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¿Llorar con una peli? ¡Eso es de mujeres! [Willow]

Drake Ulrich el Miér Mar 26, 2014 12:03 am

Algo que me gustaba mucho eran las películas, era como transportarte a otro mundo en dónde no tienes que preocuparte en ti y simplemente ves como otro protagonista (o muchos, depende de lo cabrón que sea el director muggle) sufre un problema, sigue sufriendo otro problema hasta que al final, hay un desenlace. En realidad todas las películas son iguales, siempre todo el mundo termina bien al final. Yo no era experto en cine muggle, ¿pero no era más guay que hubiera emoción y no terminase bien? Opino, cual mago ignorante.

Otra cosa que me gustaba era salir con mis amigos. De hecho, me gustaba mucho más que ellos viniesen a mi casa para no tener que moverme yo (primera ley de la vagancia de Drake), no obstante, mi única amiga más guay (con la que quería salir especialmente) era una contraproducente de vagos y me obligaba a salir de mi casa.

Así que decidí unir las dos cosas y le llamé para ofrecerle la oportunidad de ver una HERMOSA película acompañada del Auror más guapo de todo Londres. Sï, yo. El único e inigualable Drake Ulrich. De hecho, eso mismo fue lo que le dije por teléfono cuando contacté con ella. Evidentemente… no hizo más que decirle eso para que cayese a mis pies y aceptase mi invitación. Se me apetecía pasar un rato divertido comiendo palomitas mientras veo una peli acompañado de Willow.

Me vestí como un hombre, ropa la cual eligió mi mono por elección aleatoria en mi ropero. Y yo, como no tenía muchas ganas de pensar y ya llegaba tarde, le hice caso. Había revisado las sesiones del cine de ese día, pero realmente ninguna peli me llamaba la atención, ya que la gran mayoría las había visto por internet en esas tardes tan aburridas en donde es más fácil ver las desgracias de personas ficticias que estar pensando en lo aburrida que es tu vida.

Poring terminó de prepararse (es decir, de lamerse sus partes) y ambos nos pusimos rumbo hacia el cine más cercano. El cine era un teatro que ya no se utilizaba cómo teatro, por lo cual era muy grande y poseía varias salas con grandes escenarios en dónde se hacían actuaciones de vez en cuando. Pero lo más guay de aquello era que parecía que por cuatro libras que vale la entrada, vas a ver máxima actuación de teatro que te cuesta el quíntuple. Una vez llegué allí, en la entrada me paró el segurita preguntándome por mi mono. Me puso la mano en el pecho y yo me paré en seco mirándole con una ceja alzada, a lo que Poring, en mi hombro, me imitó y alzó una ceja.

¿Es eso un mono?

Aplaudí irónicamente. Al segurita no le hizo gracia.

No se permiten monos. —añadió a regañadientes.
¿Dónde pone que no se permitan monos? Ahí en ese cartel pone que no se permiten perros y gatos —carraspeé, ya que según la Ley (la cual me había leído 198471389249 veces por ocasiones como esta) yo tenía razón.
Ehm… uh… —dubiteó para decir algo, pero yo no le dejé que pensase. Que los policías piensen debería estar prohibido, ya que siempre quieren tener la razón.
Eh uh nada. Si mi mono arma escándalo o deja pelo en el suelo, seré el primero en sacarlo o limpiarlo. Pero yo no veo ningún cartelito de un mono tachado... —Fue entonces cuando al mirar hacia adentro vi a mi amiga—¡Willow! —miré al segurita después—. ¿Ha visto? Por su culpa he hecho esperar a mi amiga —y continué tranquilamente con mi camino hacia ella. Cuando me quedé a su lado Poring pasó de estar en mí a ponerse en su hombro y a darle un amistoso abrazo a su cabeza—. ¿Qué tal, Willowly? —pregunté amistosamente como saludo, dándole un beso en la mejilla—. ¿Has decidido película en lo que el portero me detenía inútilmente? Hay una que no he visto, pero según las críticas es de llorar. No sé si aguantarás las ganas, yo puedo prestarte el hombro, se llama Waiting for forever —y se la señalé en el panel—. También está RompeRalph. Pero no me hagas ver una de dibujos, por fa...  —y puse mala cara a la vez que me hacía el pelo hacia atrás con las dos manos y luego me lo hacía hacia adelante varias veces para "peinarme".
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Willow O'Donnell el Miér Mar 26, 2014 4:33 pm

Salir no era una de mis aficiones, pero eran tantas las veces que no podía negarme a aceptar los planes de mis escasos amigos. Es decir, si no es por ellos estaría realmente sola en este mundo, ya había estado al borde de la muerte, y, aunque nadie lo esperaba, había resurgido de mis cenizas, en gran medida gracias a ellos. ¿Qué haría sin ellos? Pues pasar el día y la noche frente al televisor comiendo helado…probablemente hubiera muerto hace un par de años.

Pero aquí estaba, caminando por las calles de Londres con tacones altos, pantalón rojo y una buena chaqueta contra el frio. Era bajita, pero con esos zapatos lo compensaba un poco. Me gustaba sentir el frio en la cara, las noches en Londres eran agradables, obviamente no como en mi amada Austria, pero si agradables. No me preocupaba que un muggle intentara atracarme, o algo similar, pues sabía defenderme bien. Pena me daban ellos, que apostarían por que fuera débil.  

Drake, mi querido amigo Drake, me había invitado al cine, probablemente más por decirme que sale de casa que por salir. Estoy segura de que preferiría tumbarse al sofá, era muy bajo, más se agradecía que tuviera ese pequeño detalle. Su invitación me había abrumado, no podía decirle que no a tales palabras, era un encanto, lástima que tantas veces le hayan roto el corazón.

Se retrasaba un poco, ¿por qué no me extraña? Así que me decanté por observar la cartelera, dibujos, películas basadas en comics y dramas románticos. ¡Se acerca la primavera! A no, que ya estamos en ella. Observaba el panorama, todo el mundo iba a su bola, niños pequeños tirando de sus padres. ¡Qué ricura que son! *No, no, no los mires muchos que luego salta la moriña por querer tener uno, de ahí pasas a echar de menos a Tyler y de ahí al llanto profundo.* Mi consciencia me reprocho, por lo que negué levemente con la cabeza para quitarme esa idea de la mente. Venía a pasar un buen rato en una grata compañía, no a llorar sin tener la entrada en la mano siquiera.  

