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Creo que me he roto —Laith Gauthier. Flashback.

Adae West el Mar Ago 22, 2017 3:46 am

Recuerdo del primer mensaje :

Flashback de mayo del 2017.
Adae West & Laith Gauthier
14:32 horas

—¡¡ME ESTOY MURIENDO!! —Gritaba, alarmado, mientras un señor lo llevaba a caballito por todo el recinto del refugio. Ese día el doctor y médico del refugio no se encontraba allí, por lo que había o que improvisar, o directamente buscar alternativas mayores. Por eso el señor le había mandado un WhatsApp a un médico de confianza para poder quedar con él en un sitio seguro y que le ayudase con el pequeño.

-

Adae estaba entrenando con una varita prestada varios hechizos para al menos hacer algo con su vida, pero estaba claro que la única varita que le haría caso en su vida era la suya propia. Las demás, absolutamente todas, le desafiaban y él era incapaz de ganarse la confianza de ninguna. En esta ocasión, practicando un hechizo aparentemente inofensivo, además de manchar toda la habitación de una sustancia viscosa, romper las paredes, crear misteriosamente humedad en una esquina del techo y romper la mesa del escritorio por la mitad, la varita decidió crear un proyectil mágico que impactó contra una cacerola que estaba justo en frente, la cual salió disparada hasta chocar contra el rostro de Adae, hacer que se resbalase en el suelo por esa maldita sustancia viscosa y que, por la caída y el susto, colocase mal su brazo libre de varita.

Un fuerte "crack" fue lo que se escuchó, seguido de un alarido de dolor. Él afirmaba y reafirmaba que el hueso estaba apunto de atravesar su piel. De hecho se podía ver a simple vista como el hueso estaba fracturado —o más bien roto—, pero no había habido ningún tipo de daño gore como huesos saliendo por la piel ni sangre. Por suerte, había sido todo interno.

Eso sí, tenía el brazo muy torcido. La forma que tenía no era ni de lejos normal.

Fue por eso que el señor —su vecino de la habitación de al lado—, que era uno de éstos típicos ninis, que ni estudian, ni trabajan, ni saben de nada, tuvo que buscar una solución para el pequeño, ya que cada vez se ponía más histérico. Gracias a Merlín, conocía a alguien que podía ayudarles en aquel momento en donde no parecía haber nadie en el maldito refugio.

-

—¿Ya te contestó? —preguntó Adae a Ricky, su nuevo mejor amigo que le estaba salvando la vida.

—Sí, ya me contestó. Saldremos en dos minutos por la salida del centro comercial. Hemos quedado allí y nos llevará a un lugar seguro en donde podrá curarte, ¿vale? Pero te tienes que tranquilizar, me estás poniendo nervioso —le explicó, mirando el reloj.

Era un tipo lleno de tatuajes, bastante atractivo a ojos de personas con gusto sexual —ya que Adae de eso no tenía ahora mismo—, tenía un piercing en la ceja, el pelo de color negro bien peinado y una barba perfilada y muy bien cuidada. Se ve que es un nini, pero cuidarse se le daba genial.

—Cuando sea grande quiero ser igual de guapo que tú —dijo Adae, sorprendiendo gratamente a Ricky.

—¿Ya estás delirando?

—¿Crees que llegaré a ser grande?, ¿no me voy a morir por esto verdad?, ¿seguro que tu contacto es competente? —añadió, sujetándose con su mano buena el brazo terriblemente destrozado. Tenía los ojos hasta llorosos del dolor.

Pasaron los minutos y Ricky volvió a coger Adae a caballito.

—¿Listo? Venga, súbete. Ten cuidado.

De un empujoncito subió y fue cuando Ricky salió del refugio, apareciendo en la entrada —o en este caso salida— del centro comercial. Se le notaba nervioso y es que ningún mago sin varita salía del refugio para nada si no podía evitarlo. Éste tipo de riesgo era innecesario y nadie quería ser atrapado. Es por eso que no paró de mirar a todos lados hasta que dio con el tipo que estaba buscando cerca de un puesto de fundas de móviles.

