Situación Actual
19º-23º
25 septiembre -> luna llena
Entrevista
Administración
Moderadores
Últimos Mensajes
Awards
Nathaniel B.Mejor PJ ♂
Claryssa O.Mejor PJ ♀
Bianca V.Mejor User
Samantha L.Mejor roler
Danny & EdwardMejor dúo
Ryan G.Especial I
Samantha L.Especial II.
S. Rox J.Premio Admin
Redes Sociales
2añosonline

More than a skill [Circe Masbecth]

Abigail T. McDowell el Miér Oct 04, 2017 4:30 am

Recuerdo del primer mensaje :


4 de octubre del 2017 - Bosque de Epping - 19:06 horas - Abigail T. McDowell & Circe A. Masbecth


Desentenderme de mis obligaciones como mortífaga no era algo que me agradase ahora que estaba como Ministra en el Ministerio. Por mucho que unas de mis ambiciones fuese llegar a dónde ahora mismo me encuentro, si participaba activamente en las filas de Lord Voldemort era porque me fascinaba luchar por una causa y ser la mano ejecutora de nuestra propia justicia. Desde bien joven la adrenalina que eso me ocasionaba me hizo volverme adicta a la violencia y a la acción... Y ahora simplemente no quería prescindir de ello. Desde siempre me habían dicho que no dejase en manos de otros lo que solo tú puedes hacer, por lo que en ocasiones no podía simplemente quedarme de brazos cruzados mientras el resto de inútiles intentan hacer algo sin conseguir absolutamente nada. Me sacaba de quicio escuchar fracasos, excusas y méritos para el bando enemigo, ¿tan difícil era cazar fugitivos?

Al parecer tanto el Departamento de Aurores del Ministerio de Magia, como la fila de los mortífagos habían sufrido bastantes bajas a la hora de ir en busca y captura de aquellos hijos de puta que hicieron de la final de quidditch un auténtico desastre. Ahora, acabar con esa amenaza era absoluta prioridad. No había sido nada complicado diferenciar cuales eran los fugitivos pacíficos y cuales eran esos que realmente buscaban guerra y violencia. Y la gran mayoría de informantes que habían sobrevivido a las diferentes patrullas decían que se escondían en el Bosque de Epping, la zona boscosa seminatural del sureste de Inglaterra, la cual se extendía hasta el noreste de Londres y el sur de Essex.  

No había que ser muy inteligente para suponer que habían controlado todo el bosque y habían hecho de ello su hogar, probablemente en algún tipo de cueva o cavidad subterránea. Lo primero de todo era dar con el lugar exacto en el que se encontraban, para luego poder formular un plan en base a ello. La gran mayoría de patrullas entraban en el bosque como si no hubiesen un grupo de terroristas esperando a que des un paso en falso para acabar con tu vida.

Es por eso que solo unos expertos podían encargarse de esa misión de espionaje, expertos en una materia en la que muchas personas ni se imaginan tener progresos: la animagia. En Londres era muy fácil ver zorros en las zonas más verdes, por lo que si sumamos eso al hecho de que absolutamente nadie a excepción de mis más allegados saben mi forma animaga, es toda una ventaja a mi favor. Así mismo, contacté con otra persona en la que confiar en una tarea como esta. En un principio pensé en decírselo a Caleb, pero entre que es un león blanco y eso no pasa desapercibido en un bosque de Londres y que últimamente cada cosa que me dice me vuelve más irascible de lo que ya soy de por sí, decidí optar por la mejor opción: Circe Masbecth. Llevaba instruyéndola en la animagia bastante tiempo y sus progresos habían sido sublimes, además, su predisposición en la fila de los mortifagos eran sin duda de las mejores de toda la familia Masbecth o de cualquier otra persona de su edad. Era un riesgo llevarla a ella, básicamente por cómo nos llevábamos. Chocábamos muchísimo porque nuestras personalidades no ayudaban lo más mínimo, pero como hemos dejado las jovialidades a un lado y nos hemos dedicado a un entorno enteramente profesional... esperaba que siguiese así. Ella todavía tenía mucho que aprender y yo todavía tenía mucho que podía enseñarle, pues tenía potencial y por mí parte exprimir el potencial de una promesa me parece de lo mejor que hacer con mi tiempo libre. Lo único que esperaba es que fuese lo suficientemente madura como para dejar a un lado esa asquerosa actitud orgullosa y prepotente —que de hecho yo también poseía— para trabajar como un equipo. Yo no era una persona muy paciente, por lo que a la mínima me decantaría por hacer el trabajo sola o mandar a Caleb como cebo. Que pensándolo fríamente, tampoco es tan mala idea.

Era miércoles y habíamos quedado frente a su casa a las siete de la tarde. Ambas teníamos nuestras obligaciones, pero los fugitivos tampoco se esperarían que un miércoles a esa hora fuese nadie a buscar nada a sus tierras baldías, además, el factor de que fuera de noche nos favorecía, sobre todo a Circe que podría pasar desapercibida en su forma de murciélago y otear cada rincón al que yo no tuviese acceso.

¿Preparada? —pregunté cuando Circe salió de su casa y llegó hasta mi lado. —¿Has seguido practicando con la animagia? Hoy tienes que estar al cien por cien.

Le repetiría el plan con tranquilidad, sobre todo haciendo hincapié en cómo actuar cuando estuviésemos de forma animaga, ya que no podríamos contactar entre nosotras de ninguna manera. Así mismo, como el Bosque de Epping era sencillamente enorme, era probable que no encontrásemos nada en un día, por lo que empezaríamos por zonas. Nos apareceríamos en el Pabellón de Caza, que a esa hora estaría cerrado y vacío y trazaríamos un perímetro en el que buscar.


Última edición por Abigail T. McDowell el Vie Oct 06, 2017 4:47 pm, editado 1 vez
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 26.602
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 750
Puntos : 532
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Circe A. Masbecth el Vie Dic 08, 2017 4:44 pm

Aleteó a la máxima velocidad que las pequeñas alas del murciélago le permitían. Aleteó encontrando fuerzas donde parecía no haberlas, superando sus propias expectativas sobre el cuerpo de aquel pequeño animal albino. Aleteó por su vida, apartándose del camino de rocas de diferentes tamaños que caían, arremetiendo con todas sus fuerzas, contra una pequeña mancha blanca que sobrevolaba la cueva. Su cuerpo fue pasando por los recovecos que quedaban entre las rocas al caer, con cuidado de no llevarse ningún golpe por parte de la estampida que estaba teniendo lugar sobre su cabeza. Hizo todo lo posible – animal y humanamente – por no recibir ningún golpe pero, a pesar de su pequeño tamaño, resultaba imposible que alguna de aquellas rocas no terminase por golpear a la rubia.

Recibió un par de golpes en las alas y en el pecho. Incluso uno de ellos fue a su cabeza, aunque por suerte el tamaño de aquellas piedrecitas no era tal como para causar algún tipo de daño que no tuviese solución. Más bien aquellas piedrecitas que golpeaban su pequeño cuerpo - que parecía a punto de romperse por el peso  de una de las grandes rocas que seguían cayendo – hacían que se desviase de la salida. Podía ver el final de la cueva. La salida. La luz  al final del túnel. Y aleteaba con fuerza intentando dar con aquel punto lo antes posible pero las rocas suponían un camino lleno de obstáculos que separaban a la ahora murciélago de la salida.

Pero, finalmente, lo logró. Y respirar el aire del exterior resultó ser la mejor bocanada de oxígeno que habría dado en mucho tiempo. Respiró aliviada, escuchando a su espalda como las rocas seguían cayendo hasta desmoronar la cueva por completo, convirtiendo aquello en un simple amasijo de rocas sin forma alguna.

Aún con la forma de un pequeño murciélago blanco, aleteo en cortos movimientos hasta alejarse, ligeramente, de la zona del incidente. Antes de que su cuerpo rozase el suelo, recuperó su forma humana quedándose sentada sobre unas rocas. Recobrando el aliento como lo era posible no sólo por el esfuerzo físico realizado sino también por el susto que todavía tenía en el cuerpo. Se había jugado su vida hasta el último segundo y no había sido consciente de aquel acto de locura hasta que vio como las rocas eran más complicadas de esquivar de lo que parecía.

Tenía rasguños en piernas y brazos. Incluso una pequeña herida en el pómulo que dejaba escapar un hilo de sangre. Ante el escozor, pasó su mano sobre su rostro extendiendo la sangre por su propia cara para limpiarse la mano en el muslo del pantalón. Estaba cubierta de polvo, algo que saltaba más a la vista ahora que su cabello había tomado un tono tan oscuro que bien podría ser negro.

- No es nada. – Dijo sin moverse demasiado, pasando los dedos entre los mechones de su cabello para quitar los escombros que había sobre este, sin mucho éxito debido la gran cantidad de ellos que se habían quedado sobre su pelo.

- ¡Nadie vendrá! – Aquello pareció casi un grito ahogado en su garganta, pues a pesar de sus esfuerzos su voz sonó rota, quebrada. – Nadie lo hará… - Musitó en un hilo de voz, con las lágrimas corriendo por su rostro ante la muerte de sus compañeros y cayó rendido al suelo, inconsciente por el agotamiento y el trauma que acababa de vivir por perder a aquellos dos compañeros.

- Ya le has oído. – Dijo Circe como si creyese sus palabras. – Pon el anzuelo. – Añadió para demostrar que no creía las palabras de aquel hombre. Se levantó, intentando limpiar un poco su ropa con sendas manos, y avanzó hasta una zona más cubierta que les dejase fuese del campo de visión de aquellos que apareciesen. – Nada relevante.

La rubia no había tenido tiempo suficiente como para inspeccionar todas las cuevas cercanas, pero sí unas cuantas. Por desgracia, no había dado con nada en absoluto en su interior. Tan sólo con simples animales resguardándose del frío del exterior o con el propio eco producido por sus aleteos o el viento.

Sin mediar una palabra, agarró el brazo de Abigail para esconderse detrás de unos matorrales.

- ¡Mira! – Un hombre pelirrojo señaló las rocas. – Ha tenido que ser eso.

- ¿Qué habrá pasado?

