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Como verdaderos universitarios —Henry Kerr [Flashback]

Sam J. Lehmann el Miér Jul 12, 2017 3:14 am


Sam J. Lehmann & Henry Kerr - 19 de octubre de 2009 - Discoteca Chester, Londres - FLASHBACK

Era el primer año de universidad de Henry y Sam y, al menos ésta última, estaba muy emocionada por enfrascarse en un nuevo ciclo de su vida en donde estudiaría una rama que le apasionaba. Sin embargo, su amigo no paraba de decirle una y otra vez que nunca serían universitarios de verdad hasta que se fuesen de fiesta como un auténtico universitario se iría. ¡Y claro, cómo para decirle que no! Sam era de esas chicas que no iba por su propia mano a una fiesta ni tampoco la que tenía la iniciativa como para idear un plan así, no obstante, cuando la sacaban de su casa —o en este caso su habitación de la residencia de la universidad— ella se volvía una auténtica fiestera. Dejaba de lado sus ansias por quedarse en su cama viendo alguna película ñoña y se preparaba para pasar una noche en la calle.

Se había vestido con una falda alta y corta, además de un top a juego de color rojo. Unió a la vestimenta unos tacones sencillos y se puso un abrigo, ya que en octubre comenzaba hacer frío en Londres. Se había dejado su pelo rubio y largo suelto y se había pintado los labios de rojo. Llevaba años queriendo cortarse el pelo y no sería hasta dentro de cuatro años que se terminaría de convencer para cortárselo.

Tocaron a la puerta de su habitación de la residencia y, mientras se ponía los pendientes, abrió la puerta haciéndole una señal a su compañera de cuarto para que no se levantara. Su compañera era un poco aburrida y bastante distante. Era todo un cambio después de haber vivido siete años con una compañera tan activa y cercana como lo era Caroline. Pero bueno, mejor no pensar en eso que si no nos ponemos tristes. —Hola Henry —saludó con una sonrisa, acercándose a él para darle un beso largo y cariñoso en la mejilla. —Ahora mismo termino, entra. ¿Voy bien así?, ¿a dónde me llevas exactamente? No me especificas nada y no sé ni cómo vestirme.

Cuando Henry entró a mi habitación, mi compañera alzó la vista de la pantalla de su portátil y lo miró con una sonrisa coqueta. ¡Claro, con él parecía hasta simpática! Aunque bueno, normal que quisiera ligar con su amigo, Henry era todo un hombre atractivo, al menos a ojos de Sam. Pero su compañera era muy sosa para alguien como Henry. Sam no aprobaba esa relación. —Megan, me voy. Ya nos vemos mañana.

Se despidió de su compañera de habitación y salió de allí con su amigo. La verdad es que no le gustaba mucho compartir habitación con una desconocida, pero Sam era austriaca y, para colmo, todo el dinero mágico que poseía actualmente era gracias a la beca, por lo que no podía costearse nada mejor que estuviese cerca de la universidad y en Londres. Así que tenía que aguantarse en esas condiciones, al menos hasta final de curso, en donde sacaría unas notas excelentes y le darían más dinero en la beca para poder costearse una casa mejor. O al menos una compañera que no fuese una repelente. —¿Has visto como te miró Megan? Le faltó tiempo para acoplarse al plan y que tú fueras su plan de esta noche.

Una vez fuera, se agarró al brazo de su amigo, contenta. Tenían diecinueve años y estaban en su primer año de universidad, ¿acaso no pintaba genial los años que venían por delante? —¿Es verdad eso de la discoteca de magos? Nunca he ido a ninguna, siempre que voy a alguna ha sido muggle. De hecho pensaba que las discotecas estaban como muy a la moda como para juntarse con la sociedad mágica, que es así como media retrógrada —confesó, emocionada por ir a un sitio nuevo y desconocido en donde no tendría que aparentar; al fin y al cabo, iban a ser todos magos. Habría algún tipo de barrera que detectaría quién es muggle y quién no. O quizás una protección para que otras personas vieran donde hay una discoteca algo que no es tan llamativo, como el Caldero Chorreante. Ni idea, la verdad, ¡pero qué emoción!


Última edición por Sam J. Lehmann el Jue Jul 20, 2017 3:08 am, editado 1 vez
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Henry Kerr el Miér Jul 19, 2017 3:41 am

Su época en Hogwarts había terminado de la mejor manera. Con unas buenas notas para ingresar sin problema en la universidad que quería. Y lo más importante, donde también estaba su Sam.

Lo que más lástima le hubiera dado, era separarse de su dulce rubia y su no menos querida pelirroja. Ella y Caroline siempre habían sido los pilares en los que apoyarse cuando las cosas no iban de la mejor manera. Y con la familia que tenía, no sabría decir cuando no era así.

Por supuesto, todo no podía ser bonito en la vida. No todo podía salir como uno quería. Era imposible, sobre todo cuando muchas decisiones escapan de su propia persona. Así pues, con la pelirroja partiendo a un lugar lejos de él, necesitaba más que nunca a Jota.

Había perdido uno de sus dos apoyos, pero estaba muy feliz de tener por lo menos alguien querido junto a él en esta nueva aventura en su vida. Seguro que todo hubiera sido más complicado si Sam no estuviera por allí No tenía dudas al respecto.

Aunque no todo era malo. La despedida de Carol era dolorosa, pero la despedida con su familia era todo lo contrario.
Poco a poco se había ido distanciando de ellos. Y no tener que ver el careto de su hermano mayor durante el curso, era todo un alivio. El último año en el colegio sin él había sido toda una bendición, y poder seguir sin tener que soportarle durante largas temporadas, era un bálsamo para su cabeza.

Indudablemente, sacando al mayor de los Kerr, de la ecuación Nathan-Henry era una gran resta de quebraderos de cabeza. No tenía que escuchar sus malditos insultos, ya fueran a su persona, a sus amadas chicas, o a otro pobre alumno, que no habría hecho más pecado que simplemente nacer de muggles.

Menuda mentalidad tenían los Kerr de pura raza. Por suerte, él ya no era considerado un buen Kerr, y francamente, mucho mejor así.

No podía estar más feliz con su pisito en la residencia de alumnos. Con un compañero que tenía pinta de estar medio loco. Pero prefería mil veces morir apuñalado por el loco de su nuevo compañero adicto al metal, que  pisar suelo Kerr.

Pero bueno, las ventajas o desventajas de su nueva vida, poco importaban en esos instantes. Ahora lo único interesante era la… ¡Fiestaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Sí, señor. Fiesta universitaria. Acaso se podía pedir algo mejor para mitigar el cambio de una nueva andadura. Mujeres bellas contoneándose…, música, alcohol. Muy malo este último, seguramente. Pero qué demonios, nada era perfecto. ¿Y ya había mencionado a las mujeres contoneándose? Sí, lo había hecho, más las cosas tan buenas había que mencionarlas siempre que se pudiera.

- Estas rompedora, mi querida Sam-, saludó nada más verla. - Veo que esta noche vas a por todas-, comentó con picardía, dibujando una sonrisa mientras entraba en el cuarto. - Te llevo al Club Chester. Es un lugar bastante famoso. Así que creo que va a estar bastante concurrido-, puso su granito de arena dando información.

Fue entonces cuando recaló en la presencia de la compañera de piso de Sam. Castaña, altura media, y una bonita sonrisa. Vaya, ser guapo tenía sus ventajas. Esa noche iba a disfrutar de muchas sonrisas así.

- Buenas noches, completa desconocida-, saludó con su habitual desparpajo. - Como le decía a Sam iremos al…-, empezó a decir, antes de verse agarrado y jalado por el brazo. - Parece que se nos hace tarde. Al Club Chester. Megan, así te dijo mi amiga. Vente, cuanto más mejor-, fue diciendo, alzando la voz según se iba acercando a la salida del brazo de Sam.

Nada más salir del cuarto, miró de soslayo a la rubia, y sonrió con toda la picardía que podía llegar a mostrar.

- Vaya, vaya. Sam. Cualquiera diría que no quieres que venga-, bromeó, sabiendo que debía ser así. - No será que te pone celosa que ligue, incluso antes de llegar al club-, rió ante su nueva broma, y  se separó a toda prisa de Jota, para avanzar con paso ligero y alegre. - Corra, señorita Samantha. Tenemos mucha gente a la que hacer feliz con nuestra hermosa presencia. Sería delito no dedicarles nuestras bellas sonrisas-, dijo sonriente, abriendo la puerta del portal del edificio, y esperando allí a su compañera para proseguir la marcha.

A partir de ahí, se encaminaron por la calle agarrados del brazo, felices y alegres por poder pasar una noche divertida. Una noche desinhibida y sin preocupaciones.

- Ajá. No verás un muggle en una milla. Bueno, en una milla sí. Pero ya me entiendes-, intentó autocorregirse su propia exageración. - Hay muchos más muggles que magos, pero no somos pocos brujos tampoco. Ya viste cuanta gente en el colegio y en la universidad. Somos más que suficientes para llenar un local-, rió. - Que puedo decir, mi querida Sam. No todos los magos somos unos vejestorios de la edad de piedra. Algunos nacimos en los ochenta y todo-, bromeó. - Me pregunto si pondrán algún buen tema de esa época. Seguro que no. Será esperar demasiado-, suspiró. - En fin, todo sea por una noche de diversión, Jota.

No tardaron mucho en llegar, y como era el caballero en esa noche, no dejó escapar la oportunidad de abrir la puerta a su amiga.

- Las bellas damas primero-, comentó con zalamería fingida, y su mejor sonrisa en los labios.

Después entró tras ella, y en seguida pudo notar el ambiente y el calor del lugar cerrado. La pista de baile estaba concurrida, por no decir abarrotada, y había gente a todo lugar donde mirarse.

- Vaya. Sí que es famoso este sitio-, dijo en alto, para hacerse oír por encima de la música. - Qué tal si rompemos el hielo con unas copas-, comentó, guiándole un ojo a su amiga.

Luego comenzó a bajar las amplias escaleras que daban hacia la zona de baile y la barra tras ella, sin perder la oportunidad de contonear las caderas para “disfrute” de su amiga. Y por supuesto, sin perder la oportunidad de echarle el ojo a unas mujeres de buen ver, que estaban junto a la base de la escalera.

- Que bien me lo voy a pasar esta noche-, se dijo a sí mismo, con una sonrisa de satisfacción dibujada en el rostro.
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Henry KerrMagos y brujas

Sam J. Lehmann el Vie Jul 21, 2017 1:03 am

A ver, pues claro. Teniendo un amigo tan genial como era Henry era normal que Sam se mostrase un poco recelosa a presentarle a personas que no le caían bien y le miraba sólo con una mirada cargada de perversidad. ¡No, no, no! Su amigo era un ser puro, al menos a sus ojos, ya que era perfectamente consciente de que de puro tenía lo que ella de morena. Y su compañera de piso, Megan, no era más que... una mujer un poco extraña que no le caía especialmente bien. Si no se la había presentado todavía era porque ni ella misma todavía se había adaptado a semejante espécimen tan extraño. Mejor que estuviese lo más alejada posible de su amigo. —¡No quiero que venga! —susurró divertida ante su retórica afirmación. —No es que esté celosa, te estoy salvando de lo que es posiblemente una acosadora. Esa mujer es muy rara y te ha mirado con cara de querer lamerte, ¿vale? De nada. Lo hago por tu bien. Algún día echarás de menos a mami Sammy que te salva de las pervertidas —dijo divertida en su defensa, saliendo por la puerta del portal cuando el galán de su amigo se separó de ella para abrirle la puerta.

Comenzaron a caminar hacia el Club Chester, ese lugar en donde se reunían más cantidad de magos que de muggles. Al menos ella nunca había ido a un lugar así, aunque para ser sinceros, Sam, hasta ahora, no había sido tampoco una chica de mucha fiesta. Siempre había sido de esas que prefieren quedarse en casa con un plan tranquilo pero nunca decía que no a una noche fuera de casa en buena compañía. —Los magos de los ochenta somos los mejores, ya lo sabes. ¿Y qué tipo de música ponen ahí entonces?, ¿hay... música mágica o ponen la típica muggle que esté de moda? —Esperaba que lo segundo, ya que no quería ni imaginarse lo primero.

Nada más llegar, Henry pareció estar en su salsa. Su rostro se iluminó con una encantadora sonrisa y tomó las riendas de la situación, tirando de ella para bajar las escaleras hasta el interior del local. Una gran pista de baile y una barra cuyos taburetes posiblemente estuviesen todos ocupados. ¡Pero eso no era problema! Sam asintió cuando Henry ofreció empezar con dos copas y lo persiguió hasta la barra, riéndose al ver cómo contorneaba su cintura al ir el primero.

Una vez llegaron a la barra, Sam se apoyó en ella y miró a su amigo. —Te veo muy contento. ¿Has dado con alguien conocido o más bien has dado con alguien a quién quieres conocer? —Sonrió con una sonrisa traviesa. Tenía que empezar a asumir que su pequeño Henry ya no era tan pequeño e iba a salir de su crisálida para convertirse en una libre mariposa rompe-corazones. Bueno, "mariposa" quizás no era el adjetivo más varonil, pero ustedes me entienden. —Cuéntame tus planes para esta noche. Prohibido abandonarme por más de media hora seguida a menos que esté borracha y bailando en la pista, ¿vale? —Le hizo prometer con un dedo acusador y bromista.

Chicos, ¿qué queréis para tomar? —preguntó el barman, el cual recogía de delante de ellos dos botellines de cerveza vacíos.

Vodka limón por aquí. Gracias. —Pidió por su cuenta.

El barman se quedó admirando a la chica durante unos segundos, aunque Sam estaba demasiado ocupada admirando la pista de baile como para darse cuenta de ese interés por parte del camarero. —En realidad si estoy borracha y me dejas bailando en la pista, probablemente vas a tener que volver a recogerme antes de irte, ¿vale? Si me dejas bailando y me quedo ahí, lo daré todo hasta el amanecer y no es plan. Que me conozco. Que cuando empiezo a bailar borracha no paro. ¿No te acuerdas el otro día cuando salimos en verano? ¿Tú parame, vale? Vas y me cortas el rollo. Me sacas a rastras si hace falta —le advirtió con un gesto de lo más divertido. En realidad a Sam lo que le gustaba de salir de fiesta era prácticamente bailar. ¿A qué chica no le gusta bailar? ¡A todas las chicas les gusta bailar! Mover el esqueleto al son de la música. Aunque Sam, como era muy tímida, necesitaba una o dos (o tres, o cuatro) copitas encima para poder hacerlo con naturalidad. —¿Has invitado a alguien más?

