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Only hope [Abi McDowell]

Einar E. Gudjohnsen el Dom Oct 08, 2017 9:41 pm

*Suena un ruido molesto y chirriante* El despertador. Automáticamente lo apago y ni siquiera sé cómo. Abro un ojo y lo primero que siento es que la cabeza me va a explotar. “¿Qué hora es?” Intento mirar el despertador mientras abro, por fin, el otro ojo. Las seis y media de la mañana. Suspiro y me paso las manos por la cara para así intentar espabilarme.

Tras cinco minutos recordé todo lo que había pasado ayer. Literalmente me habían echado de San Mungo a pesar de que no quería irme. "Que no era apto para ejercer, tras 48 horas despierto… ¿Y quién iba a atender a tantos heridos?" Aún así mis compañeros estaban en lo cierto, no sirve de nada que yo también caiga enfermo y tengan un paciente más, es lo último que nos faltaba ya.

A las siete en punto de la mañana siempre me tomaba un desayuno inglés perfectamente colocado, mientras leía los historiales de los pacientes. Me habían dejado en mis manos un paciente bastante peculiar. Nada y más y nada menos que la señora Ministra. A pesar de ello, siempre trato por igual a mis pacientes. “Abigail McDowell”. “Contusiones múltiples en la cabeza. Una costilla fracturada. Quemaduras de tercer grado, mayormente,  por el lado izquierdo de su cuerpo. Herida contundente en la zona del vientre”. Ante tal diagnóstico me sorprende que siga viva. Necesito ir ya a San Mungo.

Entre en la clínica y me bombardearon con preguntas de todo tipo. Así que corrí hasta mi despacho para coger la bata blanca, era una costumbre que tenía de mi madre.

- Vale, cálmate. Necesito que te ordenes las ideas  y primero me pongas al día. - Calmadamente fui poniendo en orden mi unidad y enterándome de lo que había pasado en mi ausencia. “Han subido el número de heridos”. Necesitamos ayuda.

- Necesito que llames al Doctor Wells y me cubra en la unidad dos y cuatro, yo le ayudaré en cuanto me encargue de esta paciente primero. - Le dije a una de las enfermeras mientras miraba las constantes vitales de Abigail.

“Constantes vitales normales. Presión un poco baja. Sin fiebre, bueno, eso es buena señal.”.

- Vale, Abigail… A ver como se encuentran esas quemaduras. - Me decía a mi mismo mientras destapaba a la paciente con mucho cuidado.

La paciente solo llevaba tres días en la clínica. Estaba en estado crítico y en coma, la única mejoría es que ha despertado del coma anoche a las diez. Lentamente fui quitando las gasas con cuidado. Las quemaduras se estaban curando correctamente pero aún estaban muy expuestas. Al saber que las enfermeras estaban ocupadas cambié las gasas por mi mismo y le aplique de nuevo el tratamiento. “Vamos a ver ahora que le ha pasado a tu vientre”. El historial médico detallaba que se le había clavado una especie de estaca debido a la explosión. La herida era profunda, había sido tratada con Vulnera sanentum y cosida. Aún así si hacía movimientos bruscos la herida podría volver a sangrar y tener que volver a poner los puntos. "Aunque lo que me preocupa no son tus heridas físicas. Me asignaron a ti por algo." Cogí las radiografías para inspeccionar un poco más su interior. Siempre me había gustado más esta técnica muggle. Aunque nunca está demás hacer un doble chequeo.

"Translucens". "Vamos a mirarte un poco más de cerca".
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Abigail T. McDowell el Lun Oct 09, 2017 3:42 am

Lo último que recordaba con claridad había sido despertarse en San Mungo con un dolor que le recorría todo el cuerpo. ¿Antes de eso? Antes de eso... bien poco conseguía recordar. Lo último que recorría su mente era una situación de puro caos. Fuego, dolor, impotencia, debilidad, flashes inconclusos... Como si un cúmulo de sensaciones y emociones malas se hubieran unido en un solo momento; eso es lo único que recordaba. Eso sí, podía recordar con perfecta claridad como repentinamente toda su mirada se eclipsaba por la llamarada de una gran explosión. Eso lo recordaba como si lo hubiese vivido hace un momento.

El poco tiempo que había estado despierta en San Mungo fue el suficiente como para que se enterase de cómo había terminado todo lo relacionado con el atentado, pero apenas tuvo tiempo para hacer o decir mucho pues rápidamente volvió a quedarse dormida. Cuando despertó estaba sola, acompañada de una enfermera que se encargaba de cambiar las vías suministradas por lo que tampoco pudo decirle demasiado.

