Situación Actual
3º-10º
22 diciembre -> luna llena
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
ARTEMISIA pj destacado
STEFAN & POPPY DÚO DESTACADO
¿Sabías que...?
Redes Sociales
2añosonline

[FB] En algún lugar de África [Priv.]

Niara Soyinka el Dom Jun 25, 2017 12:35 pm

Recuerdo del primer mensaje :

ÁFRICA
living among lions
África no es un país, y la comunidad mágica africana será, como mínimo, un enigma de etnias y culturas para otras regiones mágicas del mundo, que no pueden entender cómo pueden convivir y expresarse tantas voces tan distintas, con modos de hacer y pensar sumamente particulares, que van apareciendo a medida que uno se va a adentrando o saliendo de, esta o tal porción del continente. Hay muchas otras escuelas además de Uagadou, aunque esta sea la única que tenga fama internacional. No es, sin embargo, la única que ha pasado la prueba del tiempo. Acerca de eso, pregúntale a cualquier mago local. Descubrirás que hay una escuela que todos temen nombrar, pero esa ya es otra historia.

¿Qué decir sobre la magia? Si eres un “mago de varita”, ya verás cómo se mofan de ti. Especialmente en esas tribus en las que una varita es como tener una verruga que habla y suelta groserías, algo que puede resultar gracioso e irritante para los que quieran intercambiar palabra contigo—y no con tu verruga—. En otras palabras, hay lugares en los que usar la varita está muy mal visto. No verás, por ejemplo, al miembro de una tribu ortodoxa blandiendo un palito que escupa humo y colores, ¡y ojo con usarlas contra ellos! Además, no todas las experiencias con magos extranjeros han sido de buenas relaciones, por lo que sacar la varita puede ser a veces un símbolo de ofensa muy grave.  

Hay tribus de magos que declararon su firme decisión de mantener sus costumbres y tradiciones, negándose a integrar el “nuevo mundo” que se construía a sí mismo por fuera de los límites de sus terrenos inmarcables, y por ende, se manejan a su ritmo, libres pero también amenazados, como cualquiera, sin pensar por un momento que sus vidas son mejores o peores que la del resto del mundo. Las hay muy cerradas y las hay más abiertas a la influencia de terceros, pero cada una tiene una magia y estilo de vida que les son propios, y que a veces, otros envidian.

Los Malí, Mali-kán o Malinka, son una de esas tribus, separadas del resto. Es una comunidad asentada en algún punto de los terrenos boscosos e inmarcables de la áfrica occidental, al límite de Burkina Faso. Es imposible para los muggles ubicar la zona en el mapa, y a veces hasta para algunos magos, a menos que sepas cómo llegar —no es de extrañar que África oculte muchos secretos—.

A pesar de ser de costumbres cerradas, los Malinka reciben bien a los forasteros. Y que los hay, los hay, porque siempre circula por ahí una expedición de magos viajeros, atravesando el continente en toda su extensión, descubriendo su fauna y ecosistemas, su color y su gente y sus ciudades. Hay criaturas mágicas que sólo encontrarás en África y ruinas malditas que ningún muggle llegaría a imaginar. Aventureros, fotógrafos, rompedores de maldiciones, historiados de la magia, prófugos, periodistas con difusión de alcance internacional, dedicados a la magiarqueología, saqueadores de tumbas, trujanes del mercadillo ilegal, locos con una vaca como camello, viajeros en plena odisea existencial, de todo te puedes encontrar en un viaje por África. Los sanadores del “Comité de Sanación y Catástrofes Terribles”, eslabón dependiente de la Confederación Internacional de Magos, incluso utilizan una caravana como vehículo, ya que funciona a modo de camuflaje anti-muggle. Ofrecen sus servicios y sirven como socorristas en todo el mundo, y no siempre viajan solos, ya que a veces otros viajeros —periodistas de guerra, especialmente— se aprovechan de las comodidades de una caravana mágica como transporte. Por eso dirán que “haciendo dedo” puede llegarse a cualquier parte. Tendrás suerte si te cruzas unas de estas caravanas en tus viajes, pero no todas las posibilidades están exentas de peligro. Cuídate, porque hay muchos secretos en África. Y porque esconde una magia muy antigua, que intriga y atemoriza, que a muchos conquista y a pocos perdona la vida.





La lluvia caía en picada sobre las luces y los rascacielos de la ciudad de Nairobi. El tráfico era un gruñido salvaje de bocinas y los matatu se abrían paso con todo el color de sus grafitis bajo un cielo que comenzaba a oscurecerse. Del mismo modo, briosa y dispuesta a llevarse por delante al primer desprevenido, Niara Soyinka apretaba el paso entre una muchedumbre de muggles muy ocupados con sus smartphones o en evitar que se arruinaran sus zapatos.

La maga pasaba por delante locales y rótulos publicitarios que eran parte de otro mundo, otro distinto al que ella pertenecía. Se cubría del agua llevando un abrigo por encima de su cabeza a modo de paraguas improvisado, y en más de una ocasión un transeúnte le lanzó un que otro improperio por no fijarse por dónde iba, sin que eso la detuviera. Hasta que finalmente se coló por la puerta de un local, haciendo que sonara la campanilla. Ningún muggle pareció reparar en que aquella apresurada muchacha había desaparecido por debajo de sus narices.  



En algún lugar de África, próximos a las Ruinas Pedregosas.  


Una vez fuera, tocada por el sol abrasador del trópico, Niara no tuvo tiempo a respirar el repentino cambio de aires porque, en su apuro y falta de previsión—moraleja, siempre hay que ser cauto cuando se cruza un portal mágico—, se estampó a lo bruto contra una superficie dura que no supo identificar hasta que, con la nariz chorreando sangre y el culo en el polvo, se dio cuenta de que había ido a estrolarse contra la puerta de una caravana.

Para empezar, no se suponía que eso estuviera allí. Atando cabos, llegó a la conclusión de que debía tratarse de una caravana de magos. No era de extrañar que los Malinka le dieran la bienvenida a los extraños dentro de los límites de sus tierras inmarcables. Especialmente si eran sanadores, luego de haber sido atacados por una epidemia que había afectado a varios de los integrantes de la tribu tiempo atrás y que todavía tenía consecuencias en la salud de algunos de ellos. El brujo de las curaciones había sido alcanzado por la desgracia y a pesar de que se resistía a morir, parecía que los abandonaría para siempre, a los sanos y a los enfermos.

Se decía que el brote se debió al “aliento del Nundu” que, de no ser porque había viajado kilómetros y kilómetros de distancia a través del viento, los hubiera matado al instante. Sin embargo, algunos de los más ancianos, sostenían que aquel terrible mal fue la maldición de las viejas ruinas que rodeaban el asentamiento. Las ruinas eran un tema tabú para ellos y los mayores nunca se acercaban demasiado, aunque los niños más intrépidos solían competir entre ellos con retos de valor para ver quién se atrevía a llegar más cerca. Y por supuesto, no podían evitar que otros se adentraran en sus pasadizos subterráneos buscando ser asesinados por una maldición.

Niara se puso en pie, toda ella mojada hasta los zapatos sin que hubiera alrededor una sola pista del porqué. Ese incidente no hacía más que resumir su día. Para imaginárselo, sólo hacía falta que ella repasara en su cabeza los detalles de ese nuevo trabajo que tenía entre manos: iba camino a una exploración arqueológica con un primo purista que la odiaba por ser la hija de una squib, todo porque el tío Merkel pensó que sería buena idea “hacer las paces” como si se tratara de dos niños testarudos peleando por caramelos y no dos adultos ideológicamente enfrentados por años. ¿Y qué más? ¡Oh, claro! Había tenido una estúpida discusión con su novio que la tenía de mal humor. Su día era tan negro como las nubes sobre Nairobi. Pero allí, el sol brillaba con descaro por encima de su cabeza a pesar de sus preocupaciones. Sin embargo, puede que no fuera ella la única que tenía un día complicado después de todo.  




Última edición por Niara Soyinka el Dom Jul 02, 2017 4:10 pm, editado 2 veces
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Niara Soyinka el Dom Oct 01, 2017 3:18 pm



"Héroes que se hicieron leyenda y se convirtieron en mito.”


Niara observó al morocho casi con la misma curiosidad que el soldado de la guardia. Sólo que ella estudiaba con silencioso asombro esa facilidad que el sanador tenía para mentir mientras que el otro se tragaba la historia. Eso era más que oportuno, y se le estaba dando genial. En cuanto a ella, bueno, no tenía esa calidad de actriz, pero sí que tenía una ‘cara de nada’ cuando la atrapaban in fraganti metiendo las narices donde no debía. Así que, durante esos cinco segundos de fama en los que fue el centro de atención (“mi compañera, que también es inocente”), se limitó a ser… la de siempre. Y luego siguió a Laith, que de tan metido con el guion, los estaba salvando de las cadenas, y posiblemente, de que acabaran en las manos de algún negociante metido en la compra y vente de esclavos. idea interesante, por cierto

El vendedor ambulante no quedó muy contento, sim embargo, y pareció que no se iba a dar por vencido, replicando a diestra y siniestra, con su orgullo de comerciante sin torcer, y una vocecilla molesta que siseaba indignada. Hubiera querido sopapearle al imberbe todos esos humos, pero querellar con la guardia era siempre imprudente. Ese orgullo podría matarlo, o peor. Tú nunca le discutías al destacamento del Sol. Pero, calló a tiempo, mordiéndose furiosamente la lengua, cuando comprobó en la cara poco amistosa del jefe de guardia que sus argumentos no estaban teniendo la respuesta que hubiera deseado. Y, lanzándole al morocho una última mirada furibunda, le hizo un signo con las manos (seguramente nada bueno) antes de darse media vuelta, farfullando incoherencias.

—Trabajo, esa sí que es una palabra en boca de un holgazán—reprendió el jefe de guardia, Enek, un hombre fornido y grandote con muy mala cara, que ahora los encaraba sólo a ellos, ceñudo. Se cruzó de brazos, sopesando alguna idea (siempre parecía que un pensamiento particular se le cruzaba por la mirada cuando se detenía en Niara, pero luego negaba con la cabeza, molesto)—¡Ustedes dos!, ¡rápido! El séquito del Dios Brujo no va a esperarlos por siempre—Los ojos de Niara se iluminaron otra vez, y curiosa, se largó hacia el palanquín, sin ningún ‘sí, señor’ o ‘a la orden, señor’, dejando a Enek ciertamente desconcertado mientras la veía alejarse. Bueno, a menos cazaba las órdenes con presteza. Ejem, bien, bien—Si no quieren que los devuelve a la pobreza de donde vinieron, no vuelvan a hacer de las suyas—alcanzó a decir, severo. Seguidamente, hizo una mueca, pensativo, razón por la cual se asimilaba a una mueca atroz—No recordaba que fueran tan bajitos—murmuró por lo bajo, aparentemente incapaz de guardarse las cosas para sí.

