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First things first [Flashfoward] [Priv]

Mikael Pussett el Dom Jul 02, 2017 6:10 pm

Recuerdo del primer mensaje :

24 de agosto 2017

Ese día era su cumpleaños, el número once, quería decir que pronto recibiría el correo para ir a Hogwarts ¿Emocionado? No, tal vez si tuviera a su familia con él lo estaría, pero esos días bonitos quedaron atrás era consciente de ello. No había felicitaciones, ni abrazos, no más besos, su tío no le sorprendería con algo nuevo, no más tocar el violín... Se sintió con miedo, pensar en eso, debía de detener esos pensamientos, debía alejarlos de él pero muy tarde. Su respiración se aceleró al pensar en la muerte de su abuelo, al ver cómo se llevaban a su abuela, su padre inconsciente ¿dónde estaría? ¿estarían bien? ¿seguirían vivos? Su pecho dolió, se abrazó a sí mismo en la cama mientras temblaba tratando de acallar sus sollozos víctima de uno de sus tan famosos ataques de pánicos, quería que todo acabara, que las voces en su mente se fueran.

Tardó más de una hora en recomponerse, aún el malestar estaba ahí, le disgustaba esos síntomas, temía volverlos a sufrir. Decidió no pensar en nada, ese día era como cualquier otro ¿no? Salió de su habitación, al parecer Robin, ese mortifago que odiaba estaba fuera de casa, se acercó a la cocina por un vaso de agua ¿Debería preparar un pastel? No, no era momento para celebrar, sabía que solo con pensar en ello nuevos recuerdos de la vida que tuvo llegarían a su mente, tenía que alejarse de ello porque nuevamente estaba con pánico al reconocer los síntomas. Mejor, dejó el vaso a un lado y se preparó un té para relajarse ¿Robin tendría filtros de paz? Lo dudaba, ese hombre era un egoísta y si lo tenía no iba a permitir que tuviera una sola gota, ese era su propia cárcel.

Cuando el agua hirvió, le agregó el té de hierbas que se hizo, especialmente menta y rosas, no era su combinación favorita pero lograría calmarlo. Un sonido en una ventana le hizo sobresaltar, observó a la lechuza y se acercó a abrirle paso, creía que era para su tutor, que asco llamarlo así, apretó los puños con ira, ese hombre no era nada suyo pero a efectos legales estaban relacionados, él dejaba que se relacionaran, detestaba todo eso tanto como se odiaba a sí mismo por permitirlo, pero si quería ir a Hogwarts, estudiar, poder ayudar debía aguantar aquello.

La lechuza ululó llamando su atención - No está - Le indica, agregando un poco de azúcar a su té, la lechuza casi lo pica para que tome la carta. La taza en sus manos se resbala al ver de quién era, el sonido sordo que hizo la cerámica al estrellarse en el piso no lo sacó de aquel breve momento de felicidad, por fin llegó, el primer paso estaba hecho... Estudiaría en Hogwarts. No había tiempo que perder, por lo visto las clases estaban próximas, aquello era una gran lista, bueno de algo tenía que servir Robin ¿no? Que se hiciera cargo de sus compras. Salió de la casa no sin antes limpiar todo el desastre, un nudo estaba en su estómago.

Llegó al callejón Diagon, muchas veces lo ha recorrido aunque estaba más transitado, seguro por ser verano, algunas personas estaban ya de vacaciones y otras seguro iban como él a hacer las compras. Claro que estaba con menos gente que años anteriores, Mikael no lo sabría ya que empezó a visitarlo hace un par de meses atrás. No dejó que eso le afectara avanzó con tranquilidad, no había nada de malo en un niño de once años caminar solo por ahí, algunos ya le conocían por visitar a menudo sus tiendas.

Estaba ansioso, sus manos sudaban y no tenía que ver con el calor que pudiera estar haciendo pues era un sudor frío, su respiración se agitó y alguien le tomó del hombro - ¡Déjeme! - Se zafa del agarre, su mirada azul parecía un témpano de hielo - Eh, lo siento, es solo que estabas pálido, quería preguntarte ¿estás bien? - Habla con voz suave una joven, parece amable pero Mikael no se fía de nadie - Lo estoy - Gruñe.

- ¿Qué pasa aquí? ¿Este enano te fastidia amor? - Un hombre altanero se acerca a ellos, el tono meloso hace ver que son pareja, Mikael piensa irse cuando aquel hombre habla de nuevo - ¿Qué le hiciste enano? - Toma por su ropa al pequeño quien lo mira con odio, sin darse cuenta la mujer chilla y es que se le ha puesto la piel azul, aquello fue un error- ¿Te parece divertido? - Va a golpearlo, lo sabe al ver el puño alzado ¿se quedará sin hacer nada? Claro, no tiene oportunidad contra él, es un débil, su autoodio se hace presente, mira desafiante al mayor quiere que le golpee porque es tan cobarde que no puede hacerlo él mismo ¡que le odie! Eso es lo que merece, odio así como es lo que merece todos ellos de su parte. El puño no choca con su rostro, alguien lo ha detenido.


Última edición por Mikael Pussett el Lun Jul 03, 2017 5:29 am, editado 1 vez
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Laith Gauthier el Lun Jul 24, 2017 9:34 am

La señora pareció hacer cambiar de opinión al más pequeño, por lo que Laith se vio en la forzosa necesidad de volver a proponerle aquel pequeño ofrecimiento. No creía que fuera a morirse por tenerlo un tiempo, aunque si era honesto él no había considerado que el niño interpretaría que también lo tendría con él durante los veranos. Ni siquiera sabría decirle si estaría vivo para el próximo verano, la vida de los kamikazes era tan volátil que podría morir cualquier día y nadie apenas podría tener conciencia de ello. Pero decidió ser optimista, suspirando.

Vale… No lo había considerado, ¡pero! Podría hacerme cargo —sino él, quizá podría pedirle el favor a Lindsay, estaba seguro que la chica estaría encantada de darle hogar temporal al gato en caso de que Laith no pudiera cumplir su palabra. Eventos como la noche anterior le recordaban dolorosamente que la vida era efímera y más cuando la arriesgaban tanto. — Piénsalo, al menos… Creo que serías un buen dueño, está encariñándose contigo —le pidió al notar como el gato poco a poco iba perdiendo el miedo de estar entre los brazos del niño, seguramente aún un tanto dolorido pero más calmo que antes.

Le sonrió a Mikael cuando éste le agradeció, un gesto condescendiente con su cabeza le intentaba hacer saber que no era nada para gradecer. Lo dejó entrar a la tienda de calderos mientras se quedaba afuera, esperándolo, empezaba a entrarle un poco de hambre así que seguramente no mucho tiempo luego le sugeriría al niño comer algo. No había cenado nada la noche anterior, tampoco es que su desayuno hubiese sido muy energético, a veces descuidaba demasiado su salud, pero al menos tenía las herramientas y el conocimiento como para poder lidiar con ello fácilmente.

Mientras aguardaba, su mente vagaba en recuerdos desoladores. No esperó que de pronto el menor saliera presuroso de la tienda, chocándose contra su cuerpo al hacerlo sin fijarse. Lo miró confuso, estaba teniendo un ataque pero asma no parecía ser, ¿pánico? Colocó una rodilla en el suelo, sujetando al niño por los hombros con suavidad. Buscaba su mirada con sus profundos ojos verdes y cuando consiguió contacto visual empezó a respirar fuerte, haciendo evidente cuando despacio inhalaba nasalmente y despacio exhalaba con la boca, de modo que el niño, consciente o inconscientemente, comenzara a seguir el ritmo de su respiración hasta conseguir tranquilizarse.

Haría las repeticiones necesarias hasta que Mikael consiguiese calmarse. — Aguarda aquí —le pediría después, acariciando su cabello mientras se levantaba. Entraría en la tienda y, en caso de que fuese culpa de ese hombre el estado de su amiguito, iba a decirle un par de palabras. Se extrañó de que el hombre, lejos de ser un completo idiota, fuese amigable y muy amable. — Eh… Sí, dame un caldero de esos para primer año —respondió al oír su pregunta, haciendo un ademán de desinterés con su mano para que fuese y no tardase. ¿Qué había alterado tanto al niño?

Luego de darle vueltas a la situación, creyó entender todo lo que sucedía. Seguramente se habría sentido sobrecogido por la cantidad de amabilidad de aquel hombre, por la melosidad con que hablaba, ¿era eso? Pagó por el caldero y salió, metiendo al gato dentro de éste para que no se esforzase demasiado caminando, parecía un adorno de Halloween nomaj a su parecer. Él llevó el caldero entonces, mirando a Mikael.

