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¿Llorar con una peli? ¡Eso es de mujeres! [Willow]

Drake Ulrich el Miér Mar 26, 2014 12:03 am

Recuerdo del primer mensaje :

Algo que me gustaba mucho eran las películas, era como transportarte a otro mundo en dónde no tienes que preocuparte en ti y simplemente ves como otro protagonista (o muchos, depende de lo cabrón que sea el director muggle) sufre un problema, sigue sufriendo otro problema hasta que al final, hay un desenlace. En realidad todas las películas son iguales, siempre todo el mundo termina bien al final. Yo no era experto en cine muggle, ¿pero no era más guay que hubiera emoción y no terminase bien? Opino, cual mago ignorante.

Otra cosa que me gustaba era salir con mis amigos. De hecho, me gustaba mucho más que ellos viniesen a mi casa para no tener que moverme yo (primera ley de la vagancia de Drake), no obstante, mi única amiga más guay (con la que quería salir especialmente) era una contraproducente de vagos y me obligaba a salir de mi casa.

Así que decidí unir las dos cosas y le llamé para ofrecerle la oportunidad de ver una HERMOSA película acompañada del Auror más guapo de todo Londres. Sï, yo. El único e inigualable Drake Ulrich. De hecho, eso mismo fue lo que le dije por teléfono cuando contacté con ella. Evidentemente… no hizo más que decirle eso para que cayese a mis pies y aceptase mi invitación. Se me apetecía pasar un rato divertido comiendo palomitas mientras veo una peli acompañado de Willow.

Me vestí como un hombre, ropa la cual eligió mi mono por elección aleatoria en mi ropero. Y yo, como no tenía muchas ganas de pensar y ya llegaba tarde, le hice caso. Había revisado las sesiones del cine de ese día, pero realmente ninguna peli me llamaba la atención, ya que la gran mayoría las había visto por internet en esas tardes tan aburridas en donde es más fácil ver las desgracias de personas ficticias que estar pensando en lo aburrida que es tu vida.

Poring terminó de prepararse (es decir, de lamerse sus partes) y ambos nos pusimos rumbo hacia el cine más cercano. El cine era un teatro que ya no se utilizaba cómo teatro, por lo cual era muy grande y poseía varias salas con grandes escenarios en dónde se hacían actuaciones de vez en cuando. Pero lo más guay de aquello era que parecía que por cuatro libras que vale la entrada, vas a ver máxima actuación de teatro que te cuesta el quíntuple. Una vez llegué allí, en la entrada me paró el segurita preguntándome por mi mono. Me puso la mano en el pecho y yo me paré en seco mirándole con una ceja alzada, a lo que Poring, en mi hombro, me imitó y alzó una ceja.

¿Es eso un mono?

Aplaudí irónicamente. Al segurita no le hizo gracia.

No se permiten monos. —añadió a regañadientes.
¿Dónde pone que no se permitan monos? Ahí en ese cartel pone que no se permiten perros y gatos —carraspeé, ya que según la Ley (la cual me había leído 198471389249 veces por ocasiones como esta) yo tenía razón.
Ehm… uh… —dubiteó para decir algo, pero yo no le dejé que pensase. Que los policías piensen debería estar prohibido, ya que siempre quieren tener la razón.
Eh uh nada. Si mi mono arma escándalo o deja pelo en el suelo, seré el primero en sacarlo o limpiarlo. Pero yo no veo ningún cartelito de un mono tachado... —Fue entonces cuando al mirar hacia adentro vi a mi amiga—¡Willow! —miré al segurita después—. ¿Ha visto? Por su culpa he hecho esperar a mi amiga —y continué tranquilamente con mi camino hacia ella. Cuando me quedé a su lado Poring pasó de estar en mí a ponerse en su hombro y a darle un amistoso abrazo a su cabeza—. ¿Qué tal, Willowly? —pregunté amistosamente como saludo, dándole un beso en la mejilla—. ¿Has decidido película en lo que el portero me detenía inútilmente? Hay una que no he visto, pero según las críticas es de llorar. No sé si aguantarás las ganas, yo puedo prestarte el hombro, se llama Waiting for forever —y se la señalé en el panel—. También está RompeRalph. Pero no me hagas ver una de dibujos, por fa...  —y puse mala cara a la vez que me hacía el pelo hacia atrás con las dos manos y luego me lo hacía hacia adelante varias veces para "peinarme".
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Willow O'Donnell el Jue Abr 17, 2014 10:37 pm

Me encantaba la idea de que por fin Drake encontrara compañera de piso, aunque me asustaba un poco que fuera a compartir casa con tres mujeres. ¡Qué luego le da un derrame nasal y me quedo sin compañero como sean muy guapas!  Pero es Drake, eso no puede ocurrirle. Me preocupaba por él, quizás demasiado. Era de los pocos amigos que tenía, de los pocos seres queridos que seguían con vida. Muchos años de amistad. ¿Cuántos exactamente si entramos a Hogwarts el mismo año? Muchos, dejémoslo así. Puede que el único que conociera la mayor parte de mi historia. Me desvió del curso de mis pensamientos. Tenía la imperante necesidad de preocuparme por él.

