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[Priv] Será fácil, decían... | Samantha

Invitado el Jue Jul 06, 2017 1:44 am

Recuerdo del primer mensaje :

¡Trabajo fácil! Ese era el trabajo favorito de la morena. El trabajo fácil que requería menos complicaciones que el ir a comprar el pan a las dos de la tarde después de haberte estado durmiendo hasta la una. Ese tipo de cosas eran por lo que Dylan había elegido ser cazarrecompensas y no... ¿Contable? Definitivamente no era chica de números, no.

Hablando simple y claro aquel día había pasado por el ministerio a ver a quien podía rastrear, nadie había pillado el cartel de una rubia con cara de tonta y... Bueno ¡Bingo! Ella lo cogió, más que nada por que ya había atrapado a un par de personas y la cosa le había ido bien hasta el momento. Seguro que pillar a una tipa llamada Sam, rubia y con los labios bien pintados de carmín muy difícil no le sería ¡Estaba emocionada! No solía pillar una paga tan fácilmente.

La central de cazarrecompensas decía que el último lugar por el que se había visto a la muchacha era por Londres, no el mágico si no el Muggle. Que desgracia, Dylan no terminaba de encajar muy bien en ese mundillo y le sorprendía que Lord Voldemort no hubiera hecho, a estas alturas, alguna campaña de exterminio bien nazi contra ellos.

En fin. No eran asuntos en los que quisiera mostrar interés, realmente. Tener opiniones políticas solo llevaba a molestar a alguien, fuera del lado que fuera.

Partió a Londres por una de las salidas del ministerio que daban a una de esas cabinas telefónicas tan monas que usaban los Muggles. Sus ropas, blancas, no destacaban especialmente como mágicas, aunque, por otro lado, tampoco parecían Muggle, la última moda de la firma de Madamme Bacclaw era muy rara.

En fin. Que Dickens empezó a pasearse por la zona donde se la había visto, a preguntar a la gente y sobornar a quien hiciera falta con unas libras para que le pegaran un toque si la volvían a ver. Por algo se debía empezar.

Tras eso empezó a peinar la zona, de arriba abajo a ver si hallaba con otra pista ¡O mejor! Si uno de los sobornados la traicionaba e iba a informar a la perseguida, eso sería lo mejor. Así la sacaba de su escondite.
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Sam J. Lehmann el Vie Sep 01, 2017 2:17 pm

¿Parecía tensa? Eso era malo. Muy malo. Lo peor que podía hacer ahora era mostrarse tensa frente a una chica que quiere capturarte y no sabe que eres tú la persona a la que quiere capturar. Intentó, automáticamente, destensarse lo más rápido posible, mostrando una sonrisa tranquila. —No es eso... —Intentó escurrir el bulto, encogiéndose ligeramente de hombros. Para ser sinceros, la legeremante ni se dio cuenta de que la chica le miró el escote, ya que estaba demasiado ocupada inventándose otra escusa. —Eres demasiado extrovertida y yo hasta que no entro en confianza quizás parezco demasiado... reticente. Lo siento. —Se excusó como pudo.

Le recordó el vodka negro y, tal cual había dicho, le recordó a cuando ella había comenzado a beber. Ella empezó bebiendo vodka, entre ellos todos los variantes que había. Recordaba muy bien el vodka negro porque cada vez que lo tomaba tenía la ley de mancharse todo lo que llevase puesto. Ella lo llamaba el síndrome de la borracha retrasada. Lo peor de todo es que esa mierda de color negro manchaba muchísimo y siempre terminaba hecha una mierda. —A mí me gusta. Solo y con cualquier cosa. He de admitir que aún vivo en mi adolescencia y me sigue gustando el vodka, de todo tipo y colores. —Se permitió bromear. —Las demás bebidas son demasiado para mí. Me quedé en lo básico. De todas maneras no es que suela beber demasiado... —añadió. —En mi defensa diré que el vodka negro es muy adulto, ¿vale? Si mezclas vodka normal, con vodka negro y un poco de refresco de limón... se te queda una copa muy buena.

Una pequeña Sam de su cabeza se hizo a sí misma un facepalm ante la cagada de no tener ni puta idea sobre decoración de interiores y meter la pata con lo que se cobraba. ¿En esa puta mierda de trabajo se cobra o no se cobra? Madre mía... —Me refería a que como estoy empezando, no tengo reputación y cobro poco, ya que voy por empresas privadas. Pero cuando me haga un nombre y tenga mi propia marca, podré cobrar una barbaridad increíble por mis diseños —dijo, esbozando una sonrisa, esperando que ese argumento fuese lo suficientemente consciente como para que aquella chica se lo creyese.

