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[FB] No puedes renunciar a algo en lo que piensas todos los días [Priv.]

Evans Mitchell el Dom Jul 09, 2017 5:57 am

¡Bienvenidos a Hogwarts!—exclamó con los brazos abiertos un hombre algo regordete, que lucía un sombrero verde gracioso sobre la cabeza. Tenía una voz cálida y estentórea. Y agregó, recorriéndolos con una mirada exageradamente paternal—: pequeñas cabecitas llenas de polvo. ¡Carámbanos, sí que son enanos! Es como pararse al frente de un ejército de puffkeins. Sólo que a esos los quieren en casa y a ustedes… bueno, digamos que ya me explico por qué este año hay tantos nuevos alumnos: ni sus madres los quieren cerca. Huelen a barro, pedos y a pata de troll. ¿No han tenido siquiera la dignidad de darse un chapuzón con el calamar gigante?

El profesor —porque tenía que ser un profesor, ¿verdad?— se echó a reír de su propio chiste. Las caras silenciosas de los alumnos no animaron mucho la situación. Ninguno entendía de qué iba el asunto, ¿había un calamar gigante?, ¿por qué ríe solo?, ¿está loco? De lo que sí tenían absoluta certeza era de sus estómagos vacíos, de sus cuerpecillos helados y temblorosos que habían atravesado una tormenta, ¡en bote!, y de que su único guía los había abandonado a medio camino del gran castillo, todo porque dos de sus compañeritos —unos pesados, la verdad— le habían tomado tanto el pelo, con bromas y cargadas, que el hombre se largó a su cabaña con el corazón despechado. Y abrazado a su tronco. Sí, aparentemente llevaba un tronco a todos lados, al que le hablaba y del que recibía consejos.

Los niños no podían saber qué clase de consejos serían esos, porque el hombre los había dejado a su suerte bajo una tormenta y a metros de un bosque terrible y sombrío sobre el que algunos aseguraban que era el hogar de hambrientos hombres lobo en estado salvaje y otras cosas abominables. Afortunadamente, algunos de ellos tomaron la delantera y animaron al resto a hacer lo mismo —entre ellos, los dos tocapelotas, claro, porque parecía encantarles el protagonismo—, de manera que todos llegaron a resguardo dentro del castillo, aunque no supieran muy bien su destino.

Por supuesto, los responsables de ofender a un importantísimo trozo de madera estuvieron todo el camino riéndose de lo lindo sobre sus fechorías, como si eso no los hubiera metido a todos en un gran lío —aunque nadie podía decir en esos momentos que le caía bien el guardabosque—. Tampoco tenían trabas en la lengua cuando acusaban de cobardes y aguafiestas a los que no se reían con ellos y su grupete, y había un niño de lentes que se llevaba todas sus burlas —a falta de tronco, claro—.

En torno a esos dos, ya se habían definido quiénes eran sus más tenaces detractores. Había quiénes estaban fascinados con ellos y hasta se hicieron un grupete, y otros estaban deseando que por nada del mundo les tocara la misma casa que esos dos. Uno se llamaba Evans y el otro se llamaba Vane. Del primero no se sabía nada, pero del segundo se sabía que tenía un apellido de larga historia en la comunidad mágica, que venía de una familia de bien, purista y adinerada. “Toda su familia ha quedado en Slytherin”, decían, “la casa de los magos tenebrosos”.  

¡Bueno, bueno!, ¿¡pero por qué me vienen a llorar!?¿Dicen que los ha abandonado cerca del Bosque Prohibido?—El profesor se echó a reír con ganas frente a la indignada reacción de los niños, que ya no sabían qué lugar de locos era ese que llamaban “Hogwarts”. Entre la turba de infantes ofendidos se oyeron todo tipo de quejas: “¡Cuando mi padre se entere!”, “¡Tenemos hambre!”, “¡Esos dos le han levantado la pollera a mi amiga!”, “¿¡Alguien vio a mi rana!?”— ¡Ese pícaro viejo loco! Casi seguro que insultaron a su tronco. ¡Eh, ustedes dos!, ¡dejen a esa niña en paz! O seré yo el que les baje a ustedes los…

El profesor quedó atónito cuando el chico al que llamaban Evans, adelantándosele, expuso sus nalgas cual bebé recién nacido que llega al mundo sin pudores. Y bueno, pudor, parece que no tenía para nada. Se había bajado los pantalones y bailaba de una forma provocativa, riéndose y señalándole al profesor lo ridículo que era su sombrero. La reacción general fue de risas y grititos.

¡Por Merlín!—exclamó, a medio reír—¿Ah, sí?— Arremangándose, el profesor sacó la varita. Tenía una idea perfecta para la ocasión, ¿se reiría del mismo modo si tuviera una cola de cerdito? Ya estaba a punto de apuntar a ese culito descarado cuando todos oyeron un grito indignado de mujer. ¡Ay!, ¡pero si lo habían atrapado con la varita en alto!

¡Profesor!, ¿¡qué, por las barbas de Merlín, qué está haciendo!?

Nada, sólo iba a castigar…

¿¡Castigar a un alumno con magia!?

Eeeeeh…

Para alegría de los de primer año, por fin tenían ante ellos a una persona sensata —no acurrucaba a un tronco en sus brazos, por lo menos; y su sombrero era de bruja, uno muy elegante— que los llevaría de una vez por todas donde estaba la comida. ¡Y es así como da comienzo la ceremonia de selección!





El traqueteo de la locomotora aminoró la marcha, preparándose para ingresar a la estación de Hogsmeade. Evans reía a carcajadas, pero se vio interrumpido por el chillido de los frenos y su impaciencia regresó tan pronto como se detuvieron, razón por la cual él desvió su atención de la broma de su nuevo amiguito y fue a pegar la cara contra la ventanilla. Era tan dado a hacer amistades que se había pasado el viaje correteando por los pasillos y paseándose por los compartimentos, codo a codo con un grupete entusiasmado de primer año. Hubo emoción cuando uno de los prefectos los persiguió, amenazándolos con vaya a saber qué gárgolas terribles, pero con tan poca autoridad sobre la situación, que acabó siendo víctima de sus travesuras.

Evans se había pasado el día haciendo rabiar a varios estudiantes y gastando bromas. Pero no solo, solo no. Había tenido la complicidad de Vane en todas sus fechorías y con él se habían hecho inseparables. Y fue Vane el que subió al tren cargado con los artículos de Zonko, ¡se había traído el local entero!—para deleite de Evans, quien le había dado a probar a todo el mundo los caramelos ‘bocasucia’, supieran o no lo que se llevaban a la boca—. Tan bien se llevaban esos dos, que no extrañaba el hecho de que se hicieran amigos de inmediato, apenas cruzaron miradas en el compartimento. Todo fue porque empezaron a mofarse del mismo cuatro-ojos, ¿no era eso congeniar de maravilla?

Ya en la ceremonia de selección, luego de haber pasado por una serie de eventos, cuando menos, curiosos, los niños a su alrededor comenzaron a murmurar con nerviosismo. “¿En qué casa crees que quedaré?”, “Mi madre me ha dicho que si no me hago gryffindor, ¡no me hará más su torta de chocolate!”, “Si me toca Hufflepuff, ¡puaj!”. Era cierto que había mucha hambre, pero llegados a ese momento, a muchos se les hacía un nudo en el estómago. No era el caso de Evans. Él estaba de los más confiado, muy entusiasmado con la idea de comerse un hipogrifo. Ni siquiera había tocado el tema de las casas con Vane, le parecía de risa que los demás tuvieran esas caras largas por algo tan tonto.

Él sería un gryffindor, eso ya lo tenía claro. Tenían un león en su bandera, y era genial. A Evans le gustaba la idea de que lo compararan con un león. Tenían garras, eran feroces, ¡rugían que daba miedo! Al lado de eso, para un niño altanero y enérgico como él, los tejones eran lo mismo que un perezoso —aburridas—, las serpientes eran poca cosa —vale, que se movían raro y a algunos les daban escalofríos…, vaya. A Evans lo mismo le daba—, y por último, las águilas, bueno, esas eran todavía menos impresionantes. Evans hasta tenía que hacer un gran esfuerzo para recordar qué animal representaba a los Ravenclaw. ¿Un cuervo, un águila, una lechuza? ¡Lo aburridas que debían ser todas esas casas! No, no, no. Él quería ser un gran león dorado, ¡un gryffindor!

