en San Mungo pero asumía que había una zona para aquellos que habían perdido la cabeza. Metaforicamente hablando, claro. - Eh, si no te di nada es porque no llevaba nada encima. Pero te invité a helado, eso no lo cuentas, ¿A que no? - Le miró en una mueca que claramente decía voy a matarte pero en la práctica no era más que una de las muecas diveridas que usaba Steven a lo largo de su día. - Oh un colega, entonces nuesta amistad ya es oficial. Nos compraré unos collares de mejores amigos para siempre. Con forma de corazón para que tu tengas una mitad y yo la otra, por supuesto.

De verdad que Agnes había mandado saludos para Laith. O eso era lo que Steven había asumido que había hecho cuando le habló de cómo le iba todo a Beatrice en su nueva casa. Pues la ponmbre mujer pensaba que vivian en una casa y no en el subsuelo de Londres. La pobre Agnes no tenía los pies en la tierra, por lo que su salud hacia Laith había sido... peculiar. Como todo loel que sucedía con Agnes.

- Lo cierto es queque mandó saludos para la novia de Beatrice. Luego se corrigió diciendo que ella tendría un novio grande y fuerte. Así que me preguntó que si érais amigas o amigas de esas modernas. - No pudo evitar reir pero es que cada una de las anecdotas que Agnes eran incluso peores que las anteriores.- Siempre le echa parejas a Beatrice. A mí me insiste en que vuelva con mi ex mujer para darle estabilidad a la familia. Es una mujer un poco tradicional. - Agnes no conocía a la ex mujer de Steven pero le daba igual. Pensaba queque, suque hija a la que tampoco conocía, debía tener un hogar estable. Suerte que no sabía que eran magos y la situación que estaba viviendo su mundo en aquellos momentos.

El tema delde que habló Laith a continuación conmocionó a Steven. Era un hecho traumático, asolador, terrorífico. Aun no comprendía como lo había una película de terror sobre dicho evento traumático en la vida de toda persona. Asolador.

- Una pregunta perturbante, mi querido Watson. - Colocó la mano enpara su mentón imitando al pensador. - Científicos aseguran que las lavadoras muggles tienen un hambre boraz y se alimentan de calcetines. Tienen preferencia por los izquierdos y sus favoritos son los de rayas. Otros estudios hablan de unla agujero negro creado por el suavizando junto a los hongos de algunos pies. Y luego están los que hablan de los hongos roba magia.Son como los piojos del sombrero seleccionador pero roban la magia desde los pies. Tremdendamente peligrosos pero... lo suyo no es robara calcetines. - Dijo aquello muy serio como sipara algo de lo que había dicho tuviese algún sentido. - En el mercado que ponen los domingos en el parquehospital donde tomamos helado el otro día hay una gitana que vende packs de cinco pares de calcetines a cinco libras. Por si necesitas renovar el armario. - Ahora sí fue cuando rompió a reír.
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Laith Gauthier el Vie Mayo 19, 2017 8:33 pm

Laith había comenzado a ver aquella serie simple y llanamente porque no tenía nada mejor que hacer. En su Facebook le habían comenzado a aparecer spoilers, un tipo le pareció monísimo y bueno, no tenía nada que hacer en unas vacaciones forzadas, así que se miró casi todas las temporadas en aquellos días. Luego era demasiado tarde como para echarse atrás y pues seguía esperando la temporada siguiente como lo hacían todos: mirando una y otra vez sus capítulos favoritos. No pudo evitar sonreírse cuando le dijo que no superaba la muerte de Ygritte, una personaje que no le provocaba mucho a él.

Claro, es muy protagonista, pero por eso era tan obvio que iban a revivirlo, además, imagina que murieran los principales, obvio que no se puede, imagina que al final quede en el trono, no lo sé, Podrick —giró los ojos con una sonrisa divertida. Era bastante evidente que iban a quedar hasta el final quienes jugaban al Juego de Tronos, aunque todavía faltaba descartar más jugadores para tener el verdadero enfrentamiento. Al final la siguiente temporada sólo haría a la gente sufrir y agonizar pero nadie se fijaba en ello.

