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[Priv] Será fácil, decían... | Samantha

Invitado el Jue Jul 06, 2017 1:44 am

¡Trabajo fácil! Ese era el trabajo favorito de la morena. El trabajo fácil que requería menos complicaciones que el ir a comprar el pan a las dos de la tarde después de haberte estado durmiendo hasta la una. Ese tipo de cosas eran por lo que Dylan había elegido ser cazarrecompensas y no... ¿Contable? Definitivamente no era chica de números, no.

Hablando simple y claro aquel día había pasado por el ministerio a ver a quien podía rastrear, nadie había pillado el cartel de una rubia con cara de tonta y... Bueno ¡Bingo! Ella lo cogió, más que nada por que ya había atrapado a un par de personas y la cosa le había ido bien hasta el momento. Seguro que pillar a una tipa llamada Sam, rubia y con los labios bien pintados de carmín muy difícil no le sería ¡Estaba emocionada! No solía pillar una paga tan fácilmente.

La central de cazarrecompensas decía que el último lugar por el que se había visto a la muchacha era por Londres, no el mágico si no el Muggle. Que desgracia, Dylan no terminaba de encajar muy bien en ese mundillo y le sorprendía que Lord Voldemort no hubiera hecho, a estas alturas, alguna campaña de exterminio bien nazi contra ellos.

En fin. No eran asuntos en los que quisiera mostrar interés, realmente. Tener opiniones políticas solo llevaba a molestar a alguien, fuera del lado que fuera.

Partió a Londres por una de las salidas del ministerio que daban a una de esas cabinas telefónicas tan monas que usaban los Muggles. Sus ropas, blancas, no destacaban especialmente como mágicas, aunque, por otro lado, tampoco parecían Muggle, la última moda de la firma de Madamme Bacclaw era muy rara.

En fin. Que Dickens empezó a pasearse por la zona donde se la había visto, a preguntar a la gente y sobornar a quien hiciera falta con unas libras para que le pegaran un toque si la volvían a ver. Por algo se debía empezar.

Tras eso empezó a peinar la zona, de arriba abajo a ver si hallaba con otra pista ¡O mejor! Si uno de los sobornados la traicionaba e iba a informar a la perseguida, eso sería lo mejor. Así la sacaba de su escondite.
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Sam J. Lehmann el Miér Jul 12, 2017 3:12 am

No estaba entre sus hobbies diarios salir a dar paseos por la calle, ni por el mundo mágico ni por el mundo muggle. No obstante, como tenía cosas que hacer y no podía sobrevivir todo el rato en aquella maldita tienda de campaña mágica, tenía que movilizar su trasero, ponerse en peligro e ir a buscar, básicamente, comida. Obviamente, puestos a elegir iba a ir al mundo muggle, más concretamente a ese barrio en donde en comparación con el resto de Londres hay poca gente y en donde se compra muy bien, sobre todo ahora que no tenía manera fácil de conseguir libras.

Con un sencillo hechizo se había pintado el pelo de color negro y se lo había ondulado un poco, además de pintarse los labios de color violeta oscuro... Aunque cada vez que se miraba al espejo se decía a sí misma que con esa cara de pan redonda cualquiera le iba a reconocer si es que la estaban buscando. Suspiró resignada por su cara de pan fácilmente reconocible y se desapareció de la tienda de campaña después de hacer un traslador que la llevaría de vuelta al lugar en dónde se encontraba ahora dentro de una hora, el cual era un tenedor y se lo había guardado en el bolso. Se movía tanto de lugar para que no la pillasen que era imposible saber el lugar exacto en el que se encontraba día tras día, por lo que no iba a cometer la locura de aparecerse sin estar segura, ya que podría resultar fatal.

Apareció en un baño público que estaba roto y nadie usaba, por lo que nunca había nadie. Salió de allí muy diva y se puso las gafas de sol para pasar desapercibida, caminando por las calles hacia la frutería más cercana. Comprar al por menor era lo ideal cuando eras pobre. Comenzó a coger lo necesario para sobrevivir al menos una semana y de repente un hombre se acercó a ella y se colocó junto a las cebollas.

Tienes que irte. Hay una tipa preguntando por ti y sobornando a la gente para que le digamos si te hemos visto o qué sabemos de ti. Olvídate de este barrio y búscate otro —le dijo rápidamente, con un tono de voz susurrante propio de un mafioso, sin ni siquiera apartar la mirada de las cebollas.

¿Quién?, ¿ha venido sola?

La señora frutera los miró con confusión y Sam se limitó a darle el dinero rápidamente para llevarse lo que había cogido. El hombre comenzó a explicarle lo poco que sabía, así como a describirla físicamente. No obstante, tras unos minutos andando juntos, se fue nervioso. Y claro, estaba nervioso porque la chica en cuestión estaba al otro lado de la carretera. Menos mal que estaban en un lugar muggle y habían muchas personas a su alrededor como para arriesgarse a usar magia. Sam se dio la vuelta y comenzó a caminar a paso rápido en sentido contrario, esperando que no la hubiese visto.
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Invitado el Vie Jul 14, 2017 2:37 am

Dylan, francamente, era lo que suele definirse como "un poco lerda". No es que fuera tonta, era más bien... Lenta. En clase ya le pasaba mucho, tardaba en pillar conceptos básicos por centrarse demasiado en una cosa y no mirar la imagen total, pasar de los detalles nimios, etc... Ese tipo de cosas con las que, por ejemplo, no había logrado pasar el examen de auror.

La cuestión es que en el asunto de rastrear mala no era. Seguía bien la gente y buscaba las pistas como tocaba. Pero si en su cabeza tenía en mente "Tengo que buscar a una rubia de cabello liso y con pinta de tonta" Estaba, bueno, buscando una rubia de cabello liso y con pinta de tonta, no una morena de cabello rizado.