- Supongo que un derrumbamiento. Es normal en esta zona pero…

- ¡Ahí! – Señaló al suelo, donde se podía ver el cuerpo inconsciente del mago.

Los dos hombres aceleraron el paso para situarse al lado de la víctima. Uno de ellos comprobó su pulso mientras que el otro sacaba el teléfono móvil del pantalón para llamar a alguien, seguramente la policía.

- Sólo son muggles. – Pero aquellos muggles podían llevarse consigo algo que no les pertenecía y que tenía valor para las dos brujas.

Pero antes de que Circe o Abigail tuviesen tiempo de alzar la varita, un mago apareció tras los hombres dejándolos inconscientes en el acto. Frenó su caída con ayuda de varita y se recostó sobre su compañero caído. De un golpe de varita, hizo que se despertase, acelerado y abriendo los ojos de par en par.

- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?

- Estás a salvo, todo irá bien. – La voz del hombre sonaba como una melodía tranquilizadora pero sus palabras no parecían ser suficientes para el mago conmocionado. - ¿Dónde están los demás?

- ¿Quiénes? – De pronto comprendió. Todos habían muerto. – Todos… Todos murieron. Era una trampa. Los Mortífagos nos encontraron y les mataron a todos. No queda nadie. – Las lágrimas volvían a rodar por su rostro. – Y ahora nos matarán a nosotros.

Y no se alejaba de la realidad, pues las dos figuras femeninas no tardarían en acercarse a ellos.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Kristina Bazan.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitaria (Medimagia)
Pureza de sangre : Mestiza.
Galeones : 22.270
Lealtad : Lord Voldemort.
Patronus : -
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 1335
Puntos : 1033
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t908-circe-a-masbecth http://www.expectopatronum-rpg.com/t911-at-this-moment-you-mean-everything-circe-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t910-it-s-time-to-begin-isn-t-it-circe-s-cronos http://www.expectopatronum-rpg.com/t909-correspondencia-de-circe-a-masbecth
Circe A. MasbecthUniversitarios

Abigail T. McDowell el Lun Dic 11, 2017 7:10 pm

La pelirroja revisó las heridas de la pequeña de la Masbecth, para asegurarse ella misma que no era nada. Si Circe era como ella —lo cual asumía desde ya—, no era difícil que admitiese que no le pasaba nada cuando en realidad sí que había salido herida. Así que en ese caso, mejor asegurarte por ti misma de que dice la verdad. Pese a que pudo hacerse daño con los proyectiles de la caída de la cueva, en principio sus heridas superficiales no eran para nada preocupante.

Se despreocupó, poniendo al mago inconsciente como cebo frente a la cueva que recién se había derrumbado por culpa de ellas. Apenas pasaron los minutos para cuando aparecieron personas y ellas se escondieron, observando, detrás de la hierba alta.

Los muggles no les interesaban lo más mínimo y apunto estuvieron de actuar para que no se metiesen en sus asuntos ni pudieran hacer nada con lo único que habían conseguido. No obstante, la poca paciencia que probablemente tuviesen ambas chicas en ese momento dio sus frutos, ya que repentinamente apareció un mago, el cual no tuvo el pudor de dejar inconsciente a los dos tipos y acercarse a ver cómo se encontraba su verdadero aliado. Sólo había venido una persona y, a decir verdad, era una víctima muy fácil de la que aprovecharse. Si estabas solo, más te convenía ser una persona con la capacidad de sacrificar a los lastres, con la habilidad de ser decisivo e inteligente. Desde que dudases estando solo... desde que dudases, tú te convertías en tu propio lastre.

El tipo tullido no tardó en alertar al mago solitario y éste miró hacia todos lados, un poco asustado por la advertencia de su amigo. Pero no veía nada. No escuchaba nada. Para él lo más lógico es que aquel derrumbamiento hubiera sido natural o producido por algún movimiento sísmico mínimo que ni ellos pudieron notar. ¿Pero porque en su interior se ha llevado un duelo entre mortífagos y fugitivos? Para él, el bosque de Epping era un lugar seguro en donde eso era impensable. Lo habían demostrado muchas veces.

No digas tonterías. No hay nadie. Tienes que haberte dado fuerte en la cabeza...

Y justo cuando Abigail y Circe iban a salir para capturar a ese tipo, le sujetó del antebrazo para que no se moviese y volviese a agacharse. Aquel tipo iba a cagarla bien cagada y ellas se iban a aprovechar de ello. Una cosa que tenía los fugitivos es que eran, por naturaleza, personas débiles. Por eso estaban en donde se encontraban. Eran débiles con respecto al amor, con respecto a la amistad, con respecto a sus propios sentimientos. Y eso les hacía ser sus propias piedras en el camino. Aquel mago solitario debería hacerle un favor a su amigo y matarlo. Pero no, pensaba que le estaba haciendo un favor salvándole la vida y llevándolo de vuelta con los suyos.

Vamos, pon de tu parte. Ponte de pie, te ayudaré —le pidió a su compañero mientras intentaba cargar con él y levantarlo de allí.

No, no seas idiota. Déjame aquí. ¿No has oído lo que te he dicho? ¡Vete! —dijo el único que parecía tener inteligencia entre los renegados.

Abigail sujetó su varita y conjuró un 'terreo aparecium' no verbal que evitaría que el tipo pudiese aparecerse. Obviamente no sabía que hace apenas unos minutos lo había conjurado otra persona, pero mejor prevenir que arrepentirse.

No te voy a dejar aquí, amigo —insistió, volviendo a mirar alrededor. —No hay nadie aquí. Entre antes nos vayamos, mejor.

No... no... vete... —Estaba llorando tanto que parecía que estaba delirando.

El mago solitario optó por volver a dejarlo inconsciente y cargarlo a su espalda. Si de verdad quería ser 'así de frío', debería haberle ahorrado un sufrimiento a su amigo. Abigail miró a la Masbecth. Sobraban palabras para decir lo evidente: había que perseguirlo. Y obviamente no podían hacerlo ni llamar la atención siendo dos personas humanas. Rápidamente Abi se volvió a convertir en zorro rojo y comenzó a perseguir al tipo, dejando un margen lo suficientemente grande como para que éste ni siquiera se percatase de que un zorro le seguía los pasos. Mucho menos un murciélago.

La noche había caído por completo y apenas se veía nada, además de que la niebla que se había ido formando poco a poco debido a la humedad y del frío, hacía que todo fuese mucho más tétrico de lo normal y que la visión estuviese muchísimo más limitada. Al menos para las personas que veían a través de los ojos. Circe, seguramente, lo tendría igual que siempre.

El problema es que debido a eso —y que ninguna de las dos era especialmente conocedora de todo aquello—, el tipo había comenzado a dar un rodeo, de tal manera que había estado caminando en círculos. ¿Y por qué? Porque después de todo no era tan imbécil como cualquiera de ellas se pudiera haber imaginado. Tras casi media hora caminando detrás de él sin que llegase a ningún sitio, de repente dos animagos aparecieron detrás de él, acercándose a Abigail rápidamente. Eran un conejo y una mofeta, los cuales se desconvirtieron en el aire, atacando a Abigail, uno de ellos con un 'Homorphus' y otro de ellos con un 'Religio' que la apresó en uno de los árboles.

Obviamente le habían cogido totalmente por sorpresa. Un toque de atención para su sobrecargada autoestima y confianza, probablemente. Aquellos fugitivos habían estado escondiéndose allí durante meses y probablemente supiesen a la perfección el comportamiento de un zorro convencional, así como que aquel derrumbamiento y la alerta de su compañero no fueron causas aisladas.

Los tres tipos se acercaron a ella, sorprendidos. Ella intentó zafarse de las cadenas, pero éstas se apretaron más contra ella, dejándola más pegada al tronco.

¿En serio la Ministra de Magia ha venido ella sola aquí? ¿No te lo tienes muy creído? —preguntó la mofeta. Abigail le echaba veinte y pocos años.

Ya sabemos de dónde sale lo zorra que es —añadió el mago misterioso, creyendo que ese chiste hacía gracia. Estaba pasado de moda. A este le echaba sobre los treinta.

La has cagado, McDowell —dijo el conejo, acercándose hacia ella. —A partir de ahora lo vas a pasar muy mal. Todos te harán pagar por lo que les has hecho a sus familiares. —Le amenazó. —Te darás cuenta de lo horrible que sois, porque te haremos lo mismo que nos habéis hecho a nosotros. —Y a este le echaba más de cuarenta.

Abigail no dijo nada. Estaba de puto mal humor. Que se la jugasen de esa manera evidentemente no estaba en sus malditos planes. Sólo esperaba que Circe se aprovechase de esa situación de mierda para darle la vuelta cuánto antes.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 26.602
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 750
Puntos : 532
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Circe A. Masbecth el Lun Dic 11, 2017 9:54 pm

No se movieron ni lo más mínimo. Como el depredador que acecha a su presa desde la distancia, intentando que esta no se percate de la mirada animal que se zafa sobre sus hombros. Las dos chicas no hicieron ni el más mínimo ruido. No hicieron nada en absoluto salvo esperar en silencio, observando la conversación – o discusión – que se sucedía entre aquellos dos sin llegar a ningún tipo de acuerdo. El tullido quería que se marchase de allí antes de que fuese demasiado tarde, advirtiendo que podían no estar solos; mientras tanto, el héroe surgido de la nada, quería demostrar que no es necesario tener el escudo de Gryffindor sujeto en el pecho para ser un inconsciente que arriesga su vida sin sentido.

Y  la batalla verbal la ganó el supuesto Gryffindor cuando el contrario quedó inconsciente a golpe de varita sin oportunidad para opinar nuevamente. Quedando bajo el control de su compañero, como si de un saco de patatas se tratase, quedó colocado sobre el hombro de este quien lo arrastró por el bosque sin pensar lo más mínimo en las palabras del tullido. O eso pensaron las dos chicas, las cuales tomaron la forma animaga de nuevo para empezar su captura.