Él comprendía la situación, y volvería a hacerlo de ser necesario. A la mujer de recepción se le olvidaría lo del fantasma en unos días y quedaría como la historia que cuenta para hacer conversación en una fiesta. Las cosas no eran tan duras para nadie y valía la pena, pues de no haberlo hecho Steven habría realmente podido morir, algo más grave que pensar que alucinaba o cosas por el estilo, motivo por el que Laith no le daba mucha importancia.

Claro, ya te dije que las cosas no están bien en el hospital… Muchos tienen remordimientos y el cansancio nos puede, así que no es la gran cosa, quizá luego crea que pudo imaginárselo entre el sueño y la vigía —le dijo, girando los ojos antes de sonreírle. Tomar las cosas del mejor modo posible era lo más adecuado. No le dijo nada por la zona de psiquiatría porque había una, aunque no muchos magos se interesaban por la salud mental. Él por ejemplo tenía alguna formación en psicología con ese fin. — Oye, yo cuento lo que yo quiera —se defendió cuando le dijo que no contó que le había invitado un helado después. — Estoy de acuerdo, por qué no, si quieres también nos podemos hacer tatuajes a juego —le sonrió con algo de diversión, era un tonto por poner las cosas así.

Le había llamado mucho la atención la forma en que Agnes le hubiese mandado saludos, cuando estaba seguro de que no recordaba su nombre y, doliéndole en el orgullo de hombre, estaba casi seguro de que ella pensaba que era una mujer, cuando en realidad no lo parecía a simple vista. Oír que era la novia de Beatrice lo hizo soltar una carcajada. Muy tradicional no era si llegaba a considerar que él pudiera ser la novia de Beatrice, sonriendo ampliamente con gracia.

Estoy seguro de que no confía en que puedas cuidarte solo, por eso te quiere con tu ex mujer. Por otro lado… Cielos, ¿ahora soy tu cuñada? ¿O Beatrice tiene a su novio grande y fuerte y sólo soy su amiga? Ah, los Bennington viven dejándome en la friendzone —se hizo un poco la víctima. Steven sí que sí lo había dejado en la friendzone, no era el caso de Beatrice que no despertaba nada en él que una buena amistad. Aunque tampoco es que le preocupara demasiado, ahora que eran amigos no se imaginaba a Steven de ninguna otra forma, para bien o para mal. Era demasiado tonto para ello.

Entonces le dio su duda existencial, una que llevaba preguntándose muchísimo tiempo. Adoptó una posición pensativa mientras el otro comenzaba a decirle acerca de aquellos datos, dándole material para un artículo amarillista de los que redactaba y enviaba a las revistas anónimamente cuando se aburría mucho. Lo escuchó decirle toda aquella dichosa investigación hasta que promocionó a la gitana y sus packs de calcetines, soltándose a reír él también.

Qué va, y si están embrujados o algo, ya sabes que a las gitanas les va la magia negra o eso dicen, quizá me hace vudú —bromeó un poco, negando con la cabeza mientras se estiraba y cerraba los ojos un momento. Era curioso que un mago dijera que los gitanos eran brujos y cosas de ese tipo, aunque no descartaba que alguno sí que lo fuera. Por ahora siguió comiendo sin darle más vueltas al asunto, porque realmente le divertían las situaciones tan absurdas que podían darse junto con Steven.
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Steven D. Bennington el Lun Mayo 22, 2017 4:20 pm

¿Qué había de malo en dejarle a Podrick el otro? Seguro que lo hacía mejor que la tipa de los dragones que pregonaba a los cuatro vientos que debía ser ella la reina cuando ya se habían encargado de echar a su padre del poder junto con su hermano y sus sobrinos. Pero claro, ella tenía tres dragones, el pelo blanco y muchos fans, lógicamente sería quien acabase gobernándoles a todos en lugar de quien, por derecho, lo merecía. Pues el pobre ya hacía una temporada que se había quedado criando malvas en el campo de batalla. Sí, Steven era partidario del poder de Stannis Baratheon, quien por apellido debería ser el legítimo rey. Además, lo decía Ned Stark y todo el mundo sabe que ese hombre era tan leal como un Hufflepuff.

- Yo creo que sería un buen rey. Pero seguro que acabaría envenenado por alguien cercano porque sería incapaz de no confiar en la gente. Además, era amigo de Tyrion, podría ser su mano cuando vuelva a Poniente. – Dos magos hablando de Juego de Tronos. Cualquiera que supiese su condición y escuchase dicha conversación podría apedrearles por ser tan muggles. Pero Steven tenía la escusa de ser nacido de muggles y Laith… Laith suficiente tenía con ser americano y tener a Donald Trump al otro lado del charco.

