Situación Actual
21º-14º // 5 octubre luna llena
Entrevista
Administración
Últimos Mensajes
Awards
Apolo MasbecthMejor PJ ♂
Circe MasbecthMejor PJ ♀
Alexandra B.Mejor User
Denzel S.Mejor roler
Ashanti ButtonMejor nuevo
Joshua EckhartMejor jugador
Sam & HenryMejor dúo
Eva WaldorfPremio Admin
Redes Sociales
2añosonline

[FB] I wanna meet ya [Priv. Evans Mitchell]

Sebastian E. Winterburn el Dom 10 Sep 2017 - 7:33

Lo había leído en una revista hecha por especialistas y aficionados, un encuentro que daría lugar a una conferencia sobre diferentes materias enfocadas a las runas y además un debate donde se tratarían diversos temas. Él participaba activamente en la revista, usando el seudónimo de Eugene Smoldercold. Pocas personas en el mundo sabían su segundo nombre, y eso aunado al cambio de apellido le sacaba un poco del foco de las miradas. Smoldercold se traducía literalmente en “Arder en frío”, como la “Quemadura de invierno” de su apellido, demasiado rebuscado como para que nadie hiciese conjeturas y los relacionase. Su tema favorito era la unión de las varitas y las runas; en un futuro quería especializarse en ello.

Tenía intenciones de sólo ir como Sebastian, pero la idea de meterse en el debate era demasiado intensa que no pudo negarse al final del todo. La conferencia se daba en el auditorio de la universidad mágica, a puertas abiertas para que expertos y estudiantes de grados menores pudiesen asistir puesto que aún no empezaban las clases en los colegios de hechicería. Eran ya los últimos días de agosto, las clases en la universidad también comenzarían muy pronto, por lo que no había más remedio. Había llegado temprano, estaba entusiasmado, y había conseguido el itinerario del evento.

Había, también, la posibilidad de que se encontrase por casualidad con un par de personas con las que llevaba un tiempo escribiéndose. No sabía si pudiese presentarse a ellos, no le nacía ser reconocido, pero sería interesante saber con qué tipo de gente hablaba. El que más curiosidad le daba, el autor de un reciente ensayo sobre las runas de encantamiento, no le había confirmado su asistencia, pero tenía la esperanza de verle. Se habían escrito desde ya un tiempo atrás, mantenían conversaciones por correspondencia sobre la materia, nunca preguntas demasiado personales, por lo que no tenía ni la más pálida idea de cómo lucía, ni siquiera sabía si era hombre o mujer.

Sin embargo, había conectado tan bien en cartas con Lavish Clement que tenía la sensación de que podría reconocerle con sólo mirarle. Estaba profundamente equivocado, pero no se daba cuenta de ello. En fin. Había tres ponentes principales, uno de ellos hablaría sobre “Cómo las runas guían las decisiones”, el segundo versaría sobre “Las runas y la magia”, y finalmente el tercero giraría en torno a “Combinar correctamente las runas”. El segundo era el que más le interesaba, y al final se haría una mesa redonda donde los tres invitados especiales y alguna selecta gama de participantes en las que él había conseguido un puesto.

Dependiendo del rendimiento que tuviese en el debate, podría ser invitado para exponer sus teorías en un futuro evento sobre la varitología y la runología, según le había dicho la encargada del evento, una profesora con la que particularmente congeniaba bien. Lo que era raro, porque pocos profesores le tenían en estima, normalmente preferían evadirlo por su excéntrica forma de ser tan borde y soez. Pocas personas al final conseguían descubrir que debajo de esa capa de hostilidad había un sujeto apasionado que adoraba con cada poro de su piel la materia.

Las conferencias darían jugar en una amplia sala donde el orador podría exponer y explayarse tanto como le hiciese falta sobre su materia, respondiendo las preguntas del público donde Eugene no perdía segundo en pedir la palabra si podía refutar algo y necesitaba que se lo aclarasen. Probablemente lo único que se le daba fatal en las runas era su historia, de resto estaba bien informado sobre el tema en general. Una vez que acabaran las tres conferencias, con intervalos de quince minutos entre cada una de ellas, los ponentes y los participantes del debate serían requeridos en una habitación aparte donde podrían sentarse como iguales a compartir y exponer sus puntos de vista.

La parte de la mesa redonda era lo que más inquieto tenía a Sebastian, quien en el descanso entre el segundo y el tercer ponente ya estaba nervioso. No era muy bueno hablando en público sabiendo que la atención pasaría a pertenecerle, a diferencia de la conferencia donde sólo hablaba y todos lo ignoraban para escuchar la respuesta. Había aprovechado el tiempo para ir a comprar un juego a una tienda cercana, calculando cada minuto para llegar con unos minutos de anticipación al comienzo de la última conferencia.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Will Tudor
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitario (Runas)
Pureza de sangre : Mestizo.
Galeones : 5.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Incoming
RP Adicional : ---
Mensajes : 150
Puntos : 114
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4546-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4592-relaciones-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4591-cronologia-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/

Evans Mitchell el Lun 11 Sep 2017 - 16:12


Cheri, cheri lady~

Je, ¡por supuesto que él no iba a ir a esa conferencia! En eso pensaba, mientras se contemplaba en el espejo del baño de la solitaria casa de los Mitchell. Primero un lado de la cara, después el otro. Se cacheteó una mejilla, la otra, así, asá, ajá. ¡Ah!, ¡sí que se sentía bien ese día! Bien, ¡hora de tomarse esa poción! Evans desenroscó la tapa del frasco, dejó caer (con cuidado, con cuidado) una mata de pelos que mezcló con el contenido, ¡y adentro! ¡Puaj, con esa porquería! Nunca era una buena idea tomar una poción multijugos, cuando probabas ese sabor. ¡Puaj, puaj, puaj!

Evans se llevó la mano a la boca y se dobló en dos, con el estómago resentido y el incómodo, desagradable picor que le estremecía la piel, esa que ahora se deformaba, del mismo modo que burbujea la superficie de una pócima hirviendo en el caldero. En el proceso, tosió un poco, en una queja ronca, que poco a poco, fue oyéndose diferente. Todo en él, el hombre de la bata en la cintura, recién salido de la ducha, fue adquiriendo el aspecto de un Otro. ¡Ja! Por supuesto que él no iría a esa conferencia, ¿y revelarse accidentalmente como Lavish Clement? ¡No! Evans era muy, muy reservado cuando quería. Y había secretos que cuidaba con todas las precauciones, por muy exageradas que parecieran. Y su alter, era uno de esos secretos, que NADIE podía saber. Así que, no, Evans Mitchell no iría a la conferencia. ¡Pero Emmet Hubbert, el mago de le repostería de Callejón Diagón, lo haría!

En eso pensaba, cuando se volvió a mirar en el espejo, ¡triunfan…¿teee?!

—¿¡Qué carajo!?—Evans contempló su reflejo, con una mueca entre el asco, la sorpresa, descolocado ante esa imagen ¡femenina!, ¡femenina!, ¡femenina! se sí mismo. ¡Pero si era una jodida pelirroja! Ah, no, no cualquiera, era la chica que trabaja en la repostería. Siiiií, ahora la recordaba. Le había envuelto una torta de chocolate que él había comprado para Adrien.

Bueno, pasado el shock inicial, tenía que reconocerlo: se veía bastante bien. Y funcionaba como tapadera, de todos modos. ¡Mmm!, ¡sí que se sentía caliente! Así, manoseándose el cuerpo, tanteando, descubriendo, ¡demonios! Sí que la chica era linda. Desnuda, cualquier mujer podía seducirte con esa piel deliciosa, y las curvas. ¡Mmm, puede que llegara tarde a esa conferencia!

***

Había comenzado en sexto año, cuando sus intervenciones en esa nueva revista de runas a la que se había suscrito resultaron en un simpático amiguito por correspondencia, fíjate nomás. Evans tenía verdadera afición por Encantamientos y no era raro que se pusiera competitivo con sus compañeros de clases, o que alardeara de su pasión de duelista y lo bueno que era haciendo piruetas con la varita (con resultados que podían ser letales, por cierto).

Lo que para otros quizá sí fuera más difícil de imaginar era el hecho de que Evans pasaba horas y horas, analizando y estudiando la teoría, fascinándose con esta rama de la magia, hasta el punto de profundizar este estudio, aplicando la teoría a diversos campos: runología, por ejemplo. Y estaba tan metido en ello, que hasta había escrito artículos de aficionado al respecto, que fueron bien recibidos por la opinión general de los entendidos.

Y hasta se consiguió a este amiguito, Eugene, que tenía que decirlo, le había dicho cosas útiles, y lo que era curioso, es que sus cartas le hacían reírse, aunque no comentara ningún chiste. Era sólo…, no lo sabía. Pero era muy difícil que Evans mantuviera una relación por correspondencia por tanto tiempo, y Eugene mantenía vivo su interés. Lo que era conseguir demasiado. Cuando la gente era útil, había que aprovecharla, ¿verdad?

Y no sólo eso, sino que había conseguido convencerlo de asistir a esa conferencia. Evans no le dijo que iría, por supuesto. Pero le sembró la curiosidad.

***

Si te crees que los debates académicos son para la gente bien educada, de buenos modales y una pasión comedida, casi tímida, pues déjame decirte, tú has vivido todo este tiempo una de las más grandes mentiras de tu vida. Porque donde hay gente apasionado, tú siempre encontrarás una gran pasión. Y especialmente, cuando los conferenciantes tienen un gran, gran, EGO. Al menos, verás mucho de esto en el lugar (¡egos por doquier!), ¡un montón!

