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I'm a runaway now (Laith Gauthier)

Leonardo Lezzo el Lun Jun 12, 2017 11:55 pm

Recuerdo del primer mensaje :

A Leo le había costado muy caro su día de entrenamiento al aire libre. Salió al bosque de Hogwarts para practicar con la varita y terminó enzarzado en una pelea con un mortífago. Por suerte no lo mató. Aquel desalmado lo dejó moribundo en el bosque. Leo tardó varias horas en despertar, y a duras pena pudo desaparecer de allí. Dos días más tarde, cuando todavía no estaba recuperado, salió a pasear a Nico. Empezaba a hacer calor pero Leo debía salir tapado y con gorra, pues tenía moratones en la cara. También cojeaba levemente. El encuentro con el mortífago lo había dejado bastante mal. Cuando volvía a casa tras media hora escasa de paseo con su perro, pues el chico no caminaba bien, vio a unas personas en su edificio. No tenían pinta de muggles, lo reconoció enseguida por las pintas que llevaban. Además, todos iban con la mano derecha metida en sus chaquetas, por lo que Leo imaginó que sostenían sus varitas aunque escondidas.

El chico giró por la primera calle y se largó de allí lo más rápido que pudo. ¿Cómo había podido ser tan descuidado? Tras la pelea con aquel horrible hombre debió dar el aviso de que Leo estaba muerto, y querían cerciorarse de ello. Si habían entrado en el piso no podrían confirmar que estaba vivo, pues realmente estuvo dos días como muerto. Comió sobras de la nevera y helados, Nico igual. Jason estaba fuera esos días y nadie había limpiado desde hacía al menos una semana. Incluso puede que hubiese algún regalo de Nico por cualquier rincón de la casa pues Leo no había tenido el ánimo de salir a pasearlo hasta hoy. Cuando creyó estar en un lugar seguro miró en los bolsillos. Llevaba las llaves de casa, por suerte había cogido la cartera, la varita, dos bolsas para los regalos de Nico, un pañuelo usado y dos galletas de perro. Ahora esas eran todas sus pertenencias. Por suerte, sabía donde ir.

Las últimas semanas habían sido algo duras, pero el chico había conseguido sobrevivir. Buscó ayuda en la gente de la Órden del Fenix, y ahora tenía un techo sobre su cabeza y un trabajo diario. Intentaba no salir más de lo necesario, y solo lo hacía para trasladarse a su lugar de trabajo. Allí nadie podía verlo, pues trabajaba solo. Su tarea consistía en descargar camiones. Llegaba el camión, el sacaba todos los bultos hasta un almacén, el camión se iba y llegaba otro. Así durante siete u ocho horas al día. Luego volvía a su refugio junto a Nico. Hoy libraba, pero debía ir a comprar comida para él y para su perro. Así que salió de día en pleno Londres, no sin miedo. Llevaba la varita oculta en el pantalón. Vestía unos vaqueros, una camiseta de manga corta y una gorra y gafas de sol. Podía parecer cualquier turista, un turista cojo.
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Laith Gauthier el Lun Ago 07, 2017 7:49 am

Leonardo resultó curiosamente hábil para quitarle seriedad a un asunto serio, aunque lo cierto es que Laith no podía tomarse como broma la muerte de nadie, incluso si era el mismo fugitivo quien lo decía. — Evidentemente —fue lo único que agregó. Él entendía bien la posición de Lezzo incluso cuando ni siquiera había estado en su situación. Más de una ocasión se había sentido así, como atrapado y constantemente vigilado, ni siquiera era un prófugo de la ley y lo hacía, ¿cómo lo sentirían los verdaderos fugitivos? Su mente divagaba mientras pensaba en lo que tenía que hacer con la infección, su mente podía dividir bien trabajar de otra actividad, así que pensar en cómo sería ser un traidor declarado no le interfería en nada.

Tampoco es que proveyese mucho, así que cuando realmente se puso manos a la obra su mente se puso en modo sanador, explicándole el primer paso del procedimiento. Momentos después intentaría conversar con él, era la forma más sencilla de hacer las cosas, mientras uno más nervioso está las cosas más duelen, alguna reacción cerebral. — No es nada, es lo menos que puedo hacer si te soy honesto, así que no agradezcas nada —le dijo, dejándolo relajarse conforme trabajaba. Alzó los ojos unos segundos al rostro de Leonardo, luego volvió su mirada a su pierna. — No soy miembro de nada, sólo soy alguien que no puede quedarse quieto frente a una injusticia… Si sé de ellos es porque no soy idiota aunque sea rubio —y ya ven ese dicho que las rubias son tontas, aunque esté teñido. — He visto demasiadas películas, supongo, pero la gente sola dura poco… Conozco a algunos dentro de alguna resistencia, ellos tienen mi número y me piden apoyo, no sé nada más.

La poca información que tenía, en gran parte, había tenido que conectarla él mismo. No podía simplemente dejar a una persona a su suerte, fuese fugitivo, purista, mortífago, todos ellos eran vidas humanas y valían lo mismo, pese a que en calidad de persona no pudiese decir lo mismo. Si mirase a quién le hacía un bien, estaría faltando a uno de sus principios, y una persona sin principios no era nada. Pasando a temas más importantes, la infección era más profunda de lo que desearía, pero no tendrían que amputarle la pierna por suerte, lo que se temía es que pudiese haberse sensibilizado con los cortes que había tenido que hacer.

¿Quieres que te regale un loro a juego con tu pata de palo? Puedes usar un parche también —bromeó un poco, haciendo presión para detener el sangrado y empujando con su codo su mochila. — Busca un frasco violeta oscuro que tiene un gotero, por favor —le pidió, necesitaría un poco de ayuda para no ensuciar más de la cuenta. — La herida es profunda, pero no hay tejido muerto así que no hay nada que temer, supongo que todo esto es... justo a tiempo —se jactó un poco, tendría que eliminar la pus de la infección, limpiar bien y hacer algunas curaciones antes de cerrar, todo a partir de entonces era llevadero, más o menos.