Tomad, chicos —dijo el camarero a la espalda con las bebidas que cada uno había pedido. —Son cinco libras.
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Henry Kerr el Jue Ago 24, 2017 3:11 am

Que maldito ambientazo. Sabía que ese local estaba muy de moda entre los jóvenes magos, pues no dejaba de escuchar comentarios al respecto en la universidad. En cada pasillo, en cada aula, en cada zona del campus, podía oír a personas hablando del Club Chester. Y de la fiesta universitaria que se celebraría allí, con el respectivo ahorro que eso suponía.

Esa noche las bebidas seguro que serían más baratas que de costumbre. Era lo normal en ese tipo de eventos. Bajos precios, a costa de ser un buen reclamo para una numerosa y joven clientela. Una muy deseosa de emborracharse.

- Vodka con limón, eh. Tú sí que sabes elegir-, comentó, apoyándose de lado sobre la barra, y echándole una mirada divertida. - No sabía que la jovencita Sam le diera al alcohol tan duramente-, rió. - Creo que creé un monstruo, aquella noche en el lago. Sí, Jota, recuerdo bien esa noche de verano-, dijo antes de que pudiera decir nada. - La que me tiraste al agua. Aún no lo he olvidado-, levantó una ceja mientras la seguía mirando, después de reprenderla, pero en un tono socarrón que denotaba que estaba de broma.

La noche merecía la pena solamente por tener la oportunidad de estar junto a la bella y encantadora Sam. Por poder pasar un rato alejado de libros y materias, en ese inicio de curso en la universidad, donde tenía los típicos problemas de todo nuevo en algún lugar. Debía estar concentrado para no dejarse en el tintero nada de sus nuevas clases, a la vez que debái estar en forma e igualmente preparado para los partidos con el equipo universidario, y todo ello, en un ambiente desconocido para él.

Eran tiempos de cambio. Tiempos de adaptación. Y esa parte hacía más difícil, lo que a priori era tan sencillo como apoyar los codos sobre la mesa, y entrenar el quidditch como hiciera desde el colegio. Todo era igual… y al mismo tiempo era diferente.

Echaba de menos a Caroline, y estaba seguro de que su inicio en la universidad, sería más complicado si no hubiera tenido a su bendita rubia a su lado.

- Para mí un whisky, seco, con dos hielos nada más-, contestó al camarero, observando su espalda. - Escocés, por su puesto. Que no se diga que no soy un buen patriota-, se carcajeó, antes de echar la vista de nuevo sobre Sam. - Pues recordando tu pregunta. Hay de todo. Hay música mágica y no mágica. Que puedo decir, esos muggles saben crear temas pegadizos, y a los magos también les gustan. No es difícil escuchar su música al caminar por la calle, salvo que seas algún tipo de brujo que no sale de la zona mágica para nada en absoluto, claro-, volvió a reír.

Había gente así. Pero la mayoría no tenía problemas en mezclarse con los nacidos sin magia. Así que algunos gustos, propiamente muggles, también lo eran del colectivo mágico. Sobre todo en los mestizos y nacidos en familias muggles.

Sí, esa noche las bebidas eran más baratas, como había imaginado. Aunque cinco billetitos por una copa… Bueno, en este tipo de locales, el sablazo por tomarse una bebida era considerable, así que teniendo en cuenta ese dato, pagar cinco libras no era tan malo. Menos aún cuando el dinero era por dos copas, no una

En realidad estaba bastante bien. Pero joder, cinco libras. Su put…

- Yo invito la primera ronda-, comentó, dejando el billete al lado de su copa, y tomando de paso el vaso plano, que estaba lleno hasta un cuarto con el whisky y los  flotando sobre este.

Aprovechó y se giró, dejando que el peso de su cuerpo fuera sostenido por sus piernas y también por la barra apoyando las lumbares contra esta. En esta postura tomó un trago del licor, corto, pues no quería abusar del alcohol tan pronto, y echó una ojeada al panorama que se le presentaba ante sus ojos.

Una marabunta de gente bailaba en el centro, mientras en las mesas de los altillos la gente charlaba y bebía, y otros tantos hacían corrillos en cada hueco que pudieran conseguir en el interior del local.

- Menudo ambiente. Esta noche hay muchos chicos a los que acosar-, bromeó, justo antes reír levemente, y tomar otro trago. - Mis planes dijiste. Mmm. Buena pregunta-, comentó, dejando el vaso sobre la barra, y apoyando ambos codos sobre esta, nada más darse la vuelta. - Pues no tengo plan alguno. Querida Jota-, dijo ladeando la cabeza, nada más posar la mirada sobre ella. Luego colocó la barbilla sobre su mano, y se acarició la barba. - No tengo plan alguno. Salvo emborrachar a mujeres. Empezando por ti-, mintió, pues no tenía intención de emborrachar mujeres. Ellas ya eran mayorcitas para hacerlo por sí solas. - Me gusta verte bailar. Es… Es muy tú-, bromeó, antes de volver a reír.

Qué bien se lo había pasado aquella noche de verano, que había mencionado antes Sam, y después él. Había sido una noche inolvidable. Y esta también lo sería, sólo que esta vez tendría que ser sin la compañía de Carol. Una pena. Pero ellos dos siempre habían sabido ingeniárselas para divertirse sin ayuda de nadie.

- Bueno, quizás invitara a alguien-, dijo haciéndose el místico. Mientras revolvía el contenido de su copa con un palito de plástico, que había tomado de un recipiente a su lado.

Ideal para mantener los cócteles mezclados, aunque realmente su bebida no necesitaba de ello. Ventajas del whisky seco.

- Digamos que he invitado a una amiga de buen ver-, sonrió a Sam. - Pero no te preocupes. No te abandonaré por ello. La noche es nuestra, como siempre-, alzó su vaso para brindar con su amiga, con una sonrisa dibujada en los labios.

- ¿De quién es esa noche, señorito Henry? - comentó una voz, que lo descolocó por llegar de su espalda tan repentina, pero que no tardó en reconocer.

- Hablando de amigas-, tuvo la sabiduría de no decir de buen ver esta vez. - Sam. te presento a la joven Natalie, y a su amiga…-, dejó la frase en el aire para que otra persona respondiera.

Nunca la había visto. ¿Cómo coño iba a saber cómo se llamaba? Pero siempre era de buen anfitrión hacer las presentaciones.

- Jennifer-, terminó la frase la propia desconocida.

- Jennifer. Justo lo tenía en la punta de la lengua-, bromeó, sonriente como solía ser habitual en él, y provocando una sonrisa también en las recién llegadas. - Natalie es cazadora de nuestro equipo, Sam. Mi compañera de faenas, supongo-, rió. - Y a la señorita Jennifer no la conozco. Pero para eso tenemos toda la noche por delante-, comentó con voz suave, agradable, mirando directamente hacia los ojos de la susodicha.

Era bonita. Muy bonita. Ambas lo eran. O mejor dicho, las tres lo eran. Ahora mismo, probablemente muchos hombres lo observaban con miradas envidiosas. Bueno, hombres, y más de una mujer.

- Natalie, Jennifer, les presento a mi mejor amiga. La querida Samantha Lehmann-, dijo con cierta teatralidad, acompañando sus palabras con un gesto del brazo en dirección a su amiga. - Esta dulce mujer ha acompañado a ese tan descabellado escocés desde que nos conociéramos en nuestro primer año en Hogwarts-, comentó, con cierta nostalgia en la voz.

- Encantada de conocerte, Samantha-, respondió Natalie, con su característica voz marcada con cierta sensualidad.

Era aterciopelada, y podría engatusar a cualquier hombre con ella, si así lo deseara. Sin dura, era una mujer explosiva. Y la amiga que había traído su compañera de equipo… no era para menos. ¡Maldita sea! Estaba rodeado de pura dinamita. Sería mejor que nadie encendiera una cerilla.

- Así que os conocisteis de niños, eso es tierno-, comentó Jen, colocándose a su lado. - Natalie y yo tenemos una historia parecida. También nos conocimos en el colegio, pero no tan pronto-, sonrió la joven.

Natalie por su parte, también se puso a su lado. Pero por su otro costado, entre Sam y él.

- Es una larga historia. Pero la noche es nuestra, creo que dijiste, Henry-, dijo esta vez Natalie, sonriendo también, pero aprovechando la ocasión para girar el cuello hacia Sam, y echarle una mirada significativa.

- Así es, damas. La noche es nuestra, y no ha hecho más que empezar-, dijo divertido.  Echándole el lazo a las recién llegadas, con cada uno de sus brazos. - Va a ser una noche memorable. Os lo aseguro-, comentó animado.
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Sam J. Lehmann el Vie Ago 25, 2017 1:34 pm

Lo cierto es que no tenía ningún tipo de intención de acosar a nadie esa noche. Sam tenía puntuación negativa en su habilidad de ligar y la verdad es que cuando salía de fiesta con su amigo Henry era para estar exclusivamente con su amigo y bailar mucho. Nunca había sido una chica que bebiese demasiado, pero debía de admitir que el verano después de su séptimo curso —ese curso en donde Henry y Caroline le dieron a probar esa diversión adolescente—, le había cogido cierto gusto a cómo se siente. Además, ¿a qué mujer no le gusta bailar? ¡Bailar era vida! Sam, por norma general, solía bailar como un patito mareado y, bajo su propio criterio, no poseía esa sensualidad femenina con la que bailan las chicas normalmente. No obstante, cuando iba borracha perdida se desinhibía tanto que hasta bailaba mejor, aunque ella nunca lo recordara. —Bueno, solo tengo pensado acosar a un hombre esta noche —respondió con una sonrisa, sacando la lengua divertida. —Te gusta verme bailar porque parezco la loca de La Pradera, admítelo. Te divierte en el alma verme en medio de la pista haciendo el ridículo. —Le señaló con el dedo acusadoramente. —¿Pero sabes qué? Me da igual porque yo me lo paso pipa. —En estos momentos Sam era de esas personas a las que le daba igual todo lo que pudiesen pensar de ella mientras estaba de fiesta. Sólo le importaba lo que pensaba Henry, el resto le daba igual. Ella había ido ahí a pasárselo bien y nadie se lo pasa bien si está atenta a causar buena impresión todo el rato.

El vaso de vodka con limón que se había pedido Sam era alto y, además de tener dos grandes hielos y una considerable cantidad de vodka, también tenía una pajita por la que ella sorbía tranquilamente. Le preguntó que si había invitado a alguien más por pura curiosidad, ya que suponía que después de las primeras semanas, el extrovertido de Henry habría dado con algún amigo o amiga con sus mismos gustos. A diferencia de él, Sam era mucho más recatada y todavía no había hecho amigos demasiados significativos. —Con que has invitado a una amiga de buen ver... ¿con segundas intenciones, señor Kerr? Estás hecho todo un ligón —le reprochó con diversión, dándole un toquecito en la nariz.

Fue justo en ese momento en el que le hizo ese cariñoso gesto cuando vio como dos chicas se acercaban a Henry por la espalda, metiéndose en la conversación. No sabía cuál era su amiga, pero estaba claro que de buen ver eran esas dos chicas. Ella no dijo nada, sino que se quedó en un segundo plano, sonriendo, mientras les escuchaba hablar. No fue hasta que Henry les presentó formalmente hasta que Sam no dio un paso hacia adelante para darles un par de besos a cada una de las chicas. —Un placer. Ya tenía ganas de conocer a los compañeros de Henry del equipo universitario. Siempre habla genial de todo lo que tenga que ver con el quidditch. —Pero estaba bien claro que Sam no iba a ir a visitarlo a los entrenamientos. Ahí habían bludger sueltas. Fue Jennifer la que nombró la relación entre ella y su amiga, por lo que se mostró interesada. —¿También fueron a Hogwarts? Tu cara me suena.

Sí, claro, lo que nos  graduamos hace dos años ya. Yo fui Ravenclaw, pero ella fue Gryffindor —respondió Jennifer, refiriéndose por último a Natalie.

Fue sólo con quince años cuando le salvé de las sucias garras de un Slytherin demasiado altivo cuando Jennifer me juró amor eterno y se convirtió en mi mejor amiga por conveniencia... —dijo entonces Natalie, curvando una sonrisa y recibiendo un codazo divertido por parte de su amiga.

Esa es su versión de la historia, la mía es muy diferente... —contestó con cierto reproche divertido.

Sam no pudo evitar reír ante su conversación. Al menos la primera impresión había sido extremadamente positiva con aquellas dos mujeres.

Bueno, ¿os encargáis vosotros dos de encontrar algún sitio libre? Nosotras nos encargamos de llevar dos botellas para la noche. —Natalie se acercó a oler lo que bebía Sam, arrugando la nariz. —¿Vodka? Mis peores borracheras fueron con vodka, qué malos recuerdos... —le dijo a la rubia con un gesto divertido.

Yo voy por el mismo camino... —respondió.

Vodka y whisky —dijo Jennifer al ver la bebida de Henry. —Mezclar no es muy bueno, ¿cuál de los dos quiere ceder? ¿Tú, Henry? Se te ve con cara de ser el más experimentado en estos temas y la verdad es que yo odio el sabor del whisky. Me parece repugnante. —Su cara fue un poema asqueado, en un intento de picar al escocés.

