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Shake this high [Priv. Stella Thorne]

Laith Gauthier el Lun Jun 12, 2017 1:27 am

Era una mañana de domingo aburrida, nublada y que no tenía trabajo; los domingos así no le gustaban, y nadie de sus colegas salía de fiesta los domingos porque “el lunes toca laborar”. Sí, Laith iba pensando en la fiesta nocturna desde esas horas en las que acababa de salir de casa. Había salido a correr temprano antes del alba, había vuelto a desayunar ligero y darse una ducha para quitarse el sudor y luego había vuelto a salir. Decidió ir a la zona nomaj de Londres, no le apetecía ser el sanador serio y decente sino el donnadie de pintas extravagantes.

Entró en una cafetería y se pidió un café americano para terminar de despertar si aún le quedaba algo de pereza. Bostezó, empujando el puente de sus lentes negros por el puente con el nudillo para cubrirse la mirada esmeralda y de paso quitarse un mechón rubio que tenía en la cara cubriéndole la mirada, suspirando. Poco a poco el sueño y el cansancio se fueron cayendo con el café, la música en sus audífonos lo contagió de energía mientras sonreía para sí mismo.

Gotta slow up, gotta shake this high, gotta take a minute just to ease my mind, ‘cause if I don’t walk, man, I get caught out and I’ll be falling all the way down —comenzó con la canción, la que siguió cantando mientras sus pasos se adaptaban al ritmo, en su propia emoción, un videoclip solo para su disfrute. La gente lo miraba al caminar, pero qué más le daba, por cosas más estúpidas lo habían volteado a mirar con esos ojos de “llévenlo a un psiquiátrico, por favor”.

La emoción de la canción de pronto lo hizo estremecerse, llevándose una mano a la nuca al sentir un escalofrío y un hormigueo. Algo no estaba bien, le dijo su sexto sentido arácnido. Es decir, su sexto sentido sanador. Sus pasos dejaron de ser tan rítmicos mientras detrás del cristal oscuro sus ojos se paseaban por entre la ciudad, buscando algún sitio mientras seguía oyendo música pero ya no se entusiasmaba tanto, estaba más preocupado, una angustia había tomado sitio en su pecho acunándose en éste. Se llevó la zurda a la manga de la chaqueta derecha sólo para asegurarse de llevar su varita en caso de emergencia.

Sus pasos lo sacaron del área concurrida de la ciudad adentrándose a una mucho más silenciosa, de esas que uno piensa que lo van a asaltar a la mínima. Se quitó un audífono para escuchar mejor y entonces se asustó en cuanto escuchó un intercambio de hechizos y ataques en un callejón a apenas metros de su posición. Maldijo en francés y sacó su varita mientras apretaba el paso, esperaba encontrarse con una pelea cualquiera y nada que lo metiera en problemas con la ley, mirando por la entrada discretamente. Parecía un hombre que presumía la marca tenebrosa en un brazo descubierto, así que rápidamente creyó que era un cazador.

Atacar por la espalda es, como poco, cobarde, pero situaciones delicadas requieren reacciones delicadas. — Confundus —lanzó el hechizo, esperando que él no pudiese reaccionar quién era como para no poderlo reconocer después. Se alzó el cuello de la chaqueta como si eso de pronto le diese anonimidad, como Súperman y sus lentes, y rápidamente empezó a caminar en dirección al par, sujetando a la chica del brazo y haciendo una aparición sin preguntarse si ella era como él o si estaba herida, de eso se encargaría en cuanto estuviesen a salvo.

Al aparecer, el que se fue de bruces fue él, al haber aparecido caminando dio un paso apenas llegó a otro callejón del otro lado de la ciudad en una zona igual de desolada que la primera. Cayó de rodillas con las manos en el suelo, buscando el aliento que le faltaba, putas apariciones. Entre el mareo se le habían caído los lentes al suelo, volviendo a mirar a la chica mientras se recomponía y se levantaba del suelo mientras tomaba los lentes de sol, tenía que recomponerse por si acaso se había equivocado y la persona que creyó era una víctima no lo era en realidad.
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Stella Thorne el Lun Jun 19, 2017 1:46 am

Las altas temperaturas en las calles de Londres no le ayudaban a Stella en su misión de pasar desapercibida.  Era la primera vez que salía del refugio, sabía que lo que estaba haciendo no era para nada cuerdo e inteligente, más aún si su rostro se veía en las calles junto a un gran “SE BUSCA” junto a el. Pero no podía estar más tiempo dentro, necesitaba salir, necesitaba ver otros paisajes, pero por sobre todo necesitaba un pasaje a Manchester.

Se había puesto unos lentes de sol negros que le cubrían casi la mitad de su rostro, eran grandes y circulares dándole un aspecto de ojos de mosca junto su delgado rostro. A su vez también se había tomado su cabello y lo había guardado dentro del jockey color rojo que se había puesto, llevaba una sudadera blanco, unos short de jeans y unas zapatillas negras. Era ropa cómoda, ya que si llegaba la hora de escapar debía estar preparada.

Todo iba de maravilla, hasta se había comprado un par de barras de chocolate  que se las fue comiendo en el camino, hasta que llegó a la estación de trenes.  Era día domingo, y la estación se encontraba repleta de personas que pretendían volver a sus hogares después de un fin de semana de descanso. A diferencia de ella, que sólo había dejado la comodidad  y seguridad del refugio para ir en busca de su amigo Adae, tenía un pésimo presentimiento y si no había ido antes a su encuentro era porque jamás había estado en Manchester y porque muchos en el refugio la mantuvieron vigilada para que no se le ocurriese cometer una locura, aunque por más que la tenían entre ojo y ojo ahora ella se encontraba aquí, rompiendo toda regla de seguridad.

Sentía entre rabia y un miedo tremendo por el ravenclaw, rabia por no haberle dicho nada y haber partido sin ella a lo que prácticamente era un suicidio, y miedo, porque por más que quisiera golpearlo por pensar que él era una carga para ella sus ganas de que no le pasará nada eran mayores, Adae se había convertido como en una especie de hermano pequeño para ella, era su amigo, y no se quedaría de brazos cruzados sin saber si estaba sano y a salvo.

Mientras se encontraba en la fila, miraba para todos lados intentando ver si se veía algo fuera de lo normal, o personas que demostraran ser cazadores. Pero luego de un par de minutos renunció a aquello y simplemente se tranquilizó, no creía que ellos se mezclarían con el mundo muggle y mucho menos hicieran un escándalo en plena estación pública.

Cuando llegó a la boletería, pidió su pasaje con la mayor tranquilidad posible, todo iba perfecto hasta que la señorita que atendía le pidió su cédula de identidad, para su suerte la vez que había ido a advertirle a su padre y tío de la situación que rondaba el mundo mágico se había llevado todos sus documentos tanto muggles como mágicos con ella, así que sin mayor problema le tendió su cédula de ciudadana británica. Pero lo que sucedió a continuación fue lo extraño, al ingresar su número de identificación en el sistema el rostro de la chica que la atendía se tornó entre un blanco nieve y un morado Berry, y entre temblores y un leve “Discúlpeme, debo ir a ver algo y vuelvo” se levantó de su asiento y desapareció tras la puerta.

Los otros vendedores del mesón la comenzaron a mirar como si de pronto le hubiera crecido otra cabeza, Stella comenzó a sudar helado y volvió a mirar a su alrededor, los guardias de la estación comenzaron a agruparse.

Mierda, mierda, mierda.

Sin pensarlo ni por un segundo , y dejando su cédula atrás comenzó a correr hacia la salida, lo más dificultoso fue hacerse espacio entre la multitud de gente que había aquella mañana en la estación.

- ¡Detenganla! A la chica de jockey rojo.- escuchó tras de su espalda, aumentó su paso y sin importar dar empujones a diestra y siniestra logró salir de la estación.  Se metió en el primer callejón que pilló, y corrió para dejar atrás a quienes la estuviesen siguiendo. Cuando observó que no había nadie detrás suyo se detuvo, apoyó su espalda en la pared y trató de tranquilizar su respiración, aún no era una maestra de la aparición por lo que debía realmente estar concentrada si es que no quería llegar con un brazo menos al refugio.