Entonces, un pensamiento surgió en su mente de pronto, cuando tenía el frasco en la mano y volvía a trabajar en la pierna. — Cuéntame… ¿Tienes familia? ¿Saben algo de todo esto? —recordaba la sospecha de que Leonardo pudiese tener al menos un pariente nomaj por la forma en que había temido las inyecciones y los puntos. Mismos que se temía tendría que usar con esa herida, pero no lo diría hasta que estuviese completamente seguro de ello. Por ahora buscaba los puntos de concentración de la infección para usar la poción que escocía al limpiar echando humo y haciendo efervescencia.
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Leonardo Lezzo el Mar Sep 05, 2017 12:16 am

Podía culpar a la inyección, o quizás era gracias a Laith, pero fuese como fuese Leo estaba mucho más relajado. Lo que estaba a punto de sucederle a su pierna era algo bueno, porque iba a poder encontrarse mejor. Llevaba demasiados meses con dolor en la pierna y cojeando. Por culpa de esa cojera la otra pierna también se le había resentido y a veces le dolía tanto la rodilla que se ponía en lo peor. El chico sabía muy poco sobre sanación aunque confiaba plenamente en las habilidades del sanador. En lo que no confiaba era en su fin. Es decir, ¿qué gana Laith ayudando a un fugitivo? Por eso el chico no se mostraba confiado del todo. Tras unos largos minutos había hecho uso de algo llamado empatía, y se había puesto en el lugar del sanador. Curando y ayudando a un fugitivo se exponía a que le tachasen de traidor. Así que el chico se prometió a si mismo que iba a portarse bien y darle un margen de confianza al experto sanador.

Lo que le pasó por la mente a Leo es que quizás Laith era miembro de la Orden, o estaba en contacto con alguien que lo era. Por eso ayudaba a curar a gente que se encontraba en la misma situación que Leo, o en alguna peor. Los mortifagos no dejan nada a medias, salir vivo de una pela con ellos no es nada fácil. - Mejor que no sepas mucho más. Esa gente rastrera podría sonsacarte información, usan magia muy avanzada. Demasiada gente estaría en peligro. - El chico a veces coincidía con otros fugitivos, había podido ver sus caras. No se le olvidaban las caras de dos niños pequeños, de unos cuatro años, que iban con un hombre que sería su padre. Parecían desorientados, impactados, rotos. Su madre había quedado atrás. ¿Cómo no ayudar a gente en esa situación? A Leo le gustaría poder hacer más por ellos. Aunque en ese momento no estaba en la mejor posición. - Es bueno saber que hay alguien como tu ayudando. - Eso fue un intento de cumplido.

El chico se estaba muy quieto, intentando no moverse ni un milímetro para no entorpecer el trabajo del sanador. Solamente escuchaba y contestaba cuando lo creía necesario. Se rió al pensar en él como un pirata con pata de palo. Pero no porque le diese risa la situación, si no por puro nerviosismo. Laith bromeó con regalarle un loro a juego con la pata de palo. - El parche sería un buen punto, se me vería menos la cara. - En ese instante Laith le pidió un poco de ayuda. Tenía ambas manos ocupadas en su pierna y necesitaba algo de su maletín. El chico buscó con cuidado para no romper nada, mirando de encontrar lo que el sanador necesitaba. Había dos frascos de color violeta pero solo uno tenía un gotero. Lo sacó con sumo cuidado y se lo acercó al sanador. Laith a su vez hablaba de modo tranquilizador sobre la pierna de Leo. No estaba todo perdido.

Para hacer más amena la operación preguntó si Leo tenía familia. - Si, tengo familia. Por suerte mi madre vive en Italia, alejada de todo esto. Aunque...  no sabe nada de mí desde que tuve que huir. Quizás haya podido hablar con mi compañero de piso en Londres. Pero el pobre Jason tampoco sabe nada de mí. Solo espero que él esté bien. ¿Tu podrías...? Quiero decir, me gustaría saber si está bien. Pero tu ya estás haciendo demasiado por mí. - Dijo Leo apuntando a su pierna. Lo bueno es que no sentía dolor, solo notaba como Laith hacía cosas, pero dolor no. - Con suerte esta situación no dure mucho más y yo mismo pueda ir a comprobarlo. Seguro que el muy tonto no se ha dado ni cuenta de que hace meses que no duermo allí. - El chico nunca solía expresar profundo apego por nadie, la forma en que fue educado no se lo permitía. Pero después de lo ocurrido realmente necesitaba saber que su compañero de piso estaba bien. Que su madre estaba bien, que sus abuelos estaban bien, que Yvette estaba bien estuviese donde estuviese... No podía pedirle tantos favores a un solo hombre.
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Laith Gauthier el Vie Sep 08, 2017 9:42 am

Laith no pudo evitar sonreír nada más escuchar la advertencia de Leonardo, porque lo sabía, sabía que podía poner en peligro a más de uno a la más mínima sospecha de que estaba metido en alguna cosa extraña. La ignorancia hace la felicidad, y mucha de la suya estaba hecha de ignorancia, ¿de qué le servía conocer refugios y cosas por el estilo? De absolutamente nada, sólo lo llenaba de preocupaciones innecesarias. Estaba ocupado con lo que hacía, Leonardo se había tranquilizado y ya no se movía demasiado, facilitando el proceso de forma exponencial. Había llegado a considerar la idea de atarle la pierna para que lo dejase trabajar tranquilo.

