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Paint your palette blue and grey | Priv. {Laith Gauthier}

Sophie Williams el Miér Sep 06, 2017 1:45 am


Lugar: Hyde Park
Hora: 14h
Con: Laith Gauthier


Las calles abarrotadas de gente, cómo le gustaba aquello. Andar cada día hasta Hyde Park desde el bar a la hora del almuerzo siempre solía tener dos caras: desierto o primer día de rebajas de un centro comercial. Por suerte, aquel día la gente se había echado a la calle aprovechando el buen tiempo pues, hacía varios días que llovía y nadie salía de sus casas. Las tormentas tropicales esas, que ya se sabe.

Con el bolso de felpa cruzado delante de su cuerpo, Sophie comenzó a caminar hasta el parque, parándose de vez en cuando en los escaparates de las tiendas de ropa que encontraba de camino allí. Por alguna extraña razón, la ropa muggle se diferenciaba de la ropa de magos y brujas. Vale, tal vez no se aprecie a simple vista, pero, son esos pequeños detalles los que marcan la diferencia. Sophie, de hecho, había mostrado predilección por la ropa del estilo que los muggles llamaban “hippie”. Estampados, pantalones anchos, aros en las orejas de tamaños estratosféricos… En fin, era como le gustaría vestir si su trabajo estuviera un poco mejor pagado y el nivel de vida en Londres fuera algo más… barato. Solo con su sueldo de camarera le daba para comprar la comida de cada día y un par de prendas al mes cuando las suyas se desgastaban demasiado. Por suerte para ella, con el refugio de la Orden se había librado del problema de buscar un techo donde vivir y pagar el alquiler del mismo; no sabría ni siquiera dónde estaría ahora si no fuera por ellos. La Orden. Parecía un milagro caído del cielo que existiera esa organización, si no ya estaría muerta. Ojalá los hubiera encontrado antes de que su padre hiciera pedazos a aquella mujer que aparecía en sus recuerdos… su madre… o eso creía Sophie. Lo que sí estaba claro era que se había unido al bando correcto, al bando que acabaría de una vez por todas con la maldad que los mortífagos estaban poblando el mundo y haría justicia por la muerte de sus mejores amigos y de su madre. Me he quedado demasiado tiempo embobada en este escaparate y ya me he ido por las ramas”.

Siguió caminando unos cientos de metros más y llegó a la entrada de Hyde Park. Allí fue a su sitio de siempre, ese banco ubicado en el lado izquierdo del lago que recibía la sombra de un gran árbol, ahora poblado de hojas y que dentro de poco empezarían a caerse con la llegada del otoño a la vuelta de la esquina. Limpió un poco el mismo banco con una de las servilletas que traía para no mancharse la ropa comiendo y la metió más tarde en una bolsa. Luego de sentarse sacó su almuerzo: un bol de plástico que contenía una ensalada. Correr delante de mortífagos era una tarea que requería salud, para qué engañarnos.

Miraba hacia los lados en busca de una distracción mientras tragaba su almuerzo, pero veía el mismo panorama de siempre: amigos sentados debajo de los árboles jugando con un aparato que los muggles llamaban “Smartphone”, parejas comiéndose la una a la otra y más cacharros telefónicos en manos de la gente. Sophie quería comprarse uno, pero, sabía que no le iba a servir para nada. No tenía amigos en la ciudad que tuvieran ese cacharro.
Finalmente, quedó fijada su mirada en el lago donde dos patos parecían jugar por un trozo de pan que un anciano les había echado. El anciano frecuentaba ese parque a la misma hora desde que Sophie empezó a venir allí a almorzar y disfrutaba muchísimo viéndole jugar con los animales un rato, hablando con los mismos y marchándose al cabo de una media hora. ¿Sabes de esas personas que nunca has conocido pero que sientes que son especiales para ti? Pues ese anciano era uno de ellas.

A Sophie se le ocurrió hacer algo que nunca había hecho y que, desde luego, el anciano se merecía. Iba a pintar la escena que estaba pasando delante de ella, así que cerró su ensalada (la cual dio por terminada al ver que apenas le quedaban varios trozos de lechuga por comer) y metió el bol de nuevo en la bolsa. Ya la tiraría más adelante. Sacó su libreta de dibujo y la abrió por la última página que tenía dibujada. Desde su bolso sacó un lápiz de punta gorda y comenzó a dibujar.