El palanquín se movía otra vez, alzado por esclavos, que de tanto en tanto recibían el látigo de uno de los guardias del séquito, que parecía blandirlo en el aire cada vez que se aburría o como si tratara con mulas tercas. El sol era abrazador, y caía sobre ellos, como líquido hirviente. Niara, con la túnica blanca hasta la cabeza, se veía muy fresca, sin embargo, y alzaba la mirada como un espectador impaciente cada vez que la gran personalidad dentro del palanquín hacía el más mínimo movimiento, oculto del bullicio del mercado y las miradas indiscretas como las de ella. Especialmente, como las de ella. Niara le comentó a Laith entre susurros algo sobre su ascendencia, sobre los mitos del lugar y la creencia de que la casta de la nobleza estaba integrada por magos ungidos por la divinidad, y venerados como dioses. Era tanto lo que tenía por decir, que diríase que se había olvidado por qué estaban allí en primer lugar. También, comentó ciertos datos innecesarios como lo hermoso que era en persona, y cómo admiraba su inteligencia, tan venerada por siglos. Aunque le hizo falta mencionar su crueldad.

La gente alrededor abría paso, todos hipnotizados, orgullosos, y hasta temerosos, por estar en presencia del Dios. Atado del cuello con una cadena que lo enganchaba al palanquín en marcha, y avanzado en contra de su voluntad, un esclavo que había sido tomado recientemente de la nueva remesa de cautivos de guerra, se debatía entre el calor, el esfuerzo de seguir a la comitiva siendo tironeado por el amarre y su propia cólera. El joven tenía un cuerpo mancebo y fuerte, y unos pulmones admirables, porque gritaba sin descanso, gritaba todo su odio contra los amos, y alzaba al cielo su nombre jurando venganza. Y por alguna razón, Niara se había mostrado interesada por esta persona, hasta el punto de olvidarse de su querido Dios Brujo. Se le acercó con una cantimplora de agua, con la que lo roció. El esclavo le escupió a la cara, maldiciéndola a un tiempo, pero Niara siguió igual de maravillada. Simplemente se limpió y siguió caminando, sin reparos. Casi diríase que estaba encantada con que la escupieran. ¿Así es como educarían a las mujeres Soyinka? Vaya, eso sí que era inesperado. Al final, Anansi quiso sacársela de encima, pero no pudo, y eso pareció molestarle más que el mismísimo Bakunawa.

—¿Y naciste en la orillas del río Nilo?—Niara insistía con lo que parecía el listado de preguntas de un historiador consumado. Allí estaba ella, apurando el paso si hacía falta para alcanzar a su testimonio documental en carne viva, a punto de desentrañar las lagunas de la historia—En el último día del calendario malinka, ¿es eso correcto? Lideraste a tu pueblo antes de caer en la batalla de los amos, ¿y quién era tu segundo? Hay controversia sobre si era un hombre o una mujer. Y más tarde, armaste la rebelión. Pero supongo que no llegamos a eso.

—¿¡Quién eres tú!?

Niara sonrió, pícara.

—Tú eres Anansi, el rompedor de cadenas. Eres uno de mis dioses mitológicos preferidos.

—¿¡Qué!?, ¡odio a los dioses!

—Los dioses son mitos, y tú le diste vida a uno.

La miró y supo que había algo extraño en ese guardia. Lo dejó tan perplejo que ni siquiera sabía qué replicarle a eso.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Miér Oct 04, 2017 5:03 am

A Laith no le gustaban las mentiras, era el tipo de hombres al que le gustaba coger al toro por los cuernos, la verdad por delante y que pase lo que tenga que pasar. Había sido dotado, sin embargo, de un don para mentir, las palabras fluían hilándose en la mente del médimago sin que éste siquiera se diese cuenta. Como una bola de nieve, una mentira llamaba a otra, siempre intentaba hacerlas paralelas a la realidad, parecidas y con pinceladas de esta por si tocaba defenderse no se equivocase al repetirlo. Lo había sacado de más de un problema, pero evidentemente no era el tipo de cosas que a él particularmente le gustaban.

No había bajado su confianza ni un poco. Otra parte importante de mentir es aferrarte a esa mentira hasta que estés completamente seguro que te han descubierto. No se había mostrado en absoluto intimidado por el jefe de guardia, insolente lo había encarado defendiendo su “verdad” hasta que el hombre hizo algo con las manos que estaba seguro era algo malo y, farfullando, les ordenó regresar al séquito o algo así. No había sido necesario hacer o decir nada más ya que fue Niara la primera en salir disparada, llevando por inercia al morocho que la había comenzado a seguir. A veces parecía una mujer de lo más imprudente, tenía que mantenerla cerca.

Niara le iba contando algo mientras espiaban a alguien, ¿se le había olvidado, por pura casualidad, que debían buscar la salida de ahí? ¿Era esa la prueba de Niara y debían salir de ella por encima del interés de la morena? Laith sudaba pues no estaba acostumbrado a ese calor, ahogándose a veces con el mismo. Conseguía, no obstante, sólo soltar un bufido acalorado y continuar firme como el supuesto guardia que era. Soyinka no estaba igual de interesada en que él en mantener el papel, sino que había reparado en un esclavo. Un hombre que no estaba de mal ver, colérico por haber sido privado de su libertad contra su voluntad, gritando. La morena intentó darle agua, pero el esclavo iracundo lo rechazó.

Niara… —llamó entre dientes a la mujer, ella lo ignoró por completo, preguntando una y otra cosa al pobre desdichado que suficiente tenía con vivir entre cadenas. — Niara, recuerda que no estamos aquí para esto… —trataba de que entrase en razón. No quería pensar que estaban en el pasado, sino en una réplica del pasado. Niara no debía decirle todo eso a una persona trascendental en la historia, podría cambiarlo todo. La sujetó del brazo en cierto momento, alejándola de aquel hombre para encararla. — Niara, entra en razón, sé que estás admirada y todo, pero uno no puede tocar el pasado de esta manera, ¿comprendes? Hay que salir de aquí, encontrar el camino, ¿no es lo que dijiste? —buscó hacerla entender.

Lo cierto es que, con todo aquello, estaba enajenado, totalmente perdido por un mundo distinto, pero en la mente tenía el miedo. El miedo a no regresar a su mundo. Vaya medida más terapéutica era aquella. Hace tan sólo semanas hubiese hecho cualquier cosa por escapar del mundo y no regresar a él, se perdió de todas las formas que supo hacerlo, y ahora sólo tenía en mente volver a él y seguir con su vida como normalmente lo haría. Encontrar un trabajo, buscar a los amigos que había perdido. Sólo bastaba irte a otro mundo para valorar el que tenías. Era gracioso, si se lo preguntaban a Laith, aunque no lo admitiría en voz alta. Por un segundo pensó que debían acabar con la historia para volver y luego se dio cuenta que faltaban incontables años para poder llegar a la época actual, no debía ser esa la solución.

Por favor, sólo… Sólo busquemos la manera de regresar, si la pillamos podemos volver a interrogar a este hombre, pero por lo pronto sólo precisamos regresar, quizá si encontramos al Dios Brujo sepa decirnos qué hacer —dio alguna opción, esperando una mínima cooperación de ella. Si intentaba solo dudaba poder, era Niara la que conocía la gente, los mitos, los rumores, todo, él sólo era un extranjero que había llegado hace un par de días y no sabía más allá de lo poco que le había sido revelado.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Sáb Oct 14, 2017 1:50 am

Niara rió de contento al oír a su compañero: “sé que estás admirada y todo”, ¿lo sabía?, ¿sabía cuánto? Aquel era el sueño de un explorador. Era cierto que había oscuras cuestiones que quizá requerirían de su atención más tarde o más temprano, pero le sorprendió hondamente que Laith no se diera cuenta del tamaño de esa maravilla. La del sol calcinándolos, la del rumor de la gente, la de la magna y antiquísima arquitectura que los rodeaba (altas, intrincadas estructuras). Estaban siendo testigos en carne propia de la historia en su versión más nutrida, colorida, a tiempo real. ¿De verdad no podía verlo?

—¡No me has escuchado en nada de lo que dije!—Si la intención era hacerle un reproche, lo cierto es que se lo tomaba con bastante humor—Ése de ahí es el Dios Brujo—indicó, aproximándose a él y señalando con un gesto de la barbilla el palanquín llevado por esclavos. Y agregó, susurrando, ahora sí, cautelosa—Pero no era especialmente reconocido por su benevolencia, todo lo contrario. Diría que antes nos cortaría la cabeza que cedernos ayuda. ¡Pero eso no quita lo gran mago que es!—Lo defendió, aunque con una mueca poco convencida. Arrepintiéndose, reveló lo siguiente, casi adolorida—: Hizo grandes cosas, buenas incluso, pero él es un hombre cruel. Era conocido como un gran curador, pero no tenía aprecio por la vida.

La Soyinka no alababa los íconos históricos que referían a la crueldad. Los aborrecía. Bakunawa, sin embargo, a pesar de no ser ejemplar en cuanto a piedad, sí lo era en inteligencia y habilidad. Era por él que se habían erradicado enfermedades, o que se hubiera avanzado en el pensamiento de la época, hasta tal punto que se había hecho admirar por los vástagos del futuro. Pudo no ser el más bueno, pero sí que fue el más radical, el que estremeció a toda una época hasta sus posteriores consecuencias. Y era sólo un hombre, no un Dios, pero uno extraordinario. Niara podía no sentirse de acuerdo con todo lo que había sido, y aun así, le reconocía ese mérito. Y así era con tantos hombres y mujeres de la historia.

—Laith, no sé si debas preocuparte—observó Niara poco después—. No creo que éste sea el pasado… tal cual tú te lo imaginas. No creo que lo que hagamos aquí, o lo que suceda con nosotros, repercute…

En este punto tenía que, antes que nada, hacer una pausa, y luego reconocer que las preocupaciones de su compañero estaban fundadas. Había que hallar una salida. Lo primero lo primero. Después de todo, era Nan el que tenía los artefactos que podrían ayudarlos a desentrañar una posible abertura (aunque, Laith había resultado ser alguien a quien se le podía confiar el camino), hacia el tramo familiar, conocido, de las runas. Pensándolo mejor, puede que el único que pudiera sacarlos de ese laberinto fuera Laith, porque los Soyinka no se habían venido equipados para lidiar con esa situación. No hay mapas sobre cómo salir de una maldición.

