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Evans Mitchell el Miér Sep 27, 2017 10:19 am

Reunión del Club de Duelo || Aula Grande


Club de Duelo, allí ibas a parar si tenías el entusiasmo de batirte con la varita, y muchos lo consideraban un deporte en sí (¡porque vaya si no corría  adrenalina!). Si eras diestro en encantamientos, o mejor dicho, si querías serlo, no tenías más que iniciarte entre los miembros del club. Y si pasabas de los hechizos para novatos, luego podías lucirte en los pasillos de Hogwarts con tus amigos, participar en los torneos, ¡incluso ganar medallas!, y claro, empezarías a probar lo que era la acción, el roce, el encuentro, ¡y ay!, irías a darte de bruces con el ego duelista de varios, ¡pero ey! Eso era un deporte sano, no había conflictos, no había rencores, ¡todo era puro divertimento! Y ante cualquier caso, estaban las normas, que TODOS respetaban. Claro, intenta creerte eso y luego ve derechito a llorarle a tu abuela.

Porque si algo se transpiraba durante un duelo, era la competencia. Y bueno, esto no tenía que ser malo. Hasta que sumabas a Evans Mitchell a la ecuación, y el resultado era…

—¡Has atacado antes de empezar!, ¡lo sabes! ¡eso es trampa!—Johan, un alumno de Ravenclaw, estaba tirado en el suelo con la cara llena de pústulas. Sólo que todavía no se había mirado al espejo—Te has quedado caliente porque te he ganado la última y…—Se interrumpió al sentir comezón y se llevó una mano a la cara, asqueado— ¿Qué has hecho? ¡EVANS! ¡No puedes usar este hechizo!

Alrededor de los dos contrincantes, se oía el barullo de otras voces, sumado al intenso trajín de las varitas realizando encantamientos que salían disparados, a veces, con más genialidad que otras, y en algunos casos, ¡tan mal!, que el efecto acababa por ser del todo inesperado. Porque, no era lo mismo practicar un hechizo cuando estás tranquilo y a resguardo tras un gran libro que cuando quieres escupir algo, ¡lo que sea!, porque te quedas sin tiempo antes de que te lancen una ofensa y te echan a volar o salga humo de tu nariz, o vaya a saber.

Y por mucho que rezongaras, la pronunciación siempre debía ser perfecta (a menos que fueras bueno en conjuros silenciosos), y la maniobra de tu muñeca tenía que ser lo más impecable posible. De otra forma, o lanzabas chispas o suerte tendrías de realizar una genialidad por accidente, como el otro día, con el pequeño Tommy, cuando hizo estallar toda una pared. Y él juraba que sólo había querido practicar un ‘expelliarmus’. Algunos lo dudaban.

Como fuera, todos, incluido el profesor, estaban demasiado ocupados como para reparar en que Evans andaba haciendo de las suyas.

—¡Vamos, Jo! ¿A qué viene tanto resentimiento?—exclamó Evans, de perfecto humor, al tiempo que pateaba lejos, bien, bien lejos, la varita de Johan. Porque había que decirlo, la mirada que le había lanzado ese pajarraco le había hecho sospechar que no se estaba tomando muy bien la derrota. Rió—No me culpes si das asco en esto. Tú te lo has buscado. Ahora, lidia con eso.

Algo que le hacía gracia de ese Johan, es que era demasiado ‘noble’ como para enredarse en una trifulca, por rencor o desquite. Lo único que haría era llorar e irse a la enfermería, mariconeando todo el camino. Los ravenclaw eran siempre así. Mucho blah blah blah. Pero eran tan desapasionados con las emociones en general, que no podías ni tener un duelo con ellos sin bostezar en el medio. Bueno, eso es lo que Evans quería pensar en ese momento, porque mejor decir que la ronda anterior la había perdido sólo por distraerse con un bostezo antes que admitir que el otro le había ganado en buena ley.

Ahora, ¿quién sería su nuevo compañerito de prácticas?
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Evans MitchellGryffindor

Abigail J. Grey el Dom Oct 01, 2017 6:29 pm

Los Clubs de duelo. Famosos en el mundo mágico por la “adrenalina” que traspiraban dichas competiciones, al igual que un completo espíritu competitivo. Incluso había quienes decían que era la forma más divertida de usar la magia contra otros, pues, esperando que todos los magos vivieran en armonía, no debería ser lo común existieran enfrentamientos reales entre magos o brujas. Claro que, siendo humanos, eso era algo casi imposible. De todas formas, los duelos eran una extraordinaria forma de usar la magia como deporte, de un modo sano… Y de prepararse, de aprender a luchar con varitas.

