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Quand je t'ai connu, je ne pensais pas que j'allais T'AIMER AUTANT [flashfoward] [Josh y Evs]

Adrien Lévesque el Vie Jul 21, 2017 8:16 pm

Ya hace una semana que había empezado su septimo año, su último año en Hogwarts y ¿cómo decidieron empezarlo? Esos inútiles de Gryffindor le habían jugado una broma, pasó dos días en la enfermería porque decidieron que era divertido darle una poción que alteró sus nervios, en serio, Zonco tenía que ver que clase de bromas vendía porque la enfermera tardó esos dos días en poder tranquilizarlo. Cualquier ruido lo alteraba, descontrolando su magia, al inicio fue porque temió que algo le pasara, una enfermedad, su sorpresa fue grande al saber que solo era una broma pesada. Cuando lo tocaban se alteraba y lanzaba hechizos, cualquier ruido extraño, vivía estresado, neurótico, esos dos días fueron un infierno tanto para él como para la enfermera que tenía que acercarse de frente, de forma que Adrien siempre la viera, en ese estado no podía salir de ahí. Lo irónico es que empezando el año y la casa de los leones tenían puntos negativos, debían esa cantidad de puntos y aunque los ganaran el marcador seguiría en cero. No sabía como Evs vivía con esa cuerda de energúmenos, claro él podría llegar a ser uno, por suerte no era su objetivo en bromas pesadas.

Como secuela de esos dos días pasó toda la semana con un dolor de cabeza fuerte que rayaba en la migraña, mucho sueño porque en su estado de nervios sufría de insomnio por estar de vigilia, así que le costaba mucho no arrastrar los pies, estaba bien pero agotado y solo era la primera semana de clases. Así que queriendo regresar la broma a ese grupito, porque sabía bien quienes fueron, le escribió una carta a Laith para que le ayudara a preparar o si pudiera elaborar Amortentia para él, no le explicó mucho, además prefería tener a un experto en el tema, confiaba en sus habilidades, pero la poción era muy difícil de preparar y sinceramente deseaba que fuera perfecta, porque sería divertido verlos a todos enamorados, incluso entre ellos mismos.

Estuvo feliz cuando un par de días después Horus llegó con la poción, sonríe de medio lado, esa sonrisa que siempre muestra a todo el mundo que dejaba ver no era bueno que se metieran con él. Se dirigió al comedor, debía ser cuidadoso en que vaso colocarla, y cómo hacerlo, si tuviera los Elfos domésticos de su lado, pero le temían, como si él fuera el que los golpeaba o castigaba, Perry hubiera sido de mucha ayuda... uhm Perry podría de hecho ayudarle... Su mente ideaba maneras de hacerle llegar la poción a los leones cuando BAM su pecho choca con otro pecho y ambos caen al suelo - ¿No te enseñaron a ver por dónde caminas? - Por el impacto su mano aflojó el frasco, no se rompió para su alivio. Lo tomó mientras se levantaba, sacudía sus túnicas - león tenías que ser - Rueda los ojos y sigue su camino.

Lo que Adrien no sabe es que dicho león era fan de los Merodeadores, desde que dejaron Hogwarts ya no se hacían tantas bromas como antes, quería tener un lugar, ser famoso como ellos, continuar su legado. El chico, Chris, era del séptimo año, compañero de Evans, había pensado que su primera broma fuera dirigida hacia el gemelo del Hufflepuff que acababa de tropezar, más que todo porque en su sexto año, Evans se había mostrado insensible cuando le rompió un cromo invaluable de las ranas de chocolate. Esperó todo el verano para vengarse, compró la poción en una tienda de bromas, se supone que era para humillarlo y que sintiera el impulso de cantar, en rimas, todos sus secretos más vergonzosos. Desafortunadamente la poción tenía un color similar a la Amortentia y venía en un frasco idéntico, cuando chocó, la poción abandonó su mano y ya que el francés tomó un frasco asumió que el que él agarró era el correcto.

Nadie sabría que ambos se equivocaron de frascos, Adrien tomó la poción de humillación y Chris la Amortentia. Adrien hizo con alguna ayuda extra que los que le pusieron los nervios de punta tomaran la poción, por supuesto se sentó al lado de Josh, actuó con naturalidad pero de vez en cuando miraba de reojo hacia los leones. Chris se sentó muy cerca de Evans - Hey Evans creo que tu hermano te está saludando - Una distracción, unas cuantas gotas de la poción en el zumo que Evans estaba bebiendo y esperar que todo hiciera efecto.

Adrien supo que algo fue mal cuando el grupo de idiotas empezaron a cantar sobre masturbarse con la imagen de alguna chica, eso no podía ser cierto... Chris también se asustó porque se supone que esa era la poción de él ¿Entonces que le dio a Evans? Ambos esperaron y esperaron sin saber con qué se iban a encontrar.

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Evans Mitchell el Mar Jul 25, 2017 1:09 pm

Ese era su día y nadie se lo iba a quitar. Chris había entrado al Gran Comedor con la confianza de un león, un verdadero león. Al lado de él, Evans, ese cretino, ese nauseabundo ser humano, esa insensible maza de mierda, era sólo un decorativo en la mesa de los gryffindor. Y qué mejor oportunidad para consumir su plan que aquella, ¡fíjate lo solo y pequeñito que se veía!, allí, apartado de sus amigotes, repantigado descaradamente contra el borde de la mesa y las largas piernas estiradas hacia fuera (el muy desconsiderado, ¿quería que los alumnos se tropezaran al pasar?, ¿cuándo iba a darse cuenta de que él era el Rey de Ningún Lugar?), y leyendo esa nueva edición de ‘Encantamientos Terribles’… Espera, ¿qué?...

—Evans, ¿tú sabes leer?—interpeló Chris, arrugando la nariz con desconfianza. Se había colocado frente a él (más exactamente, había interceptado el campo visual entre Evans y la muy ingenua parejita de Adrien y el avechucho), y lo miraba desde arriba (por supuesto, porque tenía puesta mucha fe en sí mismo ese día), con una expresión que daba cuenta a las claras la pésima opinión que tenía de ese vándalo sinvergüenza (¡que había arruinado su colección de cromos de ranas de chocolate!, ¡ese bastardo!).

Ay, un incordio. Evans levantó la mirada (algo que venía haciendo entre páginas, aparentemente preso de un impulso irresistible), y cómo no, un bodoque tenía que ir a ponerse justo en medio. Otro, que se interponía entre él y su hermano. ¿Quién? Ah, ese Chris, por supuesto, ¡ese tremendo imbécil! Evans no tenía nada contra él, apenas si lo registraba. Pero, vaya con lo fastidioso que podía ser.

—Déjame adivinar, ¿estás retardado?—Evans fingió que se trataba de un juego, con sentido desdén—. Sé buen chico y mueve el culo, ¿quieres?—indicó a continuación, instándolo además con un movimiento de la mano a que se hiciera a un lado, y ojeando brevemente lo que ocurría más allá de aquel trasero inoportuno, para luego revelar el asomo de una mueca refunfuñona y volver a su lectura, que de lejos, era más interesante que la cara de camello de Soypelmazo, quien fue a sentarse a su derecha.

—Ey, Evans, creo que tu hermano te está saludando.

