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We all are spies | Drake Ulrich

Josephine Austen el Jue Jun 22, 2017 6:14 am

Cuando se posaba la noche en la gran ciudad la tensión en el ambiente era mucho más palpable. Los muggles, ciegos todavía a las fuerzas que se debatían frente a sus ojos, parecían percibir el terror que emanaban los edificios antiguos y todas aquellas estructuras que escondían tal mágico secreto. Los perros vagabundos iba por las callas con las narices húmedas al aire buscando en el viento aquel aroma dulzón que podía percibirse. Y los gatos ya no perseguían ratas, sino que se escondían sobre los tejados maullando entre uno y otro sitio, enviando mensajes anónimos que la humanidad no podía comprender. Pero sí, todos aquellos mensajes hablaban de miedo.

Josephine observaba el panorama y se preguntaba si era su imaginación o si de verdad el mundo caía esclavo de un miedo invisible. No necesitaba leerlo, no requería verlo para saber que estaba ahí, correteando los pasillos y susurrando en los oídos. Todo el mundo parecía sospechoso. Los hombres que caminaban sin cuidado por las aceras mal iluminadas y las mujeres que ataviadas en vestidos veraniegos se contorneaban rumbo al teatro, al cine o a sus oscuras casas. Incluso de los niños Josephine no se podía fiar, porque el Señor Oscuro podía tener excelentes transformistas, y la edad podía ser otra bajo una sonrisa infantil que nada tenía de graciosa. No, no confiaba en nadie, y por ello había dudado en buscar a alguien con quien conversar.... aunque tenía un objetivo fijo hace algunos días.

Estaba de pie apoyada en una pared de ladrillos de una construcción antigua y deshabitada. Su cabello estaba suelto y en su cuello colgaba una cadena plateada. A pesar de que la temperatura de la noche era cálida, sus brazos iban cubiertos una blusa de mezclilla, cuyos botones abiertos mostraban una camiseta negra con el signo de un grupo muggle de punk que había comprado a bajo costo en la ropa de segunda mano. Sus ojos vivaces y bien abiertos iban de un lado a otro de la calle. Justo en el lugar que la aguardaba no había mayor luz, pero la luna, como graciosa reveladora, iluminaba lo suficiente para hacer ver su silueta.

Ese lugar desde el cual Josephine tan atentamente observaba era perfecto para espiar una de las muchas entradas al mundo mágico. No era una de las entradas más usadas, pues lejos estaba del Caldero Chorreante, pero sí era una de aquellas que un buen mago conocería y por la cual desaparecería si quería ser bienvenido al mundo de los muggle. Según sus suposiciones los adeptos a la revolución serían más propicios a salir a ese sector del Londres no mágico. Quizás la fuente de agua estaba rota y algo mohosa, pero eso no evitaría que saliesen por ahí, dispuestos a saborear la libertad tras la máscara a utilizar dentro de Diagon Alley o el ministerio. Nadie podía vivir tanto tiempo en un papel, y más de alguno requeriría un respiro de las atrocidades que, otra suposición, el mundo mágico debía estar siendo víctima.

- Hey, preciosa, ¿tienes un cigarro?- preguntó un tipo de cabello largo que se detuvo junto a ella en vez de continuar con su camino que, según veía, no tenía destino alguno. Josephine lo observó asegurándose que su varita estaba en el sitio indicado ante el menor movimiento amenazante-. No- fue toda su respuesta sin necesitar hacerse la linda. No estaba ahí para tener una conversación con un muggle, menos cuando lo único que había hecho los últimos meses era conversar con muggles. Necesitaba un poco de verdad, una verdad que sólo un mago podía darle. El hombre la miró y a su negativa no tuvo la reacción de irse, como ella esperaba-. Pues yo sí. ¿Quieres uno?- cuestionó haciendo un movimiento con su mano hacia el interior de su chaqueta....