Fue una sorpresa más que grata saber que una de las condiciones era verlo en calzoncillos por la casa y que ninguna se opusiera. Eso me hacía preguntarme varias cosas, entre ellas si no pensarían que es gay. No, no puede ser, quítate esa idea de la cabeza porque es impensable que alguien pueda pensar eso.  Sonreía a mi amigo, no quería que mis disparatadas ideas llegaran a sus oídos, o que se diera cuenta de que me estaba comiendo el tarro sobre esa cuestión. – ¡Drake! – exclamé con cierto reproche pero sin dejar de sonreír ante su remembranza a los viejos tiempos, dándole un suave toque en el hombro.  – Bueno, pues cuando se instalen y les presentes a tu mejor amigo, luego ya me llamas para poder conocerlas yo. – Dije con una amplia y forzada sonrisa enseñando toda mi dentadura y encogiéndome de hombros levemente. A ver si colaba y así conocía a las afortunadas que iban a compartir casa con este buena pieza.

No tardamos mucho en llegar al pub de estilo steampunk, algo que yo no conocía en absoluto, pero no me desagrado. Debía conocerlo un poco más antes de decir nada al respecto.  Le propuse acompañarme a la cena de Esther, intenté convencerlo diciéndole que era guapa. Lo era, pero no sé si encaja en el prototipo de Drake, para qué mentir. Asentí con la cabeza a su pregunta. Para luego hacerle una mueca que expresaba todo y nada a la vez. – No sé, sí y no. En principio sólo conozco a la anfitriona, quien sabe si al llegar habrá o no alguien que conozca. Eres mi arma secreta, Drake, llevándote como acompañante, triunfaré en la cena, seguro. En cuanto a la invitación, sí, ella me invitó, me envió a su halcón gigante. Y relativamente hace muy poco que la conozco, es más, la conocí en navidades. Creo que fue justo después de la misión que tuvimos en Yorkshire. Es muy simpática, desde ese día me escribe a menudo. Y dado que mis habilidades sociales han menguado muchísimo, considero que lo apropiado es ir. – Comencé a explicarle sin darme tregua. Tenía que soltarlo todo, y todo de golpe.

Al instante llegó un camarero, que Drake conocía bien, pero sobre todo Poring, ya que lo saludo a él primero. No pude evitar reír al contemplar la situación. – Un placer Kiko. Para mí lo mismo que a él. – Alcancé a decir. No estaba muy segura de que pedir, sin embargo Drake se dio más prisa que nunca, pidiendo dos tequilas para mí y un califresa para él. Lo miré perpleja, con la boca abierta al ver como exigía a Kiko que se fuera rápido para yo no tener tiempo de replicar nada más.

- ¿A quién le gusta el tequilas no era a Poring? ¿Pretendes emborracharme? ¿A mí? – pregunté con seriedad y reprobación. Todavía no me creía lo que acababa de hacer. Pero no podía enfadarme con él, lo miré una última vez con enfado para luego añadir – La próxima pídeme algo de ginebra o vodka, lo prefiero al tequila. – enfadarse con este hombre era misión imposible. Para mí desde luego.

- ¿Te ha pasado algo más esta última semana que no me hayas contado? Para ponernos más al día, que las diez horas diarias en el cuartel no son suficientes. – Pregunté con curiosidad para luego exagerar un poco. Conociéndolo, probablemente le hubiera pasado algo más que el notición de tener tres féminas como compañeras de casa.
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Drake Ulrich el Dom Abr 20, 2014 7:41 pm

Me hacía gracia que le diera, más o menos, vergüenza ir a esa cena sola. Entendía que ir con un acompañante siempre era mejor, por eso de que si no encajas, por lo menos tienes a tu pareja con la que hablar para que sea todo más ameno. Pero Willow siempre había sido una chica decidida, por lo que pedirme que fuera con ella me hizo sentir, aparte de muy bien, alguien útil en su vida. Evidentemente, siendo Drake y que como mote tenía: “El que nunca dice que no a una fiesta”, no iba a decirle que no. Pintaba como algo bastante divertido, conocer gente nueva, comida gratis, una chica guapa como anfitriona. ¡Todo pintaba muy bien! Así que un “no” no iba a salir por mi boca. Le pregunté un poco por encima que cómo había acabado siendo invitada a un sitio en dónde solo conoce a una persona y me lo explicó tranquilamente. Asentí cuando dijo lo de las habilidades sociales y sonreí.

Sí, es lo más apropiado y para que vayas cómodamente, te acompañaré. Para que luego te quejes de compañero, si es que soy adorable. ¿Poring podrá ir? —le pregunté al ver al pequeño apropiándose una silla para él solo, ya que no había mucha gente y podíamos quitársela a otra mesa—. ¿O lo dejo en casa? Será un gran y duro golpe para él… pero supongo que lo entenderá. —miré a Poring—. Poring, ponle cara de pena a Willow.  —y el mono me hizo caso, miró a Willow y sus ojos se volvieron brillantes cómo si fuesen a llorar.

Tras eso vino el momento con el camarero y yo se la jugué a Willow para que me dejase pedirle algo decente. Bueno… “me dejase”. Me había tomado la libertad de hacerlo, por decirlo de alguna manera. Por un momento pensé que se habría cabreado conmigo, pero no tardó en matizar que en vez de tequila prefería ginebra o vodka. Sonreí ampliamente ante el sentido del humor de mi amiga. Alcé la mano y Kiko me miró.