Miré hacia la entrada, cuando oí mi nombre. Por fin llegaba. Pero como no, tenía problemas para entrar, Poring siempre llamaba la atención. Les sonreí al ver como pasaba sin más, dejando al segurita un tanto consternado. Así es Drake, siempre consigue salirse con la suya, aunque nadie lo prevea. – Algo cansada de esperar, pero te ha salvado el abrazo de Poring – Dije mientras acariciaba al mismo, era un amor cuando te abrazaba. Daban ganas de comérselo.  - ¿Tu qué tal estás? Pues nada, si quieres verme llorar, entremos a ver esa. Porque poniendo esas caritas, quien te dice que no, Drake. – me rendí a sus encantos. Me daba por vencida con él, llevarle la contraria solo terminaba en un bucle infinito de caritas y pucheritos, una lucha sobre cuál de los dos daría más pena. Miré el cartel, no parecía estar mal, pero se notaba que sería de amor. Historias de amor más llorar igual a cientos de terrinas de helado luego bajando por mi garganta sin detenimiento.  – ¿Palomitas? Yo invito al cubo más grande que haya. Y uno pequeño sólo para Poring. – Me ofrecí, guiñándole un ojo al pequeño mono, era más listo que muchos humanos.
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Drake Ulrich el Miér Mar 26, 2014 10:55 pm

Pasé del portero aquel y caminé felizmente hacia mi amiga. Hoy iba muy guapa, pero normal, había quedado conmigo y cuando se queda conmigo, una se pone guapa. Sonreí con un movimiento infantil cuando dijo que estaba cansada de esperar. ¡No era mi culpa que los guardias estén en mi contra y siempre conspiren contra mí y contra mi mono para hacernos llegar tarde!

No es mi culpa Willow… ¡y lo sabes! Esa gente conspira contra mí y lo sabes también. Yo venía bien de tiempo para no hacerte esperar… —me excusé con dignidad y miré a Poring con reprobación para que él también me apoyase, a lo que miró a Willow y asintió con convicción, viniendo después a mi hombro nuevamente.

Me quedé contento ante el caso que me hacía Poring y luego mi amiga me preguntó que qué tal estaba. Eso era relativo, yo por regla general siempre era feliz, menos cuando estaba infeliz. Y por lo general, no suelo estar infeliz mucho. Solo en momentos puntuales. Por lo normal, suelo tener ataraxia y guiarme por la procrastianción, así que la preocupación y la tristeza suelo dejarlas para cuando alguien decide realmente hacer daño a consciencia. Lo cual, generalmente, siempre viene atado a una mujer o un mortifago. Aunque para ser sinceros, comprendo más la filosofía de los mortifagos que la de las mujeres. ¿En qué cabeza cabe poner los cuernos y luego solucionarlo con un perdón?¡Eh, no! ¡Claro que no! ¡Eso no funciona así! Primero se dice “lo dejamos” y luego ya acuéstate con quien quieras, perra... Suspiré y tras rememorar mi mierda des emana, cogí aire.

Bien bien. No puedo quejarme. Bueno si puedo, yo siempre me quejo y lo sabes. Pero hoy me aguantaré porque en verdad lo hago por costumbre —sonreí tranquilamente y luego escuché como me daba la razón gracias a mi hermosa cara de corderito degollado—. Eres la mejor —fue lo único que dije, acercándome a ella para pasarle un brazo por detrás del hombro y acercarla a mí en un abrazo—. Ya sabes que yo con las películas de Disney lloro. Siempre tienen un final conmovedor. Es predecible, pero yo que sé, también es bonito, ¿sabes? —intenté explicar mi emoción, pero nunca nadie entendería mi pequeño corazoncito sensible. Sólo Poi, en realidad él también llora pero como es un mono lo disimula.

Ella decidió invitar a palomitas (¡Como me mima, me encanta!) y evidentemente no podía permitir por mi orgullo de hombre que la mujer pagase, por mucho que sea mi querida amiga Willow y yo estuviese pelado de dinero. Esto de haber mantenido la casa yo solo por un mes me ha dejado en la ruina... ¡Tenía que contarle lo de mis compañeras de piso! Pero luego, ahora ya tengo suficiente cosas que hacer en la cabeza y como hombre que soy debo concentrarme en pocas cosas si quiero hacerlas bien.

Vale, pero yo pago las entradas. Vete comprando las palomitas en lo que yo hago cola para las entradas, que según eso la película empieza en dos minutos —le dije y estiré en brazo en su dirección para que Poring lo recorriese y fuese hacia ella para que la acompañase como guardaespaldas. Le guiñé un ojo y me puse en la cola.

Si la peli empezaba en dos minutos, yo había tardado CINCO en hacer la maldita cola. ¿Y estos niños tan lentos? ¡Es pedir la entrada e irse! ¡No, aquí no se compran las palomitas, ¿acaso no ven el puesto de palomitas a la derecha?! Qué estrés. Son tan monos y a la vez tan estresantes. Compré las entradas a la atractiva vendedora de entradas y luego me apresuré en encontrar a Willow, que estaba ya en la puerta.

 ¿Vamos?  —pregunté enseñándole las dos entradas. Poring se colaría por debajo de la banda de "limitación". Siempre hacía eso, no vaya a ser que me hagan pagarle la entrada también.
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Willow O'Donnell el Vie Mar 28, 2014 1:05 pm

Sólo había una persona en este mundo a quien no me podía tomar en serio, no podía tomarme sus palabras y sus gestos con seriedad. Y ese no era otro que el único e inigualable Drake Ulrich. No sé como lo hacía, pero desde el momento en que lo conocí siempre me ha hecho reír, y el hecho de ir siempre acompañado de Poring Poi sólo disminuía la poca seriedad con que podía tratarle. Esta no iba a ser la excepción. No podía evitarlo. Así que al escuchar sus excusas por la tardanza me llevé la mano a la frente, a la vez que agachaba la cabeza y negaba un par de veces con la cabeza, sin dejar de reír. ¿Hay alguien en este mundo que se pueda tomar en serio a un tipo con un mono? Si existe tenía que conocerlo, porque aguantar seria delante de Drake era casi misión imposible.

“Yo siempre me quejo y lo sabes”. Y tanto que lo sabía, muchos años conociendo a este personajillo como para no saber cuánto le gustaba quejarse, de todo, absolutamente de todo, hasta de una mota de polvo sería capaz de quejarse. Todo lo contrario a mí, ya que yo era de lo más conformista, todo me parecía bien o me daba igual, no intentaba buscarle el quinto pie al gato. Siempre intentaba buscar lo bueno de toda situación sin llegar a quejarme. Puede que ese sea el motivo por el que esta amistad ha durado tantos años, la complementariedad.  Yo era la cabeza y él el cuerpo bonito al que todo el mundo hacía caso. Un buen equipo de trabajo.

Correspondí a su abrazo, era un sensiblero en toda regla. Dirá lo que quiera, pero este hombre adora ver pelis tiernas y llorar con ellas. – Lo sé Drake, todas tienen su bonita enseñanza, pero todos tienen un final feliz y yo no creo en los finales felices. – Hice una pequeña pausa antes de añadir la que parecía ser hoy su coletilla favorita – Y lo sabes. – Lo miré con seriedad, toda la que pude en ese momento, riendo luego como de costumbre.  Era lo bueno de pasar el rato con Drake, sonreía y reía con naturalidad, volvía a ser esa cría que entró a Hogwarts sin saber que sus abuelos habían sido magos y su madre era una Squib. Tiempos  donde todo fue bonito, los primeros años al menos.
- Nos vemos ahora – Dije mientras Poring se colocaba en mi hombro y andábamos juntos hacia la zona de las golosinas – Un cubo grande de palomitas, dos refrescos medianos y … ¿tú qué quieres? – Pregunté a Poring, mirándolo y esperando su respuesta. Apuntó a una bolsa de cacahuetes. – Una de esas también, por favor. – Dije a la chica que estaba atendiendo ese día. Aunque miraba con cierto asombro a Poring.  Quizás no se fiaba del mono, ¿quién lo haría? Pero era un muy buen chico. Todo el mundo debería tener un Poring Poi en su vida. Le tendí a la chica las libras necesarias para sufragar el coste de nuestras chucherías, cogí la bandeja con las mismas y me dirigí a la entrada de la sala. La película estaba a punto de empezar, pero como siempre ponían anuncios teníamos un margen de casi diez minutos. Ideal para los impuntuales. – No te los comas de golpe Poring, que luego te pones malito. – le dije al ver que cogía la bolsa y se aferraba a ella.

