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Highway dreaming —Kara.

Silvanus D. Gates el Jue Jun 22, 2017 12:11 am

Highway dreaming
Silas Donovan Gates y Kara Silverlock  - 14:54 horas - Ala sur del Área-M
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Experimentar con muggles solía ser el núcleo principal del trabajo que ejercía Silas dentro del Área-M. La gran mayoría de hechizos que creaba y comprobaba eran dedicados expresamente hacia seres humanos, por lo que era una tontería cambiar de ámbitos cuando toda su función recaía en un mismo sector. Por mucho que pudiese creerse por las malas lenguas, los extirpadores no solo creaban maldiciones para hacer sufrir a los espécimen de experimentación, oh, no. Los extirpadores tenían una función mucho más amplia que esa: ellos se encargaban no solo de las maldiciones, sino también de los hechizos y de los encantamientos; hechizos y encantamientos que, a simple vista, carecen de malicia u oportunidad de hacer daño. No obstante, todo experimento suele tener un proceso de causa-efecto que mayoritariamente, en los primeros intentos, suele ser a ensayo y error; errores que pueden ser fatales. Ahí entraban también los extirpadores, aquellos trabajadores capaces de buscar hasta el más mínimo fallo que pudiese ser fatal. Y, obviamente, ahí estaban los presos como tributo para ser las ratas de laboratorio.

No todos tenían el trabajo más honorable, pero al menos ellos estaban siendo los precursores del futuro. O al menos así le gustaba verlo a Silas. Él era consciente de que para avanzar, había que hacer sacrificios y, al menos para una persona como él, eso no era problema; estaba tan enfermo que incluso disfrutaba con la desgracia y el dolor ajeno.

Pero había matices. Gates no era un hombre amante de las criaturas mágicas, pero sin duda alguna les tenía mucho más aprecio que a los seres humanos, al menos de cara científica. Solía tener como sujetos de experimentación en muchas ocasiones a criaturas mágicas pues los hechizos que estudiaban eran dedicados a éstas y no mostraba ni de lejos el mismo comportamiento que con un humano. Era irónico que tuviese un trato más humanitario con una criatura mágica que con un humano, pero las criaturas tenían algo que los humanos no tenían; algo especial que las hacía únicas y mucho más valiosas. Humanos, magos o muggles, habían demasiados y cada cual a peor.

Ese día Silas se encontraba en las celdas dedicadas a las criaturas mágicas, unas celdas encantadas mágicamente no solo para que fuesen mucho más grandes que las convencionales para humanos, sino que además cada una de ella estaba encantada de manera independiente para que recrease el hábitat propio de la criatura en cuestión que albergaba en su interior. Recreaban una falsa sensación de libertad a la criatura para que ésta viviese plena y en una ilusión mientras no la necesitasen. El extirpador estaba allí haciendo recuento de las criaturas, así como a los tratamientos a los que habían sido expuestos, las operaciones en las que habían estado y todo aquello que fuese relevante en la conducta y vivencia de la criatura en el Área-M. Normalmente ese tipo de burocracia no le tocaba hacerla a Silas, pero como iba a meterse de lleno en un proyecto relacionado con las criaturas, decidió actualizarse él mismo la base de datos que necesitaba e iba a utilizar.

Justo cuando estaba terminando y pronto las manecillas del reloj de su muñeca darían el final de su jornada laboral aquel mediodía, escuchó unos pasos gráciles y femeninos en aquel pasillo que, por norma general, estaba vacío y silencioso. Giró la cabeza un poco para observar a la figura y alzó las cejas sorprendidos al ver allí a Kara. Hacía tiempo que ambos estaban enfrascados en sus propios proyectos, por lo que desconocía que se le perdía a la extirpadora en el ala sur del Área-M.

Hola, Kara.

Normalmente Silas era un poco soso saludando a la gente, pero en el fondo se alegraba de ver a Kara allí. Era, con diferencia, la extirpadora con la que mejor se llevaba. Él era complicado y tenía la sensación de que sus intereses no iban acorde con el resto de sus compañeros de trabajo. Sin embargo, con SIlverlock era diferente.  

