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Bienvenida a la familia [Fly Chadous]

Drake Ulrich el Mar Sep 19, 2017 1:06 am


Me encontraba tranquilamente este viernes en el refugio dando una clase sobre cómo utilizar correctamente los hechizos que derribaban al enemigo, ya que mucha gente tenía una idea desacertada de ello. Estaba siendo una clase bastante amena y divertida y había asistido más personas de las que me hubiera imaginado. Me encontraba tan a gusto que cuando vi entrar el patronus del erizo por la puerta me quedé medio en shock. Por una parte porque me había recordado que nada era normal por mucho que lo pareciese y que en realidad estaba ahí encerrado intentando que no me matasen y que... ALGO IMPORTANTE PASABA. Hacía mucho, mucho tiempo que Fly no me mandaba ningún patronus. Y ese erizo solo podía ser de ella.

De la confusión, un niño de quince años consiguió derribarme con un expulso, haciendo que me estampase directamente contra una pared de la habitación. El patronus, amablemente se acercó hasta mí para darme el mensaje que tenía.

"Ya viene", dijo con la misma voz que Fly.

Me levanté de golpe de aquel lugar como si nada hubiera pasado y no me hubiera dado un fuerte golpe en la cabeza. ¡Eso qué importaba ahora! ¡Tenía otras cosas en las que preocuparme! Tenía ganas de gritar a los cuatro vientos que iba a ser padre y que la clase de cancelaba por razones evidentes, pero no pude. De la emoción simplemente salí corriendo de allí en busca de lo necesario para presentarme allí.

***

Entre que tuve que adivinar —o más bien asumir por lo que había hablado en otros momentos con Fly— que estaba en San Mungo y dado que evidentemente yo no podía presentarme en San Mungo con tanta facilidad, tuve que idearme un plan. Al menos en San Mungo las cosas parecían estar más tranquilas porque muchos de los sanadores eran imparciales y se limitaban a hacer su trabajo, pero aún así estaba un poco trabado por el hecho de que si alguien medianamente listo sabía que Fly estaba de parto... lo lógico es que si tiene relación con su marido, éste asista, ¿y si había alguien? Lo menos que quería era meter a Fly en problemas precisamente AHORA. Temía que pudiera haber algún metomentodo que pudiera jodernos más todavía la vida.

Pero volví a asumir que Fly, como era sin duda la mujer más inteligente que conozco, su parto prematuro lo sabrían las personas justas, ya que nadie se esperaba que el niño —¡O NIÑA!— fuese a nacer casi tres semanas antes de lo esperado.

Así que me tomé una poción que me creaba un par de arrugas más, además de ponerme el pelo blanco y los ojos de un color azul y le robé el uniforme de sanador a uno de los fugitivos que estaban allí en el refugio. Lo mejor que podía hacer ahora mismo era disfrazarme de un sanador y hacerme pasar por uno de ellos, ¿no? Porque otra manera de entrar en San Mungo no había y me negaba a utilizar una poción multijugos la primera vez que voy a ver mi hijo —¡O A MI HIJA!—, que parece que su padre no está con él.

Así que me desaparecí en la entrada de San Mungo, haciendo el protocolo necesario para llegar al interior lo más rápidamente posible. Una vez en el interior me puse la mascarilla para que mi rostro se viese menos y me dirigí a recepción. Observé con cierto disimulo el nombre de la mujer que se encontraba allí y la saludé con naturalidad, como si la conociese de toda la vida.

Buenos días, Alice. ¿Serías tan amable de decirme en donde está la paciente Fiona Tatianna Shadows? Está de parto y se necesita de un especialista urgentemente. Me ha llegado un aviso de que está teniendo graves problemas. —Me inventé sobre la marcha.

Ella me miró extrañada y antes de que pudiera decir nada, di un pequeño golpe sobre la mesa.

Alice, es urgente. —Soné más severo. —No quiero que esa pobre mujer sufra más de lo debido. Date prisa. —¡DATE PRISA, JODIDA LENTA DE MIERDA! Esto es cuestión de vida o muerte. De mi vida o de mi muerte, porque me va a dar un infartito.

Después de mi insistencia, se vio más cooperativa, mirando en el registro la habitación en la que se encontraba. ¡Estaba tardando la vida en llegar! Entre prepararme, llegar, que esta mujer era más lenta que un desfile cojos, que mi propio sudor de los nervios no paraba de hacerme resbalar… ¡Aquello era un estrés! Pero gracias a Merlín, aquella mujer con complejo de tortuga inválida, me dio la información que debía saber.

Me fui de allí rápidamente para buscar la habitación y, tras unos minutos en donde me perdí allí dentro, di con ella. Estaba super nervioso. Ella iba a estar ahí dentro. Apoyé la oreja en la puerta para ver si escuchaba algo pero… no escuché nada. Así que abrí la puerta lentamente y como vi que por el pasillo aparecía un doctor y yo estaba siendo muy sospechoso, entré rápidamente a la habitación. Y claro, una vez dentro de la habitación pude ver cómo me miraban todos los que estaban allí dentro y… ninguna de las personas era Fly. De hecho era una señora gorda en la cama mientras un señor le miraba una horrible cosa que tenía en el dedo gordo del pie. ¿Era eso pus? ¡IUGHHHHHHHH!

Perdón me he equivocado. —Salí de la habitación y me di cuenta que, evidentemente, la puerta era errónea y era la que estaba en frente. No era 31C, era 31D. El estrés es lo que tiene.

Entré esta vez disimuladamente sin hacer ruido, viendo la cabecita de Fly hablando con un par de sanadores que le contaban que todo estaba yendo bien, de espaldas a la puerta. Estoy cien por cien seguro de que si me ven, sabrán que no soy el sanador de confianza de Fly. No puede ser. ¿¡Había llegado tarde!? Soy el puto típico. Me cago en la puta. Esto de ser fugitivo es una puta mierda. Me odio. ODIO LA VIDA. A hurtadillas caminé hasta el baño de mala hostia para que no me vieran, esperando a que se fueran.

Esperé algo así como dos minutos con la oreja pegada en la puerta —aunque no escuché nada—, y salí cuando escuché la puerta cerrarse. Primero asomé la cabecilla para cerciorarme y vi solo a Fly. Salí y… AÚN ERA GORDA. Me quité la máscara y me acerqué a ella con una sonrisa enorme, sentándome en la silla al lado de la camilla.

Pensé que había tardado la vida y ya habrías dado a luz porque mi hipocondriaca mente pensó que vendrías a San Mungo ya al límite… —dije con alivio, sujetando una de sus manos con las dos mías y dándole un beso en la frente. —¿Cómo estás? ¿Cómo va todo? ¿Te sientes bien? ¿Necesitas algo? —En realidad no tenía buena cara. Pero la más mínima.
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Fiona T. Shadows el Miér Sep 20, 2017 9:31 pm

¿Dónde se había metido aquel inútil? En el maldito refugio. Porque, claro, no podía pensar que en nueve meses – por desgracia, menos – llegaría al mundo su primer hijo. Había decidido que era una muy buena idea eso de poner su vida en riesgo y acabar perdido en Azkaban para, finalmente, fugarse y vivir como un fugitivo a la sombra del Ministerio de Magia y de toda la sociedad mágica. Porque así era Drake. Un maldito egoísta que no pensaba las cosas.

O eso era lo que Fiona, en su desesperación, pensaba.

Joder, ¿Cómo no iba a pensar algo como aquello en ese momento donde su útero estaba deseando escupir un maldito alien para que luchase con predator en una película que bien podría ser de Serie B con ese título? ¿Cómo no iba a pensar eso cuando sus hormonas se estaban montando una fiesta en su interior haciendo que su estado de ánimo fuese una completa locura durante los últimos meses? ¿Cómo no iba a pensar eso cuando… ¡Ah, contracción! Apretó los ojos y frunció el ceño. Apretó los puños y se cagó en la puta madre de todo ser humano, animal o cosa que estuviese cerca. Incluidos los monos de Drake, que había encerrado en su habitación porque se estaban volviendo locos con el panorama que había escaleras abajo.

- ¡Tienes que ir a San Mungo!

- ¿No me jodas? – Alzó la vista con cara de pocos amigos. Señalando lo que era obvio.

- Fiona, no hables así a tu madre. – Dijo un William que veía el telediario en el comedor. Como si la cosa no fuese con él. Era  más importante ver la televisión, como si no tuviese una en su maldita casa.

- ¡Joder!

- ¡Fiona!

- ¿Qué? ¿Quieres que sea educada cuando un alien quiere atravesar mi estómago? – Tan irónica como de costumbre.

- Yo tuve que dar a luz a dos críos insufribles, sé lo que es eso. Así que deja de quejarte, aún no estás de parto. Aún quedan dos meses para que…

- ¡No quedan dos meses! – Gritó al sentir la siguiente contracción. El dolor era insoportable y era como si un calambrazo recorriese todo su cuerpo partiendo de su columna vertebral. - ¡Joder!

- ¡Fiona!

- ¡Beberly!

- ¡William! – Gritó el hombre lanzando el mando del televisor al suelo para mirar a las dos mujeres. - ¡Vamos a San Mungo! ¡Ya!

* * *

Como era de esperar viniendo de una primeriza, la cosa no fue tan rápida como Fiona había creído al notar todo aquello golpeando las paredes de lo que, según ella gritaba, era su estómago. Porque aquello parecía estar alojado en su estómago. Además, ¿Cómo iba a estar de parto cuando quedaban dos meses para que aquello sucediese? Ella pensaba que había comido demasiado, hasta que se había dado cuenta que no había comido apenas aquel día por el estrés y aquella opción era inviable.