—Ey, ¿has visto a ese chico?—Lo interpeló Vane, de pronto. Señalando hacia algún lugar que él no llegaba a ver. Solamente pudo reparar en la espalda de un muchacho que había sido colocado en Hufflepuff— ¡Tiene tu cara!, ¿se conocen?

No llegó a prestarle atención porque en ese momento lo llamaron por su apellido entre la ola de aplausos y celebración. Más le valía a ese sombrero andrajoso ponerlo en gryffindor, porque si no, ¡se iba a enterar!

***

—No soy sólo yo, Pete también lo piensa. Y hasta lo comentan los fantasmas. ¡Fijate!—instó Vane, otra vez a su lado, esta vez en la mesa de gryffindor y con un gran pedazo de pollo en la boca. Tomó su rostro con ambas manos y lo obligó a girarse para pudiera ver lo que a él le llamaba tanto la atención. ¿Un chico igual que él? ¡Ja!

— ¿Me estás comparando con un tejón? ¡Púdrete, Vane!—soltó Evans. Pero entonces lo vio. Y se quedó boquiabierto. Era como verse en un espejo. El puré se le cayó de la boca abierta—Sí que se ve como yo… ¡Pero que estúpido confundirme con otro! —Ay, esa boca, Evans—No es “como yo”—puntualizó, corrigiéndose—Yo tengo más…—No hallaba la palabra para expresarse, pero seguro que tenía relación con ser más “encantador”—Soy más, ¿entiendes? ¡Soy como un león!—explicó, con orgullo. Y agregó, con una mueca muy elocuente—Él… es un tejón.

Y con eso, estaba todo dicho.

Sin embargo, una vez que halló a su alter, no le quitó los ojos de encima. Hasta empezaba a ser notorio desde las otras mesas. Estaba sumamente impresionado. No paraba de hablar sobre ese chico, al principio sólo como un chiste: “Haría que se haga pasar por mí durante las clases que no me gustan y que lleve al día mi tarea”. Pero su entusiasmo fue in crescendo y hasta pensó que serían grandes amigos, ¡como dos gotas de agua! Ya se imaginaba el dúo increíble que serían, hasta podrían pedirle al director que al otro lo recolocaran en gryffindor, porque seguro que el sombrero ese se equivocó, ¡su alter no podía ser un tejón! Él ya se encargaría de dejar las cosas en claro. Por supuesto, lo que el otro quisiera o no le tenía sin cuidado. ¿Quién se negaría a ser amigo de un león? Es más, hasta le haría un favor.

—¡Ey, Mitch!—Lo llamó Vane al ver que su amigo cruzaba el Gran Salón hacia la mesa de los Hufflepuff. Tan ensimismado estaba el otro, que Vane tuvo que seguirlo, intrigado. Y se le acercó, casi corriendo—¿Hablarás con ése al que te pareces?

—¡Maldición, Vane!, ¿te lo explico con manzanas? Es mi alter. MÍO. Él se parece A MÍ. Por eso hago esto por él, ¿entiendes? Como un hermano mayor.

—¿Y sin fueran gemelos? Tú sabes, porque tienen la misma cara…

—¡Tampoco se parece taaanto! Es un tejón.

En ese debate tan profundo estaban metidos, hasta que finalmente llegaron a la mesa de los Hufflepuff. Entre los tejones fue a caer un muchachito de lo más confiado, con aires de vaya a saber qué, haciéndose lugar de un codazo que hizo que otro niño escupiera su jugo de calabaza. Evans tenía una mirada centelleante y alegre, ahora cargada con la seriedad del que sabe que sus palabras son importantes, es decir, del fulgor del presumido. Y es que él era un pillo muy presumido.

—Así que, lo que dicen es verdad. Mi alter ha venido a Hogwarts—Evans elevó la voz con cierta teatralidad, muy serio, pero con una sonrisa de suficiencia—Este es Vane—presentó, señalando a su amigo, que los observaba de pie y con los brazos cruzados. Parecía un guardaespaldas, aunque tenía el mismo aire arrogante que su amigo. Era él el que hizo que todo el Gran Salón se pusiera a hablar cuando fue seleccionado para ir a Gryffindor, cuando era ya sabido que toda su familia había ido a parar a Slytherin. Pero esos eran temas que a Evans no le interesaban—Y yo soy Evans, Evans Mitchell. Pronto te darás cuenta de que algunos amigos son mejores que otros. Y no quieres hacerte amigo de la gente equivocada, ¿verdad? Yo puedo ayudarte con eso.

Dicho lo cual, le ofreció estrechar su mano, tendiéndosela con una seguridad muy engreída.
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Evans MitchellGryffindor

Adrien Lévesque el Dom Jul 16, 2017 4:10 pm

¿Ansioso? ¡Estaba más que ansioso! Era la primera vez que saldría de su casa, bueno mentía, tuvo que mudarse de París a Londres, eso debía contar como salida ¿Cierto? A pesar de apreciar el paisaje en medio de la mudanza no era mucho, ni siquiera había conocido París aunque le gustaba su ciudad natal, había cierto encanto en su hogar francés; Inglaterra no fue muy diferente a su rutina, con 10 años el pequeño Adrien nuevamente se vio encerrada en unas paredes que eran nuevas para explorar, lo cual hacía a menudo pero no se acostumbraba a llamar ese techo que lo acobijaba su hogar, no hasta un año después que se acostumbró ¿Olvidaría su casa en Francia? Imposible, esas paredes se las sabía perfectamnete, cada marca, cada ubicación, el podría dibujarla perfectamente, hacer un mapa de ella incluso, la conocía mejor que la palma de su mano y se había sentido triste dejarla atrás.

Pero el 19 de enero le llegó una carta, su carta a Hogwarts - ¡Padre! ¡Voy a Hogwarts! - Dijo con emoción al entrar al despacho de Alexandre, olvidándose de la normativa de no molestarlo, el Lévesque mayor lo vio con frialdad, no dijo nada, se acercó a Adrien y un sonido estruendoso resonó en el lugar, el menor tenía el rostro volteado, había caído al piso mientras su mejilla se ponía roja, un hilo de sangre salía de su cachete, su padre lo había golpeado con aquel bastó de un águila cuyas garras estaban afiladas, listas para rasgar la piel de su enemigo, fue suerte o según Adrien su padre nunca lo lastimaría a menos que se lo mereciera. Supo el mensaje del golpe: No muestres emoción ni aunque estés con familia ni en tu casa, no entrar de esa forma en el despacho, no interrumpirlo por sentimentalismos baratos. Cabizbajo se levantó del suelo, tragándose las lágrimas, supo que debía abandonar el lugar - Alza la quijada, no muestres nunca tus emociones. Eres tan patético - Otro golpe por ser débil, por no resistir el dolor, por mostrar emoción, por asumir una actitud derrotada - Lo siento padre - Recobra la postura, su mejilla dolía, ya no eran un rasguño sino tres por los cuales brotaban sangre. Hace una inclinación de la cabeza, una pequeña venia de respeto antes de retirarse, su rostro desprovisto de emoción alguna.

Encerrado en su habitación empezó a llorar ¿No se sentía feliz por él? ¡Ingresó a Hogwarts! ¡Sería un digno Ravenclaw! Por tal motivo empezó a estudiar mucho, quería que vieran su intelecto, que amaba estudiar (bueno más que eso le gustaba leer novelas de aventura, drama, romance, comedia, cualquier genero literario) pero se propuso que aunque tuviera tutores particulares quería dejar a todos orgullosos.

Meses después se encontraba emocionado en la estación, sin embargo su rostro estaba desprovisto de emoción, los Lévesque no parecían resaltar aunque ambos, padre e hijo tenían una atmósfera fría, su mirada gélida, caminando con una elegancia digna de la nobleza del siglo XIX, parecían sacados de la época victoriana aunque su ropa era costosa, sus trajes modernos, echos a la medida por diseñadores de moda mágica reconocidos, sobre todo en Francia, porque si algo tenía París es que era la capital de la moda junto con Milan en Italia, así que ellos, aunque no resaltaban mucho su presencia imponía respeto. No hubo despedidas cariñosas, no hubo abrazos, palabras alguna, en lo que Adrien ingresó al tren Alexandre había partido.

