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Los monstruos son reales. Viven dentro de nosotros, y a veces, ellos ganan [Priv.]

Niara Soyinka el Vie 14 Jul 2017 - 13:26

Diario de investigación. Propiedad de Eric McKinn. Primera hoja.

He apuntado con perfecto detalle los diferentes marcos teóricos y de procedimiento que me guiarán a lo largo de la puesta en práctica de esta teoría que he querido demostrar hace años, años de estudio y dedicación, con la esperanza de que el lineamiento sobre el que se construye mi investigación me conduzca al éxito de mi experimento. Los basamentos en que me apoyo, en caso de probarse, podrían revolucionar el campo de las artes oscuras. Serían la prueba de que hemos vivido en el engaño. Atrás quedarán las blasfemias y chapucerías de Adalbert Waffling sobre las leyes fundamentales de la magia. Ése no era más que uno de los amigos de Dumbledore, con quien mantenía una asidua correspondencia. Y como él, no era más que un viejo chocho y ciego al descubrimiento, que se dejaba amedrentar por las limitaciones más absurdas. Estos personajes indeseables han honrado muy poco el afán por el conocimiento de otros, más sabios e ilustres que ellos. Han querido asustarnos con fábulas y cuentos antes de ir a dormir, pero la verdad nunca será silenciada. No para las mentes más sobresalientes.

Mi investigación está exenta de necios prejuicios e iluminada por al ansia del conocimiento. Aclarado mi convencimiento y mi deseo por perseguir la verdad y liberarnos de las patrañas con las que los traidores y pudorosos nos han entorpecido en el cumplimiento de nuestro deber moral para con la comunidad mágica, procedo a dar comienzo con este diario. Y lo haré con estas oportunas palabras que dijera el sabio Herpo: “Que algo sea terrible, lo hace tentador de ser descubierto por las mentes sabias de brujos osados e inteligentes. Pero los necios, esos corren y se esconden de lo que no comprenden, condenados a ser mandados por otros, más sabios, más terribles, más poderosos”.

El resto del diario, eran páginas en blanco. Pero ni la pureza inmaculada del papel podía ocultar la obsesión o la locura que era contenida entre esas páginas de horror.

*Herpo el Loco, aparentemente viene con las ranas de chocolate. “Fue un antiguo mago oscuro griego. Es uno de los primeros magos oscuros conocidos y su trabajo sigue siendo un aspecto permanente de las Artes oscuras hasta la fecha”.

***


Le habían colocado una capucha negra sobre la cabeza, como hacían con los animales para aplacar sus nervios camino al matadero. Hasta que no veían la cuchilla, no empezaban a chillar. Pero podían presentir el peligro como algo real. Niara, en ese momento, era uno de esos animales. La llevaban a la sala de contención. Extraño, porque allí solían enviar sólo a las criaturas. Aquel lugar de destino era la cuna de pesadillas que ni siquiera su imaginación podía recrear con tanto detalle. Y Niara Soyinka sería la más horrible de todas esas pesadillas.

Había registros de que un Nundu africano había sido domesticado. Y se sabía que era una de las bestias más salvajes, y peligrosas. ¿Cómo es que el hombre se las arregla para domesticar algo de una naturaleza tan irracional y monstruosa? Imponer con la fuerza, es lo primero. Pero incluso la criatura más peligrosa, tiene reflejos en función de sus más primitivas necesidades. Y al ansia, siempre será la sujeción más poderosa.

Dale de comer a la bestia. Y puede que aprenda a obedecer. Después de todo, el dicho es bastante claro: “Nunca muerdas la mano que te da de comer”. Pero, esta bestia en particular, ¿de qué se alimentaba?, ¿cuál era su naturaleza?, ¿cuál el alcance de su poder? Para llegar a saberlo había que quitarle la máscara del hombre. Niara era sólo piel. Lo que había debajo, eso era lo que importaba. Eso y el éxito del experimento. Un experimento del que Niara no podía escapar.

El sujeto de experimento creía recordar episodios y sensaciones. La habían llevado al extremo, amenazando su vida. Y después, una nube de olvido. La habían colocado junto a otro preso. Nunca jamás supo lo que ocurrió con él. Tenía la vaga impresión de oír el tañido familiar de unas campanillas antes de perder la consciencia. Era imposible para ella saber lo que ocurría después.

En Uagadou, le habían enseñado a canalizar la magia, pero su resistencia era inútil. No había forma de retirarse al templo de la mente cuando el ansia se imponía dentro de ella. Y ya no estaba segura de que lo olvidara realmente, o de que los sueños fueran sueños, o que el hombre fuera hombre, o que la bestia fuera bestia. Pero era seguro que había lagunas en su memoria, y si no era ella durante esos lapsus, entonces, ¿quién?, ¿o qué?

***

—¡Gates, no podría estar más encantado de verte!—Diríase que aquel encuentro no era más que una sorpresa. Pero esa era una cualidad que tenía el inspector: darle a su trabajo un tono de casualidad totalmente falso. Lo que había entre ellos, era trabajo. Le tendió una mano jovial. ¡Gargolas galopantes!, todo era encantador en ese hombre, desde su rubia cabellera hasta sus lustrosísimos zapatos. Tenía, además, unos dientes blanquísimos, una apostura envidiable y llevaba un traje caro e inmaculado—Te prometo que no supondré un inconveniente. Me da tanta pena que nos veamos sólo en estas ocasiones. Mi mujer está tan ansiosa por tener un almuerzo contigo, ¡el popular guardián de Slytherin! (que viejos que parecemos ahora, ¿no es así? Estoy casado con una hermosa mujer y una excelente madre y ama de casa; y tú; casado con tu trabajo). Es una buena mujer, verás. Me lo está recriminando todo el tiempo: “¿Por qué no invitas a tus colegas a comer?”. ¿Sabes? Creo que ella solía animarte en las gradas. Me pone un poco celoso, confieso. Pero sí que me encantaría tenerte en mi mesa. Te me escabulles, pero créeme que nada me gustaría más que una conversación de colegas. Pero procura no hablar mucho de trabajo. Mi esposa es una mujer sensible, la pobrecilla.

El inspector se desenvolvía con naturalidad a medida que avanzaban por el blanco pasillo, cordial y muy respetuoso de las formas. Era esa clase de empleados del nuevo gobierno que brillaban por su optimismo, lo que hacía que las sombras de sus secretos fueran todavía más intensas. Curioso hombre. Podría decirse que pertenecía al mundo de las intrigas, pero él era absolutamente franco con sus intenciones. Nunca las ocultaba. Y sus comentarios, solían ser igual de directos, aunque con cierto tacto.

—Me llegó una lechuza de que habías rechazado a una lady de sangre pura. Ya sabes cómo me gusta mantenerme en contacto con las respetuosas familias de nuestros días. Te quieren de vuelta en su mundo, Gates. Debe ser tan molesto tener a viejos suegros babeándose por ti. Tristemente diré que nunca llegué a conocer a fondo al padre de mi mujer antes de que muriera de viruela de dragón. Una tragedia. Pero apuesto a que nos sorprenderás uno de estos días con una Sra. Gates. Tienes que saber que mi casa siempre te dará la bienvenida, a ti y a tu futura esposa. Ah, y antes de que me olvide, mi mujer hace unas langostas de maravilla, me ha pedido especialmente que te lo recuerde (no serás alérgico, ¿verdad?). Entre tú y yo, ha mejorado mucho desde que nacieron los niños, ¡esos mofletudos revoltosos! Antes de ellos, la cocina siempre olía a incendio forestal (¡mi elfo domestico sufría tanto con los intentos de la señora de la casa de cocinar para su marido!). Ah, la pobrecilla.

Finalmente entraron a la ‘pecera’, como solían llamar a aquella habitación desde la cual se podía observar a través de ventanales de cristal. Aquella habitación actuaba como mirador, en tanto que lo que tenían delante de sus ojos era una sala de contención, muy sofisticada y reforzada por encantamientos.

Aron apoyó su portafolio sobre una mesa y tomó asiento, que era a lo que estaba acostumbrado: ocupar su lugar de crítico y observador. No había experimento con promesas de éxito que no fuera avalado por su sello. Era él el que hacía los informes de lo que sucedía dentro de Azkaban, después de todo. Dentro del portafolio guardaba documentos de alto secreto, todos relacionados con la ciencia del progreso. Su rol podía parecer una simple formalidad, pero si quería, él podía cancelar experimentos y aplastar carreras.

—Me entusiasmé cuando me hablaste de esto, Gates. Entre tú y yo, fui muy compasivo con McKinn. Por los viejos días. Pero también porque fue una mente brillante antes de… Bueno, tú sabes acerca de aquel fatal accidente que sufrió la hermana. Estaban tan unidos. Sally siempre me pareció encantadora. Una tragedia. Nuestras familias querían que nos casaramos, ¿sabes? Pero fui oportuno al notar que ella estaba algo… perdida. Y eso puede arrastrar a la desgracia incluso al más noble de los apellidos.

Agitó la varita, describiendo una floritura muy elegante. Sobre la mesa, se materializó una tetera a punto, junto a dos tacitas de té. Aron se había cruzado de piernas y parecía haber adquirido un aire menos superficial, introspectivo y sereno.