¿Te sientes mejor…? ¿Preferirías que vayamos primero a comer algo antes de que continuemos con las compras? —le sugirió con un tono casi paternal. Laith a veces daba esa impresión de figura guía, era un hombre curtido que tendía la mano sin importar nada. Y es que era necesario mucho para que Laith negara su ayuda, incluso la ofrecía si la persona en cuestión le disgustaba, era extraño. Falso y plástico, para algunos.
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Mikael Pussett el Miér Jul 26, 2017 6:58 am

Lo está considerando, no quiere admitirlo pero esos minutos que ha estado cargando al felino le ha agradado, el gato no es el único que se está encariñando con él, la cuestión es recíproca, nunca pudo tener una mascota, un fiel compañero de aventuras, bueno tenía a sus abuelos y a su padre, ahora necesitaba algo estable, algo que le recordara un poquito aquella sensación de un hogar... Eso era lo que necesitaba un hogar, sonaría tonto si piensa que un animal es un hogar, pero viendo a los ojos al gato que lo que hace es maullar, no puede evitar sonreír, la primera en meses, no es una gran sonrisa, no es radiante, a penas ha movido los labios pero ¿por qué tanta negativa? Vale, es por el sanador, no quiere ser una molestia pero éste es tan insistente que pues no le queda de otra ¿cierto?

- Está bien, yo no quiero molestar pero estoy seguro que nadie lo cuidaría como yo - No sabe como pagarle del todo, una idea se le forma en la mente ¿sería mucho? No lo cree, después de todo la mascota es suya, tiene esa libertad al menos de ir y venir por donde le plazca siempre y cuando no pise el mundo no mágico - Sabes, estaba pensando que no tienes que cuidarlo todo el tiempo, podría cuidarlo yo de día, no tengo nada mejor que hacer pero no quiero molestar más de la cuenta - Eso implicaría tener que ir a casa de Laith, no cree que el otro le fíe su residencia a un niño ni que quiera indicarle dónde es, pero no puede evitar querer aligerar la carga.

Estaba pensando en qué hacer con el gato, ¿cuál sería su mejor opción? Todo parecía ir normal pero al entrar en la tienda esa amabilidad fue detonante para un ataque de pánico, él se las apañaba muy bien solo, han sido amables otras personas, estaba Mr Muppepe también estaba el de la heladería, todos eran amables ¿qué fue diferente? Tal vez porque se sintió abrumado, intimidado, no se pudo controlar, quiso salir de ahí y no esperaba que Laith lo siguiera, de hecho no esperaba nada, estaba tan acostumbrado a estar solo en esos ataques solo tenía que esperar que se le pasara pero encontró la compañía gratificante, no solo él, sino el felino empezó a restregar su cuerpo como queriendo darle apoyo.

Inhalando y exhalando, empezó a imitar al sanador hasta recobrar la respiración. Asiente mientras lo ve entrar a la tienda nuevamente, él se agacha para jugar con el felino que no le tiene nombre aún. Entre su ansiedad siente que ha sido una molestia para el sanador y se odia por eso, ya le ha causado tantos problemas al mayor, aún cuando sabe que el otro necesitaba un poco de descanso, puede que animicamente estuviera bien pero tal vez estaba agotado.

Cuando regresó ya Mikael estaba más tranquilo, se levanta pues ha estado agachado todo ese tiempo - Gracias, lamento que tuvieras que presenciar eso - Quiere tomar el caldero con el felino, pero el mayor lo lleva. La verdad no quiere comer, no tiene hambre a pesar de no haber desayunado pero comprende que el sanador pretende despejar su mente, también puede que el otro tenga hambre, ni siquiera sabe si ha comido - Claro, comida me parece bien, no tenías que acompañarme ni nada, pero gracias - No sabe a que sitio le gustaría ir, hay varios que cocinan bien, pero prefiere que sea el mayor quien escoja, después de todo es el que comerá - ¿tienes algún sitio en particular? -
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Laith Gauthier el Jue Jul 27, 2017 8:44 am

El jovencito era muy curioso, en su opinión, no era como esperaría ver a un pequeño de su edad. Eso a partes iguales lo confundía y le hería, le dolía la cabeza pensando en cómo pudo aquel jovencito haber vivido hasta ahora, con quién vivía, por ejemplo. Era tan típico de él preocuparse por cada persona que se cruzara como si fueran amigos de toda su vida. Pero al menos consiguió convencerlo de conservar al animal, aunque eso significaba un pequeño sacrificio que él tenía que asumir. Tan devoto era al altruismo que aceptó sin vacilar, simplemente se mostró de acuerdo a aceptar responsabilidades que no tenían que ver que él.

Concuerdo contigo —le dio la razón, sólo Mikael lo cuidaría así de bien, estaba en lo correcto. Era lo que tenía encariñarse con un animal, simplemente inevitable. — ¿Pensé que no te dejaban…? Oh, pretendes invadir mi casa, por lo que veo… —comprendió pronto, llevándose una mano al mentón para considerárselo seriamente. ¿Dejaría a un niño solo en su casa? ¿Con todas esas cosas nomaj que podrían llevarlo a la cárcel? — Tenemos un par de problemillas… El primero es que no quiero que me lleven preso por sospechoso de secuestro —le explicó, esperando que le asegurase que no iba a tener problemas con su tutor.

Aunque Laith supiese a hierro que no le haría nada malo al niño, sabía que otros no tenían buenos ojos para las cosas difíciles de explicar. En principio, sin embargo, él no le veía ningún problema a que aquel niño lo visitara para cuidar a un gato que en el fondo era suyo. Como fuera, lo que ocurrió a continuación lo inquietó mucho, el niño había salido casi disparado de la tienda aquella, contando con la suerte que para el sanador no era nada del otro mundo un ataque de pánico y pudo lidiar fácilmente con éste. Luego sería él mismo quien entrase a encarar a aquel hombre para descubrir, para su sorpresa, que el motivo de agobio había sido una dosis excesiva de amabilidad. Más preocupaciones a la lista.

Tranquilo, enano… No tiene nada de malo —le contestó, guardando al gato dentro del caldero y llevándolo él. La siguiente parada sería un sitio donde pudiesen comer algo, al menos Laith tenía bastante hambre, conforme caía el estado depresivo en el que se vio sumergido el hambre iba creciendo. — No en realidad, dijiste que aquí vienes seguido, ¿no? ¿Por qué no me recomiendas algún sitio? —le pidió sin mucho interés, por él comida era comida y nunca se rechazaba, todo estaba perfectamente bien y, ya que comía casi por obligarse a sí mismo, no es que tuviese antojos en particular.

Esperaría a que el niño escogiera un local y ahí tendría que interceder por el gato que no iba en jaula. Unos guiños, una suerte de coqueteo con el mesero y ya tenían un sitio discreto, seguramente se pensaba que era su hermano, su primo o, en el peor de los casos, su padre. De todos modos, el gato fue dejado entrar casi sin ningún inconveniente, por lo que al cabo de apenas minutos ya estaba Gauthier sentado en la mesa, mirando el menú con un gesto aburrido. Dirigió una mirada serena al niño que no parecía tener intenciones de comer algo.

Todo va por mi cuenta, así que coge lo que quieras —le pidió. Seguramente un par de guiños más y su localización vía lechuza y ese apuesto mesero podría dejarle una generosa rebaja en su consumo. Disfrutaba del momento, así que pidió una abundante comida con ayuda de las sugerencias del mesero, a Mikael le compraría algo incluso si no quería, así que era mejor que escogiese algo por su propia cuenta antes de que él lo decidiera, y se lo dejó claro con un agradable y cantarín comentario, con ese tono serio que a veces usaba Laith que no permitía quejas ni desobediencias.
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Mikael Pussett el Dom Jul 30, 2017 1:51 am

Invadir su casa sonaba tan espantoso que Mikael tuvo la decencia de avergonzarse ante su propia propuesta, no quería que el otro pensara que era un confianzudo. Puede que lo llame por su nombre a penas conociéndolo, pero era raro llamar a alguien por su apellido que no fueran sus maestros muggles que insistían en eso, tampoco es que ya le hubiera puesto un sobrenombre, solo que las formalidades no iban con él, justo como cualquier muchacho de la actualidad. Pero de ahí a pensar que podría invadir su casa - Te lo compensaré, es más ni siquiera tengo que ir a tu casa, puedo cuidar del gato - Se recordó buscarle un nombre, no tuvo la intención de buscar una mascota pero vaya que le había salido una gratis, así que su mente en ese momento no pensaba en un nombre y con la preocupación de cómo iba a cuidarlo no se le venía ninguno - Puedo cuidarlo por aquí, me hará compañía y se habituaría a mi, puede salir, estirar las patas, quitar energía para que duerma de noche y no te cause problemas - Era un buen plan a su parecer, así el animal no se quedaría solo todo el día, no molestaría a Laith, más bien sería como ¿un hotel del gato? Quería ahorrarle problemas al adulto porque en parte lo acababa de conocer, puede que las formalidades no se le dieran bien pero tenía educación y sabía que no podía abusar de las personas por mucho que dijeran que no habría problema.