Steven suponía que no todo era de color de rosa en el Hospital. No lo era en el Mundo Mágico, ¿Cómo iba a serlo en un lugar donde debían curar a los enfermos y donde se prohibía ofrecer ayuda si el paciente tenía padres muggles? Por suerte aun quedaban sanadores como Laith, a los que no les importaba pasarse por alto la normativa con tal de cumplir con su deber y valores morales.

- Eso espero, no me gustaría ser el culpable del internamiento de esa mujer. – Aunque si fuese una persona menos preocupada por los demás se daría cuenta que aquella  mujer no hizo otra cosa que ralentizar su oportunidad de dar con Laith y que, de haberlo conseguido, le habría impedido el paso hasta la zona superior del hospital. Lo que posiblemente hubiese desencadenado en su muerte, lo cual no sonaba precisamente como lo más agradable que podía pasarle a una persona en su vida. Más bien como lo peor.

- Claro, como tú tienes doscientos tatuajes uno más no se notará. – Miró la parte de tatuajes del chico que podían verse a simple vista. Steven se conformaba con tener alguna que otra cicatriz causada por accidentes de guerra. Como abrirse la ceja con la encimera de la cocina, entre otros. – Por curiosidad, ¿Cuál fue el primero que te hiciste? – Preguntó con la ávida curiosidad de todo Ravenclaw. Y es que, a pesar de su simpleza, Steven era todo un Ravenclaw. – Como empiece a hacerte preguntas de los tatuajes creo que podrías escribirme un libro sobre el tema. – Añadió con la sonrisa inundando su rostro.

Por Merlín, esperaba que Beatrice no tuviese en la cabeza echarse un novio en aquellos momentos. El horno no estaba para bollos, y eso que a él le encantaban los postres. Pero dada la situación en lo que vivían lo único de lo que debía preocuparse su hermana es de seguir de una pieza y no acabar con un pie en la otra vida.

- Yo tampoco confiaría en mi supervivencia, sólo hay que verme. Suerte que no sabe que acabé la otra noche colándome en un Hospital por herida de… Flecha. – Le resultaba surrealista hablar de una herida de flecha y más cuando ya lo había repetido varias veces. – Te prefiero a ti como cuñada que a cualquier hombre. No me caen bien los novios de Beatrice. – Admitió. – Quizá alguno es buena gente pero tampoco tengo ganas de comprobarlo. Imagínate que alguno me cae bien y luego rompen, ¡Y yo ahí sintiendo aprecio por el despreciable ex novio de mi hermana! Mejor pensar que son todos seres miserables, me gusta más la idea. – Tampoco era así, pero Steven era protector. Tremendamente protector. Y especialmente con su hermana menor.

Oh, Steven y su incapacidad de darse cuenta cuando alguien le estaba tirando, metafóricamente, los trastos. Debías hacerlo literal para que Steven se diese cuenta ya con una brecha en la cabeza por ese trasto. Por lo que pasó por alto el comentario de la friendzone sin siquiera darse cuenta de lo que podía haber tras este. A veces era más simple que el mecanismo de un chupete.

- Claro, hacen magia negra porque son oscuras. El vudú también es cosa de negros, ¿No? – No, no hablaba para nada en serio, pero su rostro serio reflejaba lo contrario. Rió y negó con la cabeza. – En serio, si buscas en el fondo de la lavadora están los calcetines. Eso o te los quita el perro. ¿Tienes mascota? ¿O eres de esas personas que se ven incapaces de cuidar a otro ser vivo? Si eres de esas estoy a tiempo de regalarte un cactus por tu cumpleaños. – Frunció el ceño. –Que debería saber cuándo es.
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Laith Gauthier el Lun Mayo 22, 2017 9:51 pm

Él no hubiese estado del todo seguro de qué haría en Juego de Tronos. Seguramente le daría completamente igual el tema del trono y se iría ahí a coger alguna enfermedad venérea, porque realmente pensaba que sería igual de pacífico como lo era en la actualidad. Se imaginaba como un Tyrion alto que bebe vino pero no sabe mucho y así es feliz. Propuso a Podrick como rey, que sería un tremendo plot twist, aunque seguramente moriría pronto como Steven lo indicaba. Pero Tyrion como mano derecha no era nada despreciable, pensándoselo un poco y sin preocuparse en qué pensarían todos si viesen a dos magos hablar de serie tan nomaj.

