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Shake this high [Priv. Stella Thorne]

Laith Gauthier el Lun Jun 12, 2017 1:27 am

Recuerdo del primer mensaje :

Era una mañana de domingo aburrida, nublada y que no tenía trabajo; los domingos así no le gustaban, y nadie de sus colegas salía de fiesta los domingos porque “el lunes toca laborar”. Sí, Laith iba pensando en la fiesta nocturna desde esas horas en las que acababa de salir de casa. Había salido a correr temprano antes del alba, había vuelto a desayunar ligero y darse una ducha para quitarse el sudor y luego había vuelto a salir. Decidió ir a la zona nomaj de Londres, no le apetecía ser el sanador serio y decente sino el donnadie de pintas extravagantes.

Entró en una cafetería y se pidió un café americano para terminar de despertar si aún le quedaba algo de pereza. Bostezó, empujando el puente de sus lentes negros por el puente con el nudillo para cubrirse la mirada esmeralda y de paso quitarse un mechón rubio que tenía en la cara cubriéndole la mirada, suspirando. Poco a poco el sueño y el cansancio se fueron cayendo con el café, la música en sus audífonos lo contagió de energía mientras sonreía para sí mismo.

Gotta slow up, gotta shake this high, gotta take a minute just to ease my mind, ‘cause if I don’t walk, man, I get caught out and I’ll be falling all the way down —comenzó con la canción, la que siguió cantando mientras sus pasos se adaptaban al ritmo, en su propia emoción, un videoclip solo para su disfrute. La gente lo miraba al caminar, pero qué más le daba, por cosas más estúpidas lo habían volteado a mirar con esos ojos de “llévenlo a un psiquiátrico, por favor”.

La emoción de la canción de pronto lo hizo estremecerse, llevándose una mano a la nuca al sentir un escalofrío y un hormigueo. Algo no estaba bien, le dijo su sexto sentido arácnido. Es decir, su sexto sentido sanador. Sus pasos dejaron de ser tan rítmicos mientras detrás del cristal oscuro sus ojos se paseaban por entre la ciudad, buscando algún sitio mientras seguía oyendo música pero ya no se entusiasmaba tanto, estaba más preocupado, una angustia había tomado sitio en su pecho acunándose en éste. Se llevó la zurda a la manga de la chaqueta derecha sólo para asegurarse de llevar su varita en caso de emergencia.

Sus pasos lo sacaron del área concurrida de la ciudad adentrándose a una mucho más silenciosa, de esas que uno piensa que lo van a asaltar a la mínima. Se quitó un audífono para escuchar mejor y entonces se asustó en cuanto escuchó un intercambio de hechizos y ataques en un callejón a apenas metros de su posición. Maldijo en francés y sacó su varita mientras apretaba el paso, esperaba encontrarse con una pelea cualquiera y nada que lo metiera en problemas con la ley, mirando por la entrada discretamente. Parecía un hombre que presumía la marca tenebrosa en un brazo descubierto, así que rápidamente creyó que era un cazador.

Atacar por la espalda es, como poco, cobarde, pero situaciones delicadas requieren reacciones delicadas. — Confundus —lanzó el hechizo, esperando que él no pudiese reaccionar quién era como para no poderlo reconocer después. Se alzó el cuello de la chaqueta como si eso de pronto le diese anonimidad, como Súperman y sus lentes, y rápidamente empezó a caminar en dirección al par, sujetando a la chica del brazo y haciendo una aparición sin preguntarse si ella era como él o si estaba herida, de eso se encargaría en cuanto estuviesen a salvo.

Al aparecer, el que se fue de bruces fue él, al haber aparecido caminando dio un paso apenas llegó a otro callejón del otro lado de la ciudad en una zona igual de desolada que la primera. Cayó de rodillas con las manos en el suelo, buscando el aliento que le faltaba, putas apariciones. Entre el mareo se le habían caído los lentes al suelo, volviendo a mirar a la chica mientras se recomponía y se levantaba del suelo mientras tomaba los lentes de sol, tenía que recomponerse por si acaso se había equivocado y la persona que creyó era una víctima no lo era en realidad.
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Stella Thorne el Dom Dic 03, 2017 11:23 pm

Hasta el momento sus conexiones con la muerte eran prácticamente nulas. Que siempre anduviera provocandola era una cosa, pero verla ahí,  frente a sus ojos era algo completamente distinto. Era comprender empíricamente que para todas las brújulas del mundo  hay una sola dirección.  También descubrió que la gente suele abrazar y hacer grandes promesas en tiempos difíciles.

