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My Mistake {Coraline}

Sam J. Lehmann el Mar Sep 12, 2017 10:15 pm


Pub - Restaurante Irlandés O'Neill's || 12 de septiembre del 2017, 22:30 horas || Coraline Murphy & Sam Lehmann

Desde que vivía con Caroline tenía que tener en cuenta muchas cosas de las que no quería que se enterara su amiga, como por ejemplo de la presencia que tenía Sebastian Crowley en la vida de Samantha, o de las cosas que ésta tenía que hacer de un modo más ilícito para poder resolver sus propios problemas sin inmiscuirla a ella en nada. Ya le había repetido una y otra vez que irse a vivir juntas no era una idea muy inteligente pero... por mucho que pudiera decir, la compañía de una amiga valía muchísimo más, aunque tuviese que gastar el doble de energías en asegurarse de que no le pasaba nada por su culpa.

Ese día, o mejor dicho, esa noche, Sam había cometido un error. ¡Que eso en realidad no es nada del otro mundo! Era humana y, como humana que era, cometía más errores que nadie. No por pertenecer a Ravenclaw te ibas a librar de la torpeza del ser humano, eso estaba claro. Y al parecer su cara en los carteles de 'se busca' debía de verse como alguien fácil de capturar, porque la gente lo intentaba con unas ganas inimaginables. Aunque bueno, cara redondeada de persona inocente, rubia... la verdad es que ver eso en un cartel en donde te ofrecen veinticinco mil galeones por capturarlo... debía de verse como algo fácil. A simple vista Sam no tiene mucho que ofrecer. Y la verdad es que si nos ponemos quisquillosos, posiblemente muchos la ganarían en un duelo porque lo que es buena duelista, no es. Si ella resalta en algo es en habilidad mental y eso en un duelo es complicado de utilizar.

La perseguían dos personas, aparentemente malas. O no tan malas pero con ganas de mandarla a Azkaban por la módica cantidad estipulada en su cartel. Ella había ido, como muchas otras noches, a uno de esos sótanos en medio de Londres dedicados expresamente al mercado negro de mercancía e ingredientes. Ella hacía ya meses que frecuentaba ese lugar, pero debió de ser un soplo o la mala suerte del universo lo que hizo que en aquel lugar y en aquel momento estuviesen dos personas preparándose para cazarla. Teniendo en cuenta la mala suerte que había tenido estos últimos años y que la carroña que frecuentaba ese tipo de lugares solía venderse más fácilmente por dinero que por lealtad... ella apostaba que había sido un soplo. Se negaba a creer que la mala suerte se había hecho una con ella. Se negaba rotundamente.

Pudo haberse desaparecido en el momento en el que se sintió amenazada, pero con un sencillo hechizo anti-aparición consiguieron que en aquella zona estuviese prohibido. Así que no le quedó más que correr, sacando su varita para protegerse de los hechizos que le venían por la espalda. Benditos encantamientos protectores que te cubren por completo.

No era una calle asfaltada, sino que el suelo era todo pedregoso y peatonal. Por desgracia para Sam estaba bastante desierta, por lo que no tuvo la protección que pudiese esperarse de un muggle o la presencia de éstos. Tuvo que correr, aprovechándose de los callejones y calles que se abrían paso ante ella con rapidez, en un intento de huir en zig zag. Después de ver Juego de Tronos y ver la facilidad con la que una flecha —y en su defecto, también un hechizo— puede impactar en línea recta, había aprendido de los errores de otros.

¡Eres nuestra, Lehmann! ¡Por mucho que huyas no vas a poder librarte de nosotros! —gritó uno de ellos.

Un Sectum Dispersa salió de la varita de uno de ellos cuando cruzó un callejón y varios hechizos rebotaron por aquellas paredes, hasta que varios impactaron en Sam. Un corte leve en el cuello, otros en los brazos que no fueron demasiado preocupantes —los cuales rasgaron su ropa— y uno que le hizo cerrar los ojos que bajó desde la frente hasta su mejilla. Milagro que el ojo quedase intacto.

Tras quedarse durante un segundo quieta llevándose la mano a la cara, volvió a retomar la marcha, lanzando hacia atrás un Expulso aleatorio que le dio a uno de ellos, retrasándolo en la carrera. Seguía sin poder aparecerse y es que por cada metro que caminaban, podía ver como uno de los encantamiento de sus seguidores impactaba por encima de ellos, creando una capa protectora que impedía que nadie pudiese aparecerse bajo ella. ¿Qué le quedaba? ¿Luchar y rezar por salir viva de ahí?

En una de las últimas esquinas en las que giró, pudo ver cómo varios pubs estaban a ambos lados de la calle. Entró en el primero que vio, cuyo cartel era verde. Continuó hasta el interior, yendo directamente hasta el baño de chicas antes de que nadie pudiese entrar al local y verla tomar esa dirección. Abrió la puerta rápidamente, cerrando tras de sí con pestillo. En el interior había dos habitáculos en donde estaban los baños y fuera estaba el espejo y el lavamanos compartidos en una zona bastante pequeña. Pudo escuchar como dentro de uno de los habitáculos había alguien, por lo que tuvo que esconder la varita. Su respiración era rápida y agitada y, nuevamente, era incapaz de aparecerse a ninguna parte.

Se apoyó en la encimera del lavamanos dando un golpe en él con el puño cerrado, intentando respirar y serenarse. No obstante, justo en ese momento se abrió una puerta rápidamente.

Te tenemos, Lehmann. —En el tono de su voz se sobre entendía su victoria. Solo estaba él, apuntándole con la varita mientras ella le apuntaba a él.
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Coraline I. Murphy el Jue Sep 14, 2017 10:38 am

Coraline era inglesa, había nacido en Londres y había vivido allí durante sus veintinueve años de vida, pero aún así no se consideraba una mujer inglesa de pura cepa. Su padre Donovan era irlandés y su fallecida madre Olenna también tenía parientes en Irlanda, así que tanto por sus venas como por las de su hermano corría sangre irlandesa y eso se notaba. Estaba orgullosa de las raíces de su familia y desde pequeña siempre había procurado aprender mas sobre la Irlanda natal de su padre, sus costumbres y sus gustos, en un modo de homenajearle. Cuando ella y su hermano eran pequeños, toda la familia solía visitar el O'Neill's, un pub irlandés llevado por un gran amigo del padre de Cora, el señor Byrne, un hombre entrañable de barba pelirroja, algo bruto y con un marcado acento irlandés que fue parte vital de la infancia de la joven.

A día de hoy, Cora aún seguía visitando al viejo amigo de la familia, convirtiéndose en una habitual del bar siempre que tenía tiempo o ánimos para acudir.  Precisamente aquel día había decidido ir a hacerle una visita y ya de paso tomar algo. Fue sola, pues no contaba con amigos que quisieran salir un martes por la noche a beber cerveza, pero la verdad es que le daba bastante igual. Ella sola siempre se había bastado para hacer todo lo que quería y nunca había necesitado a nadie que la acompañara.

La velada empezó con un café irlandés bastante cargadito y con una charla la mar de entretenida con el señor Byrne sobre sus años de juventud, en los que el hombre presumía de haber sido un joven apuesto que traía de cabeza a todas las mujeres del pueblo en el que se crió, pero claro, el no era hombre de una sola mujer y prefirió quedarse solo. Cora no podía hacer mas que reír con sus historias, sabiendo que tergiversaba las cosas y se inventaba mas de la mitad, pero aún así eran de lo mas divertidas. Una cosa llevó a la otra y acabó tomándose un par de jarras de cerveza demasiado grandes para lo que ella estaba acostumbrada a beber, así que no tardó demasiado en tener que ir al baño.

Al entrar, se limpió la cara con agua y vio que tenía las mejillas sonrosadas, aunque aún no se sentía demasiado "borracha". Después, entró en uno de los compartimentos y se las apañó como pudo. Apenas un minuto mas tarde pudo escuchar como alguien entraba y por el golpe que escuchó parecía estar enfadada. No pasó mucho tiempo mas hasta que la presencia de otra persona se hizo notar y esta vez tenía una voz masculina. Indignada, Coraline se terminó de vestir y salió del compartimento con el enfado reflejado en el rostro.  — ¿Pero quien te crees que eres? ¡Esto es el baño de mujeres! — Exclamó molesta, plantando cara a aquel tipo. Y pensó que era una buena idea hasta que vio las baritas de ambos. — Oh... No me jodas... — Masculló, llevándose una mano a la frente.