Entiéndase que, en primer lugar, nada debió resultar de esa forma. Los Soyinka habían trazado una ruta, que iniciaba en la entrada de las ruinas por donde tenían pensado entrometerse en sus secretos. Pero Niara había hallado otra forma de colarse, que los condujo por un derrotero de inciertos entramados, totalmente desconocido para ellos, algo inesperado. Por su parte, Nan había sido atacado por carroñeros, y de alguna forma, se había reunido con ellos. Para la cual, primero, tuvo que perderse del camino seguro. Porque lo había, ‘un camino seguro’ por las viejas ruinas. Y sin embargo, lo habían dejado muy atrás.

Su situación era, entonces, desesperada.

—Lo haremos, encontrar la salida. Tiene que haber una forma. Hace un rato que lo vengo pensando. Pero tiene que ser esta noche. El amotinamiento. Tenemos que tener cuidado—Esta vez, pareció ceder en inclinarse por el realismo de las circunstancias, prestándose por fin a dialogar de manera razonable—. Laith, ¿te has dado cuenta?—inquirió, de repente—No me siento cansada en absoluto. Pero sí que comería algo.

La situación, otra vez, era desesperada.

***
Cae la noche, una luna redonda y blanca asoma por el cielo, pero la única que se fija en ella es Niara. Los compañeros con los que montaba guardia a las afueras del palacio habían hecho un fuego en torno al cual se reunieron, bebiendo y haciendo algazara. Y estaban de guardia, o eso se suponía.

Patitos en la nevera, lalala~:
La cronología está errada (?). Pero sólo yo me doy cuenta y está bien (?) En mi mente, ya lo solucioné.

Te pido disculpas por lo pobre del post (yo quería hacer otra cosa (?)). Pero me di cuenta de que necesitaba el estímulo de tu respuesta, así que, tuve que dejar a este post mío volar del nido y ser libre (?)
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Lun Oct 16, 2017 4:35 am

Laith a veces podía preocuparse demasiado, como por ejemplo cuando estaba metido en unas ruinas donde estaba presenciando el pasado. Y es que, muy por encima de la admiración, estaba esa sensación de que sólo había una manera de salir de ahí, sólo que no terminaba de descifrarla. La morena, cómo no, no tardó en reprocharle no haberla escuchado en toda la historia que le contó. Sí la oyó, mas no la escuchó. Ella volvió al principio, hablándole sobre el cruel Dios Brujo. Esta vez decidió ceder, escucharla realmente, aunque era de esa información que era un poco mejor no conocer. El poder no significaba nada cuando se perdía el aprecio por la vida, era algo que Laith tenía muy claro.

Supongo que es… como cualquier tirano, ¿no? El fin no precisamente justifica los medios —le comentó. No eran pocos los casos sabidos de avances que se hacían con un rastro de sangre detrás, la experimentación humana, la aniquilación de las masas. Había gente grande que no por grande era digna, como era el caso de ese Dios Brujo y tantos hombres y mujeres. — No lo sé… Pero no creo en las casualidades, Niara, ¿qué hacemos aquí en ese caso? ¿Cuál es el objetivo de aquí y ahora formar parte de esto? —no esperaba una respuesta de ella, él tampoco la tenía. Sólo sabía que si esas ruinas querían que viesen el evento era por un motivo, tal y como aquella criatura supo exactamente dónde golpearle a él.

Niara entró, al final, en razón. Se preguntaba cuál era la respuesta secreta en todo aquello, cómo podrían salir de ahí. El amotinamiento, ella dijo. ¿Por qué era tan importante? El médimago siguió dándole vueltas al pensamiento hasta que fue Niara quien le preguntó si había, o no, caído en cuenta de algo. Algo que no tenía claro. Mientras la miraba, como si su rostro le fuera a dar la respuesta, ella recayó en que podría comer algo. El aroma a comida del mercado no era fácil de ignorar, pero el glotón caballero lo había conseguido perfectamente hasta ese momento.

¿De qué me he dado cuenta? —preguntó, sin poder hilar correctamente lo primero de lo segundo. — Intento no pensar mucho en ello… ¿crees que habría problemas si comemos algo? —le preguntó, como quien no quiere la cosa. Toda aquella historia era increíble, escalofriante en todos los sentidos. La pregunta del millón era evidente, si todo salía mal y quedaban heridos… ¿qué tanta repercusión tendría en la realidad?

***
La noche había llegado después de todo. Niara había sido seleccionada para hacer guardia, no fue el mismo destino de Laith. El hombre había sido separado de la morena pero, ciertamente, sus intenciones iban más allá que simplemente descansar. Había volado, más literalmente de lo que pudiera predecir, alejándose del palacio. Esa opresión en el pecho lo mandaba a otro lugar lejano, se encontró a si mismo solo en un oasis, mirando la luna no en el cielo brillante sino en el reflejo del agua. Cuando estaba solo su mente se desataba y pensaba en todos sus colores.

A pesar de todo, no dejaba de darle vueltas a lo que sucedió con ese monstruo. Todo lo llevó a una noche de niebla, recordó con ese dulce dolor que provoca la nostalgia su última vez. Ah, cuando le dijo que le dejaría había sentido como si no pudiera respirar, sus piernas ni siquiera le respondieron. Y el frío, el jodido frío. Al día siguiente, cuando le llamó, le dijo que no estaba solo y no volvió a atender sus llamadas. Y si era honesto, decir que no se lo esperaba era mentira. Todo había comenzado una mañana en casa de Cormac. Junto a la ventaba había encontrado unos cigarros; no era su marca, él no los había olvidado. Cormac no fumaba.

Luego fueron cada vez más evidentes todas esas noches solo, las madrugadas en vela, las llamadas sin responder. En especial cuando empezaron a vivir juntos. Luego dejó de interesarle siquiera intentar esconderlo. Incontables personas metió dentro de su castillo imaginario que colaboraron en su destrucción. Y lo perdonaba, creía en sus palabras incluso cuando le dijo que ya tenía todo lo que necesitaba para justificar que no pidiese más. Es imperdonable lo que algunos se hacen cuando aman.

Un ruido lo sacó de sus pensamientos, ¿guardias? No. Él debería dejar de pensar en la inmortalidad del cangrejo y ponerse a investigar cómo salir de ahí. Lo que llegó a su mente fue una daga encendida al rojo vivo dentro del pecho. A veces sólo una brasa hace falta para encender un bosque entero. Otras veces es sólo un pajarillo la diferencia entre la paz y el desastre. ¿Qué tanta repercusión tenía lo que hacía en el pasado? ¿En ese pasado? Quería descubrir los límites que tenían en mundo tan raro. Y avanzar un poco más. Primero tenía que encontrarlo, no a otro, a él. A Anansi, al rompedor de cadenas.

Surcó el cielo un animal de brillantes colores con una pasión más grande que su cuerpo, con un objetivo claro. Laith se desvivía por sus iguales, era ese hombre capaz de sacrificarse por el bien de la humanidad. Esa noche, aquel hombre era agua y era fuego al mismo tiempo. Era sol y era luna. Encontró a Anansi en una habitación solitario, encadenado, la seda caía por su cuerpo ocultando su desnudez y miraba, casi con reproche, la luna en el cielo tan grande y tan blanca. Un animal se coló por la habitación, una avecilla perdida buscando refugio del frío de la noche. En el fondo de la habitación, aquellas plumas se hicieron piel dando paso a uno de aquellos guardias raros que ese día lo habían incordiado. Tan pronto lo vio, Anansi le maldijo hasta la más lejana ascendencia y a todos sus descendientes.

El morocho sólo permaneció sereno. — Si te sientes muy usado, muy decepcionado… O si te sientes muy enojado o muy lastimado… Tienes que saber que no eres el único, así que levántate —le dijo y, dicho aquello, usó su varita para que la cadena se consumiera en sí misma con un corrosivo veneno, el mismo que llevaba en las venas. — Viste tus ropas y haz un desastre… Como el fuego una chispa tiene que encenderse y a ella se le sumarán muchas más —le dijo al esclavo, Niara iba a matarlo seguramente. A veces las personas sólo necesitan un empujón para llevar a cabo las cosas que piensan.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Mar Nov 21, 2017 9:43 pm

¡¡¡LAAAAAITH!!!



Ok, ese no. ¿Este?



Y este, infaltable.





Este post.

ES TU CULPA.

Por consentirme con mi aventura y alentar a la bíblica en mí (?)

ASDASDASDS

:3

Aunque me hubiera gustado escribir un poquito más asdasdasd

Sorry por la demora :3






—¡RYAN!, ¡no hay tiempo!, ¡déjalo ya!, ¡y lo que quise decir fue: YA MISMO!


¿Tú crees en las casualidades?

Eso es lo que los susurros le dijeron al oído, venidos de algún lugar y todos a la vez, asaltándolo de repente como el eco de un recuerdo lejano, con un dejo tan familiar, ¿por puro azar?, ¿y quién arrojaba los dados?, ¿Eleggua? No lo pensó y dio un paso en falso hacia la dirección en la que creyó… Lo siguiente, fue activar una trampa de flechas mediante un mecanismo de placas a presión.

—¡Ay, caramba!—exclamó Perico, sobrevenido por la sorpresa. El mago enmascarado con el que se había estado batiendo en un duelo de varitas cayó de lado, atravesada la sien por una flecha (que no sería de Cupido) antes siquiera de saber qué estaba pasando—¡Gracias Ryan! ¡A eso le llamo ‘improvisando’!—felicitó, echándose atrás de un tirón para desviar una punta mortífera ida a parar en su dirección. Y aun así, parecía no resentirse con las medidas de contraataque tomadas por su amigo. Como si lo hubiera hecho adrede y no hubiera sido tan sólo otro de los accidentes fatales que iban acumulando en esa noche, para variar—¡Ahora, CORRE!

Llevaban allí desde que inició el conteo de la noche más larga de África. ¿Por qué? Porque eran bibliotecarios. Y allí iban, hombro con hombro, corriendo y esquivando, dejando atrás a los misteriosos enmascarados que se les habían echado encima, bien atrás, en medio de un nubarrón de flechas. Carroñeros, se llamaban, o también ‘asaltadores de tumbas’. Aunque ellos sabían de sobra que no eran simplemente eso. Mortífagos, ese era un nombre con el que había que andarse con cuidado. No es que lo fueran cantando a voces por ahí; se murmuraban cosas, bastaba tener una oreja puesta sobre la pista. Y tenerlos metiendo las narices alrededor no era nunca algo bueno.

—¿¡Qué hizo que te quedaras mirando la nada como papanatas!?—soltó Perico entre jadeos. Sacudió su varita y desbarató una horda de flechas y sus firmes propósitos de clavárseles en la yugular. ¡Ay, mi ciática! Que no, que no estaba viejo (sólo tenía más experiencia), pero vaya carrerita.

