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Este café sabe a... ¡mandrágora! [Priv. Archie Washburne]

Laith Gauthier el Jue Jul 06, 2017 9:16 pm

Recuerdo del primer mensaje :

La mañana había comenzado triste y aburrida, una ligera llovizna que incitaba al sanador a seguir durmiendo, quien miraba distraídamente las gotas resbalando y haciendo carreras a través del cristal empañado por una tenue neblina. Era un lunes de mayo, nueve si no se equivocaba, que tenía más cara de domingo y los domingos no le gustaban, por alguna razón sin buenos fundamentos. El fin de semana había sido agradable, el sábado se encontró con su buen amigo Steven que tan preocupado lo tenía tras éste jugar a ser un tiro al blanco, y el día anterior había trabajado todo el día dejándolo tan cansado que no sentía que le bastaran el par de horas de sueño que había tenido tras tomar, para variar, el turno nocturno.

Abrazado a una almohada, tal era su ensimismamiento que apenas escuchó el sonido breve del zumbido de su teléfono. — ¿Dónde te metiste, cabrón? —cuestionó al no verlo; estaba debajo de una almohada a sus espaldas, escondiéndose de su mano, al encontrarlo recibió un texto que no entendió de un número que no tenía registrado. Aprovechó el movimiento para estirarse tanto como pudo y entonces lo encendió, mirando de fondo a su precioso Daario Naharis que le hizo sonreír como una jovencita con algún ídolo juvenil del momento. El texto venía de un número desconocido y leía algo sobre repetir algún café. — ¿A quién le debo cafés…? —se quedó pensando largo y tendido, nadie estaba apresurando a su pobre cerebro que no funcionaba sin, irónicamente, la primera dosis de cafeína del día.

Se le vinieron a la mente algunos rostros, unos cuantos descartados por ser magos o simplemente no tener su número de teléfono, al final entre las opciones restantes se le vino a la mente un excéntrico exprofesor fugitivo que casi lo mataba haciéndolo aparecer, ¿sería ese? Recordaba vagamente haber acordado otro café, y aunque en su opinión era muy mono no pensaba que en serio fuese a buscarlo para eso. En su mente, siempre que ofrecía su número, ofrecía a un sanador suicida y a domicilio, no muchos le tomaban la palabra de buscarle con otros propósitos, incluso simplemente hablar. Decidió jugársela y escribió: “Encantado, ¿dónde y a qué hora?”; si el tiro le salía mal, siempre podía huir. Porque sí, era lo más brillante del mundo aceptar salir a alguien desconocido por teléfono, pues no estaba seguro que fuese ese hombre.

Eran las ocho por la mañana y el mensaje que recibió a continuación le daba un par de horas para hacer sus cosas antes de encontrarse en una zona nomaj que tuvo que buscar en el mapa de su teléfono, ¿por qué siempre le llevaban a lugares tan rebuscados? Tenía que urgentemente conseguir su motocicleta. Luego de desayunar liviano y tomar un baño de agua fresca, se quedó frente al armario en ropa interior un largo rato pensando en qué ponerse. Si no sabía qué tipo de encuentro era, cómo saber qué debería vestir. Podría ser lo más casual del mundo como podía ser algo formal. Qué divertido, pensó con una sonrisa mientras se decantaba por unos jeans negros, una camiseta gris y una chaqueta del mismo color que los jeans, además de un oscuro sombrero negro para la lluvia.

Al salir de casa, guardándose la varita en la manga derecha, recordó vagamente aquella desastrosa cita a ciegas a la que lo forzó asistir Lindsay con el tipo más aburrido del mundo, no dejaba de meterse con él por fumar y luego de aquel primer encuentro, más encima, quería un segundo. Riéndose de aquello entre dientes, le pidió a Owl City acompañarlo al colocarse los audífonos, pidiendo un taxi que lo acercase a la zona donde tenía que encontrarse con su acompañante secreto. Tarareaba en voz baja, mirando a través de la ventana para saber cómo volver a casa de regreso si se le ocurría hacerlo a pie o volando, memorizando calles y locales hasta que llegaron a aquella apartada zona. Pagó lo justo, pues había intentado cobrarle de más por su condición de extranjero sin saber que el rubio llevaba años viviendo ahí.