Entonces las dos chicas se fueron hacia un extremo de la barra para poder hablar con el camarero, mientras que Sam y Henry se disponían a seguir bebiéndose sus bebidas mientras buscaban un lugar en donde poder ponerse. Aquel lugar era pequeño pero en los extremos habían varios lugares en donde poder sentarse en sillones con mesas. Estaban todos ocupados, por lo que tuvieron que conformarse con una especie de mesa alta acompañada de cuatro largos taburetes y que estaba justo al lado de una columna. Sam se sentó en uno de los taburetes, mirando a Henry con diversión. —Apuesto que no te esperabas que una chica guapa viniese acompañada de otra chica guapa, ¿estás bien?, ¿tienes alguna táctica secreta para elegir o vas a ligar con las dos y la que cuadre? —bromeó, consciente de que su amigo era mucho más que simplemente ligar con las chicas. Era una persona divertida y muy, muy extrovertida con la que la gente normalmente se lo pasaba en grande. No le hacía falta ligar para captar la atención de las personas. Eso sí, Sam se lo pasaba pipa metiéndose con él. Continuó bebiendo a través de su pajita, con cierta velocidad porque Sam era de esas personas que al principio bebe muy rápido y, de repente, le sube todo de golpe. —Son muy guapas las dos. Iba a decirte que yo te ayudaría a que se enamoraran de ti, pero tengo al amigo más encantador sobre la faz de la Tierra y estoy segura de que te las ganarás tú solito. De hecho te lo voy a poner difícil y hablaré de cosas feas de ti —le dijo divertida, arrugando la nariz como una señora malvada. —¿Recuerdas a Jennifer? A mi me suena muchísimo su cara y al decir que era de Ravenclaw supuse que porque habríamos coincidido con ella en algún momento. ¿Pero Natalie? No me suena de absolutamente nada. —Porque está claro que a una persona así no se le olvida fácilmente. Quizás había sido de esos cambios radicales, como lo había sido por ejemplo Sam.
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Henry Kerr el Lun Sep 11, 2017 3:39 am

Su compañera de equipo Natalie, había llegado con una amiga de forma inesperada. Sólo la había invitado a ella, porque era la persona con la que más afinidad había tenido de sus compañeros de equipo, e incluso de sus compañeros de estudios. Y sobre todo, porque era una noche para Sam, y no quería agobiar a su amiga de la infancia con demasiados invitados.

Por ello había optado por sólo invitar a la persona que mejores vibraciones le habían dado, de sus nuevos conocidos. Sin embargo…. No iba a ser él quien se quejara de que invitaran a una mujer tan guapa como Jennifer. Claro que no.

Además, una persona más poco importaba. No convertirían la fiesta nocturna en una situación asilada para Sam, donde la pobre tendría que conversar con montón de desconocidos para ella, pero no para él, lo cual la dejaría en una situación un poco aburrida.

Sin contar que la conversación entre las chicas le había reportado una información curiosa. Y ahora que tenía ese dato… sí que le resultaba familiar la chica.

A veces pasaba. Te encontrabas con alguien, y para ti era un completo desconocido. Pero luego esa persona u otra comentaban algo relacionado con ella, y de repente se hacía la luz dentro de tu mente.

Los caminos del pensamiento podían llegar así. Era así de simple, en ocasionas hacía falta una chispa para activar los recuerdos más recónditos de la mente.

- Así que os graduasteis hace dos años, y eres de Ravenclaw. Ahora que lo comentas, me suena tu cara-, comentó, atusándose la barba. - Y no me había dado cuenta, pero Natalie era la chica que no se separaba de tu lado-, rió, negando con la cabeza. - Que idiota soy, Natalie. Ya te conocía de vista. Bueno, a ambas-, comentó divertido, marcando una sonrisa en los labios, antes de tomar un trago de su vaso de whisky.

En un colegio como Hogwarts había muchos chicos y chicas, de distintas edades, por lo que era imposible conocerlos a todos. Pero tanto tiempo allí metido, cada año, uno tras otro, hacía difícil no quedarse con las caras de muchos de los alumnos. Más aún cuando era una pareja de chicas guapas, y además mayores que él. Seguro que les habría echado el ojo alguna vez, antes de acabar prendado por la pelirroja.

-Oh, un Slytherin. Son tan…Slytherin-, rió.

Había dejando la segunda frase unos segundos en el aire, sin llegar a terminarla mientras pensaba algo positivo que decir de uno de ellos. Desgraciadamente no encontró nada positivo, pues mucho había sufrido las estupideces de su hermano y sus compañeros, y no había adquirido una buena impresión de la casa de color verdoso. En cualquier caso lo dijo en tono de broma,

- Bueno, lo importante es que se salvaron de esa serpiente. Y seguro que hay tiempo para que cada una nos cuente su versión de los hechos, que me dicen-, comentó animado. - Podemos ir a una mesa. Si es que queda algo libre-, volvió a reír.

Dicho esto, las recién llegadas se inclinaron por pedir bebidas, mientras a ellos les tocaría buscar un buen lugar en el que acomodarse. Aunque primero tocaría ceder un poco…

- Bueno, bueno, señorita Jennifer, le contaré un secreto. Mezclar es malo, salvo que tengas cuerpo escocés. Entonces puedes meter alcohol puro en vena, que no pasará nada-, bromeó, replicando a su pique. - Pero haré una excepción por esta vez-, dijo, dando un largo trago, y apurando el contenido del vaso.

Nada más terminar el contenido de su copa, la dejó sobre la barra, con sólo dos hielos adornando su interior.

- Le hago caso, señorita Jennifer. Téngamelo en cuenta-, le guiñó un ojo, divertido con la situación. - Las esperamos en la mesa. No nos tarden, que es mejor pasar el tiempo cerca de su simpatía.

Y de sus bellezas, pero eso era mejor guardarlo dentro de la mente.

- Y  de su extrema belleza-, dijo finalmente, zalamero, con una media sonrisa dibujada en los labios.

¿Dónde había quedado la idea de guardárselo en la mente? Pues evidentemente desechada, junto a la prudencia y la cautela. Pero qué diablos, que era la vida sin un poco de riesgo, al menos con las palabras y las mujeres.

- Que tonto-, dijo Jennifer, después de reír junto a su amiga. - No tardaremos. Nos vemos pronto-, se despidió por el momento, antes de devolverle el guiño.

Ahora sí, Ahora que había quedado claro que tomaría vodka, se encaminó hacia una de las zonas libres, en compañía de que su querida Sam. Y por supuesto, con la oportunidad de volver a hablar en privado con ella.

- Eh, te dije que estaba de buen ver, ¿o no? -, comentó mientras avanzaban por el local, con una sonrisa socarrona y muy amplia marcando su rostro. - Así que ya vas camino-, le dio un ligero codazo. - Qué pilla. Dices que me gusta verte bailar como una loca y…-, no terminó la frase, mirando de soslayo la reacción de su amiga. - No lo negaré. Me encanta-, rompió a reír. - Pero me vas a decir que no te diviertes también. Disfrutas como un niña con zapatos nuevos, en cuanto te pones a bailar-, dijo, sabiendo que era así.

El local estaba demasiado concurrido como para conseguir una buena mesa, de las que estaban en los extremos, por lo que tuvieron que conformarse con una mesa alta con taburetes, al lado de una columna. No era una maravilla, pero con tanta gente, ya podían agradecer encontrar un sitio en el que reposar el culo, y la verdad,  era un sitio lo suficientemente apartado del resto de mesas, barra y pista, como para poder tener una conversación agradable, que era lo que tocaba ahora.

- ¿Bien? Tanta belleza me ha conmocionado-, bromeó, y se carcajeó. - Dios. No esperaba que Natalie trajera a nadie, y mucho menos una chica tan bonita-, se abanicó con la mano, teatralizando su falso apuro y calor. - No está mal esa Jennifer, ¿verdad?  Quiero decir. Sabemos que es guapa ¿no? Pero también parece bastante simpática. Eso me gusta en una chica-, se sinceró, aunque no era algo que no supiera Sam.

Se conocían desde hacía tanto tiempo, que ya era de esas amistades que daba igual cuanto tiempo exacto hiciera que se conocieran. De esas relaciones en las que las personas dentro de ella se comprendía y entendían sin mediar palabra.

- ¿Táctica secreta? ¿Existe de eso en los tiempos que corren? - rió. - No. Ya sabes cómo soy. Seré yo mismo, y si funciona bien, y si no funciona bien también, porque no me quebraré la cabeza haciendo gilipolleces que no haría-, le guiñó un ojo. - Aunque si me siendo en la obligación de aclarar algo-, se inclinó sobre la mesa y apoyó los codos. - Verás, no entiendo el concepto de la que cuadre. En mi argot de encantador escocés. Yo pensaba irme con las dos. Ya sabes-, movió los dedos de la mano derecha, aparentando ser un muñeco caminando en el aire. - Con las dos a la vez-, sonrió con picardía y rió a mandíbula abierta.

Poco faltó para que se le escaparan lágrimas con su broma. Pero es que había pocas cosas en la vida que le divirtieran más que tomarle el pelo a Sam. De forma afectuosa, eso sí. Porque aquel que tomara el pelo de verdad a su amiga, tendría un problema serio. Primero con ella, pues era una bruja inteligente y era mejor no ser su enemigo. Pero seguidamente con él, ya que no toleraría que nadie hiciera daño a su querida rubia.

- Te contaré un secreto, señorita Samantha. Resulta que invité a Natalie por el mero hecho de pasar tiempo con ella. Nada serio. Es quien más me hace reír en el equipo, y me apetecía conocerla mejor-, dijo sincero. - Es muy abierta, tanto que no teme decir a las claras quien le gusta. Y siento decirte que no podrías ponérmelo más difícil ni diciendo las peores cosas de mí-, rió. - No Sam, tengo las mismas posibilidades de ligar con Natalie que un muñeco de madera.

La pura verdad. Aunque sonara exagerado, y él soliera bromear siéndolo, en esta ocasión era la pura verdad. Ni más ni menos.

- Pero no me creo yo que me vayas a poner trabas en las ruedas, mi querida amiga-, le sacó la lengua, de forma cómica. - Debo reconocer que Jennifer me parece encantadora-, comentó sin tapujos. ¿Crees que deba lanzarme? - preguntó, buscando una segunda opinión.

Era bonita y elegante. Y lo más importante para él, simpática y divertida. Además que seguro que tenía la cabeza bien amueblada. Por dios, si era una Ravenclaw, como no iba a estarlo. Aunque… pensándolo mejor, había muchas personas que eran inteligentes, pero luego eran un tanto extravagantes… por decirlo de algún modo. Y la casa del águila estaba llenos de ellos, pues lo que más primaba para ser un Raven era ser inteligente y listo. Lo demás no importaba tanto.

- No parece que esté loca, ¿verdad? - comentó de repente, súbitamente asustado. No. Seguro que no lo estaba. No tenía motivos para ponerse nervioso. - Sí, recuerdo que era mayor que nosotros Recuerdo verla por nuestra sala. Pero también me suena haberla visto por los pasillos del colegio con Natalie. O eso creo. Es la imagen que me vino a la cabeza, en cuanto Natalie mencionó que se graduaron hace dos años-, miró al techo, mientras hablaba, recordando a las chicas, pero también con nostalgia su glorioso pasado en Hogwarts.

Era imposible no hacerlo, cuando hacía tampoco que había terminado su último curso allí. Cuando tenía tantos recuerdos bonitos allí. Con Martin. Con Sam. Con Caroline, que ya no estaba junto a ellos como antaño. Muchos recuerdos, malos y buenos, pero tantos, que sólo se quedaban impregnados en el alma los bonitos.

- Y dime, ¿seguro que me has dicho la verdad? - miró nuevamente hacia su amiga. - ¿Seguro que en esta noche sólo tienes ojos para un hombre? - sonrió. - Hay mucha gente, y… puede que te aparezca echarle el ojo a otra persona ¿no? - comentó en tono cálido y seductor, pero en un gesto divertido, alzando las cejas. Imposible no reír. - Ah, mi querida Sam. Qué bien lo paso contigo. Pero no soy el único hombre sobre la tierra, ¿lo sabías? No me importa si me dedicas un poco menos de tiempo. Podré soportarlo si eres feliz. Eso sí que lo sabes-, dijo, dibujando una media sonrisa de puro afecto.

Pasara lo que pasara. Sin importar el tiempo que pasara. Lo viejos que se hicieran. La distancia que los separara. No importaba nada en absoluto. Siempre querría a Sam.
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Sam J. Lehmann el Mar Sep 12, 2017 10:05 pm

Las dos amigas de Henry habían ido a la barra a hacerse con alguna botella de bebida para no tener que estar yendo constantemente a la barra a conseguir una nueva copa cuando la tuya se acabase. Mientras tanto, fueron los dos amigos quiénes eran los encargados de encontrar un lugar en donde sentarse, encontrando un lugar que no era tan cómodo, pero sin duda era bastante íntimo. Henry tenía mucha razón con respecto a Sam cuando ésta bailaba pero es que no hacía falta más que ver la cara de Sam cuando bailaba para saber que era más feliz que una perdiz.

Pero lo divertido de verdad fue ver la reacción de Henry cuando de repente aquellas dos bellezas se fueron y Sam pudo preguntarle directamente. A veces se sentía un poco mal. Henry era tremendamente sincero con ella siempre en todo y... ella ni siquiera le había dicho que si no se fijaba en chicos era precisamente porque no estaba interesada en ellos, sino en ellas. —Hombre, yo diría que la simpatía está al nivel de la belleza física, ¿no? Es horrible ver a una persona guapa y que nada más hablar la boca pierda todo su encanto —apoyó la razón de Henry. Sam valoraba más una sonrisa sincera que iluminase un rostro normal, que un rostro aparentemente despampanante incapaz de sonreír con sinceridad. —¡Oh, vamos! ¡Serás pretencioso! —Se quejó divertida, tirando un poco de su corbata mientras reía. Le dio un golpecito cuando cayó en que solo le estaba tomando el pelo. ¡Cómo siempre! Henry tenía una habilidad innata para hacer que Sam se creyese todo siempre.