Ah, ¡bien! El brillo de ilusión en sus ojos sí que no fue fingido. Pero, al estirar el cuello como un perro que tantea el aire con el corazón contento, se topó con el muro de la decepción. No sólo que ni volteaba el rostro hacia él, sino que se había aislado en aquella burbuja de íntima complicidad en la que se sumergía cuando tenía al avechucho a su lado. Evans venía observándolos hacía días, sin que ninguno de los dos se percatara de su existencia. Suspiró, haciendo a un lado el libro y apoyando los codos sobre la mesa, entre que le dedicaba a la parejita una mirada forzadamente indiferente. Vaya, con el Lévesque. Del avechucho podía esperárselo, ¿pero de su hermano? Sí, ¿por qué no? Lo mantenía cerca sólo cuando quería utilizarlo y luego lo tiraba, como si tal cosa, ¡menudo manipulador estaba hecho! Claro que se había dado cuenta de eso, de eso, y de sus aires de frialdad, toda esa puta parafernalia de señorito de buena cuna, que al final, sólo era una de sus formas de despreciarlo, a él, su gemelo, como para recordarle que no eran parte de la misma…

Evans se mordió el labio. Había una llama de ardiente resentimiento en sus ojos. A su lado, Soypelmazo hablaba de las maravillas del jugo de calabaza, de lo bien que sentaba el jugo fresquito, y vaya a saber qué otra tontera de retardados. Si hasta le había servido un vaso que colocó cerca de él, y bueno, como todo ese monólogo de mierda le dio una jodida sed, alargó la mano para tomar el puto jugo, sin salirse de su ensimismamiento, claro. Pero no se dignó a tragar una sola gota, sino que se limitó a sostener el vaso, mientras su mano lo movía en un vaivén lento, inconsciente, ante la alarmada mirada de Chris, demasiado atento a cada uno de los caprichos de Evans, sin que éste se enterara de nada. No, Evans sólo atinaba a concentrarse en las razones por las cuáles su hermano lo estaba dejando de lado. ¿Y para qué mentirse? Todo era culpa de ese avechucho. No podía culpar a su hermano por pensar con la verga. Que para algo la tenía, ¿no? El verdadero problema era la indeseable influencia que tenía ese embustero, ese engreído, ese frescales, de Joshua Eckhart. Claro que sí.  

Evans amagó con llevarse el jugo a la boca, ¡pero ay!, ¿¡es que ese bastardo iba de farol!? Chris estaba que se comía las uñas. ¡Tenía que ser malnacido!

¿Qué le veía su hermano a ese gorras? No era ni carilinda. Sólo hacía falta echarle un vistazo a esa palidez de muerto, a las cejas de troll, a la expresión de papamoscas, y ya estaba, no era posible que nada se moviera en tu entrepierna. Lo que sentías era…

Evans se mandó el jugo a la garganta de un solo golpe, ¡y adentro!, de un trago. Chris ahogó la risa entre las manos, pero esta rápidamente adquirió el volumen de una risa histriónica y terrible, tanto, que llamó la atención del resto de sus compañeros, excepto de Evans, claro, que seguía inmerso en sus pensamientos.

… ¡desbordante!, era pasión circulando por las venas, hinchando sus bolas, subiéndosele a la cabeza. ¡Ah, el pecho!, ¡cómo dolía! Si él tan sólo pudiera apretarse contra esa piel blanquísima, besar esas cejas pobladas, y conocer todas esas expresiones cuando… Ah, esto era profundo. Se sentía un puto poeta apunto de eyacularle al mundo con su, ¡jodida mágica poesía, ah sí! ¿Qué rimaba con “pollito mío”? Joshua Eckhart, ¡sí, señor! ¿Qué rimaba con “pichoncito, mi amor”?, ¿y con “bésame ahí”? Ah, Joshua, él sí que tenía las mejores rimas. ¡Ese chico!, ¡ah, ese chico le había robado su corazón! Evans tenía que tenerlo a su lado, ¡era tan urgente que fuera de ese modo!

Chris, sacudiendo un frasquito de poción frente al resto de sus compañeros, señaló a Evans entre risillas, y luego, le tocó el hombro, llamando su atención.

—Ey, Evans, ¡habla un poco con nosotros!, ¡cuéntanos tus secretos! Los más vergonzoso, ¡vamos!, ¡no te guardes nada para ti!—Y en voz más baja, agregó, dirigiéndose al resto—: Lo que diga, será cien por ciento verdad, ¡se los garantizo!

—¿Lo más vergonzoso?—
Evans, habiéndose levantado de la mesa, fingió que se lo pensaba muy seriamente—Veamos, esto es, por lejos, lo más vergonzoso que he tenido que vivir… Y fue sorprenderte una vez, probándote las bragas de Shelley Birmingham frente al espejo, ¿esta chica que te rechazó el año pasado?... Hombre, eso es asqueroso. Y puedo dar fe de a quién pertenecían esas bragas, porque fue de lo primero que vi volar cuando Vane la arrastró al dormitorio la noche anterior, y ya sabemos lo que eso significa—Evans señaló con burla al rostro rojísimo de un aturdidísimo Soypelmazo, en medio de un coro de risas— Oh, miren, ¡él está empezando a recordar!  

Ah, pero no tenía tiempo para esa estupidez, así que se largó de allí, directo hacia su amor predestinado. Aparentemente, ese día en la mesa de los gryffindor, un cúmulo de vergonzosos secretos estaba saliendo a la luz. ¿De qué iban?, ¿estaban todos idiotas? Ah, ¿pero qué le importaba? Ese era su día y nadie se lo iba a quitar. ¿Por qué?, porque había descubierto lo más maravilloso del mundo, ¿¡cómo es que nunca lo había visto antes!? Todas esas miraditas, toda esa picardía, todo ese jueguito de odio, esa manía por llamar su atención, ¡por supuesto que había gato encerrado en todo eso! ¡Porque Joshua Eckhart estaba enamorado de él! ¡Ja! ¡Siempre había sido de ese modo! Pobre Adrién, lo había entendido todo mal y ahora estaba en el medio, igual que Soypelmazo. ¡Pero todo estaría bien!; ¡el amor siempre vence al final! Él simplemente tenía que jugar sus cartas. Demostrarle a su pollito, su pichoncito de pico dulce, su hermoso Jo-Jo, que sí, finalmente, él había entendido el mensaje. Sí, ese violento deseo implícito en cada cruce ahora era incluso más fuerte que antes, ¡Evans podía sentirlo a fuego en su corazón!


—¡Hola!—Evans apareció de repente, con el aire confiado y alegre que le era habitual, especialmente cuando no lo querían cerca. Ni qué decir cuando se te aparecía por la espalda, cazándote in fraganti, como si te hubiera estado observando todo el tiempo, hasta hallar el momento ideal, es decir, el momento más inconveniente para ti. ¿Qué se le puede decir? Talento natural, puro talento natural. Había quién decía que te sorprendía como una picadura de serpiente, ¡pero esa sí que era gente resentida! No vivirían mucho, con tanta maldad infectando sus corazones. Como fuera, el muy simpático del gryffindor, se colocó a un lado de Joshua, sentándose a horcajadas sobre el banco y empujando a un alumno cualquiera en el proceso, sin importarle lo que éste opinara al respecto. Evans le lanzó al ravenclaw una entrañable mirada, pero no se dirigió a él al hablar, porque, también como le era habitual, a quien solía hablarle era a su hermano— ¿Cómo están? El profesor de Artes Oscuras te estaba buscando, Adri, ¡y se veía tan enojado!—exclamó, fingiendo un escalofrío, pero empleando un tono pícaro. Luego agregó, con una mueca de empatía—: Lo siento. Pero tú sólo tienes que ir directo hacia él (te espera en su despacho) y aceptar lo que sea que tenga para decirte. Así aprenderás.

Evans desvió la mirada cuando pensó que su hermano estaba ocupado en otras cosas y, en un gesto furtivo, casi íntimo, le guiñó un ojo a Joshua, pero eso no fue lo único, sino que al mismo tiempo se mordió seductoramente el labio inferior, ¿y le lanzó un beso discreto? Ese día, Evans debía estar muy, muy contento. Porque desprendía cierta aura, de avasallador encanto, de travieso coqueteo, e irradiaba una confianza aplastante. Y había cierta tibia insistencia en la forma en que se detenía a recorrer con la mirada el rostro del novio de su hermano, ¿y esa manía de relamerse era un nuevo tic? ¡Que intenso que estaba ese día!, ¿quién había cerrado las ventanas en el Gran Comedor? ¡Que las abrieran! Con ese calor, ¡se iban a quemar las patatas!  