Cómo le relajaba aquello. Estaba en la gloria. Al cabo de unos minutos dibujando había olvidado que en unas horas tenía que volver al trabajo y solo tenía en mente y en sus ojos al anciano que ya estaba acabando su bolsa llena de pan y que pronto marcharía.
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Laith Gauthier el Miér Sep 06, 2017 11:52 pm

Aquel día había comenzado maravillosamente bien. Es decir, había conseguido más de cuatro horas de sueño y eso era todo un milagro, la gente cree y con mucha razón que los médicos, magos o nomaj, no duermen mucho. Demasiados turnos por tomar, muchos pacientes que atender, situaciones que revisar, es una agitación constante el ir y venir para finalmente sentarse y respirar. Laith admiraba y con mucha razón a aquellos que luego del trabajo debían seguir haciendo quehaceres y demás, él disfrutaba ocupado por razones meramente personales. El ir a fiestas, o asistir a lugares de ayuda a los menos favorecidos, incluso darse tiempo para cuidar de sus amistades le robaba el tiempo de descanso pero le llenaba el alma de gozo.

No obstante, había días en los que el sanador quería darse un poco de tiempo para él. Para descansar correctamente, para estar solo un rato, es necesario a veces tener momentos de quieta soledad. Los audífonos en sus oídos conectados con su teléfono móvil sonaban a Avicii que dulcemente acompañaban su camino. Días así, dejaba la motocicleta y él usaba sus piernas para que lo dirigiesen a cualquier lugar, Laith era un camaleón que se mimetizaba siempre con el ambiente y nunca parecía desentonar, incluso cuando su rubio cabello era llamativo, o cuando sus rítmicos pasos traían a colación la melodía que sonara en sus oídos. Así fue como llegó a un parque, Hyde Park rezaba una de las estructuras.

Sacó un cigarrillo al entrar, que encendió con un mechero nomaj. Miró a una pareja besándose en una banca de su derecha y unos niños jugando a su izquierda, nada más entrar. Se acercó hasta el lago del lugar, inhalando con fuerza y exhalando, antes de, cómo no, quemarse la garganta y los pulmones con una larga calada de su cigarrillo. El humo salió lentamente por su nariz, mientras cerraba los ojos. — Now I’m running away, my dear, from myself and the truth I fear. My heart is beating, I can’t see clear, how I’m wishing that you were here —la canción comenzó a sonar conforme el rubio abría los ojos, mirando a una pequeña familia de patos cerca de una roca.

You said you’d follow me anywhere but your eyes tell me you won’t be there —siguió el tono, las breves pausas para calar no parecían ser un impedimento para su pequeño show, su videoclip personal. — I’ve gotta learn how to love without you, I’ve gotta carry my cross without you, stuck in a riddle and I’m just about to figure it out without you —había comenzado a rodear el lago conforme cantaba, en pasos rítmicos que dejaban la duda de si estaba sólo caminando o en realidad el joven estaba bailando, difícil de decir. — And I’m done sitting home without you, fuck, I’m going out without you, I’m gonna tear this city down without you —su mirada se había distraído en un hombre que parecía alimentar patos, cosa que lo hizo sonreír.

Otra cosa llamó pronto su atención, una joven que calculaba tenía más o menos su edad. Terminó su cigarrillo conforme la miraba, curioso, sólo para darse cuenta que estaba al parecer dibujando al hombre, esas miradas ocasionales y los trazos estiraron las comisuras de los labios del canadiense. Apagó la colilla del cigarrillo en la papelera, en el cenicero que tenía sobre la misma, que estaba próxima a él, antes de acercarse a ella. ¿Por qué? Porque podía. Era un hombre extrovertido capaz de hablar de cualquier tema con cualquier persona con un mínimo interés de hablar. De sangre liviana y sumamente carismático, Laith no se cortaba al momento de hablarle a un extraño.

Se acercó por su espalda, para poder ver el dibujo y poder corroborar sus sospechas antes de acercarse a ella. — Lindo dibujo, ¿desde hace cuánto tiempo dibujas? —sin más dilación, se olvidó de las por el momento innecesarias presentaciones antes de hablarle. Podía no tener el aspecto más confiable, el tatuaje visible en su cuello y sus perforaciones hacía difícil que alguien no sospechase de él, incluso el aroma a cigarrillo que cargaba inevitablemente. — ¿Es algún tipo de acoso o algo así? —preguntó, aparentemente serio antes de que una espontánea sonrisa apareciese en su rostro, al haber notado que el hombre de su dibujo era el mismo anciano que alimentaba a los patos.