Esa era la precisa razón por la que Abigail había decidido inscribirse en el club de duelo escolar. El mundo mágico estaba a punto de sumirse en una guerra entre los partidarios de Lord Voldemort y los que se oponían a él. A la pelirroja y su mellizo les daba igual toda aquella propaganda purista que hacia el señor tenebroso. Pero la chica estaba bastante segura de que, llegado el momento, eso sería lo más irrelevantes. La razón de su pensar se debía a las desapariciones de magos que no eran precisamente sangre sucia, como algunos los llamabas. Asi que ¿Qué impediría que luego fuesen contra cualquiera que no pensara como los mortífagos y su cabecilla? La respuesta era obvia. Y en ese caso, Abi estaba segura de que lugar tomaría. Nadie atacaría a su padre si ella podía impedirlo.

— ¡Protego!
— ¡Scabiem! — Ambas chicas gritaron a la vez, lanzando sus encantamientos. La luz carmesí que salió disparada de la varita de la Hufflepuff chocó contra la barrera de energía de la pelirroja, desviándose de inmediato «¡Depulso!» conjuro en silencio la última, medio segundo después, haciendo un movimiento en la varita que termino con su rival fuera de la zona de combate. Abigail se había hecho bastante buena en los encantamientos silenciosos y, además, era bastante ágil con la varita.

— Oye Abi ¿Qué ese chico de allí no es de tu casa? —
dijo la voz masculina de su hermano, haciendo que la joven se volviera hacia él para mirar hacia donde le señalaba.

— Sí. Lo es. Se llama Johan ¿Por…? —

— Porque el chico con el que está enfrentándose es Evans Mitchell… —
— ¿Y…? —
— Abi. ¡Ese chico le acaba de ganar el primer raund, Evans! Él no es conocido por aceptar la derrota, y no juega limpio… — explico Nathan con énfasis antes de que el silencio imperara momentáneamente entre los hermanos. Abi debía admitir que su hermano había despertado su curiosidad por aquel duelo y ahora no podía dejar de mirarlos.

Vino la reverencia, el tomar las varitas, la preparación, a la cuenta de… Entonces un destello naranja salió de la varita de Evans y le dio de lleno al Ravenclaw, arrojándolo a suelo — ¡¿Pero qué rayos…?! — Estaba sorprendida. El Gryffindor había atacado antes de tiempo. Pero no conforme con eso, había usado un encantamiento de pústulas. Tomando que aquello no era ninguna liga profesional, y que no todos los estudiantes dominaban con eficacia los encantamientos, ese tipo en particular, los que causaban daño físico, estaban prohibido.

¿Estaba seguro el sombrero de que Evans no debería estar con los de Slytherin?

La Ravenclaw bajo de la pequeña plataforma de duelo en la que estaba. Frunciendo el ceño para comenzar a caminar hacia Evans.

— Oye ¿Qué haces? Evs es increíblemente bueno ¡ya viste lo que le hizo a ese chico! — dijo el pelirrojo, intentando detener a su hermana.

— Y yo que juraba que eras un Gryffindor… —
espeto con petulancia la chica, fulminándolo con la mirada. ¿Cómo era posible que fuese tan cobarde siendo uno de los afamados leones del castillo? Lo ignoro por completo y se acercó hasta Mitchell — ¿Qué te parece un duelo conmigo? Ya has demostrado con juego sucio puedes contra un Ravenclaw, de otra forma ¿cómo podrías ganar? Supongo que no seré un buen rival para ti… — dijo con voz audible, subiendo a la plataforma no mayor un codo de altura. Sus ojos estaban clavados el pelioscuro frente a ella.

No estaba segura de estar a su nivel. De hecho, no presumía de ser la mejor duelista del colegio. Pero de algo si estaba segura: Ella también sabia jugar sucio y quería desquitarse lo que le había hecho a Johan.

