Situación Actual
3º-10º
22 diciembre -> luna llena
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
ARTEMISIA pj destacado
STEFAN & POPPY DÚO DESTACADO
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline

[FB] En algún lugar de África [Priv.]

Niara Soyinka el Dom Jun 25, 2017 12:35 pm

Recuerdo del primer mensaje :

ÁFRICA
living among lions
África no es un país, y la comunidad mágica africana será, como mínimo, un enigma de etnias y culturas para otras regiones mágicas del mundo, que no pueden entender cómo pueden convivir y expresarse tantas voces tan distintas, con modos de hacer y pensar sumamente particulares, que van apareciendo a medida que uno se va a adentrando o saliendo de, esta o tal porción del continente. Hay muchas otras escuelas además de Uagadou, aunque esta sea la única que tenga fama internacional. No es, sin embargo, la única que ha pasado la prueba del tiempo. Acerca de eso, pregúntale a cualquier mago local. Descubrirás que hay una escuela que todos temen nombrar, pero esa ya es otra historia.

¿Qué decir sobre la magia? Si eres un “mago de varita”, ya verás cómo se mofan de ti. Especialmente en esas tribus en las que una varita es como tener una verruga que habla y suelta groserías, algo que puede resultar gracioso e irritante para los que quieran intercambiar palabra contigo—y no con tu verruga—. En otras palabras, hay lugares en los que usar la varita está muy mal visto. No verás, por ejemplo, al miembro de una tribu ortodoxa blandiendo un palito que escupa humo y colores, ¡y ojo con usarlas contra ellos! Además, no todas las experiencias con magos extranjeros han sido de buenas relaciones, por lo que sacar la varita puede ser a veces un símbolo de ofensa muy grave.  

Hay tribus de magos que declararon su firme decisión de mantener sus costumbres y tradiciones, negándose a integrar el “nuevo mundo” que se construía a sí mismo por fuera de los límites de sus terrenos inmarcables, y por ende, se manejan a su ritmo, libres pero también amenazados, como cualquiera, sin pensar por un momento que sus vidas son mejores o peores que la del resto del mundo. Las hay muy cerradas y las hay más abiertas a la influencia de terceros, pero cada una tiene una magia y estilo de vida que les son propios, y que a veces, otros envidian.

Los Malí, Mali-kán o Malinka, son una de esas tribus, separadas del resto. Es una comunidad asentada en algún punto de los terrenos boscosos e inmarcables de la áfrica occidental, al límite de Burkina Faso. Es imposible para los muggles ubicar la zona en el mapa, y a veces hasta para algunos magos, a menos que sepas cómo llegar —no es de extrañar que África oculte muchos secretos—.

A pesar de ser de costumbres cerradas, los Malinka reciben bien a los forasteros. Y que los hay, los hay, porque siempre circula por ahí una expedición de magos viajeros, atravesando el continente en toda su extensión, descubriendo su fauna y ecosistemas, su color y su gente y sus ciudades. Hay criaturas mágicas que sólo encontrarás en África y ruinas malditas que ningún muggle llegaría a imaginar. Aventureros, fotógrafos, rompedores de maldiciones, historiados de la magia, prófugos, periodistas con difusión de alcance internacional, dedicados a la magiarqueología, saqueadores de tumbas, trujanes del mercadillo ilegal, locos con una vaca como camello, viajeros en plena odisea existencial, de todo te puedes encontrar en un viaje por África. Los sanadores del “Comité de Sanación y Catástrofes Terribles”, eslabón dependiente de la Confederación Internacional de Magos, incluso utilizan una caravana como vehículo, ya que funciona a modo de camuflaje anti-muggle. Ofrecen sus servicios y sirven como socorristas en todo el mundo, y no siempre viajan solos, ya que a veces otros viajeros —periodistas de guerra, especialmente— se aprovechan de las comodidades de una caravana mágica como transporte. Por eso dirán que “haciendo dedo” puede llegarse a cualquier parte. Tendrás suerte si te cruzas unas de estas caravanas en tus viajes, pero no todas las posibilidades están exentas de peligro. Cuídate, porque hay muchos secretos en África. Y porque esconde una magia muy antigua, que intriga y atemoriza, que a muchos conquista y a pocos perdona la vida.





La lluvia caía en picada sobre las luces y los rascacielos de la ciudad de Nairobi. El tráfico era un gruñido salvaje de bocinas y los matatu se abrían paso con todo el color de sus grafitis bajo un cielo que comenzaba a oscurecerse. Del mismo modo, briosa y dispuesta a llevarse por delante al primer desprevenido, Niara Soyinka apretaba el paso entre una muchedumbre de muggles muy ocupados con sus smartphones o en evitar que se arruinaran sus zapatos.

La maga pasaba por delante locales y rótulos publicitarios que eran parte de otro mundo, otro distinto al que ella pertenecía. Se cubría del agua llevando un abrigo por encima de su cabeza a modo de paraguas improvisado, y en más de una ocasión un transeúnte le lanzó un que otro improperio por no fijarse por dónde iba, sin que eso la detuviera. Hasta que finalmente se coló por la puerta de un local, haciendo que sonara la campanilla. Ningún muggle pareció reparar en que aquella apresurada muchacha había desaparecido por debajo de sus narices.  



En algún lugar de África, próximos a las Ruinas Pedregosas.  


Una vez fuera, tocada por el sol abrasador del trópico, Niara no tuvo tiempo a respirar el repentino cambio de aires porque, en su apuro y falta de previsión—moraleja, siempre hay que ser cauto cuando se cruza un portal mágico—, se estampó a lo bruto contra una superficie dura que no supo identificar hasta que, con la nariz chorreando sangre y el culo en el polvo, se dio cuenta de que había ido a estrolarse contra la puerta de una caravana.

Para empezar, no se suponía que eso estuviera allí. Atando cabos, llegó a la conclusión de que debía tratarse de una caravana de magos. No era de extrañar que los Malinka le dieran la bienvenida a los extraños dentro de los límites de sus tierras inmarcables. Especialmente si eran sanadores, luego de haber sido atacados por una epidemia que había afectado a varios de los integrantes de la tribu tiempo atrás y que todavía tenía consecuencias en la salud de algunos de ellos. El brujo de las curaciones había sido alcanzado por la desgracia y a pesar de que se resistía a morir, parecía que los abandonaría para siempre, a los sanos y a los enfermos.

Se decía que el brote se debió al “aliento del Nundu” que, de no ser porque había viajado kilómetros y kilómetros de distancia a través del viento, los hubiera matado al instante. Sin embargo, algunos de los más ancianos, sostenían que aquel terrible mal fue la maldición de las viejas ruinas que rodeaban el asentamiento. Las ruinas eran un tema tabú para ellos y los mayores nunca se acercaban demasiado, aunque los niños más intrépidos solían competir entre ellos con retos de valor para ver quién se atrevía a llegar más cerca. Y por supuesto, no podían evitar que otros se adentraran en sus pasadizos subterráneos buscando ser asesinados por una maldición.

Niara se puso en pie, toda ella mojada hasta los zapatos sin que hubiera alrededor una sola pista del porqué. Ese incidente no hacía más que resumir su día. Para imaginárselo, sólo hacía falta que ella repasara en su cabeza los detalles de ese nuevo trabajo que tenía entre manos: iba camino a una exploración arqueológica con un primo purista que la odiaba por ser la hija de una squib, todo porque el tío Merkel pensó que sería buena idea “hacer las paces” como si se tratara de dos niños testarudos peleando por caramelos y no dos adultos ideológicamente enfrentados por años. ¿Y qué más? ¡Oh, claro! Había tenido una estúpida discusión con su novio que la tenía de mal humor. Su día era tan negro como las nubes sobre Nairobi. Pero allí, el sol brillaba con descaro por encima de su cabeza a pesar de sus preocupaciones. Sin embargo, puede que no fuera ella la única que tenía un día complicado después de todo.  




Última edición por Niara Soyinka el Dom Jul 02, 2017 4:10 pm, editado 2 veces
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Vie Ago 04, 2017 8:46 am

Laith miró como su pretendiente lo dejaba tranquilo para, contra todo pronóstico, llevarse al periodista que bramaba y maldecía en altavoz, el canadiense no pudo evitar sonreír en cuanto vio que se libraba de dos problemas al mismo tiempo. Entonces pudo llegar a aquel negro de exótica belleza, preguntando si podían comunicarse en francés; el hombre, por otro lado, le había respondido en un inglés perfecto, un tono arrogante y autoritario que lo dejó en su sitio unos segundos, incapaz de pensar en una respuesta. Si en el intento de conquistarlo más caía en su hechizo silencioso, una trampa para ratones a punto de ser activada.

Canadiense —repuso sin pensarlo en cuanto preguntó por su nacionalidad. ¿El señor M…? Ah, debería referirse a Moebius… — Sólo estaba pensando que… —empezó a hablar, y en ese momento casi se muerde hasta la lengua. Con total descaro, el morocho lo acarició con la mirada, siguiendo el recorrido de la túnica deslizándose a través de este, sin perder un solo detalle del pecho del mago africano.

Había algo en él que despertaba su curiosidad, su cuerpo se encargaba de despertar sus sentidos. ¿Era la arrogancia de la que se vestía, como un fino traje que le quedaba a la medida? ¿Esa actitud del que lo ha tenido todo, que sabe lo que tiene y lo que vale? ¿Esa atrayente aura que no podía describir, como magia destilando por los poros de su cuerpo? Cuando lo toca, sólo un breve contacto, electrificaba su cuerpo y lo derretía presa de un calor que hacía años no sentía. ¿Cuándo había sido la última vez que había caído víctima de dos ojos penetrantes y un desdén indescriptible? No quería recordarlo.

Sólo una llave de reducción, nada interesante —respondió al moreno, dejándolo observar las cicatrices que marcaban su mano izquierda, una quemadura que abarcaba desde su palma hasta sus dedos, mala cicatrización que no tenía arreglo. — No esperaba quebrarle nada… —lo habría hecho si Moebius lo fastidiaba tan sólo un poco más. Era una bestia disfrazada. — ¿Pero cómo lo haces? —era evidente, magia. La explicación llegó pronto, ¿por qué le parecía tan seductor que hablase de romper cuellos y llevar la magia en la sangre? Había cometido algunos deslices mágicos en su juventud, pero nunca nada grave.

Era el rechazo más fino que en la vida había tenido. Lo miró como un cazador en aquel baile, había algo violento en él, tan ardiente como el fuego que manipulaba, el corazón se le agitó como presa de la adrenalina cuando no se estaba moviendo, sólo miraba a aquel hombre, disimulando la pasión que los Malinka dejaban libre al gritar y bailar. Sabía que estaba perdiendo un punto importante de aquella representación cultural, ¿pero cómo quitarle los ojos de encima a ese hombre? Tenía que tranquilizarse y pensar en frío, era seguramente el alcohol en sus venas que lo volvía estúpido y agresivo. Se imaginó, apenas unos segundos, llegando a Londres como un cachorro, las orejas caídas y la cola entre las patas, diciéndole a Lindsay que había roto su promesa.

Pronto los pensamientos cambiaron en cuanto notó a Niara entrando al baile, se habían puesto al tú contra tú, lo notó fácilmente. Para su desgracia, mismo Laith reconocía que la joven morena no se comparaba a Nankín, viéndolos bailar en silencio, habiéndose alejado de la multitud, simplemente maravillando su vista porque podía hacerlo. El dolor del corazón le había desaparecido, el hombre que ahora descansaba en paz estaba en un plano extraño que ya no resultaba un pensamiento recurrente para el canadiense. Un rato más tarde, sólo un hombre se alzó en victoria en medio del baile, como una pelea de críos que había llegado a su fin. Vio al ave de fuego alzándose en vuelo, con un lento suspiro del morocho.

Laith, al cabo de unos minutos, se alejó de la gente. No lo parecía, pero el hombre estaba haciendo uso de toda su fuerza de voluntad para no seguir bebiendo, simplemente encendió un cigarrillo, de fondo escuchaba los tambores y él miraba a la luna desde su perspectiva. En su mente sólo oía la voz de Stephen hablando lejanas palabras: el aleteo del colibrí anunciará la presencia de la flor de kantu. Un mito que formaba parte de la cultura de la gente pero no de una realidad tangible. Hacía meses que ni siquiera tomaba su forma de animago, por ratos se temía haberla perdido como perdió su Patronus. Pareciese que todos sus recuerdos felices estaban destinados a teñirse de sepia, ninguno servía lo suficiente para conjurarlo. Era el problema de la gente como él: llevaban escondidas las heridas abiertas, tanto que el dolor atacaba cuando menos lo esperaban.