Nuevamente dos animales seguían de cerca al humano por el bosque. Un zorro y un murciélago que, a una distancia prudencial, lo seguían sin emitir el más mínimo ruido. Por su parte, Circe aleteaba tras Abigail, pudiendo así ser consciente de lo que hacía tanto el zorro como el humano. Siguiendo lo que ambas pensaban que sería la madriguera de aquel mago. Y no quedaron muy lejos a la hora de acertar, pues en una madriguera se habían metido. Pero era de un conejo. Y, curiosamente, de otro animal con un olor poco agradable.

De la nada un conejo y una mofeta volvieron a su forma humana apresando a la Mortífaga y obligando a que esta recuperase la forma de Abigail McDowell, conocida en todo el Mundo Mágico por ser la Ministra de Magia.

- No cantemos victoria antes de tiempo. Pueden haberla seguido, puede ser un señuelo. – Dijo la mofeta, quien parecía el más consecuente de los tres.

- ¿De verdad piensas que la Ministra de Magia se dejaría usar como señuelo? – El conejo lo miró desde lo alto, con desdén, soltando una carcajada antes de escupir en su rostro. – Vas a pagar por todo lo que has hecho, puta. – Una sonrisa se dibujó en sus labios pues, aunque sus intenciones hubiesen sido puras en algún momento, la sed de sangre y venganza se veía reflejada en cada uno de sus movimientos.

Una guerra cambia a las personas. Tener que enfrentarse a la muerta de amigos, familiares y conocidos no era plato de buen gusto. Ver lo que el mundo había hecho a personas que no tenían culpa de nada hacía que el sentimiento de culpa anidase al sobrevivir. Hacía que las personas buenas, cargadas de inocencia, se volviesen monstruos. La gente cambiaba ante situaciones como aquellas y esos hombres no eran diferentes. Eran daños colaterales de un gobierno como el que controlaba en país en aquellos instantes. Las víctimas silenciosas, casi invisibles. Víctimas que no morían, pero sí lo hacían por dentro.

- La llevaremos al cuartel. – Matizó el mago, apartando al conejo de la Ministra y siendo él quien tomaba las riendas de la situación.

Dejó el cuerpo del tullido y lo despertó.

- ¿Qué? – Otra vez estaba perdido y  en busca de respuestas. Miró a un lado y a otro antes de razonar y comprender lo que sucedía. - ¿La Ministra?

- Esa  zorra te pisaba los talones. – Dijo la mofeta nuevamente. – En serio, era una zorra. Es una  maldita animaga, ¿Había constancia de ello?

- Es ilegal, revisamos todos los registros de animagos y metamorfomagos disponibles en el Ministerio de Magia hace semanas. No había rastro de su nombre.

- Hay que añadirla, para que nadie vuelva a correr el riesgo de…

- No habrá más riesgos. Esta noche la juzgaremos y su sentencia será la muerte. – El mago misterioso sonó contundente, como si fuese el que tenía mayor voz y voto en todo aquel asunto.

Parecía que habían tomado la decisión final. Amordazaron a la Ministra para impedir que se moviese pero también para que hiciese cualquier tipo de ruido y siguieron avanzando por el bosque. El mago misterioso junto al tullido iban delante y siguieron avanzando cuando el conejo y la mofeta frenaron de golpe.

- Vigilad que no pase nadie. – Afirmaron con la cabeza antes de que las otras tres figuras se perdiesen en el interior de una de las cuevas. El murciélago aceleró para entrar tras ellos sin levantar sospechas, ¿Acaso no era normal ver un murciélago en una cueva?

No había nadie más en el interior de la cueva. Tan solo el eco de sus propias pisadas y, cuando fueron a desaparecerse lejos de ahí, Circe se coló en la aparición conjunta y les siguió hasta una casa franca situada en las afueras de Londres. Ni siquiera sabía dónde estaba cuando se colocó sobre un armario ropero.

- No irás a…

- No somos como ellos.

El tullido afirmó con la cabeza y ambos se aproximaron a la única puerta que había en la habitación. El tullido salió pero el mago misterioso se quedó en la habitación durante un instante.

- Te daremos una hora para recapacitar sobre tus acciones y tendrás derecho a un juicio justo, no como los nuestros. Piensa bien lo que dirás, todos los que te juzgarán han sufrido tus decisiones durante este último año.

La puerta se cerró de un portazo y el murciélago se posicionó sobre la puerta, tomando su forma humana y sacando su varita para golpear a Abigail, haciendo que cuerdas y mordaza desaparecieran. No dijo nada, sino que se mantuvo en silencio cerca de la puerta para, si esta volvía abrirse, recuperar su forma animaga y esconderse.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Kristina Bazan.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitaria (Medimagia)
Pureza de sangre : Mestiza.
Galeones : 22.270
Lealtad : Lord Voldemort.
Patronus : -
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 1335
Puntos : 1033
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t908-circe-a-masbecth http://www.expectopatronum-rpg.com/t911-at-this-moment-you-mean-everything-circe-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t910-it-s-time-to-begin-isn-t-it-circe-s-cronos http://www.expectopatronum-rpg.com/t909-correspondencia-de-circe-a-masbecth
Circe A. MasbecthUniversitarios

Abigail T. McDowell el Miér Dic 13, 2017 3:10 am

Irritación. Eso era lo que sentía. Un mezcla entre un sentimiento que sabía que era correcto y la emoción de querer que sucediese totalmente lo contrario. Ahora mismo estaba terriblemente irritada por el hecho de que Circe no hiciese nada por sacarla de las zarpas de aquellos cuatro fugitivos que la llevaban a saber a dónde, no obstante, era bien consciente de que era lo mejor que la Masbecth podía estar haciendo. Y, seamos sinceros, si hubieran estado en diferentes posición, probablemente Abigail hubiera actuado de la misma manera de haber podido.

No tenía especialmente miedo, pero sí estaba nerviosa porque no sabía a lo que se iba a enfrentar. Y bueno, Abigail era un poco masoquista y en vez de darle miedo, eso le causaba furor.

Se abstuvo de decir nada, ya que era lo suficientemente inteligente como para no dañar el orgullo de cuatro fugitivos muy cabreados que ahora mismo la podían tener a su merced. Y, quieras o no, las superaban en número aunque ellas contasen con el factor sorpresa. Había muchos mortífagos que no, pero al menos ella sabía cuando tenía que tener la boca callada y cuando aprovecharse de su verborrea. Y ahora no era el momento.

Se dejó llevar, amordazada y atada. No le habían quitado la varita, la cual, antes de convertirse en zorro por última vez, se había guardado en el interior de su bota. El mago misterioso la había cacheado, pero le quitó importancia ante el hecho de que no podía acceder a ella de lo atada que estaba. La tenían bajo su absoluto control.

Cuando se preocupó fue cuando los tipos tenían intención de aparecerse, algo que fue fácil de deducir dado su comportamiento. No se preocupó por ella, sino más bien por separarse de Circe y que la misión se viese dividida, ya que entonces sí que al menos Abi estaría jodida. Sin embargo, después de que la metiesen en aquella habitación con aquella absurda amenaza —probablemente un estúpido preámbulo en el que prepararían ese 'famoso' juicio—, Circe volvió a su forma humana frente a Abigail. A fin de cuentas no la había elegido sólo por su cara bonita. Con un simple movimiento de su varita, la pelirroja volvió a estar libre, pudiendo acceder a su varita.

Al parecer van a organizarme un juicio. ¿Qué necesidad, no? Supongo que querrán discutir si después de cortarme la cabeza la ponen en una pica en la entrada de la cueva de Epping, o la pegan a la puerta del Ministerio o la dejan caer en la oficina de El Profeta. —Porque estaba claro que 'la muerte' sería la opinión de la mayoría. Después de lo que pasó en los mundiales, ya Abigail tenía bien claro que los fugitivos la querían bien muerta además de que cada uno de los crímenes que se hacen día sí y día también, estaban bajo su nombre como representante del nuevo sistema político.

La Ministra de Magia tenía dos ideas. Una era mucho más prudente que la otra, pero sin duda alguna la más peligrosa era la que más probabilidades de acierto tenía; que no de éxito. Continuó hablando en voz baja.

Hay tres personas aquí y, según tengo entendido, me llevarán a juicio ante todo el mundo, quiero asumir que un grupo mayor en donde se esconden la gran mayoría de los renegados. Tenemos dos opciones. Ir a juicio y encontrarnos a todo el mundo, o encargarnos de estos tres y buscar a todo el mundo a través de ellos. —¿A que no adivinas cual era la más peligrosa de todas? —Estamos en un piso, no sé en dónde, ni tampoco cuanta gente se encontrará aquí además de ellos tres. Pero tenemos el factor sorpresa. Si vamos a juicio... estaremos frente a muchas personas, la probabilidad de éxito será menor y la de morir probablemente mayor. —Que sonaba genial eso de pensar en volar por los aires una cueva llena de fugitivos e irte de allí mientras todos se consumían entre las llamas, pero había que ser realistas. —Y lo mejor es descubrir el sitio, para poder asegurarnos de que caiga de un ataque, ahora o en el futuro.

***
Una hora después

El plan había sido fácil: esperar. No sabía lo que se encontrarían al otro lado de la puerta y la verdad es que descubrirlo de manera repentina podía hacer que fuese totalmente contraproducente. La mejor opción para ellas era fingir sumisión por parte de Abigail y, cuando vinieran a buscarla, quitarse de encima al primer enemigo. El resto estarían cerca, o eso querían pensar. Los necesitaba a todos vivos, para ver cual de ellos era más útil y le pudiera proporcionar toda la información que ellas necesitaban. Así mismo, quedarse en el piso franco y que nadie pudiese salir de él, les aseguraría, en cierta forma, que siguiesen pensando que es 'un lugar seguro', por lo que cabía la opción de que siguiese viniendo gente.

Abigail se volvió a amordazar, aunque esta vez tenía las manos en la espalda y la varita entre sus dedos, de tal manera que podía quitarse aquello en cuanto quisiese.

La puerta se abrió y el mago misterioso entró al interior.

¿Preparada para defenderte, McDowell? Hoy comprenderás lo que es justicia de verdad.