—¿Un poco de té?—ofreció, dispuesto a servir—Quiero que sepas que si hubiera sido cualquier otro, me hubiera negado en rotundo. No por algo tan estúpido como que “la muerte de McKinn pesa sobre mi alma”, sino porque no tolero dos veces el mismo fracaso. Pero confío en tu instinto. Haz tu magia, Gates, y que todos en el ‘simposio de los horrores’ se asombren de tu hallazgo. Porque si consigues algo de esto, estoy seguro de que será extraordinario. Casi tanto como verte fracasar.

Lo último sonó un poco ambiguo, pero Aron se limitó a saborear su taza de té con los ojos puestos sobre Gates y el asomo de una sonrisa.


¿Ábreme?:
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Silvanus D. Gates el Miér 19 Jul 2017 - 4:17

No había dejado de lado sus propios proyectos, pero había dedicado bastante tiempo de su trabajo a la investigación del caso de McKinn. Alguien como Gates no podía simplemente obviar aquel evidente acto de magia oscura que ambicionaba con revolucionar la manera de verla y de incluso ir en contra de las leyes de la magia. No podía. Por eso se había hecho concienzudamente con el diario de McKinn y había abierto un apartado expresamente dedicado a ese proyecto en el suyo propio.

Experimento McKinn.
Sujeto de experimentación: Niara Soyinka.
Tiempo de experimentación: Hoy hacen cuatro semanas
.

Dos personas en un solo cuerpo. Uno físico que luchaba por sobrevivir y una enfermedad que eliminaba la voluntad del sujeto. Dos mentes convivían en una misma cabeza, compartiendo aire, compartiendo recuerdos, compartiendo el cuerpo y compartiendo habilidades. Sin embargo, cada una de ella, deseaba tomar el control. La presa no tiene fuerzas para sacar de su interior algo tan poderoso, pero lo que está en su interior tiene el suficiente poder como para dominarla.

A priori, pueden pasar dos cosas: que la enfermedad domine la voluntad de la humana o que formen un solo ser, lo que haría que el sujeto se volviese loco, sin saber quién es, sin saber quién fue, sin estar segura de quien quiere ser.

No voy a volver a someterme al contacto directo con la presa en cuestión siempre y cuando esté en pleno uso de sus facultades. Enfrentarme al recuerdo de Sarah McKinn supone un riesgo innecesario para mi bienestar y cordura y, por lo que he leído en el diario de McKinn, es algo que a él le superó.

Hoy comenzamos con la undécima prueba basada en el método Pavlov.  
Se espera poder domesticar a la bestia a la par que alentamos la salida de la enfermedad por encima de la voluntad de la humana. El objetivo es ver hasta dónde es capaz de dominar a Niara Soyinka.

Había comenzado ya con la práctica de su teoría desde hacía unas semanas, dejando descansar a Niara lo suficiente para que no terminase fuera de sí antes de tiempo. No pretendía destrozar a la humana en vano, sino utilizarla en pos de conseguir un resultado, aunque eso la destrozase en el proceso. La vida de alguien como ella se volvía valiosa en estas circunstancias; si la perdía a ella, perdía todo el avance.

La práctica consistía en el famoso método muggle del fisiólogo Pavlov en donde se apoyaba en la ley de reflejo condicional. El experimento tradicional consistía en hacer sonar un metrónomo justo antes de dar alimento a un perro, llegando a la conclusión de que cada vez que el perro tenía hambre y escuchaba el metrónomo, comenzaba a salivar aunque no estuviese la comida delante. Pavlov estudió la adquisición de nuevas conexiones de estímulo-respuesta y de eso es de lo que se aprovechaba Silas en aquella ocasión. Se pasó todas esas semanas haciendo sonar una campana a la vez que alimentaba a la bestia del interior de Niara, haciendo que Sarah McKinn tomase la posesión de ese cuerpo en el que residía. La estaba... domesticando. Consiguiendo mediante ese método que Sarah saliese siempre que Silas lo desease y fuese capaz de actuar bajo sus propios deseos. Así, poco a poco, conseguiría más terreno en el cuerpo de Soyinka e iría, lentamente, perdiendo su humanidad.



Ese día, nada más sonar la alarma de su reloj, dejó de escribir en su diario y salió por la puerta de su despacho en dirección a la zona de experimentación en donde trataba con la presa. No la estaba tratando en el mismo laboratorio en donde pudo entrar en su mente y probablemente no lo volvería a hacer. Sin embargo, ese día no parecía ser uno de esos días en donde iba a conseguir progreso, ya que un hombre que le molestaba tanto o más que una piedra dentro del zapato, hizo aparición. Por desgracia, a ese tipo de personajes no podía quitárselos de encima, no cuando eran lo que reportaban su trabajo. Al menos era consciente de que al menos Gates no era hombre de muchas palabras, mucho menos cuando lo invadía de esa manera en medio de su trabajo.

Intentó ser amable, dentro de lo posible.

Los dos sabemos que yo era el favorito del equipo, no había quién me colase la quaffle. La única esperanza del equipo contrario era que su buscador fuese mejor que el nuestro.

Alardeó con una sonrisa ladeada, disculpando así a su mujer y el hecho de que obviamente la animase a él. Sin embargo, hablar de la futura esposa de Gates hizo que Silas pusiese ligeramente los ojos en blanco. Él no buscaba amor pues dudaba mucho que algo así pudiese generarse en su interior, pero no quería casarse con una cualquiera que no le aportaría nada más que un vientre para un heredero de apellido Gates. Quería algo más que eso, algo que si bien no le llenaría el corazón al menos le llenase la mente.

Con el oído atento a las palabras de Aron pero sin intención de contestar ninguna palabra, entraron a aquel lugar alto en donde había una especie de cristalera que te permitía ver otra habitación, perfectamente blanca e impoluta, a un nivel más bajo de dónde se encontraban ellos. No estaba vacía, sino que un preso, débil y bastante entrado en años, permanecía sentado en una silla en una de las esquinas. Silas se puso frente al cristal, dejando su diario sobre la mesa que tenía delante mientras continuaba escuchando al hombre.

Sarah McKinn estaba enferma y sus acciones hicieron que su apellido se manchara de locura e indecencia, Aron, no tienes que ser delicado hablando de ese tema. McKinn ya no está aquí para ofenderse. Muchas personas como nosotros se dejan consumir por la magia oscura y terminan perdiendo la cabeza. No es la primera a la que le pasa, ni tampoco será la última.

Respondió, sereno y bastante serio. Su misma familia había sido igual de enferma que la más joven de los McKinn y no por eso le daba pena ninguno de ellos. Asintió silencioso ante el ofrecimiento de té por parte del informante.

Sin embargo, la última frase de Aron hizo que el extirpador se girase lentamente para echarle una mirada de lo más impasible, cargada, de hecho, de cierto rencor. Seguro que se regocijaba en el fracaso de aquellos que siempre han estado por encima de él. Aquella frase y, por su parte, notoria satisfacción ante el posible fracaso de Gates, hicieron que el extirpador sintiese la piedra de su zapato molestando intensamente. Jamás dejaría que el fracaso de aquel experimento salpicase en su carrera ni en su historial. Si aquel experimento fracasaba, lo cual era altamente probable, no iba a dejar que Aron se hartase de ello ni mucho menos que lo hundiese. De eso se encargaría personalmente si hacía falta.

¿Cuándo me has visto fracasar?

Preguntó a la vez que la puerta de la habitación que se veía a través de la cristalera aparecía un celador con la presa Niara Soyinka con una capucha en su cabeza. El celador miró al extirpador y éste asintió con la cabeza, justo para quitarle la capucha a Niara.

Estate atento a cuando yo apriete este botón.

Le advirtió, dejando un tiempo de espera entre la humana Niara Soyinka ante lo que tenía delante: aquella habitación, aquel compañero de desgracias... Pronto, dejaría de ser ella.
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Niara Soyinka el Lun 24 Jul 2017 - 1:17

Su nombre era Ted, Ted Willington. Su novia le decía: “Teddy, mi amor”, siempre que se hacía el dormido por las mañanas. Había tantas cosas que le hubiera gustado decirle antes de que un mortífago la matara frente a sus ojos. Y hacía tan solo un día que se habían enterado que serían padres.

—¿Qué es esto?, ¿¡adónde… adónde me llevan!?—Una sombra del hombre que fue, eso es lo que era Ted en medio de aquella gran jaula para ratas. El guarda sonreía con una mueca asquerosa, quitándole las esposas. Lo estaba liberando, sólo porque sabía muy bien que de allí no había escapatoria. Ted, tembloroso, con el paso enclenque y aterrado, recorrió las blancas paredes con ojos desesperados, y se detuvo de cara hacia el cristal, sin saber qué querían de él. Pero no estaba solo. Había alguien con él, una mujer, encapuchada— ¿Qué…qué hacen conmigo?—gritó, escupiendo saliva. Miró a la mujer una vez, y otra. Pero no se acercó a ella. No habló con ella. Nada de aquella situación le gustaba. Era inquietante. Una sensación de peligro parecía querer alarmarlo de algo terrible.