Estaba en ello cuando un rayo de luz pasó rozando la punta de la nariz.- Mierda.- masculló, volteó el rostro y observó a un encapuchado en la otra esquina, sacó su varita.- ¡Expelliarmus!.- exclamó hacia su dirección, no había logrado darle a la varita pero si al hombro de aquel hombre que lo hizo retroceder un par de pasos y a la vez darle tiempo a la Gryffindor de volver a correr.

Corría con todas sus fuerzas, necesitaba pillar un lugar en el cual esconderse.- Ah, maldición.- gruñó al sentir un corte en su brazo derecho, se llevó la mano a la herida, y con el ceño fruncido giró dispuesta a atacar al hombre y darle pelea, cuando de pronto ante sus ojos apareció otro chico y antes de poder emitir palabra o acción alguna se había desaparecido junto a él, no sin antes fijarse que el hombre que la perseguía se encontraba tendido en el suelo.

Al volver a pisar tierra firme, y obviando la desagradable sensación de la aparición en conjunto se paró rápidamente sintiendo de paso un enorme mareo que la hizo desestabilizarse un poco, aun así levantó su varita hacia el chico.-  Expelliarmus.- lanzó el hechizo hacía la varita del chico logrando que esta saltará lejos y antes de que este se moviera se acercó hacia él y lo arrinconó en la pared.- ¿Quién eres? .- le preguntó secamente mientras lo apuntaba con su varita.

Todo indicaba que aquel chico que tenía enfrente le había ayudado, pero en los tiempos en que se encontraba no debía confiar en nadie. De hecho ya se sentía completamente idiota por haber salido sin siquiera haberse puesto a pensar que viajar en tren era una idea horrible, por lo que cometer otro error no se lo podía permitir. Además, quién le aseguraba que el chico sólo la había ayudado para ganarse el la recompensa por su cabeza, nadie, nadie se lo aseguraba.

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Laith Gauthier el Lun Jun 19, 2017 7:01 am

A veces uno se encuentra en el lugar equivocado en un momento inoportuno, pero que para otra persona puede ser el instante más preciso. Era a medias lo que Laith sentía, una parte de él lo hacía querer frenarse y la otra, la que dominaba, no lo dejaba hacerlo, no podía detener sus pasos, sacó la varita de un movimiento y pronto el sujeto que atacaba a la chica ya estaba en el suelo, su corazón estaba latiendo a una velocidad increíble mientras empezaba a caminar, había sucedido todo en apenas cuestión de segundos y entonces ya habían desaparecido, su experiencia lo hacía más sencillo aparecer sin pensárselo demasiado.

Eso era un mal plan, siempre lo era, pero no había otros modos de salir de ahí rápidamente. La desagradable sensación parecía querer matarlo, le costó recomponerse, necesitaba hacerlo por si tenía que defenderse, con la diestra sobre el vientre intentando pasar las náuseas. Ambos parecían no estar de lo mejor, inestables y mareados, la chica no le dio tiempo a reaccionar cuando ya lo tenía desarmado, su varita salió disparada arrastrando su mano hasta que se la arrebató, dejándole la zurda alzada hacia el sitio donde se había marchado volando.

El mundo iba demasiado rápido para su mareo, así como fue desarmado estaba arrinconado contra la pared, amenazado con la varita de ella. ¿Así era como moría? Siempre había imaginado algo más… heroico. No muerto a manos de una niñata que pensó era “de los suyos”. Recargó su espalda contra la pared, se iba a caer si no lo hacía, tomó una bocanada de aire mientras alargaba el silencio tras su pregunta sobre identificarse. La cabeza no dejaba de darle vueltas, joder, parecía que se había tomado dos botellas de tequila de una sentada.

Soy… Laith, ¿sí? Un sanador… —sólo dio su nombre de pila, pero se preguntó cuántas personas en Londres se llamaban así, Laith. No muchas, se temía. Dejó de darle vueltas a su nombre conforme iba pasando el mareo. — Sea lo que sea… puedo explicarlo, ¿bien? —tenía que ser cuidadoso, ella podía estar de cualquier lado de la moneda y sea cual fuese el lado que él cogiese podría ponerlo en una situación muy incómoda. — Puedo… curar eso, si me dejas… —señaló con su vista el corte sangrante en su brazo derecho, las manos alzadas, podría hacer uso de la fuerza para someter a la chica, pero antes que todo era un caballero.

Tenía, primero, que reorganizar sus prioridades, cómo se le ocurría que curar un corte en un brazo era más importante que volver a armarse y quitarse esa varita que apuntaba en su dirección. Segundo, tenía que tranquilizarse y tranquilizar a la chica, que no quería realmente morir por algo así. Se la imaginó como un cachorro asustado, no iba a hacer movimientos bruscos o podía morderlo, acababa de ser... ¿atacada? ¿Atacó a alguien más? Y era normal que estuviese asustada por su vida.

¿Por qué no… simplemente bajamos las varitas y hablamos? —la suya estaba lejos, tenía que buscarla pues no había visto con claridad en dónde había caído. Suponía que no iba a tener un buen recibimiento, después de todo, era él quien estaba en desventaja, obviamente no iba a dejarlo armarse cuando significaría estar de nuevo en igualdad de condiciones, su espalda aún recargada contra la pared intentando recuperar la estabilidad de su cuerpo tras la aparición. — ¿Quién eres tú? —fue su siguiente pregunta, no quería sonar amenazante sino todo lo contrario. Con su mirada buscó la dirección a donde había ido su varita.
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Stella Thorne el Sáb Jul 15, 2017 7:51 pm

En esta oportunidad Stella realmente había querido tomarse las cosas en serio. Era muy consciente de las cosas que ganaba y a al vez perdía con haber escapado de Hogwarts y no sólo eso sino que a su vez haber ayudado a un hijo de muggles a escapar. Sí  había ayudado a su querido amigo Adae West, que curiosamente era la persona por la que ahora se estaba saltando una de las reglas principales del refugio; no pedir ayuda y partir sola en su búsqueda. Sola y sin ningún plan bajo la manga, muy bien Stella, muy bien.

¿Se arrepentía de haberlo ayudado a escapar? Jamás, ni siquiera pasaba esa posibilidad por su cabeza, lo que sí estaba confundida, y un poco dolida, sí un poquito. Que realmente le hubiera gustado que el ravenclaw confiará en ella y le hubiera dicho que extrañaba su familia ¡Joder que ella lo hubiera acompañado!  Pero no. Fue solo, al igual que ella en esos momentos.

Y como todo plan impulsivo que tomaba la ex-Gryffindor terminaba un poco en desastre, no pasaron ni cinco minutos para que su presencia fuera descubierta en la estación de trenes. Por un pelo logró escapar, o mejor dicho por un chico que ahora tenía acorralado a la pared y con su varita apuntadolo. Sí a todas vistas él la había ayudado, pero no podía confiar tan fácilmente ¿verdad? y menos en los tiempos en que se encontraba.

Escuchó sus palabras y frunció el ceño. ¿Qué herida? bajó su mirada hacia su brazo izquierdo "Oh, esa herida" hizo una mueca y clavó su mirada en los ojos del chico. Había olvidado por completo aquello y ahora que él la había vuelto a mencionar le había vuelto a doler ¡jodida vida!. Soltó un resoplido, le dedicó una última mirada entrecerrada como si lo estuviera analizando con ella para luego suspirar y encogerse de hombros.- Ok, yo bajaré la varita. La tuya, no tengo idea donde cayó la verdad.- ladeó su cabeza y sonrió de lado encogiéndose de hombros burlona.  Para luego alejarse de él y cruzarse de brazos.

Lo observo.- No es una herida grave, pero gracias por la propuesta de todas formas.- dijo mirándolo, para luego llevar su varita a su brazo y por lo bajo pronunciar un "Tergeo" para limpiar la sangre y un "Episkey" para sanar la herida por completo. Levantó su mirada nuevamente y miró alrededor.- ¿Dónde estamos?.- le preguntó, necesitaba ir a Manchester y quizás el chico podía ayudarla.

Un corazonada le había hecho confiar en el chico, al menos para haberse alejado de él en vez de lanzarle un puñetazo directo a la nariz. Quizás aún lo suficiente para decirle su nombre, pero por algo se empieza ¿no?.