—Aunque parezcas un macarra eres un buen tipo —dijo Adae como confesión antes de empezar a caminar hasta el sanador que iba a salvarle la vida.

—Vaya, gracias —dijo Ricky, negando con la cabeza ante las ocurrencias del niño. Cuando llegó delante de Laith, se mostró un tanto desesperado. Esperaba que lo entendiese. —Vayámonos rápido, por favor. —No sabía a dónde lo iba a llevar para prestarle su ayuda, pero entendía que dado los tiempos que corren, sea más lógico quedar en un sitio neutral y que el interesado sea llevado al lugar, que dar ubicaciones y direcciones gratuitamente.



Sé libre cual colibrí (TÚ ANIMAGOOOOOOOOOO) para manejar a Ricky si gustas <3
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Laith Gauthier el Lun Nov 13, 2017 8:40 pm

Adae lo corrigió respecto a su madre. Una de sus madres, al menos, quien no era música sino policía con un sueño frustrado. No pudo evitar sentir un poco de pesar de imaginarlo, suspirando, pero eso no mermó su buen ánimo ya que pronto estaba conversando sobre tocar juntos, involucrando a Ricky por ser su puente para mantenerse en contacto. Se llevó una mano a la barbilla, pensando un poco en ello hasta sonreír resueltamente. El mundo no era complicado para él, no cuando no eran temas complicados.

Pues cuando puedas, te consigo un chelo o un ukelele para vernos —prometió, ignorante de que ese día seguramente no llegase con una vida tan peligrosa como la de un fugitivo buscado por la ley mágica. — No te comas la cabeza por cosas fáciles de resolver —le sacudió el cabello cariñosamente, como fiel seguidor de aquel principio de vida: “Si tiene solución, no tienes de qué preocupes. Si no la tiene, sirve de nada preocuparse”. Hasta el momento le iba sirviendo bastante bien, aparentemente.

Le explicó sobre las casas de su colegio, era un tema que lo apasionaba mucho. Como cualquiera, portaba con orgullo el escudo de su colegio, tanto como el de su universidad, y se hinchaba el pecho por ellos. Adae estaba particularmente interesado, así que se lo explicó con calma para que entendiese, e incluso luego quiso hacer comparaciones de las casas de ambos colegios. Se quedó pensando un poco, trayendo a su memoria lo poco que recordaba de las casas de Hogwarts para poder darle una respuesta más acertada.

Creo que… Las serpientes cornudas serían sus cuervos… Los pukwudgie serían los mapaches… Sus leones serían nuestros wampus y las aves de trueno los que me falten —hizo un ademán desinteresado con su mano. Se acordaba de los cuervos por Steven, y de los leones por Raymond. Los mapaches, evidentemente, ¡porque serían su casa! Se le estaban escapando los Slytherin. — Pues… No mucho. Trabajo, pago mis impuestos, tú sabes —sonrió, dándole una respuesta errada a propósito. — Vine para estudiar, me gustó el sitio, así que me saqué la residencia —le explicó, era bastante simple. Omitía detalles, pero eso no importaba.

Tenía cuidado de no tirarle el helado al niño, sólo quería molestarlo, no entristecerlo o enfadarlo realmente. Además de que juntos hacían un buen equipo, ¡sólo había que mirar la facilidad con que juntos convencían a Ricky de no volver al refugio todavía! Bueno, tampoco era tan difícil, si el tatuado era tan mono, sólo había que mirar cómo trataba al niño al que había llevado hasta él para curarlo. El trayecto a la tienda era tranquilo, sin mayor inconveniente que el pequeño regaño con el que le prohibió robar comic ninguno, ofreciéndose a pagar por lo que quisiera llevarse de la tienda.

En serio —confirmó, — depende de cuánto cueste, si está dentro de mi presupuesto podría comprarte un par —porque cuando uno derrocha en los demás no cuenta como derrochar. Al menos no para él. Podía estar en “modo ahorro” todo el mes sólo para derrochar un poco en otra persona. Y no es que estuviese precisamente mal pagado, sino que a veces se daba algún gusto caro por encima del gasto usual. Además, era un comprador compulsivo.