Los dejaron solos. A él y a la mujer. La mujer habló, todavía sin quitarse la capucha—ni siquiera se habían molestado en quitarle las esposas—, con una voz lastimada:

—¿Tu nombre?

—… ¿¡Qué quieren de mí!?—Ted no le hizo caso y se adelantó, de cara a aquel mirador desde donde, era de vaticinar, había ojos observando—¿¡Qué es esto!?

—Tu nombre—insistió.

Ted se volteó hacia la capucha, consternado. Su propia voz tartamudeaba y la respiración intranquila hacía que su pecho se agitara. Allí, en Azkaban, era un hombre sucio, pusilánime, atormentado por fantasmas. Pero el horror que conocería en aquella sala de contención, sería real.

—¿Qué…qué…

—Lo único que recuerdo, es esto: un preso, como tú, es traído por el guarda. Luego, pierdo el sentido. Creo escuchar un sonido… como campanas. Luego, nunca volveré a saber nada de ti—reveló, por último, con voz queda. Ted cayó de rodillas al suelo, sollozando—… Vendrán a por mí, y lo que veré será esta sala, tan blanca como la primera vez. Pero algo en mí se sentirá diferente, y esto se repetirá otra vez…

—Chris…—alcanzó a decir Ted, hundido en sus lamentaciones.



— El nombre de mi hijo: Chris Willington…

—Ya veo. Bonito nombre—Y agregó, con la voz quebrada—: Lo siento.

***

—¡Es repulsivo!—exclamó Aron, fascinado. Moderaba sus expresiones, como hombre comedido que era, de finos modales y sonrisas de salón, pero no había podido evitar levantarse de un tirón y pegarse a un palmo del cristal, hipnotizado por el espectáculo. Detenido en observar cada detalle, se llevó la mano al bolsillo escondido de su traje en un gesto mecánico y desenvolvió una barra de chocolate— ¿Y dices que el proceso es similar al de un horrocrux? Oh, lo siento, ¡que grosero!, ¿quieres uno de estos? ¡Mis niños los adoran!

Del otro lado del cristal, Ted Willington aullaba al borde de su muerte, pero la vida se le hacía demasiado larga y dolorosa, mientras que una criatura grotesca cercenaba su carne, luego de haber sido el juguete de los horrorosos caprichos de ese monstruo. Porque eso es lo que hacía: jugar con la comida.

Primero, Ted había visto la aparentemente dolorosa transfiguración que sufrió el cuerpo de la mujer, que cobró dimensiones espeluznantes, hasta adquirir una apariencia deforme, atroz, con cuatro patas, la cabeza dada vuelta, los colmillos salientes y la baba espesa chorreándole de las fauces abiertas. Era difícil precisar la definición de sus contornos, porque un aura nebulosa— ¿o sería el terror que perturbaba su visión?, un terror paralizante, real, que lo atravesaba agudamente como ponzoña—, oscura y terrible envolvía a esta bestia, de respiración áspera y dificultosa, que emitía un chillido inhumano, penetrante, ensordecedor. El preso hubiera querido morir allí mismo, sobre su propia orina.

Y entonces, sucedió.

—¿Lena?—Era ella, la madre de su hijo…con el bebé, Chris, en brazos. Ted esbozó una sonrisa, embargado por la emoción. Esa era la imagen que más deseaba ver en todo el mundo, la que tanto había soñado desde la tragedia, lo que más deseaba en el mundo—Lena…

Ted se aproximó a voluntad hacia la cautelosa, inofensiva, horrida figura de la bestia que tenía delante. Avanzó con los brazos extendidos en un gesto anhelante, y la criatura dejó que posara sus manos en su piel desnuda y húmeda, dejó que acercara su rostro de entrañable felicidad a su boca anormalmente ancha, desfigurada, salivosa y llena de colmillos. No reparó en el aliento putrefacto o en la viscosidad de la piel. Hasta que su hijo, apretando tiernamente el pulgar paterno, abrió la boca y se arrojó hacia su padre para devorarlo.  







ASDSAD:
Niara estaba de lo más impaciente por salir frente a las cámaras, porque le dije que la iba a transformar en una vampiresa sedienta de sangre (?). La idea le habrá resultado muy romántica, vaya a saber. Ahora no me habla. Dice que soy un user horrible que le hace cosas horrible y que la da vergüencita volver a salir. Ay, ¿pero no es verdad que salió preciosa? asdasasdads
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Silvanus D. Gates el Lun 31 Jul 2017 - 4:16

Como llevaba pasando todas estas semanas, la reunión entre presos se celebró como se esperaba. Ella reaccionó como se esperaba, movida por esos impulsos que, poco a poco, se iban grabando a fuego lento en su mente como si fuesen uno sólo con ella. El extirpador, sereno y observador, se quedó con los brazos cruzados admirando lo que ocurría en aquella sala blanca que, después de unos minutos, dejó de estar impoluta. Las personas que terminaban en aquella habitación con Niara eran personas que no poseían ningún rasgo que al Área-M le interesase; eran sencillamente prescindibles. De hecho eran más útiles muertos porque dejaban sus celdas libres para nuevos sujetos.

El patrón siempre surgía igual y eso sí que lo tenía claro. Desde el primer momento no había habido ningún tipo de variación. La parte más oscura que ahora mismo residía en el cuerpo de aquella chica salía a la luz cuando sonaban las campanas y rara vez dejaba a nadie con vida. Si ya de por sí Sarah McKinn poseía un gusto exquisito por la violencia, verse encerrada en un cuerpo que no es el de ella y utilizada de esa manera, debía de sacar su extremo odio interior. Sin embargo, aunque el patrón siempre surgiese igual... Silas desconocía, de un modo más intrínseco, como es que la auténtica Niara era totalmente eclipsada por McKinn. ¿Quizás se ha rendido?, ¿ha decidido dejar de luchar? Silas apuntó en su diario una idea, fugaz pero quizás reveladora.

¿Y si se enfrenta a un ser querido de Niara Soyinka, sería capaz de opacar a Sarah para protegerlo y luchar contra sí misma?

En realidad conocía bien poco de la vida anterior de Niara, ya que todo lo que le importaba de ella había sido después de ingresar en el Área-M, pero debía de comenzar a preocuparse en ámbitos más amplios y completos, ver si de verdad Sarah cogía todo el poder o Niara seguía teniendo la última palabra en la voluntad de su cuerpo.



Fue Aron quién hizo que Silas dejase de lado sus propios pensamientos para prestar atención a su fascinación y a sus preguntas mientras se comía una chocolatina de chocolate. De repente a Silas le surgió la duda de si decir chocolatina de chocolate era redundante. ¿Una chocolatina, al tener el choco- delante, ya sugiere que sea de chocolate o hay chocolatinas de caramelo y galletas, por ejemplo? El extirpador frunció el ceño ante su duda inesperada y aceptó. No le parecía el tentempié más serio para ese tipo de trabajos, pero debía de admitir que como mata-hambre ocasional estaba bien. Y la verdad es que para personas como ellos, ver lo que estaban viendo no era precisamente algo que quitase el hambre, sino todo lo contrario, al menos por parte de Silas.

Recibió la chocolatina y fue desenvolviéndola con paciencia.

Más o menos. La presencia del huésped, por decirlo de alguna manera, fue insertado en la chica de la misma manera en la que se sigue el procedimiento de creación de un Horrocrux. Pero no por ello quiere decir que sea un Horrocrux. Dicho en palabras más fáciles: Niara Soyinka es el recipiente de un alma diferente. Con esa definición una persona podría creer que se trata de un Horrocrux, pero por norma general un artefacto oscuro de ese calibre lo que hace es guardar una parte de un alma de una persona que esté viva, ¿no es así? El alma que contiene Niara es completo y es el alma de una persona que ya está muerta. Al menos, por lo que se ve, físicamente.

Fue entonces cuando, aún mirando la visión del interior de aquella habitación y sin mirar a Aron, mordió su chocolatina y la mordió con cierto gesto aniñado muy poco frecuente en él. Cuando terminó de comerse ese trozo y tragó, fue cuando se giró hacia Aron.

Lo que estoy haciendo ahora mismo es comprobar qué porcentaje de poder puede llegar a alcanzar ese alma que no pertenece al cuerpo y, para ello, la estoy domesticando y haciendo que sus efectos surjan en otras personas, por eso no la trato directamente. Todavía no sé hasta donde es capaz de llegar esa huésped, ni tampoco lo que es capaz de soportar la anfitriona. La idea es ver si lo que comenzó McKinn puede llegar a resucitar, de una manera completa, un alma en el cuerpo de otra persona. De hecho, ahora mismo, es lo más cerca que existe de eso. Ahora mismo, el invitado tiene absoluto control del cuerpo que ha invadido. Sin embargo...

Hizo una pequeña pausa para volver a mirar al cuerpo de Niara. Esa chica todavía tenía mucha guerra que dar aunque a simple vista el alma de Sarah pareciese estarla consumiendo por completo.