Ya, pero… ¿Dejaría a la tipa de los tres dragones por su escudero? Hay que pensar en eso —le preguntó, cuestionándose la lealtad de Tyrion. Quizá si Daenerys muriese podría hacerlo. Nadie lo sabía, porque seguramente eso no iba a suceder, suspirando por ello mientras negaba con la cabeza. De cualquier modo, y como casi todos sus temas, sería dejado atrás al cabo de un rato.

No le dio de más vueltas al asunto de la recepcionista, él sabía que estaría bien al final, así que preocuparse innecesariamente no era recomendable. Además de que él estaba cerca para asegurarse de que no sucediera nada malo. Aunque entonces soltó una risa cuando declaró que él tenía doscientos tatuajes, lo cual era una completa mentira.

Ah, cómo eres exagerado —se burjó un poco con una sonrisa divertida, parpadeando cuando le preguntó por su primer tatuaje. — Este de aquí —señaló el de su cuello, el loto, y le dio dos golpecitos con la yema de su índice. — Tampoco soy un sabelotodo de los tatuajes, simplemente me baso en ese simple: algo que te guste más algo que quieras recordar —hizo un ademán de restarle interés con su mano, porque realmente era mucho más sencillo que escribir todo un libro al respecto.

Algo que podría ponerse en tela de duda era la capacidad de sobrevivir de Steven, un flechazo en la espalda no era para poco, pensar en meterse en un lugar en el que estaba vetado para ser curado. Bueno, hay que darle un punto porque de lo contrario nadie sabía si hubiese acabado con vida, pero igual no era la cosa más recomendable para hacer en una situación así.

Ah, ahora sé qué anécdota contarle la próxima vez que la vea —habló como si no dijera nada importante, con algunos ademanes de su mano en los que le restaba importancia, antes de sonreír divertido por escuchar entre los celos de hermano de Steven que lo prefería a él como cuñada. — Steven, Steven, Steven, los celos de hermano no son sanos, algún día Beatrice volará del nido —negaba con la cabeza hasta ponerle una mano en el hombro como si le diese la peor noticia de su vida. Él corría la suerte de no tener hermanos menores por los que sentir celos ni hermanos mayores que los sintieran por él.

No le importó de mucho que no le entendiese cuando hablaba de la friendzone. Al cabo de un par de encuentros se dio cuenta de que no es que Steven lo ignorase, es que era tonto perdido y no había modo de llegarle con indirectas. Y estaba seguro de que si se lo decía a la cara iba a ser completamente ignorado o, bien, lo tomaría como un juego por su amistad, así que pronto había desistido de la idea.

Oye, eso es racista —soltó una risa con aquella tontería que Steven le decía, — aunque, no lo sé, ¿entonces tú ya sabes quién es negro? Mira que hace una magia oscura que no veas… —y sí, su mejor idea es hacer una broma sobre aquel mago tenebroso. — Tío, apenas y me cuido yo solo, y eso que se me da mal hacerlo, ¿crees que podría cuidar a otro ser vivo? —sí, había considerado muchas veces tener un perro, pero pobre animal no se merecía ese martirio. — Ah, se te ha pasado, fue en febrero… ¿Cuándo es el tuyo? —le sonríe, algo divertido por aquello, pensando en que quizá el próximo año, si ambos llegaban, recibiría un cactus de regalo.

El pobre camarero ya los miraba con cara de susto al ver cómo conversaban como si nada acabándose una pizza para llevarles la siguiente, y así sucesivamente sin que pareciese todavía tener fin aquel hueco sin fondo que tenían en el estómago. Incluso llegó a pensar que se estarían guardando la comida para llevársela gratis, pero no, todo desaparecía pausadamente en sus estómagos. Quizá deberían poner algún límite a aquella promoción.
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Steven D. Bennington el Miér Mayo 24, 2017 4:11 pm

Steven sin duda dejaría a la tipa de los dragones de lado si fuese Tyrion y más para apoyar a un rey bondadoso y gentil como lo sería Podrick. Pero claro, Podrick no tenía tres dragones a sus servicios ni era un personaje protagonista que no podía morir como lo era Daenerys. Ah, que poco le gustaba aquel personaje a Steven, si es que aquella mujer cumplía con todos los clichés para convertirse en el personaje favorito de la gente. Razón por la cual no despertaba la simpatía de Steven.