Miró el reloj en lo que ésta acortaba distancias con él. Quería preguntarle que qué narices se le perdía allí, al igual que suponía que ella tendría la misma pregunta para él. Sin embargo, ahora mismo había una prioridad en el aire.

¿Terminas ahora?

Al menos él estaba hambriento.
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Kara Silverlock el Mar Jun 27, 2017 6:56 pm

La vida era maravillosamente maravillosa desde que había sido elegida para participar en los proyectos de investigación del Área-M. Porque para Kara la ciencia era gran parte de todo su ser, le daba sentido a su existencia y era lo único que la llegaba a motivar —para alguien incapaz de sentir emociones, eso era decir mucho—, por lo que entrar en aquel departamento del nuevo gobierno era como un sueño hecho realidad. Porque en el Área-M se había logrado suplir una carencia de la que se evidenciaba normalmente la investigación mágica: los sujetos de experimentación. Los modelos animales, aunque suficientes para la investigación científica muggle, se quedaban cortos en cuanto al efecto de hechizos y pociones sobre humanos. Los resultados no se podían trasladar. Y es ahí donde el Área-M brillaba en todo su esplendor, porque disponía de un goteo incesante de traidores al gobierno como conejillos de indias perfectos, dispuestos bajo los bisturís y varitas de los extirpadores como Kara Silverlock.

“Trabajo, trabajo, trabajo.”

En la cabeza de Kara no había sitio para otra cosa. Parecía querer aprovechar cada segundo de su estancia en el Área-M, como si fuese a acabar mañana; como si tuviese que suplir años y años de investigación carente de los sujetos de análisis adecuados en muy pero que muy poco tiempo. Tanto así, que no era raro que soliera olvidar los horarios de comida como en aquella ocasión.

— Tranquilo, querido. Esto no te va a doler. — calmó Kara. — No debería, al menos. ¿Pero qué digo? Muy rota tendría que estar mi varita para que esto te hiciera daño.

Con una floritura de su mano, el cráneo de su sujeto se transparentó, dejando ver con alta definición y a la perfección su cerebro. Como si estuviera sobre la mesa de su laboratorio. El preso no se quejó, aunque tampoco podría haberlo hecho: estaba maniatado y amordazado para que sus palabras no interfirieran en el proceso creativo de Kara, ni en sus propios pensamientos. Era el último experimento del día, pero la bruja no tenía ninguna prisa por acabar.

— Veamos, por dónde íbamos. — se dijo, llevándose la punta de la varita a sus labios. — Ah, sí. — Otro aspaviento de su varita y el cerebro del espécimen se iluminó como un árbol de navidad muggle, brillando en algunas zonas más que otras, aunque el fulgir era cambiante. — Perfecto, ahora, necesito… necesito… ¡Por las barbas de Merlín! ¿Dónde tengo la cabeza? — conforme maldecía, se pegó un topetazo en su propia testa. — ¡Agua de kappa! Debería estar aquí, con el resto de útiles. — se lamentó. — Llevas demasiadas horas de trabajo encima, Kara. ¿Cuánto has dormido hoy? ¿Tres horas, a lo sumo?

No era raro, ni mucho menos, que la bruja hablase consigo mismo. Le ayudaba a concentrarse y organizar sus pensamientos. Y tampoco escatimaba en escarmientos si debía autoimponérselos. Guardó su varita en el bolsillo de su bata específico para ello —bata que, por otro lado, era una de laboratorio totalmente normal salvo por el detalle tan práctico de aquel bolsillo— e hizo girar sus tacones hacia la salida. Se fue echa un basilisco, traqueteando con sus zapatos por todo el pasillo, rumbo al ala sur del Área-M, destinada a la experimentación con criaturas mágicas. Y sí, dejando a su querida rata de laboratorio atada de pies y manos, y con el cerebro brillando con luz propia a través de su trasparentado cráneo.

