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Priv. || Lechuzas equivocadas || FB

Evans Mitchell el Sáb Sep 09, 2017 1:01 pm

Recuerdo del primer mensaje :

No era una ‘bestia suelta’, pero tenías que andarte con cuidado. Por los pasillos, en los baños, el comedor, ¡y especialmente cuidado!, con cualquier área no segura, ‘oscurita’, desde donde fuera posible ¡saltar sobre ti! (¡alerta con eso!), antes de que te dieras la vuelta para ver quién o qué era, esa amenaza que circulaba por el castillo, prometiendo descuentos ridículos por artículos, había que decirlo, cuando menos, ¡sospechosos! Porque si no vigilabas con un ojo atento por sobre tu hombro, le dabas la oportunidad a Evans Mitchell de arrinconarte, intimidarte, y convencerte (muy en contra de tu voluntad), con una perfecta sonrisa de ‘businessman’, de lo mucho que necesitabas, ¡vamos que a él no lo engañabas!, ¡se te notaba la urgencia en la cara! (de salir corriendo, seguro), una pluma correctora, tinta invisible, caramelos aceleraelingenio, y demás accesorios del pack especial que el muy tunante reservaba para las semanas previas a los exámenes, cuando más de un alumno desesperado podía caer en su trampa, sólo por un instante de auténtico terror, pensando en la posibilidad de que sus mamis les mandaran ese semestre lechuzas muy enojadas desde casa. ¡Ese Evans era un depredador de inseguros!

Por otro lado, los ravenclaw eran su clientela más difícil —fíjate que eran de los más quisquillosos—, pero no por eso imposibles de tantear con sus irresistibles ofertas —quizá era momento de darse cuenta de que muchos se aterraban con la idea de lo que pudiera llegar a hacerles de no comprar sus artículos de segunda, antes que hallarse maravillados con su blanca, muy blanca, sonrisa—, ¡porque nada era imposible! Mientras pusieras el empeño suficiente. Por eso sería que Evans se habría propuesto como meta personal insistir con Denzel Smethwyck, asaltándolo ‘casualmente’ a la mínima oportunidad, en cualquier parte, cualquiera fuera la circunstancia, con una manía persecutoria camuflada de buenas intenciones, sonrisitas de ‘yo soy tu mejor amigo, ése en el que puedes confiar. Vamos, confía en mí’, charlitas tan alegres, tan animadas (y algo misteriosas), ¡y cómo no!, una fijación tan incómoda hacia su persona, que más de uno hubiera optado por salir por una ventana de sólo verlo venir. ¿Era su orgullo de comerciante lo que estaba en juego? No, ni hablar. Eso ni pensarlo. Evans tenía puesta mucha confianza en el potencial de su carisma. La verdad, era otra.

Tenía que ver con un secreto, o eso se creía él.

Así que, así eran las cosas, y él pensaba que estaba haciéndolo muy bien camuflando su interés, con cada encuentro. En el baño, por ejemplo, cuando hubieras jurado que estabas completamente solo y de pronto te asaltaba esa enérgica, calurosa voz de pura simpatía: ‘¡Ey, pero si es Den, mi amigo! ¿Cuánto tiempo ha pasado? Fíjate que este es mi retrete favorito. Cuantas cosas en común, ¿verdad? Y qué has estado haciendo últimamente, ¿has estado escurriéndote por los pasillos, chico misterioso? Porque hubiera jurado, ¡que ése eras tú el otro día! A que tienes una chica, tú, bribón’. En el baño, en los pasillos: “¡Ey, ey, Denzel! ¿Quieres ayuda con eso? No te cortes, ¡ya que estoy aquí! ¿Qué es lo que te traes entre manos?, ¿vas a alguna parte? Vamos, que no te dé pena. ¡Me encantará hacerte compañía!”. En los baños, en los pasillos, en la biblioteca:

—¡Den!, ¡pero si eres tú, simpático!—
Fíjate que cruzarte con Evans, a punto de tomar uno de los libros de la estantería. ¿Y de dónde había salido ese brazo largo que tenía? (y por sobre todo, ¡tan inoportuno!), ¡y no digas que se había interesado por el mismo título! Evans se adelantó y tomó el libro, para ojearlo a gusto, sin reparar en quién lo había visto primero—¡Interesante! ¿En qué estás metido?, ¿esto es siquiera para los exámenes?—Evans le dedicó una mirada, estudiándolo como a un poema—¡Ah, pero a que quieres estudiar por tu cuenta! No te apenes, no soy esa clase persona desconsiderada que se interpone entre un ravenclaw y sus estudios. Pero—bajó la voz, encerrándolos en la intimidad de la complicidad—, ¿has oído de esos caramelitos mágicos que te ayudan a la concentración y eso? Resulta que un amigo me ha dejado algunos. Y si tú quisieras, son tuyos. Vamos, no seas orgulloso. ¿De qué te sirve el orgullo en un examen? Claro, que te los dejaré a precio de descuento. Para recuperar unas monedas, ¿sabes? Mi bolsillo está pobre últimamente. Pero que sepas que te hago el favor porque eres tú.

Una anteojitos, que tenía unas ojeras de espanto y que intentaba no caer dormida sobre el libro de turno, levantó la mirada, irritada, y soltó un: shhhhh. Evans la miró de vuelta y se llevó un dedo a los labios: shhhhh. Y la otra se enfurruñó en el lugar, indignada con tal caradurísmo, al comprobar que el otro continuaba en la suya, sin prestarle atención. ¡Y tan encima de ese ranvenclaw!  

duraznos con crema:

jajaj Sí, te estoy mandando la re indirecta con el título (en el entusiasmo, quise ir a por todasXD). Fijémenos de llegar a eso (es que se me ocurrió la diea, a ver qué sale). De última, si el tema de desenvuelve de otra forma (dragones en el cielo, un viaje 'al fondo del mar' (!), se cambia el título y ya está XD

¡Cualquier cosa edito!


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Evans MitchellGryffindor

Evans Mitchell el Dom Feb 18, 2018 10:33 pm

Seminario especial difundido por la Liga de Defensa Contra las Artes Oscuras, sobre No-Seres y Criaturas Misteriosas, a cargo de Nymphadora York (mujer poco ostentosa, pero muy atractiva), en el auditórium de la sede del Departamento de Misterios, en EEUU.

—Los Boggarts son criaturas que se nutren de la sustancia del miedo. Es de por sí increíble que sean capaces de reflejar el hondo misterio de los corazones de los hombres, develando ante ellos la verdadera cara de su miedo y obligándolos a enfrentarse a éste. E incluso aunque uno mismo desconozca qué forma tomará “su Boggart”, puede estar seguro, que lo hará temblar.


Azul intenso, el de sus ojos chispeantes, que barrieron a los presentes, sumiéndolos en una breve pausa de contenida expectación.  

>>Su capacidad de adaptación es lo que ha dejado perplejos a los magos, ya que les es posible recrear la cosa o las condiciones que nos aterran, con la más sobrada exactitud. De terribles monstruos de pesadilla a situaciones desesperadas. Entonces, ¿qué es esta criatura que puede adquirir cualquier dimensión conocida?, ¿cuáles son sus límites? Porque no parece tenerlos para nada. No si hablamos de límites físicos, al menos. Su plano de existencia es otro diferente al nuestro, que somos una masa cuantificable y tangible que habita en un plano material. Por supuesto, están los otros planos conocidos…


Desde la primera fila de butacas, una muchacha con una larga trenza rubia estiraba sus piernas hacia adelante, un poco caída en el asiento, con sus apuntes sobre el pupitre, y jugueteaba con la pluma en su boca, entre que recordaba aquella tarde en la casa de sus primos, cuando ella y David descubrieron un Boggart en el viejo armario de tía Edma. Debía ser un poco idiota, porque cuando apareció frente a ellos, había adquirido una forma tan ridícula, mitad pez mitad hombre decapitado (David le tenía horror a las pirañas y ella al jinete sin cabeza), que la visión de una cola aleteando inútilmente sobre el suelo los pasmó al principio y luego los movió a risa. Hasta que el Boggart se hizo humo por su propia ineptitud.