Encontrar la calle de las cosas frikis no llevó demasiado tiempo y ya estaban buscando la tienda cuando fue el pequeño el primero en pararse frente a la puerta y entrar a través de ella. Los dos adultos se quedaron detrás unos segundos en los que Ricky llamó la atención de Laith para hacerle saber un comentario divertido, quejándose porque no le estaban pagando por cuidar del niño, haciendo reír al sanador.

Tienes habilidad con los críos, ya sabes lo que dicen, “si eres bueno en algo, hazlo gratis”, ¿o era “no lo hagas gratis”? Oh, no lo sé… Pero te ganaste un viaje al exterior sin ataques de ansiedad, ahí tienes tu pago —puntualizó divertido, haciéndolo ver el lado amable del asunto. Estaban pasando una tarde muy agradable los tres, por encima de la tarde que hubiesen podido pasar solos que, aunque no era una mala idea, al menos él estaba disfrutando mucho la compañía de Adae. — Mira, estos son los de tus calzoncillos, este es Batman y este otro es Superman —Laith tenía una buena memoria para tres cosas: nombres, trabajo y datos con los que molestar a otras personas, como mencionar en voz alta los calzoncillos de Ricky.

Dejó los dos comics en su lugar, mirando alrededor. Él no es que fuese muy fan, pero como cualquier niño que tuvo crianza en un ambiente semi-nomaj era natural que lo conociese todo. Claro, también había pasado su juventud entre comics charlando al respecto con amigos, como cualquier chico en su sano juicio. Luego perdió un poco el encanto, aunque todavía iba al cine de vez en cuando o ponía las películas de dichos superhéroes en su portátil para distraerse un rato.

Mira, este de aquí es Hulk, el chihuahua nervioso verde, ¿te acuerdas? Pues este eres tú —le mostró un comic de dicho personaje a Ricky, con una sonrisa divertida. Adae por otro lado debía estar en su salsa, como un niño en una juguetería. O en una tienda de comics. Más como un niño en una tienda de comics, sí que sí. — ¿Ya elegiste, enano? —le preguntó después de unos minutos en que lo dejó mirar los comics para decidirse cuál quería que le comprase.
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Adae West el Miér Nov 22, 2017 1:26 am

Vaya, vaya, vaya, si ese señorito podía conseguir un chelo o un ukelele... ¡sería grandioso! Al fin una buena noticia. Todo lo relacionado con la música siempre era algo bueno que recibir, sobre todo cuando se presentaba en esta situación en donde todo parece ser tan oscuro y siniestro... la música siempre alegraba el alma. Solo esperaba, en realidad, que si encontraba alguno de los instrumentos, fuese el ukelele. Era mucho más feliz.

Conocer sobre otro colegio hizo que Adae sonriese animadamente y preguntase cómo se organizaba todo ahí, sobre todo porque le había dejado caer que el método de selección era bastante parecido.

—¡Qué guay! —exclamó contento. —¿Y cómo es el método de selección? ¿También tenéis un sombrero seleccionador que os lee la mente?

¿Pero qué persona de Canadá va a Inglaterra a trabajar? ¿No se suponía que en Canadá estaba la mejor sociedad del mundo y que ahí todo el mundo tenía trabajo y era todo super happy de la vida? Quizás es que tampoco era tan bonito como lo pintaban, pero al menos sus madres siempre hablaban oros de ese país. Escuchó sus motivos, pero frunció el ceño ante lo soso que era hablando de sí mismo.

—¿No hay universidad mágica allí o en Estados Unidos? ¿Por qué tan lejos? ¿Tus padres no te echan de menos estando tan lejos? —preguntó. ¡Si Laith no hablaba, él preguntaba, hombre ya!