- Por lo menos le quedan seis horas.

- ¿Qué, qué? – Preguntó como si no hubiese escuchado nada. – Mira, no me jodas. Esto es San Mungo. Dame una maldita pócima mágica para que esto salga o me voy a un maldito hospital muggle a que… - La contracción llegó impidiéndole continuar hablando.

- Será mejor que se relaje. – Dijo la enfermera intentando ser amable. – Su madre insiste en pasar y…

Beberly se había logrado abrir paso entre la seguridad para entrar en la habitación con su hija. Gritando: “soy su madre” por toda la sala hasta que había logrado entrar. Una mujer que lograba pasar desapercibida, por supuesto.

- ¿Cómo no me habías dicho que estabas en contacto con Drake? ¿Cómo se te ocurre ocultarnos algo así? A tu padre casi le da un infarto. – Mentira, su padre había encogido los hombros y había apagado la televisión al oír como Fiona conjuraba el patronus para avisar a Drake. – No nos dices lo del embarazo, no nos dices que sigues hablando con Drake… ¿Qué más nos estás ocultando?

- Que tu hijo está dando por culo por alguna parte. – Sonrió de manera irónica.

- Deja de reírte de mí, Fiona. – Dijo Beberly muy molesta. Fiona se giró sobre la cama demostrándole a su madre que no iba a seguir hablando con ella, por lo que esta se marchó de allí dejando a su hija sola ante el peligro. El peligro que quería salir entre sus piernas bañado en sangre.

Cuando la puerta se abrió asumió que Beberly volvía a necesitar explotar con su habitual verborrea. Se giró con cara de pocos amigos hasta que vio a Drake. Una sonrisa se dibujó entre sus labios, aunque poco tiempo atrás hubiese tenido ganas de coger una de las sillas cercanas y estallarle la cabeza con ella.

- No me hagas contestarte eso. – Contestó con cara de pocos amigos. Joder, ¿Cómo iba a estar? – Pensé que no vendrías. – Suspiró. – Cuéntame algo que me distraiga entre contracción y contracción. Porque como no me distraiga voy a ir a por la enfermera a lanzarle un imperio para que me dé algo para que esto salga ya.
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Drake Ulrich el Vie Sep 22, 2017 12:12 am

Una vez estuve junto a Fly, los nervios misteriosamente desaparecieron en cuanto esbocé una natural y sincera sonrisa al verla. Era consciente de que a medida que pasase el tiempo iba a tener más y más nervios, pero aquellos que me agobiaban por los pasillos mientras la intentaba buscar habían desaparecido por completo. No sé, ahora que estaba con ella tenía la ilusa sensación de que no nos podía pasar nada. Irónico, ¿no? Irónico porque soy lo que más le pone en peligro de todo lo que le rodea, pero luego a su lado yo siento que no podríamos ser más fuertes. La vida era irónicamente cruel. Aunque al menos en aquel momento yo no lo notaba. Sujetaba una de las manos de Fly con las dos mías, transmitiéndole todo mi apoyo.

¿Cómo no iba a venir? —Si me habían metido en Azkaban por salvar a unos desconocidos, sin duda valdría la pena volver a ese sitio de mierda por ver nacer a mi hijo y estar junto a Fly en este momento. De eso no tengo la menor duda. Si me había arriesgado por cosas que no me importan tanto... por las que sí iba a llegar hasta el fin del mundo.  —Creo que tú todavía no sabes lo mucho que yo te quiero, ¿no? —Esbocé una pequeña sonrisa, dándole un beso en los dedos de la mano que sujetaba. —Me obligan a vivir lejos de ti, pero no te iba a dejar sola en este momento. Y menos mal, ¿fueron tus padres los que escuché hace un momento? —Fly tenía una relación complicada con sus padres... en realidad eran sus padres los que eran complicados teniendo en cuenta cómo era Fly. Pero bueno, teniendo en cuenta que por regla general ya la sacaban un poco de quicio, no quería ni imaginármela teniendo que lidiar con ellos en una situación así.

No quise sonreír ante su amenaza de lanzarle un Imperio a la enfermera, ya que no procedía, pero en realidad veía tan capaz a Fly de hacer eso que no me extrañaba lo más mínimo que la próxima vez que entrase por la puerta tuviese la varita en la mano y una amenaza todavía más clara.

Pues tu patronus me llegó en medio de una clase y... ¿sabes cómo me quedo yo cuando de repente algo me sorprende y no me cuadra, no? Así como medio agilipollado y sin poder coordinar pensamiento y movilidad a la vez... —Resumí lo gilipollas que era cuando de repente me quedaba en shock. Fly me había visto muchas veces así, desgraciadamente. —Un niño de quince años aprovechó mi momento de debilidad para estamparme contra la pared y creo que me va a salir un gran chichón en la cabeza. De hecho, ahora me estoy dando cuenta de que salí corriendo de la clase como si me estuviese cagando sin dar explicaciones a nadie... —Fruncí el ceño y luego me encogí de hombros. —Pero bueno, los dos sabemos que soy experto en desaparecer de las escenas porque me cago repentinamente. —Reí divertido.

Yo podía estar hablándole de todas las gilipolleces que quisiera para intentar que no pensase en nada más que en tonterías entre contracción y contracción, pero algo me decía que entre más importancia le diese al embarazo, probablemente antes saliese eso para adelante, literalmente. Además, yo acababa de llegar y aún tenía que saber por qué narices estábamos en el hospital como dos meses antes de lo estipulado, ¿no se suponía que el bebé nace nueve meses después de haberlo concebido? ¡Se supone que se quedó embarazada en diciembre!

Sé que no quieres enfocarte en el embarazo y luego te voy a buscar lo que necesites o te hablo de lo que tú quieras, pero... ¿qué haces aquí tan pronto?, ¿no se suponía que el bebé vendía para septiembre? —pregunté preocupado. —¿Hay algún problema?
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Fiona T. Shadows el Sáb Sep 23, 2017 3:25 pm

Pasar aquellos momentos previos al parto en compañía de sus padres no era lo mejor que podía imaginar. Su madre tenía tan mal carácter como ella pero a eso tenía que sumarle que era una mujer un tanto paranoica y capaz de sacar de quicio a cualquiera en cuestión de segundos. Su padre, por su parte, era bastante despreocupado por lo general y parecía que su cerebro se había ido de vacaciones cuando algo pasaba a su alrededor y no reaccionaba. Pero a fin de cuentas, eran sus padres. Esas personas que siempre habían cuidado de ella aunque su carácter hubiese sido horrible y les hubiese mandado a la mierda en más de una ocasión.

Por suerte, su madre no tardó en ser consciente que lo mejor que podía hacer era dejarle su espacio a su hija. Aún quedaban horas para que se pusiese de parto porque los médicos de San Mungo se negaban a administrarle ningún tipo de poción que acelerase el proceso. Lo que hacía que Fiona se plantease irse a un hospital muggle para que le pusiesen ese extraño medicamento que los muggles utilizaban para adelantar el proceso.

La suerte aumentó cuando la puerta se abrió y, para su sorpresa, no fue una madre insistente la que entró por ella. Tampoco una enfermera que hubiese cambiado de opinión, por desgracia. Sino que se trataba de Drake quien, una vez más, ponía en peligro su vida y la de los demás dejando atrás el refugio para estar ahí. Pero en aquella ocasión, a Fiona no le importaba ni lo más mínimo.

- Mi madre. – Corrigió. William apenas se había atrevido a entrar en la habitación porque soportar a mujeres ya era complicado pero ni imaginar cuando estaban de parto. Quizá por eso había decidido no intentar tener más hijos tras el primer y único parto de su mujer. – Está tocando las narices por ahí. Estaban conmigo cuando te mandé el patronus así que ahora está paranoica perdida pensando en el peligro en el que estamos todos, que no confío en ella por no contarle las cosas… Lo de siempre. Si supiese que Matt está en el refugio creo que me hubiese matado aún llevando dentro a su nieto.

No pudo evitar sonreír ante las palabras de Drake. Era totalmente imaginable aquella situación donde Drake se quedaba mirando a la nada al no entender lo que estaba pasando a su alrededor. Y lo de recibir un golpe… También lo veía como algo probable. En su cabeza había aparecido la imagen de un Drake ataviado con el uniforme de Quidditch de Hufflepuff subido sobre su escoba que, al ver como marcaban diez puntos a su equipo, se quedaba petrificado sobre la escoba y se llevaba un golpe de bludger directamente en la cabeza.

- Seguro que tenía once años pero te da vergüenza admitirlo. – Dijo bajando la voz como si pretendiese que Drake no escuchase sus palabras.

Se sentó en la cama, dejando sus piernas colgando mientras miraba a Drake. Frunció el ceño ante su pregunta, ¿Qué parte de mantenme entretenida no había entendido? Ya tenía suficiente dolor en cada parte de su cuerpo para que encima Drake le estuviese recordando que estaba agonizando en el hospital.