Lo que menos le apetecía en aquel momento era encontrarse con un par de magos que, aparentemente estaban buscando pelea entre ambos. "¿Por qué me tienen que pasar estas cosas a mi?" pensó para sus adentros. Por mucho que le fastidiara, no podía dejar las cosas así, la chica parecía estar herida y aquel tipo le daba muy mala espina, así que decidió actuar con rapidez. — ¡Señor Byrne, hay un hombre en el baño de mujeres que nos quiere hacer daño!  — Gritó a todo pulmón, esperando ser escuchada pese al alboroto que había fuera del baño.

Byrne hizo acto de presencia junto a otros dos parroquianos del bar, unos tipos altos y fornidos con el, con cara de pocos amigos y dispuestos a zurrar al mago que estaba amenazando a la chica rubia.  — No vas a acosar a ninguna mujer en mi bar ¡Largo de aquí! Si no te vas por tu propio bien te sacaremos nosotros, eejit. — El pelirrojo empezó a crugirse los nudillos mientras los otros dos hombres adoptaban una posición de defensa. Por su parte, Coraline se puso rente a la chica rubia para defenderla.

Off: Eejit: Es un insulto cuya traducción más aproximada sería «idiota».
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Sam J. Lehmann el Vie Sep 15, 2017 3:17 am

Ni Samantha ni tampoco el hombre en cuestión se hubieran esperado que aquella mujer que salió del baño fuese a plantarle cara de esa manera, ya que lo normal era que o saliese despavorida o como si el tema no fuese con ella. Ella al menos no estaba acostumbrada a tratar con irlandeses, pero se veían bastante rudos. La cara del tipo fue un poema, sobre todo cuando se fijó en las varitas de ambos y decidió gritar en busca de ayuda; eso, sin duda, no se lo esperó. ¿Y esa reacción al ver las varitas? Sam se fijó en su mirada y en su mueca, pero todo pasó tan rápido que no pudo ni procesar la información. Como se notaba que las varitas no imponían demasiado respeto frente a los muggles, ¿os imagináis que en vez de varitas hubieran sido pistolas? ¡Ya me diréis quién tiene la valentía de meterse en medio y gritar por ayuda! Al menos Sam, está claro que no sería de esas.

Cuando llegaron los refuerzos, más conocidos como el jefe y los amigos del jefe, el tipo se quedó pensativo, como si de verdad sopesase la idea de enfrentarse a todos los allí presentes con tal de llevarse a Sam por delante. Sin embargo, le dio un brote de inteligencia mental y alzó las manos en señal de paz, apartando la varita mientras miraba a Sam con muchísimo recelo. Esa mirada decía de todo menos cosas bonitas, una mirada amenazante cargada de rencor. Probablemente la subestimaba tanto que estaba molesto porque le hiciera perder el tiempo de esa manera.

¡Fuera de aquí! Tienes suerte de que no llamemos a la policía —dijo uno de ellos, cogiéndolo por los hombros y arrastrándolo hacia la puerta.

No obstante, por mucho que el señor Byrne y compañía hubieran sacado a aquel sujeto de allí, Sam sabía que no se iban a rendir tan fácilmente. De hecho, ya se los imaginaba lanzando hechizos anti-aparición infinitamente y esperando en la entrada hasta que Sam saliese de allí. No iban a darse por vencidos y si ese tipo había decidido no usar su varita era solo porque estaba esperando a su compañero. Y no le extrañaría lo más mínimo que volviesen a entrar los dos con la varita por delante... Eran tan brutos y violentos que dudaba mucho que un par de muggles sean un problema para sus negocios.

¿Pero qué es este palo? ¡Vaya por Dios, recogiendo basura del suelo... además de pervertido lo tenemos con síndrome de Diógenes! —dijo uno de los acompañantes de Byrne, ocasionando la carcajada de todos mientras salían de allí con aquel tipo a rastras.

Respiró con cierta tranquilidad momentánea. Odiaba verse enfrentada a alguien que quería hacerle daño; ella no tenía mentalidad de duelista y siempre tenía la sensación de que no sería lo suficientemente rápida como para salir de una situación tan precaria. La chica que le había ayudado se encontraba justo delante de ella, en un gesto defensivo y protector. Hacía mil años que no veía ese gesto por parte de nadie hacia ella, era gratificante ver que quedaba buena gente ahí fuera, aunque no perteneciesen a tu mundo. Sam consiguió reaccionar después del shock del momento. —Muchas gracias —consiguió decir, aún nerviosa y preocupada. Nunca dejaría de ponerse nerviosa en ese tipo de situaciones y, teniendo en cuenta la de emociones negativas que tenía su vida últimamente, Sam era un manojo de nervios. —No se va a ir a ninguna parte y va a volver a venir con apoyo, tengo que irme. —dijo con seguridad en sus palabras, como si los conociese mejor que a sí misma. Ahora lo menos que quería es que esa gente tan simpática que le había ayudado sufriese ningún daño. Ella los había metido en la mierda metiéndose ahí dentro con tal de esconderse desesperadamente. —Gracias por tu ayuda, en serio. Quién tuviese esa capacidad de reacción en momentos tan importantes... —confesó con cierta admiración, suspirando. Se dio cuenta de que aún tenía la varita en la mano y se la escondió disimuladamente detrás de la espalda por costumbre frente a muggles. —¿Sabes si esto tiene una salida trasera?
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Coraline I. Murphy el Sáb Oct 07, 2017 12:43 pm

Con una sonrisa satisfactoria por haber cometido una buena acción, Coraline se quedó mirando como su buen amigo y sus compañeros sacaban de allí a aquel mago maleante. No tenía ni idea de quien se trataba, pero de lo que si estaba segura era de que no era trigo limpio y que debía ser uno de esos tipos que perseguían a gente como su propio hermano. ¿Acaso esa chica se encontraba en la misma situación? Chasqueó la lengua, un tanto molesta. Ya tenía suficiente con estar jugándose el cuello por su hermano como para tener que lidiar ahora con otra chica, sin embargo ¿que mas podía hacer? no podría haberse quedado de brazos cruzados o ignorar la situación. Lo que les estaba pasando a esos magos era algo injusto, digno de los viejos tiempos en los que los nazis exterminaban judíos, o al menos a Cora le gustaba compararlo con esos tiempos.

El señor Byrne y sus amigos las dejaron solas en el baño, demostrando ser mucho mas caballerosos que el tipo en cuestión y, cuando se hubo asegurado de que todo estaba bien cerrado, Cora se giró por fin para darle la cara a la rubia. — No hay de que, aunque es un fastidio, esperaba que esta noche fuese tranquila. — Lo único que quería era volver a casa con sus dos cervecitas de mas y dormir la mona hasta el día siguiente, no tener que salvar a una maga en apuros como si fuese un superhéroe. — Digamos que no me gustan las injusticias, no puedo quedarme parada cuando veo alguna, además siguen sin tener derecho a entrar en el baño de mujeres.— Bromeó, tratando de quitarle un poco de hierro al asunto, al fin y al cabo para ella no había sido para tanto, ya que no era realmente consciente del daño que podrían haberle hecho. Prefería vivir en ignorancia y no saber a todo lujo de detalles como eran los poderes de los magos y que hacían exactamente en su vida diaria o en la dichosa escuela.

En el almacén hay una puerta trasera, pero... ¿Te has visto? Estás herida y necesitas ayuda médica, no puedo dejar que te vayas sola así como si nada. — En el baño había una ventana pequeña y por un instante tuvo la idea de que ambas salieran por allí, pero era un tanto ridículo y peligroso; estaba segura de que su enorme trasero no cabía por ese agujero tan pequeño. Miró a la chica momentáneamente y dejó salir un profundo suspiro de su interior, a veces era demasiado buena. — Vamos, voy a acompañarte. — Le dio la mano y tiró de ella para que la siguiera.

Salió del baño y se encontró con la mirada cómplice del señor Byrne, quien ya había sacado a aquellos tipos de allí. La morena hizo un gesto con la cabeza indicando que iban a meterse en el almacén y el respondió con aprovación, era lo bueno de tener confianza mutua. Guió a la rubia hacia el almacén, el cual estaba repleto de bebidas alcohólicas y comida varia, era oscuro e iluminado solamente por una bombilla que colgaba del techo. Al final del todo se encontraba una puerta metálica, la cual se cerraba por dentro. Coraline quitó el pestillo y fue la primera en asomar la cabeza al exterior de la calle. Se encontraban en un callejón trasero, así que lo único que se encontró fueron cubos de basura y gatos callejeros maullando.