It’s so deathly dark in the alleyway and a bleeding heart makes you easy prey. I would run and hide for the afternoon with the butterfly in the panic room. Though I won’t be missed, I would say it’s time for a different twist in the story line —cantaba en voz baja, con su espalda recargada en la pared de la cafetería en donde había quedado con aquella persona. Era seguramente su canción favorita de aquel grupo, lo hacía sentir extrañamente identificado. — It feels like I’m a lone survivor forgotten in a dark and deadly world and on my own I walk alone to see the sun again I’d give anything, but life demands a final chapter: a story that we all must leave behind. It’s do or die, and this is mine, the anthem of a bird with a broken wing —miraba al suelo, una mano dentro del bolsillo, la otra sujetaba entre sus dígitos un cigarrillo que se acababa con cada calada. Al alzar la mirada, vio un rostro familiar.
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Archie Washburne el Dom Ago 12, 2018 3:50 am

Cómo disfrutaba Archie haciendo reír a la gente. Si bien su humor a veces pecaba de excéntrico, otras parecían calar bien entre los que le rodeaban. Y, ¿habíamos dicho ya que aquel tipo cada vez le caía mejor? Por lo que verlo carcajear se había convertido en todo un placer para el fugitivo, tanto que no pudo evitar escapar una sonrisilla tonta ante tal espectáculo.

— No me seas impaciente, Laith. — pidió, con media sonrisa picarona entre labios. — ¡Menudo curriculum! A tu lado parezco un iletrado. — exclamó. Con lo siguiente abrió los ojos como platos. — ¿África dices? ¡Yo también estuve! Anduve estudiando las relaciones entre muggles y magos en muchas de sus culturas. Dime, ¿en qué lugar estuviste, exactamente? — se interesó. — A mí el viaje me supo a poco, prometí volver algún día. Tienen algunas disciplinas mágicas interesantísimas, como la capacidad de hacer magia sin varita. Le vendría de perlas a esta cabezota despistada mía. — confesó, carcajeando ahora él. — Haces bien, haces bien. La mente hay que entrenarla siempre, si no se atrofia. Uno nunca deja de aprender, ni siquiera siendo profesor. Y en tu caso supongo que tienes que mantenerte al día de los avances medimagos o científicos, ¿no?

Creyó intuir un cierto halo de orgullo en las palabras de Latih. Archie también estaba contento con lo que había hecho en su vida. “Tampoco tenía mucha elección, ¿no?” Pero cuando realmente se sentía orgulloso era hacia sus alumnos. Cuando era capaz de transmitir el mensaje que imploraba en sus lecciones, ese romper la barrera culturar y social entre muggles y magos, y conseguía cambiar, aunque fuese sólo un ápice, la mentalidad de sus discípulos. Ahí es donde se sentía realmente pleno. Ahí vivía como suyos los logros de sus alumnos. Se veía responsable por ello, aunque sólo fuera en parte.

— ¿Antes de que salga volando? — se burló.

Por suerte para aquel encuentro, y para la buena conciencia de Archie que era quién había sacado el tema, el halo sombrío de Laith fue tan efímero como una rana de chocolate en mitad del Gran Comedor. Sin embargo, Archie se alegraba de que el medimago hubiese compartido esa porción de su alma con él. Ahora se sentía más afín, más cercano a Laith. Al final estaba consiguiendo lo que quería, reducir distancias. “Aunque dudo que se refiriera a eso”.