No tuvo claro cuánto tiempo estuvo en soledad, tarareando en voz baja una canción que no recordaba dónde había escuchado. Un cigarrillo se volvieron dos, y luego tres, el cansancio no lo tomaba víctima ni lo invitaba a ir a descansar. Estaba agotado mentalmente, pero su cuerpo aún estaba muy activo. Pensó en ir a jugar con el caldero, a veces le salían bien las cosas de ese modo, inesperadamente. No contaba con casi tropezarse con el cuerpo durmiente de la morena, a quien miró con un gesto entre la gracia y la dulzura, como se mira a un hermano. Parecía exhausta y sumamente agotada, y no era para menos luego de la demostración que dio. Fue a encontrar una cantimplora con agua, entonces, y volvió a su lado, arrodillándose a un costado.

Niara… Despierta, Niara… —la llamó con suavidad, con su mano apartó un mechón de su cabello que tenía en el rostro. — ¿Quieres un poco de agua? ¿Te sientes bien? —no sabía si conseguiría despertar. Le recordaba tanto a su Lindsay, a su mariposa, que no podía evitar sentir mucha empatía por ella. Igual de tozudas, cabezotas y agradables, seguramente se llevarían de maravilla si se conocieran. — Venga, despierta, Niara… —canturreaba tranquilamente, un tono melódico mientras la movía un poco.

Sintió pronto una mirada encima, era particularmente sensible a las miradas profundas. Disimuladamente miró a su alrededor y a sus espaldas, como un acechador, estaba ese niño de mirada colorida. Sonreía con infantil gracia, pero su mirada no concordaba con su rostro, su mirada lo estremecía. Era como si en esos orbes de vivos colores se reflejara la experiencia de un anciano cuando no era otra cosa que un niño pequeño que apenas aprendía a vivir. Cuando quiso levantarse para acercarse, el niño salió corriendo perdiéndose entre las chozas, dejándole una palabra en la boca para detenerlo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Mar Ago 15, 2017 2:24 pm



Tonight,
I will devour him in the dark;
not for sin nor for defiance,
but like the legend of the bakunawa:
to devour the last moon in infinite cycles
for millennia to come,
to quench the hunger and yearning
for the light that resides in him.


"Bakunawa"


La Magia Antigua tiene reglas. Quiebra esas reglas, y te hallarás atado a un círculo infinito, un bucle en el tiempo del que no podrás salir. La cabeza y la cola de la serpiente, hacen un nudo que no puede interrumpirse, y ni el mejor de los magos puede oponerse al circuito natural de la magia sin sufrir la devastación en carne propia, sin encadenar su alma a un terrible destino. En la ciudad milenaria de Bathala ese destino tiene un nombre, y ese nombre maldito es ‘Bakunawa’.

***

Hace miles, miles de años, ¿o apenas ayer?, en la plaza del mercado de la esplendorosa ciudad de Bathala, el centro del mundo y templo del Dios Brujo, un sangre pura de la nobleza era llevado por sus siervos sobre su palanquín, hasta que gritó que parasen frente a una hilera de esclavos sin marcar, nuevos en el mercado, que andaban forzosamente unidos de manos y pies por cadenas, y todavía mugrientos por la sangre seca de su propio pueblo: esta gente había peleado con azadones y martillos contra la magia de brujos que incendiaron su aldea y degollaron a sus pares con trucos del demonio. Porque para los mortales había una sola explicación para tanto poder: aquéllos eran hijos de mandinga. Pero también eran ahora sus amos, y por si fuera poco, los señores de toda la tierra conocida y de lo que existía más allá del mar.

—Ponlo delante, para que le pueda dar una buena mirada—ordenó el brujo, desde su palanquín, haciendo que el vendedor de esclavos tironeara bruscamente del collar de uno de sus cautivos.

Su madre lo había nombrado Anansi. Y ése sería el nombre que los esclavos susurrarían entre ellos, cuando la revolución viniera. Un día, vendrían las antorchas, la espada y la sangre. Y serían esos mismos esclavos por los que no corría la magia en sus venas los que derrocarían a los falsos dioses, arrastrando a la Ciudad del Sol, el Centro del Mundo, hasta los cimientos, convirtiéndola en Las Ruinas. Pero, pudo haber sido otra la historia, de no ser porque aquel día, el brujo Bakunawa, se perdió a sí mismo en la luz de aquellos ojos, que serían su rugiente anhelo por todos los milenios que habrían de venir, y así, hasta el fin de los tiempos.

***

—¿Dices que lo has visto correr hacia aquí?—Niara apuntó con la punta iluminada de su varita las runas talladas en la piedra, adentrándose como mandada a hacer, por la boca estrecha de una gruta olvidada. Había apartado la maleza, para descubrir con asombro (era lo que sentía, a pesar de la grave seriedad que había apresado su rostro por ese momento de trance y expectación que le provocó ese hallazgo), algo que, juraba, no debía estar allí, ¿sería un pasadizo?, ¿y a dónde llevaría?—Tú deberías volver, Laith. Lo digo en serio—Niara volteó el rostrohacia él con una sonrisa y un brillo intenso, vivo, en la mirada—Puede que no lleve a ningún lugar, pero si el niño se ha ido por aquí, lo encontraré. ¡Nos vemos a la vuelta!

Al incursionar hacia dentro, Niara pegó un grito al sentir que era abruptamente arrastrada a una irremediable caída. Vaya exploradora que estaba hecha. Lo que le esperaba eran metros y metros bajo tierra, hasta ir a parar hacia el mismísimo océano subterráneo de una extraordinaria bóveda cavernosa. Y, en la negra transparencia de esas aguas, una sombra serpenteante, que respiraba, que rugía, desde lo hondo de las profundidades.

Entre las criaturas mágicas, existe una, sobre la que conspicuos nombres de la magizoología afirman su extinción hace miles, miles de años. Es uno de los monstruos de los océanos, ¡temible criatura!, que con su cuerpo de serpiente, arrastra a los hombres hacia lo inexpugnable, ahogándolos en la oscuridad más terrible de las aguas realmente profundas. Es una criatura de leyenda, porque de todas las serpientes marinas, esta era la más enorme, y la más hambrienta de todas. Extracto de la revista, 'Curiosidades Mágicas y Otros cuentos'.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Jue Ago 17, 2017 4:32 am

En cuanto Niara recobró la conciencia de sí misma, y casi sin darle explicaciones, la había arrastrado en la cacería de aquel niño que le intrigaba. Se lo intentó describir de algún modo que le resultó imposible a la morena identificarlo, había algo, algo raro dentro de todo aquello. Tenía una especie de déjà vu que no comprendía, necesitaba alcanzarlo y preguntarle su nombre, quién era, por qué lo miraba tanto de esa forma insistente. Sus pasos los habían sacado de la aldea, parecían haberlo perdido, pero no. Casi como salido de un instinto, Laith empezó a caminar hasta llegar a una gruta, donde miró a la morena.

Puedes quedarte afuera si te da miedo —bromeó con ella, asumiendo que no habría muchas cosas que la asustaran. — Tiene que estar aquí, no pudo haber ido muy lejos… —dijo, inhalando con fuerza y sacando su varita para hacer un silencioso hechizo iluminador para empezar a caminar al interior. La enorme gruta poco a poco se estrechaba más y conforme avanzaban empezaron a notar runas… ¿runas? Le costó convencerse que aquello fuera normal, casi sentía que estaban entrando al país de las Maravillas siguiendo al conejo blanco.

Él también empezaba a pensar que era una mala idea, podría ser una especie de sitio sagrado donde los forasteros no eran bien recibidos. Algo, sin embargo, más fuerte que él hablaba, era sensible a los presentimientos y ese era uno tan fuerte que casi se sentía arrastrado hacia el interior de la gruta. Inhaló con fuerza y dejó salir leve el aire, mirando de reojo a Niara cuando ella le sugirió ir de regreso, él también estaba seguro que no era una buena idea pero, joder, no podía volver sobre sus pasos. No era orgullo, era algo más fuerte.

Debería —reconoció, aunque cuando ella le dijo que se marchara soltó una risita. — Dije que debería, no que lo haría —soltó con evidente gracia, sin tener muchos problemas con entrar a una cueva, ingenuo desconocía que se arrepentiría tan pronto como oyese el grito de su compañera. — ¡Niara! —soltó, sujetándola por el brazo intentando traerla de regreso a la tierra firme dentro de la gruta, pero la inercia fue tal que no pudo conseguirlo antes de que fuese él el arrastrado con dirección a la caída.

La caída fue bastante larga y, otra vez, las escenas de esa película infantil venían a su memoria, Alicia cayendo metros y metros hasta un mundo fantasioso con gatos risones, reinas de corazones, conejos blancos y sombrereros locos. Su destino estaba lejos de ser un gato risón, era más un monstruo acuático listo para ahogarles. Cuando llegaron al fondo de las cavernas, los sorprendió el contacto con el agua. El morocho se hubo sumergido varios metros en el interior del agua y abrió los ojos, aunque naturalmente no podría ver nada no sólo por la oscuridad del lugar sino también por esa distorsión usual de la mirada al contacto con el agua.

La primera reacción del sanador fue, cómo no, volverse tan sólo una presa del pánico. Con fuertes manotazos intentaba sacar su cabeza a flote dando como resultado la ingesta de agua en medio de las bocanadas de aire. Conforme menos podía respirar, más se agobiaba y con ello su rendimiento al momento de intentar inútilmente estar a flote era cada vez peor. Y es que Laith era tan reacio a afrontar aquel miedo al agua que ni siquiera sabía flotar, no había modo de que por su propia cuenta consiguiese hacer algo digno con sus movimientos que le prometiesen un poco más de supervivencia. Además, con los bruscos movimientos había algo dentro del agua que parecía más y más interesado en el canadiense.

Hubo un momento, por breves segundos, que con la visión borrosa (no estaba seguro de si era agua o lágrimas) creyó notar en el techo de aquella caverna unos ojos coloridos, ¿era su imaginación? ¿Al final moriría ahogado con la incertidumbre de esos ojos? ¿Era una criatura mágica hecha para llevar a la muerte, como tantas otras? Casi al mismo tiempo, sintió un fuerte tirón hacia abajo, hundiéndolo completamente en el agua. Tratando de no tragar más agua o, peor, respirarla, no conseguía pronunciar hechizo que lo soltase de la sujeción, y no tenía la suficiente concentración como para hacer magia no verbal. Siempre pensó que moriría de forma heroica, vaya forma de acabar con todo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Vie Ago 18, 2017 7:16 am


Eran dos rendijas como faros de terror, en el fondo del océano. La débil luz azulada que se colaba en lo hondo de las aguas negras, definía el contorno interminable de esa monstruosidad que era el tamaño de la serpiente marina. Había abierto sus fauces y avanzaba inexorablemente con la rapidez de los predadores hambrientos, cuando saben que su presa no tiene escapatoria. Pero sucedió algo imprevisto para una criatura que ha vivido en esas profundidades por milenios, sin otra compañía que su hambre: otra criatura marina, todavía más veloz, se le adelantó con una facilidad inimaginable y acaparó la atención de esos ojos de pesadilla.

Decían en muchas leyendas que salvaba a los náufragos de sus calamidades y los devolvía a la costa. Puede que en algo esas historias estuvieran en lo cierto. Esa sería la razón del porqué cabalgaba vertiginosamente hacia el cuerpo suspendido y anhelante de socorro de un Laith que se ahogaba en esas terribles profundidades. Esta criatura tenía la cola de un pez y el torso de un caballo, era un hipocampo. Tenía un brillo escamoso, hermoso y peculiar, que podía guiarte a través de la oscuridad, llena de horrores y peligro. Y eso fue lo que hizo, al capturar a Laith en su cabalgata hacia la superficie, sin detenerse por un momento, y ofreciéndole su lomo como escapatoria. Las aguas temblaron cuando el cuerpo de la serpiente se sacudió, queriendo barrer el océano y embestir toda posibilidad de huida. Pero el hipocampo era de las criaturas más fuertes de las aguas, de las más veloces, y de las más audaces. Al final, consiguieron emerger de un salto hacia la superficie, y se arrimaron a la costa de roca, mientras que detrás de ellos, las aguas rugían enfurecidas y el cuerpo enrollado de la serpiente se dejaba ver por encima de la inmensa negrura.

En la costa, la criatura se dobló y se desdobló, mutando de forma hasta adquirir la apariencia de un hombre negro, desnudo, empalmado y visiblemente apurado por arrastrar a Laith hasta una zona más elevada, donde lo recostó con cuidado y lo ayudó a recomponerse. Lo tenía sujeto del cuello y masajeaba su pecho, inclinado junto a él. Lo hacía de esta forma, porque, a pesar de no ser un sanador, sí podía aliviar las sensaciones que oprimieran a Laith en ese momento, con la magia de sus manos. Por eso, insistía en tocarlo: cara, cuello, hombros. Tenía una expresión atenta, seria, pero no preocupada. Lo miraba con gravedad. Parecía, sí, un poco enojado. Nan podía ser a veces demasiado serio.