Venga, no hay moros en la costa. — Tiró nuevamente de la mano de la chica. — Vivo cerca de aquí, podemos ir a mi casa a curarte esto y luego llevarte a la tuya. — Revisó sus heridas comprobando que no fuese nada grabe. — No debería estar ayudando a magos, pero soy así de idiota. — Se quejó, sin darle demasiada importancia al hecho de que acababa de revelar el conocimiento que tenía sobre la gente de su condición.




Última edición por Coraline I. Murphy el Miér Nov 01, 2017 5:44 pm, editado 1 vez
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Sam J. Lehmann el Mar Oct 10, 2017 12:07 am

Es ningún momento tuvo la intención ni la esperanza de que nadie le ayudase, mucho menos una muggle. Ahora que aquella chica había hecho su obra buena del día salvándole el culo a Sam, ella tenía que irse antes de que metiese en algún lío a las personas de aquel lugar. Lo que le faltaba, además de estar ella en líos, hacer que todos los de tu alrededor caigan contigo, ¿había algo más triste? Bueno sí, habían muchas cosas más tristes, como que se te cayese el último trozo de sandwich al suelo o que la galleta mojada por la leche se rompiese antes de llegar a la boca. Eso era super triste. —Bueno, puedes hacer borrón y olvidarte que esto ha pasado. Todavía puede ser una noche tranquila. —Gracias a Merlín nada había pasado. —En eso tienes razón, qué pervertido —continuó su broma con una sonrisa. Qué bien sentaba sonreír de vez en cuando y bromear desinteresadamente con otra persona, ¿hacía cuánto tiempo que no lo hacía?

La idea de que hubiera una puerta en el almacén hizo que casi quisiera salir de aquel baño al momento, no obstante, cuando le recordó que estaba herida se giró para mirarse en el espejo del baño, viendo un par de cortes en el brazo además de aquel que tenía en el ojo. A decir verdad, por cómo lo había dicho se esperaba algo mucho más grave, por lo que fue reconfortante ver sólo aquello. Iba tan nerviosa que si le llegan a cortar una pierna si eso se da cuenta cuando no tiene apoyo. —No es nada, es una tontería —intentó evitar que se preocupase. —No deberías inmiscuirte, esos tipos son peligrosos. Si me voy ya puedo quitármelos de encima y... —¿Que la acompaña a dónde? ¡No! Eso era malo. Malo malo.

Le dio la mano y la comenzó a guiar hacia el almacén, el cual estaba oscuro y poseía de todo tipo de alcohol. Henry sería muy feliz en aquel almacén. Por su parte, se sentía una niña indefensa a la que llevan a la sala de castigo. Se abstuvo a decir nada mientras estaban en medio de todo el pub, pero cuando entraron al almacén, la legeremante volvió a recalcar lo evidente. No lo sabía a ciencia cierta, claro, pero dudaba mucho que una muggle pudiese ayudarla, aunque ese pensamiento le hiciese sentir muy mal. Odiaba 'desprestigiar' a las personas, la hacía sentir tan imbécil como los que ahora mismo estaban en el gobierno. Fue cuando la chica abrió la puerta y se asomó, cuando Samantha volvió a hablar. —Oye, en serio —se dio cuenta de que no sabía su nombre y no había confianzas como para tratarla de 'tía' —Ya has hecho suficiente por mí. —Se puso a revisar las heridas de Sam y continuaron hablando, casi al unísono, básicamente porque Sam insistía en que no le ayudase y casi contestaba sin atender del  todo lo que le estaba diciendo. Sí, eso era una falta de respeto. —Sí, no deberías estar ayudando a magos, es peligroso. Esto persigue a todo el mundo, seas del mundo que seas y... —Frunció el ceño al salir por aquella puerta, de nuevo guiada por ella. —Espera, ¿eres una bruja? —La madre que la parió. ¿Era bruja y acababa de enfrentar al señor aquel de la manera más muggle posible? Olé. Esa mujer sí que tenía un par bien grande y sabía perfectamente cómo salvaguardar su identidad. Tenía que coger ejemplo. Definitivamente la varita estaba sobreestimada.

Obviamente, ahora la esperanza de vida cambiaba y obviamente si sabía con lo que estaba lidiando, sabía perfectamente lo que tenía delante. Ahora Sam se veía más tranquila, básicamente porque estaba tratando con una igual al fin y al cabo, ¿cuántas probabilidades había de eso en medio de un pub irlandés? —Soy fugitiva, tú no eres fugitiva, te hubiera visto en los carteles, ¿estás segura de en dónde te metes? —le dijo mientras caminaba por el callejón, siguiéndola.

Si Sam se considerase a sí misma alguien por quién luchar o estuviese en esos tiempos cargados de optimismo, pues podría no insistir tanto... pero la verdad, teniendo en cuenta como estaban las cosas, casi que era mejor que nadie se metiese en su vida si no quería terminar metiéndose en problemas.
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Coraline I. Murphy el Miér Nov 01, 2017 7:03 pm

Coraline no pudo reprimirse y tuvo que soltar una carcajada amarga, teniendo que tapar después su boca para no emitir ningún ruido que pudiese atraer a algún indeseable como los que habían estado persiguiendo a la rubia. ¿Ella una bruja? Ni en la peor de sus pesadillas, vaya, aunque para su hermano habría sido toda una alegría que al final si hubiese resultado ser como el. Aún así, ya no era capaz ni si quiera de imaginarse a si misma como una bruja y utilizando magia como tal, había llegado a aborrecerla pese a respetar el mundo mágico por mucho que quisiera mantenerse alejada de el. — ¿Yo bruja? No, no, para nada, yo no tuve "tanta suerte". Los magos en la familia son mis padres y mi hermano, yo soy la defectuosa, como el suele llamarme. — Respondió, con un tono de voz amargo y sarcástico a partes iguales, recordando con cierta rabia las veces en las que Connor la había llamado con ese mote que tanto odiaba.

No estoy para nada segura de donde me meto, pero no puedo quedarme de brazos cruzados mientras veo una injusticia ¿Habrías preferido que me quedara dentro del wc escuchando como esos dos te capturaban o... Te mataban? — Le dio un escalofrío con la sola idea de pensar en lo que podrían haberle hecho a la muchacha, no tenía ni idea de como eran capaces de matar con un simple palito, pero estaba segura de que no debía ser para nada agradable. Además ¿que iba a hacer después? No habría podido ir a la policía y contarles su historia sin que la tacharan de loca, pero tampoco podría quedarse sin hacer nada al respecto. No estaba segura de si la decisión que había tomado a la hora de ayudar a la rubia había sido la mejor de todas, sin embargo era lo correcto y con eso ya se daba por satisfecha; solo esperaba que hubiese valido la pena. — Yo solo soy una simple... ¿Squib? Era así como nos llamáis ¿Verdad? — No le quedaba demasiado claro si ella entraba en la categoría de squib o muggle, de todas formas los dos nombres le parecían horribles y despectivos. — Trabajo en la biblioteca pública e intento llevar una vida normal, aunque es difícil con tantos de vosotros rondando por aquí y trayendo problemas. Y por cierto, me llamo Coraline Murphy, pero puedes llamarme Cora.

En realidad Sam era la primera bruja que le daba "problemas", sin contar a su hermano y sus dichosos mensajitos y llamadas en busca de hacer las paces. Caminó junto a ella por el callejón hasta llegar al final de este, el cual daba a una calle tranquila y poco concurrida. Se paró un instante para sacar su teléfono y activar el GPS para asegurarse de que estaban tomando el camino correcto, ya que apenas lo había usado un par de veces para salirse de la rutina. — Vale, estamos cerca, tenemos que llegar al final de esta calle y girar hacia la derecha, entonces saldremos directamente hacia mi calle y el portal de mi casa. Es mejor que nos demos prisa antes de que vuelvan tus amigos y estemos en grabes problemas de verdad.

Había poca gente en aquella calle aparte de ellas, una pareja de ancianos caminando cogidos de la mano que hacían que Cora se muriese de envidia, unos chavales patinando en skate y un vagabundo que caminaba empujando un carrito con sus pertenencias y un perro, algo que hizo que a la morena se le partiera el corazón y sintiera ganas de darle algo de dinero, pero desgraciadamente no era la ocasión perfecta. Caminaba rápidamente, aún sujetando a la rubia para no perderla de vista en ningún  momento, velando por la seguridad de la susodicha mas que por la suya propia ¿Desde cuando era tan caritativa con los magos? Ellos que se creían superiores y tachaban a las personas normales de ser simples e inferiores... Se estaba volviendo demasiado blanda.