Desde que se terminó el helado y vio la tienda de cómics delante de él, salió como una bala para entrar el primero y alejarse de los dos adultos momentáneamente. Ricky aprovechó ese momento para hablar con Laith a solas, al menos aunque sea para quejarse. En realidad el sanador le caía fenomenal, pero como era evidente, Ricky no era de esos fugitivos que se arriesgaban a salir a la calle. Tenía miedo, ¿y con razón, no? Le habían contado horrores de Azkaban y el Área-M.

—Supongo que no puedo quejarme, la verdad es que me hacía falta... —admitió, algo tímido. Aunque cuando se avergonzó de verdad fue cuando Laith, con un tono de voz perfectamente audible por toda la tienda, dijo claramente qué superhéroes tenía Ricky en sus calzoncillos. Él se limitó a mirarlo con cara de: "¿de verdad me vas a hacer pasar por este momento?" Movió sus labios en un: "te odio" que no emitió sonido mientras se iba de esa zona rojo como un tomate. Cuando le enseñó a Hulk, Ricky lo miró con cara de que no estaba tan mal. Era un ser tremendamente feo, pero era poderoso y fuerte. —Bueno, no está mal. Me esperaba algo mucho peor.

—¡Sí! —respondió entonces Adae cuando Laith le preguntó que si ya había elegido. En sus manos, detrás de la espalda, tenía una cosa, pero no era precisamente ni uno ni dos cómics. —Lo he estado pensando y en realidad un cómic no es para tanto, ¿sabes? Y poca gente en el refugio sabe de eso, así que no podía compartirlos. Pero vi esto... —Sacó entonces de detrás de su espalda un juego, comúnmente conocido como 'Lobo'. —Y me gustó más. Es un juego en el que pueden jugar muchas personas y en el refugio estará más guay si todos hacemos cosas juntos, ¿sabes? —Sonrió, mirando a su monedero con patas. —¿Me compras esto en vez de los cómics? Es un poquito más caro... creo que equivaldría a tres cómics, más o menos. ¡Pero le daré mucho más uso! ¡Y con más gente! Prometo amortizar el dinero.
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Laith Gauthier el Dom Nov 26, 2017 2:55 am

Adae podía saltar de tema a tema sin que nada ocurriese, lo cual era de hecho bastante agradable para el sanador, quien había perdido la cuenta de la cantidad de temas que ya habían tocado en ese rato que habían estado juntos. Incluso acabó contándole sobre su propio colegio, aquel que lo había formado en gran medida para ser la persona que era, pues después de todo era el lugar donde había pasado muchísimo tiempo. Siempre le parecía divertido discutir y compartir ideas, diferencias y semejanzas de los colegios. Era una de sus cosas favoritas para hacer.

No, no, nosotros no tenemos ese sombrero parlante con piojos mágicos, lo que nosotros tenemos es un nudo gordiano en el suelo, sabes, y cuatro tallas de madera, una de cada casa… Entonces, si una casa te elije, cada talla hace algo representativo, como a la serpiente cornuda que le brilla un cristal, o el pukwudgie lanza una flecha al aire, el wampus ruge y el ave de trueno bate las alas —iba haciendo ademanes con las manos para complementar lo que estaba diciendo, notándose que era un tema que lo entusiasmaba más de la cuenta.

Era una de esas cosas que más le gustaban, charlar sobre diferentes culturas incluso si eran educacionales. Cuando empezó a preguntar sobre qué hacía en Inglaterra para trabajar y estudiar, el niño se notó poco conforme con lo breve que era para explicarse y, en respuesta, le preguntaba todo lo que quería saber, algo que en principio no molestaba al sanador, una de las cuestiones de Adae había tocado un punto demasiado personal. Aclaró la garganta, encogiéndose de hombros.

Supongo que lo harían si los tuviera —comentó, vacilando un poco por sus palabras. — Quiero decir, claro que hay universidades mágicas, pero… —y volvió a sonreír, como si no pasara nada y no hubiese pasado aquellos minutos de dubitación. — Me educó mi abuelo, ¿sabes? No conocí a mi madre y no supe nunca quién era mi padre, así que… cuando mi abuelo murió, dejó de haber algo que me conectaba allá, entonces… Sí, supongo que quise irme de un sitio que tenía demasiados recuerdos, así que vine aquí —confesó con una sonrisa que no concordaba con lo que estaba diciendo.