Ryan saltó un escombro en el camino.

—Los susurros, ¿¡no los oíste!?

—¡Por supuesto que los oí! Estoy seguro que era mi tía Mudsen hablándome desde el más allá. ¿Sabes? La pobre mujer se murió asfixiada por una aceituna. Era una hechicera extraordinaria, ¡y morir por una aceituna! Sé que su espíritu está resentido conmigo, porque fui el que le sirvió su Martini. A la pobre mujer, ¡un martini! ¡El último! Te apuesto a que era ella. Lo oí claramente: “Martiiiniii…”.

—¡Pero él no está muerto!—gritó, lanzándole un conjuro a los mortífagos que iban tras ellos que chispeó con fuerza.

—¿Él? Ey, sé un profesional. Preocúpate por volver al camino, no por unos susurros que juegan con tu mente. ¡Por nada del mundo hay que perder el cam…

La cara de Perico se desfiguró en alarma con los ojos puestos en el camino frente a ellos y estiró un brazo que Ryan sintió encajado en su pecho. Una compuerta se abrió desde el fondo y lo que asomó fue una gran roca. Los aplastaría cuesta abajo, decorando el rocoso pasadizo con sus cabezas abiertas. Las suyas y las de sus perseguidores, que ni lentos ni perezosos, escaparon hacia la otra dirección. A los bibliotecarios no les quedó más salida que dar media vuelta y correr con ellos.


*

Estás atrapado. Entraste en un laberinto y son kilómetros de roca que pueden sepultarte si te sales del camino, ¿pero cuál es la vuelta errónea?, ¿qué la diferencia de las demás? Basta distraerse, dar una pisada en falso, o sólo mala suerte, y lo próximo que sabrás es que no hay vuelta atrás.

Estas son Las Ruinas de Bathala, tú estás en ellas, ¿y a dónde quieres llegar? Verás, ese es el problema con este laberinto. Puede leerte, muy hacia dentro de todo lo que eres. Sabe muy bien lo que quieres. Pero, ¿qué sabes tú sobre esta antiquísima arquitectura que perdura a través del tiempo? Que aparece en cada luna roja, esa fecha del almanaque lunar en la que.

Un Dios, un monstruo de leyenda, abre sus fauces en dirección a la Luna, ansiando devorarla. Como dice aquel poema, de un amante:

Tonight,
I will devour him in the dark;
not for sin nor for defiance,
but like the legend of the bakunawa:
to devour the last moon in infinite cycles
for millennia to come,
to quench the hunger and yearning
for the light that resides in him.

*

Las máscaras, no era la primera vez que se cruzaban con esas. Y estaban informados sobre cierta actividad de grupos extremistas que eran muy diferentes a los carroñeros usuales, pero esto, esto se ponía peliagudo si los mortífagos iban detrás de un artefacto. Porque eso tenía que ser. Después de todo, las Ruinas era el objetivo de coleccionistas muy ambiciosos, con objetivos nada deseables.

Eran un grupo de cuatro, bueno, lo fueron hasta que una flecha alcanzó a uno, ¿y habrían perdido a un miembro o dos con anterioridad? Sí, aquel tipo que hallaron ahogado… Ahí se les había ido uno. Y luego, cuando los atacaron con las varitas levantadas, otro había caído en duelo. Sí, y ahora restaban tres. Estaban a mano. Los números ‘empatados’, a eso se refería. Ellos eran (dos) profesionales. Lidiarían con el asunto. Pan comido.

—Ryan, eso que veo—Habían saltado por un largo túnel a la altura del suelo, eso lo recordaba. ¿Y dónde estaban los mortífagos?—. Eso que veo allí, ¿es un culo?

Una muchachita ladeó hacia él sus ojitos tiernos y soltó una risa traviesa, escurriéndose desnuda hacia el centro de una sala cargada de fatuidad y cuerpos embriagados en el deleite narcisista de su desnudez, que seducía la vista. Si eras pervertido.

Perico sonrió a medias, todavía sin creerse lo afortunados que eran. Ryan había ralentizado la caída y había aterrizado con más elegancia, o al menos, de pie, mientras que el otro se acomodaba con los brazos echados hacia atrás y las piernas cruzadas, muy cómodo, sin dignarse a levantarse ni a desviar la mirada de embotado ensueño. Diríase que asumía su destino de la mejor manera.

—¡Estamos muertos!, ¡estamos en el cielo! ¡Sólo mira alrededor! ¡Oh, madre, te hice caso! ¡Me porté como un buen chico! ¡Dios te bendiga, mamita!

—No me lo parece—opinó Ryan, provocando en su compañero una mueca de incredulidad. Vaya con lo aguafiestas que podía ser el rubiales. Sin embargo, éste tenía un asomo de sonrisa, como si desafiara a la fortuna a que los atacara de frente—No se siente como ‘el cielo’— Era más como un profundo gemido de anhelo de algo olvidado, lo que tenía en la sangre en ese momento. Los rostros, bellos todos, que se acercaron, no los atacaron. Curiosearon con sus ojos, los invitaron a irse con ellos, ¿participar de la orgía?—No lo sé, pero deberíamos proseguir—Ryan todavía seguía preocupado por los susurros. Tenía un extraño presentimiento sobre eso. Por supuesto que a Perico poco le importaba o debía correrle un sentimiento muy diferente en la sangre, porque se largó detrás de ese traserito de afrodita que había visto, antes siquiera de que el otro llegara a consultarle sobre qué rumbo tomar a continuación. Y añadió, con una ceja alzada—: ¿O quizá preguntar direcciones?

En eso, Ryan lo vio, allí, en el centro de un mar confuso de piel. Apartó a los rostros que se le aproximaban con delicada insistencia y fue, muy tranquilo, hacia esa mirada que llegaba hasta él a través de un enredo de cuerpos que se le encimaban con suavidad. De haber llevado ropa, Ryan no lo hubiera reconocido. Ese lugar le hacía justicia, a todo lo que él representaba. Pero algo no estaba bien. Ahora lo daba por sentado. Porque Nankín Soyinka podía ser un hedonista, pero nunca se desviaba de su meta, no con ese orgullo que corría por sus venas.

—Ha pasado tiempo—Ryan se quitó la boca del turbante, revelando una sonrisa. Sí, llevaban
turbantes. Porque venían de Egipto. Larga historia—, ¿cómo has estado?—preguntó, demasiado jovial dadas las circunstancias. Se había agachado en cuclillas, a los pies del diván que le servía al otro de posadera. Pares de brazos se estiraron hacia él, anhelantes, pero el rubiales desvió sus intentos de seducirlo con un movimiento de la mano, como si espantara a las moscas—Parece que estás en un aprieto. Otra vez. No me dices nada, ¿porque lo sabes?, ¿o porque no puedes hablar? Probablemente ambas—analizó, echando una mirada alrededor. Perico, en el otro extremo de la habitación, se había dejado hundir bajo el peso delicioso de un corro de ninfas. Qué rápido que le habían quitado la ropa. Una bella donna lo alimentaba con uvas. El hombre estaba viviendo el paraíso, o al menos, lo que él creía que era el paraíso. Nan, por su parte, no hablaba, pero no le quitaba la mirada de encima. Intensa mirada—Tú sabes, no diré que no lo sabía. Pero aquella vez, pudiste haber dejado una nota—¿Qué? El rubio se pasó una mano por el cabello hasta la nuca, lanzándole una tímida reprimenda y regresando en el tiempo a vaya a saber qué asuntos sin importancia.

Nan gruñó, ocupado con una lengua intrusa en su boca. Estaba rodeado de atenciones, y así y todo, clavaba los ojos en el bibliotecario. Era fácil deducir que no tenía nada amable para decirle.

—Pensé que después de todo lo que había pasado—continuó, suspirando (¿por su corazón roto?)—, tú y yo…

No terminó de decirlo. Nan se adelantó hacia él, de un movimiento repentino. Tomó su brazo y lo apretó con fuerza. Ryan, serio esta vez, apartó el agarré.

—Lo sé. Te sacaré de aquí. Prométeme que me contarás todo en el camino, ¿ok?


*
—¡Laith!, ¿dónde estuviste? Cuando dijiste que irías por ahí, no pensé… ¡preocupas a la gente!—Lo decía la misma persona que había estado corriendo por las calles de la ciudad, alucinada, sin pensar en otra cosa que vivir la aventura. Sin importar ni qué se llevaba por delante. Todo cambiaba cuando el despreocupado era Laith, claro. Ahí sí que había un problema. Niara lo miró con dureza, pero se dejó reblandecer por un instante de curiosidad que la golpeó en el punto sensible, y agregó—: Eres muy bonito, como colibrí. Ahora que puedo verte bien.  

Alrededor, una patrulla de la guardia salió corriendo en una dirección, bajo las rápidas órdenes de un oficial al mando. ¿Qué estaría pasando? El humo se vislumbró a lo lejos, como una mancha infectada y negra en el cielo. Fuego, rebelión. Eso era algo que estaba escrito.

—Laith, ¿qué has hecho?—inquirió Niara de pronto, lanzándole una mirada ligeramente acusadora. ¿A quién quería engañar? Se la notaba entusiasmada en el fondo de sus ojuelos de ávida historiadora—Hay un cuento, entre las leyendas, ¿sabes?—soltó, de la nada, con renovada calma. Era una cuentacuentos en el fondo. Era fácil imaginársela en torno a una fogata, nutrida de las historias de sus congéneres—Habla sobre ti. No hay colibríes en África, para empezar. Esta historia describe a un animalito que se halla en un sitio imposible, que es en sí mismo imposible frente a los ojos de los otros animales, que nunca lo habían visto antes. Tiene colores extraordinarios, un corazón que late a mil por segundo y un tamaño diminuto. Sucede que hay un incendio y, como hacen siempre, los animales huyen. En ningún momento se preguntan si pueden hacer otra cosa, sólo escapan. Pero el colibrí, hizo algo diferente. Los demás lo vieron ir y venir entre las llamas, a ese pequeñito, cargando en su pico con agua que una y otra vez descargaba contra el fuego, queriendo apagarlo. Cuando le preguntaron por qué lo hacía, él sólo dijo: “Hago lo mejor que puedo”. Por eso, entre los niños, cuando nos contaban la historia, todos queríamos ser el colibrí. Pero tú, señor colibrí, puede que hayas iniciado un fuego. Me pregunto, ¿cómo es posible?

No se sabía qué le había dado a la Soyinka, pero no parecía que la agitación dentro de palacio la perturbara. En su frente no había marcas de preocupación. Tenía su cabeza puesta en algo. La curiosidad era una viva chispa en sus ojos.