Entró en la celda adecuada, ambientada con un puente bajo el que cruzaba un río cubierto de nenúfares. En la orilla había una kappa que Kara inmovilizó y movió bajo su voluntad, para evitar inconvenientes y facilitarse las cosas. Nunca sabía muy bien cómo manejarse con esas criaturas. Prefería a los humanos, mucho más maleables y predecibles. En su otra mano portaba un matraz con el que recogió exactamente, con gran pericia, quinientos mililitros del agua de su cabeza. Deshizo el encantamiento y cerró la puerta por fuera antes de que la criatura pudiera darse cuenta de que era libre.

Cruzaba los pasillos de vuelta en silencio —muy impropio de ella—, casi enfurruñada consigo misma por aquel fragrante olvido, hasta que alguien llamó su atención. Kara detuvo su paso de golpe y se giró para enfrentarse a quien osaba interponerse en su trabajo. Bueno, era una forma de hablar, una afable sonrisa surcaba su rostro. Aquella suerte de pirueta fue lograda sin derramar ni una sola gota de aquel preciado líquido.

— Hola, Doctor Gates. — bufó Kara, torciendo su sonrisa de lado y con evidente sorna en sus palabras.

Ella era de las pocas que contaban con un doctorado allí, sino la única. Y Silas no era una excepción. Eso no le impedía alabar y admirar a su amigo como sin duda lo merecía. Les unía la pasión por la ciencia y la investigación más de lo que cualquier mundana relación pudiera hacerlo. Se hacían llamar “mejores amigos”, aunque en su propio idioma aquello significara más bien “colegas perfectos”. En su presencia podría ser ella misma, lo cual no era placentero de tragar, precisamente; y eso le reconfortaba como ninguna otra cosa.


— ¿Terminar? — se preguntó Kara, girando su muñeca para ver su reloj. La de la mano libre de matraz, aquella bruja no cometería aquel fatal, aunque sin duda cómico, fallo. — ¡Cierto, la comida! Ni me había acordado. — confesó, con total honestidad. — ¿Para cuándo vamos a idear una poción energética que supla las comidas? Un trago y, ¡hala! Chute de ATP y a seguir currando. — bromeó. — Nah, será un placer compartir comida contigo. — le dijo, golpeándole el hombro con la mano libre. Un sonoro y contundente golpe. — Sin embargo, hay un problemilla. Estoy en mitad de algo: tengo a cierto espécimen atado y amordazado esperando un poquito de esto. — dijo, agitando el contenido del matraz hasta que se escuchó el chapoteo. — Bueno, puede esperar. Él sin duda tiene que esperar. — se burló. — Dejaré esto aquí y luego paso a buscarlo. — Tapó el matraz y lo dejó sobre la mesa donde trabajaba Silas. — Déjame y me hago con un becario para que devuelva al preso a su celda. — pidió Kara. Se volvió y echó un vistazo, viendo que el pasillo estaba desierto. De repente le embriagó una gran pereza hasta para buscar a un becario. — Bueno, déjalo. Está muy cómodo en la camilla, puede esperar unas horas. — resolvió, sonriendo de par en par. — ¿Tenías algo pensado?
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Silvanus D. Gates el Vie Jun 30, 2017 2:28 am

Enarcó una ceja ante su saludo tan irónico, esbozando una sonrisa complaciente. En realidad no le hacía gracia porque lo hacía con evidente sorna en recalcar el hecho de que no lo era, pero tanto ella como él eran conscientes de que no hacía falta serlo para alcanzar la maestría en un ámbito y ser de utilidad en el mismo. Gates no era doctor, sólo había estudiando para sanador en la universidad mágica como título oficial, aunque después de eso haya indagado de manera totalmente autónoma en otros aspectos más científicos.

El día en el que me enseñes algo que no sepa, Doctora Silverlock, me ofenderé por esa ironía.

No sonó enfadado, ni picado, simplemente lo apuntó como dato relevante con la seriedad que solía caracterizarlo. Eso sí, cuando la llamó doctora, sí que sonó con retintín.