Hablar del pasado no era su tema favorito. Él era de los que aprendían lo que podían del pasado y, una vez hecho eso, huían de él y sólo lo dejaban volver cuando aparecía esporádicamente en forma de nostalgia. Era el motivo para siempre estar ocupado haciendo algo, para no dejar que ese sentimiento lo embargase. Pero también pensaba que era importante a veces confesarse humano, muchas de las actuales situaciones estaban dándose justamente porque alguien era demasiado egocéntrico como para declararse humano y pretendían hacerse fuertes dañando a los demás.

Hablar con Ricky siempre era agradable, era como un pequeño mundo diferente. Un mundo que, a pesar de su apariencia amenazante, era realmente cálido y más como un manojo de inseguridades que un tipo malote tatuado. Lo comprendía, realmente que sí, pero no compartía sus miedos. — Bien dicho —le dio un golpecito en la espalda en forma de una pequeña palmada para animarlo. Pero como la paz es demasiado bella para durar, a veces uno tiene que destruirla, como mencionando en voz alta los calzoncillos de su colega.

Una sonrisa tremendamente divertida se extendió entre los labios del sanador cuando lo miró de ese modo y le dijo sin hablar que lo odiaba, dejando las revistas en su lugar y acercándose a ver otras, las de Hulk, para hablarle sobre aquel personaje mientras hacían tiempo a que Adae eligiese qué era lo que quería comprar. Eso llegó no mucho luego cuando apareció con algo escondido a sus espaldas, haciéndolo enarcar una ceja con diversión mientras lo dejaba explicarse y negociar con él. Era un juego que no recordaba haber jugado nunca, pero tenía una buena excusa: más gente podría jugarlo y eso integraría al refugio.

¿Prometes amortizar el dinero? —volvió a preguntarle, con un tono de severidad con el que pretendía fingir que realmente podía negarse. Le había tocado la fibra sensible queriendo jugar con mucha gente a la vez en lugar de leer solo, él era demasiado débil. — Vale, tú ganas —cedió más bien pronto, dirigiéndose a la caja para pagarlo sin darle más vueltas al asunto ni poner más peros para luego caminar a la salida de la tienda. — Bueno, supongo que será mejor que vuelvan, no queremos que a mamá gallina le dé un infarto —por “mamá gallina” se estaba refiriendo claramente a Ricky y sus nervios hacia el exterior.
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Adae West el Jue Nov 30, 2017 4:14 am

¡Pero qué épico! No pudo evitar imaginarse aquellas cuatro tallas de maderas de una manera extravagante y sumamente bonitas, de éstas cosas elegantes y fascinantes que la primera vez que la ves te quedas sencillamente en la más profunda tontuna mirándolo. Y claro, mientras lo iba explicando todo, Adae solo pudo recrearlo en su mente como una especie de animación 3D un poco cutre, algo así como su imaginación le permitía en ese momento.

—Buah, qué épico, ¿no? Ahora hace parecer al pobre sombrero seleccionador una zarrapastrosa tela parlante que solo dice boberías —exageró, ya que a él le encantaba el sombrero seleccionador, ya que le parecía que tenía un sentido del humor de lo más gracioso. —Que guay conocer a alguien de allí. La próxima vez que nos veamos, tendré muchas otras preguntas que hacerte sobre Ilvermorny. Recuérdalo. Ahora estoy demasiado fascinado como para poder ordenarlas en mi cabeza —confesó divertido.

Y entonces, llegó el abismo. ¡Eso le pasaba por cotilla metomentodo! Pese a que el gesto de Laith no hubiera sido triste ni de pesar, él se sintió mal cuando él tuvo que decir que no tenía padres. Jopé, era muy triste escuchar eso, aunque quién lo dijese no lo dijera con tristeza. Es como escuchar un 'se murió un perro', ¡da igual de quién sea el perro, cómo se haya muerto o si lo dices con felicidad o enfado! ¡Es una noticia triste! ¡Y a todo el mundo le parece triste!