>>… por eso, a veces el Boggart es simplemente poco inteligente, pero en cuanto a las clasificaciones y subclasificaciones de esta especie… ¿alguien puede decirme qué sabemos al respecto?


Nymphadora se sirvió un vaso de agua, y para cuando regresó la atención a sus oyentes, varias manos se alzaban en el aire. No se dio prisa. Finalmente, le hizo una indicación con la mano a un chico de mandíbula cuadrada y pelo negro que se sentaba tan recto en la silla, que parecía atornillado a la misma.  

—Los Boggart se subdividen, primero en clases: clase A y clase S. Los primeros, son parte de la vida cotidiana y suelen habitar las casas de los magos, aunque también los hay salvajes que residen en bosques y cuevas. Estos pueden ser reducidos con un Riddikulus y no suponen una grave amenaza en términos generales. La siguiente, la ocupan los Boggart que se nutren de los cuentos populares o leyendas urbanas, como el Viejo Boggle de Canterbury, que atacan tanto a muggles como magos, y suponen una amenaza mayor, sobre todo por esta característica de desarrollar una cierta personalidad racional que los hace sumamente fascinantes, e inconvenientemente peligrosos. Estos son mucho más difíciles de reducir, y ha llegado a necesitarse un equipo especializado de magos en muchos casos.


—¡Bien!—Nymphadora sonrió, satisfecha, develando una fila de dientes regulares y blanquísimos. Se colocó el pelo detrás de la oreja, antes de continuar—: Hasta ahí está bien. ¿Alguien más que quiera aportar?

—Los hay, también, que se subdividen según una lista de miedos: el miedo a ser enterrado vivo, el miedo a ahogarse, el miedo a la oscuridad…

—Esperen, esperen—interrumpió Nymphadora, amable, levantando una mano—Eso es cierto, por supuesto, y me permitiré hacer un comentario al respecto, antes de que se me olvide. Repasando sobre lo visto, sabemos que un Boggart puede generar las condiciones para que el miedo de una persona, como el miedo a la oscuridad por ejemplo, sea experimentado por el receptor o receptores (porque si el Boggart es lo suficientemente listo, puede “lidiar” con más de uno), como algo real y aterrador. Esto quiere decir que, en situaciones como esas, incluso si prendemos una vela o utilizamos la varita, no obtendremos los resultados esperados, sin que ella quiera decir que no podemos quemarnos con la vela o que la varita no sirva. Créanlo o no, a veces incluso un mago se ve en grandes aprietos al no saber reconocer si lo que vive es real o es su propio miedo jugando con su mente.

Nymphadora sonrió, entusiasmada. Los Boggart, que tema más fascinante. Y agregó, asaltándolos a todos con un leve, levísimo escalofrío que recorrió la sala:

—Tú, literalmente, te mueres del miedo.

Y a pesar de que lo de manejar la teoría estaba muy bien, mientras tanto, a kilómetros, otros sudaban la gota gorda, vivenciando lo que bien podría ser la última tragedia de sus vidas.


***

El grito lo hirió, calando hondo hacia dentro desde la fractura imaginaria del pecho, porque se sintió partido, penetrado, hasta la sensación de pánico en el estómago, como si un rayo hubiera bajado a tierra a través de él, atravesándolo con el fuego quemante de una tormenta eléctrica. Sólo que en aquella noche cerrada en torno a ellos, no había haces de luz, ni un mísero destello, y eso significaba la ceguera absoluta.

—¡Lumus!


Nada.

Tsk, ¿cómo se suponía que algo así era posible?, ¿de pronto la magia se había apagado? ¡No tenía sentido!

—¡Oye!—La ansiedad que le provocaba la situación, no hacía de Evans la persona más considerada en esos momentos, especialmente en lo que respectaba a su maneras, bruscas y apuradas. No sólo que fue a chocarse contra Denzel, sino que lo zarandeó, a lo bruto, primero del hombro y luego sujetando sus muñecas (irónicamente: buscando que lo mirara, cuando la oscuridad era TOTAL, apabullante)—¿¡Por qué demonios estás gritando!?, ¿¡qué pasa contigo!? ¡Dime algo que pueda entender!

Evans Mitchell estaba sudado de espanto, pero algo curioso, era que para evadir de alguna manera esa realidad en la que sin luz te sientes perdido en el cosmos del terror, invadido por el fatal desconcierto de hallarte inmerso en una calamidad cuyas proporciones no llegas a calcular, antes de eso, él se aferraba al conflicto, la tensión, a los gritos, su rabia, y en fin, actuaba en consecuencia, algo con lo que estaba familiarizado, y que decididamente no era el pensamiento racional de alguien que se detiene a pensar por un momento, sino simplemente esa impulsividad que te hace trepar por las paredes. Por otro lado, se había dado cuenta al llegar hasta Denzel, que si bien esa situación que te cagas en la que todo se había vuelto negro y su varita parecía no funcionar, la verdad era que, de hecho, la montaña de cachivaches estaba allí (casi se rompe el cuello tropezando con un cachivache suelto), y el suelo estaba bajo sus pies, lo que quería decir que ellos no “flotaban” en el abismo. Algo era algo.  
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Evans MitchellGryffindor

Denzel Smethwyck el Dom Feb 18, 2018 11:43 pm

En aquel estado no había nada que pudiera hacerle entrar en razón. Que le devolviera la capacidad de pensar con lógica. No había enemigos, y, sin embargo, se sentía como si estuviera amenazado, rodeado de criaturas horrendas y de los mayores peligros. Sus demonios. Podía oír los ruidos en los escombros ¡No estaban solos! eso le decía su cabeza, pero los ruidos no eran más que el traqueteo de la madera, el tintineo del metal, con cada pisada que el gryffindor daba.

Una bestia infernal se acercaba, creía. Sus manos se separaron de su cabeza y quedó con la mirada fija en la nada, con los ojos más abiertos que nunca a pesar de que no le fuera a servir en absoluto. Era momento de armarse, engañado por sí mismo, iba a cometer la mayor de las estupideces, así como cuando tienes miedo, cometes tonterías.

Y el ruido se hacía mayor, notaba como se aproximaba. Movía su cabeza cual cervatillo en alerta que ha escuchado la hiedra temblar, con el cazador tras ella al acecho, otea desconfiado. Pero la situación era distinta, y solo podía fijarse en un punto, de donde creía escuchar los ruidos. Apresurado trató de aferrarse a lo único que era capaz de conocer, esos inservibles objetos que había por suelo, tanteando cada uno hasta tener en sus manos una vara de hierro que usaría como defensa.

Luego lo notó, esas manos como salidas de la nada que lo apresaron. Un grito del susto le sucedió y casi sin pensarlo, su centro de poder, lo que en verdad era una tubería oxidada, fue directa a golpear su tobillo. Ya no reconocía ni su voz, su mente había sucumbido a una total enajenación, forcejeó para zafarse y luego se echó a la carrera sin una meta clara.

¡Déjame! —Sus piernas se movían torpes en la irregularidad del terreno, y fue cuestión de tiempo que tropezara con uno de los cachivaches hasta caer de bruces en el mismo. El filo de los cachivaches dejó algunos cortes en su piel. Ahora se arrastraba y sentía como los más puntiagudos se le clavaban en sí. Se había incluso olvidado de que no estaba solo allí. La oscuridad para él había engullido a Evans hasta el punto de olvidarse que lo acompañaba, en su lugar lo había sustituido en la bestia de su mente.  