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Evans Mitchell el Lun Oct 02, 2017 10:58 am

Ah, ¿qué? Evans se volteó, distraído. Y allí estaba, esa tocapelotas, señorita metomentodo. ¡Je!, ¡pero qué buena sorpresa! Mira que estaba empezando a aburrirse. El león entrecerró la mirada, escrutándola, en clara, alta, sonante, burla, fingiendo que se lo pensaba. Y se cruzó de brazos, campante, de buen humor, ¡porque fíjate que estaba de un humor excelente esa tarde!

—¿De verdad? Tú misma lo has dicho. Te aconsejaría que no vayas por ahí dando pena, ¡porque mira que tener una opinión tan penosa de ti misma! No te hace bien al autoestima—dijo, negando con una mano en la barbilla y negando con la cabeza. Evans se te acercaba, te medía, usaba un tono falso. Y claro, decía cosas idiotas, de puro molesto que era—¿Será que perdiste la confianza, Grey? Ah, porque estos deben ser tiempos difíciles para ti, ¿verdad? ¿Qué pasa? ¿Algún problema de cerebrito sin vida social que quieras compartir?, ¿quizá el último libro que leíste te rompió el corazón?

—Abigail, Abi, no importa, de verdad—habló Johan, desde el suelo, levantándose a un tiempo que se cubría un lado de la cara con la túnica, avergonzado y comenzando a resentirse por al comezón. Iría directo a la enfermería, pero no le gustaba que la idea de que Evans se metiera con otra persona, y por su culpa—… Sólo déjalo. Ya sabemos cómo es. Sólo lo alientas si continuas. De verdad, no pasa nada, yo iré a la enfermería…

Evans soltó una risa burlona, para luego aparentar que se cubría la boca con todos los buenos modales de alguien que no quiere dejar expuesto a tremendo cobardica. Se lo veía muy campante, la verdad. Evans Mitchell tenía una de esas caras que tú querías desfigurar a patadas, sólo de lo encantadoras que eran. O al menos, más de uno, no perdería oportunidad en hacerlo, para cobrarse alguna mala pasada. Porque fíjate, ¡lo resentida que podía ser la gente!

—¡Ey, Nat!—saludó Evans, ¡de lo más jovial! Avanzó un poco en su dirección y le arrojó toda su simpatía—¿Cómo es que siempre vas detrás de tu hermana?, ¿no te da pena, hombre? Venga, sólo deja que te suelte. ¿Por qué no nos compañas a mí y a los chicos a Hosgmeade este fin de semana? Si puedes escaparte de tu hermana, claro.

Ay, tú, que buena gente. Sin esperar respuesta, giró sobre sus talones y encaró nuevamente a Grey, obsequiándole con una reverencia que era una burla. Pero para que no se pensaran que no podía ser un caballero, eh. Hizo un rulero con la mano tendida en el aire.

—Después de ti. Te la pondré fácil—dijo, guiñándole en un gesto muy, muy confiado.  



Momentos después, cuando Evans Mitchell no cabía en sí del enojo, como un duende vengativo


Bailaban, diríase que bailaban en la plataforma. Bueno, puede que Grey tuviera la gracia y el encanto, no tanto así con Evans. En su caso, era como querer ensartar la varita en los ojos de una mosca. Estaba rojo, de bronca, de lo salido que lo ponía la situación, pero luego se mordía el labio y le brillaban los ojos, y ahí te dabas cuenta: que le encantaba. Y aunque sus emociones lo hacían impresentable, lo cierto era que en lo que a movimientos de varita concernía, era un artista. Sí, bueno, que se daba aires que no tenía.

Johan tenía que ir a la enfermería, pero en cambio, los miraba desde el pie de la plataforma, un poco asombrado y tenso. En algún momento, Evans había dejado de mover los labios y se había tomado el pequeño traspiés del principio como algo personal. Porque sí, Abigail había hecho que al otro se le subieran los colores, y sobre todo, la sangre a la cabeza. No dejaba de moverse ni un segundo. Se batían a ton y son y era difícil predecir qué vendría a continuación. Con un duelo así, incluso otros se acercaron a mirar.