Últimamente Sam no veía ninguna película, ya que en su tienda de campaña mágica no había televisión —por desgracia—, pero cuando tenía una vida normal y una casa normal, sí que se veía muchísimas. Todas, normalmente, relacionadas con el amor trágico y dramático. ¿He dicho ya que esta mujer es una romántica empedernida? Su hobbie favorito era llorar con películas de amor. —Sí, suelo ver muchas películas —respondió con sencillez. —Bueno, para la gente que no sabemos mentir es todo un placer poder ver una película en donde una persona pueda convencerte de algo que no es. ¿Qué es Hufflepuff? —preguntó rápidamente. No pensaba dejar que nada mágico saliese adelante como si fuese normal. Tenía que intentar actuar bien, hablando ahora de actuaciones.

Se le hacía super extraño que la llamasen "morenaza" cuando siempre había tenido un pelazo rubio, pero no le costó identificarse con ello y sonreír con gratitud por el cumplido. —¿En serio? —Sí que era un maldito alineamiento de los planetas. ¿Qué debía decir ahora? No quería mostrarse interesada por clases particulares o algo así. Negarse era casi tan horrible como aceptar y luego no aparecer, aunque seguramente si tuviese que elegir elegiría la segunda opción. —Pues sí que es casualidad. La verdad es que creo que el kickboxing me queda un poco grande, pero nunca está de más aprender a dar un puñetazo sin que tu mano reciba más daño que el rostro ajeno, ¿no? —dijo divertida. —¿Cuánto te llevó aprender hasta considerarte peligrosa? —preguntó, algo más cautelosa ahora que sabía que su enemiga encima tenía conocimientos de defensa física y ella solo sabía una mierda de defensa personal... Quizás debería pensar ir yéndose ya de allí. Alargar eso no podía traer nada bueno.

A veces Sam se preguntaba si es que era ella la que era demasiado normal, o si es que estaba por debajo del límite de la normalidad, justo en lo inversamente proporcional a la brutalidad que tenían algunas personas. ¿Cómo se le ocurría enumerar "follar" como una de las muchas cosas que le gusta hacer? ¡Por Merlín! ¿A quién no le gustaba eso? ¡Eso estaba implícito en los gustos de todas las personas a excepción de las asexuales! Aunque bueno, en realidad si te ponías a pensar en la vida sexual de Sam, hasta podrías deducir que no le gusta del tiempo que lleva sin tener relaciones con alguien. Suspiró con una divertida sonrisa por la extrema sinceridad de aquella mujer, negando con la cabeza. ¿Cómo era posible que le diese más vergüenza a ella misma que a la que lo había dicho? —Un poco. Creo que eso le gusta a todo el mundo, no hace falta decirlo. Pero bueno, es curioso saber que está en tu TOP cinco de cosas que te gustan hacer. Normalmente la gente es demasiado vergonzosa como para admitirlo. —Hizo una pausa, bebiendo de su café un largo buche. —Con lo extrovertida que eres, lo loca que pareces estar, en el buen sentido de la palabra, y lo sincera que eres, no me extraña que te guste conocer gente nueva de maneras tan espontáneas y cuando simplemente te apetece. Seguro que no te cuesta nada conseguir satisfacer tus hobbies favoritos. —Curvó una sonrisa. Sam ni tenía esa jovialidad, ni tampoco era tan valiente, ni tampoco tan espontánea. En comparación, parecía cada una de ellas un extremo en la línea de sociabilización de las personas. —Yo tengo un gato —dijo entonces sin saber qué decir y queriendo dejar a un lado el tema del sexo, ya que ahora no le venía otra cosa a la cabeza. Tenía que comenzar a entrenar los nervios en situaciones como aquella. Se terminó el café, sin saber muy bien cuánto tiempo debía de esperar para poder irse sin que sonase muy precipitado y/o sospechoso.
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Invitado el Sáb Sep 02, 2017 6:29 pm

Nah, no pasa nada, chata - Le contestó Dylan con absoluta despreocupación mientras agitaba su brazo izquierdo - Si es que admito que a veces soy hasta demasiado lanzada pero... Pfffff... No lo puedo evitar, supongo que está en mis genes o algo - Sonrió y miró de nuevo su taza de café, ¡Si es que quería beber más! - Tu relajate, que no muerdo - No, no se pudo resistir, no - Al menos con tanta ropa - Añadió guiñándole el ojo. ¡GENIAL! diez de diez para tranquilizar a alguien.