— Tienes razón, uno nunca sabe quién podría estar escuchando. — secundó Archie. — Lo de fiestero no sé por qué no me sorprende. El deporte es más que evidente. — añadió, dedicándole una mirada de arriba abajo, todo lo que la mesa dejaba ver. Se le iluminaron los ojos al escuchar sobre la solidaridad del medimago. Ojalá él pudiera hacer más de lo que hacía en el refugio. — ¿Yo? Bueno, me encanta la cultura muggle como supondrás, soy un nostálgico de sus años ochenta y disfruto mucho de su música, cine, etc. Es casi lo único que puedo hacer ahora, porque salir poco, claro. De hecho, me estoy planteando tomarme unos días y hacer un viaje largo, fuera de todo este lío. Mirar las cosas con un poco de perspectiva, no sé. — confesó. — El refugio se me hace chiquitísimo, últimamente.

No sabía si había mencionado antes aquel lugar. No lo creía. Pero a estas alturas no tenía ni el menor rastro de duda de que podía confiar enteramente en Laith, por lo que aquel tema surgió de la manera más natural del mundo. Quién sabe, quizá le enseñase el lugar algún día; seguro que sus expertas manos podrían ayudar.

Y entonces sucedió, así sin más. Sin confeti, sin una banda tocando para dar la bienvenida, sin nadie esperando fuera del armario con un ramo de flores. Tan normal como todo en esta vida debía ser. ¿Y sabéis qué? Que a Archie no le sorprendió lo más mínimo. Bueno, el gesto de Laith sí, obviamente. Pero que le gustara, y que no se sintiera para nada raro; eso no le extrañó en absoluto. Tanto que, le supo a poco. Cuando Laith acabó su tierna envestida, Archie no lo pensó un segundo: lo asió por la camisa y lo atrajo de nuevo a él. No quería que se apartara, no ahora. Quería, debía casi, disfrutar de aquel momento. Tan único, que seguramente atesoraría por mucho tiempo. Su primera vez, a aquellas alturas de la vida. Quién se lo iba a decir.

— A ti sí que se te da bien esto.
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Laith Gauthier el Mar Ago 14, 2018 2:24 am

¿Qué te digo? Soy de… los que creen que no es suficiente ser mejor que los demás, siempre tengo que ser mejor que aquel que era ayer —sonrió ligeramente, sin miedo a mostrarse tan ambicioso como era. — Mi abuelo siempre me lo decía, que no importaba qué fuera, tenía que ser el mejor —no era un abuelo exigente, sin embargo siempre lo empujaba a mejorar. — Estuve en Ghana mucho tiempo, aunque pasé por los alrededores, iba en un grupo ambulante, ¿sabes? Unas semanas, meses quizá —le explicó, sonriéndole y dejándole explicarle todo lo que él quisiera de su viaje.

No pudo evitar recordar a Niara, ¿qué habría sido de ella? Había sido una amiga muy cercana aquel tiempo en que se había encontrado allá, cuando más lo había necesitado. Y ahora era tiempo desde que no hablaban. Sin embargo, se sonrió travieso cuando preguntó si creería que iba a salir volando y, tras eso, otros temas no tan gratos en los que no se detuvieron demasiado. Más bien se concentraron en los que Archimedes había sacado para conversar, uno bateándolo lejos al no querer exponerse más de la cuenta.

No te vendría mal tomarte un descanso de tanto desastre, quizá luego vengas renovado —apoyó su decisión, pues a veces era importante darse un descanso no sólo para la cabeza sino para el alma. El alma sufre mucho cuando se encuentra en una situación de crisis como lo era una guerra o el exterminio de aquellos de sangre impura. — Puedo imaginármelo, creo que es importante ver por tu tranquilidad, aunque sea una pausa —le comentó, sin alterarse o sorprenderse por el refugio que no era un secreto para él, si bien nunca se había atrevido a acercarse demasiado. Es mejor no saber mucho.