Siguió arrastrándose y entonces llegó a un punto donde los cacharros daban un vacío y se precipitó por él ¡Era sangre! Estaba en un charco gigante de sangre, creía una vez más. Su grito fue desgarrador y lo pero es que en las profundidades de esa laguna roja algo se movía.

PD. No es sangre, es agua
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Evans Mitchell el Sáb Feb 24, 2018 7:07 am

—¡Déjame!

—¡Ah…!—gimió de dolor y sorpresa, sujetado a la pierna malherida. Denzel, porque ese era Denzel sin lugar a dudas, un Denzel que hacía el idiota, ¡y con qué ganas, joder!... Denzel, se zafó de su agarre, y se escurrió hasta un punto en que él ya no podía alcanzarlo. No podía llegar hasta él. Y fue entonces que se dio cuenta.

De que estaba solo.

Podía seguir, sí, los ruidos, y visualizarse una idea de situación, calcular una distancia, pero en la completa oscuridad, caía en la cuenta: no era como abrir los ojos en la seguridad de los dormitorios mientras todos dormían y él despertaba, acosado por pesadillas; no era como adentrarse en la mata densa y oscura del bosque prohibido. No era su miedo la oscuridad. Y sin embargo, para él, una negrura así de honda, era paralizante cuando, otra vez, caía en la cuenta: estaba solo.

En su cabeza, estaba solo.

Conque eso era tantear a ciegas: percibir el entorno de una forma diferente, sí, pero sobre todo, ser consciente de ti mismo, directamente a través de una experiencia tan cruda, tan profunda. Era caer hasta el fondo de lo indivisible, resbalarse en el todo inmenso de la nada, y al mismo tiempo, ser esa criatura racional que se arrastraba, con su pensamiento. Era pensamiento. No podía escapar de sí mismo. ¿Dónde estaba Adrien?

En algún punto, era conocer otro plano de existencia. Uno, en el que se sentía enajenado y en la doble situación de ser real, de concreto, con un cuerpo que lo ataba al suelo; y por el otro, ser una consciencia esparcida en aquel mundo de posibilidades y misterios, que le pertenecían a su cabeza pero que escapaban a su comprensión, a la lógica de lo cuantificable. Estaba perdido. Asustado y solo, sin Adrien.

Evans, en una necesidad por anexarse a la materia, a lo real, lo tangible, retrocedió y apoyó su espalda contra un muro de piedra, algo sólido, provocando que los cachivaches se agitaran y se deslizaran a su alrededor, provocando ruido. El ruido estaba bien. Denz gritó. Evans intentó calmarse. Le desgarraba por dentro, como una punzada hielo, de dolor. El frío le trepaba por la piel, lo atacaba en espalda, pecho y cuello, y en algún momento advirtió el sudor, como una reacción del silencioso pánico del que era preso.

Si había reptado en la oscuridad hacia Denzel, no había sido por él y su acceso de temor. Había sido por aferrarse a algo vivo y tibio, que reconocía como un Otro, y por ese tiempo, se había sentido seguro. Sólo que el ravenclaw no lo reconocía, ni como Otro, ni compañía, ni Evans, como nada. Si tenía que apostar por algo, es porque se había vuelto loco.

No sabía si prefería que gritara o que simplemente se callara.
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Denzel Smethwyck el Lun Feb 26, 2018 3:58 pm

No hay nada peor que enfrentarse a un boggart cuando no tienes ni idea de que lo es. Luchas, peleas de forma persistente contra algo que no puedes vencer, y que no llegas a pensar en la clave, algo tan fácil como un simple riddikulus. Es peor, cuando tus miedos son abstractos, cundo no puedes enfrentarlos en lo físico y te engulle por dentro. Poco a poco consume tu mente hasta que pierdes todo rastro de ti mismo y te conviertes en alguien irreconocible hasta para la persona más cercana. Intratable. Demente.

Pero Denzel solo tenía miedo, y ahora temblaba inmerso hasta la cintura en aquel foso que creía tratarse de un estanque gigante de sangre. Removía la superficie con las manos, nervioso, hasta que notó algo rozarle la pierna. Aquella cosa se sintió tan viva que incluso superaba en convicción a cualquier ilusión proyectada por su mente. En ese momento se dio cuenta que hasta la soledad habría sido mejor, pues sabía que nada bueno se movía bajo ese estanque.

Trató de trepar por la ladera de cachivaches desesperadamente, entre quejidos agobiantes. Estaba solo ante el peligro, creía. No había nadie más que pudiera ayudarle, se engañaba, solo él, y se veía indefenso, alguien impotente, inútil ¿Cómo podía ser? ¿Cómo podía ser que no hubiera nadie? Su mano se estiró lo más que pudo y algo tocó, una mano amiga.

Y entonces dudó, de todo el engaño, y la mentira. Qué de todo lo sentido era cierto, y qué era real. Si estaba solo o no... Porque no lo estaba, y no era enemigo, no era una bestia. Era:

¿Evs? —Cómo podía haberse olvidado de él ¿Y por qué ahora lo recordaba? ¿Cómo se esclareció todo ante sus ojos sin ver nada realmente? Una mano tirando de él, para sacarlo de algo más profundo que la propia tiniebla: La desesperación. Entonces recordó que no estaba solo.

¡Evs...! Siento lo de antes —Sabía que Evans estaría enfadadísimo por ello, pero no era capaz de soltar su mano, no quería de nuevo volver al abismo de hace un rato —¡No me digas así! Creo... Creo que sé de qué va todo esto —La cordura de Denzel volvía, poco a poco, pero su corazón seguía palpitando con fuerza de puro pavor, y sin embargo ahora se sentía seguro, facilitándole el pensar con serenidad.

Estuvo a punto de explicarle lo que rondaba por su cabeza, pero justo en ese momento un tentáculo (o una anguila muy larga) se enroscó en la pierna del aguilucho y tiró de ella para atraerlo de vuelta al agua. Los gritos por su parte resonaron nuevamente, e iba a sacar su varita, pero se le calló en el forcejeo, perdiéndose así entre las grietas de los trastos. Por otro lado, un segundo tentáculo se deslizaba removiendo el suelo donde pisaba el gryffindor, directo a atraparle a él también.
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Evans Mitchell el Lun Feb 26, 2018 6:54 pm

—Pero, pero…—Un alumno, visiblemente tenso, había arrancado a hablar sin siquiera levantar la mano, y los rostros curiosos se voltearon a ver de quién se trataba. Por la forma de tartamudear, diríase que estaba comenzando a asustarse. Algunos rieron, sólo algunos. Lo cierto que lo de “morirse del miedo” había calado hondo en las mentes de muchos estudiantes, que en silencio, se hacían la misma pregunta—, ¿qué pasa si te quedas atrapado en la ilusión del Boggart?, ¿sin darte cuenta, sin tu varita, sin…?, ¿te quedarás así para siempre..?—Temiendo de que fuera a soltar de nuevo aquel ultimátum de pesadilla: “Pues, te mueres, obvio”, agregó rápidamente—: ¡Tiene que haber una manera…!

Nympadora rió, y el resto del alumnado se mostró sorprendido por su reacción. Cabía destacar que la curiosidad del muchacho era completamente entendible, si se tenía en cuenta que a él le tocaría enfrentarse a ese tipo de situaciones. Daba la impresión, de que si no le daba una respuesta satisfactoria, cambiaría de profesión allí mismo. Se levantaría y se iría. Es que, ser valiente no lo es todo. Uno tiene que contar con recursos. Meterte en la boca del lobo, sin salida, pues… De pronto, hacer algo soso y aburrido como trabajo de escritorio parecía muy interesante.