¡JA! Estaba defendiendo el puto vodka negro. Otra de esas que se creen "mayores" por beberlo. Lo mismo es que la negra era un pozo sin fondo para el alcohol a esas alturas, pero es que... No recordaba haber sentido nada más que un dulzor inaguantable con el vodka negro ¡Que horror!.

Taylor, si un día me lo permites te llevaré a probar alcohol de verdad, que el Vodka negro no lo es - Asintió, satisfecha de tal valoración - ¿Y quien sabe? Lo mismo después podemos hacer otras cosas - Diez de diez, de nuevo.

En lo que respecta al lío sobre los decoradores... Dylan, realizando la acción más Cartoony posible, dejó plana una de sus manos, boca arriba y en posición horizontal solo para, al son de las palabras "Oooooooooooh, ya lo pillo", dejar caer el puño de su contraria con toda la calma y parsimonia del mundo.

Osea, tenía sentido lo que Taylor le había soltado, con que ahora cobraba poco y luego, ya si eso, cobraría más trabajando para la mafia o algo. Además, era demasiado vaga como para tener las ganas de darle más vueltas al asunto y no dejarlo con el "jaja, que grasioso" en el que lo había dejado.

Es curioso esto de las películas en lo referente a mi - Se quedó un rato pensando - Seis de ellas son de la misma saga, ¿Conoces "La Guerra de las Madrastras" o así?, el título nunca me queda claro, y como siempre llevan un subtítulo recuerdo a la saga por ese nombre - Se quedó un rato pensando - ¡Y hace unos años sacaron otra! Debería verla un día que me aburra - Le dio la sensación que aquello debería haber sido más un monólogo interno que algo que soltarle a la cara a una desconocida, ¡Pero bueno! Era Dylan así que se le perdonaba - Digamos que... Cuando fui pequeña me mandaron a un internado mixto en un castillo - Fue relatando, sería difícil, seguramente, explicarle el asunto de las casas a un Muggle, pero bueno - En ese internado como que nos distribuían por grupos, cada grupo con su nombre guay y todo - Grupos, eso podía colar - Yo era del grupo Hufflepuff

Te lo diría en sirio incluso, pero no se el idioma - Contestó, la broma fue tan jodidamente mala que seguramente solo se partió la caja ella al soltarla como una bomba - ¿Años? - Contestó - Aún sigo practicándolo, pero más por no perder tracción que otra cosa, osea, ¡No me encuentro a nadie a quien golpear! Que a ver, no es malo, pero... Ñeh, estaría guay poner en uso los puños algún día - Suspiró, encogiéndose de hombros - ¿Tu tienes profe?

La siento - Dijo pues, con un tono algo infantil - Es que a ver, entiendo que a todo el mundo le guste y tal, pero soy una chica simple que tiene pocos Hobbys, y bueno, hay que rascar el fondo del barril para rellenar un top cinco - Tampoco es que le hubieran pedido explícitamente un top cinco, pero bueno - No creas, a veces tengo que irme de putas por que esto de lanzar la red no furula del todo "Ok" - Explicó - Mi padre siempre me decía que para pescar era mejor lanzar la red y a ver que caía a perder el tiempo con la caña. Supongo que es un buen consejo, pero no se debe aplicar a este tipo de pescado - Rió - Lo siento si he vuelto a ser bruta, no puedo evitarlo

Como aquello le parecía que iba a ir para largo hizo un gesto al tipo del café para que le sirviera otra taza. Fue raudo y esta estuvo llena de nuevo en un tris. Dylan se lo agradeció guiñándole el ojo y, seguidamente, dio un sorbo mientras escuchaba a la morena - Oh, los gatos, ¡Me encantan los gatos! - Exclamó - Mientras te hacen caso, claro, luego sudan de ti y te quedas como "¿Por que gatito?, ¿por que?" - Sorbió de nuevo, ya se había fulminado media taza con sorbos ¿No sentía que ardía? joder que malo es el alcohol - De pequeña tuve uno, se llamaba Missy, principalmente por que se perdía siempre y volvía embarazada cada pocos meses - Sorbió de nuevo - Antes se llamaba Agata ¿Lo pillas? Por que era una gata
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Sam J. Lehmann el Mar Sep 12, 2017 10:05 pm

Ella no estaba acostumbrada a ese descaro. Ya de por sí no estaba acostumbrada a que le dijeran ese tipo de cosas, pues Sam desde siempre había sido alguien muy reservada y con muy poco interés en ese tipo de ligues efímeros, pero además teníamos que añadirle que se sentía muy rara recibiendo ese tipo de trato de una persona como ella. Siendo 'persona como ella' una chica que tenía como misión principal cazar a la Sam rubia que estaba debajo de aquel moreno. Ella se limitó a sonreí ante sus pullas sexuales, hasta que llegó a la de invitarla a tomar algo que no fuese vodka negro. No sabía qué problema había con el vodka negro si es que estaba delicioso. —Si es alcohol que sabe a alcohol, ya te adelanto que probablemente no me gustará a no ser que tenga mil cosas que lo endulcen —dijo claramente, pues ella mejor que nadie se conocía frente a las bebidas alcohólicas. Nunca sería fan de ellas ni mucho menos.