Fíjate por ejemplo en esa pelirroja, la de las muecas violentas, la voz macarra, la cara preciosa, ¡pero las posturas tan masculinas!, ¡los gestos tan intensos!, ¡y las palabras que salían de su boca que podían dejarte blanco!, ¡por Merlín! Era como una de esas mujeres que habían sido criadas en una cueva por una familia de hombres (o lobos, vaya a saber) y no tuviera idea de lo que era la femineidad (un concepto construido por una mentalidad machista, de todos modos). Los que se cruzaban en los debates con ella, la odiaban o la adoraban. Una de dos. Nunca por la mitad. Bueno, pero a más de uno los ojos se les quedaban a mitad de camino entre la indignación moral (¡porque fíjate cómo armaba polémica, armada hasta los dientes y todos esos improperios!) y la encantadora seducción que les provocaba esa coquetería implícita en sus labios, tan rojos, tan a punto de beso. Ay, sí que era bonita. O eso pensabas, hasta que…:

—¿¡Qué carajo estás mirando, tú idiota!?, ¿¡nunca has visto un par de tetas!?—espetó la enérgica pelirroja, irritada como un fosforito, ¡pero que hermosas pecas!—Te estoy avisando, no me tires esas sonrisitas de jodida nenaza, ¿ok? ¡No voy a rozarte con el pie por debajo de la mesa!—¡y se expresaba con todo su cuerpo! Su lenguaje corporal tenía manías muy propias: como mover las manos al hablar, la impudicia de sus expresiones, la agresividad—Tú, Jenkins. Sobre la sinergia y la versatilidad de los encantamientos, ¡tu opinión es un asco! Todos los pensamos. Ahora, cállate. Deja de apenarte a ti mismo. ¡Que hable Rufus! ¡Rufus, Rufus, Rufus!

¡Mmm, que buen, buen día! Cheri estaba teniendo diversión. Y aunque llevara la polémica allí donde fuera, lo cierto es que sí escuchaba otros puntos de vista, mientras fueran inteligentes, o los entendiera. Era atractivo ese gesto torcido en su naricita y su boquita, con la carita apoyada en su palma, cuando prestaba atención a lo que decías, sólo para darle la vuelta a ese entramado teórico y llegar a la conclusión. Si cautivabas su curiosidad, al menos, dejaba de llamarte ‘guarrón’. ¡Pero eso sí! Ella siempre tenía que tener una opinión sobre lo que fuera.

Fue entrando como un huracán en caliente que, cuando todos estaban a punto de empezar, ella entró, atropellada, y fue directo a su asiento (con las piernas bien, bien abiertas), pasando por delante de quien estuviera en el medio, ¡que vamos, que casi no llegaba! Había intentado mear, y vaya que enchastre. Si no podías mear parado. ¿Dónde estaba la libertad en eso?

ASJHDJASDHJAS:
jajajaja XD No mentí cuando dije que me gustan las pelirrojas. No mentí. Vamos a ver si es cierto eso que dicen de que 'lo que importa es lo de adentro' (?)

Y sí, compré la poción multijugos. No pude resistirme. La idea vino a mí. No pude resistirme. No pude (!).

ASASADSASAS


avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.350
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 229
Puntos : 165
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sebastian E. Winterburn el Miér 13 Sep 2017 - 0:11

La tercera conferencia no fue tan interesante como la segunda, en realidad, pero era el inevitable paso para llegar a la conferencia. Una vez en esta, le faltó más bien poco para notar a una pelirroja. Él en particular no se sentía atraído hacia las pelirrojas, en general solía fijarse más en chicas de cabello oscuro que en chicas de cabello claro, aunque tenía que admitir que tenía un rostro bastante lindo. Eso, cómo no, murió por completo nada más la escuchó hablar, ese arsenal de malas palabras y la forma tosca de ser. Sebastian, nacido en una casa conservadora, tenía una percepción de la mujer distinto; no superior, pero una mujer tan rústica no le generaba más que desagrado.

Y es que, vamos. Su madre, una mujer muy respetable y refinada, y su hermana era una pequeña señorita en proceso que, si bien traviesa, no dejaba aquella femineidad de lado. Si bien Sebastian no era el maestro de la caballerosidad, sí que sabía comportarse en determinados momentos, y veía innecesarios tantos improperios, sólo le quitaban credibilidad a la muchacha. Todavía no tenía ni una señal de Lavish, seguramente iba a terminar escribiéndole para hacerle saber cómo fue todo, asumiendo que tal vez no asistiría, no es que su amistad por correspondencia le hubiese confirmado que iría, por lo que era algo desalentador que aquella oportunidad de realmente poder debatir juntos no se diese.

No recordaba bien cómo había empezado a escribirse con Lavish, pero al cabo de un tiempo sus cartas se hicieron frecuentes. Casi siempre hablaban sobre runas, en ocasiones le contaba sus nuevas investigaciones, discutían teorías juntos, le resultaba agradable. A veces, el momento en que estaba tranquilo en casa y recibía la carta era el más agradable del día, no pensaba que pudiera haber una persona así de interesada en la materia a pesar de ser aficionado. Él debía comenzar a estudiar por su cuenta sobre varitología, aunque quería tomar una carrera luego, para poder combinar sus dos ramas de mayor interés en una sola donde pudiese sentirse realmente pleno. Era uno de los sueños que tenía intactos.

En fin, la discusión comenzó eventualmente. Iba en principio escuchando las ideas de los demás, tratando de imaginar algunas de esas cosas. Llevaba un cuaderno pequeño donde a veces hacía alguna nota, sólo tomaba las ideas más importantes sin interrumpir a nadie. La amalgama de ideas dispersas de los conocedores y aficionados a la materia a veces lo dejaba con alguna duda, pero estaba reservándose para el momento adecuado en que pudiese exponer alguna de sus teorías. Al menos hasta que alguien mencionó los canalizadores de magia, haciéndolo volver la mirada hacia la joven que lo mencionó, una muchacha de corto cabello negro que lo comentó como el punto culminante de su investigación.

De hecho —entonces fue su momento de tomar la palabra, — aunque utilizar runas talladas en canalizadores de magia, como las varitas el ejemplo por excelencia, es una técnica poco usada por lo difícil que resulta hacer una runa funcional y lo sencillo que es matar una varita con la práctica —empezó a hablar, viendo a todos sin mirarlos realmente, le incomodaba tener tantas miradas encima, las manos entrelazadas sobre la mesa le tiritaban ligeramente de la inquietud. — Además, no sólo basta el hecho de tallar una varita y que por casualidad sea funcional, la runa también tiene que ser compatible con la madera y el núcleo, hay runas que por sus propiedades mágicas son completamente incompatibles e incluso si se realizaran correctamente la varita moriría o se negaría a funcionar, que no hace mucha diferencia —mencionó, removiéndose inquieto en el asiento.

Estaba intentando hacer una recopilación de las posibles combinaciones de núcleos, maderas y runas, aunque claro que sólo era teórico. Había llegado a mencionárselo a Lavish, además, así que sentía que no iba tan mal encaminado. Cuando supiera suficiente de las dos materias podría comenzar a descartar sus hipótesis actuales y verificar a prueba y error el resto, lo que significaría, cómo no, un gasto bastante significativo en varitas. Por ello debería aprender a fabricarlas, de modo que su consumo fuese personal y no tuviese que ir con el vendedor de varitas a hacerse con un puñado de estas. Al menos así sonaba, actualmente, su plan. Todo podía pasar al paso de los años.

Es una materia en la que no muchos se animan a explorar porque, encima de todo lo anterior, también hay modos de debilitar una varita. Usando una runa inadecuada, si la varita sigue con vida y obediencia, el poder puede ser reducido significativamente, lo que representaría un margen de error mayor al hacer hechizos o una desventaja importante en los duelos. Sólo pocas runas podrían ser usadas, usando como bases las maderas y núcleos —no estaba aún por terminar, pero estaba llegando a donde quería. — He aquí la parte interesante: no basta con eso. Las runas, como nuestro presentador mencionó —hizo un gesto en dirección a aquel orador, — son guías, muestran cuáles decisiones son más acertadas para los magos… Si tallamos una runa incompatible, además, con el mago, es probable que exista más de un inconveniente —comentó, deteniéndose un segundo antes de concluir. — A lo que quiero llegar es que, aunque es una rama de la magia muy compleja e impredecible, las varitas que puede crear son realmente poderosas. Una vez que se tiene una runa correcta en la varita acertada con su madera y núcleo adecuados en las manos de un mago apropiado, es todo una serie de aciertos necesarios para hacer una varita poderosa y muy capaz.