Así que en el momento en el que se giró, se encogió de hombros y miró al este lo que vio fue una chica muy mona que TOTALMENTE no era la que buscaba, así que sin sentir la urgencia de empezar la carrera a esta, suspiró y se detuvo frente al paso de cebra para que el Ford Focus de turno pasara delante suyo (con bote de susto atrás por parte de la negra incluido).

Entonces lo cruzó y una vez en la otra acera empezó a andar de vuelta al parque pasando al lado de la morena no-morena. Una vez la adelantó notó algo extraño en ella así que se detuvo en seco, se giró y la miró fijamente a los ojos.

Perdona - Le dijo - Pero... ¿te conozco de algo? Estoy segura de haber visto tu cara antes

Lo dicho, era un poco lerda.

Entrecerró un poco los ojos y se mordió levemente el labio inferior mientras giraba un poco a derecha e izquierda su cuerpo, tanteando - Si te digo la palabra "Hogwarts"... - Introdujo con cautela ¿Os imagináis lo gracioso que sería que, por un fail tan estúpido, rompiera el secreto de la magia? Bueno, fijo que alguien de arriba se enfadaba mucho con ella - ¿Sabes de que estoy hablando?
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Sam J. Lehmann el Mar Jul 18, 2017 1:23 am

Maldita mala suerte, ¿y ahora qué narices hacía?

Lo primero era mantener la calma. No podía desaparecerse allí sin más porque obviamente estaba en medio de una sociedad llena de muggles, además de que ahora mismo no se le ocurría ningún sitio al que irse, por eso de los nervios repentinos, vaya. Pero había que tener mala suerte para buscar un lugar seguro en donde poder hacer la compra de la semana y que éste estuviese ya infectado por otro mandado del Ministerio que buscaba su cabeza a cambio de... ¿cuánto era?, ¿treinta mil galeones? En realidad le habían puesto un precio bastante alto a una rubia con cara de tonta en el cartel de "se busca". No le extrañaba que cada dos por tres apareciese alguien. ¿Por qué eran tan pesados con ella?, ¿la querrían para algo en especial?, ¿quizás se han dado cuenta de que la única legeremante que vale del Ministerio está en busca y captura? Demostrarían algo de inteligencia al reconocer eso, al menos.

Pero no, lo que ella desconocía es que quién la buscaba no era un mandado del Ministerio, sino alguien que trabajaba por y para ella. Lo cual era peor todavía, ya que normalmente los incompetentes son los que están en el Ministerio y los útiles los que trabajan por su propia mano.

No obstante... cuando aquella chica morena se plantó frente a ella le demostró de que quizás la había sobreestimado. Debería de empezar a reconsiderar de manera seria eso de cambiarse el color del pelo de manera definitiva y cambiar el rojo por el morado, al parecer su cara de pan redondo no era tan notable. Sam dio un ligero respingo al ver cómo aquella mujer le cortaba el paso de una manera bastante... inocente y confundida. —Pues... —¿Era una prueba o algo por el estilo? Ahora mismo estaba tan perdida en si había comprado zanahorias y en mirar a ver en dónde narices se metía que no había ni pensado en una respuesta coherente que darle a esa pregunta. —¿Hogwarts? —repitió, fingiendo confusión por esa palabra tan rara. ¿Y si se hacía la muggle? Podría servir... si la dejaba como una loca y ella se volvía ignorante, quizás picase. —¿Es alguna marca de ropa? No, de lejía. Tiene pinta de ser una marca de lejía. Lo siento... —Mostró una fingida sonrisa cordial y un poco risueña —, no sé de lo que me estás hablando. A mi no me suenas, pero mi cara es muy común: redonda y de ojos pequeños; solo a los asiáticos ya me hacen competencia. —Intentó bromear.

No entendía nada. Le había quedado claro por su referencia a Hogwarts y la descripción del hombre de antes que esta mujer estaba preguntando por ella, ¿pero de verdad no se daba cuenta de que era ella?, ¿o estaba jugando a ver si pillaba a la rubia? Disimuladamente Sam retrocedió un paso para que ningún movimiento de la bruja pudiese cogerla desprevenida, no obstante, no se fue a ningún lado. No quería ser muy descarada queriendo irse rápido de su compañía por miedo a que fuese demasiado evidente.
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Invitado el Mar Jul 18, 2017 2:37 am

Dylan se la quedó mirando un rato extrañada y con los ojos entrecerrados - ¿Lugía? ¿Eso se bebe? - Definitivamente no le sonaba como algo para beber, de hecho, ni siquiera se plantearía probar un líquido con ese nombre ¡Pero bueno! Fijo que alguien lo hacía, los Muggles eran muy raros - Lo siento, pero es que hay palabras estas Muggles que no termino de pillar y tal, vosotros diríais que soy un poco pasada de época pero... Bueno, ya me entiendes ¡O no!

La miró un poco más fijamente. Definitivamente había visto esa cara en algún lugar ¡Dylan no olvidaba una sola cara!  Y cabe destacar en especial la palabra "cara" en esa frase, por que lo que se dice pelo y maquillaje parecía volar de su cabeza como el recuerdo de que iba a comer ese día.

¿No se considera racista decir eso de los chinos hoy en día? - Comentó encogiéndose de hombros, ella era negra pero no una loca paranoide del racismo y esas mierdas new-age que hasta habían llegado al mundo mágico - ¿He dicho chinos? Asiáticos, si si, asiáticos - Rectificó tras unos segundos de sepulcral silencio.

Recordaba haberla visto en algún lugar ¡Sin dudas! ¿Pero donde? Por que aquella tipa seguía negando que la había visto.