Kara solía meterse tanto en su propio mundo, perdida del resto de personas y atenta sólo en un objetivo, que Silas tenía la teoría de que probablemente hubiese momentos en los que perfectamente se le podría olvidar incluso de respirar. Comenzó a hablar, como de costumbre, haciéndose ella un lío con sus propias palabras e ideas. Él —como de costumbre— se limitó a mirarla con una sonrisa en los labios mientras buscaba el momento en el que ella respiraba para que él pudiese agregar algo. Lo de la comida era broma, pero él tuvo que agregar algo al respecto.

Lo siento, comer es un placer demasiado bueno como para reemplazarlo por un chute de ATP.

Y sólo de pensar en "chutes" le venía a la mente su denigrante vida de hace años y se le quitaban todavía más las ganas de ni siquiera plantearse la opción. Dudaba mucho que Kara supiese lo denigrante que fue su vida hace años y, para ser sinceros, era algo que no quería que nadie supiese.

Silas asintió como si fuese evidente que el preso tenía que esperar, para finalmente negar con la cabeza divertido cuando Kara asumió que nadie iba a llevarlo a ningún lado. Allí no había nadie, ni ahora ni normalmente y, para colmo, ahora mismo estaría la plantilla mínima porque la gran mayoría estarían almorzando. De todas maneras, el preso estaría en mejores condiciones allí amordazado que en su celda, de eso no cabía duda. Toda la limpieza que no tenían de manera diaria las celdas, la tenían y a consciencia los laboratorios.  

Volviendo al tema de la comida, Silas aprovechó para cerrar la carpeta en la que estaba apuntando las cosas, dejándola sobre la mesa junto al bolígrafo.

Pensaba almorzar solo, así que mi gran idea era ir al comedor y pedir algún tipo de comida desabrida y aburrida mientras finjo tener una conversación interesante con algún panoli que crea que me interesa su vida. No obstante... ahora que he conseguido a una compañera decente, ¿te apetece salir de aquí e ir a un lugar en donde poder comernos una buena hamburguesa?

Hacía meses que no se comía una hamburguesa. El extirpador podía tener una pose solemne, seria y autoritaria y, aunque lo era —no vamos a mentir—, hasta a los más solemnes, serios, malvados y autoritarios les gustan las hamburguesas. También estaba la opción de la pizza. O quizás prefería ir a un elegante restaurante en el que un solomillo cueste lo que cuestan las dos hamburguesas... La verdad es que a él le daba igual.

Elije sitio tú si quieres. A mí me es indiferente.

El Área-M, así como Azkaban, eran zonas en donde no estaba habilitada la aparición por seguridad. No obstante, había una zona pequeña del Área-M, cerca de las taquillas de los trabajadores, en donde sí estaba permitido. Era una zona restringida pero al menos no tenías que subir a la superficie y juntarte con la carroña de Azkaban para poder usar la aparición.

Le hizo un movimiento con la mano a Kara para darle paso y que comenzase a caminar en dirección a dichas taquillas, para poder dejar sus cosas antes de salir.
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Kara Silverlock el Miér Jul 05, 2017 10:55 pm

La competencia era parte importantísima de su relación. La sana rivalidad entre sus proyectos hacía que ambos se apremiaran, pero no por ello dejaban de ayudarse mutuamente en pos del progreso científico. Kara y la competencia siempre habían convivido, desde que se empecinó en entrar en Ravenclaw y no en otra Casa, pero desde que conoció a Silvanus aquel ímpetu por competir había ganado un nuevo cariz.

— Vamos, Silas. Si lo hago es porque sé que te molesta. — le contestó, con una luz pícara en sus ojos. — Ya sabes que yo te admiro igual y que me leo tus artículos. Cuando no puedo dormir. — volvió a bromear. Como la competencia entre ambos estaba a la orden del día, bromas así no eran de extrañar entre aquellos camaradas.

