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Highway to...[Laith Gauthier]

Keith Collins el Dom Jun 04, 2017 12:28 pm

3 de Junio, 23:30.
Leicester square.
9º, nivel de precipitaciones, medio/alto.


Cada vez se hacía más frecuentes los sonidos que producían los pasos de los transeúntes al pisar pequeños charcos que se iban formando en la piedra del suelo de las calles adoquinadas del centro de Londres, y es que aunque estuvieran en verano, esto seguía siendo Londres, una ciudad donde el cielo estaba despejado más días de los que la gente se pensaba, pero también la ciudad donde el gris estaba de moda. La noche empezaba con una leve lluvia sobre las nueve y media de la noche, agravándose al punto de que las calles estaban vacías dos horas más tarde, un sábado por la noche, en una de las ciudades con más vida nocturna del planeta, y es que ni siquiera a los ingleses les gustaba que les lloviese encima de aquella forma.

Keith caminaba por la principal hacía Leicester, refugiándose bajos los toldos y las cornisas de los inmuebles de la zona, compartiendo de vez en cuando la acera con algunas chicas con tacones que preferían empaparse antes que ir más rápido y acabar con un tobillo roto, o con un grupo de tíos a los que les daba igual mojarse, ya estaban borrachos y sus cuerpos les pedían fiesta. Los comercios estaban casi todos cerrados, eran muy pocos los restaurantes que quedaban abiertos, y los bazares donde comprar alcohol y tabaco habían echado las vergas, la clientela ya no estaba así que no había motivos para seguir allí.

El castaño aceleró el pasó cuando llegó a la plaza, y es que allí no había manera de refugiarse, pero por suerte el lugar donde se estaba quedando esta temporada estaba cerca, al lado del cine Odeon, que al pasar por delante hizo que el chico virase un poco la cara al verse deslumbrado por los grandes carteles de neon anunciando el nuevo estreno de “Wonder Woman”, agachó un poco la cabeza resguardando su el mentón y parte de los mofletes dentro del cuello alto de la gabardina cuando se tope de frente con un hombre alto, casi se choca, pero consiguió reaccionar a tiempo, -Lo siento, disculpe, no iba mirando por donde caminaba- se disculpó de forma educada, algo que los ingleses hacían bastante incluso cuando ellos no tenían la culpa, pero aquel tipo ni se inmutó, se giró, y le sonrió.

Keith no dijo nada más, simplemente prosiguió su camino hacia la casa, y es que aunque podría secar la ropa con suma facilidad, no estaba muy seguro de poder curar un resfriado a base de magia y lo mejor sería no tentar a la suerte poniéndose malo en uno de los peores momentos. Sentía como aquel tipo lo miraba,  giró la cabeza y efectivamente allí estaba sin moverse lo más mínimo, -¿Pero qué diablos…?- se preguntó en voz baja, parándose en seco al escuchar otra voz, -No deberías usar ese vocabulario, el diablo no es cosa de bromas- soltó de pronto otro tipo un poco adelantado, apoyado en una farola que parpadeaba de vez en cuando, se irguió sobre sus pies y caminó hacía él, -Además el diablo es el menor de tus problemas ahora mismo- sonrió de forma desagradable, tenía los dientes picados y varios tatuajes por el cuello y la cara. Lo que le faltaba, además de empapado lo iban a atracar. Le agarraron el hombro por la espalda, -Venga amigo danos el dinero y lo que tengas de valor y no te pasará nada-, Keith titubeó, estaba en desventaja numérica, y aunque fuese por poco, uno de ellos lo doblaba en peso seguramente y muy probablemente estarían armados, pero el riesgo de que lo apuñalaran después de robarle también existía.

No dijo nada, espero, y cuando el tatuado, el que parecía el cerebrito se acercó para hablar el castaño le propinó un golpe en seco en la nuez, la tenía bastante pronunciada así que fallar era imposible y el dolor que le iba a propinar al otro lo iba a dejar un rato fuera de juego, con suerte hasta que consiguiera noquear al otro. Agarró el la mano que le agarraba el hombro, y consiguió zafarse llevándose un aruñón en el hombro, poniéndose en su espalda.

Retorció la mano del grandullón y le asestó una patada en la parte trasera de la rodilla izquierda, haciendo que casi estuviera en el suelo, lo empujó y este perdió el equilibrio cayendo de boca al suelo, probando la húmeda piedra de la plaza. El otro tipo ya se había recompuesto, aunque seguía con una mano en la garganta, con la otra sacó una navaja, predecible, -Te voy a rajar maldita escoria, no van a reconocer tu patética cara- amenazó abalanzándose sobre el hombre con el arma por delante. No conseguía desarmarlo, aquel tipo era escurridizo y estaba claro que no era un novato en eso de atracar.

No había conseguido mucho tiempo y el grandullón se levantó del suelo, limpiándose la cara y sacando otra navaja él también, parecía que las daban con el carnet de ratero profesional, en el gremio de ladrones cuando entrabas, te regalaban el primer tatuaje horrendo en la frente y la misma navaja cutre que se partiría si se clavara en algún hueso, las típicas que vendían en las tiendas de disfraces por Halloween, para gastarle alguna broma a alguien.

Keith seguía sin decir nada, estaba evaluando la situación, y si el otro se movía con la misma perspicacia y soltura que el primero con el arma, debería recurrir a la magia, pero delatarse ante los ojos del nuevo régimen utilizando magia sin pena ni gloria era peor que ser apuñalado por unas ratas.


Última edición por Keith Collins el Mar Jun 06, 2017 7:10 pm, editado 1 vez
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Laith Gauthier el Dom Jun 04, 2017 9:54 pm

Su noche era, como muchas de sus noches, aburrida. No lo dejaron doblar turno en el hospital y ahora tocaba simplemente buscar qué hacer. Ninguno de sus amigos atendía sus llamadas, otros ignoraban sus lechuzas, para qué tenía tantos amigos si al final del día no tenía a nadie con quién divertirse. Llevaba un par de copas encima, había estado en el Caldero Chorreante un rato esperando a alguien que lo dejó plantado. Ahora le nacía meterse a algún antro a perder el tiempo, a ver si tenía suerte y pillaba a alguien con quien entablar una conversación y que pase lo que tenga que pasar, como solían ser sus salidas en solitario.

Iba mojándose sin importar nada, pues llevaba sus pertenencias protegidas con magia. Con una mágica bolsita plástica nomaj que tenía un cierre para que no se le metiera el agua, donde llevaba dentro su móvil, sus llaves, su billetera y cigarrillos. Uno de estos últimos que llevaba en su mano sí que estaba protegido con magia porque sabe horrible cuando se moja, así que una pequeña cobertura lo mantenía seco, calándolo ocasionalmente mientras paseaba por las calles a ver qué se encontraba. El cabello completamente mojado pegado a su cabeza y la mirada hacia el frente aunque iba fantaseando con una canción que llevaba en la mente.

Vio al pasar un cine y lo miró, aunque ninguna película parecía interesante, encogiéndose de hombros mientras continuaba con su camino. Siguió andando y buscando sin buscar y lo que encontró parecía ser una pelea a mano armada. El tipo parecía defenderse bien en un dos contra uno, injusto pero que demostraba la incompetencia del par y la valía de la víctima. Él no era un sujeto violento, pero quizá fue el alcohol y el aburrimiento lo que lo hizo meterse en asuntos que no le competían. Aunque, bueno, no es que muchos asuntos donde mete su cuchara le competan.

Qué pena, dos contra uno y no pueden ni apuñalarle el estómago… —se quejó el sanador mientras negaba con la cabeza, sujetando del hombro al sujeto que acababa de levantarse completamente empapado y asestándole un puñetazo en el estómago. — Así se hace, en el vientre, justamente, para que no pueda resistirse —puso el ejemplo con aquel tipo y estaba girando sobre sí mismo para responder al otro cuando ya le había arañado el hombro derecho con su navaja, rasgándole la chaqueta. — Imbécil, era nueva —se quejó no preocupado por ver la sangre sino la chaqueta rasgada.

Era sanador después de todo, le costaba dos segundos cerrarse una herida tan superficial con magia, la chaqueta no obstante tendría que coserla a mano y eso no se vería lindo al final. Sopesó las probabilidades mientras retrocedía para fácilmente esquivar la navaja del que quedaba de pie, el otro iba a estar fuera de juego un rato, hasta que se chocó de espaldas con una farola y fue él quien adelantó un paso poniendo en evidencia todo el entrenamiento que tenía al darle tremenda hostia en el rostro que perdió la conciencia. Siempre dicen que se debe temer la ira del hombre amable.

