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[FB]Pureza en la enseñanza [Libre]

Invitado el Miér Jul 19, 2017 12:15 pm

Pureza en la enseñanza

En este flashback, Bellatrix y Rodolphus, tras la victoria del bando del Señor Tenebroso en Hogwarts, comienzan la purga del profesorado. En primer lugar, debían de eliminar cualquier posible conato de revolución dentro del Castillo.

El Señor Tenebroso se lo había dejado muy claro a la flamante nueva directora  Bellatrix Lestrange. Quería tener la Escuela de Magia y Hechicería completamente dominada.No quería ningún tipo de problema, ningún tipo de consideración a los demás. Quería que la firmesa, la rudeza y el respeto a los ideales más puristas imperara en tan magnífica institución.

-Así se hará, mi Señor, no le fallaremos -le había dicho a Lord Voldemort la última vez que se habían visto. Para la directora de Hogwarts era muy importante la confianza que su Amo había depositado sobre ella y sobre su esposo. Aunque estos estuvieran unidos simplemente por el amor y la lealtad que ambos le profesaban al Señor Tenebroso, para ella era un orgullo que Rodolphus también fuera parte importante de la dirección del Castillo. Además, si tenía alguna virtud destacable, está residía en su capacidad y gusto por el sufrimiento ajeno.

Era un día crudo de invierno cuando acaeció todo. Las primeras medidas habían sido tomadas, las comunicaciones con el resto de familias de traidores a la sangre se habían cortado, las vacacoines de navidad se habían suprimido, muchos de los profesores habían huido y algunos alumnos también habían conseguido escapar. Aún así, todo estaba saliendo a pedir de boca. Una férrea disciplina se había impuesto gracias a la nueva dirección, la cual gobernaba con mano de hierro todas y cada una de las disciplinas de enseñanza: profesores unidos a la causa, guardias en el castillo afines a sus ideales, castigos y torturas...

Aquel día, todos los alumnos habían sido convocados al patio interior del Castillo, una vez que se salía del vestíbulo. El mismo estaba rodeado por una serie de columnas de marmol. En los laterales de la enorme puerta que guardaba el interior de Hogwarts, colgaban dos grandes estandartes esmeralda con la serpiente de la casa Slytherin, los cuales ondeaban al viento. El patio estaba cubierto de nieve, los alumnos allí congregados unían sus vahos debido a las bajas temperaturas. Justo en el centro había tres jóvenes encadenados y un cuarto hombre, más mayor, con las manos detrás de la espalda. A este último un hilo de sangre le recorría la sien hasta perderse por su cuello abajo. Tenían un aspecto demacrado.

Por otro lado, se encontraban algunos profesores nuevos y otros miembros del bando del Señor Tenebroso que habían asistido al acto ataviado con sus negras túnicas.

Bellatrix, ataviada con una capa de piel de color negra dio un paso al frente hasta colocarse justo al lado de los rehenes. Estos eran los últimos que quedaban después del ataque a Hogwarts. Los tres habían declarado su lealtad a los traidores de la sangre. La directora de Hogwarts tenía dibujada una sonrisa de suficiencia en su rostro, regocijándose por el momento que todos iban a presenciar.

-Sonorus -conjuró.

Tras el hechizo, las siguientes palabras de la joven bruja resonaron con fuerza. Su voz, chillona ya de por sí, taladraba los sonidos de los allí presentes.

-Queridos alumnos del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería -comenzó. -Nos hemos reunido aquí para presenciar un acto grandioso, fantástico, sublime, extraordinario.

« Tras los acontecimientos surgidos tras la victoria del Señor Tenebroso, muchos de vosotros fuisteis personas sensatas y decidisteis uniros a la causa, o al menos respetarla. Hecho que por otro lado os otorga algo de astucia y un mínimo de seguridad.»

-En cambio, otros, decidieron dejar pasar una gran oportunidad, creyéndose muy valientes por afirmar que defenderían siempre a los traidores a la sangre
-una sonrisa burlona se le había dibujado en el rostro. -Pues bien... Para que no haya ningún tipo de duda, hemos decidido hacer una demostración de la disciplina que sigue Hogwarts en la actualidad.