Entonces se decidió a hacerlo: a acortar la distancia física como lo habían conseguido hacer con la distancia emocional y mental. Creyó que obtendría muchas reacciones: si bien Archimedes nunca había mostrado rechazo, había quienes sólo eran receptivos verbalmente y, en realidad, no querían nada. Lo sorprendió, más bien, gratamente que al separarse fuera el otro quien lo buscara, atrayéndolo por la camisa causando que le diera un pequeño golpe con el pecho a su taza que por suerte no se derramó. Le sujetó de la nuca con suavidad, atrayéndolo intensamente, haciendo durar aquel beso hasta que fue el otro quien inició la separación.

Sonrió con un pequeño jadeo, casi resignado. Era momento de tener una pequeña charla. — La experiencia hace al maestro, Archimedes —le dijo con un gesto condescendiente. — Sin embargo, me temo que tengo que disculparme —hablaba como un niño que, aunque no se arrepiente, se ve obligado a pedir perdón. — Ah, verás… No creo en romances mágicos ni relaciones a largo plazo, no debes confiar en mí —si era eso lo que el otro buscaba, era el momento de detenerlo. — Sólo pretendo ser un amigo que se lo pasa bien con un amigo, si quieres un compromiso o sentimientos… No soy tu hombre.

Tenía que dejarlo en claro; no quería darle algún tipo de expectativa que no iba a llenar después. No iba a jugar con los sentimientos de nadie, y tampoco pretendía dar falsas esperanzas en caso de que no estuvieran en la misma sintonía. No le llamaban los compromisos, había aprendido a querer así, en una ocupación constante donde no pudiera romperle nadie. A querer como se quiere intensamente con el cuerpo, pero manteniendo el corazón fuera de la ecuación.

Y si no soy tu hombre… Me gusta ser tu amigo, espero no haber dañado nada por no haber premeditado las cosas —trató de enmendar las cosas, antes de darle tiempo a responder. No quería fracturar una amistad que estaba bien por esos sentimientos que siempre vienen a complicarlo todo. — Y si lo fuera, conozco un buen sitio donde pasarlo bien cerca de aquí —se sonrió divertido, aligerando el ambiente tan serio de pronto. Era un asunto serio para él. — No quiero que cambie nada, pase lo que pase —y con ello le dio la posibilidad de elegir. Le había prometido un favor, no esperaba que Archimedes pensara que iba a negárselo por no ceder a sus caprichos. Porque eso eran, caprichos sin más.
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Archie Washburne el Mar Ago 14, 2018 4:39 am

Como profesor, aprendía más de sus alumnos que ellos de él. Eso es algo que descubrió muy temprano al entrar a Hogwarts, y fue de los aspectos de la docencia que más le sorprendió. Y de manera bien grata, ha de decirse. Por ello sabía que uno nunca deja de ser estudiante. La vida es un gran reto tras otro, quedarse estancado no es nunca una opción.

— Te repito, es una actitud muy loable. Uno nunca deja de aprender, palabra de profesor. Negarlo es ir contra natura. — argumentó el fugitivo. — Ghana, ¿eh? ¿Visitaste las construcciones tradicionales ashantis? En aquel lugar se respira la magia por los cuatro costados. Magia muy antigua, ancestral. — dijo, dejándose llevar un tanto por el recuerdo de aquella vivencia. — ¿Estuviste con Médicos Sin Fronteras? — se interesó. Se trataba de una organización no gubernamental muggle, pero sabiendo ahora que Laith poseía instrucción médica no mágica, quizá se hubiera sumado a sus filas. — Yo me crucé de vez en cuando con ellos, lástima que no coincidiéramos entonces.

Aquella idea del viaje le venía rondando la cabeza de un tiempo a esta parte. Quizá podría ser vista, a ojos de terceros, casi como un acto de cobardía. Pero la palabra clave era perspectiva. Archie aprendió mucho de sí mismo al estudiar otras culturas mágicas y muggles. Quizá un nuevo viaje hacia lo desconocido volvería a ser revelador y le ayudaría a decidir qué camino debía seguir, qué papel debía tomar en aquella sociedad, cada día más truculenta.