Luego del suceso del caldero decidieron comer, a Mikael le alegraba aunque no lo expresara realmente, de verdad se contentaba que el mayor estuviera bien como para decidir comer, le recomendó un sitio que a su parecer era el mejor en la comida, de cierta forma la dueña le recordaba un poco a su abuela y de vez en cuando le permitía estar ahí para observar como se elaboraban los menús, aunque nada tenía que ver con la forma muggle, todo era magia, tan asombrosa que a pesar del disgusto de quien era su tutor, de ese deseo por defenderse, por buscar a su padre, le permitía un poquito aligerar la carga autoimpuesta en sus hombros, a falta de violín, la cocina era una opción muy tranquilizante que le hacía sentir en casa, aunque lastimosamente también desencadenaba recuerdos que le hacían sentir nostálgico.

- No creo que se preocupen lo suficiente como para decir que eres un secuestrador - Habla como quien está negociando, sentado en la silla espera que Laith tome algo para retomar la conversación sobre el felino, miró el menú, pidió nada más tostadas con tocino, hubiera pedido el menú completo pero realmente no tenía hambre para nada, lo había hecho con la intención de alimentar al animal. No se le pasó por alto el coqueteo del mayor, así que lo miró escrudiñándolo con sus ojos - ¿Así resuelves todo? ¿Un par de guiños? - No era una queja, se podría notar un poco el humor y es que a pesar de su crisis, se sentía relajado, tal vez tuviera que ver con el lugar y bueno, la compañía del sanador, al ser tan diferente a la hostilidad con la que ha vivido en esos meses se ha permitido relajar al punto que pareciera una broma - Ahora entiendo por lo de secuestrador, eso es lo de menos, no quieren que piensen que eres un corruptor de menores - Sonríe levemente, mientras traen sus pedidos, el suyo además acompañado de una taza de té de jazmín.

Toma una rebanada de su tostada, le unta mantequilla y la come, haciendo de lado el tocino frito, la verdad le sabe algo desagradable pero no puede hacer mucho - Oye, sé que no tengo dinero para pagar esto pero no tienes porqué invitarme, para algo tengo un tutor ¿cierto? - Le comunica, se sentía un tanto incómodo por ello, entonces sus ojos captan que el mesero no deja de ver a Laith , aunque lo puede entender, Laith es una persona que llama la atención con su cabello, su forma de vestir y esa mirada amable, no le sorprendería si quien les atiende le da su número telefónico... Su error ¿dirección de correo? ¿Nombre? Recuerda que no están en un ambiente muggle para pensar de esa forma y la verdad nunca ha visto a dos magos ligar, observa todo con curiosidad mientras bebe de su té como todo inglés - Parece que se ha interesado en ti - No puede evitar hacer el comentario en lo que baja su taza, no ha probado más de sus rebanadas, pero está atento al platillo que Laith pidió, sus ojos absorbían conocimiento, todo lo que tuviera que ver con la comida.
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Laith Gauthier el Lun Jul 31, 2017 3:39 am

Laith había hablado sin pensar, muchas veces esas cosas no les interesan a los niños, pero no pareció ser el caso de Mikael. De hecho, podía apostar que el pequeño se había escandalizado de que pensara que podría invadir su casa con confianzas que no le correspondían, lo que no estaba dentro de la mente del sanador. Lo escuchó hablar y entonces suspiró, no era su intención que se preocupase tanto, sólo esperaba poder entenderlo mejor con un término más bien exagerado. Aquel chiquillo había cambiado, o al menos modificado, su parecer para no parecer tan abusador con el médimago, algo que en realidad había acabado frustrando un poco a Gauthier.

Sólo estaba bromeando, no creo que estés invadiendo mi espacio —aclaró, sólo para empezar, — a mí no me da problema que estés en mi casa, no es que esté escondiendo nada, es sólo que no me gustaría que nos metamos en problemas, no es lo más normal del mundo que un niño vaya a casa de un adulto que acaba de conocer… —puso en evidencia su punto de vista acerca de aquello. La mente de las personas estaba muy mal y veía malas intenciones en todos sitios, era increíble en el mal sentido de la palabra.

Tras el asunto con el caldero, decidió ir a comer algo pues el hambre empezaba a exigirle hacerlo. Fueron a un restaurante del gusto de Mikael, una recomendación del mismo, donde había un camarero que no estaba nada mal. No supo cómo sentirse cuando el menor le dijo que no pensaba que nadie reparase en su ausencia como para creer que era un secuestrador, sabía que lo decía con intenciones de tranquilizarlo pero sólo consiguió lo contrario, no podía ignorar tantos avisos de alarma que le decían que estaba creciendo en un mal lugar. Tendría que pensar seriamente en eso. Por otro lado, su coqueteo no pasó desapercibido por el niño, mismo que no se contuvo de molestarlo un poco.

No siempre, pero es una buena herramienta… Sobre todo si lo que quiero resolver implica a un tipo tan atractivo —no se había sentido ofendido, contrario a eso le dio gracia que el enano pretendiese fastidiarlo un poco, así lo había sentido, un pequeño juego. Pero este juego degeneró hasta el punto que el mocoso le soltó su análisis provocando que Laith riese en una carcajada, ¿quién se creía para llamarlo corruptor de menores? — Mira, corruptor de menores no soy, pero sé que no soy precisamente un buen ejemplo para la juventud de hoy en día… A veces uno hace cosas buenas que parecen malas —le explicó con una sonrisa de oreja a oreja, divertido todavía por la conclusión que Mikael había sacado.

Su comida era bastante generosa, ¿es que ese mesero estaba poniéndolo en engorda? Era una comida de tres tiempos en uno solo, además que le comentó con una sonrisa que los postres que hacían. Mezclaba un poco de todo, de las verduras de la ensalada, el espagueti, guarnición y la carne que formaba el plato fuerte, hasta alzar la mirada cuando Mikael le recuerda que tiene un tutor que paga por sus comidas aunque no tenga dinero en efectivo; el sanador primero debe limpiarse la boca con una servilleta desechable para hablarle.

He dicho que va por mi cuenta —no iba a dar opción a negación, ni a negociación tampoco. Su comentario sobre el mesero le provoca mirar por sobre su hombro para mirarlo, el hombre no aparta la mirada sino que sonríe con confianza, parece tan seguro de lo que tiene que no puede evitar sentir curiosidad por él. — Sí, eso parece —acepta, llevándose a los labios el jugo de naranja que acompaña a su plato. Laith estaba bastante consciente de su propio atractivo, así que no se sorprende ni se avergüenza. — Puedes tomar lo que quieras, con confianza —ofrece, haciendo un gesto a su comida para mostrarle que puede tomar sin sentir vergüenza.

Al sanador no le daba problema compartir su comida; podría ser lo más delicioso del mundo, pero no podría negarse si alguien se lo pedía. No porque no pudiera, sino porque había sido criado bajo un concepto humilde que tendía a dar y ofrecer. Alguien importante siempre le decía que si era amable con los demás, los demás serían amables con él. No siempre era así, muchas veces no importaba cuán amable fuese con alguien, ese alguien no sería amable con él, pero no por ello uno debía negar su ayuda. Era cuestión de valores y moral.

¿En dónde vives? Si pretendes ir a visitar al gato… supongo que al menos debería considerar si es muy lejos, para empezar —le preguntó, porque en realidad no lo había pensado. Si estuviese lejos debería tomarse la molestia de tomar al animal, dejarlo en un sitio cercano para el niño, hacer una pausa para regresarlo a casa antes de seguir trabajando, lo que era un esfuerzo bastante incómodo en su opinión.
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Mikael Pussett el Vie Ago 04, 2017 8:33 am

Si veía con naturalidad todo el asunto del coqueteo es porque su padre era igual, claro nunca ligaba cuando estaban juntos, nada en serio, solo lo hacía para bromear, jugar o que los atendieran mejor, su padre no era un santo, le gustaba tener aventuras de una noche claro que no se lo decía pero no hacía falta, era bastante intuitivo como para saberlo; aunque si algo tenía su familiar es que cuando estaba con él le dedicaba ese tiempo, le hacía sonreír saber que su padre lo quería pese a la edad en que lo tuvo. De alguna forma, ver a Laith coquetear con el mesero le trajo esos recuerdos, solo que el sanador no tenía la obligación de estar con él, podría seducirlo, dejarlo solo para tener algo de diversión, pero por la forma en que le trataba algo le decía que al igual que su padre, no lo dejaría. Se preguntaba si tenía un cartel que dijera "Niño desvalido que necesita atención", a veces le daba la impresión que lo trataban de esa forma y por supuesto, tenías sus terrores, sus demonios, sus pesadillas, no era fuerte se derrumbaba muy seguido pero quería creer que tampoco era tan débil, que era lo suficientemente independiente para protegerse y andar por su cuenta.