Ladeó la cabeza hacia ambos lados para deshacerse de esos pensamientos y se centró en lo importante, llegar a casa sanas y salvas. Entonces, a mitad de camino, comenzó a escuchar pasos tras ellas y aquello hizo que se le pusiera la piel de gallina. — Deberíamos acelerar el ritmo, me parece que nos están siguiendo. — Quiso mirar hacia atrás por el rabillo del ojo, pero el miedo no se lo permitía. — Si notas algo raro echa a correr sin mirar atrás ¿Vale? Estamos muy cerca.

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Sam J. Lehmann el Vie Nov 03, 2017 2:19 am

Si ya le había sorprendido el hecho de que fuese bruja, más le sorprendió el hecho de que no lo fuese, ya que de repente hasta había parecido como algo muy evidente. La de vueltas que da la maldita vida en dos segundos. Resultó que no era muggle —su primera opción—, ni bruja —la segunda—, sino que se trataba de una squib. A decir verdad, era la primera persona squib que conocía en su vida, por lo que se sorprendió por partida doble, ¿cuántas probabilidades había de que esa noche se encontrase con una muggle no tan muggle que conociese los problemas en dónde están envueltos ciertos magos y que quisiera inmiscuirse en ellos? Hoy había tenido un brote de suerte que teniendo en cuenta lo horrible que era su vida, no se lo esperaba para nada.

Tragó saliva ante las dos únicas opciones que tendrían cabida si alguien de ellos la pilla, pero rápidamente negó con la cabeza. —Eso no. Por eso te estoy infinitamente agradecida. Me refiero a esto. —Señaló a su alrededor, dándole a entender que había añadido un plus de peligrosidad a su vida por una generosidad que no le cabía en el pecho. —¿Simple? ¿En serio? —preguntó retóricamente. —De simple no tienes nada. Una simple squib estaría al margen de todo esto y no tendría lo que tú has tenido para meterte en medio de un tipo con una varita. —Tuvo que esbozar una sonrisa al escuchar su queja por no poder vivir una vida normal por culpa de ellos, lo cual era muy gracioso. Ojalá Sam tuviese una vida así de tranquila, pues estaba harta de todo. —En nuestra defensa diré que es el único sitio en donde podemos escondernos. O intentarlo al menos. —Respondió mientras la perseguía. —Yo soy Sam. —Ni se le pasó por la cabeza presentarse como Samantha ni mucho menos con su apellido.

Sam siguió a la chica, la cual parecía muy segura con su plan. La verdad es que seamos sinceros: era de las primeras veces que la legeremante recibía ayuda en un momento tan peligroso, por lo que a decir verdad, aunque fuera sincera con la chica y le dijese que no debería de hacer eso por su propio beneficio, ella no iba a ser quién se fuese ahora mismo de su lado. Era descortés y también de imbécil. Además de que en cierta manera sentía que hacían buen equipo. Es decir, aquellos tipos estaban por allí  y uno de ellos la había visto, ¿y si se iba y luego le iban a preguntar a ella pensando que es una aliada? Podrían hacerle mucho daño. Razonó que así ella le ayudaría y Sam podría sacarles de un apuro en el caso de que los enemigos diesen con ellas. —Vamos —le corroboró, saliendo detrás de ella.

Si no fuese porque estaba nerviosa y eso ya era suficiente estrés para su mente, hubiera reparado en el hecho de que estaban cogidas de la mano, ¿hacía cuánto que no le daba la mano a una persona? Te ponías a pensar en los pequeños detalles de los que careces y terminabas dándote cuenta de que como siguiera así, iba a terminar por perder todo tipo de contacto social y humano.

De vez en cuando intentaba aparecerse, pero seguía sin poder y eso sólo quería decir que aquellos tipos seguían por la zona y no se iban a ir rápido. Al escuchar las palabras de la chica, Sam se puso alerta, pero se giró para mirar. Si lo hacía pondría en evidencia que se habían dado cuenta en el caso de que fuera cierto y podrían atacar para evitar cualquier huida. Así que la rubia se puso al lado de Cora, pero no la miró. —Nos están persiguiendo porque a esta altura ya debería de poder aparecerme sin que nadie me lo impidiese. Ellos me lo están impidiendo. —Le aseguró su corazonada, para entonces mirarla de reojo. —A la de tres comenzamos a correr, ¿vale? Les cogeremos desprevenidos y llegaremos a la esquina antes que ellos. Si entramos a tiempo en el portal de tu casa habremos desaparecido delante de sus narices. Y con lo residencial y vigilado que está esta urbanización no se van a atrever a buscarnos ellos solos; pensarán que llegamos al límite de su encantamiento en donde yo hubiera podido aparecerme. —Le dijo como plan improvisado que, en cierta manera, debería de estar totalmente a su favor. Sam estaba segura de que el encantamiento anti-aparición era lo suficientemente grande como para que no la dejase aparecerse de aquí a mucha distancia, por lo que era un recurso que ya había descartado. Iba a tener que esperar a que los efecto cesasen, si es que los mortífagos lo permitían. —Una, dos... tres. —Y comenzaron a correr.

Obviamente, a unos veinte metros de ella, los dos tipos también comenzaron a correr para no perderlas de vista.

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Coraline I. Murphy el Vie Nov 03, 2017 5:01 pm

La morena miró de reojo a Sam, tratando de quedarse con la copla, sin embargo a la hora de hablar de hechizos y demás situaciones que requiriesen la magia Coraline se perdía bastante, por no decir mucho. Si es verdad que siempre había estado escuchando a su hermano hablar sobre Hogwarts, las clases que daba y lo hechizos que aprendía, pero tal y como le entraba por una oreja le salía por otra debido a su falta de interés en el tema y a los celos que le provocaba. Durante aquella época repudiaba mas aún todo lo relacionado con el mundo mágico y cuanto menos supiera, mejor. Era un comportamiento bastante inmaduro por su parte, pero es que tampoco podías pedirle mucho mas a una niña que se había visto obligada a ver como su hermano se adentraba en un mundo fantástico y tenía habilidades extraordinarias mientras ella tenía que conformarse con saber hacer el pino e ir en bicicleta como mucho. Que injusta es la vida.

Y a pesar de todo, del rencor y de la manía que es había cogido a los magos en general, había dado su brazo a torcer y había decidido ayudarles como la buena persona que era. Para Cora, lo que les estaba sucediendo no era muy diferente a lo ocurrido en la Alemania nazi y siempre estaba haciendo comparaciones con la segunda guerra mundial; en ese momento, los sangre sucia, muggels y squibs eran los judíos. Le servía de consuelo saber que su aportación a la hora de ayudarles, aunque no fuese gran cosa, era algo bueno y servía para algo. Por lo tanto, no pudo evitar esbozar una sonrisa al escuchar el comentario de la rubia, el cual le subió bastante el ego y el amor propio.

Supongo que todo eso es malo... — Connor había hablado mil veces de la aparición y alguna que otra vez quiso hacerlo con ella, pero nunca se había dejado pues, siendo sinceros, no se fiaba de el y le daba miedo. — Es una pena, porque por mucho miedo que me de he de reconocer que nos sería útil. — Chasqueó la lengua. La miró nuevamente con determinación y acto seguido comenzó a correr junto a ella tras escuchar sus palabras. Rápidamente comenzaron a escucharse pisadas aceleradas y pesadas tras ellas, dando a entender que sus perseguidores se habían unido a aquella particular carrera. Esta vez Coraline si se molestó en girarse para mirarles adecuadamente, mostrando en su rostro el desagrado que le provocaban aquellos dos matones de patio de colegio.

Mientras tanto, las pocas personas que había en la calle alucinaban con lo ocurrido y la pareja de personas mayores les gritó algo a los perseguidores, los cuales les ignoraron por completo. "Ojalá llamaran a la policía" pensó Cora, creyendo que quizás eso les daría un poco de ventaja y las ayudaría a salir de aquel lío monumental. Al pasar al lado de un cubo de basura, la morena se separó durante un instante de Sam para cogerlo y tirarlo al suelo junto a lo que contenía, en un intento de rezagar a aquellos dos. A continuación continuó corriendo como alma que lleva al diablo. — !Allí, gira! — Señaló con el dedo la esquina que daba fin a la calle y aceleró el ritmo un poco mas pese a que notaba como sus piernas se agotaban. — ¡Mi portal está justo delante! — Volvió a sujetar a la chica y tiró de ella para que cruzaran la calle unidas, teniendo que esquivar algún que otro coche que pasaba por allí y las pitaba como si estuviesen locas.

