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¿Tengo monos en la cara? [Mael Ryan][+18]

Daniel Blackthorn el Miér Ago 09, 2017 4:45 pm

Campo de Quidditch, Junio 2017


Como cada día, tras las clases, iba a pasar la tarde por los alrededores del castillo, en particular me acercaba al campo de Quidditch. Nunca paraba de entrenar y que mejor momento que esas horas muertas, en clase me estaba yendo bien así que no necesitaba dedicar más al estudio que un par de horas tras la cena, antes de acostarme. Todo estaba planificado y mi rutina era tranquila y sin distracciones, ya hacía meses que había decidido centrarme y dejar los problemas atrás. Aun podía notar las miradas de otros por el pasillo o como algunos evitaban sentarse a mi lado en clase, pero no me afectaba. Es más, lo prefería… así me dejaban en paz. Iba a costar que desapareciese la fama que me había ganado a principio de curso, un abusón violento con la aprobación de los profesores más afines al pensamiento Mortífago, nada más lejos de lo que era ahora, un tipo tranquilo que solo buscaba alejarse de todo eso y sobrevivir con la cabeza baja.

Por supuesto había que mantener cierta fachada purista hoy en día si no quería acabar como los hijos de muggles, parias a los que nos les dejaban ni conservar su varita legalmente. Pero ya no era un abanderado de la causa, esos tiempos terminaron para mí y estaba orgulloso de ello. Todo este pensar se arremolinaba en mi mente mientras contaba sistemático cada flexión realizada sobre aquel prado verde. El aroma de la hierba entraba por mis fosas nasales cada vez que bajaba hasta el suelo sobre los brazos, para volver a subir una y otra vez. Llevaba largo rato con aquello, me ponía a pensar y a veces perdía la cuenta, pero las gotas de sudor que notaba bajar por mi pecho en aquel atardecer veraniego indicaban que se acercaba la hora de hacer un descanso.

Me senté en el suelo cesando la actividad y levanté la vista al horizonte, observando los aros de Quidditch contra el atardecer rojizo. Estaba completamente solo allí, con la brisa del verano escoces meciendo la hierba sobre la que estaba sentado recuperando mi aliento y notando como se secaban las perlas de sudor de mi piel y la camiseta de tirantes gris que vestía. Hasta que mis ojos captaron a lo lejos algo contra el tronco del árbol más cercano, a unos cincuenta metros de donde estaba, era un chico. No lo reconocí inicialmente así que achiné los ojos para enfocar mejor. Ah sí… aquel tipo de Ravenclaw… era de mi curso… ¿Cómo se llamaba? Ryan o algo así. No lo conocí más que cuando nos habíamos cruzado alguna vez por los pasillos o por clase, era uno de esos a los que no le había sentado nada mal el estirón. Sonreí un poco divertido por la idea, pero acto seguido iba a bajar la mirada para dejar de prestarle atención y seguir a mis cosas. O eso pensaba… pero me percaté de algo. El contrario parecía estar leyendo, pero me fijé que disimuladamente miraba sobre las hojas de su tomo una y otra vez, mirando en mi dirección.

Miré hacia atrás. No había nadie más, me estaba mirando a mí. ¿Me estaba espiando? Torcí un poco los labios, comenzando a ponerme en pie. Ya no buscaba problemas, pero estábamos solos y me incomodaban esas miraditas, así que tampoco lo iba a dejar pasar sin más. Caminé hacia él hasta encontrarme a escasos metros, de pie frente a él. –Eh, tú… ¿Quieres algo? – Mi expresión no era mal humorada, más bien curiosa, con una ceja en alto y los labios ladeados. - ¿A caso tengo monos en la cara? Porque no dejas de mirarme…-


Última edición por Daniel Blackthorn el Dom Ago 20, 2017 11:32 pm, editado 1 vez
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Mael Ryan el Miér Ago 09, 2017 8:06 pm

“Estado anímico permanente, vago y sosegado, de tristeza y desinterés, que surge por causas físicas o morales, por lo general de leve importancia” así es definida la melancolía en la actualidad y me siento bastante identificado en días aquellos en los que pasaba tiempo del quidditch, aunque todo se hubiese reducido a ser un mero espectador como un niño en una función de teatro. Ya no podía jugar a aquel juego que tanto hacía arder la sangre dentro de mí y ascendía mis pulsaciones hasta el borde de la taquicardia. Ya no podría ser bateador, pero al menos, podía seguir viendo partidos y disfrutando del ambiente del gran y verdoso campo donde se llevaban a cabo los partidos.

Así pues, allí me encontraba yo, disfrutando de un buen libro, de la brisa ocasional y las vistas. Las porterías se alzaban imponentes y los podios esperaban ansiosos que los pitos sonasen, las voces aclamasen a sus equipos y las escobas recorrieran cada uno de los rincones de aquel terreno en la furia por la victoria. Y yo leía los apuntes clase porque no me quedaba otra. Suspiré y continué mi tarea hasta que vi a aquella figura entrar al campo, alguien entrenaba y se movía realmente bien, era ágil, fuerte y tenía un buen cuerpo, para mi gusto. Pasó el tiempo rápido mientras mi conciencia naufragaba en aquel muchacho que terminó derrotado por el esfuerzo y decidió descansar a varios metros de mí. Era un chico alto, era lo único que podía reconocer por mi falta de vista. Ser tuerto y tener cierto grado de miopía no ayuda al reconocimiento a larga distancia ¿Sabéis? Y si a eso le añadimos mi agónica curiosidad por todo, pues allí estaba yo, lanzando miradas furtivas que viajaban desde las hojas de aquel libro teórico al que suponía que era uno de mis compañeros Hogwarts, ¿pero quién? ¿Quién narices se entrenaba de esa forma en el campo de Quidditch con el calor que hacía? Y, como si el cielo escuchase una plegaria, lo siguiente que aconteció me resolvió quien era, no de la mejores de las maneras, pero, tampoco vamos a ponernos quisquillosos.

Vi al chico levantarse, por un segundo desistí de jugar al “quien es quien”, pero sus pasos comenzaron a dirigirse hacia mi. Los nervios hicieron un nudo marinero en la boca de mi estómago y clavé mis ojos en las letras de la página que permanecía inmóvil desde que el misterioso jinete había aparecido. El nudo creció cuando sus pies se estancaron a escasa distancia y al mirarle, el nudo pareció querer ahorcar el aire que quedaba entre mis entrañas. Era el chico aquel de Slytherin que tanto había demostrado ser un “purista” o perrito de Voldemort, que era la síntesis que hacia mi cerebro a esas alturas.

Dibujé una tímida sonrisa, evitando bajar la mirada a su torso, ardua tarea ¿para que mentirnos? Pero si salía ileso de aquello, ya era suficiente para mí. Aún me recuperaba de la pasada luna y ese chaval tenía a más profesores camelados que el quidditch espectadores y hombre, mucha gracia no me hacía estar puteado el año y medio que me quedaba entre aquellas cuatro paredes, más que nada porque eso no era putear, era torturar.