—La flor de Kantu sólo puede ser hallada por un colibrí, ¿te han contado esa historia ya? ¿No es curioso? En todos los cuentos, el colibrí es una criatura fantástica, que siempre conduce por el buen camino. Tú, das suerte, mi amigo—Le sonrió—Por eso Nan se obsesionó contigo. Él quiere la flor, para curar a su hermano. Cayó enfermo, por una maldición. La cura, es una leyenda—Niara se entristeció—Él quiere que piense que va a por un artefacto para Gadúl, pero sé que no lo hace por eso. Es sólo muy terco como para admitirlo. Es como declararse en busca del cuerno dorado, ¿sabes? Laith, ¿tú crees que puedes hacerlo?, ¿encontrar el camino? Lo he estado pensando. Si tu espíritu es un colibrí (aquí le llamamos así también a la forma de animago), tendría sentido, de alguna manera. Puede que ese niño no sea sólo un niño. Un espíritu puede tomar muchas formas para comunicarse. Pero depende de ti, ver su verdadera forma. En vez de perseguirlo, intenta llamarlo, Laith. Puede que nunca haya estado tan lejos, que nunca se haya despegado de ti, para empezar.

*

Anansi contempló con mudo horror cómo las cadenas se deshacían frente a sus ojos. El latido de su corazón, sin embargo, fue esperanzado. La magia lo había tomado prisionero, ahora lo liberaba. Puede que después de todo, aquel hombre no fuera sólo un guardia del falso Dios Brujo, puede que incluso fuera un dios verdadero. ¿Acaso no había llegado hasta él con la forma de uno? Un animal, con alas. Esas que sirven para desplegarse en el aire y hacer de las nubes tu propio reino. Le tuvo envidia a ese dios. Pero su desconcierto era todavía mayor. Y, a pesar del gesto que tuvo para con él, no se atrevía a confiar del todo en sus intenciones. Los magos eran pérfidos, crueles, asesinos, eso no lo olvidaría nunca. No, él los perseguiría toda su vida hasta las montañas y las escalaría si hiciera falta, aun si tuviera que llegar más allá de las nubes. Más allá del Monte de la Luna.

—¿Quién eres?, ¿por qué haces esto?—Quiso saber, levantando hacia él su mirada, firme, decidida, sin pizca de miedo. Era un carácter estoico. Cada uno de los latigazos en su piel sólo realzaba su determinación a estar de pie. Se acercó. No era posible leer qué querría. Pero entonces, su mueca se torció, en desprecio y algo más. ¿Tristeza? Había llegado a una conclusión muy diferente de la de su primera impresión, porque le escupió—: ¿Cuántas veces tienes que hacerme esto para estar satisfecho? Has tomado la forma de un pájaro. Has adquirido la apariencia de otro hombre. Pero me forzarás, como haces siempre. Sé que sigues siendo tú, brujo. ¡Muestra tú cara! No hay nada que no puedas hacer con tu magia. Tus trucos, tus engaños. ¿Cuánto tienes que tomar de mí para saciar tu sed de demonio?—Anansi se extrañó un poco por el comportamiento del brujo que tenía delante, pero estaba convencido de conocer su verdadera identidad. Así que, le habló directo a los ojos, encerrándolos en una efusiva intimidad. Porque, después de todo, habían sido amantes por lunas enteras. De una forma violenta y cruel—Dices que puedo ser libre. Sea. Arrancaré tu imperio desde los cimientos. Pero no lo haré ni por ti ni por mí. Tú y yo estamos malditos para el resto de la eternidad. Y aun así, no siento tanta lástima por mí, como la que siento por ti, brujo. Tú, que anhelas lo que no tendrás jamás. En ti el corazón está roto, como un ala herida, que se pudre y no volará jamás. Lo veo en tus ojos. Y lo lamento. Tanto como te odio. Por todo lo que has hecho.


*

Anansi, el rompedor de cadenas, amotinó a los esclavos esa noche. Apeló a sus corazones, a su fuerza, para destruir todo lo que habían sido y resurgir de sus cenizas, como hombres libres. Y estuvo convencido de su odio hacia los magos, hasta que el terror se hizo real, tanto como su victoria sobre los amos. Anansi había visto cómo los brujos tomaban prisionero a su pueblo. Su crueldad, su violencia. Ahora, veía cómo su propia gente se comportaba como los monstruos que él había maldecido. Quiso detenerlos, cuando una horda enaltecida por la venganza, el odio, se arrojó contra los hijos de los brujos, niños. Estos corrieron, pero fueron alcanzados. Y sus ropas y sus cabellos y sus pieles les fueron arrancados por la multitud. Los esclavos estaban en su derecho. Tenían razón en estar enfurecidos, de ansiar la sangre. Pero Anansi se perdió a sí mismo esa noche, contemplando el horror. En el fondo de su piel dura, su corazón era blando y bueno.

Insistió, quiso volver a ser el centro de los ojos que lo habían escuchado arengar sobre la libertad, pero sus intentos de pacificar la contienda fueron inútiles. Gritó por todo lo alto, pidiendo que se detuvieran. Que los dioses lo habían entendido. Tendrían qué. Pero fue ingenuo de su parte. Porque una vez que enciendes la mecha, esta no se apaga. Los dos bandos mantenían una lucha encarnizada. Y en la vulnerabilidad en la que se hallaba, sólo se le ocurrió una persona a la que pedir por ayuda. Porque lo había visto hacer cosas increíbles. Porque sabía que tenía el poder, quería creer. O sólo porque una parte de él quería volver a verlo, una vez más, a Bakunawa.

Y lo encontró, escoltado por su guardia. No sabía por qué, pero sentía que tenía que llegar hasta él. Que él podría parar toda esa locura. Como cuando eran niños y lo espiaba realizar todos esos trucos imposibles mientras el otro fingía que no lo sabía, habiendo huido fuera de la mirada del resto, fuera de los prejuicios del resto, en la costa de un río ya olvidado. Era Bakunawa, ‘el hacedor de milagros’, como lo llamaban. Por eso, él tenía que poder hacer algo. Se aferraba a ello, desesperado.

Tan inmediatamente como la guardia lo vio, intentó quitarle la vida. Pero el Dios Brujo descargó su ira contra ellos. Y cuando se volteó a mirar en medio de la contienda, qué había pasado con Anansi, éste caía de rodillas, atravesado a traición por la lanza de uno de los esclavos. Temerosos y desconfiados de lo que pensaba hacer buscando a Bakunawa y gritando que pararan aquella revuelta, actuaron como lo creyeron mejor: nadie tenía por qué saber que el rompedor de cadenas había querido sofocar la rebelión, aniquilar la esperanza de los esclavos. O que la persona a la que había acudido en un grito de socorro había sido el mismísimo Dios Brujo, o incluso que alguna vez, muy lejana en el tiempo, quizá, lo había amado. Con la apasionada ternura del primer amor, cuando es joven e ingenuo.

*

—Ey, ustedes dos, ¿pueden dejar de hacer lo que sea que estén haciendo ahora mismo? Ey, Ryan, Soyinka, ey…—Perico tenía el mentón caído mientras hablaba, incapaz de adquirir una postura más seria. Porque lo que estaba viendo, era una locura de situación. ¿Por qué el rubiales había tenido que arrancarlo del tierno calor de unos senos de mujer para arrojarlo a ESO?, ¿el caos absoluto? Aunque, para ser honestos, habiendo visto en lo que se habían convertido esas mujeres (criaturas horripilantes salidas de una pesadilla griega), el escenario de la ciudad ardiendo y los gritos de histeria, no estaba tan mal. Ni loco daría vuelta atrás, de eso estaba seguro. Adiós, paraíso. Por mucho que le doliera en el alma.

—El libro maldito de Bakunawa—Nan continuaba, sin importarle si el cielo se caía a pedazos. En todo caso, que esperara—. Eso es lo que están buscando. Es lo que originó el bucle y la maldición sobre las ruinas. Esa es la teoría, esos son los rumores. ¿Golgomatch?

—¿Sí?

—No te me quedes mirando, es molesto. Por si no te has dado cuenta…

—Goldstein. Ese es mi apellido, por favor.

—No, no lo es. Tú eres un Golgomatch—señaló, irritado. Levantó el labio superior en una mueca. La sola idea de que un sangre pura renegara de su apellido le producía asco. Era una deshonra. Eso, sin embargo, no pareció molestarlo cuando…—. No me vuelvas a interrumpir.

—Mira, entiendo. Quieres llegar al corazón del laberinto, tanto como nosotros. No importa lo que queramos. Vamos hacia el mismo lugar. Y dices que tu hermana y Laith van hacia allí. Ahora mismo, lo que más me preocupa es encontrarlos.


—¿Por qué?

—¡Ustedes, papanatas!—Nan le arrojó una sarta de comentarios nada bonitos sobre lo que pensaba de que lo llamara así, pero a Perico lo mismo le daba. Señalaba hacia un punto lejano. Tenía en las manos unos binoculares extraños y un mapa—¡Allí está la negra que está buena y el jovencito al que tú acosas cuando crees que no te estamos mirando, Ryan! A propósito, siempre me he preguntado, ¿por qué los eliges con tanta diferencia de edad? Ni que fueras un viejo verde. Todavía te falta para eso, ¿sabes?

Ryan, sin prestar atención a lo alusivo del comentario, se adelantó con el corazón en un puño hasta el filo de la alta muralla en la que se encontraban. Por debajo de ellos, toda una ciudad se estremecía. Y pronto, quedaría consumida por la maldición del libro, que el brujo Bakunawa recitaría, preso del odio, preso del dolor. La cuenta regresiva, comenzaba.

—¡Ey, ustedes, ESPE…!—Pero no esperaron nada. Ryan se desapareció, lanzado como era, secundado por Mr. Simpático, sin que ninguno quisiera ni detenerse a pensar en un plan de acción—¡Pero están rodeados por la guardia, locos!—gritó, antes de desaparecerse e ir tras ellos.

*

—¡LAAAAAITH!—Esa era Niara Soyinka, oficialmente ENOJADA, en medio de la confusión. Era increíble lo que fruncía el ceño. Con lo pequeñita y adorable que era, mírala allí nomás, te espantaba hasta las Navidades—¿¡Qué te dije sobre no lanzarte de esa manera!?—exclamó, con la varita en la mano. Muchos magos de la guardia la miraban sin comprender, ¿qué hacía con ese palo en la mano?, ¿estaba rematadamente loca? Ah, pero todo empezó a tener sentido cuando comprobaron que podía hacer magia con ese palito—¿¡QUÉ TE DIJE!?