Hmmmmmmmmmm - No se separó de la chica y si esta empezaba a andar Dylan, simplemente, la seguía de cerca - ¡Debes ser famosa entonces! Por que sin dudas te he visto en algo ¿Quizás en alguna revista Muggle que me haya leído esperando en el starbucks? ¿Modelo o así? La verdad es que eres muy guapa - ¡Que bochorno de golpe! Dylan siempre había escuchado la típica historia (fake, por supuesto) del mindundi que se encontraba un famoso que no reconocía por la calle y pasaba el rato de mayor vergüenza de su vida por el retraso ¡Joder!, si es que le acababa de pasar - Vaya, siento mucho molestarte entonces... Nada, mis disculpas
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Sam J. Lehmann el Vie Jul 21, 2017 1:03 am

¿Lugía?, ¿eso no era un bicho de esos de los pokemones? —Suspiró un tanto extrañada, ya no solo por el hecho de que no supiese lo que es la lejía, ya que al menos Sam consideraba eso algo básico, sino el hecho de que siendo bruja y estando frente a una supuesta muggle, le soltase el vocabulario mágico como quién dice un taco. —No te entiendo —recalcó su estado muggle. —¿Qué es una palabra muggle? —Volvió a fingir. Podría meterse en un considerable lío si Sam fuese una muggle de verdad y ella fuese por ahí pregonando ese tipo de cosas con total naturalidad.

No quería seguir con esa tapadera porque en algún momento sabía que iba a resquebrajarse. Ella no era una buena mentirosa, sino todo lo contrario: de hecho era pésima no, lo siguiente. Dudó en si meterse en su mente con la legeremancia para ver sus verdaderos pensamientos, pero lo descartó al momento. Si se metía en su mente y ella lo detectaba, no había nada que pudiera hacer para hacerse pasar por quién no era. Además de que suponía que alguien que caza a otro alguien, primero se informa de su presa, por lo que debería de saber sus capacidades de legeremancia. Se hizo a sí misma un "facepalm" mental al escuchar hablar a la chica, sin tener muy claro cómo continuar con esa conversación. Estaba siendo una situación tan surrealista que no sabía ni cómo proceder. De hecho, si no le hubieran dicho que esa mujer la estaba buscando, la conversación hubiera surgido hasta con más naturalidad.  —Creo que no... —dijo sobre el comentario racista. —Es una evidencia que los asiáticos generalmente tienen los ojos pequeños y la cara redonda, ¿no? Es como decir que generalmente los de raza negra tienen el pelo rizado, oscuro y los labios regordetes, ¿no? Son características que los definen... creo.  —Intentó explicarse para que no pensase que era racista. ¡Si a ella le daban igual los chinos y los negros!

Parecía una chica demasiado... ¿torpe? No sabía decir si esa era la palabra, pero su manera de hablar, con esa actividad y con esa manera de no pisparse de las cosas, la hacían pensar que había tenido suerte ese día en encontrarse con una persona no demasiado avispada. —¿Famosa yo? —Soltó una leve carcajada, sobre todo al escuchar cómo le afirmaba que era muy guapa. ¡Pues gracias, oye! Aunque siempre pensó que iba mucho mejor de rubia que de morena. Se estaba planteando seriamente ese cambio permanente cada vez que saliese de su refugio; al parecer funcionaba. —Quizás tenga algún tipo de parecido razonable con alguna famosa, pero ni de lejos soy una de ellas. Ahora mismo estaría firmando autógrafos y no comprando zanahorias —dijo afablemente, para luego zarandear la mano en señal de que no se preocupase por su evidente equivocación. —No te preocupes, a todos nos ha pasado en algún momento eso de equivocarnos de persona por la calle.

Se sentía un poco mal haciéndola sentir como si verdaderamente se hubiese equivocado y dejarla de tonta. No obstante, cuando pensaba que sus intenciones eran meterla en Azkaban y cobrar por ello, se le pasaba ese sentimiento de pena. Más bien le daba pena porque no parecía una mala chica.

Como evidentemente estaba en alerta permanente en aquel momento, cualquier tipo de cosa le hacía saltar a la defensiva. Justo en ese pequeño momento de silencio un coche dio un frenazo en medio de un paso de peatón y una señora pegó un grito, por lo que las ruedas chillaron ante el roce con el asfalto. Saltó repentinamente hasta atrás, llevando una de sus manos a la parte trasera de su pantalón, allí en donde guardaba su varita en el bolsillo encantado mágicamente. No la sacó. Su rostro fue una evidencia de susto y preocupación por verse envuelta en aquel inesperado ruido. Por lo que al darse cuenta de que quizás su reacción había sido un poco descarada, decidió dar por finalizado aquel encuentro y no seguir tentando a la suerte.  —Bueno, un placer.  —Y pasó al lado de la chica para continuar de largo.
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Invitado el Vie Jul 21, 2017 10:45 am

Nada, la chica no estaba siendo muy habladora. Una pena por que Dylan mira que le daba ocasión tras ocasión para unirse a la conversación. Simplemente negaba, decía que si o se cruzaba de brazos mientras la negra hablaba y hablaba de sus típicas estupideces de chica inculta. Lo habitual, vaya.

Oh, una palabra de la gente que no pertenece a mi club, no te preocupes por ella - Le contestó con una sonrisa tras unos segundos de silencio, chasqueando la lengua.

La chica parecía algo tensa, como sudorosa y con la mirada siempre mirando a un lado y a otro. Dylan no era una buena detective, de hecho, por ser, no era ni una. Pero sabía como leer a la gente en una conversación y había algo en aquella chica que no terminaba de cuadrar. Claro, que no todos los días te interrumpía una completa extraña por la calle.

Dylan frunció el ceño mirándola mientras notaba un picor en la nariz. Una tipa extraña y nerviosa tampoco se ponía a discutir de temas de raza en plena calle.

¡Shhhh! - Dijo Dylan llevándose el dedo índice al labio - No es políticamente correcto decir eso en público, que lo mismo alguien se ofende y terminas sin trabajo

Podía parecer una burrada así a simple vista pero la propia Dylan había oído historias de a una muchacha que le había pasado trabajando en el Caldero Chorreante, así que... En pocas palabras, era mejor no abrir la boca ante temas tan tremendamente peliagudos.