—‘¡Incarcerous!’



chocolatada:
Quizá no se notó mucho, pero quise dejar implícito que Abigail le hizo ALGO al comenzar el duelo. Algo en desquite a la bravata de Evans, ¿me explico? Desde ya, qué le habrá hecho, es cosa tuya. Puede ser cualquier cosaXD Eso, si te parece, claro.

Mmm ¿Qué más? Ah, Evans también maneja los conjuros silenciosos. Por cierto, ¿querés dados? No es indispensable, la verdad. Pero, a tu gusto. A ver qué sale, ¿ok? Perdón si acaparo mucho la situación. Si querés que edite cualquier cosa, o que tenga en cuenta algo, me decís, ¿ok?

Que tengas un bonito día. ¡Beso! :3
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Abigail J. Grey el Vie Oct 06, 2017 3:41 am

Su mirada estaba fija en el rostro del otro, estudiando su gesticular del mismo modo que él lo hacía con ella. Hizo un gesto de aburrimiento con sus labios, y se inclinó un poco hacia a un lado, reposando el peso de su cuerpo sobre una de sus piernas, mientras se cruzaba de brazos.

— sí, sí, lo que te digas… una combinación de todas esas ¿Ya has terminado de parlotear? —
espeto con tono de fastidio. Sabía lo que hacía, o lo que intentaba al menos. Intuía que no solo se trataba de molestarla usando los aspectos de su vida que él creía que la harían vulnerable, o que la expondrían emocionalmente; más bien suponía que intentaba sacarla de balance para que se volviera imprudente e impulsiva durante el duelo y así conseguir alguna ventaja. Tal vez se equivocaba y todo formaba parte de su molesta forma de ser. Pero lo que suponía era una estrategia que ella misma usaría si lo viera conveniente.

Se giró hacia Johan cuando este le hablo, enfocándose en como cubría su rostro. Ese idiota pomposo, se la jugaría de la misma forma — Tranquilo Johan. Tú ve a la enfermería, yo estaré bien — Le aseguro para luego volverse hacia Evas y fulminarlo con la mirada cuando le escucho carcajearse con tono burlón. Se disponía acelerar el inicio del enfrentamiento cuando vio al Gryffindor avanzar hacia gemelo ¿Qué pretendía? ¿La estaba amenazando a través de hermano? Cual fuese su intención, era obvio que estaba alejada de sus palabras.

Nathan lo miro con rostro mosqueado — ¿De qué hablas, men? — le interrumpió enarcando una ceja. Hubiera soltado un sonoro carcajear si su estupefacción no hubiese incrementado al ver al moreno alejar con la misma rapidez con la que se había acercado. Aunque era cierto que Abigail era la que más imponía entre los dos hermanos cuando estaban juntos, no es como si fuesen inseparables, del tipo que donde encontrabas a uno, encontrabas al otro. Cada uno tenía su propio círculo de amigos y actividades individuales. Aspectos que, desde luego, no afectaban lo unido que eran. El joven no le había instado a Abi el alejarse de Evans porque fuese cobarde, más bien lo hizo por querer protegerla. Sabia como compañero de casa de Mitchell, que no jugaba limpio y que no se conformaba con la derrota.

— Oh, por favor, no… Las damas primero —
respondió ante sus palabras con el mismo tono amable que el usaba, acompañándolas de una sonrisa que intentaba pasar por gentileza. La tensión entre ambos parecía tangible, aun cuando Evans parecía muy confiado de sí mismo.

Se saludaron, mostraron sus varitas y tomaron distancias para iniciar. Pero antes de que el chico se diera la vuelta si quiera, la pelirroja alzó su varita « ¡Accio zapatos! » conjuro mentalmente, convocando el calzado de Evans. Al instante, este perdió el equilibrio y volvo hacia ella como si le hubiesen tirando con una cuerda desde los pies. Cayo de bruces contra el suelo justo donde la joven había estado hacia unos segundos — que cosas, desde aquí podría hacerte un encantamiento de pústulas como el que le hiciste a Johan ¿No crees? — le susurro inclinándose hacia él, alerta de que intentara contra atacar. El enojo en el rostro del chico fue evidente. De seguro no se esperaba que la Ravenclaw también se saltara las normas de los duelos, a diferencia de su contrincante anterior.

Lo interesante de los encantamientos convocadores, es que la fuerza con la que eran convocados dependían de la seguridad del mago a conjurar. Si le preguntaban a ella, era un encantamiento muy útil si se era un poco creativo. Como dejo ver en ese caso.

