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The man who... [Laith Gauthier]

Keith Collins el Jue Jun 29, 2017 12:47 am

12 de Junio, 21º
Charing Cross, Pret-A-Manger
10:17 am

Había pasado una semana desde que el castaño se había encontrado con su compañero y amigo de sus años de colegio y el encuentro le había alegrado pero nada había cambiado en su vida, aunque a ser sinceros a los días de haberse encontrado con Laith, el chico había estado teniendo la extraña sensación de que lo estaban vigilando, tal vez el hecho de que el otro fuera parte del nuevos sistema, que no partidario, hacía que lo pusiera en tensión, el uso de la magia, el haberse quedado allí un buen rato, quien sabe, a lo mejor el nuevo régimen tenía rastreados a todos los magos que le habían jurado lealtad por salvar el cuello con algún tipo de hechizo, pero también cabía la posibilidad de que Laith le hubiese mentido con lo de no estar a favor de los gobernantes, puede que fuera un tipo de espía o de carroñero con el que se dio la casualidad de haberse encontrado en una situación en la que se podía confiar en él.

Y esos pensamientos no le permitían concentrarse al cien por cien últimamente, y aunque intentaba convencerse de que estaba desvariando y dejando que su parte paranoica se apoderada de él, no le estaba resultando del todo efectivo,  y es que había sido traicionado un par de veces por personas en las que confiaba tanto como en él mismo y quieras o no, pensar ese tipo de cosas después de saber que el nuevo régimen se consiguió alzar consiguiendo terreno desde dentro, como una enfermedad vírica infectando poco a poco el interior de un organismo hasta conseguir destruirlo por completo, así eran las personas que habían estado ocultas dentro del sistema esperando cualquier movimiento en falso de su victima para conseguir morder, pero más aún, para conseguir esas mordida sea suficiente.

Llevaba un par de horas en el trabajo cuando el primer cliente entró en la tienda. Keith trabajaba en un Pret-A-Manger una franquicia de comida preparada, orgánica y medianamente sana, aunque si le preguntaban al castaño su respuesta sería que era lo suficientemente sana para que la gente que la consume no se sienta culpable por comerla.

Trabajaba en modo automático, era un trabajo medianamente sencillo en como debía realizarse, había que sonreír, ser educado y parecer lo más simpático frente a los clientes. Así que mientras les daba los buenos días y se despedía de cada uno de sus clientes detrás del mostrador, viendo infinidad de colores y largos de corbatas, o relojes de gama alta algunos tan grandes que resultaba costoso incluso levantar la muñeca, seguía pensando en si alguno de aquellos individuos estaría allí espiándolo, mirando con sospecha entre cliente y cliente a todos los que estaban allí, alarmándose a veces cuando algún cliente se quedaba sentado en su asiento un rato después de haberse acabado lo que fuera que se estuviese comiendo o bebiendo, a veces incluso se dirigía a la mesa en cuestión para limpiarla y analizar al sujeto más de cerca ocasionando a veces que estos se fueran algo molestos por la actitud del muchacho.

-Oye Keith, ¿puedo hablar contigo?- le preguntó su supervisor, con algo de seriedad en su cara y tono, -Por supuesto- respondió con poco agrado porque sabía que aquello significaba que le iba a reprochar algo que había hecho mal, -¿Qué he hecho mal?- preguntó con algo de desenfado pero con el tono más hastiado que de costumbre, -Keith sabes que estás haciendo mal, se me han quejado dos clientes de tu comportamiento- le señalo con el dedo acusador, -si sigues así te vas a meter en problemas, si te ponen más quejas no voy a poder cubrirte el culo tío- le comentó alzando un poco la voz. El castaño resopló cerrando los ojos llevándose la mano derecha al entrecejo  para luego dejar caer los dedos pulgar e indice junto con el corazón a los ojos y restregarlos por encima de los parpados, -Hoy no es un buen día para mí, lo siento mucho intentaré no cagarla de nuevo, te lo aseguro- le comentó, -Eso espero, de verdad porque en serio como sigas acumulando quejas no va a depender de mí- le soltó aquello sin problema alguno en tono amenzante saliendo del cuarto para el personal entrando de nuevo a la tienda, seguido por el castaño que se dirigió a la caja de inmediato para seguir con su trabajo.