Gracias —dijo a lo que pensó fue un cumplido, a veces Laith se preguntaba cuántos como él había ahí fuera, traidores del mundo mágico sin ser fugitivos, al menos no todavía. Jugó un poco con la idea de regalarle un disfraz de pirata para la supuesta pata de palo que iba a dejarle, aunque no pensaba que fuese a tener que llegar a esos extremos. — Qué buen plan, así ya nadie te reconocerá —bromeó con una sonrisa ladina, aunque entonces se vio en la complicación de tener que usar sus manos ocupadas, así que pidió las de Leonardo para pedirle un gotero con una solución desinfectante.

Mientras trabajaba, también hablaba con Leonardo, así lo calmaba y lo tenía distraído. Sólo con una pregunta tan breve, el menor dejó notar la preocupación por los suyos y una confianza inusual en él, hablándole sobre su familia, sobre su compañero de piso. Se detuvo un segundo cuando creyó interpretar que quería pedirle ayuda para asegurarse que ellos estuvieren bien. — Sí… supongo que podría… Piénsalo seriamente un rato y, si todavía te parezco de fiar, puedes darme direcciones e iré a comprobar que todo esté bien —le pidió, sólo quería que estuviera seguro que estaba bien confiar en él, no quería después que sintiese culpa o algo parecido por incertidumbre. — ¿Cómo se apellida este chico, Jason? —conocía a muchos Jason, podría ser que, de entre ellos y por casualidad, conociese al compañero de Leonardo.

“Mi compañero de piso está en búsqueda y captura”, sonó de pronto en su mente, no hacía mucho que había conocido a un sujeto llamado de ese modo. Las casualidades no existen, le gustaba creer que todo estaba hecho para ser sólo de la forma que fue. Aclaró la garganta, dejando el frasco ahora en un costado cuando dejó de necesitarlo. — ¿Por… casualidad, Mirchoff? —era particularmente bueno recordando nombres, así que le costó poco traer a su memoria el apellido de aquel muchacho. Esperó su respuesta, sin querer dar información no solicitada de gente que probablemente estaba confundiendo.

De todos modos, fue cuestión de minutos para que suspirase, volvía a necesitar la ayuda de Leonardo. — Sé que esto no te va a gustar, pero necesito que encuentres un hilo y aguja dentro de una cajita blanca, el hilo es color verde muy claro… Es difícil de manipular, pero puede ayudar a que la cicatrización sea varias veces más rápida y con el mínimo riesgo, los puntos se caen solos cuando esté cerrado por completo así que no dolerá nada —le explicó el procedimiento, usando su varita y un hechizo sanador para poder tratar la herida y detener el sangrado, estaba por terminar y también quería revisar el impacto de la otra rodilla para que saliese de la habitación completamente renovado.

Si lo intentaba curar por completo con magia, estaba seguro que iba a quedar una cicatriz fea. Era mejor hacer las cosas correctamente aunque el proceso no le gustara a Leonardo. Al menos, por experiencias pasadas, el menor podía tener claro que no intentaría hacerle daño gratuitamente, algo que el sanador siempre intentaba seguir por motivos de su propia ética laboral. — ¿Tienes alguna forma en que puedas contactarme si vuelve a ocurrir algo? Puedo dejarte mi número, si se te facilita —le propuso, no le gustaría saber que la herida volvía a resentirse o alguna cosa semejante y no tuviera su contacto, aunque ahora sabía que tenía un contacto indirecto con la resistencia.
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Leonardo Lezzo el Lun Sep 11, 2017 11:34 pm

El chico se había relajado tanto que incluso empezaba a hablar más de la cuenta. No es que Laith no fuese de fiar, pero no quería darle tanta información. En los tiempos que corren es mucho mejor no tener información de los demás para que no te la saquen a punta de varita. Los mortífagos son capaces de torturar sin remordimientos con tal de sonsacar toda al información que necesitan. Ninguna de las cosas quería que le sucediera a Laith, que tan bueno estaba siendo con él. Tanta fue la confianza que dado el momento Leo pensó en pedirle ayuda para saber si su amigo y compañero de piso, Jason, se encontraba bien. Desde que terminaron Hogwarts compartían un piso en Londres, se veían a ratos y normalmente se contaban la vida en lo que dura un desayuno, pero eran amigos de verdad. Leo no dudaría en hacer lo que fuese por Jason, e imaginaba que igual a la inversa. Pero pedirle a Laith que investigase si su amigo estaba bien le parecía ya demasiado. No por que no confiase en él si no por el abuso de confianza.

De todos modos Laith aceptó, dejó que el chico se lo pensase un instante. Más que nada porque si quería saber de Jason tendría que darle una dirección y eso podía afectar a la integridad de su amigo. - Bueno, no soy tan idiota como para darte la dirección de mi casa. Más bien estaba pensando en escribir una nota y que se la entregases en al universidad o algo así... - Contestó astutamente. Ni loco estaba pensando en darle su dirección a alguien que no conocía bien. Todavía le daba vueltas a como hacerlo cuando Laith preguntó el apellido del compañero de piso del fugitivo. Leo no iba a darle tanta información, lo que no esperaba era que Laith preguntase directamente si era Jason Mirchoff. El apellido de Jason resonó en su cabeza un instante y se intentó levantar para poder mirar a Laith de frente. Pero este estaba ocupado curando su pierna. Al ser consciente de ello Leo se volvió a  recostar intentando estar quieto. Dejó un momento las preguntas para escuchar a Laith, necesitaba de nuevo algo de su maletín y Leo lo tenía que buscar. Lo hizo sin más, tocando todo con cuidado. No quería pensar en la aguja ni el hilo, no podía quitarse el apellido de Jason de la cabeza. Necesitaba saber porqué Laith le conocía. Le entregó lo que necesitaba, le dio un momento de tregua y pasado un instante atacó de nuevo con sus preguntas. - ¿De qué conoces a Jason Mirchoff? ¿Él está bien? ¿Ha tenido que visitar San Mungo? ¿Es eso? ¿Está bien? -  El poco hablador Leonardo Lezzo soltó todas esas preguntas del tirón sin dar tiempo a contestaciones. Las quería todas de golpe, quería saber ya mismo que pasaba con su amigo.