- Me aburría en casa y dije, mira, me voy a visitar San Mungo que me han dicho que tiene un área recreativa de lo más interesante. Y era mejor que estar en casa, claro. Aquí me lo traen todo hecho. – Dijo de manera irónica antes de pegar un pequeño brinco para saltar de la cama. Se sujetó el vientre con sendas manos y comenzó a caminar descalza por la habitación dando vueltas. Había oído que una buena manera de adelantar el parto era andar. Y ella estaba andando – Que mido un metro y medio y ahora mismo es más fácil saltarme que rodearme, por ejemplo. No me vale la ropa así que les he pedido que ya me saquen a esta cosa de dentro. Además, tengo ardor de estómago. – Rodó los ojos y frenó en seco. Otra contractura. Respiró profundamente cerrando los ojos y volvió a abrirlos para caminar, como si nada hubiese sucedido. – Se debe de aburrir ahí dentro y quiere salir. Es lo normal cuando tu madre es enana, tu padre es medio gigante y además está perseguido por la justicia causándole ansiedad y estrés a su madre.
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Drake Ulrich el Miér Sep 27, 2017 12:20 am

Los padres de Fly, al menos a mí, siempre me habían tratado muy bien y me habían dado cierta sensación de... seguridad. No es que fuesen las personas adultas en las que más confiaría, pero no de esas a las que le ocultaría parte importante de mi vida. Entendía que fuesen paranoicos dada la situación actual de la vida de sus hijos, pero también era comprensible que se sintiesen terriblemente desplazados cuando su única hija que queda viva, entre comillas, los intenta mantener siempre alejados de toda su vida. De todas maneras, Fly era mi mujer y yo la apoyaba en todo, aunque sus padres me diesen un poco de pena. Además, su madre a veces se ponía insoportable y esa mujer también debía de entender que no es que Fly esté pasando por el mejor momento de su vida.

Entiendo que esté paranoica perdida. Si ya de por sí tu situación es complicada... que sigas en contacto conmigo solo hace que se complique todavía más —dije, justificando un poquito la preocupación de su madre. —¿Aún no se ha enterado que Matt sigue vivo, en serio? —¿Y ese señor a qué estaba esperando para decirle a su madre que está vivo? ¿Está demasiado ocupado con su nueva novia o algo? Menudas prioridades. —Creo que lo único que quiere tu madre es tener un poco de atención de la única hija que cree que le queda viva. Aunque yo entiendo perfectamente que tú no quieras y menos por cómo están las cosas.

Bastante se arriesgaba Fly teniendo el bebé sin dejar de verme, como para encima involucrar a sus padres en ello. Yo, al menos, tenía bien claro que por mucho que adorase a mi familia, ahora mismo había que definir un gran muro entre ellos y yo. Una cosa es que yo me arriesgue porque quiero y yo pueda salir mal parado, a que eso pueda ocasionar una desgracia en todos mis seres queridos.

Meh, meh, meh —dije con retintín cuando intentó que no escuchase lo que dijo. —Pues seguro que tenía once años. Yo desde que me gradué en Hogwarts, para mí todos los peques tienen quince años.

Yo ya había hecho la pregunta sobre su estado en aquel momento consciente de que me respondería con ironía y con una desgana abismal, por lo que su tono de voz ya era el esperado. Eso sí, verla caminar por la habitación de aquella manera mientras hablaba solo hizo que yo la mirase sonriendo. Aunque ahora mismo fuese una bolita enana, estaba tan preciosa como siempre. Eso de tener un hijo le sentaba bien. Además, verla así era como una especie de sueño hecho realidad, ¿vale? ¡No que sufra, no soy tan sádico! Sino el hecho de que esté regordeta porque está a punto de tener a mi hijo. No sé, ¿era un pensamiento egoísta? Que a ver, si yo pudiera tener hijos los tendría, pero claro... no sé, simplemente verla así me hacía sentir terriblemente alegre.

Cuando tuvo la contracción me intenté acercar a ella cuando estaba justo en medio, pero cuando ya me puse a su lado, ya había pasado. Me limité a terminar de escucharla.

Tiene sentido —respondí con lógica después de todo lo que había dicho. Todos eran factores que al final favorecían al hecho de que el niño saliese antes, no solo por el tamaño, sino también por el estado de la madre.

Ella me había pedido que le sacase otro tema para no estresarla más de lo que posiblemente ya estuviera y yo le iba a hacer caso como buen marido que soy. Además de que dentro de lo que cabía me había dejado bien claro de que no había de lo que preocuparse y que todo era medianamente normal. Probablemente nuestro hijo iba a tener que estar en San Mungo varios días hasta que tuviera un peso normal, ya que es bastante prematuro, pero yo solo esperaba que a excepción de eso, todo saliese bien.

Retrocedí de nuevo un par de pasos, atento a Fly pero dejándole libertad para que andase en círculos todo lo que necesitase para relajarse o lo que sea que estuviese haciendo.

¿Te acuerdas cuando estábamos terminando sexto curso en Hogwarts? Bueno, en realidad fue ese verano —comenté a decir, recordando un momento en especial de cuando éramos unos adolescentes, por mi parte, enamorado. —Viniste unas semanas a Italia aprovechando que mi madre estaba en el país por no sé qué evento familiar. Ella discutía con mi hermano mientras le pegaba collejas porque decía que como tuviera nietos de él, seguro que salían tontos. Y claro, cuando fuimos a la playa después, yo te hablé de que cuándo fuésemos grandes, seguro que a nosotros los hijos nos salían listos. —Reí divertido. —Me acuerdo que yo siempre dije que quería tener dos con posibilidad de sumarlo a tres y que tú siempre me mirabas con horror. ¡Normal! Teníamos diecisiete años. Seguro que hasta me pegaste y ese fue el inicio de que todas las veces posteriores cada vez que sacaba el tema niños me dieses una hostia, ¿verdad? —Bromeé divertido—.  Y también recuerdo que hablamos de cómo llamarlos, ¿tú te acuerdas? Yo recuerdo hasta los nombres. —Pero no añadí nada más, a la espera de que me dijera si ella lo recordaba o no.

En realidad habíamos hablado del tema "niños" infinidad de veces ahora que éramos adultos y poseíamos una vida estable juntos y con idea de que sea para siempre, pero no era lo mismo. No hablábamos de sueños a largo plazo, ni de los nombres ideales de nuestros posibles retoños ni mucho menos de la cantidad. De adulto lo único que piensas es: quiero hijos o no quiero hijos. Fin. Y nuestros años anteriores se resumían a yo intentando convencerla de que tengamos uno. Pero ese recuerdo era especial. Era la primera vez. Esa vez en donde empiezan a hablar de cómo sería la vida perfecta.
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Fiona T. Shadows el Dom Oct 01, 2017 7:28 pm

Teniendo en cuenta que Fiona casi había matado a su hermano sin necesidad de ayuda de varita cuando había descubierto que había fingido su propia muerte, era mejor no imaginar cómo reaccionaría la mujer que lo había tenido durante nueve meses en el útero y tenía que haber soportado su infancia y adolescencia cuando aquel crío había sido insoportable desde antes de empezar a hablar. ¿Con esa información podía imaginar Drake por qué Matt aún no había tenido las pelotas suficientes para afrontar su propia muerte? Porque su  madre lo habría matado por el disgusto que le había dado con su muerte. Por Merlín, si aquella mujer se había pasado dos meses sin salir de casa diciendo que aquello era una falta de respeto para su difunto hijo. ¡Y eso que llevaban años sin hablarse!

- Hombre, ha tardado casi nueve meses en enterarse que su hija estaba embarazada y eso que salta a la vista que esto no es porque me haya puesto hasta el culo de pizza. – Dijo señalando su vientre, el cual abultaba más que su cabeza. Aquel niño ya parecía ir encaminado a tener el tamaño de su  padre y eso no era bueno cuando la persona que lo tenía dentro no superaba el metro sesenta. Es más, ni lo alcanzaba. – Que sí, que sí. Que quiere atención, como todas las  madres. Pero… Joder, Drake. Que una cosa es querer atención y otra ser subnormal y mi madre ya ha pasado esa… - Pausa para contracción. Respiró profundamente cerrando los ojos. – Esa estrecha línea. Ahora debería relajarse para que yo no me estrese más, porque lo único que está consiguiendo es que me estrese más. Y, llámame paranoica o dime que he perdido la cabeza, pero esta situación no es precisamente relajante. – Señaló su vientre una vez más. Joder, es que tenía al hijo de un fugitivo de casi dos metros de altura en el vientre. Sí, lo más preocupante era el tamaño de ese niño y su posible capacidad de hacer estallar su estómago. ¿Cómo se arreglaba eso luego?

¿Qué tipo de padre iba a ser si pensaba que todos los niños tenían quince años? Por Merlín, capaz le daba una charla sobre cómo se hacen los niños a su futuro hijo cuando apenas supiese hablar sólo porque ya consideraba que tenía quince años. ¿Cómo alguien podía ponerse tan paranoico solo por las hormonas del embarazo? Al final le iba a dar una maldita taquicardia de tanto pensar. O una embolia.

No dudaba que estar en el útero no fuese el sueño de cualquier no nato. Era un lugar calentito, con nutrientes y donde no tenías que preocuparte por qué ponerte cada día. Y tampoco te tenías que cruzar con ningún gilipollas aunque siendo un bebé eso todavía no era una preocupación. Al menos, no demasiado. Los bebés pueden lanzar babas y morder con sus encías a medio fabricar a cualquiera y que nadie les juzgue. Joder, si los niños podían cagarse y mearse literalmente encima de alguien y nadie le daría la mayor importancia.