Debían accionar rápidamente si no querían llamar aún más la atención en aquel barrio muggle. Y eso fue lo que hizo, siguió sin chistar todas las indicaciones que le daba Laith, casi por inercia. Aunque en el fondo solo quería lanzarse a una gran cascada y terminar viendo las burbujas subir mientras su cuerpo se sumergía. Quería que todo se detuviera por uno momento, solo un minuto...

Ayudó a Laith a subir al auto a las madres de Adae. Y ya arriba fue golpeada por innumerables preguntas sin respuesta que la hicieron sumergirse en un estado de letargo absoluto. Donde lo más interesante era ver como de a poco la casa de su amigo iba desapareciendo por la lejanía. Cuando de pronto le saltó una verdad inminente: A su amigo lo habían capturado. Y no guardias de las celdas de las mazmorras que detienes con un simple Expulso. No, eran esos que eran capaces de matar a tu madre, dañar gravemente a la otra y llevarte con tan solo catorce años quizás dónde, a hacerte qué.

A pesar de sus crudas palabras ella en su interior agradecia la sinceridad del castaño. " En el mejor de los casos estaría en Azkaban" pensó, mientras un leve escalofrío recorría su columna de solo imaginar encontrarse rodeado de Dementores.  Y el por qué claro que lo sabía. Pero aún - su corazón rebelde y adolescente- se negaba aceptar un mundo que permitiera semejante pensamiento.

Arrugó su nariz pensativa, escarbando en su memoria en busca de un Sanador o algo parecido. Pero nada, suspiró.- La verdad no conozco a ninguno cercano. De hecho eres el segundo que conozco en toda mi vida. El primero es la señora de la enfermería de Hogwarts y no creo que quiera ayudarme. - se sinceró.- Aunque...- agregó enseguida recordando un pequeño detalle.- En el lugar en el que me encuentro hay muchas personas. De seguro alguno es Sanador/a o conoce alguno.- le dijo mirándolo con un leve brillo esperanzador en sus ojos. - Solo debo lograr llegar con ella al refugio...- susurró bajito mientras se giraba para mirar hacia atrás donde se encontraban los cuerpos de las madres de Adae. Uno ya completamente apagado y otro con una luz pequeña, casi inexistente.

Se volvió a girar y suspiró sin decir muy bien qué decir. Jamás se ha caracterizado por ser una mujer de muchas palabras, era más de acciones, de hacer cosas. Y ahora que solo quedaba esperar a ver dónde la llevaba el joven mago, no sabía muy bien qué hacer. Su cuerpo parecía estar en calma, pero una persona más detallista podría observar que su puño derecho se encontraba apretado,tanto que la piel que bordeaba sus nudillos se palidecía por la presión ejercida. Tenía rabia, una descomunal. Tenía ganas de golpear y quemar a todo el mundo mágico.

- ¿Puedo poner música?.- preguntó de pronto, saliendo de aquel estado de implosión del que se había sumergido.   Pensando que al poner un poco de música podría callar un poco las miles de cosas que pasaban por su cabeza, que era en ese momento un completo caos.
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Laith Gauthier el Jue Dic 07, 2017 11:48 pm

Cuando ella le preguntó algo tan delicado, él no quiso darle falsas esperanzas. Muy por encima de todo, tendía al pesimismo, eso lo ayudaba a no llevarse grandes decepciones, así que le mostró el escenario más realista posible. No es que le hiciera ninguna gracia decir que el escenario más optimista sería la muerte o estar encerrado en la cárcel, pero lamentablemente vivían en un mundo donde así se existía. Y estaba profundamente preocupado de lo que pudiese pasarle a aquel chiquillo, la impotencia le hacía temblar cada nervio del cuerpo.