- Ho… - Fui a saludar antes de que el chico me cortase con aquella pregunta a la que respondí frunciendo el ceño durante un segundo, como si no supiese a que venía todo el tema. Poco tardó en terminar mi actuación cuando aclaró. Enarqué las cejas y dejé asomar mis dientes entre una sonrisa más sincera. Cerré el libro y despeiné mi cabello un instante antes de lanzar mi mirar a sus rodillas. – A ver… - Volví a mirarle a los ojos. - Solo me extrañó que alguien se ejercitase por aquí con el calor que hace, esta brisa no creo que de mucho placer si estas haciendo ejercicio e intentaba reconocer quien eras, tengo problemas de visión. Siento si te he incomodado. – Confesé. En parte era cierto, si quieres mentir, busca una verdad, así nunca te pillarán, puesto que evidentemente no iba a decir: “¿te has visto ese cuerpo? ¿Cómo no te miro?” en primer lugar porque no quería dar pie a que el bullying que había estado viviendo se intensificase al afirmar mi homosexualidad y en segundo lugar, no era el mejor tipo con el que tontear. Conscientemente, aunque mi cuerpo se prepare para situaciones comprometidas sin pedir permiso y a veces llegando a controlarme de forma muy hardcore, solía buscar distintos puntos de vista a la vida, intentaba ser lo justo podía ser un Hufflepuff pero aplicándole un poco de inteligencia, que a algunos le faltaba… Pero bueno, imbéciles hay en todos los huertos. Así, sabía lo que había hecho en este último año, pero no tenía ni idea de que no, ni de lo que si anteriormente ni el porqué de toda acción. Aquel chico era un libro en blanco para mi y sobre el que tendría que comenzar a escribir, pero eso si, con cautela.

Las náuseas seguían, no os creáis que ya se me habían ido.

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Daniel Blackthorn el Miér Ago 09, 2017 10:08 pm

Su respuesta me hizo ladear ligeramente la cabeza y luego sonreí un poco sin abrir la boca. –En otros tiempos estarías en problemas…- Supuse que entendería a qué me refería, por cosas más insignificantes que unas cuantas miradas habíamos dado palizas a algún Hufflepuff a principio de curso. –Pero ya no soy así… tienes suerte, supongo. – Me estiré un poco tirando de los brazos sobre mi cabeza, pues tenía el cuerpo un poco entumecido por el ejercicio. Estaba cansado, así que me acerqué y bajé, dejándome caer también junto al tronco del árbol, apoyando la espalda contra la dura corteza al lado del Ravenclaw. –Daniel Blackthorn, pero puedes llamarme Dan- Estiré una mano para estrechársela, sonriendo un poco, a modo de presentación.

-No sé de qué te quejas no hace tanto calor, al viento se está muy bien. Los veranos de Escocia son lo mejor y más a esta hora. En invierno ya… con tanta lluvia no te niego que da pereza salir a entrenar. - Comenté despreocupado. Me quedé allí unos segundos en silencio elevando la mirada hasta las ramas del árbol, observando cómo se mecían al viento en lo alto. Lo que más me apetecía en esos momentos era darme una ducha bien fría y tirarme en algún sofá de la sala común, pasando del mundo, pero la pereza de volver hasta el castillo… me podía… Miré al chico de mi lado. - ¿Y tú no juegas al Quidditch? - No me sonaba haberlo visto en ningún partido, pero desde luego hacia algo, ese cuerpo no era de estar sentado leyendo libros todo el día, y en ese momento miré lo que estaba leyendo, parecían apuntes. –Así que estudiando… Pensaba que los de Ravenclaw erais más de biblioteca, pero supongo que cualquier lugar es bueno- La verdad es que yo no podría concentrarme en un lugar así... ya me costaba estando solo frente a una mesa sin distracciones... con la hierba, el cielo, el viento, los animalillos y sonidos de los terrenos del castillo... sin contar la gente que pasaba a veces. Ni pensarlo.

Entonces le miré unos segundos y me vino a la mente lo que el contrario estaría pensando, debía estar flipando. Alguien que él pensaba por rumores o por su propia experiencia que era un matón, se acercaba y se le sentaba al lado y empezaba a preguntarle cual maruja de pueblo. ¿Lo estaría molestando tal vez? Una vocecilla de mi antiguo yo exclamó “¿y a mi qué? Que se joda” en mi cabeza, pero fue ignorada. –Perdón si te molesto, me iré pronto, solo es que estoy un poco aburrido y me da pereza ahora volver hasta el castillo a ducharme. - Intenté sonar simpático… esto de socializar se me daba de pena. Yo era más de soltar un bufido y seguir caminando, precisamente por eso sabía lo molesto que podía ser alguien que se acerca y comienza a hablarte sin razón alguna. Quedé en silencio, de nuevo mirando el horizonte, simplemente relajándome contra aquel árbol sin decir nada.
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Mael Ryan el Jue Ago 10, 2017 8:36 pm

Su repelente respuesta me hizo sonreír y sin demasiado pensarlo mis palabras aparecieron con cierto tono irónico.
- Daré las gracias entonces, chico de Slytherin, me alegra saber que ya no eres ese. – No me alegraba por lo que podría pasarme a mi si no se controlase, sino por lo que podría pasarle a él, no iba a dejarme amedrantar por muy mimado que estuviese en el colegio ni por muy lameculos de Lord Voldemort que fuera, evidentemente, pero eso no era lo que verdaderamente me asustaba ya que al fin y al cabo, el conflicto es algo rutinario y no me renta guardar sentimientos de rencor y venganza, al menos para personas que no significan nada para mi. Sin embargo, había algo que habituaba mis pesadillas, que me hacía temblar de solo pensarlo y es que el lobo… No olvida, al igual que yo no olvidaría ese acto que llevó a cabo a continuación. Se estaba sentando a mi lado después de lucir su cuerpo un poquito más frente a mis ojos. Procuré evitar la mirada y la clavé en el césped, compuesto por hiervas y alguna que otra flor que el chico pisó al acercarse y sentarse cerca de mi. “¿Qué acababa de pasar ahí?” Mi ceja ascendió mientras miraba alrededor si verdaderamente estábamos solos o aquello era alguna jugarreta de las que ya estaba acostumbrado a sufrir.
Su nombre acarició sus labios y mis ojos se clavaron en los suyos para después descender a su mano. Me limité a estrecharla y sonreír mientras asimilaba todo aquello y entonces me percaté, era una presentación amistosa y era mi turno.

- A-ah… Soy Mael Ryan, puedes llamarme como quieras, cada uno de los que conozco usan un apodo distinto. – Confesé soltando lentamente su mano y separando mi mano en aquella suave caricia.

El cerebro es sabio, nos da lo que nos falta y a mí me faltaba visión por lo que tenía cierta un ligero plus en el olfato y el tacto, sobre todo este último, me gustaba tocar las cosas, comprendía mejor el mundo y accedía a sensaciones que no podía acceder de otra forma.

El chico volvió a añadir información en respuesta a mi mensaje anterior. Verdaderamente, yo solo hacia deporte en el agua desde la noche en la que perdí el ojo, por lo que comenzaba a olvidar a que temperatura no sientes como si estuvieras derritiéndote en vida, pero para mi, aquella debería de ser agonizante, parece que para Dan no. Me limité a encoger los hombros, aun intentaba asimilar la situación en la que estábamos. Uno de los chicos con peor fama del colegio estaba sentado a mi lado manteniendo una conversación normal y amistosa. Aquello no se lo creería nadie cuando se lo contase. Su mirar se alzó hacia los cielos y yo me quedé mirando la delgada línea de su mandíbula hasta que volvió a reconducir la atención hacia a mi. Negué con la cabeza ante su pregunta y mis labios se separaron para dar paso a la respuesta.