Tenía que procurar dejar de complicarse con aquellas cosas tan mundanas si perdía el trabajo, no le costaría encontrar otro es cierto, pero aquel le gustaba, así que no le quedaba otra que calmar su mente y pensar en sus teorías conspiranoides en su tiendo libre. Accedió al sistema de la caja con su número de trabajador y sonrió de forma amplía, -Buenos días caballero, ¿en qué puedo ayudarle?- preguntó sin alzar la vista hacía la persona que tenía delante, siguiendo con su monótono pero satisfactorio trabajo.
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Keith CollinsFugitivos

Laith Gauthier el Jue Jun 29, 2017 7:57 am

Hacía una semana, a una hora parecida, iba dejando la casa de su viejo amigo Keith tras desayunar lo que amablemente el otro le había dejado; en una situación normal habría salido a comprar algo, pero Laith no tenía estómago para negarse a comida casera, la que sólo comía cuando conseguía colarse en la comida de alguien más. Había lavado los platos en el fregadero, los que usó él y los que estaban ahí de antes, así también alzó las cosas que había usado en el sofá y, como es un buen amigo o, más bien, un obsesionado con la limpieza y el orden, se había tomado la libertad de tenderle la cama antes de contestar a la nota con un “Me he robado dos de tus tanga y no hay nada que puedas hacer al respecto”, firmando con su nombre de pila, un “llámame luego” e igualmente dos “X”. La manuscrita por Keith se la quedó, habiendo dejado una nueva. Dejó algo de dinero por las molestias y emprendió su camino a casa.

Aquello quedó como un buen recuerdo que le comentó a su mejor amiga al día siguiente y poco pudo volver a traerlo a su memoria durante el resto de la semana. Tenía una vida ocupada después de todo, San Mungo le succionaba el tiempo libre como un Dementor succiona la felicidad, por no mencionar pequeñas cruzadas personales que lo dejaban con poco tiempo para comunicarse con el mundo a su alrededor. Luego de una dura jornada laboral nocturna había conseguido dormir un par de horas antes de salir al mundo muy temprano, tenía una cita importante que no podía perderse. Iba llegando a su destino cuando llamó para confirmar su llegada.

Guapa, buenos días, ¿casi llegas? —saludó a Lindsay animosamente por el teléfono. Ella era una amiga íntima, probablemente la más cercana que tenía desde la universidad, su cómplice en crímenes de traición. — ¿No te llegó mi lechuza? Me surgió algo de repente, te explicaré todo luego —se lamentó ella. Por el tono tan ajetreado, el rubio supo que la chica realmente estaba ocupada, lo que le hizo suspirar de forma pesada. — Pero tía, llevamos semanas planeando esto… —trató inútilmente de quejarse para ver si conseguía que se lo reconsiderase aunque fuera un poco. Era complicado hacer cuadrar los horarios de dos sanadores tan ocupados como para que a última hora le cancelase. — Lo compensaré luego, brownies de chocolate para comer en cuanto nos toque turno juntos, besos —ella se despidió rápidamente y sin dar tiempo a reaccionar.

Laith se quedó con el móvil unos segundos en la oreja antes de mirar la pantalla, tenía un fondo de pantalla de su amor platónico Daario Naharis, de Juego de Tronos, y la pantalla de bloqueo era un colibrí, la que pudo ver unos segundos antes de guardárselo en el pantalón. Fantástico, ahora estaba con sueño en medio de la calle y completamente solo. Pero como Laith es Laith, y tiene que hacerle honor a su nombre, sonrió de forma radiante y le dio buena cara al mal momento. Lo primero que quería hacer era comer algo, se suponía que la primera parada con su amiga sería desayunar, aunque ahora tocaba arreglárselas solo. El primer sitio que vio fue un Pret-A-Manger que si bien no era lo más lujoso del mundo sí que le bastó.

Miró la comida, leyendo etiquetas hasta que se decantó por un sándwich de pollo y tocino, además de otro con jamón ahumado y huevo; si iba a comer al menos iba a tener que aguantar hasta la hora de la comida, así que pretendía empezar con un buen desayuno. Cuando llegó a la caja, oh sorpresa, había un rostro conocido que por la forma tan mecánica de saludarlo le hacía ver que ni siquiera le había mirado. Se sonrió traviesamente por aquello. — Ah, sí… ¿En cuánto tienes las citas? —bromeó un poco con él, — Qué maleducado eres, se mira a los clientes a los ojos al saludar —se animó a reñirlo. A pesar de todo, estaba de buen ánimo, como usualmente lo estaba. — ¿Qué tal todo? Ah… ¿Me pones un café como tú? Americano —él también era americano por continente, un poco más al norte, claro, pero decirlo así le iba a quitar la gracia.