—¡Espera!, ¡antes de irte! Tenía pensando pedirle a Joshua que me ayudara en un proyecto el día de hoy—comentó, casual. Y agregó, dedicándole a Joshua ese fervor en la mirada que difícilmente podía ocultar, ¿será que le entusiasmaba la idea?— Es sobre magizoología, he escuchado que eres realmente bueno en eso, ¡un genio, eso dicen!—Sus dientes desfilaron en una encantadora sonrisa, dedicada especialmente para el genio—. Por favor, te lo ruego, moriría sin ti… Digo, realmente, necesito ayuda. Y mis amigos son todos imbéciles, así que… ¡Adri! Si vuelves y no nos encuentras, ya sabes, estaremos por ahí, no hace falta que te preocupes por nosotros, ¿tú sabes? Ya te buscaremos luego—Le guiñó el ojo a Joshua, otra vez—Pero Adri, ¿¡qué haces aquí!?, ¡el profesor te está esperando! ¡Corre, corre!  

¡Que se queman las patatas!:
¡Oh!, ¡que sorpresa que te hayas dado cuenta! Sí, sí, lo que está encerrado en una cita es una breve introducción. Muy breve. Por supuesto, “el post” son esas 400 palabras que le siguen a la introducción. No pensarás que me inventé lo de la introducción para encajarte 1000 palabras de un solo tiro… ¿Qué?, ¿que eso es justo lo que hice? ¡Pero..!, ¡estoy en SHOCK! ¿¡Cómo me decís una cosa así!? SHAME ON YOU. ¡Y deshonra sobre tu vaca! ¡TU VACA!

¡Buh! (?) :3

Pd: Posta, de verdad, considerá como "post" lo que le sigue a la introducción XD La intención es tener un rol dinámico. Voy a repetírmelo en mi cabeza, una y otra vez... XD

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Evans MitchellGryffindor

Joshua Eckhart el Mar Jul 25, 2017 9:46 pm

Su día no había sido nada fuera de lo común, poco a poco iba volviendo a coger el ritmo escolar luego de aquel tiempo libre. Aquel día ya estaba en el Gran Comedor esperando a Adrien, ¿qué era lo que lo estaba haciendo demorarse tanto? ¿Aún se sentía mal? Había estado muy angustiado durante un par de días y aunque había intentado tranquilizarlo, sólo en enfermería pudieron tratar aquel estado, luego de ello tuvo fuertes dolores de cabeza que ni con chocolate había podido quitarle. Todavía se sentía preocupado por él, pero al menos parecía que ya estaba mejor, entonces cuál podría ser el motivo de su demora.

Pronto ya estaba a su lado, empezaron a conversar como era costumbre aunque le resultó extraño que en ocasiones voltease a mirar a la mesa de los leones, con más insistencia de la que frecuentaba. Sí, entendía que ahí estaba Evans, ¿pero en serio tenía que voltear a verlo cada dos segundos cuando estaba hablando con él? Los de la mesa roja y dorada empezaron a soltar burradas a las que Joshua no les puso demasiada atención, había estado contándole algo a Adrien sólo para darse cuenta que tenía la mirada clavada a la otra mesa.

Y entonces lo que pasó fue que… Adrien, ¿me estás escuchando? —le cuestionó, llevándose un trozo de calabaza a la boca, el tejón estaba especialmente raro ese día. No le dio mucho tiempo para nada más hasta ver que Evans se sentaba de repente a su lado saludando alegremente. Por mera inercia se había apegado un poco a Adrien en el proceso. — Mitchell… —lo saludó de regreso, sintiéndose bastante incómodo con la mirada que le dirigió, estaba sopesando la idea de marcharse y dejar a los hermanos hablar cuando Evans se dirigió hacia Lévesque.

¿De qué estaba hablando? Le dirigió una mirada a Adrien llena de preocupación, ¿habría hecho que molestase al profesor y por ello lo quería en su despacho? No era posible, no quería ni contemplar la idea de que pudiese hacerle daño. Miró de reojo al león, inquieto de las miradas tan intensas que le estaba dedicando, ese guiño y la mordida, ¿qué demonios estaba pasando? Debía de estar buscando incomodarlo a propósito, cosa que le estaba saliendo bastante bien. Seguramente supiese que no se atrevería a decirle nada con su hermano presente, si es que lo estaba usando en su contra.

Adri, ¿quieres que te acompañe? —propuso, levantándose de su asiento para acompañarlo con el profesor. No obstante, Evans lo cortó de lleno pidiéndole ayuda para hacer algún proyecto, seguramente el proyecto sería “drogar a Joshua con poción de odio para separarlo de Adrien” como había sido en un “proyecto” anterior. ¿Se estaba burlando de él? — Sí, bueno… Espera que acompaño a Adrien a con el profesor y luego podemos ir los tres a ver tu proyecto —insistió, ¡no quería quedarse solo con él y menos cuando se quedaba mirándolo así!

Evans no tenía intenciones de que arruinase su plan para tenerlo a solas, y eso no parecía nada bueno para Joshua. En su experiencia, un Evans Mitchell demasiado entusiasmado no auguraba nada bueno, y ese no paraba de mirarlo de una manera sobrecogedora, guiñarle los ojos como si tuviese una pestaña adentro y relamerse los labios como si fuera el lobo feroz de ese cuento muggle. Además, abusaba de la presencia de Adrien para que él tuviese que aceptar porque estaban “haciendo las pases”, un montón de patrañas. Sea del modo que fuera, ahora estaba a solas con el león.

Bien, Mitchell… ¿Vas en serio con lo del proyecto o puedo irme a seguir mi vida cotidiana? Deberías acompañar a Adri si de verdad el profesor estaba tan molesto… —con la sagacidad de un Ravenclaw, había descubierto que aquello no era precisamente verdad. Evans haría todo lo posible y hasta lo imposible por evitar que dañasen al tejón y él respetaba eso, ¿por qué lo dejaría ir a su suerte con el profesor hecho una fiera? — Con permiso —cruzó para salir del banco y regresar a su sala común, no quería estar a solas con ese sujeto y haría todo lo posible por evitarlo.
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Evans Mitchell el Mar Jul 25, 2017 11:05 pm

—Por supuesto que no es en serio, tontito—Ah, ese pollito, ¿incluso cuando estaban solos iba a seguir fingiendo ese infinito desinterés? Estaba bien, todavía no le había dicho su revelación del día. Era comprensible. Y él era un hombre tan comprensivo. Joshua se levantó, y él lo siguió, con una luminosa sonrisa que no moría nunca y una seguridad en sí mismo que era notoriamente envidiable. Soltó una encantadora carcajada pensando en lo adorable de ese comportamiento tan esquivo, tan falso—Espera, espera…—Evans, adelantándose, estiró una mano y le quitó la gorra que llevaba puesta, sonsacándola con una mano rápida y amagando juguetonamente con ella. La ocultó detrás de su espalda, encarándolo con esa… ¿es que estaba tramando algo? Tenía que ser algo en verdad preocupante, porque esa sonrisa, que apelaba a la complicidad, no se le borraba en ningún momento. Y estaba coqueto, sin duda—¡Realmente! ¿Cuánto tiempo seguiremos haciendo esto? Adri se ha ido, sólo estamos nosotros dos—comunicó, como si eso tuviera que significar algo, algo secreto, algo especial. Le regalaba a su pollito una mirada tan confiada—Pensé que un picnic estaría bien—¿Qué? Bueno, una cosa era segura: no lo iba a dejar tranquilo. Quería acercársele, estar a su lado, y era seguro que aprovechó una o dos ocasiones para olerlo descaradamente, capturando el aroma del ravenclaw como si fuera una nueva sensación, y una profundamente, hondamente, agradable—Podríamos a ir a algún lugar donde nadie nos molestara…

¿Sabes lo que pasa si rechazas a alguien que está bajo los efectos de la amortentia? Es por la cantidad de desafortunados incidentes que justamente prohíben esa clase pociones. ¿Qué puede ser más terrible que el rechazo para un corazón preso de una obsesión enferma, condenada a la fatalidad?

—¡Ey, Evans!—
Y como siempre, inoportuno. Chris, rojísimo todavía, había llegado hasta ellos, indignado, tanto como para cometer el peor error de su vida antes siquiera de que pudiera abrir demasiado la boca: queriendo acaparar la atención de ese gran zopenco sinvergüenza, esa maza de excremento humano, ese Evans Mitchell, no se le ocurrió mejor idea que empujar a Joshua en el camino. Ay, si de algo está repleta la historia, es de nombres fácilmente olvidables que tentaron demasiado a la fortuna— ¡Aparta tú...!