Aún así estaba emocionado, explorando el mundo, tenía nauseas, iba a vomitar, su vagón estuvo vacío hasta que varios de primer año entraron en él, los ignoró, viendo por la ventana absorbiendo cada planta, cada paisaje que entraba en su rango de visión, estaba fuera de la mansión, pisaría el exterior sin que fuera por una mudanza, claro era irónico que nuevamente estuviese encerrado en Hogwarts, parece que su destino era ese, vivir en muros eternos, pero estaba seguro que podría ser diferente, habrían personas, no estaría solo.

La selección fue espantosa, tanto estudiar, queriendo mostrar su intelecto y lo ponen en Hufflepuff, bueno, al menos no eran los Gryffindors. La casa de los tejones festejan por su nuevo miembro, Adrien estaba derrotado pero caminaba con la barbilla en alto mientras se sentaba en la casa amarilla y negra, esa noche no probó mucho bocado, no prestó atención a su entorno y no supo que alguien más tenía su mismo rostro, era como si se hubiera desconectado del mundo, los demás integrantes de esa mesa buscaron hacerle conversación, persistieron hasta que se dieron cuenta que Adrien no iba a hablar con ninguno. No prestó atención a las palabras del prefecto lo que en un futuro le traería problemas con olores a vinagre y evitando el acceso a su casa (eso por olvidar que barril tocar o cual era el ritmo con que debía hacerlo).

Esa noche no durmió, Horus fuera de su jaula fue su única compañía, en casa había sido Perry, en este castillo era su halcón, parece destinado a que sus únicos amigos eran criaturas. A la mañana siguiente se levantó a las cinco de la mañana para arreglarse, parece que sus compañeros aún dormían así que fue a bañarse, tardó un buen tiempo en arreglarse, sobre todo su cabello que debía lucir perfecto porque era así como su padre lo educó. Se colocó su uniforme y salió al gran comedor. Intentaba pasar bocado alguno sin hablar con sus compañeros, no prestaba atención, estaba agotado por no dormir y era una suerte que no se le notara que estuvo llorando de frustración, tal vez era producto del empeño en lucir perfecto que ocultó eso.

Escuchó una voz altanera pero no le dio importancia, no creía que fuera con él, ya la noche anterior había sido un montón de susurros chismosos de porqué habían dos chicos con rostros iguales y apellidos diferentes, lo águilas habían asumido que eran gemelos de padres divorciados, pero todos parecieron estar atento a lo que pasaba en ese momento en la mesa de Hufflepuff, algunos esperaban un encuentro emotivo tras años sin verse, otros simplemente no sabían que pensar, los Gryffindors un poco más al tanto pero más que nada por escuchar la charla de Evans con Vane, sabían que aquello no era un reencuentro como se escuchaba - Te hablan - Le dice con amabilidad una chica de su casa, mirando a Evans con una cálida sonrisa, mientras palmeaba el hombro de Adrien para llamar su atención.

Rehuyó al tacto y miró con molestia a la chica ¿quién se creía para tocarlo? No le había dado permiso, miró hacia arriba y frunció el ceño, realmente estaba sorprendido más no lo mostraba, había tenido que hacer acopio de una gran fuerza de voluntad para mantener su rostro impermutable - No quiero saber quien eres, no me interesa - Era un Gryffindor después de todo, debía permanecer alejado de esa casa, debería al menos hacer eso bien ya que no quedó en Ravenclaw. Tomó sus cosas para levantarse de su asiento, Adrien era una persona bajita de estatura, incluso las chicas de primero eran más alta que él. Le dio la espalda para caminar, pero se detuvo, le miró sobre su hombro - Te aseguro que un Gryffindor no es una grata compañía para mi - Sonríe con burla, si el otro ea altanero, Adrien también podría serlo, había ignorado la mano alzada adrede, rechazando cualquier amistad aunque fuera de un chico igual a él, el apellido al no ser de una familia reconocida supuso que era de un sangre sucia, un sangre sucia con su rostro y que encima era un león ¿Peor no podía ser su inicio?

El comedor se había quedado en silencio por el intercambio ¿Qué acababa de pasar?
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Evans Mitchell el Miér Jul 19, 2017 12:00 pm

¿Eh..?—Y mira que lo dejó allí, con la mano tendida y el pecho inflado de convicción, hasta que esa mueca de pasmo fue a deformar su carita de perfecto engreído del año. Vane, a su lado, se retorcía de la risa. Él todavía no llegaba a comprender del todo lo que estaba pasando. ¿Había dicho…?, ¿de enserio que…?, ¿le estaba dando la espalda… a él, su ‘hermano mayor’? ¡Pero si le estaba haciendo un favor!, ¿qué pasaba con esa actitud tan engreída…? Aunque, ahora que lo había visto de cerca… tenía que admitir que era un poco cool, para ser un tejón. ¿De verdad que él podía poner una cara tan seria? ¡Era la primera vez que se veía a sí mismo en el cuerpo de otra persona!, ¡era tan raro!— ¡Espera!— Evans levantó el culo de la mesa, movido por el impulso de atraparlo, pero entonces… ¡decir tal cosa sobre los leones!— ¿¡Qué!? ¡Todos quieren hacerse amigos de un gryffindor!, ¿eres idiota?—Evans negó reiteradamente con la cabeza y se cubrió la cara en un breve gesto de contrariedad, como si no creyera que tal nivel de tontera fuera posible— ¡Está bien, lo entiendo! Lo que pasa es que estás celoso. Yo fui elegido un gryffindor y tú no, ¡pero lo puedo solucionar! Le diré al director que te ponga en mi casa, ¿está bien?—acordó, muy diplomáticamente. Tenía el aplomo de un buen negociador. Por como le hablaba, se diría que estaba siendo una personita paciente y comprensiva—Ya no tienes que poner esa cara de vieja aburrida, ¡será genial cuando entres a gryffindor!

Había algo muy notorio con Evans, y es que éste demostraba una notable falta de interpretación sobre los asuntos o situaciones, si estos no marchaban del modo que él quería. Era como si tuviera que hacer una larga, larga ecuación, y fuera el último en llegar al resultado. No, tampoco, ¡porque lógico!, él siempre llegaba el primero, ¿por qué?, ¡porque él decidía el resultado! Vaya, su alter no se enteraba de nada.

—¡No puedes hacer eso!—Se rió la chica de hufflepuff, que había estado siguiendo la conversación—¡Una vez que te eligen, te quedas para siempre en la casa que te tocó! ¿Por qué el director te haría caso a ti?

—Tú cállate, fea. ¡Que nadie está hablando contigo!


¡PAF!, un misil de puré de patatas fue a estrellarse a su cara, porque resulta que la niñata era una resentida. ¿Pero de enserio que quería meterse con él? Evans fue hasta ella y le fregó la cara con un puñado de tarta de melaza. Eso fue el comienzo. Lo siguiente fue insultar a los tejones, ¡por lelos y metiches!, y ni más ni menos que en la mesa de los hufflepuff, rodeado de misiles de comida. Y lo que inició en la mesa de los hufflepuff se extendió, para sorpresa de los profesores, de una mesa a otra, y las patas de pollo volaron de una punta a la otra del salón sin que los mayores pudieran saber cómo había empezado todo aquello. Para ser un nuevo comienzo de año, no habían tenido ni tiempo a acomodarse las gafas detectoras de problemas, pero bien que les haría falta.  

***

Era la primera clase de pociones y Evans había llegado tarde, interrumpiendo al profesor al entrar, y apareciendo con una raspadura en la mejilla derecha, debajo del ojo. Bueno, pero vaya, era una cortadura muy evidente, ¿qué le habría pasado? Entre las niñas, empezó a decir que, de camino a las mazmorras, una de las pinturas del primer piso, ésa del pirata con un garfio, había escapado de su cuadro y lo había perseguido queriendo atacarlo. Él, todavía más rápido, había aspirado al malvado con su varita. Lo contaba de una forma tan vivida, tan convincente, que como relato, parecía muy fácil de tragar. ¡Si hasta tenía una herida de héroe de guerra! La verdadera historia, era que un chico de Slytherin, uno o dos años mayor, se había metido con él. Pero esa, justamente, era otra historia, que él nunca contaría.