Pero ella se limitó a alzar una ceja.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 26.602
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 750
Puntos : 532
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Circe A. Masbecth el Jue Dic 14, 2017 5:15 pm

Debía admitir que entre sus opciones siempre había estado la de emprender el vuelo en la dirección opuesta y dejar que la Ministra de Magia acabase en manos de aquellos hombres. No es como si fuese una Mortífaga concienciada con la causa y a quien le importase más que su propia vida el hecho de que los suyos estuviesen en el poder. Por supuesto que no. Circe era fiel a los Mortífagos hasta que su vida se antepusiese a ello. Le importaba más su propia seguridad que una causa que, como cualquier otra, consideraba pasajera. Llegaría un día en e que Abigail dejaría su puesto de trabajo bien por un golpe de  Estado, bien por la derrota de Lord Voldemort o porque alguien había decidido poner un nuevo peón en su lugar. No era  algo que le quitase el sueño.

Pero, aún así, voló tras la pelirroja siguiendo bien de cerca  a los fugitivos que la arrastraban hasta una cueva cercana. Bien por su relación con el mayor de sus hermanos. Bien porque creía que ella no acabaría muerta si ese plan salía mal. De cualquier modo, se arriesgo a entrometerse en una aparición conjunta yendo directamente a parar a una habitación prácticamente vacía y cuyo paradero era desconocido.

Cuando el mago misterioso y el tullido se marcharon, la rubia recuperó su forma humana posicionándose en la salida, impidiendo así que alguien pudiese entrar y ver que había alguien más en la habitación.

- Yo votaría por colgarla en la puerta de tu despacho. – Era al mejor  lugar para colgar una cabeza y lanzar un aviso al Ministerio de Magia. No es como si los Mortífagos fuesen a ver su cabeza en diez minutos en mitad de un bosque, y El Profeta era la empresa de sus padres y dudaba que fuesen a llevarse un susto al encontrar una cabeza humana en la puerta de alguno de sus despachos. No, aquello no le quitaría el sueño a ningún Masbecth.

Circe no habló demasiado. No porque fuese alguien que aceptase los planes ajenos a raja tabla – algo que quedó claro cuando puso patas arriba el plan inicial de Abigail en el bosque -, sino porque en esa habitación había, supuestamente, una única persona. Y hablar demasiado podría dar pie a ser descubierta. Ella contaba con una posición ventajosa y al más mínimo problema podía largarse de allí sin correr el más mínimo peligro. Y sería algo que haría de ser necesario, que no quedase ninguna duda al respecto.

- Eso significa que no quieres arriesgarte a morir, ¿No? – Elevó una ceja como si aquello fuese un insulto para los Mortífagos en lugar de lo más racional. Sólo quería molestar a Abigail porque ella estaba, por una vez, en mejor posición. Si Abigail quería salir de ahí viva tenía que confiar en Circe y en que esta actuase por ayudarla en lugar de buscar una ventana abierta y emprender el vuelo hasta que el hechizo contra apariciones estuviese lo suficientemente lejos como para poder volver a su casa en un abrir y cerrar de ojos.

Y, la confianza entre aquellas dos, era algo complicado. Pero Abigail debía poner la mano en el fuego por Circe si quería salir viva de ahí.

* * *

- ¿Hablas en serio? ¿Un juicio justo? – Un hombre con un bigote que lo asemejaba a una morsa protestó ante la propuesta del mago misterioso. - ¡Y una mierda! Esa  zorra mató a mi hijo, ¿Lo sabías? No le dio un juicio justo, lo mandó directamente al Área M. ¿Y sabes lo que me dijeron esos desvergonzados cuando me devolvieron su cadáver hecho cenizas? Que había muerto de gripe. ¡De gripe! Santo cielo, hasta un estúpido muggle como yo sabe que eso no es una buena idea.

- Alfred tiene razón. - Secundó una mujer mayor con larga melena rojiza. – No podemos arriesgarnos a que gane el juicio. O a que mate a alguno de los nuestros mientras está aquí. Abigail McDowell ya ha hecho suficiente daño al mundo.

- Pero nosotros no somos como ellos. – Protestó el mago misterioso. – Alfred, sé que la muerte de  tu hijo fue algo doloroso. Y, Doris, sé que perder a tu marido también lo fue. Yo perdí a la mujer que amaba en la batalla del Ministerio de Magia, perdí a mi hija en Azkaban. Pero no pienso perderme a mí mismo y convertirme en lo que son ellos.

- Lo entiendo, pero nosotros tenemos la última palabra. Abigail McDowell no será sometida a un juicio justo, no cuenta con ese derecho. No tendrá clemencia, no tendrá una muerte rápida e indolora. Pagará por todos y cada uno de sus crímenes. Y esta es mi última palabra.

El mago misterioso sabía que tenían razón, pero aún así, salió dando un portazo y yendo en dirección a la habitación de Abigail.

- Pero jefe, Alfred y Doris…

- Ellos dos pueden decir lo que quieran, pero yo no voy a cumplirlo. No voy a convertirme en un  monstruo como ellos, sigo siendo Auror aunque no tenga mi placa y tú y yo juzgaremos a Abigail como merece. Y, luego, sufrirá la sentencia.

* * *

El mago misterioso amenazó con palabras pero su varita seguía sujeta en su mano por si era necesaria. Por su parte, el tullido se acercó a Abigail para arrastrarla escaleras abajo.

- Serás juzgada por los crímenes cometidos desde el inicio de tu gobierno. No se tendrá en cuenta todo lo hecho  antes de esto, incluido el asesinato de Lena Milkovich, mi ex mujer. – Sentenció el hombre mientras su compañero arrastraba a Abigail a una de las habitaciones colindantes, no muy lejos de donde se encontraban.

Eliminó las supuestas ataduras de Abigail y movió la mano, invitando a la mujer a sentarse.

- Toma asiento, por favor. – El tullido se sentó al lado del mago misterioso, el cual se sentaba en una mesa repleta de papeles. – Empezaremos por orden cronológico. Si quieres añadir algún suceso importante que no aparece en nuestros registros deberás esperar a que se te de el turno de palabra.

Una nueva habitación. Un nuevo juicio. Y la magia no estaba permitida en esta zona, por lo que Circe no podía recuperar su forma humana. Y Gladis y Alfred, quienes no tardarían en darse cuenta de lo que sucedía, tampoco podrían entrar.


Última edición por Circe A. Masbecth el Vie Dic 15, 2017 7:04 pm, editado 1 vez
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Kristina Bazan.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitaria (Medimagia)
Pureza de sangre : Mestiza.
Galeones : 22.270
Lealtad : Lord Voldemort.
Patronus : -
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 1335
Puntos : 1033
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t908-circe-a-masbecth http://www.expectopatronum-rpg.com/t911-at-this-moment-you-mean-everything-circe-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t910-it-s-time-to-begin-isn-t-it-circe-s-cronos http://www.expectopatronum-rpg.com/t909-correspondencia-de-circe-a-masbecth
Circe A. MasbecthUniversitarios

Abigail T. McDowell el Vie Dic 15, 2017 1:35 pm

Obviamente —respondió tajante.

¿No era obvio, acaso? ¿Quién en su sano juicio querría ponerse frente a cientos de personas que no dudarían en conjurar una maldición imperdonable para acabar con su vida? Que sí, que Abigail era muy fiel a la causa, pero no estaba dispuesta a dar su vida para demostrar lo gilipollas que era. Habían mortífagos de toda clase y, al menos Abi, tenía bien claro que no era de esas que dicen más de lo que pueden cumplir, algo muy común en los nuevos miembros, con el ego más grande que sus propias capacidades.

Que no te engañe la sumisión de algunos lameculos, Circe... —Obviamente se refería al matrimonio Lestrange, pues ella, en las reuniones oficiales, ya debería de haber visto cómo eran con respecto a Lord Voldemort. Y eso que no había tenido la mala suerte, todavía, de verlos en situaciones más privadas. —Pero lo primero es salir con vida. Lo segundo cumplir con la misión.

Y aunque ahora mismo no fuese el mejor consejo que darle a una persona como ella, pues tenía que confiar en que cumpliese con su parte del plan para que aquello saliese bien, sabía muy bien que la pequeña de las Masbecth tenía lo que había que tener. Además, al menos Abigail no tenía duda alguna de que aquello era pan comido para ellas. Sólo necesitaban estar en una posición favorable; y lo estarían.

***

Se había guardado la varita antes de que el mago misterioso y el tullido llegasen a por ella y la arrastrasen hacia otro lugar. Aquel sitio estaba vacío y no parecía haber demasiada gente, algo que se molestó en observar antes de que la metiesen en una nueva habitación y la sentasen en una silla frente a mogollón de papeleo. La verdad es que éstos hombres no eran conscientes de lo estúpidos que eran. ¿Por qué cojones la habían desatado? ¿Cómo acto de buena fe? Todos en aquella sala eran bien conscientes de cómo terminaría ese juicio y, obviamente, Abi iba a tomar partido antes de que la sentencia fuese ejecutada. ¿Y encima le dan la oportunidad de hacer lo que le plazca? No sé, le faltaba algo así como un hervor a esta gente.

¿En serio? —preguntó, alzando una ceja.

¿En serio qué? —El hombre misterioso no pareció entender.

¿De verdad es necesario? Soy un rostro público que ha hecho los crímenes en público. No hay oportunidad alguna de que el veredicto de este juicio no termine en sentencia de muerte, ya que vuestra potestad en Azkaban no existe. Pero si eres feliz haciendo las cosas bien... —Se apoyó atrás en la silla, cruzándose de piernas. —Soy toda oídos.

Sólo intentamos hacer las cosas bien, no como vosotros. —Estaban muy atentos a cada movimiento que hacía Abigail, por lo que ella tenía que asegurarse de que su atención estaba en otra parte.

Nosotros hacemos las cosas bien. Todos aquellos enemigos del gobierno están siendo enjuiciados bajo la nueva legislación mágica. Es una pena que no seamos tan permisivos como Milkovich. ¿Tienes por ahí apuntado que fui yo quién la mató? —Sonrió perversamente. El hombre misterioso, evidentemente, no lo sabía y su rostro se contrajo en ira. —Sí... primero se pensó que la estaba salvando de todos los enemigos sedientos de sangre que prácticamente la habían rodeado. Vi la esperanza en sus ojos al verme: una mano amiga que iba a ayudarla... Pero lo único que quería era ser la ejecutora de su muerte. Aún recuerdo cómo me decía que no quería tener que acabar conmigo... cómo si hubiese podido.