- Ya no, no se me permite jugar a ciertos deportes… - Comenté pensando en el beisbol. – Mi ojo, el verde… - Seguí diciendo mientras me señalaba el ojo pertinente. – No ve nada y el otro ve menos que un gato de yeso por un accidente de hace unos años, ¿por qué lo preguntas? – Su siguiente afirmación me hizo reír. – Bueno, yo pensaba que los Slytherin solo van arrastrándose y mordiendo en los tobillos a la forma más rastrera que se conoce, pero mírate, haciendo deporte sobre tus dos piernas y manteniendo una conversación en la que no escupes veneno. – Reí para quitar hierro al asunto y miré al campo de quidditch aun pensando en mis últimos partidos.

Y allí estaba otra vez sorprendiéndome, mostrando empatía y cierta preocupación, algo que me descolocaba enormemente.

- ¿Por qué ibas a molestar? – Pregunté sonriente y con expresión de sorpresa. – Quédate un rato más, no esta de más una buena conversación con un compañero de colegio. ¿Quién sabe hasta cuando podremos mantener conversaciones con cierto grado de libertad o venir a estos lugares a disfrutar de la libertad del viento mientras fingimos hacer algo, en mi caso leer? - Alcé un momento el libro que tenía en mis manos y después lo tiré sobre el suelo. – Son tiempos de cambio ¿no crees? Por cierto, además de entrenarte y lucir músculos, ¿Qué sueles hacer? De deporte digo…
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Daniel Blackthorn el Vie Ago 11, 2017 5:08 pm

Mael, un nombre peculiar… creía haberlo oído alguna vez en clase, pero no había prestado demasiada atención a eso, intentaría no olvidarlo esta vez. Me comenzó a contar sobre su escasa visión y el ojo ciego. Así que era tuerto, que curioso, a simple vista nunca lo hubiera dicho. –Oh, que putada… como no llevas gafas no sabía que tuvieras problemas con eso. Yo tampoco soy un halcón precisamente, pero me apaño. - Sonreí de medio lado. – No, lo decía por…- no lo pensé demasiado, simplemente actué. - Bueno, tienes aspecto de ser deportista y eso, estás fuerte o al menos lo aparentas- mientras hablaba una de mis manos ilustró las palabras agarrándole del brazo suavemente y presionando un poco con los dedos, un gesto inocente al que no le di la menor importancia, aunque me sorprendió que estaba aún más duro y marcado de lo que se apreciaba a simple vista. Reí un poco disimulando mientras apartaba la mano.

Tras aquel comentario que me soltó en respuesta a mi generalización sobre los Ravenclaw, solo torcí los labios, en una mueca divertida. – Eh tampoco te confíes, nunca se sabe cuándo podría sacar el veneno y lanzarme a la yugular. - Obviamente era una broma, pero era cierto que no dudaría en cambiar mi humor si las cosas se torcían. Que fuese de buenas no me impedía defenderme.

Parecía que la conversación no le estaba molestando, algo que me sorprendió. No estaba acostumbrado a estas cosas. –Pues no se… lo mismo te estoy distrayendo de tu estudio o algo. - Reí sonriente, considerando aquello un pequeño logro personal, no solo no había huido de mí, sino que me pedía que me quedase. Nada mal… parecía que no era tan difícil eso de socializar con la gente. Pero sus palabras me borraron la sonrisa. Su comentario claramente hacía referencia a los tiempos oscuros que vivíamos y la verdad es que no me apetecía mucho ir por ese tema. A parte que no sabía del todo cuál era su opinión al respecto y debía mantener las apariencias. –Cierto… por eso prefiero vivir el presente. Dejar para el futuro los problemas del futuro... ¿Y eso de que solo finges estar leyendo? ¿Qué hacías sino? A parte de mirarme…- aquello último lo dije con tono burlón, mostrando ligeramente la punta de la lengua entre mis dientes en signo de broma.

Ante su pregunta quedé pensativo, mirando a lo alto y sin más me dejé caer sobre la hierba, tumbándome en el suelo con los brazos cruzados bajo mi cabeza y las piernas estiradas. –Pues la verdad es que de todo… no hago ascos a los deportes muggle.- Aquello lo dije en un susurro por si acaso, aunque estábamos solos y no había gran peligro. –Pero sobretodo me centro en el Quidditch y entrenarme, nadar en el lago, correr por los terrenos… o lo que ya has visto. Lo importante es mantenerme en forma para ver si puedo presentarme a capitán del equipo de Slytherin el año que viene. - Esa era mi meta estos días, los estudios y el Quidditch. -¿Y tú? Antes de que te ocurriese…eso... ¿Qué hacías?- No sabía lo que le había pasado, pero por sus palabras de antes parecía dar a entender que no nació así, sino que fue debido a algo. No necesitaba saberlo si no quería hablar del tema, pero lo cierto es que me picaba un poco la curiosidad.
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Mael Ryan el Dom Ago 13, 2017 7:12 pm

- Suelen decírmelo, solía llevar una lentilla, pero ahora mismo es mejor no arriesgarse y para no ser un halcón bien que has visto que te observaba… - Bromeé ante sus palabras, broma que proseguí ante su siguiente respuesta. - Si no tienes vista de halcón, es que te has fijado muy bien en mi, no se si preocuparme.  – Reí llevándome el puño, ligeramente cerrado, a la boca para tapar mis labios mientras pensaba en el acercamiento del muchacho hacia mi brazo. En cierto modo, se estaba tomando demasiadas libertades y eso comenzaba a hacerme sospechar.

En cierto modo, era una serpiente y muy probablemente tuviese el mismo instinto que todas, como él mismo había dicho, “Nunca se sabe cuándo podría sacar el veneno y lanzarme a la yugular” al fin y al cabo era la misma filosofía que seguía yo, vestirse con piel de cordero para arrancar el cuello al cazador en cuanto menos se lo espere. Así éramos los depredadores, me limité a sonreírle y a asentirle de forma fanfarrona. Pero verdaderamente, lo que me sorprendió fue su evasiva ante el tema de la situación actual en el colegio. Si era un pura sangre tan afín a la causa, ¿Por qué cambiar el tema? ¿Y por qué cambiar el tema precisamente a ese?

- Am… Bueno pues, hoy no me concentraba y bueno, me limité a mirarte, por curiosidad de quien eras y ya esta eh… No mal pienses que no… - “No soy maricón como dicen en el colegio”, eso era lo primero que pasó por mi mente, pero rectifiqué a tiempo. – No soy un mirón. – Comenté tímidamente y riendo mientras me alegraba de comenzar a aceptar ciertos aspectos de mí.