No se burlaba de su trabajo; Laith era de los que pensaban que todos los trabajos eran dignos, al menos dentro de los márgenes legales, la discusión con su abuelo sobre ser barrendero la recordaba con mucho cariño. Lo que sí pensaba era que el mundo era muy pequeño como para venir a encontrarse a Keith en el primer local de comida que se encontró.
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Keith Collins el Miér Jul 05, 2017 8:58 pm

El día no estaba yendo muy bien para el castaño en su trabajo y aunque tampoco era el peor día que había tenido en él, no estaba muy por la labor de trabajar, estaba en esos momentos en los que su cabeza estaba pensando en tantas cosas a la vez que el agobio se apoderaba de su cuerpo, impidiéndole concentrarse mucho en las cosas que hacía o en las cosas que tenían más importancia, tratando de calmarse de ordenar un poco todos sus pensamientos sin conseguir resultados óptimos, deseando a veces poder meter toda esa mierda que le quitaba el sueño y el apetito dentro de un armario cerrarlo con llave y arrojar esta a la parte más profunda del Tamesís.

Pero por mucho que conociera el hechizo prefería perder unas cuantas horas de sueño y algunos kilos, lo cual tampoco estaba tan mal, antes que ser descubierto y perder cualquier posibilidad de sobrevivir o de ser libre, lo cual para él, era lo peor que podría pasarle si se diera el caso de que, pero prefería no pensar en eso, o al menos no darle muchas vueltas y volverse un paranoico. Y después de esa pequeña conversación con su manager había dejado claro que tenía que cambiar la actitud si quería seguir comiendo caliente, así que con una sonrisa forzada en la cara y la cabeza algo ruidosa volvió a la caja metiendo su código de empleado para empezar a cobrar a los clientes, sin mirar a los ojos al primero que se le puso en la cola, saludándolo de forma agradable, algo fingida pero obligatoria en aquella empresa, donde a pesar de tener una política y un sueldo aceptable, no eran tan éticos como la gente se creía.

Sonrió de inmediato como si fuera un adolescente al escuchar la broma tan tonta que le había dicho la figura que reconoció por aquella voz tan particular, llevándose una grata sorpresa al ver a su amigo delante de su caja con esa cara de niño, ese pelo oxigenado y aquella sonrisa de pillo que solo él sabía poner, -Ey, ¿qué haces aquí?,¿me estas siguiendo o algo?, porque estoy empezando a creer que me acosas- se mofó del rubio obviando que aquello solo podía ser una coincidencia. Hizo una mueca de burla por aquel comentario sobre lo maleducado que era por no haberle mirado a la cara mientras le saludaba, terminando de poner el código en el ordenador abriéndose acceso al sistema de cobro de la tienda.

-Un Americano para el rubio de la primera fila- dijo ladeando un poco la cabeza para dirigirse el barista que tenía detrás, el cual ni se inmuto por el comentario tan descarado que había hecho sobre el cliente, y es que por muy cara duro que fuera Keith, sabía como tratar a la gente, o más bien, el barista sabía que si había dicho aquellos sería porque a quien estaba atendiendo era de confianza, o al menos conocido.

El castaño extendió la mano para recoger ambos sándwiches y pasar el código de barras por la registradora y añadir luego el coste del café y poder cobrar a su amigo, -Por la nota que me dejaste supongo que te gustó el desayuno que te preparé- le sonrió mientras entrada el código de identificación de unos de los sándwiches que la maquina no pudo leer por sí sola, -Lo justo sería que ahora me invitaras tu a mi, pero bueno, no quiero que e sientas obligado tampoco- terminó de decir de forma desenfadada mientras el barista le ponía el café que había pedido encima del mostrador, con una sonrisa algo forzada en la cara. –Hay más gente, esperando la cola- dijo la compañera de Keith que estaba en la caja de al lado, y estaba viendo como los clientes se pasaban a su cola al ver que la del castaño no avanzaba. No hubo respuesta para aquello, no quería llevarse una queja y en parte aquella tipa tenía razón, -Son ocho con sesenta libras, señor- dijo Keith de forma cordial, esperando el dinero para darle el cambio, -Por cierto salgo a las dos del mediodía, y es posible que no tenga nada pensado para comer- le guiño el ojo y le dio el cambio del billete que le había dado, metiendo el recibo dentro de la bolsa de papel con los productos que había comprado, y el café con el protector para que no se quemara.