- No te tienes que contener por mi ¿sabes? -Le expresa con seriedad y cierto reproche - Si quieres irte con él adelante, de todas formas no le vas a pedir pasar el resto del día ¿cierto? Y en todo caso podemos encontrarnos más tarde, no tienes que detenerte, debes aprovechar que no siempre hay chicos lindos yo estaría por aquí continuando con las compras - Le anima a que ese coqueteo se haga real, él no tenía problema con ello, sus palabras tampoco era la primera vez que la pronunciaban, bueno no lo decía tan textualmente, pero era en el mismo contexto que siempre se ganaba un reproche  de su padre diciendo que era muy niño para entender el mundo complejo del sexo, luego le refutaba que no era tan pequeño como creía y que no tenía problemas con eso, a lo que terminaba en una leve pelea infantil por parte de ambos, sin ningún coqueteo, su padre olvidaba la persona a la que quería llevar a la cama y él terminaba con un pequeño zape y diciendo que era muy prematuro, que esas cosas no las hablaba un niño de su edad.

- Uhm coquetear con el mesonero no es malo así que no cuenta - Lo dice seriamente, tan serio, de forma desinteresada como si hablara del clima, no parece una broma pero hay cierto brillo en sus ojos que se había perdido, no lo recupera del todo pero algo es algo, al final sonríe levemente pero ya no hay burla ni broma - Todos hacemos cosas malas, es la parte de ser humano. Podemos hacer cosas malas por un bien mayor o cosas malas porque nos apetezca serlo, un niño puede pintar el cabello de una niña por maldad o por llamar su atención porque le gusta, pero al final el acto está errado, tenemos ese impulso, a veces lo callamos a veces no, diría que todo depende del ojo con que se le ve. Así que no creo que seas un mal ejemplo a la juventud, de ser así no estaría hablando contigo - Baja su mirada un poco hacia su bebida que ya iba por la mitad - Y no soy un niño ingenuo que no sabe lo que dice, que no sabe juzgar a las personas, sé que no eres malo ni corruptor de menores, estoy agradecido con tu compañía y que hayas salvado al gato - Toma de su té, ese gesto más sus palabras le hacen ver mayor, como si fuera todo un adulto con cara de niño. Tampoco dice que no solo salvó al animal, se siente salvado, relajado, está atento a su entorno, no baja la guardia pero logra confiar en el otro lo suficiente como para sonreír, bromear y hablar tanto hasta dar su opinión.

- Estoy bien con lo que tengo, pero creo que a ti te hace falta más que a mi - Da una mordida a su rebanada de pan untada con mantequilla para dar su punto. Observa a Laith, la carcajada que anteriormente soltó le anima, sabe que al menos va en ese proceso de recuperación, tal vez la compañía de ambos fue necesaria, como en aquella clase de biología cuando hablaron de las relaciones del reino animal, no recuerda el nombre pero había una en que ambos se ayudaban, como la de cierta ave que iba encima del buey, el ave se alimentaba de las garrapatas y el buey quedaba sin ese parásito. Todos felices y contentos, parece que es algo que están haciendo entre ellos aún sin saber nada del otro.

- No muy lejos, vivo en la zona residencial en las afuera del Callejón, sigue siendo Londrés Mágico - Expresa, por eso se le hacía fácil caminar por el Callejón Diagon, aunque extrañaba su casa, ha tenido que acostumbrarse a Londres, lo que le daba la ventaja al menos de salir y estirar un poco las piernas - ¿Está bien con ésto? - Por todo lo que pidió deduce que le encanta comer - ¿Qué comida es la que te ha gustado más? - Si le va a ayudar a cuidar al gato (debe recordar buscar un nombre para el felino) podría compensarlo con alguna comida, se le daba bastante bien cocinar, tenía el don de su abuela, menos mal que no lo sacó de su padre que era un desastre en la cocina. Además era algo que le gustaba, mantenía su mente relajada, despejada y ahuyentaba sus pesadillas. ¿Ataque de pánico? Preparar medallones de lomito, risotto, champiñones al ajillo... ¿Pesadillas? Hornear cupcake, hacer pasta. Todo tenía que ver con cocina, podía hacerlo por agradecimiento también, claro que no se creía especial uff... los niños de esos reality de comida si que sabían cocinar, lo suyo era simple comida casera, no tenía ni siquiera la presentación que ellos le daban a sus platillos.
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Laith Gauthier el Sáb Ago 05, 2017 6:26 am

Laith era coqueto por naturaleza, le gustaba llamar la atención, que la gente lo mirase y, por qué no, robar a veces algunos suspiros por ahí. Era el tipo de personas que necesitaban todas las miradas para sentirse visto, quizá un poco vanidoso pero sabía lo que valía. Eso no significaba, ni mucho menos, que estaba desesperado por un ligue, se hacía desear y no estaba mal. Por ello es que no le daba corte coquetear un poco con el mesero que los atendía, bajo las narices de Mikael, el niño parecía inusualmente acostumbrado a ver a un hombre cortejar a alguien más, el canadiense no pudo evitar preguntarse el motivo pero decidió que no era asunto suyo, se limitó nada más a meterse en sus propios asuntos. No es que estuviese mal, suponía.

¿Qué dices…? —le preguntó al no entender su voz, mirándolo con curiosidad y frunciendo un poco el entrecejo. — Siempre hay chicos lindos, enano, no me voy a morir por no irme con el primero que pase —habló con elegancia. No es que quisiera ser egocéntrico, pero siempre tenía a su disposición algunos tíos atractivos con ganas de pasar el rato con él. Laith era el dueño de mucha gente, pero él por el contrario no tenía dueño. — No me estaba refiriendo a eso, coquetear es parte de la vida misma, es claro —corrigió cuando el niño creyó que de eso hablaba al decir que hacía cosas buenas que parecían malas.

Era parte de su existencia hacer cosas buenas que parecían malas, sobre todo con el nuevo régimen que decía que ayudar a quien lo necesitaba era de hecho una cosa mala y lo podían acusar de traición. Eso, como poco, desembocaría en que lo encerrasen en prisión, ese no era su futuro deseado. El niño lo enterneció, hablando con tanta seriedad como si entendiese de lo que estaba hablando cuando no parecía ser el caso… Laith no pudo evitar suspirar. A veces, sin que él se lo esperaba, lo atacaban los recuerdos y le apagaban la mirada, trataba de no ponerlo en evidencia. No pensaba que Mikael fuera ingenuo, pero sí sabía que el niño debía tener menos conocimiento del que el mayor precisaba en ese momento.

¿Me estás llamando gordo? —enarcó una ceja cuando le dijo que necesitaba más la comida que el niño. Era evidente que podía acabarse todo aquello solo, pero le gustaba compartir y prefería hacerlo antes que comérselo todo. Estaba disfrutando mucho la compañía del menor, era agradable tener alguien con quien compartir y, por qué no, bromear un poco. — Necesitas comer para ser un hombre grande y fuerte como yo —le guiñó un ojo con gracia. Era cierto que Laith sentía que le había faltado crecer algunos centímetros pero eso no significara que fuese alto, al menos estaba en el rango medio normal. Lamentablemente se rodeaba de amigos demasiado altos.

Laith acarició su barbilla, él no vivía precisamente cerca del callejón, en realidad podía decir que vivía un tanto lejos, a orillas del mundo mágico en conexión con el nomaj. Se preocupó un poco por ello, pero el niño no tardó en llamar su atención de nuevo preguntando si estaba bien con eso y, por otro lado, le cambió el tema para hablar sobre comida, sin haber identificado que pretendía cocinar para él en ese intervalo de tiempo en que estuviese cuidándole al animal. Era quizá hasta un poco humillante que un niño tan joven supiese cocinar mejor que el sanador, un pocionista hecho y derecho al que se le quemaba la sopa, no era precisamente una buena tarjeta de presentación para sus habilidades como elaborador de pociones.