El chico contestó a mi pregunta y mis cejas se alzaron, sorprendido por el deseo de Dan de llegar a ser capitán del equipo. - ¿Quieres ser capitán del equipo de Sly? Eso puede ser interesante la verdad, a ver si dejáis de jugar tan sucio contigo al mando. – Comenté golpeando suavemente su brazo con mi puño. – Y yo… ¿Antes de lo del ojo? – Miré sus ojos un momento mientras repetía la pregunta y después abracé mis piernas como un acto reflejo mientras apoyaba mi mandíbula en estas. – Pues… Jugaba al beisbol, era capitán de mi equipo ¿Sabes? – Confesé sonriendo como si verdaderamente no me importase, como si solo fuese por chulear. – Y después estuve un año en el equipo de Quidditch de Raven, de bateador, pero con la vista así no puedo hacer nada. ¿Te imaginas que me llega una bludger por mi lado izquierdo? – Reí en un intento de verle la gracia a aquello. – Acabaría en enfermería para los restos de mi vida. Así que ahora mismo hago natación y de vez en cuando hago pesas en el gimnasio que tenemos en el sótano. Además de eso, poco más… Bueno leo y juego a videojuegos de vez en cuando. ¿Te gustan los videojuegos o solo dedicas tu tiempo a ponerte mazao para llamar a las nenas? – Mi pierna izquierda se estiró y yo quedé apoyado solamente en la derecha mientras observaba al chico con cara de pillo. – Es raro que no estén por aquí tirándote las bragas, en el colegio hay cada loca…

- Blackthorn, Ryan, la profesora de herbología os está buscando, deberían de ir al invernadero a ver que desea. – La voz interrumpió nuestra conversación, una voz que me hizo asustarme y mirar hacia atrás exaltado. Era uno de los conserjes de Hogwarts, aunque algo me hacía pensar que aquello no estaba bien. ¿Por qué narices quería la de herbología vernos a los dos en concreto si no habíamos estado nunca en clase?

- Ahora vamos, gracias por avisar. – Respondí con una sonrisa para después mirar a Dan e intentar comprobar si él también iba a marchar hacia allí. Toqué su pierna con mi deportiva con dos sutiles golpecitos como señal en un intento de advertencia de que algo podría ir mal.
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Daniel Blackthorn el Dom Ago 13, 2017 8:38 pm

-A ver… tampoco es que esté ciego, a esa distancia si te veía, aunque algo borroso, no estabas tan lejos.- Reí, divertido por su suspicacia, ante el comentario de que me había fijado bien en él simplemente me encogí de hombros y sonreí. No era mentira, pero tampoco lo iba a admitir en voz alta para alimentarle el ego gratuitamente, que lo interpretase como quisiera.

El contrario parecía nervioso, explicando que solo me miraba por la curiosidad de saber quién era. –Tranquilo, si no pasa nada- Ya había explicado que no veía tres en un burro, era normal que se quedase mirando si veía una silueta de alguien … ¿No? Su siguiente comentario me hizo reír y rebatirle orgulloso de mi equipo –Mira que sois delicados… No jugamos sucio, solo que los pajarracos no estáis acostumbrados- Mi voz altiva pero en tono burlón solo indicaba que bromeaba para picarle un poco. –Oh beisbol, eso está bien. He jugado un par de veces… pero sí, para golpear bolas prefiero ser bateador de Quidditch, hacerlo mientras vuelas lo hace más interesante.- Escuché como explicaba lo de su ojo, y tenía razón, asentí de acuerdo  que en ese estado no podría jugar en condiciones, sería peligroso. –Bueno, la natación está bien. ¿Has ido alguna vez al Lago Negro a nadar?- Bajé un poco la voz mirando de reojo un instante para comprobar de nuevo que estábamos solos. –Está prohibido pero… a veces lo hago, sobretodo estos días que ya no está tan helada el agua.-

Me preguntó sobre videojuegos a lo cual lo miré con curiosidad. –La verdad es que nunca he tenido videojuegos.- Mis abuelos no veían con buenos ojos nada relacionado con el mundo muggle, y con el sueldo de mi madre apenas nos llegaba para sobrevivir… Había oído hablar de aquellos juegos pero no era algo que hubiera tenido nunca por casa. –No se, la verdad es que fuera de Hogwarts me aburro bastante, en casa no hay mucho más que libros que ya he leído y ocupo casi todo mi tiempo fuera de casa paseando por ahí o…- o metiéndome en lío, pero no, eso se había acabado. -…o con amigos.- No tenía demasiados, pero eso no venía a cuento. A su siguiente afirmación respondí con una risotada, ladeándome en la hierba, aun tumbado, quedando de medio lado mirando en su dirección. –Que va, no me van mucho las nenas, soy más de nenes.- Lo dije sin darle importancia y encogiéndome de hombros despreocupado. No era algo de dominio público, pero tampoco lo iba negando, nunca me habían gustado las mujeres y tampoco me avergonzaba de ello. Por suerte o por desgracia en nuestra sociedad hoy en día era mucho peor ser sangre sucia que marica. –Pero vamos, que…- Iba decirle que no me había acercado a él por eso, solo intentaba ser simpático, esperaba que no fuese uno de esos heteros que se ponen nerviosos… cuando nos interrumpió aquella voz que me sobresaltó. Pensaba que estábamos solos y casi me puse en pie del respingo, comenzando a levantarme mirando en la dirección del conserje. Asentí ante el mensaje, pero mi rostro se quedó serio y las cejas fruncidas indicaban cierta preocupación.

-¿Qué querrá?- pregunté cuando se alejó el conserje. Me parecía muy extraño todo, no era nada habitual que nos llamase un profesor a esas horas ¿Y concretamente a nosotros? ¿Por qué? No entendía nada, pero hice un gesto a Mael indicando que yo también iba, al menos si tocaba bronca no recaería sobre mi solo.
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Mael Ryan el Dom Ago 13, 2017 11:59 pm

“Todos los días se aprende algo nuevo” Eso dice el dicho, yo verdaderamente, ese día aprendí mucho de aquel muchacho del que tanto se hablaba y que verdaderamente me había demostrado ser todo lo contrario a lo que había oído.

- No lo sé. – Contesté mientras me ponía en pie a su lado. – Pero me da mala espina, no entiendo porque narices nos llaman a ambos cuando no hemos estado juntos antes… Pero bueno ¿vamos? – Tras la pregunta emprendí la marcha hacia el invernadero, pensando en nuestra anterior conversación. – En vacaciones podrías venirte algún día a mi casa, aún tengo guardada la play por ahí… Es de lo poco que mis padres me dejaron antes de tirar casi todos los inventos muggles. – Confesé lanzándole una sonrisa para posteriormente clavar mi visión en el suelo. El verde césped acariciaba mis zapatos mientras bailaban con el acariciar del viento, fue en ese instante en el que me detuve para quitarme el calzado y los calcetines y seguir el camino descalzo, notando las caricias de la naturaleza en mi piel. – Por cierto, siento haberte dado antes con el pie, solo quería advertirte de que algo me extrañaba aunque creo que no fue muy efectivo… - Comencé a reír sin saber cómo comentar aquello que me había impactado del muchacho. No encontraba exactamente la manera de abordar el tema así que finalmente lancé la pregunta. - ¿Así que nenes? – Mis ojos iban saltando de un espacio borroso de césped a otro, intentando ocultar mi nerviosismo. – Y… ¿no te preocupa que la gente lo sepa? Es decir… No sé, ¿no te dicen nada? – Pregunté con la idea del abuso que había vivido yo durante tanto tiempo en el colegio por parte de Evans y sus estúpidos colegas. Gryffindors imbéciles. - ¿Y lo saben tus padres? – Esa pregunta hizo que un escalofrío recorriese mi cuerpo. Solo de pensar en la reacción que podría tener padre si se enteraba de mi condición, probablemente no fuese otro ojo lo que perdiese solamente. Fueron tras varios pasos cuando me percaté de que estaba siendo demasiado intrusivo y poco sutil. – Oh… Pe-perdona yo no quería… no quería molestarte con tanta pregunta es que es algo que… Que no sé cómo afrontar la verdad… - Confesé a la vez que me acariciaba el antebrazo izquierdo con mi mano derecha, un símbolo de que me sentía inseguro y que pocas veces mostraba a los demás. – Por cierto… ¿Tu crees que será una jugarreta? Lo del invernadero. – Le pregunté ya con el invernadero allí delante. – Si lo fuese ¿qué hacemos? ¿sabes pelear? – En cierto modo me preocupaba que saliese herido, sobre todo si resultaban ser los gryffindor que por ir a por mi lo hubiesen arrastrado a él, pero y si no era más que una trampa de él para mí, si no lo fuese ¿por qué se habría acercado a mi y entablado una conversación. Fruncí el ceño y le miré de reojo durante un instante antes de volver a pararme para ponerme las deportivas y preparar mi varita. Se acercaba el momento de saber que nos deparaba el destino.
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Daniel Blackthorn el Lun Ago 14, 2017 4:53 pm