—No deberías estar aquí—acusó. Y sin embargo, lo masajeaba levemente—Los he visto caer. Niara está corriendo hacia aquí. No me explico como ustedes dos…

Y fue a caer Niara, toda preocupada.

—¡Laith!, ¿estás bien?, ¿qué ha pasado ahí abajo?, ¿te duele algo?—Le había sujetado la cara con ambas manos, escrutando sus ojos, como si buscara algún signo o algo—¡Laith, mírame a mí!, ¿seguro que no estás un poco tonto? ¡Nankín!, ¡quita tus manos! ¡Si te excedes le puedes provocar algo! ¡Ya déjalo descansar! ¡Y ponte ropa! A ti te secaré la ropa mojada, Laith.

Y en ese momento, otro rugido resonó por toda la caverna. Lo mejor parecía irse de allí. Pero una vez que entrabas a Las Ruinas, no salías con la misma facilidad.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Sáb Ago 19, 2017 8:19 am

Siempre había pensado que aquellas imágenes de que uno ve todas las cosas que hizo al morir eran mentira, ¡no podían ser verdad! Pero en ese momento pareció verlo todo conforme la escasa luz de la superficie se nublaba entre las hondas de agua. Se recordó cuando no hubo problemas en su vida, allá cuando niño, y cuando por vez primera fue aclamado en el colegio, la paz con que su abuelo lo miraba como si fuera lo único en su mundo, incluso se acordó de aquellas miradas de lástima que llegó alguna vez a confundir con ternura que le dedicaban dos afilados ojos oscuros que siempre acababan por hacerle daño.

No esperó en ningún momento que una figura equina lo recibiera en su lomo, se sujetó de ella como pudo, con la desesperación con que uno se aferra de la última esperanza. Los gruñidos y la turbulencia, combinados con el dolor en el pecho de dos pulmones que suplicaban un soplo de aire, uno que llegó tan sólo un par de eternos minutos después. En cuanto respiró ese aire viciado dentro de la caverna dio un par de fuertes bocanadas y su estómago, sus pulmones, se esforzaron en escupir el agua salada de su interior, ahogándose entre el rechazo de su cuerpo de la solución salina. Se aferraba al cuello del imponente animal mientras se aproximaban a la orilla, sus pulmones se sentían increíblemente ligeros luego de la tortura a la que fueron sometidos.

Le estaba costando reaccionar, la falta de oxígeno en su cerebro hacía estragos que se traducían en un mareo. Lo primero que vio al caer en sí mismo, fue a uno de los hombres más hermosos que había visto en su vida que lo miraba con severidad pero lo acariciaba con suavidad, ¿se había muerto y el cielo estaba lleno de hombres hermosos? No, estaba vivo. — Menudo regalo te ha hecho la vida, tan hermoso… —soltó sin pensarlo, no estaba pensando claramente y se le notaba, hablando lo primero que se le cruzaba por la mente al ver al hombre que todavía no reconocía, mismo que lo masajeaba relajando el tormento que pasó su cuerpo, su mente, en la experiencia tan cercana a la muerte.

El agua salada debió metérsele en el cerebro, pues sin ninguna especie de vergüenza se alegró las vistas, paseando sus agotados y agobiados ojos verdes a través del cuerpo del negro, descubriéndolo completamente desnudo. Sí, he muerto, pensó con una sonrisa estúpida cuando lo descubrió totalmente desnudo, aunque era comprensible. Cuando uno se transformaba, hacía falta un hechizo en la ropa para que no quedase holgada o se rompiera de acuerdo al tamaño del animal. El hombre de piel morena le recriminó, pero él no tenía la culpa, ¿verdad? Claro que no, él era la víctima de las circunstancias. Más o menos. Los había metido en la caverna pero no había caído al agua, esa fue Niara primero.

La misma que por cierto lo sujetó por el rostro haciendo tantas preguntas que mareó al sanador un poco más de lo que ya estaba. Los ojos verdes, sin embargo, insistían en ver al hombre que ahora les acompañaba, ¿un poco tonto? ¡Puede! Oyó el nombre del negro: Nankín, mientras su mente empezaba a trabajar lentamente. — Puede quedarse así —repuso en esa irrealidad de la sal y la catarsis, — quiero decir, ¿qué? —y en ese momento reparó en lo que dijo. Volvió a poner su cabeza sobre sus hombros mientras se sentaba, llevándose las manos a la cara. Miró entonces alrededor. — ¿En dónde… estamos? —preguntó en voz baja, tanto que el rugido de la bestia se impuso haciendo un eco constante en aquella caverna.

Pero no pudo concentrarse en ello. Oyó una risa, ¿en su mente? Un déjà vu, algo que ya había ocurrido en algún punto del más lejano pasado. Una risa infantil y breve, un niño. Gauthier se levantó rápidamente, se tambaleó y casi tropieza con sus propios pies, sus piernas aún no reaccionaban bien. El canadiense había empezado a caminar, como habiéndose olvidado por un segundo de que no iba solo, pues había visto o al menos creyó ver al niño que perseguía. No tenía ni la menor idea de que iba metiéndose a la boca del lobo, dentro de una horrible serie de pasillos y pasadizos de naturaleza laberíntica.

En la persecución de la risa, doblando esquinas de aquellos pasillos y metiéndose por en medio de pasadizos entre las rocas por las que ni siquiera parecía seguro ir, pues amenazaban con derrumbarse a la mínima de maltrato, llegó a una habitación de apariencia destrozada. Parecía que había sido en su momento un glorioso salón ahora hecho ruinas, sólo había seis pilares, un reloj de sol y una puerta de piedra cerrada con una magia tan fuerte que amenazaba con su mera presencia por si alguien osaba utilizarla en su contra para abrirla. Debió, en su momento, haber sido usado como un salón de rituales, al menos era la impresión que Laith se llevaba.

Mientras el morocho jadeaba, los pilares guardaban un enigma. Eran cilindros con formas de animales, un elefante que también leía en un antiguo idioma: “Le doy la razón a la jirafa”; el pilar del avestruz dictaba: “Álzate frente al reloj, ve al este cuatro pasos y entonces ve al sur otros cuatro para obtener tu respuesta”; el cocodrilo decía: “El único que dice la verdad tiene cuernos”; la jirafa por su parte señalaba: “Encontrarás la respuesta en las plumas”; el león, por su parte, indicaba: “La respuesta la verás partiendo del frente del sol, ve al este ocho pasos y dirígete al norte cuatro”; por último, el antílope marcaba: “Del frente del sol ve al oeste seis pasos, entonces dos al sur”.

Las estatuas se acomodaban a los costados de la puerta haciendo un camino en su dirección, empezando por el elefante a la izquierda y la jirafa a la derecha; luego el reloj de sol al medio del avestruz a la izquierda y el león a la derecha; las más próximas eran el cocodrilo a la izquierda y el antílope a la derecha. El reloj de sol no funcionaba tantos metros bajo tierra, pero sí que leía: “El salón de la mentira”.

Jue:
Vale, espero haberme dado a entender en el acomodo de la habitación. La respuesta es simple, hay cinco pilares que mienten y tu deber es descifrar cuál es el que no miente para conseguir un algo (no he pensado qué) para abrir la puerta. Siguiendo a los mentirosos encontrarán bestias y monstruos.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Sáb Ago 26, 2017 1:27 am

El océano subterráneo temblaba por la ira de la bestia, no contenta con perder su aperitivo; el rugido era monstruoso, pero por encima de ese eco pavoroso, la riña de los ‘hermanos’ Soyinka, era todavía más intensa, más acalorada que la helada incertidumbre del momento que, en vez de enfrentarlos, debería unirlos en la determinación de sortear esa ‘noche eterna’ con las cabezas sobre los hombros. Pero tal parecía que tomar una decisión sobre cómo continuar les estaba llevando tiempo, y mucho, mucho acopio de ira y paciencia, sin que ni siquiera pudieran llegar a una cuerdo sobre cuál de esas dos emociones imperaba en su discusión sobre: ‘cómo llegó ése aquí, ¡podría haber muerto!’, ‘cómo es que entraste sin mí’, ‘¿¡fuiste atacado!?, ¡te dije que había que perseguir a esos carroñeros!’, ‘recuerda que el líder soy yo’, ‘¿es que nunca has visto a un hombre desnudo?, vaya pena de novio que tienes’, etc. Ni repararon en que Laith se había levantado, guiado por ¿una corazonada? y se adelantaba, ajeno a sus desavenencias, que de persistir con esa obstinación, podrían matar a alguien esa noche.

—¡Lai…!—Niara lo vio, consternada, y empezó a avanzar hacia él con el corazón en la boca, pero Nan la tomó fuertemente de la muñeca, con una grave expresión pensativa en el rostro. Ella asintió, entendiendo que tenía que callar, y los dos lo siguieron a prisa, compenetrados en las mismas sospechas.

—¿Cómo dijiste que te trajo hasta aquí?, ¿y tú no podías ver a ese niño? Niara, no hay registro arqueológico de otra entrada. Y Las Ruinas han sido exploradas hasta el cansancio. Sólo se puede acceder por donde acordamos entrar. Es posible que tenga que ver con la alineación de los planetas. No, no empieces. Entré por mi cuenta, sí, porque tú estabas impedida. Te dije que no empieces. Esos carroñeros con máscaras entraron por allí también, y me atacaron. Y de alguna manera, acabé aquí. Hubieras sido una carga de estar allí. ¿Pero te das cuenta de lo que significa? No puedes distraerte y seguir cayéndote de los cielos a tu antojo. No voy a cargar contigo una y otra vez. Se ha detenido, ¿qué hace ahora? Cuida dónde pisas. Registra el lugar.

***

Nan le dio una mirada rápida a esa bóveda antigua, girando sobre sus talones con los sentidos alertas, precavido y algo molesto. Niara se había ensañado en no hacerle caso y se preocupaba más por el estado de ese hombre de antes (‘Laith, no me hagas eso otra vez sin avisarme primero’ ‘Tienes que mantenerte cerca, ¿está bien?’ ‘¿Te das cuenta de que ves cosas que nosotros no podemos ver?’ ‘¿Cómo te sientes?’) que de seguir sus indicaciones. En fin, no es como si confiara en que las cosas estuvieran bien hechas si no las hacía él, así que, lo primero, fue leer las confusas inscripciones talladas en las estatuillas. Pero todavía tenía al castaño en su pensamiento, y Niara hacía que fuera imposible concentrarse. Así que, fue hasta él, y aunque su ‘hermanita’ no se mostrara nada contenta de verlo acercarse, Nan, apurado en sus maneras, tomó el rostro de Laith con las puntas de sus dedos, observándolo como desentrañando los extraños símbolos de los restos de una tacita de té, con intenciones adivinatorias. Lo miraba directo a los ojos, aunque parecía ver a través de él.  

—Estás en un laberinto—empezó a explicar, mientras que Niara, alrededor, le lanzaba las vibras de su desconfianza. Nan no era, lo que se decía ‘amable’ con la gente, y eso la preocupaba. Sobre todo, en aquel lugar de muerte—Verás y oirás cosas que te confundirán todo el camino. Lo de recién, fue estúpido. Sí, es verdad, podría ser de ayuda. Pero esa cosa que persigues, ¿a un niño?, te ha arrojado directo a la boca de una serpiente marina. Discúlpame si sospecho. Puede que, por alguna razón, hayas atraído a un espíritu vengativo o algo peor. Todo es probable aquí dentro. Pero, por otro lado. Sí, podría ser, que pudieras resultar útil. Sólo no te lances de esa manera otra vez. Tú no te apartes de mí. Niara es demasiado cobarde para decirlo—añadió, incitando un bufido femenino—, pero podrías morir aquí dentro si no tienes cuidado. No me explico por qué alguien seguiría ‘su corazón’ tan despreocupadamente, en la noche de la Luna de Sangre—Lo soltó con delicadeza, antes de agregar—: Pero no creo en las casualidades. Y escucha, si vas a venir con nosotros, tienes que saber que vamos detrás de un objetivo. Trata de no estropearlo. Porque no pienso volver a arrojarme al océano por ti. O por ti—amenazó, mirando a Niara con dureza, que le devolvió la mirada, retadora.  

—Cuida tus palabras, Nankín. Porque tú podrías necesitar de nosotros. No será algo que se te pase por esa cabeza orgullosa que tienes, pero sucederá si tiene que suceder, así que estate preparado. No tientes a la mala fortuna.

