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First things first [Flashfoward] [Priv]

Mikael Pussett el Dom Jul 02, 2017 5:10 pm

Recuerdo del primer mensaje :

24 de agosto 2017

Ese día era su cumpleaños, el número once, quería decir que pronto recibiría el correo para ir a Hogwarts ¿Emocionado? No, tal vez si tuviera a su familia con él lo estaría, pero esos días bonitos quedaron atrás era consciente de ello. No había felicitaciones, ni abrazos, no más besos, su tío no le sorprendería con algo nuevo, no más tocar el violín... Se sintió con miedo, pensar en eso, debía de detener esos pensamientos, debía alejarlos de él pero muy tarde. Su respiración se aceleró al pensar en la muerte de su abuelo, al ver cómo se llevaban a su abuela, su padre inconsciente ¿dónde estaría? ¿estarían bien? ¿seguirían vivos? Su pecho dolió, se abrazó a sí mismo en la cama mientras temblaba tratando de acallar sus sollozos víctima de uno de sus tan famosos ataques de pánicos, quería que todo acabara, que las voces en su mente se fueran.

Tardó más de una hora en recomponerse, aún el malestar estaba ahí, le disgustaba esos síntomas, temía volverlos a sufrir. Decidió no pensar en nada, ese día era como cualquier otro ¿no? Salió de su habitación, al parecer Robin, ese mortifago que odiaba estaba fuera de casa, se acercó a la cocina por un vaso de agua ¿Debería preparar un pastel? No, no era momento para celebrar, sabía que solo con pensar en ello nuevos recuerdos de la vida que tuvo llegarían a su mente, tenía que alejarse de ello porque nuevamente estaba con pánico al reconocer los síntomas. Mejor, dejó el vaso a un lado y se preparó un té para relajarse ¿Robin tendría filtros de paz? Lo dudaba, ese hombre era un egoísta y si lo tenía no iba a permitir que tuviera una sola gota, ese era su propia cárcel.

Cuando el agua hirvió, le agregó el té de hierbas que se hizo, especialmente menta y rosas, no era su combinación favorita pero lograría calmarlo. Un sonido en una ventana le hizo sobresaltar, observó a la lechuza y se acercó a abrirle paso, creía que era para su tutor, que asco llamarlo así, apretó los puños con ira, ese hombre no era nada suyo pero a efectos legales estaban relacionados, él dejaba que se relacionaran, detestaba todo eso tanto como se odiaba a sí mismo por permitirlo, pero si quería ir a Hogwarts, estudiar, poder ayudar debía aguantar aquello.

La lechuza ululó llamando su atención - No está - Le indica, agregando un poco de azúcar a su té, la lechuza casi lo pica para que tome la carta. La taza en sus manos se resbala al ver de quién era, el sonido sordo que hizo la cerámica al estrellarse en el piso no lo sacó de aquel breve momento de felicidad, por fin llegó, el primer paso estaba hecho... Estudiaría en Hogwarts. No había tiempo que perder, por lo visto las clases estaban próximas, aquello era una gran lista, bueno de algo tenía que servir Robin ¿no? Que se hiciera cargo de sus compras. Salió de la casa no sin antes limpiar todo el desastre, un nudo estaba en su estómago.

Llegó al callejón Diagon, muchas veces lo ha recorrido aunque estaba más transitado, seguro por ser verano, algunas personas estaban ya de vacaciones y otras seguro iban como él a hacer las compras. Claro que estaba con menos gente que años anteriores, Mikael no lo sabría ya que empezó a visitarlo hace un par de meses atrás. No dejó que eso le afectara avanzó con tranquilidad, no había nada de malo en un niño de once años caminar solo por ahí, algunos ya le conocían por visitar a menudo sus tiendas.

Estaba ansioso, sus manos sudaban y no tenía que ver con el calor que pudiera estar haciendo pues era un sudor frío, su respiración se agitó y alguien le tomó del hombro - ¡Déjeme! - Se zafa del agarre, su mirada azul parecía un témpano de hielo - Eh, lo siento, es solo que estabas pálido, quería preguntarte ¿estás bien? - Habla con voz suave una joven, parece amable pero Mikael no se fía de nadie - Lo estoy - Gruñe.

- ¿Qué pasa aquí? ¿Este enano te fastidia amor? - Un hombre altanero se acerca a ellos, el tono meloso hace ver que son pareja, Mikael piensa irse cuando aquel hombre habla de nuevo - ¿Qué le hiciste enano? - Toma por su ropa al pequeño quien lo mira con odio, sin darse cuenta la mujer chilla y es que se le ha puesto la piel azul, aquello fue un error- ¿Te parece divertido? - Va a golpearlo, lo sabe al ver el puño alzado ¿se quedará sin hacer nada? Claro, no tiene oportunidad contra él, es un débil, su autoodio se hace presente, mira desafiante al mayor quiere que le golpee porque es tan cobarde que no puede hacerlo él mismo ¡que le odie! Eso es lo que merece, odio así como es lo que merece todos ellos de su parte. El puño no choca con su rostro, alguien lo ha detenido.