Drake no tardó en llegar con las entradas. – Vamos, ¿en qué fila nos toca? – le pregunté mientras el celador se aseguraba de que teníamos las entradas correctas. Lo seguí hasta los asientos. – Espero que al final no llore mucho…a todo esto, ¿trajiste pañuelos? – pregunté susurrando, pues a pesar de que solo estaban proyectando tráileres en ese momento, había gente muy susceptible y querían un silencio sepulcral en la sala, algo que no iban a lograr con mucha facilidad, pero chapó por ellos, al menos lo intentaban.
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Drake Ulrich el Sáb Mar 29, 2014 4:22 pm

Sonreí con los labios pegados mientras le escuchaba decirle que ella no creía en los finales felices, para luego utilizar esa coletilla que al parecer adoro, ya que no paraba de usarla inconscientemente.

Pero Willow, los finales felices están en cada esquina. Verás cómo volverás a creer en ellos, Walt Disney se sabe lo que se hace. —dije y luego, para las risas, la miré con cara de circunstancia—. ¡Y lo sabes! —sonreí y le tendí a Poring para que le acompañase a comprar las palomitas.

Me había pegado mi tiempo en la cola detrás de unos adorables niños que parecía ser la primera vez que venían al cine. Yo podría resumirle las cosas fácilmente en tres pasos: corre, compra y sigue corriendo o te pierdes la peli. Pero como soy un chico decente, esperé pacientemente.

Una vez con las entradas en la mano fui a dónde estaba Willow en la puerta junto al celador. Le hice LA SEÑAL a Poring para que se fuese y se colase por debajo y yo me acerqué a Willow mientras miraba la fila.

La trece, en el centro. —le tendí las entradas al señor con uniforme y nos señaló la sala correspondiente. Ambos nos dirigimos hacia allí y mientras buscábamos los asientos me preguntó si había traído pañuelos. Yo me giré hacia ella con una mirada reprobadora—. Willow, se supone que las mujeres siempre llevan pañuelos en el bolso. Yo pensaba que esa era la Ley número treinta de la relación bolso-mujeres. Muy mal… —le susurré, metiéndome por la fila en dónde Poring señalaba.

Nos sentamos Willow y yo y Poring se sentó sobre mi regazo. Aun viendo los trailers. Me incliné hacia Willow mientras parecía uno de Superman.

Dime la verdad, ¿tú ves sexy a un tío con los calzoncillos por fuera? ¿Y con ese pelo en dónde se ha tenido que echar más de medio kilo de gomina? —pregunté, cogiendo deliberadamente del gran bote de palomitas que había comprado. Luego vi que el pobre Poring se estaba peleando con abrir el paquetito que Willow le había comprado, así que se lo quité y se lo abrí, dándoselo nuevamente. De repente, empezó el sonido ese típico de principio de película y se bajaron las luces a ese tono de luz sensual que le encanta a las mujeres. Ni totalmente apagado, ni escandaloso, sino así… tenue. No sé, para mí ese tono es el tono sexy—. Mira ya empieza. —y me acomodé en mi silla.
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Willow O'Donnell el Lun Mar 31, 2014 12:24 am

No compartía la idea de los finales felices. Los veía constantemente, no, pero sí veía a gente feliz. Pero no había finales felices, la vida es larga y el fin de la misma no es feliz. Siempre alguien sufre, y nadie controla como morirá, a no ser que te suicides, pero eso es para cobardes. Por tanto, no hay ningún final feliz. Esbocé una pequeña sonrisa, para contentar a mi amigo, no porque creyera realmente en lo que decía.

- Pero Drake, ¿qué pasa después de ese final? Walt Disney no habla de lo que ocurre con Blancanieves después de casarse, ni con el resto de princesas de sus cuentos. Además, de que siempre ha tenido una ideología un tanto machista, donde el príncipe siempre salva a la princesa. ¿Qué pasa, qué las mujeres no somos fuertes? ¿No somos capaces de afrontar la vida sin la ayuda de un hombre? – comenté, pero fue casi como hablar al aire, pues ya me había dado a Poring y había emprendido el camino hacia la taquilla. - ¿Tu me entiendes, verdad Poring? – Le pregunté al mono mientras caminaba hacia la sección de comestibles. A veces me sentía tan depresiva que ni finales felices ni hostias, la vida era una auténtica mierda, y nadie podría decirme jamás lo contrario.

Con el picoteo ya listo, volvimos hacia la entrada, a esperar a Drake, que no tardó mucho. Lo justo teniendo en cuenta la cola que tenía delante. Quizás debimos comprar las entradas por adelantado, pero quién sabe qué películas habrá visto ya el loquinario de Drake. Creo que poco hace a parte de ver pelis, no estaba muy al tanto de su vida fuera del trabajo, o más bien de cómo seguía su rutina sedentaria. Tenía que obligarlo a hacer más ejercicio, sino acabaría regordete.  

Me respondió diciendo que estábamos en la fila trece, al centro. La mejor zona para ver las pelis en estas salas. Justo al centro, o lo más centrado posible. Poring bajó de mi hombro y pasó de forma cautiva. *Muy bien Drake, haciendo que el mono sea un polizón.* Pensé con ironía, observando como el celador nos indicaba la sala. Mientras andábamos le hice una pregunta un tanto obvia, ya que íbamos a ver una peli que él sabía que era tristona, o al menos íbamos a llorar. Me hice la ofendida ante sus palabras, abriendo la boca como si estuviera sorprendida. – Drake, sabes que las leyes bolso-mujer no se aplican a mí. Deberías haberlos traído tú – respondí susurrando, igual que él. Pero con cierta diversión en la voz. Mi bolso sin fondo tenía de todo, pero me gustaba ver sus reacciones.

Estaban reproduciendo los tráileres, uno de superman para ser más concretos, cuando Drake se acercó y me hizo dos preguntas que me dejaron trastocada. Contuve la risa y procedí a responderle. Aunque al escuchar la primera pregunta un recuerdo vino a mi mente, estaba de vuelta en Hogwarts, con Tyler frente a mi vestido del Capitán América, que también llevaba los calzoncillos por fuera. – Pues sí Drake, hay hombres que con el calzoncillo por fuera son sexys. Pero no todos pueden llevar mayas como Superman, aunque le quitaría tanta gomina. Definitivamente me parece sexy ese hombre. –  Respondí divertida, cogiendo yo también palomitas. Sin embargo en mi mente seguía esa imagen de mi personal Capitán América. Me había ensimismado, cuando la voz de Drake me devolvió a la realidad. Me acomodé un poco en la butaca y fijé mi mirada en la pantalla.