El profesor, ciertamente molesto por los murmullos de entusiasmo que le siguieron a su llegada, le ordenó al causante del problema que cambiara de grupo, confiando en que la compañía de un carácter ejemplar y de muy buena educación, como el señorito Lévesque, influiría en la conducta de aquel vocero de circo, quien además, parecía no tener muchos modales (eso de pedorrearse con una mano debajo de la axila para hacer reír al resto, ¿pero qué clase espectáculo grosero era ese?). Eso sí, el profesor, luego de colocarlos en pareja, tuvo que acomodarse los lentes, confundido, al verlos uno al lado del otro. Pensando por dentro que quizá había aspirado demasiado ése día de los vapores de los calderos, porque hasta ya empezaba a ver doble, se limitó a proseguir con la clase, paseándose entre las mesas desde donde, frustrados estudiantes seguían instrucciones que no entendían para nada, algunos llenos de hollín, otros sucios de mugre por tanto luchar con los ingredientes.

—¡Esto es pan comido!—exclamó Evans, entusiasmado, mientras machacaba a diestra y siniestra unos ingredientes con forma de chicharros. Estaba usando el mortero como un martillo, y si un distraído se pasase por su lado, de seguro que le sacaba un ojo por lo mucho que exageraba el ademán. La mesa temblaba y un par de tarros amenazaban con caerse al suelo, sacudidos por el movimiento— ¡Tienes suerte que te hayan puesto conmigo! Esto se me da muy bien—Echó una mirada a lo que el otro hacía e hizo una mueca, arrugando la naricita. Algo no iba bien. Eso podía decirse a la milla, con sólo mirar por encima lo que él mismo estaba haciendo, y sin embargo, era probable que Evans tuviera una interpretación diferente del asunto, una muy testaruda—No, no creo que sea como lo estás haciendo—señaló, burlón—¡Tú, déjame a mí!—ordenó, metiendose con el Lévesque, queriendo arrebatarle lo que tenía en la mano a la fuerza, sólo para aleccionarlo debidamente en cómo debía de proceder.

Puede que entre los gryffindor, Evans se hiciera unos cuantos amiguitos, pero aquella niñata de hufflepuff se la tenía jurada y había quienes recordaban con rencor los insultos con que había atacado a los tejones. Así que, desde las mesas vecinas, un grupillo juntó cabezas, planeando un desquite. Además, estaba el hecho de que ese Evans los había estado rondando toda la primera semana, hinchando la paciencia de cuanto tejón se cruzara con él. ¿Por qué?, ¡porque estaba obsesionado con ese otro chico, sólo porque decía que se le parecía! Vale, que eran muy parecidos, pero las diferencias empezaban a resultar muy evidentes. Difícil sería confundirlos. Bastaba con prestar atención a lo que hacían. Pero el gryffindor se había convertido en una pesadilla, ¡perseguía al Lévesque por todos lados! Le gritaba que gryffindor era la mejor casa, se metía con él por cualquier cosa, haciéndole la competencia todo el tiempo, y hasta un niño dijo que lo sorprendió espiando al tejón en el baño, porque al parecer, no podía ni hasta darle un rato de intimidad. ¡Era demasiado! Los demás tejones, en solidaridad, intervenían cada vez que Evans hacía su aparición, pero especialmente, porque la niñata fea del puré, Milly, siempre estaba dando la cara por él, porque bueno, ella… pensaba que el Lévesque era un niño muy bonito. ¡Y se ponía como una furia cuando el otro aparecía para molestarlo! Esos dos no podían ni verse, porque al rato se picaban por cualquier cosa.
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Adrien Lévesque el Vie Jul 21, 2017 4:41 am

No entendió de que hablaba aquel sujeto con un rostro idéntico al de él, lo que si sabía es que ver su cuerpo con esos horribles colores de Gryffindor y esa actitud que le hacía creer que era una persona a la que todos querían ser sus amigos sin duda eran indicios de que no debían ser amigos, incluso era tan indigno el poco estilo que tenía, le hacía parecer con una educación pobre. No le dijo más, era firme en que no le convenía, además ¡Sólo hacía que su rostro se viera patético! Volteó su cara para seguir su andar, ignorando a que aquella Hufflepuff cuyo nombre ni sabía ni le interesaba le estaba defendiendo, incluso agachó su cabeza cuando un trozo de pastel de calabaza pasó por encima suyo, no participó en aquella pelea que solo podría ser digna de animales, no se rebajaría ante tales actos patéticos.

Pero no supo que aquello solo fue el principio del fin de su cordura. Porque eso es lo que pretendía el Gryffindor, como lo rechazó quería internarlo en San Mungo al volverlo loco. Lo veía en todas partes, al tener su mismo rostro solo hacía que pensara era una alucinación, luego recordaba a aquel muchacho patético que deseaba ser su amigo que era idéntico a él. Iba al baño una vez y casi lo ataca de no ser porque 1) le estaba yendo del terror en DCAO, 2) sabía controlar sus emociones a tal punto que no mostraba ninguna. Tenía hasta pesadillas con ese león apareciéndose por todos lados, no lo dejaba en paz ¡Estaba harto! ¿Qué no entendía que no quería nada con él? No, pues claro los Gryffindors no tenían neuronas, pero estaba viviendo en una constante paranoia. Casi ni dormía y prefería estar en su dormitorio que corretear por los pasillos.

Lastimosamente tenía clases de pociones, lastimosamente la compartía con los leones y para su muy desgraciada suerte, su pesadilla estaba ahí. Como siempre estuvo temprano a clases, su racha de puntualidad era impecable, así como las notas en esa materia, sus ensayos eran de los mejores de su curso y sus pociones eran perfectas, siempre trabajando con cuidado, pero era un tema que le apasionaba a pesar de mostrar siempre indiferencia se notaba el cuidado con que las elaboraba, además tenía ventajas porque era algo que estudiaba desde antes de Hogwarts. Su puesto de al lado estaba ocupada por aquella Hufflepuff del comedor que se le ha olvidado el nombre, otra más que no lo dejaba solo y de ella si no podía huir ni en su sala común.

Corta los ingredientes según las indicaciones, ignorando lo que pasa a su alrededor, totalmente concentrado hasta que lo mencionan. Alza la vista y para su completo horror (eso sí, su rostro sigue mostrando indiferencia) su pesadilla está a su lado - ¿¡Qué demonios haces!? - No puede evitar escupir esas palabras ¡No va a arruinar su excelente poción! - ¡Detente! - Le ordena, para que luego le cuestione lo que está haciendo ¡Sangre sucia tenía que ser! - Quita tus asquerosas manos de mi, escúchame bien estúpido, engreído sangre sucia - Escupe con asco, repugnancia y enojo, mientras le golpea el pecho con su dedo alejándolo de si - No te quiero ver en los pasillos, no te quiero ver cerca de mi, déjame en paz. Además ¿qué sabrás tú de pociones? Eso que hiciste está mal y no te voy a permitir que dañes mi poción solo porque quieres dártela del mejor, o haces las cosas bien o te largas, no somos amigos, no somos compañeros, no somos nadas, el hecho que tengas mi rostro no quiere decir que seamos la misma persona, yo nunca seré tan patético como tú - No se iba a dignar a pelear por los ingredientes, pero tampoco iba a tener una baja calificación por aquel troglodita, su rostro nunca se ha visto tan imperfecto como lo mostraba ese chico, tan expresivo y tan odioso ¡Nunca había querido hechizar alguien tanto como ese león! - Yo me haré cargo tu solo te sentarás ahí y no te moverás - Amenaza, limpiando todo el desastre que Evans hizo, estaba tan furioso que cortar los ingredientes era como un antiestresante, incluso tuvo que inhalar y exhalar varias veces para calmarse.
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Evans Mitchell el Mar Jul 25, 2017 4:58 pm



¿Que le dijo qué?, ¡era lo mismo que le decían esos grandotes de Slytherin que lo acosaban en los pasillos!, ¿es que su alter estaba idiota? La ira brotaba por sus ojos, boca, oídos, ¡todo él se había enrojecido del enfado! En él, esa sensación era vibrante, dolía, quemaba, y todo su corazoncito se convertía en un tambor, ¡pum!, ¡pum!; ¡pum!, ¡rakatapum-pum-pan!