—¿¡QUÉ CARAJO ESTÁS HACIENDO!?—bramó, haciendo que más de una cabeza girara en su dirección. Se había puesto rojo de la ira. Eso era un escándalo— ¡Tócale un pelo y juro que te mató, retardado!, ¡te mato! ¡Le veo un solo rasguño a mi pollito y me la pagas!


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Adrien Lévesque el Miér Jul 26, 2017 12:02 am

Adrien estuvo bastante distraído, no estaba viendo realmente a su hermano, claro que no, solo estaba esperando su venganza, por eso sus pensamientos estaban distantes hasta que Josh le pregunta si lo estaba escuchando, lo mira con vergüenza y totalmente apenado - Lo siento, es solo que... no tiene importancia estaba pensando un poco en los Extasi's - Sonríe levemente, como si nada hubiera pasado, temía decirle al Ravenclaw de su pequeño chiste, además no quería meterlo en problemas, era mejor si no lo sabía así la culpa recaería totalmente en él. Claro que su plan no funcionó del todo esperado, pero el resultado también fue chistoso y los dejó bastante humillados, eso es para que aprendan, él sufrió más que una vergüenza, estar tan neurótico no era divertido, podrían haberle causado un daño severo.

Satisfecho como estaba decidió concentrar su atención completa a Josh ¿La Amortentia? Bueno sea en quien sea que la usó ese Gryffindor esperaba que no fuera a él o a su novio, del resto no importaba mucho, eso pensaba. No debería importar ¿cierto? No se percató que su hermano se levantó de su mesa hasta que el Ravenclaw pronuncia su apellido, era extraño verle acercarse a ellos pero sonríe creyendo que estaba madurando (ingenuo) - Evs... ¿eh? - Arruga su entrecejo, ¿el profesor Fitzgerald, aún no era tiempo de entregar los ensayos que mandó y cree que lo hizo bien en clases, ¿por qué lo buscaría? Se tensó, mejor no lo hacía esperar, no quería un castigo de su parte.

- Gracias - Le indica, si, necesitaba que le acompañara aunque sea como apoyo, no estaba seguro de que necesitara y tampoco qué le había hecho enojar, cualquier alegría por su venganza había abandonado su rostro el cual se tornaría pálido sino fuera porque estaba acostumbrado a controlar sus emociones al menos en público. Traga grueso, mira de reojo esperando a Josh pero frunce el entrecejo, su hermano estaba actuando extraño, ¿Eran ideas suyas o su hermano intentó deshacerse de él? No supo si esperar a Josh pero no quería enojar al profesor, tampoco sabía que pretendía su Evs, ¿planearía alguna travesura? Con cierta culpa abandonó el comedor ¡No podía perder tiempo! Confiaba, realmente quería confiar en que Josh llegaría sano y salvo hacía el despacho de Artes Oscuras, mientras caminaba por los pasillos apresurado (no corriendo, solo caminando rápido) pensaba ¿qué fue todo eso? No sospechaba, no del todo que la Amortentia iba dirigida a Evs y que este veía a su novio en el momento de beberla, sin embargo no dejaba de darle vueltas a la situación a la vez que se preocupaba por lo que le esperaba en el despacho del profesor Fitzgerald.

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Off: pueden seguir con sus vidas :3 No apareceré por ahora :pika:
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Joshua Eckhart el Miér Jul 26, 2017 12:09 am

Vale, entonces adiós —repuso sin pensarlo, ¿quién se creía que era para llamarlo “tontito” como si fuese un crío o algo? Evans no paraba de seguirlo y con ello Joshua más se escandalizaba, aquello no podía estarle pasando a él, era un mal sueño de seguro, ¿por qué le sonreía de esa forma tan perturbadora? Mitchell no entendía cuando no era bien recibido. — Tengo cosas que hacer, Mit- —había comenzado a hablar cuando éste le intentó detener, no iba a caer en su estúpido juego, ¡siempre era él quien salía mal parado de esas situaciones tan desagradables!

Sintió cómo se le escapó el aire de los pulmones y su corazón dio un vuelco cuando le quitó el gorro. Se llevó una mano a la cabeza descubierta, los mechones oscuros hechos pequeñas ondulaciones por el tiempo encerrados, notándose desprovisto de protección. El gorro era, pues, una forma de sentirse protegido, una de esas técnicas milenarias que Joshua utilizaba. Verse en medio del Gran Comedor con la cabeza al descubierto era desagradable, lo llenaba de un profundo sentimiento de vulnerabilidad e inseguridad, ¿qué era lo que Evans estaba planeando?

Mitchell, dame mi gorro, no tengo ni la menor idea de qué estás hablando… ¿No es este el momento donde aprovechas que Adri se ha separado de mí para ir a acapararlo? —le cuestionó con ingenuidad, ¿era idea suya o le estaba coqueteando? No tenía nada que ver con los tímidos y torpes coqueteos de su novio, lo escandalizaba la confianza que desbordaba Evans. Todo apuntaba a que era una broma de pésimo gusto. — ¿Por qué querría ir a un picnic contigo…? —daba pasos en retroceso, apartándose del león, cada vez que notaba que se le estaba acercando peligrosamente.

Estaba por conseguir, o eso creía él, escaparse del gemelo de Adrien cuando apareció otro Ravenclaw. Siendo honestos, su nombre no aparecía en los registros de la mente de Joshua, así que no lo recordaba en lo absoluto. Lo que sí supo fue que lo empujó y tuvo una serie de opciones sobre la mesa: la primera le decía que se mordiese la lengua y aprovechara la distracción para irse, la segunda tenía que ver con defenderse del empujón, y la última… no pudo pensarla porque la voz de Evans Mitchell resonó por todo el Gran Comedor, dejándolo congelado en su sitio. Joshua sintió cómo muchas miradas pasaban al trío a causa de semejante grito.

El silencio fue tomado por murmullos que cuestionaban lo mismo que Joshua se preguntaba. — ¿Tu… qué…? —no, no, no, aquello debía ser un error, no estaba hablando de él, no le acababa de poner un apodo meloso, todos estaban equivocados al cuestionar entre susurros si Evans Mitchell y Joshua Eckhart estaban saliendo. Ahora muchos del comedor se estaban preguntando si el prefecto de Ravenclaw era gay, si el bully de Gryffindor lo era, Evans se había encargado de sacarlo del closet de una retorcida manera, ¿ese era su plan? Al parecer, lo había conseguido.

Su reacción no fue otra que escapar de la escena del crimen. Así empezó a correr al exterior del Gran Comedor y de ahí se dirigió a su torre, la de Ravenclaw. El aire le faltaba y le temblaban las piernas, angustiado de lo que acababa de suceder. Ni siquiera pensó en su gorro que seguía en las manos de Evans, ¿cómo había podido hacerle aquello? ¿Qué ganaba montándose un espectáculo? No era posible que pudiera gustarle a Evans Mitchell, mismo que lo odiaba por ser cercano a su hermano. Una parte de él pudo pensar que todo se debía a que estaba celoso, ¡pero no era así! ¡No tenía lógica! ¿Entonces cuál era su plan?
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Evans Mitchell el Miér Jul 26, 2017 1:38 am

Los que atestiguaron aquel día en el Gran Comedor, todavía lo recuerdan. Allá iba, Evans Mitchell, ¿haciéndose el gracioso, como solía?, ¿pero entonces, por qué tan desesperado?; en fin; allá iba, persiguiendo en una insólita corrida, ¿a una gallina?, ¿un pavo?, ¿algo con plumas? No, bueno, casi (se trataba de un reavenclaw, después de todo). Esos dos realmente estaban corriendo. Evans se había lanzado a la carrera como si se le fuera la vida en ello. ¡Y los gritos!, ¡que manera de hacerse oír! Buenos pulmones, los de Mitchell.

—¡Espera!.., ¿te ha hecho daño...?—¡La preocupación le atenazaba el pecho! La sola idea de que podía estar sufriendo, hacía que se le helara el corazón de pena—¡Jo-Jooo! ¡No corras, pichón!, ¡puedes tropezar!, ¡espera!, ¡POLLITO!