Knock-out —masculló para sí mismo, agachándose para tomar la navaja. — Esto me lo llevo como premio —le dijo a un inconsciente asaltante, mirando al sujeto que ahí se encontraba. Parpadeó un par de veces; si le quitaba algunos años, podría reconocerlo fácilmente, Laith no olvidaba un rostro nunca. Él en cambio estaba irreconocible: el cabello teñido de rubio, tatuajes, expansiones. Decidió jugar con la suerte y amenazarle con la navaja recién robada. — Ya que estos no sirven de nada me toca robarte a mí, saca todo lo que tengas, gato —le sonrió traviesamente.

Lo último era lo más importante, claro. Si no se equivocaba, era un viejo colega de colegio que estaba en Wampus, el gato. Le daría un par de segundos a reconocerlo a ver si lo conseguía antes de guardarse la navaja en un bolsillo, en serio iba a llevársela. Si no lo reconocía, esperaba que al menos interpretara de dónde él sí que lo conocía antes de extenderle la mano, olvidándose por el momento del corte en su brazo que humedecía todavía más la ya mojada ropa del menor.

Tiempo sin verte, Keith, por poco no te reconocía, ahora estás… bueno, viejo, y empapado —se burló un poco, como si él no tuviese mojados hasta los calcetines. Le gustaba meterse un poco con la gente, no podía hacer nada al respecto, aunque no estaba haciendo otra cosa que bromear en ese preciso momento. Ahora le quedaba la duda de si le reconocería luego de tanto tiempo y un cambio tan radical.
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Keith Collins el Mar Jun 06, 2017 7:11 pm

Se estaba empezando a preocupar de la situación, y es que si el otro tipo que se acaba de incorporar después de haberlo tumbado, tenía la misma destreza con la navaja que su compañero seguramente tendría que ir a algún centro de salud a darse algunos puntos, porque si lo que querían era rajarlo, lo iban a conseguir sin duda alguna, solo era cuestión de tiempo, de que el chico no pudiera esquivar más embestidas hacía su cuerpo, y aunque en cualquier momento podría recurrir a la magia eso no le convenía. Sopesaba esa opción como la única alternativa, con la mano preparada para sacar su varita de la manga y lanzar un desmaio a cada uno de aquellos indeseables e irse por donde le correspondía, seguramente a hacer la maleta lo más rápido posible para buscar algún otro sitio donde refugiarse.

Tenia el cuerpo tenso, y empezaba a sentir más el frío y es que la temperatura de su cuerpo estaba subiendo, encendiéndose por el ajetreo de la trifulca cuando un tercer sujeto entró en escena, Keith resopló al verlo, sabiendo que si era parte de aquellos rateros la magia era su única salida. Estaba a punto de sacar su varita mientras aquel tipo hablaba acercándose con algo de colegueo al más grande de los dos individuos y para sorpresa del castaño, sin previo avisó le asestó un golpe seco en el vientre dejándolo fuera de juego, esta vez por un buen periodo de tiempo.

Se quedó allí viendo como aquel rubio teñido intervenía en la pelea, algo impactado y es que normalmente la gente no solía hacer ese tipo de cosas, meterse en una pelea de la que solo era un espectador para acabar convirtiéndose en el centro de atención y en vista de como había dado su primer golpe, convirtiéndose en el vencedor del encuentro provocado por aquellos dos rateros que se lo pensarán dos veces antes de volver a intentar atracar a alguien. No sacó la varita, se quedó quieto viendo como aquel tipo se las apañaba solo, acabando con un ligero rasguño en el brazo y la chaqueta rota, cosas que a jurar por su respuesta le había fastidiado bastante. Aquellos movimientos estaban bien definidos así que no era alguien que estuviera totalmente indefenso, al contrario, sabía como defenderse, tal vez boxeo, o incluso kickboxing, un deporte que Keith conocía de primera mano.

Se quedó expectante mientras el otro se le acercaba con la navaja en sus manos, tomando el rol de atracador en ese momento, haciendo que Keith se quedase algo confundido, ¿primero lo ayudaba y ahora quería robarle? se preguntó con el gesto algo extrañado, intentando averiguar a que se refería al llamarlo "gato", ¿es qué, tal vez, aquel rubio lo había confundido con alguien y le estaba gastando una broma? su semblante no cambiaba, la situación s ele escapaba a su comprensión y cuando el otro pronunció su nombre, más aún, si era posible. Casi se sobresalta, pero solo movió los hombros un poco ensanchando su espalda al coger aire y contenerlo, no reconocía a aquel tipo pero estaba claro que el otro si lo conocía a él.

Titubeó y al fin dejo de contener el aire para volver a respirar de forma normal, seguía estando preparado para sacar su varita de un momento a otro, -Disculpa...amigo, pero... ¿quién eres?- le preguntó sin siquiera intentar ocultar que no sabía de quien se trataba, aunque cuando consiguió verle mejor la cara, empezó a sentir que lo conocía pero no sabía de que, y esperaba con todas sus fuerzas que no fuese alguien con quien tener que enfrentarse, porque de ser así, la magia iba a estar de por medio.
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Laith Gauthier el Mar Jun 06, 2017 11:39 pm

La situación había sido una explosión de muchas cosas: el hecho de que le molestara la situación de un dos contra uno en un asalto armado, el alcohol que llevaba encima, la chaqueta rota, la molestia por la lluvia, un poco de todo que terminó siendo un cóctel de violencia que acabó pronto, no es que fuera un matón ni mucho menos. Hubo un silencio pequeño mientras el menor tomaba una de las navajas que decidió robarse y miraba a la víctima de la situación, su rostro le sonó y tuvo que poner empeño en decidir de dónde le sonaba. Cuando lo descubrió pasó a ser de salvador a asaltante en una pequeña broma.

Tuvo la tentación de reírse al verlo tan confundido, lo detuvo al notar que realmente no tenía ni la menor idea de quién era. No se extrañaría, los años hacen milagros y él había cambiado muchísimo en ellos. Ya no era el crío que había sido, había madurado un poco al menos. Aún era obstinado, cabezota, le gustaba meterse con la gente y un sinvergüenza de cuidado, viejas costumbres nunca mueren a fin de cuentas.

Me dueles, Keith —exageró, llevándose una mano al pecho en un gesto dramático. Por su pose notó que iba a atacarlo con magia si hacía movimientos imprudentes, así que tendría cuidado con eso, no le apetecía meterse en problemas con el Ministerio por aquello. — Soy Laith, Laith Gauthier, del colegio —decidió dejar el misterio aparte y realmente resolverle la cuestión de quién era él y de dónde le conocía. Había pasado tanto que no estaba seguro de si el otro alcanzaría a reconocerlo con facilidad incluso con su nombre y apellido.

Miró a los dos sujetos en el suelo, ¿se había pasado un poco? Sí, un poco quizá, trató de evitar ese pesar dentro suyo que le hacía sentir culpa. Incluso aunque él lo había hecho no podía evitar sentirse algo culpable de lo que sucedió, mas lo intentó ignorar de la mejor forma que pudo hacerlo mientras suspiraba y comenzaba a caminar un poco, mirando luego de tres pasos encima de su hombro para mirar a aquel sujeto.

No sé tú, pero yo preferiría alejarme un poco de la escena del crimen por si pasa algún policía… —le comentó, haciendo un ademán con su cabeza hacia los dos sujetos para poner en evidencia que ellos eran “la escena del crimen”. Volvió a caminar después, tenía muchas preguntas que hacerle pero primero quería, como dijo, evitar que pudieran meterse en problemas por una pelea callejera, además de que ahora era él quien llevaba la navaja en el bolsillo y eso haría la situación un tanto incómoda, nunca había confiado en sus habilidades desmemorizadoras.

Al final habían conseguido alejarse lo suficiente como para volver a encararlo sin sentir precaución de que los sujetos reaccionasen ni tampoco que alguien los vinculara con el suceso. La última vez que lo había visto fue poco antes de las vacaciones de quizá tercer o cuarto curso antes de que Keith se graduase, y desde entonces habían perdido por completo el contacto. Bueno, había sido gradual, las cartas cada vez menos frecuentes hasta que ya no hubo ninguna. Lo último que supo es que había sido aceptado en la universidad mágica.