—¡Yo no soy un asqueroso sangre sucia!—gritó, entrecerrando sus ojos con odio. Ah, pero su boca, su boca sonreía, mostrando los dientes con descaro. El Lévesquito lo atacaba con su dedo, y él lo apartaba, de un manotazo, con esa manita que no llegaba a ser de hombre, pero se estuvo bien quitecito en el lugar, mascando la rabia hacia dentro—¿Mal? ¡Tú eres el que lo hace todo mal! ¡Por eso quedaste en Hufflepuff!, ¡porque eres un idiota!—Lo escuchó, riéndose burlonamente, ¡eso no quedaría así! Pero hubo un momento, sin embargo, en que inconscientemente tragó duro, antes de decir, con un sabor amargo en la boca—: ¡Bien, yo ni quería ser tu amigo!

No era como si al otro le importara, porque volvió a atender su poción. En cierta forma, Evans intentó llamar su atención, cruzándose de brazos y observándolo con reconcentrada ira, como mandándole señas de peligro. Asombrosamente, su alter era inmune a tal provocación. Hasta que Milly, quien había estado contemplando la escena con ojitos de admiración (hacia el Lévesque, claro), soltó una risita por verlo así, tan tieso, tan enfadado, tan infantil. Eso fue el colmo.

Evans sonrió malignamente.

Bueno, puede que nunca hubiera prestado mucha atención en clase de pociones (¡el profesor era un aburrido!). Pero algo que sí sabía hacer, era cómo arruinar un brebaje. Evans empujó al Lévesque y metió dentro del caldero los últimos petardos de bolsillo que le quedaban, y de tan enojado que estaba, volcó el caldero también, al grito de "¡Ahí tienes tu poción!", derramándolo todo. Se quemó las manos, pero no iba a admitir que le dolía. Milly gritó, y justo cuando el profesor venía hacia ellos para ver qué pasaba, antes siquiera de que pudiera sacar su varita, los petardos mágicos empezaron a silbar, chispear, y aun peor, se dispersaron por todos lados, rebotando de un extremo al otro del aula, describiendo alocadas trayectorias y golpeando al resto de alumnos, entre luces y estelas de colores, hasta que algunos de los petardos explotaron al chocar contra frascos, calderos y muebles, y los alumnos buscaron la salida a gritos y empujones, llevándose al profesor por delante.
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Adrien Lévesque el Miér Jul 26, 2017 2:16 am

Adrien decidió ignorarlo, estaba concentrado preparando Proyecto de Befuddlemente, una poción para hacer imprudente a la persona que lo bebía, muy bueno para enemigos que se hacían pasar de incógnito, aunque dudaba que los leones la necesitasen, ellos eran así sin poción alguna, sin embargo no era tan difícil de elaborar, el agua hervía en el caldero mientras él con toda la paciencia cortaba nuevamente los ingredientes que se necesitasen: coclearea (Cochlearia officinalis) , una hierba que se usa en algunas pociones, especialmente en ésta y que estaba evidentemente envasada en el armario de los ingredientes para pociones, era muy fácil de confundir con el césped pues sus hojas se parecían pero estaba en un pocionista identificarla, por eso ponía mucho empeño en herbología también, para ser un correcto pocionista se necesitaba conocer de todo eso; luego estaba el botón de oro (Achillea ptarmica) , otra flor usada para ésta poción, en su mente no venía que otras cosas hacía, ni otra poción. Tenía dos ingredientes listos, iba por el tercero, aunque las instrucciones estaban en clases Adrien lo hacía sin ver las indicaciones, era algo sencillo, sin mucha complejidad, en realidad el asunto era que solo después de ingresar los tres ingredientes tenía que darle una vuelta en sentido horario, la única vuelta que la poción necesitaba, muchos confundían eso con que fuera una vuelta por cada ingrediente.

Ya estaba agregando el levístico (Levisticum officinale), tercer ingrediente a la poción cuando a su clon barato (porque sí, era barato al no saber de pociones y reprochar quien sabe qué, la verdad tan concentrado estaba que ni le prestó atención) supo que ese era su error, porque se vio empujado, el levístico cayo de su mano al suelo - ¿qué le hiciste a la poción? - No logró identificar el ingrediente (que no era ingrediente) que ingresó al caldero, por la temperatura a que estaba en el agua la poción estalló, a Adrien nunca le había estallado un caldero NUNCA, se sentía impotente pero solo pudo cubrirse antes de que algún explosivo le diera en la cara - Idiota, mira lo que has hecho - Gruñe enojado ¿por qué los Gryffindors tienen que ser tan cortos de mente? Por suerte la poción no estaba del todo terminada, pero los otros dos ingrediente hacían efecto, algunos de sus compañeros de casa empezaban a actuar como todo león atrevido. Gruñe por eso... Un petardo le pasa tan cerca que tuvo que tirarse al suelo, grave error, cayó en el levístico, su característica era que bueno... confundía a las personas, por eso eran usado en esas pociones y ésta también.

Pronto actuó como si le hubieran echado un confundus y empezó a hablar con una silla creyendo que era Mitchell - tu idiota, te dije que lo estabas haciendo todo mal ¿me hiciste caso? No, ¿por qué los leones son así? No saben seguir instrucciones, lo arruinan todo... Todo y no me toques - Pero nadie lo estaba tocando, después de todo le estaba armando el lío a una silla totalmente ajeno a lo que a su alrededor pasaba - Mitchell, Lévesque, están castigados, y yo que pensaba bien de usted Lévesque - Hablaba el profesor, mirando al hufflepuff que abrazaba a la silla o ¿la estaba ahorcando?
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Evans Mitchell el Jue Jul 27, 2017 12:11 am

El resultado de su travesura fue un caos total, y Evans no pudo evitar animarse un poco en medio del desastre. Le quemaban las manos y decía: “Au, au”, pero eso era lo de menos. Bueno, uno de sus petardos casi le explota la cabeza, pero en vez de eso, hizo pedazos una serie de frascos de contenido viscoso, ¡eso fue fenomenal! El problema, era que su alter… Bueno, era un tejón, era de esperarse. Evans tuvo que mediar entre su alter, nadando en el suelo, y un petardo asesino, empujando a Milly para que lo recibieran en su lugar. La chica gritó y salió corriendo de allí, llorando, mientras sujetaba su bracito herido y prácticamente negro, que le quemaba horriblemente.

¿Y qué? ¡Fue lo único que tenía a mano!

—¿¡Qué haces en el suelo, idiota!?—gritó, enojado. ¿Es que no se daba cuenta de que había que salir de allí? ¡Si el profesor los agarraba…! ¡Maldición!, ¿tendría que cargarlo él? ¡Que molesto! Ah, no, pero encima que estaban todavía allí, por culpa del tejón, el otro comenzaba a insultarlo. ¿Se podía ser más idiota? Muy enfadado, le soltó en respuesta—: ¡Tú eres el que lo arruina todo! ¡Si estuvieras en Griffyndor…!—Pero Evans se detuvo en mitad de la oración, mirando a su alter con la boca abierta. ¿Le estaba hablando a la silla…?

Evans estalló de la risa. Se llevó las manos al estómago, porque le dolía de tanto reírse. Ni cuando el profesor los cazó a los dos y les dijo que estaban castigados, pudo él parar. Era demasiado.

El profesor los mandó a reflexionar sobre lo que habían hecho, mandándolos a pulir calderos sin magia, y cuidando de que lo hicieran separadamente. Los amenazó con hacerlo por más de una semana. Pero se había enfadado tanto, que también los castigó con presentarse esa noche en la entrada del castillo, vaya a saber para qué. Y por ende, antes del toque de queda, Evans fue a la ‘cita’, todo campante, aunque pensando que si veía un caldero más iba a ajustar cuentas él con el profesor. Sin embargo, en la entrada del castillo, el que esperaba, era el celador, ése que se abrazaba a su tronco y le susurraba nanas pensando que nadie lo oía. Cuando lo vio, Evans se echó a reír. Lo que no sabía, es que el celador, un resentido de la vida, tenía todavía más motivos para reírse que él.

—Esta noche—dijo, con una sonrisa asquerosa, mientras acariciaba a su tronco—. Vendrán al Bosque Prohibido conmigo.

Sin embargo, no causó todo el efecto que esperaba. Y eso que había utilizado su tono más lúgubre.