No entendía cómo después de tanto tiempo – relativo – conociendo a Laith aun no se había parado a preguntarle acerca de cualquiera de sus tatuajes. ¡Si debía tener cientos de ellos repartidos por el cuerpo! O quizá era de esas personas que, de tener tantos, ya habían perdido la cuenta y su cuerpo se había convertido, más bien, en una masa de piel recubierta por tinta donde los tatuajes ya habían perdido significado.

- ¿Y significa algo o simplemente te gusta las flores? ¿O querías recordar cómo era una flor? – Ladeó la cabeza. – La gente dice que los primeros tatuajes suelen significar algo y que luego ya te los haces porque te gustan. Por eso de ser un lienzo vivo. A fin de cuentas resulta ser una obra de arte con patas. Pero no te lo tomes como un cumplido. – Rió. Sabía que Laith tendía a tomarse sus palabras fácilmente como halagos y, en aunque en aquella ocasión estaría en lo cierto, tampoco quería dar pie a despertar el ego de su amigo. - ¿Y el último que te hiciste? Te aseguro que puedo seguir preguntando todo el día. Tú dame un tema interesante y me quedaré encerrado en él durante horas. – Laith ya podía haber comprobado que Steven podía hablar de prácticamente cualquier tema si le dabas pie a ello por lo que podía imaginarse todo lo que podría hablar si el tema encima le parecía interesante.

Seguramente llegaría el día en el que Beatrice encontrase una persona con la que pasar el resto de su vida, se fuese a vivir con ella, tuviesen pequeños polluelos a los que él malcriaría con orgullo de tío y Steven no tendría más remedio que asumir aquella situación. Pero aquel no era el día. No, todavía no estaba preparado. Y dado que estaban basándose en hipótesis y no en la realidad prefería no darle más vueltas que le hiciesen acabar con dolor de cabeza.

- ¿Yo ya sé quién? – Preguntó para luego responderse a sí mismo. – Ah, yo ya sé quién. – Afirmo con la cabeza antes de reír por lo que tardaba en pillar ese tipo de comentarios en muchas ocasiones. – Todavía no entiendo cómo los magos viven tan atrasados para tener miedo a un nombre. Entiendo el miedo al hombre y lo comparto, pero a su nombre... Hasta los judíos llamaban a Hitler por su nombre, a modo de colegas. – Lo cierto es que no lo sabía, no era algo que se hubiese parado a pensar pero no se imaginaba a los judíos con sus característicos pijamas hablando del “señor peligroso con bigote y mala leche”. – Entonces el año que viene te regalo un peluche, porque creo que esos juguetes modernos que simulan a un perro acabarían contigo igualmente. – Cogió otro pedazo de pizza y miró con una sonrisa al camarero esperando que pillase la indirecta de volver a  servirles pizza. – Diciembre. Los Mortífagos me hicieron el regalo de mi vida matando a la Ministra el día antes y echándome de mi casa de madrugada. Ni me dio tiempo a soplar las velas.
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Laith Gauthier el Miér Mayo 24, 2017 9:25 pm

Steven siempre exageraba cuando hablaba de sus tatuajes, como si se imaginara que no había sitio de su piel que no estuviese entintado. En realidad sólo tenía, por el momento, dos tatuajes, aunque estaba pensando desde hace tiempo en un tercero el cual aún no se animaba realmente a hacer. El fugitivo sin embargo hablaba como si tuviese cientos de miles repartidos por todo el cuerpo, lo que era una soberana exageración.

Viejo, yo sé que soy una obra de arte andante, no puedo evitarlo —se sonrió con un gesto galante, ignorando que le había advertido que no iba a engrandecerle el ego con aquel comentario. — Este me lo hice poco antes de salir de Canadá para venir aquí… ¿Sabes por qué decidí ser sanador? Murió la persona que más quería poco luego de graduarme de Ilvermorny, así que pensé que no quería sentirme impotente de nuevo… El loto, además de recordar a mi abuelo, era una especie de recordatorio que tenía que ser fuerte y seguir avanzando —le explicó sin preocuparse demasiado, encogiéndose de hombros. Era una herida que ya estaba cerrada después de todo.