Poco importaba cuanto pudiera decirle, porque las situaciones siempre se descontrolaban. No todo dependía de uno mismo, sino también de sus circunstancias. Y en ese momento, cuando Niara estaba viendo cómo llegar a Laith, gente extraña se apareció a su alrededor, con el ruido alto y sonante de la sorpresa. Ella estaba tan alterada, que no reparaba en los rostros. Para rematar, un tipejo con voz estridente se le puso adelante, cayendo sobre ella con los brazos abiertos y la cara cubierta por un turbante. Su primera reacción fue…

—¡No se preocupe, señorita!, ¡venimos a rescatarla!, ¡somos bibliotecarios!, ¡todo está bie…

…soltarle un PUÑO en plena cara, que hizo que a Perico se le volteara lo carilindo. Lo vieron doblarse en dos, esquivar un conjuro perdido que se interpuso entre ambos, y luego enderezarse como en una complicada acrobacia.

—¡Soy tu AMIGO!

—¡No te conozco!

—¡Soy un bibliotecario!, ¡todos conocen a los bibliotecarios!

Bueno, el hombre tenía un argumento. Pero eso no hizo que Niara se sintiera culpable al respecto. Ella estaba preocupada por algo más que ella misma, como solía sucederle.

—¡LAAAAAAITH!

—¡Él está bien!, ¡mi amigo fue directo hacia él! Ahora, mejor que nos reunamos. ¡Y no me pegues esta vez! Baku lanzará la maldición y cuando el ciclo se reinicie, podremos llegar al corazón. ¿Me entiendes? ¡Estamos en una cuenta regresiva aquí!, ¡ey! ¡Tenemos que estar cerca del libro! ¡El libro! Mientras estemos en el rango… ¡Ey!, ¡es eso o nos perdemos en el espacio y el tiempo POR SIEMPRE!

—¡LAAAAAAAAITH!
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Dom Nov 26, 2017 2:55 am

Había llegado hasta él esa noche de luna llena con la única intención de ser la primera chispa. El corazón de ese hombre estaba lleno de ácido, de gasolina que explotaría en cuanto le diese la oportunidad. Laith fue el primero en romper la primera cadena que se destruiría esa noche, pues aquellos que ayudan también necesitan ser ayudados algunas veces. El desconcierto en los ojos de ese estoico joven era evidente pero no tangible, no podía verlo más allá de su mirada tanto como notaba su desconfianza, acentuándose con cada segundo que pasaba.

Mi nombre no importa, pero las cosas hoy tienen que cambiar —le dijo, porque así era. Estaba tan ensimismado dentro de aquella estúpida misión que se había marcado que era casi ignorante del peso de sus palabras y de sus propias acciones. Que, en realidad, aquello que hacía iba más allá de esa noche, lo marcaba la historia. — Puede que lo haga, volver a forzarte —aceptó, — o puede que no y no sea el brujo que tú crees que soy. Sólo tienes una forma de descubrirlo —le hizo saber sin que le temblase ni un nervio. Aceptar tener una identidad que no era la suya. Si le negaba, no iba a creerle. Si lo aceptaba, tampoco. Él podía haberlo liberado pero era Anansi quien debía tomar una decisión.

Sin embargo, lo que le dijo después le caló en lo más profundo del alma. No sintió que se lo estuviese diciendo al Dios Brujo, sino que se lo estaba diciendo a Laith Gauthier, ni más ni menos. Ese hombre sin saberlo le estaba diciendo algo profundamente doloroso que el joven sabía. Porque lo que anhelaba no iba a tenerlo jamás, ya lo había asumido. Había escondido su corazón roto tras felicidad, amabilidad y sonrisas, pero seguía estando tan roto como las alas de su alma que no iban a dejarlo volar de nuevo. Las heridas escondidas nunca sanan. Formaba parte de una maldición que debió caerle encima desde antes de nacer.

No le respondió, sólo lo miró hasta que se hubo marchado, sabiendo que el dolor no iba a sanar. Se acercó a la ventana y se puso de pie en ella, el viento le revolvió sin piedad el cabello. Miró la luna en el cielo, una que siempre había iluminado los caminos más oscuros que a veces tenía que cruzar completamente solo, pues sabía perfectamente cómo iba la historia antes de que fuera contada. En esa trama retorcida a la que había sido destinado, estaba tan perdido como un astronauta en el suelo del océano. Y a pesar de ello, desearía poder vivirlo otra vez.

Sintió una mano en la espalda, imaginaria. Su mente por un segundo confundió el paisaje con un acantilado del pasado, apenas un año o dos atrás. En sus prácticas de animagia, una pluma de colores les reveló una forma de ave. Apenas un par de meses luego estaba parado al borde del precipicio mirando al vacío, justo como ese día miraba el suelo de la ciudad. Y una mano traidora, la mano del hombre a quien tanto ama, lo empujó y cayó como esa noche caía al vacío. La única diferencia que encontró es que en ese entonces gritaba, cuando hoy estaba completamente sereno. Y el pensamiento sobre aquel hombre diciéndole por vez primera que lo amaba, que revolucionó todas sus emociones en un tiempo pasado, hoy lo hacía sentirse insignificante e idiota.

Pero abrió sus alas, a centímetros de llegar al suelo, justo como ese día. Cuando su rostro estaba por impactar contra el suelo, las abrió y retomó el vuelo. Porque sus alas físicas estaban perfectamente en forma. Sintiéndose como un único sobreviviente olvidado en el mundo oscuro y letal que se había vuelto el suyo propio. Recordó apenas meses antes haber jurado dar todo por ver el sol una vez más. No ese incandescente sol que se alzaba sobre sus cabezas, sino una esperanza para poder continuar. Lo malo de esas personas que lo dan todo es que muy frecuentemente se quedan sin nada.

Si hubiese tenido que morir, lo habría hecho aquella noche que el alcohol lo confundió y lo hizo creer falsamente que nadie iba a extrañarlo. Estuvo a punto de hacerlo, de no haber sido por la intervención de Lindsay. Ese día supo que su libro no había llegado a su fin, que aún faltaba un último capítulo para poder dejar atrás esa historia y cerrar el arco para siempre. Era hacerlo o morir en el intento.

Remontó el vuelo a través del cielo nocturno buscando a Niara, con el remordimiento en el pecho, como si avanzase por un callejón mortalmente oscuro. Las palabras de Anansi le retumbaban en los oídos, ¿a quién quería salvar? ¿A los esclavos o a sí mismo? Era tan egoísta. Mientras buscaba a la dama de piel morena, recordaba a Lindsay. La recordaba con ese amor de hermano que le tenía. Cuando había huido y se escondió, ella se escondió con él en la habitación del pánico, tratando de cuidarle el alma. Alma que él escondió, pues un corazón sangrante le haría una presa fácil.

La encontró entonces y voló frente a ella hasta resurgir como un hombre. Ella ya había estado riñéndolo sobre haberla preocupado, ¡como si ella no lo hubiera preocupado literalmente todo el camino! Lo primero que vieron sus ojos otra vez humanos fueron a esos guardias que salieron corriendo, y una ligera sonrisa decaída apareció en su rostro. No hay amotinamientos sin muertes, él lo sabía. El llanto serviría tarde o temprano para que la gente no volviese a esclavizar a los seres humanos. Negó con la cabeza cuando ella lo interrogó.

Nada relevante —fue su respuesta. Entonces dirigió su atención a ella cuando le preguntó si conocía aquel cuento, confundido por oír que hablaba sobre él. Una historia extraña que le pareció de lo más escalofriante por pensar que hablaba sobre él. Como si estuviese destinado a ir y hacer un desastre. — Quizá me haya equivocado —confesó, no estaba ya tan seguro de su propia ambición. Algo no se sentía bien, ¿sería por todas las veces que en esa noche pensó en Cormac? Dicen que el olvido está lleno de recuerdo.

Pero ella habló sobre la leyenda que ya había oído antes de boca del jefe del equipo de medimagia. La flor de Kantu, la única que podría ayudar a curar a los enfermos de la tribu. Le hizo una pregunta inquietante: ¿él podía encontrar el camino hacia la flor? Entonces le recordó al niño que parecía más una película de misterio que su espíritu intentando encontrarlo y comunicarse con él. No podía olvidar sus ojos de colores, ¿acaso podría estar en lo correcto? Sólo había una forma de saberlo. Intentar llamarlo, como ella le dijo, en lugar de perseguirlo.

El revuelo llegó, como Laith se temía que tenía que llegar, no había forma de detener una bola de nieve que él empezó a hacer girar. Entonces lo vio, a él, ¡al niño! ¿Recuerdan lo que Niara dijo sobre dejarlo venir en lugar de perseguirlo? Pues Laith no, porque se lanzó hacia él en el fuego cruzado de los esclavos y los guardias. Niara evidentemente estaba enojada por ese imprudente comportamiento suyo, gritándole con toda la ira de un chihuahua debido a su tamaño adorable. Se preocuparía más de no ser que había algo, una calidez en su pecho que hace años no sentía.

Hoy se sentía vivo como hace tanto tiempo no se sentía. Como si de pronto su corazón hubiese vuelto a latir después de meses entumecido. Así se sentía mientras lanzaba hechizos protectores cuando algo se aproximaba a él, fuera lanza, flecha o hechizo. Se alejó corriendo con las fuerzas que le daban las piernas hasta encontrarlo en un precipicio parecido al de sus recuerdos. Cuando el niño se lanzó hacia él, Laith lo atrapó y lo apegó contra su pecho, escandalizado de aquel suicidio que el crío pretendía cometer.

Nada más lo tuvo en el pecho, su mente fue atacada en una agonizante cantidad de recuerdos. El nudo gordiano, las tallas, la flecha del Pukwudgie, Taylor, los baños, las duchas, las persecuciones, las risas, el llanto, los golpes, los matones, May, su abuelo. Ryan. Lo que tenía en las manos dejó de ser un niño para convertirse en un pequeño pajarillo de su misma raza. Un colibrí de plumas castañas y verdes. Pequeño y puro. Su fiel confidente. Laith había caído de rodillas debido a la impresión de todos sus recuerdos a las afueras de la ciudad al borde del acantilado. No escuchaba el sonido de los gritos, el fuego ni la voz de Niara que lo llamaba con toda la fuerza de sus pulmones. Oía su propia voz quejándose lastimeramente.

Hace… tiempo no te veía… —le dijo en un susurro, con el francés usando el acento de su tierra, con el que solía hablarle. — Mi vida es un poco desastre sin ti, ¿ya lo ves? —sonrió, mirando al animalito en un cuenco dentro de sus manos. Tenía los ojos nublados en lágrimas pero no quería derramarlas. Ya era fuerte, era lo que le había prometido la última vez que se vieron. No era fuerte, tan sólo lo fingía. — He hecho cosas que no te gustaría que hubiese hecho… le hice daño a gente a la que le importaba… —confesó en voz baja. — Niara cree que nosotros debemos encontrar la flor, pero… No lo creo, creo que pone demasiado peso en mi espalda… —le confesó en un pequeño susurro.