Las cosas buenas todo el mundo las sabía, pero las malas eran lo que hacía a muchos magos renunciar a la práctica de tallar runas en cuanto se tropezaban una y otra vez. Por ello quería destacar todos esos puntos y saber la opinión de los demás, si ellos consideraban que era una rama tan importante como él la consideraba. Estaba casi seguro que no podrían quitarle su sueño de la cabeza, pero sí que podrían aportar, quizá, algún buen comentario a ello.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Will Tudor
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitario (Runas)
Pureza de sangre : Mestizo.
Galeones : 5.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Incoming
RP Adicional : ---
Mensajes : 150
Puntos : 114
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4546-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4592-relaciones-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4591-cronologia-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/

Evans Mitchell el Dom 17 Sep 2017 - 6:25

bocadito (?):

Ay, ya sé, te me vas a dormir de una forma. Pero es que supongo que no pude evitarlo. ¿Una conferencia sin debate? Pfff. No te tires de los pelos, please. Yo te quiero (?). Es que no sé qué pasó (!) Me re fui, me re fui, navegando por los secretos del mundo mágico, me re fui, me van a matar, me van a matar, lalala~XD

Unas cuantas cosas sobre lo que dice Rufus:

-La ‘línea de Berger’ es un lineamiento teórico (?) que básicamente se opone a la mezcolanza de runas con varitas. Y se entiende que, la ‘línea Stravinsky’, sostendría lo contrario.
-Las runas no son un material de trabajo (Rufus las considera interiormente un rústico y muy antiguo modo canalizar la magia, como otros académicos. Su utilización ha caído en desuso, así como su entendimiento. Son algo así como ‘trastos en desuso’, para abreviar, que usaban ‘esos brutos cavernícolas del pasado’ (?)).
-Las runas quiebran el balance o ‘varitometraje’ ideal que ha de cumplir cualquier varita antes de salir al mercado (¿Cómo salen las varitas al mercado?, ¿cuándo un fabricante de varitas considera que su varita es apta para un mago? Cuando pasa la prueba de ‘varitometraje’ (?), o como quieras llamarlo. O mejor, cuando llegan el punto V, mmm (???)). Imaginate que una varita tiene que ser puesta en una balanza que determinará si es apropiada o no para ser usada. Las runas harían que esa balanza explotara (!). Puede haber varios modos de determinar esto, sólo comento.
-Son IMPOSIBLES de controlar o predecir. No tienen la ‘fidelidad’ o la ‘adaptabilidad’ de una varita, que es la razón por la cual estas son tan apreciadas por los magos.
-Su especialización (la de Rufus) es el estudio de la ‘Metamagia’. La verdad, esto se lo robé a Denzel (¡!), así, descaradamente, pero porque suena muy bien: ‘Metamagia’. Aunque quizá después le cambie el nombre. Entre nosotros, dejémoslo en que es una rama teórica del estudio de la magia, que se basa en la precisión y el cálculo para conseguir resultados. Los metamagos son como muy escrupulosos y quieren tenerlo todo bajo control. Esa es la idea (?)

Te quité a la morocha, te quité a la morocha~, delante de tus narices~, te quité a la morocha~ Bueno, ¿quién sabe? Jaja No, en realidad, a la de pelo negro sólo le cae mal.



Imposible una mirada más intensa, ¡y cuánto fuego!, anclada tan fijamente en el orador de turno, que la de esa pelirroja, acodada en la mesa, con el cuerpo echado hacia adelante y las manos entrelazadas a la altura de la boca, ¿tapada para no hablar?, ¿para no soltar la acumulación de bilis que se le subía a la cabeza, directa del hígado? Ah, porque mira que si había algo que le repateaba muy dentro de las entrañas, era que Sebastian Winterburn tuviera que tocar el único tema que le hacía ilusión. Pero no se iba salir con la suya, no. Por Eugene, que no.

¡Menudo bastardo! ¿Y cómo había acabado allí, de todos modos? No lo había visto en toda la tarde. Claro, porque era tan insignificante, que nadie reparaba en él. Pero mágicamente, ¡allí apareció! Ah, bueno. Eso no era completamente cierto. Sí que se lo había cruzado durante uno de los recesos, y por un momento pensó que sería divertido jugar a esa clásica escenita de la pobre, indefensa señorita que era atacada por un pervertido, pero la verdad era, que tenía mejores cosas que hacer que preocuparse por el infeliz (o podría dejarlo para más tarde, a la salida).

Sí. Se lo pensó y cambió de táctica: se contentó con cuchichearle a esa chica tan bonita de corto pelo negro un escandaloso rumor sobre ‘ese rubio de allá’, que involucraba alcohol, una noche loca y algún que otro escabroso detalle, de esos que saben dejar mal parado a cualquier hombre que se precie. Y vaya si Evans no se conocía unos cuantos ejemplos (y hasta había sido el protagonista de algunos, ¡fíjate lo resentidas que podían ser las mujeres!). La recatada morocha quedó tan desagradablemente impactada, que ello explicaba en gran parte las miradas que le lanzaba de reojo mientras el otro hablaba. Tan ensimismado se hallaba Evans en su miserable victoria del día, que reparó tarde en quién fue a intervenir antes que él en el debate. Ah, ese Rufus. Era un tipo interesante. Aunque algo demasiado ‘estirado’.

El punto principal de su ponencia era ‘la condensación de la magia’ y cómo manipularla con experticia (tenía una especialización en Metamagia, además, que no paraba de mencionar —tuviera algo que ver o no con el tema—), pero se desvió al final, para referirse, con un toque de socarronería, escándalo, y profunda sapiencia, sobre la varitología. Ya que era tan perfeccionista en hacer el seguimiento de un experimento, sin importar de qué se tratara. Le venía con el oficio, que era básicamente, trabajar a prueba y error. Era un escrupuloso con esmero, en otras palabras.

—… es impreciso, el supuesto procedimiento adecuado para vincular runas con varitas. Un mago puede canalizar su magia a través de cualquier instrumento, de acuerdo. Pero con distintos resultados, y algunos, mucho mejores que otros. El caso es que siempre ha existido una razón para no vincular las runas con un arte tan arcano como el de la fabricación de varitas (y es hasta incluso desaconsejable con cualquier otro instrumento). ¡Es la falta de precisión y la falta de calidad que tienen las runas como material! Tratar con una runa, sería como tratar… con una mujer de irritable temperamento—Esto último lo dijo dedicándole a cierta pelirroja una ‘halagadora’ mirada de galán empedernido. Como toda respuesta, Evans, que se había echado hacia atrás, despatarrándose cómodamente en el asiento con las piernas sobre la silla, le arrojó un beso coqueto y un ‘fuck you’ con ese precioso y delicado dedo del medio que provocó la repentina tos del viejo que moderaba el debate. A Rufus no pareció desagradarle, sin embargo, y sonrió antes de continuar—. Es impredecible, a eso voy (y con explosivas consecuencias). Pero, a lo que importa: No puedes ‘colocar’ una runa como haces con una pluma de fénix, por ejemplo. No es un material de trabajo fiable, no lo consideraría en absoluto, porque no es algo que puedas medir o calcular. Y si sabemos algo sobre varitas, es que es una ciencia que requiere de la más ajustada, meticulosa, precisión. De otra manera, podría matar a un mago (o maga) incluso con el encantamiento más sencillo que intentara realizar.

Evans jugaba con el elástico de una pulserita roja de la que tiraba una y otra vez, enrojeciéndose la muñeca. Se lo veía arrebujado en su asiento, con una carita de lo más adorable, pero con una mirada suspicaz. Rufus le tiraba miraditas de vez en cuando (y eso que, claramente, había una diferencia de edad importante), y era fácil decir que esos dos estaba en algo. Aunque las respuestas de le pelirroja solían ser muecas de burla o desprecio, o infinito desinterés. En una oportunidad, al sentirse observado quizá, le devolvió la mirada a la morocha y le guiñó un ojo, con todas las sugerencias de la picardía cuando es picante, haciendo que esta parpadeara, sorprendida. Enseguida, carraspeó, incómoda, y pasó de ella para volver a prestar atención al orador. Pero, al segundo, se sintió tironeada, atraída de nuevo, por esa jovencita (sin que ella hiciera nada, la verdad), ¿interés? Es que había algo tan intenso con ella, tan diferente.

>>Mi tátara tátara tátara tío era un fabricante de varitas, y créeme, el complicado proceso que involucra la creación de un artefacto tan preciso, no podría depender del ‘temperamento’ de una runa. Tú eres un chico, y lo entiendo. Inexperto, ilusionado, puede que pongas verdaderas esperanzas en tu teoría, queriendo probarla, pero a veces, esa pasión no es suficiente. La idea de ‘tallar una runa’ en un objeto es un extenuante proceso con su alquimia particular. No porque escribas un símbolo, este reaccionará. En mi consideración, tallar una runa en una varita es un despropósito. Desequilibraría cualquier idea esencial de balance (y sabemos muy bien que los fabricantes de varitas dedican su vida, ¡sus vidas!, a hallar el perfecto equilibrio, el calibre ideal, que hace del resultado final una obra única, auténtica, ¡completa!, capaz de articular con las fuerzas descontroladas de la energía que son la fuente de magia en una mago, o maga).


Fíjate que Eugene lo pensaba diferente. Si lo escuchara, seguramente tendría algo para decirle. La pelirroja se sonrió, por alguna secreta razón. Pero si en algo estaba de acuerdo: sí, Bas ni sabía de lo que hablaba. De seguro sólo eligió el tema de un catálogo de ‘temas interesantes para polémica’, no porque se le hubiera ocurrido a él. Para hacer su vida un poco más excitante o algo, probablemente. Vamos, si ni sabía dirigirse al público al hablar. No tenía ni de lejos la pasión de su Eugene en el tema. Esas cosas se notaban. Mira que había gente que no sabía ni qué inventarse para hacerle perder el tiempo a los demás.  