No sé en qué refugio estés, pero… Bennington… Beatrice Bennington, si la encuentras puede ayudarte —le hizo saber, era su antigua compañera de trabajo, hermana de su colega Steven, y ambos estaban ocultos de la sociedad mágica, hasta donde él sabía. — Sino… sino, también… —trató de pensar otros nombres, pero de todos los que tenía en la cabeza no sabía cuáles todavía huían y cuáles ya habían sido atrapados. Negó con la cabeza al final. — Encontrarán a alguien —asumió. Los sanadores huyendo no eran pocos, y seguramente no dudarían en prestar su mano para ayudar a una mujer tan herida.

El silencio le estaba provocando pensar en tantas cosas que no le agradaban, que casi agradeció que la muchacha le preguntase si podía poner música, la que no había encendido él por respeto a la baja que habían presenciado. Asintió con la cabeza, dejándola manipular el radio para que lo encendiese y pusiese quizá alguno de los discos que había, o bien sintonizara una estación de radio. El camino los llevó a un sitio recóndito a las afueras de Londres, un tanto difícil de acceder dada la vegetación pues acceder significaba dejar el coche a entradas del bosque y seguir caminando.

Sujetó a la mujer que todavía estaba consciente entre brazos y tomó a la otra mágicamente. Miró a Stella. — Ven por aquí —le indicó, teniendo cuidado con la varita para no malograr todavía más a la madre del enano. Tenía diferentes sitios preparados para sus pequeñas aventuras, aunque ninguno era del todo seguro. Ese al menos resultó estarlo. Había gente que podía utilizarlo como viviendas a pesar de estar oculto con magia. Tras pasar por una zona de protección, se alzó ante sus ojos una cabaña pequeña pero útil, dentro dejó a la mujer encima de un acolchado y la otra fue localizada cerca. — Esto puede llevar un rato.

Miró a Stella, sólo para avisarla. Levantó un tablón del suelo y de ahí sacó una caja de madera de mediano tamaño que tenía en su interior instrumentos médicos y pociones. No era muy tarde todavía, así que se dispuso a curarle el cuerpo y buscar asuntos más delicados en su interior como hemorragias internas o fracturas que tuviesen que ser tratadas. En ocasiones la mujer reaccionaba con ligeras quejas que el sanador acallaba con suavidad. La casa no tenía mucho más que esa habitación pequeña y una cocina a la que Laith la verdad no se atrevía a meterse. La falta de uso la tenía llena de polvo y telarañas; la habitación que se había encargado de limpiarla al menos.

No prestó atención a nada más sino hasta que terminó con sus curaciones. Se puso de pie, secándose el sudor con el borde de la camiseta. — Estará estable, creo que puede soportar una aparición, ¿tienes experiencia? —le preguntó. Lo último que quería era saber que había sufrido despartición. Le preocupaba especialmente porque estaba seguro que la muchacha no estaba en su mejor estado mental, ¿quién lo estaría luego de la escena que acababan de vivir?
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Stella Thorne el Jue Ene 18, 2018 5:42 am

Beatrice Bennington... se repitió mentalmente, como si esa simple acción le ayudara a recordar mas tarde aquel nombre. Como un salvavidas en medio de un océano.  Era extraño, desde que había comenzado a ser fugitiva hasta ahora se había dado cuenta que los nombres son muy valiosos en tiempos como los de hoy.

 Observó a Laith y como  su rostro se iba contrayendo cada vez más en busca de nuevos nombres, y al verlo así comprendió que para él tampoco todo aquello debe de ser fácil.  Esbozo lo más cercano a una sonrisa que podía emerger de su boca en ese momento.- Lo o la encontraré de eso no hay duda.- dijo segura, aún conservado el terror enorme de no poder llevar a cabo aquella misión trato de mirar el futuro de manera positiva. Que si no lo hacía estaba segura que nada bueno podía pasar. - Bennington, Beatrice Bennington.- agregó mientras lleva su índice a su sien derecha indicando que aquel nombre estaba tatuado en su memoria.

No podría decir exactamente cuanto tiempo había transcurrido pero si decir que cuando la música comenzó a sonar baja pero audible por la radio del coche los aires comenzaron a calmarse (en la medida de lo posible). ¿Qué canción? no lo recuerda, pero si el paisaje. Hasta podría decir que ahora sabía el camino de memoria a la casa de su amigo, y podía describirlo con un detalle increíble.

Tenía tantas preguntas...pero en su mayoría le temía enormemente a la respuesta.