Era curioso como Dylan, hasta aquel momento, no se había fijado en que la tipa llevaba Zanahorias ¡Las zanahorias molaban! No solo por que te ayudaban a practicar las mamadas si no por que también estaban jodidamente deliciosas. A Dylan le encantaban.

En fin. Suficiente pensar en zanahorias y pasar a comportarse, al menos un poquito, como alguien decente.

Oh, entonces... Si no eres famosa... ¿Aceptarías tomarte un café conmigo? - Le preguntó - Para compensarte por este despilfarro de tiempo, es lo mínimo que puedo hacer. Además, quien estoy buscando tiene pinta de que no va aparecer pronto - Realizó una leve pausa en la que le guiñó el ojo - Enga... Porfaaaaaaa

Sí... Sí... Se acababan de despedir, pero Dylan tenía algo que le mosqueaba con la chica y, como mínimo intentaría ser medio-decente.
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Sam J. Lehmann el Vie Jul 28, 2017 1:48 pm

A pesar de que técnicamente aquella mujer quería capturarla —algo que comenzaba a dudar debido su actitud— y el hecho de que Sam estaba un poco nerviosa por todo lo que pudiese suceder, tuvo que esbozar una sonrisa cuando aquella chica se puso tan nerviosa al escuchar las palabras de Sam. Ella nunca había sido racista, le daban igual las razas y para ella todo el mundo era igual, pero era incuestionable el hecho de que ciertas razas tienen predisposición a ciertas características que le remarcan. —¿Por qué no? Es como decir que el agua es insípida y el cielo azul. No lo digo de manera despectiva, lo digo como obviedad—se explicó, no fuese a hacer que ahora fuese a pensar que la rubia —ahora morena— era racista.

Después del susto que se pegó ante aquel ruido repentino y el salto que dio, asustada, supuso que podía ser el detonante de cierta sospecha por parte de la chica, pero no. No fue así. Cuando Sam intentó irse de allí un poco apurada, ella decidió pasar por alto eso y ofrecerle ir a tomarse un café. ¡Un café! No entendía nada. De verdad que estaba empezando a preguntarse si aquella chica de verdad la estaba buscando con fines malvados. ¡Si parecía un encanto! Un poco extraña, pero sin duda una persona bastante agradable. Obviamente Sam quería rechazar esa oferta, pero… ¿y si con esa chica podía descubrir ciertas cosas que favoreciesen a su propia seguridad? Ella podía saber cosas si verdaderamente iba detrás de Samantha Lehmann… sabiendo lo bocazas que era, seguro que le soltaba información si ella hacía las preguntas correctas.

La miró, evidentemente contrariada por no saber qué hacer, pero finalmente, al ver que estaba sola y no parecía nadie especialmente peligrosa, decidió decantarse por su parte más atrevida: la supervivencia nunca fue fácil. —Vale —aceptó al escuchar la frase clave, seguida de ese “porfa” tan aniñado. Debía de ser una persona extremadamente sociable para invitar a una desconocida a tomar un café. —¿Ahí te parece bien? —Señaló con su mano libre a una cafetería simplona y normal que estaba al otro lado de la calle, en mitad de una acera bastante ancha.

Por un momento pensó que podía ser una trampa, pero tras recordar ese "porfa" se le pasó. Aquello no podía ser una trampa. Y si lo era, tenía sus dieces.

No sabía exactamente cómo empezar a preguntar, pero tenía clara una cosa: iba a intentar ser clara y concisa para sacar información. Desde que viese el mínimo indicio de sospecha por su parte, saldría pitando de allí como alma que lleva el diablo. Pero mientras… mientras podía arriesgarse un poquito. —¿Y te han dejado plantada o cómo? Es un sitio extraño en donde quedar, es un pueblo pequeño. ¿Vives por aquí? —Se mostró interesada, con un tono jovial y amable.

Comenzaron a caminar hasta la cafetería, ella de una manera lenta y sujetando su bolsa de verduras y frutas con la mano que estaba más cerca a la desconocida, por si acaso con la otra tenía que acceder rápido a la varita. Ahora que se daba cuenta, ni sabía cómo se llamaba la chica.
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Invitado el Lun Jul 31, 2017 3:49 pm

Dylan suspiró y chasqueó, seguidamente, su lengua - No si ya, la intención no es con la que lo dices si no que dices, a la mayoría de la gente le da igual las pamplinas de la intención, lo que quieren es una excusa para saltar a la mínima al cuello de alguien - Sonrió - Creeme chata, te estoy haciendo un favor

Tras decir la palabra "chata" el cerebro de Dylan empezó a pensar. No el típico pensamiento rápido y reflejo que se hacía cuando "Oye, tengo que entintar esta pluma", no señor. Dylan estaba con un pensamiento más lento que un caracol con el asunto de "chata" ¿Por que? Por que no recordaba haber escuchado el nombre de la chica y... Bueno, llamarla chata todo el rato podía ser el mayor de los muermos.

Debería preguntarle el nombre si, y algo sobre su vida. Dylan siempre había tenido cierta curiosidad sobre como eran la vida Muggle ¿Que harían en su tiempo libre? Por que Dylan se pasaba la vida escuchando audiolibros en ropa interior.

En fin, La morena parecía algo sorprendida por las propuestas de Dylan, algo perfectamente comprensible por como... Como había ido todo, si. Pero bueno... ¿Por que la negra tenía una sensación extraña al verla? Hmmmm... Mejor no le doy más vueltas Se dijo a si misma, prefiriendo no calentarse la cabeza ¡Que pensar cansaba mucho!.

Miró al lugar en el que la chica había señalado y lo examinó un poco por encima. Era simple, un poco falto de decoración y muy... ¿Muggle?. ¿Acaso podía definirse algo como "muy Muggle"? Dickens no tenía una definición pero aún así era todo lo que le señalaba ese lugar. Común, con cosas eléctricas y unos azulejos monótonos; Sin nada de polvo y tal... ¡Que aburrido!.