Las risas y los comentarios no se hicieron esperar, era algo que daba que hablar. ¿Qué estaría sucediendo entre esos dos? Tenía que ser una broma de Mitchell, segurísimo. Sí, ¿pero tú viste su cara?, ¿y la forma casi melosa —aunque gritona— de llamarlo pollijajaja? Ay, rumores. Una vez que alguien los empezaba, ya no había forma de pararlos. Y como era usual, los rumores degeneraban la verdad, con motivo de enriquecer el cotilleo. ¿Qué dimensiones alcanzaría esta vez la gran mentira sobre el pollito y el león?

Evans apareció en la torre de Ravenclaw, encontrando lo que había ido a buscar. Él sí que era imparable. Eso de ir a correr con Vane por los alrededores del castillo hacía que sus pulmones pudieran seguirle el ritmo a su urgencia. Le saltó el corazón de gozo cuando alcanzó a su enamorado.

—Tú, realmente… Necesitas dejar de hacerme estas cosas—dijo, condescendiente, tomándolo por la muñeca—¡Sólo quiero saber si estás bien!—Su expresión era de ansiedad, dolor, impotencia—¡Joshua!—demandó su atención, en tono imperativo—Te amo, por favor, déjame cuidar de ti—confesó, completamente serio al respecto—¡Te digo que sé lo que sientes por mí! No tienes que ocultarlo nunca más.

Ah, ese cuello, el cabello revuelto, la agitación. Evans se dejó llevar un poco por el éxtasis de la contemplación, sin reparar en lo obscenas o acusadoras que podían ser las microexpresiones de su rostro, vuelto hacia Joshua como si se lo estuviera imaginando desnudo. De forma inconsciente, Evans se llevó a la cara el gorro de su pollito, con el aroma de su pollito, y aspiró con anhelo, sin pensar en el grado de normalidad de la situación. Pero ese sentimiento que crecía dentro de su pecho era más fuerte que él. El sentimiento de que tenía que tomarlo, allí o en cualquier lugar, ¡pero cuanto antes!
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Evans MitchellGryffindor

Joshua Eckhart el Miér Jul 26, 2017 6:18 am

Las miradas y murmullos en el Gran Comedor se tradujeron más tarde en el viento chocando contra su rostro, su cabello removiéndose con el correr y un Joshua más aterrorizado conforme más escuchaba el griterío de Evans. ¿Qué tan lejos llegaría por molestarlo, gritándole con tanta angustia aquellos apodos? Por un segundo, sólo un segundo, creyó que iba en serio, ¡pero era Evans, no había manera que aquello fuese en serio! Pichón, Jo-Jo, pollito, quería morirse de vergüenza, tirarse de una ventana y matarse ya, ¿por qué tenía que hacerle aquello? ¡Si en todo lo que llevaban de clases no lo había molestado!

La condición física no era precisamente el fuerte de Joshua, subir corriendo por el estrecho pasillo de escaleras lo estaba sofocando y casi de forma repentina sintió una mano tomar la suya. Apretando su muñeca, Eckhart se temió que volviera a hacerle daño como la última vez, pero la sujeción no era así de violenta. Lo que sí ocurrió fue que el tirón repentino le causó perder el equilibro y en las escaleras se sujetó a lo primero que tuvo a mano para no caer rodando escaleras abajo; ese algo vino a ser el hombro de Mitchell que se apresuró a soltar, apartándose de la cercanía causada por el tropezón.

¿Hacerte… qué cosas…? —no entendía nada, ¿qué había hecho? ¿Huir por su vida? ¡Lo volvería a hacer! No podía confiar en que su interés en su persona fuera honesto. — ¡Estoy bien, Mitchell! —repuso con una queja, tratando de liberar su mano al hacer el esfuerzo de soltar la ajena con su mano libre. El grito tan autoritario que describió su nombre le provocó un respingo. — ¿Amarme? ¿Cuidar de mí…? Mitchell, ¿de qué estás hablando? No te entiendo, ¿estás bromeando? Ya basta —no podía amarlo, era una mala broma, ya podía ir parando, todo el colegio ya estaba consciente de la broma.

Evans Mitchell lo odiaba, y a él le desagradaba, no era secreto para nadie. Por ello escuchar que lo amaba y que mismo Evans declarase que “no tenía por qué esconder nunca más lo que sentía por él” lo dejó fuera de juego. ¿Estaba bajo algún hechizo? ¿Una poción de amor? Las pociones de amor no estaban permitidas en el colegio hasta donde él sabía, ¿qué era lo que estaba ocurriendo? Él ni siquiera amaba a ese sujeto, estaba profundamente enamorado de su hermano, no de otro. Algo le dijo que no debía corregirlo, por algo esas pociones están prohibidas, pues representan un peligro para el bebedor, para el objeto de la obsesión y para todos los seres cercanos.

Se sentía incómodo y sucio con la mirada lasciva que le dirigía Evans; no era un experto en ese tema, pero por ingenuo que fuera no podía evitar sentir que estaba imaginándoselo de todas las formas más desagradables. Están solos en las escaleras y se despiertan todas sus alarmas; uno siempre tiene ese sexto sentido para cuando va a ocurrir algo bastante malo para sí mismo. La forma que inhaló su aroma de su gorro y la manera tan obscena en que lo miraba se lo dijo todo, no podía estar a solas con él ni un segundo más.

Eh… sí… ¿Vamos…? Tenemos que decirle a Adri… Que… te diste cuenta que me amas… —quería a su novio en ese preciso instante, no deseaba estar a solas con Evans y sentía que si aquello era parte de una poción, Adrien sabría qué hacer, ¡él era mejor que el propio Joshua haciendo pociones! — ¿Por favor? —le preguntó, intentando encogerse en sí mismo. — ¿Y… puedes regresarme mi gorro? —si aquello era en serio tenía que andarse con cuidado. Evans para entonces ya debía soltar una carcajada diciendo que lo había pillado, jactándose que siempre supo que sentía cosas por él y una sarta de estupideces más. No estaba sucediendo.

Si no encontraban a Adrien, tendrían que encontrar a… quien fuera. En ese momento se conformaba con que hubiera gente a su alrededor, no importaba quién. O, bueno, sí que importaba, ¿y si fuera un secuaz de Evans? Mejor que fuera alguien confiable. Estiró suavemente su mano, invitándolo a bajar y resistiendo las ganas de bajar corriendo que sentía. ¿Se le notaba lo estresado que estaba? Si hasta había empezado a sudar.
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Evans Mitchell el Miér Jul 26, 2017 9:08 pm


Evans esbozó una sonrisa medio oculta por el gorro que sostenía contra su cara, se sentía embargado por la dulzura. Y ese aroma. Ah, ¿todavía seguía fingiendo? Que chico travieso. ¿Debería castigarlo?

—Déjate de esas tonterías—Evans se acercó, despacio, seductor. Lo acorraló contra la pared, entre sus brazos. Estaba muy confiado, la verdad. Por eso la infinita tranquilidad con que se dirigía al ravenclaw, la infinita ternura—O podríamos jugar a algo, tú y yo. Hasta que se te quite lo de ser un diablillo—Hizo una mueca, pícaro—Aunque tampoco diré que me desagrada…—Al escuchar el nombre de “Adrien” su mirada se opacó de repente, y lo observó con seriedad, silenciosamente disgustado. Pero se limitó a morderse el labio, y luego, estrechando la distancia entre ellos, le dedicó una halagadora sonrisa—Me gusta más así. Tu cabello, suelto—comentó, acariciándole las puntas, apenas, con una mano curiosa. Seguidamente, tomó el rostro del ravenclaw entre sus manos, y su expresión se ensombreció—No vuelvas a mencionar a ese tipo, lo odio. Él no te ama. Ya no estás obligado a estar con él. Me tienes a mí ahora—Era muy suave en la forma que lo tocaba. Pero quizá, demasiado entusiasta en su curiosidad. ¡Y esa manía por la cercanía! Evans era como un coleccionista echándole el ojo a una nueva pieza para su colección, encorvado sobre el objeto de su obsesión, y sin ojos para nada más, deleitándose con cada trocito de piel que descubría y examinándola con meticuloso cuidado—Él tiene a su prometida. Ya verás cómo no le importa si estás o no a su lado. Él tira las cosas que no necesita. Pero yo te necesito, pollito. Más que nada en este mundo. Haría lo que fuera por ti—susurró contra sus labios, con una voz tibia, acariciando las palabras al hablar— ¿Me crees? Sólo dime qué es lo que quieres, y será tuyo.