Por muy Ravenclaw que fuera, a Sam le costó pillar las palabras de Henry cuando le hablaba de Natalie. De hecho, como no se lo estaba diciendo para nada en claro, hacer las conexiones necesarias para deducir que a ella tampoco le atraían los hombres fue un tanto complicada. Aunque para ser sinceros, no tardó en sonreír al entenderlo. Era... tranquilizador encontrarse con personas con sus mismos gustos y que éstas fuesen tan bien aceptadas por todos. Sam siempre había estado un poco traumada con cómo decirlo o si sería aceptada. En su casa eran muy poco tolerantes con esos temas y, para más ahínco en la yaga, el hecho de cómo descubrió que lo era, tampoco es que fuese lo más normal, ¿cómo le dices a tu mejor amigo que descubriste que eras de la otra acera porque te sientes atraída de su mejor amiga y novia? No. Sin duda no era una buena manera de introducir el tema. Al final, terminó por callárselo. —Pues sí que lo vas a tener difícil con Natalie —dijo finalmente, riendo divertida. Por mucho que le hubieran dicho lo que le habían dicho, a Sam ni se le pasaba por la cabeza la simple idea de plantearse ligar. Sam no servía para eso, ni tampoco le gustaba porque se le daba fatal. —Quizás le diste pena a Natalie y por eso trajo a Jennifer, para que no te fueras sin al menos intentarlo... —Esta vez fue Sam quién intentó tomarle el pelo a Henry. —O a lo mejor Jennifer también es homosexual, ¿no dicen las malas lenguas que Dios las cría y ellas se juntan? —Volvió a bromear, haciendo un chiste un tanto homófobo cuando ella misma era homosexual. ¡Estaba de broma, ¿vale?! —Es broma —respondió sonriente, colocándole la corbata, que antes con la risa se le había descolocado. —Lánzate sin dudarlo, ¿qué es lo peor que pueda pasarte?, ¿qué te diga que no? Con lo encantador que eres no me extrañaría que hasta Natalie se replantearse su sexualidad —le dijo, acercándose a él para darle un besito en la mejilla.

Henry podía tener cara de ligón e incluso su actitud en ocasiones, si no lo conocías, podía darte la sensación de que quizás era un poco altanero. Pero Sam, que lo conocía desde que no tenía ni un pelo en la barba y solo tenía once años, sabía que era una de esas personas de corazón puro. De esos que sonríen con sinceridad y crean en su rostro un gesto de pura belleza. Era su persona favorita en el mundo, tanto por la facilidad que tenía para hacerla reír, como por la facilidad con la que le hacía sentir bien. Era como ese pilar que te mantiene siempre fuerte y que te hace ser fuerte por ti misma. De verdad que a veces pensaba que toda la suerte de su vida se había desvanecido con conocer a Henry y que éste fuese su mejor amigo.

Volvió a reír, bebiendo de su vaso, del cual ya quedaba bastante poco. —¡No tiene pinta de estar loca! —dijo entre risas, imaginándose qué clase de cara debería de tener una mujer que está loca. —¿Aunque cómo te das cuenta tú que una persona está loca intercambiando solo dos frases con ella? Si quieres cuando vuelvan, podemos jugar al típico juego de beber para conocernos un poco mejor. No vayas a llevarte a una loca a la cama esta noche —exageró divertida. —Yo me encargo de las preguntas comprometidas para que tú no te veas como un acosador, ¿vale? —añadió de igual manera, sonriendo como una idiota. ¡Y solo se había bebido una copa! A Sam le subía demasiado rápido el alcohol.

Tras un ligero momento de silencio en donde continuó bebiendo, Henry volvió a sacar el tema de los hombres. Sam lo miró como siempre lo miraba, con ese poco interés propio de 'no me gusta este tema de conversación', pero lo cierto es que en algún momento iba a tener que decirle la verdad a Henry y, entre más tarde fuera, peor iba a ser. Sonrió ante sus palabras, pero no dijo nada hasta que terminó. Ahora que había visto la naturalidad con la que había dicho lo de su amiga... como que la cosa parecía hasta más sencilla de decir. —Henry, hazme un favor y rememora conmigo... —Se acercó a él. —¿Cuántas veces me he mostrado interesada en un hombre, sexualmente hablando? ¿O cuántas veces me mostré interesada en cualquier tipo de los que nombraba Caroline? —preguntó retóricamente, mirándole a los ojos de bien cerquita. —Creo que ni siquiera he hablado contigo en ningún momento de ninguna persona que me atraiga. Nunca. Siempre he sido muy reservada para eso porque hasta la fecha me han atraído pocas personas y he preferido no compartirlo con nadie. Yo lo que me pregunto... ¿es por qué asumes que son hombres? —preguntó con una ceja ligeramente alzada, llevándose el vaso a los labios para terminarse el líquido de su interior. —Cuando digo que eres el único hombre de mis ojos, te digo la absoluta verdad. Ningún otro hombre te quitará ese puesto nunca, de eso puedes estar seguro —añadió, sonriendo esta vez de una manera un poco más traviesa por la noticia y al ver su cara. Su cara era un poema. Ojalá hubiera tenido en ese momento una cámara para hacer una imagen de aquello.
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Henry Kerr el Miér Sep 20, 2017 4:12 am

Que alguien viniera hasta su mesa, y le dijera que estar de fiesta no era productivo. Le enseñaría un truco magia rápido de desaparición forzada. Ya lo creía que sí.

Por supuesto que era importante ser una persona aplicada, y apoyar los codos sobre el escritorio todo el tiempo que fuera necesario, para sacar la carrera universitaria adelante. Pero también lo era descansar el tiempo necesario, así como dedicar algunos ratos al ocio. Ya fuera deporte, literatura o cualquier otra forma de desinhibirse y acabar con el estrés.

Ante tal abanico de posibilidades para divertirse, sin duda, la que más felicidad le aportaba era pasar tiempo con su querida amiga Sam. Y con unas copas de por medio, seguro que conseguían pasarlo aún mejor. Por lo menos de forma distinta que de costumbre, distinto a los días que se alegraban el uno al otro, con amenas conversaciones. De vez en cuando, no estaba mal soltarse el pelo.

- Horrible. Extremadamente horrible. No quiero pasar ni tan una sola noche, con una mujer que sólo sea un cuerpo curvilíneo-, meneó la cabeza, aparentando asco extremo. - Que repugnante sería. Sea para lo que sea, no puedo estar con nadie que no me agrade en carácter-, guiñó el ojo. Pues estaba con ella ahora mismo, pasando un gran rato. - Si fuera tan simple, a lo mejor hubiera acabado con alguna tonta de Slytherin, que pensara más en lo limpia que tiene la sangre, en vez de en cosas más importantes de la vida. Y nadie querría un final tan jodido para mí, ¿no es así? - se carcajeó, después de bromear.

En ese momento, miró por encima de su hombro hacia la barra, para ver si conseguía ver a las chicas. Estaban tardando un poco, pero era normal, pues había mucha gente hoy en el club. De todos modos, no pudo dedicarle mucho tiempo a la observación, ya que el tirón de Sam, lo motivó a volver a mirar hacia delante.

- Vamos, vamos. Sería pretencioso si fuera falso. Todos sabemos que mis capacidades para lograrlo son existentes-, comentó con muy falsa vanidad, y volvió a reír. - Ya sabes cómo soy. No puedo evitar tomarte un poquito el pelo-, dijo, tomando un mechón de pelo de su amiga entre dos de sus dedos, con suma delicadeza. - Pero nunca en serio. Ninguna broma sería divertida, si no te alegrase también a ti-, sonrió con afecto, y le colocó el mechón que había soltado deliberadamente, detrás de su oreja.

En esos momentos, Sam no pareció entender a lo que se refería con Natalie. La verdad, no había sido la persona más directa del mundo, sin embargo, tampoco es que hubiera sido muy sutil. Más bien había dicho bastante claro, pero con cierto toque indirecto en sus palabras. Nada difícil de descifrar para una persona con la inteligencia de Sam, que por supuesto, no tardó demasiado en darse cuenta a qué se refería.

- Ding. Ding. Ding-, imitó el sonido de una campana. - Premio para la señorita Lehmann-, dijo divertido, como si fuera una presentador de un concurso televisivo muggle. - ¿Difícil? Lo tengo imposible-, rió. - Pero aún así no creo que trajera a su amiga porque le diera pena. Nadie regalaría a un amigo de una forma tan barata ¿no? - miró con picaresca hacia su amiga. - No me venderías por un puñado de galeones, ¿verdad? - comentó, antes de sacar la lengua, y reír.

Henry aprovechó ese momento para estirarse, pensando  en diversas cosas. En todo lo que le había contado a Sam, y en las posibilidades que le brindaría esa noche. Algo que no podría saber, hasta que llegara el momento.

- Supongo que la invitó porque son como nosotros. No podía venir a la fiesta sin su amiga del alma-, alargó el brazo, en un pensamiento de brindar por su amiga, pero en ese mismo instante recordó que aún no tenía ninguna bebida. - Brindaría por ello. Pero me falta sustancia-, bromeó.

De todos modos, su broma acabó en el mismo instante en el que Sam hubiera tenido una ocurrencia no del todo… magnífica.

- No. No. No le preguntes nada comprometido-, comentó, moviendo las manos. - No la líes tan pronto. Que acabamos de llegar y la acabamos de conocer-, rió de nuevo.

Se lo estaba pasando tan bien, que poco importaba que no hubiera bebidas para brindar o hidratar el gaznate. Daba igual el club y todo lo demás. Con Jota, no necesitaba nada más que la propia Jota para pasarlo bien. Aunque su cara debió ser un auténtico poema, cuando su amiga decidió abrirse a él.

¡Maldita sea! ¿Desde cuándo la conocía? Y no se le había ocurrido en todos esos años, mencionar ese pequeñísimo y mínimo detalle de su vida hasta ahora.

- ¡Qué! ¿Hablas en serio? - la miró anonadado, con la boca entreabierta durante unos segundos, hasta que se dio cuenta de que la tenía abierta sin querer. - Pero, pero, pero-, comenzó a hablar, sin saber en realidad que poder decir. Estaba impactado. - Pero yo pensaba que no eras muy… ya sabes. Sexualmente activa Yo que sé-, hizo un movimiento con las manos, clamando al cielo.  - Siempre estabas inmersas en los libros. Eran tu pasión. Sólo pensé que te gustaban más los estudios que los chicos. Después de todo, siempre imaginé que me dirías algo así. Y como nunca me corregiste en tus gustos… ¡Pensé que pasabas de los chicos sin más! - comentó, asombrado.

Era increíble que nunca le hubiera dicho nada. Que nunca le hubiera comentado un, “Hey, Henry. Pero por qué me dices que me gusta tal o cual, a mi me gustan las chicas que tu miras”

- ¿Por qué nunca me lo dijiste? Creo que en todos estos años. Ha habido momentos suficientes para hacerlo. Para que me contaras este insignificante detalle. Nótese la ironía-, dijo, negando con la cabeza, aunque estaba más bien asombrado e impactado, que enfadado.

Entendía que era un asunto delicado, y que no se había atrevido a comentárselo ni a su mejor amigo.

- Que cosas. Todo este tiempo mirábamos los mismos culos, y me entero ahora-, bromeó, y rió, volviendo a negar con la cabeza. - Aunque ahora que lo pienso. Debía estar un poco ciego, para no darme cuenta. Imagino que es culpa de siempre mirar en la misma dirección que tú-, siguió bromeando.

Fue entonces cuando recayó en un pensamiento que había tenido una vez, y que ahora había acabado por los suelos.

- No jodas. Ahora no podremos casarnos cuando tengamos treinta años. Ya no podemos casarnos en el futuro, si nos volvemos unos desastres incapaces de tener una relación hasta entonces-, comentó, fingiendo más drama emocional del que en realidad sentía en su fuero interno. - Bah. No nos pongamos nerviosos-, dijo, como si en algún momento Sam o él lo hubieran estado. - Aún podemos casarnos si todo falla. Tú lesbiana y yo hetero, no importa. Nos casamos por el mero papel del juzgado, nos queremos como siempre, y buscamos nuestros amantes para lo otro. Ya sabes-, hizo el gesto de meter un dedo en un orificio creado con los de la otra mano. - Bueno, tú lo harías diferente, a no ser que te compres un... Bueno, ya me entiendes.  Y ya si eso, adoptamos un chino, que hay a patadas-, bromeó una vez más.

Joder. Cómo se le había ocurrido a Sam ocultarle su sexualidad durante tanto tiempo. Si no la quisiera tanto le hubiera dado con el taburete en toda la cabeza. Pero con amor, eso sí.

Henry sintió los pasos de unos tacones a su espalda, y se volteó de medio lado para ver de quien se trataba. Para su suerte, eran las hermosas chicas con las bebidas. Ahora sí que necesitaba una copa.

- ¡Chicas! ¡Chicas! ¡Venid rápido! Necesito ayuda urgente-, les gritó mientras se acercaban.

- Que ocurre, mi querido Henry. ¿Por qué necesitas auxilio en estos momentos? Yo te noto tan sano como siempre-, comenzó a decir Natalie, llegando hasta la mesa. - ¡Muy sano! - comentó con sensualidad. Del todo fingida claro, pues a ella le gustaban otro tipo de cuerpos.

Jennifer se rió con alegría ante el espectáculo y teatrillo que había hecho su amiga al llegar.

- Secretos inconfesables, mi dulce Natalie. Secretos inconfesables-, respondió sonriente. - Pero sólo puedo decirle que necesito una copa. Mi cuerpo alberga en deseos de sentir un profundo calor-, bromeó con el alcohol, pero jugando con el doble sentido de las palabras.

Aprovechó y tomó de manos de Jenny uno de los vasos de vodka que llevaba. Uno para ella, y otro para uno de los guardianes de mesa. En este caso, él.

- Muchas gracias, señorita Jennifer. No quisiera enfriarme demasiado. Creo que el whisky no fue suficiente para un duro escocés como yo-, dijo, antes de guiñarle un ojo.

- Tan duro no será, cuando necesita con tanta urgencia una nueva dosis de alcohol-, contestó, picándole.

Henry por su parte rió a pleno pulmón.

- Me gusta esta chica, Natalie. Simpáticas siempre son bien recibidas por este no tan duro escocés-, alzó la copa en dirección a Jennifer.

Esta a su vez hizo lo propio, correspondiendo el brindis.