A parte de que Laith era un buen sanador que se dedicaba a ayudar a los fugitivos y eso podía ser peligroso para él, todavía quería tener contacto por Leo por si volvía a hacerse daño o la herida no sanaba del todo bien. Proponía darle su número para que el chico pudiese llamarle en caso de necesitar su ayuda. Leo no tenía móvil pero había muchas cabinas telefónicas en la ciudad. - Parece que te resulta fácil toparte con gente herida, aún así creo que si, podría llamarte. ¿Y tu? ¿Cómo podrías contactarme en caso de necesitarme? Es decir... Tu todavía vives en el mundo de los magos. Si hay alguien que necesita refugio, ¿sabes dónde llevarle? - A pensar de estar herido, perdido, pobre, solo y fugitivo Leo todavía pensaba en los demás. Quería salvar cuantas más vidas posibles pues sabía que la mejor alternativa a ser un fugitivo era la muerte. La mejor alternativa, pues al peor era ser torturado hasta la muerte o la locura. No lo deseaba ni al peor de sus enemigos.  
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Laith Gauthier el Jue Sep 14, 2017 7:38 am

La concentración de Laith era bastante y entorpecía un poco su razonamiento al largo plazo, por suerte Leonardo estaba atento a la charla también y le hizo saber que no iba a decirle dónde estaba viviendo su amigo, asintiendo con lo que dijo sobre entregarle algo en la universidad. Su mente, en ese momento, comenzó a activar hasta que un chico se le vino a la mente. Jugó con la suerte, después de todo, ¿qué era lo peor que pudiese pasar? El fugitivo no era él, era Leonardo, y si se veía en la forzosa necesidad de defenderse para negar su traición su voz tenía más fuerza que la de un fugitivo. Si bien podía peligrar el otro sujeto, Mirchoff, si no lo conocía no tenía por qué darle más detalles sobre ese chico en particular.

Inesperadamente, el muchacho reaccionó a ese nombre. Le restó importancia para tomar lo que necesitaba de su mochila, la aguja y el hilo. Sin embargo, la tensión que se sentía se disparó de pronto en varias preguntas seguidas, bombardeadas, sobre ese muchacho. Laith oyó las preguntas sin interrumpirlo, sabiendo que iba a cortarlo con la siguiente apenas intentase hacer algún amague de respuesta. Entendió en ese momento que le había dado justo en el blanco, le había dado directo al sujeto que estaba buscando. Le hizo estremecerse la mera idea de que, realmente, esa no era una casualidad, lo que era raro.

Calma, tranquilo —primero lo acallo. — Él está… bien —no precisamente, lo había dejado preocupado, pero eran asuntos que no revelaría por ética laboral. — No ha ido a San Mungo, no está herido, me lo encontré un día cuando fui a la universidad a buscar algo, no tienes por qué preocuparte por él… Se las está arreglando bien —no le dio información que no le competía revelar, pero sí la suficiente como para que pudiese mantenerse tranquilo de que su compañero y posible amigo no estaba en peligro. Leonardo tenía razón en que no saber demasiado era lo mejor, en especial porque no era un tema que le correspondiese a él; si por otro lado Jason quisiese contactar con él sería otro asunto.

Ofreció, eventualmente, su número para que el otro lo localizase fácilmente. Le gustaba que los fugitivos tuviesen su número porque se les había sido negado el acceso a la salud pública, algo completamente inhumano. El sólo intentar acercarse al hospital mágico y los apresarían en segundos, en un hospital nomaj no tenían demasiada seguridad porque también les inculpaban de crímenes bajo esas circunstancias. El otro, sin embargo, desvió ligeramente su ofrecimiento, creyó que tal vez lo rechazaría pero no fue así, a lo que asintió ligeramente con la cabeza.

Supongo, soy un imán de problemas —y él no solía meterse en ninguno serio. Irónico. — No te preocupes por mí, tengo mis ases bajo la manga, no tienes por qué pensar en eso… Si encuentro a alguien que necesita ayuda, puedo encargarme, tú no te preocupes —insistió, no consideraba que Leonardo debería sentirse en ningún punto como si a él le debiese algo. Cuando había encontrado fugitivos, había contactado con alguno de sus amigos en el que confiaba y estos le habían tendido la mano para poder apoyarlo. — Primero debes sanar tu pierna antes de ayudar a alguien más —se burló ligeramente, sólo por entretenerse un poco. No era, sin embargo, ninguna mentira, después de todo.

Luego de todo, había comenzado a coser y al cabo de un rato había terminado de coserlo. Ya le había explicado todo el procedimiento, así que simplemente se limitó a vendarle la pierna y a revisar la otra. Estaba resentida por la cojera, pero un bálsamo fue lo único que le hizo falta, de esa manera podría recuperarse junto con la otra pierna que tenía lastimada. Cuando dio por terminado aquel trabajo, se quitó los guantes y empezó a guardarlo todo, dándole tiempo a Leonardo por si acaso tenía alguna otra molestia para poder chequearla inmediatamente.
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Leonardo Lezzo el Vie Sep 15, 2017 11:54 pm

Leo siempre fue un chico sencillo y bondadoso. En al escuela le fue bien y tenía muchos amigos en su barrio. No era como el típico chico marginado por ser demasiado buena. Era bueno y se rodeaba de gente buena. Sin contar todo lo de su padre. Ahora, aunque fuese un mago adulto ya, no había cambiado nada. El chico seguía siendo igual de bueno y dado a ayudar a los demás. Igual por eso le costaba dejarse ayudar. Pero si se trataba de sus amigos no dudaba a pedir un favor. De modo que se aprovechó de la confianza que Laith le estaba dando para saber si podría hacerle saber a Jason que él estaba bien. Es decir, Leo y Jason llevaban dos años compartiendo un piso de estudiantes y de la noche a la mañana Leo desapareció. Además era buscado por el Ministerio. Leo necesitaba saber que su amigo estaba bien pero también necesitaba que Jason supiese que él no había matado a nadie. Todo era un engaño del nuevo gobierno.