- Katherine, me llamo Katherine.- agregó, era una mentira sí. Pero no del todo, quién dice que quizás en otra vida ella se hubiera llamado así ¿eh? Ok, sí era una mentira de tomo y lomo, pero una piadosa.- Necesito ir a Manchester.- soltó de la nada. No perdía nada con intentarlo. Absolutamente nada.

OffRol: Mil perdones por la demora <3 Pero ya salí de vacaciones, soy feliz jejé
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Laith Gauthier el Dom Jul 16, 2017 4:31 am

El sanador se había quedado recargado en la pared unos minutos incluso luego de que la chica se separara de él, accediendo a bajar la varita y dándole permiso de buscar la suya. La vio arreglar su propio brazo sin el menor problema, la pregunta que ella había hecho era… muy buena de hecho, ¿a dónde los había llevado? Tendría que salir del callejón para poder descubrirlo, de buenas a primeras no tenía ni idea, sólo pensó en el callejón más lejano que pudiese y ahí estaban. Los ojos verdes del hombre miraron curiosos el lugar a su alrededor.

Cuando sintió el mareo empezar a bajar, realmente se dispuso a buscar la varita, ¿dónde se había metido? — En realidad… no tengo ni la menor idea —confesó, porque no le importaba en lo más mínimo perder un poco el orgullo, qué más le daba no saberlo todo en el mundo. Ella también le dio su nombre, asintiendo con la cabeza, ¿estaba en búsqueda y captura? ¡Ni idea! Laith no miraba mucho los carteles, él sólo buscaba gente conocida en ellos. — ¿A Manchester? ¿Para qué quieres llegar? Más importante, ¿por qué te atacaron? —le preguntó, curioso.

Sólo conociendo información sobre ella sería capaz de ayudarla, ahora que parecía haber decidido confiar en él. Su varita resultó estar detrás de una pila de cajas, muy buena estrategia de la chiquilla, desarmarlo y esconder su varita. Era joven pero no tonta, adivinó Laith mientras la recuperaba y la guardaba dentro de su manga derecha, acercándose a la salida del callejón para poder ver en dónde se encontraban y cómo podía uno llegar a Manchester. Aún estaban en Londres, del otro lado de Londres pero sin haber salido del lugar, exhalando mientras se acariciaba la barbilla.

Bien… En vista de las circunstancias, no podemos ir en tren —porque, sí, se acababa de incluir en su plan. La chiquilla no debía pasar los dieciocho años, de acuerdo a la buena vista que tenía Laith para identificar gente, pensándoselo un poco hasta suspirar. — De un uno al diez, ¿cuánto te urge ir? —miró a la chica directo a los ojos, estaba por hacer una jugada que podría diferenciar perfectamente entre un plan magistral y un plan fallido. Iba a poder notar si ella era sincera a menos que la chica tuviese habilidades mágicas para imposibilitarle leer su mirada de forma “nomaj”.

Dependiendo de su respuesta, que no fue nada tranquilizante, el mayor se guardó una mano dentro del bolsillo. — Puedo pedir un coche, pero esto tiene que quedar entre tú y yo —si llamaba a Lindsay y le explicaba todo, la muchacha le prestaría su vehículo bajo la amenaza de que quería que lo lavase y le llenase el tanque de la gasolina al regresarlo y Laith aceptaría, pero para ello tenía que sentirse tan confiado de Katherine como ella debió sentirse con él al indicarle aquello que al menos al rubio le pareció una petición de ayuda. Laith era demasiado débil como para ignorarla.

A veces el rubio pecaba de ser ingenuo, también de ser tan sumamente amable que a veces no calculaba que las cosas podían volverse en su contra. Pero esa chica no le daba mala espina, él era muy sensible a esas sensaciones, de darse cuenta de que algo no iba bien, pero la joven no se lo generaba, por lo que creía, o al menos quería creer, que todo iba a estar bien. A veces, sin embargo, le gustaría ser metamorfomago como Steven, así al menos nadie lo reconocería fácilmente.

[OFF]: ¡No te preocupes, me alegra que seas una elfo libre! :A
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Stella Thorne el Sáb Jul 29, 2017 5:19 am

Tras alejarse unos pasos del chico y ocuparse de su herida miró alrededor. A simple vista se veía un callejón como cualquier otro. No tenía idea dónde, pero con sólo echar un vistazo lograba observar que aún permanecían en Londres; por sus colores, olores y clima. Le preguntó al chico que la había ayudado pero por la mirada que hecho al lugar comprendió antes que le respondiera que él tampoco sabía muy bien.  No lo culpaba, ella era peor con la aparición, aún era una novata y si ella lo hubiera intentado de seguro los dos hubieran terminado en Tijuana y sin una parte de su cuerpo.

Soltó una leve risota al escuchar de sus propios labios que no tenía idea en dónde se encontraban. Sin dejar de dedicarle cada cierto tiempo miradas al chico (ya que nunca debía perder su sentido de alerta, y menos en estos tiempos) comenzó a caminar hacia la esquina del callejón para al menos hacerse una idea de dónde habían ido a parar. Pero nada, jamás había visto esas calles en su vida, suspiró. Le dirigió una mirada al chico tras escuchar sus preguntas, caminando nuevamente hacia su lado. Lo miró detenidamente sopesando si decirle o no sus verdaderas intenciones, pero sabía que fuese como fuese era la mejor opción que tenía hasta el momento.

Además, no sabía con qué o quiénes podrían encontrarse en la casa de Adae, quizás si el chico le ayudaba…- Un amigo está en problemas.-  le dijo, no sabía exactamente si sus palabras eran verdad. ¿Pero han sentido alguna vez esa sensación en el pecho que te dice que algo anda mal? Pues bueno eso sentía Stella cada vez que pensaba en su amigo. Sentía una presión horrible. – Soy…soy una fugitiva. Escapé de Hogwarts.- terminó por decir sin más. Ahí estaba la verdad, sí el chico quería seguir a su lado bien, sino pues seguiría sola su camino, ya que devolverse nunca ha sido una opción para la Gryffindor.

- Mil.- respondió nuevamente, aumentando el número para que comprendiera lo importante que era para ella todo aquello. Necesitaba saber que Adae se encontraba bien, necesitaba saber que seguía de una pieza, y que junto a su familia por fin había recuperado ese brillo en sus ojos que se había fugado en el último tiempo. Añoraba pensar que llegaría a su casa y se tomaría junto a él y sus madres una deliciosa taza de chocolate, mientras ella les prometía que haría que el ravenclaw probaría el puré de Robert. Pero ahí estaba la presión el pecho que le decía que debía correr en su búsqueda. Y como ella nunca se ha caracterizado por ser alguien que razone mucho antes de accionar ahí estaba confiando en un completo desconocido sólo para llegar a su destino.

Dejando de lado todo se acercó al chico y clavó su mirada en él.- Por favor, sería de gran ayuda. Te suplico que por favor me lleves allí. Sé que corre peligro, tiene tan sólo trece año, lo persiguen,  no tiene su varita…- se le quebró la voz, por lo que se detuvo un momento y tomó aire para luego continuar.- Si quieres puedes dejarme allí e irte, no diré jamás nada de ti. Pero por favor ayúdame a llegar a esta dirección…- dijo suplicante mientras metía su mano en el bolsillo derecho de sus jeans y sacaba un papel en donde había anotado la dirección que le había escrito Adae en su carta.

Quizás hacía mal en confiar en él, quizás hacía mal en ir hacía la casa del ravenclaw. Tal y cómo había reaccionado ante su carta sabía que ir allí era un completo suicidio. Pero él era su amigo, y ella por sus amigos haría todo. Con el sanador o sin él lograría su objetivo, y si tenía que poner el pecho a la bala pues bueno, que así sea.
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Laith Gauthier el Mar Ago 01, 2017 8:57 am

Laith en ese momento tenía más preguntas que respuestas, lamentablemente se encontraban en una situación donde no podías confiar en nadie que te despertase más intriga que soluciones. No le dio miedo que ella supiese que no estaba seguro de poder confiar en ella, pregunta tras pregunta, algo le decía que desconfiase de las respuestas, otra parte de él le suplicaba que no lo pensara demasiado, si lo que ella decía podría estar en juego la vida de una persona. Tras dudar, le reveló su verdadera identidad, una fugitiva del colegio; alzó la mirada al cielo unos segundos antes de tomar una decisión que marcaba el rumbo de sus preguntas posteriores.