Supongo, aunque yo no vivo precisamente cerca… —le dijo, sólo para empezar. — Uhm… Si tuviera que decir algo… supongo que sería el tourtière que cocinaba mi abuelo… Es… algo así como un pastel de carne muy común en donde yo solía vivir, en especial en navidades… Aunque fuera de eso, me gusta toda la comida que existe, no discrimino nada —si tuviese que decir la mejor comida del mundo, sería aquel platillo del hombre que más había amado. Era curioso que no hubiese heredado su facilidad en la cocina tanto como lo hizo con su habilidad en las pociones, un tanto gracioso en su opinión. — ¿Y tú? ¿Qué tipo de comidas te gustan? —se interesó por él para poder conocer un poco más sobre el niño con quien compartía mesa, mientras comía.
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Mikael Pussett el Lun Sep 25, 2017 1:33 am

Mikael no se refería a que lo malo era precisamente coquetear, hablaba en general porque cada uno sabrá que cosas malas ha hecho pero realmente era algo sugestivo, después de todo era el remordimiento el que te hacía pensar que actuabas mal, si una persona mataba pero creía que hacía bien entonces para esa persona no habría hecho algo malo. Pensaba en ese momento en los mortifagos, muchos creían que era lo correcto pero ¿realmente estaba bien asesinar? Claro que no, a él le desgraciaron la vida, ¿por qué pensaba en esa calaña? Quien veía bien matar estaba loco o solo era un asesino.

- Oh yo pensaba que si, dicen que el sexo es tan necesario como comer - Bromea, distanciando sus pensamientos de ira, de venganza. Claro el propia Mikael no estaba actuando correcto o al menos no pensaba de forma correcto al querer deshacerse de vida humana porque generalizaba un bando, tal vez era su mente infantil pues a pesar de mostrar cierto grado de madurez seguía siendo un joven de 10 años al que le han quitado su familia y le han puesto en una cárcel con ciertos lujos, cosa que no le importaba porque hubiera deseado estar en Azkaban con su abuela que ahí; sin embargo, si estaba tras las rejas no podría optar por un mejor cambio así que ya no sabía que hubiera sido mejor. Tal vez solo debía seguir viviendo a ver que pasaba en su vida y trazar planes hacia el beneficio de sus objetivos.

Miró al felino mientras le daba de comer de lo suyo, el pobre arañaba su pierna  pidiendo más con desespero, prácticamente era el que estaba comiendo todo pero era una buena recuperación ¿no? - ¿Gordo?  ¿Cómo crees? Solo digo que comes demasiado pero no, en ningún momento dije que estabas gordo, más bien todo lo contrario, que te hace falta un poco de carne en ese cuerpo. Ya claro, pero no veo a ningún hombre fuerte por aquí, cuando lo vea le pediré su secreto - Termina su rebanada con una leve sonrisa, parece increíble que ambos se acaban de conocer, pero de cierta forma Laith le recuerda a su padre, llamándolo enano, coqueteando, bromeando. Siente nostalgia porque esos días ya no regresarán, no, pueden regresar solo debe tener fe y resistir a esa locura.

El gato muy confiado se dirige hacia Laith queriendo también de lo que el sanador está comiendo, lo bueno es que no se aleja de su mesa así que no molesta a otros clientes del lugar ¿estaría entrenado? ¿su anterior dueño lo abandonaría? Deja de prestarle atención al animalito para poder planificar bien cómo hará sus vacaciones - ¿Qué tan lejos? Puedo llegarme a conocer el lugar siempre y cuando no esté... ?- Se queda callado no sabe si deba tocar ese tema, ya Laith le ha dicho que sea cuidadoso, no quiere meterlo en problemas por lo tanto espera que entienda que se refiere a las personas no mágicas, no puede estar en ese lugar.

- No lo conozco - Sonaba francés, pero podría intentar hacerle uno, claro no era su abuelo y no conocía al hombre como para saber que hacía tan especial su platillo, pero no dudaba de sus capacidades culinarias, creía en sí mismo podría salirle algo aceptable aunque temía manchar los buenos recuerdos de Laith - Lo que toda persona de mi edad le gusta, diría, ya sabes hamburguesa, pizza... ¡oh! Si tengo una comida... Los macarrones con queso que hacía mi abuela eran los mejores creo que ningún restaurante le superaría - Y fue lo primero que aprendió a cocinar, irónicamente sentía que sus macarrones nunca le quedarían tan bien como los de su abuela, tenía un don para eso.

Acabó su comida si se puede decir que comió algo porque más de la mitad de sus tostadas fueron hacia el gato ¿Fluffy? No, sonaba muy femenino iugh, no. ¿Kitty? Pobre animal seguro le miraria con ojitos indicando que hubiera sido mejor que no lo rescataran y lo dejaran morir uhm... Bueno ya pensaría en algo como eso. Mientras esperó a que Laith terminara de comer, el mesonero sin haberlo llamado se acerca para coquetear con el sanador, a Mika eso le entretiene a pesar de sentirse culpable que el otro no pudiera disfrutar de los intentos descarados de seducción del trabajador, preguntando si deseaba algo más mientras le hacía ojitos. ¿En qué momento estaba comiendo con su papá? No pudo evitar sonreír ante la escena, pero era una sonrisa algo triste, lo extrañaba mucho.
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Laith Gauthier el Miér Sep 27, 2017 12:19 pm

Se llevó una mano a la cara con una sonrisa abierta, pero tímida y avergonzada. Cómo un crío de diez, once años venía a hablarle de sexo como si hablase de comics. En realidad, Laith era algo reservado con el sexo, no le gustaba ir divulgando sus experiencias, coqueteaba, sí, pero más desde la sensualidad que de la sexualidad. Y este mocoso venía a decirle que pensaba que iba a morirse por no follar, sólo porque pensaba que el sexo era tan necesario como comer. Pues sí, pero afortunadamente no le faltaba ninguna de las dos cosas. Hablar de esos temas, sin embargo, no era equivalente a la madurez, saber de ello no demostraba nada de eso.

Prefirió dejar el tema a un lado, aquel enano era demasiado pequeño, no quería que le acusaran de pervertir a un menor. Contrario a eso se dispusieron a hablar de su cuerpo, era claro que el niño no podía verle por la ropa que llevaba, todavía no sentía el calor del verano en su máximo esplendor, en su temperatura normal. Su temperatura corporal no se había normalizado del todo. De todas maneras, lo veía alimentar al gato mientras se metían con su cuerpo, sin que eso le significase un problema. — No necesito consejos de otros hombres, enano —dijo con ese orgullo tan masculino al oír que critican su cuerpo. Si él estaba de muy buen ver, se jactaba de ello.

Vio al animalito venir hacia él a pedir de su comida, suspiró. Le acaricia sólo con el meñique, pues está comiendo y no le apetece enfermarse por comer con bacterias de un gato herido, al final se rinde dejando un poco de lo que estaba comiendo en el suelo para que comiese de ahí y no se le subiera. Sabe a qué se refiere Mikael cuando se queda callado mientras pregunta sobre su casa. Presiente que es una mala idea, ¿nadie se da cuenta de lo anormal que resulta que un muchachito de su edad visite a un hombre adulto en su departamento que encima es abiertamente homosexual? No solía importarle el qué dirán, pero muy sospechoso sí era.

Es un lugar seguro… Vale, te escribiré la dirección más tarde, ¿bien? Sólo no se te olvide recordármelo —se rindió al final, exhalando aire. Le hizo saber sobre una de sus comidas favoritas en todo el mundo, hacía muchísimos años no había vuelto a probar ese platillo. — Macarrones con queso, ¿huh? La última vez que intenté hacerlos se me quemaron, me temo que paso de ofrecerte cocinarte —soltó una risilla entre dientes, cerrando los ojos y negando con la cabeza. Lo hacía por el bien de todos, incluido el de su pobre cocina que no tenía la culpa de que la comprase un inepto para cocinar.

Estaba terminando de comer cuando el mesero vino a su mesa otra vez, lo mira inquisitivo, con gracia en realidad, le divierte. A todo el mundo le gusta sentirse deseado. Ah, era difícil ser un hombre maduro frente al pequeño en un mundo lleno de tentaciones. Se preguntó, sólo un momento, qué habría hecho de haber estado solo. No era culpa de Mikael, él ni siquiera debería de estar coqueteando, ¿qué hacía ahora tan tranquilo? Debería de tener el corazón herido todavía. Si lo pensaba demasiado, volvería a decaerse.