Muy grande fue la casualidad de que el sanador conociese a Jason. Se trataba del mismo Jason. Pero eso a Leo no el tranquilizó, pues él conocía a Laith por las veces que había necesitado su ayuda. Lo primero que hizo fue preguntar si su amigo estaba bien. Y lo hizo insistentemente, sin a penas dejar hablar al otro. Se temía lo peor. Laith lo tranquilizó, conocía a Jason de haberlo visto en la universidad. Aquello no sonaba del todo bien. Leo pensó que su amigo no es el típico que se pone a hablar con un desconocido sin más. El chico quiso preguntar algo más pero se lo guardó. Nunca se había metido en la vida privada y amorosa de su compañero de piso, y no lo haría ahora. - ¡Que casualidad! Me alegro que esté bien. Seguro que sabe apañárselas, es un chico listo. - Jason era un buen chico, amable y simpático como el que más. Un compañero de piso genial. Aunque casi nunca coincidían en casa, Leo le echaba de menos.

Laith había terminado el trabajo. El chico ni se había enterado de la aguja y eso que le había tenido que coser. Como tenía la pierna dormida y su cabeza estaba ocupada pensando en Jason no sintió dolor. Ahora no sentía ningún dolor. Suponía que cuando terminase el efecto de la poción la herida le dolería, pero de momento nada. - Sé que ahora no estoy en posición de prometer ni ofrecer nada, pero esta mierda terminará algún día. Cuando vuelva a ser un hombre libre quizás pueda recompensarte por todo lo que has hecho por mí. - Se quedó recostado pues no sabía si podía andar ya o debía reposar. En ese momento sus tripas sonaron y Leo tosió para disimularlo. No recordaba haber comido nada el día de hoy, pero tenía pensado comprar algo para él cuando fuese a comprar comida para Nico. - ¿Crees que pueda levantarme ya o debo guardar reposo? - Lo que Leo temía es no poder andar pues sentía la pierna todavía un poco dormida. La movía, pero no tenía sensación de estar moviéndola. Como cuando te quitan una muela, que se te queda el labio dormido e incluso a veces la nariz o la mejilla, y mueves la lengua para hablar pero no notas que se mueva.
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Laith Gauthier el Miér Sep 20, 2017 10:34 pm

Conocer a Jason fue, de hecho, un evento un poco curioso. Más o menos porque había sido él quien se acercó primero dando un dato completamente irrelevante sólo porque estaba aburrido, y al final habían terminado conversando. Qué podía hacer, después de todo, si a veces era tan extrovertido que rallaba un poco lo sobrecogedor. Pero al menos se sintió aliviado de poder tranquilizar al fugitivo sobre su compañero de piso, asintiendo con la cabeza en cuanto le dijo que se las estaba apañando por ser un chico listo. No tenía muy claro si listo, pero sí que era dedicado y muy simpático, había acabado cayéndole bien al final de su breve aventura por la universidad.

Es un buen sujeto, lo hará bien —secundó. Poco tiempo luego ya había conseguido terminar con el tratamiento, cuando terminó de darle puntadas y las revisó para asegurarse de que estuviesen bien hechas. Lo miró en el momento en que empezó a hablarle, de nuevo, aquella posibilidad de devolverle la ayuda. — Estaré esperando por ese día, entonces —fue su respuesta. Le gustaba el optimismo de Leonardo, esperaba él también que toda esa mierda terminase eventualmente, aunque seguramente los daños que ocasionó no sanarían fácilmente. — Si te levantas, estoy casi seguro de que la pierna no responderá y te caerás, mejor espera a que pase un poco… Y también, intenta no hacer mucho esfuerzo, podrías romper las suturas —le advirtió, para que tuviese cuidado con ello.

Había escuchado el gruñido de las tripas del otro, seguramente llevase un rato sin comer algo. La verdad, no tenía ni idea de las condiciones en que la gente del refugio vivía, él sólo le entregaba a veces a algunos nexos con éste medicamentos para que sus habitantes no sufrieran enfermedades o dolor. Tocó su ropa para asegurarse que en esta tuviese su billetera y su teléfono móvil. — Quédate aquí, necesito ir a comprar algo cerca, regresaré —le aseguró, dejando sus cosas cerca para luego acercarse a la puerta. Creía que ya tenía bastante confianza del otro como para dejarlo solo sin preocuparse porque fuese a escaparse por la ventana o algo. O aparecerse, que era más seguro y con menos riesgo a matarse por saltar de un piso un tanto alto.

Al salir de la habitación, se acomodó la chaqueta y salió del hotel poco tiempo luego. No le gustaba pasar mucho tiempo en un mismo sitio cuando estaba en la zona nomaj haciendo cosas ilegales, pero en ese momento era completamente necesario. En fin, no era como si pudiese verse preocupado o algo parecido, la espontaneidad era lo que salvaba muchas veces su pellejo cuando lo pillaban con las manos en la masa, poder maquinar una buena excusa era más complicado cuando había actitudes sospechosas de por medio. Así que, como si lo hiciera todos los días y fuese raro lo contrario, se aproximó a un local de comida rápida a algunas calles de ahí, un McDonald’s, ¿por qué? Porque podía. Y compró de ahí una generosa cantidad de comida, más como si esperase alimentar a un ejército que a un par de sujetos, él y Leonardo, evidentemente. Ya que él tendía a comer quizá demasiado, pensaba que todo el mundo comía las mismas cantidades que él.