Olvídate del tequila. ¡Mi preciosa amiga prefiere ginebra! —sonreí a Kiko que me elevó el pulgar como signo de que cambiaría el pedido—. ¿Has visto? Si es que las cosas que hago por ti… —sonreí tímidamente—. Y sí, pretendo emborracharte. Me gusta verte borracha. ¿Cuándo fue la última vez que te vi embriagada? ¡Ni me acuerdo, tía, imagínate!   —intenté hacer memoria, pero no—. En el fondo es saludable emborracharse. Por lo menos para ese mismo día, al día siguiente te lo replanteas. Y no te preocupes por Poring, Kiko sabe lo que quiere Poring… Siempre se pide lo mismo.  —dije sin añadir nada más, para dejar el misterio en el aire. ¿Qué se pedirá Poring? En el próximo capítulo…

Me preguntó por algo más que me hubiera pasado en la semana pero la verdad es que mis semanas siempre eran bastante monótonas. Además, he estado liadísimo con los papeles de la casa para apuntar a mis compañeras como inquilinas y ayudándolas un poco con la mudanza. O más bien, quitando mis mierdas de las habitaciones para que ellas se puedan instalar con tranquilidad. Con eso de la magia, la mudanza es bastante fácil. Yo había tenido que hacer de la gran mayoría de mis cosas un tamaño mucho más pequeño para guardarlos mejor en mis rebosantes armarios llenos de mierda. Ya es hora de tirar esa exagerada cantidad de maquetas inútiles de mi habitación… y ese infantil bate de béisbol que tengo desde que tengo consciencia.

Diez horas… no me lo recuerdes, me da una pereza que llegue el lunes… —puse los ojos en blanco—. Pues la verdad es que esta semana la he dedicado a limpiar y organizar mi casa con algo más de cabeza, ya que quería causar una buena impresión a las nuevas inquilinas. Me he dado cuenta de que mi habitación es sumamente infantil. ¿Tú por qué no me lo dices, eh? ¡Tengo que tirar un montón de trastos!  —le dije, con diversión. Realmente, a mí no me importaba que fuera infantil, hacía que nunca me aburriera de ella.

Kiko volvió y le puso a ella un menjunje secreto (según él), que contenía ginebra y tenía un sabor muy bueno, pero como era su obra maestra no decía la receta. A mí me puso mi bebida y a Poring le trajo un vaso pequeño. APARENTEMENTE, parecía agua. Sólo aparentemente… Mi mono ha aprendido del mejor.  

Bueno, ¿y tú? Siempre te veo especialmente ocupada en el trabajo y como soy buena persona no me gusta distraerte con mi divertidísima labia y mi atractivo cuerpo. Por cierto, ¿sabes qué pedir de comida, no se te apetece nada más? El pollo está rico, pero es mío y sabes que soy un gordo. —la miré de reojo con una divertida mirada, bromeando.
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Willow O'Donnell el Lun Abr 21, 2014 9:42 pm

Hace diez años no me hubiera importado aparecer sola en un sitio así, ahora, teniendo frente a mí la oportunidad de volver a ser tan sociable como antes, me daba algo de vergüenza, para que mentir, estaba muy oxidada en los temas sociales, salvo lo justo y necesario para desenvolverme bien en mi trabajo. Pero no para hacerlo por verdadero placer. Tenía cierto temor a quedarme a un lado sola sin tener con quién hablar. Drake era mi salvador, aceptando acompañarme me había quitado una presión enorme de encima. Sin más, en un impulso lo abracé, mientras Poring cogía una silla para él. ¡Qué listo es este monito!

- No sé si puede ir. No ponía en la invitación nada de mascotas, quizás sí…no sé. – Expresé mis dudas a Drake sobre la opción de que Poring acudiera a la cena, observando los pucheritos que me hacía el simio. Lo miré con tristeza - ¿Cómo crees que podrías llevarte con un halcón que mide casi un metro? – le pregunté al mono al recordar al ave que me había entregado la carta. Era enorme, la verdad. – Le preguntaré cuando le envié mi respuesta a la invitación – Dije con una sonrisa. Hacía unos días que me había invitado y yo ni siquiera le había respondido, muy mal por mi parte.

Quiso jugármela pidiéndome tequila, estaba bueno, pero pensar en el lagarto que ponían dentro de algunas botellas para intensificar el sabor me desagradaba bastante, me daba grima. Prefería las bebidas más claras, dejan menos sabor. Reí a las palabras de mi amigo. Pretendía emborracharme, esa era buena.

- La última vez que me emborrache lo suficiente para arrepentirme al día siguiente fue…puff….¿Cuándo entramos al cuerpo? Sí, creo que fue esa vez. – Dije intentando hacer memoria yo, no lo recordaba muy bien, pero bebía a diario para olvidar o hacer más llevadero algunos temas, sin embargo había ganado aguante con el tiempo, me costaba cada vez más emborracharme hasta esos niveles, comenzaba a controlarme. – Te recuerdo que soy medio irlandesa, acabaras borracho antes que yo. – Le respondí alzando las cejas con intensión de picarlo.