-Siguiente- dijo en voz alta, despidiéndose del rubio esperando que se diera la vuelta y verlo irse, sabiendo que lo encontraría en la puerta del Pret-a-Manger al finalizar su turno.
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Laith Gauthier el Miér Jul 05, 2017 11:25 pm

Aquel serio y mecánico dependiente sonrió como un chiquillo en cuanto bromeó con él sobre comprarle una cita, una agradable coincidencia. Era raro encontrárselo en su trabajo, pero era mejor encontrarlo en el de Keith y no en el de Laith, además de que en San Mungo no sabía si lo podría atender correctamente. Tampoco es que Keith lo hubiese hecho precisamente, incluso lo había reñido por no mirarlo a los ojos al hablarle, aunque sólo lo hacía por su buen humor y la confianza del momento, a pesar de la inusual situación en que se encontraban.

Tengo que cuidarte que nadie te eche miraditas —jugueteó un poco con él, que no era ni de lejos el caso. — Pasaba por aquí y me dio hambre —fue su respuesta final, pidiéndole el café pues no se olvidaba que no era el único cliente y debía salir de la fila pronto. Hizo un sonido sorprendido, como si lo ofendiese cómo se refirió a él con el barista, pese a que sólo estaba jugando. No le gustaba tomarse las cosas con seriedad; si fuese un poco más serio, seguramente viviría deprimido por su trabajo y la situación del gobierno mágico actual.

Le entregó los dos sándwiches que pensaba comprar con amabilidad, viéndolo cobrarlas aunque teniendo que alzar los ojos verdes al rostro del mayor para observarlo a él cuando empezó a hablar. Se sonrió agradablemente, recordaba vagamente la nota que le había dejado, expresando que le había robado algo de ropa interior y que no pensaba devolvérsela, una completa mentira había que señalar. Pareció pensarse un poco el invitarlo a comer, aunque en realidad pensaba en qué sitios buenos cercanos conocía para, de hecho, invitarlo.

Yo no le veo lío, luego del desayuno gourmet que me has preparado, es lo justo —habló, sin una pizca de sarcasmo en su voz, estaba hablando completamente en serio. La compañera de Keith le riñó por distraerse en la caja hablando con él y sonrió traviesamente mientras sacaba el dinero y se lo entregaba, pago exacto. — Vendré por ti a las dos, asegúrate de mirar a los ojos a los clientes y sonreírles —le regresó el guiño junto con el pequeño consejo, tomando sus cosas antes de alejarse de la caja para poder desayunar.

Decidió desayunar en una de las mesas que había ahí, distraído con su móvil entre los mordiscos y los sorbos de café. Al menos ya no estaba tan adormilado como al comienzo, poco a poco se iba despertando. Su propia sonrisa desaparecía cuando recordaba la noche anterior, había sido de esas amargas noches en que recibían heridos de gravedad y de entre los tres atacados, uno de ellos no había podido sobrevivir. Y eso le dolía más de lo que debería, aunque estaba intentando no pensar en ello, a veces la imagen le volvía a la mente para amargarle la mirada y, como si se diese cuenta de ello, volvía a sonreír.

La urgencia de fumar crecía exponencialmente, así que nada más acabó con ambos sándwiches tomó el café y salió del local. Aún era muy temprano como para que Keith saliese del trabajo, así que decidió pasar las horas restantes dando vueltas en los alrededores. Cigarrillo en la mano, tiró los empaques y la bolsa a un contenedor. En su móvil buscó buena compañía, colocándose los audífonos y compartiendo el silencio con The Script, haciendo de su pequeña caminata un videoclip musical. Cantaba en voz baja, sintiendo la música con la sangre en sus venas. Lo malo de la gente como él era eso mismo, siempre tenía que estar hablando, escuchando música, oyendo ruido. El silencio lo obligaba a escucharse a sí mismo y a sus pensamientos, y casi nunca había cosas agradables para decirse.

Las horas se le fueron volando; había encontrado conversación en un grupo de jóvenes que parecía que estaban perdidos, eran turistas, les explicó cómo llegar a ciertos puntos céntricos de la cuidad y cuando miró el lujoso reloj en su diestra se dio cuenta que faltaba tan sólo media hora para las dos de la tarde. Se encaminó hacia el Pret-A-Manger en donde esperaría los minutos restantes al otro, recargado en un muro mientras enviaba un par de mensajes. Diez minutos para las dos y sacó un nuevo cigarrillo que encendió con calma para esperar a Keith los minutos que faltasen, algo ensimismado. Sólo salió de sus pensamientos para compartir algunas miradas y un par de sonrisas con un sujeto a algunos metros de él.
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