¿La guerra de las madrastras? ¿Seis películas? No iba a mentir. Sam era de esas personas que no veían cosas 'tan frikis' como eran las Guerras de las Galaxias, así que ni de lejos tuvo la perspicacia de relacionar una cosa con la otra. Ella era de esas chicas que veían películas de amor, drama y risa. —La guerra de las madrastras... —Es que en realidad, si lo piensas fríamente, hasta tenía sentido que algo pudiese llamarse 'la guerra de las madrastras' aunque eso sonase a película de los años ochenta cuyo argumento es horrible y cuya actuación de los actores es terriblemente peor. —Pues no sé cuál es, ¿de qué va? —Quizás si le decía de lo que iba, Sam pudiese relacionarlo entonces a esa saga a la que se refería. Entonces asintió ante lo del internado como si lo que dijese fuese totalmente lógico. —Entiendo... es un nombre curioso. —Se limitó a decir. No quería ser clasista, pero sí que tenía pinta de Hufflepuff.

Lo de la defensa personal ya fue algo insólito. Mira que había pocos magos —o al menos ella tenía entendido que los magos eran demasiado soberbios como para mirar más allá de una defensa mágica— que sabían defenderse físicamente, pero al parecer dio de lleno con una de ellas. —Bueno, mejor no encontrarte a nadie, ¿no? Digo, no sé. Si te digo la verdad yo lo practico por necesidad, no porque me guste golpear a la gente —le respondió, sintiendo que estaba hablando con una agresiva adicta al sexo. —Está bien para destensar el cuerpo golpeando un saco, pero golpear a una persona tiene que ser muy diferente. —A veces tenía la sensación de que a la hora de verdad iba a ser muy diferente que la actitud que tiene frente al saco. —De vez en cuando —mintió, sonriente. —Normalmente practico en solitario, pero de vez en cuando alguien supervisa lo que hago y me da instrucciones y mejoras. —No era verdad. Sam estaba más sola que la una.

¿En serio se iba de putas? A medida que pasaba el tiempo, reafirmaba la sensación de estar hablando con una agresiva adicta al sexo. O quizás no era adicta, sino que Sam era totalmente o contrario a ella y tendía a considerar aquella verborrea y actitud con alguien adicto, aunque en realidad no lo fuese. —Es un buen consejo, sin duda —le dio la razón con diversión. —En comparación los consejos de mi padre eran muy aburridos. Pero sí, creo que has confundido el tipo de pescado. Con las chicas te diría que es más recomendable utilizar la caña, a ninguna nos gusta sentirnos parte de un todo para ver cuál es la que cae primero —le recomendó, para entonces soltar la mayor mentira habida y por haber. —Aunque yo soy más de carne y no entiendo mucho el mundo del pescado.

No sé por qué razón le había soltado con tanta naturalidad que tenía un gato, pero lo había hecho y lo más gracioso de todo es que al parecer a ella también le encantaban. Teniendo en cuenta como estaban yendo las cosas, ya Sam se veía a los cuarenta rodeada de gatos y un cerdito vietnamita perdida en algún bosque de Escocia mientras se escondía del mundo. —Eso depende del gato —dijo orgullosa de su gato—, el mío al menos es bastante cariñoso aunque luego tenga sus prontos antisociales. Pero son cosas de gatos. Es totalmente negro, con las patitas de color blanco. —Había dicho eso sin pensar, sin caer en la cuenta de que no sabía cuántos años tenía Dylan y quizás coincidieron en Hogwarts. Era fácil que no se recordasen mutuamente: Sam a ella porque Sam rara vez despegaba los ojos de los libros y ella a Sam porque bueno... Sam en Hogwarts era algo así como un feto con patas. Sin duda la edad adulta le había sentado de maravilla.
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Invitado el Jue Sep 14, 2017 2:15 pm

Pfffffffffffffffff... Tranqui, tranqui, que siempre se le puede echar algo ¿has probado los mojitos? - Preguntó tras examinar a la muchacha. Le seguía pareciendo tensa, pero vaya, Dylan siempre causaba esa reacción en todo el mundo con lo que hablaba, así que procuró no darle más vueltas y seguir con el tema - Es lo puto mejor también. Hace unos años creo que había una tienda donde vendían chicles de Mojito, pero bueno... Creo que desapareció del mapa y me quedé sin substituto del tabaco. ¿Tu fumas? - Fijo que no Se contestó a si misma en su cabeza.