>>Coincido en que son una ‘guia’, por supuesto, pero las runas no se adaptan al mago, esa no es su naturaleza (su naturaleza es errada, temperamental, ambigua), y aunque tienen el potencial de hacer cierto tipo de magia dependiendo la runa que se utilice, la runa en sí misma nunca aprenderá a congeniar con su usuario, nunca se amoldará, nunca podrás hacerla ‘tuya’, no como sucede con una varita. Pero las estadísticas de intentos frustrados hablan por su cuenta, los resultados ‘siempre’ han sido catastróficos, no ‘algunas veces’. Y lo digo como profesional de la metamagia… Créeme, trabajo con magia pura, ¡todo el tiempo!, y es tan caótica y explosiva que… ¿Por qué te crees que muchos estudiantes de varitología se echan para atrás y se desvían por algo más fácil? Es realmente un trabajo de mucha precisión. Y en todos estos años, todas estas décadas, hemos perfeccionado el arte de las varitas, distanciándolas de otros canalizadores más rústicos como… Justamente, las runas. Te concedo que las runas son fascinantes, nunca te lo negaré, pero aplicarse a las runas en tal proyecto es como el viaje de un poeta extraviado, a través de una odisea imposible, llena de…

—¡Por favor, cállate! Ya tuve suficiente con la ‘línea de Berger’… ¿¡Qué!? Nadie lo calló a él cuando arrojó su frasecita sexista del día. ¿Qué le hicieron las mujeres al desgraciado?, ¿y qué es eso de ‘mujeres’, así, en general?, ¿un colectivo de duendes enfurecidos?, ¿el nombre de un equipo de Quidditch con el mismo lema? (Bueno, para eso, están ‘Las Arpías de Holyhead’) Vaya con todo ese resentimiento, Rufus. Yo me considero único. Y mi paciencia contigo no tiene parangón. Fíjate cómo no te he pegado una hostia en todo el rato.

—Está bien, está bien, estoy seguro de que mi amiga tiene algo para decir, y no me importaría cederle la palabra. Soy un entusiasta de sus intervenciones, me confieso. Esto de interrumpirnos mutuamente a lo largo del día ha resultado ser de lo más estimulante. Si fueras una de mis alumnas, ¡estaría complacido!—Esto a Evans le hizo soltar una risita. Sí, ‘complacido’, ‘ardido’. Lo diría en más de un sentido, por supuesto. El moderador estaba que no dejaba de toser, ¿se habría atragantado con algo?—Así que, imagino que si no te gusta leer a Berger, eres de las que leen a Stravinsky, ¿cuánta razón tengo?

—Ninguna—Evans se tomó su tiempo para arremangarse, de una manera muy particular—Tú nunca tienes ‘la razón’, sólo adivinas de pura casualidad. No nos engañemos. Y sí, he leído al tipo. Sólo escucha, grandote. Te has equivocado, y tú lo sabes. Primero, Morgana utilizaba runas en todo lo que ella creaba. Y tenía un báculo, que son los precursores (de hace mucho, mucho, mucho) de las varitas. ¿Y qué les daba poder? Runas. Pero quizá, porque era una ‘mujer temperamental’, no habrás querido ni ojear los registros. ¿Qué pasa, grandote?, ¿se han reído de ti en la pubertad?, ¿tanto te asustan las mujeres? Ey, pero no te apenes. Es algo bueno lo que te ha pasado, de verdad. Porque ahora, puedo refregarte en la cara lo que te has perdido mientras tú te lamentabas. Porque esa mujer, ¡esa!, sí que era una inventora. Y sólo se descubrieron sus aportes, ¡siglos más tarde que Merlín! Ese barbudo simpático, pero aburrido. Y algo curioso sobre él, es que no sabía manipular las runas, porque nunca habrá querido admitir la verdad: Morgana era una maestra en encantamientos. Y los aplicaba a sus runas, porque podía hacerlo. Y un amante suyo hizo los manuscritos de lo que sería la teoría de cómo funcionaba la mecánica de su magia aplicada, pero bueno, ella lo desnucó cuando lo descubrió. Típico. Lo importante, es que esos manuscritos sobrevivieron, y…  

Técnicamente, hizo un recorrido histórico de ‘La Teoría Pérdida’, que había dado origen a una ilustradísima serie de teoremas sobre encantamientos aplicados a runas, y con ello sacó a colación el tema de su propia ponencia, sosteniendo, además la ‘línea de Stravinsky’ en varitología, concluyendo que la versatilidad y la elasticidad de los encantamientos postulados en las actuales teorías que le siguieron a 'la primera', sí podían intentar resolver los problemas de incompatibilidad. Y cuando concluyó, desenroscó la tapa de una petaca que llevaba consigo y se mandó el contenido a la garganta, ¡de un trago! En la mesa, quedaron en shock. Pensar que era tan joven, y ya con problemas de alcoholismo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.350
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 229
Puntos : 165
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sebastian E. Winterburn el Lun 18 Sep 2017 - 1:39

Ese tal Rufus lo tenía hasta los cojones ya con esa pedantería, creyendo que lo sabía todo cuando no era así. ¿Qué clase de imbécil era, como para jurar que nadie se había atrevido antes a unificar varitas y runas? ¡Si ese imbécil supiera tan sólo un poco sobre el tema, sabría que grandes magos habían conseguido magistralmente dominar ese arte! ¡Y encima decirle que las runas no eran de calidad para trabajar! ¡Y a qué venía ese jodido machismo tan salido de tema! Si quería follarse a la pelirroja aquella, que se la llevase de la habitación y dejase a gente que realmente entendía del tema hablar. Eso era simplemente hablar por hablar.

Controlarse estaba siendo una completa odisea, ¿qué se pensaba, meter una puta runa en forma de roca en una varita? ¡Las cosas no eran así no por asomo! Y cada vez que intentaba hablar, aquel hijo de puta hablaba más fuerte cortándolo. Lo que más lo jodía de todo, es que ni siquiera le había escuchado y ya estaba hinchando el pecho y hablando cosas de las que no tenía ni una puta idea. Se había hecho daño en el intento de no sobrerreaccionar, de no explotar como tanto quería hacerlo, pues apretaba su zurda con la diestra. Creyó por un segundo que de apretar tan sólo un poco más, se rompería él mismo la mano. Por suerte no sucedió ya que, para su sorpresa, fue la pelirroja quien lo interrumpió.

Vaya, para ser tosca, soez y malhablada, la chica sabía de lo que hablaba. El ejemplo con el que pretendía atacar de regreso a Rufus acabó siendo tomado por ella, Morgana. Había discutido esa teoría con Lavish y por un segundo pensó que ella podría ser la persona que buscaba, pero pronto desechó la idea. Lavish siempre se mostraba cortés y hablaba con mucha corrección, era imposible que esa persona fuese Lavish. Sólo era otra chica muy bien informada al respecto, ¡que hablaba sabiendo, claro! Aunque colase tantos insultos gratuitos que le repateaba, tenía que admitir que sabía sobre el tema. La piel se le erizó conforme hablaba de Morgana y sus encantamientos que potenciaba magistralmente con runas, un verdadero ejemplo a seguir para él.

Los manuscritos pasaron a manos de Elminster, un mago muy poderoso hábil en muchas ramas de la magia como la legeremencia, la oclumancia, incluso se cree que podía volar sin el uso de una escoba. Al tener en sus manos los manuscritos de la magia de Morgana, éste se esmeró también en aplicar las runas a sus hechizos y encantamientos —la tentación le ganó de robarse la palabra tan pronto como pudo. Elminster no siempre era considerado como un mago de estudio, más bien perdido en los viejos documentos históricos, una completa estupidez en su opinión. — Si de verdad fueras un entendido en la metamagia, no habrías pasado desapercibido a Elminster, por supuesto, uno de los pioneros en ese tipo de magia mucho tiempo antes de su nacimiento como rama de estudios mágicos, ¿sabías acaso que Elminster era capaz de utilizar cualquier tipo de magia para absorberla, reflejarla y no sólo eso sino también anularla? Y usó sus conocimientos para poder llevar el poder de las runas al límite —otro de sus magos favoritos era aquel, todo un maestro en la magia, le daba hasta rabia lo poco conocido que era.

Recordaba haberle pasado algunos de los escritos que había encontrado sobre Elminster a Lavish, explicándole lo fascinantes que eran sus estudios por no haberse limitado a una sola rama de la magia. Elminster era para la magia lo que Aristóteles para los nomaj, un ser versado no en uno sino en todos los temas que pudo tocar. Y sí, sus estudios antiguos podrían ser más afinados en las épocas actuales con mayores capacidades, pero hizo maravillas con los recursos que tenía en la antigüedad. Era liberador poder exponer a un mago de tal calibre frente a aquellos magos, muchos desconociendo por completo su existencia, como ese bastardo de Rufus.

¿Dices que trabajar con magia pura es caótico y explosivo? Sí, es un trabajo de mucha precisión, ¿pero eso te da el derecho de creer que todo el mundo es así de conformista, que se limitan a quejarse por lo difícil que es trabajar con magia inestable en lugar de buscar recursos para trabajar con ella? Decir que las runas son “canalizadores rústicos” no podría ser más alejado de la realidad, primero, porque las runas no son “canalizadores”, son “potenciadores” cuya fuerza mágica puede ir en direcciones positivas y negativas (es decir, pueden aumentar o reducir según se dirija su magia). Decir que trabajar con magia inestable justifica no querer explotar las capacidades de los instrumentos mágicos sólo revela conformismo e ineptitud —los grandes magos nunca habían usado semejantes excusas baratas para impedir el crecimiento de sus estudios y enfocarse en otras cosas. Exitos como los de Morgana, Elminster y todos los que siguieron sus manuscritos y conocimientos lo revelaban. De ahí a que ineptos como Rufus no lo supieran no era asunto suyo.