No parecía muy triste, aunque claro, era el principio. Todo comenzaba con imágenes de dos niños jugando, mientras una voz en off iba describiendo una bonita historia. Tenía buena pinta. El que parecía ser el protagonista, por el hecho de que aparecía en el cartel de la entrada y los primeros planos, tenía una aureola de buena persona que me atraía. Adoraba ese tipo de personajes, que transmitían simpleza y humildad. Pinta bien la película.
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Drake Ulrich el Mar Abr 01, 2014 9:28 pm

Las palabras de Willow llegaban a lo más profundo de mi corazón cuando me hablaba de las cosas malas de Walt Disney. Ya sabía yo que el mundo no siempre era perfecto, también sabía que no todo se acaba cuando alguien se casa, también sé que cuando mejor te va la vida es cuando más vuelta te dará. Lo sabía por propia experiencia, pero era consciente de que ella tenía muchas, muchísimas más razones de peso para ser así. Sin embargo, pensaba que mi amiga tenía una visión un tanto cerrada y pesimista de acuerdo con la ideología de Disney y a su vez, con el mundo que le rodea. Yo siempre intentaba sacarla de ese pensamiento tan cerrado y triste, pero parecía estar en una burbuja en dónde sólo Willow puede meterse y nadie puede sacarla. Sin embargo, yo siempre le insistía y le seguiría insistiendo, ya que me encantaba ver a mis amigos sonreír ¡y ella tenía una sonrisa preciosa!

No era el momento para refutarle nada, ya que estábamos a contrareloj para no perdernos la película, por lo que le tendí a Poring y le miré con cara de circunstancia, algo tal que: “no te doy la razón, pero luego hablamos, señorita”. Antes de que se dieran la vuelta, como escuché a Willow hablar con Poring, les señalé para llamar su atención.

¡Poring, no le des la razón que sé que te encanta Enredados! —le dije con diversión, a lo que Poring se escondió dando una divertida vuelta por los hombros de Willow.

Al rato nos volvimos a encontrar y entramos a la sala pertinente. Los pañuelos eran un factor importante, sobre todo para ella que es una llorica… yo no lloro nunca. Soy un hombre. Menos con “Hancock”, esa película me llegó a la patata. Y con “Posdata te quiero”. ¿Quién narices hace esas películas tan tristes? No sé, pero es que si las mujeres ven esa película normal que los hombres nunca “estemos a la altura”. El prota de esa película es mejor que un príncipe Disney. Hasta a mí me gustaría tenerlo como novio, no me jodas… Lo pintan de una manera…

Le pregunté por Superman y me dijo que si que era sexy. Me llevé la mano a la frente y negué lentamente.

Entiendo. Entonces el secreto está en las mallas —dije convencido, ya que yo me ponía mallas y podrían confundirme con una croqueta mal hecha. De hecho, no quería ni imaginarme con mallas.

La película había empezado normal. Ni fu ni fá. Había un prota que acosaba a una chica muy guapa y al parecer estaba enamorado de ella desde que eran pequeños. Eso es amor y lo demás es tontería. Mientras pasaba la película yo cogía deliberadamente de las palomitas que habíamos puesto en medio, hasta que llegó la parte que todo el mundo estaba esperando… el momento en dónde el chico le decía lo que sentía a la chica. Sin embargo, a medida que pasaban ese agradable rato juntos y la chica seguía posponiendo reunirse con el subnormal que le había puesto los cuernos, me daba esa sensación de que algo no iba a salir bien… Y así fue, cuando la chica le dijo que se alejara de él. Me sentí mal, por lo que me acomodé en el sillón y miré a Willow de reojo. Me había dado pena, era super simpático el protagonista pero se lo merecía por acosador, en parte. Encima se le estaba muriendo el padre a la mujer, ¿no iban a parar de suceder cosas entristecedoras, o qué?
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Willow O'Donnell el Jue Abr 03, 2014 7:20 pm

Las miradas y gestos de Drake hablaban por sí solos, este chico tenía una facilidad para exteriorizar en su rostro lo que pensaba que me asombraba. Siempre había tenido curiosidad por cómo lo haría. Pero imagino que será algo natural, hay quien puede hacerlo y quién no. Cómo todo en este mundo.  Pero él era un caso particular, todavía no entiendo como ninguna chica ha caído rendida a sus pies, si es que podría ser el hombre perfecto, lástima que sea tan enamoradizo y arriesgue tanto a la primera semana.

Sonreí al comprender su mirada, negando con la cabeza. Dejarlo para después era una buena opción, pero podríamos pasarnos la vida debatiendo quien tenía razón y quien no, era un juego de cabezonería y creo que ambos somos bastante cabezotas. Sería como discutir porqué a las manzanas se las llama manzanas y a las peras se las llama peras. Algo que podría llevarte toda la vida o pasar del tema, pues son cuestiones que te pueden llevar toda la vida intentar encontrarles sentido. Y como ninguno de los dos trabajaba en el área de misterios era mejor dejarlo así. Miré a Poring con seriedad ante el comentario de Drake, ¿cómo le podía gustar una película así? No se le podía negar, hasta yo querría tener un camaleón como el de Rapunzel.  Esa era de las pocas películas de Disney que rompían los esquemas establecidos de una sociedad machista. Bueno, las últimas que han salido me han encantado, porque rompen los esquemas, por fin son las mujeres las que llevan las riendas, sin necesitar de un “hombre” para sobrevivir. Todo lo contrario, son ellos los que dependen de ellas. Lo cual le da más emoción, en esas películas se nota el cambio que está dando la sociedad actual.

No tardamos en reencontrarnos en la entrada y dirigirnos a la sala correspondiente. El camino fue breve y llegamos con los trailers ya comenzados. Me gustaba verlos, pero no me importaba perdérmelos, eran esos minutos que agradeces para llegar con el tiempo justo. Drake me preguntó por Superman, mi respuesta fue sencilla, yo a Superman lo consideraba sexy, tanto en esa versión como con ropa normal. Era el único superhéroe que siempre me había atraído.  – Exacto, y en su cuerpo atlético, y en esa musculatura cuasiperfecta… -  Añadí ante su convicción, dándole a entender que no eran sólo las mayas. Las mayas en un hombre había que saber llevarlas, no todos podían, sobre todo esos tíos que parecen triángulos invertidos y que caminan con las piernas arqueadas porque han desarrollado sus músculos de una forma poco natural. Qué es respetable si a ellos les gusta, pero a mí me parecía un tanto monstruoso.