Le pregunté por la semana, si había pasado algo más a parte del notición que me había contado. Su respuesta no me la esperaba. Sí, tenía una habitación un tanto infantil, pero, por Merlín, hacía mucho tiempo que no entraba ahí, siempre me quedaba en el salón, tenía la esperanza de que la hubiera cambiado un poco con los años. - ¿Qué querías que te dijera? Tú eras feliz con tu habitación, porqué iba a meterme yo en esa relación tan especial. Yo mientras me dejaras usar el sofá alguna que otra vez era feliz. – Respondí con burla, rememorando alguna noche que tuve que dormir ahí por no llegarme el dinero para pagar una noche más en el caldero chorreante. Tenía que comenzar a plantearme el buscar un alquiler o algo por la ciudad, aunque eso supusiera dejar atrás mi casa familiar. Podría alquilarla, así sacaría algunos beneficios. Pero guardar todo suponía cerrar el libro y no quería ni pasar de página.

Llegaron las bebidas, lo mío resulto ser un combinado, espero que esté bueno, ya que Kiko se negaba a decir que tenía. Le di un pequeño buche, dejando que el líquido recorriera mis papilas gustativas. Era una delicia, estaba realmente bueno.  Miré el vasito de Poring, lo cierto es que tenía mucha curiosidad por saber que era. Por su salud esperaba que agua, no creo que sea muy sano para un mono emborracharse.

Dejé la copa en la mesa de nuevo, antes de responder a Drake. – Pensaba pedir también pollo, eres tú el que conoce este sitio, si dices que esta bueno, pues más ganas tengo de probarlo. Pero como es para ti solo, glotón, – lo miré con cierto desprecio por no querer compartir un mangar así – quiero una hamburguesa, pero la más grande. – Comenté en alto, lo suficiente para que el camarero me escuchara y tomara mi comanda. Volví a beber de la copa, un  pequeño sorbo. – En cuanto a mi semana, pues trabajo y más trabajo…eso resume mi semana – dije con una sonrisa – Ah! Invité a un trabajador del ministerio a ver una peli en mi casa y me hizo la cena, fue algo diferente. – Añadí como si fuera algo superfluo. Tampoco fue más trascendental.
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Drake Ulrich el Miér Abr 23, 2014 8:02 pm

Drake asintió ante lo que dijo de que junto a la respuesta le preguntaría lo de Poring. Mi mono era un ser incomprendido allá a dónde fuese. Primero en Hogwarts, luego en mi primer piso, allí a dónde vaya por primera vez… El pobre debe de sentirse super cohibido. Nadie le acepta a la primera. Esperaba que la amiga de Willow me dejase llevarlo, aunque ahora me daba menos pena dejarlo en mi casa, esto de tener inquilinas ha llevado a que mi casa sea algo así como un zoológico de gratis. Tenemos un mono, dos ardillas llamadas Chip y Chop y un hurón. Con el hurón no se lleva especialmente bien, pero Poring adora a las dos pequeñas ardillas, así que tiene entretenimiento de sobra en casa aunque yo no esté.

Willow no se emborrachaba desde que entramos al cuerpo. Me llevé una mano a la frente, mirándola con sorpresa en señal de: “mereces cogerte la mayor tranca del universo”, sin embargo, ella habrá entendido con ese gesto algo tal que: “¡de eso hace mucho tiempo!”. Realmente no era mi deseo ni mi sueño emborrachar a mi amiga, pero adoraba verla sonreír, por lo que estar un poco enchispada no le hacía mal a nadie. Evidentemente, siempre exageraba con mis bromas y mis frases diciendo que la quería ver tirada por el suelo. En realidad no, hacía tiempo que yo tampoco terminaba así. Con los años se madura y simplemente bebes para sentir ese “plim” que hace que algo banal se convierta en algo muy divertido. Supongo que esa diversión tan infantil no se me irá nunca en la vida.

Chuminá, Willow. Eso de que eres irlandesa no cuenta teniendo en cuenta que no bebes así de hace más de cincos años. Además, eres un pizco, seguro que te emborrachas en nada. Yo soy un hombre sexy y corpulento, me llevaría dos copas más por lo menos. Por eso me pido esto. —y le señalé mi copa. Era la típica super grande, pero contenía vino rebajado, por lo que aquello tardaría mucho.

Me gustaba el vino, era elegante, bonito y no sabía tan mal. Tras largos años bebiendo alcohol he llegado a la conclusión de que puede que sea mi bebida alcohólica favorita. Además, no te da resaca y eso es un puntazo.

Sonreí con lo que dijo de la habitación, la verdad es que agradecía que viniera a mi casa cuando estaba en plan solo, ya que así me hacía salir de mi habitación y me despejaba de tanto yo por tanto tiempo. Después de eso, le pregunté por su semana pero antes de contestarme pidió la comida tras meterse con la glotonería de Drake.

¡Ey! Que yo solo te aviso. Ya sabes que como mucho, no quiero que mi amiga se quede con hambre… —le dije con diversión, preocupándome por su alimentación.

Después me quedé ANONADADO. ¿SABÉIS QUÉ PALABRA ES ESA? ¡ANONADÍSIMO! Willow había invitado a un trabajado del Ministerio a su casa y LE HIZO LA CENA. “ALGO DIFERENTE”. Mi sorpresa y curiosidad estaban siendo expresadas mediante mi gesto pícaro, divertido  y sumamente curioso. Me levanté rápido de allí y me cambié de taburete, poniéndome en la que estaba al lado de ella para hablar más de ella a mí, ¿sabéis? Estaba en frente, eso es muy impersonal.