Comenzó a rebuscar las llaves en su bolso pero los nervios le impedían moverse adecuadamente. Finalmente tras un rato revolviéndolo todo las encontró y las metió en la cerradura rápidamente, o por lo menos lo intentó, ya que se le acabaron cayendo al suelo. — Mierda Cora, tranquilízate...
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Sam J. Lehmann el Vie Nov 10, 2017 12:30 am

Las bocinas de los coches hicieron que más de una persona se girase a mirar lo que pasaba, además de que los gritos descontentos de los conductores también llamaron bastante la atención. Pero claro, ¿quién en su sano juicio cruza así una calle? Porque no iba a mentir, Sam se había dejado llevar y ni intención de mirar tuvo. Llegaron al otro lado de la calle y mientras Coraline abría la puerta, ella se giró para asegurarse de que todavía nadie aparecía por la esquina. Ni se había dado cuenta de que su pie estaba moviéndose de los nervios, era la primera vez que la perseguían y le cortaban su única vía de escape; esa en la que siempre confiaba. Sin eso, la única solución era huir o enfrentarse y... teniendo en cuenta su situación, lo mejor era huir y esconderse, algo que si bien ya tenía como costumbre, bajo presión siempre terminaba por poner a prueba sus nervios.

Le alertó el sonido de las llaves caer contra el suelo y rápidamente se dio la vuelta, con la intención de no perder más tiempo. Tenía la varita en la mano por lo que con un 'alohomora' no verbal abrió la puerta de aquel portal y con un 'accio' recogió rápidamente las llaves del suelo. Y sí, medio empujó a Coraline, aunque era más bien una ligera presión para que entrase rápidamente antes de que aquellos llegasen a localizarlas. En verdad había sido un empujón en toda regla, pero esperaba no haber sido excesivamente brusca.

Cerraron la puerta tras de sí y, al menos Sam, se mantuvo quieta e inmóvil, en un intento de escuchar lo que pasaba fuera. Y lo escuchó. Escuchó como nuevamente un coche tocó el claxon con odio y como los pasos desesperados de dos personas terminaban en la acera del portal de Cora. La legeremante miró de reojo a la morena, con una mirada cómplice de que aparentemente lo habían conseguido.

¡¿A dónde narices se han ido?! —preguntó uno de ellos. —¡Es imposible que se haya desaparecido, no he dejado de impedírselo! —De repente se escuchó como uno de ellos le pegaba una patada a un cubo de basura.

¡Es por tu culpa, inútil de mierda! Si hubieras entrado conmigo a aquel ridículo pub la hubiéramos atrapado y ya estaríamos cobrando nuestra recompensa. ¿Sabes lo que podemos hacer con treinta mil galeones? ¡Pues ahora nada, porque por tu culpa la hemos perdido!

Serás imbécil, yo iba el primero cuand... —Pero de repente se escuchó el sonido de la policía y ambos se callaron.

Vamos a escondernos. No puede andar lejos y tendrá que salir tarde o temprano —dijo entonces más calmado, guardando sus varitas y aparentando tranquilidad. De repente, dejaron de escucharlos.

Fue en ese momento cuando Sam pudo respirar con cierta paz y relajarse un poquito. Sólo un poquito. Todavía le quedaba la parte de volver a su casa y no meter en líos a más gente, pero por el momento no tenía la continua presión de estar siendo perseguida por dos carroñeros, o por dos cazarrecompensas, o por dos mortífagos. Ya, a día de hoy, Sam no encontraba diferencia en ninguno de ellos. Unos los hacían por miedo, otros por dinero y otros por principios, pero al final todos eran igual de horribles. Quizás los menos horribles eran los que hacían eso por principios, ¿pero los que lo hacían por dinero? No entendería nunca a los cazarrecompensas ni entendería qué clase de moral pasa por sus cabezas.

Miró entonces a Cora. —Siento si te hice daño, me puse nerviosa y actué un poco por instinto de supervivencia —dijo amablemente antes que nada, señalando a la puerta para dar a entender que su disculpa era por haber entrado tan atropelladamente en el interior. Entonces alzó su mano izquierda para tenderle sus llaves. —No sé qué harán ahora, pero no van a estar por la zona toda la noche. Tarde o temprano pensarán que me escondí y cambié de rumbo e irán a buscarme a otra parte. O eso espero. —Sonó divertida. Vaya, si es que no le quedaba otra que tomarse las cosas con humor. —Al menos ya sabemos que su intención era capturarme, no matarme. No querían matarme por ser la escoria de la sociedad, solo venderme. No sé qué es peor. —Eso sonó irónicamente, mientras negaba con la cabeza.
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Coraline I. Murphy el Jue Nov 16, 2017 10:50 pm

Las cosas parecían haberse igualado entre Sam y Cora.

Si bien anteriormente había sido la morena quien había mostrado un acto de valentía al haber salvado a la chica, era la rubia quien en aquel momento había tenido la mente fría y había sido la pieza clave para que aquel pequeño plan de escape acabara de forma exitosa. Por el momento, claro está.

Coraline sentía bastante frustración por haberse dejado llevar por los nervios de aquella manera, pero es que al fin y al cabo era humana y también era aquella la primera vez que tenía que huir de un par de magos dispuestos a hacerles daño tanto a ella como a su nueva amiga. Lo que no podía dejar de preguntarse, es si esa iba a ser la primera y única vez que le tocaría vivir algo así o si la cosa acabaría repitiéndose nuevamente. Las cosas debían de estar muy mal para que en el mundo mágico se persiguiera a chicas tan jóvenes, estaba claro que no sabía exactamente que es lo que había hecho, pero no parecía haber matado a nadie.

Se limitó a dejarse empujar, en otra ocasión se habría quejado por la brusquedad de la chica, pero no había tiempo para tonterías, además, estaba boquiabierta al ver su dominio de la magia. No era la primera vez que veía a alguien usándola, su propio hermano había presumido de ella en mil ocasiones, pero aún así no dejaba de resultarle fascinante y aterradora a partes iguales. Además siempre era perturbador ver usar magia a alguien que no conocía de nada, el miedo a que algo malo pudiera pasar iba a mantenerse dentro de ella durante mucho tiempo. Cora suponía que eso debía formar parte de la muggle que era ella al fin y al cabo.

En silencio, escuchó las voces de aquellos tipos, preocupándose de que las luces del interior del portal se mantuvieran apagadas en todo momento, no quería que una maldita bombilla vieja revelara su posición. Solo se atrevió a hablar cuando dejó de escucharles. — No pasa nada Sam, era eso o que nos acabaran alcanzando. — Tomó las llaves y las apretó entre sus manos como si se trataran de un tesoro de lo mas valioso. — Nosotras tampoco podemos quedarnos aquí toda la noche, vamos, sube a casa. Te prometo que no tengo nada raro, ni magos esperándote ni nada que pueda ponerte en peligro. Tan solo un busto de Freddy Krueger que asusta bastante. — Bromeó, tratando de romper el hielo.

Ya separa de la rubia, comenzó a subir las escaleras hasta llegar a la tercera planta, donde se encontraba su hogar. Aún con las manos temblorosas abrió la puerta de su casa y se ayudó de la luz del teléfono móvil para guiarse en su interior. Le daba miedo encender las luces, la paranoia se había apoderado de ella y le había hecho autoconvencerse de que debía tener mucho cuidado con lo que hacían a partir de ese momento. Debían de tener mucho cuidado, cerrar las ventanas y persianas y sobretodo no hacer demasiado ruido ¿Y si se colaban en el edificio? Seguro que había alguna clase de hechizo para esas cosas.

Antes que nada... Y perdona por ser tan directa, pero necesito saberlo. He oído que han pedido treinta mil galeones por ti y pese a que no domino el dinero de vuestro mundillo me imagino que debe ser mucho dinero. ¿Que es lo que has hecho para acabar así? — La invitó a pasar y cerró la puerta tras ella, asegurándose de que todos los pestillos estuviesen bien colocados. — No es que desconfíe de ti, pero necesito saberlo, sino no me voy a quedar tranquila. — Dejó el bolso y su abrigo tirados en el suelo, sin preocuparse demasiado de dejarlo desordenado y se acercó a las ventanas del salón para asomarse. — Es mejor que cerremos todo a cal y canto, luego me pondré a curarte esas heridas.
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Sam J. Lehmann el Mar Nov 21, 2017 11:10 pm

Aunque no estuviese ni de lejos en el lugar más seguro de todos y fuese consciente de que ahí fuera habían dos personas dispuestas a capturarla fuese cuales fuesen las circunstancias, ella se sentía segura. Encontrar una mano amiga en estos tiempos, al menos para ella era terriblemente difícil y, ahora que habían conseguido desviar la pista, volvía a respirar con sosiego. Era consciente que todavía le quedaba irse, pero al menos no tendría que esperar corriendo y huyendo.