Le había fallado, eso sentía. Le había fallado a su amigo. Ella debía haberse dado cuenta que las cosas no andaban bien, ella debía estar a su lado cuando por su cerebrito pasó la idea de que se debía ir. Ella debía haber estado a su lado y decirle "Tranquilo, las cosas ya cambiarán. Pero, ¿demos skype? ¿video llamadas?" "Esperemos un tiempo. Piensa que estás en el Castillo, en periodo de exámenes y que la navidad ya vendrá", o cosas por el estilo. Pero no, no estaba allí. ¿Dónde había estado? Ni idea, y eso le daba tanta rabia consigo misma.

Parpadeó un par de veces cuando Laith detuvo el auto. Se bajó de él y intento en vano ayudarlo ya que el en una fracción de segundos ya lo tenía todo solucionado, agradeciendo enormemente la casualidad de que sus caminos se cruzasen. Camino junto a él en silencio, atenta de si en algún momento necesitaba de su ayuda. Llegaron a una pequeña pero acogedora cabaña. Asintió a su dirección cuando le habló, le hubiera gustado decirle "Si necesitas ayuda, me dices" pero la verdad se sentía un ser tan pequeño e inservible que mejor se quedó callada en un costado.Pero sin quitar jamás su mirada de encima a todo el procedimiento.

Wow  , pensó mentalmente al observar al mago hacer todo aquello. Sorprendiendose tanto de las capacidades de la magia como lo increíble del cuerpo humano. Suspiró al pensar que en un día había tenido un remezón enorme de cosas, que la había llevado a un estado  existencial y de constante reflexión e incertidumbre.

- .- agregó sin un atisbo de temor en su voz. Sonando segura y vigorosa. Todo lo contrario a su estado actual, pero durante años había ganado el increíble don de parecer fuerte hasta en los peores momentos. - Tengo experiencia, y podré llevármela.- siguió diciendo con su mirada clavada en la del chico. Y mientras lo iba diciendo comenzó a creerselo y ganando seguridad. Como si el simple hecho de decirlo en voz alta y de tener un objetivo claro le hubiera ayudado a volver a tener un rumbo.

Se acercó a él, en el camino se tronó los dedos y su cuello moviendo su cabeza de un lado a otro. Movimientos que siempre hacía cada vez que estaba nerviosa, ya que sentía que escuchando el sonido de sus huesos desenredarse la  tensión que tenía se iría de ella. - Sé que el día de hoy te he pedido favores que ni con todos los helados del mundo te podré pagar. Y qué has hecho por mí y mi amigo más de lo deberías. Pero aún así tengo la osadía de pedirte un último favor...-  miró el cuerpo de la madre de Adae muerta y luego el cuerpo de su otra madre que de a poco iba recobrando nuevamente color. - ...Lo más urgente es encontrar un sanador para ella. Por lo que me iré al lugar al que me encuentro con ella primero, intentaré con el nombre que me has dicho sino iré en busca de otro sanador o sanadora o algo parecido. Quizás me lleve un tiempo para dejar todo en orden allá...Por lo que te pido si por favor te puedes quedar con ella...- miró nuevamente el cuerpo de la madre de Adae muerta,  que a diferencia de la otra mujer ella había perdido el color casi en su totalidad. Se tatuó nuevamente su imagen en su mente y agregó.- ...Hasta que yo pueda volver por ella. "No todos tienen la muerte que merecen, pero todos merecen un lugar en el cual volver a florecer", eso me lo dijo una vez mi padre...Él es un amante de las flores y dice que todos nos convertimos en una al morir.-  se dibujó una pequeña sonrisa en su rostro. Extrañaba tanto a su padre, y en ese momento, más que ninguno quería estar a su lado y abrazarlo para cerciorarse que estaba vivo y de una pieza. Pero siempre, a pesar de lo mala que fuera la ocasión en la que se encontrase su su solo recuerdo la hacía sonreír.

¿Podrías hacerme ese último favor?.- preguntó con ojos esperanzadores.- Oh...y mi nombre no es Katherine... Es Stella Thorne.- terminó por decirle con un atisbo de sonrisa. Su nombre era su mas humilde agradecimiento. Ya que sentía que en los tiempos que encontraba el mejor regalo era el de la confianza.