— Totalmente. — secundó sonriente Archie, acerca de su más que probable futuro viaje. — Podría volver a África, quién sabe.

El momento había sido muy hermoso, para qué negarlo. Incluso especial, aunque sólo fuera porque Archie había abierto aquella puerta y ya está. Sin mayor trascendencia. Lo que nunca imaginaría el fugitivo es lo que siguió al beso. De hecho, tardó en reaccionar. Se quedó pálido e impávido durante unos largos segundos. ¿Qué rompió el silencio? Una sonora, más que sonora… estruendosa carcajada. Seguramente todos los ojos del local estaban puestos ahora sobre él, por lo que hizo un esfuerzo sobrehumano para contenerse. Total, si seguía así, acabaría cayéndose de la silla y retorciéndose por el piso.

— Ay… ay… — sollozó, tratando de controlarse. Se le habían saltado hasta las lágrimas. — Perdón, perdón. Me pongo serio. — se excusó, aunque no había que ser muy lúcido para desenmascarar aquella mentira. — Es que… no me lo esperaba. No sé qué decir. Supongo que me iré a casa, a llorar y quemar nuestras fotos, las invitaciones de la boda, mi ramo de noviJAJAJAJA… — No pudo evitarlo, ahí venía de nuevo.

Pudo estar perfectamente un minuto de reloj carcajeándose sin poder parar. Aquellos ataques de risa eran de lo más inoportuno. Tenía que rehacerse, no sabía qué podría pensar Laith; quizá se lo tomara a mal y es lo último que pretendía Archie. Suspiró profundamente y se mordió la lengua para no seguir.

— Ay, Laith, Laith. — empezó. — Querido, perdona por este exabrupto, pero es que me has pillado con la guardia baja ese comentario tuyo. A ver cómo te digo esto con el mayor respeto posible. — se preguntó, buscando concienzudamente las siguientes palabras a pronunciar: — Esto es nuevo para mí, si no lo sabías ya lo sabes. Con ello quiero decir que hasta hace poco, ni me planteaba hacer lo que acabo de hacer. Así que tranquilo, estás a salvo, no busco nada serio. Ni siquiera busco nada. Nunca lo he buscado con una mujer, no voy a empezar ahora por el mero hecho de haber puesto un pie fuera del armario. — explicó. — Tranquilo, soy un hombre hecho y derecho, aunque trate de no aparentarlo. Podría haber aguantado el golpe, pero ya te digo que no ha habido tal. Todo sigue igual, siempre que ambos estemos de acuerdo. Bueno, no, igual no; ¡qué carajo! ¡La cosa se acaba de poner la mar de divertida! — exclamó, muy decidido: — Muéstrame el camino.



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[Offrol] No sé si queda claro, pero ha de entenderse que la sonora carcajada de Archie va después del último diálogo de Laith. Ha esperado que éste acabe para descojonarse.
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Laith Gauthier el Mar Ago 14, 2018 7:16 am

Hice amistad con una familia de locales, así que te imaginarás que exploré hasta lo que no es recomendable —le comentó, sonriéndose a medio lado. — Era algo así, pero en versión mágica, estábamos mirando sobre avances médicos, son lugares muy… atrasados, en cuanto a medicina, considerando que intentan curarlo todo tradicionalmente, lo que es útil a veces, pero no siempre —admitió, asintiendo con la cabeza, sin poder dejar de sonreírse en ese momento. Los recuerdos de África estaban entremezclados, el dolor con las buenas experiencias. Había sido un proceso de cambio y renovación que le había salido bien.

Por ello era que consideraba que Archimedes podía y debía irse de vacaciones. No porque era cobarde, sino porque era necesario. Él, por su lado, era así; si necesitaba evolucionar, tomaba un viaje. Así había llegado a Inglaterra y más tarde lo llevó a Francia y a África, sin mencionar otros tantos países de por medio. Si se estresaba demasiado, se sacaba un viaje de la manga e invitaba a amigos. Siempre necesitaba compañía, no sabía estar solo. Y si viajaba solo, le costaba más bien poco tiempo hacer amistades entre la gente del país visitado.