Todavía queda mucho por saber. Por lo pronto estoy estudiando el comportamiento del huésped, pero todavía me queda poner a prueba a Niara. Ver qué es capaz de soportar y si de verdad es partícipe de lo que ocurre o simplemente está siendo eclipsada por la invasión. Es un proceso largo, pero hay que ir poco a poco. El cuerpo de Niara resiste a duras penas ese tipo de posesión por parte del alma y tiene que descansar si queremos resultados óptimos. En un principio estimé que la magia oscura consumiría a la chica antes de poder llegar a ningún tipo de resultado, pero mírala... Lo soporta.

Volvió a morder otro trozo de la chocolatina. Era evidente que decir chocolatina de chocolate era totalmente redundante: si tiene choco- delante es por algo.
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Niara Soyinka el Sáb 5 Ago 2017 - 13:56

—¿Lo está?—susurró Aaron, pensativo, sin perderse una sola palabra de cuanto le revelaba el extirpador. “Muerta”, había dicho, sobre la menor de los MnKinn. ¿Estaría realmente muerta?, ¿o podía ser que aquel fuera un acercamiento a la no-muerte? Tenía sentido. Históricamente, se mencionaban en los libros antiguos la existencia de una brujería por medio de la cual la energía vital de un mago podía restituir la vida de otro. Había casos certificados de gente que había vuelto del ‘letargo definitivo’, quince o veinte minutos después de la muerte. ¿Y si ese intervalo pudiera ser extendido en horas, días, semanas? Tantas posibilidades. La magia era una fuente inagotable de estudio. Puede que tuvieran que agradecer que Eric McKinn estuviera loco por querer traer a su hermanita de entre los muertos. ¿Y acaso no había sido aquello una noble iniciativa, al fin y al cabo? Lo que ocurriera con Niara Soyinka en el proceso, era intrascendente. Otros dirían que era una pena, ¡y seguro que tenían razón! Aaron no era un malvado. Pero, el avance que un supuesto éxito aportaría a la ciencia, bueno, eso, valía todos los esfuerzos. Y llegados a ese punto, todos olvidarían a la pobre chiquilla, la mártir. Porque lo que perduraría sería la fama de la teoría. Nadie nunca lloraba por las ratas de un experimento. ¡Ni hacía falta caer en sentimentalismos de mal gusto!—¿Y cómo estás encarando este experimento?

La idea de domesticar a una criatura así de fascinante, hizo que Aaron se sonriera. Sólo a Gates podía ocurrírsele algo así. Era bien cierto que dentro de Azkaban, la planta de extirpadores estaba llena a rebosar de personalidades orgullosas, arrogantes, y hasta delirantes. Pocas veces resultaban realmente brillantes. Sí, la tasa de experimentos prometedores era mucho más baja de lo que todos allí pensaban. Porque claro, cada uno de esos ‘cerebros de la ciencia’, estaban tan seguros de su propio genio, que no se preocupaban de otra cosa, ni siquiera de la verdadera viabilidad —o para el caso, ‘utilidad’— de sus experimentos. Ellos simplemente apostaban por sí mismos, porque su más grande limitación era su propio ego. Aaron lo lamentaba mucho, pero el caso es que eran unos apostadores terribles. Si alguno se dedicara al juego, quedaría en bancarrota y muerto de hambre. Porque no puedes comerte tu valiosa autoestima, por muy alta que sea. Pero Gates, bueno, él, le resultaba alguien más realista. Quizá porque sabía lo que era caer en el lodo. El caso es que no parecía que le gustara repetir dos veces el mismo error. Así y todo, era evidente que confiaba mucho en sus capacidades, quizá demasiado, pero incluso entre tanto jugadores, él le apostaba a cosas que otros no se atreverían siquiera a imaginar. Y había que decirlo, Aaron había visto muchas cosas en su vida, pero nunca algo como eso.

—No creas que quiero cuestionar tus observaciones, pero no diría que ‘posesión’ sea un término adecuado. Yo diría que eso de ahí es una nueva criatura para el catálogo de bestias. Te lo pondré de esta manera: un hombre lobo no está poseído, pero sufre su transformación para convertirse en una versión inconsciente de sí mismo, este cambio es una parte de lo que es, una bestia que muda de piel. ¿Y has visto lo que son esos salvajes? Pierden sus hábitos civilizados si pasan mucho tiempo en el jardín. Puede que pase lo mismo con la tal Niara Soyinka tarde o temprano, que pierda sus modales… Soyinka, me pregunto de qué me suena este nombre. Como fuera, ¡me has dejado encantado! Y otra vez, debo insistir, cuando te hagas un tiempo, déjame invitarte a cenar, porque las langostas de mi mujer son exquisitas… ¿Qué es eso que está haciendo justo ahora?—preguntó, interesado, de cara al cristal—Diría que está mirando hacia aquí—La idea no lo cohibía ni un poco, muy al contrario—¿Tú crees que pueda hacer eso?

***

¿Dónde iba a parar el juicio racional del hombre cuando el lobo se apoderaba del cuerpo en luna llena?, ¿dónde iba a parar Niara cuando no era dueña de sí misma? En algún lugar de su inconsciente; pero lo que era imposible saber con certeza era si se trataba del suyo propio, ¿o el inconsciente de la bestia? Era, sin duda, un sitio en el que sólo su mente podía moverse, o proyectar una imagen desesperada de sí misma, encerrada en laberintos de oscuridad, de horror, en el que cada giro era un violento estremecimiento. Y donde, sin embargo, empezaba a hacer conexiones, sobre su identidad, sobre la identidad de la bestia, pero que olvidaría luego, al volver a despertar. No del todo. Algo regresaría a ella en la forma de sueños de pesadilla. Pero no eran los sueños lo que asustaba a Niara, si no, la posibilidad de no despertar la próxima vez.

Aunque una parte de ella había llegado a asimilar que podría no despertar, y que quizá, puede que no fuera lo peor que le pudiera pasar, que podría llegar a vivir con ello, si es que algo de ella sobrevivía. Ya no sentía aquel miedo paralizante que la acechaba al principio, cuando no entendía lo que estaba sucediendo con ella. Ahora, lo comprendía. No de una forma científica como Silvanus Gates, si no, con la intuición. De alguna manera, empezaba a sentirse más comprensiva hacia los apetitos de la bestia, que hacia los maltratos que tenía que vivir día a día en prisión bajo la excusa del progreso y la ciencia.

¿Qué piensas que harías tú si muy dentro de ti supieras que anida una bestia? Preguntarle a Remus qué se siente ser una loba en el armario y armar un grupo de autoayuda . Lo que todos hacemos. Te adaptarías. Y hasta imitarías algunos de sus hábitos. ¿Pelear contra la bestia? Es una opción. Pero guardar las garras no le serviría de nada a Niara en su situación. No, lo que ella deseaba, era morder, arañar, despedazar. Matar. Ya no con la idea de escapar. No porque Azkaban ‘venciera al final’. Pero, porque ella podía hacerlo. Contra los verdaderos monstruos. Los magos que observaban todo ese dolor en la maldita Azkaban y no hacían nada por detenerlo.  

***

Y era cierto, aunque decir ‘mirar’ pareciera impreciso, porque era difícil saber dónde esa cosa tendría los ojos. Pero, habiendo devorado su aperitivo, la criatura alzaba las fauces en su dirección, hacia arriba, hacia el cristal, casi como si pudiera adivinar qué o quiénes —pero eso sería terrorífico— había allí, devolviéndole ‘la mirada’. Las luces en la ‘la jaula’ parpadearon, de un momento a otro, como si se tratara de una baja de tensión, que no quería ceder.

—Impresionante—susurró Aaron, contemplando con asombro el vaho de la criatura pegándose contra el cristal. Los encantamientos de protección y repulsión no le permitían dañar el mirador, pero había trepado hasta allí, hasta ellos. Si la miraba detenidamente, Aaron se daba cuenta, que lo que sentía era terror. Había palidecido, sí, pero su curiosidad era más fuerte. Se llevó a la boca su último bocado de chocolatina y sólo habló luego de tragar, como un hombre con modales—Te lo digo, esta es una nueva criatura. ¿Le has enseñado algún otro truco?
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Silvanus D. Gates el Dom 20 Ago 2017 - 20:02

La equivocación, derrota o quizás una nueva perspectiva que ni el propio Silas había visto, era algo que el extirpador aceptaba en su profesión cuando por norma general no lo aceptaba en ninguna otra circunstancia. Era, como cabría esperar, una persona sumamente orgullosa por sus logros, conocimientos y actos, pero lo cierto es que se quitaba el sombrero ante revelaciones en su propio ámbito de trabajo que su análisis metódico no había sido capaz de vislumbrar.