Sólo le quedaba una única duda tras saber el nivel de urgencia de aquella odisea, el que ella no lo rebajase al nivel de traidor por, válgase la redundancia, traicionar al régimen por ella. Había todo tipo de rastreras personas en el mundo. Algo le pesó en el pecho dolorosamente al oír la edad del muchacho desarmado y perseguido. Tomó la dirección que ella le extendió, ¿dónde era? Ni una idea. Podía ponerlo en el localizador del teléfono e irlo siguiendo, pero primero necesitaban algo donde moverse. Algún día iba a meterse en muy serios problemas.

Un segundo —y en ese tiempo ya había sacado el móvil y llamado por la marcación rápida, se separó un poco para hablar cómodamente. Por un segundo creyó que lo enviarían a buzón, pero no sucedió. — Guapa, ¿qué tal? Necesito un favor, ¿puedes hablar? —preguntó rápidamente, la voz del otro lado lo calmó. Eran los problemas de llamar a magos y brujas dentro de la sociedad, que a veces uno no podía atender las llamadas por seguridad. En fin, la conversación fue bastante breve, Lindsay nunca hacía demasiadas preguntas en el momento, sólo le dijo que debería ir a la casa de la chica por las llaves primero.

Mientras hablaba, le había hecho un gesto a Katherine para que lo siguiera, necesitaba un sitio de referencia para saber en dónde se encontraba parado. Habían salido del callejón y empezado a caminar, así cuando colgó la llamada ya llevaban un trecho avanzado, guardando el teléfono y la dirección en el mismo bolsillo. Todavía necesitaba saber cómo llegar ahí. De pronto vio uno de sus restaurantes más frecuentes y supo exactamente en dónde estaba, no estaban precisamente lejos del sitio a donde deberían ir.

Tenemos cómo movernos, pero primero hay que recoger las llaves en el departamento de mi amiga… Luego de eso, el coche está a seis calles dentro del mundo nomaj —le explicó el plan, aunque él mismo ya sentía el tiempo encima. Por ello, en cuanto tuvo la oportunidad, volvió a entrar en otro callejón tomando a la chica del antebrazo. Más o menos el mismo tiempo que le fue necesario para aparecerse en un estacionamiento abandonado donde había un único coche de color plata, mismo en el que el sanador se recargó con los codos en la cajuela. — Tú esperarás aquí —jadeó, no tenía tiempo para tener esa recaída.

Esos cinco minutos intentando recuperar el aliento, las fuerzas y pasar el vértigo se replanteó toda su vida, como si le hubiese pasado en regresivo frente a sus ojos. Pero, siendo honestos, no le había importado en lo más mínimo, sino que al cabo de ese tiempo se separó del coche y le dio ambas cosas, la dirección y su teléfono. Todo en su teléfono tenía clave, sólo a una reducida cantidad de aplicaciones podría acceder sin la codificación necesaria, protegiendo así a sus contactos y a sus mensajes.

Tú mientras tanto localiza la dirección, ¿sabes usar esto? —muchos niños mágicos, adultos incluso, no estaban nada familiarizados con la tecnología nomaj. Fuese del modo que fuese, ella debería poder adivinar cómo funcionaba, ¿no eran los jóvenes reconocidos por su curiosidad? — Volveré pronto, no dejes que nadie te vea si alguien aparece por aquí —le prometió, pidiéndole que tuviese cuidado por si el plan se torcía, aunque honestamente no creía que las cosas fuesen de esa manera. Todo debería salir de acuerdo al plan.

Había empezado a caminar hacia la dirección que necesitaba y apenas diez pasos caminó antes de separarse del suelo, necesitaba ahorrar tiempo y no andarse con cuidado, así que tomó su forma animaga creyendo que había salido del rango de visión de la muchacha para poder llegar al departamento, entrar y salir casi en una misión ninja. Muchas veces esas misiones suicidas eran en parte parecidas a las películas de súperdetectives de los nomaj, se metía en problemas y ya de pronto estaba en una película de acción. Muy divertido todo. Hasta que tocaba enfrentarse a duelo.
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Stella Thorne el Miér Ago 16, 2017 4:17 am

La Gryffindor podía ser sumamente orgullosa y testaruda la mayoría del tiempo. Y si hubiera sido otra la ocasión, ni siquiera se hubiera detenido en pensar en pedirle ayuda a un desconocido. Pero como todo cambia, era esa misma Stella quien ahora con voz quebrada le rogaba un poco de ayuda a ese chico que conocía como máximo hace dos minutos. Pero eso sólo lo hacía porque algo le decía que Adae necesitaba ayuda. Es que, ¡Claro que la necesitaba! Si el muy gilipollas había ido prácticamente a su suicidio. Yendo solo, sin varita y nada más que una sonrisa y mirada soñadora como arma. ¡Sí lo llegaba a encontrar bien,  juraba que le daría un buen puñetazo regañador! (Después de abrazarlo por horas, claro está).

Trató de transmitirle al chico la gravedad del asunto, él la había ayudado por lo que esperaba que entendiera lo importante que era para ella llegar hasta esa dirección. Más que mal él la ayudó frente a dos Mortifagos que no se veían nada amigables, de seguro se llegaba a imaginar que le podía pasar a un niño de trece años sin varita ¿no?. Bueno, al menos esperaba que si lo entendiera.

Un rayo de esperanza llegó a su cuerpo cuando el joven aceptó la dirección. Y fue cuando el chico se alejó de ella y llamó por teléfono que una sonrisa apareció en el rostro de la castaña. La iba a ayudar, o al menos eso parecía. Todavía había una oportunidad de llegar donde su amigo de una pieza y poder comprobar que se encontraba bien. Escuchó silenciosamente la conversa que el sanador estaba entablando al parecer con una mujer.

Pegó un pequeño saltó cuando vió que el chico le hacía una gesto para que lo siguiera, sin poner resistencia alguna le siguió, observó como este miraba para todas partes al parecer en un intento de saber en dónde se encontraban.

- Ok.- le respondió con tono seguro. No tenía idea cómo es que había logrado todo aquello o quizás los favores que le debía su amiga, pero lo había conseguido y ella no pondría problemas ante ello. Le siguió nuevamente, hasta que sin previo aviso aparecieron en otro lugar. Arrugó su frente e hizo una mueca con su boca ante la tan desagradable sensación de aparecerse en conjunto. Joder, cómo odiaba aquello.

- Claro que lo sé usar.- resopló burlona con una sonrisa de medio lado. Lo tomó con su mano, y deslizó su dedo índice para poder entrar al móvil.- Ups, me pide clave.- le dijo mirándolo fijamente mientras le mostraba la pantalla.  En cuanto se la dio la digitó y logró entrar. Cuando escuchó sus siguientes palabras levantó nuevamente su mirada.- Ok, aquí esperaré. Si necesitas ayuda, sólo ¿llama?.- terminó por decir.

Le vio marcharse y perderse más allá, suspiró. Realmente quería pensar que él chico volvería y que no la dejaría allí en medio de no sabía dónde. Miró alrededor, se encontraba en un estacionamiento del que al parecer en un barrio muggle de esos antiguos por el estilo de las casas. Más allá se veía un sector de departamentos pero no de los de último modelo, más bien de esos espaciosos. Y un auto plateado, sólo uno. ¿Será ese el que los llevara dónde Adae?. Eso esperaba, como también esperaba que él chico supiera manejar. Joder, debería pedirle - cuándo las cosas se calmen un poco- clases de manejo a su padre o tío.

Stella, concéntrate.

Le dijo una vocecita dentro de su cabeza. Pestañeo un par de veces y volvió al móvil. Entró a las aplicaciones y busco GoogleMaps, no había nada que Alphabet Inc y su buscador no supieran. Puso la dirección de su amigo en el buscador y espero unos segundos mientras cargaba. Miró alrededor alerta de que nadie apareciera de improvisto. Las probabilidades de que un mago estuviera en ese barrio era casi nulas, pero simplemente prefería mantenerse alerta por cualquier cosa. Sí, ella Stella Thorne siendo precavida, como cambian las cosas ¿no?.  