***

La puerta, tan imponente, necesitaba una llave. Nan había hecho un despliegue de todas sus habilidades —nunca le faltaba oportunidad, o modestia—, pero acabó con un brazo quemado. Pudo haber sido peor. Para Niara la respuesta era evidente: si no encontraban la pieza que encajara en ese engranaje de la cerradura, no avanzarían mucho más. Una terrible opción en sus circunstancias. Pero curiosamente, ninguno de los dos se veía realmente preocupado por quedarse atrapados allí por siempre, y apenas habían soltado unas pocas respuestas a esos enigmas que parecían saber, cosas como: ¿cómo era posible todo aquello?, ¿cuáles eran los peligros? Evidentemente, pensaban, que alguien que no se había ofrecido voluntario en esa experiencia, no tenía por qué darle vuelta a ideas de horror en su cabeza. Bastante con lo que hallarían el camino. ¿Pero cuál de los caminos? Y si se trataba de acertijos, ¿podía haber una llave al final del túnel?

—¡Es la jirafa!—exclamó Niara, por enésima vez, alzando las manos al cielo. Algo como ‘hacer una tregua’ con Nankín era imposible. No porque él fuera un carácter nervioso que perdiera los estribos con facilidad, sino porque ponía nervioso a los demás. Si bien Niara solía discutirle todo, con ese hombre, no se podía llegar a ningún lado que no fuera lo que ÉL quería, y hasta entonces, se ensimismaba en un pretencioso silencio, sólo interrumpido por comentarios cargados de vanidad. Y eso la enervaba de las mil maravillas—¡Si vamos por el camino de la avestruz…!

Nan sonrió mostrando los dientes con sentida presunción, negando con la cabeza. Esos labios carnosos a punto de un beso, eran descarados cuando hablaban:

—Suenas como una loca. Es simple. Ninguna indicación es de fiar. ¿Creías que hallarías una respuesta sin peligros aquí, en una antigua sala de sacrificio? Tomaremos el camino que YO elija. Y tú te vienes conmigo—puntualizó, lanzándole a Laith una mirada rápida, de reojo—A menos que quieras que mi ‘hermanita’ te arroje al estómago de alguna bestia hambrienta.

Los dos Soyinkas amenazaban con adentrarse por caminos opuestos, ambos con los brazos cruzados, enfurruñados, enfrentándose sin cuartel. Es que si uno quería ir para un lado, al otro le parecía que estaba errado en su elección y viceversa. Eran tan serios en su riña, que se medían todo el tiempo, hasta cuando pensabas que guardaban silencio. Nan tenía un ego de hombre arrogante y bello; Niara, tenía una actitud de mujer empecinada y convencida. No había forma de ponerlos de acuerdo. Eso daba qué pensar, ¿cómo es que habían llegado a esa situación, en primer lugar? Aunque sea, ¿tenían los mismos motivos para estar allí? No, de lejos, no lo parecía.

—¡Él no irá contigo! Laith, te protegeré de cualquier cosa. Es mi culpa que terminaras en esto, sí. Pero tú mantente cerca. ¡Soy tan capaz de moverme en este laberinto como tú! ¡Y el camino no es por allí! ¡Te lo he dicho!

—Él irá conmigo hasta que descubra por qué tiene esa visión que le mostró esa entrada secreta. Y no nos guiaremos por tu instinto. Yo soy el que tiene la brújula interior más fuerte, de los tres.  

—¡Él no irá contigo! ¿Verdad Laith?—preguntó Niara, buscándo sus ojos, y apelando a su buen juicio—¡Ponte a mi lado!

—No es difícil adivinar que yo soy su mejor opción, ¡lo mejor que tienes!—Le recordó Nan a ese castaño, visiblemente alterado por la obviedad del asunto.

Que amable por parte de ambos, en recordar que Laith tenía voz en todo aquello.

aklhfdjkshfsdh:
Te debo un fogonazo de inspiración salavaje en el camino -LLORA y sale corriendo-
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Sáb Ago 26, 2017 7:42 am

Aquellos dos habían empezado a discutir mientras el agua salada parecía haberle lavado el cerebro malamente al sanador. Había visto a más de un hombre, cómo no, pero nunca se había sentido tan particularmente interesado en ninguno de la misma manera en que lo hacía por aquel negro. Era probable que se tratase de lo exótico que parecía, aunque cuando volvió a pensar con la cabeza sobre sus hombros miró al par discutiendo, casi parecían dos niños y él fue un tercero en cuanto descubrió que aquella alucinación lo estaba llamando a sumergirse dentro de la caverna más y más hasta llegar a la bóveda, al salón que parecía el centro de algo cuando sólo era el comienzo, las risas se habían detenido, exhaló mientras buscaba algo que no tenía claro qué era con la mirada.

Niara no tardó en abordarlo con advertencias y preguntas, abrumándolo entre la situación tan inesperada. Asentía más por darle una respuesta que porque la respuesta fuera afirmativa realmente, incluso a preguntas más complejas como “¿cómo estás?”, sólo asentía, intentando escuchar. Su intento quedó en fracaso cuando el negro lo sujetó del rostro, investigándolo como si el secreto al enigma lo tuviera él y no los pilares, pero los suaves ojos verdes se habían endurecido un poco más de lo usual. No entendía la gravedad de la situación, o quizá lo entendía demasiado, era más seguro lo primero, aunque tampoco se descartaba lo segundo. De algún modo, la suerte siempre estaba a su favor incluso cuando creyó que moriría ahogado o comido por esa bestia cuyo rugido seguía haciendo eco a esa distancia.

No podría estar más de acuerdo, te agradezco lo que hiciste, sin embargo —habló, dando un paso hacia atrás. No le gustaban las amenazas y vaya que Laith podía ser el hombre más orgulloso y obstinado que existía. — No sé qué está sucediendo aquí, pero no creo que esto sea casualidad —el morocho confiaba ciegamente en sí mismo, en lo que sentía más allá del raciocinio. Porque era lo que lo había mantenido tantos años con vida, Laith no era el hombre más inteligente del mundo, era bastante promedio de hecho, y la mayoría de sus mejores decisiones fue tomada sin estar seguro del motivo por el que las tomaba. Por ello es que no podía negarse a escuchar sus instintos, su corazón, y no obstante eso no significaba arrastrar a los otros dos con él.

La puerta no se abriría sin su correspondiente llave y Nankín lo demostró bastante bien, habiéndose ofrecido a tratarle el brazo quemado. Había oído las palabras que leían los pilares y había comenzado a darles vueltas, entendiendo que no todos los caminos llevaban al mismo fin. Si nada más entrar ya había corrido el riesgo de morir, no podía evitar pensar que más allá encontrarían peligros aún peores, pero algo dentro le decía que había que seguir avanzando, fuese lo que fuese. Los dos residentes habían empezado a discutir, Laith no había oído ninguna razón lógica para confiar en ellos, parecía que no sabían hacer otra cosa que gritarse y meterse con el otro.

El canadiense había estado mirando el reloj de sol mientras oía de fondo la discusión, al menos hasta que escuchó que se dirigían a él. Aquel negro lo ponía a mil, bañado en la abstinencia de no haberse acostado con nadie desde que llegó a Francia, con la perfección de su cuerpo y esa desagradable personalidad que le hacían arder de ganas de tirárselo en ese preciso instante. Pero Laith tenía el orgullo herido, y su orgullo a veces hablaba más fuerte que cualquiera de sus demás instintos primarios, era un hombre en su mejor edad después de todo, bastante harto de ser el idiota de los demás, había pasado una mala racha y había recuperado las riendas de su vida, no las perdería porque Niara o Nankín le pidiesen confianza ciega.

Eran motivos más emocionales que reales, pero lo suficientemente pesados como para ser un hecho. — No iré con ninguno de los dos, no si sólo es porque por sus cojones tengo que ir con ustedes —habló de pronto, en el primer segundo en silencio que tuvo para ello, mirándolos de reojo antes de mirar otra vez al reloj. — No soy su protegido ni tienen responsabilidad ninguna sobre mí, me haré responsable de mis propias decisiones, así que si alguno quiere tomar otro camino, bienvenido sea —fue su conclusión final, simplemente porque no le atraía ninguna de las opciones en las que ellos estaban tan decididos.

Le disgustaba que le quisieran imponer un camino, odiaba que hablasen sin siquiera fingir interés en su opinión, por ello fue que decidió simplemente asumir todo riesgo por su propia cuenta. ¿Vanidad, orgullo, soberbia? Un poco de todo, a decir verdad. Pasaría lo que tuviera que pasar. ¿Quizá, simplemente, se estaba volviendo loco? ¿Por eso las alucinaciones visuales y auditivas? Pero esa mirada de colores parecía tan llamativa, tan real, que no podía considerarlo por mucho tiempo. El salón de la mentira… Entonces ninguno de los pilares estaba diciendo la verdad. El avestruz y el león los enviaba al este, no era por el este. El antílope los enviaba al oeste, no era por el oeste… No, esa no era la clave.

Los dos están tan enfrascados en sus discusiones de mierda que han decidido sólo seguir los instintos por contradecir al otro, no soy bueno trabajando en equipo pero no llegarán a ningún lado así —hablaba con serenidad, acariciando los detalles, los dibujos, en la piedra, como si de pronto estos le fueran a decir qué hacer. Tenían las insignias de los animales de los pilares en su exacta dirección respecto al reloj. De pronto, como si todo se iluminara ante él, se separó de la piedra. — Para descubrir a un mentiroso hay que pensar como uno —su voz sonó baja, empezando a caminar al primer pilar, tomando algunas rocas pequeñas del suelo. — El elefante —dejó una roca frente a este, — dice que la jirafa tiene la razón —una roca en frente de la jirafa. — La jirafa dice que las plumas, el avestruz, tiene razón —y dejó una roca frente al avestruz. — El avestruz da una indicación, que es mentira porque la jirafa está mintiendo y no es el camino.

Miró al par, como si esperase que le siguiera hasta donde estaba, ese inusual análisis que el sanador estaba haciendo. Descartando tres animales, el elefante, la jirafa y el avestruz, sólo tenían tres más. Su idea de analizar por descarte no parecía descabellada, aunque sí bastante poco ortodoxo. — Siguiendo esa pauta… El cocodrilo dice que los cuernos tienen razón, el antílope tiene cuernos… Más de lo mismo —explicó, colocando rocas frente a los dos animales mencionados. — Al único al que no señalan es al león… Puede que también sea un mentiroso, o que sea el único que dice la verdad… —esa era la única cosa que no tenía del todo clara.

Y mientras Laith le daba vueltas al enigma en lugar de decidirse por un animal sin buenos fundamentos, desde los caminos incorrectos empezaban a impacientarse criaturas decididas por querer devorarse a los intrusos. Criaturas de enormes fauces que en cuanto oyesen algo anormal sucediendo no tardarían en salir de sus respectivos lugares de descanso con el fin de alimentarse.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Miér Ago 30, 2017 2:17 pm

“He’s the guardian of the Crossroads of Life. Whenever there are decisions to be made, he provides opportunities and second chances. If you’re lucky. As a Trickster God, the childlike Elegua can sometimes make things even more complicated. At a whim he can turn a simple choice into a vast conundrum of paradox.”

Hubo un tiempo en que fueron niños y atravesaron juntos la selva, tal como ahora, cuando están solos y la oscuridad chilla con el silbido de las bestias por debajo de la piel. Ya son hombre y mujer, pero no se entienden en absoluto, como si el río de sus sangres estuviera condenado a la bifurcación del camino, sin nunca probarse siquiera una vez como uno, como todo, como dos en el mismo sendero. Detrás de una riña absurda, habrá el secreto que lo destapa todo: la arrogancia de él, la tenacidad de ella; encontrándose, como una serpiente que se enreda con su propia cola: desde el principio, hasta el final, por una curva infinita de emociones inconfesables que sentían el uno por el otro. No importaba dónde o por qué, Nankín brillaría como el sol, y ella sería la luna, opacada por esa llameante chispa de genio, sagrada estirpe y el esplendor de su soberbia. Pero cuando él la miraba, siempre era Niara, la que se reflejaba en el río de la vida, como la luz más viva y hermosa, la más fuerte, la más brillante. Así que, allí estaban los dos, desafiándose y enemistándose y equivocándose, alejándose de los niños que alguna vez se quisieron en medio del furor de sus rabietas infantiles, a la manera en que sólo un niño puede amar, tan profundamente, ingenuo y entregado cuando es bien recibido por otro corazón tan intenso como el suyo, que se lo perdona todo con una risa, en amistad, con un gesto, en complicidad contra el mundo.