—¿Lévesque?—Se trataba de un alumno de séptimo que se había cruzado con el hufflepuff siempre por asuntos académicos. Era responsable, estudioso, y alguien que, definitivamente, nunca hallarías husmeando en asuntos de terceros. O eso era lo que te quería hacer creer él. Lo que vio delante de sí, lo pilló desprevenido. Ya había visto al Lévesque antes con el prefecto de ravenclaw, pero era la forma en que el Lévesque lo acorralaba contra la pared y la cara (no precisamente feliz) del otro, lo que le hizo parpadear—. Ah, yo sólo… te estaba buscando para comentarte algo sobre Pociones. Te buscaré luego, si no estás ocupado. Suerte esta temporada, con el quiddicth—deseó, con la intención de pasar de largo.  

—¡Como si me importara!—Se quejó Evans, molesto. Había volteado el rostro hacia el intruso, y le lanzaba una mirada de desdén— Por mí, pueden rompérseles las escobas en el aire. Eso sí que sería entretenido—agregó, con una sonrisilla.

El otro se detuvo con el pie en un peldaño, sin comprender. Hasta que se dio completa cuenta de lo que estaba sucediendo y abrió grandes los ojos. Luego, vaya a saber por qué, le lanzó al ravenclaw una prejuiciosa mirada, como si pensara que su comportamiento era objeto de reprobación.

—Mitchell—saludó secamente— No me di cuenta de que eras tú. Como te vi con él… Pero lo que hagan no es asunto mío. Adiós.

asdsadsad:

"¿Me crees? Sólo dime qué es lo que quieres, y será tuyo. "  -guiño, guiño-  ¿Alguna idea? kukuku Las consecuencias podrían ser catastróficas, ¿pero y qué?
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Evans MitchellGryffindor

Joshua Eckhart el Miér Jul 26, 2017 10:15 pm

Joshua sintió cómo todo su cuerpo se tensaba, su estómago se contrajo en sí mismo dándole asco cuando le sugirió, encerrándolo en la pared, que jugaran para que se le quitase la rebeldía. Su tono había causado desagradables estragos en el Ravenclaw, Evans intentaba seducirlo y sólo conseguía el efecto contrario, repelerlo. El mundo se le cayó cuando pareció tan desagradado por la mención de su hermano, ese idiota estaba hablando en serio, ¡ni muerto Evans podría hacer semejante gesto contra Adrien! Estaba hechizado, drogado, lo que fuera, pero en sus cinco sentidos no estaba. Eckhart no paraba de preocuparse por lo que haría en ese estado tan obsesivo.

Le huía a su mano que acariciaba su cabello, pero no pudo escapar al sentirlo sujetando su rostro, buscó su varita inconscientemente, tocándola dentro de su bolsillo. Evans a veces mencionaba a la prometida de Adrien, pero él no reaccionaría a ello hasta que fuese el mismo Lévesque quien le informara sobre su compromiso. Luego de ello… bueno, no podrían seguir siendo pareja, pero, ¿y qué? Sabía que el tejón lo amaba al menos hasta que llegase alguien más a tomar su lugar. Mitchell en ese momento se regocijaría porque ganó una batalla que empezó hace seis años ya, pero en este preciso instante demostraba tal odio por su hermano. Los papeles estaban invertidos y no le gustaba.

Sí… sí, entiendo… —lo mejor era jugar bien sus cartas, darle a Mitchell por su lado hasta que pudiera encontrar a Adrien o a algún profesor que pudiese hacer algo. La pared ya no le permitía alejarse más y no quería empujarlo por miedo a las represalias, pero ese próximo beso se evitaría tan seguro como él se llamaba Joshua. — ¿Lo que sea? —preguntó para hacerse tiempo, esa era su oportunidad de escapar, sólo necesitaba distraerlo lo suficiente como para poder escapar y correr al despacho del profesor Fitzgerald. No quería otra cosa que su libertad. — Entonces, ¿por qué no…? —empezó a preguntar.

Fue acallado por la voz de otro alumno que confundió a su novio con el chico que estaba frente a él, su expresión de angustia duró breves segundos pero sólo se traducía en querer pedirle ayuda, pero no podía decirlo en altavoz. No sabía si prefería que se fuera o que se quedara, pero lo decidió cuando le dirigió aquella mirada de reprobación. Le había afectado más de lo que debería, aquello ni siquiera era culpa suya, él no había pedido ser acosado de esa forma tan insistente por su cuñado. Sólo una mirada que reprochara la situación lo había hecho sentir profundamente culpable, incluso intentando convencerse que no era él quien engañaba a Adrien.

Quería encerrarse en su dormitorio, pero no quería encerrarse con ese sujeto siguiéndolo. Ahora tampoco estaba tan seguro de la idea de querer estar rodeado de otras personas; si bien era en pro de su seguridad… no le apetecía que todo el mundo lo mirase de la misma forma recriminadora. — ¿Sabes, Mitchell…? —piensa rápido, mente. — Hubo una vez… que uno de los sangre sucia de las mazmorras me robó un par de libros, creo que escapó o algo… pero no los volví a ver, ¿podrías bajar a ver si están en algún sitio de las mazmorras? —en realidad se los había prestado a Adae, a quien hacía meses no veía. Pero si el otro podía ayudarlo con eso y le daba tiempo de buscar a su novio, era matar dos aves de un tiro. Pobres aves.

Había intentado, incómodamente, acomodarle la corbata, ¿una suerte de ligoteo? Necesitaba sonar convincente. Pero joder que le afectaba la mirada de ese estúpido tejón, cada vez menos convencido de que no fuera culpa suya. Trató entonces de escaparse del encierro de Evans contra la pared, no quería que nadie que pasara los viera en esa posición, para él no había otro que no fuera Lévesque por mucho que Evans se hubiese obsesionado con él.

Safety:
Lo único que quiere Josh aquí y ahora es salir virgen de la situación(?)
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Evans Mitchell el Jue Jul 27, 2017 12:14 am


Un niñito de primero se enjugaba las lágrimas, visiblemente apenado. Se aproximó, muy tímido, muy culpable, hacia el prefecto de ravenclaw, porque siempre le había parecido una buena persona. Una persona amable. No como los grandotes que se metieron con él hacía un rato. Pero a pesar de que esos fueran malos con él, le habían hecho sentirse en falta. ¿Puede ser que él se hubiera equivocado?, ¿que hubiera hecho molestar al prefecto sin quererlo?

—Lo siento—gimió, avergonzado, habiendo estirado la manita para tirar de la túnica del prefecto y así llamar su atención—Lo siento mucho. Yo no tomé tus libros. Me los dieron en la biblioteca. Lo juro. No sabía que eran tuyos. Lo siento—repitió, mirándolo con los ojitos inyectados en lágrimas—Ese chico, tu novio, estaba muy molesto conmigo. Pero yo no lo sabía, no sabía que eran tuyos. Y sus amigos me…—No terminó la frase, porque el recuerdo de lo que le habían hecho lo quebró por dentro.  

Era un sangre sucia, a nadie le interesaba lo que hubieran hecho con él.

***


—¡Tú!—llamó Evans, acusador.

El interpelado, era un alumno que tenía delante de sí un libro abierto. No molestaba a nadie, simplemente pasaba el rato, leyendo. Este, claro, fue un terrible error. De pronto, se vio abordado por un gryffindor algo salido de sus casillas, sin comprender de qué iba la cosa. Al segundo, se vio en la absurda situación de tener que forcejear con un completo extraño por un libro que, en primer lugar, ¡era suyo! Para peor, al otro parecía que se le iba la vida en ese forcejeo inútil.