- Por los amigos, que están con nosotros en los momentos más difíciles. Y nos alegran cada día con su alegría y sonrisa-, mantuvo el vaso alzado. - Brindemos. Por el mayor tesoro que tenemos-, comentó, mirando hacia Sam.
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Sam J. Lehmann el Vie Sep 22, 2017 4:10 pm

La verdad es que Sam tampoco creía que Natalie hubiese llevado a Jennifer porque Henry le diese pena, sino que lo había dicho para picarlo un poco. Como bien decía su gran y querido amigo escocés, probablemente la hubiera llevado porque eran muy buenas amigas y una no salía de fiesta a emborracharse sin la otra. ¡Esas cosas se hace entre amigos, siempre! —Yo a ti no te vendería por nada en el mundo —le dijo arrugando la nariz en un gesto cariñoso. —Tú vales más que todo los galeones que puedan haber. —Y aunque sonase exagerado, dentro de unos años se vería muy claro lo importante que era Henry para ella y lo mucho que había luchado por él, aunque eso no sirviese para nada. —Ya sabes que me encanta ser cursi. Soy feliz. Déjame. —Zarandeó la mano divertida para que olvidase su cursilería, ¡pero es que a ella le encantaba decirle a la gente que le quería lo mucho que los quería! Nunca se decía demasiado, pero mucha gente lo decía muy poco.

Le hacía gracia que Henry pudiese pensar que Sam tuviera la malicia de preguntar cosas comprometidas a una persona que recientemente acababa de conocer. Que sí, que podría con un par de copas de más con tal de asegurarse de que era un buen partido para su amigo... pero en realidad no lo haría de no ser estrictamente necesario. Ella también tenía vergüenza, ¿sabes? Pero aún así, la reacción de Henry la hizo sonreír. —¡Tranquilo! Me portaré bien. Tú avísame cuando necesites el espacio de la intimidad y me voy a bailar, ¿vale? Para que puedas cortejarla sin que yo mire maravillada desde una esquina, que sé que es un poco creepy. Ya sabes que soy fan del amor y no puedo evitarlo. —Y no era un secreto. Sam era de esas que desde bien pequeña soñaba con enamorarse y a las que le encantaban las historias de amor con finales felices.

Fue entonces cuando le soltó la bomba de una manera un tanto sutil... aunque él lo suficientemente inteligente como para pillarlo rápidamente a la primera. Por casi no se parte de risa por su reacción. —Te puedo asegurar que nunca he sido ni soy sexualmente activa. Creo que eso tiene un significado diferente al que intentas decir, ¿eh? —le corrigió divertida, ya que 'sexualmente activa' significaba que mantienes relaciones sexuales normalmente y obviamente Sam nunca lo había hecho. —Y jopé, me enfrascaba en la lectura y en los estudios, pero eso no quería decir que fuese lo único que me interesara. De todas maneras, cómo puedes ver, me interesaban mil veces más los estudios que cualquier otra cosa. —Podía entender que él se molestase al recibir esta noticia de repente cuando eran amigos desde que tenían once años, pero esperaba que él entendiese su posición a la hora de abrirse cuando se sintiera totalmente cómoda. —Lo siento. No lo sabía desde los once años, ¿vale? Eso fue surgiendo y... yo... —No sabía ni cómo explicarse. —Cuando una no se entiende ni a sí misma, es complicado abrirse a los demás.

Pero de repente, Henry dejó de lado la sorpresa, el impacto y el posible ligero 'enfado' que pudiese llegar a tener por habérselo ocultado y llegaron las horas de las bromas. ¿Ven? Por eso Sam simplemente adoraba a Henry. Era la persona más tolerante que jamás había conocido, la más bromista y la más bondadosa. Sí, podría tener el alma de un chico rebelde y travieso en su interior, pero su corazón era sencillamente enorme. Cuando empezó a escuchar broma tras broma, a Sam le empezó a entrar un ataque de risa, de esos que hacen que te duelan los mofletes, te lloren los ojos y hasta te duela el vientre. Aunque lo que más gracia le hizo, con diferencia, fue cuando dijo lo de que no se podían casar una vez cumpliesen los treinta y estuviesen solteros. Sam se tuvo que levantar del taburete para reírse con propiedad si no quería terminar cayéndose, pero nada más intentar levantarse, se resbaló y cayó de culo al suelo, haciendo que eso incrementase solo más las risas. Alzó entonces una mano para que Henry le ayudase a levantar, quedando entonces a su lado de nuevo mientras se quitaba las lágrimas de los ojos. —Mejor un negrito, ¿no? Son más monos —consiguió decir aún riéndose por las ingeniosas cosas que decía su amigo. —Y yo sigo viendo bien ese trato. Si a los treinta seguimos solteros y con ganas de montar una familia, nos casamos, adoptamos a un pequeño negrito y vivimos una buena vida. Si nos enamoramos después de otra persona, nos divorciamos como amigos y nadie sospechará nada. Es un plan infalible —dijo divertida, para luego poner una cara un tanto asqueada. —Pero ewww... —El mohin asqueado que le salió fue sublime. —¿Te imaginas tú y yo teniendo sexo? ¡Sería horrible! Te quiero mucho, pero eso sería muy... ewww... —Añadió, sin poder evitar reírse, dándole de nuevo un beso en la mejilla.

Llegaron las amigas de Henry y Natalie fue quién le tendió a Sam uno de los vasos con vodka con algo en su interior. Además, traía consigo una botella de vodka para poder gastarla en aquella mesa hablando entre todos ellos y conocerse un poco más. Lo primero que hicieron fue brindar gracias a Henry, con un brindis que hizo que Sam sonriese con cariño. Bebió de aquella tras el brindis, sentándose junto a su amigo. A su otro lado se encontraba Natalie y después Jennifer, formando así un perfecto círculo. De hecho, fue ésta última quién propuso el típico juego que al menos Sam odiaba.

¿Os apetece jugar a un 'yo nunca'? Así nos conocemos un poquito más. Y es lo mejor para beber. Eso o verdad o atrevimiento, pero quizás preguntar directamente es un poco invasivo y no hay confianza para mandarnos retos de verdad... —dijo Jennifer con jovialidad.

¡Yo empiezo! —dijo Natalie con una sonrisa maliciosa, asumiendo que todo el mundo querría jugar. —Yo nunca me he tocado el pene  —añadió mirando a Henry con picardía.

Henry, como obviamente sí se había tocado el pene, tuvo que beber.

¿Te gusta este juego Sam? —pregunta con una media sonrisa marcada en los labios, sabiendo que no le gusta para nada. —Creo que Jenny ha tenido una buena idea, con unas copas seguro que nos ponemos a tono para los posteriores bailes —bromeó, con lo que ambos sabían a que se refería. —Pero esto es para gente atrevida —enarca una ceja, y mantiene la sonrisa pícara. —¿Tendrás el errojo necesario, mi querida Sam? —dibujó de forma más notable la picardía de su sonrisa, muy a juego al tono burlón.

Oh sí, me encanta este juego, ¿no podemos pasar directamente a la parte del baile? —dijo divertida y con un toque de ironía. —¿Me toca a mí, no? —preguntó con un deje travieso, ya que ella iba después de Natalie. ¿Henry intentando picarla? ¡Ella ahora tenía el poder de hacerlo beber! —Hmmm... yo nunca  he alardeado de ser escocés ni de mi aguante con el whisky —agregó, mirando a Henry con ojos de no haber roto un plato. —Creo que vuelves a beber tú... —Sonrió ampliamente.

Jennifer y Natalie rieron divertida por el pique entre los amigos y por el compinche que tenían contra Henry para que, por el momento, solo bebiera él. De hecho, volvió a beber con resignación.

Me gusta, emborrachando al más duro de todos. Creo que vas a ser el primero en caer, nuestro querido escocés —dijo Jennifer, dirigiéndose a Henry. —Te toca.

¿Yo? esto no es nada, señorita Jennifer. Esto es un simple aperitivo para mí —comentó, echándole una divertida mirada a la ex Ravenclaw. —Imagino que es mi turno. Se me hace difícil que poder preguntar —dijo, tamborileando con los dedos de una mano sobre la madera de la mesa. —Ah, ya sé,  yo nunca he hecho una trastada en el colegio —mintió, pero con una impasividad propia del mejor de los embusteros.

Sam miró a Henry ipso facto tras esa afirmación tan contundente y la mirada que le devolvió Henry fue de lo más divertida. ¡Eso no se lo creía nadie!

¡Venga ya, mentiroso! —Le picó con un dedo en el costado.

Vale, vale. Tenía que intentarlo —Rió. —¡Por Escocia! —gritó y dio otro trago a su copa de vodka.

Todas levantaron, inclusive Sam, el vaso para beber por ese 'yo nunca' tan bien merecido. Todos habían hecho de las suyas en el colegio en algún momento, pero estaba segura de que Henry se llevaba ahí  la corona del rey de las tratadas.

Supongo que me gusta seguir haciendo trastadas. Y bueno, no podía perder una oportunidad para beber —Sonrió de nuevo, y trasladó su mirada hacia la figura de Jennifer. —Creo que es su turno, bella Jennifer —enarcó una ceja.

Creo que Henry se llevaría la corona al Rey de las Trastadas. Hubieron dos años, ¡dos años! —Recalcó con los dedos bien claros—, en donde perdimos la copa de las casas porque este culo inquieto no paraba de perder puntos con sus gamberradas.

¡Espera, lo recuerdo! ¡Eras tú! —dijo Jennifer sorprendida. —Estaba en sexto y recuerdo que me lo había currado un montón ese año para ganar porque el siguiente no podría por los EXTASIS. Y de repente, un mes antes del final de curso, nuestro reloj dio un bajón descomunal en puntos porque un niño había decidido creerse un rebelde sin causa —dijo con una diversión descomunal.

¡Sí! ¿No te acuerdas de nuestra jefa de casa echándonos la bronca por tremenda desgracia en la sala común? ¡Fue por su culpa y el muy perro se encontraba riéndose en una esquina mientras todos nos lamentábamos por dentro.

¡Cierto! —Miró entonces a Henry. —Serás bandido... —Añadió, negando con la cabeza mientras se mordía el labio inferior divertida.

Yo recuerdo soportar a Jennifer ese año quejándose indignada porque todos sus esfuerzos fueron en vano. Ese año ganamos nosotros gracias, por lo que se ve, a ti, Henry —dijo con un porte orgulloso de, cómo no, una auténtica Gryffindor. —Aunque está claro que fue por nuestro indudable intelecto y nivel. —Todos rieron por la ironía.

Cállate, fue porque teníamos un impostor en nuestras filas.

Más bien un trasto sin causa... —dijo Sam, despeinando a Henry, el cual se encontraba ahí escuchando con diversión la conversación que iba en contra de él.

¡Bueno me toca, que nos desviamos del tema y llevo pensando una desde el principio! —dijo animadamente Jennifer. —Yo nunca he fantaseado con un profesor o profesora.

Sam bebió disimuladamente, mientras que Natalie y Jennifer bebieron con un descaro muy pero que muy divertido, como si ambas supieran del profesor del que hablaba la otra.


OFFRol: Diálogos pactados con Henry.
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Henry Kerr el Miér Oct 11, 2017 1:50 am

Un hombre rodeado de mujeres hermosas. Más que una noche de fiesta, parecía un sueño extraído de la mente de un imberbe adolescente. Pero oye, no iba a ser él quien se fuera a quejar de encontrarse en tal sueño.

No, por supuesto que no. Era una noche para aprovechar las circunstancias y divertirse en buena compañía. Pues si sólo estuviera acompañado por mujeres de singular belleza, no podría disfrutar la velada de igual manera. El físico era la primera referencia que tenía toda persona de otra, pero si sólo importase ese dato la vida sería muy aburrida.

Había invitado a Natalie porque era la chica más divertida del equipo, no porque fuera guapa. Por Merlín, si tenían el mismo gusto. No tenía posibilidad alguna con ella. Como mucho podría divertirse compitiendo con su compañera por ver quién acertaba a ligar primero con una mujer.

El pensamiento de una competición de ligue, le sonsacó una sonrisa que ahogó en un trago de vodka. Justo antes de seguir evaluando la noche y las chicas que lo acompañaban.

Jennifer era amiga de Natalie, y era tan bella como alegre y simpática. Pero la había conocido en esa misma noche. Así que en su caso ni siquiera había llegado a invitarla. Había sido por completo idea de su compañera de quidditch, por lo que le era imposible saber que llegaría otra fémina de infarto junto a ella.

¿Y qué podía decir de Sam? Oh, su Sam. Ella era la bondad hecha persona. Una bruja de gran corazón y sonrisa radiante, a la que con dificultad se podía ver de mal humor. Tan responsable como cariñosa. Tan inteligente como dulce. Jota era una mujer de una belleza que rozaba lo irreal, lo imposible, pero jamás pasaría rato con su amiga por una cuestión tan banal.

Así que allí estaba, rodeado de dos damas que había invitado por lo bien que lo pasaba con ellas, más la suma de una tercera que no se quedaba corta en simpatía. Rodeado de ninfas del Olimpo, con la siempre grata compañía de risas y buenos momentos.

En ningún momento había decidido que esa noche fuera algo más que una fiesta, pero no tenía queja alguna del destino que le había tocado.

- ¿Qué? - exclamó más que preguntar. - No, yo no…-, comenzó a decir, pero no se le ocurría ninguna excusa para escurrir el bulto. - Oh, vamos. Yo también contribuí a ganar puntos ese año. Justo antes de mandarlos por el retrete por culpa de mi encanto natural-, rió. - Eh, que yo también estaba dolido. Una cosa no quita la otra, que me riese no significa que por dentro no me doliese perder esos puntos. Y sobre todo que me doliese que me pillasen-, se carcajeó con más fuerza.

Ahora que Sam lo había recordado para todos, y para su vergüenza, no podía dejar de reír ante las remembranzas de aquellos días. Fue todo un espectáculo. Pensaba que todos los Ravenclaw le dejarían de hablar por aquello, pero por suerte, no todos lo odiaron o se molestaron por su broma mal ejecutada. Bueno, por su cagada, ya que estábamos siendo sinceros.

- Reconozco que la broma no salió del modo que esperaba, pero que fue gracioso de todos modos-, siguió riendo.

- Además de bandido, desvergonzado-, comentó Jennifer en el mismo tono que antes, volviéndose a morder el labio de forma divertida.

Un gesto que marcaba lo bien que se lo estaba pasando la ex ravenclaw, pero que desde su prisma de visión, tenía un toque de lo más sensual. Los labios de Jenny se veían carnosos, la máxima expresión de la tentación bañada en color carmesí.

- Lo siento-, rió con mayor suavidad. Dejando al borde de su mente la imagen de los labios de Jennifer. - Si hubiera sabido que todo habría acabado de esa manera, no lo habría hecho-, observó a las chicas con unos ojos que desbordaba picardía, una por una, alternado y buscando cruzar miradas con cada una de ellas. - Bueno, no me miréis así. Vale, no mentiré. Diré que al menos me lo habría currado mejor, para evitar que me pillasen-, volvió a reír.