Se mostró solemne, sereno y bastante atento a las palabras de Aaron cuando éste afirmó con tanta seguridad que posiblemente no estaban frente a una posesión, sino ante una nueva bestia a la que poder catalogar como criatura. Una criatura mágica creada por el hombre y la magia oscura, pero al fin y al cabo, una bestia que podría tener una peligrosidad similar a la de una mantícora si se le adiestraba para ello. No todo lo que dijo convenció al extirpador, pero sí que le abrió otra posibilidad que muy de seguro investigaría. ¿Quién nos dice que, al final de todo esto, un licántropo no es más que otro experimento fallido de antiguos científicos que jugaron de más con la magia negra? Lo que había conseguido McKinn y ahora, en herencia, Gates, significaba un antes y un después, al menos en la rama en la que se movían. Ahora, como bien decía su acompañante, lo primero era saber con quién trataban. ¿De verdad era una nueva criatura o todo se queda en un ámbito más místico y se trata de una posesión, así como había pensado Gates todo este tiempo?

Lo miró con paciencia, admirando su teoría con un asentimiento.

Tienes tu punto con esa teoría. Supongo que a corto plazo y, una vez trate con Niara y no con la bestia que está en su interior, eso se mostrará por si solo. Pero tiene mucho sentido lo que dices. Uno está tan obsesionado con descubrir lo que desconoce, que al final no es capaz de ver que ha creado algo de lo que siempre se ha rodeado.

Entonces la mirada del extirpador volvió a desviarse al interior de aquella habitación, más concretamente a la supuesta mirada que aquella bestia insistía en observar en aquella dirección. La pregunta de Aaron hizo que sonriese, admirando esta vez, la seguridad con la que actuaba la bestia que estudiaban.

Sí... Es inteligente. Más de lo que piensas y más de lo que nos gustaría. No es la primera vez que está en esa habitación, ni tampoco la primera vez que hace lo que acaba de hacer. Sabe que está siendo observada. Sabe que esta no es la primera ni será la última vez que estará en esta habitación y... me supongo, como cualquier ser vivo y su instinto de supervivencia... no quiere estar preso. Busca la manera de salir; de ver quién le está dominando. Está... curioseando en su pequeño momento de fingida libertad.

Él estaba ahí para investigar qué narices había creado McKinn y cómo aprovecharse de ello, viendo hasta dónde podía llegar, por lo que la pregunta de si le había enseñado algún otro truco le sentó un poco mal. ¿Se creía que estaban ahí para enseñarle trucos a aberraciones mágicas que no sabían contenerse por sí solas? Él estaba ahí para estudiar un suceso y eso llevaba mucho, mucho tiempo.

Puedo hacer que vuelva Niara Soyinka, aunque probablemente en un estado deplorable de cansancio. Hago que la bestia llegue a su límite antes de hacerlo, para poder llevarla a su celda.

Se giró, para mirarle.

Verás, yo estoy haciendo un estudio y, para poder estudiar, he tenido que utilizar ciertas referencias que podrán parecer trucos, pero en realidad no estoy aquí para domesticar a eso y llevármelo a mi casa. No sé si te habrás dado cuenta, pero lo peor de todo es que esta bestia no será como el resto de criaturas a las que solemos acostumbrarnos. Será tan letal como una salvaje, pero podría estar perfectamente adiestrada. Eso lo hace mil veces más peligrosa en manos equivocadas.

Mostró una pequeña sonrisa, perversa y malvada.

Y está tan alejada de nuestro conocimientos que ni sabemos si aún así, será cien por cien sumisa. Podemos ver como intenta dominar al cuerpo que la ha acogido... ¿quién nos dice que una vez tenga libertad, no querrá también dominar a aquel que en un principio la está doblegando? No son simples trucos, al menos por el momento. No hasta que sepamos más de ella. Si quieres para la próxima revisión le enseño hacer un mortal hacia atrás.

Se mostró irónico y fingió una cordial y "bromista" sonrisa para que Aaron no se lo tomase a mal. Era un hombre que en muchas ocasiones no le caía en especial gracia, pero teniendo en cuenta la posición de Silas y el trabajo de su acompañante, ofenderlo o jugar con su inteligencia quizás no fuese una buena decisión.
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Niara Soyinka el Sáb 2 Sep 2017 - 19:53

Diario de investigación. Propiedad de Eric McKinn. (Pregunta con sangre en la punta de la pluma, y serás respondido. Pero. La pregunta debe ser la acertada).

¿Está viva, Sarah?

En el largo trayecto de este recorrido por mis notas de investigación, comprendí el fracaso de mis ensayos con los sujetos anteriores. Si los comparo, el preso N-9 (mujer, negra, adulto) posee una frágil complexión física. Incluso por un tiempo había llegado a considerar que mis sujetos de experimentación debían ser masculinos, debido a su resistencia ilusoria al proceso. Felizmente, descarté estas observaciones y decidí concentrarme en el aparato psicosomágico de los cuerpos. Hallé que en mi nuevo sujeto de experimento su complexión psicosomágica era genuinamente interesante por su tendencia a reiniciarse y por ser menos propensa a obstruirse y romperse cada vez que aplicaba los principios de mi teoría sobre la partición mágica experimental. Entusiasmado por los avances que obtuve, ahora me atrevo a pasar a la segunda fase. Preparado el recipiente, queda rellenarlo.

Sabemos que en el mago la magia es una substancia permanente y que los canalizadores pueden funcionar tomando esa energía y transformándola. Pero, y apoyándome en mi certeza sobre los atributos hereditarios del gen autosómico dominante, el ‘mago tipo’ no es más que un instrumento de esa energía, que puede ser medida, calculada, y por tal, analizada y moldeada según los propósitos de la ciencia. Esta evidencia devendrá fundamental. Porque, otros llegarían a pensar que, en la segunda fase de mi experimento, el transcribir las características identitarias de una energía por sobre otra, me dará una imagen imprecisa del sujeto que quiero reconstituir, independientemente de cómo dirija el resultado. Esto sería así. De no ser por el rasgo dominante del gen en un mago. Es decir, que a medida que se completen las fases de la transmutación, una de las dos identidades, o códigos genéticos, ha de borrarse del todo. Y la transcripción será, finalmente, completa. Sarah volverá a la vida.

***

La criatura del otro lado del cristal no era Sarah, eso quedaba claro. Era, a todas luces, la monstruosa pesadilla de un loco. Pero, a pesar de que no parecía haber sido manipulada según los propósitos originales, sí se esperaba que fuera útil a los fines observacionales en los que decantaría la investigación. No era una mascota. ¿Lo entiendes Aaron? No una mascota.

—¡Probablemente deberías!—Aaron se permitió una risa amistosa, en camaradería. ¡Tenía una sonrisa tan blanca!, ¡una risa argenta!, ¡unos ojos azules exquisitamente risueños!— Antes de que te coma a ti. ¿Ya lo hizo con el bueno de McKinn, verdad? Es una broma de pasillo (terrible, terrible broma) que podría empezar a circular. Pero no dejes que te distraigan de tu labor. El fracaso es todavía peor. Y estaré muy atento, a cómo presentar este hallazgo tuyo, pensando en las probabilidades de que te asfixies con tu propio cinto. Ups. Disculpa, querido, me he pasado. Una metáfora de lo que la vida es. Por eso, ¡no te estreses demasiado con tu trabajo! Te lo tengo dicho. Ven a comer a mi casa, en cambio. Abriré mi vino de colección para la ocasión, si te atreves. ¿Pero hay algo a lo que tú no te atrevas? Me decepcionaría bastante.

De lo que ninguno de los dos parecía haberse dado cuenta, o porque lo mismo les daba, era en el mago de los controles, que había huido de su lugar y había retrocedido, espantado a la visión de esa cosa. No era la primera vez que la veía, pero no podía evitar que le sudara la piel por lo repugnante de tal contemplación. No le gustaba estar cerca de esa cosa, a pesar del cristal entre ellos. Mejor, preferiría kilómetros de mundo entre ellos, a una visión tan horrenda en primera plana. Y había que decirlo: no sabía qué daba más miedo, si el bicho en sí mismo, o el bicho como fondo de una conversación banal entre ‘colegas’.

Lo que vino a continuación fue, la luz blanca. Niara Soyinka abrió los ojos, tocando el suelo con su piel desnuda, tiritando por un miedo incontrolable. Pero si tuviera que describir cuál había sido su pesadilla, su mente permanecería en negro. Hasta que pudiera dormir otra vez, y recorrer esos pasillos de terror y misterio en su mente, como si fuera otra persona, con otra voz, otros colmillos.

Todo estaba siendo como era lo habitual. Tommy no estaba. ¿Era Tommy su nombre? Tenía que recordarlo. Tenía que. Pero la visión a su lado la consternó. No ya por el horror que representaba, sino por la sorpresa. Bastó girar la cabeza para hallarse con, ¿eso era un celador? No, sólo estira la mirada un poco más. Eran tres.

Todo había acabado ya. Para ellos.

Enseguida, comprobó que uno de ellos (serían cuatro, entonces), había escapado, porque la entrada estaba abierta. Nadie venía por ella. Supo que esa libertad ilusoria que le daba el momento no duraría mucho. Pero algo había pasado. Algo que tú no has podido controlar, pensó. Y entonces, reacomodándose lentamente en el suelo, abrazada a sus rodillas, entonces, miró hacia ‘la pecera’.

¿Escapar? ¿Por esa puerta abierta? No. Hace tiempo que las puertas habían dejado de tener ese sentido para ella: ‘entrar, salir’. En Azkaban, las puertas, llevaban todas al mismo lugar: la muerte.