Me parece raro verte tan lejos… ¿Qué estás haciendo aquí? —decidió preguntarle por la curiosidad que le daba verlo ahí. Suponía que muchos como él habían salido de su respectivo país para buscar más oportunidades o experiencias diferentes, cada persona era un mundo y por eso le daba curiosidad saber cuáles eran los motivos del otro.
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Keith Collins el Miér Jun 07, 2017 1:55 am

Keith seguía perplejo por como e había conseguido desarrollar aquella situación en la que, en principio, todos pensaban que el castaño iba a salir mal parado, por una razón u otro, y es que siendo apuñalado o utilizando magia y volver a estar en el punto de mira del nuevo régimen del mundo mágico, Keith salia perdiendo, pero como suele pasar en las noches londinenses y a todos los que se encuentran entre dos mundos, alguien aparece para salvar el momento, o al menos suele pasar en las películas, y es que aquello tenía toda la pinta de ser una escena sacada de un largometraje típico de Marvel, un tipo misterioso se adentra en las oscuras calles de una de las ciudades más transitadas del mundo, y en la zona más comercial justo en el momento en el que no hay nadie los criminales actúan siendo pateados al fin por el héroe, pero aquello no era un film de acción y superheroes, era la vida real y el hecho de que en la vida real alguien desconocido pronuncie tu nombre no es buena señal.

Estaba tenso, pero intentó calmarse, quería salir de dudas, y tal vez ganar algo e tiempo si se diera el caso de tener que luchar, y es que no había mortifago que se precie que no pierda un par de segundos mientras se jacta al pronunciar su nombre, otorgándose algunos títulos como "el terrorífico" o "el torturados", aunque en realidad aún no se había encontrado con alguno así, todos lo pensaba en su cabeza mientras se presentaban, y es que en un mundo donde el mal gobierna después de tanto tiempo ocultado entre las sombras es lógico que sientan la emoción de poder presentarse sin miedo a decirlo muy alto.

Relajó la mano, entrecerrando el puño cuando escuchó su nombre. Sabía a quien pertenecía aquel nombre, pero le costaba creer que aquel tipo que estaba frente a él fuese Laith, y es que en la mente del castaño aquel chico al cual pertenecía el nombre que compartía la última silaba con el suyo propio a pesar de que en el suyo no se pronunciara así, no era para nada como el que tenía enfrente. Su gesto volvió a verse confundido, pero ahora no estaba a la defensiva, y es que era imposible que alguien conociera aquel nombre por las buenas y se lo soltara sin más, -¿Laith?...- preguntó, -...pero...- intentó aclararse cuando el otro le convenció de que sería mejor irse de allí si no querían verse metidos en más problemas.

No entendía muy bien que estaba pasando, ¿como era posible?, ¿cuántas posibilidades hay de encontrarse a alguien de su adolescencia en otro país, en otro continente maldita sea?. Regaño el gesto, no se sentía muy confiado, rezongó un poco, abriendo bien las fosas nasales, un gesto que hacía a veces, tenía que estar atento.

Iba caminando detrás del rubio intentando averiguar si sería alguien disfrazado, o incluso si aquello se trataba de algún truco barato para hacerle caer en la trampa, a lo mejor habían conseguido sus recuerdos de alguna manera, o incluso era el auténtico Laith, pero ahora, ahora trabajaba para el nuevo régimen, pero ¿como?, y, ¿por qué estaba en Inglaterra?. Era imposible, Laith no podía haber cambiado tanto a pesar de que hayan pasado al menos once años, ahora era, bueno, era una persona completamente diferente.

Lo estaba mirando de arriba a abajo cuando se paró en seco, -Lo mismo podría preguntarte yo a ti, aunque sigo sin tener muy claro que seas tu, bueno que seas Laith, estás...- titubeó, -...joder!, eres una persona completamente diferente, no pareces tu- dijo con el tono calmado pero bastante desconfiado. Volvió a mirarlo de arriba a abajo con la frente fruncida y volviendo al misma pose defensiva cuando el chico  se pasó la mano izquierda por la cara para quitarse los restos de lluvia, en vano porque seguía lloviendo y cada vez más, dejando a la vista una cicatriz característica, una cicatriz que ni un buen imitador ni la mejor de las pociones podría captar, fue entonces cuando el castaño confirmo que aquel chico era su viejo amigo.

Sonrió, y le agarró la mano acercándose, -Esta cicatriz, eres tu de verdad- le soltó la mano, -Pero, ¿por qué aquí?, ¿sabes que estás lejos de Canadá verdad?- le preguntó algo preocupado, volviendo a sonreir de inmediato, se llevó las manos a la cabeza pasándolas por todo el pelo mojado acabando en su nuca, -Tío, mírate, estás..., pareces una estrella del rock o del porno- se burló de él por sus pintas, acercándose más, -¿Y este pelo?, el moreno te quedaba mejor la verdad- le confesó sin remordimiento de si podría ofenderse o no, y es que si seguía siendo el Laith que conoció en su momento, sabía que se lo tomaría a guasa y respondería con algún comentario sobre el aspecto del castaño.

Le puso la mano sobre el hombre, -Me alegro de verte amigo- dijo esperando que el otro también se alegrara, y aunque sabía que hacía bastante tiempo que habían perdido el contacto, recordaba con bastante cariño las vivencias compartidas con aquel cabra loca, -Oh!, y gracias por haberme ayudado con esos dos, aunque la verdad lo tenía controlado- se rió algo sarcástico al decir aquello al mismo tiempo que un trueno rugió en el cielo pareciendo que este se partiría en mil pedazos avecinando el final del mundo tal y como se conocía. Keith se encogió un poco de hombros, -Odio las tormentas- masculló, volviendo a mirar a su amigo, -Oye tengo mi casa por aquí, vamos, nos vendrá bien refugiarnos y tenemos mucho de que hablar al parecer-, le ofreció encabezando la marcha.

No tardaron ni dos minutos, doblaron una esquina y de inmediato Keith abrió el portal de la vivienda. Al llegar al tercer piso el castaño hizo un movimiento de muñeca, con la varita dentro para abrir las cuatro cerraduras, y pasar al piso. No era muy grande, una cocina que comunicaba con un pequeño salón, con  una gran ventana, y un pasillo que llevaba al dormitorio con el cuarto de baño dentro, un estudio pequeño y discreto, lo idóneo para alguien en su situación.

Se quitó la chaqueta y la colgó en el perchero encima de una alfombra, -Pasa, voy a traer toallas- le dijo sin mirarlo, quitándonos los zapatos en la entrada, volviendo rápidamente con una toalla en la mano para el rubio y otra para él que ya estaba usando, secándose la cabeza y la cara primero, -¿Quieres tomar algo?, no tengo mucho pero bueno, podré invitarte a algo para entrar en calor al menos, café, té, whisky- sonrió dándole la espalda y entrando a la cocina.
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Laith Gauthier el Miér Jun 07, 2017 5:56 am

El mismo —repuso en cuanto preguntó de nuevo por su nombre, dirigiéndose a caminar unos metros lejos de aquel par. Alcanzaba a interpretar que Keith no le creía, parecía sumamente consternado de habérselo encontrado ahí, Laith mismo lo estaba. Las posibilidades eran mínimas pero su suerte era maravillosa, así que no le extrañaría; no le había entrado en la cabeza que estaba con un fugitivo y tampoco es que le importase demasiado. Era un traidor encubierto, le gustaba su vida sin complicaciones y a veces amenazaba su vida por ponerse a meterse en riesgos, lo de siempre.

Le expresó su confusión de verlo tan lejos de donde se habían conocido, y éste no tardó en reponer que no creía que era él, con esa honestidad que caracterizaba al gato. Se preguntó cómo podría convencerlo de que realmente era él, era realmente complicado. Una identificación no bastaría, suponía, aunque podría enseñarle la licencia de aparición donde todavía tenía el cabello castaño. Se había llevado una mano al rostro para limpiar en vano el agua, y de pronto el mayor pareció recordar algo cuando le tomó la mano para mirarle la palma, aquella cicatriz que se hizo en uno de sus primeros juegos de Quodpot.