¿Por qué no me escribes tu contacto por lechuza? —le pidió cuando preguntó si necesitaban algo más, con todo el descaro del mundo. El mesero pareció sorprenderse de lo directo que el sanador había sido, pero éste ni se inmutó, sólo le sonrió invitándolo a ir a hacer lo que le pidió. — Y la cuenta, por favor —además pidió, pues estaba por terminar de comer y ya sería momento de marcharse. Tenían sitios a donde ir, cosas que comprar, no había tiempo que perder. Siendo honestos, le emocionaba un poco acompañar al niño un rato en sus compras. Era como ir con un hermanito menor o algo parecido.
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Mikael Pussett el Lun Oct 02, 2017 2:25 am

Se mordió el labio al darse cuenta de la vergüenza ajena pero él pensaba que si Laith era capaz de hablar sobre seducir a un hombre creía que hablar sobre sexo no le molestaría pero no debería ver a su padre en el mayor, no debería verlo reflejado, solo que era curioso que mostrase timidez - Lamento si te hice sentir incomodo - Indica, cree que es lo mejor hacerlo ¿podría considerar a Laith un amigo? Tal vez, entonces podría decir que no quería enfadar a su amigo, a pesar de no estar seguro de serlo, la confianza no podría construirse en unos minutos u horas, realmente no sabía cuánto tiempo llevaba conociéndolo pero podía asegurar que no era tan malo, a menos que fingiera ser bueno para tenerlo vigilado. Aún no debería bajar del todo la guardia, a pesar de estar agradecido por salvar al felino y proponer cuidarlo.

Ladea la cabeza, observándolo con sus ojos azules, averiguando si le había ofendido su comentario sobre su cuerpo, decidió no decir nada al respecto, dejando pasar el tema, porque no está seguro si de continuar enfadaría al sanador ¿cómo saber si realmente le molestó sus comentarios? Puede que estuviera escudriñándolo con la mirada pero no tenía mucho de conocerlo como para saber cuando hablaba en serio y cuando no. Suponía que todo eso era un juego que nuevamente se remontaba a la confianza, confianza que estaba seguro aún no estaba firme, pendía de un hilo a pesar de dejarle su nueva mascota a cargo.

- No lo haré - Promete que no se olvidará pedirle la dirección después de todo era para su conveniencia - ¿en serio? - No puede creer que a alguien se le quemaran unos simples macarrones, es decir era la comida más sencilla en preparar, bueno estaban los sándwich y el cereal pero no contaban porque esos prácticamente ya estaban hechos, pero cocinar pasta, su rostro en ese momento debía demostrar lo incrédulo que estaba siendo, pues en su mente no creía que fuera posible... No, si podría serlo, recordando que eran magos, los magos parecían no saber mucho de artes culinarias, Robin era igual, ni siquiera se acercaba a la cocina - Descuida, no pretendía a que me invitaras, estás haciendo mucho con acompañarme - Realmente apreciaba el gesto aún con sus inseguridades sobre las intenciones del mayor.

El mesero se les acerca, Mikael da un último trago a su bebida fingiendo no observar el intercambio de palabras entre Laith y la persona que los atiende, le da su espacio, después de haberle hecho sentir vergüenza al ser directo al tocar el tema del sexo. El felino se acerca a él estirándose, para luego limpiarse, al parecer satisfecho, más le valía estarlo se comió casi todo su plato, aunque agradecía la ayuda de su nueva mascota, dudaba que pudiera comer más allá de una rebanada de pan. Cuando todo estuvo pagado, tomó al felino para llevarlo fuera del establecimiento, presintiendo que si lo dejaba caminar por su cuenta podría incomodar a varios comensales.

- Necesito una varita ¿cierto? - Pregunta, tal vez su próxima parada sería donde el señor Ollivanders, ha pasado por ahí muchas veces, intrigado de cómo se crearían las varitas, cómo las diseña, no puede evitar sentirse emocionado, como todo mago, sea mestizo, sangre limpia o nacido de muggles esa era la experiencia que más los emocionaba, su primera varita. Sin embargo esperó confirmación del mayor, aún quedaba por hacer cierto, no ha comprado las túnicas todavía, solo tenía los materiales para pociones, ni siquiera ha comprado los útiles para escribir, sentía que escribir con tinta y pluma se le iba a dificultar, eso era tan anticuado, como del siglo XVIII e inicios del siglo XIX -Estaba pensando... no quiero abusar pero ¿qué tal si en vez de escribirme tu dirección me la muestras? - Pregunta esperando no haber sido un confianzudo, creía que era lo mejor conocer el lugar dónde el felino iría a vivir.
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Laith Gauthier el Dom Oct 08, 2017 7:01 am

Tuvo que toser un par de veces, no podía evitarlo. Si bien siempre había sido abierto y pocas cosas conseguían avergonzar al sanador, que un niño pequeño intentase hablar de temas subidos de tono no había sido precisamente la mejor experiencia de su vida, menos cuando el niño lo conocía de apenas un rato atrás. Negó con la cabeza con una sonrisa para hacerle ver que no tenía que preocuparse, que no estaba realmente incómodo, pero los temas de ese tipo deberían dejarlos, al menos, hasta que Mikael fuese un poco más grande, no estaba seguro de cómo estaba el tema de la educación sexual en el mundo mágico británico.

No se sintió ofendido realmente por su cuerpo, Laith tenía el autoestima donde debía tenerla, por los cielos. Quizá era un poco vanidoso, pero no creía que estuviese de mal ver, se gustaba a sí mismo y eso era lo más importante. El sanador siempre parecía tener una sonrisa y una palabra amable para dedicarle a todo el mundo. Incluso cuando contó que los macarrones con queso se le habían quemado cuando los había intentado cocinar. Él no era malo cocinando por mago sino por inepto, su abuelo era grandioso haciéndolo mientras que él lo tenía muy complicado, todavía se preguntaba los motivos. Por lo pronto sólo pudo reír y asentir con la cabeza cuando le pidió confirmar el dato.

Algún día aprenderé a cocinar… Hoy no es el día, me temo —se sonrió divertido, al menos antes de que el mesero interrumpiera. Le pidió la cuenta y su contacto, dos cosas que no tardaron en llegarle. El contacto se lo guardó, la cuenta la pagó sin ningún problema, dejando al niño tomar a su gato mientras se levantaban y salían del establecimiento, mirando al pequeño cuando éste le preguntó sobre una varita. — Es correcto, la tienda no debe estar lejos… ¿Qué otras cosas te faltan? —le preguntó, para poder hacer un plan estratégico para ahorrarse unos minutos de caminata.

Hacía tanto que fue su primera vez en el colegio que ya no recordaba demasiado al respecto de qué debían comprar, pero por el momento iba siguiendo al niño, aparentemente sin preocuparse de nada. Iba pensando en algunas cosas, pero no parecía hacerlo, mirando aquí y allá con curiosidad hasta que el niño le rompió el silencio, mirándolo. Parpadeó extrañado cuando el niño le pidió llevarlo a su casa, ¿de verdad le estaba pidiendo eso? En qué incómoda posición lo dejaba. Había tenido la esperanza de que se le olvidase y no se la pidiera, pero ahora veía que era completamente imposible.

Si eso quieres —aceptó de buena gana al final. No llevaba ni a sus amantes a su departamento pero llevaba a un crío de diez, once años a visitar, qué irónico. Bueno, algunos de sus amigos sí que tenían el privilegio de conocer su casa, pero eran detalles. — Compra las cosas que te falten, te llevo a conocer y te acerco a la red flu más cercana para que te vuelvas a tu casa —accedió sin poner más peros al niño, ¿era correcto lo que estaba haciendo? No tenía una mala espina, pero esperaba no estarse equivocando al respecto.

En base a lo que le dijo que le faltaba, entraron primero a la tienda de materiales escolares para comprar pergaminos, tinta, libros y plumas, suponía que no debía costarle mucho conseguirlo cuando estaba todo anotado en su lista. Eso sí, tuvo que ayudarlo a cargar sus cosas cuando vio que ya se le estaba complicando, ¿era así como se sentía ir con un pariente a comprar cosas? Recordaba vagamente haber paseado por las callejuelas con sus amigos, ahí en Canadá, antes de entrar al curso. No pudo evitar sonreír con nostalgia, también su abuelo había estado ahí en alguna ocasión. Era divertido de recordar.