- El mundo está ahora como para tener niños. Si yo no quería tenerlos antes, ¿Te imaginas que ahora querría? Esto es una locura, Drake. Joder, ¿Por qué estoy embarazada? Sabes, esto duele de la hostia. Me duelen las rodillas, los tobillos, la espalda… Tengo ardor de estómago hasta en los nudillos. Me duele respirar. Como se nota que los tíos no tenéis que soportar esto, sino os dejaríais de tantas ganas de poblar el mundo. – Dijo con mal carácter y es que aquella situación no era precisamente la mejor de la historia. Sí, tenía un dolor que no podía ya con él. Quería que le quitasen ya ese tumor llamado niño de encima. – Perdona. Espero que tu hermano nunca te haga tío, ese día será un día negro para la humanidad. - ¿Alguien se imaginaba a Gary (con semejante nombre de chiste) siendo padre? Eso era una desgracia en toda regla. – Emily. – Se rió de aquel nombre, pues realmente iba más de la mano de su antigua compañera de Hogwarts. – Julie, Adriana, Scarlett, Shelby… - Drake siempre había querido tener una niña y Fiona… Fiona había querido tener unos cuantos erizos, pero el embarazo había llegado sin avisar. – Y Gabriella. ¿Y si sale niño qué? Emilio, Julio, Adrian, Scarlott, Shelbo y Gabriel. – Esperaba que no fuese ni Scarlott ni Shelbo porque aquellos nombres eran feos en femenino y mucho peor en masculino.
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Drake Ulrich el Miér Oct 04, 2017 4:50 am

Quizás era un poco cruel por mi parte decirlo pero... en realidad tenía ganas de reírme de todo lo que estaba diciendo Fly. Seguramente uno de los motivos es que soy imbécil, sí, pero yo votaba más por el hecho de que cada vez que me pongo nervioso tiendo a reírme y siempre me ha hecho mucha gracia escuchar a Fly echar peste de la vida con su irónico humor, siempre y cuando la ironía no venga dedicada a mí. Sin embargo, como soy un buen marido, intenté no reírme demasiado, solo esbozar una pequeña sonrisa que intentaba disimular.

En realidad me daba pena Bervely, pero sí era verdad que un poco pesada sí que era. Y muy dramática. En verdad era normal que Matt todavía siguiese escondido cual cucarachilla.

Sí, debería relajarse y tú también. Ya no te hablo más de cosas intensas, prometido —prometí, sobre todo al ver la cara que ponía cada vez que le daba una contracción. Eso ya parecía ser lo suficientemente doloroso como para estarme metiendo yo por medio con gilipolleces que la pusieran nerviosa.

La verdad es que una de las cosas que más me preocupaban a mí en ese momento era no poder estar con ella cuando llegase el momento. Quería estar a su lado por si pasaba cualquier cosa y poder sujetar su mano mientras intenta romperle los huesitos de mis dedos al empujar, pero algo me decía que eso sería poner todo en peligro. Me había tomado par de cosas para intentar no parecerme a mí, pero igualmente era un poco sospechoso que un señor aleatorio estuviese en el parto de Fly y que llorase al nacer el bebé. Porque yo soy de esas personas que llorarán, ¿vale? Lo veo venir.

Ya sabía yo mejor que nadie que Fly no quería tener hijos por nada del mundo, por lo que podía hacerme una ligera idea de por lo que estaba pasando en plan mental, ya que físicamente no quería ni intentarlo. No dije nada por miedo a que me comiera y se volviese más bolita, por lo que decidí contar una historia. Y una sonrisa super amplia iluminó mi rostro cuando se acordó de todos los nombres. Si es que hasta siendo una bolita malhumorada me robaba el corazoncito, jopé, acordándose de esas cursiladas. ¡Si el de esas cosas cursis siempre era yo!

Solté una carcajada divertida cuando pasó los nombres a masculinos.

Si sale niño Shelbo. ¡Adjudicado! —Reí divertido. —Y caerá en Hufflepuff y le harán más bullying que a mí. Quita, quita. La verdad es que de niños no me gusta ninguno. Si nos sale con pene... —Como quién dice si saldrá con los ojos azules y el pelo negro. —Eliges tú el nombre. Te dejo ponerle Erizo. —Volví a reírme por mi propio chiste DE MIERDA. Porque era un chiste de mierda. Pero ya digo que estoy nervioso y todo me hace gracia. —Y si es niña... todos esos me gustan. Menos Shelby. Ahora después de reírme de Shelbo ha perdido encanto.

En realidad creo que entre mis favoritos TOP estaban Gabriella y Emily, pero realmente cualquiera me parecería bueno. Aunque ahora que mi referencia de Emily es una vampiresa que bebe sangre —obvio, no va a ser una vampiresa que bebe sudor—, pues como que Emily ya tenía un algo especial que no me convencía para mi hija. De todas maneras, lo ideal es ver la carita del bebé y decir: 'a este pequeño ser le pega el nombre de...' Y que el propio niño te lo diga con su mirada, con su llanto o con su cara de niño feo. Porque en verdad todos los bebés son feos. Dentro de un rato yo diré que mi hijo es precioso, pero es mentira, estoy nublado por el amor paternal, pero seguramente sea una pasa arrugada y super fea.

¿Crees que cuando llegue el momento, pueda pasar contigo? Es que en verdad sé que no debería. ¿No parezco tu primo segundo de Ibiza con el que tienes un montón de relación? —Alcé ligeramente los brazos, con un gesto triste. No hacía falta decir lo MUCHO QUE ME JODE perderme ese momento, pero bueno, en realidad ya venía asumiéndolo desde hacía tiempo.
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Fiona T. Shadows el Jue Oct 05, 2017 3:53 pm

¿¡PERO CÓMO IBA A RELAJARSE!?

Por Merlín y toda su extirpe. Por Albus Dumbledore y sus calzoncillos de patitos de goma. Por las malditas reliquias de la muerte y si hacía falta hasta por el maldito escritor del Monstruoso Libro de los Monstruos. ¿Cómo iba a relajarse? No sé, la situación no era digna de tomarse una tila mientras tomaba el fresco viendo cómo las palomas comían el pan que las viajes la lanzaban cual lanzadoras profesionales de jabalina. Tampoco era para hacer ganchillo mientras veía la teletienda y acababa por comprarse una máquina para hacer zumo de naranja sin necesidad de naranjas (sí, la baja por maternidad daba tiempo para ver la teletienda hasta las cuatro de la madrugada). ¡No, joder! Estaba casada con un maldito fugitivo y día sí y día también tenía a algún energúmeno aburrido del Ministerio dispuesto a hacerle las mismas preguntas que el día anterior como si su declaración hubiese cambiado. Estaba viendo diariamente como sus compañeros de trabajo eran detenidos, en el mejor de los casos interrogados, y luego enviados a Azkaban. ¡O al Área – M! ¿En serio Drake pensaba que podía relajarse con algo así? No, no. Ella no era ninguna dramática. La dramática era su madre que el mayor problema que tenía era un hijo subnormal por el que no había cobrado la pensión de discapacidad intelectual durante treinta malditos años. ¡Eso no era un problema!

- Tarde. Ya lo has hecho. Menos mal que no le has dado la razón a mi madre o… - Miró por la habitación. Joder, no sabía cómo se llamaban la mitad de las cosas y así no había quién amenazase con golpear o lanzar. – Te tiró ese palo con bolsa de plástico de ahí. – No tenía pinta de ser pis porque no tenía color amarillento, parecía algún tipo de suero pero casi que era peor decir “te tiro el palo con la bolsa del suero” porque seguía sin saber cómo se llamaba el palo.

¿Un hijo llamado Shelbo? Teniendo en cuenta que estaba segura que su hijo o hija iría a parar a Hufflepuff, aquel niño tenía garantizado el bullying desde el día que pusiese un pie en Hogwarts. Como Drake corroboró luego en voz alta. Si es que el pobre niño con ese nombre no merecía caer en una casa mejor.

- No es mal nombre. – Siempre había querido tener un erizo y el día que lo tuvo fue la persona más feliz del mundo así su hijo le recordaría en todo momento que un día llegó a tener un erizo. Un erizo que sobrevivió, no como sus tortugas. ¡Malditas tortugas! – Erizo Shadows. Y ya tendrá un hermanito en casa. Y dos primos monos con nombres extraños. ¿Cómo te quejas de Shelbo con esa mierda de nombre que les pusiste a los monos? -  Joder, eran nombres raros. Y eso que ella jamás había sentido especial aprecio por el suyo propio. – No, no. Decides ahora.

Buscó en uno de los estantes destinados a que los enfermeros y médicos dejasen sus papeles y cogió un par de folios. Empezó a mirarlos por sendas caras y todos resultaban estar escritos por lo que terminó cogiendo uno cualquiera y doblándolo por la mitad sin importarle que se tratase de una receta médica o del alta de algún paciente. Aunque no, no era ninguna de esas dos cosas pero Fiona nunca lo sabría. Acababa de darle a Drake un papel para que escribiese el nombre elegido y en el reverso estaba el análisis de un tal Ian Howells que estaba preocupado por si había pillado alguna enfermedad sexual. Problemas de aquel chaval que nunca recibiría sus resultados o… Podía que eso fuese una copia.

- Toma, escribe ahí el nombre que has elegido. – Cuando Drake terminó de escribir, Fiona hizo lo mismo en el otro lado del papel y, sin mirar lo que Drake había hecho, dobló el papel en más mitades y lo guardó en la mesilla de su camilla. Porque aquella bata no tenía malditos bolsillos. Por no tener, no tenía ni botones, porque se le veía el culo por detrás.

