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[Priv] Será fácil, decían... | Samantha

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Sam J. Lehmann el Vie Sep 01, 2017 2:17 pm

¿Parecía tensa? Eso era malo. Muy malo. Lo peor que podía hacer ahora era mostrarse tensa frente a una chica que quiere capturarte y no sabe que eres tú la persona a la que quiere capturar. Intentó, automáticamente, destensarse lo más rápido posible, mostrando una sonrisa tranquila. —No es eso... —Intentó escurrir el bulto, encogiéndose ligeramente de hombros. Para ser sinceros, la legeremante ni se dio cuenta de que la chica le miró el escote, ya que estaba demasiado ocupada inventándose otra escusa. —Eres demasiado extrovertida y yo hasta que no entro en confianza quizás parezco demasiado... reticente. Lo siento. —Se excusó como pudo.

Le recordó el vodka negro y, tal cual había dicho, le recordó a cuando ella había comenzado a beber. Ella empezó bebiendo vodka, entre ellos todos los variantes que había. Recordaba muy bien el vodka negro porque cada vez que lo tomaba tenía la ley de mancharse todo lo que llevase puesto. Ella lo llamaba el síndrome de la borracha retrasada. Lo peor de todo es que esa mierda de color negro manchaba muchísimo y siempre terminaba hecha una mierda. —A mí me gusta. Solo y con cualquier cosa. He de admitir que aún vivo en mi adolescencia y me sigue gustando el vodka, de todo tipo y colores. —Se permitió bromear. —Las demás bebidas son demasiado para mí. Me quedé en lo básico. De todas maneras no es que suela beber demasiado... —añadió. —En mi defensa diré que el vodka negro es muy adulto, ¿vale? Si mezclas vodka normal, con vodka negro y un poco de refresco de limón... se te queda una copa muy buena.

Una pequeña Sam de su cabeza se hizo a sí misma un facepalm ante la cagada de no tener ni puta idea sobre decoración de interiores y meter la pata con lo que se cobraba. ¿En esa puta mierda de trabajo se cobra o no se cobra? Madre mía... —Me refería a que como estoy empezando, no tengo reputación y cobro poco, ya que voy por empresas privadas. Pero cuando me haga un nombre y tenga mi propia marca, podré cobrar una barbaridad increíble por mis diseños —dijo, esbozando una sonrisa, esperando que ese argumento fuese lo suficientemente consciente como para que aquella chica se lo creyese.

Últimamente Sam no veía ninguna película, ya que en su tienda de campaña mágica no había televisión —por desgracia—, pero cuando tenía una vida normal y una casa normal, sí que se veía muchísimas. Todas, normalmente, relacionadas con el amor trágico y dramático. ¿He dicho ya que esta mujer es una romántica empedernida? Su hobbie favorito era llorar con películas de amor. —Sí, suelo ver muchas películas —respondió con sencillez. —Bueno, para la gente que no sabemos mentir es todo un placer poder ver una película en donde una persona pueda convencerte de algo que no es. ¿Qué es Hufflepuff? —preguntó rápidamente. No pensaba dejar que nada mágico saliese adelante como si fuese normal. Tenía que intentar actuar bien, hablando ahora de actuaciones.

Se le hacía super extraño que la llamasen "morenaza" cuando siempre había tenido un pelazo rubio, pero no le costó identificarse con ello y sonreír con gratitud por el cumplido. —¿En serio? —Sí que era un maldito alineamiento de los planetas. ¿Qué debía decir ahora? No quería mostrarse interesada por clases particulares o algo así. Negarse era casi tan horrible como aceptar y luego no aparecer, aunque seguramente si tuviese que elegir elegiría la segunda opción. —Pues sí que es casualidad. La verdad es que creo que el kickboxing me queda un poco grande, pero nunca está de más aprender a dar un puñetazo sin que tu mano reciba más daño que el rostro ajeno, ¿no? —dijo divertida. —¿Cuánto te llevó aprender hasta considerarte peligrosa? —preguntó, algo más cautelosa ahora que sabía que su enemiga encima tenía conocimientos de defensa física y ella solo sabía una mierda de defensa personal... Quizás debería pensar ir yéndose ya de allí. Alargar eso no podía traer nada bueno.