... pero antes de que llegase a sacar lo que tenía escondido ahí (cigarros, un arma o una varita), Josephine sacó su propia varita de su manga y apuntó su cuello sin sonreír-. Petrificus totalus- murmuró lanzándolo contra el hombre y sujetándolo de la camiseta para que no fuera a caer-. Lo siento, pero no puedo confiar en nadie- se disculpó apoyando el cuerpo del hombre contra la misma pared que ella estaba y dejándolo como una estatua a su lado. Miró la mano que se había perdido al interior de su chaqueta y vio la varita que sus dedos rozaban. Josephine sonrió-. Retiro lo dicho, no lo siento...- agregó, escuchando de pronto una ráfaga que reconoció. Alguien acababa de aparecer muy cerca de ella.
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Drake Ulrich el Vie Jun 23, 2017 3:44 pm

No. No, no, no. No podía quedarme en el refugio de la orden, de brazos cruzados, mientras me limitaba a fingir que nada pasaba fuera de aquellas paredes. Me sentía inquieto por dentro: a cada momento de mi estancia allí, enterándome de injusticias y teniendo que quedarme tranquilamente allí dentro sin hacer nada. Bien. Si no había un orden al que unirse en pos de ejercer justicia, me daba igual; la intentaría ejercer por mí mismo. No era muy difícil, ¿no? Los buenos son aquellos que se esconden: fin. No hacía falta más que mirar El Profeta para ver a los rostros enemigos, o ver quién porta con orgullo la marca tenebrosa en su brazo. Ahora eso, al parecer, es algo de lo que fardar públicamente.

Había decidido movilizarme. Si ya en Azkaban me estaba volviendo loco porque no me permitían hacer nada, ahora mismo me estaba volviendo todavía peor al no hacer nada voluntariamente. Tenía algo muy valioso ahí fuera por lo que quería luchar y no iba a desaprovechar ni un minuto en intentar buscar un futuro mejor para mi familia. Así que me pasé todo ese día investigando todo lo que poseía la orden respecto a los cazarrecompensas. Decir "cazarrecompesas" era muy del universo de Star Wars, pero a decir verdad, ahora mismo todos aquellos fugitivos que teníamos una cabeza con precio, éramos fortunas para los más avariciosos.

Investigué a Tomas Zabini, un mortifago que había tenido varios enfrentamientos con miembros activos de la orden y fugitivos que ahora mismo se encontraban en el refugio. Solía frecuentar el Caldero Chorreante, o al menos por allí y los alrededores era por donde se lo habían encontrado. Así que tras vestirme para la ocasión, es decir, ponerme unos vaqueros, una camiseta negra y unos zapatos negros —ya que tampoco iba a ir a ningún sitio en especial, pero por eso de no salir desnudo—, salí del refugio para dirigirme a las cercanías del Caldero.

¿Qué esperaba conseguir? Buena pregunta... no iba con intención de matarlo, claro. ¿Iba con intención de hacerle daño?, ¿quizás debería matarlo y así nos ahorramos un problema? Nunca había creído que el asesinato arregla las cosas, pero quizás debería de empezar a cambiar el chip. Si esta gente no muere, ¿cómo esperamos cambiar el mundo mágico? Era sencillamente imposible. Ellos habían asesinado a miles de nosotros y habían tomado el poder: ahora, simplemente eran más. ¿Teníamos que matarlos, no? Por dios, cuánta violencia e incertidumbre. ¿Matar, no matar?, ¿darle un toque de atención cual niño pequeño?, ¿encerrarlo en una celda?, ¿qué narices teníamos que hacer para cambiar las cosas?

Me aparecí en las cercanías del Caldero Chorreante, por la parte muggle. Nada más aparecerme en aquel callejón, me encontré con una escena que superó mis expectativas. Una mujer acababa de dejar caer al suelo a un hombre petrificado, justo delante de mí, ahí, a escasos metros. Por un momento me atacó una duda. ¿La mujer sería buena o mala?, ¿y si ahora mismo acababa de cavar mi tumba en los primeros segundos de rebeldía fuera del refugio? ¡No debería de haber salido! ¡Drake, tonto! ¡Siempre me lo dice mi madre, Drake eres tonto! La mirada de la chica se encontró con la mía y alcé las manos automáticamente.