“Humanos y sus placeres”, pensó retórica Kara. Aunque aquella vez tenía que darle la razón. Comer era un grato placer que, además, servía muy bien para unir a dos o más mentes sobre una mesa para conversar; con la consecuente redundancia para el progreso de la ciencia. Dos científicos en una cena podrían arreglar todos los males del mundo sin apenas proponérselo.

— Tienes toda la razón. — concedió. — Para qué seguir engañándome.

Quizá aquella palabra, “chute”, no había sido la más afortunada. Kara no tenía constancia clara de ello, y nunca se molestaría en preguntarle directamente a su amigo a menos que le acabara afectando a él o a su trabajo —y al progreso científico, en consecuencia—, pero sospechaba que algún tipo de problema serio de abuso había tenido Silas en su pasado. Lo más común y probable es que hubiesen sido drogas.

— ¿Hamburguesa? — preguntó sorprendida Kara, y medio entre risas. — Pensé que querrías ir a un sitio más elegante, pero la hamburguesa me parece perfecto. Rápida, abundante y me ahorrará pasar por casa para adecentarme. — explicó, como si no fuera ya suficientemente elegante como para una cena de gala. — Así podré volver antes al trabajo. ¡Perfecto!

Aceptó con un ademán de su cabeza el galante gesto de Silas, cediéndole el paso. Precedida por el traqueteo característico de sus tacones, llegó a las taquillas donde dejó su bata y se acicaló un poco. Había un punto allí desde donde se permitían las desapariciones, y puesto que su camarada le había otorgado el beneplácito de ser ella quien eligiera restaurante, se limitó a agarrarle del brazo y desaparecer.

Aparecieron en un callejón londinense, uno que daba a parar a la salida trasera del Teatro Príncipe de Gales. Aquella velada no acabaría allí, no en aquella ocasión; Kara pensaba volver al trabajo en cuanto saciara sus necesidades fisiológicas. La bruja guio a su compañero hacia la calle principal, rumbo a Picadilly Circus. Se detendrían algo antes, en una hamburguesería de renombre. Mientras podrían ir estirando las piernas, que tampoco venía mal, a la par que desaparecían entre un mar de turistas.

— Dime, ¿qué tal van esos proyectos? ¿Fluyen o se estancan?
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Kara SilverlockExtirpador

Silvanus D. Gates el Vie Jul 07, 2017 2:58 pm

Le echó una fugaz mirada cargada de ironía y diversión cuando bromeó con que se leía sus artículos para dormir. Qué graciosilla era a veces... La verdad es que debía de admitir que escribir era una de las cosas que más le apasionaba, aunque distaba mucho lo que escribía en su tiempo libre a lo que escribía para y por el trabajo. Normalmente le dedicaba mucho más tiempo a lo segundo, ya que actualmente su vida giraba en torno a su trabajo y los progresos que conseguía.

Pues claro que tengo razón.

Sonó orgulloso, evidentemente en broma. Que Kara te diese la razón era complicado, por lo que a la mínima era agradable repetirlo en voz alta.

La idea de ir a una hamburguesería era lo más fácil, además de lo más rápido. Ambos tenían que seguir trabajando después de satisfacer sus necesidades y la idea de pasarse posiblemente horas en un restaurante, sí, podría ser interesante al lado de Kara si no fuese porque ambos habían dejado cosas a medias. En otra ocasión ya podrían discutir otros menesteres acompañados de una cena larga y tendida en donde debatir sobre muchos temas. Kara siempre tenía temas en los que discutir y en los que opinar, sin duda con ella no te quedabas sin tema de conversación y se te pasaban las horas volando.

Tengo mucha hambre como para esperar más de media hora por un trozo de carne y unas patatas. Otro día si quieres te llevo a un sitio más elegante, no quiero manchar mi refinada imagen de señor distinguido que parece que tengo yéndome a comer una hamburguesa.

Esbozó una irónica sonrisa ladeada.