El raund que continuo no fue tan fácil para ninguno de los dos. Ambos estaban alertas ante los movimientos del otro, desconfiando por completo de la “honradez” de cada uno en el juego. Destellos de colores se despedían de ambas varitas, chocando una contra otra o desviándose. La verdad, ambos magos eran bastante buenos. Tanto era así que hasta había conseguido cierto público con aquel enfrentamiento.

— ¿Qué ocurre Evs? ¿No es tan fácil ganar si no haces trampa? Pensé que me sacarías del juego como con Johan ¡Protego!… — Intento provocarle la chica, viendo su semblante enrojecido, que pasaba por estar entre molesto y frustrado. Un campo de energía la rodeo y cubrió del encantamiento rival, haciendo que este rebotara — ¡Palalingua! — conjuro al acto, en contra ataque.

Bajo la tarima, Nathan parecía querer devorar todas sus uñas ante la tensión que le provocaba el encuentro entre ambos jóvenes ¿Cuánto podrían aguantar aquel ritmo antes de que pasaran a usar encantamientos más fuertes o finalizadores?

— Creo que tal vez deberíamos buscar a algún profesor, por si la cosa se sale de control — Susurro el joven Grey a uno de los compañeros que estaban a su lado

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Evans Mitchell el Dom Oct 08, 2017 2:50 pm

¿Evs?, ¿desde cuándo las confianzas, eh? ¡Había que ver qué aires los de esa pelirroja! Evans no podía dejar de sonreírse ante la idea de que, de poder conseguirlo, le quitaría de un plumazo toda esa arrogancia femenina. ¿Es que se pensaba que porque era una dama (esa tenía que ser una ironía, por cierto, en lo que a él respectaba), él no iría con todo lo que tenía? Claro Evans, convéncete de que alguien podría llegar a pensar que lo del zapato o el hecho de que te tensaras del esfuerza era por un asunto de caballerosidad.

¡Lo del zapato! Esa sí que había sido una escenita, especialmente por la cara de Evans Mitchell, completamente fuera de sí por la sorpresa, y luego roja del enojo, mientras era humillado por un truco que, de habérsele ocurrido que aquella podía ser una tramposa (encima, luego de tanto blah blah blah, que era para lo único que estaban hechos los ravenclaw, bajo su parecer), quizá, hubiera pedido evitar. Bueno, tampoco, porque el hechizo había sido realizado con una mano tan diestra como capaz, y eso, no escapaba a su suspicacia. ¿Que lo llenaba de bronca?, sí. ¿Que lo frustraba?, no. Un buen duelo necesitaba de dos magos que supieran medirse. Pero. Esa manía de ‘escapársele’ a sus embrujos lo estaba impacientando. Calma, Evans. Ah, no, claro, ¡la humillación reciente todavía le bullía por debajo de la piel!

Había que decirlo, el desastre que se estaban montando. El león había arrojado ciertos hechizos que no estaban en la lista de los aprobados por el profesor que supervisaba la clase, y estos habían ido a parar, en ocasiones, alrededor de ellos, causando un que otro inconveniente en la fachada circundante o haciendo que algún alumno tuviera que correr para no ser alcanzado, o, en el peor de los casos, que lo recibiera por accidente. Y es que, Evans obligaba a la pelirroja a moverse, la perseguía por la plataforma, como un perro rabioso que quiere hincarle el diente a su hueso, y con toda esa manía persecutoria, las cosas se salían un poco de control. Después de todo, un duelo estático no es algo que tú tendrías en la vida real, ¿no? Evans le estaba enseñando cómo eran las cosas en la realidad. Sí, él le estaba enseñando una lección a ella, que nadie fuera a pensar que era al revés.

—¡Tú qué…—Hubiera querido responder, que era lo que venía haciendo: echarle la bronca, prendido como un fosforito, cada vez que la pelirroja le picaba el ego. Y es que, tenía que demostrarle que podía seguirle el juego de tú a tú, que él era el puto amo del juego, pero su lengua se había vuelto desenfrenada a la de tres, y mucho le debía eso a la arrogancia. Desenfrenada hasta el punto de distraerlo, ¡craso error!—Gaa…guuu…¡Agh!, ¡uummm!, ¡uummm!, ¡GA!, ¡mmm!