Todos rieron por su comentario, y en especial por el sucesivo de Natalie. La ironía se marcaba en sus palabras de una forma demasiado clara y divertida, como para que alguien pudiera dejar pasar la ocasión de volver a reír.

- Eh, que soy un Ravenclaw. Lo juro-, comentó en el mismo tono alegre en el que se había convertido la conversación. - Oye, que tampoco soy un trasto-, dijo con fingido agravio, y rió. - Yo solo era un chico divertido con una imaginación desbordante, y quizás demasiado osado-, siguió riendo. - Pero olvidemos el pasado, que se nos calienta el vodka. Esta vez seré yo quien inicie la nueva ronda del juego-, enarcó una ceja, divertido,  justo antes de beber otro chupito del licor por culpa de Jennifer.

En la primera habían seguido el orden de Natalie, Sam, él mismo, para terminar con Jennifer. Y demonios, había bebido en todas las ocasiones. Cuando antes había alardeado sobre su aguante ante el alcohol, no había mentido, pero a este paso iba a acabar borracho mucho antes que las chicas. ¡Y eso no podía ser! Su orgullo de escocés estaba en juego.

- Maldición, estáis todas confabuladas en mi contra-, dijo sonriente, llenando por enésima vez su vasito de chupitos. - Bien, como había dicho. Esta vez empezará el chico sentado a esta mesa. Yo nunca he besado una chica-, sonrió con picardía antes de darle otro viaje al vasito de vodka. - Quizás, ya que están contra mí, yo también debería dejar de decir cosas que me obliguen a beber-, comentó divertido, dejando el vaso vacío sobre la mesa.

Jennifer y Natalie se miraron la una a la otra, y rieron antes de beber ambas. Daba por supuesto que Natalie tendría que beber, pero no se había esperado que su amiga también lo hiciera. Se había quedado por unos segundos con la boca abierta, pero más abierta se le quedó ante el movimiento de codo de Sam.

- ¡Jota! ¡No me jodas! - comentó boquiabierto, antes de romper a reír. - Pero donde diablos me he metido-,  dijo sin parar de reír.

Sam se rió ante la reacción de su amigo.

- Creo que suficiente información por hoy, ¿no? - contestó ella.

- No me lo puedo creer, no me digas que eres…-, comenzó a decir Natalie, antes de seguir riendo.

- Tampoco es necesario serlo para haber besado a una chica alguna vez. Tengo pruebas fehacientes de ello-, intervino Jennifer, en clara alusión a sí misma. - Y sí, lo sentimos por ti, Henry. Te has metido en un buen lío-, siguió diciendo la ex Ravenclaw, para después volver a mirar a su amiga de forma cómplice y volver a carcajearse.

No pudo evitar negar con la cabeza, en un gesto del todo divertido, ante la situación que estaba viviendo. Ni en su más profunda imaginación podría haber intuido una noche así.

- Creo que, ya que he tomado la palabra, es momento de usar mi turno-, dijo Jennifer, sonriendo con picardía al resto de los presentes. - Yo nunca he tenido fantasías sexuales con un amigo-, comentó manteniendo la misma postura entre sensual y divertida, y después tomó un trago de vodka.

Natalie explotó de risa, y no tardó en tomar también su ración de alcohol. Él negó con la cabeza de forma aún más acusada, pero finalmente también tomó un trago de vodka. Bien parecía que en esta ocasión tomarían todos menos Sam, pero… la realidad fue bien distinta.

- ¿Pero quién es esta mujer? ¿Dónde está mi amiga? -, se carcajeó. Tuvo que apoyar el rostro sobre la mesa de la potente risa que le había dado, y golpeó varias veces la mesa con el puño cerrado, muerto de risa. - Sam, creo que me debes una explicación-, dijo cuando estuvo más sereno, enjugándose las lágrimas de los ojos.

Parecía que Sam se había comido una bombilla de luz roja y que eso estaba haciendo que toda su cara se iluminase en color rojo. Se estaba riendo tanto que cuando Jennifer dijo su siguiente 'yo nunca' por casi no pudo beber. Para colmo, la reacción de Henry solo empeoró las cosas pues continuó riéndose.

- Todavía no estoy tan borracha como para contarte eso Henry. Pregúntame dentro de una hora, que a este paso te cuento hasta mis más oscuros secretos. - dijo divertidísima, abanicándose con su propia mano.

- ¿Tus más oscuros secretos? ¿Te parece poco lo que ya ha salido a la luz? - siguió riéndose.

- Vamos Henry, tú también has sido un chico malo. Has tenido también tus fantasías con profesoras y amigas-, metió baza Natalie, en parte centrando la atención en el escocés.

- Amiga mía, no puedo estar más de acuerdo contigo-, aprovechó la ex Ravenclaw para seguir el juego de Nati. - Tú también tienes oscuros secretos, querido impostor-, dijo, dándole un tono de lo más sensual al apodo que le había dedicado.

- Veo que me voy a quedar con ese apelativo de por vida-, contestó, negando con la cabeza una vez más. - Y ya que estáis tan interesadas en saber mis oscuros secretos. Os puedo decir que no sólo tenía fantasías con esa amiga en cuestión...-, dejó la frase en el aire, y tomó un trago de vodka por cuenta de la casa, sin importar el juego.

- Ohhh-, comentaron al unísono tanto Natalie como Jennifer, mirándose la una a la otra, y partiéndose de risa en cuanto lo hicieron.

- Eres toda una caja de sorpresas, señor Henry. Y ya que estás tan abierto… quizás sea un buen momento para sonsacarte más información-, comenzó a decir la ex Gryffindor, con un gesto malicioso en el rostro. - Yo nunca he tenido fantasías con la amiga de Henry-, dijo, lanzando una mirada significativa a Sam, y después tomando un trago de vodka.

Henry se quedó embobado por unos instantes, mirando a Sam, y luego a Natalie, para después volver a mirar a Sam y seguir con el ciclo sin fin. Al menos hasta que bebió un trago de vodka.

- Eres todo un pillo Henry-, comentó Jennifer, clavando una mirada pícara sobre él.

- ¿Yo? ¿Por? - preguntó confuso, alternado esta vez la mirada entre Jenny y Natalie, que lo miraban de forma extraña. - Oh-, dijo, entendiendo lo que había pasado. - Oh. Oh. No. No. La amiga con quien tenía fantasías era otra. Mi ex, para ser exactos. Pero como dijiste amiga de Henry…-, agitó la cabeza con fuerza. - Me he liado. Me he liado. Supongo que ya me empieza a hacer efecto el alcohol. O será la costumbre de que siempre bebo por vuestras culpa, malditas-, rió.

Las chicas también rieron, para su fortuna. Las había conseguido distraer, porque la verdad es que había bebido porque había tenido alguna que otra fantasía con Sam cuando era mucho más joven. Fantasía o pensamiento de amorío, más bien. Con el pasar del tiempo se hicieron tan amigos que todo eso quedó atrás. Jota era como una hermana para él, así que esos sentimientos pasajeros quedaron relegados y perdidos en el pasado.

En fin, al menos la escena le había servido como prueba suficiente de que estaba un poco borracho, y de que no controlaba bien sus pensamientos. Ya que se podría haber ahorrado explicaciones y medias verdades, si no hubiera tomado un chupito en esa ocasión.

Pero esa era una larga historia que ahora no tocaba rememorar. No era el momento, pues la fiesta debía continuar.

- Un poco de compasión, féminas-, se excusó, y les guiñó un ojo.

- Bueno, me toca, aunque he de decir que no tengo tanta perversión como para hilar tan bien los 'yo nunca', ¿vale? Además, aquí la gracia es que bebamos todos, aunque no sé cómo lo hacéis pero siempre lo hacemos. - Comentó divertida, excusándose de antemano ante su próximo 'yo nunca'. - Yo nunca... yo nunca me he tirado un peo y le he echado la culpa a otro de ello. - Y fue la primera en alzar el vaso y beber mientras miraba inocentemente a todos a su alrededor.

Cuando escuchó a su amiga, por un momento rió y la miró divertido. Luego bebió un trago de vodka, como no, y volvió a carcajearse.

- De todos los tragos que he tenido que dar, reconozco que este es el que más vergüenza me ha dado-, se enjugó las lagrimas producto de la risa. - La cosa se nos estaba yendo de las manos, menos mal que mi dulce Sam está aquí para evitar que me desmadre demasiado-, comentó con cierta, dulzura, y se inclinó hacia adelante para darle un beso en la frente. - ¡Si es puro amor! - exclamó.

Jenny y Natalie también estaban partiéndose de risa, y por supuesto habían bebido una vez más, ante el “yo nunca” de Jota. Cada uno de ellos estaba consiguiendo que casi todos bebieran en cada una de las ocasiones, lo cual era lo más divertido de ese juego.

- Se nota. Es muy dulce-, comentó Natalie, clavando la vista sobre Sam. - Pero esto no debe parar aquí. ¿Aún os atrevéis a seguir? Cada vez será más comprometedor-, auguró la rubia.

Por supuesto que se atrevían. En esa noche nada los detendría en su afán por divertirse. Ronda tras ronda, más risas los acompañaban, y la botella de alcohol iba menguando. Esa velada sería memorable.
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Henry KerrMagos y brujas

Sam J. Lehmann el Jue Oct 19, 2017 1:18 am

¿Que no eras un trasto? —preguntó incrédula y divertida. —Eres el niño más trasto que jamás he conocido, Henry Kerr, ¡no me vengas con esas! Diría que fuiste un chico divertido, con demasiada imaginación y en vez de osado diría hiperactivo —respondió, para entonces asentir y apoyar la idea de seguir con el juego.

Seamos sinceros, a Sam no le gustaba mucho ese juego porque no sé cómo lo hacía, pero muchas veces tenía que beber y luego cuando le tocaba decir algo nunca se le ocurría nada ingenioso. De verdad, le daba la sensación de que todo lo de ese juego se relacionaba siempre con sexo e intimidades sexuales y de eso Sam tenía poco o nada, así que jugar le resultaba... en cierta manera incómodo, sobre todo ahora que literalmente le acababa de decir a Henry una confesión que no le había dicho a nadie nunca. ¡Y ahora de repente se iban a enterar dos tipas más!

Para empezar tuvo que beber con el primer 'yo nunca' que soltó Henry. La primera vez que Sam besó a una chica fue en su séptimo curso, con una chica de su misma generación de Gryffindor que estaba mucho más segura de su orientación sexual de lo que estaba la ravenclaw. Fue una situación que ahora mismo recordaba y le parecía de lo más graciosa, ¿dónde estaría esa chica ahora? Al beber, la mirada de Henry hizo que Sam por poco no escupiese la bebida y es que... enterarse repentinamente no solo de que tu amiga es de la otra acera sino que ya ha tenido sus propias experiencias, quizás era un poco fuerte. ¿Pero lo más divertido? Cuando Jennifer de repente dice el 'yo nunca' que más vergüenza le ha dado beber de toda su vida. ¡Yo nunca he tenido fantasías sexuales con un amigo! ¡Pero será perra! Sam tuvo que beber porque en aquel juego era orgullo ya admitir tus pecados. La reacción de Henry volvió a hacer que la cara de la chica se volviese roja de lo mucho que se estaba riendo, incluso que hasta le dolieran los mofletes de mantener la sonrisa. Pero eso sí que no. Lo del beso se lo podría contar, ¿pero decirle que la protagonista de esas 'fantasías' o más bien 'deseos' era Caroline, su ex novia y su mejor amiga? ¡Era terrible! Aunque nunca lo hubiera admitido: le daba vergüenza sentir eso por ella. Era su amiga. ¡No se deben sentir esas cosas por una amiga! Y lo peor: ¡era la exnovia de su mejor amigo! ¡No se sienten esa cosas por la exnovia de tu mejor amigo!

Ante su matización de que si le parecía poco lo que había salido a la luz, Sam no pudo evitar abrir los ojos con preocupación. —Créeme, tengo muchos secretos más oscuros —dijo con un rostro que denotaba cierta diversión. En realidad no sabía si tendría lo que había que tener para decirle la verdad.

En el siguiente 'yo nunca' no tuvo que beber, pero por casi no se muere de la vergüenza cuando Natalie bebió. ¿Estaba ligando con ella? ¡Estaba coqueteando con ella! Las mejillas de Sam se quedaron coloradas y, tras una pequeña mirada que le lanzó, la apartó tímidamente para mirar a Henry, que decía que había tenido esas fantasías con Caroline. ¡Normal! Era imposible que hubieran sido con Sam. Desde bien jóvenes habían tenido una relación tan unida y fraternal que era sencillamente improbable. O al menos, eso era lo que pensaba Sam. El día que se enterase que esa contestación iba por ella, seguramente se echasen otras risas.

Tras el 'yo nunca' que soltó Sam como última de esa ronda, relacionado con los peos, todos volvieron a beber, echándole una mirada de lo más comprometedora. Es lo que siempre decía el padre de Sam: la diversión y la caca, van cogida de la mano. Y claro, un peo es primo segundo de la caca.

Entre carcajadas, risas y confesiones inesperadas, continuaron jugando a ese juego hasta que tuvieron que recargar un par de veces más la copa y acabarse con aquella botella de vodka que las chicas habían conseguido. Quizás fue una hora después, más o menos, cuando eso ocurrió. Jennifer, junto a Sam, dieron el último trago a sus respectivas copas, siendo las últimas en acabarlas y justo ese momento fue cuando comenzó el momento del baile de Sam. Ya estaba en su salsa. Estaba lo suficientemente borracha como para bailar cualquier cosa en cualquier estado, de hecho, en aquel momento estaba sonando esa típica música latina para mover las caderas, pero con una base lo suficientemente potente como para levantar a cualquiera de su silla.

Fue Sam, ahora bastante borracha, la que se levantó de su taburete —y casi cayéndose por el camino— y sujetar la mano de su amigo fuertemente mientras hacia playback de la canción y movía un poco las caderas. —¡Vamos a bailar! ¡Todos, vamos! —Ella, por su parte, arrastró a Henry a la pista central mientras bailaba, rodeándose instantáneamente de personas que estaban allí dándolo todo.