La película comenzó, el incidente del tren me sobrecogió, pobres niños. Fue lo que pensé, era entristecedor. Pero poco a poco parecía que la cosa mejoraba para el protagonista, el señor pijama podríamos llamarlo. Era encantador, muy simpático aunque a la vez demasiado inocente. Su forma de ver el mundo era muy inocente, lo cual hacía que le cogieras más cariño, era como un niño pequeño. Era idílico lo que estaba ocurriendo, la chica dejó para más tarde reunirse con el que parecía ser su ex o su prometido, no lo tenía claro, por pasar una agradable velada con el señor pijama. Era todo tan lindo. Pero no podía ser todo tan lindo, cosa que solo ocurre en las películas de Disney. Ella no reaccionó muy bien ante la confesión del señor pijama, me dio pena, algunas lágrimas se agolparon en mis ojos. Así que rebusqué en mi bolso, tenía que haber algún pañuelo, tenía que haberlo. Saqué con disimulo la varita y apunté al bolso.  *Accio pañuelos* conjuré mentalmente, acto seguido un paquete de pañuelos llegó a  mis manos. Guardé la varita de nuevo. La pareja que tenía al lado parecía estar concentrada en secar sus lágrimas, por lo que ni cuenta se dieron de mis movimientos. Cogí un pañuelo, lo extendí y me sequé las lágrimas, mientras con la otra mano le pasaba el paquete a Drake, ni me había fijado en cómo estaba reaccionando, pero por si acaso los necesitara, mejor ofrecérselos.  

*Menudo cabrón es  el ex de la protagonista.* Pensé al ver por dónde iban los tiros. No podía creerme lo que había hecho, menudo cabronazo.
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Drake Ulrich el Dom Abr 06, 2014 10:59 pm

Todo ser viviente sabía que esa musculatura era SOBRENATURAL, al igual que sus poderes. A ver, ese tío tiene músculos que ni existen en la anatomía humana y LO SABEMOS TODOS. Los ponen ahí en plan resaltados y demás para impresionar a las chicas, pero no hay cuerpo serrano más potente y atractivo que el mío y PUNTO. Y esto es lo que se llama, señores, estar contento y feliz con uno mismo. Y como para no, ya que me lo curro yendo al gimnasio para guardar la forma (no porque me guste verme bien, sino porque me casi-obligan al pertenecer al cuerpo de aurores a tener una línea equilibrada. Por eso cada vez que como en el McDonald me pillo una coca-cola light para mantener la línea).

Aquella película había empezado bien, pero a medida que pasaban los minutos me daba pena el protagonista. Era como un niño. Pero un niño necio e inocente que persigue un caramelo como si fuese el premio de su vida. Quizás me caía mal al principio por querer tanto a alguien y tenerlo TAN CLARO. ¿Acaso siempre somos los hombres los que nos enamoramos y la chica es la que decide? ¡Pues parece que sí! En ciertas ocasiones la protagonista se me daba un aire a Willow, pero lo siento Willow, la actriz es más guapa aunque tú seas preciosa. Ya se lo diría luego para no estropearle con el típico comentario inútil en medio de la película.

A medida que continuaba la película el protagonista empezó a caerme bien y la chica mal. Aunque el que cayó verdaderamente mal fue el jodido prometido de la chica. ¡Pero de qué va loco! Por suerte, la chica era como Willow y poseía tres dedos de frente para asegurar que un trocito de pan como lo era el prota no podía haber matado a su otro amante. ¿Era su otro amante, no? ¡Cuántos amantes tiene esa mujer! Sin embargo, antes de que se arreglase nada, Willow me pasó un pañuelo, muy considerada ella, aunque yo la miré con cara de: ¿En serio crees que voy a llorar?

Maldito el momento en el que decidí mirarle con esa cara, ya que unos minutos después se murió el padre de la chica. ¿Qué necesidad había de que se muriera, en serio? ¿Por qué hacen pelis tristes? ¿Dónde ha quedado la comedia? Inevitablemente me sentí identificado con TODO, con el rechazo, con que se te muera un familiar que se me terminó saliendo la lágrima. Bueno vale, LA lágrima no. Se me salieron incluso los mocos, por lo que aproveché para sonarme en un momento dónde hubo música, para que no se me notase demasiado que estaba afectado emocionalmente. Me puse de manera en el sillón en dónde me escurrí, cogí mi chaqueta (la cual me había quitado anteriormente) y me la puse sobre el pecho, tapándome la mitad de la cara.

Tras un rato de película, llegó la parte en dónde el chico que vestía siempre de pijama (que oye, no es mala idea, te pones el pijama con un chaleco y vas super guay y cómodo a todas partes) se dio por vencido y dejó a la chica en paz. No obstante, la chica se puso a buscarlo hasta intentar dar con él. Al ser una peli con un base de tristeza bastante profunda, asumía que iba a tener un final feliz, ya que cómo no fuese así, podría irse un poco a la mierda la película… Necesitamos felicidad en nuestras vidas.
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Willow O'Donnell el Mar Abr 08, 2014 11:58 pm

Había comenzado a soltar algunas lagrimillas con la película, para que mentir, casi desde el vigésimo minuto de película estaba sollozando. Odiaba ese tipo de películas, por lo que me hacían sentir, pero a la vez era una buena forma de cubrir tus verdaderas lágrimas. Y lo crean o no, llorar alivia mucho, eliminas estrés y frustración. Aunque la mejor forma de hacerlo es  descargando adrenalina, haciendo deportes y terminando rendida, tu cuerpo volvía a su estado más relax, algo que hacía muy a menudo. Aprovechando mi trabajo, un valor añadido es la adrenalina que sueltas.

La película iba por buen camino. Aunque realmente no me gustaba que pasaran tantas cosas malas, era como una réplica barata de lo que podría ser la vida misma. Realmente prefiero ir a ver películas con finales felices para ver que la vida no es tan mierda. Pero parece que esta es una clara excepción a la regla. Todo iba de mal en peor. Le ofrecí pañuelos a Drake, pero me miró con incredulidad. Iba de fuertote, pero poco tardó en coger algunos. Lo conozco demasiado bien, a veces me asusta cuánto lo conozco. Pero lo disimulaba bien. Lo cual lo hacía adorable.

Poco tardó en llegar el final de la película, un final poco usual. La tortilla se giró. Ahora la chica perseguía al chico. Una clara metáfora de “si la ignoras te seguirá”. Lamentablemente algo cierto. Esto fue un giro “inesperado”, pues suponía un final feliz, lo cual suele ser predecible en las películas. Pero me alegró, y terminé sonriendo, los finales felices tenían ese efecto. Miré a Drake cuando estaban ya saliendo los créditos finales. Con cara de corderito y terminando de secar mis mejillas. – ¿Porqué hacen películas así? – le pregunté sin más, mientras recogía los refrescos, una pérdida, estaban casi intactos, aunque palomitas no quedaran muchas. Sonreí a mi amigo y a su mono. Vaya cuadro. Aun sentados, mientras el resto de personas vaciaban la sala, con lentitud. – ¿Sabes que el prota me ha recordado a ti? Esa simplicidad y forma de ser… - le comenté. Lo típico después de ver una peli era comentarla, mientras salían los créditos, era algo que me gustaba hacer. Una tontería quizás, pero era una manía.