- Perfecto.- musitó contenta tras comprobar que la casa de Adae tan sólo se encontraba a treinta minutos desde allí en auto. Y una hora caminando, por lo que si el chico se demoraba más de media hora ella se iba con sus pies, sin importar el riesgo que corriese al hacer aquello.

No sabría decir si fueron quince o veinte minutos que espero sentada en el pavimento del estacionamiento a que el mago nuevamente apareciera, pero cuando sintió unos pasos acercarse en donde se encontraba se levantó rápidamente con la varita en la mano lista para atacar. Sonrió ampliamente cuando vio que se trataba del sanador. Él había vuelto.

- Volviste…- susurró mientras su sonrisa aumentaba.- Ya encontré la dirección. Sólo queda a unos treinta minutos en auto.- le mencionó para luego acercarse a él y mostrarle ella misma la pantalla dónde salían las indicaciones. Levantó levemente la vista.- Gracias, por ayudarme.- le dijo sincera.
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Laith Gauthier el Lun Ago 21, 2017 8:35 am

Algo le decía que tenía que ayudar a Katherine, algo más allá que su propia seguridad que ya había puesto en evidencia tampoco es que le preocupase demasiado. Pronto había conseguido el vehículo que los llevaría a Manchester, sólo tenían que recogerlo del sitio de donde su legítima dueña lo dejaba por seguridad, llegando al lugar a fuerza de aparición tras haberse conseguido ubicar al menos un poco. Tras el usual problema con las apariciones que tenía el sanador, una condición física que no lo hacía apto para llevar una sin inconvenientes, decidió ofrecerle su teléfono para que ella pudiese localizar la dirección a la que se dirigían.

Qué chico actualmente no sabe usarlo, hmn… —se burló un poco por el tono que ella usó, poniendo en evidencia el tipo de fugitivo que era. Sino sangre sucia, sí traidora a la sangre o una cosa parecida, a menos que resultase ser una maleante de cuidado que consiguió engañarlo magistralmente. Colocó la clave al teléfono al comprobar que ella sabía manejarlo, aún con sus dudas pero la confianza era algo prácticamente usual en el sanador. Sólo esperaba no estar depositando su confianza en la persona equivocada.

Su paseo hasta la casa de la chica y de regreso fue bastante tranquilo, quizá demasiado. Laith alzó las manos en gesto inocente cuando ella lo apuntó con la varita, con una expresión de ligera picardía que se potenció un poco en cuanto Katherine reparó en que, de hecho, había vuelto. ¿Esperaba que la dejase a su suerte, que no volviese cuando la dejaba con la prueba más tangible de su traición, no sólo eso sino con el aparato con el que podía contactar pizzas y otras comidas? Ella debía estar loca de atar si pensaba que no regresaría dejándola a ella sola y encima con su teléfono.

Un caballero siempre cumple su palabra —sonrió con un ademán de su cabeza sumamente elegante. Se jactaba, después de todo, de ser un caballero, tenía que dar el porte. — No perdamos tiempo entonces, sube —señaló el coche con un gesto y desactivó la alarma del mismo para aproximarse al lado del piloto. No sabía si ella sabía conducir pero no iba a ponerse en riesgo, más aún, del que ya tenían. — Mi ayuda no es gratis —comentó, como quien no quiere la cosa, mientras subía al vehículo. — Nada es gratis en esta vida, quiero a cambio un helado —hablaba como si le estuviese pidiendo el alma a cambio de su ayuda, — de fresa —aclaró, como un detalle muy importante.

Si bien el momento era tenso en aquel refuerzo de apoyo, creyó que podría soltar una pequeña broma para que ella se relajara un poco. Pasaría lo que tuviese que pasar, se temió el sanador mientras acomodaba detalles del coche, como la posición del asiento, el cinturón de seguridad, los espejos retrovisores y finalmente arrancaba, rozando muy de cerca el límite de velocidad con un gesto despreocupado. Además todavía, se dio el lujo de encender la radio y colocar un disco de Daughtry para acompañar el camino, no muy alto por si tocaba hablar.

No quiero ser pesimista, pero muchas veces sólo ser pesimista nos salva de las grandes decepciones. Si ocurre algo malo, no metas las manos al fuego… Será todavía más difícil que ayudes a alguien estando a metros bajo tierra —no quería pensar lo peor, pero en ese caso Katherine debía entender que no podía jurar venganza tal cual lo harían en una telenovela y perseguir al culpable el resto de su vida. Las cosas no funcionaban así. — Si por otro lado y, como esperamos, todo está bien, traeremos a tu amiguito a comer helado de fresa —no quería que ella pensase sólo en lo malo. Había todo un espectro de situaciones capaces de suceder.

Con la ocasional conversación y la voz de Chris de fondo, salieron con rumbo a Manchester. Dado el trafico le costó un poco más de treinta y cinco minutos, además de que cuando entraron al lugar tuvo que tomar el teléfono para poderse ir ubicando entre las calles y avenidas. Sintió un impulso de volver sobre sus pasos, mismo que ignoró tan pronto identificó, no pensaba dejar a dos niños a su suerte pasase lo que pasase. Además, él mismo se lo había dicho, un caballero siempre cumple su palabra, ¿qué clase de caballero sería si dejaba a una jovencita enfrentarse a lo que presentía malamente iba a ser un inminente peligro. Sólo esperaba estar paranoico.

¿Alguna vez has venido? Me siento más perdido que un pez sobre un árbol, ¿es por aquí? —confesó, con la mirada frustrada en dirección al teléfono haciendo zoom y moviéndose para intentar ubicarse, avanzando lentamente a través de las calles. Sin embargo tras volver la mirada al camino y avanzar unos cuantos kilómetros más, se le escaparon un par de maldiciones en francés cuando notó que lo que en principio creyó que eran nubes muy negras de lluvia realmente era humo proveniente de un incendio al que aceleró para aproximarse lo más rápido posible.
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Stella Thorne el Dom Oct 01, 2017 9:05 pm

Lo que estaba haciendo en esos momentos de seguro era una de las cosas más peligrosas que había hecho un su vida, y eso que la ex - Gryffindor jamás a sido una temerosa en potencia. Todo lo contrario, muchos a veces hasta podían llegar a pensar que sentía una especie de goce al poner en riesgo en su vida por la cantidad de veces que provoca al destino, o la castaña le hace sin pudor alguno cosquillas en la boca al león.  Ni se imaginan los sustos que ha tenido que pasar Robert (el padre de Stella) desde tiempos inmemorables, para su fortuna se encontraba lejos porque de seguro su corazón se detenía en el acto mismo de saber que su querida hija prácticamente se encontraba en no sabía donde con quién sabe quién y buscando a un amigo que de seguro era buscado por muchos más que a su vez también la buscaban. PAF, vaya lío.

Pero en medio de todo ese caos, una mano amiga aparece de las profundidades y le tiende a Stella una vez más la esperanza de poder llegar a destino, y si esa misma suerte le acompañaba encontrar a Adae y sus adorables lentes mirándola sonriente.

Le tendió la dirección y después de lo que la rubia denominaría entre un favor amistoso con una pizca de cobra favores, el chico le dió buenas noticias. Pese al desagrado que le producía aparecerse en conjunto sabía que era la manera más rápida de lograr su objetivo. Cerró sus ojos y se aferró al chico, cuando volvió a abrir sus ojos ambos se encontraban en un estacionamiento. El chic le tendió su móvil y se fue prometiendo volver con lo que sería su batimóvil. Sí, es que en estos momentos el sanador era lo más parecido a un héroe que había visto en su vida.

Se quedó con el celular para averiguar la manera más eficaz y rápida de llegar a la casa de Adae,  se sorprendió de buena manera al observar que no quedaba muy lejos de allí, y si por "x" motivo el joven mago no llegase a volver porque medio camino comprendía que lo que estaba haciendo era de locos, sólo era una hora lo que la separaba de su querido amigo Adae, y Stella aunque hayan sido seis horas las hubiera recorrido de igual manera.