¿Así que un trabajador del Ministerio? ¿Lo conozco? ¡Exijo conocerlo! —fue lo primero que dije, humedeciéndome los labios en busca de más preguntas que hacerle—. ¿Qué te hizo de cenar? Es un dato muy importante, determina muchas cosas del hombre. Y y y y… ¿por qué fue diferente? ¿Solo vieron la peli, NO? Ver la peli no es algo diferente… explícame eso. —continué con diversión, cruzándome de brazos, contento, esperando a que mi amiga me contase que tal le fue esa velada con ese misterioso hombre. ¡Tendría que darle yo mi bendición!
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Willow O'Donnell el Vie Abr 25, 2014 3:47 pm

Me divertían las reacciones de Drake, siempre había sido así, incluso en los momentos más oscuros tiene algo que decir para lograr que me divierta. Una cualidad difícil de encontrar. Estaba muy seguro de que iba a emborracharme con rapidez por hacer más de cinco años que no me emborrachaba. Lo paradójico es que bebía con más frecuencia de la que iba a reconocer, prácticamente todos los días me tomaba un par de copas de ginebra o coñac, siempre cosas fuertes. Aunque él no conocía ese detalle, era algo que intentaba ocultar.

- Debería ser delito rebajar el vino. Así pierde su esencia y su dulce sabor. – Le respondí con afán de picarlo. El vino subía muy lentamente y apenas dejaba resaca, dependiendo de la cantidad que bebieras, pero todo el mundo sabe, o debería saber, que al mezclar alcohol con refresco sus efectos se notan antes. Pero si la cuestión era ver quien se ponía “alegre” antes entonces hacía bien tomando esa cosa.

Pedí la comida, una hamburguesa me daría los hidratos necesarios para soportar mejor una larga noche, aunque luego me diera sueño, efecto secundario. Le sonreí con dulzura aunque lanzándole una mirada de reproche. - ¿No me vas a permitir probarlo? ¡Qué egoísta eres a veces, Drake! – Dije con burla, fingiendo enojo. Aunque no me podía enfadar con él, me resultaba imposible, para qué mentir. Con esa carita que tiene de no haber roto un plato en su vida, ¿quién podría?

Al comentarle mi semana su reacción fue más sorprendente de lo que esperaba. Su cara era una composición de expresiones. Lo miré con confusión mientras se cambiaba de silla para estar más cerca. Por lo visto la conversación requería una mayor interacción, una mayor privacidad.

- No sé si lo conocerás, trabaja en el departamento de misterios. – Respondí a sus dos primeras preguntas, negando con la cabeza. No iba a presentarle a nadie con esa cara, a saber de qué sería capaz éste ante algo así. Me podía esperar cualquier cosa. Sus preguntas se sucedieron una tras otra, sin darme mucha tregua a responder. Intenté retenerlas todas en la mente para responderle en el mismo orden. Bebí un poco de mi copa antes de responder, tomándome mi tiempo para ordenar las preguntas en mi mente.

- A ver, de cenar hizo unos deliciosos tallarines con salsa. Hacía mucho que no comía comida casera. Debo admitir que me gustó mucho que mi casa volviera a estar impregnada de ese olor típico de la comida mientras se cocina. – Una pregunta resuelta, pensar en el olor a comida me ponía nostálgica, me hacía recordar a mi abuela cocinando, cosas de mi cerebro. – Es diferente por diversas razones. La primera, ¿a parte de ver películas de vez en cuando contigo, con quién más las veo? – La respuesta era más que obvia, o las veía sola o con él, no había mucho más. – La segunda es que no suelo invitar a nadie a casa, ya sabes, es mi santuario. – Otra cuestión cierta, sólo invitaba a mi casa a mis vecinos y amigos, por lo que la lista era muy reducida. – La tercera es que me atreví a invitar a alguien a quien apenas conozco, Drake, estoy intentando volver a relacionarme con el resto del mundo. Creo que es hora de volver a ser un poco más como en Hogwarts. – Dije con una pequeña sonrisa. Tener contacto con gente nueva era un paso para seguir adelante. Tal era así que había comenzado a pensar en dar las cosas de mi familia, dejar de guardarlo todo. – Sólo vimos dos películas. ¡¡No te crees historias paralelas, eh!! – Le advertí al final.

Nos trajeron la comida, la hamburguesa tenía buena pinta. Al alzar la vista cuando llego Kiko me di cuenta de que había una chica bastante mona que no dejaba de mirar a Drake y cuchicheando con la chica que tenía al lado. Estas situaciones tenían un objetivo en común. Miré a mi amigo y cuando se fue el camarero le susurré.  – Sé disimulado, pero hay una despampanante morena en la barra que no para de mirarte. – Poring fue el primero en girarse a mirar, anda con el mono desde luego no se puede decir que sea tonto.  
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Drake Ulrich el Lun Abr 28, 2014 12:32 pm

Solté una carcajada divertida cuando dijo que debía de ser un delito rebajar el vino. ¡TENÍA RAZÓN! El vino natural era… era muy rico. Era como si una explosión de sabor, dulce y meloso, se te extendiese por toda la boca. Me encantaba su sabor. Era refinado y… me había vuelto fan #1 de esa bebida. Sin embargo, si hablábamos de dulce, cómo actualmente me lo estaba bebiendo, estaba muchísimo más dulce.