¿Quién más querías que fuera, gato tonto? —se mofó de él, antes de parpadear al recordarle lo lejos que estaba de casa. O bueno, de la casa que lo vio crecer, que de la suya estaba a algunas de paradas en metro. — A seis mil kilómetros si no me equivoco… Me vine a estudiar acá y me quedé de residente —le explicó rápidamente, ya luego podrían hondar en detalles. Por ahora se ocupó soltando una carcajada cuando le dijo que parecía una estrella del rock o del porno. — Preferiría del porno, si me lo preguntas, pero es lo que hay —se encogió de hombros, dramatizando un poco con aquello. — ¿El rubio me hace ver muy despampanante? Mírate tú, apuesto a que sin la barba tienes carita de niño —se metió un poco con él con una sonrisa traviesa.

Respondió a la mano sobre el hombro con un gesto semejante, dándole un pequeño golpecito. — Lo mismo digo, tío —le sonrió, parpadeando en un gesto sorprendido cuando le agradeció, alegando tener controlados a los tipos. — Claro, lo tenías tan controlado que ya me veía curándote un tajo en el vientre —ironizó, aunque en realidad pensaba que sin él se las hubiese arreglado perfectamente. No por nada Wampus lo había cogido entre sus filas. Parecían asustarle las tormentas a Keith, o al menos molestarle, viendo al suelo mientras asentía, accediendo a ir a su casa.

Se sonrió para sí mismo, comenzando pronto a cantar siguiendo sus pasos con la música, una escena muy clásica de las películas intentando imitarlo lo mejor que lo recordaba, incluso se había subido a una farola de la que casi se resbala por estar haciendo el idiota. Así hizo el tonto hasta poco antes de llegar al departamento del otro, sacando su varita de su manga derecha y quitándose la chaqueta para ponerse a secarse la camiseta y el pantalón con un encantamiento de aire caliente, a pesar de que el otro alegó traer toallas.

Qué nomaj eres —se burló un poco de él, agradeciéndole la toalla mientras se secaba el rostro y el cabello, la ropa casi completamente seca gracias a su varita aunque no volvió a colocarse la chaqueta, dejando ver una buena parte de su tatuaje del pecho. — Ya estoy entonado, así que un whisky para seguir la fiesta, fui al Caldero un rato aunque me dejaron plantado, si quieres nos traemos unas cervezas, si tienes algo para picar también es bien recibido —propuso sin pensárselo demasiado, sin preguntarse si estaba abusando de la hospitalidad del otro.

Ahora que ya estaba seco se permitió dar un vistazo al piso. Tenía que admitir que no estaba nada mal, era un sitio pequeño pero acogedor, le hizo preguntarse qué estilo de vida llevaba el otro. Su departamento era más grande, a veces creía que demasiado, el espacio vacío lo hacía sentirse inquieto y al mismo tiempo gustaba tanto de comprar cosas que de ser más pequeño no le cabría todo en su departamento.

Lindo el sitio —se animó a alagar, tratando de acomodarse el pelo sólo con las manos aunque el agua se había encargado de quitarle todo el fijador, marcando las ondulaciones que tenía naturalmente. — ¿Qué te trae tan lejos? Es un gusto verte, pero no sabía que andabas por aquí, te hubiera escrito de lo contrario… —recordaba la moral dura como acero de Keith, ¿sabría ya lo que pasaba actualmente en el país? ¿Sobre aquel asco de gobierno que ahora los regía? No lo sabía, la respuesta lo preocupaba, ¿una persona puede cambiar completamente en once años?

Se dirigió al salón que el otro tenía para sentarse en el sofá. Trata de no pensarlo de más, tomando el vaso de whisky que el otro le ofrece, no quiere darle todavía vueltas al asunto aunque tienen la sospecha de que no hay manera de que la conversación no toque las ideologías de ambos. Quiere creer firmemente que Keith siga siendo aquel sujeto firme a no abusar del más débil, como él se ha mantenido hasta el momento. No puede evitar sentir que no puede bajar la guardia.

No has cambiado nada, si me lo preguntas, mírate nada más… Te miro y veo a un mocoso quejándose de que su equipo de Quodpot perdió la final —siempre era un buen momento para meterse con los demás, dentro de esa broma sana que no permitía malinterpretaciones serias. El whisky lo hace sesear y aclarar la garganta, ha estado bebiendo ron y por ello es que su cabeza da un pequeño vuelco con el cambio de tipo de alcohol.
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Keith Collins el Miér Jun 07, 2017 11:38 pm

Abrió la puerta de la nevera para sacar del pequeño congelador una botella que había encantado para que el dorado liquido de su interior nunca se acabase, y aunque no le hacía falta estar allí dentro para poder enfriarse lo prefería antes que tenerla en uno de aquellos muebles rañosos, al menos estando en el congelador sabía que nadie la encontraría. Sacó dos vasos del estante, y un par de cosas para picar, aceitunas, unas chips, y algo de corteza, cosas muy básicas pero que podían matar el hambre y amenizar una conversación, y es que algo le decía que estaría un buen rato allí con Laith, y que menos, después de casi doce años sin verse, el hecho de encontrarse en Londres, a más de seis mil kilómetros de distancia del sitio de donde se conocieron, era una oportunidad de hablar y volver a retomar el contacto.

Se rió ante los comentarios del rubio, -No todos usamos la magia para todo- dijo con una sonrisa en su cara que poco a poco fue desapareciendo, y es que acababa de caer en la cuenta de que con el nuevo régimen utilizar la magia sin mucho cuidado era colgarse una soga al cuello, pero a Laith parecía no importarle, como si nadie estuviera rastreándolo, y es que por mucho que pudiera costarle comprender a Keith, aquello era más que posible, el castaño era consciente de que habían seguidores del nuevo régimen, los fieles a la sangre, los puristas y aunque nunca había visto a su amigo de aquella forma, era más que probable que si utilizaba la magia sin preocuparse de las consecuencias podía ser porque estaba de parte del bando que gobernaba, eso o que era un completo loco al cual no el importaba que lo sorprendieran en medio de la noche un grupo de carroñeros para torturarlo hasta la muerte, y eso era lo que de omento prefería pensar.

Se sentó invitando al otro a hacerlo también, descorchando el recipiente de vidrio y vertiendo el whisky en los dos vasos anchos y cortos que había sacado, podría ser americano, pero sabía como había que beberse un buen whisky, -Pues la verdad es que me traslade hace un par de años, en América...- hizo una breve pausa, para coger un par de aceitunas, estaba hambriento, -...bueno, en América ya no me quedaba nada por lo que seguir- concluyó la frase con algo de tristeza en ella, aclarándose las ideas y la garganta dándole un sorbo al vaso después de mojarse los labios, saboreando aquella deliciosa bebida con toques afrutados. Le sonrió al escuchar aquel comentario, -Yo no era tan quejica, es que ellos eran muy malos, la casa del cuerpo, los luchadores y no eran capaces de ganar ni un solo partido- se mofó recordando aquellas escenas típicas de sus compañeros de casa intentando ganar los partidos, -Pero oye, tienes que admitir que le ponían empeño- siguió la broma, dejando el vaso en la mesa.

Lo miro con gesto sorprendido y algo divertido, -Oye espera un momento- se levantó de la mesa y desapareció por el umbral del salón que daba al pasillo para ir a la habitación, quería enseñarle algo al rubio, algo que llevaba con él durante todos esos años. Cuando volvió sonreía como un niño pequeño, -¿Te acuerdas de la final de mi año de graduación?- seguía con aquella sonrisa picarona que hacía que se le creara un pequeño hoyuelo en moflete derecho. Se sentó, -Faltaban un par de semanas para graduarme y el partido final de Quatpod se habían retrasado y el profesor Peasegood perdió su silbato, no sé si te acordarás- intentó explicarle por encima para ponerle en situación, abriendo la mano derecha luego, dejando ver un pequeño silbato cilíndrico plateado, brillante y muy bonito, -Unos cuantos y yo entramos en su despacho para gastarle una broma con una bomba de tinta mágica y me llevé un recuerdo- sonrió con picardía mirando a los ojos de su amigo, esperando algún elogio por su parte.

Se hizo un pequeño silencio y Keith volvió a pensar en la posibilidad de estar compartiendo mesa con un seguidor del nuevo régimen, el rostro se le endureció pero no quería tomar una decisión precipitada, -Entonces, ¿viniste a estudiar y al final te quedaste no?- le preguntó con curiosidad, -Es un acto bastante loco, y más tal y como están las cosas- dejó caer sin dar muchos rodeos, con el semblante serio, haciéndole saber que no tenía miedo, el miedo es un sentimiento que a veces no conviene dejar ver, un sentimiento que a veces no deja ver con claridad hasta lo más obvio, lo que está delante de nuestras narices, pero también un sentimiento que si está bajo control nos ayuda  a sobrevivir, por eso Keith no se avergonzaba de decir que tenía miedo, y es que había que ser un imbécil para no tenerlo y estar en su situación.