El mago misterioso la miraba con odio, rabia y rencor. Llevaba todo ese tiempo asimilando la muerte de Lena como el de un capitán que se hunde con su barco, pero saber que McDowell, una de las personas más odiadas por todo lo que ha hecho, había sido no solo la asesina, sino también la sucia traidora, que mató a Lena por la espalda, acababa de conseguir que le hirviese la sangre. El tullido, al ver su rostro, puso una mano en el muslo de su amigo para tranquilizarlo, mirándole directamente a los ojos para darle apoyo.

El tipo tragó saliva.

Un crimen más se sumará a la lista...

Recuerdo que la hice arrodillarse ante mí antes de matarla. Murió como lo que era: alguien inferior, débil e inútil.

¡YA BASTA! —Se levantó de golpe de su silla, golpeando la mesa.

La pelirroja curvó una leve sonrisa en la comisura de sus labios, haciendo que su silla se deslizase hacia detrás y empujando con sus propios pies la mesa hacia ellos. La tabla impactó contra el vientre del hombre misterioso y contra el pecho del tullido. Éste último terminó cayéndose hacia atrás de la silla, mientras que el otro retrocedió hasta quedar pegado contra la pared. Abigail rápidamente se levantó de su asiento y caminó hacia el hombre misterioso, golpeando con fuerza su nariz para que el golpe contra la pared también fuese parte la estrategia. Finalmente sujetó su cabeza y la bajó con fuerza hacia abajo para golpearle contra la madera de la mesa. Quedó totalmente ido sobre su propia mancha de sangre.

El tullido había sacado su varita y, desde debajo de la mesa, apuntó a Abi.

¡EXPULSO!

Ella no pudo hacer nada, pero tampoco nada pasó.

Se acercó a él, se agachó y de un manotazo le quitó la varita —ya que no la podía sujetar bien debido al cabestrillo que tenía en la muñeca—, para entonces sujetar el cuello de su camisa y darle tres fuertes puñetazos que lo dejaron fuera de sí.

Miró entonces hacia donde había visto a Circe esconderse en forma de murciélago.

Sal y cúbreme. Aquí tiene que haber alguien más.

Y claro, lo que ellas no sabían es que Doris Gladis García y Alfred sí que eran conscientes de que el hombre misterioso —cuyo nombre jamás sabremos—, iba a hacer lo que le diese la gana. Es por eso  que no  tardaron en llamar a varios compañeros desde el refugio, los cuales se habían aparecido en la planta baja de ese piso, dispuestos a acabar con la Ministra de Magia.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 26.602
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 750
Puntos : 532
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Circe A. Masbecth el Vie Dic 15, 2017 9:48 pm

Ante el ataque de la Mortífaga al mago misterioso y al tullido Circe hizo un intento por recuperar su forma humana. Pero era imposible. La magia que le permitía volver a recuperar su forma humana no tenía cabida en aquella habitación por muchos esfuerzos que hiciese la rubia, algo que no  tardó en comprender al ver como el mago tullido sujetaba su varita entre sus dedos – con dificultad debido a que, precisamente, era el mago tullido por el estado de su brazo – para usarla como si fuese un simple palo de madera. El hechizo salió de entre sus labios y en su lugar no sucedió nada. Nada en absoluto.

Con sorpresa, el mago tullido miró primero el palo de madera inútil que sostenía entre sus dedos y, seguidamente, a Abigail antes de que esta le dejase totalmente fuera de combate junto al mago misterioso que había quedado en un segundo plano pocos segundos antes.

Ninguno de los dos había esperado aquel movimiento. Ambos habían confiado en que, ante una oportunidad de ser juzgada justamente, la bruja se habría mantenido en sus cabales sin actuar para dañar a alguien. ¿Ingenuos? Incluso más que eso. Ninguno había hecho nada por frenar a la mortífaga que ahora salía de la habitación tras dejarles sin la más mínima oportunidad de actuar.

En lugar de hacer caso a Abigail, Circe se mantuvo con la forma del murciélago y bajó hacia la parte baja de la vivienda donde no tardó en encontrar a un grupo formado por quince magos que se preparaban para subir a la parte superior de la casa, ya siendo conscientes de lo que les esperaba ahí arriba.

- ¿Está loco? ¿Cómo se le ocurre? – Preguntó la más joven del grupo sin desvelar el verdadero nombre del mago misterioso.

- Cree que lo que hace es justicia para Lena. No quiere decepcionarla.

- Lena está muerta, ya no hay que actuar noblemente. ¿De qué sirve eso?

- Para que nos maten.

- O nos capturen.

- O para que no nos convirtamos en lo que son ellos. – Intervino Gladis quien, a pesar de todo, estaba a favor de no darle un juicio justo a Abigail pero sí que comprendía las razones que movían al mago misterioso.

- Vosotros tres, conmigo. Iremos por la puerta trasera. – Volvió a intervenir la más joven del grupo quien, a pesar de todo, parecía saber cómo actuar.

El murciélago aleteó con fuerza para subir al piso superior antes de que aquellos magos lo hiciesen. Recuperó su forma humana y entró a la habitación donde la magia no estaba permitida. Ignoró por completo la presencia de Abigail, cerrando la puerta tras de sí y colocando la mesa en la entrada para sí dificultar a los magos que pudiesen pasar al interior de la habitación.

Una vez lo hubo hecho – moviendo el cuerpo inconsciente o muerto del mago misterioso y haciéndole darse de lleno contra el suelo – se aproximó hacia una de las paredes en busca de una puerta oculta o una salida que les permitiese entrar. A otro lado de la puerta, un par de golpes.

- Mason, sé que estás ahí dentro. Ya sé que él no querrá razonar, pero tú… Hazlo por los demás. Déjanos pasar para juzgarla como merece. – Aquello no sería un juicio justo pero el mago tullido no contestó a la petición. – Mason, ¿Me escuchas? – El pomo de la puerta tembló. – Mason, ¿Va todo bien ahí dentro? – La voz de aquel hombre sonaba paranoica, como si se temiese que algo no iba bien.

Y es que se lo temía, pues ya hacía señas a los demás para que volasen la puerta y pasar al interior sin importar los métodos que debiesen usar.

- Por aquí. – Dijo Circe en apenas un susurro indicando a Abigail que la siguiese. Consiguió abrir la puerta oculta en la pared, haciendo que una nube de polvo le golpease en el rostro debido al tiempo que llevaba sin ser usado aquel pasadizo. Sacó la varita y la colocó en la mano izquierda.  Indicó a Abi que cerrase la puerta tras de sí y comenzó a avanzar en la penumbra. – Les oí decir que tres vendrían por la puerta trasera. Debe ser esta. - Y era más fácil enfrentarse a tres de ellos que a doce.

Sin previo aviso la rubia recuperó su forma animaga. En cuanto tuvo constancia de que la magia funcionaba de nuevo no lo pensó dos veces para poder ver, de alguna forma, en la oscuridad. Pues una varita delataría donde se encontraban.

Se separó de Abigail lo suficiente como para poder avanzar en la penumbra en busca de los tres magos que habían tomado el camino trasero y, una vez dio con ellos, recuperó su forma humana.

La bruja más joven cayó al suelo al recibir la maldición mortal por la espalda. Una luz verde iluminó todo el túnel dejando ver una sombra humana que rápidamente desapareció recuperando la forma de murciélago.

- ¡Louisa! – Gritó un hombre arrodillándose para sujetar el cuerpo de la mujer que caía al suelo.

Por su parte, el segundo hombre comenzó a lanzar hechizos a ciegas sin saber muy bien donde estaba la persona que acababa de matar a uno de los suyos.

- ¡Para! – Gritó dejando en el suelo a Louisa. – Podrías dar a uno de los nuestr… - La frase quedó en el aire y, como si de un regurgitar se tratase, el hombre también dejó de hablar perdido entre sus propias palabras. Sin comprender cómo alguien había llegado a rajarle la garganta.

El hombre que lanzaba hechizos a diestro y siniestro, sumido en pánico, comenzó a lanzar un hechizo tras otro. Tras otro. Tras otro. Sin saber donde iban, incluso llegando a golpear a Circe con uno de ellos. El murciélago salió volando despedido hacia un lateral del túnel y cayó al suelo golpeando la pared hasta recuperar su forma humana al perder la concentración.

La rubia tosió y notó el sabor de la sangre en su garganta. Elevó su varita y una bombarda no verbal hizo que el mago saliese disparado hacia el lado en el que Abigail se encontraba, ya no muy lejos de allí.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Kristina Bazan.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitaria (Medimagia)
Pureza de sangre : Mestiza.
Galeones : 22.270
Lealtad : Lord Voldemort.
Patronus : -
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 1335
Puntos : 1033
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t908-circe-a-masbecth http://www.expectopatronum-rpg.com/t911-at-this-moment-you-mean-everything-circe-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t910-it-s-time-to-begin-isn-t-it-circe-s-cronos http://www.expectopatronum-rpg.com/t909-correspondencia-de-circe-a-masbecth
Circe A. MasbecthUniversitarios

Abigail T. McDowell el Mar Dic 19, 2017 4:16 am

Abigail le dijo que le cubriese, con la idea de seguir adelante y limpiar aquello de basura, no obstante, Circe entendió algo así como un 'haz lo que te de la puta gana' y se fue escaleras abajo convertida en murciélago. La pelirroja miró como se iba, para luego mirar el reloj que tenía en su muñeca, cagándose un poco en la puta. Esperó, obviamente. ¿Qué otra maldita cosa iba a hacer? ¿Perseguir a un puto murciélago? No quería ser carnaza tan fácil de aniquilar, sinceramente.