No te creas, ¿eh? Esto está bastante dulce. Y vale, pierde el sabor del vino, pero crea otro bastante rico. A mí me gusta mucho.  ¿Quieres probarlo? Anda, sé que lo estás deseando… —y empujé levemente la bebida hasta que quedó en frente de ella. Me gustaba porque, al estar rebajada, entraba mucho mejor y casi sin hacer efecto. Era más por el sabor que por otra cosa. Ella se pidió una hamburguesa y volví a reír ante su enojo—. Claro que sí, mujer. Incluso compartiría el pollo entero si tú quisieras. Pero como eres una gorda tú también, te recomendé pedir otra cosa… sólo eso… —bromeé, con un guiño amistoso.

Después de eso, vino el marujeo total. Por un momento, mi hombría bajó a niveles insospechados y me convertí en mujer. En realidad no. Pero me sentí así. A mí esto de marujear nunca se me ha dado, pero como se trata de Willow y de un HOMBRE, pues sale toda mi parte femenina para formar parte de la curiosidad del momento. Lo que hice, primeramente, fue quitarme de en frente y ponerme a su lado, para poder hablar más de chica a chica. Luego, le pregunté muchas cosas bastante importante desde el punto de vista de un chico. Para ver si podía sacar más información, o más bien, la información que yo quería sacar. Sin borrar la sonrisa, escuché todo lo que me dijo. Madre mía. Aquí hay tomate.

 ¿Sabes? Los tallarines son claro ejemplo de que ese tío lo que quería era FRUNGIRTE. —le señalé con el dedo índice, antes de partirme otra vez allí ante la utilización de esa palabra—.  Es broma, los tallarines son inofensivos. Me ha caído bien. ¿Cómo se llama? Por si lo veo por el Ministerio. Aunque si es de Misterios… los Inefables son cómo si no existiesen. ¿No es un rarillo? —después de eso empezó a decirme el por qué de que fuera algo diferente. Me puse contento al ver su actitud de volver a relacionarse con el mundo. Me encantaba la Willow de Hogwarts, tan risueña, feliz y decidida. Por eso se convirtió en una gran amiga mía. Con una sonrisa, esta vez sincera a sus palabras, escuché lo último que decía—. Estoy orgulloso. —le di el típico abrazo de lado—. ¡Y no me estaba creando historias paralelas! ¿PERO TE GUSTA, VOLVERÁS A QUEDAR CON ÉL? —pregunté, enseñando mis dientes en una amplia sonrisa—.   Lo sé, no te asustes cuando sale esta parte femenina de mí, pero me emociono con tu vida. No me preguntes porqué.

Llegó MI pollo y la hamburguesa de Willow, la cual tenía una pinta estupenda. Aunque no tanto como mi pollo. Antes de empezar a comer, para que vea cuánto la quiero, le tendí el tenedor, ofreciéndole con la mirada que cogiese un trozo y lo probase. Sin embargo, ella me dijo que mirase disimuladamente hacia atrás, que en la barra había un despampanante morena que no paraba de mirarme. Intenté ser disimulado, pero hice algo tal que así. Cuando volví a girarme hacia ella, tan serio como nunca antes ella me había visto, empecé a formar una O perfecta con mis labios. Sorprendido. Eso de “despampanante” era VERDAD.  Comí pollo distraídamente.

¿Seguro que me está mirando a mí? ¿No estará observando a Poi, o a ti? Vas muy guapa, a lo mejor  es de la otra acera. ¿Sabes? Normalmente soy yo quien se fija en la gente, me intimida que se fijen en mí. Me siento acosado. —bromeé, ya que evidentemente estaba de broma. Además, hoy tenía un pase, ya que me había vestido bien para venir al cine con mi amiga, así que mi belleza llegaba a límites insospechados—. Bueno, me haré el difícil, además de que a comida siempre va por delante de las mujeres. —le guiñé un ojo a mi amiga y continué comiendo, mordiendo un trozo de pollo—. Imagínate que tú eres esa mujer, ¿qué harías? ¿Te acercarías tú o esperarías a ver si el hombre tiene un sexto sentido y se acerca él? —le hice una prueba de ligue a mi amiga Willow, a ver qué me contestaba.
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Drake UlrichFugitivos

Willow O'Donnell el Dom Mayo 04, 2014 12:10 am

Continuaba sin comprender la manía de algunas personas por alterar el sabor del vino con refrescos o cualquier cosa. Sólo perdía su característico sabor, nada más.  Drake parecía disfrutar con esa bebida, yo prefería mi coctel, por ello rechacé probarlo cuando me lo ofreció. Odiaba que dijera esas cosas, pero me divertía bastante, así que puse cara de ofendida ante sus palabras para luego reír.

- Sí, vale, tienes razón. A partir de ahora no te dejaré chocolate del mío, ya sabes, ese rico que traigo de mi país, no el vulgar que venden en los supermercados. – Dije con sorna, quería picarlo un poco, era algo típico picar a un amigo, o hacerle un pequeño chantaje para que cambiara de opinión sobre el pollo.