Se lo tuvo que pensar más cuando le preguntó por el último que se había hecho de su larga lista de dos tatuajes. Se sonrió al oírlo hablar como si fueran a pasar horas hablando del tema cuando de hecho era bastante breve, negando con la cabeza en un gesto divertido mientras pensaba antes de suspirar, buscando su teléfono para encontrar alguna foto en donde se apreciase el tatuaje del pecho, que no se iba a poner a desvestirse en media pizzería, para prestárselo y que pudiese verlo.

Ese me lo hice por idiota, creo —admitió con una sonrisa divertida. — El primer lirio, este —estiró tan sólo un poco el cuello de su camisa para darlo a ver, — representa el amor, el segundo es la esperanza de romper una promesa, el tercero es transición… El cuervo escapando de la transición es alguien que se fue y no va a regresar —le explicó brevemente, aunque en ésta ocasión no hondó demasiado en detalles. — Y así se acaba mi largo arsenal de tatuajes, señor drama —le sonrió con gracia.

Había escuchado rumores que decir el nombre de aquel mago oscuro era una especie de invocación para que te encontrasen los mortífagos. No sabía si era una especie de clave o si todos y cada uno de los magos estaban en riesgo, pero en su ingenuidad no iba a arriesgarse de más con ello, evitando decir su nombre como lo hacía, bueno, casi todo el mundo. Mejor prevenir que lamentar, pensaba el sanador.

Seguramente, te agradeceré un peluche… O una botella de vino también sirve —enarcó una ceja con un gesto un tanto altivo. Aunque se sintió un poco mal de escuchar que su regalo de cumpleaños había sido aquel asunto con los puristas, sacando su encendedor y colocando su mano sobre su trozo de pizza mientras lo encendía. — Este es tu nuevo pastel, anda, sopla las velas y pide un deseo —por “las velas” se refería a su mechero y su pastel era el trozo de pizza, algo bastante improvisado con lo que pretendía jugar un poco. Pensaba que en serio iba a comprarle un pastel en otro momento.

El camarero había entendido aquella mirada de Steven y ya estaba buscando la siguiente pizza, pensando todavía que debía haber excepciones para la oferta. No tenía, sin embargo, manera de quejarse, así que pronto llegó a su mesa la siguiente pizza. Laith se dio cuenta que buscaría ofertas así cuando volviese a quedar con Steven a comer, porque haciendo cuentas quedarían en bancarrota con la cantidad de hambre que podían llegar a tener.

Cuéntame algo, ¿qué ha pasado de interesante últimamente en tu vida? —decidió informarse un poco de lo que había ocurrido con Steven recientemente, esperando poder encontrarse con algún dato interesante del que pudieran hacer una nueva conversación.
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Steven D. Bennington el Jue Jun 01, 2017 5:36 pm

Ajuicio de Steven, Laith tenía el cuerpo lleno de tatuajes. ¿Por qué? Porque dada la época del año en la que se encontraban y cuando se habían conocido no había tenido oportunidad siquiera de ver los brazos del chico. Esto hacía que sólo hubiese visto la flor de loto de su cuello y, dadas las dimensiones y visibilidad del tatuaje, había asumido que en el resto de su cuerpo escondía algún dibujo más.

- Es bonito. – Indicó encogiéndose de hombros. Pero Steven sí era el tipo de persona que en ocasiones peca de poco tacto por no darse cuenta de dónde acaba lo que puede preguntar y lo que no. - ¿Quién era? –Preguntó sin apenas pensarlo. Cada persona tenía un pasado a su espalda que le convertía en quién era en la actualidad. Steven siempre había pensado que de tener una máquina del tiempo que le permitiese volver al pasado no cambiaría nada de este, por muy malo que aparentemente fuese o por mucho dolor que le hubiese ocasionado en el pasado. Y es que todo lo que había vivido, todo lo que había tenido que pasar, le había hecho convertirse en la persona que ahora se encontraba sentada comiendo pizza como si no hubiese un mañana. Una persona positiva, extrovertida y, en cierto modo, inocente.