Una vez llegaron a las taquillas se quitó la bata blanca y se quedó con una camisa negra de manga larga, cuyas mangas estaban remangadas y los primeros botones del cuello sin abrochar. Tenía unos vaqueros oscuros y unos zapatos de punta fina bastante elegantes.

Aparecieron en una de las calles de Londres que si bien él reconocía, no sabría nombrar, para caminar en dirección a alguna hamburguesería de la que Kara conocía, ya que al menos el extirpador no solía abundar mucho aquel lugar para comer. Por el camino la pregunta de la chica hizo que él posase sus manos en la parte baja de la espalda y se encogiese un poco de hombros.

La verdad es que me he enfrascado en demasiados proyectos pero todos parecen ir hacia adelante, aunque a su ritmo. Más bien lento que rápido, pero ya sabes que no me gusta correr en estas cosas. Seré muchas cosas pero menos mal que soy paciente o no serviría para esto.

Una sonrisa surcó brevemente su rostro. No le iba a contar el asunto con Niara Soyinka, ya que ni él todavía sabía muy bien a qué se estaba enfrentando y teniendo en cuenta la cantidad de magia oscura que había en ella, no quería meter a más gente de por medio. Niara ahora mismo era una presa con la que había que tener mucho cuidado y hasta que no se controlase la situación que McKinn dejó tras su muerte, estaba en un ligero compromiso con el caso.

Rara vez te he visto por el Ala Sur del Área-M. Por desgracia nos hemos enfocado tanto en la experimentación con humanos que nos hemos olvidado de nuestras queridas criaturas mágicas, ¿con qué estás ahora?, ¿terminaste el que tenías entre manos hace unas semanas?

Se pararon en un paso de peatón cuya figura roja parpadeante que les indicaban que no podían cruzar, ahora eran dos iconos representativos de mujeres cogidas de la mano. Silas bufó, negando con la cabeza. Él no era homófobo pero le parecía una absoluta tontería que la gente perdiese el tiempo tanto en criticar ese tipo de cosas como en molestarse en cambiarlo por un colectivo.

Hay dos tipos de personas en este mundo: los que consiguen resultados y cambian el mundo y los que hacen eso.

Dijo, señalando al semáforo cuando éste se puso en verde, cruzando por el paso de peatón hacia la otra acera.
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Kara Silverlock el Mar Ago 22, 2017 8:31 pm

Con una sonrisa torcida, Kara dio por finiquitado aquel pequeño pique, a caballo entre la broma y la competencia más feroz, que se habían dedicado sendos compañeros con aquellos comentarios. Jugaría a que le había dado la razón y lo dejaría estar.

Por ahora, al menos.

— Entiendo. — puntualizó Kara ante la explicación de Silas acerca de su elección gastronómica. — Total, como ya te he dicho: así podré volver antes al trabajo. — concluyó, con una amplia sonrisa de satisfacción.

Silas se dejó guiar por el paso de su colega extirpadora. Seguramente conocía aquel sitio, si no el callejón, al menos hacia donde conducía éste. El traqueteo de los tacones de la bruja ahora enmudeció con el sonido de la gran urbe en pleno apogeo. Coches, esos medios de transporte muggles tan ruidosos, pululaban por doquier. El resto de las notas de aquella ciudadana banda sonora las ponían las voces de los viandantes: suaves, casi susurrantes como todo buen inglés gusta; pero que se aunaban en un solo giro ensordecedor.

— Paciente, sí… — repitió para sí, recordando traviesamente cómo le gustaba jugar con los límites de la paciencia de su compañero. — La paciencia es muy necesaria en la investigación científica. Sobre todo cuando los resultados no salen, ni se les ven cerca. Suerte que este nuevo gobierno nos ha provisto de una fuente casi inagotable de especímenes para la experimentación. — apuntó, sin que la mención de las penurias que otros seres humanos pasaban a costa de aquello le hiciese inmutarse lo más mínimo. — No es que me guste mucho jugar al ensayo y error, pero a veces no queda otro remedio. Y para ello nada mejor que el Área-M, ¿verdad?