—¡Eso es genial!—exclamó Evans, genuinamente entusiasmado. ¡Lo mucho que alardearía con sus amiguitos después de eso!—¿Ves, tejón? ¡Este es el porqué de que todo el mundo quiera ser amigo de un gryffindor!

No explicó muy bien por qué estaba tan orgulloso. Quizá, ¿porque sería hora de probar su valentía?, ¿o porque iba directo a tener una muerte violenta y dolorosa?
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Adrien Lévesque el Jue Jul 27, 2017 2:51 am

En su confusión no entendió lo que el profesor decía ni la gravedad de la situación que había ocurrido en el salón, por suerte se controló la situación antes que los demás calderos explotasen y hubieran heridos. Bueno si hubo heridos, las manos de Evans y la confusión de Adrien. Antes de cumplir con su castigo obviamente fueron a la enfermería, gracias a la magia no tardaron mucho pero simplemente no podían escaparse.

Adrien no cabía en su enojo, frustración, ¡no tenía ni un mes en Hogwarts y lo han castigado! ¡Por culpa de un idiota león que se creía el mejor de la clase! AHG LO DETESTABA. Los calderos quedaban impecables pero era por el enojo que cargaba, pulía con rabia como si ellos fueran lo que le hicieron algo, menos mal que su detención fue separada del otro porque de tenerlo ahí mismo era capaz de lanzarle algún ácido u otra poción, tal vez filtro de muerto en vida, oh si, no, seguro tenían la poción que lo despertaba, tenía que ser algo que le durase más tiempo. Gruñía y protestaba en contra del profesor porque fue él quien lo puso a trabajar con un idiota, porque no vio que estaba haciendo bien su poción pero en cambio vio que alguien la arruinó y fue tan sin cerebro como para creer que él quiso estropearla ¿cuándo se le ha dañado una poción? NUNCA, nunca en casa y nunca en Hogwarts.

Pero su castigo no acababa ahí, no, encima tenía que ir con el celador a saber qué, sinceramente le dolían un poco las manos por tallar los calderos, pero el profesor había estado muy asombrado al ver su trabajo y es que tallaba y tallaba con gran fuerza como si fuera el rostro del tal Mitchell, queriendo dejarlo desfigurado. Eso drenó un poco su furia, pero seguía molesto, cuando lo encontró con el celador su enojo regresó, pero no pretendía estar más en problemas, él no quería buscarse tantos líos, quería tener su año con normalidad. Respiró hondo, ¿el Bosque Prohibido? ¿Acaso... estaba demente?

Y más demente estaba el otro, no, era Gryffindor a ellos ya los hacían así de locos - ¿qué se supone que haremos ahí? - Ignora completamente a Mitchell, seguro si lo ignora dejará de molestarlo... No, no ha funcionado en todo ese tiempo ¿entonces? ¿Si accidentalmente muere? ¿Cómo podría pensar fríamente así? No deseaba la muerte de alguien... ¿Qué hacer? El celador avanza hasta adentrarse al bosque - Las Acromantulas están algo inquietas, hay que cuidar que no pasen su límite - Habla, una sonrisa se forma en sus labios dejando ver sus dientes, o lo que quedan de ellos, la verdad le da asco y solo se mantiene unos pasos atrás por precaución. Su mente procesa, genial, Acromantulas ¿qué sabe de ellas? Escucha ruidos, eso le pone en alerta con varita en mano.
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Maestro de Dados el Jue Jul 27, 2017 2:51 am

El miembro 'Adrien Lévesque' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Evans Mitchell el Sáb Jul 29, 2017 6:12 am

Evans no tuvo otra mejor idea que ponerse a cantar una letra obscena con una tonada, había que decirlo, bastante pegadiza. Avanzaba por el Bosque Prohibido, él, ¡el gran león!, ¡el muy valiente!, mientras cantaba y blandía en el aire una larga ramita que había recolectado del suelo. Tenía mucho cuidado de fanfarronear de una forma bastante ruidosa, para que su alter se diera cuenta de que él estaba a sus anchas por aquel… ¡Ey!, ¿¡qué había sido eso!? Maldición, ¡que inquietante que era su lugar! Pero ni modo, él tenía que dar ejemplo. De a ratos, le echaba un ojo a su alter para ver cómo le iba. Ni caso le hacía, en cambio, al farfullar constante, latoso, del celador, quien, caminando delante de ellos con un farol en una mano y su dichoso tronco en un brazo, les sermoneaba sobre los terrores que había pululando por allí, con un efecto nulo sobre Evans, y los guiaba… ¿Hacia dónde? Evans no podía saberlo, pero el plan que el celador pergeñaba en su mente era el de abandonarlos una vez que se hubieran adentrado lo suficiente, lo suficiente como para llegar al nido de las arañas. Y pensando en ello, soltaba risillas inquietantes entre que le murmuraba a su tronco: “Estamos cerca, estamos cerca, mi amor…”.

Puede que entonces, en Hogwarts consideraran pedir un certificado de salud mental a todos sus empleados. Eso sí que hubiera sido una innovación novedosa en el Colegio de Magia y Hechicería. Pero sin embargo, el celador no contaba con las eventualidades de esa noche. No contó con el centauro, para empezar. El chillido de Evans, tan agudo como una pava al fuego, indicó que él tampoco lo esperaba. Pero los dos tuvieron reacciones muy diferentes. El celador, sabiendo lo que significaba para él ser descubierto por un centauro, cayó hacia atrás de la sorpresa, habiéndose enredándose el pie, y dejó caer la lámpara al tiempo que se levantaba con rapidez y echaba a correr, perseguido por las amenazas y las flechas de un caballo muy enojado.

Evans, por su parte, se echó a reír, rojo de la excitación que le había provocado el miedo y la sorpresa. Reía por lo cómico que se le hacía que aquel hombre desagradable corriera por su vida y porque era presa de los nervios. Para él, ver escapar al celador —habiendo soltado el tronco en el camino, ese tronco que amaba tanto— fue una escena desopilante, y no se le ocurrió tener segundos pensamientos, del tipo: “¿Y ahora qué?”.

—¿Lo has visto…? El soltó…—No podía ni hablar. Definitivamente, eran los nervios. ¡Pero momento! ¡Tenía que chequear a su alter! Así que, fue hasta él, alcanzándolo y todavía jadeante y nervioso, soltando risillas—¿¡Lo has visto!? ¡Ha estado genial!





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Adrien Lévesque el Lun Jul 31, 2017 5:56 am

Miraba de reojo a esa copia barata suya, arrugando su entrecejo y frunciendo su nariz con asco, como si en ese instante el otro solo fuera porquería, pero así lo era para Adrien quien no entendía como podía estar feliz caminando a estas horas de la noche por el Bosque Prohibido, Prohibido era la palabra clave de que deberían estar alerta y no tan felices. Bien, si alguna criatura se lo devoraba ahí si iba a tener motivos para ser feliz, cantar, bailar y reír, se habría deshecho de una molestia, de un acosador, no más persona idéntica a él. Pero algo dentro de Adrien se removió al pensar que algo podría pasarle al león ¿por qué ese pensamiento le molestó? Por su culpa estaba en esa situación, de alguna forma su padre se enteró y tuvo un aullador, que de no ser por Horus hubiera quedado en ridículo en el Gran Comedor, pero su halcón lo devoró antes de que pudiera escucharse mucho. De todas formas podía entender el disgusto por ello, al igual que el desagrado de haber quedado en la casa de los tejones.

Un ruido le alertó y el celador se fue corriendo, genial, y ese iba a ¿cuidarlos? De todas formas alzó su varita en vista que el león prefirió caerse al suelo de la risa. Rodó los ojos exasperado, solo dependía de él para que salieran ilesos de ahí, pero al notar que era un centauro se alivió bastante, no eran criaturas tan racionales, bueno no hablaban muy racionalmente pero al menos no los devoraría - Están lejos de Hogwarts - La criatura parece examinarlos, Adrien por un momento se congela, baja la varita para que vea que no le harán daño pero no la guarda - Cuando Marte y Saturno se entiendan, lo malo queda atrás y habrá satisfacción personal (1) - ¿Marte? ¿Saturno?