Enarcó una ceja ante el comentario de Drake. ¿Tenía un primo en Ibiza y no lo sabía? Y lo más preocupante de todo, ¿Dónde estaba Ibiza? Sonaba a pueblo de cabras con muchas montañas y viejas en sandalias de paja. Pero a saber.

- Podrías… Fingir ser un médico y colarte en la sala. O quitarle un pelo a mi padre, inmovilizarle en el armario y hacerte pasar por él. Porque sería raro que un médico se pusiese a llorar cuando nazca el alien, me refiero. – Estaba claro que Drake iba a llorar. Y Fly del puñetero dolor, lo estaba viendo venir.

La puerta se abrió de par en par y la enfermera volvió. Miró a Drake de arriba abajo y frunció el ceño.

- Dije que nada de visitas. Debes relajarte. – Insistió la mujer. – Y que te estuvieses quieta. Venga, a la cama.

- Pero dicen que así se adelanta…

- ¿Quién sabe aquí de cómo vienen al mundo los niños?

Fiona se quedó en silencio. Vale, sí, la enfermera tenía razón. Se volvió a meter en la cama y se cruzó de brazos con cara de pocos amigos.

- Dame el brazo izquierdo. – A regañadientes, lo estiró en dirección a la mujer quien ya venía con una aguja y cara de disfrutar pinchando. Hija de puta. – Esto acelerará el parto, ¿No es lo que querías? En diez minutos vuelvo y no quiero a nadie aquí, esto está a punto de empezar. – Dijo mirando en dirección a Drake.
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Drake Ulrich el Lun Oct 16, 2017 2:04 am

Yo era consciente de que si por alguna extraña e ilógica razón del destino le daba la razón a la madre de Fly en vez de a Fly, probablemente algún objeto potencialmente peligroso impactaría en mi cabeza como reprimenda de mi esposa. Y mi teoría se vio respalda por su amenaza posterior en donde me quería tirar ese palo con bolsita cuyo interior era un tanto perturbador. Yo alcé las manos en señal de inocencia.

El tema de los nombres era algo muy complicado, ¿vale? Habían personas que se pegaban desde que tenían consciencia y ganas de formar una familia buscando el nombre perfecto para su descendencia. Y yo era uno de esos pringados. Y claro... ahora que había llegado el momento, era terriblemente difícil elegir uno, ya que no le había visto la carita a mi futuro hijo o hija. ¡Y de toda la vida una decisión de esta envergadura hay que tomarla con todas las cosas sobre la mesa! ¡En este caso, el bebé en cuestión para ver si tiene cara de Shelbo, Filipo o Eugenio de todos los Santos.

No son mierdas de nombre, ¿pero a ti que te pasa, señora hater? —pregunté ofendido. —Ya sabes, Poring fue porque antes de entrar a Hogwarts jugaba mucho a los ordenadores y lo saqué de un juego. Y Anatolia porque esa pequeña me la regaló Sven. Y la verdad que después de todo... no me arrepiento, aunque sea un nombre muy feo. —Era un bonito detalle en honor a uno de mis muchos y difuntos amigos. —Pero un niño es diferente, se supone que va a tener una vida independiente llegada a cierta edad y creo que seríamos muy crueles llamando a una persona que intentará ser seria y adulta Shelbo. Los monos es otro caso: son monos. Están hechos para ser gracioso, aunque tengan nombre serios o absurdos.

¡No quería decidir ahora! ¡ARRRG, ES QUE ME PONE NERVIOSO! Me tendió un papel cualquiera que había cogido de por ahí y la miré con cara de pocos amigos, sin ganas de poner el nombre. Suponía que tenía que poner un nombre femenino y otro masculino, porque como ya he dicho: ¡me negaba a llamar a mi hijo Shelbo! Los nombres masculinos los tenía más complicado, básicamente porque siempre había querido tener a una niña, pero aún así tenía mis ideas. Apunté los dos nombres elegidos y se lo tendí a ella para que hiciera lo mismo.

Poco más nos dio tiempo de hablar, ya que la enfermera llegó. Ay, me puse nervioso repentinamente y, de hecho, ahora la idea de coger a mi suegro, inmovilizarlo y quitarle un pelo no era tan mala. Aunque claro, había un pequeño detalle con el que no contaba: no tengo maldita poción multijugos en este momento encima. Puse los ojos en blanco mientras la enfermera estaba ahí con Fly y cuando le recalcó que debía de irme, otra vez, me limité a esperar que ella saliese para acercarme a Fly.

No tengo poción multijugos —le dije. —Pero me las arreglaré para entrar ahí dentro. Tú tranquilízate y respira hondo. Nos vemos en un rato. —le prometí, dándole un besito en la frente para irme de la habitación antes de que volviese a aparecer aquella enfermera y empezase a sospechar.

Salí hacia el pasillo, respiré hondo como si fuese yo quién fuera a parir y comencé a darle a la cabeza. ¿Qué opciones tenía para entrar en esa sala de parto? La primera, como Drake Ulrich. Pero esa está bastante descartada porque no quería que mi hijo fuese huérfano en su primer día. ¿La segunda? Entrar como otra persona, pero estaba la putada de que no tenía poción multijugo a mano para utilizarla e ir al refugio a mendigar por una iba a ser una pérdida de tiempo que no me aseguraba nada. La tercera opción sería entrar como médico, pero para entrar como médico tendría que hacer algo de médico y yo no tengo ni puta idea de cómo asistir en un parto.

Así que solo me quedaba una opción y claro... quizás no era la opción más viable... pero yo creo que es la opción más realista. Tenía que prepararme rápidamente antes de que se llevasen a Fly. Pero sea como sea, yo entraba ahí como que me llamaba Drake Ulrich.
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Fiona T. Shadows el Mar Oct 24, 2017 10:03 pm

A diferencia de muchas otras personas, Fiona no era de esas que se habían pasado toda su vida pensando cuál sería el nombre perfecto para sus hijos cuando llegase a tenerlos en un futuro. Principalmente porque jamás se había planteado tener hijos. Ni siquiera cuando Drake lanzaba al viento doscientas veintidós indirectas sobre el tema. Ni cuatrocientos cuarenta y tres opciones a nombres para sus hijos, nietos y bisnietos que, según él, seguro llegaría a conocer. Pero ahí estaba, con un prominente alien en el interior de su cuerpo que hacía que pareciese una maldita ballena con moraleja. Eso sí, sin ninguna opción para nombre porque ni siquiera en los meses anteriores cuando ya era evidente que acabaría por tener un hijo o una hija, había pensado en ello. Hasta ese momento, no lo había visto todo tan real como realmente estaba siendo.

- ¿Cómo que no? ¿Me estás diciendo que Poring es un nombre precioso? Mira, como si era el nombre de la rata topo que tenía tu padre y que usaba para entretenerte cada mañana cuando desayunabas. Es un nombre horrible. Como llamarse… Eustaquio. Puedes tener cariño a la persona de la que vino ese nombre, pero el nombre sigue siendo feo de narices. – De narices, de eso Voldemort no tendría en unos años. Pero sí, Eustaquio era un nombre feo. Y Poring también lo hace. Pero había nombres peores, no sé, imagínate llamarte Fabio. Es mejor llamarte Poring, sin duda. – Anatolia tiene cierto pase pero sigue siendo feo. Por mucho aprecio que tuvieses a Sven. Además, no creo que llamases a las pelusas que hubiese por tu cuarto Katerina o Alicia, ¿No? – Enarcó sendas cejas. Claro que  no. Lo primero, ¿Quién pondría nombre a las pelusas de su casa? Y, segundo, ¿Quién se las quedaría eternamente guardadas en una caja para que siguiesen siendo pelusas? – Y seguro que no están ofendidas por ello. – Sí, Fiona a veces tenía la sensibilidad en lo que venía siendo el dedo meñique del pie izquierdo. Y no precisamente por su facilidad para recibir golpes de cualquier objeto que se encontrase en su camino.

Frunció el ceño ante aquel comentario. ¡Eso era ofensivo para  los monos! ¿Sólo quería tener mascotas para reírse de ellas? Joder, para eso podía irse a un maldito zoológico.

- Bromeas, ¿Verdad? Se supone que las mascotas están para más cosas que para que tú te rías a su costa por tener nombres graciosos. – En cualquier situación se hubiese reído y dejado el tema a un lado. Pero no en aquella ocasión donde tenía las hormonas haciendo una maldita fiesta rave en su interior.

¡Pero qué estrés tan repentino! En cuestión de segundos pasó de estar caminando por la habitación debatiendo sobre monos y nombres feos para estar tumbada en la cama, con una vía puesta en un brazo y notando aún más como el alien quería salir de su vagina en ese preciso momento. Bueno, lo cierto es que no lo notaba literalmente, era algo más psicológico que cualquier otra cosa. Ay Merlín, la que se le venía encima.  ¡Con lo mal que llevaba ella el dolor físico!

- No no no no no. – Estiró la mano mientras Drake se iba hacia la puerta. Joder, que de verdad se había ido y estaba ahí sola. Menudo problema en el que se había metido. ¿En qué momento había pensado que el sexo era algo divertido? ¡No lo era! A veces aquello podía terminar realmente mal. Ella era el ejemplo claro de lo que podía salir mal con el sexo. Y, lo que era peor, todavía no había llegado el desenlace final en el que tendrían un bebé cubierto de sangre, llorando y pataleando en sus vidas. Y esas cosas comen y cagan. Y lloran. Por Merlín, esas cosas lloran mucho. Y no te dejan dormir. Y tienen cólicos. Y alergias. Y… Que agobio.