***

Soyinkas tenían que ser, Soyinkas los dos. Si entrabas al submundo de los arcanos misterios de la arqueología, te cruzarías con que esta familia estaba muy orgullosa de su oficio como ‘asaltatumbas’, coleccionistas y todo lo relacionado con las antigüedades. Era tan contagioso entre ellos, poner el pie en un sitio horadado de secretos y monstruos y magia antigua y creerse los dueños de todos sus acertijos. Entre los estudiosos de esos temas de misticismo, historia y diferentes culturas, siempre había un comentario —no precisamente simpático— sobre la arrogancia de este apellido de frikis. No era raro, por tal, que le cara se les descompusiera a esos dos ‘hermanos’ (atacada por la sorpresa), cuando Laith empezó a hablar, tan calmo, revolviendo algo en lo que, había que decirlo, podían haberse puesto a trabajar desde el principio, en vez de empecinarse con ver quién le hacía caso a quién. Y con toda razón, Laith los había corrido del círculo de su confianza. Tú no te fiarías de unos niños peleones para tomar decisiones de vida o muerte, él estaba en todo su derecho. A esto, los dos Soyinkas reaccionaron de formas muy distintas. A Niara le hirieron el corazón. A Nankín le hirieron el orgullo.

Y sin embargo, ellos escucharon (Niara con pecho latiéndole con fuerza. Nankín con una vena en la sien —que no se le notaba, porque era tan bello, tan hedonista, que ninguna marca de furia podría deformar esa rostro perfecto—), porque esa persona a la que habían descartado automáticamente como ‘ayuda’, y debido a esa arrogancia tan propia de los Soyinka (de toda la familia, un tampoco uno podía ser tan duro con ellos y achacarles los males modales de sus maestros), resulta que no sólo parecía tan sereno con la idea de haber sobrevivido a la muerte, sino que era, y esto había que reconocerlo, un buen mentiroso: de esos que piensan como uno. Ninguno de los otros tenía siquiera una idea de lo afortunados que eran, con tener a ese rompecorazones con ellos. Bueno, ‘rompecorazones’ en otros sentidos que no tenían nada que ver con el pecho dolido de Niara Soyinka. Eso era distinto. Nankín diría que era ‘tu legado de esa madre squib tuya, esa alma ferviente de buen samaritano que es sólo una molestia’. Pero Nankín no comentaría nada, a pesar de ver como Niara se desarmaba en el lugar e iba hasta Laith, ni para burlarse, ni para replicar, porque de hecho, estaba bastante interesado en verlo hacer al chico, aunque no pareciera contento. No, no pensaba que hubiera que ir por el camino del león. Pero. Valió el intento. Y, ¿tendrían la libertad de elegir su camino sin dificultades?

—No, no, Laith—Ella se deshizo en una mirada de súplica. Pero cuando habló, su voz era de autoridad y confianza—Si te he dado la impresión de que estás solo, lo siento. Pero no. Sí, eres mi protegido. Y tú no puedes decidir sobre eso—No parecía querer transigir a ese respecto, y sin embargo, su acento era una caricia tibia y solidaria entre tanto infierno de oscuros presagios. Nankín, por su parte, empezó a reparar en lo que se venía hacia ellos, desde lo hondo de la susurrante negrura plagada de espantos y juntó sus manos muy cerca de su boca, murmurando un conjuro y frotándose las palmas—. Puedes, sí, ser inteligente y apoyarte en mí para lo que me entrenaron a hacer. Dependeré de ti también, confío en que lo entiendas—Niara también levantó la mirada, buscando el origen de esa incomodidad que le atravesaba la piel, tomando lentamente su varita. Y agregó, con una leve sonrisa—: Tú no sucumbes a la presión. Mi tío Merkel es justo de esa manera.

Nankín tenía culpa en ello también, en cerrar la actitud de Laith, por emplear aquellas palabras, anteponiendo la meta a los demás. Pero ella ya lo conocía, y en el fondo tenía consciencia de que con él, no eran sus palabras sino lo que hacía, lo que contaba al final. Tenía memorias de ello, de los dos, que nutrían esa confianza. Pero se debía, por sobre todas cosas, a su culpa, por dejarse llevar de esa manera cuando había tironeado a alguien de forma descuidada hacia su muerte, posible muerte, sin brindarle siquiera un poco de seguridad o garantía sobre lo que pasaría a continuación. Y esa sí que era su responsabilidad, esa y la de protegerlo.

***

Avanzó, lenta, desde la boca negra del túnel, asomando primero sus patas, arrastrando el ansia consigo. Milenios de hambre era lo que llevaba encima. Y no había podido resistirse al olor del shampoo de Laith  de la carne. Tenía el torso forma humanoide y el resto de su cuerpo se deformaba en las enormes patas de una araña. Era una terrible figura, encapuchada por una mata de pelo, pero con una cara sin rostro. En ese ‘rostro’ sólo tenía una ranura con lo que parecía una boca, negra, oscura, con una lengua larga y roja, que se estiraba hacia afuera. Y tenía manos, que extendía hacia sus aperitivos, con la necesidad voraz del instinto, cuando está desatado y hambriento. Era una malvada criatura. Pérfida. Aborrecida hacía milenios atrás. Este monstruo podía ser tan silencioso como para trepar por sobre la cuna de un niño y devorárselo vivo sin despertarlo.

Por eso, aunque no lo pareciera, los viajeros sí tenían una ventaja sobre la situación. Ellos podían ver lo que se les venía. Y lo que vino, lo hizo en la forma de un chillido espantoso salido de esa boca de abismo que hizo temblar peligrosamente esa sala de roca. ¿Sería posible hundir esa sala en los escombros? Un suceso de encantamientos (muchos de esos rebotaron o murieron sin efecto), maldiciones y artilugios, intentaron repeler a la bestia, que además arrojaba hacia ellos su ¿lengua? retráctil y pegajosa, intentando cazarlos y zampárselos. Nankín empezó a gritar que corrieran, y ya sin importarle quién tenía la razón. Su idea era la sellar el túnel que eligieran, al tiempo que retrocedían en retirada. Y sin embargo, él se vio a sí mismo encarcelado entre esa furia terrible y la gran puerta a sus espaldas. Había utilizado esa posición como estrategia, ya que al atacar, la bestia resultaría herida, ¿pero a qué precio? Esa bestia estaba muy lejos de su magia. Y él lo sabía. ¿Haría a tiempo a huir?


pssss:
Tengo comentarios que hacer, sólo que me da fiaca comentar ahora (!) Así que, te lo comento en otro momento (!!!)XD

La verdad es que los Soyinka podrían contar con un o que otro artefacto interesante (uno o tres). Sólo tiro la data. De hecho, estaba pensando que Nankín podría llevar puesto un collarcito que de alguna manera le indique si van masomenos bien o masomenos mal encaminados.

Por cierto.

Pensé, que como esa era 'La Sala de la Mentira', incluso la puerta fuera falsa. Sí es cierto que podrían deslomarse por conseguir la llave (una llave que los conduciría a una puerta en la que detrás hay una pared (!)), pero puede que nunca lleguen a darse cuenta de eso si 'accidentalmente' acceden a otro lugar por una puerta escondidita en... Acá viene la parte que más me gusta: el túnel llevaría a una especia de 'lugar exterior', en la que están estos bichos. Peeeero. Sólo tiro ideas. Manejá el tema como quieras. No te estreses. Tomate un tecito antes de postear (??).

Te podría decir mil cosas más, peeeero. Uy, creo que había algo súper importante que ya me olvidé. Eeeen fin.

¡Beso! :3


Pd: "Puedes, sí, ser inteligente y apoyarte en mí para lo que me entrenaron a hacer"----> jajajaja Sí, sin comentarios. Además, en su defensa, esa bestia (inventadísima por mí. Aunque usé una foto que no encuentro de inspiración) se supone que está extinta. De todas maneras, puede que Niara te sorprenda con sus recursos (?)

avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Miér Ago 30, 2017 11:32 pm

El canadiense podía ser la persona más orgullosa del mundo, pero no era un idiota sin remedio. Era capaz de confiar en cualquiera de los dos que estaban ahí, ellos mismos sin embargo se habían ganado que dejase de confiar en ellos ciegamente. No le importó qué orgullos o sentimientos pudiesen ser heridos cuando blandió la verdad como una espada. El rubio había pasado cosas con las que al final había asumido que un día iba a morir, quizá inspirado en el cuento de los tres hermanos: “[…] recibió a la muerte como una vieja amiga y, como iguales, ambos se alejaron de la vida”. A eso se debía que en tan poco tiempo se hubiese recompuesto. Cuando no es el momento de uno, no muere ni aunque lo quiera; cuando lo es, no se salva ni aunque se escape.

Altanero, el morocho se mantuvo indoblegable frente a la mirada de Niara, frente a su voz autoritaria. — No puedo decidir en cómo te sientes hacia mí, pero tú no puedes decidir sobre mí tampoco —fue su respuesta: tanto como Laith no podía evitar que Niara se sintiera responsable, ella no tenía derecho alguno de pedirle obedecerla. Ah, el ave tenía las alas firmes para volar con su propia fuerza. — No fui entrenado para… lo que sea que estén haciendo aquí, robando, investigando, me da igual… No estoy entrando por ti ni por él, hay algo personal aquí que tengo que descubrir qué es, incluso si sólo me encuentro con que estoy perdiendo la cordura —él pudo haber regresado volando en cuanto se secara, pero algo más fuerte se lo había impedido. — No puedo pedirles que abandonen lo que hacen, tanto como ustedes no pueden forzarme a seguirlos.

Había intentado hacerla entender con ese cálido y suave tono de voz. Él era un sanador por vocación, un médico que eventualmente tendría que atender urgencias en menos tiempo del que tenía para respirar. Sucumbir a la presión, estresarse, angustiarse, eran características que al largo plazo resultarían negativas. Ese desagradable cosquilleo en la nuca le hizo saber que la hora de la charla había acabado, tomando su varita por igual. Era racional y tenía consciencia de que todo podría ser un producto de su mente, parte de aquellas alucinaciones que Nankín mencionó, pero de ser así, ¿por qué lo acosaba desde ahí, antes de siquiera anochecer? ¿A qué se debía esa urgencia de atraparlo, de entender lo que estaba ocurriendo? Nunca había sentido nada parecido antes.

Por ahora, decidió concentrarse en lo que tenían en frente. Tragó secamente al ver aquellas negras patas peludas, sintió la mano de la varita temblar mientras intentaba calmarse, ¿no estaba antes haciendo gala de esa maravillosa serenidad que poseía? Quedaba en un segundo plano cuando lo enfrentaban a algo que lo aterrorizaba, y pocas cosas había que lo consiguieran mejor que las malditas arañas, ¡y más cuando son de ese enorme tamaño! Sintió el pecho latiendo con fuerza cuando la criatura semihumana apareció entre la penumbra. Le recordaba a una criatura de la que leyó hace muchísimo tiempo, allá en sus épocas de colegio, su nombre… Drider. Un drow, un elfo oscuro, condenado por su diosa a tener medio cuerpo de elfo y medio cuerpo de araña, sellado en un área subterránea de donde jamás podría escapar.

Llamando a la criatura “drider” dentro de la cabeza de Laith, esta carente de ojos o expresión que no fuera aquella desagradable boca, se guiaba por el instinto, por sus sentidos, para encontrar a los tres bocadillos. Laith usó todos los hechizos ofensivos que conocía (que no eran, ni de lejos, pocos), aquellos especializados contra arañas, pero la criatura parecía simplemente inmune a todo tipo de magia. Pálido, el canadiense descubrió que el drider había apresado su brazo con su asquerosa lengua, misma que recibió un hechizo explosivo haciendo a la criatura chillar en un ensordecedor sonido. Obstinadamente, Gauthier tuvo intenciones de ir por el camino del este, el del león, pero algo más fuerte, lo llamó, y no era ese mantra en su cabeza que repetía angustiado “Tranquilo, Laith” buscando darse calma a sí mismo.

Ven, por aquí, es por aquí —oyó ¿dentro de su cabeza? La voz del niño que infantil y traviesa los dirigía al camino del oeste. Iba a arrepentirse y si no morían por las bestias iba a matarlo Nankín por guiarlos por dicho camino, nuevamente, por puro instinto. Se lo señaló a Niara, pero Nankín lo tenía más difícil, apresado entre el drider y la puerta donde cada ataque de la bestia lo recibía de vuelta mágicamente. Una parte muy cobarde del muchacho le pidió escapar, pero Laith nunca había sido reconocido por su buen juicio, incluso con una araña de por medio que podría matar a ese hombre. Aunque le pesase, Nankín lo había salvado a él, debía al menos intentar regresarle el favor.

Los driders se repelen con luz solar, por ello han sido confinados al submundo, pero ese en particular no tenía ojos, ¿cómo se supone que le afectaría? Un latido doloroso en el pecho lo obligó a actuar. — Sé que no confías en mí, pero cuando te diga corre hacia el oeste con los ojos cerrados —le habló al negro, yendo hacia el camino contrario con las piernas hechas gelatina, aunque claramente sin demostrarlo. — ¡Ahora! —dio el aviso y nada más hacerlo, un fogonazo de incandescente luz solar salió de su varita, dañando no la vista de la criatura sino una parte de su piel, la parte humanoide, como quemaduras que lejos de detenerla avivaron más su sed de sangre.