Tenía una buena técnica, en su opinión. A él no le gustaban mucho los retratos de personas pero ella tenía estilo, él prefería lo etéreo del paisaje, lo sublime de la sencillez. Cuando intentaba retratar a un humano, no era capaz de transmitir todo lo que sentía y muchas cosas se quedaban en el tintero, una sensación desagradable de no sentir que había conseguido su cometido. Debería ser algún asunto suyo, alguna manía que tenía que no le permitía sentirse satisfecho con sus retratos humanos.
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Sophie Williams el Vie Sep 08, 2017 1:27 am


Lugar: Hyde Park
Hora: 14pm
Participantes: Sophie Williams & Laith Gauthier

-¿Qué? – dio un salto en el mismo asiento donde se posaba su cuerpo. No había oído llegar a aquella persona por ningún sitio y se hallaba tan ensimismada en su dibujo que, para qué negarlo, apenas había prestado atención a su alrededor más que al anciano y los patos. Podrían haberle robado el bolso y ni se habría dado cuenta. Tenía que controlar esos despistes o cualquier día le costarían la vida - ¡Joder, qué susto!

Vio el rostro serio del chico que más tarde se convirtió en sonrisa. Tenía un aspecto… extraño. Es decir, estaba acostumbrada a ver a tipos de ese estilo entrar por el bar cada día y a cada hora pero jamás pensó que podría llegar a hablarle uno de ellos porque le provocaba algo de miedo. Honestamente ella no se fiaba de nadie y si alguien venía así vestido a hablarle, pensaría rápidamente que sería algún aliado de Voldemort o algo parecido.
No sonrió, más bien se quedó alerta y con una cara de confusión que intentó ocultar con el ceño fruncido y con la mirada perdida en su dibujo, fingiendo seguir dibujando.

-Gracias por el cumplido pero solo garabateaba un poco. Se ven muchas cosas por aquí bastante curiosas y se me ocurrió que… bueno, esto – levantó un poco su libreta como si quisiera hacer que el chico viera lo que estaba dibujando – Pero ya mismo me iba, tengo que volver al trabajo.


Comenzó a recoger sus cosas con torpeza y rapidez, haciendo que se le cayera el cuaderno unas cuantas de veces hasta que por fin logró meterlo del todo en el bolso. Por un momento, analizó la situación que estaba viviendo. Si hubiera sido un mortífago o algo parecido, no hubiera dudado ni un segundo en tomarla allí mismo y llevársela al Ministerio para ser juzgada con una varita amenazante en su espalda y no le hubiera dejado soltar palabra alguna. A lo mejor estaba exagerando… o tal vez no. Lo que sí hizo fue respirar hondo y andar con cautela con ese individuo.

-Lo siento. Tiendo a hacer prejuicios en mi cabeza cuando personas extrañas me hablan por sorpresa. No me suelo fiar de nadie, sobre todo de personas que llevan pendientes donde cabrían mis dos manos completas – rio para sí misma. Evidentemente, Sophie no tenía filtro y quería remediar ese hecho – Lo siento otra vez, cuando me pongo nerviosa suelto esas tonterías. Me llamo Sophie… Sophie Grey.

No iba a darle su apellido real, por si las moscas.

Pudo ver por el rabillo del ojo como el anciano abandonaba el lugar que llevaba ocupando todo ese tiempo, tal vez porque se le había acabado la comida que darle a los patos o porque ya era muy tarde para estar perdiendo el tiempo así. Sophie se dio cuenta y su yo interior se decepcionó bastante, pues no sabría  cuando volvería a darse esa ocasión de nuevo. Tal vez si volviera mañana o unos días más tarde, la sensación, el momento o la persona no serían la misma y todo su boceto cambiaría por completo.

-Hasta aquí la diversión, parece que se marcha – dijo Sophie viendo como el anciano se alejaba poco a poco del estanque de patos.

A lo mejor también había llegado el momento de que ella se fuera pero, la curiosidad de saber más sobre aquel chico que se le había acercado le tiraba más que volver pronto al trabajo para hacer el inventario del viernes y así adelantar el trabajo. Si se había acercado era por alguna razón, no simplemente por hacer algo aleatorio. Además, olía a tabaco desde donde ella estaba sentada, así que podría invitarle a que se fumara un cigarrillo con ella mientras aprendía quién era aquella persona. “Por favor, Sophie. Te vas mucho por las ramas”.