—Bueno, nosotros los magos, dependemos mucho de nuestras varitas. Es un mal hábito. Pero el miedo, tal cual lo conocemos, tiene una sola manera de vencerse: enfrentándolo. Volviendo a lo básico: el Riddikulus es un hechizo que ridiculiza aquello que nos aterra, pero no es lo que destruye al Boggart. Es, cuando, en la risa, hallamos una salida por el lado del humor, que somos capaces de ver al Boggart tal cual es: humo. Es en ese momento de distracción, que caemos en la cuenta, de que sí, esa pesadilla tan monstruosa, es humo. Nada. Algo, que sólo vive en nuestra mente, que adquiere forma en nuestra mente. Puede tocarnos, puede oírse, olerse, y sin embargo, esa imagen que nos parecía tan, tan real, desaparecerá, ¡se hará humo!, al comprender mediante un instante de lucidez que, o podemos ser controlados por nuestro miedo o controlarlo nosotros a él. Es nuestro, así que nosotros deberíamos poder controlarlo. Siempre tendremos miedo, ¿señor…?

—Ejem, Gregorovich.


—Señor Gregorovich. Pero, podemos hallar muchas formas de enfrentarnos a ese miedo. Verlo desde otra perspectiva, como el humor; incluso vivenciarlo para acabar comprobando que podemos movernos cuando nos creíamos paralizados, ¡que temíamos a algo que en la realidad puede ser vencido!; desafiándolo, apoyarnos en alguien… Como dato, en los casos en los que el Boggart se ha hecho muy peligroso, los magos trabajan en equipo. Porque, como suele decirse: “dos magos son capaces de lo que uno no puede”… Hacen bien en tener miedo, pero cómo decidan enfrentarse a ese miedo, definirá, en este caso, sus carreras. ¿Me atrevo a decir que el señor Gregorovich tiene segundos pensamientos?

Hubo una suave ola de risas, e incluso Gregorovich se sonrió.

—Le aseguro, que este lo trabajo lo vale, todos los miedos que puedan encontrar. ¿Alguna otra pregunta?


***

—Tú…, ¿qué fue eso?

Nunca hubiera pensado que “eso” pudiera ser un boggart. La oscuridad había desaparecido, y frente a sus ojos, se hizo la luz. ¿Cuántos muggles no habrían vivenciado experiencias semejantes, atribuyéndoselo todo a lo paranormal? Él era, en ese momento, como uno de esos muggles.

—Tú—repitió, amonestándolo con la mirada—Querías matarme, ¿verdad?

Paranoico.

Evans no se movía de su lugar, como si tuviera el culo pegado al suelo de la cueva. Casi se murió del susto cuando “volvió la luz”, y ahora que lo tenía en frente, sentía unas inconfesables ganas de, primero, escupirle que era un menso; segundo, ¡oh, cuanto quería abrazar a ese chico! Es que vamos, que Evans no era precisamente, lo que se dice, “valiente”. Que estaba cagado, vamos.  No hizo ningún ademán, sin embargo. Lo que sí, estiró una mano y lo asió de la túnica, arrugándola entre sus dedos, como si se estuviera debatiendo entre mantener las distancias, arrancársela de la bronca, o simplemente tenerlo bien sujeto, por si se le ocurría volver a dejarlo solo.

—¡No me digas así! Creo... Creo que sé de qué va todo esto.

¡Qué bien!, porque él ni puta id…

Justo entonces, un tentáculo (¡o lo que fuera!) arrastró al ranveclaw, arruinando ese momento en el que hasta pensó que podría comenzar a aliviarse, como un ladrón de ocasión muy inoportuno, y Evans saltó del lugar, abalanzándose con un tirón de desesperación en el pecho, casi más enojado con Denzel que con esa aciaga eventualidad, por atreverse a irse sin más, dejándolo solo otra vez. Que no, joder, ¡pero qué día de los cojones…!

—¡No te vayas ahora!—Le gritó, como si el otro tuviera la culpa. Se había arrojado de boca y se tendía en el suelo, sujetando a ese aguilucho tan escurridizo, que primero lo golpea con un caño o lo que fuera y luego vuelve aventurando muy campante que tenía una idea, para dejarse atrapar por un bicho salido del agua, ¡pero mira que era jodido, el tipo! Y soltó, amenazante—: Te sueltas y te juro…

¿Pero es que siquiera se daba cuenta de la situación?

—¡Relaxo!—gritó, apuntando con su varita.

¿Funcionaría?

No lo supo, porque en ese instante, una visión que le aterró la fibra más profunda de sí mismo, se apoderó de su juicio. Mientras ellos forcejeaban con criaturas marinas, un reflejo en carne viva de su cara, su piel, sus manos, se aproximó a ellos; segundos después fue presa de un ataque invisible, como cuerdas alrededor de su cuello que lo asfixiaban, amenazando con matarlo.

No se lo pensó, y fue corriendo a ayudarlo. Desesperado, estaba desesperado.

—¡Adrien!, ¡Adrien!, ¡no!


No tuvo siquiera tiempo de preguntarse qué hacía Adrien allí, con ellos, que estaban al fin y al cabo completamente perdidos. No, no tenía tiempo, porque la vida de su hermano se le escapaba entre sus brazos, y no importaba lo que hiciera, el final parecía inevitable.

El miedo estaba jugando con su mente, y él fue incapaz de predecir esa jugada.
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Denzel Smethwyck el Jue Mar 01, 2018 1:11 am

leyenda del Algarabozo:

Fulguraban, brumeando negras las aguas;
Prontilizosos enapenumbra los tinamozos
forgoteando por la óndulas sesgadas;
mimosos se fruncían los percebinos
mientras el momio silfe trovandaba.

¡Cuidate del Algarabozo, hijo mío!
¡Evita los tentáculos con que atrapa
y de la fuerza con que despedaza!
¡Evita a la anguila Wishi-washi
y que no te alcance el frumioso Omegatón!

Valiente empuñó la centellina;
a la hueste abisal acometió sin descanso;
luego, tendiose cercano a la orilla del Cántabros
y permaneciose meditudo contemplando...

Y así, mientras cavilaba firsuto,
¡¡Hete el Algarabozo, tempestad en sus orbes,
surgiendo hedoroso sobre las aguas del Zahl
y se acerca feroz y borgojeando

¡Así clavose en su gruescosa piel! ¡Una y otra vez
aguijoneó punzando en filo con la centellina!
Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa
volviose triunfando galompando

¡¿Y haslo muerto?! ¡¿Al Algarabozo?!
¡Ven a mis brazos mancebo alevoso!
¡Que zaragarante día! ¡Jujurujú! ¡jah jah!
Carcajeó anegado de alegría

Pero, brumeaban negras las aguas;
Prontilizosos enapenumbra los tinamozos
forgoteando por la óndulas sesgadas;
mimosos se fruncían los percebinos
mientras el momio silfe trovandaba.



La luz parecía vencer a la oscuridad que había imperado en aquella cueva desde hace rato, pero aún se mantenía. La penumbra permanecía, quebrándose por momentos y aunque perdía fuerza, seguía siendo tan tupida que costaba identificar cualquier imagen que les rodeara, quedando en frágiles siluetas, amenazando con desintegrarse con solo tocarlas. Denzel lo había entendido, tan pronto Evans le sacó de su demencia pudo verlo. No había criatura capaz de tal habilidad, ni hechizo que hiciera de la oscuridad algo tan horrendo e intenso. Solo una cosa podía adentrarse en los mayores secretos de una persona, y sacar de ellos lo peor. Un boggart.

Sus ojos se iban acostumbrando, pero la intensidad lumínica parecía jugar con ellos, parecía inteligente, y cuanto más creían poder ver, ésta se apagaba. Solo había una cosa que lo retenía con los pies en la tierra, el tacto de alguien conocido. Pero luego estaba el segundo peligro, esa criatura que ganaba fuerza en ser desconocida, atacando sin ser vista, aprovechándose de la situación porque, dada la agilidad con que respondía ante aquellos dos alumnos sí que los notaba, o tal vez, los sentía.