- ¿Estás lista? – Preguntó la enfermera cuando volvió a aparecer. – Te vamos a cambiar de sala y esto no llevará más de diez minutos. – Joder, que agonía. ¿Cómo que diez minutos?

- ¿Pero qué tipo de parto es ese? – Preguntó con miedo.

- Tenemos lo necesario para que nuestros pacientes sufran lo menos posible. Si querías tener un parto lago de primeriza podías haberte ido a un hospital muggle. Pero aquí estás, así que esto va a ser rápido y no demasiado doloroso.

- Ah. – No dijo más. ¿Qué decir? Aquella mujer había abierto el cielo sobre su cabeza.

La mujer movió la camilla sobre la que Fiona se encontraba y salió por la puerta por la que Drake acababa de salir, atravesando el pasillo y yendo a una habitación situada a la izquierda de este. Se trataba de una sala bastante amplia con una única cama, la que acababa de entrar en la habitación.

- Los médicos no tardarán en llegar. Ya he dado el aviso. – Dijo frenando el movimiento de la cama e inmovilizando las patas de la cama para que no hubiese ningún imprevisto durante el parto. - ¿Quieres que llame a alguien de ahí fuera? – Preguntó la enfermera.
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Drake Ulrich el Lun Oct 30, 2017 1:19 am

Te perdono porque a cambio de meterte con los muertos, al menos vas a traer una vida al mundo —respondí como si fuera una especie de cura católico perdonando los pecados de los más infieles. ¡Pero mira que Fly a veces era bruta como ella sola! Que deje a los muertos en paz, que bastante tienen que con estar muertos. Aunque seguro que si estuviesen por ahí observando se partirían el culo con todo lo que dice Fly sobre ellos, de eso sí que no me cabe duda.

En verdad las mascotas las tenía por muchos más motivos que para reírme de ellas, pero la diversión era lo primordial en una mascota, ¿o no? ¡Todo el mundo quería divertirse con sus mascotas! Y si tenían nombres feos pues casi que mejor. Aunque he de decir que no les puse los nombre que tienen para reírme de ellas, pero dio la casualidad de que son un poco feos. Menos Poring. Poring molaba.

Pero me fui de allí desde que la enfermera me dijo que me fuera, básicamente para no levantar sospechas. No quería meterla en problemas así que tenía que buscar otra manera de entrar ahí dentro sin poner en peligro a nadie. No podía entrar como Drake ni tampoco podía entrar con otra identidad porque básicamente no tenía poción multijugos preparada para esta ocasión que había llegado repentinamente en un día en el que yo no esperaba ser padre.

Así que tenía que optar por el resto de opciones y, aunque fuese una idea nefasta, la mejor idea era la de convertirme en un médico. Pero claro... yo no tengo ni idea de cómo va eso y no quería cagarla, además de que el equipo de médicos ya estaría preparado para ella y un médico extraño iba a ser muy raro que apareciese repentinamente en medio de allí a dar lecciones o a llorar con una nueva vida que llega al mundo. Así que cada vez veía con más claridad que me estaba quedando sin opciones. De hecho, pude ver como tres enfermeras y un médico entraban a la habitación a la que acababan de trasladar a Fly. ¿Cómo se supone que me planto en el interior de allí sin que nadie sospeche de mí si es que son tan poca gente?

De repente me vine abajo. Sin ideas y sin nada.

En realidad... yo iba muy seguro de que conseguiría entrar pero... cada vez lo veía más negro en medio de aquel pasillo. ¡Y me sentía muy mal! ¿Os podéis creer eso? Nace mi primogénita y no voy a poder verla nacer porque los cabrones que están en el gobierno me consideran una amenaza para el mundo. ¡Yo! ¡Que soy un cacho de pan! Me tiré de los pelos y me dejé caer en una de las sillas de aquel pasillo. ¡Me iba a odiar! Bueno, ya me odio yo, pero Fly me iba a odiar mil veces más.

Apareció Beberly por allí y me levanté rápidamente antes de que pudiese entrar allí dentro, ya que ahora mismo era la única familiar que podía entrar con ella, básicamente porque su padre seguro que le da un mini-infarto si entra allí dentro. Le sujeté la mano para pararla y ella me miró con un rostro sorprendido, ya que no esperaba verme tan repentinamente.

Hola —la saludé con presteza. —No le digas nada borde, dile que no puedo entrar y que la quiero mucho mucho, ¿vale? Tú limítate a darle la mano. No la saques de quicio, hazme ese favor. —Era su madre, estaba cien por cien seguro de que no la sacaría de quicio si no quería y que podría hacer un esfuerzo por su hija y ser UNA MADRE NORMAL.

Siguió de largo tras asentir un poco con la cabeza, entrando entonces en la habitación. Seguro que a Fly le daba un ataque al ver a su madre ahí dentro, pero mejor eso a que estuviese sola, ¿no? ¡LO IDEAL SERÍA QUE ESTUVIERA CONMIGO! Pero dadas las circunstancias, bastante estaba aguantando allí vestido de médico en medio de la nada.

Me senté allí y me limité a esperar, con miles de dudas surcándome la cabeza. ¿Ahora mismo estaría cagándose en todos mis muertos? Seguro que sí. Y yo también me estaba cagando en mis propios muertos. En todos. Ahora no me importaría que Fly se metiese con todos los que tuviese que meterse, ¡pues todos se lo merecían! ¡Qué injusticia! ¿Estaría bien? ¿Saldría todo bien? ¿Sería niño o nina? Por un momento me invadió un sentimiento de curiosidad por saber qué nombre había elegido Fly y la verdad es que después de todo, me daba igual. Como si era Shelbo. Ahora mismo me sentía tan mal por no estar ahí dentro que hasta Erizo me parecía un buen nombre.

Fue poco tiempo, pero a mí la espera se me hizo eterna. Fly me iba a odiar. Pero más me odiaba yo ahora mismo. ¡Arg!
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Fiona T. Shadows el Lun Oct 30, 2017 5:51 pm

La puerta se abrió una y otra vez. Primero dos enfermeras que comenzaron a hablar con la que ya estaba en la habitación y luego un tercer enfermero que parecía no tener uno de sus mejores días debido a su cara de pocos amigos. ¡Encima estaba de mal humor cuando tenía que meterle las manos en la vagina!

-  ¿Ya está entubada?

- Le puse la vía hace más de veinte minutos.

- ¿Ya ha dilatado?

- No lo suficiente. He aumentado la dosis.

- ¿Primeriza? – La mujer asintió a las preguntas del enfermero, quien volvió sobre sus talones hasta el exterior y, cuando volvió a aparecer, lo hizo acompañado de un médico.

- El quirófano dos está disponible. – Miró el reloj situado sobre sus cabezas y luego el que tenía en su propia muñeca. – Siete minutos más e intervenimos.

- ¿Intervenimos el qué?

Pero nadie respondió a su pregunta. Aquello le estaba dando dolor de cabeza. Una maldita embolia. Odiaba no saber qué era lo que estaba sucediendo a su alrededor y todos allí eran demasiado engreídos como para decirle algo. Claro, ellos sabían de medicina. Sabían qué ocurría en situaciones como aquella pero Fiona ni siquiera sabía cuál era su situación.

- ¿El qué? – Volvió a preguntar tirando de la túnica de la enfermera que casi se cae de bruces contra el suelo.

La mujer se soltó y miró a Fiona con cara de pocos amigos para avanzar en dirección a una zona llena de instrumentos que parecían sacados de una película macabra de terror. Y, cuando volvió a donde Fiona se encontraba, colocó una mascarilla sobre su rostro haciendo que la castaña quedase medio inconsciente. Estaba totalmente relajada y sentía un terrible cansancio. Quería dormir y salir de aquel lugar para ir directamente hasta su cama.

- Ha venido la madre, dice que si puede pasar.

- Haz que pase al quirófano dos.

* * *

- ¿Qué haces ahí, hijo? – La voz de William hizo que Drake elevase la cabeza en busca de la persona que se estaba dirigiendo a él. - ¿Estás loco? Como no entres ahí dentro va a matarte, ¿Lo sabes? Y con toda la razón del mundo. Venga, ven conmigo. – William le obligó casi a levantarse, tirando de él hasta la zona en la que Beberly había entrado. – Mi mujer me ha dicho que seguro que no tenía pelotas a soportar ver parir a mi hija. ¡Y una mierda! ¿Qué se habrá creído esa serpiente? Yo pertenecí a Gryffindor, la casa de los valientes, ¿Lo sabías, hijo? Siempre fanfarroneábamos de no tener miedo a nada pero todo se complica cuando te dicen que tu mujer va a parir gemelos y tiene el carácter de Beberly. Pero ya sabes cómo es, se parece mucho a mi Fiona.

Una de las enfermeras les frenó el paso, cruzada de brazos con cara de pocos amigos.

- Área restringida.

- Mire, señorita. Ya sé que usted está haciendo su trabajo pero mi hija está ahí dentro a punto de dar a luz a mi primer nieto. ¿Cree que me voy a quedar aquí de brazos cruzados mientras eso sucede? No, se equivoca. Voy a estar al lado de mi hija y su hermano también lo estará, ¿Verdad, Matt? – Aquellas palabras parecieron doler al hombre, quien dibujó una sonrisa nostálgica. – Así que, quítese ahora mismo de mi camino si no quiere acabar petrificada en el suelo de este pasillo.