A veces Sam se preguntaba si es que era ella la que era demasiado normal, o si es que estaba por debajo del límite de la normalidad, justo en lo inversamente proporcional a la brutalidad que tenían algunas personas. ¿Cómo se le ocurría enumerar "follar" como una de las muchas cosas que le gusta hacer? ¡Por Merlín! ¿A quién no le gustaba eso? ¡Eso estaba implícito en los gustos de todas las personas a excepción de las asexuales! Aunque bueno, en realidad si te ponías a pensar en la vida sexual de Sam, hasta podrías deducir que no le gusta del tiempo que lleva sin tener relaciones con alguien. Suspiró con una divertida sonrisa por la extrema sinceridad de aquella mujer, negando con la cabeza. ¿Cómo era posible que le diese más vergüenza a ella misma que a la que lo había dicho? —Un poco. Creo que eso le gusta a todo el mundo, no hace falta decirlo. Pero bueno, es curioso saber que está en tu TOP cinco de cosas que te gustan hacer. Normalmente la gente es demasiado vergonzosa como para admitirlo. —Hizo una pausa, bebiendo de su café un largo buche. —Con lo extrovertida que eres, lo loca que pareces estar, en el buen sentido de la palabra, y lo sincera que eres, no me extraña que te guste conocer gente nueva de maneras tan espontáneas y cuando simplemente te apetece. Seguro que no te cuesta nada conseguir satisfacer tus hobbies favoritos. —Curvó una sonrisa. Sam ni tenía esa jovialidad, ni tampoco era tan valiente, ni tampoco tan espontánea. En comparación, parecía cada una de ellas un extremo en la línea de sociabilización de las personas. —Yo tengo un gato —dijo entonces sin saber qué decir y queriendo dejar a un lado el tema del sexo, ya que ahora no le venía otra cosa a la cabeza. Tenía que comenzar a entrenar los nervios en situaciones como aquella. Se terminó el café, sin saber muy bien cuánto tiempo debía de esperar para poder irse sin que sonase muy precipitado y/o sospechoso.
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Sam J. Lehmann el Mar Sep 12, 2017 10:05 pm

Ella no estaba acostumbrada a ese descaro. Ya de por sí no estaba acostumbrada a que le dijeran ese tipo de cosas, pues Sam desde siempre había sido alguien muy reservada y con muy poco interés en ese tipo de ligues efímeros, pero además teníamos que añadirle que se sentía muy rara recibiendo ese tipo de trato de una persona como ella. Siendo 'persona como ella' una chica que tenía como misión principal cazar a la Sam rubia que estaba debajo de aquel moreno. Ella se limitó a sonreí ante sus pullas sexuales, hasta que llegó a la de invitarla a tomar algo que no fuese vodka negro. No sabía qué problema había con el vodka negro si es que estaba delicioso. —Si es alcohol que sabe a alcohol, ya te adelanto que probablemente no me gustará a no ser que tenga mil cosas que lo endulcen —dijo claramente, pues ella mejor que nadie se conocía frente a las bebidas alcohólicas. Nunca sería fan de ellas ni mucho menos.

¿La guerra de las madrastras? ¿Seis películas? No iba a mentir. Sam era de esas personas que no veían cosas 'tan frikis' como eran las Guerras de las Galaxias, así que ni de lejos tuvo la perspicacia de relacionar una cosa con la otra. Ella era de esas chicas que veían películas de amor, drama y risa. —La guerra de las madrastras... —Es que en realidad, si lo piensas fríamente, hasta tenía sentido que algo pudiese llamarse 'la guerra de las madrastras' aunque eso sonase a película de los años ochenta cuyo argumento es horrible y cuya actuación de los actores es terriblemente peor. —Pues no sé cuál es, ¿de qué va? —Quizás si le decía de lo que iba, Sam pudiese relacionarlo entonces a esa saga a la que se refería. Entonces asintió ante lo del internado como si lo que dijese fuese totalmente lógico. —Entiendo... es un nombre curioso. —Se limitó a decir. No quería ser clasista, pero sí que tenía pinta de Hufflepuff.