¿Sabes algo que me llama la atención? —por su tono uno podría decir que estaba hablando de la cosa más seria del mundo. La realidad era otra. — O sea, no es por juzgar a nadie, pero… ¿Mataría a los duendes de Gringotts sonreír de vez en cuando? Quiero decir, de todos modos deben trabajar, estar enfadados no los enviará a casa… —a veces Laith se preguntaba ese tipo de cosas tontas, pero se divertía dándole vueltas. Quizá se lo preguntase a Steven la próxima vez que le viese, ese sujeto siempre tenía respuestas divertidas a sus preguntas absurdas.
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Mikael Pussett el Vie Oct 13, 2017 7:32 pm

Es curioso que Laith siendo un adulto, que vivía solo porque eso le ha dado a entender no supiera cocinar ¿Cómo se las arreglaba? ¿Comía fuera todos los días? Si el sanador le propuso cuidar de su nueva mascota, entonces podría regresarle el gesto cuidando de él, no le molestaba cocinar, era terapéutico, además se aburría, los magos no tenían video juegos, ni internet, ni televisor ¿qué hacían para entretenerse? Leer, eran tan anticuados, ni siquiera podía tocar su violín, como lo extrañaba, así que cocinar para alguien más sería un placer, más porque el mayor le recordaba a su padre, sabe que no es él, sabe que no lo puede reemplazar pero es agradable sentir un poco esa sensación, esa seguridad que tenía cuando estaba con su progenitor - Bueno, si no sabes cocinar no te preocupes, no soy un chef pero soy bastante decente en lo que hago. Si quieres puedo hacer algo más casero para que no tengas que estar comiendo en la calle - Propone, de todas formas pensaba cocinarle algo para cuando fuera a ver al felino lo cual pretendía hacer casi todos los días sin querer abusar tanto de la amabilidad del sanador, se acababan de conocer por favor, no todos ayudan a un desconocido, estaba en deuda con el mayor.

- Uhm - Sacó la carta que indicaba ser aceptado en Hogwarts, le faltaba varias cosas, principalmente los libros, el uniforme... Suspira estaba a penas empezando las compras - Pergamino, plumas, tinta, la varita, el uniforme... Recién empiezo - Se lo hizo saber, iba a ser un largo día, aunque esperaba que todo fuera rápido. Se dejó llevar hasta la tienda para comprar los útiles que eran muy necesarios, estaba algo perdido ¿por qué unas plumas eran más costosas que otras? ¿cuál era la diferencia? O la tinta. Arrugó el entrecejo y tomó las más económicas.

Visualizando a Laith se percató que su petición fue inadecuada - Lo siento, nos acabamos de conocer y ya te pido conocer tu casa, es solo que si igual me vas a dar la dirección podría saber la ubicación si me la muestras, no pido entrar solo saber realmente la zona en que vives - Le aclara, no era su intención molestarlo, es el segundo comentario que hace que le incomoda al mayor y comprende, al menos quiere entender el porqué de esa reacción - Si un desconocido me pidiera ir a mi casa me molestaría, hasta iría a las autoridades, así que no lo veas como una obligación - Una vez adquirido los útiles, fue a la librería, Laith cargaba la mayoría, cosa que le avergonzaba, el felino los seguía de un lado a otro, al parecer sabía lo que tenía que hacer lo cual era curioso pero a pesar de ser como un gato cualquiera vivía entre magos así que suponía no era tan raro.

- Me gustaría saber de lo que hablas pero nunca los he visto... Sin embargo puedo ponerme en sus zapatos. Imagínate que es temprano, no hay ni un cliente y todo marcha perfecto pero cuando llega uno, dos, tres magos insolentes reclamando, acusándote, tratas de mantener la calma, sin embargo cuando te insultan, cuando rompen la armonía en que trabajas entonces te amargas, lastimosamente el trato sería para todos de esa forma seria, porque sino no podrían mantener el orden, además si no me equivoco llevan años ahí ¿cierto? - Se queda pensativo, al menos él lo ve como un trabajador público cansado que lo acusen y le insulten por algo que no tiene que ver - Pero ¿le has dicho a uno que sonría? Tal vez si se lo pide lo haga, no dudaría que usaras tus encantos - Sonríe levemente con cierta travesura, no era del todo un chiste, realmente Laith era alguien que inspiraba calma, seguridad, serenidad, así que no dudaba que si mostraba eso mismo a un duende, esa amabilidad y le pediría que sonría, éste lo haría con gusto
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Laith Gauthier el Dom Oct 15, 2017 2:24 pm

Laith había vivido hasta entonces una vida cómoda en la que cocinar nunca fue una prioridad. En el colegio le daban de comer en el comedor, en casa su abuelo le cocinaba, cuando se mudó a Londres no tenía tiempo de intentarlo por lo sumergido que estaba en sus estudios y a día de hoy era raro el día que pasaba en casa. En todo caso, podía tener comida casera si visitaba a una hora adecuada a algún amigo, pero tampoco se le hacía costumbre autoinvitarse a las comidas de las demás personas. Así que su dieta se basaba en cosas instantáneas, cereales y restaurantes o comida rápida. Pero le resultó sorpresivo que el niño le dijese que él sabía cocinar y que podría prepararle algo casero. Joder, ese crío le tocaba la fibra sensible.

Qué mono… No tienes por qué preocuparte por mí, enano —le sonrió convencido, no quería que se sintiera responsable con él de ninguna manera. Nada de lo que hacía era esperando algo a cambio. — Es una lista larga entonces… Bueno, podemos entrar primero por el pergamino, las plumas y la tinta, el uniforme está en aquella tienda de más adelante y la varita casi al final de la calle —le dijo, por lo poco que se acordaba, generalmente no iba pensando en esas cosas. Sólo una varita había dañado, así que no buscaba con frecuencia. — Ya verás que encontramos todo —le dijo, tomando con cuidado la lista para leer los artículos que faltaban. Hasta ahora sólo tenían los relacionados con pociones.

La verdad se sentía raro tener tanta familiaridad con un niño, no estaba acostumbrado. Lo cierto era que Laith era reservado con su intimidad, por muy abierto que pareciese ser había otras cosas que prefería tenerlas para él solo. Quizá era un poco paranoico nada más, pero no podía evitar sentir que hacía algo quizá malo. Ese crío parecía sumamente observador, tanto que notó su duda sin que el mayor se la hiciese conocer. Laith no supo si sentir culpa, vergüenza o alivio, así que una mezcla de las tres tomó lugar dentro de su mente. Se pensó durante unos segundos cuál era la respuesta más óptima. No la encontró. A veces era complicado saber cómo actuar.

No me molesta que me pidas que te lleve a mi casa, ¿sabes? Es sólo que… entenderás que no es muy usual, no todos los días me pide un niño llevarle a mi casa —sonrió condescendiente, pues no quería hacerlo sentir mal cuando todo el rato que llevaban juntos lo habían pasado tranquilos y sin inconvenientes. — Deja de preocuparte, ¿vale? No soy tan susceptible como pareces creer que soy —le dio un pequeño empujoncito con el que sólo conseguiría moverlo apenas un paso al costado, ya que no estaba intentando hacerle daño sino jugar un poco con él, hacerle saber que realmente todo estaba bien.

Laith tenía un pequeño problema contra elfos de todo tipo y criaturas que se les asemejaran, era difícil de decir pero era así. Uno más allá del consciente, atrás de los años que había vivido, su subconsciente no iba a olvidar a aquel “elfo” (un erkling, en realidad) que le había dado un bocado años atrás. Y dentro de aquel mismo saco todas las criaturas con ciertas semejanzas pasaron a ser objeto de desconfianza. Eran el tipo de cosas que marcan a un niño, después de todo, y pasa a través de los años y la madurez para perdurar hasta la muerte. O hasta que lo confrontara. Lo que sucediera primero.

¿Nunca has entrado al banco? Bueno, eres un niño después de todo, es normal… Si soy honesto contigo nunca jamás he visto que los traten mal, pero es como si ellos fueran bordes de fábrica —no veía muy factible el “está todo perfecto hasta que te faltan al respeto”. Al menos desde su opinión, por supuesto, no podía hablar por lo que no había visto. — Creo que eso sería más ofensivo, ¿no te parece? Si no me equivoco, odian a los humanos desde que ellos les denegaron “privilegios magos” como usar una varita y cosas así —comentó, un dato meramente histórico que en algún sitio había leído o escuchado dando a notar que su pregunta había sido sin rebuscarse mucho.

Así era Laith la mayor parte del tiempo, no pensaba mucho las cosas, sólo las hacía o las decía. Otras ocasiones era por demás cauteloso o un poco más susceptible de lo que era generalmente. Era cuestión de días y estados de ánimo. Pero, en fin, entraron a la tienda de ropa donde esperó cerca del mostrador mientras el niño cogía la ropa de su talla, acariciando al gato que se había quedado esperando con él mientras el chiquillo rebuscaba entre toda la ropa. Si veía que precisaba ayuda, se acercaría a prestarla.
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Mikael Pussett el Dom Oct 15, 2017 3:31 pm

Abrió sus ojos algo avergonzado, pero ¿cómo no quería que se preocupara por él? Si el mayor podría bromear él también - No es que me preocupe por ti pero ¿quién cuidaría del gato si te enfermas por no comer bien? Porque claro, alimentarse en la calle no es lo mismo que tener una rica comida caliente esperando en tu casa, hecha con cariño porque no es un trabajo hacerla - Sonríe, lo último perdió un poco del chiste, ah su abuela, como la extrañaba, siempre que cocinaba tenía una sonrisa en su rostro, siempre amable, cariñosa, cuando se enfermaba sus caldos eran lo mejor, sustanciosos y le mimaba en "secreto" con sus tartas. Su rostro perdió toda alegría por ese momento ¿lo culpaban por vivir en el pasado? Por más que intentase sobrellevar el asunto meses atrás perdió a su familia, su vida como la conocía cambió, por más que tratara de ser fuerte aún era un chiquillo.