¡No ataques! ¡No voy a hacerte daño! —¡Aunque lo que verdaderamente me preocupa es si TÚ vas a hacerme daño a MÍ! Pero bueno, vamos a marcar las prioridades. —En serio, soy inofensivo, lo prometo. —Desgraciadamente, así lo era. ¿Yo matando personas? No sé que mosca me picó hace dos segundos en mis pensamientos, creyéndome maloso y todo. —Eres... yo... —Enfoqué la vista en aquella oscuridad, percatándome de su rostro. ¿De qué conocía ese rostro yo si llevo meses encerrado en Azkaban? De repente, se me iluminó la lamparita del cerebro y reaccioné rápido, por si acaso. —¿Sales en el Profeta, verdad? Creo que el nuevo gobierno nos quiere a ambos muertos... —dije finalmente, con las manos aún por delante, declarando así mi inocencia y que no tenía intención de hacerle daño. ¡Madre mía, ya estoy sudando!
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Josephine Austen el Mar Jun 27, 2017 3:13 pm

Hacían tantos meses que Josephine se encontraba recluida en su vida muggle que pensó que la magia no surgiría con tanta naturalidad de sus dedos.... pero lo hizo. Hacer magia fue como retomar algo en lo que siempre había sido buena y que había olvidado lo bien que se le daba. Simplemente surgió de su varita con un movimiento preciso y con la intensidad necesaria para que el mago predispuesto a atacarla (o a amenazarla, o vaya uno a saber qué pretendía) no lo hiciese. Y en tiempos de guerra nadie tenía rostro de inocente, así que difícil era llegar a confiarse.

No llegó a bajar la varita cuando aquel sonido tan conocido surgió de su espalda acompañado de una ráfaga de viento frío. Josephine inmediatamente giró sus pies sin salir del mismo lugar en el que estaba y apuntó sin miramientos al ser que se materializaba cerca de ella. En la oscuridad de ese rincón del mundo se veía su silueta firme y decidida en posición de ataque. Si un muggle la viese quizás pensaría que amenazaba con un curioso tipo de navaja. Pero no, no había filo en esa arma, sólo capacidad, conocimiento y un poquito de suerte.

- ¡Aleja tus manos de tus bolsillos!- exclamó ella sin dudar ni por un instante y siguiendo con sus enormes ojos a ese hombre que alegaba inocencia apostillando la escena. ¡Qué lugar más controvertido para observar había elegido! Ahora se estaba pensando el porqué se le había ocurrido tomar cartas en un asunto que fácilmente la superaría en números-. Pues no pareces inofensivo...- declaró mirando a los ojos de ese mago que se quedaba a unos metros de ellos mirándola no con la cautela que le habría agradado. Su vestimenta quizás era demasiado muggle, sin nada extravagante de lo cual hacer gala. Y el hombre tampoco parecía vestido muy mago, como si también quisiese esconderse de la comunidad mágica a plena vista. En general reconocer a un mago en una calle muggle no era una tarea tan complicada. Josephine estos últimos meses se había cruzado con decenas de ellos caminando a resguardo, siempre mirando sobre sus hombros y eligiendo tonalidades oscuras aún cuando el calor se elevaba en la primavera recién pasada. No era extraño ver en ellos pines que poca lógica tenían (como de partidos políticos desaparecidos o de bandas de música que estuvieron de moda hace medio siglo), y más de alguna vez en ellos había algo que no llegaba a cuadrar, sin saber lo que era realmente un "suficiente" en lo que a ropa muggle se refería. Pero el mago que estaba frente a ella y con los brazos extendidos no parecía extravagante. Eso era lo primero en lo que alguien que vivía a escondidas tendía a fijarse.

- ¿En El Profeta?- preguntó con un tono de duda que no le gustó, pero ya era tarde para rectificarlo. Hacía meses que no tenía un periódico mágico en las manos. Meses que nada sabía de la Comunidad Mágica y de lo que había sucedido en ella tras el ataque a Hogwarts. Ese fatídico día de Diciembre a penas y había llegado a escapar de las garras de los mortífagos que se hacían con el colegio a punta de amenazar a los alumnos y profesores; y aunque dejar el colegio solo e indefenso era terrible, la orden siempre había estado demasiado clara: todos los hijos de muggles debían alejarse del colegio si los mortífagos atacaban. Y ella había hecho caso-. ¿Y por qué saldrías tú en El Profeta?- preguntó esta vez acercándose un paso a él para mirar con mayor detenimiento aquel rostro que se le hacía lejanamente conocido, como si más de alguna vez se hubiesen encontrado en ciertos lados sin llegar a conocerse-. ¿Qué querría de ti el nuevo gobierno?- cuestionó sin bajar la guardia y con la varita todavía en alto. Seguía mirándolo con suspicacia, pero su necesidad de saber del mundo del cual había escapado le obligaba a pertenecer ahí y no desaparecer... como quizás habría sido más sensato.
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Drake Ulrich el Vie Jun 30, 2017 1:20 pm

¡Alejé las manos de mis bolsillos!