Volvió a dar un trago vaciando el cristal en sus manos, sintiendo el liquido en sus labios secándose, creando una película fina y algo pegajosa que se desvaneció al pasar la lengua por ellos, -¿Y como te ha ido?, cuéntame- tenía intenciones de salir de dudas de una manera u otra, y aunque no pudiera hacer magia, tenía otras maneras de defenderse.
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Laith Gauthier el Jue Jun 08, 2017 12:14 am

Se burló de él por haber usado toallas cuando podían usar las varitas; siendo sinceros Laith era un joven que al final había dejado de tener miedo a la muerte, jugando con ella tantas veces que parecía mentira. Era un loco que creía que el día que lo capturasen sería inevitable, como predestinado para que así sucediese, pensaba que no llegaría a viejo con su estilo de vida. El otro regresó con el whisky y algunas cosas para picar tal y como se lo había pedido, tomando unas cuantas chips para calmar un poco el hambre. Quería creer que no era el único que se sentía como si estuviese sentado con un desconocido con la cara y el nombre de un amigo del colegio.

Recuerdo que estabas estudiando para… No me digas… ¿Auror? —trató de hacer memoria, suponiendo que había tenido un problema con la MACUSA y al final lo habían transferido. Cada vez se desencantaba un poco más de aquel grupo de aurores, ya había conocido a dos que se habían alejado del mismo por diversos motivos, ¿es que en serio era tan ciego como para no darse cuenta cuando era más joven? Se le había caído un héroe con ello.

Se atrevió a meterse con él por el Quodpot, soltando una carcajada en cuanto repuso que al menos admitiera que ponían empeño, asintiendo con la cabeza. Recordaba que, bueno, eran adolescentes idiotas que se lo tomaban todo a broma, así que era normal que algunos partidos no saliesen tan bien con algunos heridos, el que lo pusiera en duda que le mirase la mano que no había conseguido sanar bien y le dejó la cicatriz en ésta. Lo que sí le sorprendió es que le pidiera un momento para dejarlo solo. Aprovechó para tomar otra fritura entre los labios y sacar el móvil para rápidamente ponerlo en modo avión que estaba dentro de la bolsa plástica para que no le sonase en aquel rato y volvió a guardarlo en su pantalón.

Wampus contra Serpiente Cornuda, ¿no? —le cuestionó para ver si podía conseguir recordar aquello, ese año Pukwudgie quedó en tercer lugar. Keith se encargó de ponerlos en sintonía, asintiendo con la cabeza mientras le explicaba antes de sobresaltarse por ver el silbato con una sonrisa de crío emocionado. — No… tío, no —empezó a negar antes de largarse a reír, ¡por poco habían conseguido castigar a todo el colegio por su estúpida broma! — ¡Esto es mejor que el reconocimiento de primer lugar! —soltó entre risas mientras miraba de cerca el silbato, no podía creérselo.

Cuando consiguieron acallar las risas, vio a Keith de nuevo, bebiendo del vaso mientras asentía con la cabeza, dándole la razón. Lo expresión se endureció un poco cuando fue el gato el primero en dejar caer aquel comentario sobre “cómo estaban las cosas”. — Supongo, llevo alrededor de… No lo sé, ¿seis o siete años? Viviendo aquí —le explicó, relajándose cuanto podía. Estar a la defensiva no era su estilo, y menos cuando estaba honestamente feliz de verlo. Una parte pesimista suya le pedía no bajar la guardia, la otra no lo dejaba convencerse de que podría haber cambiado mucho.

Pues… Te contaré, mi abuelo murió y tras ello estudié medimagia en la universidad de Londres, ahora mismo estoy trabajando en San Mungo aunque antes de entrar de planta estuve haciendo cursos de especializaciones en Francia —le explicó a grandes rasgos el todo, comentando la pérdida de su único pariente sin poder recordar si en algún momento había coincidido con Keith, además de mencionar sus estudios y su actual trabajo. — No hago mucho actualmente, tengo una vida más bien aburrida y estresante, se basa en trabajar para vivir y vivir para trabajar; a veces también voy a algunas asociaciones a prestar ayuda, otras me gusta jugar a ser suicida y ayudar a los nomaj y si tienes algo en contra de eso dímelo ahora para sacar mi varita —decidió ser él el primero en quitarse la máscara.

Le sabía amargo tener que amenazar a un amigo como Keith al que hace tanto no veía, pero en ese mundo uno no podía bajar la guardia. Además, la confianza y el alcohol le soltarían la lengua pronto, así que prefería que si tenían que enfrentarse fuera ahí y ahora antes de que estuviese en desventaja por ebriedad. La tensión era palpable en el ambiente, sentía que podía tocarla. Sin embargo era leal a lo que tuvieron cuando eran jóvenes y prefería quedarse con los recuerdos a tener que ocultarle a Collins la verdad acerca de quién era él. Un hombre un poco tonto y atrevido que preferiría morir antes que darle la espalda a los suyos y, más importante, antes que ir en contra de sus principios. Tenía la esperanza de no estarse equivocando con Keith.
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Keith Collins el Jue Jun 08, 2017 11:48 am

Los reencuentros con viejos amigos siempre eran bien recibidos incluso aunque estos amigos parecieran estar sacado de una mala película de acción de alguna productora comercial estadounidense, y es que la apariencia no hace a la persona, al menos no la mayoría de las veces y Keith podía ser muchas cosas pero no juzgaba a nadie por sus pintas, porque él mismo tenía pintas de vagabundo la mayor parte del tiempo, así que después de haberse encontrado con Laith y más importante, haberlo reconocido, lo invitó a pasar a su casa para refugiarse de la tormenta y secarse un poco, empezando una agradable charla, hablando un poco sobre como les había tratado la vida y rememorando algunos momentos, que el castaño consideraba "dignos" de mención cada vez que tenía la oportunidad.

Unas risas y algunas caras cómplices  hacían que el ambiente se relajase un poco, aunque como en todas las conversaciones siempre había un momento en que el mismo se volvía tenso y algo frío, y es que la idea de que Lith estuviera de parte del nuevo gobierno que regia en el mundo mágico, el mismo que torturaba y mataba a los denominados, "traidores a la sangre" fueras hombre, mujer, adulto, niño o anciano, y si ya eras muggle con algún tipo de relación con magos ni hablamos. Cogió el vaso de cristal a mitad para dar un trago después de preguntarle como le habían ido las cosas, dejando caer sin ninguna sutileza el tema que creaba aquella inseguridad en el ambiente.

Keith alzó una ceja cuando escuchó al otro decir que llevaba al menos siete años en Inglaterra, lo que quería decir que ha estado en el país mucho tiempo antes de que todo se torciera. Lo miró de arriba a abajo, observando sus movimientos, sus tatuajes y la forma en la que se expresa, estaba totalmente tranquilo o al menos lo aparentaba. Todo indicaba a que su antiguo amigo y él habían tomado caminos diferentes en la vida, y cuando el castaño dejó el vaso de nuevo en la mesa cogiendo un par de chips el otro empezó a hablar, de forma clara, algo acelerada y resumiendo más o menos los hechos más fundamentales, la muerte de su abuelo, el traslado a Londres para estudiar medimagia, todo muy loable, -Lo siento por tu abuelo, era un gran hombre- dijo dándole el pésame, Keith había conocido al hombre en una ocasión hacía bastante tiempo, aunque no recordaba en que momento, tenía una imagen algo vaga de él.