Una cosa llevó a otra y terminamos hablando del encuentro que había tenido con Matt, una sesión de cine particular con cena incluida, bastante agradable la velada. La parte maruja de Drake salió a la luz y comenzó el interrogatorio, aunque comprendió bastante bien la situación no dudo en insinuar algo ante lo que no pude evitar sonrojarme levemente y negar con la cabeza con total energía. Jamás haría eso con otra persona, tampoco es que vaya a ser una monja ahora, pero NO, NO y NO.  Lo miré con reproche ante su risa descarada por la situación. – Matt, aunque ahora no recuerdo si llego a decirme su apellido. No es rarillo, es el típico mago que no tiene idea de aparatos muggles. Se quedo mirando la pantalla de la televisión durante un rato, y en pantalla sólo estaba una imagen. – Le comenté con una sonrisa en plan cotilleo. Siempre me había resultado gracioso como reaccionaban los magos  a su primer contacto con algo muggle. – ¡Ves como te creas historias paralelas! No me gusta, y no creo que vuelva  a quedar con él, porque básicamente no fue ninguna cita ni nada de eso, fue una simple invitación para evitar el fin de semana que iba a tener. – Dije con cierta convicción, en mi cabeza sonaba más convincente, ahora no sé. Realmente por qué lo había invitado, pues no lo sé, en ese momento me pareció bien. Algo fuera de mi monótona rutina. Ahora creo que podría malinterpretarse el invitar a un cuasiextraño a mi casa. Negué sin más a sus palabras, emocionarse con mi vida era un poco tonto, si es la más aburrida que puede haber.  

Nuestra comida había llegado, tenía muy buena pinta mi hamburguesa, pero su pollo….dios, parecía delicioso. Me ofreció un poco, y cogí el tenedor mientras le decía que con disimulo se girara, pues había una chica muy guapa mirándole.  Mientras lo hacía aproveché para probar el pollo, estaba tan delicioso como aparentaba, mas no pude disfrutar del sabor al ver lo que hizo. - ¡Drake, eso es disimular? – Exclamé y pregunté a la vez, pues lo que había hecho era lo más descarado que jamás había visto.

Me hizo unas cuantas preguntas, yo me limité a asentir, negar y negar con la cabeza  a modo de respuesta, pues estaba disfrutando de mi hamburguesa, la cual estaba en su punto, jugosa y sabrosa. La dejé en el plato y bebí un poco del preparado de Kiko antes de contestar a Drake. Eran unas preguntas delicadas, y la verdad no sabía que responder. Pero tras meditarlo unos segundos miré con seriedad a mi amigo y aclaré mi garganta. – Yo, para empezar no miraría, ya sabes cómo soy, eso de ligar no es ni por asomo lo mío. Sin embargo, cómo sé que ningún hombre tiene un sexto sentido, – dije esto último haciéndole una mueca de “sabes que llevo razón, no intentes negarlo” – tengo un plan, para que ni tú ni ella den el primer paso. – Le dije con una sonrisa traviesa. Bebí un poco de mi copa y me levanté, dándole un suave toque a Drake en el hombro mientras emprendía el camino hacia la chica en cuestión.  

- ¡Hola! ¿Conoces a mi amigo Drake? – le pregunté a la chica cuando llegue hasta ella. Mi actitud le sorprendió un poco, a la vez que se sonrojó, al caer en la cuenta de que nos habíamos dado cuenta de sus furtivas miradas. – Se que nos acabamos de conocer, ni siquiera sabes mi nombre o yo el tuyo, pero me tengo que ir y me no quiero que se quede solo.  ¿Me harías el favor de acompañarle? Es que está muy triste por la muerte de su perrito. – Comenté a la chica, haciendo una refinada actuación. Incluso se me cayó una lágrima al decir lo del perrito. Ya controlo cuando deben o no salir.

Ella se lo pensó un poco, haciéndose la dura, sin embargo son una cara de corderito degollado y una nueva mirada hacia Drake aceptó. – Pero no le nombres al perro, esta algo más animado ahora. ¡Muchísimas gracias! De veras. – Le dije volviendo a la mesa, con ella a unos pasos por detrás. – Drake perdóname, cielo, pero debo ir corriendo a casa, ya te contaré. – Le dije guiñándole un ojo sin que la chica se diera cuenta, pues no dejaba de mirarle. – Pero te dejo en buenas manos. Ella es… - deje la frase sin terminar la frase. – Lu…cia. – dijo ella, aunque se pudo notar en su voz que no era su auténtico nombre, tenía la sensación de que había ocultado algo. Pero lo deje pasar, simplemente cogí mi bolso y mi chaqueta, le dedique una sonrisa a mi amigo mientras cogía la hamburguesa. – Mañana hablamos. – Le dije con cierta malicia, sí, acaba de encontrar la forma de no pagar ni la cena ni nada. Aunque no estaba segura de que Drake aceptara el cambio de planes, lo cual espero que sí, decidí salir del local, pasando primero por la barra y dejándole al camarero cuarenta libras, no sé si daría para pagar lo que habíamos pedido, para empezar porque no sabía que había pedido Poring, y si sobraba mejor, porque así podría Drake pedir algo para su nueva y sexy acompañante.
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Drake Ulrich el Dom Mayo 04, 2014 11:50 pm