Not the torturer will scare me
Nor the body's final fall
Nor the shadows on the wall
Nor the night when to the ground
The last dim star of pain is hurled
But the blind indifference
Of a merciless unfeeling world

And each small candle
Lights a corner of the dark...
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Silvanus D. Gates el Miér 13 Sep 2017 - 3:08

Serio, sin mover ni un solo músculo de su cara para reír la gracia a Aaron. Le molestaba esa actitud tan poco profesional, aunque lo que más le molestaba, por encima de todo, era es capacidad para ser un hijo de puta entre tanta jovialidad amistosa. Cuestionando su reputación y su trabajo y, bajo esa sonrisa risueña, alegrándose por un futuro fracaso en un experimento de esa índole. Le estaban dando unas ganas tremendas de dejar la profesión a un lado y arrancarle esa sonrisa con sus propias manos. Altanero, manipulador, falso... aquel señor tenía todas las papeletas para ser un objetivo de Silas como siguiese con esa actitud tan hipócrita.

Y como bien había dicho el propio Aaron, habían muy pocas cosas para las que Silas no se atrevía. Pero se limitó a contestar con tranquilidad una nimiedad que había dejado caer en su conversación, como si eso fuese lo más importante y el resto pura basura.

No bebo vino. Soy abstemio.

Distraído recogió su diario de la mesa al ver como volvía Niara Soyinka y le dejaban la puerta abierta, sin que ésta tomase ninguna decisión más allá que sentarse y esperar. Era consciente de que aquella puerta no le depararía ningún futuro prometedor. Quería enseñarle a Aaron de cerca a la bestia ahora que era inofensiva, por lo que no tardó en dirigirse a la puerta.

Sígueme.

Dejaron atrás la habitación de color oscuro, dando paso a los brillantes pasillos de color blanco que llevaban al piso de abajo, allí en donde se encontraba la habitación en la que se encontraba la preso N-9. Los celadores se encontraban en el pasillo, alejados de la puerta en la que se encontraba mientras Silas y Aaron se acercaban al interior. Habían sido partícipe de lo que era capaz convertida en aquella bestia y ahora, delante de ellos, tenía a una mujer delicada, débil y sin apariencia violenta. Eso sí, estaba rodeada de una ambiente que denotaba todo lo contrario.

Aaron dudó antes de entrar, ya que no quería arriesgarse más de lo que su profesión requería. En el fondo no era más que otro cobarde que habla mucho y hace poco.

Vamos, entra. ¿Tienes miedo?

Esbozó una pequeña sonrisa felina cargada de ironía. El celador de los mandos que se encontraba en la pecera estaba atento para que al mínimo movimiento desafiante hacer sonar la campana que la dejaba prácticamente indispuesta.

Te presento a Niara Soyinka, la preso N-9, el recipiente de la bestia que acabas de ver.

Silas entró detrás de él, quedándose justo delante de la chica y poniéndose de cuclillas. En aquel estado no le suponía ningún tipo de problema y, en el caso excepcional de suponerlo, tenían una manera de inutilizarla rápida y eficazmente. Era una de sus desgracias: al ser tan peligrosa no le quedaba otra que ser tratada como lo que era. Una bestia. Aunque para ser sinceros, hasta el momento no recibía ni el trato de humano ni tampoco el de bestia.

Con la punta de la varita iluminada observó los ojos de la chica, apuntando detalles en su diario. No iba a pecar de pretencioso. En realidad le fascinaba aquella mujer. No solo por ser capaz de aguantar lo que aguantaba, sino por ser capaz de llevar eso en el interior y no habérselo querido quitar matándose a sí misma. Era un pozo de información que parecía no tener fin. Su fuerza, su predisposición, cómo se había hecho a lo que le había pasado... Era tanto lo que ofrecía que Silas a veces pensaba que era demasiado para una mente convencional. Sentía que todo lo que englobaba a Niara Soyinka y a esa bestia era mucho más grande de lo que él podía entender. Lo peor de todo es que aunque lo pensase, no era más que un pretexto para demostrarse que no.

¿Cómo te encuentras hoy, Niara? ¿Recuerdas algo de lo que has hecho en la última hora? Cuéntamelo todo.

Sus preguntas sonaron técnicas, pero a la vez con un tono de lo más... natural. No sonaba con un tono científico e impasible, ni autoritario, ni tampoco serio. Sonaba como quién le habla a un niño pequeño esperando que éste entienda con tranquilidad todo lo que le has dicho.

No escatimes en detalles. Nuestro amigo quiere ver de lo que eres capaz. Ya sabes lo que pasa cuando cooperas y te esfuerza, ¿no es así?

Eso si sonó más serio. Como buen sujeto de experimentación que se ha "domesticado" a base de golpes, por decirlo de alguna manera, también es de esas que ha aprendido de los premios. No sería la primera vez que Niara Soyinka, tras ser partícipe activa y de dar información realmente útil a Silas después de alguna de las múltiples sesiones que tienen, luego recibe tratos mucho mejores de los que usualmente recibe. Sí, la tortura era un método igual de efectivo para conseguir información, pero Silas quería considerarse inteligente y hacer sufrir a una persona que está al borde de la inconsciencia es totalmente contraproducente si lo que querías era que hablase. Debido a los métodos que usa con ella, se ha visto obligado a utilizar otros métodos más... normales, ¿qué se le va a hacer? No todo podía ser divertido, ¿no?
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Niara Soyinka el Sáb 23 Sep 2017 - 6:52

Poco a poco, con cada encuentro, los dos iban recopilando datos. Niara se hallaba en clara desventaja, porque no era considerada como una ‘colega’, sino que se veía en la tarea de hacer conexiones en su cabeza, sobre lo que hacían con ella, el conejito de indias. Silvanus Gates se mostraba siempre muy interesado en lo que ella retenía en su memoria. Pero. Aquel, era un páramo de nadie, confuso, sombrío. Lleno de lagunas. Y algo se removía, inquieto, bajo las aguas. Algo de lo que no estaba muy segura de querer contemplar, como el reflejo desfigurado sobre la superficie del agua, que es deforme, desfigurado, corrompido por la turbulencia de las ondas cuando la calma se agita.

Era detestable como le hablaba. Niara esbozó una mueca, el rictus de sus labios estremeció de amargura su rostro. ¿Era una sonrisa? Había amabilidad en sus ojos. Sí, amabilidad. Y una profunda calma. Cuando regresaba de aquella forma de pesadilla, era como volver de un despertar. Y había algo mágico en un retornar del sueño. Con pereza, Niara ladeaba la cabeza el rostro hacia quien le hablaba. Era curioso. Porque las pesadillas tenían otro efecto. Te hacían despabilarte de un grito, saltar en el lugar con el corazón en la boca. Y un sentimiento desagradable te invadía. A veces, las lágrimas caían de tus ojos. Pero estaba bien. Porque lo que sucedió, que debió haber sido terrible, no perturbaba tu vida, lo real, no. Se dio y no se dio al mismo tiempo, en el lugar de los sueños, y los monstruos no volverían por ti. Eso te decías. Pero en el caso de Niara, era distinto.

—Tengo sed.

Y un sabor espantoso en la boca. Que iba desde la naciente de la lengua, hacia adentro, atravesando el esófago. Se sentía tibio, envolvente, repugnante. La había hecho vomitar otras veces, cada vez que volvía en sí. Sin embargo, ya no. Había sido sólo al principio de ese experimento que llevaban a cabo con ella, algo con lo que, esperaba, cometieran un gran error. Y que lo supieran demasiado tarde.

—Esto es…—No, el inspector no era alguien usualmente remilgado respecto al terrible aspecto de los presos. Ni por la suciedad de sus cuerpos, ni su desnudez. Pero en este caso. Quizá porque era un conejo de indias, antes que un preso (la misma cosa en el fondo, pero no lo mismo), se sentía obligado a indignarse frente al impudor. Ya muchos pensaban en Azkaban que trataban mejor a las ratas de laboratorio que a ellos. Los presos podían no ser personas en absolutos, pero algunos sostenían que los animales tenían sentimientos. Las ratas estaban a otro nivel, claramente. Uno más elevado—¡Ponle algo, por Merlín!—expresó, con desagrado, agitando su varita. La mujer estaba hecha un asco, y el otro iba y le hablaba como si tal cosa, con un acento hasta paternal. Estaba claro que Niara Soyinka era un objeto, un sujeto de estudio, un cuerpo sin gracia, que poco se parecía a un cuerpo ya, y que era sólo carne magra, pero así y todo, la falta de propiedad parecía estarle molestando mucho de repente, casi picándole por debajo de las ropas elegantes. La verdad, sin embargo, es que Aaron se fijó en eso, sólo para cubrir su propio asco frente al horror de la escena en general. Ahora que pisaba el mismo suelo que había pisado ‘la bestia’, a pesar de que ya no estaba, sentía un incipiente pánico naciéndole del estómago. ¿Asustado, Aaron?—¿Y no lo consideras ni siquiera imprudente? Claramente, has perdido el control aquí.