Pero aquella voz desconocida hace una hora volvió a sonar tras su espalda haciéndola sonreír. Se levantó de la acera y lo miró agradecida. - ¡Sí!.- exclamó decidida ante las palabras del chico, no había tiempo que perder, cuanto antes echasen el auto andar más pronto podría estar al lado de su amigo. Se subió en el asiento de copiloto, se puso el cinturón y trató de calmar sus nervios y ansiedad comiéndose las uñas.

Se tensó por un segundo al escuchar que aquel favor no sería gratis, dispuesta a pegar un derechazo directo a la quijada del chico por más que su intuición le dijera a gritos que el joven no era una mala persona. Pero su puño se mantuvo cerrado por un corto tiempo, ya que las palabras que le siguieron denotaron que no era más que una broma para amenizar el ambiente. Le sonrió.- Por esto te mereces todos los helados de fresa del mundo ¿sabes?.- le dijo sincera.- Tengo un poco de dinero en mi bolsillo, no para comprar un mega helado pero si uno que sea bañado en chocolate.- le dijo con ojos brillantes, creyendo que al igual que a ella esa oferta le fuera sumamente tentadora.

-¿ Quienes son?.- preguntó curiosa al escuchar la música que había puesto el chico.  La ex - Gryffindor no era mucho de andar escuchando música por la vida, aunque sí tuvo su periodo de música, tomó clases por un año de batería, pero al año siguiente se había enterado que era maga, y bueno aquel tan hermoso y ruidoso instrumento fue cambiado por un palito de madera que lanza chispas tanto letales  o sanadores, dependiendo de su dueño y ocasión.

Desvió su mirada del joven mago y la clavó al  frente como si el paisaje le consumiera toda su atención. Le gustaría prometer que no metería sus manos al fuego, pero es que Stella era la persona menos racional del planeta, y si llegase a ver que Adae estaba en peligro no sólo era capaz de meter sus manos, sino todo su cuerpo al fuego si era necesario. - Él es grandioso ¿sabes?.- musitó bajito sin apartar su mirada del camino.- Es de esas personas que definitivamente vale la pena quemarse si es necesario.- terminó por decir con tono neutral, pero que no le daba espacio a alguna réplica. Ella sabía que el joven mago sólo buscaba lo mejor para ella, pero no podía limitarse si es que su amigo estaba en peligro.- Ojala terminemos todos tomando helado.- agregó con una leve sonrisa de lado.

Negó con la cabeza ante su pregunta, y no es que alguna vez no haya tenido las ganas de conocer la casa de su pequeño amigo. Es más aún contaba con poder cumplir su promesa e invitarlo a él y sus madres cenar junto a su familia y probar el exquisito puré de Robert. Y hoy más que nunca se había hecho jurar a sí misma, que si lo encontraba sano y salvo se los llevaría a todos a su casa a celebrar que estaba bien, vivos.

Pero en eso ante sus ojos una nube de humo hizo su aparición, provenía de una casa unas cuadras más allá. El pecho de Stella se hundió ligeramente producto del miedo, su corazón comenzó a latir aceleradamente, mientras que en su mente sólo pasaba una cosa, y era que su amigo se encontrase bien.

Su corazón se detuvo por una mílesima de segundo cuando comprobó que la dirección de aquella casa que se encontraba rodeada de humo era la de amigo. Sin esperar si quiera que Laith detuviera por completo el auto, Stella ya se había sacado el cinturón y de un salto había bajo del auto para salir corriendo a la casa.- Alohomora.-  pronunció mientras apuntaba con su varita la cerradura de la puerta de la casa, sin importarle ni un carajo si es que algún muggle se encontraba alrededor.

- ¡Adae! (1).- gritó en cuanto entró a la instancia y pudo ver los últimos segundo de una aparición...conjunta.- No, no, no...- comenzó a decir desesperada, mientras entraba más a la casa que prácticamente era un infierno en vida, se cubrió el rostro con su brazo para poder respirar mejor, en eso bajó las escalera logró divisar un cuerpo. Se abalanzó al suelo hasta quedar a su lado, era una mujer. De seguro una de las madres de Adae, gravemente herida.- ¡Laith,Laith!.- gritó la castaña en busca de ayuda.

Su amigo había desaparecido enfrente de su nariz, pero aún podía hacer algo por él. Y eso era ayudar a su madre.

(1) Link al tema entre Adae y Circe.
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Laith Gauthier el Sáb Oct 07, 2017 6:23 am

Cuando se despertó ese día lo último que pensó es que se vería inmerso en un problema de rescate. Nada prepara a nadie nunca para un evento así, pero no se veía capaz de bajarse de aquel barco ahora. Katherine lo necesitaba, no había modo de negarse a ella, no a una niña que quería encontrar a su amiguito. Creía que lo peor que podía pasar en una época así era perder a los suyos, podía comprender su desesperación y, negado a dejarla ir al mundo sola, se enlistó a su causa. Algún día el tiro le iba a salir muy mal, pero ese día no parecía ser el día, esperaba que no lo fuera, tenía mucho que hacer primero, como ayudar a la muchacha.

Se habían subido en el coche para arrancar de ahí con la dirección que marcaba su teléfono, entonces se le había ocurrido pensar en un pequeño pago, más bien una tontería con la que pudiera amenizar el ambiente, dándole la certeza de que todo saldría bien. — ¿Uno bañado en chocolate? Suena perfecto —le sonrió, sin el corazón para negarle un helado a la muchacha, aunque seguramente si se daba el caso iba a invitarlo él. Quería pensar que sería mejor gastar un poco de dinero en algunos helados que pensar de forma negativa al respecto.

Había puesto un disco de Daughtry, el de “Baptized” para ser más precisos, pues era lo que debía sonar. Le encantaban los paseos en coche hasta llegar a alguna playa con Lindsay a disfrutar del fin de semana, o simplemente conducir hasta perder el rumbo mientras la gasolina les alcanzara, cantando y olvidándose de todo un rato. La muchacha había sentido curiosidad por la canción, ya que había preguntado al respecto, haciendo sonreír a Laith. Se jactaba de tener un buen gusto musical, después de todo, a excepción de esa canción en español “Despacito”, pero ese era otro tema que no les competía.

Daughtry, ¿a que son buenos? —sonrió más para sí mismo que para la muchacha. Laith era un profundo amante de la música, estaba aprendiendo constantemente nuevos músicos, nuevos cantantes, y trataba de aprender a tocar nuevos instrumentos. Su vida iba con un soundtrack de fondo, no podía evitarlo. Aunque la música de fondo no lo distraía de nada, seguía conduciendo y prestando atención a su joven acompañante.

Sintió la imperiosa necesidad de pedirle no ponerse en riesgo. El sanador sabía que a veces era difícil, pero no podía evitar sentirse comprometido a traerla a salvo como la había llevado. La joven no tardó en contradecirlo con tan buenos argumentos que no pudo rebatir, ¿cómo le dices a una jovencita que deje morir a sus amigos? Imposible. Por ello quiso ser optimista y volver a traer el helado a colación, era el mejor final posible que los tres consiguiesen tomar un helado y se riesen de esa anécdota pasada la preocupación que ahora los movía hacia delante.

Sin embargo pasado un rato se darían cuenta que las cosas no saldrían así de bien cuando vieron esa nube de humo, los dos se vieron sumamente angustiados. Katherine habría prácticamente saltado del vehículo en movimiento sólo dándole tiempo a reducir la velocidad para que no se lastimara de más, estacionando con un horrendo chirrido y tardando poco tiempo en soltarse del cinturón para bajar corriendo tras la muchacha. El nombre que escuchó le detuvo el corazón, ¿Adae, había dicho? ¿Hablaban de ese enano friki con el que había ido a tomar un helado? ¿Al que le había arreglado el brazo? El corazón se le partió, llevándose un brazo para intentar encontrar a la muchacha.

Le costó más bien poco tiempo encontrarla ya que ésta gritó llamándolo por ayuda. Vio con los ojos llorosos, sin saber si era por el humo o por el dolor que le atenazaba el pecho, a una mujer en el suelo. Tosió dolorosamente. — La sacaré, busca si hay alguien más dentro, ten cuidado —le dijo, tomando a la mujer tan herida en brazos para sacarla del humo. Su mente no estaba pensando claramente pero al ver a la mujer tan herida no tuvo tiempo para vacilar, sacó su varita del interior de su manga para poder empezar a realizar hechizos en ella. ¿Si hubiesen ido sólo un poco más rápido hubiesen conseguido hacer algo al respecto?