Sí, quizá se lo había tomado un poquito personal, pero estaba seguro de lo que estaba diciendo. La metamagia no estaba peleada con la práctica, como Rufus lo pensaba, sino todo lo contrario. Se había sentido mucho más relajado en cuanto consiguió exponer y reafirmar su punto de vista por encima del de aquel cerdo, y sabía que no estaba tan equivocado cuando sus fundamentos estaban en la misma dirección que los de esa pelirroja, que los de Lavish incluso, no era el único que veía sentido a aquella forma de ver el mundo de la magia rúnica y varitológica.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Will Tudor
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitario (Runas)
Pureza de sangre : Mestizo.
Galeones : 5.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Incoming
RP Adicional : ---
Mensajes : 150
Puntos : 114
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4546-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4592-relaciones-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4591-cronologia-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/

Evans Mitchell el Mar 19 Sep 2017 - 11:43

"Eres fea como dama, eres delicado como hombre. Atraes los corazones femeninos y hasta haces enrojecer secretamente las mejillas varoniles. Tienes tantos atributos que provocan a mi sexo, pero también otros que tienes entre las piernas y están de más. ¡Sea! Si es tu destino complacer a las mujeres. Pero. Que sea mío tu corazón."—Poema del siglo pasado, fácil de encontrar en la biblioteca personal de Evans.


Vaya, míralos a esos dos. Perry, el viejito que tosía a cada interrupción indecorosa del debate, se fijó en que esos dos oradores se complementaban, de una forma en la que ni ellos se daban cuenta. Esa era la clase de entendimiento que había entre dos personas que habían leído a los mismos autores, los mismos libros, sí, pero algo más: que compartían ese ‘algo’ que une al todo: una sensibilidad afín por el mismo tema. Y ese encuentro de afinidades no sucedía ‘todos los días’, con todas las personas, por muchos títulos que te hubieras leído en común con alguien. Tendrían sus propios motivos, por supuesto, por mostrarse tan empecinados en exponer a Rufus, pero era evidente que el metamago, al hablar, había tocado una fibra sensible. El buen hombre se sonrió, encantado, y sorbió un poco de su taza de té. ¡Y puede que esos dos se pasaran toda una vida sin darse cuenta! Las cosas que te pierdes, por no mirar dentro de los ojos de la otra persona. Claro que, Perry no estaba pensando en ese momento, en esas cosas que no querrías encontrarte jamás, pero que descubres, a veces, demasiado tarde.

Rato después, terminado el debate. Habían servido una mesa con bocadillos y bebida, a modo de cierre y despedida. Claro que, en algunos casos, el debate continuaba, aunque sin formalismos. Esa pelirroja de las malas palabras se había apartado del grupito en el que estaba, sola en una esquinita, para ir a… Sí, definitivamente. Estaba metiendo los bocadillos en su cartera. Con todo el descaro del mundo, como si tal cosa. Debía ser de esas personas que se llevaban hasta el jabón de las piezas de hotel, y todo lo que hubiera para tomar. ¿Sería una manía? Manía de caradura.

Por su parte, la mujer de pelo negro que había sacado el tema de los canalizadores mágicos, se aproximó a Sebastian Winterburn, con una fina, delicada, coqueta sonrisa. Lo tenía muy arriba en su escala de preferencia, como se lo hacía notar con los ojos. Sí, especialmente desde que oyó ese secretito que la pelirroja había querido esparcir como un rumor escandaloso. Escandaloso. Ay, si supiera. La mujer, que tenía una expresión franca y confiada, se acomodó el pelo detrás de la oreja, en un gesto. Lo miró. Le sonreía, sólo a él. Ay, ¡qué mujer!

—Ha estado interesantísimo. Usted, ha estado interesantísimo. ¡Me apasioné con sólo oírlo refutar a ese Rufus! Hombre desagradable, ése. ¡Ay, lo siento! Mi nombre es Audrey, no sé si me recuerda. No es que me guste hablar mal de las personas. Pero me alivió que alguien le contestara de esa manera. Lo dejó blanco como el papel. ¡Y cuando lo escuché hablar de los manuscritos de Elminster!, ¿sabe lo difícil que es hallar algo de él? Algo académico. Tonta de mí, por supuesto que lo sabe. Yo soy muy empecinada cuando me propongo algo, así que, ¡lo mucho que tuve que rebuscar! Me da gracia que los dos anduviéramos en lo mismo. ¿Le importaría compartir lecturas? Si lo invito a un café, por ejemplo. Le confieso, que me gustaría que sea mi amigo. Me cae bien. Y yo puedo ser muy divertida, cuando se me pasan los nervios. Soy tímida, ¿no se nota? Le juro que sí. Pero hablo un montón cuando algo o alguien me gusta. Entonces, ¿qué le parece esa cafetería que hay fuera?, ¿la de las mesitas en el exterior?

Otra vez, ese gesto, el de colocarse el pelo detrás de la oreja.

Empanaditas:
Ese poema gracioso de arriba es casi un plagio. Pero no voy a decir de quién (!) Dejémoslo en que es una 'inspiración de'. Ay, la gracia que me dio leer ese poema y pensar automáticamente en Sebastian XD Posiblemente tenga que ver con la cafeína.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.350
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 229
Puntos : 165
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sebastian E. Winterburn el Miér 20 Sep 2017 - 23:36

No se había hartado de exponer a Rufus hasta que ese idiota pareció dejar ganas de seguir participando, junto con la pelirroja había soltado argumento tras argumento hasta conseguirlo. Luego de eso, era posible decir que había pasado el resto del debate de forma bastante tranquila, entre los fundamentos que usaban para justificarse en los diversos temas que a partir de entonces se tocaron. Una vez que terminó el debate de su grupo, se acercó a tomar un vaso con agua distraídamente, sin acercarse a los bocadillos que estaban al alcance de los participantes, no le apetecía comer nada. De hecho, creía que se iría más bien pronto.

Se distrajo, sin embargo, por una muchacha muy guapa, la misma que le había dado pie a comenzar a hablar. Lo miraba con un interés inusual, estaba sonriendo. No, le estaba sonriendo, a él, a nadie más. Ella entonces comenzó a hablar, halagándolo por su parte del debate. Torpemente, al rubio se le escapó una sonrisa cuando ella enfatizó que lo mejor de todo fue refutar a Rufus, le que había parecido tan desagradable como a él. Una chica que supiera sobre Elminster realmente valía la pena, datos tan perdidos en el tiempo. Ella no le daba tiempo a responder, pero eso no parecía tener importancia, la azabache tenía una agradable voz.

La segura y confiada muchacha lo estaba invitando a salir, a él. Era un café, pero era salir de todos modos, realmente era extraño, tan inusual para él. “Algo o alguien me gusta”, le dijo, ¿se refería a que le gustaban los manuscritos de Elminster o…? No, Sebastian, mantén la mente fría. No puede ser Lavish. Tiene la sospecha de que Lavish le reconocería pronto con la discusión tan intensa que mantuvo. Eso lo decepcionaba, en realidad, hubiese sido maravilloso conocerle. No sabía bien cómo reaccionar, torpe en las relaciones sociales no quería arruinarlo. Quita esa tonta sonrisa, se dice a sí mismo, y asiente con la cabeza, más por sus pensamientos que por nada.

Sí, sí, por supuesto, cómo no —concedió rápidamente, intentando no verse demasiado entusiasmado. — También fue muy interesante su aportación, me encantaría compartir lecturas con usted —habló, tratando de sacar a relucir lo educado que Sebastian Winterburn podía llegar a ser. — Si gusta, podemos ir a esa cafetería, le contaré todo lo que sé sobre Elminster —la invitó, haciendo un gesto con su mano para invitarla a caminar. Ahí no quedaba más que el cierre y poco más, nada demasiado importante, podían escaparse a ir con asuntos más importantes en privado

Le gustaba mucho ese gesto de acomodarse el cabello, era demasiado linda. No quería arruinar las cosas, así que comenzó a caminar en dirección a esa cafetería, ya no había nada ahí atrás que le interesara por el momento. De hecho, sería más interesante poder compartir con alguien a quien le gustara el tema y, no sólo el tema, sino que también estaba, como ella misma lo dijo, “interesada en ser su amiga”. Siendo honestos, el rubio no es que tuviera muchos amigos, y de esos amigos no todas las chicas que conocía podían ser tan bonitas y conocedoras de temas interesantes, eran oportunidades que no pensaba poder desperdiciar.