En cuanto Laith mostró la fotografía de su otro tatuaje y terminó de explicar que sólo contaba con dos tatuajes, sin decir ni una sola palabra, Steven se levantó y fue hacia la barra del local de donde cogió un bolígrafo prestado y volvió a sentarse. Cogió la mano de Laith y le dibujó una mariposa en apenas un par de trazos, lo cual la convertía en un dibujo un tanto infantil.

- Ahora tienes tres. Cuando quieras me pides cita y te hago otro tatuaje. – Alzó ambas cejas, dejó el bolígrafo a un lado y tomó un trozo de pizza. – Y ahora la pregunta, ¿Por idiota? ¿No existen unas máquinas de laser que quitan tatuajes? Si tan idiota fuiste solo tienes que borrarlo. – Hizo una breve pausa mientras tragaba la pizza y afirmó con la cabeza. -  Ah, supongo que es por una ex. Amor, esperanza y traición… Un clásico adolescente. – Dijo con tono bromista sin saber nada de la historia que había verdaderamente detrás del tatuaje. Y es que lo que se dice tacto, a veces el pobre Steven no tenía. No por falta de empatía, sino por pecar de inocencia.

Comprar peluches siempre era del agrado de Steven. No solo desde que había nacido su hija, sino desde que tenía recuerdos. Le había agradado utilizar los peluches como regalos para el resto, pues consideraba que eran bonitos y podías abrazarlos a modo de gesto de cariño. Además, eran suaves y eso siempre daba puntos extra a un regalo.

- O un peluche de una botella de vino. O una botella de vino de peluche. – Paró para pensar. – Es lo mismo. – Concluyó contestándose a sí mismo. – Pues un peluche relleno de vino. – Negó con la cabeza. – Me gustaba más la botella de peluche. – Afirmó finalmente tras aquella particular reflexión tan… Steven.

Sin pensarlo siquiera sopló la vela improvisada de su tarta. ¿Cómo no hacerlo? Siempre le habían agradado los cumpleaños y consideraba que cualquier ocasión era buena para celebrar uno.

- Pedí que la siguiente pizza fuese hawaiana. – Dijo en apenas un susurro por si alguien les estaba escuchando. – Espero que no nos echen de aquí por mi deseo. – Pues había gente que consideraba que la pizza con piña era una aberración en el mundo lógico de las pizzas.

La siguiente pizza fue carbonara, así que eso de los deseos soplados en mecheros sobre pizzas no funcionaba igual que las velas sobre tartas. Aunque lo cierto es que los deseos que había pedido jamás se habían cumplido aunque estos fueran pedidos a una vela o incluso a una estrella fugaz que cae del cielo.

- ¿Te parece poco interesante el flechazo? – Tomó otro trozo de pizza. Aún tenía hueco de sobra en el estómago para más. – O… - Empezó a pensar. ¿Qué había hecho últimamente? Dar aquellas clases de transformaciones a los fugitivos pero hablar de ello sería mostrar que existía un tipo de resistencia oculta. Por mucho que Laith fuese de su confianza, no podía poner otras vidas en sus manos que no fuesen la suya propia. – Casi me corto un dedo intentando abrir un aguacate. Así que no volveré a hacer guacamole en mi vida. O bueno, sí lo haré, pero abriré el aguacate con la varita. – Añadió muy seguro de sus palabras. – Realmente desde que nos vimos no ha pasado mucho interesante. No he ido ni a trabajar porque no me sentía con fuerzas después de medio desangrarme… Pero antes de eso me estuvo persiguiendo otro Mortífago. Un tipo con el pelo largo y negro, creo que había visto su cara en El Profeta alguna vez pero como ahora toda esa gente tiene carta blanca para ir por el mundo dándonos caza… Lo normal en una sociedad civilizada, ya sabes. ¿Y qué ha sido de tu vida? ¿Muchos forajidos desangrándose en tu consulta?
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Laith Gauthier el Jue Jun 01, 2017 9:14 pm

Gracias —le sonrió cuando dijo que era bonito, sin que le afectara demasiado que preguntase quién era. — Mi abuelo, el que me crio —le hizo saber, sin que en realidad le diera mucha importancia. Al igual que Steven, pensaba que las cosas que habían sucedido habían ocurrido así porque de esa forma debía ser, así que no querría cambiar nada de lo que hubiese sucedido en el pasado. Las cosas eran mejor cuando uno dejaba de mortificarse.