No era un plan tan descabellado sólo ir, darle algo de comer, comer él también un poco y luego marcharse a seguir con sus cosas. Así, Leonardo podría quedarse en la habitación descansando o aparecerse en otro sitio, lo que mejor creyese conveniente. Se iba asegurando cada tanto que no lo siguieran, de forma muy casual y sutil, hasta llegar de nuevo a la habitación del hotel y subir al dormitorio en donde había dejado al muchacho. — No sabía si comprarte una hamburguesa de res o de pollo… Así que compré las dos —con él, nada iba a desperdiciarse, así que derrochar en comida nunca era una opción, era una prioridad.
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Leonardo Lezzo el Vie Sep 22, 2017 12:20 am

Era imposible devolverle a Laith todos los favores que le había hecho a Leo, pero el chico lo sabía y haría lo posible para devolvérselos. No olvidaba fácilmente ese tipo de favores, pues era un tipo humilde y lleno de bondad. Después de aquello que había hecho por él tenía que le pillasen. Ya no temía porque el sanador estuviese al servicio del nuevo orden, si no que temía que encerrasen a Laith por haber ayudado a un fugitivo. Por su culpa el sanador podría estar en problemas. Se propuso no volver a molestarlo más después de aquello. Le había curado su pierna, y aunque de momento la tenía dormida y no podía caminar, muy pronto estaría totalmente recuperado. No le gustaría volver a estar mal pero si le pediría su número. En este momento de la historia nunca sabes si puedes necesitar ayuda ni a quien te puedes encontrar herido. Es bueno contar con alguien más.

Leo debía hacer reposo, y Laith de repente recordó que tenía que comprar algo cerca. Aseguró que regresaría. - Está bien, no creo que vaya a moverme. - Contestó con ironía. No sentía la pierna, seguía dormida. Laith salió de la habitación y el fugitivo se quedó solo. Inspeccionó la habitación, antes no había puesto atención a los detalles. Tenía cierto encanto, y la cama era muy cómoda comparada con el saco que usaba Leo para dormir cada noche desde que había tenido que huir. Se intuía una ventana tras una frondosa cortina de color rojo. Acogedor. La de hombres que habrían tenido sexo en aquel mismo colchón. Leo prefirió no pensar en aquello. Y más cuando el responsable del mostrador había reconocido a Laith. En ese instante la paranoia volvió a la mente del chico. ¿Y si Laith se había ido para no volver? O peor aún, ¿si había ido a avisar a los mortífagos? Leo buscó su varita y la sostuvo apuntando a la puerta.

Entonces la bajó sintiéndose muy estúpido. Laith había dejado allí sus cosas. Volvería seguro. Siguió con la varita en la mano pero con la mano relajada sobre la cama. El sanador tardó un poco en volver y el fugitivo casi se queda dormido. La cama era demasiado cómoda. Lo que no esperaba era ver a Laith cargado con una bolsa con una gran eme dibujada. Traía comida. Leo sonrió. - Definitivamente eres el mejor sanador del mundo. - Había comprado de pollo y de ternera, porque no sabía cuales le gustaban a Leo. El chico comía de todo, estaba bien educado, y más en estos tiempos. Se hubiese comido incluso un plato de judías verdes hervidas. - Todas me gustan. Eres un buen tío. Ahora si que ya no sé como agradecerte... - La habitación empezaba a oler de maravilla. Leo nunca había sido un gran entusiasta de aquella comida rápida, pero reconocía que había algo adictivo en ella. Se incorporó un poco y dejó hueco a Laith. Al menos él iba a comer en la cama, no podía levantarse. Y en aquel instante tuvo la imperiosa necesidad de decir algo. - Aunque siempre me han gustado las chicas, empiezas a parecerme encantador... - Estaba bromeando, por supuesto. Soltó una carcajada sonora para remarcarlo. A él no le gustaban los hombres, ni siquiera llegaba a parecerle normal que dos hombres pudiesen ser pareja, solo bromeaba. Le había curado sin dolor y encima le llevaba hamburguesas con el hambre que él tenía. Era posiblemente uno de los mejores días que había tenido desde que era un fugitivo.
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Laith Gauthier el Mar Sep 26, 2017 5:29 am

Laith acabó mirando a Leonardo con un gesto divertido y curioso cuando éste hizo un comentario irónico sobre su advertencia de no irse, sabiendo que no podría moverse por físicamente encontrarse indispuesto. Su viaje a través de las calles nomaj para conseguir algo de comida fue fructuosa, así que al poco tiempo ya estaba de regreso, había sido más bien rápido poder pasar por el recepcionista que no hacía demasiadas preguntas, sólo algunas sonrisas traviesas queriendo imaginarse todo lo que en esa habitación ocurría y que, de hecho, estaba muy lejos de suceder. No debían quedarse mucho tiempo en un mismo sitio, pero ya vería cómo acelerar el proceso de despertar la pierna de Leonardo si no ocurría pronto.