Se puso frente a él, sujetó una de sus manos y comenzó a bailar con su amigo. Pudo ver por el rabillo del ojo como las dos chicas también se unían a la pista, aunque ellas dos se quedaron bailando entre ellas, contándose cosas probablemente tanto de Sam como de Henry. De la misma manera que ellas cotilleaban, Sam tenía un par de cosas que decirle a su amigo, por lo que se acercó a él para gritarle cerca de la oreja y que pudiese escucharle a pesar de la música altísima que había en esa zona. —Ya sabes que yo no sé mucho de cortejar personas, ¿pero son cosas mías o tu amiga me ha tirado los trastos en varias ocasiones? No sabía ni en dónde meterme...  —preguntó divertida, aún con las mejillas un tanto sonrojadas. Eso sí, no se sabía si del alcohol o de la timidez. —¿Y Jennifer? ¡No paraba de mirarte! —Le recolocó con cariño el cuello de su camisa, un gesto que le encantaba hacer con él. Finalmente volvió a acercarse a su oreja. —Me hago mucha pipi, pero antes quiero bailar un par de canciones hasta cansarme. ¡Baila conmigo!

Alzó la mano que sujetaba la de su amigo, de tal manera que ella dio una vuelta bajo ellas, después de eso, comenzaron a bailar todo tipo de canciones: la primera era latina, la segunda algo más electrónica y, por último, una remix de Beyoncé que... ¿a quién no le gustaba la reina del POP?

No supo cuantas canciones estuvo bailando con Henry, pero se notaba acalorada y muy, muy feliz. Eso sí, en cierta ocasión vi pasar una mano alrededor de la nuca de Henry, una mano perteneciente a Jennifer que reclamaba un rato al escocés para bailar con él. Sam sonrió a la chica cuando ésta le pidió 'permiso' con la mirada, ya que no le importaba lo más mínimo. Por su parte, la siguiente canción que sonaba, que era de Lady Gaga, la de Born this Way, hizo que Sam cerrase los ojos y bailase a su bola. No fue hasta abrir momentáneamente los ojos, hasta que vio a Natalie delante de ella sonriendo ampliamente. Se acercó a Sam hasta pegar su rostro a su oreja y poder hablarle para escucharle a través de todo el ruido. —Jennifer te ha robado a tu amigo y vine a hacer mi buena obra de la noche —le sonrió.

Sam le sujetó las manos con una sonrisa de borracha en el rostro.

¡Gracias! No me gusta bailar sola. ¡Aunque en realidad me estoy haciendo pis y Henry no podía acompañarme! ¿Me acompañas? —le preguntó con una hiperactividad inusual en ella. Sólo salía cuando estaba borracha.

Claro, vamos. —Aceptó sin poder resistirse a sonreír por la espontaneidad de Sam. Le sujetó la mano para salir entre la multitud sin perderse, hasta que llegaron a la cola. Allí la música se escuchaba mucho menos y aunque los oídos ahora mismo estuviesen entumecidos, se podía hablar mucho mejor. —Qué raro, una cola kilométrica en el baño de las chicas...

Fue Sam quién sacó conversación, ya que como bien he dicho, estaba bastante hiperactiva y, aunque se sintiese un tanto cohibida por la presencia de Natalie, a estas alturas ya le daba igual. El poder del vodka.

¿Por qué crees que quería venir con compañía femenina? —preguntó divertida—. ¿Y cómo te lo estás pasando? Henry me habló de ti en varias ocasiones, pero no fue hasta jugar al 'yo nunca' que le creí con eso de que eras muy divertida —dijo mientras reía. —Creo que mañana tendré agujetas en el vientre de todo lo que me he reído con vosotros.

---------

Mientras ellas estaban haciendo cola, Jennifer se encontraba bailando con Henry ahora una canción más melosa, la típica latina que se baila bien pegados. ¡No era lista ni nada la chica! A pesar del mutuo interés, Jenni era una persona a la que le gustaba conocer a las personas antes de precipitarse y por mucho que supiera de Henry maravillas por lo que le hubiera dicho Natalie y la muy buena impresión que había recibido, todavía tenía muchísima curiosidad.

Se acercó a su oreja para poder hablar con él.

Ya decía yo que de algún pie debía cojear el escocés. ¡No sabes bailar! —le recriminó divertida. —¿Qué manera de mover las piernas son esas? ¡Me vas a pisar! —De hecho, Jenni le pegó un ligero pisotón juguetón que no hizo daño, más bien era por molestarlo. —Vas a tener que dar mejor la talla. —Se separó entonces de Henry y le hizo una señal con el dedo índice de que se acercara para tener un baile decente con aquella canción de fondo.
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Henry Kerr el Jue Dic 21, 2017 5:02 am

La descripción que le había dedicado su amiga Sam no era del todo correcta. Según su propio punto de vista no era nada trasto… Vale, un poco trasto sí que era, eso no lo podía negar, pero tampoco es que fuera un chico hiperactivo. Imaginativo sí, en eso había acertado de lleno, pero más que hiperactivo había sido un niño inquieto.

Su imaginación sólo era superada por su curiosidad, y si mezclabas ambas cosas, con una pizca de travesura, tenías un Henry Kerr. Por esa razón había sido un auténtico dolor de muelas para sus profesores y en especial para la jefa de la casa Ravenclaw. Aunque en el fondo apreciaba a sus profesores, y creía que ellos también lo estimaban a él.

En el fondo no era mal chico. Sólo revoltoso.

- Para nada. No soy en absoluto un trasto-, negó, pese a que esa frase no se la creyera ni él mismo.

Por ese motivo no pudo evitar estallar de risa después de decirlo.

- Bueno, un poquito-, reconoció al final, sonriente, para después tomar otro trago de vodka sin esperar a otra ronda del juego de beber. - Pero que sería de la vida sin un poco de travesura-, respondió, enarcando una ceja observando a las chicas una a una, posando la mirada unos segundos más en Jennifer.

Por supuesto la joven notó su mirada, muy descarada como para que no se notara. Sin embargo, creía ver que la bella amiga de Natalie aceptaba el juego personal que había comenzado con ella. No notaba rechazo, y eso abría una puerta. Una puerta que escondía pura tentación tras el umbral de esta.

- ¿Bailar? - preguntó, con una voz que no pudo esconder que el alcohol había hecho más mella en su cuerpo, de lo que estaba dispuesto a reconocer. - Supongo que habrá que bailar si no queda más remedio.

Nadie era perfecto en esta vida. Y por supuesto el bueno de Henry no era una excepción. Era su talón de Aquiles, pues cuando bailaba parecía cualquier cosa menos una persona danzando, más bien aparentaba un hombre electrocutándose. Sobre todo con esa música moderna que ahora mismo sonaba en la discoteca.

Sí, con ese tipo de música, porque con algunos bailes de salón si se desenvolvía mucho mejor. Bastante bien para ser un aficionado. Legado de su padre, que lo había obligado de niño a tomar clases de baile. Por supuesto tuvo que ir a regañadientes, y como todo lo que a día de hoy le recordaba a su familia, lo odiaba. Odiaba bailar, odiaba el recuerdo de esas clases.

Todo buen caballero debe saber bailar. Y todo buen Kerr es un buen caballero. Casi podía escuchar las palabras de su padre resonando en su cabeza. Maldito él. Aunque no podía negar que aquellas clases le habían servido para salir bien parado de alguna fiesta de estirados magos. Cómo eran todos los amigos de los Kerr, después de todo.

Detestaba a su familia, y también a sus amigos, pero ahorrarse un bochorno nunca estaba de más. Incluso con gente que no apreciaba.

Nada más terminar el hilo de sus pensamientos se encontró frente a Sam, bailando de forma que era preferible no recordar, y escuchando sus palabras.

- No te gusta el quidditch. Pero seguro aún así me entenderás si te digo que mi amiga quiere hacer un tanto con tu precioso y esbelto cuerpo-, contestó con descaro, fruto del alcohol, y también porque con Sam no habían secretos ni medias tintas. - Natalie está pujando fuerte por ti. Y ya que he descubierto esta noche que mi mejor amiga me escondía secretos-, hizo un gesto colocando la palma de su mano sobre su pecho y haciendo que le dolía el corazón como si le diera un infarto. Después rompió a reír. - Intentaré no morir ante tu falta de amor hacia mi persona. Pensaba que éramos amigos-, dijo en tono burlesco. - Y sobre Jennifer… Lo siento. Un caballero no puede hablar de este tipo de asuntos-, rió y le guiñó un ojo. Cómo si pudiera tildarse de caballero, y de no hablar de esas cuestiones, cuando le había dicho bien claro y directo lo que pasaba con Nat. - Sólo puedo decir que noto buenas vibraciones. Y que como sé que eres una chica lista, aprovecharás tener una mujer tan guapa como Natalie a tu disposición-, le guiñó el ojo nuevamente.

Siguieron bailando un buen rato, pese a la confesión de Sam. Cómo hacía su amiga para aguantarse el pipi sin dejar de moverse y bailar, era todo un enigma para él. En cualquier caso, sintió una mano que lo reclamaba al tocarle la nuca, y al mirar hacia atrás pudo comprobar que se trataba de Jennifer. El intercambio de miradas entre las mujeres fue todo lo necesario para sellar el trato donde el Kerr era vendido.

No se quejaría. De ningún modo lo haría. Y aprovechando la ocasión, nada más notar que tocaba cambio de pareja, empezó a caminar hacia atrás dejándose arrastrar por Jennifer, a la par que se despedía con la mano de Sam de forma cómica.

- Adiós Sam, no sufras mi ausencia-, comentó jocoso.

Dicho esto tocó girarse y comenzar a bailar con su nueva pareja. Tomó de la cintura a la bella Jennifer, y se movió lo mejor que pudo. Teniendo en cuenta su nivel de baile con ese tipo de música, y lo borracho que iba, lo mejor que podía dar… no era lo más deseable.

- ¿Sólo cojeo de un pie? Yo pensaba que cojeaba de los dos. No puedo pensar de otro modo al verme bailar-, dijo divertido, acercándose a la chica que se alejaba de él, sin perder el ritmo de la música.

En cuando la joven se dejó atrapar de nuevo en una zona donde tenían más espacio para bailar, la hizo girar sobre sí misma.

- Hey, pero este duro escocés aún se guarda algún as bajo la manga. Cosas de magos-, sonrió a la chica.

Apuró el momento, y se pegó más a ella para notar mejor su cuerpo.

- No se me da bien bailar. Pero al menos soy simpático-, dijo esta vez con voz cálida, aprovechando que estaba pegado a ella, bailando una canción más apta para sus aptitudes con la danza. - Quien no se consuela es porque no quiere, ¿no crees?

- Estoy totalmente de acuerdo-, respondió ella, acomodando su rostro en el hombro del Kerr, y dejándose llevar. - Me lo estoy pasando muy bien. Y creo que Natalie también. ¿Has notado como le ha echado el ojo a tu amiga? - se rió.

- Sería difícil no haberlo notado-, se carcajeó al escuchar a Jennifer. - Tendremos que dejarlas un rato a solas-, comentó divertido, con un gesto pícaro.

Cómo no mostrarse pícaro, cuando dejar a solas a Natalie y a Sam significaba una cosa, que también ellos estarían a solas.

Le guiñó un ojo a Jennifer, y siguió bailando pegado a ella.
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Sam J. Lehmann el Vie Dic 22, 2017 12:28 am

¿Cómo? —preguntó con cara de tomate mustio. ¿Meter un tanto? Lo hubiera entendido a la primera si no llega a estar tan borracha. —¿Meter un tanto? —Pero entonces, repentinamente, lo entendió y abrió la boca rápidamente en una perfecta 'O' que la hizo incluso retroceder un pasito. En realidad le parecía divertido, pero ese tomate mustio acababa de coger color y ahora, toda su cara, tenía un color bien rojo por haberse ruborizado con tanta facilidad y rapidez. Se quedó sin saber qué decir, mirando de reojo a donde se encontraban ambas amigas para luego mirar a su amigo de nuevo y darle un ligero y suave golpe en el hombro. —No te escondía secretos, pero estaba esperando al momento adecuado para decírtelo. Ya te lo contaré todo. —Le prometió y claro, estando borracha y ese actual estado, hasta contarle lo de Caroline parecía una buena idea. Pero estaba segura que mañana por la mañana no pensaría lo mínimo y se moriría de vergüenza.

Samantha tenía bien claro lo que Henry esperaba de Jennifer y no le cabía la menor duda de que lo conseguiría. Él era una persona cortés y seductora a partes iguales, ni la preciosa de Jennifer podría hacer nada por resistirse a sus encantos. ¿Pero Sam? ¿Aprovecharse de una mujer tan guapa como Natalie? Su cara volvió a ser la de un tomate mustio. —¿Aprovecharme? ¿Yo? —Soltó una carcajada divertida de manera repentina al ver esa opción tan jodidamente ridícula.

Henry tenía en muy alta estima a Sam, ¿acaso él no sabía lo vergonzosa que era y lo tímida con respecto a cualquier tipo de cercanía con otra persona interesada en ella? Ahora porque estaba borracha y su timidez se veía eclipsada por la emoción del momento, además de su hiperactividad, pero Samantha no servía para ir ligando por ahí, mucho menos para ser ligada. Era horrible. Pero bueno, las cosas fluyeron como tenían que fluir y, como era de esperar, Sam terminó en la cola del baño con Natalie mientras que Jennifer y Henry bailaban tranquilamente en la pista de baile.

Natalie se rió por la sinceridad de Sam, apoyándose en la pared con uno de sus hombros y cruzándose de brazos, mirando a Sam, la cual estaba totalmente apoyada en la pared con la espalda y los pies entrecruzados.

Pues me lo estoy pasando muy bien y eso que tenía mis dudas. Soy más de pubs con la música bajita que de este estilo... —Miró alrededor. —Pero ahora entiendo por qué Henry insistió en venir a un sitio así teniendo a una amiga tan amante del baile.

Ella sonrió, ruborizándose levemente.

Ya... es una de mis pasiones frustradas, porque se me da fatal —confesó, ya que ella bailaba, sin exagerar, como un pato siendo víctima de un ataque epiléptico.

Qué exagerada.