- ¿Uh? - Asiente más de forma autómata, la voz de Laith le saca de ese momento depresivo, anhelante, recuerda que no debe derrumbarse, tiene que alejar esas imágenes de su familia para poder sobrellevar todo este asunto, debería ser agradecido que está fuera, que no está en prisión solo porque tiene sangre de una sangre limpia en sus venas, sin embargo no dejaban de verlo como un "sangre sucia" porque su padre era uno. Tuerce los labios ¿qué se dijo de no recordar eso? - Gracias - Bueno no le preocupaba el no encontrar algo, pero igual agradecía que el sanador se tomara la molestia no solo de acompañarlo sino de animarle, su presencia lograba sacarlo de sus estados reflexivos y eso era un alivio.

Asiente cuando explica sus razones - Es normal que te sientas desconfiado ¿quién te dice que estoy siendo sincero? - Sonríe solo como chiste, en realidad ¿no eran magos? ¿No tenían ellos algo que les hacía tomar la apariencia de otras personas? No recordaba el nombre pero sabía que existía algo así por eso no le molestaba que desconfiara de él - Bueno, no puedo evitarlo, tienes que reconocer que esta situación es extraña hasta para mi, no soy de los que andan pidiendo esa clase de cosas - Al sentir el empujón se sorprende, pero suelta una pequeña risa al recobrar el equilibrio, no le hizo mover mucho y no hubo riesgo de caerse, sin embargo sentía algo que hace mucho no sentía y era ese calorcillo de familiaridad, de confianza, como si estuviera en familia ¿Por qué Laith le hacía sentir así? Se preguntaba, mirando la expresión del mayor, seguro tendría la edad de su padre, pero no se parecía en nada de lo que él recordaba, bueno quizás un poco esa ligereza con la vida y esa forma de actuar despreocupado, gustándole coquetear, pero de ahí no se parecían.

- No, no sé ni lo que pasó con la cuenta que mi padre tenía ahí
- Ahora que lo piensa ¿debería preguntar? - ¿Qué crees que pasan con las cuentas de las personas que son fugitivas? ¿Permanecen? - Si el banco era regido por otras criaturas que no eran magos entonces podría haber esperanza que el ministerio no tomase ese dinero ¿cierto? No tanto por él sino que eran los ahorros de su padre, no podrían tomarlos a la fuerza - Tienes tu respuesta ¿crees que sonreirías a las personas que te niegan ser tratados como humano? ¿cómo un mago? No los he visto pero ¿es imposible que los traten bien? (1) - Pregunta, bueno si a él le negaban ciertos derechos evidentemente no sonreiría, claro se lo negaron hace bastante tiempo apartandolo de su familia, quizás por eso podría ponerse en los zapatos de aquellos duendes que hacían un gran trabajo cuidando del dinero de los magos - Además ¿le agradecen por su trabajo? Aún con que no le vean como magos, ellos cuidan el dinero ¿qué pasaría si dejaran de trabajar? - Pensativo hace esas preguntas mientras entra a la tienda de las túnicas, ya solo le faltaban pocas cosas, pero el gato empieza a maullar pidiendo nuevamente comida... Parece todo un glotón.

- ¿Tienes hambre? Pero si comiste no hace mucho - En realidad no sabía cuanto tiempo ha pasado desde que desayunaron, pero parece que el felino tiene un buen reloj corporal, sale de la tienda solo para agacharse hacia el animal, entre las cosas que tanto Laith como él cargan debe estar la comida. Cuando la haya, coloca un pequeño envase que también adquirieron en la tienda de animales donde colocarían el alimento para el animal el cual empezó a engullir todo - Si que tenías hambre -

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(1) Creo que salió una Hermione con su P.E.D.D.O xD
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Laith Gauthier el Lun Oct 16, 2017 5:34 am

Aquel enano se había metido con él diciendo que sólo lo cuidaba para que el gato tuviera quien le atendiese y no porque quería realmente que estuviese bien, cosa que causó que el sanador soltase una risa. No estaba ofendido, sólo le divertía que con esas confianzas ya le dijera que qué más daba si se enfermaba si al final cuidaba del animal. Pero el modo de juego no le duró mucho al menor, ya que había acabado perdiendo un poco la broma al final del todo con esa cálida sonrisa. Y de ahí pasó un ligero pesar. — Por un lado eres cruel y por el otro eres tierno, ¿qué clase de tierna crueldad es esta? —le cuestionó con una sonrisa divertida.

Aun así no consiguió sacarlo de sus pensamientos, por lo que tuvo que continuar con el tema de las compras. Entre la búsqueda del tesoro que parecía ser esa lista de compras, tuvo que explicarle al niño por qué era raro que le pidiese ir a su casa. Porque sí, sabía que había ocasiones en que los magos podían engañar a otras personas, pero los dos estuvieron de acuerdo con que la situación era, al menos, inusual para ambos. Pero procede a darle un pequeño empujoncito, el niño ha dejado esa inexpresividad para incluso reír; Laith nunca se ha jactado de ser bueno con los niños, pero el trato con este no estaba dándosele nada mal, le agradaba poder darle un buen rato al menor.

¿Hmn…? Ah… depende —le dijo, encogiéndose de hombros. — En la mayoría de los casos la cuenta se queda ahí esperando el retorno de su dueño… Aunque yo realmente siendo fugitivo no me la jugaría a ir a buscar dinero siendo un fugitivo, ¿te imaginas que alguien te reconozca al paso y te entreguen? —le comentó, aunque no tenía muy claro cómo funcionaban en situaciones no usuales los blancos. Se encogió de hombros tiempo después. — No lo sé, eso ha pasado hace mucho tiempo… Y creo que estás confundiendo “duendes” con “elfos domésticos”, que te estoy diciendo que no creo que la media les trate de forma hostil… No lo sé, el tema de si por su inteligencia pueden ser tratados como humanos es… controversial —mencionó, mirando al cielo durante algunos segundos.

Era raro ese tema, aunque no estaba muy a favor de iniciar él mismo una investigación al respecto. Quizá simplemente las cosas deberían seguir así, con duendes con malas caras y hostiles con los humanos que iban ahí. Se preguntó si estaban realmente obligados a trabajar, lo que dudaba cuando fue un duende quien creó el banco. Otro dato de cultura popular. En fin, las compras habían seguido con normalidad, pero en cierto momento el pequeño gato empezó a maullar pidiendo comida, por lo que Mikael se había detenido a darle alimento comprado en la tienda de mascotas.

Es normal en animales sacados de situación de calle que pidan comida con frecuencia, no saben cuándo es la próxima vez que comerán… Cuando se habitúe a un horario será más paciente con la comida, ya verás —le dijo. Él en su juventud había adoptado perros y gatos, aunque debido a sus estudios muchas veces los dio en adopción una vez que los había adaptado a vivir en casas. O, por ejemplo, recordaba con mucho cariño a un perro que tuvo cuando niño. A veces los animales que más costaba querer eran los que más necesitaban que les quisieran y él les sabía dedicar esmero y paciencia, aunque no era un fanático de los animales. Era de esos que los valoraban pero valoraba mucho más a sus iguales.

De todos modos, esperó que el gato terminase de comer, sólo faltaban algunas cosas, la varita la estaban dejando para el final, como el broche de oro para cerrar la lista de compras. Recordaba la suya, no la que tenía ahora sino su primera varita, de madera de sauce, recordaba bien. La que actualmente tenía era de madera de peral, más larga que la de entonces y también había resultado ser más poderosa. Llevaba con ella ya siete años, aproximadamente, y en pocas ocasiones lo había defraudado. Su varita de sauce a veces hacía magia sin que él lo solicitara, lo que en ocasiones le generó algunos problemas.

El resto de las compras fue bastante rápido, si era honesto no habría llegado a creer que encontrarían todo, normalmente costaba un poco más, y sólo les había llevado algunas horas desde que se encontraron hasta ese momento. — Es hora de ir a Ollivanders, ¿estás listo? —le sonrió, dándole otro pequeño empujoncito. Lo estaban llevando muy bien, el frío poco a poco desaparecía de la piel y los huesos del sanador.
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