—¿¡A quién le has robado este libro!?, ¡dime!

—¡Es mío! ¡Por enésima vez…

—¡TÚ MIENTES!

Minutos después, el mismo alumno salía corriendo del aula, con los pelos parados y atacado por vaya saber qué hechizo aturdidor, porque se lo apreciaba en un estado de histeria y severa confusión. No reparaba con quién o contra qué se cruzaba y se llevaba las manos a la cabeza al tiempo que exclamaba cosas ininteligibles. Al chocarse contra un sujeto, lo tomó de los hombros y lo sacudió, como un loco, gritando:

—¿¡Has visto a su pollo!? ¡DALE A SU POLLO! ¡No puedo encontrarlo! ¡Su pollo!—Y echó a correr por el pasillo, sin dirección definida, pero con un objetivo muy claro en la mente: ¿buscaba un pollo?

Evans, sentado muy tranquilamente sobre un banco cualquiera, ojeaba su nuevo libro con curiosidad. Fíjate qué bueno, era de encantamientos. Pero, ¿su pollito leía sobre el tema? A decir verdad, se le había pasado preguntarle de qué eran esos libros. Ni los títulos tenía. Ah, pero no podía decepcionarlo. Le había prometido que se los hallaría sin falta. Había juntado una cantidad considerable de títulos, seguro que uno tenía que ser. Sí, ya era hora de ir a buscarlo. Jo-Jo se alegraría de verlo. Con esa idea reconfortándole el corazón, Evans cerró el libro.

............:
mmm... ¿Y si lo dejamos en 'medio vírgen'? (!)
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Joshua Eckhart el Jue Jul 27, 2017 12:36 am

Tan pronto como se quedó a solas, bajo la promesa de Evans de que recuperaría esos libros, él salió disparado a buscar a Adrien. Necesitaba ayuda, no podía solo, era de esas pocas cosas que lo superaban en demasía. Su novio sería más inteligente y rondaba el pasillo del piso donde estaba el despacho del profesor de Artes Oscuras para intentar encontrarlo, ¿dónde se había metido? ¡Adrien no tenía ni idea de la urgencia que sentía por encontrarlo! Se supone que sólo debió haber ido con el profesor, darse cuenta que era mentira y buscarlo de nuevo, ¿por qué lo estaba abandonando? No lo abandonaba, pero la mente irritada y angustiada de Joshua así lo veía.

No habían pasado ni veinte minutos de relativa tranquilidad cuando un niño le tiró por la ropa. Estaba tal alterado que tuvo que morderse el labio para no chillarle que lo dejara en paz. Sentía que podría en ese momento ser un bastardo sólo por un segundo para respirar, pero el crío parecía muy preocupado, triste… ¿Qué estaba pasando? Empezó a hablarle de algunos libros que él no entendió en lo absoluto, no tenía tiempo para eso, debía encontrar al prefecto de los amarillos lo antes posible para que lo respaldara en esa incómoda situación.

¿De qué hablas…? —preguntó el prefecto, ni siquiera se acordaba de la excusa que le dio al león para que lo liberase de sus garras, ¿de qué libros hablaba? — ¿Mi novio…? —cuestionó en tono bajo, incrédulo, su novio no le haría daño a nadie y menos por algo tan absu… ¡Maldita sea! — Joder, Mitchell —escupió el Ravenclaw de pronto, — lo siento, ¿sabes dónde está? Ese chico… Hablaré contigo luego, lo siento mucho, busca al prefecto de Hufflepuff y dile que lo necesito, por favor —balbuceaba mientras salía a la carrera de Evans, ¡que lo había arruinado todo y Lévesque no aparecía!

¡Si ya había cruzado todo el maldito castillo corriendo! De aquí a allá buscando a Adrien, el tejón siempre estaba detrás de él y justo cuando lo necesitaba no aparecía, Evans por otro lado acosando y golpeando gente por su absurda petición inventada sólo para que lo dejara a solas un rato, ¿dónde demonios se había metido? Ya jadeaba, su cabello revuelto, malacostumbrado a la falta de aire, agotado del ir y venir hasta encontrarse a su supuesto novio sentado en un banco, al parecer pacífico leyendo un libro. El corazón le dio un vuelco y el estómago se frunció: no quería que volviese a tocarlo.

Mitchell, ¿se puede saber qué estás haciendo? —le cuestionó al león en cuanto consiguió coger suficiente aire. Las piernas le dolían de la carrera y cada segundo que pasaba sentía que perdía más la paciencia. ¿Dónde se pudo haber metido Lévesque? — Mitchell, no tenías por qué golpear a nadie… —normalmente aquel asunto le hubiera dado igual, no eran cosas suyas. Pero en esa ocasión no era así, pues los golpes vinieron a raíz de su petición, haciéndolo sentir tremendamente culpable. Aquello no podía estarle pasando a él.

Se llevó las manos al rostro, agobiado. ¿Por qué era tan complicado tener a alguien obsesionado con uno? Sólo debería sentarse, callarse y fantasear con él, no meterse con los demás o jugar con su espacio vital queriendo tocarlo. Adrien no estaba ayudándolo y eso que era su hermano, pero en realidad no estaba seguro de cuánto quería verlo. Le aterraba lo que pudiese hacer Evans para declararlo suyo, ¿le podría hacer daño a su propio hermano? ¿Al que adoraba con el alma, sólo por una poción? No quería saber la respuesta, realmente no quería.

Larai larai la:
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Adrien Lévesque el Jue Jul 27, 2017 1:00 am

Había ido hacia el despacho del profesor de Artes Oscuras, resulta que no lo había mandado a llamar pero por interrumpirlo... Bueno ya se sabe como es, se estremeció, duró más de lo que pensaba ahí. Al salir no está Josh, había esperado que si, eso le desilusionó un poco, respira hondo aunque le costaba respirar, realmente los hechizos que estaba practicando el profesor dolían tanto pero nunca como un Crucio, podía soportarlo, estaba seguro, ahora su prioridad era su hermano y saber dónde estaba su novio, porque sabía que algo tuvo que pasar para eso. Si hasta sospechaba de la actitud de Evs pero quiso, realmente quiso pensar que había decidido dejar todo por la paz, era su último año ¿por qué no podía ser tranquilo? Claro que no sabía que tan graves eran los conflictos entre ambos, pensaba era solo una riña leve por celos que lejos de sentirse complacido le daba cierta vergüenza.

Caminó por el comedor, pero evidentemente ya no había nadie ahí, arrugó el entrecejo cuando escucha su apellido - Lévesque, prefecto Lévesque, ha pasado algo - La agitada voz del estudiante de primero de su casa le sobresalta, escucha el relato ¿Es que su hermano se ha vuelto loco? ¿Qué planea? - Dime, ¿cómo viste a Mitchell? ¿Estaba obsesionado con Eckhart? ¿Quería algo? ¿Le pidió eso? - Oh, no... ¿qué había hecho? Esto era desconcertante, debía avisar a Josh y mantenerlo alejado de su hermano hasta que pasara el efecto de la Amortentia, porque no había dudas ese león con el que chocó no pudo tener mejor objetivo que Evs, tendría sentido ahora.

- Llama a algún profesor - Le indica mientras el va hacia la dirección que le había indicado. Siente el corazón en la garganta por el temor, espera que todo esté bien, no sabe que puede pasar pero no se escuchaba nada bien, en ese momento dejó su apellido de lado y salió corriendo, ¡que casi ni podía respirar! Pero su prioridad era otra, escuchaba los rumores sobre Mitchell de novio con Josh, de como parecía besar el suelo que pisaba y las atrosidades que hacía, debía parar eso o tal vez terminaría en algo peor.

- ¡Evans Mitchell! ¡A la enfermería! - Respira agitado, pero mantiene su espalda erguida, decir eso le costó, pero no podía dar marcha atrás, mira de reojo a Josh, ¿por qué no lo detenía? ¡Pudo haberle lanzado algún hechizo! De hecho Adrien tenía su varita apuntando a su hermano - Estás bajo los efectos de Amortentia, éste no eres tú - Replica - No me obligues a hechizarte - Porque en este momento no era Adrien el hermano, en este momento era Adrien Lévesque, prefecto de Hufflepuff, manteniendo el orden, aunque estaba preocupado por ambos ¡Nunca debió vengarse! ¡Debió prestar más atención a lo que hacía! ¿Se hacía llamar mejor alumno en pociones ahora que Snape se fue? No, no era tiempo para eso .