En serio, como muera aquí, Fly me mata por retrasado. ¡Pero a ver quién narices me manda a mí salir del refugio, con lo tranquilo que estaba yo allí! Claro, de repente tanto tiempo allí metido me hacen subirme, que si soy capaz de eso, que si soy capaz de lo otro... ¡Y nada más aparecerme me encuentro con una mujer apuntándome con su varita! En serio, si no me mata esta chica, me mata Fly por gilipollas, si es que no hay otra.

¿Cómo que no parezco inofensivo? ¡Si no estoy haciendo nada! —le respondí ofendido. ¡Pero si nada más verla había levantado las manos para que supiese que no iba a hacerle nada! —Te he visto con la varita en la mano y he intentado mostrar mi inocencia porque no tengo intención de hacerte daño. ¿No crees que si quisiera hacerte daño lo primero que hubiera hecho hubiese sido sacar mi varita? —Debería haber sacado la puta varita aunque no fuera a hacerle daño, ¿qué me garantiza que esa mujer no me lo vaya a hacer a mí?

Venga, tranquilidad, pensemos que esa mujer es una señora razonable y pragmática y que no va a descargar su ira mágica contra mí. Vamos a darle un voto de confianza, básicamente porque no me quedaba otra. Si ahora intentaba sacar la varita sí que iba a ponerme en un serio problema y no iba a conseguir que confiase, al menos un poquito, en mí.

Me quedé con cara de pato confundido cuando me devolvió la pregunta del Profeta. Yo llevaba meses en Azkaban, pero no me hicieron falta más de dos días para ponerme al día con  todo lo que estaba pasando, ¿pero y ésta mujer en dónde ha estado que no se ha enterado ni de lo que sale en el Profeta?, ¿acaso sabrá todo lo que está pasando en el mundo mágico y las injusticias que pasan día tras día? Bueno, eso no me ayudaba nada, básicamente porque no tenía nada con lo que probar que estábamos en el mismo bando. No obstante, aún quedaba una baza que me daría una oportunidad: el diálogo.

Emmm, aaaa... —Pero claro, tengo que hablar de manera pausada y si es vocalizando mejor, para que me entienda y tal. —Eeen... en el Profeta, en el periódico salen todos los fugitivos que el gobierno está buscando, en su mayoría hijos de muggles y traidores. Yo soy un traidor, el día del ataque me posicioné a favor de los hijos de muggle para protegerlos y me capturaron, me mandaron a Azkaban. Tú eres una hija de muggles, ¿verdad? Hay muchos carteles con tu cara por el mundo mágico, te he visto, lo que no recuerdo tu nombre —expliqué con tranquilidad, usando un tono de voz pausado y bajando levemente las manos para incitarla a ella a ir bajando poco a poco la varita. Que oye, por intentarlo no se pierde nada. —Tu cabeza tiene un precio de veinticinco mil galeones si mal no recuerdo, así que creo que no estás en un buen lugar para tu integridad física. El caldero chorreante es más corrupto que nunca, a saber la de mierdas que se cuecen ahí dentro.

De repente me sonó algo raro en mi propia explicación, ¿cómo justifico que me he escapado de Azkaban cuando nunca nadie se ha escapado anteriormente de ahí? Volví a levantar las manos para explicarme.

No me escapé de Azkaban. Fui Auror antes de todo este cambio de gobierno y los compañeros que continuaban ejerciendo como tal consiguieron sacarme. Ambos tenemos nuestros propios carteles, en serio, te digo la verdad. —Miré entonces fijamente la varita, con las cejas un tanto bajas por la situación y porque el rostro de la chica me estaba dando miedo. —En serio, baja la varita. Si quieres llévate mi varita, si quieres estar más segura, pero estoy muy tenso mientras me apuntas.  —Que se lleve mi varita de mierda, total, no me hacía puto caso. No era la mía, era una que me habían prestado cuando me sacaron de Azkaban y... está claro que la varita de un mortifago no se lleva muy bien con un Hufflepuff de pura cepa.
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Josephine Austen el Mar Jul 04, 2017 3:17 pm

Todo era demasiado confuso, y no sólo porque era noche y estaba oscuro, sino también porque era imposible saber quién era quién o cuándo se había cambiado de bando. De sus conocidos o amigos que había dejado atrás habían unos cuantos en los que podía confiar, pero no sabía cómo comunicarse con ellos. Había pensado en enviarle cartas o algún patronus, pero a la vez veía que eso era demasiado arriesgado. ¿Y si estaban encubiertos o justo se encontraban en una situación de peligro? Una carta o un mensaje de ella no haría más que traerle problemas, y Josephine lo que menos quería era aproblemar a aquellas personas en las que podía confiar.