Sonrió de forma ladina al escucharle acabar su pequeño resumen, le hacía gracia que pensar realmente que Keith tendría algún problema con el hecho de que ayudara a los nomaj, pero le hacía más gracia que el toro hubiera decidido tomar la iniciativa de dejar clara su postura, acabando el discurso con una amenaza. Cogió la botella y volvió a servir en ambos vasos, -Relájate Laith- dijo sonriendo, -Sabía que no por mucho que hubieras cambiado de aspecto, no podías haberte convertido en un ser TAN irracional- dijo haciendo énfasis en la palabra "tan" para mofarse del chico porque en su momento tuvo fama de ser un cabeza loca, -Me alegra saber que aún hay gente buena por ahí- dijo levantando el vaso esperando que el otro lo hiciera y poder brindar, para luego rozar el transparente lleno con sus labios y volver a dar un sorbo de aquel dorado liquido, -Pero, creo que no deberías hacer magia tan despreocupadamente- le aconsejó, -El nuevo régimen tiene controlada la zonas más pobladas, bastante bien controladas para ser exactos, pueden rastrear cualquier resto de magia- le confirmó. Keith sabía aquello de buena tinta, y es que no era la primera vez que veía como conseguían atrapar a algún fugitivo después de usar la magia sin  controlarse un poco.

-Por eso me he vuelto un nomaj más- cogió un par de aceitunas más, -Aunque espero poder volver a usar magia algún día, porque seamos sinceros, es mucho más fácil- sonrió y lanzó una aceituna al aire cazándola con la boca.
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Laith Gauthier el Jue Jun 08, 2017 8:05 pm

Decidió contarle a grandes rasgos su vida porque, siendo sinceros, aún le causaba cierta reticencia a dejarse conocer bien el hecho de que pudiese de un momento a otro cambiar su estatus de amigo a enemigo. Agradeció el pésame con un gesto con la cabeza, una ligera inclinación, para luego pasar a contarle sus pasatiempos y aquel extraño hobbie de arriesgar la vida por los demás que acabó finalmente con las apariencias y puso encima de la mesa las ideologías. El silencio se alargó mientras Keith sonreía con gracia que en ese preciso momento parecía indescifrable para Laith y posteriormente el primero rellenaba los vasos de ambos. El aire que con aparente calma sostenía en su pecho finalmente salió.

¿Me está llamando irracional el tipo que entró al despacho de un profesor y le robó su silbato? —cuestionó con un gesto ofendido, — Que encima tienes en lo que creo es tu dormitorio… Quién sabe qué cosas harás con él, siempre me pareció que estabas pillado por el profesor Peasegood —se atrevió a molestarlo ahora que volvía a distenderse el ambiente y estaba, de vuelta, completamente tranquilo. Alzó su vaso para brindar con él, ahora que sabían que estaban del mismo lado, chocando sus vasos haciéndoles tintinar. — No estoy en búsqueda y captura, de hecho creo que tengo un perfil bastante bajo para el régimen, sirvo más dentro de la comunidad mágica que escondiéndome de ella, pero tendré consideración con ello —no es que fuese haciendo magia en zonas nomaj a tontas y a locas, pero no iba a ser un cabezota en ese momento.

Él estaba acostumbrado a una vida sin magia, así que tampoco es que le fuese a doler tanto volverse fugitivo. O regresarse a Canadá que más de una vez lo había considerado. — En mi opinión los nomaj molan más, ¿sabes cuánto me aburro porque no hay antros mágicos? Y luego no quieren que uno conviva con los nomaj… —se permitió quejarse, esa era su réplica más sentida, que por ir de fiesta ya estuviese haciendo un crimen. Cogió una aceituna y llamó la atención de Keith para lanzársela a ver si la atajaba con la boca. — ¿Y tú? ¿Qué has hecho de tu vida sin mí? ¿El trabajo, los colegas, la familia? ¿La vida nomaj? ¿Por qué estás aquí si no te gusta serlo? —aquella pregunta era muy importante y la hacía a cuanto fugitivo conocía. Por qué no irse, qué motivaciones tenían.

Se lleva a los labios el whisky para dar otro sorbo, pensando en sinsentidos mientras esperaba su respuesta. De hecho, estaba recordando las épocas de estudiante, Keith tenía razón en decir que era irracional pero él no era mucho mejor que Laith, recordaba con una sonrisa llena de gracia. Se acordó de aquella, su primera, única y última novia y apuntó mentalmente que le escribiría para ver qué había sido de ella. Por el momento tomó unas cuantas chips más mientras paseaba la vista a través del piso de su colega.

¿Tienes un teléfono para mantener el contacto? ¿O prefieres que te mande palomas mensajeras a ver si no las pilla el Ministerio? —se mofó un poco de él, cuando en realidad enviar cualquier tipo de ave podría conllevar a que los pillasen a los dos. Los teléfonos, bueno, la comunidad mágica no sólo se quedaba atrás en diversiones nocturnas sino también en electrónica y tecnología en general, así que era más complicado que alguien los descubriese de esa forma. Era su forma de contacto por excelencia con aquellos que no debían ser encontrados por el Ministerio o bien, por supuesto, para sus amistades nomaj.

Por algún motivo se acordó tarde del tajo de su brazo, la sangre ya había coagulado así que no seguía derramándose dejando un camino rojizo por su brazo. Le seguía molestando más la chaqueta que la herida. — Me debes un brazo nuevo, mira qué desastre —trató inútilmente de limpiar con el dedo la sangre seca. No quería usar magia aunque hubiese un hechizo para ello por no querer otra advertencia de Keith, era claro que debía ser cuidadoso porque estaban en el sitio donde el otro se quedaba y, por supuesto, no tenía que ser descubierto por cazadores.
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Keith Collins el Jue Jun 08, 2017 11:22 pm

-Ya te gustaría a ti poder estar en mi cuarto mientras hago esas cosas- le dijo mofándose de él levantando una ceja de forma característica y volviendo a sonreír marcando ese perfecto y gracioso hoyuelo en una de sus mejillas, -Aunque si fueras el mismísimo Peasegood ya estaría desabrochándote los pantalones- fingió una cara de sumo placer que acabo en una mueca de desagrado al pensar la escena, soltando una pequeña risa cansada al ver que su amigo le acompañaba con el gesto de desagrado al pensar en el cuerpo de su antiguo profesor, dándole otro trago al vaso casi vaciándole de nuevo, mirando la botella de nuevo, deseando poder usar magia para poder animarla y que esta se sirviera sola, comentándole de paso a Laith el cuidado que tenía que tener con el uso de la magia, pensando en principio que había tenido suerte pero no, tras la respuesta de su amigo, Keith se dio cuenta de que el rubio no se estaba ocultando en el mundo mágico, así que eso significaba que había tenido que rendir servidumbre al nuevo régimen y eso era admirable, el hecho de jugarse la vida jugando a dos bandos era una cosa peligrosa pero como él mismo había dicho, era más útil dentro del sistema.

Lo escuchaba mientras se llevaba un par de aceitunas a la boca haciendo algunos truquitos de borracho, bueno más bien algunos malabares, a los cuales el otro se animo lanzándole una oliva que pilló al vuelo moviendo un poco la cabeza hacía la izquierda para poder atraparla de lleno. Tuvo que carraspear porque casi se la traga entera, pero por suerte no pasó nada grave, aunque de haberse atragantado tenía la seguridad de estar con un sanador que podía hacer magia sin miedo a que lo descubrieran.

Bebió un poco para aclararse la garganta antes de responder, y se pasó la lengua por las muelas quitando los restos de chips que se le habían quedado pegados, -La verdad es que desde que me gradué y acabe mis estudios en la universidad no he hecho mucho...- paró para hacer memoria y poder aclarar sus ideas, -Tardé un año más en acabar los estudios porque tuve problemas en el segundo año, necesitaba..., encontrarme a mí mismo, unos cuantos meses después de acabar la formación mi madre, bueno..., ella murió..., el corazón le estaba fallando, nadie lo sabía, no quería preocuparnos supongo.- vuelve a coger el vaso para beber y volver a vaciar su contenido, ya van cuatro, -Cuatro meses después mi compañero en el cuerpo de Aurores me traiciona y se destapa toda una red de topos y magos ligados a las artes oscuras, unos corruptos dentro de la seguridad del congreso- confirmo con el tono algo dolido pero a la misma vez agresivo, sintiendo asco al recordarlo, -Fue un duro momento para la comunidad mágica en Estados Unidos, aunque seguramente lo habrán tapado de la mejor manera, ya sabes como son, nunca dicen las cosas claras- suspiró mientras llenaba de nuevo su vaso -Y al final pedí el traslado y me lo concedieron, a la división Inglesa, al parecer no estaban cubiertos, y ahora entiendo porque habían tantas vacantes- se mofó con tristeza por la situación.