Definitivamente, eso era volver a los orígenes del homo sapiens sapiens, todo un recorrido por la historia del hombre hasta sus cimientos: un primate que sólo se sabe un estribillo: el “umga-umga”. Y si uno lo piensa detenidamente, ¿es que acaso las palabras no sobran algunas veces?, ¿no están de más? Sí, muchas son las preguntas que nos hacemos como seres racionales, seres emocionales, seres sociales. Evans Mitchell nos invita a la reflexión, a la exploración de nosotros mismos, sólo con verlo así, tan memo en sus vanos intentos de gemir alguna ocurrencia malsonante y ofensiva, sobre todo ofensiva, ¡pero alzó la varita y…!

—¡Está acabado!, ¡no puede hablar!—vitoreó un alumno de segundo, entusiasmadísimo con esos dos. Era su primer día y se la estaba pasando de maravilla, si hasta se hacía pipí de la emoción. Su cara se torció en una mueca de incredulidad al ver lo que realmente sucedía, ¡tan de repente!—¡Espera!, ¿él puede…?

¿Y dónde estaba el profesor que supervisaba la clase? Esa era una buena pregunta. Pero bastaba con ver tan sólo al alrededor, estirar un poco la mirada y hallar a… ¡Ah!, ¡gárgolas galopantes! ¿Tommy otra vez?, ¿te acuerdas de ese Tommy, que casi derrumba el aula entera?, ¡se ha cargado al profesor… por accidente! O eso dice él, ¿no piensas tú que es un peligro ese chiquillo con una varita en la mano?, ¿habría que llevar al profesor a la enfermería?

Mientras tanto…


—Cylon cerebrum—conjuró, de forma silenciosa. Sí, sí que podía.

Inmediatamente luego del ataque, comprobando en su propia bocaza que había tenido efecto, y sí que lo había tenido, Evans se corrió hacia un lado y lanzó su conjuro con un rápido movimiento de muñeca. Su intención era desquitarse con la pelirroja como consideró que más le heriría el orgullo: dejándolo tonta, ¿cómo no? Una ravenclaw, tonta. Y si tenía suerte, sería suya para mofarse de ella, delante de todos. como si el hermano te fuera a dejar

YO TE ELIJO, PIKACHUUU~ -moría por decirlo-

El RP de Evans es +6, no +7, porqe esto es un flashback.
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Maestro de Dados el Dom Oct 08, 2017 2:50 pm

El miembro 'Evans Mitchell' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Abigail J. Grey el Jue Oct 12, 2017 10:04 pm

No iba mentir, sentía cierto temor anudarse en la boca de su estómago, aunque no lo demostrara. Evans la estaba atacando con un ímpetu digno de admirar. Y estaba segura por el color de algunos encantamientos, que varios no estaban en la lista de aprobados para los duelos. Abi había aprendido por su diversidad de lectura (sobre todo por los libros el arte de la guerra de Maquiavelo), que subestimar a un enemigo, por más inofensivo que pareciera, era un error que podía definir la batalla. Por esa razón, no bajaba la guardia ni por un instante en aquella danza con Evans. Lo más conveniente, era esperar el momento adecuado para contratacar y ser efectivo.
 
No debía esperar mucho. El chico estaba siendo impulsivo con cada ataque. Y aunque esa intensidad parecía arrinconarla, también creaba un amplio abanico de “errores” en sus movimientos que podía aprovechar.
 
Entonces ocurrió. El encantamiento de la chica dio de lleno contra el Gryffindor enmudeciéndolo. Uno de los espectadores pareció celebrar el acto, acompañando la suave y ladina sonrisa que se posó sobre los labios de la joven — Entonces Evs ¿Nada que decir? — agrego, al escuchar las inentendibles palabras que intentaba soltar, picándole aún más. Estaba jugando con fuego. Lo sabía. Pero ¿cómo resistirse a las enormes ganas de desquitarse por lo que le había hecho a uno de los suyos? Era como un fuego que le carcomía desde dentro. Esa era su mayor debilidad. Abigail no sabía cómo resistir a su “sed de justicia”, por llamarlo de una forma. No podía simplemente quedarse de manos atadas cuando se abusaba de otros, cuando se ejercía un trato injusto. No. Tenía que enseñarles cómo se sentía. Tal vez era ese lado temerario lo que hizo que fuera una hatstall entre Ravenclaw y Gryffindor.
 