Se volvió a la morena - Si - Sonrió - Supongo que valdrá

Andaron hasta el lugar mientras la chica le preguntaba cosas. Que raro, hubiera jurado que no estaba muy interesada en quien era ella mucho antes, pero bueno.

No bien bien - Respondió en un tono algo dudoso - Estaba buscando a alguien, una rubia que no parece muy lista - Le explicó - Digamos que soy como cobradora de seguros y ella tiene una deuda muy gorda con quien me paga

Frunció ligeramente el ceño - ¿Pueblo? ¿No estamos en Londres? Siempre había pensado que la ciudad era... Eso, una ciudad - Se encogió de hombros, estirando el brazo para abrir la puerta. Lo peor de ir al otro lado de la calle había sido cruzarla, con los coches Dylan había pasado un mal rato - Bueno, después de ti
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Sam J. Lehmann el Vie Ago 04, 2017 1:28 am

Elegir ese café fue la solución más fácil para no tener que irse de un radio de actividad humana bastante elevado. Estaban prácticamente en el centro de aquella zona de Londres y Sam no quería irse a ningún lugar que estuviese perdido en medio de alguna calle desconocida. Entre más gente hubiera, más repararía la bruja en hacer magia para atraparla.

¿¡Una rubia que no parece muy lista!?, ¿pero qué clase de manera de subestimar a tu enemigo es esa? ¡Será... idiota! Vale que tenía cara de pan o de queso redondo, pero de ahí a llamarla tonta había una zancada muy grande. Con razón iban tanta gente a por ella... entre que pagaban bien por su cabeza de legeremante y encima tenía cara de tonta... más de uno debería de haberse relamido al ver una presa tan fácil. Cualquiera diría que fue a Ravenclaw. Suspiró intentando no ofenderse por lo que acababa de decir. Total, para tontos allí estaba claro quién estaba más cerca del límite de serlo. —¿"Digamos qué..."? ¿Qué eres, una especie de matona que trabaja para la mafia o algo así? —preguntó con un tono de voz que tenía como finalidad aparentar un poco de precaución ante el desconocimiento. ¡Perfectamente el nuevo gobierno podría considerarse una maldita mafia!, ¡que tiene una deuda, dice! Daban ganas de pegarles una bofetada para que despertasen de tanta tontería, ¿acaso pretenden que devuelva sus veintiocho años de magia? —No tienes pinta de matona —añadió finalmente. Y eso que era negra y los negros solían tener cierta predisposición a parecer problemáticos o matones... (toma racismo), pero ella no era precisamente uno de esos estereotipos.

Fue la chica quien abrió la puerta de aquella cafetería a la vez que Sam intentaba excusarse por llamar "pueblo" a aquella zona. —No estamos en la zona central, ni tampoco en la gran ciudad. Es una manera de hablar a una zona menos transitada de Londres, pero sí, estamos en una ciudad.

Hola, chicas —nos saludó el señor regordete que estaba detrás de las barra. —Sentaros donde queráis. ¿Qué os voy poniendo? —preguntó afablemente. Apenas había gente en la cafetería en ese momento por lo que prestar atención a las chicas fue casi instantáneo desde que entraron.

Un café con leche, gracias. —Le pidió por su parte, tomando la iniciativa de sentarse en una mesa justo al lado de la ventana y bien cerquita de la entrada y del barman. Tenía todos los sentidos encendidos por si acaso tuviese que reaccionar ante cualquier situación. Entonces miró de nuevo a la chica que tenía delante y se encogió ligeramente de hombros, dejando su bolsa de frutas sobre el asiento contiguo a ella. —¿Entonces estás en medio de tu trabajo y has decidido invitarme a un café? Debe de ser un trabajo muy aburrido. —O tu muy mala cazando.

¿Debería presentarse o esperar a que ella tomase esa iniciativa? Quizás si Sam se presentaba primero podría sonar menos sospechosa a la hora de inventarse un nombre. El sonido de la máquina de café hizo que pusiese una mueca molesta y finalmente esbozó una fingida sonrisa. —Soy Taylor, para que así no me llames "chata". —No le preguntó directamente por el nombre, pero sobreentendía que, como persona social que era, entendería que presentarse era lo que le tocaba.
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Invitado el Sáb Ago 05, 2017 12:29 am

Era curioso. Dylan, en su vida, había ido a una cafetería Muggle, de hecho, en cuanto a lo personal, podía contar con los veinte dedos de su mano las veces que había tratado con uno tanto como lo estaba haciendo, en ese momento, con aquella chica. El gobierno los demonizaba y, como ya se presuponía, todo era un poco propaganda con esa gente, no eran tan malos y hasta se comportaban de un modo bastante decente.

Si es que ¡Hasta parecía lista! En plan que lo que escuchaba de Dylan no terminaba de cuadrar. Meh, para que mentir, tenía razón, eso parecía muy de mafia, o al menos la versión romantizada de lo que es una mafia que solían tener los audiolibros que escuchaba ¿Habría películas de Mafia también? El cine era aquel gran desconocido para la negra.

Se encogió de hombros - Meh, tan solo diré que "se podría decir", no es bien bien una mafia pero si que actúan un poco como estas - Contestó - Pero estás en lo correcto, pinta de matona no tengo ¿Verdad? - Realmente fue un poco coqueta al decir aquello, total, ya que podía... - Eso es que por que... Más bien soy como una mayordomo ¿o se dice mayordoma? Bueh, nunca he sido muy chica de diccionario... ¿Por donde iba? Ah, si, lo que soy... - Se llevó el dedo al labio inferior y alzó ligeramente sus ojos poniendo su "cara de pensar" - Pon que soy una mezcla entre cartera, mayordoma y cobradora de deudas

Francamente, ese combo no había por donde cogerlo ni con pinzas, Dylan tenía la sensación y estaba casi segura de que la chica también, no obstante, puesto que era Muggle, no iba a colar lo de "Soy cazadora de recompensas" Esos, tenía la certeza, solo funcionaban en Estados Unidos ¿no?.