—Jopé, lo siento, no debí de haber preguntado tanto, soy un poco pesado, lo sé, pero tú solo dime que me esté callado, ¿vale? O cámbiame de tema. En verdad soy super fácil a la hora de cambiar de tema, tú me cambias y yo te sigo sin darme cuenta, aunque sea super descarado —dijo atropelladamente para excusarse. —Pero bueno, gracias por contármelo. ¿Tú lo sabías, Ricky?

—No, enano, no lo sabía.

—Bueno, pero ahora tienes muchas cosas que te atan aquí, ¿no? Muchos amigos. Ricky es tu amigo y yo también. Y la próxima vez que nos veamos seremos más amigos todavía, te lo aseguro. —Sonrió convencido. Su madre siempre le decía que la familia biológica no se elegía, pero que los amigos eran esa familia que eres capaz de elegir. ¡Así que había que elegir muy bien! Laith parecía una buena opción.

Cuando entraron en la tienda de cómic, Adae había ido directo a buscar los cómics, pero por el camino se encontró con la zona de juegos y se le olvidó por completo su verdadero objetivo. ¿Veis? Si es que Adae tiene déficit de atención. Desde que le pongas una cosa interesante delante, se le olvida por completo la tarea que estaba ejecutando. Por eso en casa siempre terminaba viendo la televisión medio desnudo y con la toalla, ya que nunca llegó a la ducha.

Cogió uno de los juegos que más le gustó y no tardó en llegar a donde estaban los dos adultos hablando, explicando el por qué de su adquisición tan alejada de los cómics. ¿Lo mejor? Que a Laith le convenció y había accedido a comprárselo. ¡Claro que iba a amortizar el juego! Al menos todo el tiempo que le quedase en el refugio, aunque claramente eso él todavía no lo sabía.

Mientras Laith pagaba, Adae caminaba junto a Ricky dando saltitos de alegría. Ricky se limitaba a negar con la cabeza por tanta hiperactividad y alegría.

—¿Yo soy mamá gallina? ¿Qué te ha dado hoy por intentar humillarme? —dijo Ricky divertido en la salida de la tienda, usando su dedo índice para tocar el costado de Laith e intentar hacerle cosquillas. —Pero sí, yo creo que es hora de ir yéndonos. No quiero tentar a la suerte y ya le ha dado aire al enano.

Adae admiraba con fascinación su nueva inquisición.

—Muchas gracias por todo, Laith. Dentro de poco voy a tener que buscar una manera de pagarte después de todas las que te debo —dijo, sonriendo con cierta dulzura. Después de todo no sólo le había ayudado con el asunto médico, sino que le había comprado un helado al enano y un juego. ¡Un juego! Ahora le iba a tener todo el día dale que te pego con jugar al juego. ¡Pero no se iba a quejar! Aguantar a Adae era probablemente mucho mejor que aguantarse a sí mismo.

Entonces Adae levantó la vista, tendiendo su mano en perfecto estado hacia Laith.

—Un placer haberte conocido, señor de las Américas. Gracias por salvarme de una muerte segura, alimentarme y cumplir mis caprichos. ¡Te aseguro que lo amortizaré! —repitió con orgullo.

La mano de Ricky se apoyó en la espalda de Adae, instándole a caminar en dirección al centro comercial. Con la otra mano libre, cerró el puño y lo puso frente a Laith, para que éste se la chocase.