Parecía tan mosqueado por la situación como yo, pero ambos echamos a andar dirección al invernadero por la amplia pradera de césped. –Oh, gracias- Contesté con una sonrisa a su oferta de ir a su casa en verano. –También puedes venir a mi casa si quieres, aunque no tengo mucho ocio para ofrecer, un patio trasero plagado de gnomos y malas hierbas. – Reí. En ese momento vi cómo el contrario se comenzaba a descalzar y continuaba caminando descalzo por los terrenos. Bueno, casi todos los magos teníamos excentricidades, así que esas cosas tampoco me sorprendían y no dije nada más que un fugaz vistazo curioso.

-No te preocupes, pensaba que era para que me levantase, pero vamos, ya me había percatado de que algo no va bien. Pero bueno, en poco tiempo veremos de qué se trata. - Continuamos caminando en silencio y me percaté de que el contrario estaba algo nervioso. No necesitaba que lo dijese, sabía de qué se trataba. No era la primera vez que veía a alguien así, como incómodo y sin saber bien qué decir, justo después de haberles contado que era gay. Al fin se atrevió a preguntar. –Pues… la verdad es que no. Nunca he tenido problemas con eso la verdad… tampoco lo he ocultado nunca. Creo que los abusones se meten con la gente débil aprovechando sus debilidades, pero si no lo consideras una debilidad… no pueden atacarte con eso. - Le contesté sonriendo y en mi cabeza la curiosidad comenzó a crecer, no era la pregunta que esperaba… ¿Acaso también...? Bueno, sabía que había gente que se metía con él, no estaba sordo por los pasillos, pero no sabía si me preguntaba sobre los abusones en general o sobre el tema de la homosexualidad en particular. –Aunque bueno, nunca se han metido mucho conmigo en el colegio, ya sabes…- no lo dije, pero se sobreentendía. Hasta hace poco era yo el abusón, sobretodo de algunos Hufflepuff que me temían enormemente. Pero ya no era algo de lo que me sintiera orgulloso, así que miré al suelo. – Mi madre lo sabe, y no tengo padre así que… sí. Y nunca me ha dicho nada al respecto tampoco. Mis abuelos no lo saben porque nunca ha salido el tema, pero creo que les jodería más que acabase con una mujer muggle que con un hombre mago. - Dije aquello con tono sarcástico indicando que no compartía el extremismo de mis abuelos.  Y entonces lo dijo “es algo que no sé cómo afrontar” Le sonreí, estaba claro, él también era así, solo que parecía muy inseguro al respecto, seguramente por las burlas y eso. –Bueno, si necesitas hablar o cualquier cosa, ya sabes. - Tampoco le iba a presionar, cada cual progresaba a su ritmo, solo esperaba que contarle mi experiencia ya le hubiese ayudado.

Cambiando de tema con la cercanía del invernadero, comenzamos a preguntarnos sobre la misteriosa llamada. –Pues no sé, la verdad… ¿Sería raro no? Ha venido un conserje a avisarnos así que no creo que sea cosa de alumnos…- Reí al escuchar lo de pelear. –Me extrañaría mucho que esos leones cabeza hueca sean capaces de un plan tan elaborado, pero si lo fuese… que se preparen. - Apreté los puños y se escuchó ligeramente un crujir de nudillos como signo de que estaba listo para lo que me encontrase. Por fin estábamos llegando, frente a nosotros la estructura cristalina de los invernaderos emergía al otro lado de la colina que estábamos pasando, en pocos minutos ya habíamos llegado a las puertas y sin más di un paso al frente. Fuese lo que fuese tenía más intriga que otra cosa. Empujé las puertas de cristal enmarcadas en acero ornamentado que se desplazaron con escaso sonido ante la presión de mis dedos. Di un paso dentro del lugar, sujetando unos segundos la puerta para que Mael también traspasase el umbral. Mi mirada recorrió las hileras de plantas que se elevaban hasta el techo, arbustos y macetas con algas, matojos y tentáculos que no paraban de moverse, exhalar vapores raros o simplemente decorar la estancia. Siempre había odiado ese lugar por la humedad que reinaba en el ambiente, y todas aquellas plantas que incluso en penúltimo año de estancia en Hogwarts aun no conocía. Me inquietaban. Miré de un lado a otro en busca de alguien. -¿Hola? Nos han llamado…- Pregunté en voz alta.
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Mael Ryan el Miér Ago 16, 2017 9:06 pm

Reí a carcajadas cuando Dan soltó aquel comentario de los Gryffindor, coincidíamos en ese pensamiento sobre la casa roja de Hogwarts, la casa de los más cortos del colegio, les tenía tal asco a esa casa que apenas podía ver uno y no sentir nauseas.

- Ahí tienes toda la razón, la verdad. - Comenté entre risas, no le había comentado nada ante su ofrecimiento de escucharme y menos en esas circunstancias en la que posiblemente todo hubiese sido preparado por él y ahora me emboscasen cuatro Slytherin cachirulos. En fin, el bullying nuestro de cada día. No tardamos en llegar a entrar por la puerta que marcaba el territorio del invernadero, un territorio vacío y abandonado en aquel instante.

Observé meticulosamente a Dan entrar y sus palabras resonaron por el espacio que envolvía a cada una de las plantas que allí crecían, vivían y bueno… cada una hacía algo distinto así que no voy a especificar tanto. Yo me acerqué a dos tiestos en los que reconocí lo que allí crecía, mandrágoras de esas destructoras de tímpanos. Sus escasas hojas caían desde su diminuta rama a la cual acaricié con delicadeza mientras continuaba mi marcha unos solos pasos más.

- Aquí no hay nadie… - Comenté mientras abría aquel sobre de color canela. – Ya se han ido, sea quien fuese. – Aquellas palabras sonaron algo menos que las anteriores puesto que mi mente ahora se encontraba en las palabras escritas con aquella letra que no conocía, pero que evidentemente, debía de ser la de alguien con autoridad por cómo me delataba en un tema que solo los profesores sabían.

“Cuando la luna sea adulta, os espero bajo las ramas del combatiente.”