Oh... Ya veo - Dijo ella - Yo es que no suelo moverme mucho por estos lares, así que todo, más o menos, me parece ig...

Cortada por el afable señor regordete, Dylan, con una sonrisa, ladeó la cabeza para verlo y a continuación examinó el local buscando la mesa apropiada. Una vez la vio se fueron a sentar no sin antes pedir lo que iban a tomar - Tienes... ¿Cerveza de Mantequilla?

¿Eso que es? - Respondió el.

Nada - Dijo negando con la cabeza - Un café como ella

Okei makei - Respondió ¿Que coño era un "makei"?.

Se sentaron y Dylan observó la ventana de vez en cuando a ver si aquella rubia, la tal Sam, aparecía - Oh, que va, que va - Su mano derecha se agitaba de izquierda a derecha, acompañando la negación - Es algo bastante divertido, pero divertido por cosas como esta. Aunque alguien me ha contratado para hacer X el como lo haga depende de mi y, por ende, puedo tomarme los descansitos cuando me rota. Mola ¿no?

Oh, si, si, ¡El nombre! ¿Donde están mis modales? - Sonrió - Yo me llamo Dylan, un placer - Y le tendió la mano.

Poco tras aquellas palabras, tan solo unos segundos, el hombre rechoncho trajo los cafés, entonces, Dylan le preguntó que cuanto costaban. Tras escuchar una cifra la negra buscó en su bolso su cartera con Dinero Muggle, sacó un billete de cincuenta libras y se lo entregó al tipo, que lo tomó con una frase de "no se si tendré cambio para tanto, hoy en día todo el mundo me paga con tarjeta".

Bueno Taylor... - Dijo la negra - ¿Y a que te dedicas tu?
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Sam J. Lehmann el Lun Ago 21, 2017 2:49 am

Samantha no tenía nada que ver con aquella chica, pero le estaba poniendo nerviosa que hablase tan a la ligera de lo que hacía. Claro, ella sabía perfectamente lo que era, por lo que su manera de intentar ocultar sus verdaderas intenciones eran francamente nulas. ¿Desde cuándo una cazarrecompensas se declara abiertamente como tal?, ¿esas cosas no eran secretas? Atendió a sus palabras como si fuesen las más lógicas, coherentes y serias del universo. —Cartera, mayordoma y cobradora de deudas... Puedo entender que mandas mensajes a personas que deben dinero, ¿pero lo de mayordoma? Eso no lo entiendo. —Confesó con naturalidad. Dada su libertad a la hora de hablar de ello, lo más lógico era tomarlo de la misma manera y asumir que lo que hacía no era algo malo. —Entonces no perteneces a ninguna mafia, eso está bien. En las películas las personas que se relacionan con personas de las mafias siempre salen mal paradas —intentó hacer una broma, pero aquella chica era tan rara que no sabía si la terminaría de entender.

Una vez en aquella cafetería del tres al cuarto, pues la verdad es que no era nada del otro mundo, Sam se pidió un café mientras que ella pedía una cerveza de mantequilla. En realidad Sam tenía ganas de hacer un "facepalm" tan grande que su propia mano le atravesase su cabeza, pero se limitó a mirarla con extrañeza ante ese pedido tan extraño. Extraño para un muggle, claro, ya que para un mago era lo más normal del mundo. ¿Estaría poniéndola a prueba con tantas referencias al mundo mágico? —¿Cerveza de mantequilla? —preguntó con una evidente curiosidad. —No soy muy aficionada yo de las cervezas... —afirmó después como excusa.

Según sus palabras —las cuales no sabía cuánta fiabilidad tenían—, alguien la había contratado, ¿se referiría al Ministerio o alguien particular? Este momento estaba siendo uno de los más surrealistas de toda su vida. —Sí que mola, si yo pudiese hacer eso probablemente mi rendimiento sería nulo. —En realidad no, pero era lo que le pasaba a la gran mayoría de las personas, excepto a Sam, que adoraba trabajar y era muy aplicada en su trabajo.

Le devolvió el saludo con la mano a Dylan, esbozando una sonrisa un tanto fingida, una sonrisa que se mostró más sincera cuando vio de nuevo al camarero acercarse a ellas con sus respectivas bebidas. El olor de su café parecía delicioso y le daba una sensación de calidez y tranquilidad, aunque en ese momento la situación se previese bastante diferente.

Con el café ya delante, fue ella quién preguntó por el trabajo de Sam. ¿Había algún tipo de parecido en los trabajos muggles que tuvieran que ver con la legeremancia? Le daba que no... quizás lo más remotamente parecido podría ser la psicología... pero estaba claro que no era ni de lejos lo mismo. —Soy decoradora de interiores. —No entendía en qué momento, en aquellos milisegundos, a su cerebro le dio por decir que era decoradora de interiores, si es que no sabía nada ni de decorar, ni tampoco de interiores. Esbozó una sonrisa casi instantánea. —Desde hace poco, me estoy haciendo un nombre, pero no es un trabajo con el que se gane demasiado —añadió rápidamente con tal de que no hiciera muchas preguntas sobre el tema. —Es un trabajo del que no hay mucho que decir, no trabajo para mafias o sucedáneos de éstas. Lo tuyo parece mucho más interesante y divertido. Aunque un tanto aburrido si tienes tiempo como para tomarte un café con una desconocida. —Sí, desviar la conversación sin que se note demasiado a su campo era lo de que debía de hacer.
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Invitado el Lun Ago 21, 2017 3:54 pm

Dylan sonrió y agitando sutilmente su mano derecha en plan negación se dispuso a contestar - Tranquila, es normal que no lo entiendas, es difícil explicarlo - Se le escapó una leve risa tras eso, no podía decir así por las buenas que era "Cazarrecompensas", no estaban en Estados Unidos y, por ende, ese concepto de gente persiguiendo a gente por licencia no era algo, ni de lejos, asentado - Dejemos en que me contratan para cobrar cosas ¿Okey? - Y es que  realmente era mejor dejar aquello ahí, que la chica, aunque dijera lo contrario, parecía bastante emparanoyada con lo de las mafias.