Bellatrix dio una serie de pasos hasta quedar en frente del profesor, encadenado y sin ninguna posibilidad de defenderse.

-¿A quién eres leal? -preguntó.

-A la causa del Bien -respondió el profesor con firmeza.

Bellatrix, sin mediar más palabra le soltó una fuerte bofetada que resonó en el patio interior del Castillo. Algunos alumnos se rieron, otros se sorpredieron, los profesores nuevos se regocijaron y ella disfruto. Debido a la fuerza del impacto, la cara se le había doblado y quedó mirando a los alumnos que tenía a su izquierda, también encadenados.

-¿A quién eres leal? -preguntóde nuevo.

Y obtuvo la misma respuesta. El gesto de la nueva directora, cambió entonces. Con velocidad, alzó su varita.

-Crucio.

Y los gritos de dolor, resonaron en todo el Castillo.
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Joshua Eckhart el Miér Jul 19, 2017 9:57 pm

La batalla de Hogwarts había sido muy intensa, en especial para alguien que no tenía ni la menor idea de a qué bando atacar. Su batalla había sido, más o menos, atacar a cualquiera que atacase a su padre, quien estaba del lado de los mortífagos, y a cualquiera que atacase a Adrien, el cual en realidad no estaba del todo seguro de a qué lado estaba defendiendo. Éste último en lo particular no era muy bueno defendiéndose, así que tenía al Ravenclaw a sus espaldas constantemente, desde las sombras. Hacía meses que no se hablaban, pero no necesitaban hacerlo para que Joshua sintiera esa opresión que lo obligaba a actuar. Fue este el motivo por el que acabó él mismo tan severamente herido que perdió el sentido de sí poco antes del término de los hechizos cruzados.

Cómo llegó a la enfermería es un misterio que a día de hoy no se ha resuelto. Ahí le preguntaron nada más despertar sobre su lealtad, jurándosela al Señor Tenebroso, él sabía qué hacer para sobrevivir, lo había hablado por cartas con su padre. El hombre creía que su hijo era un fiel seguidor, cuando en realidad sólo era alguien que prefería no morir joven, alguien que obedecía lo que se le decía por no querer complicar su existencia. Los días en enfermería se enteró de cómo iba cambiando, cómo las cosas se deformaban hasta ser lo que los mortífagos querían que fuera.

Y así, ahora estaba en dirección a uno de los jardines del castillo. Su padre había ido a avisar que los directores requerían la presencia de todos los alumnos sin excepción, lo avisó que todo iba a estar bien y que el mundo perfecto estaba llegando. Le sugirió, también, proactividad hacia la causa, eran esperanzas de Francis que su hijo se volviera un mortífago pleno, eran el bando ganador después de todo. El Ravenclaw se atrevería a decir que fue la conversación más larga que en toda su vida había tenido con su padre, y eso que no fueron más de diez minutos de charla antes de que cada quien tomase su rumbo.

Francis tendría que irse en cuanto su deber con los sangre sucia y los traidores terminara. Joshua, por otro lado, sólo pedía ser un poco como aquel hombre, frío y despiadado. No estaba de acuerdo con la postura de los mortífagos, los puristas, y tampoco estaba de acuerdo con aquel genocidio. Tenía que aparentarlo para su bienestar, no soportaría fallarle al hombre que le había dado todo, probablemente la persona más importante en toda su vida. No deshonraría su apellido siendo un desertor.

El frío le caló dolorosamente en los huesos y heridas aún sensibles, una punzada terriblemente angustiante le embargó el pecho al ver a los tres jóvenes y al profesor. Conocía a uno de los jóvenes, aunque en ese momento no podía hacer nada para ayudarlo, no hacía falta ser muy listo para darse cuenta de lo que estaban por presenciar. Qué podían esperar de un movimiento que se impuso con muerte sino imponer obediencia mediante el miedo. Buscó con su mirada a Lévesque inútilmente, no lo encontró, aunque lo cierto es que no se fijó demasiado; los ojos grises estaban clavados en los cuatro rehenes la mayor parte del tiempo.