Denzel se abstuvo de responder a Evans mientras tiraba de su brazo. Es que, le apetecía tanto como a él ser devorado por lo que quiera que fuera eso que insistía por atraerlo al agua... Y tras ese relaxo, consiguió zafarse por un momento, para volver hasta la cima de hojalatas y respirar hondo, aliviado.

¿Qué? —Fue entonces cuando toda la oscuridad se conglomeró como la sombra de un obscurial en un único punto. Había ahondado en el corazón de otro más, y terminó hallando en él, un miedo más jugoso, y una víctima más apetecible. Denzel, sin varita, era incapaz de detener ese boggart ¿Cómo iba a defenderse? Era un problema, pues no se enfrentaban a un único enemigo, si no a dos, y Mitchell ¿Qué se suponía que le pasaba a él?

¡Evs! ¡Ese no es Adrien! —Pero no le escuchaba. Como él hace un momento, y eso le hizo romperse por dentro. Inevitable destino por el miedo que te impide actuar, y que luego el karma te abofetee por un error que no pudiste evitar. Ahora era Evans quien quedaba engañado por el boggart. Se acercó hacia él, sin saber cómo actuar. Era tan inútil en situaciones como esas. Habiendo crecido en soledad, asocial por evadir a los demás, fue incapaz de aprender de la empatía. No obstante, no podía simplemente quedarse a mirar.

¡Evs...! ¡Dame tu varita! —Denzel tendió su mano, estando a su lado. Pero su enfrascamiento en esa imitación de su gemelo hacía que no tuviera ojos para otra cosa que él. —Adrien no está sufriendo Evs ¡Dame tu varita! —Pidió una vez más desesperado. "Eres un monstruo Denzel, no tienes sentimientos. Frío y amargado, es por eso te gustan tanto esos aparatejos tuyos." No necesitó que se lo dijera para que captara ese vacío, esas críticas que por tantos años había notado a sus espaldas.

Al final, Denzel trató de apartar a Evans del boggart. Era necesario, pues si seguía así, el boggart pondría la ponzoña en su corazón, y entonces ya no tendría salvación. Pero Evans era más fuerte. No pudo moverlo un dedo. El aguilucho terminó por redirigir su atención y le arrebató la varita cuanto más insistía en aferrarse al tercero. Acto seguido apuntó con ella a ese falso Adrien y dijo —¡Es un boggart Evans! me costó reconocerlo. Pero ahora lo sé ¡Hay que matarlo!

Los bártulos volvían a temblar, la bestia de antes de nuevo estaba a punto de entrar en escena.
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Evans Mitchell el Dom Mar 04, 2018 5:36 pm

Lo único que deseaba, ardientemente, era salvarlo. Una y otra vez, Adrien moría con los ojos bien abiertos, y permanecía helado en el sitio, estático, por unos segundos que a él le sabían a ácido y terror, y lo asaltaba la paralizante amargura del corazón. A pesar que Adrien regresaba, la amenaza de la muerte no lo abandonaba. Un momento no daba señal de reflejo alguno y al otro volvía en sí, fuera de toda ayuda posible que su gemelo pudiera tenderle, desesperado. El peor miedo de Evans Mitchell era el no poder salvar a su hermano.

No atendió a los gritos de Denzel, ni a su lógica, y apenas reparó en que ponía sus manos encima de él, intentando apartarlo de sus esfuerzos. En algún punto de aquella rueca de desgracias, él cayó en la cuenta de lo irreal que era aquello, pero estaba aturdido, y no podía simplemente dejarlo, así que lo tomó entre sus brazos y lo apretó contra su pecho, protegiéndolo: y él moría de esta forma, una vez y otra. Podía ver las contracciones de su cara, hinchándose desfigurada, presa de una convulsión violenta.

Evans lloraba en silencio, enrojecido, triste y acabado.

Sólo recordó que no estaba solo, cuando Denzel le sonsacó la varita de las manos, y esta chispeó entre ellos, encabritada. ¿Matarlo, decía? ¡Si no dejaba de morir! Eso era justo lo que hubiera querido evitar, su muerte. No podía ni reaccionar a las palabras del ravenclaw. Lo único de lo que era plenamente consciente, era que no soltaría a su hermano, jamás. Denzel los apuntó y él apretó el cuerpo moribundo más contra él. ¿Qué…?

No es que lo razonara. Era instintivo, el amor.

Entonces, lo que fueran esas amarraduras o tentáculos de antes emergieron del agua y atacaron al Adrien que se debatía en un ciclo interminable de vida-muerte-resurrección-muerte, y lo arrastraron consigo por los aires hacia el fondo de las aguas subterráneas. Sólo entonces, Evans, tirado de espaldas en el suelo, con la boca abierta y la respiración agitada, sólo entonces, oyó la voz de Denzel, y tomó la iniciativa de ir hasta él, sin pensar en el peligro.

De nuevo, el forcejeo con una criatura que desconocía, y que sospechaba que era mejor no toparse de frente. Evans apuntó con la varita de Denzel, atacó, pero la bestia se hacía cada vez más grande y. Cayó en la cuenta. Era el Calamar Gigante. No en todas sus proporciones, sólo sus tentáculos, que él bien conocía por andar molestándolo en el lago. Dejó de atacar, y apartó a Denzel sujetándolo de la ropa, adelantándosele y sin mirarlo.

—¡GRAN BICHO DE LA HOSTIA!—
La cueva retumbó con su agradable voz, y los tentáculos, ahora vistos bajo la luz, se estuvieron quietos. Sólo habría querido juguetear con ellos, daba la impresión. Pensándolo de esa forma, Evans y el Calamar tenían mucho en común: por empezar, cero tacto—. ¡DÉJAME EN PAZ; JODER!, ¡Dame un respiro, maldición!

A Evans le costaba tranquilizar su pulso, inquieto y furioso. Se deshacía en ansiedad. Se llevó la mano a la cabeza en un gesto. Los tentáculos habían dejado de atacar, pero permanecían fuera del agua, como una gigante enredadera. Uno de los tentáculos hizo algo: se alargó e indicó lo que, si mirabas bien, era una hendidura en las paredes de roca, una apertura disimulada, ¡que era un camino!

—¡MALDITA BESTIA IMBÉCIL!, ¡CASI ME MATAS; CASI ME MATAS!—
Evans gritaba, fuera de sí. Tenía mucho adentro, para expectorar cual ráfaga de resentimiento—¡VETE!; ¡SÓLO VETE!; ¡NO QUIERO VERTE!

Con un fuerte, estruendoso, ¡PLAFFF!, los tentáculos se hundieron en el agua, salpicándolos a un tiempo, revolviendo las aguas, como si el calamar quisiera expresarle a Evans lo que pensaba de él en ese momento: de todo menos bonito, presumiblemente.



***


No habló en todo el camino, incluso cuando el viento empezó a sentirse en sus rostros como signo de buen augurio. Si se comunicaba, para señalarle que tuviera cuidado con una roca con la que podías tropezarte o golpearte la cabeza, le daba unos toques en el hombro o lo sujetaba repentinamente del brazo, para luego volver al camino apartándose con brusquedad. Lo extraño es que parecía mucho más considerado estando así de mudo. Esquivaba la mirada, hosco, y alzaba la cabeza al frente, yendo con paso firme y mucha resolución. Estaba herido por dentro, pero se mostraba duro por fuera. Porque es así como impides que la herida siga sangrando: aparentando, hasta que las mentiras, esa fachada de mentira, las mentiras en fin, se hacían realidad, y tú recuperabas el equilibrio emocional, el sentido de realidad por medio del cual sabes que hoy pudo haber sido un día terrible, pero mañana. Siempre habrá un día mejor, en fin. Sólo que. Evans. No era tan emocionalmente maduro. O sólo estaba muy destrozado. Tan aturdido, que su corazón todavía no se calmaba. Lo que él necesitaba. Era un momento.