El hombre a quien apuntaba alegaba su inocencia con ahínco. Y Josephine quería creerle, de verdad que sí, pero también temía pasar por ilusa. Sus ojos lo examinaban con atención, pero tampoco dejaba de prestar oído a lo que podía o no podía pasar a su alrededor, donde a esas horas la oscuridad era testigo de un centenar de situaciones. Dejó que se explicase mientras lo interrogaba sin perder la altura de la varita en su mano. No pudo evitar verse sorprendida ante la información de que su rostro circulaba por las calles mágicas con una recompensa por su cabeza. Ella sí era hija de muggles, pero tampoco es que fuera tan relevante en la sociedad.... salvo que supieran. ¿Lo sabrían? ¿Sabrían los mortífagos de los libros de la Sección Prohibida que había sacado antes de huir? ¡Eran libros importantes! No podía dejar que ellos se apoderaran de la información contenida en ello, una que era demasiado negra y peligrosa para dejarla en sus manos. El nerviosismo de la chica le hizo sentir un sudor frío que bajaba por su espalda. Su rostro era conocido a nivel de toda la comunidad, y con eso las sospechas de su peligro eran mucho mayores de lo que imaginaba.

- ¿Veinticinco mil?- cuestionó abriendo mucho los ojos y emanando un leve suspiro-. Wow, nunca he visto esa cantidad de dinero en mi vida- confesó, imaginándose que los mortífagos debían estar haciendo humo las reservas de dinero mágicas de la comunidad. No era fácil pagar esos precios por cada fugitivo que andaba dando vueltas. Porque aún sin saberlo, Jo se imaginaba que era un gran número el que no se había rendido a los deseos de los mortífagos. Lo bueno de la magia es que te permitía conocer muchas formas de cómo ocultarte.

- ¿Una fuga masiva en Azkaban?- y esta vez esa pregunta fue casi un poco más para ella que para él. Eso sí que era algo, pues, si había un lugar seguro en la comunidad ese era Azkaban... aunque Hogwarts también había tenido esa fama. La mirada inquisitiva de Jo seguía sobre el mago quien clamaba su inocencia incluso ofreciendo su varita. Ella dudó por un instante y finalmente bajó la varita levemente sin dejar a guardarla, sino manteniéndola segura entre sus dedos mientras se acercaba un poco más a él. Sus ojos seguían observando el movimiento de sus manos ante una amenaza, y la tensión en el ambiente no hacía más que aumentar con la caída de una noche cada vez más oscura-. ¿Y se sabe algo de Dumbledore?- preguntó entonces suponiendo que si las cosas seguían o habían empeorado Dumbledore aún no hacía nada por detenerlas. Si había alguien que podía ir contra quien-no-puede-ser-nombrado era él-.Cuando estuve en el colegio él también tuvo que desaparecer. Algunos profesores y alumnos se fugaron a través del bosque prohibido hasta poder desaparecer en grupo tras la verja de los terrenos- recordó y pensó en todos aquellos niños que habían quedado adentro. Su primera intención había sido ir y ayudarlos a todos, pero era imposible hacerlo. El colegio era un caos y en un momento se vieron reducidos en fuerza. Y Josephine llevaba en su mochila unos cuantos libros que no podían caer en poder de las fuerzas oscuras, simplemente no podían caer en sus manos. Los secretos que escondían podía desequilibrar demasiado la balanza, y aunque quizás no eran de fácil ejecución (bastaba leerlos para darse cuenta) no tenía dudas de que el líder Oscuro tenía conocimiento suficiente en magia oscura para intentarlo.
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Drake Ulrich el Miér Jul 05, 2017 3:52 pm

Todo parecía ir tranquilizándose, el ambiente parecía relajarse y eso me hacía relajarme también a mí, ya que aparecer justo en un lugar en dónde me encuentro con una amenaza había sido un tanto agobiante. Ella no se había enterado de que ahora mismo su rostro estaba por todas partes, ni tampoco que valía una fortuna, por lo que me hizo suponer que había estado bastante alejada del mundo mágico para salvaguardar tanto su identidad como su protección. Yo seguramente hubiera hecho lo mismo si no me hubiesen metido en Azkaban, la verdad.