No me gusta presumir, pero lo intento —se sonrió, divertido, en cuanto él dijo que era el mejor sanador del mundo. Era su aspiración. Que un muchacho lo reconociera ya era bastante, suficiente para hincharle un poco el pecho. — Soy fácil de hacer feliz, cuando todo vuelva a la normalidad cómprame un helado y estamos a mano —le puso un precio a su amabilidad, ya que el otro tanto insistía en ello. Se sentó en la cama, regando a través de toda esta las cajas que había comprado que contenían una hamburguesa cada una, tan concentrado en su tarea que lo tomó desprevenido el comentario a broma que Leonardo hizo. No el comentario más oportuno de decirle a un hombre gay en un motel de ambiente, si podía decirlo. — Vaya, gracias, imagino que no tiene nada que ver que te cure y te alimente, pero lo siento, no eres mi tipo —ironizó un poco, para luego dejar caer de nuevo el comentario que había usado antes para romper el hielo.

Él también sólo estaba bromeando, había confirmado que uno no puede cambiar sus gustos ni aunque lo intente, así que era evidentemente falso que de un momento a otro iba a parecerle encantador en un sentido más allá de que le agradase. — Eres un crío todavía, me sienta mal que estés en esta situación —le confesó luego de unos segundos. No quería menospreciar sus habilidades por edad, pero sí que pensaba que podía estar haciendo otras cosas que no fueran huir de la ley. El régimen nuevo había sido un cambio de mal en peor. Aprovechó para garabatear en el reverso del ticket de las compras su número telefónico con un bolígrafo nomaj y dárselo al otro. — Aquí, puedes llamarme de cualquier cabina telefónica, aunque preferiría si puedes pedir a alguien prestado un móvil o algo, tú sabes, para ponerme en contacto si no atiendo —le aconsejó.

Muchas veces podía, sí, tomar las llamadas entrantes. Otras no, otras estaba rodeado de magos y no podía darse el lujo de contestar una llamada. Por ello, recibir una llamada de un número que recibiese mensajes entrantes era mucho más adecuado, claro que todo dependía de las posibilidades de ambos. Lo dejó comer, y él también comió, con esa hambre voraz como si no hubiese comido en semanas, aunque sin acaparar tampoco. — ¿Crees que puedes aparecer en un sitio seguro? No es bueno quedarse en un mismo sitio mucho tiempo —le preguntó, sin tono de prisa, sino como si simplemente le preguntase si creía que llovería esa tarde. No lo estaba echando, después de todo, no era esa la intención, pero por paranoico aún seguía con vida, luego de meses de traición al gobierno.
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Leonardo Lezzo el Vie Sep 29, 2017 11:50 am

Con el rico olor de las hamburguesas y la ausencia de dolor, Leo casi se olvidó de su desgracia. Se sentía tan bien todo aquello que incluso se permitió el lujo de bromear con Laith cuando este regresó del McDonald's. El sanador había salido a propósito para traerle algo de comer, a parte de haberle curado la pierna. Lo cierto es que ni en mil años tendría como agradecerle todo. Esperaba poder agradecérselo algún día, le debía la vida. Laith, demasiado humilde, dijo que se conformaba con un helado. - Bien, lo apunto. Te debo unas copas y un helado de tres kilos por lo menos. Voy a empezar a ahorrar. - De nuevo bromeaba, pues su penosa situación no le permitía ni siquiera comprar un helado por capricho. Mejor usar el poco dinero que conseguía en su trabajo para comprar comida nutritiva y comida para Nico. En ese instante se acordó del perro. - Como último favor en el día de hoy, ¿puedo robarte una hamburguesa? Tengo un perro al que alimentar... - La cara de pena del chico hacía imposible que Laith le negase el llevarse una hamburguesa. Con lo que iba a comer Leo hoy tenía para aguantar por lo menos hasta mañana. Había tenido días peores. Pero no permitiría que Nico pasase hambre.

Se enfadó un poco cuando el sanador le llamó crío. Laith no parecía mucho mayor aunque quizás su aspecto moderno le hacía parecer más joven. - No te sientas mal, hombre, no soy ningún crío. Ya tengo 20 años y por el momento he sabido arreglármelas. - No era un adulto completamente formado, pero tenía a sus espaldas siete maravillosos años de formación en Hogwarts y casi dos cursos de auror. Se consideraba mejor que algunos de los seguidores de Voldemort. Sabía que lo era.  Tuvo mala suerte topándose con la gente equivocada, y en ningún momento se defendió alegando que era mestizo. Para él aquello no tenía ningún valor. Estaba en el bando opuesto y esta vez le tocaba ser el perseguido. Quizás pronto cambien las tornas y pueda volver a su tranquila vida de estudiante de auror.

Laith le entregó su número de teléfono. Leo cogió el papel y lo dobló con cuidado para luego guardarlo en su cartera. - Intentaré siempre mandarte un mensaje, o llamarte de un número móvil si ocurre alguna emergencia. - Leo se había comido tres hamburguesas. No estaba seguro de si había distinguido el sabor del pollo o la ternera, y le daba igual. Su estómago estaba agradecido de tener algo tibio que digerir. Engullía como lo que era, un vagabundo muerto de hambre. Había perdido algunos kilos en estos meses, pero gracias al trabajo se mantenía fuerte. Laith quiso saber si podría aparecerse en un lugar seguro. - Mi intención no es ponerte en problemas después de todo lo que has hecho por mí. La pierna todavía no despierta del todo, siendo un cosquilleo, pero podría aparecerme sin problema. Tras mi pelea con el mortífago estaba mucho más perjudicado y fui capaz de aparecer de una pieza. ¿Crees que debería hacerlo desde aquí o mejor un lugar seguro fuera de aquí? El dueño podría sospechar... - Leo miró en la habitación buscando algo parecido a unas muletas aún a sabiendas de que allí no había nada más que ropa de hogar, muebles y dos hombres con muchas hamburguesas.
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Laith Gauthier el Lun Oct 02, 2017 5:42 am

Laith soltó una risa en cuanto escuchó que iba a comprarle unas copas y un helado de al menos tres kilos, una clara exageración. No le importó demasiado aquello, pues realmente no estaba esperando en ningún momento que le pagase algo. Si esperase algo a cambio de las cosas que hacía estaba seguro que viviría decepcionado. Cuando hubieron acabado de comer aún quedaban dos hamburguesas, Leonardo no tardó en pedirle como favor dejarlo llevarse una de ellas. Incluso aunque hubiera querido, esa cara de cachorrito apaleado no lo hubiera dejado negarse.