La mujer se apartó, como si William acabase de dar la contraseña correcta a la Dama Gorda después de muchos años de haber abandonado Hogwarts y la sala común de Gryffindor.

- Habrase visto, pensaría esa imbécil que iba a impedirme a mí pasar. – Dijo el hombre, refunfuñando y maldiciendo a la enfermera que podía alcanzar a oír todo lo que estaba diciendo.

* * *

Beberly apretó la mano de su hija y le apartó el cabello del rostro.

- Todo va a ir bien cariño, ¿Vale? – Depositó un beso sobre su frente.

Fiona no sabía ni donde estaba. Habían dejado que su cuerpo no sintiese ningún tipo de dolor para facilitar el proceso. Apenas tenía consciencia de lo que pasaba a su alrededor pero sí la suficiente para ver como dos figuras se unían a la "fiesta" tras su madre.
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Drake Ulrich el Jue Nov 09, 2017 8:23 pm

Estaba ahí yo, cabizbajo, con los brazos apoyados en las rodillas y mi cabeza sujetada por los brazos. ¿Sabías que es lo único que me pasa por la mente? La cara que se le pondrá a Fly cuando entre después de que todo haya pasado. No me arrancará la vida porque estará demasiado cansada, seguro, pero si pudiera, ¡seguro que lo hacía! Estaba allí odiándome a mí mismo, cuando de repente apareció mi suegro favorito: William Shadows. Mentiría si dijese que la relación que tengo con mis suegros es mala y, a pesar de que ahora mismo sólo soy un peligro para su hija, seguían ambos aceptándome y, como bien estaba haciendo aquel señor, no solo animándome, sino ayudándome. Después de todo, ahora mismo soy lo único que le sigue quedando a Fly en Londres, aunque esté en busca y captura por la ley y no sea precisamente el mejor apoyo en el que pueda apoyarse una mujer aparentemente soltera y con un hijo.

Me levanté al momento de que William me lo propusiese, persiguiéndole mientras me hablaba. De lo nervioso que estaba, solo me pude permitir bufar cuando William dijo que Fly se parecía mucho a Beberly, algo que yo sabía muy bien, ¿por qué se creían que discutían tanto todo el tiempo? ¡Eran iguales! Aunque Fly siempre lo negaba, porque claro, ¿quién quiere parecerse a la persona que te saca de quicio? Nadie.

Yo me encontraba vestido con una bata y una máscara de médico, básicamente porque me estaba haciendo pasar por un doctor hace un rato para poder ver a Fly, algo que en realidad no importó demasiado porque William me presentó como Matt y Matt podría haber sido perfectamente un doctor familiar de mi mujer que justamente estaba en su horario de trabajo. Se me pusieron los huevillos como corbata cuando la enfermera nos prohibió el paso, pero se notaba que el padre de Fly era Gryffindor, porque no le faltó coraje para mandar la autoridad de aquella enfermera al pozo más profundo de basura y pasar al interior tras llamarme Matt. Me sentí un poco mal pero a la vez bien. Me había tratado como a su hijo y eso me hacía sentirme especial, pero por otra parte, me daba pena que los padres de Fly siguieran pensando que Matt no estaba, cuando en realidad vivía en el refugio conmigo y otros tantos, ¿acaso no pensaba decirle nada nunca el idiota ese a sus padres?

Una vez dentro y tras ver a Fly sobre la cama, le di una cariñosa y agradecida palmadita en el hombro a mi suegro, mirándole con un brillo en la mirada que hablaba por sí solo. La verdad es que ahora mismo estaba demasiado nervioso como para poder hablar, por lo que me acerqué rápidamente a donde estaba Fly, notando que Beberly se apartaba un poco para dejar que me pusiera a su lado. Sujeté con fuerza su mano con las dos mías, mirándola fijamente. Ahora mismo en mi interior había una mezcla entre felicidad que quería ser eclipsada por los nervios que sentía y eso que todavía no había empezado nada...

Es el momento —dijo una enfermera que se encontraba a los pies de Fly, hablando con el médico.

Vamos a intervenir, por favor que solo se quede una persona cerca de la paciente —declaró el médico.

Beberly se hizo hacia atrás, murmurando que mejor que se quedase el supuesto hermano. Mis dos suegros se quedaron en el interior, pero un poco más alejados de donde yo me encontraba, junto a Fly.

Todo iba a empezar, pero algo no me cuadraba. Fly estaba prácticamente ida y totalmente drogada, ¿cómo iba a poder hacer fuerza así? Lo digo desde ya: yo de partos sé nada, pero en las películas siempre se intentaba que la madre estuviese bien despierta para poder empujar y hacer fuerzas por el hijo. De repente me preocupé, ya que ya empezaba a tener sentido eso de 'intervenir'. ¿Habría algún problema y yo no me había enterado?

¿Intervenir? —pregunté entonces a una de las enfermeras. Eso de 'intervenir' sonaba fatal. —No va a poder hacer fuerza en ese estado, ¿cómo se supone que...

La enfermera alzó una de sus manos para mandarme a callar.

Señor Shadows, lo tenemos todo bajo control. Su hermana está en perfecto estado, pero hemos tenido que adelantar el proceso y lo mejor que podíamos hacer por ella era que sintiese lo menos posible. Llevamos mucho tiempo dedicándonos a esto, no se preocupe. —Aunque sus palabras querían sonar tranquilizadoras, en realidad sonaron un tanto prepotentes. Me giré para mirar a mis suegros, a ver si ellos veían normal todo eso.

Pero se va a perder todo el proceso —añadí hacia la enfermera.

Parir no es fácil, señor Shadows. Le recomiendo que se quede al lado de su hermana y la intente mantener despierta. Va a tener que ayudarnos a sacar a ese niño de su interior si no queremos tener que acudir a otras técnicas más invasivas.

¿Pero hay algún problema? ¿Es porque es prematuro? ¿Es eso? —Pero no recibí respuesta alguna.

Me acerqué rápidamente a Fly. ¡No entendía nada! ¿Primero le hacen quedarse tan grogui y luego pretenden que tenga la misma fuerza que de normal? No le encontraba mucha lógica a eso. Quizás tuvieron que recurrir a ese medio por el bienestar de ella, pero no sé...

Sujeté de nuevo la mano de mi mujer, acercándome a su rostro.

Todo está saliendo bien, creo... —susurré con sinceridad. —Yo estoy aquí, pero ambos sabemos que la que va a tener que darlo todo eres tú, ¿vale? Apóyate en mí, rómpeme la mano o úsame para lo que quieras. Voy a estar aquí todo el rato, a tu lado —añadí con ternura, besando la mano que tenía sujeta entre las mías.

Fiona... —dijo el médico entre sus piernas. Menudo lugar, vamos. —Si puedes, empuja todo lo que puedas y mantén la respiración constante. Debes de sentir poco, pero empujar es fácil, es lo mismo que como si fueras a hacer caca.

Si no estuviera tan nervioso, ese comentario me hubiera hecho mucha gracia, pero solo fui capaz de mirarlo con seriedad, ya que tanto misticismo me daba mal augurio.

A la de tres. Una, dos y...

Inevitablemente, yo respiré y miré a Fly.
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Drake UlrichFugitivos

Fiona T. Shadows el Dom Nov 12, 2017 1:04 pm

En cuestión de  segundos pasó de un estado de nervios y estrés a uno carente de toda emoción. El mundo  se había convertido en una maldita nube de algodón ante los ojos de Fiona o al menos esa era la sensación que la castaña tenía mientras se encontraba en la camilla. No notaba siquiera el gotero conectado a su brazo izquierdo con vete tú a saber  qué tipo de poción en su interior. No escuchaba las voces de los médicos hablando de cómo actuarían durante todo aquel proceso y mucho menos la voz de su madre cuando hizo acto de presencia y comenzó a hablar como si su hija fuera plenamente consciente de todo lo que estaba pasando.

No era un parto natural. Era un parto intervenido con magia. Un parto que se encargaba de provocar a la madre el menor dolor posible gracias, precisamente, a esa magia de la que tanto presumían los magos ante el resto de seres vivos y que les hacía sentirse superiores dentro de la misma raza humana. Esa magia que, por vez primera, Fiona consideraba que era verdaderamente valiosa.

De no ser por esa magia, ya estaría con una abertura en la tripa que se encargaría de sacar a su hijo o a su hija de su interior sin poder recurrir a otro método. Su cuerpo no estaba aún preparado para empujar y traer a un niño a la vida por sí mismo. Y el bebé aún no estaba listo para salir a tener una vida independiente del cuerpo de su madre en el exterior. Era todo demasiado pronto. Apenas habían pasado seis meses pero no había más hueco donde el niño pudiese crecer.

Cuando Drake tomó su mano Fiona no fue consciente de lo que sucedía. Todo era borroso ante sus ojos pero lograba distinguir las voces de unos y de otros.

- ¿Matt? – Preguntó en una voz casi inaudible para alguien que no fuese el propio cuello de su camisa. Matt estaba en el refugio, muy lejos de ahí. Matt no sabía siquiera que estaba de parto y estaba segura que de saberlo tampoco haría el más mínimo esfuerzo por moverse del refugio para ir a ver a su hermana dar a luz, acompañarla en el proceso y, en el camino, dar explicaciones a sus padres de por qué había fingido su muerte cuatro años  atrás y tanto tiempo después no había encontrado el valor suficiente para hacérselo saber.