Supongo que si - Le contestó - Aunque no conozco a nadie con vida que haya tratado con una mafia - Pausó un instante, llevándose el índice al labio - Espera un momento... - Simulando preocupación se tapó la boca y pronunció un grito ahogado. Aguardó al ver la cara de Taylor y seguidamente estalló a carcajadas - Lo siento - Dijo en las pocas ocasiones en que su boca no estaba soltando una risa - No me he podido resistir a hacer la broma

Es una cerveza especial que hacen en mi local favorito - Le explicó - Aparentemente solo ellos deben tener la receta o algo, por que nadie más la distribuye - Se encogió de hombros - Pero contestando a eso... A mi me encanta la cerveza - Dijo - O bueno, cualquier tipo de alcohol realmente, desde la cerveza hasta cosas como... No se ¿Ginebra? ¡La ginebra es amor! Sobretodo con su buena tónica y un poco de canela y mandarina - Asintió ella sola, el solo hecho de pensar en un gintonic ya le hacía la boca agua - ¿Lo has probado alguna vez? Es lo puto mejor

Sonrió - Veo que me entiendes entonces, procrastinar también es lo puto mejor - Suspiró y con una sonrisa de oreja a oreja recibió su café - Estos descansitos me encantan muy mucho! sisisi

Dio un sorbo al café, pintaba amargo, como no, pero bebible a fin de cuentas así que... Sin quejas por parte de la negra - Wow, decoradora de interiores... Emocionante ¿No? - Realmente no lo era, pintaba aburrido y tal, pero... Bueno, Dylan debía trabajar la conversación con lo que podía - Si decorases la casa de un mafioso... ¿Estarías trabajando para la mafia? - Preguntó ¡No había sido ella la que había vuelto sola a hablar de mafias.

¿Por que iba a ser aburrido hacer eso? - A fin de cuentas a Dylan le encantaba conocer a la gente sin importar de que color fuera la sangre que corría por sus venas - Me encanta conocer gente ¡Es muy divertido! Especialmente si son chicas guapas - Le guiñó el ojo - Me encanta conocer chicas guapas

Y au, ya le había tirado la caña ahora que podía. No es que buscara nada Dylan más allá de esa charla, pero como su padre siempre le decía cuando iba a pescar al lado cerca de su mansión (por mero deporte) "Es mejor lanzar la red y ver que sale a estar esperando horas un solo anzuelo". Gran consejo, sin dudas.

Bueno, cuéntame que ha sido lo último que has decorado o así - A ver si realmente había algo interesante en la vida de esa morena - ¿Que hace Taylor la Decoradora cuando no trabaja?
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Sam J. Lehmann el Vie Ago 25, 2017 1:29 pm

Entre que aquella situación le inspiraba cien por cien desconfianza por la información que tenía de la chica y que encima buscó la manera de asustarla con el tema de la "mafia", como si eso tuviese algo que ver con lo que ella sabía, pues al final se asustó de verdad. Es decir, si hubiera sido una situación normal en donde dos personas normales se van a tomar una café, probablemente ni se hubiese asustado un poquito, pero dadas las circunstancias... ¿quién le decía a Sam que todo lo que la chica hacía no era un mero papel para que se confiase? Y lo peor de todo es que hasta cierto punto lo estaba consiguiendo porque Sam era una necia. Los ojos se le abrieron de golpe, adoptando cierto gesto defensivo y evidentemente asustado. No fue hasta que ella rió hasta que Sam se obligó a reír para seguir aquella broma que en realidad no le había hecho nada de gracia. —Encima que no soy buena pillando bromas, soy malísima y siempre me las creo todas... —Y eso era una verdad como una casa. Sam era demasiado inocente en ese sentido y siempre caía en todas.

Atendió cada una de las palabras sobre la cerveza de mantequilla, pero no dijo nada al respecto porque creyó que estaba todo dicho con lo que no le gustaba la cerveza. Sam bebía, o solía hacerlo, pero lo cierto es que las cervezas nunca habían sido de sus bebidas predilectas. Le sabían a orina. —Iugh... —Puso un gesto asqueado. —He probado la ginebra y es horrible, tiene un sabor super desagradable. Hasta prefiero el whisky antes que eso y eso que el whisky es otra bebida en el top de más asquerosas —dijo sobre la marcha con sinceridad. El whisky, al menos, lo había probado más dado que su mejor ex amigo era un fanático del mismo.

La procrastinación en su vida era algo muy vago. Sí, lo había hecho, así como el resto de población mundial, pero era algo que no le gustaba porque le ponía nerviosa el hecho de dejar para otro momento lo que podría quitarse de encima rápidamente. Por saber, no supo ni procrastinar en ese mismo momento y solo pudo soltar por esa boquita lo único que se le ocurrió repentinamente: que era decoradora de interior. A saber qué narices decía sobre eso si no tenía ni pajolera idea.  —La verdad es que no es muy emocionante —respondió divertida. —Pero da mucho dinero, que también es otro factor importante. —Eso era verdad, lo ponían en las revistas muggles y en los programas de televisión. Negó divertida con la cabeza cuando dijo, nuevamente, lo de la mafia. —Pues depende... si estoy decorando y soy partícipe de algo ilegal de mafias, supongo que ya estaría metida en la mierda... En las películas pasa mucho eso, así que intento buscar cuidadosamente a mis clientes... —Se inventó al final, un tanto en broma.