Se aseguró de que en aquella planta no hubiese nada y, cuando escuchó el aleteo del murciélago nuevamente y vio que entraba en la habitación sin magia, entró detrás de ella, observando como movía todo desesperadamente. ¿Esta niña tendría claro que la base de una misión exitosa era la comunicación entre sus participantes? No sé. No lo parecía. Faltaba algo: un aviso, una alerta, quizás una palabra. ¿Era mucho pedir? Ya no exigía ni obediencia, sólo comunicación, por Merlín.

Cuando descubrió la puerta trasera después de que uno de los fugitivos tocase la puerta fuertemente, fue cuando abrió la maldita boca para decir que por ahí venían tres personas. ¿Tres de cuántos? ¿Sabría contar o del estrés se le habría olvidado y no saben cuántos vienen de frente? Pese a todo, ella tenía información y Abigail no, por lo que persiguió a la rubia cerrando la puerta tras de sí. Circe fue muchísimo más rápida aleteando en forma de murciélago, mientras que Abigail, conjurando un echoes para poder ver en aquella oscuridad y cubriendo las espaldas por si alguien entraba por dónde ellas lo habían hecho. Fueron varios metros más adelante donde pudo ver como tres personas se volvían locas y cómo un murciélago les vacilaba como si jugase en su propio terreno. Apenas pasó un minuto para cuando una bombarda impactó contra el último eslabón vivo, cayendo cerca de donde se encontraba Abigail. Murió sin que pudiese hacer nada por levantarse de allí, ya que una maldición asesina le arrebató la vida.

Fue entonces cuando pudo escuchar que la puerta por la que habían entrado se abría y varias personas corrían por el pasillo por el que se habían metido. Corrió en dirección a donde estaba Circe, ayudándole a levantar rápidamente de un tirón con su mano.

El hechizo 'echoes' le reveló que eran casi doce personas las que les perseguían y eso, por muy en alta estima que se tuviera y la confianza de que en otras circunstancias podría con ellos, no estaba como para andarse con tonterías. Apuntó hacia atrás y no tuvo pudor alguno en conjurar un 'Fyendfire' que salió por aquel pasillo en dirección a todos los magos que las perseguían, adoptando la forma de una serpiente.

Ellas continuaron corriendo, bajando por unas escaleras que daban a una puerta, directamente a la planta baja del edificio. Ahora habían dos opciones: o irse aprovechándose de que ahí probablemente sí estuviese habilitada la aparición —además de que había una chimenea de Red Flú en la sala de reuniones—, o subir a ver si había alguien con vida que poder llevarse con ellos. Deshizo el 'echoes' que había conjurado para no volverse loca y miró a Circe.

Voy a por uno de ellos y luego nos vamos de aquí.

No le dijo lo que hacer, ya que iba a hacer lo que le saliese de la punta de la nariz, por lo que la pelirroja comenzó a subir las escaleras rápidamente para llegar, de nuevo, a la entrada de la habitación en donde la intentaron someter a un juicio justo. Se asomó con cuidado, fijándose en que tanto el mago misterioso como el tullido seguían en el suelo inconscientes, mientras que a través de la puerta escondida —la cual estaba entreabierta— se veían las llamas y se escuchaban a personas gemir del dolor. De hecho, pudo ver como una mano intentaba empujar la puerta, intentando alejarse de las llamas que le consumían. Tras empujar la puerta, pudo ver a Abigail y ésta solo pudo curvar una sonrisa y cerrarle la puerta para dejarle en el lado de las llamas sin escapatoria.

No tenía ni idea de si todos los magos habían sido consumidos por las llamas, pero definitivamente no iba a comprobarlo. Con un 'mobilicorpus' movió al mago misterioso y comenzó a arrastrarlo con magia tras de él, levitando a escasos centímetros del suelo. Bajó las escaleras rápidamente en busca de Circe.

Vayámonos antes de que aparezcan más. No sé si todos han caído o han conseguido huir a tiempo. —Y, obviamente, en el caso de que fuese eso último (pues Abi intentaba no subestimarlos, otra vez), podrían aparecer en el peor momento con refuerzos.

Tocó al hombre misterioso y tocó a Circe, con intención de desaparecerse de allí a un lugar tranquilo en el que interrogar a este hombre.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 26.602
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 750
Puntos : 532
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Circe A. Masbecth el Miér Dic 20, 2017 4:40 pm

Ninguna de las dos eran perfectas por mucho que su ego y narcisismo creyese lo contrario. Por lo que era fácil que subestimaran las capacidades de los demás y se creyesen superiores al resto de magos que se encontraban en el pasadizo. Dado que ya había dejado fuera de combate a dos de los magos, Circe se creyó capaz de cualquier cosa sin ser consciente que no lo era. Que, por mucho que algunas veces las cosas salgan bien, también es probable que eso cambie drásticamente y te acabes por llevar un buen golpe al caerte de tu propio pedestal.

Y eso fue lo que sucedió.

Cayó a trompicones en su forma de murciélago hasta perder el control de sí misma y se sus habilidades a causa de uno de los magos que aún quedaba con vida en aquel maltrecho camino. Cayó llevándose varios golpes contra la pared hasta recuperar la forma humana que yacía en el suelo pocos segundos después. Le dolía el cuerpo y notaba cómo su ropa se había hecho girones en la caída. Incluso le ardía la cabeza, lo que probablemente significaría que uno de los golpes había hecho que se llevase consigo un recuerdo en forma de herida.

La mano de Abigail le permitió levantarse con mayor ayuda y, rápidamente, comenzó a correr tras ella. Tenía una pierna dolorida a causa de la última caída y aquellos golpes tan numerosos, lo que hacía que le costase andar más de lo que debería. El tobillo izquierdo le fallaba pero aún así siguió corriendo. Y más aún cuando vio como todo a su paso comenzaba a ser devorado por las llamas que salían de la varita de Abigail.

Circe aceleró el paso todo lo que sus piernas le permitían para alejarse del fuego que comenzaba a alimentarse de todo el oxígeno que encontraba para así avanzar llevándose a su paso todo lo que encontraba. Desde el simple oxígeno hasta los cuerpos sin vida que yacían en el suelo. Pero también los vivos que corrían sin poder escapar en dirección a la salida del pasadizo. Quizá alguno logró salir con vida de ahí, pero eso sería algo que jamás sabrían. O, al menos, aquella noche.

Frenó en seco cuando Abi se marchó de allí y sacó su varita para sellar la puerta e impedir que las llamas siguiesen avanzando. Conjuró un par de hechizos protectores en dirección a la puerta haciendo que esta tuviese la suficiente consistencia como para retener las llamas durante algo más de tiempo del que normalmente lo haría y vio como una llamarada pasaba bajo la puerta intentando devorar, sin éxito, cualquier cosa. Se apartó de un salto antes de que las llamas pudiesen causarle cualquier daño y se alejó de la puerta, mirándola con cautela por si decidía convertirse en cenizas y tenía que desaparecer de allí aunque fuese sola y dejando a Abigail a que jugase con su propio destino, enfrentándose a él.

Circe recuperó el aliento cuando Abigail se marchó y comenzó a notar cómo le pesaba el cuerpo. Cómo cada centímetro de su piel estaba terriblemente dolorido y las fuerzas comenzaban a marcharse. Tomó asiento en uno de los sillones que había frente a la chimenea y pasó la mano derecha por su frente. Al mirar la mano se encontró con una mancha de sangre que confirmaba que se había llevado un buen golpe en su caída. Tiró de su propia camiseta haciéndola aún más jirones y colocó la tela rota sobre la herida, intentando quitar toda las sangre posible o al menos frenar la hemorragia.

Antes de saber si había sido un éxito su idea improvisada, Abigail llegó tirando del cuerpo inconsciente de uno de los magos que ya habían conocido antes: el mago misterioso. Circe esperó para desaparecerse con Abigail y, seguidamente, se encontraban en uno de los pisos francos utilizados por los Mortífagos desde antes de que se alzasen en el poder. El piso estaba deteriorado y en mal estado. Se notaba que hacía tiempo que nadie lo utilizaba pero estaba lo suficientemente protegido para que nadie ajeno a los Mortífagos pudiese acceder a él.

- ¿Piensas interrogarlo ahora? – Preguntó la rubia antes de marcharse de la habitación en la que se encontraban, abriendo la puerta al baño y escuchando a Abigail frente al espejo. Limpió la tela que había usado para su propia sangre y volvió a colocarla sobre la herida para esta vez limpiar su alrededor y encontrar una pequeña herida que, al encontrarse en la cabeza, sangraba más y parecía peor de lo que realmente era.

El hombre seguía inconsciente, en el suelo. Circe elevó su varita y unas cadenas lo amarraron, impidiendo que se moviese cuando se despertase.

- ¿Sabes quiénes?
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Kristina Bazan.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitaria (Medimagia)
Pureza de sangre : Mestiza.
Galeones : 22.270
Lealtad : Lord Voldemort.
Patronus : -
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 1335
Puntos : 1033
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t908-circe-a-masbecth http://www.expectopatronum-rpg.com/t911-at-this-moment-you-mean-everything-circe-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t910-it-s-time-to-begin-isn-t-it-circe-s-cronos http://www.expectopatronum-rpg.com/t909-correspondencia-de-circe-a-masbecth
Circe A. MasbecthUniversitarios

Abigail T. McDowell el Sáb Dic 23, 2017 4:30 am

Se aparecieron en un piso franco de los Mortífagos, ubicado bien lejos del centro de Londres. Nada más aparecerse una nube de polvo subió por sus pies y es que aquello era, literamente, una casa abandonada desde hacía mucho, mucho tiempo. Hace un año se utilizaba para hacer reuniones y mantener a los miembros de los mortífagos ocultos ante misiones, ¿pero ahora? No era más que un lugar que había dejado de tener una función. Pese a la posición que tenían en la nueva sociedad, aquellos pisos habían sido conservados o, más bien, nadie había hecho nada por deshacerse de ellos. A fin de cuentas, sabiendo cómo eran, nunca venía mal tener un lugar seguro al que ir cuando las cosas se torcían o un lugar, como ahora, al que llevar a ese tipo para que hablase.