Le cedí la carta a Dan para que la leyese, y con suerte diría de no ir, pero con lo poco que lo conocía ya veía aquella opción totalmente inviable. Tenía que pensar algo y rápido o, por primera vez, mi condición se vería expuesta ante un alumno, un compañero de clase, pero por otro lado, el chico no parecía involucrado en ninguna jugarreta y parecía ser amistoso, quizá era una buena señal.

El nerviosismo me invadió y mi mirada se clavó en la de Dan desde aquella posición cabizbaja en la que me encontraba mientras pensaba en las posibles soluciones al follón en el que me había metido.

- Qué tontería ¿no?
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Daniel Blackthorn el Vie Ago 18, 2017 4:21 pm

Allí no había nadie… Miré tras las filas de macetas, incluso debajo de las altas mesas alargadas que se usaban cuando había clase, por si había alguien escondido, pero nada. Me iba a girar hacia Mael con expresión confusa cuando lo vía con un sobre en la mano. -¿Y eso?- Lo miré sorprendido, pues no había visto el sobre, aunque claro, tampoco me fijé, iba centrado en encontrar personas. Comentó que ya se habrían ido, mientras comenzaba a leer el sobre.

-¿Y para eso nos hacen venir? No me hacen gracia estos jueguecitos…- Mi ceño estaba fruncido y comenzaba a ponerme de mal humor, no me gustaba que me mareasen y aquello parecía el juego del escondite. Si alguien quería decirme algo que lo dijese a la cara pero eso de ir evitándonos me estaba cabreando. Me pasó la carta y leí las palabras escritas en el fragmento de papel tranquilizándome un poco ante el enigma. -¿Luna adulta? Supongo que habla de la luna llena… ¿y el combatiente?- No tenía ni idea, me quedé pensativo. Debía ser un lugar o algo grande, de los terrenos del castillo puesto que en plena noche no podríamos salir a Hogsmeade… el combatiente… ¿Quizá el campo de Quidditch? Un partido podría interpretarse como un combate, pero me parecía muy cogido por los pelos… En ese momento se me iluminó el rostro. –Oh… el sauce…- El sauce boxeador, combatiente como sinónimo de boxeador tenía bastante más sentido. Miré a Mael. -Pues sí, es una gilipollez… a parte de peligroso. No me voy a acercar a ese árbol solo porque me lo diga un trozo de papel. Pero sí podríamos ir ese día a mirar desde lejos, solo para curiosear. Sí son los Gryffindor se van a cagar…- Me quedé mirándolo, por alguna razón parecía bastante nervioso, con la cabeza cabizbaja.

-¿Estás bien?- Quizá tenía miedo. Si estaba acostumbrado a que se metiesen con él era comprensible… Traté de acercarme para colocar una mano comprensiva en su hombro pero mi tobillo se enganchó en una raíz del suelo. Traté de equilibrarme, pero solo conseguí avanzar un poco a punto de caer y finalmente me desplomé sobre el Ravenclaw, arrastrándolo conmigo–Mierda, que torpe soy…- Estábamos ambos en el suelo y me encontraba totalmente sobre él, con su rostro frente al mío, tan cerca que podía notar su aliento. Mis manos que había intentado poner delante para protegerme apretaban su pecho y mis caderas presionando las suyas, nuestras piernas entrelazadas y aquello no podía ser más erótico a la par que incómodo, hasta notaba el calor de su cuerpo bajo la tela de nuestras ropas. Joder como estaba el cabrón… pensé durante una fracción de segundo que permanecimos en silencio. No pude evitar ponerme rojo hasta las orejas por la vergüenza, pero no reaccioné inicialmente. Lo miré a los ojos y entonces comencé a separarme volviendo a la realidad, apoyándome sobre el suelo con las manos para retirarme. –Lo siento, la puta planta… ¿Te has hecho algo?- Señalé a las raíces del suelo. Que se curvaron hasta plegarse en la maceta de la que habían salido. Habíamos dado aquello en clase hace años creí recordar, era una Diabolus Pixifolia, una planta arbustiva poco peligrosa que extendía sus raíces o las plegaba a voluntad para hacer tropezar a sus depredadores.

Al apartarme me eché a un lado de forma aparatosa con un fuerte dolor en el tobillo izquierdo –Mierda, me he torcido el tobillo…- Me quité el zapato y calcetín para liberar el pie por si se estaba hinchando, pero a simple vista parecía estar bien… salvo por el dolor, me comencé a masajear ligeramente el tobillo con expresión dolorida.–¿No sabrás de algún hierbajo de por aquí para curar esto? No atiendo demasiado en herbología la verdad…- sonreí con humildad, era la verdad, aquella asignatura me aburría hasta el sopor más profundo.
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Mael Ryan el Dom Ago 20, 2017 12:16 pm

Fui a decirle a lo que se podría referir con lo de “las ramas del combatiente” cuando se adelantó a mis pensamientos como si de un legeremago se tratase. Algo en mi comenzó a relajarse cuando parecía que Dan no iba a acercarse a ese árbol por lo peligroso que podía ser y lo que le había molestado aquel jueguecito estúpido y por tanto, podría ser que no tuviera que inventarme algo para salir del paso y no acabar degollándolo en mitad de la noche. Mi tranquilidad se esfumó como el humo de una pipa cuando propuso que podríamos ir a mirar. ¿Qué si estaba bien? No, no lo estaba, no podía ir allí esa noche y menos acompañado, era peligroso para él, ¿pero cómo narices salía del paso?

- Emm… N-no… ¡Eh! ¡Ah! – Mis ojos se clavaron en el Slytherin al verle abalanzarse sobre mi sin motivo alguno. Sin entender que había pasado, abrí los ojos y me topé con los suyos allí a escasos centímetros. Me dolía la cabeza y el trasero del golpe, pero poca atención le presté a este sentimiento puesto que mis sentidos estaban saturados por la cercanía de la serpiente, que al contrario de ellas, él era cálido, una calidez que me hacía sentir confortable. El ambiente se cargó de su aroma, una fragancia creada por la mezcla del perfume y el sudor. Sus manos oprimían mi pecho, las mías se habían agarrado, en un acto reflejo de aguantarlo en algún momento de la caída, a sus caderas que se encontraban en contacto con las mías. Intenté mover mi pierna pero aquello se convirtió en una caricia en su pierna, nuestras piernas estaban entrelazadas y mi labio inferior quedó atrapado entre mis dientes sin quererlo. Estaba muriendo de la vergüenza, aquel chico estaba levantando en mi un instinto que no esperaba sentir con un desconocido y al tener conciencia de esto retiré mi mirada de la suya mientras a mi memoria solo llegaban aquellas imágenes de él entrenando momentos antes. Debía de estar tan rojo como lo estaba él cuando se retiró de encima mía. – N-n…No pasa nada…- Dije sentándome en el suelo y mirando hacia otro lado con aquella expresión de incredulidad a la par que mi mano acariciaba mi nuca. No sabría decir si era por el dolor que sentía o por lo ruborizado que me sentía. - ¿E-Estas bien? - ¿Qué coño le pasaba a mis palabras? ¿Por qué no dejaba de tartamudear? “Mael… Reacciona coño” Me dije para mis adentros y le volví a mirar intentando disimular que no había pasado nada, sin embargo si parecía que había pasado algo y más preocupante que una situación demasiado erótica. Fruncí el ceño ante la información de su tobillo. Observe en sigilo como dejaba al desnudo su pie y entonces volví a retirar la mirada una vez más antes de cerrar los ojos y respirar profundamente. - ¿Entiendes algo de medimagia? – Le pregunté arrodillándome frente a él y retirando su mano del pie con suavidad. Mi piel entró en contacto con la de su extremidad dañada y la puse sobre mi pierna para estudiar la zona con mis dedos. Seguía sonrojado e intentaba no mirarle a los ojos mientras comenzaba a explorar, apretando levemente las zonas para ver donde estaba el foco del dolor. – Esto puede que te duela un poco… - Le advertí antes de comenzar a crear círculos con mis pulgares en un pequeño bulto que había encontrado pocos milímetros más abajo del tobillo. – Esto se te va a inflamar bastante… No sabría decirlo con exactitud pero puede que tengas un derrame, no sabía que teníamos plantas hijas de puta en el invernadero la verdad… - Normal que no lo supiera, herbología era de las asignaturas que menos me gustaba, solo leía libros de esta por mi obsesión por conseguir dominar la bestia que residía en mi interior, al igual que la medimagia, aunque también había otros motivos ocultos en todo ello. – Emm… Necesito espacio… - Dije dejando su pie en el suelo, con delicadeza, y acariciándolo una vez más en busca de calmar su dolor. – Ventus. – Susurré apuntando la mesa que tenía a mi lado y lo que se encontraba en la mesa salió volando por la ráfaga de viento que lanzó todo al suelo que se encontraba al lado contrario de la mesa. – No se te ocurra levantarte. – Le avisé dirigiéndome a su lado y pasando mis brazos por debajo de sus piernas y tras su espalda para alzarlo y tumbarlo en la mesa. – Vale y ahora un momento, deberíamos tener algún tallo de jengibre por aquí.