- Bueno Drake, ahora necesitamos una dosis de chocolate para levantar el ánimo, eso o salir de copas. Pero creo que Poring preferirá lo primero. -  Hablé después de un rato dialogando sobre la película en sí y cuando apenas quedaban segundos para el final de los créditos.
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Drake Ulrich el Miér Abr 09, 2014 3:00 pm

La película terminó y NO. Yo NO había llorado. ¿Yo, llorar? ¡Eso es para mujeres! Yo sólo me emocioné, exacto. Sólo una emoción recíproca y que me hace sentir en situación y por eso me ha entrado la vena sensible, nada más. Las mujeres lloran parece por placer, tienen como un botoncito de vulnerabilidad para cosas tristes como estas y es imposible que no lloren. No obstante, yo soy un hombre y no lloro. Escondí el pañuelo por ahí para que no se viera y por suerte acabó con un final decente que me hizo volver a mi personalidad afable de siempre.

Las luces volvieron a encenderse mientras los créditos salían acompañados de esa canción tan moñas. Me quedé sentado, ya que estaba cómodo y odiaba, con toda mi alma, la cola que se formaban en la salida de los cines. Ella recogió los refrescos. ¡Mi refresco, se me había olvidado! Le arrebaté (con hamor) el mío y bebí tranquilamente. Tenía un sabor a... cocacola insípida debido al hielo que se había derretido. Pero oye, era cocacola y fría.

Su pregunta retórica me hizo fruncir los labios, pensativo.

—  Yo creo que para hacer estas pelis, deben dirigirlas mujeres. Ningún hombre haría una película tan moñas… —comenté con la mirada perdida en los créditos, fijándome en el nombre de la protagonista por pura curiosidad. Ella dijo que le recordé al protagonista, a lo que la miré con gesto sorprendido, girándome hacia ella—. ¿En serio? ¡Pero si él era un cacho de pan! Yo soy un malote de turno. ¿Acaso no me has visto con mi túnica de cuero? Deberías verme, doy miedo… —alcé las cejas, convencido de mi super defensa a su comparación—. Además, el va en pijama a la calle y yo no tengo pijamas, siempre voy en calzoncillos. —añadí a mi defensa. Realmente no me importaba que me comparase. Quizás tenía algo de razón, pero en lo mínimo. Aproveché para decirle lo que había pensado yo a mitad de película—.  Pues tú a mí te me distes un toque a la protagonista. Físicamente hablando. Aunque no te motives, ya sabes que eres muy guapa, pero no tanto como la prota. —sonreí bromista, para picarla—. ¡Tenía una mirada preciosa! Pero lo que más resaltaba era un sonrisa. Creo que me he enamorado de esa mujer. ¿Cuántas probabilidades crees que haya de que viva en Londres y esté paseando justo en este momento pro delante del cine? —pregunté sonriente, viendo como aparecían los que limpiaban para echarnos. ¡Pues vale, échennos, malditos!

Era normal que nos echaran, puesto que los créditos estaban llegando a su final. No obstante, dentro del dinero de la entrada, también incluye los créditos. No tenía ganas de levantarme, pero su ofrecimiento me hizo alzar las cejas, levantándome de golpe.

¡Willow O’Donnell diciendo de salir de copas! —exclamé con extrema felicidad—.  ¡Qué le den al chocolate, un día vienes a mi casa a ver Friends mientras comemos chocolate, ración de felicidad doble! Pero hoy… —le tendió la mano—.  Hoy toca irse de copa, no puedo desperdiciar esta oportunidad, además… no sabes cómo le gusta a Poring el tequila… —Poring se percató de que hablábamos de él y miró en plan: “¿Qué pasó?”, pero obviamente es un mono, por lo que no recibió contestación.

Ambos salimos del cine después de sentir presión por parte de los que limpiaban y terminamos en la calle. Estaba lloviendo,  a lo que me abroché la chaqueta y me puse la capucha. Saqué la cajetilla de tabaco, pero teniendo en cuenta que llovía, lo vi como una tarea ardua difícil para mi pereza y la volví a guardar. Miré a Willow mientras Poring se metía por dentro de mi chaqueta y asomaba su cabeza por mi cuello.

¿Por dónde quieres ir? ¿Trafalgar Square? ¿La zona baja? ¿La turística? ¿Un sitio de lujo? ¡Te invito a cenar y todo si quieres! Pero algo barato, que esto de pagar el alquil… —Pero me acordé de lo otro que tenía que decirle—. ¡Tengo que contarte una super noticia! Pero antes, emprende el rumbo. —puse como condición, señalando a mi alrededor.
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Willow O'Donnell el Vie Abr 11, 2014 8:05 pm

La película había sido bastante entretenida, tristona y de mucha lágrima. Pero había pasado un buen rato junto a mi compi y a Poring. Eso lo compensaba con creces. Ya que no me hacía mucha ilusión ir al cine a ver películas tristes. Mi pregunta retórica tuvo una respuesta un tanto discriminatoria. Así que miré a Drake con gesto desaprobador y le señalé los créditos, pues en ese momento estaba saliendo el nombre del director, James Keach.

- Una mujer no dirigiría una película como esta. – Comenté mirando los créditos tal como hacía él. Era parte de la película y nunca estaba de más ver la cantidad de películas que participan en la creación de una película, que al final el mérito solo se lo llevan los actores y los directores. Pero nadie habla de las personas que se encargan de lo más complejo, de lograr que todo quede bien con su esfuerzo, como son los maquilladores y cámaras…toda esa gente que sale en letra pequeñita.

Reí ante su defensa. - ¿Desde cuándo eres tú un malote? Lo del pijama se puede solucionar, ya sé que regalarte por tu cumple. – Comenté con diversión. Era una buena idea, la verdad. Regalarle un pijama y no tener que verlo en calzoncillos cuando iba a buscarle sin previo aviso. Qué mi amigo es guapo, y no me importaba mucho que fuera así por la vida, solo que… - Drake, te pareces en su forma de ser, lo simpático que es, la ilusión de creer en el amor, los malabares. Esas cosas os hacen similares. Aunque claro, el prota tiene una inocencia mayor que la tuya. – intenté aclararle.

Sonreí con amplitud al escuchar su alegato. – Si existe una mínima probabilidad, debe estar pasando ahora mismo por la puerta. Pero lo veo complicado, esa gente no suele salir de Hollywood. – No era cuestión de que ahora se enamorara como hacía siempre, este chico era el ejemplo personificado de que alguien se puede enamorar en menos de 10 segundos. Yo creo que el estudio lo hicieron con él. Era algo que le hacía especial. ¿Quién no querría un Drake en su vida? Tendría que intervenir y hacerle de celestina alguna vez. Quizás podía surgir el milagro. Quién sabe.

Era la hora de irnos, habían comenzado a pasar la escoba, eso era señal de que nos fuéramos, o nos echarían, que sería peor. Así que le ofrecí a mi amigo dos opciones, esperaba que optara por la primera. Sin embargo él, sorprendido de que me ofreciera a ir de copas, decidió que fuésemos a beber un poco. Negué con la cabeza ante su anotación sobre Poring. – No me imagino a Poring tomando tequila. – Aunque era divertido imaginárselo comiendo limón después de un chupito de tequila.