- ¿Qué quieres decir con eso? - Le pregunta a la criatura, pero ésta alza la cabeza hacia el cielo, como si ahí estuviera la respuesta. Por un momento de olvida del león y trata de observar lo que el centauro vea, sea lo que sea eso, pero no tiene una gran vista, necesitaría un telescopio al menos - Regresen a Hogwarts estudiantes de primer año - Genial, le cambió el tema para su frustración, Adrien podría ser paciente (ha aguantado al león toda una semana y no lo ha hechizado) pero empezaba a agotarsele - Nuestro cuidador se fue ¿Podrías mostrarnos el camino? - Mira de reojo a Mitchell - Te voy a dejar si sigues riéndote energúmeno, anda - Avanza hacia la dirección que le indica el centauro - Cuando Marte y Saturno se entiendan, habrá satisfacción personal - Repite a modo de despedida, dejando más confundido a Adrien, quien tomó el bastón de madera del celador, no iba a dejarlo ahí, y esa era una acción que no lo pensó realmente, solo actuó por instinto al creer que a pesar de ser su torturador, estaría triste sin ese palo que parecía ser su mejor amigo, la verdad sentía algo de pena por él. A pesar de su amenaza, Adrien esperó a Mitchell para regresar al castillo, suponía que ya habían cumplido el castigo a pesar de no ir a ver las acromantulas.

__________________________________________________________________________
(1) Todos sabemos que los centauros hablan muy extraño, pero estuve buscando información para una frase así, gracias a Josh logré sacar esa frase que viene de un pequeño parafraseo cofcopypastecof de aquí: https://sermasyo.com/marte-conjuncion-saturno/
Lo que quiere decir es que los gemelos se están llevando mal por esa alineación del planeta que hace que ocurran cosas malas si lo quieres ver así, pero realmente cuando logren asimilar la alineación podrán llevarse mejor, algo así quería poner pero le puedes dar la interpretación que quieras
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Evans Mitchell el Vie Ago 04, 2017 7:57 am




El profesor estaba como loco. Había agarrado al celador del cuello y lo zarandeaba, escandalizado, gritando: “¿¡Qué has hecho qué!?¿Te has llevado a dos alumnos de primero al Bosque Prohibido y los has abandonado allí, lunático!? ¡Si ése ni siquiera era su castigo! ¡Se suponía que pulirían los trofeos, tú, gran imbécil!”. No quedaba otra que ir por ellos, ¡donde quiera que estuvieran!, ¡y si todavía no habían ido a parar al estómago de un bicho ferozmente hambriento!

Mientras tanto, en el bosque, Evans caminaba muy pegado al tejón entre que lanzaba miradas furtivas alrededor, con mucha aprehensión. ¿Que por qué? Porque quería protegerlo, por supuesto. Había que dar el ejemplo. Él era el león, el valiente.

—Oi, oi…—Evans se aclaró la garganta. No fuera a ser que su voz sonara como la de un cobarde. Pero al segundo, se interrumpió, atacado por escalofríos. ¿¡Qué había sido eso!? Miró hacia atrás, y sin pensarlo, se precipitó hacia delante, yendo a chocar contra el tejón. Ah, nada, ¿habría sido su imaginación?, ¿su propia sombra? Aquel lugar era espeluznante—¿Estás seguro de que no pasamos esta parte ya? Juraría que ya vi ese árbol antes—señaló Evans, hablando bastante fuerte, y con un tonito altanero, como si quisiera hacer quedar al otro de estúpido por no darse cuenta (vaya, pero si todos los árboles eran prácticamente iguales)—¡Tú no sabes por dónde estamos yendo!, ¡es eso!—acusó—¡Si no le hubiéramos hecho caso a esa mula retardada!—Sí, ésa que hablaba sola. ¿No se le ocurrió que podía montarlos sobre su lomo o algo? ¡No, claro que no! ¡Se había puesto a hablar de una tal Marta y un tal Saturno! La mueca de confusión que había puesto Evans había sido épica. Y lo que más le dio rabia, claro, fue que Adrien pareciera entenderlo, o actuara como si (¡que podía entender el tejón que él no!)— ¡Pero no!, ¡teníamos que hacer lo que el señorito dice!

Evans se cruzó de brazos, enfadado. Estaba aterrado, eso era.

—¡Y cómo es que puedes tener esa cara…!—¿Eh? Ah, su cara. A ese alter suyo no se le movía una sola pestaña. ¡Y estaban en medio de un bosque de terror! ¡El muy…! ¡Aaargh! ¡A Evans le daba bronca esa cara inexpresiva! (dicho sea, la suya era un poema de las circunstancias. Si hasta el quebrar de una rama hacía que se pusiera rojo de la alarma). Evans avanzó hacia el tejón y lo sujetó de los brazos, no con violencia, sino más bien como si tratara con un idiota. Y de hecho, se dirigió a él como si fuera una vieja chocha a la que hay que tenerle paciencia—¡Hay monstruos! ¿Lo entiendes? En cualquier momento puede aparecerse un hombre lobo, ¡abrir su bocaza!, ¡y masticarnos!, ¡masticarnos!—exageró tanto, que escupió saliva al hablar. Lo miró a la cara, buscando causar algún efecto—¿Entiendes? ¡Vamos a morir aquí!, ¡vamos a… ¿¡qué!?, ¿¡qué!?, ¿¡qué!?

Y es que, el bufido que se oyó a la distancia, fue tan repentino, que se le podía excusar a Evans saltar del susto. El lamento herido de un animal llegó hasta ellos. No muy lejos, una cría de unicornio se había enredado en un arbusto espinoso, y aparentemente, se había hecho daño, porque cuanto más se esforzaba por desatascarse, peleando con sus cascos, más dolorosamente relinchaba.
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Adrien Lévesque el Dom Ago 06, 2017 7:16 am

Había dejado de lado la frase del centauro aunque de vez en cuando alzaba la cabeza mirando la noche estrellada, hacía algo de fresco pues otoño estaba entrando. A pesar de ver astronomía no lograba distinguir esas alineaciones que habló la criatura, tal vez si fuera a la torre y buscara con el telescopio. Pero en realidad lo que quería hacer era salir de ahí, con recelo siguió el camino que el centauro le mostró, de verdad no estaba seguro de nada y esperaba que los encontrasen con vida. El Gryffindor no ayudaba tampoco - No lo sé, ¿cómo quieres que lo sepa? - Arruga su entrecejo ¿no había un hechizo para eso? Orientame... creía recordar que uno de sus tutores le dijeron pero aún no lo han aprendido y él solo sabía la teoría. No iba a arriesgarse a hacer magia a lo loco.

- ¿No se supone que eres TÚ el Gryffindor valiente? Siempre supe que lo que decían de tu casa eran mentiras pero ¿podrías controlarte? - Que Adrien no lo dejara notar no quería decir que no estaba asustado solo que ha aprendido a guardar sus emociones a la perfección además de preferir de acusar al león por ello. Frustrado lo encaró, ¿cómo lo iba a culpar? - ¿Sabes lo que pienso? Que es tu culpa, porque de haber seguido mis instrucciones en la clase de pociones no nos hubieran castigado, no nos hubieran hecho entrar en este bosque y menos de noche, pero no piensas las consecuencias de tus acciones y ¿todo por qué? Te diré porqué, porque no soportas el rechazo ¿quieres mi amistad? Sorpresa, no la tendrás, puede que nos parezcamos físicamente pero realmente eres un troll - Le da la espalda para avanzar, no negará que estaba buscando protegerlo también, no iba a dejar al león por ahí para que alguna bestia, un gorro rojo, una doxie o una acromantula se lo comiera. Estaba enfadado y asustado en partes iguales, pero sus palabras sonaron con frialdad porque así es como debe comportarse un Lévesque.