No, calma, Laith. Las cosas sólo podían darse de una manera, quería convencerse. Gauthier era un fiel creyente del destino, de que las casualidades no eran existentes, que las cosas sólo resultaban de la forma que debieron resultar. Y en ese momento eso no lo consolaba. Sólo podía torpemente pensar en curar a la mujer, lo que de hecho no se le daba mal ni siquiera con la mente tan perturbada como la tenía. Su cabeza dividía perfectamente el deber del sentir, así que su varita iba buscando heridas, cerrándolas, sintiéndose inusualmente agotado. Esperaba que Katherine no encontrase a nadie más y, si le encontraba, que estuviese vivo.


Última edición por Laith Gauthier el Sáb Nov 04, 2017 4:56 am, editado 1 vez
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Stella Thorne el Jue Nov 02, 2017 6:56 pm

Quizás la Gryffindor no era consciente de la suerte que ella había tenido a lo largo de toda su vida. Pero mientras otros son apresados o torturados en alguna prisión por osar pisar las calles de Londres. Ella al contrario se había topado con un alma tan generosa como la de Laith. Que pese a que tenía todos los argumentos a su favor para darse media vuelta y dejarla tirada en medio de quién sabe dónde, él escogió quedarse y ayudarla.  Algo que la castaña le agradecería eternamente.

Por eso que pese a no tener más que un sickle en su bolsillo le prometió centenares de helados de fresa o baños de chocolate. Escuchó un tiempo en silencio al grupo para luego mirar a Laith.- Sí, lo son.- le respondió sincera con una leve sonrisa de lado. Stella no tenía un gran espectro musical más del que su padre y tío ponían en vacaciones o de su playlist de entrenamiento.  Que merodeaba entre un estilo más rockero modo Gun´s hasta un estilo más melancólico a lo The Smiths.  Todos de los ochenta, un poco de los noventa y poco y nada de los dos mil.  Pero el mago había despertado la curiosidad en la castaña quien se prometió que si todo salía bien llegar a buscarlos en el refugio. Es que una de las mejores cosas que tenía ese lugar es que era que lo muggle como lo mágico estaban por igual. Uno podía escuchar de su mp3 mientras lavaba la loza con la varita. Que para alguien como Stella que se convertía en una muggle en vacaciones era una maravilla.

Pensar en chocolates o cosas dulces muchas veces sacaban a la castaña de pensamientos oscuros. Le hacían volver a ver la vida con un poco de mejores ojos. Es que si aquella delicia había nacido de la tierra pues vamos, que no todo es tan malo ¿no?. O al menos así lo quería seguir viendo para no caer nuevamente en esa sensación de profundo terror de imaginar con lo que se encontraría al llegar a la casa de su amigo. Tenía miedo, mucho miedo. Aunque su cuerpo orgullosamente se negase a demostrarlo.

Mierda.

Divisió humo, y donde hay humo hay fuego. Y por más que ella amara ese elemento su presencia en un barrio tan tranquilo como este no decía nada bueno. Sin quiera esperar al detención total del auto salió de él y corrió con todas sus fuerzas al interior del lugar. Al abrir la puerta el humo goleó su cara permitiéndole ver borrosamente el rostro de su amigo desaparecer junto a otra persona que sólo divisó su delgada silueta.  El gritó que dedico con el nombre de su amigo le salió de las vísceras, queriendo decir tantas cosas. Un lo siento por llegar tan tarde, un por qué hiciste esto, y un No a toda esa situación.

Si se movía era más por inercia pero en su interior había entrado en una especie de trance. Llegando a olvidar un poco que a su alrededor todo era fuego hasta que la falta de oxígeno la despertó y la hizo reaccionar. Se llevó su brazo al rostro y entrecerró los ojos para poder ver entre el humo, encontrando un cuerpo tendido en el suelo. No vió la posa de sangre hasta llegar a su altura. Gritó el nombre de Laith para pedirle su ayuda médica. Ya que pese a la inconsciencia de ese cuerpo se podía observar que aún permanecía con vida.

No pasó ni un minuto cuando el joven mago ya se encontraba al lado de la castaña. Ella se levantó del suelo para darle espacio a él. Asintió ante sus palabras y sacó su varita temblorosamente de su bolsillo. No por miedo de lo que se podría encontrar allí dentro sino más bien por demasiadas sensaciones contenidas, aún sin poder procesarlas. - Aguamanti.- comenzó a decir a medida que comenzaba a caminar por el lugar, pegando aún más su brazo al rostro producto del humo. Y un conjuro silencioso de "Aura" para estar alerta a cualquier ataque. Que ella podía estar aún en shock, pero uno activo.

Caminó sin saber muy bien dónde, pero recorrió en su mayoría el primer piso faltando sólo la cocina.  Y fue tan extraño como a cada paso que daba pese al fuego sentía que la temperatura se ponía más y más helada. Como si alguno que otro dementor hubiera pasado por el lugar, instalando un recuerdo profundamente triste y erradicando toda felicidad. Abrió la puerta encontrándose con el cuerpo muerto de una mujer en el suelo, se llevó las manos a la boca para evitar el grito. El fuego aún no llegaba a ese sector de la casa por lo que pudo verla mucho mejor. Era una mujer joven y hermosa. Que pese a su blanco y helado color de piel uno podía observar que alguna vez ese cuerpo tuvo mucha, mucha vida y una multicolor.

Sus orgullosas rodillas cayeron al suelo sintiendo como le inundaba una tristeza enorme. Se sintió por una fracción de segundos caminando sola por un desierto o cayendo en agujero negro enorme y que no precisamente la llevaba a el país de las maravillas. Ella quién nunca había tenido tanta cercanía con la muerte ahora la tenía frente a sus ojos y sentía tanta impotencia, rabia, y dolor por igual.

Sintió sus mejillas húmedas, no supo cuánto tiempo estuvo llorando al lado del cuerpo de la madre de Adae pero si lo suficiente para recobrar algo de fuerzas. Debía ir ayudar a Laith con la mujer que aún tenía posibilidades de vivir. Se limpió todo rastro de lágrima con su brazo y salió de la cocina.

Comenzó a lanzar hechizo para erradicar tanto el fuego que quedaba como el humo y así permitirle un mejor lugar a Laith para su labor. - No hay nadie más en el primer piso. Al menos nadie vivo...- terminó por decir bajando su mirada y tragando saliva pesadamente para no ponerse a llorar nuevamente. Debía ser fuerte.- ¿Necesitas ayuda con algo?.- le preguntó.- No sé cuánto tiempo tendremos hasta que llamen a la policía, y ellos son unos muy molestosos muggles.- le aclaró la castaña al no saber qué nivel de conocimiento muggle tenía el chico.
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Laith Gauthier el Vie Nov 10, 2017 7:13 am

Le gustaba compartir gustos musicales, era una de sus cosas favoritas en el mundo. Como alguien que no soportaba el silencio, tenía que estar oyendo constantemente algo, voces, música, lo que fuera. Así que su repertorio musical era más bien amplio. Además, los ayudaba a distraerse un poco de la situación actual que era al menos inquietante, no le gustaba nada tener el riesgo de que al menos una persona estuviese en peligro. Así que uno de sus objetivos más primordiales era mantener a Katherine distraída, que no pensase en nada malo, si tenían que hablar de música, chocolates y cosas dulces no le importaba tener ese tema de conversación todo el camino.

Los buenos ánimos, sin embargo, no fueron suficientes para que en la realidad hubiese alguna mejoría. El humo, el fuego, el peligro, todo eso se encargó de que ellos sintieran la ansiedad crecer, la chiquilla rápidamente había ido al encuentro de su amigo mientras él estacionaba a duras penas y escapaba del coche para ir a ver. Oyó aquel grito tan sentido que le heló la sangre, asistiendo rápidamente a su nombre para ayudar. Comenzó a atender a la mujer sin perder un solo segundo, tenían que ir a contratiempo, así que le pidió ir a buscar más sobrevivientes mientras él sacaba a la dama para curarla y revisarla.