Lo de la defensa personal ya fue algo insólito. Mira que había pocos magos —o al menos ella tenía entendido que los magos eran demasiado soberbios como para mirar más allá de una defensa mágica— que sabían defenderse físicamente, pero al parecer dio de lleno con una de ellas. —Bueno, mejor no encontrarte a nadie, ¿no? Digo, no sé. Si te digo la verdad yo lo practico por necesidad, no porque me guste golpear a la gente —le respondió, sintiendo que estaba hablando con una agresiva adicta al sexo. —Está bien para destensar el cuerpo golpeando un saco, pero golpear a una persona tiene que ser muy diferente. —A veces tenía la sensación de que a la hora de verdad iba a ser muy diferente que la actitud que tiene frente al saco. —De vez en cuando —mintió, sonriente. —Normalmente practico en solitario, pero de vez en cuando alguien supervisa lo que hago y me da instrucciones y mejoras. —No era verdad. Sam estaba más sola que la una.

¿En serio se iba de putas? A medida que pasaba el tiempo, reafirmaba la sensación de estar hablando con una agresiva adicta al sexo. O quizás no era adicta, sino que Sam era totalmente o contrario a ella y tendía a considerar aquella verborrea y actitud con alguien adicto, aunque en realidad no lo fuese. —Es un buen consejo, sin duda —le dio la razón con diversión. —En comparación los consejos de mi padre eran muy aburridos. Pero sí, creo que has confundido el tipo de pescado. Con las chicas te diría que es más recomendable utilizar la caña, a ninguna nos gusta sentirnos parte de un todo para ver cuál es la que cae primero —le recomendó, para entonces soltar la mayor mentira habida y por haber. —Aunque yo soy más de carne y no entiendo mucho el mundo del pescado.

No sé por qué razón le había soltado con tanta naturalidad que tenía un gato, pero lo había hecho y lo más gracioso de todo es que al parecer a ella también le encantaban. Teniendo en cuenta como estaban yendo las cosas, ya Sam se veía a los cuarenta rodeada de gatos y un cerdito vietnamita perdida en algún bosque de Escocia mientras se escondía del mundo. —Eso depende del gato —dijo orgullosa de su gato—, el mío al menos es bastante cariñoso aunque luego tenga sus prontos antisociales. Pero son cosas de gatos. Es totalmente negro, con las patitas de color blanco. —Había dicho eso sin pensar, sin caer en la cuenta de que no sabía cuántos años tenía Dylan y quizás coincidieron en Hogwarts. Era fácil que no se recordasen mutuamente: Sam a ella porque Sam rara vez despegaba los ojos de los libros y ella a Sam porque bueno... Sam en Hogwarts era algo así como un feto con patas. Sin duda la edad adulta le había sentado de maravilla.
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Sam J. Lehmann el Vie Sep 15, 2017 3:16 am

He probado el mojito, está rico —confesó sin problemas. —Aunque he probado el de toda la vida, los que son como de sabores especiales no me gustan. ¿Y un chicle de mojito? Eso tiene que ser asqueroso —dijo sin ningún tipo de tapujos, ya que la verdad es que para ella todo lo que tuviese sabor a algo alcohólico que no fuese una bebida alcohólica en el momento de bebérsela, es que le sonaba muy mal. —No fumo. Mis dos padres son fumadores y fui justo de esas personas que creció repudiando el tabaco y todo lo relacionado con eso. —Se encogió de hombros. A decir verdad desde siempre había sido una chica muy sana en ese aspecto.