Sonrió un tanto avergonzada. —No me refería a eso... —añadió, revolviendo el café aún con la sonrisa en el rostro. ¡No se podía creer que ahora estuviese ligando con ella! ¿De verdad ha dicho eso? Ay, por Merlín. —Gracias por la parte que me toca... pero me refería que tu trabajo debe de ser aburrido si tienes tanto libre como para tomarte los descansos. Obviamente el tema de conocer gente es la mejor parte, más aburrido sería si encima el café te lo tomas sola. —Explicó a lo que se refería, sin entrar en detalles en lo de chicas guapas porque además de que le daba vergüenza ese tipo de cosas —puesto que no estaba acostumbrada—, no quería entrar en esa zona de confort con ella porque sabía perfectamente quién era. ¿Se estaba emparanoiando demasiado? Después de casi seis meses viviendo en la mierda, una ya siente que se emparanoia con todo.

Bebió un sorbo de su café, el cual estaba todavía bastante caliente, para luego contestar a su pregunta. —Pues... últimamente estoy intentando aprender a golpear a un saco de boxeo satisfactoriamente sin romperme la muñeca en el camino —bromeó, ladeando una sonrisa que se presentaba totalmente jovial. Era verdad lo que le había dicho, algo bastante muggle como para buscar siquiera relación con el mundo mágico. —Pero he de admitir que se me da bastante mal. —Emily en su momento le enseñó mayormente llaves y defensa personal, rara vez a golpear un saco de boxeo. Ahora que estaba sola debía de aprender de otra manera más autónoma y sin salir de su "casa". Quizás debía de hacerse con un portátil y empezar a ver los típicos tutoriales en youtube de señores con acento extraño. —Pero nunca se sabe si mientras decoro una casa voy a ser partícipe de un encuentro ilícito de mafiosos. Debo de estar preparada —bromeó de nuevo con el tema, encogiéndose de hombros. —¿Y tú? Además de invitar a gente desconocida a tomar café. Ya me ha quedado más o menos claro que es uno de tus hobbies favoritos mientras estás trabajando.
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Invitado el Vie Ago 25, 2017 7:01 pm

Oh, vaya - Dijo Dylan tras encogerse de hombros ¡Con lo que a ella le gustaban las bromas! Muchos compañeros de estudios y profesión ya se habían quejado, pero es que la negra se pasaba la vida haciendo bromas. Algunas de mal gusto, otras más normales pero, por lo general, siempre bromas buenas e inofensivas que no hacían daño a nadie - Tu tranquila, querida, que a veces el café me pasa de vueltas y termino desconectándome un poco de todo - Alzo su taza con alegría, realizando un largo trago que resultó en un leve bigotillo negro bajo su nariz. Notaba ahí algo caliente pero hasta pasados unos segundos, cuando empezó a regalimar por sus labios, no cayó en que se trataba.

Disculpa, a veces me pasa - Dijo tomando una servilleta - Y siento lo de la broma, no me gusta incomodar a la gente y tu pareces... ¿Algo tensa? ¿Has tenido un mal día o algo? - Dickens sonrió de oreja a oreja - ¡Venga! ¡Alegra esa carita! Que no se ha muerto nadie - Se inclinó un poco adelante, mentiría si se dijera que no aprovechó para dar una leve mirada al escote - ¿Verdad? - Tras eso volvió a echar al espalda atrás y a reír ¡que bien se lo estaba pasando!.

Pero a la rubia no le gustaba beber, que pena. Beber, realmente, podría considerarse como la tercera acción favorita de Dylan, así que... Bueno, no podría invitarla a una copa a su casa si surgía el tema ¡Que chasco! - ¿Y que opinas del Vodka Negro? Realmente no lo considero alcohol, pero si le metes algo de licor de lima, mucho hielo y una pajita haces que cualquier crío de catorce años se crea "mayor y sofisticado" - Aquellas palabras fueron realizadas con un tono de voz mucho más repipi.

Oh, ya veo... - Dijo Dylan - Pero... ¿No me has dicho hace nada que no daba mucho dinero? ¿Ahora me dices que si lo da? - La negra rió y chocó ambas manos - ¡Aclárate Taylor! - Miró su taza de café, ya acabada mientras que la de al morena iba por la mitad. Dylan debía controlar más los tragos.

Si algo le había quedado muy claro con aquella conversación es que esa chica tenía alguna especie de fijación con las mafias. No se había puesto a contar (evidentemente), pero Dylan estaba bastante segura que la palabra que más veces se había repetido desde aquel momento en el cruce de la calle había sido "Mafia".

¿Miras muchas películas? - Preguntó - Yo no, a decir verdad puedo haber contado como... ¿diez en toda mi vida? Lo mío es más que alguien se haya grabado leyendo un libro y mi imaginación tire el resto que... Bueno, una actuación - Se encogió de hombros - Supongo que nunca me han convencido esto de las actuaciones por que es como "Mentir a alguien para hacerle creer que eres otra persona" y bla bla bla - Explicó alzando un instante la mirada, como hablando para si misma pero en voz alta - Supongo que por eso terminé en Hufflepuff

De nada, solo he denotado lo obvio - Dijo con su tono más seductor, guiñándole el ojo - Pero veo por donde tiras también, la cosa es que, puesto que de momento no veía a donde tirar y tu cara me ha resultado vagamente familiar me he dicho "¿Por que no charlar un rato con esta morenaza y a ver que surge?" Así que... Bueno, aquí estamos

Oh, ¡que chachi! - Exclamó Dylan - Lo mismo te va a sonar a casualidad muy extrema de alineamiento estelar, o algo. Pero yo misma practico kickboxing - Confesó - Me apunté hace unos años y ahora doy hostias como panes

Pues... - Dijo tomándose unos segundos para pensar, tras eso, alzó la mano derecha bien extendida mientras, a cada enumeración tocaba cada uno de los dedos, en orden, con el índice de la contraria - Me gustan los audiolibros (como ya sabrás), me gusta cuidar a mi perra, me gusta beber (como también sabrás), me gusta fumar, me gusta no hacer nada y me gusta follar - Se quedó más ancha que alta tras decir aquello último - ¿Ha sonado muy inapropiado esto último?
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