¡Que tipa más aburrida! No bebía, no fumaba, no respondía a sus tiradas de red... ¡Joder! Ni que peligrara su vida con la sola presencia de la negra. O bueno, si que peligraba pero la negra no lo sabía. Fijo que, cuando pillara quien era la tal Taylor le entraba un despecho muy fuerte, más que nada por que ella valoraba mucho la honestidad y esas cosas.

Dylan se detuvo un instante en el que apartó la mirada de la morena. A ver a ver... Pensó. Recordaba el tipo colgando de una cueva de hielo, ese Yetti que no se llamaba Yetti realmente y un viejo verde pintado de azul. Luego un guisante con orejas y un brodah (osea, un negro) de lo más carismático que sel llamaba Lando Calrisian ¡Ea! De ese nombre se acordaba sin problemas. Lando le molaba mazo.

Había espadas de luz... Gente que hacía trucos de magia ¡Como magos! Pro sin varita, tu ya sabes - Claro que no Añadió en sus pensamientos - Y... Había como una nave enorme, redonda y con forma de diente que era nosequé halcón. Estacha chachi - Asintió al decir aquello, completamente convencida.

Se encogió de hombros - No se... Supongo que en la idea si, pero luego una busca descargarse un día ¡Y claro! Es ilegal andar dando guantazos a la gente por la calle - Se paró un instante para pensar, lo mismo para los Muggles era normal ese tipo de terrorismo doméstico. Si eso era cierto lo mismo se había equivocado de mundo en el que vivir y todo - Para vosotros, los Muggles, también lo es ¿no? - Tenía toda la pinta, si.

Duele un poco más sí - Declaró - Sobretodo cuando tocas hueso y no estás llevando guantes - Aún recordaba aquella vez en que se rompió la muñeca por tener el brazo demasiado tieso al impactar, o aquella vez en que iba un poco fumada y metió el pulgar entre los dedos en vez de por debajo, fracturándolo. Que idiota - Oh, ¿y ese alguien tiene nombre? - Preguntó con un tono coqueto. Lo mismo encontraba a alguien con quien pasar el rato de hostias que de vez en cuando necesitaba.

Dylan se quedó unos instantes procesando la información - Solo por aclarar: Cuando has dicho "Carne" ahora te has referido a "Pollas" ¿no? - Que raro, le había parecido una bollera de pelo en pecho. Dylan tenía un sexto sentido para identificarlas o algo.

Y bueno, la conversación siguió tirando como tal hasta que, eventualmente, llegaron a los gatos - Tuviste suerte entonces - Asintió - Yo después de la tortura de preocupaciones que fue Missy me pillé un perro al tener ocasión. Mucho menos independiente y no se queda preñada sin que yo se lo diga - Y ale ¡último sorbo del café de golpe tras eso!.

Resultaba sorprendente que no escupiera fuego por la garganta. Estaba recién servido y ardía.
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Sam J. Lehmann el Vie Sep 15, 2017 3:16 am

He probado el mojito, está rico —confesó sin problemas. —Aunque he probado el de toda la vida, los que son como de sabores especiales no me gustan. ¿Y un chicle de mojito? Eso tiene que ser asqueroso —dijo sin ningún tipo de tapujos, ya que la verdad es que para ella todo lo que tuviese sabor a algo alcohólico que no fuese una bebida alcohólica en el momento de bebérsela, es que le sonaba muy mal. —No fumo. Mis dos padres son fumadores y fui justo de esas personas que creció repudiando el tabaco y todo lo relacionado con eso. —Se encogió de hombros. A decir verdad desde siempre había sido una chica muy sana en ese aspecto.

Supo reconocer la película a la que se refería, pero sólo y únicamente por lo de las espadas de luz, ya que por el resto... Y no porque las hubiese visto, ya que no había visto absolutamente ninguna de esa saga, sino porque estos años habían salido películas de ese rollo y la publicidad es cansina. —¿La guerra de las galaxias? Casi. Madrastras, galaxias... —No entendía cómo podía haberlo confundido con 'madrastras' si por cómo me lo había resumido me había dicho que había una nave. ¡Cómo van a haber naves en una guerra de madrastras! En fin. Suspiró sin buscarle lógica a aquella mujer porque estaba claro que mucha lógica no tenía. Aunque debía de admitir que a pesar de todo, la chica parecía simpática. Si las circunstancias hubieran sido muy diferentes quizás Sam no la hubiera pre-juzgado de una manera totalmente instantánea.