La voz chillona de la nueva directora le taladró los sentidos, provocando una automática jaqueca. Se mantuvo estoico con el cuerpo rígido y dolorido mientras escuchaba y observaba la escena, el profesor tan firme como siempre lo había sido ahora reducido a un hombre encadenado que no pensaba doblegar sus ideales. Sintió cómo su estómago se volcaba al oír las dos respuestas, a la causa que el profesor defendía, presintiendo las acciones siguientes. Apretó los dientes al oírlo gritar con la maldición imperdonable haciendo agonizar cada fibra del cuerpo del hombre, sin apartar la mirada, sosteniendo la respiración como si eso hiciera alguna diferencia.

Vagó su mirada entonces a los tres estudiantes, ¿serían inteligentes y se doblegarían antes de encontrar un destino peor que la muerte? ¿Serían igual de obstinados que el profesor que ahora sufría? ¿Dónde estaba Adrien? Eran preguntas que no tendrían respuesta, suponía, o al menos no una pronta. Quizá el tejón estuviera entre la multitud y sus ojos no lo detectaron, quién sabe. Una niña, a su lado, de su misma casa, no parecía nada contenta con lo que sucedía, por lo que el mayor le empujó un poco para hacerla mirarlo y con un gesto le pidió tener calma. Cuatro torturados públicos bastaban, no necesitaban un quinto.
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Evans Mitchell el Jue Jul 20, 2017 12:02 pm


¿Lo has oído? ¡Es McGray!, ¡dicen quiso defender a una niña de primero! ¿Y qué estaban haciendo con ella? ¡La estaban torturando! ¡Pero es horrible! Sssh. ¡Baja la voz!, ¡la niña no es más que una hija de… una sangre sucia! ¡Pero igual…! ¡Baja la voz! McGray se merece lo que le harán, ¿lo entiendes?... Sí, porque es un traidor.

Evans pasó por delante de varios estudiantes, empujó a otros —algunos, demasiado consternados como para replicar—, y finalmente, se hizo lugar entre las primeras filas de alumnos expectantes. Como era de esperar, la hinchada de lameculos ya estaba allí —muchas cabecitas verdes, pocas nueces—, y se hacían pis de la emoción, al tiempo que se deshacían en exclamaciones, que consistían en abucheos hacia los condenados y en escandalosas muestras de aprobación hacia la nueva administración, hacia Voldemort, hacia el régimen del terror, y en fin, el mismo cantito de siempre. Ellos quebraban con el ambiente depresivo que se respiraba en general, al menos algo que tenían a su favor. Pero en el fondo, estaban tan asustados como podía estarlo cualquiera. Idiota el que no lo reconociera. La perra de la directora estaba loca. A esa lo mismo le daba a quién apuntaba con la varita. Mientras no fueras tú.

Él no había votado por ese cambio en el orden de las cosas, pero cuando sobrevino el ataque al castillo, él supo bien de qué bando quería estar. Ahora, el cambio estaba allí, y había que adaptarse. No podías simplemente decirle a los Lestrange que tuvieran la amabilidad de irse por donde habían venido. Sólo los tontos perseguían otros ideales que no fueran los ideales mortígafos entre las paredes del castillo. Le molestaba a grados insospechados observar que había quienes se quebraban a la de tres, que a tipejos a los que se había cruzado alguna vez por los pasillos se les ocurriera dejarse matar en vez de entrar en razón, que algunos fueran tan idiotas como para hablar de lo que estaba “bien” y de lo que estaba “mal” a viva voz. Todo era cuestión de perspectiva, ¿no se daban cuenta? No, su error. Era cuestión de supervivencia.

Nada de esa situación le hacía gracia, y sin embargo, se lo apreciaba indolente frente al episodio, envuelto en un halo de frialdad. Sí, se había adelantado porque quería ver las caras de los condenados, saber quiénes eran. Pero no por sentimentalismo, sino para recordarse a sí mismo que aquella era la suerte de los necios. Que él no era uno de ellos. Que bajo por ningún motivo debía aspirar a ser uno de ellos. Y para eso, había que trabajar duro. Y ponerse las máscaras que hicieran falta. Hacer lo que fuera necesario, a cualquier costo. Incluso si eso significaba formar parte del séquito del Señor Tenebroso. Él ya había tomado su decisión, y era firme en su determinación. ¿Qué importancia tenía si era a Voldemort al que le juraba lealtad, qué diferencia había entre él o cualquier otro?