No sabía muy bien como terminaría todo aquello. Pero no le importaba, ella tenía una convicción tal que cualquiera que estuviera a su lado confiaría plenamente que la  victoria era inminente. Es que podía resultar o no, pero ella sabía que haría hasta lo imposible por lograrlo. Como también sabía que cuando el tema madres de Adae estuviera en orden ella iría por su amigo. Dónde fuera, como fuera y - por más que odie admitirlo- en el estado que fuera ella iría por él y ojalá más temprano que tarde volver a estar a su lado y decirle:
jamás vuelvas a hacer algo así, cabeza de chorlito.
Más una palmadota en la nuca.
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Laith Gauthier el Sáb Ene 20, 2018 5:35 am

Katherine era una jovencita inteligente, no dudaba que consiguiese ayuda segura. Él no lo era, lamentablemente, aunque desearía serlo. Para bien o para mal, aquel que sabe mucho teme mucho. Era la otra cara de “el que nada debe, nada teme”. Se esmeraba en mantenerse tranquilo, la música lo ayudaba bastante a conseguirlo mientras iba poco a poco despejando su mente. Quería ser el adulto maduro en esa situación, la muchacha no necesitaba a otro manojo de nervios aunque le costase. Ya luego se encargaría de aquella agobiante sensación de poder hacer algo más, de haber podido hacer más de lo que se hizo.

Laith era un profesional multiusos. En sus tiempos de médico nomaj, uno no tenía la varita para hacerlo todo sino que tenía que pensar y reaccionar con sus manos rápidamente, así que la costumbre de abarcarlo todo le había quedado. No quería presionar demasiado a la muchacha, pero lo veía necesario. Inhaló tranquilo y asintió con la cabeza cuando le aseguró que podría llevarse a la mujer malherida, consiguió incluso sonreír ligeramente, una mueca leve y cansada, hasta su optimismo tenía un límite a cierta hora de los problemas.

Tú pide —le permitió decirle aquel favor, él mediría si podía o no cumplirlo, estirando su cuello que dolía. La miró pedirle ese favor, dirigiendo su mirada a la mujer que no había logrado sobrevivir. Asintió con la cabeza. — No te preocupes. Me encargaré de todo —le respondió, pues ella tenía razón. Todos merecían una despedida digna al partir. — Y… por cierto. Él también es mi amigo —quizá no lo hubiese sabido sino hasta que llegaron a la casa del niño, pero tenía la sensación de haber perdido algo muy importante. De haber perdido a un amigo muy cercano. — Si crees que… Si planeas un golpe para encontrarlo… Házmelo saber —le pidió. Quizá incluso podría ser útil.

Tal vez no hubiese podido hacer nada en ese momento, pero ahora iba la de ellos. Si Katherine lo organizaba bien, podrían dar con él y traerlo de vuelta al exterior a su libertad. Esperaba que fuese antes de que resultase ser demasiado tarde. Inhaló profundamente, de nuevo, nunca había esperado que su día se tornase así de agitado. Salió de sus pensamientos cuando ella volvió a hablarle para decirle que había dado un nombre falso. Stella Thorne, era su verdadero nombre, incluso le dio su apellido. Sonrió ligeramente cuando ella lo hizo, entendiendo lo que había implícito en esa presentación.

Es un placer conocerte, Stella Thorne —le tendió la mano, sin juzgarle por haberle mentido al comienzo. No se preocupaba por ello, era una muchacha inteligente que sabía que la información podía llegar a ser peligrosa en esos tiempos. — Ve con cuidado, Stella, cuenta conmigo —le prometió sonriendo ligeramente y colocándole una mano en su hombro. — Ya no importa lo que pasó. Fue una tragedia, sí, pero lo importante ahora es lo que vendrá después. Sé fuerte —le pidió en voz baja. Era joven y le jodía que hubiese tenido que pasar por eso.

La dejó marchar, y entonces se llevó las manos a los ojos, cubriéndose los ojos para calmar un poco aquella frustración. Todavía estaba con la mujer que había fallecido y era una sensación horrible. No porque nunca hubiese visto un cadáver, pues la medicina se trataba mucho de ello, pero el hecho de que muriese de esa forma tan cruel no era sencillo. Esperaba que Adae estuviese bien, que ese enano estuviera a salvo, aunque imaginaba que era demasiado pedir. Esperaba que Stella tuviese una idea y se la dijera. Y esperaba poder ayudar.
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