Esbozó una sonrisa de lo más curiosa y divertida cuando le nombró el busto de Freddy Krueger. Debía de tener unos gustos la mar de extraños como para tener un busto de ese señor tan feo. —¿No te asustas cuando entras y ves a ese señor tan feo? —preguntó divertida. La verdad es que fiarse de ella era como fiarse de una muggle y, a decir verdad, ahora mismo no había persona en la que pudiese confiar más que en un muggle. Teniendo en cuenta como están las cosas en el mundo mágico... Samantha había hecho un poco cruz y raya a todos los de su sociedad. Cada cual era peor y, aquellos en los que podía confiar, estaban demasiado lejos de ella. —Lo más peligroso que estará en tu casa seré yo. Para ti, me refiero. Te espera un asiento VIP en el paraíso después de haberme ayudado, en serio. —Y es que Sam ahora mismo solo se podía imaginar de dos maneras si no fuese por ella: corriendo y huyendo, o desarmada, amarrada y de camino el Ministerio.

Subió las escaleras detrás de Coraline con tranquilidad, aún con la varita en la mano. Ni se había dado cuenta de que todavía la tenía, pero es que a pesar de la sensación de tranquilidad, todavía estaba con todos los sentidos alerta. Conjuró un tenue Lumos para iluminar mejor el paso de ambas cuando la chica sacó el móvil.

A punto de entrar en la casa, Cora le hizo una pregunta la mar de interesante. Pasó al interior de la casa, escuchando como lo cerraba todo detrás de ella. La pregunta había sido interesante porque no sabría como explicársela, ya que suponía que ella asumiría que si valía tanto dinero, es porque había hecho cosas horribles como matar o algo por el estilo. Y, por favor, no. Sam no era capaz ni de matar a una mosca, literalmente. —¿Qué sabes de nuestro mundo? Porque no sabría explicarte. —Sam tenía la teoría de que si valía tanto era por dos razones: la primera, que era una legeremante competente y eso podía llegar a ser muy peligroso; y la segunda que ya había utilizado su habilidad con varias personas, por lo que su peligrosidad estaba justificada. ¿Pero era mejor eso, o matarlos? Y claro... decirle a una persona que no sabe de magia que tiene la habilidad de leer mentes, quizás haga que no se sienta del todo cómoda en su presencia. Ninguno lo estaría si se cree que la otra está leyéndole la mente. Y lo menos que quería en ese momento era que se emparanoiara sin saber nada y asustarla.

Dejó de emitir luz en su varita y la guardó, acercándose a la ventana contigua a la que se encontraba Cora para ayudarla a cerrarlas. Sam no apostaba mucho por la inteligencia de aquellos dos tipos, pero estaban tan obsesionados que lo mejor era hacer como sugería la chica: pasar desapercibidos. Que no pareciese que en ese piso había nadie. Allí, en la oscuridad, contestó. —En realidad no he hecho nada. Cuando todo cambió me limité a esconderme y como soy nacida de muggles, automáticamente estaba en busca y captura. Me querían meter en prisión solo por no tener un linaje de magos en mi árbol genealógico, así es como van las cosas en el mundo mágico —le dijo con sinceridad y tranquilidad. En realidad era gracioso. Sam era bruja siendo hija de muggles y Cora era muggle siendo hija de personas mágicas. Lo que eran las ironías de la vida. —Muggles significa gente no mágica —dijo entonces, por si no lo sabía, sonando quizás un poco apurada, ya que podía ofenderle ya que ella era una persona no mágica. Esto de hablar con una squib era más complicado de lo que esperaba. —Pero no he matado ni herido de gravedad a nadie, si es a eso a lo que te referías... —añadió finalmente. —Eso lo suelen hacer ellos.

Ni se había dado cuenta de las heridas que tenía, pues se había olvidado de ellas, no obstante, nada más volver a nombrárselas las notó, mas no le dolieron. —No me duelen, no te preocupes. —Se llevó la mano sin cuidado a la que tenía en el ojo y, al tocársela, sí que le dolió un poco. Más bien le ardió. Se miró el dedo y tenía sangre seca. Normal después de toda la carrera que acaban de hacer. Miró entonces a Coraline, sin poder ocultar su reacción al darse cuenta de que quizás eran peor de lo que parecían. Sam no era mucho de hechizos sanadores, ya que se le daban fatal, ella era más de ungüentos mágicos, pero obviamente no tenía ninguno a mano y juraría que apenas le quedaba en 'su casa'. —Bueno lo retiro, ahora que me lo has recordado y soy tan imbécil de tocármelas, sí que duele un poco —confesó divertida. —¿Hay algo más en lo que pueda ayudar? —Quería ayudar en todo lo posible después de todo lo que le estaba ayudando ella, pero obviamente no estaba en su casa y, como buena invitada, se limitaría a seguir a la anfitriona a menos que ésta le diga lo contrario.
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Coraline I. Murphy el Jue Nov 23, 2017 11:35 am

Coraline se tuvo que reír, la verdad es que si se había llevado mas de un susto al ver el busto de Freddy en medio de su salón, sobretodo cuando llegaba por la noche con unas copas de más después de haber pasado el rato en el pub del señor Byrne, al cual por cierto tendría que hacer una llamada para  tranquilizarle. Sabía que el hombre estaría preocupado por ellas, siendo capaz de ir hasta su casa a comprobar que estuviesen bien y, sinceramente, no le apetecía demasiado recibir ninguna visita en aquellos momentos y mucho menos tener que dar explicaciones. — La verdad es que si, al principio me asustaba bastante pero me hace mucha compañía. Como puedes ver vivo sola, por no tener, no tengo ni animales. — Señaló a su alrededor, mientras Freddy miraba a ambas con una divertida mueca dibujada en su rostro de plástico. — Además, también me sirve para colgar el abrigo ¿Ves? — Se acercó al busto y cogió la chaqueta que había dejado tirada en el suelo anteriormente para ponerla encima de la cabeza.

Mi madre era muggle, pero mi padre y mi hermano son magos, así que lo poco que se es gracias a ellos. Y digo poco porque en cuanto me enteré de que no iba a recibir mi carta para ir a Hogwarts me desentendí totalmente de vuestro mundo. — Se encogió de hombros, años antes le resultaba difícil hablar sobre aquello, pero ya había superado el dolor que le provocaba ser "defectuosa" como solía decir su hermano. — Connor, mi hermano, siempre contaba maravillas del colegio y mi padre me explicó alguna que otra cosa sobre el ministerio de magia, pero poco mas. Llegó un momento en el que todo lo que me decían me entraba por una oreja y me salía por otra. — No esperaba que Sam comprendiera el porqué de su actitud, estaba segura de que otros squibs se sentían fascinados por todo aquello y pese a no tener magia se debían sentir afortunados por pertenecer en parte a ese mundillo. Aunque también tenía por seguro que había mas de un amargado como ella que había querido renegar de todo aquello, al menos hasta ahora.  Y es que al fin y al cabo, su padre y su hermano eran su familia y se preocupaba por su bienestar y el saber que podían estar teniendo problemas debido a todo lo ocurrido no la dejaba dormir.

Escuchó a Sam y, dios, como la comprendía. Ella también se había sentido atacada por ser diferente, aunque lo de la rubia era muchísimo peor. Estaba entre la espada y la pared, por lo que comprendía que debía ser una situación muy difícil para ella. — Lo se, no tienes pinta de ser una asesina ni mucho menos. — Le puso una mano sobre el hombro de forma comprensiva, intentando de animarla en cierto modo.  — Se que no es comparable, pero comprendo como debes sentirte ¿Sabes? todo esto me parece tan... Anticuado. Incluso racista, es como si los nazis hubiesen vuelto a las armas. — Era la mejor forma que tenía la morena de comprender todo aquello, comparándolo con lo ocurrido en la segunda guerra mundial. — Quiero que sepas que puedes contar conmigo, es una locura porque nos acabamos de conocer pero... Te entiendo y quiero ayudarte todo lo que pueda.

Esperaba que aquello de que tenía un lugar VIP en el paraíso fuese real, porque con la racha que llevaba acabaría yendo hacía allí muy pronto. Aún recordaba lo que había hecho por Ezra como si hubiese sucedido ayer, desde aquel momento se propuso ayudar a los demás sin miramientos.  — No, ya esta todo. Siéntate aquí en el sofá mientras voy a por el botiquín y vemos que podemos hacer con esas heridas. También te traeré algo de ropa para cambiarte, te has manchado bastante. — Y es que la sangre era muy llamativa.