Supo reconocer la película a la que se refería, pero sólo y únicamente por lo de las espadas de luz, ya que por el resto... Y no porque las hubiese visto, ya que no había visto absolutamente ninguna de esa saga, sino porque estos años habían salido películas de ese rollo y la publicidad es cansina. —¿La guerra de las galaxias? Casi. Madrastras, galaxias... —No entendía cómo podía haberlo confundido con 'madrastras' si por cómo me lo había resumido me había dicho que había una nave. ¡Cómo van a haber naves en una guerra de madrastras! En fin. Suspiró sin buscarle lógica a aquella mujer porque estaba claro que mucha lógica no tenía. Aunque debía de admitir que a pesar de todo, la chica parecía simpática. Si las circunstancias hubieran sido muy diferentes quizás Sam no la hubiera pre-juzgado de una manera totalmente instantánea.

Volvió a soltar jerga mágica y Sam se limitó a fingir un rostro interrogante. —¿Muggles? —preguntó esbozando una sonrisa. —No sé qué es un muggle pero creo que eso de salir a la calle y pegarle a la gente es ilegal en todo el mundo. Además de algo horrible. ¿No te descargas lo suficiente pegándole al saco? O siempre puedes apuntarte a un torneo para pegar y que te peguen —recomendó rápidamente a aquella mujer con ganas de pegar palizas. —Yo por el momento solo he sentido el dolor de no llevar guantes, aunque puedo hacerme una idea de lo de tocar hueso —dijo, para entonces volver a usar parte de su cerebro de contestación rápida basada en una mentira. —Se llama Edward. No lo conozco mucho, pero suele estar en el gimnasio al que voy.

Por casi no se vuelve de color tomate cuando relacionó la carne tan bastamente con el concepto de 'pollas'. Sam se limitó a mirarla de reojo, asintiendo con la cabeza. —Efectivamente, a eso me refería. —Era gracioso porque Sam solo había visto un pene en toda su vida y obviamente se trataba de el de su padre. ¿Pero más penes? No, gracias. De hecho le daban un poquito de repelús. —¿Hablábamos de eso, no? Tú relacionabas al sexo femenino con el pescado —preguntó para cerciorarse, no fuese a ser que estuviesen hablando de otra cosa.

No había tenido suerte con sus gatos, lo que era ella tan asquerosamente cariñosa con sus animales que al final había terminado convirtiéndolos en unos animales que buscaban excesivo cariño. Pero vamos, dado los tiempos que corrían, agradecía muchísimo que tanto su gatito como su cerdito vietnamita fuesen tan cariñosos con ella como ella lo era con ellos. Era un poco triste decir que el mayor grado de cariño lo recibes de un gatito y de un cerdito, pero oye, menos da una piedra, ¿no? —Sin duda los controlas mucho más. Al principio mi gato desaparecía durante días y no tenía ni idea de a dónde se iba. Ahora ya rara vez sale de casa por sí solo. —Lo había convertido en un perro. Le hacía gracia estar hablando de GATOS cual dos señoras viudas cuyos hijos se habían ido del país en busca de trabajo y se habían visto en la obligación de rodearse de animales de compañía. Miró la hora, calculando el tiempo que le faltaba para que el traslador se activase y pudiera irse de allí. Aún quedaba. —¿Y tú tienes un horario personal en el que volver al trabajo o ya cuando te vuelva la inspiración? Como cobres por horas debes de hacerte de oro —bromeó. En realidad sabía que no cobraría nada hasta capturar a la persona en cuestión, pero obviamente la Taylor muggle no sabía de qué iba el rollo ni que habría una recompensa porque realmente era una cazarecompensas. Además, quería volver a ese tema.
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Sam J. Lehmann el Vie Sep 22, 2017 3:23 pm

Había que admitir que aquella señora tenía su gracia. Su rostro al escuchar lo de 'la guerra de las galaxias' fue bastante gracioso e hizo que Sam sonriese, sobre todo porque parecía que ella misma se había dado cuenta de que no tenía ningún sentido lo que ella había dicho en un principio. —No, no las he visto, no pintan como películas que me gustarían —dijo con sinceridad, para luego encogerse de hombros. —Las conozco porque ahora están sacando películas nuevas de todo eso y la televisión y todo están siempre anunciándola. Te la meten tanto por los ojos que al final es simplemente imposible no conocerla.  