Volvió a soltar jerga mágica y Sam se limitó a fingir un rostro interrogante. —¿Muggles? —preguntó esbozando una sonrisa. —No sé qué es un muggle pero creo que eso de salir a la calle y pegarle a la gente es ilegal en todo el mundo. Además de algo horrible. ¿No te descargas lo suficiente pegándole al saco? O siempre puedes apuntarte a un torneo para pegar y que te peguen —recomendó rápidamente a aquella mujer con ganas de pegar palizas. —Yo por el momento solo he sentido el dolor de no llevar guantes, aunque puedo hacerme una idea de lo de tocar hueso —dijo, para entonces volver a usar parte de su cerebro de contestación rápida basada en una mentira. —Se llama Edward. No lo conozco mucho, pero suele estar en el gimnasio al que voy.

Por casi no se vuelve de color tomate cuando relacionó la carne tan bastamente con el concepto de 'pollas'. Sam se limitó a mirarla de reojo, asintiendo con la cabeza. —Efectivamente, a eso me refería. —Era gracioso porque Sam solo había visto un pene en toda su vida y obviamente se trataba de el de su padre. ¿Pero más penes? No, gracias. De hecho le daban un poquito de repelús. —¿Hablábamos de eso, no? Tú relacionabas al sexo femenino con el pescado —preguntó para cerciorarse, no fuese a ser que estuviesen hablando de otra cosa.

No había tenido suerte con sus gatos, lo que era ella tan asquerosamente cariñosa con sus animales que al final había terminado convirtiéndolos en unos animales que buscaban excesivo cariño. Pero vamos, dado los tiempos que corrían, agradecía muchísimo que tanto su gatito como su cerdito vietnamita fuesen tan cariñosos con ella como ella lo era con ellos. Era un poco triste decir que el mayor grado de cariño lo recibes de un gatito y de un cerdito, pero oye, menos da una piedra, ¿no? —Sin duda los controlas mucho más. Al principio mi gato desaparecía durante días y no tenía ni idea de a dónde se iba. Ahora ya rara vez sale de casa por sí solo. —Lo había convertido en un perro. Le hacía gracia estar hablando de GATOS cual dos señoras viudas cuyos hijos se habían ido del país en busca de trabajo y se habían visto en la obligación de rodearse de animales de compañía. Miró la hora, calculando el tiempo que le faltaba para que el traslador se activase y pudiera irse de allí. Aún quedaba. —¿Y tú tienes un horario personal en el que volver al trabajo o ya cuando te vuelva la inspiración? Como cobres por horas debes de hacerte de oro —bromeó. En realidad sabía que no cobraría nada hasta capturar a la persona en cuestión, pero obviamente la Taylor muggle no sabía de qué iba el rollo ni que habría una recompensa porque realmente era una cazarecompensas. Además, quería volver a ese tema.
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Invitado el Vie Sep 15, 2017 1:36 pm

Dylan soltó una carcajada - Que va, si es lo puto mejor - Los chicles de mojito eran los mejores chicles que la negra había mascado en su puta vida y, por ello, debía defenderlos con sangre, sudor y lágrimas - Osea, yo no puedo con los de fresa, mora, o eucalipto. Tolero los de menta por ese mínimo picor que provocan. ¡Pero nada como los de mojito! ¡Nada! - Ese saborcito condensando. Ese aire a frescura... Eran el combo perfecto para pasar las primeras horas de la mañana y, si los seguías tomando pues... Pasar un día de ensueño. Aunque claro, tomar muchos te provocaba diarrea ¡Hasta lo advertían en el paquetito!. Lo que los chicles de mojito te daban los chicles de mojito de quitaban, no cabía duda.

Le sorprendió que la otra tipa conociera la película, con unos efectos tan cutres... Bueno, se esperaba que fuera algo muy indie o así. Asintió al escucharla, por que lo que decía tenía sentido - Supongo que tienes razón - Dijo medio finalizando el tema - Tiene sentido si hay naves - Admitió. Ahora que sabía el nombre no lograba entender por que se había quedado con la palabra "Madrastras" - ¿La has visto? - Preguntó finalmente.

Se encogió de hombros - No le des muchas vueltas a la palabra, Taylor, será más fácil - Y es que así era, por que bueno... Los Muggles eran Muggles y poco más ¿no? ¿Cómo se definía un concepto tan simple? Dylan no sabía como, evidentemente.