Su suposición respecto a Azkaban era errada, por lo que negué con la cabeza.

No, solo salí yo —le respondí. No le iba a dar muchos detalles respecto a cómo ocurrió, ya que evidentemente no quería poner a mi mujer en un compromiso cuando ya tenía una perfecta tapadera en el Ministerio con la que escudarse por su inocencia. No iba a ser yo el zoquete que dijese algo para ponerla en peligro sin querer. —Pero si salí yo, se puede buscar la manera de ayudar a más personas, ¿tienes a alguien allí? —pregunté por curiosidad.

En verdad yo no me volvía a meter en Azkaban ni de coña. Ese sitio es horrendo cuando eres un preso, sobretodo ahora que el Ministerio le ha dado vía libre a los dementores para cebarse con cada uno de nosotros a su antojo. Pero bueno, por preguntar no perdía nada. Quizás hubieran valientes en el refugio que sí pudiesen hacer algo por ellos.

La gran mayoría de los que eran buscados por el Ministerio eran nacidos de muggles que habían huido a tiempo y, teniendo en cuenta las probabilidades y que efectivamente su lealtad estaba en algún lugar bastante alejado a los mortífagos, me confíe para decirle algo que en realidad podría ahorrarme. Pero bueno, ella parecía estar sola, sin compañía, ¿no es mi deber darle información para su mejora a los fugitivos como yo? Está claro que si la están buscando, es porque es su enemiga y nuestra aliada. Bajé las manos lentamente cuando ella se mostró más confiada y apartó esa varita de mi dirección.

No sé dónde has estado todo este tiempo, pero Dumbledore ha creado un lugar seguro para todos aquellos que lo necesitan. Ahí estoy yo. —Eso sí, iba a ahorrarme lo de la Orden del Fénix ya que, hasta dónde yo sé, esta chica no pertenece a ella y eso sí que era secreto. —De vez en cuando Albus se pasa por allí para asegurarse de que todo está bien y hablar con los que más confianza tiene, en pos de ayudar a los más necesitados y arreglar todo esto poco a poco. Tienen que haber cientos de refugio ahí fuera con gente que necesita ayuda y, por ahora, Dumbledore está encargándose de eso. No podemos ir en contra del nuevo gobierno siendo tan pocos y estando tan esparcidos como lo estamos, así que es una especie de movimiento para unirnos todos y buscar la manera de volver a estar como antes —le expliqué con tranquilidad, consciente de que si me preguntaba por el barbas era porque lo conocía. Yo había podido hablar con él hace poco, no de nada realmente relevante, pero al ser un miembro de orden que había vuelto recientemente de Azkaban, quería decirme lo afortunado que era por tener a Fiona como mujer y de paso enterarse de cómo estaba y de cómo están las cosas por Azkaban. —¿Lo conoces? No nos ha abandonado, aunque muchos piensen que sí. Ahora mismo está intentando buscar la manera de sacar a los nacidos de muggles de Hogwarts antes de que se lo lleven al Ministerio al finalizar el curso. Los niños no deberían de pasar por nada de esto y todos sabemos que si no hacemos nada, terminarán en esa asquerosa y nueva sección de Azkaban... —El Área-M. Lo había escuchado cuando estaba en Azkaban como algo horrible, pero no fue hasta que salí de prisión cuando me enteré para que servía eso. Agradecía profundamente no haber sido elegido como tributo o sí que hubiese sido horrible mi experiencia, además de que seguramente sacarme de ahí hubiera sido, si no imposible, mil veces más complicado.

De repente me sentí un poco tosco y desconsiderado. Yo podría llegar a adivinar su nombre haciendo un poco de memoria con los carteles, pero ella no debía de tener ni pajolera idea de quién era yo.

Soy Drake —me presenté, —y, por fortuna, no estamos en diferentes bandos. Podemos ayudarnos. Bueno, o puedo ayudarte. Algo me dices que estás más perdida que yo en todo esto.
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