Evans repasó los rostros de los alumnos a su alrededor, uno a uno, mientras jugaba con una manzana entre sus manos enguantadas. ¡Qué frío, mierda! Vaya con los sádicos caprichos de la directora. Es cierto que había que acostumbrarse a la nueva rutina, ¿pero en el frío? De pronto, desistió de continuar divagando en cuestiones banales cuando los gritos de un hombre torturado tocaron sus oídos. En lo único que pudo pensar en ese momento fue en el odio que le inspiraba la idea de que esa gente estuviera entre ellos, amenazando la ‘mínima seguridad’ de los que vivían en el castillo. La seguridad de su hermano, la suya propia, pero la de su hermano por sobre todas las cosas… En conclusión, el séquito de Voldemort no era de fiar. De lo único que entendían era de violencia, dolor y muerte. Con desquiciados así, nadie estaba a salvo.

Ah, no, alguien se quebraba otra vez. Evans dirigió una severa mirada a una niña ubicada tan sólo a unos metros. Era cierto que se contenía, pero no podía evitar gemir en un sonido lastimero. Vaya, con sentimentales así, tampoco se estaba muy a salvo que digamos. ¿Es que nadie le iba a dar un respiro? Evans suspiró, al tiempo que atacaba de una mordida su manzana y se concentraba en lo que pasaría a continuación. Momento, ¿ése de hace un segundo era quien creía…?, ¿junto a la niña…? Ah, sí, por supuesto, el avechucho. Evans se lo quedó mirando y le guiñó un ojo, sin sonreír. Ahora sí, ¿qué pasaría a continuación?, ¿serían los demás condenados igual de estúpidos?
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Adae West el Vie Jul 21, 2017 1:23 am

Interacción: Joshua.

Aquella noche había sido sencillamente horrible. Lo peor que había experimentado en toda su vida. Pensaba que no podía pasar por nada peor en lo que le restaba de vida, pero estaba muy equivocado. Un día, meses después, sufriría por partida doble lo que había sufrido esa noche. El día del ataque perdió a su hermana mayor, una de sus máximas referencias, su persona favorita del mundo y su objeto de admiración, ¿y por qué? Porque decidió dar su vida por la de él. Adae había sido desafortunado al estar fuera de su sala común cuando el ataque comenzó. No solo fue objetivo de un Imperius que por casi logra que se suicide, sino que también fue el objetivo principal de un Avada Kedavra, sólo que el hechizo no llegó a él. Por el camino alguien lo intercedió; su propia hermana. Lo presenció en primera fila, cómo quién ve el detalle del sudor en un cantante en la primera fila del concierto. El pudo ver como los ojos de su hermana se quedaban sin brillo mientras lo miraba.

Se había pasado toda la noche llorando junto a su amiga. Adae no era un chico que destacase por su fortaleza, sino todo lo contrario. Tenía trece años y siempre había sido un niño mimado, dulce y muy pero que muy inocente. La bondad crecía a mares en su interior y aquella noche le arrancaron de cuajo su inocencia y su bondad. Le corrompieron con una muerte injusta y con una culpa que jamás se quitará de encima.

Con los ojos rojos de haber estado llorando y por presión popular de sus amigos, asistió a ese llamamiento por parte de los nuevos directores. No podía negarse. Él era uno de los próximos que caería y todas aquellas persona que lo conocían eran conscientes de ello. Él no había tenido la suerte de huir a tiempo o de esconderse en la Sala de los Menesteres, no. Él iba a ser de esos que a partir de ahora lo pasasen verdaderamente mal.