-¿Vienes mucho por aquí? No te había visto nunca – dijo Sophie dirigiéndose de nuevo al chico.
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Laith Gauthier el Vie Sep 08, 2017 10:39 am

Aquella mujer parecía tan ensimismada que no pareció notar el momento en que él se acercó, se lo hizo saber con aquel sobresalto y la queja en cuanto él le habló, sorprendiéndola. El rubio tuvo que evitar reírse, sonreírse siquiera, para que ella no se enfadase. La gente podía ser muy susceptible cuando se asustaba. Quiso atribuir a ello que de pronto empezara a hablar y eventualmente, más temprano que tarde, comenzara a guardar sus cosas, en una escapatoria de su intervención, demasiado evidente en su opinión que no estaba siendo del todo honesta con él.

¿Estás bien? —le preguntó, el cuaderno no entró al primer intento a su bolso, demasiada desconfianza para provenir sólo de un susto. Ella pronto le explicó la situación, al menos era bastante sincera, mismo que le hizo enarcar una de sus cejas. Sus perforaciones no ameritaban semejante exageración. — Bueno, sirven cuando quiero llevar aves colgando —aquello era mentira. Era, más bien, una broma. — Es un placer, Sophie, yo soy Laith, Laith Gauthier —él quizá debería ser más consciente y dar un nombre falso, pero la verdad era que no se le ocurrió.

Además, su nombre no sonaba demasiado, uno tenía que ser especialista para reconocerlo. Gauthier, por ejemplo, lo compartía un grupo de canadienses expertos en sus áreas correspondientes, el más importante no era otro que uno de los pocionistas más reconocidos de Norteamérica. Laith, por otro lado, era el nombre de uno de los mejores sanadores que tenía San Mungo. Pero no le sonarían de nada a una muchacha nomaj, como creía era Sophie. El sanador alternó el peso de su cuerpo en sus piernas, una de sus manos dentro del bolsillo del pantalón con el pulgar por fuera.

Siento haberte abordado tan repentinamente —vale, en eso sí que tenía la culpa, así que no tardó en reconocerlo. El hombre se había empezado a marchar entonces, causando que el sanador suspirase, ¿había arruinado todo para la chica? No estaba seguro, si era honesto. — Lamento haber acabado la diversión antes de tiempo —se disculpó con una exhalación breve, mirando al hombre marcharse. Se preguntaba si ella sería capaz de terminar su ilustración en algún otro momento.

Pensó en retirarse, por si Sophie realmente tenía que volver al trabajo. Pero entonces fue ella la que, tras mirarlo en algunas ocasiones, le preguntó si iba mucho por ahí. Le dio gracia imaginar que era una suerte de coqueteo muy malo, más por cliché que por realmente ser un coqueteo o haber sido dicho con esa intención. El insolente rubio procedió a tomar asiento a su lado sin la más mínima invitación, pues estaban en un área completamente libre y no había motivo por el que tuviese que pedir permiso para sentarse en una banca pública.

No en realidad, no paso por aquí con mucha frecuencia —fue completamente honesto, — ¿y tú? Si dices eso es porque intuyo que tú sí que vienes seguido —asumió, esperando que ella dijese si estaba o no en lo correcto. — ¿Puedo ver el dibujo o sigo siendo un tipo poco confiable por tener perforaciones donde puedas meter tus dos manos? —bromeó con ella con una sonrisa amplia. No se ofendía fácilmente, así que tomó las palabras de Sophie como una broma y así pudo usarlo a su favor en cuanto tuvo la oportunidad.

Los patos se habían alejado de la orilla cuando dejaron de ser alimentados, Laith los miraba atentamente hasta que algo más llamó su atención, un rápido y ágil aleteo alrededor de su cabeza como proveniente de una mosca gigante con alas y plumas, de un pequeño tamaño pero demasiado grande para ser una mosca. Era un colibrí que le había visto y ahora le atacaba. Desde que adquirió su habilidad como animago, los colibríes se acercaban a él instintivamente, y a veces incluso en su forma humana los cuervos intentaban atacarle, era un asunto extraño de índole animal difícil de explicar.

Anda, vete, no molestes —se quejó, intentando quitarse de encima al pajarillo que al final se quedó parado en su regazo, mirándolo, picoteándole las manos en pequeños pellizcos, aunque al menos ya no le fastidiaba volándole tan cerca del rostro. Laith estaba acostumbrado a esas visitas inesperadas, había ocasiones en que más de uno de esos bichitos lo seguía hasta el cansancio.
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