La pelirroja se había dado cuenta de la sangre de Circe, pero no reparó en ella pues la prioridad en terreno enemigo era salir de allí cuánto antes con algo con lo que poder rascar información. Sin embargo, una vez estuvieron en lugar seguro y dejó caer al mago misterioso al suelo, siguió a la Masbecth hasta el baño para asegurarse de que estaba bien.

Sí, había sido una jugada arriesgada conjurar un Fyendfire dentro de un pasillo estrecho y pequeño, pero sin ese riesgo probablemente hubieran tenido muy complicado salir de allí. ¿Cuántos eran? ¿Doce? Estaba claro que por en muy estima que se tuvieran, podrían o no haber salido o salido muy mal paradas si se llegan a decantar por enfrentarlos a todos uno a uno. La verdad es que Abigail teniendo en cuenta la vida que llevaba ahora, no estaba como para tomarse los riesgos a la ligera. Su usual frase de antes de 'sin riesgos no hay diversión', quedaba un poco eclipsada con la seriedad con la que actualmente se tomaba su vida y su profesión.

Observó desde la puerta la herida de Circe y cómo ella misma se encargaba de ella.

Sobrevivirás.

Le hizo un movimiento con la cabeza para que saliese en cuánto hubiese terminado, quedándose entonces frente a aquel tipo inconsciente. La verdad es que le hubiese gustado traerse a otra persona con ellas en vez de solamente a una, pero tendría que conformarse. Abigail era mucho de utilizar la desesperación del ser humano al ver a otra sufrir cuando quería conseguir información. Estas personas solían ser demasiado buenas y con muy poco egoísmo en su interior; de hecho era más fácil sacarles información torturando a una persona frente a ellos, que a ellos mismos. Era un honor morir y no decir nada, mientras que no era tan honorífico dejar morir a otra persona por mantenerte callado.

Pero Abigail era una persona paciente y, a decir verdad, tenía muchos recursos si alguien pecaba de ser demasiado honorable como para decir algo incluso al borde de la muerte. No se había hecho una experta legeremante por nada. Circe lo encadenó, pero antes de despertarlo le hizo una pregunta.

En un principio no tenía ni idea, pero mientras hacían el intento de hacerme un juicio justo, dejó caer que era el ex marido de Lena Milkovich. —Sonrió perversamente, mirándola de reojo. —Fue fácil hacerlo rabiar cuando le dije que yo la maté. Se llama Henry Howard y... es un donde nadie. Un don nadie con un exquisito sentido de la justicia, pero a fin de cuentas, un don nadie.

Abigail miró su reloj, dándose cuenta de que ya era de madrugada y llevaban más de seis horas en aquella misión que había sido prácticamente toda improvisada. No habían conseguido todavía su meta inicial: saber en dónde se escondían los fugitivos, no obstante, habían conseguido mucho más de lo que al menos la pelirroja se esperaba en un principio. Eso sí, no tenía muchas ganas de perder el tiempo con el tipo que tenían delante. Era bien consciente de que sería tan terco como su ex mujer, pero seguramente no tan necio. Al igual que ella y seguramente por el inigualable sentido de la justicia que tenía, no iba a decir nada. Aunque sinceramente, esperaba equivocarse.

Este tío no se va a morir sin sernos útil —le dije a Circe, para entonces apuntarle con la varita y despertarlo de su inconsciencia. Estaba desubicado y arrepentido, probablemente porque era bien consciente de que no debió de haber ido por la vía pacífica con Abigail McDowell. Sólo un estúpido como él, igual a Lena, lo haría.

Entonces retrocedió unos pasos, mirando a Circe para luego mirar significativamente a Henry. Era todo de ella. Tenía ganas de ver de qué era capaz de hacer de hacerle.

¿Te ves capaz de hacerlo hablar?
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 26.602
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 750
Puntos : 532
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Circe A. Masbecth el Sáb Dic 23, 2017 11:50 am

Le dolía la cabeza. Sentía incluso cierto mareo y al ver la cantidad de sangre que salía por la herida abierta en su cabeza su tono de piel se volvió más enfermizo de lo que ya normalmente era. No le importaba ver sangre, pero no si esta sangre era la suya propia. Sentía debilidad, como si el mundo se hundiese bajo sus pies aun cuando ella misma sabía que por una pequeña herida como aquella nadie iba a morir. Mucho menos cuando tenía los medios para que sólo quedase como un mero recuerdo en cuestión de poco tiempo. Pero aún así al cantidad de sangre que caía manchando su rostro hacía que el malestar estuviese presente y no pudiese evitarlo. Su piel se tornó fría, aún más que por las simples bajas temperaturas. Respiró hondo, apoyada en el lavabo y lo dejó atrás para volver a la habitación donde aquel mago misterioso cuyo nombre aún desconocían se encontraba.

- Alentador. – Se limitó a contestar a Abigail con una mirada cargada de desdén antes de pasar al interior de la habitación, mirando el cuerpo aún inconsciente del hombre.

Circe no tenía ni la más remota de quién era aquel hombre. Y tampoco es que el desconocimiento le fuese a quitar el sueño. Simplemente lo miró, esperando a que despertase mientras escuchaba las palabras de Abigail sobre quién era.

- ¿No se supone que un ex debería alegrarse de la muerte de la Ministra? – Preguntó Circe buscando una silla donde sentarse pero todas estaban en tan mal estado que prefirió subirse sobre lo que parecía haber sido antaño un piano de pared al que ya no le quedaban ni teclas. Con la varita hizo que el polvo desapareciese y tomó asiento en el lugar donde deberían haber estado las teclas. Subió sendas piernas al asiento y se apoyó en sus propias rodillas para ver el espectáculo, como si aquello fuese una función especial diseñada para su disfrute personal.

Se había puesto cómoda intentando que el dolor físico menguase. Pero no lo hizo. Su cabeza seguía dando vueltas y, para  ayudarlo a empeorar, fue Abigail quien le dio pie a que fuese ella quien le hiciese hablar.

- ¿Aún no le has cortado la lengua? – Preguntó la rubia retóricamente mientras bajaba del asiento improvisado que tan poco tiempo ole había durado.

- Tengo la lengua. – Contestó Henry desde el suelo. – Pero no pienso deciros nada. – Su tono de voz parecía tranquilo.

- Sabe que va a morir. No dirá nada. – Circe ignoró las palabras del hombre y su mera presencia, sino que se limitó a hablar en dirección a Abigail. - ¿Le cuidas unos minutos? Gracias Abi,
siempre tan dispuesta a ayudar.
– Preguntó Circe con una falsa amabilidad que incluso podía masticarse. Dio un par de  pasos en dirección al baño y, en cuanto  entró en el él, se desapareció rumbo a la sede de El Profeta que regentaban sus padres, donde ya las máquinas estaban trabajando para el número de aquel día.

Aquello no le llevó mucho tiempo. Apenas quince minutos, suficiente para lo que necesitaba y también para desquiciar tanto a Herny como a Abigail.

Como cabía esperar de alguien que no daba  explicaciones de nada, Circe tiró al suelo un periódico y tocó la mano de Henry al mismo tiempo que tocaba aquel trozo de papel tintado. Sonrió antes de desaparecer de la vista de Abigail llevándose consigo a Henry sin ninguna explicación.

* * *

El Ministerio de Magia era un hervidero de magos dispuestos a dar su vida por su causa, sin importar cuál fuese esta. Los más inteligentes salían corriendo en dirección a las salidas para empleados y, sin previo aviso, recibían un rayo de luz mortal en el pecho que les dejaba en el suelo, sin oportunidad de volver a moverse.

Circe tiró de Henry apartándole del camino de un hechizo que impactó en un Auror del Ministerio de Magia que estaba siendo apresado por un Mortífago que, además, era uno de los hermanos de Circe. La rubia sonrió satisfecha al ver la actuación de su hermano mientras avanzaba con Henry hasta la zona que buscaba. La zona donde todo había tenido lugar.

- ¿Dónde me llevas? ¿Qué es esto?

- Sólo un recordatorio. – Una sonrisa inocente. - ¿No te gustaría ver cómo pasó todo? – Aunque aquello estaba distorsionado por cómo la historia había sido narrada en aquel número de El Profeta y no era tal cual había sucedido.

Ante su mirada, Lena Milkovich caía al suelo para suplicar a los pies de Abiail por su vida. Algo que no había sucedido pero que El Profeta había narrado en el número del día después de la batalla.

- No lo hagas, por favor. Huiré del país, te lo prometo. No causaré ningún daño, no me opondré. – Rogaba entre lágrimas de cocodrilo. – Abigail, te lo suplico.

La varita de Abigail se elevó acabando con la vida de la Ministra de Magia ante los ojos aterrados de su ex marido que, antes de poder gritar, ya había vuelto al piso franco de Londres.


* * *

- ¡Mientes! Ella no suplicó, ella dio su vida, ¡Esa no era ella! – Comenzó a gritar. Desesperado.

- ¿Y tú suplicarás o darás tu vida como ella? – Sonrió. – Crucio. – Y el hombre comenzó a  gritar en el suelo fruto de la frustración ante el dolor físico y el recuerdo que Circe le había presentado como si fuese  cierto. – Piensa en Lena antes de volverte loco. O dinos donde están los tuyos.

- Nunca. – Susurró entre jadeos. Entre  algún que otro grito que lograba escapar entre sus labios. Desesperado.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Kristina Bazan.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitaria (Medimagia)
Pureza de sangre : Mestiza.
Galeones : 22.270
Lealtad : Lord Voldemort.
Patronus : -
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 1335
Puntos : 1033
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t908-circe-a-masbecth http://www.expectopatronum-rpg.com/t911-at-this-moment-you-mean-everything-circe-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t910-it-s-time-to-begin-isn-t-it-circe-s-cronos http://www.expectopatronum-rpg.com/t909-correspondencia-de-circe-a-masbecth
Circe A. MasbecthUniversitarios

Abigail T. McDowell el Vie Ene 05, 2018 3:56 am

Le pareció de lo más curioso e interesante el método que usó Circe para meterse en la mente del tipo. Manipular la mente era muy complicado, pero era fácil manipular los medios por los cual confundir la mente. Mientras el tipo sufría los efectos de un cruciatus de la más pequeña de los Masbecth, Abigail recogió el periódico del suelo para releer con tranquilidad lo que allí estaba escrito, recordando a medida que leía como había sido de verdad aquella noche del diecinueve de diciembre. No lo iba a negar: El Profeta tenía un estilo particular que le lamía muy bien el culo al Ministerio y, en este caso, a todo lo relacionado con el purismo. Además, parecía que tenían un gusto especial por humillar de la peor manera a todos los enemigos de Lord Voldemort.