Última edición por Mikael Pussett el Lun Jul 03, 2017 4:29 am, editado 1 vez
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Mikael PussettGryffindor

Mikael Pussett el Sáb Nov 11, 2017 5:50 pm

Quedó observando al sanador notando que no se había ofendido por sus palabras, realmente no quería que se enojara con él, era uno de los pocos adultos que se ha conseguido que lo trataban con amabilidad, además de infundirle cierta calma, le agradaba bastante, tanto como para tener esa confianza de tutearlo, solo que temía que fuera de más para la brevedad que llevaban en conocerse, no quería pasar por un abusivo y era bastante raro que bromease de esa forma, al menos raro en estas circunstancias, pero al menos era agradable tener esa sensación de ligereza, tener que fingir todo el tiempo su odio por los muggles le agotaba llegando a pensar que de tanto fingir lo iba a hacer realidad, que iba a perderse en aquel mundo de tinieblas.

Una vez que decidió que Laith no estaba molesto y solo le seguía el juego, se encogió de hombros - Es mi encanto - Responde, aunque eso de ser tierno le parecía una exageración ¿Qué clase de  muchacho de 11 años desearía ser considerado serio? Estaba en una etapa que esos calificativos solo le hacían avergonzar porque debían ser los "hombres".

La conversación siguió su curso hasta tener curiosidad sobre los duendes, no creía confundir un duende con un elfo pero, bueno dudaba que los elfos a los que se refería fuera a los del Señor de los Anillos, dudaba que hubiera Legolas por ahí, no ha tenido oportunidad de conocer a uno, era curioso que a pesar de vivir con un tutor mortifago éste no poseyera elfos domésticos, aunque claro ¿para qué poseerlo si lo trataba a él como uno? Lo único que no hacía Robin era comer de lo que preparaba, tal vez por temor a envenerarlo, ganas no le faltaban de hecho. Sin embargo, su experiencia en el mundo mágico era escasa, todo lo que conocía era por esas especies de clases que le daban y sin embargo la mayoría consistía en lecciones para que aprendiera a odiar a los muggles.

Esta introspección le duró poco, no solo el felino le sacó de sus pensamientos, sino que Laith le recordara que iban por su varita, poniéndolo nervioso, a pesar de actuar con mayor seriedad a la de un niño, el asunto le daba tanta ansiedad como cualquier otro, solo que su motivo era para recordarse que esa experiencia debió ser con su padre, no con el sanador, no es que lo odiase, pero debía ser un mayor motivo de alegría - Si, supongo que estoy listo - Dejó que el mayor le guiara hasta el lugar, era de los pocos que no había entrado porque quería posponer este día, el día que recibiría una varita.

Inconscientemente tomó la mano de Laith, estaba tenso en el momento que entró al lugar, el Señor Ollivander podría ser amable por su vasta experiencia en atender a los pequeños niños magos, el animalito estaba tras ellos, limpiando su rostro después de haber comido -¡Bienvenidos! - Dijo el amable adulto, observando a ambos con una gran sonrisa. Le indicó el discurso de que cada varita escoge a su dueño, entonces le mostró tres o cuatro en su estuche, perfectamente cuidadas, sin embargo ninguna parecía ser alentadas por Mikael ¿Quería decir que no era digno de ninguna? ¿Que no era buen mago? ¿Y si no tenía magia? Pero era imposible, ha demostrado tenerla con algunos incidentes de su infancia.

Iba a abrir la boca para resaltar que regresaría en otro momento pero el viejo y amable mago no iba a quedarse así, empezó a buscar por todos lados diciendo susurrando cosas que no entendía pues parecía que estaba entrando en pánico, solo el agarre a la mano de Laith el cual apretó de forma inconsciente le mantuvo anclado, esperando y dudando de las habilidades del Señor Ollivander hasta que éste gritó eufórico - ¡Estoy seguro que ésta es tu varita! Anda prueba prueba - Casi obligado Mikael movió la varita quien reaccionó a el - ¡Quien diria! Madera de fresno con núcleo de pluma de fénix, una varita muy testaruda e independiente, debió ver en ti un mago valiente, pues es una combinación difícil de dominar, probablemente te traiga problemas, pero si te eligió es porque vio algo en ti, cuídala mucho, el Fresno la hace muy leal, solo te pertenecerá a ti - ¿Una varita que solo le pertenece a él? ¿Cómo era eso? ¿Testaruda? Miró el palito de madera, sintiendo un calor en su mano, como si la varita estuviera probándolo, retándolo a ser mejor

- Gracias - No sabía si agradecía a la varita o al mago mayor que sonreía entusiasmado, contando que la varita tenía más de trescientos años sin encontrar dueño por ser muy testaruda creyendo que no necesitaba mago alguno para ser ella misma. Ante esto la varita se enfrió en su mano, como si estuviera molesta, negando todo eso, le resultó curioso - El dinero será depositado a tu bóveda - Le indica al mayor, acostumbrado a decir eso, su corazón estaba exaltado, sin saber bien que ha ocurrido en ese momento y sin querer separarse de su varita.