Si Willow decía “con ese hombre no ha pasado nada, no pasará nada nunca”, yo me lo creía. En realidad de ese tipo de cosas, con ella, no solía hablar, por eso me emocionaba especialmente mucho cuando me contaba que había quedado con un hombre. Era consciente de que por lo que tuvo que pasar ella es lo peor por lo que puede pasar nadie, pero me ponía muy contento y feliz  ver que mi amiga pasara página y le entusiasmaran esas cosas. Me contó cómo era Matt y reí divertido a lo que dijo de no saber qué era la televisión. ¡Madre mía, si no sabe que lo que es la televisión, seguro que tampoco sabe qué es un ordenador! ¿Qué hace ese hombre con su vida? Cierto era que yo me había acomodado a las comodidades muggles a pesar de seguir usando las mágicas, pero no entendían que entrenamiento diario podías tener si no tenías en tu poder estos pasatiempos muggles. A no ser que sea un adicto al trabajo.

Atendí a lo que dijo y puse una falsa mueca de perro al que le echan la bronca. Por eso de crearme historias paralelas.

Jo Willow, deberías dejarme tener ilusiones. Y no hace falta que te guste para salir con él, ¿acaso no pueden salir como amigos? Yo salgo contigo y no pretendo llevarte a la cama, sólo eres mi amiga. —le doy como ejemplo, ya que no hace falta salir con un hombre sólo si tienes la intención de intimar con él—. Me corrijo: mejor amiga. Así que no seas tonta, si te cayó bien deberían volver a quedar. Pero cuidado con las confianzas, el puesto de mejor amigo es mío, ¿eh? —entrecerré los ojos divertido.

Luego me partí el culo cuando “disimulé” y al darme la vuelta vi la cara de Willow indignada por mi manera de mirar a la chica. A pesar de haber sido más descarado que un perro verde fluorescente en medio de Londres, la muchacha no se percató de mi mirada, ya que justo en ese momento estaba hablando con la amiga. Todo estaba planeado.

Le pregunté a Willow que, en ocasiones como esta, ella que haría y cierto era que nunca había visto ligar. La verdad es que no le pegaba, además yo no la dejaría ligar con cualquiera. ¡Los hombres necesitan mi bendición para ligar con mi amiga! Que esta mujer se merece al mejor hombre sobre la faz de la tierra. Sin embargo, yo era todo lo contrario, me encantaba salir por la noche y conocer a gente nueva, pero era de esos chicos que no tenían intenciones oscuras de llevarse a nadie a la cama. Eso era muy vacío y a pesar que en momentos de suma borrachera lo he hecho, no me gusta hacerlo. Me gusta conocer a gente y yo busco a mi medio limón, no a una naranja de usar y tirar.

Ella me dijo también que sabía que los hombres no teníamos un sexto sentido y decidió una manera de que ninguno de los dos tuviéramos que dar el paso. Se levantó de allí sin previo aviso y, sin conseguir que no lo hiciera, pues me esperaba sus intenciones, caminó hacia la muchacha e hizo la técnica Stinson. Al minuto de haber estado hablando con ella, ambas se acercaron a mí y por un momento se me cayó la cara de vergüenza. Willow recogió sus cosas, cogió su hamburguesa y me guiñó el ojo a las palabras de que se tenía que ir. Tenía ganas de decirle “Me las pagarás O’Donnell” pero realmente sonreí y lo único que me salió fue:

Gracias. —le guiñé el ojo y vi como si iba, antes de levantarme para saludar a Lucía—. Hola Lucía, me llamo Drake.
En realidad es Lucrecia…  —me dijo. ¡Lucrecia, que nombre más… feo! ¡Prefería Lucía! Pero ella seguía siendo especialmente atractiva y por ahora el nombre nunca ha sido el problema.
Pues hola Lucrecia. ¿Te apetece sentarte? Había pedido el famoso pollo de aquí para compartirlo con mi amiga, pero me ha abandonado. Si te apetece… —le ofrecí divertido, puesto que si Willow me escuchara diciéndole esto seguramente me pegaría por compartir el pollo y haberle puesto tantas pegas a ella.
Me encantaría.  —dejó sus cosas sobre el asiento y se sentó en frente mía—. Vine con dos amigas, pero ambas son unas aburridas y querían irse ya. ¿Tenías pensado acabar la noche aquí?
¿Acabar la noche? Lucrecia parece mentira. ¡Las noches no se acaban nunca! —sonreí con un encanto divertido, cogiendo de mi pollo con el tenedor. Al momento llegó Poring, subiéndose en mi regazo—.Por cierto, este es Poring, mi mono. Poring, esta es Lucrecia.

Y con un movimiento de cabeza mi mono se dirigió a ella y jugueteó con ella, subiéndose a su hombro. A partir de ahí mantuvimos una agradable conversación, aunque hubo un momento en dónde se puso bastante empática por no se qué de un perro… La gente usa cosas muy extrañas para ligar últimamente. Sin embargo, nos lo pasamos tan bien que cuando terminamos allí continuamos la noche paseando por Londres.
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