No lo intentes, yo sé que bailo fatal —le dijo rápidamente. —Lo tengo asumido como parte de mis limitaciones.

Pues a mi me gusta. —Y Sam esbozó una sonrisa cerrada y tímida, mirándola de reojo.

***

Jennifer bailó con Henry una canción mucho más melosa y tranquila, aprovechando para pegarse a su cuerpo y, de esa manera, poder estar más cerca de su oído, su cuello y su rostro. Ella era de esas chicas que era bien consciente de su atractivo, segura de sí misma y con una capacidad de seducción increíble. Entre eso y que Henry parecía corresponder su interés, ahora mismo estaba muy cómoda junto a él. Su amiga Natalie le había contado cosas buenísimas del menor de los Kerr y, para ser sinceros, se lo había vendido bastante bien, pese a que Jen había ido esa noche a pasárselo bien y no precisamente a ligar. Pero oye, ya que había surgido esa misteriosa química...

Ven, tengo una idea. —Le susuró, para entonces cogerle una de sus manos y arrastrarlo, suavemente, hacia fuera del tumulto de gente.

Se dirigió a la barra y pidió de manera sugerente varios chupitos de tequila, con su respectivo limón y su respectiva sal. La chica los miró con picardía, para luego mirar a Henry y acercarse a él un poco para poder hablarle.

Apuesto a que sabes a qué juego quiero jugar —dijo, sonando mucho más traviesa que hace un rato. —Yo, por mi parte, tengo muchas ganas de comprobar cómo sabes... —¡Ay! Esta mujer estaba borracha y si a eso le sumábamos que no tenía ningún tipo de vergüenza en decir lo que pensaba... ¡iba muy directa! Le sujetó la mano a Henry y pasó la lengua seductoramente por su dorso, para entonces echar ahí la sal y que se pegase, además de coger un trozo de limón y acercarlo a su boca. —Sujétalo. Pero es mío. —Le guiñó un ojo.

Luego sujetó uno de los chupitos de tequila y lo elevó, mirando a Henry. Se tomó la sal de la piel de su mano, luego se tomó el chupito y, acto seguido, se acercó a la boca de su acompañante para arrebatarle el limón.
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Henry Kerr el Sáb Ene 27, 2018 5:47 am

La química entre el escocés y la dama de esbelta figura era más que notable. Se notaba a la legua que ambos disfrutaban de la compañía del otro. Esas palabras juguetonas con segundos significados escondidos, esas miradas que derretían hasta el hielo más grueso.

Pero si creían que el único momento de pura química estaba sucediendo entre los dos chicos junto a la barra, era porque no se habían fijado bien en la conversación que ocurría entre la ex Gryffindor y Samantha.

Unas dulces palabras sobre baile. A veces para ser simpático y agradable con alguien no hacía falta decir nada especialmente hermoso. No había que ser poeta para demostrarle a una persona que le gustabas. Sólo hacía falta demostrar aprecio por ella, y sin duda, Natalie estaba siendo muy amable con su amiga Sam.

Porque, con sinceridad, Jota era su mejor amiga. La personificación de la dulzura  y la bondad sobre la tierra. Pero por dios, que mal bailaba. Él no es que fuera un gran bailarín, mucho menos de esa música tan con tanta marcha, pero es que Sam por lo general solo bailaba cuando estaba algo templada. Y bueno, no hacía falta decir los problemas que causaba el alcohol en el sistema locomotriz de un ser humano.

- Vamos, un poco de autoestima, Sam-, comentó Nata, acercándose sonriente hacia la ex Ravenclaw.  - Casi nadie en esa pista de baile sabe lo que hace. Prácticamente todos somos personas que no sabemos bailar, salvo alguna que otra, y que sale ahí para disfruta el momento. Para olvidar los pesares del día a día, y dejar atrás el estrés-, comentó Natalie, pegándose más a su interlocutora.

La compañera de quidditch de Henry no era de las que dudaban a la hora de coquetear. Natalie era franca y directa cuando ligaba, incluso cuando no estaba segura de si a la otra chica le gustaban las mujeres. Así que si a esta ecuación le añadimos que se notaba que a Nat le gustaba mucho Samantha, y que sabía, por el juego de antes, que a la susodicha Sam le gustaban las chicas.

- Eres muy bonita, ¿nunca te lo han dicho? - acarició su rostro con delicadeza. - Seguro que te lo dicen a menudo-, sonrió a la ex Ravenclaw.

Aprovechando la posición de Sam, Natalie colocó un brazo por el otro lado de esta, quedando la ex ravenclaw atrapada entre el brazo de la antigua leona, y su propio cuerpo. Justo en ese instante Nata dio un beso en la comisura de los labios a su rubia compañera. Suave, dulce.

- No sólo me gusta como bailas. También me gustas tú-, le confesó, sin apartarse.

La encerrona era real, pero al mismo tiempo ficticia. Para Jota no sería difícil escapar. Si es que de verdad lo deseaba…

***

Mientras Sam caía entre las garras de una valerosa felina, Henry por su parte caía en la trampa de una inteligente águila, pero no menos valiente que su homónima leona. Si Natalie desbordaba osadía y lanzaba sus cartas en un ataque frontal, como buena representante de su casa en Hogwarts. Jennifer hacía lo propio con el poder de su mente y un nuevo juego de copas y alcohol.

Dos estilos diferentes. La misma sensualidad inherente en ambas mujeres.

- Qué sabroso limón-, comentó coqueto, después de sentir el roce los labios de Jenny cuando le arrebató el fruto de sus propios labios.

Luego dibujó una sonrisa en el rostro que estaba trazada con un enorme toque de picardía, y tomó sal para echársela en el dorso de la mano como hubiera hecho ella. Finalmente agarró el vaso de tequila, chupó la sal, y se bebió el chupito de un solo trago.

Tocaba lo más difícil. Tomar el limón. Ya que debía intentar agarrarlo sin que se cayera, y para ello… debía pegar bien sus labios contra la deliciosa prisión escarlata que aprisionaba el fruto.

¿Sería un poco indecoroso que rozara tanto los labios de Jennifer? Por supuesto que no.

Sentir su suavidad una vez más, después del primer contacto que habían tenido cuando ella había capturado el limón por primera vez, fue un segundo regalo de puro placer.

- Muy sabroso-, dijo Jennifer, dibujando ella, en esta ocasión, la picardía antes mostrada por el Kerr. –Me toca recuperar el limón.

Henry sonrió como respuesta, y se colocó el limón en la boca como preparativo. Jenny hizo los propios, sal en la mano, y agarrar el vasito de tequila. Aunque con una nada sutil diferencia. La joven no dudó en poner la sal en el dorso de la mano de Henry, no en la suya.

Sabía muy bien que pasaría, cómo no saberlo, pero no sería un obstáculo alguno a la idea de la ex ravenclaw. Muy al contrario, sería divertido. Y muy placentero, cómo pudo comprobar cuando la lengua de la mujer se deslizó por la superficie de su piel. Todo un adelanto de lo que era capaz de hacer esa chica con el desparpajo suficiente.

Después vino un tercer falso beso con el juego del limón, pero por juego que fuera, no dejaba de ser agradable notar los labios de la mujer contra los suyos.

- Natalie y Sam están tardando demasiado, ¿no crees? - dijo, aunque su mente estaba más centrada en el recuerdo del contacto con Jennifer, que en lo que había comentado.

- Sí, pero seguro que andan jugando como nosotros. Estarán bien. Mejor seguimos con nuestro propio juego-, respondió divertida la fémina, colocándose el limón en los labios por segunda vez.

Henry rió levemente. Tomó el tarrito de sal y echó la sal sobre el dorso de la mano de la mujer…
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Sam J. Lehmann el Lun Ene 29, 2018 2:40 am

Se encontraba con la espalda pegada a la pared de aquel estrecho pasillo, a unas cuatro chicas de que les tocase entrar en el baño. Cada grupo estaba a lo suyo; y ellas no eran menos. Natalie intentaba hacer que Sam se creyese de verdad que bailaba bien, pero eso era algo imposible: Samantha Jota Lehmann bailaba mal, ella lo sabía y, pese a ello, seguía bailando como una loca en la pista de baile siempre que tenía oportunidad. Tenía vergüenza a muchas cosas en esta vida, pero no precisamente a bailar mal y demostrarlo. —Yo sólo bailo porque me gusta... —respondió, segura, aunque un tanto inquieta por el hecho de que cada vez la chica estaba más cerca de ella.

No le incomodaba; más bien se sentía confundida. De repente la mirada de aquella despampanante mujer no era sólo cautivadora y atractiva, sino que había llegado a un punto en donde esa mirada tenía como fin seducir a la universitaria, profunda, afilada y terriblemente sensual. Y que le dijese que era muy bonita mientras acariciaba su rostro no arregló la situación, sino todo lo contrario. Se derritió frente a ella, siguiendo con su mirada cómo sus labios besaban la comisura de los suyos, haciendo que su embriaguez hiciese parecer que todo iba a cámara lenta. Sam entreabrió la boca suavemente, pero no para decir nada, ni siquiera para intentarlo. En realidad lo único que hizo fue coger aire, ya que se le había olvidado hasta respirar.  

Quizás en un momento en donde estuviese sobria, la cosa hubiera sido totalmente diferente, pero teniendo en cuenta la cantidad de alcohol que ahora mismo estaba en su organismo, sus decisiones fueron totalmente impulsivas, basándose en el terrible deseo que de repente aquella chica había despertado en su interior. Se hizo hacia adelante para dar un 'casto' beso en los labios ajenos, buscando aquello. Un segundo fue lo que pasó antes de que los labios de ambas chicas se volviesen a buscar, besándose con deseo. Y no. Sam no estaba pensando en nada, sólo sintiéndose terriblemente complacida por hacer lo que el fuego de su interior le estaba incitando a hacer. Se sentía con la adrenalina por los aires, siendo la primera vez que besaba a alguien de esa manera.

Uno, tres o siete minutos después—a saber—, fueron interrumpidas.

¿Perdona? —dijo una chica, super borracha, muy cerca de ellas, para que la escucharan. Ambas se separaron y la miraron, Sam roja como una tomate. —Perdón por cortaros el rollo, chicas, pero me hago mucha pipí y ya os toca. Que soy defensora del amor liberal y todo eso, pero me voy a reventar como siga aquí esperando mucho más tiempo.

Lo siento, lo siento... —murmuró Sam, pasando por debajo del brazo de Natalie y entrando al baño para cerrar la puerta tras de sí. Le iba el corazón a mil. Se miró al espejo, deslizó sus dedos por sus labios y sonrió, mordiéndose el inferior.

Tres minutos después, salió al exterior y la chica que las había interrumpido entró atropelladamente al interior para evacuar toda la pipí que parecía estar estresando a su vejiga. Natalie la esperaba al final del pasillo, por lo que caminó hasta ella, tropezándose por el camino y perdiendo un poco el equilibrio de lo borracha que estaba. A decir verdad, todo le daba vueltas de una manera muy preocupante.

¿Estás bien? —le preguntó Natalie al verla.

No del todo... estoy un poco... provocada... —respondió.

No sé cómo tomarme eso... —dijo divertida.

¡No, pero no por eso! —Se excusó rápidamente, sonriendo tímidamente y volviendo a moderse el labio inferior. —Creo que he bebido mucho y muy rápido... pero créeme, ojalá no hubiésemos estado en la cola para el baño. —Le susurró al oído, con intención de que darle a entender que lo peor de todo había sido la interrupción.

——————————————————

Dejó que Henry tomase el limón de sus labios con tranquilidad, sin apartar su sensual mirada de sus labios ni sus ojos ni en un sólo momento. Sin embargo, cuando volvió a ser el turno de ella en donde atrapar de los labios ajenos el limón, no dudó ni un momento en quitar son suavidad el limón de allí y probar al escocés como ingrediente final de su tequila. Y era mil veces mejor que cualquier limón agrio. No habló; no dijo nada. Solo atrapó sus labios con lentitud, pasando una de sus manos por la nuca del chico, atrayéndolo hacia él, intensificando el beso y notando el sabor a alcohol en él.

¿Sabes qué? —susurró en el oído ajeno cuando se separó de él. —Me encanta buscar a aquellos que me gustan, pero lo que más me gusta es que me busquen aquellos que me desean. Y tú estás en ambos grupos. —Mordió el lóbulo de su oreja.

Natalie le había hablado muy bien de Henry y, por desgracia para la ex-Ravenclaw, en persona el escocés ganaba muchísimo más no sólo físicamente, sino también con su personalidad, su galantería y su humor. Entre eso, las miradas y el alcohol... la química había surgido entre ellos de manera casi inmediata.

Volvió a acercarse a sus labios para besarlo, pero por el rabillo del ojo vio como Sam y Natalie se acercaban a ellos cogidas de la mano. Jennifer le dio un golpecito a Henry para que mirase esa imagen tan linda, echándole una mirada de lo más salseante.

¿Mucha cola en el baño de las chicas? —preguntó Jennifer para romper el hielo, echando un ojo a las manos unidas de las chicas, haciendo que Sam, de la vergüenza, la soltase.

Sí, bastante... —respondió Sam, acercándose a Henry para abrazarlo en la absoluta decadencia, sintiéndose cada vez peor no sólo por lo revuelto que tenía el estómago, sino también por la sensación en su cabeza en donde todo parecía que iba a terminar creando un torbellino a su alrededor. —Estoy mareada, Henry...

Natalie miró a Henry, sonriendo un tanto divertida por la situación.

La iba a llevar a su casa, si te parece bien. Yo de todas maneras ya estoy cansada y así te puedes quedar tú un rato más por aquí. Prometo cuidarla muy bien. —Claro que hubo intenciones, pero una vez se dio cuenta de que Sam se encontraba mal, ese interés más íntimo había pasado a un terreno secundario y ahora de verdad que quería llevarla a casa a que descansase.

Sí, no quiero cortarte el rollo... —Saltó Sam, acercándose a Natalie y quedándose a unos centímetros de ellas para que no 'se notase nada raro', cuando estaba claro que TODO EL MUNDO era consciente de que ALGO había pasado. —Me voy con ella.

Y entonces Jennifer se apoyó en el hombro de Henry.

¿Y tú me llevas a mí? —le propuso, sonriente.
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