Salimos del cine encontrándonos con una copiosa lluvia. Drake se colocó su chaqueta. Yo sin embargo opté por sacar mi gran paraguas trasparente. Era lo bueno de mi bolso, era como el de Mary Poppins. Pero más bonito y pequeño. Lo saqué con disimulo, para que los muggles no sospecharan nada o se sorprendieran. Abriéndolo y ofreciéndole a Drake compartirlo. No fuera a mojarse.  - ¿A dónde ir? Los únicos bares que he pisado últimamente por placer, son el Caldero Chorreante, Las Tres Escobas y algunos en Austria, por lo que mejor elige tú. Algo elegante pero no ostentoso. – Le respondí, poniendo carita de pena. Daba pena que alguien de mi edad no conociera locales en Londres donde tomar una buena copa, pero para eso estaba Drake. Pero como insistió en que emprendiera el camino, lo sujeté del brazo, sujetando el paraguas con la otra mano, y tiré de él hacia la derecha. Sin saber muy bien hacia donde iba. – Ya me puedes ir contando, granujilla. Y por la cena no te preocupes, con un tapeo en algún bar yo tengo. – Comenté con diversión. Era cierto. Mientras bebíamos podíamos picar algo, era una buena y ligera forma de cenar.
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Drake Ulrich el Dom Abr 13, 2014 3:08 am

Puse cara de “yo que sé” cuando me preguntó retóricamente que desde cuándo era yo un malote. ¡Nunca! ¡Soy auror, que malote voy a hacer! Asentí luego a lo del pijama. La verdad es que no me vendría nada mal ahora que voy a tener a TRES FLAMANTES Y GUAPAS MUJERES VIVIENDO CONMIGO. Babeo. Lo juro que babeo. ¿Desde cuándo tengo este haz de suerte e iluminación en mi vida? Espero que las tres sean exageradamente antipáticas o como hombre, estaré en un aprieto hogaril.

Ohh… —dije con hamor a sus palabras de definirme y compararme con el protagonista—. Bueno, él es mejor que yo en los malabares, pero en lo demás sí. Buena comparación, ganaste. —admití. La parte de la inocencia era claramente evidente, me costó lo suyo tener que quitarme toda la inocencia y buena fe de ver siempre la parte buena de la gente, una de las cosas que me ha hecho ser, de repente, alguien extrañamente desconfiado.

Puse cara falsamente triste cuando dijo que esa gente no salía de Hollywood. Cuando me jubile, me iré para Hollywood, lo tengo claro. ¿Un mago con varita en Hollywood? Qué esperen por Drake Ulrich y el desmadre que montará.

Willow no tenía muy claro por dónde ir, pero lo que si tenía claro era ese sentido de mujer de saber cuándo iba a ser mal tiempo, ya que sacó de su bolso un paraguas y nos tapó a ambos. Al escuchar lo que dijo sobre los lugares a dónde había ido, mi mente empezó a trabajar en buscar un lugar acogedor a dónde ir. Se me pasaron muchos por la cabeza, pero que tomase la iniciativa de elegir un camino, me ayudó a decidirme.

Ya sé, conozco un pub-restaurante algo retro pero moderno. Con una estética un poco así Steampunk. No sé, es que a mí me encanta la moda esa extraña que parece del pasado pero en verdad parece del futuro… no sé. Es barato y hay comida en plan tapeo y bebidas. ¿Te parece bien ese? —le pregunté pidiendo su opinión, pero como no esperaba que opusiera resistencia tiré de ella hacia un camino alternativo para acortar camino.

Luego me dijo que le fuese contando y me acordé de mi gran noticia. No sabía por dónde empezar, pero decidí que lo más lógico sería empezar por el principio (sí, a esa conclusión llegué yo solito). Sonreí contento por estar a punto de contárselo.

Bueno, sabes que Jason me abandonó, ¿no? Pues este mes ha sido harto duro para pagar yo solo el alquiler, por lo que me motivé a poner anuncios por ahí para compartir piso. En un principio, con pagar a medias entre otro y yo, me valía y no tardó en llegarme un primer interesado, una muchacha que trabaja en Hogwarts como enfermera. ¡Es super simpática! Se llama Bianca y me cayó muy bien, así que tras enseñarle la casa se animó —le dije contento, con algo de impresión ya que cada vez que lo contaba ni yo me lo creía—. ¡Pero eso no es todo! Luego recibí una llamada de una tal Katerina, interesada también por mi anuncio. ¡Y también trabaja en Hogwarts como profesora! Le enseñé el piso y también le gustó, por lo que ocupó la tercera habitación de la casa… —y dejé el típico tono de: “bueno y eso es todo”, pero luego justo cuando ella iba a comentar algo, yo la corté para darle la tercera buena noticia—. ¡No me interrumpas, que eso no es todo! La tercera habitación que había libre la pilló otra chica, Alicia se llama y también es profesora. ¿Te lo puedes creer? Tres mujeres que quieren vivir con un chico y un mono. Yo aun no me lo creo...  Ahora me va a dar vergüenza ir con calzoncillos por ahí —bromeé con una imborrable sonrisa en el rostro.

Tras mi gran monólogo de motivación habíamos llegado al lugar, ya que estaba cerca, puesto que el cine y la zona de pubs no estaban muy alejados por puro truco comercial. Le señalé la puerta para que se desviase y como un caballero le abrí la puerta para que entrase ella primero, tomando su paraguas para sacudirlo antes de entrarlo.
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Willow O'Donnell el Lun Abr 14, 2014 4:17 pm

Drake era un auténtico encanto, daban ganas de achucharlo cuando se ponía a hablar así, siendo tan encantador. Sonreí con satisfacción cuando mencionó que yo ganaba. Era la mar de divertido estar con Drake, lo tenía todo. ¿Por qué ninguna chica quería estar con él? Eran tontas, él es único. El chico perfecto, pero ninguna se da cuenta de ello. Quizás porque le falta ese toque de maloso. Puede ser.

Emprendimos el camino hacia un lugar donde cenar, sin saber muy bien a dónde íbamos. Él sugirió ir a un lugar con temática Steampunk. No tenía muy claro que era, pero tenía curiosidad por saber que era. Antiguo pero futurista. Curioso, muy curioso. – Claro, si dices que es un buen lugar, yo confío en ti. – Dije sujetándome a su brazo y dejándome llevar por él. Confiaba en mi amigo, si no confías en la persona que podría salvarte la vida, ¿en quién confiar? Obviamente esta no era una cuestión de vida o muerte, sino más bien de comer bien y tomar unas copas con moderación.

Mientras caminábamos le pedí que me fuera contando las nuevas que parecía tener. ¿Sería una nueva novia? Si era así, espero que no fuera una con ojos de loca y apareciera ahora de la nada con intención de quemarme el pelo o algo peor, por ir andando con él. ¡¡Qué hay mujeres muy locas!!