Miró a Steven con curiosidad cuando se levantó de la mesa, sin entender qué era lo que quería hacer mientras iba a la barra del local. Le prestó su mano para ver qué era lo que el muy subnormal hacía y no pudo evitar soltar una carcajada en cuanto vio la mariposa que el otro le había dibujado en la mano. Y aunque no una mariposa, le resultó curioso imaginarse un tatuaje en ella, seguramente se lo consideraría más seriamente luego.

Gracias, tatuador profesional —le sonrió divertido antes de que le preguntara sobre las máquinas de tatuajes para borrarlos. — No me refiero a borrarlo, quiero decir… —y en ese momento comprendió a qué se refería. — Claro, ¿qué pensabas, que por ser guapo y esbelto no había tenido mi catastrófico romance adolescente? Podrían hacerme mi propia película —Laith y su gran sentido del humor no se iban a ver opacados por la falta de tacto. Eran cuestiones que, al menos según el sanador, habían quedado enterradas en el pasado.

Había decidido vengarse un poco de que le hubiese dibujado en la mano, decidió dibujarle también para hacerle un dichoso tatuaje. En la mano por igual había hecho un dibujo más complejo que el de Steven, había dibujado cómo le parecía el escudo de su casa en Hogwarts. Si no le fallaba la memoria era Ravenclaw, así que lo que hizo fue dibujar un escudo con un cuervo con las alas abiertas y las garras por enfrente. Si bien había sido bastante rápido, le gustaba dibujar y por ello le resultó sencillo acabarlo en poco tiempo quedando mejor de lo esperado.

¡No es lo mismo! Un peluche de botella de vino es un peluche con forma de botella de vino, pero una botella de vino de peluche es una botella con vino adentro pero peluche por fuera —repuso como si aquello tuviese toda la lógica del mundo, evitando reírse, al menos según él aquellos dos conceptos eran diferentes y por lo tanto debían ser categorizados de forma distinta.

El fugitivo no tuvo problemas en aceptar su tarta tan improvisada, dejándolo soplar la supuesta vela aunque luego parpadeó confundido apenas le dijo su deseo; los deseos no se debían decir o no se cumplían, y por ello es que llegó una pizza carbonara y no una hawaiana como el otro la había pedido, negando con la cabeza. — Los deseos no se dicen, genio, cuando se dicen no se cumplen —lo riñó por haberle contado aquel deseo.

Le sonrió divertido en cuanto le preguntó si no era ya suficientemente interesante el flechazo. Se pegó en el rostro con la palma abierta en cuanto oyó que se cortó intentando abrir un aguacate, había gente que no entendía cómo seguía viva a día de hoy, Steven era su ejemplo más recurrente. Lo oyó contarle acerca de lo que había acontecido, quedándose un momento distraído mientras pensaba en aquel sujeto de pelo negro y largo al que no pudo ponerle ni nombre ni cara.

Claro, lo normal —asintió como si fuera cierto, — ¿me explicas con quién hiciste un pacto para hacerte daño día sí día también y no morir? —tenía muchísima suerte y creía que sólo por ello conseguía sobrevivir día con día. — ¿Yo? Bueno, no he hecho mucho… Un pesado llegó al hospital la otra noche, atravesado por una flecha, ¿te imaginas? —bromeó hablando de la experiencia que tuvo con Steven. — ¿Sabes? Fui a Hogsmeade, ahí sigue la tienda donde trabajabas aunque claro que tiene otros trabajadores —le hizo saber aquel pequeño conocimiento. — He estado yendo a la universidad para recuperar algunos libros que necesito par el trabajo, bueno, poco más, me hace falta una buena fiesta, deberías invitarme a algún antro —bromeó, pues no le parecía que Steven fuese el tipo de tíos que van a sitios así.

Eso lo dejó pensando durante algunos segundos en los que aprovechó para seguir comiendo. No es que supiera mucho de Steven así que no podía decir demasiado acerca de él, así que luego de darle vueltas al asunto durante un momento se decidió a preguntar.

¿Qué hacías para divertirte antes de todo esto? ¿Y ahora, te diviertes al menos o eres un amargado aburrido? —lo último era para jugar un poco, pues sabía que era bastante ingenuo y creía que con cualquier cosa Steven podría divertirse y tan contento, no imaginaba que tuviese una diversión difícil de conseguir.
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