Se preguntaba qué hacer mientras curaba a la mujer, no podría hacerlo por completo pero sí para apartarla del riesgo de muerte. Katherine estaba empezando a tardar mucho, demasiado, cuando el humo y el fuego se disiparon. Tenía que llevarla a otro sitio donde pudiera curarla con calma. Ahí podrían ir otros mortífagos o nomajs. Cuando la chiquilla volvió con él, notó la aflicción en su rostro, los ojos rojos, no estaba seguro de si era por el humo o si era por haber llorado. Le dolió una punzada en el pecho cuando oyó que nadie estaba vivo. Y, haciéndose la fuerte, quiso ayudarlo a pesar de todo, advirtiéndolo de los nomaj.

Katherine —la llamó, por el nombre que ella le había dado. Antes de que ella pudiese decir algo o hacer cosa alguna, él se había levantado y la abrazó, apretándola contra su pecho. — Nada de esto es tu culpa, ¿vale? Todo estará bien… —la trató de tranquilizar un poco, todo lo que él pudiera. — ¿Puedes ir a buscar una manta? Tenemos que llevarla a un sitio seguro pero no puedo manchar todo… —le pidió, sujetándola por los hombros y mirándola a los ojos. No quería que se derrumbase a pesar de lo difícil que fuese toda esa situación.

Él entró para buscar a la otra persona a la que no habían podido rescatar. Se llevó la mano al rostro, pensando qué hacer. No podía dejarla ahí y tampoco podría llevársela a riesgo de que alguien lo pillase. Además, ¿dónde la llevaría? Estaba desesperado. Tampoco podía “deshacerse de la evidencia”, no podía hacerle eso a la otra mujer. Tuvo que hacer de tripas corazón, revisando que realmente no hubiese solución antes de tomarla. Tenían que llevársela también. ¿A dónde? Buena pregunta. Tomó una de las mantas que Katherine había conseguido para envolverla y meterla al maletero del coche. Era más difícil inventarse una excusa de un cadáver que de un herido, así que mejor que nadie le viese.

Tenemos que salir de aquí —le dijo, tomando a la mujer herida y colocándola en el asiento trasero, usando las mantas para no ensuciar nada. — Dime, por favor, que sabes de un sitio a donde ir para terminar de curarla y… Dios, no lo sé, no estoy preparado mentalmente para esto —confesó, tallándose el rostro cuando cerró la puerta y ocupó el asiento del piloto. Estaba temblando. Pero incluso así encendió y arrancó, tamborileando con los dedos en el volante. — Puedo… puedo curarla en… Necesito mis cosas… Puedo llevarla a mi escondite, pero de ahí… ¿Tienes a dónde ir? Puedes aparecerte con ella, con ellas, en un lugar seguro… —miró a la joven, esperando que ella secundara su plan.

Estaba tan estresado que bajó el vidrio para encender un cigarrillo. Lindsay odiaba que fumase en su coche, pero ya se lo lavaría después, no quería pensar en el después cuando no tenía respuestas en el presente. A veces miraba por el retrovisor para asegurarse que la mujer estuviese bien. Estaba estable, pero no perfecta todavía. Vieron pasar por su costado a los bomberos y a la policía también, estaba sudando de nervios, girando el cilindro entre su índice y medio con cuidado para no tirarlo en el suelo del coche, calando en repetidas ocasiones. Y a pesar de todo, sujetó sólo con la mano derecha el volante cuando terminó de fumar, y con su zurda sujetó la mano de Katherine.

Quiero que sepas que a pesar de todo, estoy para apoyarte… —a pesar de sus nervios y su agobio, de su miedo, quería ser el apoyo de aquella chica. Ella lo necesitaba, al menos es lo que él sentía. Y se sentía muy aliviado de haberla acompañado, de lo contrario ella habría tenido que lidiar con todo sola.
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Stella Thorne el Vie Nov 17, 2017 12:04 am

Le costaba respirar. Era como si de un momento a otro todo el aire se le hubiese quedado estancado en su pecho. Generando una angustia enorme que, aún no comprendía ni procesaba. Ahora era un ser robótico que tenía que solucionar problemas, no sentir. Simplemente no pensar por unos minutos, sino que hacer, accionar.

Tenía demasiada información para su cabeza. Era haber visto la muerte con tus propios ojos mientras que al mismo tiempo sabías que se habían llevado a tu amigo quizás dónde, ni para qué. Era una horrible mezcla que hacía que sintiera un gusto amargo en su garganta, como de algo oxidado.

No reaccionó en primera instancia ante el llamado del chico. Hasta había olvidado su propia mentira, y ahora sólo se preguntaba quién diablos era esa Katherine. Pero antes de que pudiese hacer audible su duda, el joven mago se había levantado del suelo y había ido a abrazarla. La primera reacción de la morena fue retroceder un paso, arisca. No era nada personal, pero la castaña podía ser muy sociable pero en ese tipo de expresiones de cariño a pocas personas se las daba. Pero luego de que esa primera reacción pasará, por alguna extraña razón la chica cedió un poco, sintiendo en él chico ese apoyo tan necesario, devolviéndole aquel gesto tímidamente.

"Todo estará bien" Que promesa más grande, pensó la ex Gryffindor. Es que, cómo iba a estar todo bien si ella no tenía ni puñetera idea de dónde se encontraba su amigo. Cómo iba a estar todo bien si es que lo más probable es que él ya ni siquiera esté con vida. Cómo va a estar todo bien si es que aunque el lo este ya no tiene una madre y quizás la otra ni sobreviva. Cómo va a estar todo bien sí se encuentran en un gobierno capaz de hacer este tipo de atrocidades. ¿Cómo?

Asintió ante lo de la manta. Su cabeza era un caos pero no era el momento para perderse en reflexiones que lo único que harían es ingresarla a un laberinto sin salida. - Iré por ella.- le dijo clavando su mirada a la suya. Comenzó a caminar hacía lo que parecía el living de la casa, una gran parte se había consumido por el fuego mientras que el resto sólo tenía polvo, sobre el sillón pudo ver una manta de polar color violeta. Fue hacía ella y cuando la tomó entre sus manos tuvo que apretar su mandíbula para reprimir esa sensación de entre unas ganas de llorar y vomitar al mismo tiempo. Como si su cuerpo no quisiera sostener más su sentir y quisiera expulsarlo de alguna manera.

Le tendió la manta a Laith con su mirada clavada en el cuerpo sin vida de la madre de Adae. No entendía por qué pero simplemente no podía apartar los ojos de ella. Era como si la quisiera memorizar en su cabeza, como si de alguna manera desde ese momento ella tuviese una deuda, la de hacer justicia.  De remediar este daño, o al menos hacer el intento.

Ayudó al sanador a subir a la otra mujer detrás del asiento.- Yo...- comenzó a decir débilmente. El único lugar que tenía la castaña en estos momentos era el refugio y la casa de su tía en las afueras de New York. Y hacer una aparición en otro continente con una persona en el estado de la madre de su amiga no era para nada recomendable, si es que lo que querían era mantenerla con vida.- Sí, después de curarla tengo donde llevarlas.- miró al chico con ojos esperanzadores. Las llevaría al refugio, allí sin duda alguien la ayudaría y haría lo necesario por ellas.

Miró alejarse la casa de Adae por el espejo retrovisor, pensando en que habría pasado si hubiese llegado cinco minutos antes. ¿Cerebrito ahora se encontraría con ellos?¿Su madre estaría viva? ¡Cómo saberlo ya! Tenía el ceño fruncido marcado profundamente en su rostro. Y no fue hasta que escuchó nuevamente la voz del castaño que salió de sus pensamientos.- Gracias.- le dijo, sonando más fría de lo que le hubiera gustado. Pero en estos momentos sentía que tenía tantas emociones que terminaban por anularse todas.

Miró al exterior, ya no se divisaba la casa de su amigo y no tenía idea de dónde se encontraba ni hacia dónde se dirigía. Estaba en una gran pausa, en un gran punto suspensivo.

- Se han llevado a Adae.- terminó por decir con una voz fría como la verdad de sus palabras.- ¿A dónde se los llevan, Laith? ¿Qué les hacen? ¿Por qué lo hacen?.- estalló en preguntas, que si su cuerpo se lo permitiera las haría con más ímpetu que de lo que lo había hecho.





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