Asentí al nombrar el abandono de Jason, por una parte lo entendía, algo más barato ayuda mucho, el alquiler de Drake se llevaba gran parte del sueldo, sólo no podría vivir mucho tiempo, dado su  nivel de vida. Ya en mi mente se paseaba la idea de que iba a cambiar de piso, o la loca idea de comprarse alguno. Nunca se sabe. En un momento de depresión o euforia podemos tomar ideas muy descabelladas.

Sin embargo me sorprendió oírle. Había conseguido compañero de pisos. Dos chicas, ambas trabajadoras de Hogwarts, lo cual era bueno, pues suponía un ahorro para él. Me preocupaba como le resultaría vivir con dos chicas, tendrá que comenzar a cambiar algunas cosas. Tendría que llegar el día en que las conociera. Curioso será. Pero la cosa no quedaba ahí, iba a hacerle un comentario cuando me dijo que no interrumpiera y añadió que había una tercera compañera de piso, también trabajaba en Hogwarts. Me paré en seco, mirándolo con perplejidad. ¿Hablaba en serio o era una simple invención?

- Drake Ulrich compartiendo piso con tres mujeres, debería ser titular en El Profeta. – comenté con diversión al ver su imborrable sonrisa. – Sí, vas a tener que dejar de ir en calzoncillos por todos lados, no vayan a sucumbir a tus encantos y luego se tuerza la convivencia. – Comenté con picardía, para picarlo un poco, aunque capaz que ahora decide ir en calzoncillos a ver si así enamora a alguna. No lo creo.  – ¡Eso hay que celebrarlo! ¿Con una cena de bienvenida? – Pregunté con doble intención, quería conocer a las compañeras de mi compañero, más bien por no llevarme la sorpresa cuando aparezca por la casa y no tener idea de si es su nueva novia o su compañera de piso.  

Ahora que hablo de cena de bienvenida, tenía pendiente la cena de Esther. Tenía que llevar acompañante, y no sabía a quién. Sería bueno llevar a alguien conocido con quien no aburrirme, dado que no conoceré a nadie, salvo a Esther, a demás, es una chica guapa, seguro que… - Por cierto, Drake, antes de que me olvide. Una nueva amiga, también profesora de Hogwarts, me ha invitado a una cena de inauguración de su nueva casa. ¿Irías conmigo? – Pregunté poniendo ojos de corderito,  una vez ya habíamos entrado al pub. El lugar tenía buena pinta, mucho estilo westero con aire futurista. Por fin entiendo lo que es el Steampunk.

- No me veo yendo sola a una fiesta donde no conozco a nadie, salvo a la anfitriona. Es guapa, te lo pasaras bien. – dije dándole un leve codazo, para animarle a decir sí. Nos sentamos en una mesa, y observé la carta. No tenía muy claro que servirían en este lugar.
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Drake Ulrich el Miér Abr 16, 2014 2:03 pm

Estaba super contento con mis nuevas compañeras de piso. No por el hecho de que fueran mujeres, ¡sino por el hecho de que a partir de ahora el baño olerá a rosas! No querréis saber a qué olía viviendo en esa casa solo chicos… Pero no solo por eso, eran personas responsables, nada más ni nada menos que trabajadoras de Hogwarts, por lo que me imaginaba que ni de lejos eran locas borrachas sin una pizca de consideración. Tenía ganas de que las tres se terminasen de mudar de una vez por todas por completo.

Solté una carcajada divertida cuando dijo que debería ser portada del Profeta y la verdad es que tenía razón. En lo que llevo viviendo solo (bastante, antes incluso de hacerme auror) no había vivido con ninguna chica. Siempre con chicos y con los ligues de los chicos. O con mis propias parejas que se creen que MI CASA es SU CASA y se ponen a cocinar, a ducharse o a ponerse en MI ordenador. Intimidad, mujeres, intimidad. El ordenador para un hombre es como el bolso para una mujer, para que os hagáis a la idea.

Pues entre los requisitos que puse para mi piso, uno de ellos era aceptar que el inquilino principal, o sea, yo, pudiese ir en calzoncillos sin recibir quejas. ¿Y sabes qué? ¡Ninguna se quejó! ¡Están deseando verme! —exclamé en plan persona que se siente violada—. Es broma, al final es a mí ahora al que le da vergüenza, por lo que me pondré pantalones. No vayan a enamorarse de mí, que todos sabemos que soy irresistible… —bromeé con una divertida sonrisa, mirando a Willow—. ¡Oye, pues no es una mala idea! Que cada uno de los inquilinos lleve a su mejor amigo. Y así hay confianza. Pues sí, Willow. 10 puntos para Gryffindor… —digo, recordando los viejos tiempos—. Hablaré con ellas cuando se terminen de instalar.

Willow me comentó de que tenía una amiga que también era profesora de Hogwarts. A ver, ¿hay overbucking de mujeres en Hogwarts ahora o algo? Se reproducen. Ya podrían haber estado en mi época. Entre ella  y yo nos vamos a conocer a todos los profesores a este paso. Me dijo que le acompañara a una cena con ellos en plan inauguración. Sería divertido, para coger ideas para la mía, ¿no? No me lo pensé demasiado, ya que… ¿qué mejor plan voy a tener que ir con mi amiga a una cena de gratis a casa de una chica guapa? Por favor… no hay mejor plan que ese.

¿Ah, sí, es guapa? —nos sentamos en una mesa, hecha con un barril pero decorada con cuero y objetos trambólicos que nunca me había puesto a identificar. Bueno, una vez, pero estaba en el séptimo nivel de alcoholización— . Pues no parece mala idea, iré. Pero por ti, no por la chica guapa. ¿Sólo conoces a la anfitriona? ¿Te invitó? ¿La conoces de hace mucho o algo? —pregunté con curiosidad y justo después vino mi dependiente favorito.

Nos tendió las cartas y no se percató de que me conocía hasta que vio la cabeza de Poring saliendo de mi abrigo, hasta colocarse en mi regazo.

¡Poring, Drake! —nos saludó.
¡Kiko! —Sí, se llamaba Kiko. Un nombre horrible.
¿Qué os pongo? Tenemos el pollo ese que tanto te gusta… —me dijo con un guiño que parecía que estaba ligando conmigo. Sin embargo… funcionó, ya que le miré con esa mirada que ponen las mujeres enamoradas. Enamoradas de pollo.
¡Una de eso! Y mientras tanto espera a que mi querida acompañanate… Willow, Kiko, Kiko, Willow… decida que más quiere.
¿Y de beber? —añadió antes de irse.
Hoy quiero moderarme, puesto que ella no dejará que desvaríe a no ser que se emborrache primero… por lo que… —sonreí gracioso mirando a Willow, antes de pedir—. Para ella dos tequilas y para mí un califresa. ¡Gracias! ¡Vete vete! —y le eché para que Willow no le diese tiempo de quejarse.

Cuando Kiko se fue, miré a Willow con una tímida sonrisa. Al ver su cara de reprobación, quise defenderme antes de que me echase la bronca.

Sabes que te gusta el tequila. No te quejes.  —carraspeé al final, con diversión.
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