¿Aaron?, ¿por qué tan lejos? Hablaba desde la distancia. Y no le preocupaba para nada que lo consideraran asustado. Estaba siendo prudente. Tenía interés así, por eso había seguido al extirpador hasta allí abajo, pero que el acercamiento lo hiciera él, ya que se sentía tan confiado con su mascota. Cierto era que le había ofrecido garantía de seguridad. Había visto cómo la sometían, así que no había nada que temer. Excepto por una sola cosa. El mismo Silvanus Gates. Sabía leerlo cuando estaba siendo particularmente displicente, y nunca había sido un lamebotas, por lo que  se esperaba alguna sorpresita, una de la que prefería cuidarse. ¿Y si la cosa mordía? Nunca te confíes de un extirpador. No uno que está entusiasmado con sus juguetes.

Niara no desafiaba sus preguntas, ni podía mentirle. Él se daba cuenta cuando mentía. Así que, nada había que pudiera guardarse para ella, y en cambio él, siempre parecía tener un procedimiento, conectar sucesos, explicaciones, que sólo él entendía al final o a las que sólo él podía darles sentido. Eso puedo hacerte que te sientas indefensa de tantas maneras, y como de ningún otra forma.

—Hay un pasillo sin ventanas en mi cabeza. Al fondo, está el dragón. Nunca lo he visto. Pero gruñe, como uno de ellos. Su quejido es grave y profundo. Lo siento estremecerme. Me paraliza. Quiero salir de allí, pero no puedo. Y cuando finalmente encuentro una ventana, fuera no hay un paisaje. Es piel. Como si hubiera sido devorada al interior de algo. Y hay habitaciones. Esta vez, he llegado a las habitaciones. He abierto una puerta. Y tú estabas en ella. Y tú te prendiste fuego. Deberías tener cuidado. Y el llanto de un bebé. Lo oí. El llanto de un recién nacido. Tommy.

Su voz hilvanaba ideas dispersas en su cabeza. Pero ella estaba perdida y débil. Miraba a su alrededor. No prestaba atención a Gates. Sonrió.

—¿Qué has hecho?

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Silvanus D. Gates el Miér 4 Oct 2017 - 15:03

Traigan un vaso de agua.

Lo pidió a los celadores sin si quiera girarse a mirarlos. Estaba demasiado embelesado observando cada uno de los rasgos de aquella mujer que ahora mismo tenía delante. Confusión y debilidad. Eso era lo que podías ver en Niara a simple vista, pero si escrutabas su mirada y te metías en su mente, podías ver que incluso en aquella situación, sentía una especie de alivio. Quizás alivio por poder ser consciente, o alivio porque todo hubiera terminado. O quizás era alivio por todavía no haber perdido totalmente su capacidad para ser ella misma.  

Fuera como fuese, esa sensación de fingida tranquilidad, de ese pequeño momento de sosiego por parte de Niara, alejado del miedo y del dolor, le parecía muy, pero que muy interesante.

Fue la voz de Aaron el miedica quién le distrajo de su pequeña revelación. El extirpador se puso en pie lentamente, quedando frente a su 'amigo', o al menos lo que él creía que era para él. Silas no tenía muchas amistades y tenía bien claro que aquel señor no estaba dentro de ese pequeño abanico de contactos a los que él podía tener algún tipo de aprecio. Si lo soportaba era solo porque la opinión de aquel señor podía desbancar cualquier tipo de proyecto en los que estuviera trabajando, así como darle un prestigio erróneo solo por su estúpido criterio que, bajo la perspectiva de Silas, no tenía ningún tipo de validez. Pero claro, ¿qué iba a decir él?

Aaron, llevo trabajando de esta manera bastante tiempo. ¿De verdad crees que soy tan inútil como para estar aquí dentro si considerase que esto es imprudente? Me ofendes con la duda. No he perdido el control de absolutamente nada. No confundas tu abusivo miedo con la locura de los demás.

Se mantuvo en la lejanía, observando con una curiosidad que el miedo le impedía satisfacer por completo. Silas, por su parte, volvió a prestar total atención a Niara ahora que no tenía a un llorica tras de él poniéndole peros a todo lo que encontraba por delante. Volvió a acuclillarse en frente, mirando directamente a sus ojos a medida que hablaba. Siempre lo hacía de esa manera tan imprecisa, como si una nube del recuerdo rodease su mente de manera incompleta. Las metáforas... ¿era aquello una metáfora? El dragón, el fuego... ¿estaba hablando de él? ¿había vuelto a acudir a los recuerdos de Sarah? El rostro de Silas se volvió más serio, alejando de él la complacencia. No le gustaba cuando le metía a él en medio de esas memorias. No sabía si era fruto de su odio por él, o fruto de los recuerdos de Sarah.

Yo no he hecho nada.

Su respuesta fue tranquila, como si él fuese ajeno a todo lo que ella hablaba. Aún de cuclillas, abrió su diario y sacó del bolsillo de su bata blanca una vuela pluma. Soltó el diario y éste levitó, haciendo que la pluma escribiese tranquilamente todo lo que Niara decía.

Quizás lo que recuerdas es solo una imagen perturbada, algo que en verdad no viviste pero refleja tu miedo e inestabilidad. Salgo yo en ese recuerdo porque soy quién te hace pasar por todo esto, soy la mano ejecutora de tu sufrimiento y sólo quieres verme arder. O eso... ¿o ese recuerdo no te pertenece a ti?

La mirada tan fija como determinante. No le importaba el estado en el que estuviese Niara, que estuviese débil, que estuviese desnuda, que estuviese en un estado deplorable... ahora mismo lo único que le interesaba era su estado mental, ya que su estado físico llegaría a una mejoría en un rato cuando tuviese en su cuerpo un par de pociones y varias horas de descanso. Era cierto que los presos no eran tratados con tanto cariño como otros ciertos sujetos de experimentación, pero es que los extirpadores habían empezado a ver a los presos no como humanos, sino como simples sujetos experimentales.

Uno de los celadores llegó con el vaso de agua y se lo tendió a Gates sin muchas ganas de acercarse más de la cuenta a Niara. Él, por su parte, le tendió el vaso de agua, el cual era de plástico, a la chica.
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Niara Soyinka el Miér 18 Oct 2017 - 12:47


—¡Maldición, Gates!

Normalmente, Aaron no replicaría con el nervio caliente en la punta de la lengua. Lo suyo eran las sutilezas, las puñaladas por la espalda. Pero en ese momento, era preso del miedo, y bien podía arrojar los modales por el caño. La piel se sentía de gelatina entre aquel aire enrarecido, como si el monstruo de antes hubiera dejado una estela de pavor que todavía pudiera penetrarte a través de los poros, con la facilidad del vapor cuando te engulle en una frágil neblina; que te hace transpirar, y por culpa del cual la ropa se te pega al cuerpo. Pero esta sensación era fría como el espanto.

Y Gates estaba jugando con sus nervios, cuando estos se hallaban sensibilizados por un muy primitivo pálpito de alerta. Normal, que Aaron imaginara su cuerpo empalado en alguna ruta. Ese velador, por ejemplo, que traía el vaso de agua, debía tener el mismo presentimiento, a juzgar por su mala cara: era mejor estar fuera de esa sala de experimentación, colocarse a metros del sujeto de experimentación. Y sin embargo, Silvanus Gates tenía los nervios de plomo. ¿A qué se debía su confianza? Que sí, que Aaron había visto cómo había subyugado a la criatura: la luz solar había resultado ser su talón de Aquiles.

Como cualquier otra criatura de las sombras, se había arrastrado entre chillidos sobrecogedores hacia los rincones, ansiando la protección de la oscuridad, pero los focos de luz apuntaron sobre ‘esa cosa’ hasta que no le quedó otra opción, aparentemente, que replegarse en sí misma, volver al único refugio que tenía disponible: los profundos laberintos de la mente de esa negra. Curioso. La mente era siempre la última defensa, el muro altísimo, la intraspasable realidad del mundo de otra persona.

¿Cuán seguro estás de que conoces a alguien?, ¿qué sabes tú de lo que oculta allí, muy adentro de sus ideas, en el centro de todo lo que la mueve a ser, a esta persona? Que idea, que el interior de una mente pueda ser un interminable pasillo de pesadilla, lleno de secretos. Con todas esas habitaciones a las que no quieres entrar. Con todos esos rostros que te aparecen mientras duermes, mientras yaces, indefenso, a merced del poder paralizante del miedo.

Aaron recordó algo, de repente.

Esa mujer pero no la mujer, el monstruo que rumiaba por sangre, por muerte, muy dentro de ella, le recordaba a aquella noche en que Aaron pudo jurar, lo hubiera jurado, que tuvo un encuentro con algo tan espeluznante como para aterrorizarlo desde los pies de su cama mientras él solamente podía rogarle a su cuerpo que se moviera. Sólo un dedo. ¡Por lo menos un dedo! Sabía que no estaba dentro de un sueño, que esa era, de hecho, su propio cuarto, su propia cama. Pero no había nadie allí para que lo sacudiera y le quitara de en medio esa bestia que ocupaba todos sus sentidos saturados de alerta.