Respecto al beso, Laith sintió la necesidad de aclarar algunos puntos que eran importantes. Básicamente porque le había ocurrido antes eso de tener inconvenientes con otros por no haber sido claro desde el principio. Eso, sin embargo, había resultado en una carcajada del otro, a la que Laith sonrió con una sonrisa a medio lado, confundida, y una ceja enarcada, cruzando sus dedos a la altura de la mesa para esperar a que pasara aquel ataque de risa o, al menos, lo compartiera para ver si podía reírse también.

Ríete todo lo que quieras, pero, ¿sabes la de problemas en las que me he metido en el pasado por no haber sido suficientemente claro? La gente está muy loca hoy en día, Washburne —le indicó con una sonrisa ladina, ahora más relajado sabiendo que estaban en el mismo canal. — Hubo un francés, por ejemplo, hace un año o dos, con el que estuve un par de veces y me siguió hasta aquí y hasta llegó a mi trabajo, una experiencia muy mala que no querría repetir —se confesó con él, un poco reservado; un caballero no tiene memoria, es lo que dicen, por lo que preservó la identidad del sujeto. — Así que prefiero ser precavido, me sabrás entender.

Fuera de aquello, Archimedes estaba más que dispuesto, “la mar de divertido”, lo llamó. Soltó una risa leve, sacando la billetera y pagando el consumo de ambos antes de terminarse el café de un buen sorbo. Aprovechó a verlo de arriba abajo luego de haberse puesto de pie, así comenzando a caminar hacia la salida, despreocupado como siempre. El sitio no estaba muy lejos, hasta donde él recordaba, y fue un camino grato entre irrelevante conversación y la tenue llovizna que caía mojándoles sin llegar a empaparlos.

Era un hotel bonito en fachada a quince o veinte minutos de camino, elegante y pulcro en el interior y no muy caro. — Quiero una habitación un día —le pidió al recepcionista. No porque pretendiese utilizar un día entero, sino más bien porque odiaba los moteles que iban por horas o por noches. Le gustaba extenderse en tiempo cuanto le diese la gana y se sentía limitado. Recibieron la llave y guio al exdocente el camino a través de aquel moderno hotel. Laith conocía bien tres cosas de la ciudad: hoteles, restaurantes y discotecas, y era todo lo que necesitaba.

Admito que estás demasiado confiado para haber puesto un pie fuera del armario hace menos de una hora —se sonrió Laith, aprovechando la privacidad del ascensor que les llevaba hasta su piso para atraerle hacia él. — Será divertido —decidió por su cuenta, cerca de los labios de Archimedes antes de que la puerta se abriese y como el agua se resbalara al exterior.

La habitación era agradable y cálida, muy bien arreglada. Daba cierta impresión de que era el preámbulo para lo que ambos estaban buscando. Mejor dicho: para aquello que se dio sin siquiera haber intentado encontrarlo.
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Archie Washburne el Lun Ago 20, 2018 10:38 am

Aún seguía asombrado de lo increíblemente natural que había resultado ser todo aquello. No quiso comerse más la cabeza, ni preguntarse por qué quien escribe se había reservado ciertas opciones hasta ahora. Pensaba disfutar de aquello plenamente sin otorgarle mayor trascendencia. Iba a ser divertido, eso era todo.

— Entiendo. — afirmó Archie, devolviéndole la sonrisa pícara a Laith. “Bonita forma de estrechar lazos”, se dijo para sí. Él no había sido tan… romántico en sus viajes. Se había divertido, pero todo había sido mucho más pragmático que espiritual. — Me parece muy bonita esa labor. — opinó, con tono orgulloso por Laith.