Dejó a Sam en el salón y terminó de cerrar las persianas y cortinas de su apartamento, para a continuación ir al baño en busca del botiquín y después a su habitación. Abrió el armario y rebuscó entre su ropa algo cómodo para la chica. No estaba demasiado segura de que ambas llevaran la misma talla, pero la verdad es que menos daba una piedra, así que cogió unos leggins deportivos, un jersey fino y una sudadera de Viernes 13, la mas calentita y confortable que tenía. Volvió al salón a toda prisa y dejó los trastos sobre la mesita auxiliar, mientras se remangaba las mangas de su jersey. — No me juzgues, esta sudadera es lo más cómodo que hay aunque de un poquito de miedo. — Sonrió levemente. —  A ver, empezaré a curarte y luego puedes cambiarte de ropa si quieres. — Se sentó a su lado en el sofá y comenzó a sacar los artilugios que contenía el botiquín, lo más básico para cualquier urgencia. Empapó un algodón con alcohol y cuidadosamente limpió la herida del rostro de la rubia. — ¿Tienes algún lugar seguro donde ir? Si quieres, esta noche puedes quedarte aquí y mañana te acompañaré donde haga falta.
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Sam J. Lehmann el Lun Nov 27, 2017 1:25 am

Bufó divertidísima al ver como la morena cogía la chaqueta y la colgaba encima del busto de Freddy. Era el típico objeto aparentemente inútil que termina teniendo una función diferente a la que se supone que debe de tener. Pero ya me dirás qué clase de persona se queda admirando un busto de Freddy, que no es que sea precisamente hermoso. —No es por nada, pero creo que le has encontrado la función perfecta a un objeto sin función. —Cuando no estaba en casa estaba destapado para asustar a los ladrones y cuando estaba dentro, bien tapado para no llevarse sustos inesperados. Era un plan infalible.

Le contó la relación que tenía con el mundo mágico y, para ser sinceros, vio totalmente lógica la decisión que tomó desde que supo que no sería bruja. Al menos ella, si hubiese tenido esa vida, hubiera preferido optar por una vida totalmente muggle, puesto que vivir entre dos mundos sintiendo que no perteneces a uno de ellos... debía de ser, además de una puta mierda —hablando mal y claro—, tremendamente frustrante, ya que tu familia sí lo era. No sé, después de todo lo que había visto... hasta parecía la decisión más sabia no unirte a un mundo tan caótico como era el de ellos. —Si llego a estar en tu lugar, sinceramente... creo que hubiera hecho lo mismo —admitió, empatizando con ella sin ningún problema. —¿Y por qué has cambiado de parecer en el peor momento de la historia? Quiero decir... ahora porque pasas desapercibida y en principio no te consideran un problema, pero si te pillan ayudando a fugitivos o metiéndote en asuntos mágicos, podrían ir a por ti —preguntó con verdadera curiosidad.

La legeremante sonrió ligeramente, asintiendo con la cabeza con agradecimiento cuando la morena le dijo que no parecía una asesina. ¡Vaya, alguien que lo veía! Al parecer todo el mundo mágico ve en sus carteles a una despiadada y sádica mujer capaz de matar. Con la cara de pan y bollito de azúcar que tenía, ¿cómo narices podían esperar eso de alguien como ella? Si ni a una mosca podía matar. —¿Verdad? —dijo, coincidiendo con ella con lo de los nazis, riendo por el evidente parecido. —Es surrealista. La gran mayoría de todos los magos que están detrás de esta locura son puristas y siempre se han sentido por encima de los muggles, considerándolos la raza inferior. Y mira... —Negó con la cabeza, alzando las cejas incrédula. —Son tan imbéciles como para cometer los mismos errores que ellos, aunque en vez de quemarnos, nos meten en una prisión en donde experimentan con nosotros. Wow. —Sonó irónica y enfadada, aunque no le duró mucho, ya que Cora parecía tan dispuesta a dar tanto por una causa que sólo le iba a traer problemas, que Sam no pudo más que relajar el gesto y mirarla. Hacían falta más personas así de dispuestas en el mundo mágico. —¡No deberías! —le 'regañó' divertida. No era consciente de dónde podía terminar como la pillasen ayudando al enemigo del Ministerio. ¿Pero qué iba a hacer Sam? ¿Ser una antipática que rechaza su ayuda y le dice que no haga eso porque se mete en un lío, después de lo que ha hecho por ella? Sin duda ha demostrado tener más agallas y coraje que cualquier mago que se esconde y no parecía la típica mujer que desconoce a lo que se enfrenta. —Pero gracias, en serio. No voy a ser la idiota que pretenda hacer creer que no necesita ayuda —añadió finalmente.

Obediente, se sentó en el sillón cuando la chica se lo propuso. Sam estaba alucinando no solo con su predisposición en ayudar a una desconocida, sino también con la atención que le estaba prestando. Era extraño, ya de por sí que una persona tuviese esa actitud, ¿pero encima una squib que había decidido renegar de un mundo al que creía no pertenecer? Al menos a la rubia le había creado intriga. No se conocen a personas así todos los días.

No fue hasta que la morena le dijo que se había manchado hasta que se dio cuenta de que el suéter que llevaba, que no era precisamente de un color oscuro, tenía manchas allí en donde le habían dañado. Mientras escuchaba a la chica pasear por su casa —algo normal en la vida—, Sam se puso a ojear toda la sala de estar, desde cómo estaba organizada hasta lo bien recogida que la tenía. Era admirable. Cada vez que entraba en la casa de alguien —que era bien poco— le entraba una nostalgia increíble por no poder ni ir a su propio piso.

Se pasó un mechón de pelo por detrás de la oreja al observar la sudadera que le había traído, volviendo a sonreír divertida. —Creo que puedo suponer sin miedo a equivocarme que te gusta el cine de terror, ¿no es así? —Intentó adivinar, con un guiño divertido. Sam odiaba ese tipo de películas porque le daba miedo. Bueno, le daba miedo antes, cuando tenía televisión y podía ver pelis, pero después de todo el miedo que ha pasado últimamente, a lo mejor ya se ha inmunizado. Dejó la ropa a un lado y se colocó frente a la chica, notando como la herida escocía cuando la limpió con alcohol. Se limitó a cerrar ese ojo y fruncir un poco el ceño, sin quejarse. —Bueno... seguro seguro... —Ya se reía por no llorar. Su vida era surrealista, en serio, cuando la contaba en voz alta se daba cuenta de ello. —Cambio de localización cada dos o tres días y me quedo en una caseta de campaña. Hasta el momento nadie ha dado conmigo nunca, así que podría decirse que tiene cierta seguridad garantizada. Y gracias por todo, en serio, pero mañana me intentaré aparecer al irme, no quiero que corras el riesgo de que te vean conmigo. —Vamos, se sentiría fatal no, lo siguiente. —¿Eres consciente de lo que puede pasarte si te pillan ayudando al enemigo? —preguntó ya más en serio, mirándola directamente a sus ojos, al menos con el único ojo que mantenía abierto en ese momento.
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Coraline I. Murphy el Mar Nov 28, 2017 3:55 pm

Todo aquello le daba mucho que pensar a la morena, haciéndole recordar todo lo que había vivido hasta entonces y como estaba su propia situación familiar. Por mucho que lo intentara no podía seguir ignorando todo lo que había hecho y que su familia estaba siendo buscada al igual que Sam; es mas, probablemente ella también lo acabaría estando a corto plazo si seguía ayudando a gente como ella. — Solo espero que ese dictador vuestro no lleve bigote... — Bromeó para quitarle hierro al asunto, aunque era una tarea bastante difícil. Sobretodo ahora que tenía la cabeza tan ocupada, intentando mantenerse concentrada en las curas de la rubia y en sus propios problemas internos.

Bueno... Hace tiempo ayudé a un amigo squib como yo que también estaba siendo perseguido, así que ya llevo un tiempo metida en esto aunque no quiera reconocerlo. — Y no sabía que había pasado con el, que era lo peor de todo y lo que la traía de cabeza. — Dejé de saber de el así que no puedo decirte donde está ahora mismo, solo espero que siga vivo. — Bajó la mirada un momento, era una tontería disimular que aquello no le entristecía ni que era uno de los motivos por los cuales no podía quedarse de brazos ante alguien con la misma situación que Sam o similar. — Además mi padre y mi hermano son fugitivos como tu, es mas, quizás les conozcas y todo. Pero también tengo el mismo problema, no se nada de ellos. Mi hermano ha estado atosigándome para hablar conmigo hasta hace poco, pero ya ni de el tengo noticias. — La espera y la incertidumbre eran lo peor, el no saber como se encontraban las personas que mas quería la acabaría matando.