El ave sólo lo miraba con esos ojitos confundidos. Y luego miró al precipicio que no tenía fondo, el negro lo sumía en completa oscuridad pasados unos cuantos metros. Laith ni siquiera se dio cuenta si había alguien mirándolo o acercándose a él. Cuando dejó al pajarillo en el suelo para ponerse de pie, volvió a convertirse en un niño que lo tomó por la mano. Y lo miró, con esos ojos brillantes y esperanzados, y se rio. Se rio con la inocencia de la primavera, como un puro color blanco, un lienzo en el que podía pintarse.

Entonces se dejaron caer. Las aves tienen que saltar del nido para abrir las alas y volar, Cormac lo había puesto en evidencia hace mucho tiempo. Uno sólo debe cerrar los ojos y esperar el momento para abrir las alas. Resistir la tentación de abrirlas antes, apretando la mano infantil en la suya, que se convirtió en un ala que aleteó a la par que él segundos antes de chocar. El cielo era sólo un pequeño punto en la boca del precipicio, dentro de una laberíntica caverna. El colibrí más pequeño, de plumas marrones y verdes, le pidió al de plumas azules, esmeraldas y violetas que lo acompañara a través de los pasadizos, dejando atrás un mundo caótico y distinto.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Vie Dic 01, 2017 2:04 am

La mañanita, mira tú qué bonita. El sol se colaba por la ventana de la caravana. Una sanadora, un poco torpe, hay que decirlo, había entrado y salido, una y otra vez, haciendo que a Niara se le saliera una cana. Terminó echándola, de su propia caravana. Sí, porque en primer lugar, la Soyinka no tenía nada que hacer ahí, pero mira que lanzaba órdenes. Vete tú a decirle a la negra que no tenía nada que hacer ahí. Hasta Stephen había desistido. Lo dejó correr. Tenía otros asuntos, además. Más importantes que lidiar con dos mujeres. Como recorrer la aldea de los Malinka y chequear entre los aldeanos se recuperaban según lo prescripto. Luego de haber tomado la poción (agradézcanle a Gauthier, pariente del pocionista Gauthier). Se oían tambores, jolgorio y baile allí fuera.

—¿Laith?—Ey, mujer, que insistente. Te tocaba las pestañas de lo mucho que había acercado la cara, toda preocupada. Pero te oye, ey. Déjalo estar. ¿No? Oh, bueno—¡Laith, Laith!

Por si no la habías escuchado, se está dirigiendo a ti, o si tan sólo querías hacerte el dormido, sólo decir, que era imposible.

—¡Me tenías preocupada! Despierta, despierta. ¿Recuerdas lo que ha pasado? Espera, no te muevas—Decídete, ¿quieres que se despierte o no?—¿Cómo te sientes?—Y qué es más importante, ¿él o lo que recuerda?—Niara sonrió. No tenía una sonrisa abierta, de ángel, sino más bien una mueca enigmática, cerrada, ¿cómo explicarlo? Como la de un duende travieso, un duende serio y travieso. Ella era así. Dirías que contenía su alegría, cubriéndola con un chiste que sólo ella entendía. De algo reía, internamente, pero tú nunca sabrías de qué. Sus secretos se arraigaban profundo.

Y si se le daba por hablarte por los codos, siempre lo hacía, sin caer en que puede que tú no estuvieras preparado para esa cascada repentina de verborrea. Como la primera vez que te la cruzaste, ¿sabes?, ¿te acuerdas?

—Aparecieron estos sujetos, de los turbantes, ¡eran bibliotecarios! Tú sabes, americanos. Es decir, no americanos. Es universal, por lo que sé. Gente de todas las nacionalidades trabajan allí. Pero ‘El Archivo’, ¿conoces el nombre, verdad? Tienes que conocerlo. Porque tienen su sede en tu país—De verdad, hablaba mucho. Para ser alguien que disfrutaba de las historias, estaba contando una sin darle mucha importancia al donde empezaba o dónde terminaba. Y tú sabes, que empezar por el principio es la regla de oro de toda buena historia— Uno de ellos fue a por ti y te trajo de una pieza. ¡Te dije que no te arrojaras de esa manera! Pero Laith, te perdí—Dirías que iba a enojarse, como antes, pero se contuvo. Te concedía tregua, mira tú que bonita— Laith, ¿qué pasó allí? —Ah, así que ella no conocía toda la historia. Y preocupada, casi al atque, agregó—: ¿Te hicieron algo? Los del turbante, digo. No son de fiar, mi tío me lo dice siempre. Pero nosotros somos asaltatumbas y usualmente no nos hallamos en buenos términos con los bibliotecarios. Bueno, Nan parecía conocer a uno de ellos. ¡Oh, mi primo está bien! Está afuera, hablando con el Jefe de la tribu. Laith, ¡tú los curaste!—Ahora sí, su sonrisa era distinta, blanca y confiada—¿De verdad que no recuerdas? Estabas empecinado. Eres testarudo como tú solo, ¿lo sabes? Tú hiciste la poción. Y no quisiste parar por nada del mundo. Me tenías muy preocupada. Y luego, colapsaste.

No estabas siendo de mucha ayuda, cariño.

—Me enojó que nadie me dijera nada de lo que había pasado. Y dentro de las catacumbas, sólo hubo tiempo de correr. Salimos a tiempo. Del bucle, la maldición, ¡cuando todo parecía que se deshacía frente a tus ojos! Puede que no lo hubiéramos conseguido sin ellos. Laith, ¿seguro que no te hicieron nada? Lo digo en serio. Tienen fama de ser muy secretistas, ¿sabes? De borrar…—En este punto, intentó tocar el tema con delicadeza—¿Crees que sepas si te hicieron un borrado de memoria? Por favor, no te enojes. Pero es que yo. Yo no lo recuerdo. Digo, luego de salir. De correr. De la guardia. De ti diciendo que habías encontrado el ingrediente que te faltaba. No recuerdo mucho más. ¡Y he hablado con Nan!, ¡pero él no me hace caso! (puede que a él le hayan borrado las memorias también, pere es demasiado orgulloso como para admitirlo) Tú no me lo harías, ¿verdad?, ¿guardarme secretos?

Pobre, le hería el orgullo no enterarse de nada, con lo curiosa que era.

En eso, se abrió la puerta de la caravana. Un Stephen mucho más ‘alegre’ del que habían dejado atrás, lo recibió con una mueca torcida. Dirías que hasta había aprendido a sonreír.

—Gauthier. Si ya estás despierto, encuentra algo que hacer y ponte a ello.

No, bueno, ciertos hábitos no se olvidaban.

—Y tenías razón. Los Malinka están saliendo de su enfermedad.

La mañanita, mira tú qué bonita.

Spoiler:

Me gusta lo de 'despertar de un sueño'. :pika:  Te dejo el trasfondo a vos de 'lo que pasó', si querés. Y vayamos cerrando tema. Pero dame aunque sea un post más. Para hacer un cierre.  
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Sáb Dic 02, 2017 8:12 am

Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue un rostro casi infantil y adorable de la mujer que intentaba despertarlo. En ese momento tuvo muchos pensamientos, había pasado ya un par de semanas quizá desde la última vez que abrió los ojos y no supo dónde estaba ni quién era la persona que tenía en frente, el mismo motivo por el que había acabado intentando dejar la bebida. Cabe decir que la sorpresa fue mayor, era la primera vez que despertaba con un rostro de mujer en frente de él.

Poco a poco empezó a tener breves recuerdos, salteados debido al cansancio, acerca de quién era la mujer en frente de él y dónde estaba, limpiándose el sudor de la frente con el dorso de la mano mientras intentaba sentarse. Ella no dejaba de hablar en una voz que dentro de su cabeza sonaba con eco y lejana. Al final volvió a acostarse, ¿por su petición o por lo cansado que estaba? Limpió sus ojos con las palmas de sus manos antes de abrirlos y mirar hacia arriba durante un momento de silencio. Estaba confundido.

Estoy bien —le dijo, más por costumbre que por haber hecho un análisis detallado respecto a cómo se sentía. — ¿Dónde estamos? —le preguntó, su último recuerdo lo dirigía a aquella extraña aventura de la que no podía traer al presente su conclusión. Ella estaba sonriendo de una forma que no comprendía. Sentía que no estaba en sintonía con su ambiente, y realmente se dio cuenta que no lo estaba cuando se incorporó y se encontró en la caravana, apoyándose en sus rodillas ligeramente flexionadas con los brazos para encorvarse perezosamente. — ¿Cómo llegamos aquí?

Ella comenzó a explicarle lo que había ocurrido, unos sujetos que no conseguía traer a su memoria, de aquella secretísima asociación de la que oyó en sus años de colegio en Estados Unidos. En Canadá no eran tan sonados, más bien como algo que se sabe que existe pero no se menciona demasiado, mucho secretismo alrededor de aquella asociación, de “El Archivo”. Ella hablaba a borbotones y nada decía, así que estaba callado intentando analizar su propia situación. Estaba esforzándose en recordar más allá de su reciente despertar, de forma bastante inútil, sumergiéndose tanto en la labor que lo único que lo sacó de sus pensamientos era la voz de Niara preguntándole algo, habiéndose perdido del hilo durante algunos minutos.

Sin embargo, no respondió. Sólo la miraba como si sus palabras no lo alcanzaran hasta que dijo algo verdaderamente relevante: “¡Tú los curaste!” — ¿De qué estás hablando, Niara? —inquirió con una ceja enarcada. Había pocas cosas que Laith odiase más que esa jodida sensación de no recordar algo, de saber que algo faltaba en su mente. Se lo había hecho jurar a Lindsay: lo obligaría a pagar el precio de sangre sólo por recuperar sus recuerdos si alguno notaba que algo ahí dentro faltaba. Lo habían hecho cuando se encontró frustrado de tener tantos huecos en su vida, entre la decimotercera botella de alcohol y un nuevo amanecer. Sólo había una forma de curar una mente de una desmemorización.

¡Pero habla, hombre! Nadie podía saber qué maquinaba Laith dentro de su silencio. La mención de las catacumbas le resolvió una pregunta: eran reales. Pero de ahí, no recordaba haber salido de ninguna mierda, ni nada deshaciéndose, ni absolutamente nada. La idea de ella le alteró los nervios, tenía sentimientos encontrados respecto a saber que alguien tocaba su memoria, todos ellos negativos en diferentes niveles. Y decirle a alguien enojado “no te enojes” sólo empeora más las cosas, es apagar el fuego con gasolina. Cuando ella le preguntó si él le guardaría secretos, el silencio explotó en un sonido hueco y fuerte. Del sonido del puño del sanador contra la pared de la caravana, con tanta fuerza que resonó y causó una muy ligera pero perceptible curvatura.