Una cosa era cierta: En ocasiones como esa, actuaba por mero impulso, por instinto y no por lógica. Y desde su óptica, eso era lo que la sumía en una gran desventaja táctica
 
Su sensación de victoria no duro más que un par de segundos. El rostro de su contrincante parecía molesto, pero no denotaba derrota alguna. La pregunta inconclusa del chico que había celebrado su ataque, junto al movimiento del brazo que portaba la varita; le indicaron que Mitchell que, como ella, él también dominaba los hechizos silenciosos. Apenas tuvo fracciones de segundos para reaccionar y arrojarse a un lado para esquivar el encantamiento. El destello paso por un lado y alcanzó a uno de los chicos que observaba desde detrás de la plataforma.

— ¡Abi, el profesor ha quedado inconsciente en un incidente con un chico de tercero! ¡Déjalo ya! — Exclamo con fuerza su hermano. Si fuese el quien compitiera, deseguro su pensar fuera diferente, pero le preocupaba el bienestar de su hermana, y las consecuencias secundarias que todo aquello pudieran repercutir.
 
OFF: Lanzo dado de defensa



Última edición por Abigail J. Grey el Vie Oct 13, 2017 12:36 am, editado 5 veces
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Maestro de Dados el Jue Oct 12, 2017 10:04 pm

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Abigail J. Grey el Vie Oct 13, 2017 2:20 am

La ausencia del profesor solo significaba una cosa: Estaban sin árbitro, es decir, sin regla alguna. Parecía que ese hecho, junta a la intensidad con la que se enfrentaban ambos jóvenes, los convertía en los duelistas más llamativos del club. A su alrededor, dejando cierta distancia por los hechizos perdidos, se había aglomerado la mayoría de los estudiantes. Algunos con cierta preocupación por los encantamientos que el par usaba. Otros, resentidos por con Evans por sus “travesuras”, vitoreaban y mostraban su evidente favor hacia la chica. Sin importar lo que ocurriera a su alrededor, Abi solo podía centrarse en su contrincante.

Se había lanzado hacia un lado para eludir el encantamiento enemigo, por el poco tiempo que tuvo para reaccionar. La palma abierta de su izquierda toco el suelo, y su brazo sirvió de amortiguador para el peso de su cuerpo. Aun así, no salió ilesa del todo. La presión le había lastimado la muñeca. Sin pensar demasiado, giro su cuerpo hacia un lado (No debía permanecer como un blanco fácil) y uso ambas manos para reincorporarse a medias, con las rodillas aun apoyadas contra el suelo. Lanzo un encantamiento contra Evans, luego otro y otro. Quería hacerle retroceder, obligándolo a defenderse de ataques con la misma intensidad con la que él le había atacado minutos antes. Por lo menos hasta que pudiera ponerse en pie.

El efecto palalingue no era eterno, de seguro su efecto desaparecería en un par de minutos. Aunque había sido una total inutilidad. No había contado con que el chico también dominara los encantamientos silenciosos, sobre todo porque en su año es que comenzaban a ver ese tipo de magia. Sí, aunque no quisiera admitirlo, le había subestimado en ese aspecto, y por poco, paga la consecuencia.

— Tal vez deberíamos jugar más a tu estilo Evs, ya que no hay profesores cerca… —
dijo tras ponerse en pie sin desistir en su labor — Si tu maldices con pústulas… ¿Por qué no usar uno de mis encantamientos favoritos? — Pregunto retórica. Justo en su siguiente mandoble la punta de su varita emitió un ligero destello de un azul eléctrico, que enseguida se convirtió en una descarga eléctrica dirigida contra su adversario. Estaba usando el encantamiento Fulmen Cruciatus, y en su mano, daba la impresión de que blandía un látigo.

No quería lastimarlo de gravedad. Intentaba concentrarse en emitir una cantidad exacta de energía en cada descarga. Claro, podía fallar, nadie es perfecto. En todo caso, si lograba asestarle, de seguro la descarga eléctrica lo ayudaba a liberarse un poco del exceso de adrenalina que poseía.