Incluso había sentido cómo el colchón se hundía por el peso de esta presencia amenazante que se acercaba, y Aaron, que no era ningún cobarde por mucho que ese maldito Gates insistiera con ello, hubiera querido apartarse con todas sus fuerzas. Pero no había manera. Estaba paralizado. Sólo mucho después, cuando de algún modo la terrorífica escena acabó, supo que aquello había sido una parálisis del sueño. Que de una forma metafórica, es el beso de una bestia que sólo puede habitar en el infierno, pero que ronda alrededor de tu almohada, sólo para recordarte que el miedo existe. Y que los monstruos, son reales.

—Quizás lo que recuerdas es solo una imagen perturbada, algo que en verdad no viviste pero refleja tu miedo e inestabilidad. Salgo yo en ese recuerdo porque soy quién te hace pasar por todo esto, soy la mano ejecutora de tu sufrimiento y sólo quieres verme arder. O eso... ¿o ese recuerdo no te pertenece a ti?

Niara lo miró a los ojos, cubierta con la manta que la magia de Aaron había hecho aparecer sobre sus hombros. Ella ni había reparado en el detalle, pero su mente todavía podía hilvanar ideas, con el raciocinio que se esperaba de una persona.

Y lo que ella se preguntaba en ese momento era, ¿por qué esa insistencia detrás de las palabras del extirpador? Era un hombre que sabía mostrarse paciente; incluso en esas circunstancias su tranquilidad sobresalía por encima del resto. ¿Simple soberbia?

—No—respondió, de forma natural, cuando antes ni siquiera hubiera imaginado que tenía una respuesta a ello. Pero esta estaba allí, en la superficie inmediata de un presentimiento con raíces muy profundas—Te quiere a ti. No muerto. No precisamente. Pero siento que te pasaría algo peor que lo que le ha pasado a Tommy. Ahora mismo. Algún día. ¿Cómo saber?

Se atrevió a jugar con él, pero sus palabras contenían verdad.

Niara había respondido sólo después de sorber un poco de agua, y ahora se la acabó, de un solo trago.

Pero entonces, su corazón se detuvo.

***

En esa prisión, eran todos unos inútiles. Tenían que serlo. Para reducir a esa cosa se necesitaría por lo menos todo un equipo de magos, porque incluso con el lumus solem, no era como si fuera una tarea sencilla. Hubiera sencillo, claro, si el celador de los controles en la pecera, hubiera hecho algo al respecto. Pero al parecer, había considerado que su vejiga era asunto más importante. Eso significó, que cuando ESA COSA atacó de repente, no estuvieron preparados para ello. Claro que, era la primera vez que sucedía algo así.

Pero la bestia, aparentemente, tenía sus trucos. Y jugaba sucio.

—¿¡Y cómo demonios me explicas eso!?—Al carajo, Aaron había perdido todos sus modales de señorito de alta alcurnia. Estaba empapado de sangre, aunque no era la suya precisamente. Lástima que no le habían comido la lengua, dirías—“Me ofendes con la duda”, ¡pues al carajo si te ofende, Gates! Esto ha sido, ha sido…—Serían los nervios, sí, debía ser, porque Aaron se estaba limpiando el desastre de sangre que era su traje con un pañuelito. Hasta que se sacudió, furioso. Pero tampoco entonces recordó que tenía la varita en la otra mano. Al menos, cuando se trataba de hechizos ofensivos, sabía usarlos. Porque de no ser así, no hubiera salido de allí dentro.

Y sin embargo, por un momento fugaz, una expresión algo curiosa asomó por su rostro, como si saboreara algo, con fruición.

—Seguirás hasta el fondo de esto. Lo harás. Oh, sí que lo harás. Porque hasta yo me he dado cuenta, de que están hechos tal para cual. A lo Frankenstein, me atrevería decir.

Mucho mejor, su sentido del humor había vuelto. Otro que también volvía, corriendo desde el fondo del pasillo, era el bueno de Broderick, que de tan atropellado que era, hacía muy mal en esconder su contento al considerarse oportuno. Venía gritando cosas como: “¡que desgracia!, ¡que calamidad!, ¡que bueno que los señores estén bien!, ¡ya decía yo que no se podía dejar a ese ingrato en los controles!, ¡si usted hubiera confiado primero en mí”. Porque, venga, si no hubiera sido por él, se hubieran quedado dentro. Lo que el pobre no sabía era que la sola posibilidad de sentirse en deuda con él, haría que esos dos hombres lo mataran del asco.
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Silvanus D. Gates el Jue 2 Nov 2017 - 17:21

El primero en caer sin duda alguna sería el incompetente de la pecera.

La bata de Silas se había manchado de sangre, pero no suya, sino del pobre celador que había ido a recuperar el vaso vacío que Niara había dejado en el suelo.

Había sido un momento de confusión por parte del extirpador, pero no porque no pasara nada, sino por las palabras de Niara. Él era consciente de que nada de lo que dijera era en vano, al igual que cada silencio representaba otra parte de ella. Se había dado cuenta de que cada decisión por parte de ella significaba, aunque en mayor o menor medida, algo a tener en cuenta; algo que apuntar en su diario para estudiar más tarde. No obstante, cuando hablaba... cuando las palabras salían de sus labios muchas veces no era capaz de ver por quién estaba hablando. Por qué lo decía. Era curioso como una persona tan rota era capaz de ser tan ambigua y distorsionar tanto las cosas como para confundir a alguien que la estudia día tras día.

Y fue esa confusión la que hizo que no se percatase ni un poco de lo que estaba por venir.

El celador salió herido gravemente, tanto que tuvo que irse corriendo a la enfermería con miedo a perder el ojo por el camino, mientras que Niara fue neutralizada por el resto y llevada, en las condiciones en las que se encontraba, a la celda a la que pertenecía.

Mientras Aaron soltaba pestes y se limpiaba la chaqueta, lo único que pudo hacer Silas fue permanecer con las manos sujetas a la espalda, con la mirada perdida en un punto ínfimo en el suelo y pensando como narices había sucedido eso. Además, dada las circunstancias y los hechos, poco a tenía que rebatirle a Aaron, por lo que más sano para su mente en esos momentos era simplemente ignorarlo. Eso sí, Silas poseía una mente incapaz de evadir por completo lo que una persona le decía directamente, por lo que no fue capaz de evitar bufar ante su última correlación.

Frankestein le tendría miedo a mi monstruo.

Consiguió decir, no sabría decir si con orgullo, ya que en realidad no era 'su monstruo', sino el monstruo de McKinn que él había modificado a su gusto.

Dejó aquella breve pausa humorística para volver al punto importante de aquella reunión que, por desgracia, se le había ido un poco de las manos, ¿pero qué iba a hacer? Un sujeto como lo era Niara era de todo menos estable. Era un experimento desconocido y que de alguna manera tenía la sensación que nunca conocería del todo. Ahora mismo lo único que le quedaba a Silas era arriesgarse y contabilizar las veces en las que falla y en las que vence hasta encontrar algo que le haga sacar de verdad todo el potencial de Soyinka.

No sé hasta dónde nos llevará esto, Aaron...

Lo incluyó en la frase para que se sintiese acogido por Gates, como si le considerase un amigo. Un simple truco de manipulación que servía para tranquilizar al objetivo y mostrarlo como partícipe de un todo.

Pero si esto sigue así, nos puede llevar muy lejos. Lo que has visto es peligroso, es aberrante y es terrible. Estaremos de acuerdo en pensar que ninguna persona se merece semejante grado de locura como al que está expuesta una persona como Niara...

Se dio el honor se mostrarse un poco humano, cuando en realidad no lo pensaba.

Pero McKinn consiguió hacer lo que nadie había hecho antes con anterioridad, al menos con precedente. Y es una oportunidad que solo un necio despreciaría. Esto llegará lejos, créeme.

Le hizo un gesto a Aaron para comenzar a caminar e irse de allí, pero el pesado de Broderick se abría camino por los pasillos hasta llegar a ellos y, cómo no, toda tranquilidad se veía opacada por sus gritos dramáticos. Si ser lameculos fuese un pecado, Brod tendría un asiento VIP en el mismísimo infierno. No obstante, dadas las circunstancias y lo insistente que era en un poco de atención, lo mismo era interesante utilizarlo como chico de los recados y pringado de turno. Con tanta motivación sería muy complicado que lo hiciese mal, ¿no?

No le iba a dar ningún reconocimiento por lo que había hecho. Se le subiría mucho a la cabeza y al final Silas sería el que tendría el dolor de cabeza. Así que el extirpador se limitó a quitarse la bata y, cuando Broderick estuvo a su lado, se la tendió.

Broderick, llévate esto y busca a Caleb.

Caleb era el pobre desgraciado de los controles que tuvo la llamada de la naturaleza en un momento nefasto.

Llévalo a mi despacho y que espere allí hasta que yo llegue. Quédate con él y asegúrate de que no se va.

Le encomendó con serenidad y a Brod se le iluminaron los ojos con un brillo emocionado, ¿Gates encomendándole una misión? Debía de ser el mejor día de sus días en el Área-M.
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