Una vez en el patio se mantuvo en las filas traseras con la intención de no destacar ni ver lo que le hacían a los traidores que habían jurado lealtad al bando que ahora estaba mal visto. Él no quería ver nada, pero justamente delante de él se abrió una pequeña brecha entre las túnicas de los alumnos en donde pudo ver a aquellas personas encadenadas en medio del patio y como la Directora Lestrange le viraba la cara al profesor de un bofetón que resonó en el silencio sepulcral que había en el patio. La cara del profesor se giró hacia donde estaba Adae y lo miró horrorizado. ¿Eso es lo que pasaría a partir de ahora?, ¿la violencia hacia los desafortunados y valientes? Los valientes por ser capaces de conservar sus ideales hasta en estas horribles circunstancias y a los desafortunados porque ahora los nacidos de muggles, que no tenían culpa de haber sido privilegiados, eran, de hecho, la peor aberración de la sociedad mágica y la que debía de ser castigada. Esa retrógrada y cruel ideología purista había resurgido y ahora lo gobernaba todo.

No tenía suficiente con haber sufrido lo que había sufrido, que ahora Adae iba a tener que soportar una carga que no le correspondía por haber tenido aleatoriamente un gen mágico en su vida.

Se adelantó unos pasos y una alumna de séptimo sin querer le empujó hacia un lado, haciendo que éste chocase levemente contra otro alumno más alto que él. Miró hacia arriba con intención de pedir perdón con la mirada, ya que no pensaba abrir la boca por miedo a llamar la atención, pero sus ojos se encontraron con un rostro  —y un gorro— conocido. Adae miró a Joshua con temor, quedándose a su lado, ligeramente oculto detrás de la túnica de su compañero.
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Adrien Lévesque el Vie Jul 21, 2017 2:26 am

La batalla había sido ruda, Adrien no era una persona muy hábil en un campo de batalla, lo que hacía era defenderse como pudiera y usar encantamientos, algunos hechizos de primero que ya para su sexto año se supone que debería dominar pero el tema de DCAO era bastante malo, ningún maleficio le salía como se debiera tal vez porque dentro de si no quería herir a nadie, aún así era una sorpresa que pudiera librarse con heridas muy leves, algunos rasguños era lo que tenía. Más su vista estaba fija en Josh... no, en Eckhart y en Evans, buscando defenderlos como pudiera, no sabía que lado tomar parte, solo quería salir ileso de ahí. El ver caer a Jos...Eckhart herido le asustó, como si su varita reaccionara empezó aturdir y atacar para poder llegar al cuerpo de su ex mejor amigo. Después de ahí lo llevó a la enfermería y veló por él, sin moverse, supo que los mortifagos por fin tomaron a Hogwarts, aquello suponía, iba a cambiar el colegio a como lo habían conocido.

Fue llamado a la reunión en las afueras del castillo, no quiso dejar su puesto, Eckhart no parecía despertar - No le digan que estuve aquí - Mira a la enfermera y a los mortifagos que custodiaban todo, esperaba que no hicieran daño alguno a su compañero, estaba agotado, exhausto pero se ha sentido así desde que empezó el año, desde que se pelearon, incluso a su gemelo lo distanció, no se ha sentido con ánimos de hablar o de tener alguna compañía, de no ser por esa batalla hubiera jurado que estaba bajo una Imperius, porque no sentía nada.

Salió al exterior, el frío golpeó su piel, se ajustó su bufanda amarilla y negra, con solo decir su apellido asumían que estaba de su lado, la verdad ya no sabía ni en que creer, estaba solo del lado de su padre, de Alexandre Lévesque. Observó a los prisioneros, reconoció a una hufflepuff, se veía agotada pero ¿no todos tenían ese aspecto? Él cargaba algunas ojeras producto de no comer ni dormir bien, pero estas nada tenían que ver con la guerra, bueno quizás un poco. Ya tener su rostro desprovisto de emociones no era una máscara, realmente no tenía sentimiento alguno, estaba despojados de ellos, era más como un muñeco que se dejaba guiar. Por el rabillo del ojo vio a su gemelo, pero desvió la mirada queriendo que no lo reconociera, la verdad deseaba que se alejaran de él, solo los lastimaría.

Los gritos se escucharon, su reacción fue neutra, su rostro no cambió y aunque era algo que perfeccionó por años de su educación, ahora ya no era fingido, miraba todo de forma distante, con ojos vacíos, era como si ni siquiera pudiera escuchar esos gritos productos de la maldición cruciatos que Lestrange les lanzó
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