—Mamá gallina intentará no ser tan gallina la próxima vez —dijo a modo de despedida, con una sonrisa encantadora, antes de darse la vuelta y continuar caminando.
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Laith Gauthier el Jue Nov 30, 2017 11:18 pm

Soltó una risa en cuanto escuchó lo que ahora parecía el sombrero aquel de su escuela, la verdad es que a él le daba mucha curiosidad y esperaba algún día llegar a conocerlo y hablar con él. Era una de sus aspiraciones en la vida, dentro de su lista de “cosas que debo hacer antes de morir”. Asintió con la cabeza con calma en cuanto le dijo que iba a atacarlo con más preguntas en cuanto todo se ordenase dentro de su cabeza, cosa que a él no le molestaría responder, así que esperaba que para su siguiente encuentro ya estuviese preparado. — Estaré esperando todas tus dudas.

No obstante, un tema un poco menos feliz llegó en cuanto Adae le preguntó si sus padres no le echaban de menos, algo que seguramente pasaría con un pequeño detalle: no los tenía. No juzgaba la curiosidad del niño, así que no se enfadó de ningún modo con él, veía comprensible su curiosidad así que optó realmente por responder a su duda sin guardar información. Laith era un hombre sincero a quien eso de guardarse información que no era muy personal no le gustaba demasiado, tan transparente que le respondió sin reparos.

No pasa nada, entiendo que es una pregunta normal, yo también la habría hecho —lo tranquilizó con una sonrisa en la que realmente reflejaba que no estaba mintiendo. — Sí, tengo mi trabajo y a mis amigos aquí, Ricky y tú entre ellos, por ello es que a pesar de la situación sigo intentando aportar mi grano de arena —le explicó, ya que en más de una ocasión había oído esa pregunta: “Si no te gusta el nuevo gobierno, ¿por qué no regresas a casa?”. Sería porque ahora Londres era su casa. — Ya verás que convencemos a Ricky de que salgamos juntos otra vez cuando te sane el brazo.

Cuando entraron a la tienda de comics, los adultos dejaron al niño ir a elegir algo para que su hucha andante y personal se lo comprase mientras Laith le iba mostrando a Ricky los héroes de los comics y también se encargaba de avergonzarlo al mencionar su ropa interior como si no importase. El sanador tenía un mal gusto por molestar a las personas y no perdía oportunidades para ello, demostrado antes cuando fastidiaba a Adae con los aliens y aquellas cosas mientras lo curaba. Tomarse la vida demasiado en serio estaba mal, ¡de todos modos no iban a salir vivos de ella!

Mientras pagaba, miró a Adae dando saltitos de alegría lleno de energía. Eran las cosas que a Laith lo compensaban siempre que realizaba alguna buena acción para con otras personas. Si podía hacer sonreír a una sola persona, entonces su día había sido productivo. Una vez que terminó con los asuntos financieros del menor de los tres, salió con ellos y declaró que era momento de separarse, evidentemente sin dejar pasar la oportunidad de meterse un poco con Ricky.

Y dice que no es mamá gallina —le dijo en un susurro cómplice a Adae en cuanto Ricky les dijo que sí, era hora de irse. Ah, pero el enano estaba muy ocupado viendo su juego nuevo como para molestar demasiado al tatuado. — Déjame invitarte unas cervezas pronto y con eso podrías pagarme —le guiñó el ojo. Sus pagos nunca los hacía justos, no para él, normalmente se daba por servido cuando lo dejaban hacer otra cosa nuevamente por alguien más. — El placer fue todo mío, señor del xenomorfo que elige películas guays y toca el chelo —le respondió divertido, apretando la mano de Adae en su despedida.

Con Ricky su despedida había sido bastante más informal, meramente chocar los puños y cada quien por su rumbo, todavía riéndose por el tema de mamá gallina. Ese tipo lo volvía loco, tenía una personalidad casi magnética para él y encima acababa de confirmar que era terriblemente adorable. Esperaba que lo dejase invitarle esas cervezas eventualmente. En cuanto tuvo oportunidad se había metido en un callejón para transformarse en un avecilla de colores y seguir a aquel par, cosa de asegurarse que estuviesen bien y que nadie los persiguiera hasta que llegasen al centro comercial donde se habían encontrado por primera vez. De ahí, no quiso seguir avanzando, sinceramente no quería saber cómo se entraba al refugio. Al menos había pasado un buen día.
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