Pfffff... Paso de torneos, demasiada gente a la vez. Si hay mucha gente me mareo - Admitió tras negar con la cabeza - Prefiero estar con otra persona hablando de algo mientras nos damos de palos mil veces antes que esperar equis minutos para darme de hostias con un desconocido - Tenía sentido, ¿no?. Osea... ¿Quien querría esa clase de exhibicionismo en su vida? - Sé que soy una completa desconocida y tal, pero... ¿Me podrías presentar a Edward o darme su tarjeta de contacto?, si es que tiene, claro - Edward, le gustaba ese nombre.

Y sí. Taylor se había referido a pollas. Sorprendente - Wow, esto si que ha sido inesperado - Exclamó - Hubiera jurado que era del club de la tijera, como yo - Se encogió de hombros, algo decepcionada - Mi sexto sentido para identificar bolleras ha fallado, supongo - Asintió - Y sí, sí. Hablábamos de eso - Que decepción Admitió en sus pensamientos.

Ya veo - Realmente no lo veía. Missy siempre se había escapado de casa chupase cariño como de la teta de una madre o no - Pues has tenido más suerte que yo, sin dudas - En fin, que para Dylan ya no habría más gatos en su vida. No por mucho tiempo al menos.

Rio - Generalmente cuando me vuelva la inspiración, pos desgracia no cobro en horas, cosa que estaría guay, pero... Digamos que cobro más bien por cabeza - Eso sonaba un poco gore y lo mismo la otra se emparanoyada de nuevo, pero bueh - ¿Tienes prisa? ¿te estás aburriendo? ¿alguna otra cosa?
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Sam J. Lehmann el Vie Sep 22, 2017 3:23 pm

Había que admitir que aquella señora tenía su gracia. Su rostro al escuchar lo de 'la guerra de las galaxias' fue bastante gracioso e hizo que Sam sonriese, sobre todo porque parecía que ella misma se había dado cuenta de que no tenía ningún sentido lo que ella había dicho en un principio. —No, no las he visto, no pintan como películas que me gustarían —dijo con sinceridad, para luego encogerse de hombros. —Las conozco porque ahora están sacando películas nuevas de todo eso y la televisión y todo están siempre anunciándola. Te la meten tanto por los ojos que al final es simplemente imposible no conocerla.  

Porque Sam era bruja y entendía que aquella mujer estaba haciéndose pasar por una muggle de una manera catastróficamente mala, pero si estuviera en frente de cualquier otra persona... perfectamente podría catalogarla de loca. Con todas las cosas que decía del mundo mágico y el poco sentido que tenía en el mundo muggle... un muggle no sabría de lo que hablaba en muchas ocasiones.

El tema de Edward no lo pensó bien, ya que no se esperaba que Dylan quisiese conocer a su amigo muggle inexistente. Porque Edward no existe, ¿vale? Es cierto que a veces va a un gimnasio a entrenar y hay un señor que le ayuda, pero se llama Pike. Y no quería darle el número ni nada de Pike, que con la mala suerte que tenía seguro que se reencontraban en el maldito gimnasio y aquello era un show. —No tengo su tarjeta de contacto, pero tengo el número de su gimnasio, ¿te vale? Allí preguntas por él y ya le pides lo que sea. Le puedes decir que le recomendé yo, para que se haga una idea, si quieres. —Cogí una servilleta y busqué en mi bolso un bolígrafo, aunque no tenía. —Si tienes un bolígrafo te lo apunto. —Obviamente le iba a dar un número falso, pero la intención es lo que cuenta, ¿no?

Sinceramente, se sentía un poco mal mintiendo tan descaradamente.

Soltó un bufido divertido cuando se quejó porque su sexto sentido había fallado. ¡Desgraciadamente no lo había hecho, pero lo que le faltaba es que la chica que quería cazarla también intentase ligar con ella! Sam tenía demasiado estrés y preocupaciones en su vida como para pensar en ligar. De hecho, tal y como estaba su vida, ahora mismo si alguien ligaba con ella, ella intentaba cortarlo rápidamente diciendo que era heterosexual. En serio, a veces se sorprendía de las mierdas que tenía encima, como para estarse preocupando además de rechazar a una persona o meterla de lleno en la vida de mierda que tenía. —¿En serio tengo pinta de bollera? ¿Qué pinta tiene una bollera para identificarla con tu sexto sentido? —preguntó con un gesto entre divertido e indignado. En realidad era obvio que tuviera pinta de bollera, PORQUE ERA BOLLERA, pero hoy era su día se sentirse actriz. Además, debía de admitir que tenía curiosidad, ya que Sam tenía un sexto sentido negativo para descubrir quiénes pertenecían a la otra acera.