Era raro, ciertamente. Kara solía ceñirse a la experimentación con humanos. Bastante había experimentado con animales en Estados Unidos como para que ahora, que se le presentaba la ocasión de experimentar en seres humanos sin que se interpongan esas absurdas normas éticas, volviera a usar las criaturas mágicas como sujetos de experimentación. Pero su nuevo proyecto necesitaba de un poco de agua de kappa. Era una sustancia altamente energética, de cualidades místicas. Quería caracterizarla para introducirla como ingredientes en ciertas pociones, y para eso debía experimentar sobre los presos del Área-M y hacerlo desde cero. Se pensó un segundo si debía compartir aquello con Silas; no por secretismo —aunque su rivalidad siempre estaba latente—, sino porque el experimento aún no había avanzado nada como para desprender ningún detalle interesante que compartir con un colega científico.

— Nunca termino nada, todo siempre queda en el aire. Es parte de mi encanto, que puedo llevar varios experimentos al mismo tiempo. — bromeó, guiñándole un ojo. — Fui a buscar agua de kappa, eso había en el matraz. Pienso describir bien todas sus propiedades, a ver si puede usarse como base para algunas pociones avanzadas. — explicó. — Tranquilo, sólo necesitaba el agua de su cocorota, por lo demás dejaré tranquilo a tus criaturitas fantásticas. — añadió, con cierto deje de desdén. — Yo seguiré con mis queridísimos presos.

Antes de llegar a la hamburguesería tuvieron que esperar frente a un semáforo. Kara ni siquiera reparó en el detalle de éste hasta que el mago a su lado lo mencionó. Lo hizo esquivamente, plasmándolo en una suerte de enigma que le mostraba a su compañera. Ella no tardó en captar el verdadero significado de sus palabras, tan pronto como se percató de la señal luminosa que representaba a dos mujeres cogidas de las manos.

Silvanus Gates no solía dar puntada sin hilo. Y aquella aguja parecía querer ahondar en Kara, muy perpendicular a su piel, buscando escarbar bajo aquella mascarada suya tan harta entrenada. Tan minuciosamente entretejida. El problema es que, bajo su bonita piel, bajo sus buenas maneras y sonrisa condescendiente había tan sólo un oscuro y profundo vacío. Nada más.

Su compañero y suerte de amigo conocía a la perfección las tendencias de Kara a la hora de encamarse con otros, y con aquel comentario buscaba algo. La extirpadora no sabía muy bien qué, pero se sorprendería mucho si Silas intentara socavar en sus inexistentes sentimientos, en sus principios y valores hacia un colectivo con el que sólo compartía un par de definiciones; poco más. Fruto de aquella sensación que le ocasionaba el no saber —motor de la ciencia, pero escollo del científico— hizo chasquear su lengua y se detuvo un segundo para mirar a su colega a los ojos y responderle:

— Yo sería del tercer grupo. — respondió, con media sonrisa burlona. — De aquéllos a los que no les importa el tema lo más mínimo. Oh, vamos Silas, no pensarás que todo ese movimiento social me va a importar algo por el simple hecho de quien elijo llevarme a la cama, ¿verdad? — preguntó, directa al tema y sin rodeos. Había suficiente confianza como para dirigirse a él así; sabía que ni Silas recularía exaltado ni ella correría peligro de que su máscara de persona normal sufriera algún resquebraje. — Déjalos que luchen sus guerras sin importancia. No nos incumbe, siempre que no impida el continuo goteo de sujetos de experimentación en el Área-M, claro. Porque lo que nosotros hacemos allí sí que tiene importancia, y no esas tonterías sentimentaloides.