-Así que, se podría decir que mi vida sin ti, ha sido algo cuesta abajo- le sonrió con agrado y se rascó la nariz, se había acordado de su madre mientras hablaba. Hacía tiempo que no lo hacía, que intentaba no hacerlo al menos, mantenía siempre la cabeza ocupada, porque no podía permitirse hundirse, y mucho menos ahora, tenía que sobrevivir.

Le volvió a sonreír con picardía, sacándose del bolsillo el último Iphone, -Pues claro que tengo teléfono, parezco un mendigo pero eso no significa que lo sea- le pasó el aparato al chico para que apuntara su número y diera un toque para que así su teléfono se quedara registrado en el del rubio, -Aunque lo de las palomas mensajeras estaría curioso, no creo que el ministerio intercepte muchos mensajes en palomas, aunque, puede que sí los cuervos- sonrió contemplando la idea de ver el ministerio lleno de palomas que cagaban por todos lados, al ser interceptadas por si alguna llevaba algún mensaje cifrado. El alcohol ya estaba haciendo efecto y es que la quinta estaba a punto de acabarse.

Se levantó de un salto de la silla al escuchar como el otro se quejaba del brazo y vio su corte, por un momento se había olvidado por completo cual había la situación en la que ambos se habían reencontrado después de tanto tiempo, -Espera un momento- lo volvió a dejar solo en la cocina/salón para ir a buscar algo de gasas y antiséptico para limpiar la herida, y aunque sabía que el chico era sanador y sabría como poder curarse con un movimiento de varita, prefería que no lo hiciera, y después de la pulla. de antes sabía que Laith no haria nada que pudiera ponerlo en peligro, porque aquel era su lugar seguro, y aunque no lo estuvieran buscando, sería raro que hiciera un hechizo sanador en un sitio tan aleatorio como el segundo piso de un edificio antiguo de una de las zonas más transitadas de Londres.

Arrastró su silla para estar más cerca del rubio y se sentó agachando la cabeza un poco para ver la herida mejor, -Pero si solo es un rasguño de nada- se rió, abrió la botella de agua oxigenada para limpiar la herida y le colocó un par de tiritas cubriendo la herida, -Ya está como nuevo- dijo dando una suave palmada para luego ponérselas manos en sus muslos y mirarlo a los ojos con una sonrisa amistosa en la cara, paseando luego la vista por los tatuajes visibles del chico. Dirigió su mano hacía el vaso así vació, -Veo que le has cogido una buena afición a tatuarte- señaló con la mano agarrando el vidrio a su cuerpo y luego se lo llevó a los labios acabándose la quinta copa.
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Laith Gauthier el Vie Jun 09, 2017 12:19 am

Qué triste estar de voyeurista, probablemente te ayudaría —le sonrió socarronamente medio broma medio en serio. No había cambiado su promiscuidad en todos aquellos años, las hormonas pensaban por él muchas veces. Pese a todo, soltó una sonora carcajada cuando habló sobre el profesor Peasegood y lo que le haría si estuviera ahí, y luego hizo un gesto de puro asco. En su tiempo se le había declarado a un profesor que por supuesto lo rechazó, pero ni de lejos se le hubiese ocurrido declarársele a dicho profesor. Aquello estaba demasiado fuera de su liga.

Laith había tenido que doblegarse, aunque nunca nadie lo convenció de volverse mortífago. Sólo era parte de esa resistencia pasiva que los fugitivos necesitaban para curarles y conseguir medicamentos robados de San Mungo. Daba información del mundo mágico, todo lo que podía desde la superficie. Arriesgando un rostro que no se esconde y que cualquiera podría reconocer, lo mínimo que esperaba cuando ayudaba era que nadie lo señalase y lo mandasen a matar. Por suerte aún permanecía con vida, así que no lo estaba haciendo tan mal.

Keith comenzó entonces a hablar acerca de su vida, una postura relajada mientras en ocasiones bebe del vaso; lleva menos alcohol que Keith, al menos de whisky, tiene que ser cuidadoso al beber si no quiere acabar en un callejón inconsciente. — Siento escuchar eso —fue su turno de darle el pésame por su madre. Parecía que las cosas no habían tenido una buena cara para su colega, la pérdida de su madre, la traición de su compañero, todo había sido sumamente devastador. Por sus palabras comprendió que no debía llevar mucho tiempo ahí como él, o al menos eso dio a entender. — Entonces supongo que te fuiste cuando explotó todo… —y por ello ahora estaba como un fugitivo.

Siempre he sido tu amuleto de la suerte, es tu culpa por haber dejado de escribirme —se burló un poco, buscando distraerlo de aquellas vivencias. — Lo cual es irónico, recuerdo que en adivinación siempre pronosticaba cosas malas —se encogió de hombros y se terminó el tercer vaso de un sentón, dejándolo en la mesa para poder servirse el siguiente. Le parecía extraño estar con alguien del pasado del que intentó escapar, al final no es posible escapar del pasado, ahora lo notaba.

Se sonrió divertido en cuanto le mostró aquel tan reciente modelo de teléfono, quién lo diría. — ¿A quién se lo robaste, cabronazo? —le dio un pequeño golpe con el puño en el hombro para fastidiar, tomándolo y escribiendo su nombre bajo el nombre de “Laith el mejor ♥”, colocando también su correo y aprovechando el momento para tomar una selfie donde saliese con Keith. Era casi un ritual cuando le permitían escribir su número: un nombre tonto y una selfie. Al final se llamó, sacando su teléfono del bolsillo y de la bolsa plástica; era reciente aunque no tan nuevo ni llamativo como el de Keith, recibiendo la llamada y guardando el teléfono.

Decidió hacer drama debido al corte de su brazo que no era nada serio, aunque Keith se lo tomó en serio y se dispuso a traer algo para tratar el corte. Sólo esperaba que la navaja no tuviese sida o algo parecido. — Me voy a morir, ¿sabes que uno se desangra más rápido con alcohol encima? —siguió dramatizando. Eso era en serio, pero obviamente no se iba a morir por un corte tan nimio que ya había coagulado. Exageró su reacción de dolor por el agua oxigenada aunque pronto le había puesto las tiritas y ya estaba. — Vaya, eres mejor sanador que yo —lo alabó como si hubiese hecho una operación de urgencia exitosa.

Se llevó una fritura a la boca mientras hablaban sobre sus tatuajes, mirando el del pecho que era el único que podía ver desde su posición, era lógico que el del cuello era imposible. — Este de acá es por mi viejo —le dijo, señalando la flor de loto en el cuello. Era su primer tatuaje y el que más cariño le provocaba. — Pero sí, digamos que es una buena forma de recordar cosas de manera artística… ¿Y tú? ¿No te has hecho ninguno? Ah, que eras auror, obvio que no —se mofó un poco de él con una sonrisa divertida. Él seguramente debería habérselo pensado mejor, pero en el trabajo el único problema que tenía era que lo considerasen menos hábil de lo que era, o que en la calle lo confundiesen con un delincuente.

El silencio se hizo de nuevo, miró su teléfono un momento y luego se sonrió un momento, alzando su mirada con una ceja enarcada y traviesa. — ¿Bailas o tienes dos pies izquierdos? —siendo completamente honesto, él iba a un antro a encontrarse a algún tipo atractivo con quien pasar la noche bailando y las ganas las tenía encima. Tenía música en su teléfono para la situación, un tanto divertido de ver qué respuesta conseguiría obtener de Keith, seguramente lo mandase por un tubo pero no perdía nada en el intento, las risas las iba a tener aseguradas. Había aprendido a no tomarse nada en serio en situaciones de ese tipo, así era todo más divertido.
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Keith Collins el Dom Jun 11, 2017 1:37 am

Habian terminado de ponerse al día, al menos den principio. Ambos habían hecho un resumen de sus momentos más significados, los cuales coincidían en la muerte de sus seres queridos y en otros cambios en sus vidas, aunque en realidad si fuese un concurso de dar pena esta vez había ganado Keiht, y no porque quisiera simplemente porque su resumen había sido bastante desalentador, aunque en realidad si Laith quisiera probablemente también podría contar más hechos desmotivantes que le han pasado en su vida. Así que allí se encontraban con un par de copas de whisky y una botella que nunca se vacía, charlando de sus cosas y trivialidades como los tatuajes que llevaba Laith, o los fetiches ocultos de Keith.