Por su parte, no pudo aportar mucho a aquellas culturas más que acercarlas, estrechar distancias entre ellas y las sociedades occidentales. Todo recopilado en su infame libro que pocos habían leído, pero que tenía aspiraciones intelectuales muy altruistas y altaneras. Quizá este nuevo viaje le llevase a escribir de nuevo, a plasmar sus ideas sobre el papel hasta que éstas tomaran algún sentido.

Volviendo al meollo de la cuestión, planes espirituales aparte, quizá se había pasado. Se había reído hasta casi hacer el ridículo, hasta atraer más atención que la que cualquier fugitivo cabal atraería; y eso quizá le hubiese sentado mal a su compañía. No por el ridículo o la vergüenza ajena que haya podido levantar, sino porque se había reído de él, de lo que había dicho con toda la buena fe del mundo. Tocaba disculparse.

— Lo siento, de veras. — empezó. — Pero es que me ha hecho muchísima gracia. Eso no quita que entienda tus motivos. Mejor curarse en salud, más con ese historial que cuentas. — sentenció. — Tranquilo, yo no te acosaré más de lo estrictamente necesario. — bromeó, sacándole fugazmente la punta de la lengua. — Te entiendo, te entiendo.

Ahora era el turno de Laith de reír. La carcajada del medimago le quitó mucho peso de encima a Archie, corroborando con ella que no había estropeado el buen ambiente que existía entre ambos con su excéntrico humor. Sin darle opción a réplica, Laith pagó las bebidas y se levantó, aprovechando para dedicarle una larga ojeada a Archie. Se sonrió, casi sonrojándose, pero él lo imitó. La verdad es que Laith estaba más que de buen ver, eso no podría negarlo ni alguien hetero. Por primera vez, eso sí, le devolvió una mirada lujuriosa y cargada de tensión sexual. Le volvió a sonreír y lo siguió hasta el hotel y su ascensor.

— Estoy mayor para andarme con remilgos. — contestó, medio en broma, pero sincero. Aquello era nuevo para él, pero no por ello le daba miedo. — Lo será. — secundó, aprovechando la cercanía para tratar de robarle un beso, pero Laith se escurrió fuera del ascensor y lo dejó con las ganas. Chasqueó la lengua y lo siguió hasta el interior de la habitación. — Muy acogedora, sí señor. Tienes bien entrenados tus movimientos, por lo que veo. — alagó, sonriéndole maliciosamente.

De un gran paso, redució las distancias hasta la nada. Había cerrado la puerta tras de sí y gentilmente agarró a Laith de la camisa y lo hizo reporsar sobre ella. Ahora no se le iba a escapar, pero para asegurarse apoyó un brazo sobre la puerta, junto a su rostro y lo flexionó para acercarse. Sus labios aún sabían a café, pero su lengua destilaba algo de whiskey demanera muy sutil. No lo dejó escapar durante un largo rato, parando sólo para tomar aliento.

Deslizó su mano libre por el lateral del rostro de Laith, con una sutil caricia. Recorrió con sus dedos el tatuaje de su cuello y lo besó, mientras su mano seguía descendiendo hasta el primer botón de su camisa. Lo desabrochó con poca soltura, pero con resolución. Siguió al resto, poco a poco, hasta descubrir su torso. Puso su mano sobre él y sintió su pulso. ¿Habría logrado acelerarlo?

— Confiado o no, sé bueno conmigo. No te vayas a reír de mi falta de experiencia, que te veo venir. — pidió, con un más que obvio tono jocoso. — Aunque verás que aprendo rápido.

Y lo volvió a besar.
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Laith Gauthier el Sáb Ago 25, 2018 12:13 am

Laith solía aprovechar la vida como mejor le convenía. Eso significaba que cada segundo de su vida tenía que ser vivido, cada día buscar cada vez más. Era de esos que pensaban que era mejor arrepentirse por haber hecho algo que por no haberlo hecho en lo absoluto. Por ello, aunque no era eso a lo que se refería, comprendió la pícara sonrisa que le había dedicado, suspirando. Si supiera de las cuevas malditas a las que había entrado, o a los demonios que había enfrentado, se daría cuenta que había mucho más que sólo acostarse con nativos. Que, vale, lo había hecho, pero eso no era lo más relevante de sus viajes.