Giré sobre mi en busca de la planta y no tardé en encontrar un macetero con algo parecido a lo que estaba buscando. Me acerqué en un momento, sorteando todo lo que se encontraba en el suelo, y tiré de uno de esos tallos verdes que me mostró que este había brotado de lo que estaba buscando. Sonreí a la victoria y tras un accio para atraer el mortero y algunos elementos más, estuve cerca de cinco minutos creando el ungüento que acabaría usando para, si no me equivocaba, prevenir la hinchazón.

Mis pasos me llevaron al lado de la mesa, esta vez tenía a Dan frente a mi, en mi campo de visión se encontraba su cuerpo, sus pies eran lo más cercano a mi y su rostro lo que se encontraba tras cada músculo definido de este. Tragué saliva en un intento de centrarme en lo que debía y volví a atrapar su pie entres mis manos, bañé mis dedos en aquel mejunje y comencé a aplicarlo en su tobillo, sin apretar, haciendo círculos en sutiles caricias que intentaban no ser dolorosas. Debía de hacer aquello hasta que comenzase a absorber la medicina (o veneno, a saber, lo que había preparado). El segundo paso sería vendarlo y dejarlo reposando, aunque no sabía exactamente cómo iba a reposar si teníamos que llegar al colegio.

- Esto debería ayudarte... ¿Te duele mucho? Si te hago daño, avisame...
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Daniel Blackthorn el Dom Ago 20, 2017 4:02 pm

Se le veía tan ruborizado como a mi con la cercanía tras la caída y eso me hizo sentir un poco mejor. Sonreí un poco ante sus palabras aunque aun sin atreverme a mantener la mirada. –Qué va… la curación no es lo mío- Nunca había sido buen estudiante, más bien de aprobar raspado. De hecho hasta que empezamos con las Artes Oscuras no destaqué nunca en clase… no sabía si era algo para sentirse orgulloso, pero se me daban bastante bien. De pronto noté sus dedos en la zona, una fuerte punzada de dolor me hizo apretar los diente, solo eclipsada por la sorpresa del tacto de sus manos.

Me pilló por sorpresa y antes de darme cuenta notaba como los brazos de Mael me rodeaban elevándome en peso. De nuevo me puse rojo por la cercanía, pero no dije nada. Mierda… llevaba demasiado sin contacto humano y aquel chico… joder, parecía que el destino se empeñaba en acercármelo. Comenzó a moverse por la zona buscando ingredientes para preparar una especie de ungüento. –Parece que a ti si que se te da bien esto- Lo vi mezclar con el mortero, observando con curiosidad y finalmente comenzó a llevarlo a mi pie, sus dedos recorriendo mi piel untados en aquella sustancia. Masajeaba con cuidado y podía sentir el calor de sus dedos rozando la piel, frotando, pronto no se vía aquel pringue que había sido absorbido por la piel y solo quedaban sus dedos acariciándome. Se me erizaron los vellos de la nuca y comencé a sentir un intenso calor. –Joder que calor hace aquí...- Comenté apartando la vista para disimular lo excitado que estaba por la situación. Un chico que parecía cincelado en mármol me estaba dando un masaje en los pies… Intenté no pensar, pero el silencio de aquel invernadero, el calor, la humedad, era como estar en una especie de ensoñación.

Poco a poco noté como la inflamación iba bajando, aunque para entonces ya me daba un poco igual todo eso, estaba demasiado pendiente de aquel tacto de sus manos, y mis ojos se escapaban en ocasiones para mirarle. Su rostro, concentrado en el masaje, la línea de su mandíbula… su cuello… la clavícula marcada en su blanca piel que se vislumbraba a sobre el cuello de la camiseta y la túnica. Tragué saliva, intentaba pensar en otra cosa pero era imposible.

-Creo que ya está mejor…- Llevé las manos a mi tobillo para palparlo, y mis dedos tocaron los suyos. –Sí, ya no duele…- La inflamación parecía haber remitido y aunque todavía no podía apoyar del todo el pie, ya no sentía ese punzante dolor con solo tocar la zona. Traté de incorporarme, sentándome en el borde de la mesa con las piernas colgando, Mael de pie frente a mi. Ambos guardamos silencio y me sorprendí perdido en su mirada. Traté de bajarme de la mesa despacio, cayendo frente a él, ambos de pie. Aun no dije nada, quizá me estaba precipitando, movido por aquel ambiente onírico del invernadero. El sol se estaba poniendo con las rojizas luces del ocaso filtrándose por los vidrios de aquel lugar y la extensa vegetación. La humedad y el calor daban al aire una extraña apariencia translucida y los aromas de las flores y plantas mágicas cargaban de un tenue perfume dulzón toda la escena. De nuevo esa sensación de estar soñando, esa misma sensación que me llevó a actuar sin pensar demasiado. Elevé el brazo acercando mi mano al rostro del contrario. Acaricié el lateral de su cara antes de tomarlo con los dedos que se mezclaron en sus cabello, mi rostro acercándose al suyo. Podía sentir su aliento, el calor de su piel, y aquel calor se convirtió en tacto cuando mis labios rozaron los suyos.

Lo besé, me dejé llevar. No aguantaba más toda aquella situación y era incapaz de pensar con racionalidad, aun menos sintiendo sus labios en mi boca. Simplemente me rendí al deseo y lo disfruté, con una de mis manos acariciando su cuello por detrás, la otra tímidamente posándose en sus caderas. Hacía mucho que no besaba a nadie.
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Mael Ryan el Dom Ago 20, 2017 7:32 pm

Era cierto, hacía calor, pero no exactamente por el clima en aquel lugar, que también, pero la temperatura se incrementaba internamente y ya me sobraba la túnica que no tardé en quitarme tras el contacto de nuestras manos, un contacto fugaz, suave y cálido que me asusto y me obligó a retirarlas con el pretexto de quitarme la prenda.