Afirmó con la cabeza a las indicaciones del médico. No sabía ni de dónde iba a sacar esas fuerzas de la que hablaba aquel  hombre pero se tomó aquellas palabras en serio y empujó todo cuanto pudo. Notaba cierto dolor. No era inhumano. No era excesivo. Pero sí suficiente como para que le sirviese para  espabilarse algo más aun cuando seguía viendo borroso.

Su cuerpo comenzó a generar más sudor del habitual aunque el calor no era demasiado en la sala. Apretó con fuerzas la mano del supuesto Matt ya siendo plenamente consciente de que se trataba de Drake y, al mismo tiempo, puso esas fuerzas en empujar para sacar al bebé de su interior.

- Venga Fiona, un poco más. – Rogó el médico.

¿Acaso no se estaba dando cuenta que ella estaba haciendo todo el trabajo mientras él le miraba la vagina? Y él tendría un sueldo por ello a fin de mes mientras que ella tendría que limpiar culos, cambiar pañales y dar la teta a un niño. ¡Ser madre no estaba pagado!

Siguió apretando todo lo posible. Cerró los ojos e intento respirar contando cada tres segundos para intentar que aquello apaciguase el dolor y le diese cierta consistencia al empuje.

Y por fin lo escuchó.

El tan reconocible llanto de un bebé. Aquel horrible berrido que podía volver loco a cualquier persona pero en aquel caso no lo hacía. No era cualquier llanto, sino que era el llanto de su bebé.

- Es una niña. – Dijo el médico cogiendo al bebé entre sus brazos para colocarlo sobre los brazos de Fiona. Toda llena de sangre, por supuesto. Una buena primera imagen de tu hijo bañado en restos humanos.

Una de las enfermeras se acercó por detrás dando un pequeño golpe de varita al bebé, haciendo que la sangre desapareciese y acto seguido, avisó al médico.

- Un kilo cien. – Dijo la mujer, lo que significaba que deberían quedarse durante un tiempo en el hospital hasta que la niña ganase peso pero eso ya sucedería en unas horas cuando Fiona estuviese más consciente de todo y más relajada.

- Gabriella. – Dijo con una sonrisa mirando en dirección a Drake. Estaba realmente agotada pero sin duda aquello se había convertido en lo mejor que le había pasado nunca. No iba a permitir que nada jamás le sucediese a aquella niña.

- Ya pueden pasar. – Indicó la enfermera avisando a los padres de Fiona, los cuales se encontraban algo más retirados.

Beberly y William se acercaron sin pensarlo para estar con su hija y su ahora nieta pero Beberly no lo pensó dos veces a la hora de mostrar su carácter natural.

- Tú y yo ya hablaremos luego, Ulrich.

- Anda, Beberly, deja al chico. – Inquirió William dándole un beso a Fiona en la mejilla antes de guiñarle un ojo a Drake.
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Drake Ulrich el Mar Nov 21, 2017 10:13 pm

Me limité a negar con la cabeza cuando preguntó que si yo era Matt. A ese chico habría que pagarle una millonada y darle una buena patada en el culo para que se presentase en el hospital a apoyar a su hermana cuando está dando a luz, cosa que no iba a pasar ni en tres mil años. Por lo del dinero, ya que la patada en el culo se la daría cualquiera. La miré fijamente, sujetándole con fuerzas la mano sin dejar de mostrarle todo mi apoyo. Estresarla en aquel momento debía de ser lo peor que podía hacer por ella, por lo que no repetí las sugerencias del médico, ni mucho menos le insté a hacer nada. Ella era la madre y quién estaba sufriendo, ahora mismo no había nadie dentro de aquella sala capaz de decir lo que podía o no podía hacer Fly. Y la conocía lo bastante bien como para saber que me prefería callado.

Le aparté los flecos de la frente, respirando casi tan rápido como ella. ¡Estaba muy, muy nervioso! Estaba mudo. Expectante. Inquieto. ¿Y si algo salía mal? Sólo podía mirarla a cara y darme cuenta de que esa PEDAZO DE MUJER estaba ahora mismo trayendo a la vida a mi hijo. ¿Os lo podéis creer? Sí, estaba que no cabía en mí mismo, pero ahora mismo sólo podía pensar en lo mucho que la quería y en lo mal que debía de estar pasándolo.

Vamos, solo un poco más. Tú puedes con esto. —¡Claro que podía! Podía con eso y con cualquier cosa que se le pusiera delante, estaba más que seguro de eso.

Ella continuó dándolo todo mientras yo me quedaba ahí a un lado, dándole apoyo mental, porque vamos... ¡el papel del padre en esta situación es muy inútil, ¿vale?! ¡Me sentía inútil! Ahora más que nunca Fly va a tener argumentos hasta el final de los días para llamarme inútil. ¡Pero claro, no podía hacer otra cosa! En medio de mis nervios en que todo saliese bien, de repente una vocecilla, despertó a la tranquilidad de mi interior. ¿Eso era mi hijo? Cada vez sonaba más fuerte y no pude evitar relajar mi gesto y observar al médico con una sonrisa cuando sujetó a MI HIJA entre sus brazos. Probablemente ahora mismo debía de tener un rostro cargado de amor. ¿Uno se podía enamorar dos veces en esta vida, no?

Me aparté para que le pudiesen dar aquella niña tan pequeñita a mi mujer. Ver aquel momento convirtió mi corazón en gelatina. Me acerqué a ellas, abrazándolas suavemente mientras sonreía a Fly por el nombre.

—Yo había apuntado Shelbo... —bromeé, mordiéndome el labio mientras desviaba la mirada a nuestra pequeña. —No podría pegarle más un nombre.

Y aunque no lo dijera, ¡yo había apuntado Gabriella! Desde bien pequeño me habían encantado varios nombres femeninos y ese estaba entre ellos. Yo era de esas personas que sueña con tener un pequeño equipo de quidditch en hijos —aunque sé perfectamente que es imposible—, pero oye, de sueños se vive. Si cada vez que me metan en Azkaban, Fly se va a quedar embarazada, voy a tener que dejarme capturar más a menudo. ¡Pero a ver, quita estos pensamientos! Yo pensando en tener un jodido equipo de quidditch cuando recién acaba de nacer mi primera hija y estoy aquí viviendo este momento en amenaza de que alguien me reconozca y me delate. Quita, quita. ¡Entre menos hijos, mejor!

Volvieron a entrar los padres de Fly y aunque al principio Beberly en un principio me había dejado respirar dada las circunstancias, ahora volvía a tener ese porte de seriedad. Obviamente, ¿qué madre quiere una amenaza así al lado de su hija y, ahora, su nieta?

Señora Shadows, no dejaría que nada les pasase, aunque tenga que alejarme de ellas —le aseguré, básicamente porque después de lo gilipollas que fui hace unos meses, depresivo perdido por la vida, ya me había convencido de cómo era todo. Y tenía bien claro que ahora mismo Fly y Gabriella eran lo único que importaba, por encima de todo. Y no iba a ponerlas en peligro, aunque ahora esté aquí sin poción multijugos ni nada, ¡nimiedades!

Pero mi suegro sí que era un tío legal. Me caía genial. Y, por alguna razón, sentía que yo también le caía bien a él, por lo que esa reciprocidad se había convertido en complicidad. Entonces volví a acercarme a mi hija. Tenía unas ganas horribles de cogerla, ¿pero sabría yo coger a un bebé? ¿Y si se me caía de cabeza al suelo? A ver, soy un hombre responsable —o no tan responsable teniendo en cuenta en donde estoy— y adulto, debería de saber coger a una maldita bolita de carne arrugada que no tiene ni fuerzas para moverse.

Fui a pedirle a Fly que me dejase cogerla, pero justo al agacharme, apareció la enfermera.

Fiona, usted necesita descansar y el bebé también. —Irónico. ¿No lleva siete meses durmiendo ahí como un puto perezoso? Quién fuese bebé. —Nos lo tenemos que llevar, asegurarnos de que todo esté bien. Va a tener que pasar varias semanas en San Mungo hasta que coja peso. Al ser tan prematuro, tenemos que llevarle un examen exhaustivo para ver como va avanzando.

Me quedé con las ganas y se me había formado ahí en el estómago un 'no sé qué, qué sé yo' muy incómodo. Ya. Sin duda. Mañana voy al mercado negro a comprarme un alijo de pociones multijugos, capturo a un médico cualquiera, le dejo calvo  y me paso las próximas semanas en San Mungo en compañía de mi bebé. Un plan sin fisuras. Infalible.  

Mañana volveré —le dije a Fly.

¡De eso nada! —dijo Beberly. Yo la miré con cara de: '¿en serio, señora?'

Hoy no tengo mi mejor disfraz, pero si lo que le preocupa es que puedan ver a su hija y a su nieta con un fugitivo que casualmente también es su nuero, no se preocupe. Me haré con el mayor alijo de pociones multijugos para que usted esté tranquila.

Obviamente no había nadie ahora mismo allí dentro, ya que los médicos se habían ido y las enfermeras se habían llevado a Gabriella.

Pero no sé, no puede pedirme que me quede encerrado en un escondite mientras sé que mi mujer y mi hija están aquí y ni siquiera he tenido posibilidad de cogerla —le respondí con tranquilidad, tragando saliva, bastante emocionado.
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