En segundos, Laith no estaba ahí, mientras el drider atacaba sin piedad el área donde había estado el morocho antes, pero, ¿dónde estaba el morocho ahora? Había desaparecido por completo, ni rastro dejó. O eso pareció. El calor del sol había atraído al resto de drider del lugar, una, dos, cuatro, fueron saliendo del camino del este y no tardarían de venir por el del oeste si no se apuraban. Ah, el joven era tan impulsivo a veces. Un zumbido y Gauthier, adelantado en el camino que había elegido, sujetó por las muñecas a ambos “hermanos”, el corazón saliendo por latidos de su boca mientras todo el lugar se sacudía como una tela de araña con los arácnidos pasos de las bestias.

El antílope los enviaba al oeste y luego al sur, ¿qué hizo él? ¡Ir al norte, claramente! ¿Por qué? Buena pregunta. El camino se fue estrechando más y más, los drider habían empezado a seguirlos, aquellos salidos del mismo camino por el sur, para devorarlos. Era un jodido nido de arañas. El canadiense no daba tiempo a reaccionar cuando, de pronto, el camino se estrechó tanto que era un túnel en el que hasta sus respiraciones se escuchaban, aunque sospechaba que las bestias no podrían salir por el estrecho pasillo. Tanto como lo que había ahí fuera no podría entrar por el mismo. El joven, ahí atrás, había tomado la forma de un pequeño pajarillo de colores para escapar de las garras de la criatura y sólo retomó su forma humana cuando entró dentro del camino, al mismo tiempo que comenzó a tirar de los dos morenos.

Cuando creyó que estaban perdidos, completamente perdidos, el viento fresco le chocó en el rostro, una brisa que debido al sudor encontró helada. Habían salido al exterior, más o menos, seguían encerrados a metros y metros bajo tierra, pero había vegetación, árboles densos y oscuros que apenas y se iluminaban con una ficticia luna hecha de un orbe blanco justo al centro de la sala. Cabe decir que dicho orbe estaba situado en el nada despreciable techo de una habitación enorme en la que no se encontraban solos.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Lun Sep 04, 2017 8:50 pm

Estaban en la entrada de una cueva, a la orilla de un negro arroyo, rodeados por un bosque nebuloso y misterioso. Habían perdido a Nankín. Y lo último que había dicho había sido dirigido a Laith: ‘No sigo a nadie, pero tú eres precioso. Me dejaré guiar por el colibrí, no por ti’. Pero ahora, ¿qué hacer?, ¿y cómo es que había desaparecido? Por si fuera poco, los estremecedores chillidos de 'algo terrible' llegaban hasta ellos como un eco lejano, o eso hubieran deseado.

Niara, con mucha calma, a pesar de estar resentida con el colibrí luego de discutirle que: ‘No es cuestión de ir por tu cuenta por ahí’ y luego de haberle soltado una perorata sobre que los discursos individualistas y obstinados de cabezota no los iban a llevar a ningún lado, a pesar de ello, lo miró intrigada y le soltó, con una vocecilla firme y cargada de sentimientos encontrados (aliento, preocupación, confianza, dureza maternal):

—¿Dices que es por aquí? ¡No te lances otra vez!

Y por la dirección tomada, se perdieron, por caminos divididos.


*Encontrá a Nankín y ganate un pase a La Sala del Placer.
*Reencontrate con Niara y ganate un pase a la Ciudad de Bathala, tal como resplandeció una vez, ahora anclada en el tiempo sin que nadie allí, amos o esclavos, tengan consciencia de ello, y viví en un recorrido por las costumbres de otro tiempo y las aventuras que allí los esperan. (?) Ah, además de ser protagonista de la revuelta de esclavos, la masacre de esa noche y toda una serie de locos eventos. Jaja Sí, la idea de ‘La Sala del Placer’ se vende sola en comparación, ¿no?XD

:3:

No me odies, ¿sí? Yo te quiero mucho. Teneme paciencia cuando me pongo bíblica. Teneme paciencia y amame (?) Los bíblicos queremos amor también. Somos rolers con sentimientos.

El próximo post lo hago más dinámico :3

Pd: Intenté reescribirlo un par de veces. Y no había casoXD Tenía que ser una biblia. El post, lo que se dice ‘post’, es el de arribaXD


Tú cuando tomas lo que quieres o renuncias, cuando tomas esa opción, guiado por un camino que habrás de seguir hasta el final, tú, estas siendo puesto a prueba por Eleggua, dios de las consecuencias que se desencadenan por tus elecciones, en el vasto mundo de las traviesas y curiosas posibilidades, que tienen como resultado el destino. Elige un camino, y te estarás condenando. Ignorante de lo que pudo ser. Y esa, será tu carga, esa que puede volverte loco con los ‘quizás’. Y lo que ha de caer sobre ti, será tú única redención: desgracia o buena fortuna, pero no otra cosa. Y como suele suceder, nunca te librarás de las decisiones que has tomado. Eleggua no es un dios bueno o malo. Es quien te observa caer hasta el fondo de tu propio hacer con un ala rota, y sabiendo que algo más vendrá a por ti, acechando en cada esquina de duda, cada giro de la moneda. Y a veces, te ocultará esa moneda, sin considerar ni una vez tus deseos o tus temores.

La Sala de la Mentira tenía tantos caminos, tantas posibles alternativas al final del túnel. Puede que algunas más felices que otras. Pero ninguna se hizo realidad, hasta que los viajeros corrieron, eligieron, lo que vendría a continuación: La Sala de la Muerte, el páramo maldito, la tierra yerma y decadente que es el reino de Iku. Allí, donde la noche es oscura y llena de horrores. Donde los bosques susurran historias malditas entre sus hojas de veneno. Allí, los lagos pueden aparecerse como brillantes oasis que en sus húmedas entrañas anidan los cadáveres de los que alguna vez fueron hombres y mujeres, pero que ahora, se arrastran involuntariamente sin la memoria de un beso o un cariño que los estremezca de gozo, o siquiera una pena. Son carne vacía, putrefacta, que a veces los Vrykolakas despedazan, cayendo sobre sus presas desde el aire, no por hambre, pero por sentir algo tierno entre sus fauces horrendas.

Los Vrykolakas son los reyes de la tierra de la muerte, espantosas y legendarias criaturas de la noche. No sabes cómo o por qué, pero te llaman por tu nombre y algunos hasta pueden llegar hasta ti como tu pasado, tu presente, tu futuro: un rostro, una caricia, una traición. Sólo porque quieren atraerte, morderte de a poco, hasta tomar todo de ti. Esa es su forma de cazarte. Querrán arrastrarte hasta el bosque como otros tantos peligros o darte finalmente la muerte secuestrándote hacia lo alto del negro cielo. Parecen conocerte, y te siguen en la oscuridad con un rostro que te puede ser familiar. En su apariencia real, tienen aspecto humanoide pero los atributos de una bestia, gimen como un hombre ahogado y se alzan al vuelo en la noche como una pesadilla que viene a por ti. Culpables de jugar con tu mente, chupadores de sangre, a ellos no les importa tanto tu carne como drenar tu alma. Una vez que la toman, estás condenado a vagar por el mundo como un no-muerto, tal como había sido el destino de muchos de los amos y esclavos de la ciudad de Bathala, que vagabundeaban errantes por esas tierras de espanto.

***

Un mago africano aprende sobre los nervios de su cuerpo, antes que sobre el núcleo de una varita. Recibe de sus mentores, de sus pares, la enseñanza de que así como su piel se estremece o su pecho se agita, la magia lo sacude desde adentro de su ser como un cosquilleo que se propaga a través del torrente de sus venas y que es además la esencia de su espíritu. No porque la magia sea algo determinado por esa sangre —dependiendo el pensamiento, purista o no—, sino porque forma parte de la identidad física y espiritual de un mago. Todo está integrado en sus enseñanzas: cuerpo y alma. Por eso, consideran que un físico adecuado, hace a la magia adecuada. Que un espíritu bueno, hará la magia apropiada. Y que un espíritu torcido o maligno, puede provocar enfermedades para esa misma alma o para los que la rodean.

Pero, no ha habido mago tan extraordinario como para no morir por su propia mano, de excederse con esa energía que es la magia, que al estallar en el torrente de tu sangre, puede destrozarte al hacer de ti mismo un canalizador. Puedes hacer magia sencilla. Pero la magia avanzada puede ser letal, y constantemente la comunidad mágica africana tiene que seguir de cerca a sus magos para que no cometan la imprudencia de dejarse arrastrar demasiado y con letales consecuencias por el peculiar dolor y deleite que conquistan las sensaciones que provoca la magia en el cuerpo, cuando esta se roza y restalla por debajo de la piel. Porque sí, puede ser adictivo. Puede conducir a la muerte.

Un mago no es su varita, te dirán. Es algo que tú SIENTES, algo que tú eres, con todo tu corazón. El mago es en sí mismo el verbo caliente de un conjuro silencioso en las venas, el trino de la sangre cuando se excitan los nervios y que da vida al poder de transformar a voluntad. Un mago es magia. Esa es su materia. Pero canalizar ese poder con tu propio cuerpo, tiene sus consecuencias. El precio, es algo que Nan pagaría si no se resistía. Porque incluso él, disciplinado por otros mejores que él —pero que él superaría, claro—, podía perder el control de su conducta. Pero como había dicho, ‘algunos impulsos son irresistibles’.

Y cuando se vio preso por el peligro, esa terrible araña de pesadilla, en vez de sentir miedo, o preocuparse por ese sentimiento, se abandonó al calor de su sangre. Se excitó, tanto. Y que estúpido que fue. Claro, eso no era algo que él se diría. Pero supo de su error, cuando tuvo que sacar su propia varita para enfrentar una situación ‘sin salida’. No podía meterse en una pelea con ninguna criatura legendaria o burlarla sin todos sus recursos. No fue orgullo lo que lo arrastró a darse cuenta tarde de su error. Sino, lo rápido en que se dieron las circunstancias, y principalmente, la forma en la que se dejó llevar por su culposo placer: esa excitación en su piel, al sentir la vibración de su magia expulsarse con violencia, en el fragor de esa lucha desesperada.

Esa sensación. Era algo que un mago con varita, no podría jamás entender. Pero Nan, él era un río caliente, que se creía inagotable, y que se frotaba contra la costa, a lo largo de un infinito de rápidos interminables. Esa era una sensación exquisita para él. Una, que casi lo mata. Hasta que oyó el canto del colibrí. Un colibrí. Al principio, pensó, no sin un golpe de consternación, que lo habían perdido cuando la araña se ensañó con él. Pero reapareció. Guiándolos hacia a la salida. Como debía ser. Porque eso es lo que las leyendas decían, las leyendas de la flor de Nantu. No, decían más que eso. Mucho más. Y Nan sabía, tenía perfecta cuenta de ello: no existía la casualidad en este mundo, sólo lo inevitable.

Durante esa noche eterna se aferraría a esa creencia. Porque, esa noche, él se apropiaría con sus propias manos de esa obsesión que lo había mantenido en vela, durante generaciones. Sí, porque antes que él, vino su padre, y así en una interminable cadena. Era por su estirpe, en representación de su noble apellido, que él estaba allí, encerrado en el laberinto. No, no lo era en verdad. No era porque tuviera ancestros, aunque él lo viera de esa forma. Era su propia búsqueda la que lo había puesto en ese camino, y estaba por descubrirlo.

Desde que se colara impaciente por la entrada a Las Ruinas de Bathala, supo que había estado deseando ese momento con un dolor que nunca había conocido antes. Esa obsesión lo hería, como nunca nada ni nadie lo había hecho antes. Porque todos sus deseos en la vida habían sido ordenes, que otros satisfacían. No conocía la privación. Él era en sí mismo la materia del placer. Nada le había causado tan ardorosa impaciencia, a no ser la deliciosa espera a un beso caliente o una muerte voluptuosa. Pero en ese laberinto, todo lo que él era se enfrentaba con lo que no había conocido antes: una espera, que parecía interminable. Y que, a la vista, sólo prometía horror y lamentos. ¿Pero cuál sería la verdad, al final del túnel?
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Mar Sep 05, 2017 5:01 am

Nankín había desaparecido dejando atrás palabras que no comprendió. Debía ser parte de la leyenda que había oído antes, una de la que estaba convencido no era él el “colibrí” prometido. Niara, por otro lado, lo riñó hasta el hartazgo por haber salido de nuevo escapando de ahí. No se arrepentía, si era honesto. Habían empezado a avanzar, pero el morocho estaba aún tan consternado por lo ocurrido que fue cuestión de tiempo para darse cuenta que Niara ya no estaba a su alrededor, completamente solo en la penumbra de la noche, en una sala llena de horrores. Se dio cuenta, más tarde que temprano, que no estaba solo.