—Frena ahí—Evans se clavó en el sitio, intempestivo. Podías chocarte contra él, que ni le mosqueaba. Lo miró, reacio. Pero sus ojos estaban demasiado dolidos como para parecer amenazantes. Se acercó, despacio—Quédate quieto—Lo alcanzó con el gesto lánguido de su brazo extendido, sujetándolo del hombro, como si quisiera establecer contacto y le costara. Y le costaba, pero se lo permitía porque sentía que podía, y lo quería— Y no me hagas…—Se interrumpió, lanzándole una mirada de mal humor. No se explicó, aunque debía ser algo así como “No me hagas renegar”. Resopló, y se dejó caer con la cabeza en su hombro de un pesado suspiro, al tiempo que lo rodeaba por debajo de las axilas y lo estrechaba en un abrazo, de una suavidad tan íntima como forzada—Quédate quieto—repitió en un susurro, y lo apretó con tanta fuerza que hubiera podido arrancarle el corazón, estrujarle, estrujarle el corazón.

No pedía permiso para entrar, a tu zona de confort. No solía hacerlo. Esto, era diferente. Estaba aferrado a ese momento, esa persona, en búsqueda de consuelo. Porque era Denzel el que había vivenciado con él su pesadilla y tú te anexas de formas invisibles con esas personas con las que compartes ese tipo de experiencias, porque en el fondo, el sabelotodo no le caía tan mal. Ni falta hacía decirle: “Esto queda entre tú y yo”. Había un sentimiento dentro de él, que lo forzaba a abandonarse a las fuerzas de la gravedad, y Denzel, como calor humano, tenía las propiedades de atracción y sujeción que lo ataban a ese encuentro de dos, necesitándolo a través de sus latidos por debilidad. ¿Pero es la debilidad lo que acerca a las personas?

En él, siempre fue de esa manera: la tendencia de inclinarse hacia alguien. Podía ser cobarde, podía ser sinvergüenza, podía ser traicionero, independiente por definición, pero nunca solo. Es muy distinto, de todas formas, estar solo y estar por tu cuenta. Evans siempre actuaba por su cuenta, pero no podía estar solo. Por eso, se movía en grupos, se relacionaba, tendía a lo vincular, incluso cuando su lealtad fuera algo muy difícil de conseguir, sólo probada por unos pocos. Era escurridizo a su manera, y dependiente en lo emocional. El ruido y las multitudes lo hacían sentir tranquilo, en su elemento. Pero en su mundo personal, alejado de los compromisos superficiales y la apariencia, le bastaba sólo una persona. su hermano, please  

—Es, ¡es una snitch!—Y lo era, la snitch dorada, aleteando traviesamente a su alrededor, y deteniéndose por un instante entre ellos, como si estuviera tan curiosa como ellos sobre qué hacían allí—¡Es la snitch de Hewitt!

No porque fuera, en efecto, del alumno Hewitt, de Hufflepuff. Sino porque se trataba de un alumno que había intentado amañar el último partido de los Hufflepuff, encantando la snicth a escondidas para que esta pudiera ser atrapada por el buscador de Hufflepuff. Eso resultó tan mal, que la snicht se volvió loca y se alejó volando, perdiéndose en los salvajes terrenos del bosque, al silencioso grito de ¡libertad!  Desde entonces, no se le había vuelto a ver. Hasta ahora.

Enseguida, Evans echó a correr, allí por donde la snicht había venido. Y al entusiasmado grito de ¡bombarda!, desarmó una pared de rocas y tierra, y atravesó ramas y hierbajos hasta que sus pulmones se hincharon del aire del exterior, ¡y con tanto alivio!, ¡no podía creer que hubiera extrañado tanto las nubes en el cielo! Y hacía un frío de mierda, ¡pero qué cojones!, igual se tendió boca arriba sobre un trozo de pastito, con los brazos extendidos y tan, tan, tan aliviado.  
ALKDJLKASJDLASJ:

¡Deeeeenz! Decíme si querés que cambie algo, o que tome algún camino en particular. Beso :3
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Evans MitchellGryffindor

Denzel Smethwyck el Jue Mar 08, 2018 3:34 am

"¡Es lo que hay que hacer!"

Denzel estaba dispuesto a agredir al Adrien impostor, y para ello se había hecho con la varita del adverso. Con ella ahora apuntaba firmemente y decisivo. No estaba seguro de lo que estaba a punto de hacer, no podía simplemente conjurar un riddikulus sobre un miedo ajeno, y, aun así, algo había leído para un caso como aquel. Sin embargo, no estaba muy seguro de ello. Era un fragmento que explicaba la posibilidad de hallar «la vulnerabilidad en boggarts que adoptaron un miedo tangible», pudiendo atacar con físico a lo físico. El único problema... Es que su veracidad era cuestionable. Sus análisis habían sido tomados por otros expertos y, entre que ninguna de sus aseveraciones había sido probada, éstos aseguraban que muchas de sus investigaciones resultaban ser inventos de la mente, con el fin de ganarse fama en descubrimientos novedosos que llegaban a sorprender a los estudiosos del tema.

De todas formas, el aguilucho no dejaría que la situación acabe en desgracia si podía intentarlo, lo haría.

¡E-Evans apártate...! ¡No dejes que te engañe! —Pero, a pesar de la sensatez en sus palabras, no fue capaz de conjurar un solo hechizo. El gryffindor estaba entre los dos y no se atrevía a intentar dañarlo si lo tenía enmedio de su objetivo. Por otro lado, era casi como si él mismo se estuviera contagiando por ello a través de él. Verlo sufrir por su gemelo le rompía por dentro, y aunque se mostraba impasible no podía ni tan siquiera ser el monstruo que los separaría.

Estaba por rendirse, pero algo resurgió en sus adentros y le dio la fuerza que necesitaba. Finalmente, se decidió e hizo la floritura y pronunció.

¡Accio varita!

Exactamente, así fue como pasó. En vez de centrarse en atacar al boggart se enfocó en recuperar la varita. Ésta salió de entre escombros, disparada cual perdigón, y fue en ese preciso momento cuando los tentáculos atacaron de nuevo.

Se veían claros, mucho más que antes con la luz del lumos despedido por su varita. No era una bestia de pesadilla, ni menos una criatura marina de cuento.

¿El calamar gigante? ¿Entonces estamos a salv...? —Pero, aunque las historias que contaban sobre él le daban una imagen por la que sentirse protegido, estaba claro que era bien lerdo. Al aguilucho casi lo derriba de un latigazo en el momento en que atrapó al boggart y se lo llevó a las profundidades del agua.

Luego, el mal humor de Evans lo sucedió ¿Estaba... Discutiendo con el calamar gigante? ¿Pero en qué cabeza cabe? Su voz en alza, a Denzel terminó por acongojarle, y hasta parecía gracioso, pues antes parecía ser él quien llevaba las riendas de la situación y resultaba que ni de lejos era así.

Cansado, Denzel cayó sobre sus rodillas. Los picudos objetos le provocaron un horrible dolor, pero el alivio pareció anestesiarlo y un suspiro de desahogo fue su manera de expresar el agradecer por estar al fin a salvo.