- ¡Deja de gritar! ¿Crees que no lo sé? - Si se era observador podría verse las pupilas dilatadas de Adrien por culpa del miedo, su cuerpo temblaba ligeramente pero aún así trataba de conservar la calma, de forma imprevista cacheteó a Evans ¡El pánico no iba a ayudarlos! El golpe no fue duro, solo quería espabilarlo - Cálmate ¿si? - Respira hondo - Culparnos mutuamente no nos ayudará de nada, ahora es cuando debes mostrar porqué eres un león o ¿vas a dejar tu casa en vergüenza? - Habla en un tono suave que hasta él mismo se sorprendió. Mostrando que realmente tenía miedo tomó de la mano a su igual y se la apretó con fuerza, las suyas propias estaban heladas y era imposible no notar que estaba temblando - Es un unicornio - Respira aliviado, se acerca a éste soltando a Evans, todo de forma inconsciente, pretende ayudarlo pero no ve que tras suyo un Gytrash(1), un perro blanco que en realidad estaba en grupo, al parecer los estaban rodeando. El unicornio se va rápidamente y cuando Adrien se da cuenta de que están rodeados cree que es su fin, una de esas criaturas se lanza sobre Evans - ¡Cuidado! - Adrien corre hasta quedar a su lado y empujarlo pero siente una mordida en su pierna. Luego se retiran pero están cazándolos. El dolor en su pierna es fatal, duda que pueda caminar pero deben moverse con rapidez, su pantalón y túnica están rotos y mojándose por su sangre - Tenemos que irnos, hay que seguir - Le indica al Gryffindor - ¿estás bien? Reacciona ¡Mitchell! No puedo hacer ésto solo ¿vale? - Está apoyado en un árbol, ahora sí muestra terror absoluto.

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(1) No sabes lo que busqué para encontrar una criatura que caza humanos, porque sí ellos cazan humanos  y para niños de su edad tres mordidas son fatales, los siguen cazando, ese es su juego, muerden, le da a la víctima una sensación de falsa seguridad y los vuelven a atacar para matarlos. Ahora las cosas están tensas jujuju aunque espero que se ayuden mutuamente mientras los profesores los buscan.
Más información sobre ellos aquí: http://es.harrypotter.wikia.com/wiki/Gytrash
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Evans Mitchell el Mar Ago 08, 2017 7:47 am


—¿¡Y quién quiere ser tu…!?—¿Rechazo? ¿A él? ¿Un gryffindor? ¡Ja! Evans se mordió el labio, incapaz de terminar la frase. ¡Le daba tanta bronca que le hablara de ese modo! Sentía cómo en su pecho se imprimía una sensación de fuego. Pero, era distinta a la rabia que le daba a cuando se peleaba con otros niños, por eso es que no lo entendía muy bien. ¡Era enfado, claro que lo era! Pero, era distinto también. ¡Aaargh! Y había que ver los aires que se daba, de señorito de noble cuna, ¡insoportable!— ¡Pues tú eres caca de troll!

¡Ja! ¡Un bellísimo contraataque! Y sin embargo, no se sentía ni mínimamente aliviado.

¡Y el otro va y le pega!

—¿¡Vergüenza!? ¡Pero tú de qué…!—¿De qué vas…? (él no tenía esa clase de lealtades o ese nivel de decoro que el otro le exigía) Evans se calló al instante, desarmado. Hasta su expresión de punzante ira se deshizo de repente. Ahora se sentía aliviado. Tragó duro. Sí, ese tejón le había tomado de la mano. Se quedó calladito, porque le había dolido el golpe. Si fuera otro, se le habría arrojado y le estaría dando su merecido en el barro. ¡Pero…! ¡El tejón era un debilucho de todas formas…! Y le había dado una mano que no quería soltar.

Ay, ¡pero el otro va y se suelta! ¿¡Es que era idiota!?

—¡Cuidado!—gritan al mismo tiempo. Evans se había arrojado, en un acto impulsivo, entregado, aterrado. Él tendría que salir huyendo, correr, salvarse, pero no. ¡Ay! Algo le dolía. Terriblemente. Habían mordido al tejón. Y por eso, Evans estaba ileso, de momento. Pero no se sentía de esa manera—¿Por qué hiciste eso?—gritó, ayudándolo a que se mantuviera en pie. Los perros, ¿porque eran perros, no?, se habían dispersado a su alrededor. Evans, totalmente inútil en esa situación, tomó una, dos piedras de sus pies, y se las arrojó, de pura bronca. Los perros amenazaron con volver a atacar, pero hicieron otra cosa: retrocedieron y se internaron en la oscuridad, aullando, gruñendo, escurriéndose entre los arbustos, rondándo de cerca a sus presas. Evans, abordado de esa manera, y sin poder ver a esas criaturas, encendió su varita—¡Lumus!

No podía saber cuándo iban a volver a atacar, pero por lo menos, sabría por dónde, o eso quería creer. Evans iluminó la herida del tejón. Era horrible. Tenía de verdad muy mala pinta. Evans se mantuvo en silencio. Estaba sudando en frío, su corazoncito palpitaba a mil, y nunca se había sentido tan preocupado por alguien en su vida.

—¡Pues no te quedes ahí parado! ¡Apóyate en mí!—Un aullido hambriento, varios, los alcanzaban desde la mata profunda del bosque—¡Aprisa!

Un bufido se oyó a lo lejos, acompañado por el ruido de cascos. Tal parece que habían venido a por la cría de unicornio, y cayendo como un rayo plateado, un unicornio adulto atravesó la horda de perros salvajes, feroz, imparable, veloz, desorientando a las bestias, en busca de su cría, que herida, gemía desde algún lugar. Evans volteó a mirar con asombro, pero no se detuvo. Instó al tejón a apurarse y ponerse a salvo, si eso era posible, guiándose con la luz de su varita. De lo que no se dio cuenta es que estaba siguiendo a las arañas hacia un barranco.

chocolates:
¡Y yo te adoro por buscar cosas para nuestros post's! asdsadasd :3

¿Sabés? Yo lo pensé así: se caían por el barranco, tu chico perdía el sentido (por un post/un ratito), y Evans tiene que protegerlo de lo que venga. asdasdsad

Pero es sólo una idea, eh.

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Evans MitchellGryffindor

Adrien Lévesque el Sáb Ago 19, 2017 6:05 am

¿Mitchell tenía que ser tan infantil? Claro que si, qué pregunta se hacía, todos los Gryffindors eran iguales y a la hora de enfrentarse a algo eran totalmente cobardes, ja, solo se jactaban de su valentía para menospreciar a otros, para jugarle bromas pesadas y creerse los dueños de Hogwarts, además de meterse en problemas. Él tenía miedo también, pero sabía controlarse, no era solo el Bosque Prohibido sino que era de noche y la única luz que tenían se había extinto cuando el celador se fue, los abandonó, vaya adulto dejar a dos niños de primer año que solo sabían lanzar un lumus y tal vez un accio. Además de tener que andar con un león que le faltaba valentía. Ya dio su punto de vista, el otro podía decir lo que quisiera simplemente lo iba ignorar.

Solo que no pudo ignorarlo, no cuando uno se ve en medio de situaciones de gran estrés, realmente le estaba costando controlarse pero eso no le bastó para actuar de forma imprudente ¿qué le hizo hacer aquello? No estaba seguro, pero su voz sincronizada con la del otro, además de saber que iba a salir herido fue suficiente como para lanzarse y ayudarlo, lástima que no salió como lo esperaba - No lo sé - Responde mientras se apoyaba en el otro como éste le indicaba, no puede caminar bien, de hecho está perdiendo algo de sangre pero no es lo suficiente ni es tan rápido como para desmayarse - Pero no iba a permitir que salieras herido por muy fastidioso que fuera - Observa que el lumus es un hechizo efectivo, las bestias, cuyo nombre no sabía parecían temer a la oscuridad - ¡Sigue con el lumus! - le dice mientras él mismo saca su varita para tener más iluminación, dos lumus parecían ser suficiente además de visualizar por dónde iban.

Estaba practicamente saltando en un pie, debían huir pero ¿a dónde? Estaba retrasando a Mitchell, debería buscar ayuda pero había perdido el sentido de la orientación - No tan aprisa - Por más que estuviera usando a su reflejo, a esa persona idéntica a él como una muleta no podría ir tan rápido, estaba agotándose, seguro estaría cansando al otro pero no le dio tiempo de reaccionar cuando cayeron por un precipicio de alguna forma se sujetó al Gryffindor pero en medio de la caída se golpeo la cabeza lo cual le aturdió, intentó enfocar su vista, todo le daba vueltas hasta que cayó desmayado por el golpe, su frente empezó a marcarse por un surco de sangre, su lumus perdió fuerza al no tener su varita en mano, aquellas criaturas parecían seguir acechándolos o tal vez ¿eran otras?

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Off: para hacerte feliz <3 ahí tienes a Adri desmayado, lanzo dado para ver que criatura sale (?)
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