Déjame respirar, Niara, por favor, déjame respirar —le pidió, haciendo uso de toda la calma que aún tenía. Respiraba pesado de sólo pensar que algún imbécil le había tocado la cabeza, si encontraba al desgraciado sólo Dios sabe lo que haría. Seguía pidiéndole, casi como un mantra, que lo dejase respirar, tratando de calmarse con las manos en la cabeza. Lindsay sabría qué hacer, y se preguntaba si valía la pena. Totalmente. La única forma de recuperar un recuerdo era quebrando la mente, y en ese arranque de adrenalina se sentía capaz de ello. Tenía que calmarse.

Cuando Stephen abrió la puerta, mandándolo a hacer algo, se giró en su dirección quizá con más brío del necesario. Lo miró con la expresión endurecida. Lo que hizo fue levantarse y sin decir absolutamente nada, ni acatar ninguna indicación, salió y tan pronto como pisó el suelo encendió un cigarro. Y luego de este, otro más. Entre fumar y buscar algo que hacer finalmente lo encontró. Con nadie habló sino hasta que se encontró con esos niños, uno se había roto un brazo jugando. Era de esas ocasiones en las que uno mismo sabe que si habla va a decir algo hiriente. Lo poco que entendía de la charla con los niños fue lo único que consiguió calmarlo. Qué susceptible podía ser a veces.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Niara Soyinka el Vie Dic 08, 2017 7:15 am



Me tiene pensando en ese tiempo en el que era mío, eso es lo que dijo. No quería mi atención para nada. Sólo. Usarme. Luego de que yo. ¿Sabes que hice algo muy malo en ese entonces, durante mi cursada en Ilvermony? Todavía lo soy, malo. Sólo espero que él no lo sepa. Que no puedo realmente arrepentirme. Quiero guardarlo conmigo, esto. Pero sus memorias. Sus memorias, no puedo. Y hay que hacerlo de todas formas. Yo lo hago. Retrocede.

Era el mejor en ello, Perico se lo tenía dicho. Que si le dejaba el conjuro a él, el chico acabaría catatónico o peor. Que vamos, que el rubiales hasta tenía un máster en el tema. Le llamaban ‘el que te remueve la jalea’, no por nada. Etienne no confiaba en nadie más que su grillo, después de él mismo, claro está. Se lo encargaba especialmente, cada vez que los soltaban a una misión. Había secretos, que le pertenecían sólo a la biblioteca. No podía ser de otra manera.

Ryan ni siquiera avisaba. El movimiento era limpio, rápido. Traicionero, como el toque de un aguijón. En un segundo, podía robarte la vida. Los entrenaban bien, en el Departamento de Inefables. Los entrenaban bien, eficientes. Estaban hechos unos soldaditos. No tenían miedo. No les temblaba el pulso. Ni parpadeaban.

Eran perfectos mentirosos, también.

*

El registro de El Archivo es muy extenso. Algunos dicen que no tiene fin. Y lo parece, porque sus corredores tienen la profundidad del infinito. Todos los reportes están almacenados allí. Y allí quedarían, por siempre.

En el solitario corredor, Etienne, el archivador, caminaba con un eco solitario que acompañaba su andar. Se detuvo. Había encontrado el sitio que buscaba. Abrió el cajón con un toque de la varita, y depositó el nuevo reporte de África, como si entre todos esos documentos, siempre hubiera quedado ese resquicio, ese espacio vacío, aguardando a ser llenado por fin. Y se volvió, silbando una cancioncilla.

*

—¡Laith!

Niara había ido a despedirlo a la caravana, antes de que partieran. Lo miraba sonriente, sí. Pero ay, era demasiado fácil de leer. Tenía un reproche en la punta de lengua. Quería que te acercaras a ella, o que dejaras que se te acercara, sin ponerte sobre aviso de que te repetiría ‘No estés enojado’, pero no lo conseguía. Estaba preocupada, y quería recordarle que bien haría en no pensar demasiado, o más bien, obsesivamente, sobre cuanto había pasado. Como si ella no hubiera sido lo suficientemente pertinaz como para hurgar en las memorias de Nankín mientras este intentaba dormir. Lo había intentado sí, y eso los había llevado a una fuerte discusión. ¡Si ella ni siquiera manejaba esos conjuros tan delicados!, ¿¡quería dejarlo idiota o algo!? Y no importaba qué tanto insistiera Nankín en que no sabía de lo que lo acusaba, porque ella sospechaba que sabía, ÉL SABÍA.

En todo caso, que no se enojara solo.

—Te mandaré lechuzas—Le decía. Alrededor había jolgorio, caras animadas, sonrientes, agradecidas. Unos niños le habían hecho al sanador un collar de flores. Y hasta habían querido pintarlo—Y tú las respondes—Era una orden. Sonaba con una orden. Por mucho que lo camuflara con una amable sonrisa—. Y no hagas nada que yo no haría—advirtió, traicionándose con una sombra en su mirada. Rió, porque unos niños hacían trucos de magia en torno a ellos, y uno de ellos había conjurado un colibrí que hormigueó en el aire batiendo sus alas, rodeándolos—. ¿Estarás bien, Laith?—Un poco resignada y divertida, le acomodó el collar de flores. Y le robó una. ¿Cómo es que ella podía estar tan tranquila con todo aquello que desconocía? Primero, porque confiaba en que su curiosidad la guiaría a revolver ese vacío en su memoria, de una forma u otra. Y no había prisa. Si pisaba fuerte, se frustraría, tropezaría, y conocería una rabia que consideraba que era mejor que se quedara fuera de ella, donde no pudiera lastimar—Por favor, no olvides contestar. Ha sido bueno conocerte. Tengo amigos en Londres. Cuando me pase una temporada, ¿me dejas tu casa? Te visitaré. Y en África siempre tendrás dónde volver.

Un lugar en África, siempre.  
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Aya Jones
Edad del pj : 24
Ocupación : Fugitiva
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 5.000
Lealtad : La causa justa.
Patronus : Guepardo
RP Adicional : ---
Mensajes : 181
Puntos : 136
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4126-niara-soyinka?highlight=niara http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/t4902-niara-soyinka-caminos#74253 http://www.expectopatronum-rpg.com/
Niara SoyinkaFugitivos

Laith Gauthier el Lun Dic 11, 2017 1:57 am

El tiempo había pasado y había conseguido ignorar suficientemente bien el tema de las ruinas, de eso se encargaría al regresar a casa. Trabajó tanto como pudo, casi hasta llegar al colapso en más de una ocasión, como una especie de respuesta obsesiva al hecho de querer distraerse. Y habían ocurrido cientos de cosas interesantes además de aquello, probó comidas que nunca volvería a probar en su vida, otras tantas que no estaban tan mal, conoció gente interesante. Quizá demasiado interesante. Al final, casi le dio pena saber que tenían que regresar, mirando en la caravana los últimos detalles antes de irse.

Vio a la morena llegar a la caravana, con esa curiosa expresión a pesar de su sonrisa pero que al mismo tiempo le hacía saber que algo no la tenía feliz. Se acercó a él, mientras que el muchacho salía de la caravana para encontrarse con ella. Miró alrededor, tanta animosidad, incluso se agachó para dejar que unos niños le colgaran al cuello un collar y negó suavemente cuando ellos le propusieron pintarlo. — Claro que las responderé, boba, nunca te dejaría sin respuesta a ti —le prometió. Le había cogido mucho cariño ese tiempo juntos, ella era atrapante a su más particular estilo.

Debió notársele en la expresión que estaba barajando ideas bastante más sombrías de las que debían ser sus planes de regreso. Muchas de ellas habían acabado por horrorizarlo tanto como lo maravillaban. Las opciones eran infinitas y el límite era el cielo. Literalmente. Ella lo advirtió para que no hiciera nada que ella no haría y tuvo la sospecha de que ella podría llegar a hacer exactamente lo que él quería hacer, así que no estaba del todo rompiendo su palabra, asintiendo con calma y dándole tranquilidad, al menos tanto como podía hacerlo. Siguió al colibrí con la mirada, alzando su dedo y le revoloteó cerca antes de marcharse por su camino.

No te preocupes, Niara, de verdad estoy agradecido con lo que me has ayudado… No hagas ninguna tontería, ¿de acuerdo? Tienes que visitarme si vas a Londres —le pidió, tomándole las manos. Sonrió cuando ella le dijo que tenía amigos en Londres y también le pidió quedarse en su casa. Lo que más le gustó fue oír esas palabras: “En África siempre tendrás dónde volver”, fue lo que le dijo. Palabras que sabían a gloria para alguien que se había sentido tan perdido de todo y sin un lugar en el mundo. — Mis puertas siempre van a estar abiertas para ti, Niara, te lo prometo —le aseguró.

No pudo resistir la tentación de abrazarla con fuerza. Casi estaba preocupado de regresar a Francia y, más todavía, de regresar a Londres. Pero también quería ver a Lindsay, sus cartas no bastaban. Soltó a Niara cuando otros niños llamaron su atención para darle otros presentes para que llevara a su viaje, presentes que atesoraría con todo su corazón. Volvió su mirada a la negra, escuchando cómo Stephen ya estaba movilizando a todos para marcharse. Jodidas apariciones. Volvió a mirar a Niara, sonriéndole y tocándole la mejilla con el dorso de su índice, un pequeño gesto cariñoso.

Nos veremos de nuevo, es una promesa, estaré esperando tus cartas, espera las mías —le pidió, la congoja apareció en su voz durante unos segundos, pero la ternura estaba en su mirada. En ese tiempo se había vuelto una amiga muy cercana para él, realmente esperaba volver a verla. Le sonrió, comenzando a caminar de vuelta a la caravana para marcharse de regreso a Francia. Tenía un montón de cosas que contar, anécdotas tristes, felices, emocionantes, escalofriantes, incluso una que otra candente. Iba a ser divertido encontrarse con sus amigos y compartir experiencias.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 10
PB : Jake Bass
Edad del pj : 26
Ocupación : Sanador
Pureza de sangre : Mestizo
Galeones : 26.005
Lealtad : Neutral (Promuggles)
Patronus : Colibrí
RP Adicional : +2F
Mensajes : 1002
Puntos : 824
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t3957-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4024-relaciones-de-laith-gauthier http://www.expectopatronum-rpg.com/t4062-cronologia-de-laith-gauthier#65418 http://www.expectopatronum-rpg.com/t4025-correo-de-laith-gauthier

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 3 de 3. Precedente  1, 2, 3

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.