La última pregunta que soltó Sam dio paso para que Dylan ya dudase de la prisa que pudiera tener Sam. En realidad... si quería ser conservadora lo mejor que tenía era admitir que tenía que irse e ir yéndose a pie hacia algún lugar aleatorio hasta que su traslador estuviese a punto. La cazarrecompensas no parecía sospechar de Sam y eso era bueno, pero alargar la situación probablemente solo trajese desgracias. —He quedado en un rato con mi madre y creo que debería ir yéndome. Y no, no me he aburrido. Creo que aburrirse en tu compañía es algo complicado. —Sonrió. Sí, eso había sido un cumplido, porque aunque fuese una persona ruin que caza personas inocentes para ganarse galeones, al menos tenía pinta de estar un poco loca y eso siempre te alegraba el día. Eso sí, bastante había sido por hoy. Sam tenía la sensación que estando allí solo se hacía el mal, en realidad. Debió irse desde que tuvo la oportunidad. —Así que creo que me voy retirando. —Se puso en pie para sacar su monedero del bolso, dejando sobre la mesa unas cuantas monedas de una y dos libras para pagar los café. Sinceramente, teniendo en cuenta como era Dylan, dudaba mucho que tuviese libras en sus bolsillos.

Cogió entonces las bolsas de comida que había comprado hace un rato. —Un placer haberte conocido, Dylan. Y gracias por el café —dijo sonriente.
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Invitado el Vie Sep 22, 2017 11:28 pm

Vaya - Murmuró ella. Le hubiera encantado conocer a alguien que supiera de que peli hablaba y tal para verla ¡Jopelines! Si es que había pocos magos tan versados en lo Muggle de su edad. Lo mismo Drake se apuntaba un día con unas birritas. El era sangre sucia, ¿no? Realmente no, era tan mestizo como la negra, además, tampoco parecía un frikazo, ¿colaría?.

Al menos había sacado algo bueno de aquello de las hostias ¡Alguien con quien entrenar! O al menos el gimnasio, podría empezar por ahí y preguntar por Edward. Ese nombre le gustaba, Edward, ¡Tenía gancho!.

Aquí mismito tengo uno - Dijo ella sacando uno de su bolsillo derecho. Estaba algo deformado y con el tapón rasgado por mordidas varias - Antes de que preguntes, no son de la perra, son mías - Sacó el tapón y se lo guardó en el bolsillo - Por si te da asquito me lo guardo - A Dylan no le daba asquito, principalmente por que ella necesitaba estar haciendo algo constantemente con la boca para no dormirse.

Así que consiguió el número apuntado en una servilleta ¡Bien! Nada más ese papel llegó a su mano lo guardó en el bolsillo y prosiguió con la charlita, que esa fiesta se iba acabando poco a poco.

Creo que es algo que he desarrollado con tanto tirar la caña a la gente, eventualmente como que percibo sobre que acera caen los chochetes - Asintió convencida de eso pese a que en aquel momento aparentemente se había equivocado - Lo mismo es tu modo de andar, tu forma de hablar, a lo que hueles... ¡Yo que se! ¡Es el subconsciente. Pero si, tienes toda la pintas de querer comer coños de tres en tres - Se paró un instante - ¿Muy bruta otra vez?

Aparentemente sí.

Chaito - Dijo Dylan despidiéndose con la mano. Pagando su doble café de inmediato al tipo del establecimiento y volviéndose, por un instante, hacia Sam con una servilleta y aquel bolígrafo - ¡Espera un momento, morenaza!

La detuvo en medio de la calle, tan solo a un par de metros de la salida del café - Se que no es tu rollo y tal, pero... - Puso la servilleta en plano sobre su palma y apuntó su numero de teléfono - Este es mi número - Le indicó. ¿Que era maga y no podía tener teléfono? ¡Claro que podía! Aunque bueno, era un tochorola de los años noventa - Solo lo uso para cosas del trabajo pero... Si un día quieres probar tijereteo del bueno, sin compromiso alguno, llama ¿Okey? - Guiñó el ojo y chasqueó la lengua. Taylor respondió algo atónita y, quizás, hasta tartamuda.

Ahora si que sí ¡Adiós!, ¡pásalo bien con tu madre! - Y tras eso desapareció por el otro lado, a ver si alguno de los tipos que había sobornado por ahí llamaban diciendo que habían encontrado a Samantha Lehmann.
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