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Off: Surprise :dios:
¿Y si lo dejamos en completamente virgen? :pp:
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Evans Mitchell el Jue Jul 27, 2017 1:48 am

Evans sonrió, encantado. Pero el ravenclaw tenía el aspecto de alguien que se ha echado una linda carrerita, ¿es que no se daba cuenta que podía enfermar?, ¿que podía caer desmayado en los pasillos?, ¿que podía darle un infarto al corazón y morirse? ¡Ay, cómo lo hacía sufrir! La sola idea de que podía pasarle algo a su pollito, ¡ay, que dolor! Y sin embargo, había ido hasta allí por él, como si Evans lo hubiera llamado con el pensamiento. Ah, ¿es que no podía ser más evidente? Los dos estaban destinados a estar juntos. Entre ellos había anhelo, ansiedad, un violento deseo que los acercaba como íntimos, como amantes apasionados. Pobre del que se pusiera en el medio.

—¡Pichón!—Evans se adelantó hasta él con prontitud, alcanzándole muy amablemente una silla que colocó detrás del ravenclaw, para que tomara asiento—¿Por qué estás…? Vamos, siéntate—Evans colocó las manos sobre sus hombros, y lo instó a que hiciera lo indicado. No era como si discutirle fuera buena idea. Por la cara de amor y preocupación, se leía a la milla que no quería “peros” a la hora de cuidar de su pollito—Fíjate, estás sudando—Sonrió. Hacia Joshua tenía todas las atenciones del mundo. Lo trataba con ternura, condescendencia. Mucho más de lo que se llevaron los desdichados que tuvieron la mala fortuna de cruzárselo con anterioridad—Puedes agarrar fiebre, o algo peor, no me preocupes así, ¿está bien?—Evans se sentó a horcajadas sobre las faldas de su pollito, mimoso, requirente. Le acariciaba el cabello—Estás sudando—reprochó en un susurro. Lo miraba, con ternura, sí, pero en sus ojos, la dulzura daba vértigo. Evans no pudo refrenar el impulso de sacar su lengua y, reteniendo al pollito entre sus manos, trepar de un lametazo por el costado de su cara, barriendo el sudor. Ah, sabía tan bien.

Alguien que sufre de un subidón de amortentia no puede separar la realidad de lo que sucede en su cabeza. Para Evans, aquel momento era algo que los dos compartían, que sentían de la misma manera, que querían con la misma ansia, la misma necesidad. Incluso si tuviera que forcejear con Joshua, incluso si tuviera que lastimarlo, sería imposible para él notar la diferencia. Por eso, cuando se hundió en su cuello, cuando lo pellizcó a besos, enredándose a él a la fuerza, lo hizo porque esa era la felicidad de ambos, eso era pasión correspondida, ese era el terrible efecto de la amortentia. El momento era perfecto. Eso es lo único que importaba. O lo era, hasta que ese tipo, al que odiaba, entró por la puerta, ¡encima apuntándole con la varita!

Evans levantó la mirada, pero no estaba sorprendido, sino más bien molesto. Aquello tenía que ser una puta broma. Que manera de estar rodeado de pelmazos inoportunos. Evans esbozó una sonrisa descarada que le dedicó a su hermano mientras tenía sujeta su propia varita en una mano. Su mirada era hasta maligna. Estaba soñando si pensaba que lo iba a separar de pollito con esa actitud de perdedor.

—¿Amortentia? Tú no sabes lo que dices, Adri. Yo lo amo. Algo que tú no eres capaz de hacer, ¿verdad? Tú no amas. Tú solo usas a la gente, gente a la que le haces creer que te importa. Y luego los descartas. ¿Amor? Tú no sabes una mierda. No serías capaz de hacer nada por amor. Pero yo… Yo hubiera hecho cualquier cosa por ti, cualquier cosa… ¡Sectumsempra!
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Evans MitchellGryffindor

Joshua Eckhart el Jue Jul 27, 2017 5:11 am

Y dale con el condenado “pichón”, ¿todo el mundo en el colegio ahora sabía que era el pollito pichón de Evans? El león se le acercó rápidamente, acercándole una silla aunque no se sentó de inmediato, lo había ignorado cuando le dijo que no debía golpear a nadie, sintiendo sus manos sobre sus hombros. Si Mitchell nunca respetaba su cuerpo y su espacio, ahora que creía que lo amaba abusaba más de ello, sentándose a su petición. Estaba agotado, no era mentira, pero le incomodaba mucho que lo tratara con tanto cariño, con esa pasional ternura, sólo un hombre tenía el derecho de tratarlo así y aunque se le parecía no era el mismo.

Estoy bien, ¿por qué golpeaste a ese niño…? Mitchell… —y tuvo un respingo al sentirse aprisionado entre las piernas de Evans, quien se sentó sobre su regazo en una posición que le resultó familiar. Esta vez no podía empujarlo por su propio bien. — Estaré bien, sólo vine corriendo… —no se dio cuenta que aquello era un error hablando frente a un obsesionado, pero en ese momento no lo pensó de más, estuvo más ocupado conteniendo la arcada que le dio al sentir la húmeda lengua de Evans recorriendo su rostro quitándole el sudor. No sabía qué era más asqueroso, si Evans Mitchell lamiéndolo o el hecho de que le estuviese lamiendo el sudor como si fuera la cosa más normal del mundo.

Dejando de lado sus ascos que casi lo hacen vomitar, Joshua ya había abandonado toda esperanza. Le daba más miedo un Evans enamorado obsesivamente de él que uno que lo odiaba a rabiar, porque sabía que el primero era más peligroso que el segundo. ¿Qué debería hacer? ¿Hechizarlo para que lo dejara en paz? ¿Soportarlo como viniese? Estaba discretamente buscando su varita mientras el menor le besaba el cuello, quemando desagradablemente todo sitio donde parasen sus labios. Estaba por atacarlo cuando oyó la puerta abrirse, sobresaltándose y lo que por segundos fue ilusión en su mirada murió rápidamente. Era el peor novio del mundo, ¿cómo dejaba que el hermano de su novio lo besara y abrazara de esa manera, y encima que Adrien lo viese todo?

¿Cómo sabía Adrien que estaba bajo los efectos de esa poción? ¿Lo había intuido él solo? Pero no pudo detenerse a pensarlo, no. Le dolió mucho que Evans le dijera eso a su hermano, lo miraba con súplica, no quería que le creyese aunque no estaba en posición de refutarlo. Quería que supiera que su hermano no pensaba eso en realidad, que sabía que él podía amar, pero frente a Mitchell en esa posición no podía decir nada, los mataría a ambos seguramente. Lo que sí que hizo, fue reaccionar al ataque.

¡No! —y empujó la mano de Evans con que había atacado, desviando el hechizo. Un librero explotó en contacto con el mismo. No podía dejar que lo dañase. — No, no… Mi león, no vale la pena… —estaba desesperado por distraer su atención de Adrien, incluso teniendo que doblegarse a él. — Él no va a separarnos, ¿de acuerdo? —le sujetó por el rostro, obligándolo a mirarlo a él. Se sentía tan despreciable, sólo esperaba que Adrien entendiese que lo hacía por él. — No pierdas tu tiempo… Nuestro tiempo así… —¿así era como se sentían los rehenes de secuestradores violentos? No era un síndrome de Estocolmo, aunque se le parecía.

Le dirigió una breve mirada, profundamente adolorida, a Adrien. Necesitaba que el otro encontrase una poción de odio para contrarrestarlo antes de que fuese demasiado tarde. Esperaba que el tejón supiera usar el cerebro y no atacara de vuelta, no iba a tener resultados buenos. Aquella mirada fue muy efímera, pues había regresado su mirada a Evans con el fin de querer hacerlo creer que, en efecto, era a él a quien amaba.
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