Dime, ¿cómo sacaste tus conclusiones sobre los canalizadores de magia? Es raro, son parecidas a las que yo había obtenido, por eso pude aprovechar para usar tu tema para abrir el mío —le explicó, sujetando su antebrazo derecho por detrás de su espalda con su mano izquierda, una expresión corporal aparentemente relajada con la que, esperaba, podría demostrar que no estaba nervioso en realidad. Nada podría arruinarle aquel encuentro con la muchacha, hablarían sobre sus temas de interés y, por qué no, podría tener una segunda amiga de correspondencia con la que compartir información y teorías. Una parte divertida de la investigación era la discusión sobre el tema.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Will Tudor
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitario (Runas)
Pureza de sangre : Mestizo.
Galeones : 5.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Incoming
RP Adicional : ---
Mensajes : 150
Puntos : 114
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4546-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4592-relaciones-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4591-cronologia-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/

Evans Mitchell el Dom 24 Sep 2017 - 5:38

Audrey no era su verdadero nombre, pero así es como se hacía llamar en esa oportunidad. Porque, esa, no era su primera vez. Era a lo que se dedicaba, después de todo. Espérate, ¿dedicarse a qué? Ah, ‘Audrey’ era increíble en lo que hacía (¿pero qué?, ¿qué es lo que ella hace?). No había mejor, dirías. Ella lograba la magia, de encantarte. Se sentía tan natural, ser atrapado en su telaraña. Porque ella se adelantaba a lo que a ti te gustaba, se adaptaba a todas tus fantasías. No puede haber daño detrás de esa sonrisa, pensarías. Tan equivocado, estarías. Pero de esto no te darías cuenta hasta que fuera demasiado tarde, y ella se hubiera hecho con la patente.

¿Qué?

La patente.

¿Qué?

Una idea, a veces, sin importar si es revolucionaria o científica o siquiera interesante, puede resultar en una marca, en un producto, en un negocio del que genios despabilados pueden sacar mucho, mucho dinero. Y, esos ‘genios despabilados’ no eran ni los más inteligentes, ni los más apasionados, eran sólo los carroñeros que tomaban ventaja de las ideas, las teorías, la dedicación, que habían ocupado el tiempo y el esfuerzo de alguien más, alguien que raramente solía recibir el crédito por eso. Se apropiaban del trabajo ajeno, y lo explotaban.

¿Y sabes qué? Ni siquiera te pedían permiso. Ellos tomaban lo que necesitaban de ti, y luego iban a una oficinita legal y patentaban una idea que todavía no había sido retirada del caldero (haciendo oscuros arreglos si era necesario). Ni siquiera les hacía falta saber en qué decantaría el trabajo de toda tu vida, porque cuando éste saliera al público, te llegaría una lechuza diciéndote que ‘estás cometiendo una infracción de derechos’, y que si quieres seguir con lo que estás haciendo, tendrás que hacerlo como un empleado, o pagar por algo que, en primer lugar, era tuyo, sólo que otro fue más vivo que tú y se te adelantó a tomar el crédito. Esto de la propiedad intelectual, podía ser tan complicado.  

—¡Lo estás haciendo de nuevo!, ¡quitarme esta sonrisa!—Audrey rió, encantadora. Le venía reprochando con un acento divertido lo mucho que la ponía nerviosa cada vez que se sorprendía a sí misma metida de lleno en la conversación, claramente entusiasmada (que Rufus esto y aquello, que tú hablaste tan convencido, tan fiero, que si podrías explicarme bien esto y aquello. Y fíjate qué curioso: tenía la manía de evadir disimuladamente ciertos temas como, ¿cómo es que sabía ella lo de los canalizadores? Al final, tuvo que admitir, con torpeza, que la idea final se la había dado aquella pelirroja de antes, esa, que le caía poco en gracia)—Es agradable perderse contigo (¿te has dado cuenta de cómo ha pasado la hora?)—confesó, acomodándose el cabello detrás de las orejas, en ese gesto tan suyo. Era franca y alegre cuando te miraba a los ojos, pero luego, tenía esos deslices, ¿tímidos?, en los que bajaba la mirada con una curva secreta y coqueta en sus labios, y de alguna manera, haciéndote sentir cómplice.

Era un precioso día, el sol era precioso, el aire perfumado que se respiraba era precioso, y fácil de disfrutar allí, en las mesitas de aquel café, en el centro y en ningún lugar, entre otros rostros, otras voces, tan o no tan animados, que estaban allí, alrededor, pero que al mismo tiempo, no existían, más que como un rumor placentero, o un rumor que no existía para nada, no cuando estás tan pendiente de tu cita. O como cuando eres una pelirroja, sentada dos mesas más allá, con un plomazo de novio —salido de ningún lugar, al que casi le rompe la nariz por saludarla con tantas confianzas, y al que al final le hizo caso cuando dijo algo de ‘comida gratis’—, que habla, habla, habla, pero al que no escuchas, porque estás reconcentrando todas las energías de tus ardientes pupilas en la ‘feliz parejita’ de la mesa al lado. Ah, había gente que sólo sabía ser celosa, envidiosa, miserable. Fíjate tú.

Ah, pero no le hubiera importado a Evans Mitchell, ahora Cheri, y aparentemente apodada por su noviecito ‘My cherry pie’ (esa era la razón por la cual el novio había recibido un puño en la nariz, que todavía tenía signos de sangrado. Pero no pasaba nada, no pasaba nada. Había sido el sobresalto nada más. La había asustado, a su corazoncito, su pastelito, no pasaba nada. No es como si fuera un hombre golpeado. Algo que tuvo que repetir una y otra vez a los que presenciaron tal acto de violencia en el medio de la calle), no, no le hubiera importado, de no ser porque. Ay. Esa sonrisa, ay. Era verdad que el bastardo podía sonreír después de todo, que no tenía su acostumbrada cara de estreñido las 24hs del día. Míralo nomás, al simpático. Al bastardo.

—¡Cheri!, ¿cherry pie?—La voz del plomazo sonaba a escándalo, ¿qué pasaba ahora?—, ¡mi pastelito, estás aplastando a ese muffin! Lo estás matando, cielo. Sólo déjalo, ¿está bien? Ah, mi amor, ¿seguro que estás bien? Te veo tan nerviosa el día de hoy. Te lo dije, si es por el otro día, yo…

—¿Qué?—Evans lo miró, por fin, sin verdadero interés. No se había dado cuenta de que, con el tenedor en una mano, estaba asesinado al muffin en su plato. Ni siquiera recordaba haberlo pedido. Seguro que había sido cosa del novio. El novio de la pelirroja. Fíjate tú, que coincidencia, toparse con un completo extraño que jura haberte dado un anillo de casamiento. Aparentemente, él y la pelirroja estaban comprometidos, y él esperaba una respuesta (un sí o un no). Según lo que entendió, aunque no es que le prestara mucha atención, no desde que se cruzara a los otros dos con la mirada, dos mesas más allá.

Glen, el novio, no pudo contenerse más. Su pastelito había estado rara todo ese tiempo, y él creía saber muy bien por qué. La culpa, la culpa se lo reafirmaba muy dentro de su pecho. Y, ante las miradas sorprendidas que tenía a su alrededor, saltó del asiento y comenzó a gritar, atormentado y arrepentido.

—¡SÍ, ME ACOSTÉ CON TU PRIMA!, ¡LO SIENTO TANTO! ¡No es nada, mi amor, te lo juro! ¡Fue un error!, ¡terrible error! No volverá a pasar de nuevo. Estábamos borrachos, y sólo pasó. ¡Y me siento tan apenado! ¡Quiero casarme contigo!, ¡siempre lo quise! ¡Por favor, siempre has sido tú, pastelito! Sé que me odias, y que estás dolida, pero…

La risa, la risa cuando te sale de adentro, cuando te la arrancan con un comentario o una escena desopilante, cuando te sacude las entrañas, ¡esa risa!, ¡no hay quien la pare! Evans soltó tal carcajada, en medio del absoluto silencio de la expectación general, frente a los ojos desorbitados, incrédulos y casi desesperados del novio, ¡la soltó con todas las ganas!, removiéndose en el lugar como si le hubiera acabado de arrojar el mejor chiste de su vida. ¡Ese plomazo era un chiste con patas! Joder, qué fuerte. Era un completo imbécil. Y ese imbécil, intentó continuar hablando, a lo último prácticamente balbuceando cosas, y se empezó a notar que esa fría cachetada de indiferencia luego de tamaña confesión, lo molestó, sí, lo molestó, al infiel, fíjate. Poco a poco, el hombre fue sucumbiendo a la presión, de su propia impulsividad, de las miradas de las personas, de lo que cuchicheaban entre las cabezas en las mesas, y lo que en un principio fue una ridícula, patética desesperación, mudó en otra cosa, ahora estaba avergonzado, ofendido, de una forma negra y violenta, por el qué dirán, por el descaro de su novia (mira que ponerlo en esa situación, ¡como el burlado!), esa que desde que se la había cruzado ese día había demostrado tener más actitud que él en toda su vida, actuando como una macarra, ¡una desubicada!, ¡y con toda esa completa apatía hacia él!, ¡él, que ni más ni menos, le estaba confesando que se había acostado con la perra de su prima!, ¡bajo sus narices! ¿Qué había de gracioso en eso, puta? Y, la bofetada se le escapó.

No pudo creerlo, al principio. No lo había visto venir. Evans permaneció unos segundos con el rostro dado vuelto por el ¡PLAF!, con el rojo cabello cubriéndole la expresión. Pero entonces, se limpió el labio sangrante con el revés de la mano, y levantó la mirada. Una que hizo que el novio se lo pensara dos veces antes de hablar. Y lo siguiente, fue, o correr de las mesas antes de que esos los alcanzaran con su trifulca (fíjate que intensa, esta juventud), o lanzar sus puestas. A todas luces, la novia llevaba la delantera, colgándose de esa manera, tirándolo al suelo, ¿eso era un agarre?, ¡sí, lo era! ¡Argh, tenía que doler! ¡Uh, le dio en los huevos! Eso era, ¡oh!, ¡auch! ¡Oh, no, no, fíjate, él la domina, la domina! ¡Oh, no, sigue intentando! Auch, pobre desgraciado.