Cuando los gritos del tipo comenzaron a molestarle, fue cuando dejó el periódico sobre una mesa y se acercó a ellos, optando por el camino fácil. Puso una mano en el hombro de Circe para que parase.

No sé tú, pero tengo ganas de darme una ducha y terminar con todo esto. Y éste tipo me da mucha pereza con su código de honor típico de héroe. —Miró de reojo a la chica, para entonces mirar al tipo.

Se puso de cuclillas frente a él, mirándole a los ojos cansados que poseía después de esas continuas maldiciones que lo habían dejado prácticamente sin respiración. Elevó la mano en la que portaba su varita y posó la punta de la misma contra la sien del tipo, metiéndose en su cabeza en cuestión de segundos sin apartar ni un instante la mirada de sus ojos. Era indispensable para hacer la conexión no sólo que la otra persona estuviese consciente, sino que además había que tener contacto visual.

Entrar en su mente fue fácil, pero no tanto indagar por ella. Después de la experiencia que tenía la pelirroja con ese tipo de cosas, suponer que tenía conocimientos de oclumancia no fue complicado, sobre todo teniendo en cuenta que era el ex marido de la anterior Ministra de Magia, probablemente un tipo que tenía que ocultar muchas, muchas cosas. Pero él estaba cansado, recién dañado por una maldición imperdonable y yo tenía mucha, mucha paciencia.

Sal... sal de mi mente... —dijo con rabia, con los dientes bien apretados, tanto que se le hinchó una de las venas de su frente intentando echarme.

Si no hablas, buscaré lo que quiero encontrar —le contesté.

No sé cuánto tiempo pasó fuera, pero estuve bastante tiempo intentando descifrar aquella cabeza, cosa que no le supuso un reto, sólo tiempo y dedicación. Quizás si llega a estar en sus plenas facultades si lo hubiese hecho, pero suponía que después de haber decepcionado a todos sus aliados con su estúpido honor justiciero, haber revivido con tanta realidad el momento de la muerte de Lena gracias a Circe y, sobre todo, estar en ese estado de debilidad por culpa de la maldición cruciatus, habían hecho que sus barreras emocionales jugasen en su contra.

Después de un rato —aproximadamente diez o quince minutos—, el tipo dejó caer su cabeza sin fuerza. No estaba inconsciente, pero estaba derrotado. No sólo había decepcionado, sino que encima ahora tenía que vivir con la consciencia intranquila por haberlos traicionado.

La pelirroja se levantó, mirando a Circe.

Trabajaba con los fugitivos del bosque de Epping, pero no vivía allí. Hacía de intermediario entre los necesitados en Londres que buscaban refugio, por lo que sólo tenía ubicaciones de las casas francos en la ciudad. —Hizo una pausa. —Mañana me pondré con ello.

Tu ambición será lo primero con lo que te estampes, McDowell...

Abigail se limitó a apuntarlo y dejarlo totalmente inconsciente con un hechizo que ni pronunció.

Puedes irte ya. Si quieres ver cómo termina todo esto, avísame mañana. Si no daré por sentado que no estás interesada —le dijo con claridad, con un tono totalmente neutral. Entendería perfectamente que quisiera dejarlo aquí.

Le podría haber dicho que lo había hecho bien, pero dado que ambas habían salido ilesas frente a las adversidades y que evidentemente no había queja alguna, decirlo en voz alta era sólo alimentar su ego y dado que hoy ya le había dado esa gratificación, se lo ahorró por último. Eso sí, como mentora que había sido de ella con respecto a la animagia, sí que había progresado un montón.

Y enhorabuena. Has sabido controlar tu forma animaga muy bien. Me esperaba menos desde la última vez que tuvimos clases. —De hecho, demasiado bien. Teniendo en cuenta que estaba aprendiendo, debía de estar exhausta después de tanto tiempo acudiendo a su forma animaga, pero había tenido una avance excepcional.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 11
PB : Hayley Williams
Edad del pj : 30
Ocupación : Ministra de Magia
Pureza de sangre : Sangre limpia
Galeones : 26.602
Lealtad : Lord Voldemort
Patronus : No tiene
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 750
Puntos : 532
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t150-abigail-t-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t153-te-atreves-relaciones-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t158-cronologia-de-abi-mcdowell http://www.expectopatronum-rpg.com/t173-lechuceria-de-abi-mcdowell#850
Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Circe A. Masbecth el Dom Ene 07, 2018 1:47 pm

El hechizo brotó de los labios de la rubia y, rápidamente, el mago notó los efectos de este en su cuerpo. Gimió de dolor. Colocó sus manos en forma de puños apretando con fuerza como si así fuese  a ser capaz de contener el tan profundo dolor que recorría cada centímetro de su piel mientras Circe, que no se había movido ni un milímetro, lo observaba con una sonrisa en el rostro. Una sonrisa que bien podría parecer alegre pero que, en una situación como aquella, sólo hacía que aquel evento rozase aún más el aire enfermizo que ya poseía.

Circe no tenía método alguno para entrar en la mente de aquel hombre. No podía acceder a sus pensamientos ni a sus emociones. No podía jugar con sus recuerdos o llegar a manipularlos cuando su mente estaba consciente y así poder hacer de aquel evento una tortura sin precedentes. Pero si podía manipularle de una manera más enrevesada. Podía hacerle ver una situación que, realmente, nunca había sucedido. Podía mostrarle la noche del veinte de diciembre como un símbolo de rendición de los buenos. Un golpe de  los  malos para demostrar que estaban por encima, que tenían el poder. Que en su mano estaba todo lo que necesitaban para destruir el mundo y que, alguien con la bondad de Lena, no había tenido más opción que rendirse y rogar por su vida. Se había doblegado. O, al menos, eso fue  lo que Circe le mostró a su ex marido.

Bajó la varita ante el contacto con Abi y afirmó con la cabeza, mirando en dirección al rostro del hombre. El agotamiento podía verse en cada arruga de su piel, las cuales parecían que se habían acrecentado desde que Circe había alzado la varita para hacerle revivir un recuerdo que no les pertenecía a ninguno de ellos.

- No va a decir nada. – Afirmó Circe muy segura de sus palabras. Eso era lo malo de  las buenas personas, que no decían nada cuando su vida se ponía en peligro. Necesitabas demostrarles de qué eras capaz. Que uno de los suyos podía morir a causa de sus acciones de estúpido héroe de película americana cuyo final no será feliz. Pero en aquel momento no tenían a nadie. No tenían otra persona con la que poder jugar a aquel juego macabro. Sólo quedaba él con vida.

Cuando Abigail comenzó a indagar en la mente de aquel hombre Circe se apartó. Caminó durante un par de minutos por la habitación para, finalmente, subir de nuevo al órgano antiguo y hecho trizas que había en una de las paredes para usarlo como asiento mientras veía lo que pasaba. Apoyó uno de sus codos en sus rodillas y sujetó su cabeza entre su mano mientras veía aquel espectáculo donde no podía verse nada salvo una lucha de miradas entre ambos. Nada en absoluto. Para un simple espectador como era Circe en aquel momento aquello que estaba sucediendo ante sus ojos eran la representación gráfica del aburrimiento. No sucedía nada en absoluto hasta que, finalmente, el hombre pidió, con rabia, que Abigail saliese de su mente. Circe miró con curiosidad para ver si algo sucedía pero el procedimiento era exactamente el mismo que había sido durante los minutos anteriores. Nada en absoluto. Sólo aquella batalla para ver  quién era capaz de aguantar la vista durante más tiempo fijada en el contrario.

- Tendrás noticias mañana. – Dijo la rubia dando un brinco de la posición que había tomado sobre el piano para avanzar en dirección a la salida sin siquiera mirar al hombre que, ahora, yacía inconsciente en el suelo.

Le dedicó una última mirada a Abigail antes de abrir la puerta y, con marcado ego, sonrió. Estaba exhausta, no podía negarlo. Pero eso no quería decir que lo fuese a admitir en voz  alta. Notaba como las piernas llevaban fallándole un buen rato y por eso había recurrido a sentarse en cuanto tenía oportunidad. Sentía un cansancio extraño, como si hubiese estado corriendo durante horas y su respiración le quemase el pecho aún cuando sus ojos no querían cerrarse. Su mente estaba agotada, incluso le resultaba complicado pensar, por lo que prefirió dejar el juego de palabras que podía hacer para demostrar su alto nivel de amor propio delante de Abigail para otro momento.

- No me subestimes la próxima vez. – Y sin poder evitarlo, un nuevo comentario salió de entre sus labios. – Si hubieses traído a ese novio tuyo ambos ahora estaríais muertos. - ¿O acaso esperaba que un puñetero león pasase desapercibido en mitad de un bosque? No, obviamente no.

Cerró la puerta tras de sí y, en cuanto tuvo oportunidad, utilizó las pocas fuerzas que aún le quedaban para salir de ahí para caer sobre su propia cama. Estaba realmente agotada.
avatar
Imagen Personalizada :
RP : 8
PB : Kristina Bazan.
Edad del pj : 20
Ocupación : Universitaria (Medimagia)
Pureza de sangre : Mestiza.
Galeones : 22.270
Lealtad : Lord Voldemort.
Patronus : -
RP Adicional : +1H /+2F
Mensajes : 1335
Puntos : 1033
Ver perfil de usuario http://www.expectopatronum-rpg.com/t908-circe-a-masbecth http://www.expectopatronum-rpg.com/t911-at-this-moment-you-mean-everything-circe-s-rs http://www.expectopatronum-rpg.com/t910-it-s-time-to-begin-isn-t-it-circe-s-cronos http://www.expectopatronum-rpg.com/t909-correspondencia-de-circe-a-masbecth
Circe A. MasbecthUniversitarios

Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.