* * *

Quería ser capaz de entender cómo se sentía Evans en ese momento. No estaba bien, eso estaba claro. Del poco tiempo que llevaban como conocidos había visto muchas facetas suyas, pero nunca antes lo había visto así de taciturno. Estaba realmente preocupado y mientras encabezaba el rumbo camino al exterior, echaba alguna que otra mirada hacia atrás buscando la del gryffindor, y estaba mal, lo veía en su cara, y eso se retrasmitía en la suya como por reflejo. Le dolía no saber qué decirle, o si era mejor no decirle nada. La duda era lo peor. Si debía mantener la vista al frente, o si no debía hurgar demasiado en la herida abierta. Estaba perdido, al borde de la angustia, hasta que fue el quién habló.

"Frena ahí" Dijo. Denzel se quedó al principio confuso, su cabeza se inclinó ligeramente y ese repentino cese del andar lo hizo pararse también, volteado hacia él. "Quédate quieto" Lo vio acercarse, por su parte no se movió "¿Y no me hagas...? En absoluto dijo nada, pero estuvo a punto de preguntarlo cuando, casi como sin esperarlo, se vio envuelto entre sus brazos.

Quedó sin habla en un primer momento. Del impacto sus ojos se ensancharon. Sus brazos quedaron paralizados y luego de reactivarse, vino la sonrisa. Una leve y ligera sonrisa. Incrédulo. Denzel por lo general evitaba el contacto físico. Lo consideraba una invasión a la privacidad, pero esa vez... Esa vez fue de las pocas veces que se sentía cómodo con ello.

Sus brazos paralizados se movieron delicados para corresponder al abrazo. Su semblante tornó más sereno, y acarició su espalda en el intento de reconfortarlo.

No me moveré —En ese momento Denzel comprendió que había estado equivocado con la imagen que tenía de Evans. Buscapleitos, competitivo, conflictivo... Y aunque todo eso era cierto, había algo más. Ese algo le cautivó, le sorprendió; Su lado sensible.

¿Qué? —De nuevo volvió a sorprenderle con algo inesperado, y se giró parpadeando muy rápido hasta tener en su blanco de mira aquella snitch mencionada. No era como si te dijeran "Mira, un cerdo volador", Y lo creía así hasta que la vio, y entendió a qué venía tanto entusiasmo, el ticket que los llevaría de vuelta a casa. La snitch de Hewitt, mira si habían pasado años desde que aquello se convirtió en una leyenda y el Hewitt de Hogwarts ahora fuera un gryffindor ¿Tendrían parentesco? Ahora no le importaba. Lo que le importaba era salir de allí, así que del mismo modo corrió a la par que Evans.

¡Pero no vayas tan rápido! —Ese había sido el momento de la bombarda en el que el polvo levantado hizo que Denzel parara unos segundos y por ende el contrario tomara la delantera. Igual no tardó en alcanzarlo, porque ahí estaba tirado en el suelo, Denzel había cogido una rama de todas esas que había destrozado y le picó en un costado con ella.

¿Has reclamado esta parte del suelo como tuya? ¿Me dejas tumbarme un rato? —Obviamente lo decía en broma, al fin estaban al aire libre y también quería descansar, pero en su lugar se recostó apoyando su espalda en uno de los troncos.

Menudo día más loco. Sobre la perla... Que se busquen la vida los merrows —¿Ese era Denzel diciéndole que no a un merrow? Sí, lo era.

Spoiler:
Quería meter tras la ida del calamar gigante. que el boggart salía de las aguas en una síntesis de ambos miedos:

"Adrien atacándonos, envuelto en oscuridad, tragándose toda la luz de la habitación, like a agujero negro pero únicamente la luz" y luego lo enfrentaría. O enfrentaríamos.

Pero no quería alargar mucho el post ni tocar más de lo necesario esa parte, así que no lo llegue a poner.
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Evans Mitchell el Jue Mar 08, 2018 9:26 pm



El buen humor le había dado como un subidón repentino, un estremecimiento de risa. En el pastito, Evans era como un hurón demasiado contento. Rió, tocado por esa ramita entrometida en sus costillas, y la apartó de un gesto antes de incorporarse sobre sus codos, echado hacia atrás, tan cómodo, cual si tomara sol en una reposera.

—Oh, ¿no eran esos merrows tus amiguitos?—acusó, socarrón. Se echó hacia un lado, para encararlo—Te lo dije, ¿verdad? Nos estaban enviando al saco, y tú estabas todo contento con ello—Distraído, ladeó el rostro hacia un costado, espiando en derredor. El castillo de Hogwarts sobresalía de entre la espesura—. Pero, ¿sabes? No creo que ni ellos supieran… Vi algo allá abajo, y debía ser cosa de magia negra. Mejor es si lo que buscaban, sigue perdido. En el fondo, les haces un favor—¿Lo estaba animando? Evans lo ojeó rápidamente, de arriba abajo, y se sonrió, incómodo—. Y dirías que un ravenclaw podría serte útil en situaciones desesperadas, pero no.

¿Qué?

—Me diste duro, con lo que sea que… Duele, ¿ok? Más te vale ir pensando cómo disculparte. Disculparte, de verdad. ¿Cómo crees que se siente que un loco te ataque de la nada? No estabas siendo muy cooperativo que digamos. ¡Y no, no me vengas con que fue accidental! Yo te ayudé ahí abajo, tú casi me matas. Sólo no lo pasaré por alto, que sepas. Lo hago por ti. Si vas golpeando a tus amigos y nadie te para, tú conducta será un problema más adelante. De nada.

Oh, “amigos” él dijo. ¿Es que podía haber alguien tan pesado?

Evans se puso en pie, cual culo inquieto, y le tendió una mano, sin mirarlo, entre que meditaba por dónde ir; pero no se esperó y fue a tomarlo del brazo, para ayudarlo a incorporarse. Se hallaban en los alrededores de Hogwarts, apenas en los bordes del Bosque Prohibido. Le llamaba la atención que existiera un túnel hacia una cueva de pesadilla en las inmediaciones del castillo, pero más insólito le resultaría cuando, al volver, por curiosear, se encontrara con que el acceso había sido sellado. No sólo eso, sino que tuvo que alejarse corriendo, porque el fantasma del pirata emergió de improviso y lo persiguió, acosándolo con intenciones de riña, para nada deseables. Había muchos tipos de fantasmas, de poltergeists a fantasmas camaleónicos, y con algunos era definitivamente mejor no meterse, ni en broma.

Era curioso, que Evans Mitchell pudiera ser tan cambiante en lo que respectaba a su humor. En el camino de vuelta, su labia de tunante había regresado, diríase, más fuerte que nunca. Era muy cuidadoso, por no decir “pasota”, al desentenderse de los hechos tal cual habían ocurrido —en primer lugar, todo el asunto había sido su culpa—, y de omitir mencionar que se había sentido tan vulnerable, como para estrecharse a Denzel, tú sabes, porque lo que “sucede en las cuevas, queda en las cuevas”. Por lo demás, iba de tema en tema, como si tal cosa.

Lo que cambiaría, sí, sería una casi imperceptible tendencia a hallarse cómodo en esa compañía, buscándola por gusto, no por importantes negocios de sospechoso resultado, si por “negocios” se entendía su frustrada cadena productos mágicos para bobos que pecaban de crédulos y caían en su red de estafas y trastadas. Lo que a Denzel Smethwyck sólo le supondría un cúmulo de problemas y malentendidos —porque con Evans, era siempre el caos—, que ni pidió.

Sí, Evans estaba de muy buen humor. Hasta que.

—¡Ey, EVANS!—Chris, uno de sus compañeritos de dormitorio y compinche de Gryffindor, los alcanzó con un grito, camino al castillo, partido de la risa. Con tan sólo verle la cara, dirías que habían llegado las Navidades—Así que, ¿CÓMO ES ESO QUE CORRÍAS EN PELOTAS?—El grupete con el que estaba estalló en carcajadas y comentarios.

Evans resopló, cansino. “Chris, la madre que te parió”, pensó por dentro, y le lanzó a Den una mirada de reojo, ¿esa era una mirada de reproche?