El castaño se rió ante el comentario sobre que no podía hacerse un tatuaje por ser auror, -Creo que tienes un concepto bastante retrogrado sobre nosotros- dijo empezando a desabrochar la camisa de rayas de franela que llevaba, solo unos cuantos botones para dejar ver su clavícula izquierda donde encima llevaba tatuada una frase que citaba, "Dont ever give up", -Es por mi madre, bueno y en parte por mi, porque no quiero darme por vencido nunca, o al menos quiero intentar no hacerlo-  le sonrió con esperanzas y volvió a cerrar su camisa un par de botones dejando los dos últimos abiertos, -Así que, no soy tan mojigato como tu te crees-.

Ambos callaron y se volvió a crear un silencio, que para Keith no era incomodo, se sentía bien con Laith allí, y aunque hubiesen perdido el contacto hacía ya tiempo, el castaño lo seguía viendo con los mismos ojos, aunque aún le costase mirarle directamente al pelo.

El rubio sin embargo quería llenar ese vacío con una proposición que hizo que el chico sonriera de una forma amplia dejando ver a penas los colmillos que tenía medianamente afilados, con un gesto pícaro, acompañando la situación, -Cuánto llevas deseando preguntarme esto buitre?-  le lanzó la pulla con gracia, llevándose otra aceituna a la boca, la última de ellas, para luego restregarse las manos contra la palma contraria para limpiarse y levantarse, -Esta bien, pero pon algo que sea bailable, y nada de meterme mano Gauthier que te conozco-. No sabía que música pondría el rubio, pero a juzgar por sus pintas sería algo extraño sin mucho ritmo que al final acabaría bailando con el típico contoneo que se usaba para cualquier tipo de música.

Sonó un bajo con una buena armonía para empezar la canción que acabó siendo acompañado por la batería, la guitarra y finalmente por la voz principal, no estaba muy seguro de si conocía al grupo de verdad pero aquello definitivamente no era una buena canción para bailar, -Venga tío, tienes que estar de broma esto no se puede bailar- le dijo cruzándose de brazos esperando que cambiara de canción.

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Currátelo con la canción si quieres que mueva este cuerpazo
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Keith CollinsFugitivos

Laith Gauthier el Dom Jun 11, 2017 5:50 am

Soltó un comentario acerca de su idea de que los aurores no llevaban tatuajes, pese a que el otro rápidamente le hizo ver que estaba equivocado al mostrarle el tatuaje sobre su clavícula que lo hizo sonreír, en especial en cuanto le hizo saber que no era el único que se había hecho algo por su pariente que ahora descansaba. — Bien, me retracto señor no-tan-mojigato —aprovechó para mofarse un poco de aquello, encogiéndose de hombros. — Es un buen tatuaje, creo que es algo digno de recordar siempre y más ahora —le hizo saber con un ademán simple y resuelto de su cuerpo.

El silencio era extrañamente cómodo, no parecía que hubiesen pasado años desde la última vez que compartieron un silencio así, se había distraído con su teléfono un momento, además de que no les daba tregua a las chips que comía con frecuencia. Cuando terminó de distraerse, acabó proponiéndole bailar de forma traviesa con una sonrisa, acabando por soltar una risa sonora cuando lo llamó buitre.

Es mi secreto, nunca lo sabrás —le guiñó un ojo con un gesto juguetón, como si en serio se lo hubiese pensado mucho tiempo y no se le acabase de ocurrir. Le resultaba curioso hablar con alguien como si el tiempo no hubiese pasado, las mismas bromas de hace años. — Tío —dijo en son de queja al recibir la advertencia, — ¿qué es un baile sin metida de mano incluida? —giró los ojos en un gesto abnegado, aunque no estaba hablando en serio. Por ejemplo, cuando bailaba con chicas ni aunque se lo pidieran lo haría. — Depende de qué quieras bailar, ¿Time of Vals te va? —lo fastidió un poco.

Según Laith todo se podía bailar con buena imaginación, le puso una sólo para molestarlo suponiendo que era precisamente lo que el otro no querría escuchar. Se mordió el labio mientras pensaba en qué demonios podría Keith considerar “bailable”, ¿le ponía una salsa de las de antes? ¿Un flamenco querría? Soltó una risa para sí mismo bajo el pensamiento, encogiéndose de hombros mientras buscaba en su teléfono una buena carpeta de música, buscando el vaso de whisky con su otra mano mientras buscaba alguna canción.

Viejo, no tengo ni idea de qué consideras bailable, deberías estar preparado para bailar cualquier cosa —se quejó con una sonrisa socarrona, aunque realmente creía que era en serio. Se había puesto también de pie, whisky en la diestra y el móvil en la zurda mientras buscaba alguna canción. Intentó en vano algunas canciones que el otro tajantemente había rechazado y con cada rechazo él soltaba una risa nasal. — Estoy empezando a arrepentirme, ¿qué opinas de esta? —le preguntó, colocando otra canción.

Se notaba de lejos que no estaban teniendo un punto en común de gustos, y probablemente intentaría sólo un poco más y le pediría a él que le dijera un título. Por lo pronto había colocado “Moves like Jagger” para ver si era algo de lo que el otro consideraría bailable. Había vaciado un nuevo vaso de whisky y colocó el cristal encima de la mesa de centro, no pensaba servirse hasta que volvieran a sentarse, así que por el momento se decidió a encontrar una buena canción para poder cumplir aquel tonto capricho con el que se había dispuesto a divertirse un poco.

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Keith Collins el Dom Jun 11, 2017 6:18 pm

Se quedó allí inmóvil esperando que el otro pusiera una canción con la que poder bailar un poco, mirándolo con una sonrisa bastante picarona, regodeándose en haber conseguido poner en tensión a su amigo, y es que hacía mucho que no tenía un momento de amistad con nadie así que estaba disfrutando al máximo de aquel, que por lo que Keith sabía podía ser el último que tuviera en mucho tiempo, aunque algo le decía iba a ver a Laith más a menudo a partir de ahora. Se soltó un poco el cuerpo y se acercó para quedarse enfrente de él apoyando la cabeza en la del rubio y poder ver la pantalla del móvil. La mitad de los temas eran desconocidos para el castaño y los que conseguía reconocer no los consideraba buena música para poder moverse un poco.

-No sería tan difícil si tuvieras menos música rara en el móvil- se rió de el con la cabeza apoyada en la suya dejando de vez en cuando el peso muerto sobre el otro chico y ver mejor, tentado a meter la mano de vez en cuando delante de la pantalla solo para incordiar pero conteniéndose al final. Volió a incorporarse fijando la mirada en el rubio y su cara de concentración buscando un buen tema con una sonrisa dibujada en el rostro cuando le preguntó sobre una que había visto, no dijo cual era solo dejó que el pulgar presionara la pantalla en la parte que controlaba el botón para hacer que el aparato empezara a leer el archivo de audio.

Con los primeros sonidos del tema Keith ya sabía cual era y una sonrisa amplia fue apareciendo en su rostro a la vez que daba una pequeña palmada de emoción, -Eso si puedo bailarlo- movió un poco la pequeña mesa con las sillas que tenía allí para tener más espacio y le quitó el móvil de las manos a su amigo poniéndolo encima de la mesa, con la botella y los cuentos cerca para que el sonido rebotara en el cristal y se amplificara, era tarde pero Keith no iba a tener problemas con los vecinos por el ruido, porque básicamente no tenía.

Se contoneó un poco mientras se preparaba, moviendo los labios como si fuera él quien cantase pero sin pronunciar palabra alguna, solo gesticulando, hasta que la canción llego a su momento justo y rompió en el estribillo subiendo el ritmo de la melodía y haciéndola mucho más movida. Keith se consideraba un buen bailarín, no era el típico que presumía de ello y tampoco se podría dedicar de forma profesional a ello seguramente, pero cuando iba a algún sitio, que no era muy frecuente, y había música lo daba todo en la pista de baile, a veces para impresionar a alguien y otras veces por pura diversión, aunque verdad cuando impresionaba a alguien también lo hacía por divertirse porque luego quedaba todo allí, en la pista.

Empezó a moverse de forma divertida hacía el rubio, -Yo pensaba que sabrías moverte mejor Gauthier, me decepcionas- le dijo quedando bastante cerca de él e intentando imitarlo pero empeorando los pasos haciéndolos más patosos y poco vistosos para burlarse un poco de él, acabando por empezar a contonear la cadera y moverse de forma locuela, -Venga, demuestra que los sanadores saben pasárselo bien- le reto.


A DARLO TODO!!:

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