Oyó su nombre, como un susurro débil, y su apodo también, un apodo que no había escuchado hacia tanto tiempo. Uno que le removió las entrañas y le apuñaló el corazón. Se sintió como una daga clavándose profundamente en su espalda. Esa voz lo había llevado a un tiempo lejano en el pasado, más cercano de lo que pudiera admitir, cuando los verdes ojos hoy llenos de lágrimas estaban brillosos de entusiasmo. Esa voz no podía ser otra que no fuera la de…

Cormac… —su nombre escapó de sus labios que temblorosos no parecían creer a quién llamaban. No, no podía ser verdad, ¿por qué, en todas las partes del mundo, en medio de un laberinto asesino se encontraba con el hombre por el que rogó todas las noches durante meses? Nankín lo había advertido de que el laberinto intentaría confundirlo, pero la luz de la esperanza de que realmente fuera él era tan intensa que cegaba su raciocinio.

Ah, es que lo amaba con cada uno de los trozos de su corazón. Lo amaba incluso negándolo, incluso habiéndolo dejado ir. Pese a no haberle pedido que se quedara y habiendo asumido que lo sacaba de su vida, lo amaba incluso a la distancia. Su hazaña más grande había sido también la más estúpida de su vida, haber decidido perseverar por una causa perdida. Él parecía tan amable, y Laith era demasiado joven para entenderlo, era un estúpido.

Todos los amantes deben entender que los momentos en soledad sólo se vuelven más solitarios conforme más tiempo pasan enamorados, a diferencia de si estuviesen solos. Cormac seguía llamándolo a la densidad del bosque, mientras el joven amante lloraba envuelto en un mar de lágrimas. Quería convencerse que no era verdad, pero le robaba el aliento imaginar que podía encontrarlo, tanto como lo aterraba pensar que volvería a herirlo. No lo había superado tanto como él juraba.

El canadiense tenía, de hecho, una maldición encima. Más allá de las habidas en las ruinas, la suya era una jaula mental. La soledad había decidido acunarlo en su pecho, alzando en él la maldición de no encontrar a quién amar. Todo porque había decidido esconder todavía abiertas las heridas de su alma, sin saber que de esa manera el dolor jamás sanaría. Y así, decidió protegerse y no dedicar tiempo en algo que pudiera romperlo ni al corto ni al largo plazo.

¿Por qué te fuiste, Cormac? —él sabía la respuesta, pero lo preguntó dando el primer paso. Los ojos verdes lloraban viendo sin mirar hacia la negrura entre los árboles. Sentía las manos toscas encima, reclamándolo como suyo. Su barba que raspaba como lija contra su cuello. Los dientes que penetraban su piel hasta el sangrado, incluso creía notar las uñas que marcaban su espalda, todo con una realidad increíblemente dolorosa. Aquel hombre retorcido había sido al mismo tiempo su cielo donde volar y su infierno donde quemarse.

De ahí, entre los árboles, lo vio resurgir como salido de una pesadilla amarga que acabaría con el alba. Tan alto como elegante, de filosa mirada oscura que dolía al clavarse en la piel, una barba de días perfectamente perfilada, la sonrisa retorcida que lo tenía víctima de un hechizo de profunda obsesión. Dio un paso hacia él, dubitativo, Cormac lo llamaba, era él, era completamente real. Con unos pasos más podría estirar su mano y tocarlo, y con otro podría lanzarse a sus brazos.

Había llenado el enorme hueco que le había dejado con vicio, y al vaciarlo estaba llenándolo de experiencia. Llenó su falta de amor con gente que no tenía intenciones de amar. Pero podría abandonarlo todo por un segundo más con él, fue lo que pensó. Alguien no estaba de acuerdo con él. Una pequeña mano que, cálida, lo tiró por el pantalón, llamando su atención. El niño de los ojos de colores estaba profundamente afligido, tanto o más que el morocho. Laith no era tan fuerte como decía, no era fuerte, tan sólo lo fingía.

El niño no dijo nada, herido y triste, sólo tendió su mano hacia Gauthier. Sin saber por qué, el hombre la aceptó, deshaciéndose en un lamento desgarrador, todo el amor propio que había conseguido en esos meses hizo escudo para evitar que ese hombre siguiera haciéndole daño, incluso cuando no era real. Viendo su plan fallido, Cormac se deformó en una horrible criatura alada que pasó a perseguir a las dos personas.

Aquellos ojos coloridos le habían dado un breve recorrido por cómo había sido su vida los últimos tres años. El engaño, las disculpas, las amenazas. Le recordó esas mañanas que despertaba frustrado en una cama fría y solitaria, mañanas en que golpeaba las paredes de la rabia contenida, harto de saber en dónde se encontraba el profesor. Un prozac diario lo ayudaba a soportar todo el martirio al que ese bastardo lo sometía. El niño tenía razón, pero el corazón es ciego y es masoquista también.

De pronto sintió su mano helada, carente de la calidez de esa criaturilla que al soltarse fue luz, confundiendo por unos segundos a la bestia y dándole tiempo al colibrí de escapar, de correr con la fuerza que las temblorosas piernas le permitieran. Lo llevaron más allá del bosque, del frío, donde estaba físicamente tan perdido como mentalmente. Y el frío. Laith no era una persona friolenta, venía de Canadá después de todo, pero el frío le calaba en los huesos cuando se sentía deprimido, cuando se sabía incomprendido.

¿Quién comprendía, después de todo, a un hombre que lo entregó todo por alguien que nunca le dio nada? Era de locos. Uno no manda en el pecho, y Laith había sido enseñado a darlo todo por amor, los corazones grandes se llenan con poco. Había perdido a la criatura y ahora se concentraba en saber en dónde demonios estaba parado, ¿cuánto tiempo había pasado corriendo, huyendo del pasado, de la bestia, de sí mismo? Vio a alguien al fondo del lugar, con un latido doloroso enjugó sus lágrimas y se acercó.

Tangananá:
Y aquí lo dejo para que tú decidas a quién encontró (?)
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Sáb Sep 09, 2017 10:06 pm

Niara perdió a Laith cuando éste echó a correr, adentrándose en el bosque, y lo hubiera alcanzado, de no ser porque una bandada de murciélagos la atropelló en el camino, cayendo sobre ella, y obligándola a protegerse y desviarse de su propósito original. No eran murciélagos comunes. Estos estaban furiosos, ensañados con ella, pero el encantamiento que finalmente los doblegó fue el de la luz. Para cuando la bandada se dispersó, Niara se levantó de su caída: había tropezado por un barranco y había ido a parar a la húmeda orilla de un lago, de una superficie tan vasta y calma, que daba vértigo el sólo contemplarlo. Estaba segura que, de haber algo en sus profundidades, ella no querría nunca saberlo.

Embarrada, habiendo sufrido arañazos, y visiblemente despeinada, se puso en pie, sacudiéndose las ropas. Detrás de ella sintió el rumor de las hojas, de algo que se acercaba, y se volteó, varita en mano. Abrió los ojos de la sorpresa, y se lanzó cuesta arriba, ayudándose de unas ramas que sobresalían de la tierra para subir todo ese trecho por el que se había caído de bruces, tragándose la tierra al final. Tenía habilidad y fuerza, en ese cuerpecito. Era toda una trepadora.

—¡Laith! ¡Te lo he dicho!—Mira que recibir al pobre hombre con un: ‘Te lo dije’. Sus palabras parecían ir siempre al grano cuando llevaba la razón. Llegó hasta a él, y no le gustó lo que vio. Se detuvo un poco, antes de lanzarse hacia él, negando con la cabeza y con una manta que había hecho coser mágicamente de las fibras de su propia remera (ahora rota, de la mitad para abajo). Le echó la manta alrededor de los hombros, y se acercó al tiempo que lo arropaba. Parecía enfadada y preocupada, y enfadada otra vez—Los has visto también. No son reales. Pero puedo sentirlos, entre la espesura del bosque—Miró más allá del hombro de Laith, pero se sacudió con un imperceptible escalofrío, y regresó a él su mirada. Un poco acusadora, un poco dulce, un poco cálida. Que expresión más seria, por Merlín—Yo vi a un niño, un niño que murió por mi negligencia—confesó, de pronto, acomodándole la manta alrededor del cuello. Era cierto que hacía frío, pero ella no lo hacía por eso—Cuando recién aprendía el oficio. No hice caso a mi tío Merkel. Y me paralicé del miedo cuando las cosas se salieron de control. Lo dejé morir. Porque me paralicé del miedo. ¿Entiendes? No vuelvas a irte así. Ven, te cantaré.

Se puede hacer magia de las runas antiguas, y se puede hacer magia del poder que las palabras tienen por sí mismas. Cuando cantas, hay algo vibrante en esa melodía, en esas palabras, que pueden ser sanadoras y espantar a los malos espíritus. Era como estar de nuevo frente a la fogata de los Malinka. Ellos cantaban sus canciones, y ahuyentaban todo lo malo. Ellos, que eran la sangre a través de la cual fluía la magia. No subestimes el poder de una melodía cuando sale de tus labios, no cuando eres un mago, ‘un hacedor de sortilegios’, el ancla en este mundo de una energía que es como el río con sus cascadas y el profundo arrullar de sus corrientes.

Si veías hacia el fondo, todo a lo largo de la orilla del lago, había una pequeña entrada, una entrada a una gruta olvidada. Niara, que en su corazón confiaba en que Nankín estuviera vivo, lo siguió por allí, atravesando la oscuridad, descendiendo por escalones de piedra, hasta que cada vez se hizo más y más intenso el rumor de la ciudad de Bathala. Bastó empujar una puerta de madera, para salir al espectáculo que era la plaza del mercado durante el día.

—Espera, espera, no puedes aparecerte vistiendo así—Lo puso sobre aviso, acusándolo de estar a la moda. Ella estaba igual de asombrada, pero tenía que aparentar que ‘la habían entrenado para ello’. Aunque sea. No pudo fingir, sin embargo, que estaba alucinada con el esplendor de otra época. Pero se le ocurrió una idea, cuando vio a dos centinelas apostados muy cerca, hablando en… mmm, como Niara sabía leer las runas que contaban las leyendas de la ciudad, podía cazar algo. Pero el dialecto era demasiado difícil de asimilar, todo de una vez. Eso no le impidió neutralizar a los centinelas, y tomar prestadas sus vestimentas.


papas fritas:

“Ven niño, te cantaré una nana”XD Es que ellos son así, ¿sabés? Niara y el tío Merkel (el cabeza de familia). Si te sientes triste, ‘te contaré un cuento’ o, ‘te cantaré’, o, ‘¿quieres oír de nuevo esa leyenda que tanto te gusta?’. Alrededor de una fogata. En la noche más oscura. En donde sea.

Nankín va a aparecer más tardeXD No pueden hacer nada, porque lo perdieron. Jeje Vos te lo perdiste -guiño, guiño-

*Cuando pongo: 'lo siguió', me refiero a que ella sigue las indicaciones del pajarito de Laith (a través de Laith) :3 Me tomé esa libertadXD
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Mar Sep 12, 2017 12:01 am

Se encontró entonces con Niara, bastante desmejorada, el cabello despeinado, algunas heridas, las ropas sucias. Lo primero que oyó decir de ella fue que se lo había dicho, ni siquiera estaba seguro de cómo interpretarlo. Si sentirse orgullosamente resentido por sus palabras o dejarse hacer por el alivio de escuchar algo de una persona real. Él tampoco estaba precisamente intacto, la camiseta se le había rasgado al paso con una rama, provocando un pequeño corte en su torso que atendería más tarde; quizá lo peor del todo era el constante temblor producido por un frío imaginario, y el rostro lloroso como un cachorro lastimero.

No estaba seguro de qué pensar, sólo quería salir de ahí cuanto antes. Niara estaba tan enfadada como preocupada, era comprensible, conforme ella lo arropaba con la manta hecha de su propia ropa, pero el frío sin embargo cedió un poco cuando ella le contó lo que había visto. A ese niño. Era parecido a lo que había sentido ese mismo día, habiendo perdido al curandero, aunque no era semejante a un dolor más profundo que venía del pasado hasta doler en el presente. Porque algo que duele en el presente no es pasado. Había renunciado, sí, pero nadie podía decir lo mucho que había intentado salvar una relación que desde el principio nació agonizante. Es ese tipo de historias que sólo puede contar aquel que las vivió.