Claro, llévate las dos —concedió, haciendo un gesto condescendiente con la cabeza. No estaba menospreciando en ninguna medida las habilidades del menor, pero sí que le sentaba especialmente mal que las personas más jóvenes tuviesen que pasar por ello, y debajo de su edad todo el mundo le parecía muy joven. — Sé que te las has arreglado, pero eso no significa que esté bien que tengas que pasar por esto, nadie debería —le hizo saber, lo que estaba realmente intentando decir. Él, empático, resentía lo que los fugitivos aunque no estuviera en su misma situación.

Al final le dio su número telefónico. A veces hacía uso de los tickets o de cualquier papel que se encontrara para escribir alguna nota o algún número. Y si no, se lo escribía en la piel como si nada. Le pidió que, si podía, le llamase de algún sitio donde pudiera devolver la llamada si no lo atendía, así que el joven pareció haber entendido bien la idea de lo que precisaba. No le gustaría que, de necesitarlo, no pudiese atender la llamada y Leonardo estuviese en peligro por culpa de ello. Decidió preguntarle si era capaz de aparecer en una zona segura desde ahí. Soltó, entonces, una carcajada cuando mencionó al dueño.

Es mejor que vayas a un sitio donde puedas descansar sin riesgo a que te encuentren —aconsejó, sin poder esconder la gracia que sentía. — ¿Crees que quiero que el dueño te vea cojeando? Vengo aquí con frecuencia, no me apetece que me des ese tipo de fama —sintió ligera vergüenza al decirlo, pero había optado por la honestidad. — Puedo inventarme algo para que no pregunte por ti, pero realmente creo que será mejor que te vayas desde aquí —tenía una sonrisa traviesa, algo avergonzada a decir verdad, no había sido una buena idea entrar a un motel así pero ya no tenía demasiada importancia.

Sí, pensaba que eso sería lo mejor, separarse ahí cada quien por su lado. Diría, si alguien preguntaba algo, que su acompañante descansaba y que, con lo tímido que era, ya se marcharía y que no debía extrañarles si no le veían entregar la habitación. Le sonaba mejor a que la gente empezara a hablar de él al respecto de ese día y que, en malentendidos, acabara con una fama que no debió atribuírsele en ningún momento. Qué divertido, realmente era muy entretenido ese tipo de problemas, casi inocentes. Al menos mientras nadie les pillase ni les quisieran llevar a la cárcel o algún sitio parecido.

Cuídate mucho, ¿vale? Cualquier cosa, sabes cómo comunicarte conmigo —le sonrió, esperaba que le escribiera si tenía oportunidad sólo para saber que todo estaba bien. Siempre se quedaba pensando en cómo estaba la gente que ayudaba, le gustaba saber que no había ocurrido nada malo para no tener que preocuparse durante mucho tiempo. Esperaba no encontrárselo en una mala situación otra vez, no obstante, creía que ahora se había conseguido ganar la confianza del fugitivo.
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Leonardo Lezzo el Miér Oct 11, 2017 12:31 am

Nunca había tenido que pedir ayuda, siempre se las había arreglado solo. Incluso cuando la situación en su casa era insostenible. Toda la violencia que había sufrido con su padre le había hecho fuerte. Pero Leo era capaz de pedir para los demás. Ya fuera ayuda para otros refugiados o hamburguesas para el hambriento Nico. Su pobre perro estaba demasiado flaco, se le notaban las costillas. Laith aceptó encantado y le regaló las dos hamburguesas que quedaban. El pastor alemán se daría un festín esta noche, y mañana volvería al pienso para perros del supermercado. Por el momento, Leo tenía que aparecer en un lugar seguro. Laith y él habían pasado mucho tiempo en aquella habitación de hotel. Su pierna estaba curada y despertando. Debían marcharse antes de que nadie pudiese encontrarles. Le surgió una duda sobre su forma de desaparecer, pues no quería meter a Laith en ningún problema. Tenía que aparecerse desde aquella misma habitación porque su pierna no estaba lista para caminar todavía. El sanador prometió que no ocurriría nada. Sobre todo, no quería que el dueño me viese salir cojeando. Daría muy mala impresión. Alguien podría pensar algo que no es.

Miró a su alrededor, cogiendo en las manos todo lo que tenía que llevar consigo. Las hamburguesas sobre todo, el papel con el número de Laith, y nada más. Por costumbre, se dio un manotazo en el bolsillo del pantalón para cerciorarse de que lo llevaba todo. - Tu también cuídate. Espero que nos podamos ver pronto en otras circunstancias. Te debo la vida, de por vida... - Se despidió del sanador y desapareció. Usó la aparición para llegar hasta su refugio. Y como cada día lanzó hechizos protectores. Estaba sentado en el suelo, tal y como lo había estado en la cama de aquel hotel. Nico salió bostezando de debajo de su manta y se acercó olisqueando las hamburguesas ya frías. Leo abrió una de las cajas y se la mostró. El pobre perro mordió la hamburguesa con sumo cuidado, incrédulo ante tan exquisito manjar. Esta vez tenía tanta hambre que se comería incluso el queso. Cuando se terminó la primera, en cuestión de segundos, Leo le entregó la segunda. Nico la devoró. Luego se recortó junto a su dueño lamiéndole las manos. No era justo que el perro más inocente del mundo tuviese que vivir como un fugitivo.
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