- M-me alegro de que haya pasado algo el dolor, pero no se te ocurr… - Mis palabras se cortaron y la distancia que existía entre Dan y yo se esfumó como una lágrima del cielo que se precipita hacia la desaparición entre las llamas. - ¿Pero ¿dónde vas? Si haces eso vas a agravar la lesión… - Le regañé con el ceño fruncido, un ceño que se relajó al instante que nuestras miradas se cruzaron. Notaba las curvas de su cuerpo pegado al mío, notaba su calor, su respirar y mi corazón que ahora latía a una velocidad insana. Sus dedos acariciaron mi rostro con delicadeza, sabía que algo iba mal, que aquello significaba más que un acto de cariño, de agradecimiento. Mis brazos rodeaban su cintura acercándole a mi en un intento de que no apoyase el pie dañado y entonces me besó, mis defensas no pudieron hacer nada, simplemente me dejé llevar por el suave tacto de sus labios. Sus caricias por mi cuello me conseguían que mi bello se erizase, su mano viajaba a mi cadera yo en un acto impulsivo descendí con las mías bajo sus muslos para cogerlo y elevarlo del suelo para posteriormente sentarlo en la mesa y ascender de nuevo a su espalda, acariciándola, dibujando en ella curvas imperfectas que llegaron a su nuca, donde comencé a acariciar del mismo modo que él me lo hacía. “Detente” Resonó en mi mente y lo aparté de mi bajando la mirada a la mesa, entre sus piernas. – E-Esto… Esto… No esta bi… - Algo en mi me hacía perder el raciocinio, quizá era su aroma, quizá su cuerpo, quizá todo él o quizá lo que había en mi interior que deseaba complacerse, deseaba el placer de la carne, trague una vez más saliva antes de reconducir mis ojos a los suyos mientras me mordía tímidamente el labio, un mordisco que lancé a su cuello tras agarrarle por detrás del cuello y acercarlo de nuevo a mí. Ahora mis caricias se centraron en sus abdominales y en su cabello mientras mordisqueaba su tensa piel, con aquel suave sabor a salado que fue repitiéndose en mi paladar conforme ascendía hacia su mandíbula, después hacia su oreja, la cual besé y después volví a cesar para volver a mirarle tímido desde delante. – L-lo siento… - No podía parar, sentía la necesidad de seguir, de apagar el fuego que había en mi interior y al que tanto miedo le tenía.

Dejé caer la mano que viajaba por su abdomen en un acto inconsciente y esta cayó sobre algo duro en su pantalón. Aquello me ruborizó en demasía y la retiré por completo, más sonrojado si cabía y sin saber que decir o hacer.

- Pe-perdón yo no quería, tocar nada… - Dije, bueno mentí, si que tenía ganas, pero aquello no había sido adrede, lo juro.
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Daniel Blackthorn el Dom Ago 20, 2017 11:31 pm

Aquello continuó pareciendo un sueño, aun más si cabe cuando pude notar sus manos envolviendo mis caderas con preocupación. En aquellos momentos el tobillo era lo último que me importaba, sumido en aquel cálido beso que no me atreví a romper, hasta que mude sentir sus manos deslizarse aun más, tomarme de los muslos y elevarme de nuevo sin esfuerzo hasta sentarme en la mesa de nuevo, frente a él. Nadie me movía de aquella forma desde que era un crío, y por alguna razón me ponía aun más. Me dejé llevar por completo ignorando sus palabras avergonzadas mientras bajaba la mirada, le tomé de la barbilla y lo miré fijamente. No hizo falta decir nada, por si mismo se lanzó cual lobo hambriento hacia mi cuello, devorando mi piel con una pasión que no había visto antes. Tampoco es que yo fuese aquí la persona más experimentada del mundo en estas cosas.

Sus manos recorrían mi abdomen bajo la camiseta que de pronto se me hacía más un impedimento que una prenda cómoda. Su otra mano se entrelazaba en mis cabellos y una de mis manos la imitaba sujetando de la nuca a Mael, trayendo su cara aun más contra mi mientras me mordía el labio inferior con los ojos cerrados, disfrutando de cada bocado que ascendía hasta mi mandíbula, hasta el oído el cual besó antes de alejarse un poco. –Tonto…- Le sonreí cuando se disculpó por tocar la rigidez estiraba la tela entre mis piernas de aquellos pantalones cortos de chándal que usaba para entrenar. Como única respuesta agarré mi camiseta y con un ágil movimiento me deshice de ella quedando a torso descubierto. Sin romper el contacto visual y mordisqueando mi labio inferior de forma provocativa, mis manos viajaron por su espalda en una suave caricia, descendiendo hasta su culo, que apreté con fuerza entre mis dedos sobre el pantalón. Mi expresión brilló un segundo, antes de dar un tirón del contrario hacia mi, trayéndolo contra mis caderas y de nuevo atrapando sus labios en mi boca. Me había gustado su sabor, su tacto, ya no estaba dispuesto a dejarlo marchar sin darme más. Comí de sus labios con pasión, mordisqueando juguetón su labio inferior antes de comenzar a juguetear con la lengua e invadir poco a poco su boca.

Mi cuerpo comenzaba a contonearse por instinto contra el contrario, mis manos aun sujetándolo con fuerza y trayéndolo con fuerza en un sensual roce contra mi entrepierna. Mis muslos rodeaban sus caderas y mis pie descalzo curvaba los dedos de placer con una suave punzada de dolor que apenas sentí en el calor del momento.  –Sí querías tocar… toca más…- Las palabras salían de mis labios casi como gruñidos, estaba demasiado concentrado en su cuerpo, en el roce, en el beso… a penas era consciente de lo que había dicho. Me separé un poco y agarré aquella molesta tela del contrario, tirando hacia arriba para despojarlo de la camiseta y poder apreciar por fin… ese cuerpo. Era mejor de lo que pensaba, cada musculo perfectamente marcado en aquella suave y tensa piel pálida como la leche. No pude contenerme, me lancé con un travieso mordisco a su pectoral, frotando mi rostro contra su piel, imbuyéndome de su aroma, ascendí besando su cuello despacio hasta lanzar un pequeño bocado al lóbulo de su oreja, antes de volver a los labios.

-¿Y tú dónde has estado estos años…?- Susurré entre sus labios, jadeoso , una pregunta retorica casi para mi mismo, maravillado por la situación que aun no tenía muy claro si estaba ocurriendo de verdad o era alguna alucinación producida por los vapores de esa extraña mezcla que me aplicó en el tobillo.  Mis dedos se colaban por el borde de su pantalón, mientras la otra mano tiraba de su muslo, como tratando de subirlo a la mesa conmigo, quería tenerlo más cerca, quería sentir su cuerpo completo contra mí. La llevé a la espalda y lo empujé contra mi torso mientras nos besábamos, notando la aterciopelada textura de sus abdominales contra los míos, y ese calor palpitante que irradiaba su cuerpo. Me estaba volviendo loco.
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