Llegados al momento en que Archimedes había quedado en ridículo al haberse reído tanto, tan innecesariamente, que no parecían estar en la misma conversación el Laith que lo miraba con un gesto serio y una ceja enarcada que el hombre que reía. Y, sobre todo, las mesas colindantes habían volteado a mirar, espantadas, disgustadas, o tan sólo queriendo ver la gracia del asunto que ni el propio acompañante del caballero parecía encontrar. Un chiflado, lo consideraron algunos, volviendo a sus respectivas actividades.

Laith recibió la disculpa con un movimiento de cabeza ligero, porque sí, la estaba aceptando, no diciendo que no era necesaria. Aunque pronto el ambiente volvió a aligerarse, habiendo acordado los siguientes pasos que darían durante esa noche hasta llegar a la separación. El sanador iba guiando el camino, siempre alerta en caso de que hubiera peligro, pero resuelto, no perseguido. Podía huir de diversas maneras si era, por algún motivo, localizado, y sabía defenderse bien en caso de que eso sucediera. Por lo pronto, simplemente decidió acercarse al hotel que creyó podría darles una buena comodidad y una noche espectacular.

No era su primera vez, por lo que sabía qué hacer para seducir a un hombre a caer a su red de lujuria. — Digamos que… me gusta cierto control —sonrió divertido cuando le halagó haber entrenado sus movimientos, hasta reducir las distancias con su espalda contra la puerta. Empezaron a besarse en el choque de labios, la pelea de poder de las lenguas al colisionar arrancándose mutuamente leves jadeos y gemidos, acariciando con ansiedad el cuello y los hombros del fugitivo. — Desesperado, ¿eh? —masculló, burlándose de su impaciencia, antes de continuarse besando.

Podía notar el recorrido de su mano, con mucha más confianza de la que esperaría de alguien sin experiencia, pero no por eso se cohibió. Deslizó sus manos a su ropa, comenzando a deshacerse de botones y prendas, haciendo una leve pausa cuando colocó su mano sobre su corazón. Su pecho palpitaba suavemente, con un ritmo sosegado, todavía muy en su terreno como para agitarse o ponerse nervioso. Lo miró a los ojos al escucharlo hablar, pidiéndole ser bueno con él y no reírse de su falta de experiencia, sonriéndose ladinamente antes de corresponder a su beso por breves segundos.

Qué va, si es adorable, ¿no debería halagarme de que un hombre me quiera dar su virginidad? —se burló suavemente de Archimedes, pretendiendo hacerlo sentir un poco avergonzado por la forma en que se expresaba de él, como un jovencito en lugar de un hombre adulto mayor que él. No estaba mintiendo, sin embargo. — Tú relájate, yo me encargaré de ti —acarició su pecho deshaciéndose de su ropa por la parte superior. Empezó a empujarlo dando pasos firmes hacia el frente hasta tumbarlo sobre la cama, donde aprovechó de también desprenderse de parte de su ropa, quedando en igualdad de condiciones.

Se le colocó encima, empezando a besarlo con hambre, acariciando sus mejillas y su cabello en el proceso antes de comenzar a descender, poco a poco, primero por besos a través de su cuello envolviéndolo por completo, buscando los puntos que lo hicieran estallar de placer con sus manos al cruzar hábilmente a través de su piel. No había necesidad de tener prisa, en la privacidad de la habitación tenían todo el tiempo del mundo para explorar sus cuerpos, para entrenar a aquel hombre que, presumía, aprendía rápido. Comenzó a besar su pecho con total naturalidad, mordiendo en ocasiones, dejando pequeñas marcas rojas que desaparecían al cabo de pocos segundos.
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