—Sí, me pregunto cómo… Te habrá resultado gracioso, ¿eh?

¿¡Qué carajo!? Por su parte, Chris, soltaba:

—¡Me lo perdí, desgraciado!, ¿cómo me perdí eso? ¡Oh, espera! ¿Qué es esto?—Fingió sorpresa, y levantó en el aire, ¿una fotografía? —¡Oh, pero si eres tú! ¡loco y desnudo! Tendré esto conmigo toda mi vida…

De pronto, una de las cabezas del grupo, soltó, dando rienda suelta a un coro de risas estridentes:

—¿Y qué vas a hacer con eso, Chris? Suena un poco rarito, digo yo…


Evans rió con ganas, y Chris se enfadó, la cara roja como un tomate. Diríase que iba a salirle humo de las orejas.

—¿Estarás bien? ¡Nos vemos!—Se despidió Evans, amagando a irse a reunirse con el resto, sus amigos. Pero se demoró, sonriéndose, hasta que le golpeó amistosamente el hombro, jocoso, y luego sí, se marchó. Qué raro, Evans.

AHGSDHAGSHDG:
Ya estoy pensando en abrir otro tema :pika:

Después te mando Mp. :3

Si te parece, cerramos después de tu respuesta. asdsad


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Denzel Smethwyck el Sáb Mar 10, 2018 11:37 pm

¡N-no son mis amigos... Pero... Es que los merrows son unos incomprendidos y... —No lo dijo, pero de algún modo su debilidad por ellos tenía que ver con la pena que sentía por su condición en la política de los brujos y brujas. Esa ley que le restaba derechos a toda criatura con inteligencia semi-humana, y aunque podría haberse excusado, en su lugar prefirió no darle importancia al tema reconociendo su error.

¡Está bien! —Espetó agitando la diestra en un ademán y desviando la mirada, como si le hubiera costado horrores acabar diciéndolo, del mismo modo que le costaría añadir lo que estaba por agregar —Me equivoqué ¿Vale? En ese momento debí haber pensado más en nuestra propia supervivencia que en ayudar a unos merrows —Y se mordió la lengua con el fin de no seguir con su "justificación".

Hubo un breve silencio en el momento en que ambas miradas se distrajeron por un instante, y como comentario banal, acabaron hablando de algo de mayor profundidad por el misterio que guardaba detrás —¿Te refieres a aquella perla? Lo cierto... Es que hacía que te comportaras de una forma extraña... —Y esta vez miraba muy fijamente a Evans. Reflexivo y curioso —Seguramente tengas razón... Espera ¿Que has dicho? —Reaccionando tarde a sus palabras. Lo que pasa cuando piensas en mil cosas a la vez que escuchas —¡Ser Ravenclaw no implica ser perfecto!

Al final se molestó. Sí, porque no era ni la primera vez, ni sería la última. Y aunque probablemente no lo estuviera diciendo del todo en serio, Denzel se cruzó de brazos en un pequeño berrinche infantil.

¡Pues quizás te lo merecías! —Le interrumpió nada más empezar con su perorata. Lo que, a medida que hablaba y hablaba con que debía disculparse, su entrecejo fruncido volvía a relajarse —Pero... —¿Tenía miedo? Fue un hilo de voz. No sabía si era excusa suficiente, así que no acabó su incisión. No obstante, eso que dijo al final, de verdad le tocó de lleno. Por lo menos no había acabado con un "...te acabarás quedando solo", y, aun así, le dio que pensar.

¿Has dicho "amigos"? —En el último momento le sacó hasta una sonrisa, y cuando se levantó, dándole la espalda, dijo tras él sin levantarse aún —También eres un amigo para mí, Evs —Algo que no habría sido capaz de decirlo de frente. Quizás también lo impulsó la sensibilidad del momento.

Uno nunca podía estar seguro de conocer los alrededores de Hogwarts al cien por cien, incluso si se tenía un mapa. La experiencia de aquel día era la prueba y resultó sorprendente comprobar que la "salida" daba a las cercanías del colegio. Una salida con muchas comillas, porque estaba claro que esa no era una real, sino una de emergencia que ahora quedaría así para la prosperidad.

Si en un futuro, algún que otro alumno se perdía en las inmediaciones de esa cueva y salía por aquel lado, ya podía darle las gracias a Mitchell.

Desde aquel día vería a Evans con otros ojos, antes desconfiados, ahora incluso ni siquiera le importaría cruzárselo tan a menudo como había sido esas últimas semanas. Que sí, que sabía que todas esas apariciones no eran más que por interés, y, aun así, algo le decía que desde entonces no sería el único motivo. Sabe lo problemático que es, en Hogwarts es imposible que no llegue a tus oídos los líos en los que se mete. Sabe que, si se acerca demasiado, esos líos le acabarán envolviendo ¿Pero y qué? Aunque se manche con ellos le apoyará, sea el lío que sea, porque para eso están los amigos.

Iban de camino a Hogwarts y de camino aparecieron unos conocidos de Hogwarts. Algunos de ellos los conocía por las clases, otros de vista u oídas y entonces, comenzaron a burlare por lo sucedido tras el incidente con el captor.

Denzel, en un principio, se mantuvo al margen en un rechinar de dientes, sin decir palabra, y sus puños estaban muy apretado, aguantando las ganas de meterse en el asunto. Iba a decir algo, porque era raro ¿Que la iba a guardar decía? Y entonces esas palabras justamente se oyeron, pero no de su boca.

Vaya, justo eso iba a decir —Secundó a aquel quién acompañaba a Chris, y ciertamente, metiéndose donde no le llaman. Pero ya eran dos los que pensaban igual y las risas fueron inevitables. El se tapó la boca con el dorso de la mano.

Finalmente, Denzel asintió animado tras el adiós de Evans —De acuerdo. Ve. Nos vemos —Y levantó su diestra a modo de despedida.
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Evans Mitchell el Lun Mar 12, 2018 4:04 am


—… es así como, en nuestra ignorancia, podríamos pedirle indicaciones en la calle a un boggart que tomó la apariencia de un miedo de leyenda, como El Destripador o el Malvado Duque de York, sin siquiera darnos cuenta. Sí, pueden ocultarse entre nosotros, comer con nosotros, dormir entre nosotros… Incluso yo, podría ser un boggart de leyenda, entre ustedes, aquí ahora—Se sintió el murmullo de la risa. Nymphadora sonrió, enigmática—No sean desprevenidos, ese es mi consejo.

Nymphadora York había relatado por último su encuentro con el El Boggart de La Bruja Baba Yaga, y al final del seminario, se fue seguida de un coro de aplausos. O más bien, se demoró cuando los estudiantes se acercaron para hacerle preguntas, y luego se fue. Estaba de camino a su casa, después de una tarde de shopping, acortando camino por un callejón oscuro. Un atacante se le acercó por detrás, pero ella no se sorprendió, sabía que la venía siguiendo. Fue cuando el hombre la tomó por el hombro, y la volteó bruscamente, que soltó un chillido, retrocediendo al instante y cayendo de culo al suelo, en la aterrada contemplación de su peor miedo: el rostro de Krueger, de Pesadilla en Elm Street, en una de sus peores escenas de miedo. Huyó, despavorido, tan pronto pudo levantar el culo del suelo.

Nymphadora, risueña, se volteó y siguió camino, pensando para adentro que sí, no había que ser desprevenido. Nunca sabes lo que puedes hallarte a la vuelta de la esquina, ¿has de prepararte para encarar tus demonios o recibir a un amigo?


AJHSGHD:
Jaja Sorry, es que, como te habrás dado cuenta, Nymphadora es un NPC o PNJ hambriento de protagonismo.


Voy y cierro tema :pika:
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