—¡Te voy a matar hijo de puta!, ¡TE MATO! ¡Estás muerto, lo juro! ¡Ven, boludo de mierda! ¡PUTO! ¡Suéltenme, suéltenme!, ¡todavía no le di bastante! ¡Lo mato! ¡Aparta, joder! ¡Te voy a cortar la verga, desgraciado!

Era un precioso, precioso día, sólo otro día como cualquiera, en la cafetería.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.350
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 229
Puntos : 165
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sebastian E. Winterburn el Mar 26 Sep 2017 - 6:32

Audrey resultó no ser tan brillante como él habría esperado, la idea original ni siquiera había sido suya en primer lugar, aquella de los canalizadores. Sebastian era muchas cosas, y por encima de todas ellas era un paranoico desconfiado que, detalle a detalle, encontraba que la muchacha no era tan interesante como él lo esperaba. Quizá ni siquiera tan de fiar. Pero era linda, así que poco a poco iba desviando el tema fundamental a otros menos académicos. Quería convencerse de que era él montándose películas simplemente, que no había nada malo con la conversación ni con la muchacha, sino él y su mente que no parecían quedarse quietos en ningún momento.

Ah, sin embargo, el malévolo plan que en secreto se erguía tenía un fallo muy pronunciado. Que Sebastian ya se había encargado de investigar todo tipo de asuntos legales, es decir, ¿de verdad la gente pensaba que podría empezar de cero una minuciosa investigación sin preocuparse por ello? Todas las oficinas a las que fue le dijeron lo mismo, había cosas que por su antigüedad no podían ser patentadas. Era parecido a un método matemático, o un hechizo. No podías patentarlo y sólo tú realizar dicho hechizo, lo mismo con muchas artes de la magia. De ser así, cualquier oportunista estúpido podría lucrar con algo tan propio de las raíces mágicas que las profanaría por completo. “Cualquiera con dos dedos de frente sabe que no se pueden patentar descubrimientos, métodos, teorías ni planes”, es lo que le decían. Querer patentar algo como el tallo de runas en canalizadores era semejante a querer patentar dar la vuelta al cucharón del calero en sincronía con las agujas del reloj. Lamentablemente, o afortunadamente, no todo puede ser patentado en esta vida.

En fin. Volviendo al tema central, Audrey, ésta les hizo saber a los dos que el tiempo había pasado más rápido de lo que ambos habían notado. Vamos, que incluso sus comentarios bordes y filosos eran menos frecuentes cuando estaba intentando llamar la atención de alguien, lo que era realmente curioso tomando en cuenta que Sebastian lo decía casi sin pensar. La verdad tenía que ser dicha y no prestaba poniendo atención a nadie más que no fuera Audrey, una conversación agradable de fondo, la chica, muy por encima de todo, le parecía encantadora.

¿Te molestaría que te escriba en otro momento? —soltó de pronto, le gustaría mantener el contacto con ella así que se atrevió a preguntárselo directamente. Casi al mismo tiempo, esa parejita que había al lado de ellos empezó a gritar. Más bien, el sujeto comenzó a gritar algo sobre haberse acostado con la prima de la muchacha que, viéndola bien, resultó ser precisamente la mujer pelirroja de la conferencia.

¿Sería que no tenían otro lugar para discutir esas cosas? Que a nadie realmente le interesaba con quién se habían acostado, ni de las infidelidades, ni nada. Bueno, a la pareja de la mesa de enfrente parecía muy interesada en la novelita, dos jóvenes muchachas que hablaban en secreto mirándoles y riéndose, quizá chicas que les conocieran o qué sabía él, el punto es que a nadie más que a esas dos locas les interesaba esa conversación. Encima, entre la palabrería de aquel imbécil, todavía se daba el lujo de enfadarse cuando la chica pelirroja se burló de él, ¡mira nada más menudo imbécil! Es que es cierto, soltarse a reírse porque tu novio te confiesa que se ha acostado con alguien más no es precisamente la forma más esperada para reaccionar, aunque Sebastian pudo pensar que quizá tenía ella más secretos guardados que él y de ahí venía su risa. O algo parecido. Las personas pueden ser terriblemente desagradables a veces.

Deberíamos irnos de aquí —sugirió a Audrey al ver el rumbo que estaban llevando las cosas, perturbada su calma. Aunque de pronto todo cambió, la muchacha pelirroja recibió una bofetada de aquel sujeto incluso sacándole algo de sangre. Todo el lugar se quedó en completo silencio. La mayoría, Sebastian incluido, se levantó de su mesa cuando comenzaron a pelearse. Otros tantos animaban la pelea también, entre la fiera pelirroja que atacaba y golpeaba al novio. O no tan novio, en vista de las circunstancias.

Fue bastante tiempo el que dejaron que la pareja peleó hasta que varios sujetos tuvieron que intervenir para intentar arrancar al novio de las garras de la chica, quizá ya por piedad de que estaba dejando muy mal al género masculino dejándose vencer por la muchacha. Había algo en ella, sin embargo, que le recordó a otra persona. A alguien igual de irascible, de malhablado, de explosivo. Realmente necesitaba despejarse y dejar de pensar en aquel imbécil.

¿Quieres acompañarme a otro sitio? —le pregunto a Audrey, dando por hecho que él iba a marcharse de ahí, con o sin ella. No era asunto suyo esa estúpida pelea de pareja y no iba a ni fingir que le importaba ni un poco. Y es que, qué manera de joder a las personas que tan tranquilamente se estaban tomando un café que venir a hacer públicos sus problemas de pareja. Menudos idiotas que eran.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Will Tudor
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitario (Runas)
Pureza de sangre : Mestizo.
Galeones : 5.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Incoming
RP Adicional : ---
Mensajes : 150
Puntos : 114
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4546-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4592-relaciones-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4591-cronologia-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/

Evans Mitchell el Jue 28 Sep 2017 - 6:29

—Claro que sí, vámonos, esto es realmente inapropiado—dijo Audrey, confesándose escandalizada. Como él, se había levantado de la mesa. Apoyó su mano femenina, delicada, en su brazo, en un gesto sutil, muy disimulado. Si estabas así, tan cerca de ella, podías oler su perfume, como algo íntimo, tibio y embriagante. Ella tenía la mirada puesta en la escenita, indignada—. ¿Puedes creer que se pueda ser tan…?, ¡groseros!—Rió, breve, y el humor volvió a ella. Lo miró—Debes pensar que soy una vieja gruñona.

Y es que lo era, vieja, a decir verdad. Por algunos años de más, pero vieja al fin.  

>> Pero no dejarás de escribirme por eso, ¿verdad?—pidió, sonriéndole. Tenía una franqueza que encandilaba. Y agregó—: ¿Te importaría si voy al tocador primero?

***

—¡Y tú qué miras!—ladró la pelirroja, habiendo entrado a los baños de un bombazo. Enseguida, el hombre que ladeaba hacia ella una cara de espanto desde el urinario, y atrapado con las manos en la bragueta, saltó en el lugar y se fue pitando, lo más rápido que pudo, casi a riesgo de tener que irse directo a urgencias por el sobresalto.

¿Qué le iba a hacer? Era la costumbre. Acabar en el baño de señoritas hubiera sido ‘raro’. Evans bufó y arrojó sus cosas sobre la mesa del lavabo, encarándose con una lady berrinchuda que le devolvía la mirada en el espejo, con un labio partido y una rabia que mascaba hacia dentro, chispeantes los ojos almendra, tan bonitos. Lo desaliñado del aspecto, se lo debía a su noviecito, pero eso no le importaba. Lo que le molestaba era sentir dolor en lugares que ni sabía que tenía, para variar.

Y bueno, estaba la cosa, que venía guardándose hacía rato, esa cosa, ese pequeño asuntillo al que no podía dejar de darle vueltas desde la conferencia, ni queriéndolo con todas sus fuerzas. Mira que él no era del tipo evasivo, él se imponía, te atacaba, te hacía frente. Pero sobre esta inquietud en particular prefería no pensar. Una parte de sí no quería ni descubrir hasta qué punto era capaz de enojarse. Así que, tómatelo con calma Evans. Sí, a relajarse. Ah, ¿acaso no era él un tipo calmado? Además, siendo sinceros, ¿cuántas posibilidades había de que ese rubio simpatiquísimo —nótese la ironía— fuera su Eugene? ¿Cuántas, eh? ¡De una en un millón! ¡Un millón! La sóla idea de lo contrario le daba asco. Le causaba repulsión. Vómitos. Espera, espera, ¿esa era su cara deformándose? ¡Ah, la poción!

Evans empezó a quitarse la ropa, pero fue a uno de los cuartos de baño para cambiarse. Y por encima de la puerta fue colgando uno a uno: un corpiño, una camisa, una braga (fíjate que tenía el pack completo. No era hombre tonto. Pero definitivamente, ese sería su secreto y sólo su secreto por lo que le quedaba de vida), y así, sin preocuparse por quién entraba o salía. Porque, ¿qué más daba? Si alguien se inquietaba por los extraños gemidos que salían de su boca, era problema suyo no de Evans, que se metieran en sus propios asuntos.

avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.350
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 229
Puntos : 165
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sebastian E. Winterburn el Lun 2 Oct 2017 - 6:38

Audrey había resultado ser una muchacha muy consciente y sensata, pues incluso había concordado con él que no quería seguir presenciando esa escena tan desagradable. Miró esa mano que delicada se reposaba en su brazo, dándole un vuelco en el estómago, ni siquiera parecía consciente la joven de ese contacto al mirar a la imagen ante ellos, completamente indignada al respecto. Al menos ya había quitado la cara de estúpido que se le había quedado cuando Audrey se volvió hacia él, bromeando de aquella forma que le nacía tan simpática.