“Tonterías sin sentido” habría sido quedarse cortos, al menos para Kara. Para ella todo aquello carecía de razón de ser, sin más. No era capaz de concebir los sentimientos que llevaban a aquéllos a levantarse y luchar por sus derechos. No había más vuelta de hoja. Sin sentimientos que producir, no podía entender las consecuencias de estos. Ella era feliz con llevarse a un tipo o una tipa a la cama de cuando en cuando. Y si aquello no era posible, siempre contaba con su amada, su musa, su esposa incondicional: la ciencia.
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Kara SilverlockExtirpador

Silvanus D. Gates el Miér Sep 13, 2017 2:56 am

No entendió del todo ese desdén por las criaturas mágicas. Probablemente pudieran aprender más de ellas que de lo que se aprende de los humanos, aunque a decir verdad, no tenía ni punto de comparación en cuanto a emoción personal. Tratar a personas siempre había sido, al menos para Silas, un regocijo desde que se dedicaba a este campo de la ciencia.

Creo que de siete proyectos que tengo ahora mismo, sólo uno está de la mano de las criaturas mágicas. Si vas a darle explicaciones a alguien de por qué robas agua de la cocorota de un Kappa... mejor se lo dices al extirpador Krume. Ese señor sí que tiene una obsesión insana por las criaturas mágicas.

Era un señor viejo con unos conocimientos inigualables sobre todas las criaturas mágicas que se encontraban en el Área-M. Era uno de esos hombres que las trataban como si fuesen oro, aunque luego no tenía ningún tipo de tapujo en hacerle barbaries con tal de conseguir lo que quería. Poseía esa sangre fría para poder dañar aquello que más admiras con tal de saciar tu propia curiosidad. Estaba loco, pero a Silas le caía bien, lo cual era toda una proeza en su vida. Pero a decir verdad, entre locos suele funcionar la cosa, ¿no es así?

Cuando comentó aquella sencilla frase en relación al semáforo, no se esperó ni lo más mínimo aquella contestación por parte de Kara. Le había dado mucha más importancia de la que el extirpador se hubiese esperado. Silas bufó ante sus palabras. Quizás el hecho de haberse dado cuenta de aquello —lo cual es obvio, pues está delante de tus narices— y haberlo comentado como un experimento inútil, le hacía quedar como una persona a la que en realidad le importa aquella guerra. No podía estar más alejada de la realidad. Rara vez experimentos muggles no relacionados con la ciencia llamaban la atención de Silas.

Yo sería de un cuarto grupo.

Dijo entonces cuando ella terminó de hablar, esbozando una ladina sonrisa.

El grupo de aquellos que solo critican porque no ven avance. Igual te podría haber dicho cualquier otra inutilidad social de éstas en las que destacan los muggles normalmente, pero esa me llamó particularmente la atención. Si de verdad me importase el tema o lo hubiera dicho para ver qué opinas tú, dado tus gustos, hubiera dicho algo muy diferente que probablemente fuese a ofender.

Quería dar por hecho que Kara entendería que ese 'ofender' no tenía su connotación real, sino de broma. Terminaron de cruzar el paso de peatón y continuaron caminando por la plaza que tenían justo en frente de ellos.

Es como si decidiesen poner en el mundo mágico carteles con un sangre sucia acompañado de un sangre pura, como si esa especie de fingida tolerancia fuese a cambiar la mentalidad de la gente. Es una idea inútil.

Le parecía un poco tonto tener que explicarlo todo, pero ya que había empezado no iba a dejar la explicación a medias. Aunque por suerte, supo dejarlo ahí y dejar ese tema a un lado al menos por el momento. Si a Silas le importase de verdad con qué tipo de personas se acuesta Kara, probablemente su relación fuese muy diferente. Era cierto que en ocasiones, sobre todo cuando se enfrascaban en largas conversaciones científicas en donde llega un momento que llegas a niveles de relación que solo puedes entender si llevas en esa conversación horas y horas y en donde consigues cierto vínculo mental con la otra persona, que sí que ha sentido cierto resquemor por llevársela a la cama él y no otro. Pero por norma general, sólo la veía como la gran científica que es. Sólo un ciego no vería el atractivo de Kara, pero al menos por parte de Silas, lo que le atraía de ella estaba en su cabeza.

Es ahí.

Señaló el restaurante en cuestión que se encontraba a veinte metros de ellos.
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