Porque Sam era bruja y entendía que aquella mujer estaba haciéndose pasar por una muggle de una manera catastróficamente mala, pero si estuviera en frente de cualquier otra persona... perfectamente podría catalogarla de loca. Con todas las cosas que decía del mundo mágico y el poco sentido que tenía en el mundo muggle... un muggle no sabría de lo que hablaba en muchas ocasiones.

El tema de Edward no lo pensó bien, ya que no se esperaba que Dylan quisiese conocer a su amigo muggle inexistente. Porque Edward no existe, ¿vale? Es cierto que a veces va a un gimnasio a entrenar y hay un señor que le ayuda, pero se llama Pike. Y no quería darle el número ni nada de Pike, que con la mala suerte que tenía seguro que se reencontraban en el maldito gimnasio y aquello era un show. —No tengo su tarjeta de contacto, pero tengo el número de su gimnasio, ¿te vale? Allí preguntas por él y ya le pides lo que sea. Le puedes decir que le recomendé yo, para que se haga una idea, si quieres. —Cogí una servilleta y busqué en mi bolso un bolígrafo, aunque no tenía. —Si tienes un bolígrafo te lo apunto. —Obviamente le iba a dar un número falso, pero la intención es lo que cuenta, ¿no?

Sinceramente, se sentía un poco mal mintiendo tan descaradamente.

Soltó un bufido divertido cuando se quejó porque su sexto sentido había fallado. ¡Desgraciadamente no lo había hecho, pero lo que le faltaba es que la chica que quería cazarla también intentase ligar con ella! Sam tenía demasiado estrés y preocupaciones en su vida como para pensar en ligar. De hecho, tal y como estaba su vida, ahora mismo si alguien ligaba con ella, ella intentaba cortarlo rápidamente diciendo que era heterosexual. En serio, a veces se sorprendía de las mierdas que tenía encima, como para estarse preocupando además de rechazar a una persona o meterla de lleno en la vida de mierda que tenía. —¿En serio tengo pinta de bollera? ¿Qué pinta tiene una bollera para identificarla con tu sexto sentido? —preguntó con un gesto entre divertido e indignado. En realidad era obvio que tuviera pinta de bollera, PORQUE ERA BOLLERA, pero hoy era su día se sentirse actriz. Además, debía de admitir que tenía curiosidad, ya que Sam tenía un sexto sentido negativo para descubrir quiénes pertenecían a la otra acera.

La última pregunta que soltó Sam dio paso para que Dylan ya dudase de la prisa que pudiera tener Sam. En realidad... si quería ser conservadora lo mejor que tenía era admitir que tenía que irse e ir yéndose a pie hacia algún lugar aleatorio hasta que su traslador estuviese a punto. La cazarrecompensas no parecía sospechar de Sam y eso era bueno, pero alargar la situación probablemente solo trajese desgracias. —He quedado en un rato con mi madre y creo que debería ir yéndome. Y no, no me he aburrido. Creo que aburrirse en tu compañía es algo complicado. —Sonrió. Sí, eso había sido un cumplido, porque aunque fuese una persona ruin que caza personas inocentes para ganarse galeones, al menos tenía pinta de estar un poco loca y eso siempre te alegraba el día. Eso sí, bastante había sido por hoy. Sam tenía la sensación que estando allí solo se hacía el mal, en realidad. Debió irse desde que tuvo la oportunidad. —Así que creo que me voy retirando. —Se puso en pie para sacar su monedero del bolso, dejando sobre la mesa unas cuantas monedas de una y dos libras para pagar los café. Sinceramente, teniendo en cuenta como era Dylan, dudaba mucho que tuviese libras en sus bolsillos.

Cogió entonces las bolsas de comida que había comprado hace un rato. —Un placer haberte conocido, Dylan. Y gracias por el café —dijo sonriente.
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