— ¡Nate! Tu hermana está usando embrujos prohibidos por las reglas ¡Podría darle a cualquiera de nosotros! — espeto uno de los chicos de Gryffindor hacia el mellizo — Eres libre de decírselo, o de intentar hacer que lo deje — respondió desde su lugar. Como muchos de los presentes, había buscado un lugar que fuese “seguro” Pero, por desgracia, su compañero tenía razón. Y estaba seguro de que un alumno lastimado no sería la única consecuencia a la que se enfrentaría su hermana pequeña, si destruían medio salón con ese enfrentamiento. Puede que el profesor no estuviera, pero había un buen número de testigos que se irían de lengua en cuanto les preguntaran por lo ocurrido. Y dudaba que algo pudiera exonerarla del castigo.

off: Lanzo dado de ataque.


Última edición por Abigail J. Grey el Vie Oct 13, 2017 2:23 am, editado 1 vez
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Maestro de Dados el Vie Oct 13, 2017 2:20 am

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Evans Mitchell el Mar Oct 17, 2017 5:11 am


¡Esa mujer tenía que aprender a manejar su temperamento!, ¡bien harpía que estaba hecha! Evans se sonrió, entre que, sin perder detalle de los movimientos de esa LOCA MUJER, actuaba en consecuencia, entregado al momento, frotados sus nervios hasta el punto máximo de la alerta.

Su primera idea, fue ATACAR, realizar una ofensa que la desequilibrara, y por favor, que le quitara esos aires de ménade vengativa furiosa por despedazarle todos sus miembros. Y Evans quería a su cuerpo, entero de ser posible. Lo admitía, le gustaba verse en frente del espejo, admirarse, lucirse un poquito, y por sobre todo, verse intacto, ¡intacto!

¿Te fijas cómo es la gente? ¡Tan resentida!, ¡llena de rabia! Ahí es cuando muestran sus verdaderos colores, así es como a Evans le gustaba verlos, ¡irritables!, ¡enojados! Ahora, la pelirroja empezaba a hablar en serio. Eso es lo que el buen Evans había estado intentado decirle: ser uno de esos pájaros desplumados con la cabeza metida en un libro no era algo que pudieras disfrutar, gozar, incluso desear.

Eso no podía ser una vida. ¿Ves? Él era un buen tipo, con buenas intenciones. Y prefería a la gente cuando dejaba de ser hipócrita, cuando era violenta, carnal, ¡honesta! De verdad honesta. Después de todo, Evans era un golpe de franqueza, una cachetada de realidad para todos esos muertos en vida. Pero, si no tenía un poco de cuidado, él iba a acabar oliendo a carne chamuscada. Y eso no era exactamente la definición de ‘estar vivo’.

Evans fue directo al ataque, pero.

—¡Dem…!, ¡ahh!


¡Al mismo tiempo que él atacó, fue alcanzado por una descarga!


—¡Depulso!—gritó. Bueno, algo positivo, ¡la voz le había regresado!

Aquel había sido un gemido, que empezó siendo suave pero que abruptamente le arrancó el alma de la garganta. Bastó una chispa, la tirantez de una descarga contra sus nervios ahora aquejados de dolor, para quemarle el antebrazo con que sostenía la varita. Pero no soltó lo único que le daba poder sobre esa contienda. Esa era la regla número uno, en todo duelo. No sueltes jamás tu jodida varita, no seas tan estúpido como para cometer ese error de novato.

De haber tenido resultado, el conjuro habría alejado a esa amenaza de mujer bien lejos de él, que era donde la quería: A DISTANCIA. Y con suerte, la apalearía lo suficiente como para que recibiera su golpe de gracia, que bien que le hacía falta un balde agua fría, a toda esa ira contenida. Maldición, las mujeres sí que podían ser increíblemente vengativas.

Pero si no, Evans estaría en problemas.

ÁNIMO PIKACHUUU~, ¡EMBESTIDA!

Tengo la opción de no usar el dado de defensa si quiero que el pj reciba el daño. Lo recibió, así que, lanzo dado de ataque :3


Última edición por Evans Mitchell el Mar Oct 17, 2017 5:14 am, editado 1 vez
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Maestro de Dados el Mar Oct 17, 2017 5:11 am

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