Niara, sin embargo, dijo que le cantaría, algo que en principio Laith encontró fuera de momento. No era el instante preciso para cantar, pero la dejó hacerlo, le permitió cantarle. Era una canción que, aunque nunca la había oído, le generaba esa sensación de que la conocía. Había conseguido, por qué no, limitar bastante el alcance de su dolor, uno que probablemente volvería con más fuerza en cuanto estuviera en soledad. Tuvo que resistir toda tentación a fumar, por precaución a que pudieran encontrarlos aquellas criaturas sedientas de daño, de muerte. Sólo supo seguir a la morena a través de todo el camino hasta llegar a la entrada, iluminando tenuemente con la varita conseguían hacerse paso a través de los escalones de piedra y ver de frente ese sitio atascado en el tiempo.

¿Qué es esto, Niara? —le preguntó, intentando salir al mercado pero sin conseguirlo, no sin antes atacar a los centinelas y robarles la ropa. No estaba entendiendo nada del dialecto de las personas, a diferencia de la chica cada palabra se le escapaba. — ¿Entiendes algo de lo que dicen? —le susurró, intentando comportarse como un centinela al salir con rumbo al mercado. Ahora empezaba a estar un poco más seguro de que había perdido la cabeza por completo y en ese momento su cuerpo estaba en un psiquiátrico con una camisa de fuerza mientras su mente vagaba por las calles de una ciudad pasada de un tiempo perdido.

Se preguntaba dónde habría quedado Nankín, ¿estaría a salvo? Era un mago hábil y poderoso, estaba seguro que el hechicero podría sobrellevar cualquier obstáculo. El laberinto engañoso los llevaba por sitios distintos en algunas ocasiones, pero eso no significaba que fuese completamente errado. Hay más de un camino para llegar a Roma. Había algo, sin embargo, que lo hacía creer que no estaba del todo loco. Ese niño que los guiaba, que más que eso (aunque casi provoca que se lo coman) parecía estar ahí para ayudar, de cierta forma. Le daba la impresión de que lo había visto alguna vez, esa sensación de no poder recordar algo lo frustraba, el morocho tenía una memoria bastante fina.

Niara… Se sincera, ¿qué crees que sea… ese niño? —le susurró, no quería que nadie en los alrededores le oyese hablando un idioma diferente al local, el mismo que el sanador no era capaz de entender en lo absoluto. — Quiero decir… no es casualidad —no estaba seguro de a dónde quería llegar, mientras miraba el lugar. Si era honesto, no parecía muy diferente a los mercados de películas. Y, bueno, debía ser una película en algún idioma raro que no conocía ni por asomo, y él era parte de la película, más o menos, pues se sentía un cero a la izquierda que no entendía una sola palabra de lo que escuchaba.

Y el niño, ese niño condenado iba y venía, no parecía importarle en lo más mínimo nada. A veces creía verlo entre la gente, otras se le perdía por completo, y en ocasiones se cruzaba por enfrente disfrutando de alguna forma de aquel evento. Le daba vueltas a todo lo que sabía hasta ahora de ese raro evento, lo raro que era y lo poco que le creerían en cuanto intentase contarlo a quien no lo hubiese vivido. Era, también de esas historias que sólo quien las vivía podía comprenderlas plenamente.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Sáb Sep 23, 2017 5:49 am

El trajín de la ciudad, el niño colibrí escabulléndose entre las túnicas de los pueblerinos, y más allá, un palanquín, que unos esclavos habían colocado en el suelo, haciendo alto. Había gente encadenada, siendo arrastrada en contra de su voluntad. Pero allí, entre las tiendas variopintas, de bellos tocados, de collares y demás variedades, sólo les llegaba el olor dulce y caliente de comida en el aire.

—Esto es… la plaza de un mercado. Una ciudad. ¿No serás legeremante?, ¿no? No soy buena con los hechizos de manipulación de los recuerdos como para arriesgarme a tocar a uno de ellos. Podría desmemoriarlos de por vida o peor. Pero sería una forma de saber dónde estamos y cuándo. Pero déjamelo a mí, podré averiguarlo. No sería más que… Como hurgar entre los secretos de una ruina, sólo que estas ruinas están vivas. Mira. ¿Ves allí? Eso…

Niara tenía que estar asustada. Debía estar preocupada. Si tuviera algo de responsabilidad moral con el momento (su primo había sido secuestrado por fuerzas oscuras, probablemente. No sabían qué sería de ellos, y así en general, todo pintaba a tragedia). ¡Pero! No podía esconderlo más, y definitivamente acabó por delatarse del todo en su chillante fascinación, su alegre contento, cuando vio a, ¡ese tenía que ser uno de los Dioses!, ¡un Dios Brujo!, ¡su corazón latía por la emoción! Sonrió, ¡triunfal!, al verlo.

—¿Casualidad? ¡Ya lo creo que sí! ¡Tuvimos suerte de no entrar a una cueva llena de drivers! Oh, Laith, sólo míralo. ¡Es real! Estas personas—No le estaba prestando mucha atención. Casi se choca con un vendedor, que le lanzó una mirada de desaprobación y sorpresa, pero ella siguió adelante, mirándolo todo, asegurándose de no perder de vista a su Dios Brujo.

No, a decir verdad, se chocó del todo, sólo que ella ni cuenta. Al vendedor se le cayó su bisutería, desparramándose todo sobre el suelo, y lo sorprendente fue que Laith pudiera entender sus exclamaciones de enojo mientras se agachaba rápidamente para recogerlo. Y es que, lo que vendía, no eran sólo adornos, estos tenían un embrujo, que hacía la vida más fácil para los extranjeros de la ciudadela. De eso, le estaba comentando a un par de visitantes extranjeros a los que intentaba convencer de una compra, mientras que con una sonrisa de circunstancias, intentaba ordenar sus cosas sin dejar de atender las dudas de sus clientes. Y entre dientes se quejaba de la guardia, diciendo que eran unos brutos, que siempre tomaban lo que querían sin pagar, aprovechándose de que eran ‘la guardia del sol’, y demás cosas por el estilo. De escucharlo, podrían colgarlo. Por su parte, Niara continuaba avanzando hacia el sitio en el que se había detenido el palanquín, sin pensar que allí no podía esperarlos nada bueno. Se parecía al niño colibrí, escurriéndose como en un juego de niños. ¿Es que así era cuando se emocionaba?, ¿totalmente abandonada al peligro?

—¡Son de carne y hueso! Y esta sensación, ¡es emocionante! Ven, ven. No puedo creerlo. ¡Esto es Bathala!, ¡la mítica ciudad! Y ése—Niara arrastró a Laith del brazo, escabulléndose cerca de un puestillo de algo, ¿comida? No, no. Debían ser mascotas. Al menos, los compradores que se habían detenido allí jugaban con hurones retozones, y otras especies mágicas que brillaban por su exotismo. Una criatura rosada y regordeta, intentó comerse el pelo de Niara, pero ella ni caso, lo apartó con una mano, asustándolo—¡Ése de ahí! Aparece en todas, ¡todas las leyendas! Hay coleccionistas que tienen su busto en los corredores de sus salones, dedicado a los hallazgos sobre esta ciudad. Su historia aparece en las inscripciones de los muros, de tantas catacumbas, ¡en toda África! ¡Es Bakunawa!

Loca, se había vuelto loca, y apasionada. Un miembro de la guarda personal del Dios Brujo los alcanzó a ver, y los reconoció por sus ropas. Así que, enojado, disgustado con los holgazanes, se aproximó a ellos, con más de una queja en su boca. Su intención era obligarlos a formar con el resto de la guardia. Aunque le lanzó a Niara una extraña mirada. No tuvo tiempo a decir nada porque el vendedor de antes corrió hacia ellos, indignado y faltñándole el aire.

—¡Ése!, ¡ése!, ¡me ha robado! ¡Exijo que haga algo, usted, so bruto! ¿Son sus hombres? ¡No tiene derecho a perturbar la vida de un humilde comerciante...!


sardinas:
Te darás cuenta de que doy cosas por sentadoXD Es cosa tuya si mordés el anzuelo o no. Considerá las últimas líneas de dialogo como el anzuelo. Si mordés, lo dejo. Si no, después edito y lo quito. ¡Beso! :3
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Mar Sep 26, 2017 5:30 am

Uno normalmente tiene esa sensación de no pertenecer cuando va por la calle de un sitio nuevo, pero eso trasladado al actual, una calle nueva de una ciudad perdida en un tiempo desconocido llegaba a los límites. Miraba todo con un asombro difícil de disimular, todos los objetos de las tiendas, pero lo que de lejos le hirió el pecho, como un puñal directo al corazón, fue ver a esas personas encadenadas, evidentes esclavos. Empático, no pudo evitar ponerse en el lugar de esos hombres y mujeres que resignados no tenían más opción que callar y obedecer.

¿Legeremante? Para nada —le hizo saber, todo el tema de entrar al cerebro de los demás le daba bastante repelús, incluso que la gente pudiese entrar en su propia mente. Era útil y todo, pero eso no le quitaba lo espeluznante al hecho. — Pareces demasiado tranquila, no me digas que haces esto con frecuencia —pidió, sin saber cómo reaccionaría a saber que alguien podía, así nada más con cruzar una puerta, viajar al pasado y desentrañar sus enigmas, “runas vivas” ella las había llamado y era medianamente cierto.

No estaba seguro de si ella comprendía la gravedad de la situación, tan emocionada con el descubrimiento, ni siquiera había escuchado realmente su pregunta. Iba tratando de seguirle el paso a la morena cuando de pronto se tropezó al choque con un vendedor, con una mano detuvo una caída completa. Pretendía ayudarlo a levantar sus cosas cuando de pronto se dio cuenta de que nada más tocó uno de esos objetos, esa bisutería, comenzó a entender todo lo que el hombre decía. Tal descubrimiento no podía ser pasado de largo. Le dio los accesorios, pero hábil el muchacho había escondido un anillo dentro de su ropa debajo de la manga, haciendo que así pasase desapercibido.

Una vez que se recompuso, fue de nuevo tras Niara. Aquella chica era fuego y era viento al mismo tiempo; intensa, explosiva y huidiza. — Niara, ten cuidado —la advirtió, pues lo había sujetado del brazo para arrastrarlo. La comida, ese aroma tan llamativo, lo estaba empezando a desesperar entre el agobio de querer probar algo. Ten fuerza de voluntad, hombre. — ¿Cuál…? —le cuestionó, ya que aquellas criaturas, mascotas aparentemente, intentaban atacarle traviesamente mientras él intentaba acercarse a mirar de qué estaba hablando.

Niara a veces parecía tan revoltosa como esos hurones y demás bichos de la tienda, pero lo más importante fue, cómo no, encontrarse a aquel miembro de la guarda y, peor todavía, al hombre al que le había quitado el anillo que aún escondía entre la ropa y no lo llevaba en su lugar. Laith era muchas cosas, pero no era tan idiota como a veces parecía. Era, de hecho, un hombre precavido. Tuvo dos opciones: salir corriendo con la negra y poner en evidencia su culpabilidad, o medirse en una prueba de fiabilidad con el hombre mercante, su palabra contra la de él. Claramente, la opción que tomó fue:

¿De qué está usted hablando? ¿Será que el Sol ya ha hecho demasiados estragos con su mente? ¡Mira, que acusar a un guardia de hurto! Es un ultraje —espetó el dichoso guardia, midiéndose en credibilidad con el hombre. Antes de dejarlo hablar, prosiguió: — Verá que no llevo ni una sola alhaja de las suyas —mostró su cuello, sus manos y muñecas con el debido cuidado de no tirar el botín. — Como mi compañera, que también es inocente —bueno, no le estaba saliendo tan mal como creyó que iba a salirle, con la suficiente suerte podrían salir ilesos de esa situación y sólo les quedaría el otro guardia.

Esperaba que Niara pudiese también comunicarse con ellos y, más importante, que respaldara su versión de los hechos. Era más o menos un ganar-ganar entre ellos dos: no huían y, con la suficiente suerte, podrían seguir a aquel brujo que tanto Niara quería ver bajo la excusa de ser de sus hombres. Casi como dándose de completo ganador, se volvió hacia el segundo hombre, el miembro de la guarda, con esa confianza que le da a uno mentir y que la jugada le salga bien, ni una pizca de inseguridad en su expresión ni en su tono.

Si no hay nada más que resolver aquí, procederemos a continuar con nuestro trabajo —a Laith le gustaba jugarse la vida en pequeñas situaciones. En mentir por ejemplo para salvar su pellejo. Si tuvieran que huir, no podrían explorar bien el lugar y tampoco podrían adivinar cómo salir de ahí, así que era una estupidez pensar de ese modo, tenía que ser optimista y creer que todo podía salirles bien.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 3. Precedente  1, 2, 3  Siguiente

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.