- Creo que tenemos todo - Habla con Laith, dándose cuenta que en todo ese tiempo le ha sostenido la mano, cosa que le avergonzó bastante por lo tanto la suelta fingiendo que nada de eso acaba de pasar. Después de esto no sabía que más hacer, habían terminado con las compras. Pero estaba renuente a alejarse del sanador, la compañía mutua parecía ser efectiva para los dos, era agradable.
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Mikael PussettGryffindor

Laith Gauthier el Miér Nov 15, 2017 6:03 am

Ese mocoso le encantaba, con esa vanidad que le recordaba un poco a él incluso si estaba usando un adjetivo no demasiado masculino para describirlo. Pero a pesar de eso lo tomaba de muy buena manera, para hincharse un poco el pecho. Era un niñato muy agradable, de hecho. Algo, sin embargo, le decía que no estaba precisamente bien informado al respecto de las criaturas mágicas, quizá la asunción de que los elfos domésticos recibirían un trato semejante al de los duendes, lo que al menos a él no le parecía muy lógico, incluso si no tenía mucho contacto con ninguna de las dos criaturas. No estaba muy en pro de la esclavitud, después de todo.

Le recordó que tenían que ir por su varita, notó cierta ansiedad y quizá hasta algo de pesar. Entendía que no era la compañía que quería, pero al menos no tenía que ir solo. Inesperadamente sintió la mano de Mikael tomando la suya. Como una revolución un viento caliente le relajó el pecho dolorido, dejándolo sujetarle como su apoyo. — Buenas —saludó al hombre, oyendo aquel discurso que el hombre ya debía saberse de memoria para decirle a todos los jovencitos que llegaban por su primera varita, no era nada de sorprender que fuese uno de los momentos más emocionantes en la vida de un mago.

Mikael empezó a probar varitas, no estaban reaccionando bien a él. Entonces el niño intentó huir, acobardado por el momento, entonces afirmó la sujeción de su pequeña mano y la acarició por los nudillos con el pulgar para proveerle de tranquilidad. En silencio le pedía sólo un momento más, que tuviese paciencia y un poco de esperanza para poder encontrar su varita. El amable caballero había sacado otro estuche bajo el griterío de que había encontrado la exacta, así que el niño no tenía otra opción más que la de intentarlo. No estaba bien seguro de qué significaba todo lo que dijo, pero parecía ser especial, no pudo evitar sonreír ligeramente.

Gracias —se despidió del señor Ollivander para salir de su tienda. Mikael había reparado en aquella mano que le sostenía y la soltó avergonzado, Laith tuvo que morderse la lengua para no reírse, pues no quería apenarlo más. El jovencito reparó en que ya tenían todo comprado, miró el reloj de su muñeca con un suspiro. — Entonces… imagino que querrás ir a mi casa —ya estaba un poco resignado a ello, pero oye, él no tenía ninguna profesión de conciencia, si Mikael no tenía su propio Pepito Grillo que le dijese que aquello no era inteligente no era su culpa.

Le hizo una seña con su cabeza, tendrían que usar la red flú para llegar a su calle, pues no le apetecía caminar primero con tanta ropa ahora que el frío había pasado y segundo con todas las cosas que el niño había comprado. Tenía algunos polvos en su bolsillo todavía, así que no sería difícil llegar. Quizá el mayor problema fue el gato, a quien tuvo que sostener él ya que el fuego lo asustó y podría arañar al niño si éste lo sostenía al entrar. Sólo su mano sufrió unos cuantos araños insignificantes para él, apenas y le ardían un poco, no le generaban la gran cosa.

Es por aquí —le hizo una indicación con la cabeza, sin soltar al animalito mientras lo llevaba hasta su departamento. Todavía no sabía si era una buena idea, pero al menos no había venido un Laith del futuro a decirle que no lo hiciera, así que tan malo no podía ser. — Vamos a tener que poner reglas, ¿vale? Los muebles no se arañan o te hago estofado —amenazó al gatito que tenía en la mano, aunque tuvo que ponerlo en el suelo para buscar su llave y abrir. Era una llave mágica, por supuesto, y un simple hechizo no iba a abrirla. Quizá una patada ninja sí que la tumbaría, pero eso era otro tema.

Su departamento era amplio y estaba perfectamente pulcro, ni un solo objeto fuera de lugar. Había limpiado todo y acomodado hasta el hartazgo en su intento por olvidarse un poco de su pesar. Fue quitándose las prendas de abrigo que colgó encima de una silla del comedor hasta quedarse en una camiseta sencilla, el final de aquella enorme cantidad de ropa. Entretanto, había dejado al niño y al gato explorar a sus anchas si a ellos les apetecía, dejando su varita en la mesa, pues siempre la llevaba como la longitud de su brazo dentro de su manga. Y al quitarse esa última prenda de manga ya no tenía cómo sujetarla.
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