Terminó de limpiarle la herida del rostro y aplicó un poco de yodo para que cicatrizara pronto. Rebuscó en el botiquín para encontrar una tirita y solo pudo dar con unas de Hello Kitty que ni si quiera sabía que tenía. — Epero que te gusten los gatos y el color rosa. — Sonrió mientras le mostraba el envoltorio de la tirita antes de colocarla sobre la herida. — Me encanta el cine de terror y Hello Kitty, por lo visto. — Lo primero era cierto, lo segundo... Ya no tanto, aunque debía reconocer que en mas de una ocasión había usado productos de la famosa gata. Eso le hizo preguntarse si en el mundo mágico también utilizaban esas cosas o tendrían algún equivalente a la gata animada. Absurdo ¿verdad? pero mejor eso que seguir pensando en que Ezra, Connor y su padre podrían estar muertos mientras hablaba con ella.

Está bien, si dices que es un sitio seguro confiaré en ti. De todas formas me gustaría saber algo de ti después de todo esto, para ver que estás bien y que no te han seguido. ¿Usas teléfono móvil o algo así? — Básicamente porque ella no tenía lechuzas ni podía utilizar otro tipo de correspondencia que no fuese muggle y no quería quedarse con las ganas de saber si iba a estar bien o no. No, con Sam no le iba a ocurrir lo mismo que con sus seres queridos. — Se que me juego el pellejo, pero... ¿Que otra cosa puedo hacer? Si no te hubiese ayudado te habrían hecho daño y no me lo podría haber perdonado, además ya estaba metida de cabeza en todo esto. Además ¿Tanto se esforzarían en ir a por una squib metiche? Al fin y al cabo es el único delito que he cometido, meterme donde no me llaman. — Coraline se engañaba a si misma, sabía perfectamente lo que podía pasarle pero le daba miedo admitirlo en voz alta.

Terminó de curar las heridas de la rubia, dejándolas desinfectadas y bien protegidas para que no se le abrieran de nuevo al rozarse con cualquier cosa. — Listo, operación concluida. — Le sonrió y se levantó recogiendo las cosas. — Te dejo un momento a solas para que puedas vestirte, si quieres puedes pasar a mi habitación, está al fondo del pasillo. Tengo posters de películas, no te asustes al verlos. — Caminó hacia el baño para guardar el botiquín y se paró a medio camino. — Por cierto, si quieres comer algo podemos preparar algo o pedir a domicilio. Así luego puedes descansar tranquila hasta mañana.
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Sam J. Lehmann el Vie Dic 08, 2017 4:39 am

Bufó divertida. —El nuestro está calvo, tiene de mascota una serpiente y se cree amo y señor del universo —le respondió con una sonrisa. No, no era Hitler, pero teniendo en cuenta como estaban las cosas... era mucho peor. Sopesó la idea de contarle a Coraline la de asquerosidades que había hecho, pero se lo ahorró. ¿Qué necesidad había de meterle miedo a una chica que podría mantenerse al margen? —Se hace llamar El Señor Tenebroso o Lord Voldemort. Lord. Ahí va todo su ego. —Parecía que hablaba en plan coña de él, pero si Sam ve a ese señor frente a ella... se cagaría de miedo.

Escuchó sus experiencias con el resto de personas relacionadas con el mundo mágico, aunque esta vez con un squib. Qué casualidad que justamente dos personas que deberían de haber sido mágica, se viesen en el compromiso de ayudarse mutuamente frente a problemas mágicos, ¿no? Sin duda la suerte les había pegado una patada en el culo a esos dos cuando nacieron. —Ahora mismo es que pueden estar en cualquier sitio... Y si te digo la verdad, lo mejor que hacen es no contactarte. Nadie quiere arriesgarse a poner en peligro a las personas que quieren —le contestó, intentando empatizar con ella y con los que estaban en situaciones mucho más desfavorecidas. —Y tu familia... si son fugitivos, es normal. No me extrañaría lo más mínimo que hubieras sido vigilada al principio de todo esto cuando ellos se declararon fugitivos. Normalmente el Ministerio mandaba a vigilar a los familiares por si los buscados contactaban con ellos —le advirtió.

Aunque se le antojaba hasta como un acto benevolente que el Ministerio hubiera dejado en paz a una squib. Era, después de todo, algo malo para la nueva sociedad que querían implementar, ¿no? De ella podría salir un mago sangre sucia que ensuciara el hermoso mundo que quieren crear... Pero bueno, no iba a quejarse por algo bueno que hacen los malos.

Por casi no se parte de risa cuando, con ese tono de voz, dedujo que también debería de gustarle Hello Kitty. —Soy más de gatos reales, pero me vale —dijo afablemente. Fue gracioso que Coraline confiase tan fácilmente, pero claro, ¿qué iba a hacer? ¿Ir a comprobar a la fábrica abandonada en la que se quedaba que su caseta de campaña fuese anti-robo? Era complicado. Le pareció un gesto cargado de ternura que quisiese saber más de Sam después de eso. En un principio le parecía una tontería, por el riesgo innecesario, pero después de saber que su familia había dejado de tener contacto con ella —a saber por qué razones—, al igual que su amigo... Pues, ¿cómo iba a decirle que no? —Sí, uso móvil. No sé si sabrás que los magos solemos usar lechuzas para mandarnos cartas, pero actualmente eso es un suicido —le dijo, haciendo una pausa para sonreír. —Te lo puedo dar, por si algún día necesitas que te devuelva el favor.

La idea de que creyese que 'sólo era una squib', no sabía si era buena o mala. ¿Debería explicárselo? ¿O mejor no meterle miedo? Bueno, qué tontería. Tal y cómo vivimos, mejor que lo sepa todo. —No es ser sólo una squib. O sea... no te asustes, ¿vale? Pero en los medios mágicos no paran de salir noticias de personas que entran en prisión por delitos más pequeños que ser simplemente un squib. De hecho, he visto a gente a la que encierran sólo por ser un squib. —Suspiró, intentando no sonar agresiva ni alarmada, más bien tranquila. —Quiero decir... si no han venido a por ti es porque no eres un problema mayor, pero eres un problema menor. La sociedad de mierda que intentan integrar está basada en un mundo cargado de linajes mágicos puros y de ti podría perfectamente salir ese eslabón que 'ensuciaría' su preciado trabajo. No sé si me estoy explicando... esto es muy complicado... —Es como explicarle a alguien qué es un 'televisor' si no tiene ni idea de tecnología. —El caso es que si resaltas, terminarás molestando. Y si molestas, no durarán en quitarte de en medio. Por eso he sido tan pesada todo este tiempo...

Y no dijo más nada, ya que tenía la sensación de que había hablado más de la cuenta. Soltó aire lentamente, ya que odiaba dar malas noticias. Con las heridas sanadas gracias a Coraline, el momento de enfermera concluyó. A Sam, por su parte, le daba vergüenza quedarse en la casa de ella después de todo, además de cambiarse e incluso cenar. Con lo que le costaba ya dormir en 'su zona de confort', se imaginaba lo poco que iba a dormir ahora además en una casa ajena. Pese a ello, decidió tomar como un regalo todo lo que estaba haciendo por ella. Cogió la ropa que le había traído, para ponerse entonces en pie. —Creo que después del Freddy Krueger y esto... —Señaló la sudadera—, ya estoy curada de sustos.

Pasó entonces al interior, cerrando tras ella y vistiéndose con las nuevas prendas mientras observaba toda la habitación. La verdad es que los poster daban un poco de mal rollito, ¿eh? ¿No se asustaba al despertarse y ver eso de repente? Si Sam se asustaba al abrir el ojo por la noche y ver el montón de ropa sobre la silla, pensando que era un asesino en serio expectante por clavar el cuchillo, no se imaginaba abriendo un ojo a intempestivas horas y ver a ese señor mirándote con cara de asesino. Dobló su ropa y se sintió una rapera malosa con aquella gran sudadera, sorprendiéndose de que los leggins le hubieran quedado tan bien.

Al salir, fue directamente hacia donde estaba Coraline. —En serio, ¿cómo duermes tranquila por las noches? Yo será que me despierto en un estado mental de ameba retrasada que no soy capaz de procesar que el asesino del poster es de mentira y no real. Dormiría a base de mini-infartos —confesó divertida. —Y no te preocupes por pedir comida. Si tú vas a cenar, yo con un sandwich voy más que servida. O con un yogur. —No, no era mucho de cenas muy copiosas. Eso sí, era de desayunos de típico gordinflón americano. —¿Te ayudo con algo? Y tenías razón, es super calentita —dijo en referencia a la sudadera, pasándose un mechón de pelo por detrás de la oreja.
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