No te dejaré de escribir por algo así —le aseguró, ¿cómo podría dejar de escribirle por esa seriedad que tanto le agradaba? — Claro, no hay problema —respondió al ella querer ir al tocador. La dejó marchar, quedándose ahí un rato mientras ella iba al tocador, habían al final conseguido separar a la pareja y la muchacha había ido también a los baños, a juzgar por la dirección que había tomado. Se distrajo pensando en la conferencia, las ideas que tenía, los modos que había de poder adecuar lo que había escuchado para sus propias investigaciones. Quizá, incluso, podría escribirle a Lavish al respecto para saber su opinión.

Mientras esperaba a la joven, había visto a un hombre sospechoso salir de los baños. Uno que, míralo muy inteligente, habría visto a algún travesti cambiándose en el baño o alguna pareja teniendo relaciones y, el muy pillo, había decidido robarle cierta parte de su vestimenta que colgaba de la puerta que estaban colgados. Un pequeño secreto enteramente de ese hombre, pero pobre travesti que no sería capaz de encontrar sus bragas en cuanto tomase toda la ropa que tenía colgada en la puerta. En fin, lo que ocurrió fue que, pasados unos cinco minutos, Sebastian consideró que debería ir a los baños también.

Se levantó del sitio donde se había sentado a esperar para meterse al baño, directamente yendo a uno de los cubículos. Hizo lo propio, sin preocuparse por nada más, ni siquiera por los sonidos que, en un baño, encontró altamente desagradables. Por el momento simplemente salió del cubículo para mirarse al espejo, lavándose las manos y el rostro también. Se miró al espejo unos segundos, lucía bien, no había por qué preocuparse por nada, al menos era lo que venía pensando.

Luego de ello arrancó un trozo de papel para secarse rostro y manos, hasta el momento había conseguido ignorar bien cada sonido que salió de ese cubículo del baño. Había que ser cerdo para tener relaciones en un cubículo de baño, nada que ver por lo poco romántico que era sino que además era el sitio menos higiénico que se le ocurría. Pero él no era quién para decir nada, sólo se quejaba en breves sonidos, rechistando los dientes cuando lo pensaba, pero no lo pensaba generalmente, sólo se ocupaba ensimismado en su propia cabeza con el único propósito de encontrarse presentable para Audrey.

La verdad era que se trataba de una chica interesante, no porque tuviera muchas luces sino más bien porque tenía algo misterioso, un tanto curioso en su opinión. Una especie de enigma. Se preguntó a dónde podrían ir luego de aquello, y algo más profundo lo embargo, algo salido de su cabeza. Su paranoia le hizo pensar que la chica había usado ese viejo truco del tocador para marcharse sin dar explicaciones, esa inseguridad creciente que podía llegar a enloquecer a alguien como él, tan inseguro por dentro y tan egocéntrico por fuera.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Will Tudor
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitario (Runas)
Pureza de sangre : Mestizo.
Galeones : 5.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Incoming
RP Adicional : ---
Mensajes : 150
Puntos : 114
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4546-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4592-relaciones-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4591-cronologia-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/

Evans Mitchell el Lun 2 Oct 2017 - 7:24

El ruido de la cadena, la puerta que se abre azotando el viento, y Evans Mitchell. Fue directo al lavabo mientras se acomodaba el traje (él siempre informal, pero queriendo aparentar que era persona SERIA), y sí, hubo un choque de miradas, nada que le hiciera siquiera replantearse si debía irse o quedarse, insultar o dar las buenas tardes. Pasó de él, no como pasas de un extraño; sólo lo vio ahí, y no le interesó lo que vio. Prestó atención, en cambio, a su imagen en el espejo. Y allí estaban, los dos, y un abismo glacial en el medio. Era curioso cómo el reflejo especular de esos dos hombres podía representar diametralmente la frialdad en el trato, el distanciamiento, la indiferencia.

Evans abrió el grifo, se lavó las manos —fíjate, le habían enseñado de higiene—, se ocupó de su persona sin otros miramientos. Nadie lo iba a hacer sentir incómodo, nadie lo iba a correr de ningún lado. Era notable que ‘el gemelo poco simpático’ estaba reconcentrado en sí mismo. No había prisa, como si estuviera completamente solo y tuviera todo el tiempo el mundo. Aunque sus gestos fueran rápidos, cortantes, y acuchillaran la tremebunda calma alrededor, eran de esa manera porque era lo natural en él.

Tenía el labio partido, y si se llevaba una mano a la boca, como hacía en ese momento, podía sentir una molestia.

—Y “Henry”, me dice, “no olvides que…”, ¡pero es imposible que Henry haga esto y aquello, y eso otro! Eso es lo que le quise dejar claro, ¡pero ancianas! ¡No entienden nada! Es la sordera, ya les digo. ¡Es como intentar hablarle a un cacho de pared!, ¡y que gruñe encima! ¡No lo intenten señores, ni lo intenten!

¿Y ése?, ¿qué era ese hombre con un traje que le quedaba chico, arreglándose sin mucho decoro y sin mucho éxito tampoco, allí, entre aquellos dos hombres de hielo, hablando de vaya a saber qué?, ¿de dónde había salido? Olía a colonia barata, tenía un severo caso de incontinencia verbal, y haberse colocado justo en el medio no ayudaba a que se sintiera orgulloso de su estatura. Que era un petiso, vamos. Pero puede que a él le interesara más su propia historia, a que Evans, particularmente, no prestaba atención alguna. Por él, como si no existiera. Aunque arrugó la nariz, de tan mala que era esa colonia.

Luego vino algo sobre la nieta de tal, y etc. Pero no, no. Era como si algo en el momento se hubiera congelado. En algún lugar habría un cartel de ‘NO MOLESTAR’ colgado. Sí, debía ser. Porque, a lo sumo, lo único que hacía ruido allí (además del bueno de Henry, venido a parar allí casi como un accidente de la naturaleza), era la apatía. Por lo demás, todo era

s i l e n c i o

Evans Mitchell salió por la puerta, y eso fue todo.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 7
PB : Grant Gustin
Edad del pj : 17
Ocupación : Estudiante 7º
Pureza de sangre : Mestiza
Galeones : 2.350
Lealtad : Los suyos
Patronus : -
RP Adicional : +2F
Mensajes : 229
Puntos : 165
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4572-evans-mitchell?highlight=evans http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/ http://www.expectopatronum-rpg.com/
Evans MitchellGryffindor

Sebastian E. Winterburn el Miér 4 Oct 2017 - 6:04

Una puerta se había abierto y al ver el reflejo de la persona por no girarse, se dio cuenta para su sorpresa que era alguno de esos gemelos. Por la mala cara de humor de perros que cargaba, apostó que era Evans. No sabía diferenciarlos más que por esos detalles, que Evans no se soportaba ni a sí mismo y que Adrien era particularmente pasivo, típico de Hufflepuff. Parecía que creía que debía estar bien con todo el mundo mientras que a Evans el mundo no le interesaba si no era en su beneficio. Mitchell no le había hablado, así que él tampoco le habló, ignorándolo lo mejor que pudo.

No pudo evitar notar que le habían partido el labio, seguro se había visto metido en una pelea, pobre imbécil. Estaba lloriqueando cosas para sí mismo a las que no le estaba poniendo atención metido en sus propios asuntos, en cambio cuando estuvo listo para salir así lo hizo, sin dedicarle siquiera una mirada de reojo, ¿estaría todavía Audrey esperando por él? ¿Se habría marchado, como había considerado antes? Esperaba que la muchacha estuviese ahí, a pesar de todo. Si bien sólo era un retraído socialmente, a veces pasar tiempo con compañía agradale resultaba justo y necesario.

En fin, lo cierto era que le había parecido raro que Evans no le hablase en lo absoluto. Habría pensado, como cualquiera, que iba a despotricar contra él como siempre hacía o algo parecido. Pero no. No sabía qué pensar al respecto, aunque estaba convencido de que así era mejor, luego de todo lo sucedido con Evans no creía realmente que debiese buscarle demasiado. Es decir, siempre que se encontraban pasaban problemas por algún motivo u otro, no era de extrañar que Sebastian considerase que aquello era lo más conveniente. E incluso así no tenía idea del por qué no dejaba de darle vueltas al asunto.

Se estaba volviendo loco, no había otra explicación. Así que sólo decidió olvidarse de Evans y continuar con las cosas como debían de ser, sin que ese imbécil se le cruzara por la mente. Ese día había sido bueno, tenía varias cosas en mente por encima de todo, la conferencia, nuevas teorías que le gustaría poder discutir con Lavish. Todavía pensaba, en ocasiones, en aquella pelirroja que había llamado un poco su atención, más por las ideas que tenía que por ninguna otra razón, ¿quizá Lavish la conociera también? Difícil decir.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Will Tudor
Edad del pj : 19
Ocupación : Universitario (Runas)
Pureza de sangre : Mestizo.
Galeones : 5.500
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : Incoming
RP Adicional : ---
Mensajes : 150
Puntos : 114
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t4546-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4592-relaciones-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/t4591-cronologia-de-sebastian-e-winterburn http://www.expectopatronum-rpg.com/

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.