Era la primera vez que iba a San Mungo, además de la primera vez que alguien le hace salir tan herida de un ataque. Era la primera vez que de verdad había estado cerca de la muerte, tentando entre si se iba con ella o no. Gracias no sabía a quién, había podido fintar a la muerte y tener una oportunidad, una oportunidad que Abigail sabía muy bien en qué gastar. La venganza siempre había sido para ella un plato que saborear con lentitud y pensaba encontrar el lugar en dónde esos fugitivos se esconden, así como hacerles pagar por todo lo que han hecho. No sólo por cuestionar el gobierno en el que ha trabajado tanto, sino por el miedo, el dolor y la insolencia. Estaba furiosa y, no sabía por qué, pero tenía la sensación de que lo único que le había hecho abrir los ojos en aquella cama de San Mungo había sido lo enfadada que se sentía con todo lo que le rodeaba.

Se encontraba durmiendo, aunque no por mucho tiempo, puesto que cuando el doctor Gudjohnsen comenzó a palpar sus quemaduras, inevitablemente éstas hicieron que Abi se despertase por la sensibilidad. No abrió los ojos, sino que se mantuvo en la medida de lo consciente mientras sentían como la analizaban. Lo primero que pasó por su cabeza al recobrar la consciencia fue que se estaba muriendo de sed, sinceramente. A decir verdad, no tenía ganas de ni de abrir los ojos ni de hablar con nadie, pero tampoco tenía ganas de seguir durmiendo, ¿cuánto llevaba durmiendo ya en aquella maldita habitación? Se sentía inútil. Si no sintiese que si intentase levantarse se rompería por la mitad, probablemente ya lo hubiera intentando.

Abrió los ojos lentamente, viendo a un lado a un doctor moreno, de tez pálida y serio mirando lo que era su cabeza. Parecía más grande que ella, por lo que fue bastante reconfortante saber que estaba siendo atendida por alguien competente y no un cualquiera recién salido de la universidad. Por norma general, Abigail no se fiaba de nadie que fuera más pequeño que ella.

¿Puedo beber algo? —Fue lo primero que salió de su pastosa boca, acompañado de un intento de colocarse mejor en su camilla. Al intentarlo, le dio un tirón en el vientre, por no contar el hecho de que sentía que ya no tenía fuerzas para nada. Se quejó en silencio, puso un gesto de fastidio por el dolor que había sentido y se mantuvo quieta. —No me acordaba que por poco no me traen en trocitos... —consiguió decir con una ironía atroz cuando se quedó quieta y en una posición bastante incómoda.

Suspiró, bastante derrotada. Nunca se había sentido tan... débil y dependiente. Ahora mismo no podía hacer prácticamente nada sin ayuda. Le dolía todo. Le ardía todo. Por arder, probablemente hasta le ardía el orgullo y el nivel de rencor y odio estaban tan a tope que en aquel momento no debía de ser sano para ella ni para nadie querer matar a alguien con tantas ganas. Se miraba el brazo izquierdo y... no quería ni imaginarse como estaría su piel bajo las gasas. Milagrosamente su rostro había quedado 'intacto', al menos de las llamas, ya que podía sentir como le ardía alguna que otra herida. Abigail siempre había destacado por ser de esas personas que ocultan sus verdaderos sentimientos y ahora también lo estaba intentando, haciendo que la 'seriedad' que le caracterizaba camuflara esa debilidad, impotencia y tristeza que ahora mismo estaba sintiendo.

¿Cómo me ve? —le preguntó al sanador, para entonces hacerle una pregunta que le llevaba rondando desde que había abierto los ojos. —¿Cuánto tiempo llevo aquí?

Se lo habían dicho ayer, pero a decir verdad no recordaba prácticamente nada de lo que le había dicho aquella enfermera.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Einar E. Gudjohnsen el Lun Oct 09, 2017 10:12 pm

" Vaya, vaya, vaya... esto no podría ser bueno". La radiografía señalaba una clara contusión cerebral. Debido al impacto, el cerebro había chocado contra el cráneo. Necesitaba saber la gravedad de la situación. La necesitaba a ella despierta.

Pareciera que me había escuchado, ya que al cabo de cinco minutos me sorprendió mirandome fijamente aturdida. Acto seguido deje de examinarle y deje un par de minutos para que se adaptara y reconociera dónde estaba, con suerte.


- Buenos días Señorita Abigail. Soy el Doctor Einar Gudjohnsen y me han asignado su caso. - Estaba exasperado por bombardearla a preguntas de todo tipo. Entre como se sentía, a que demonios había ocurrido como poco. Pero la vi tan aturdida que hasta el más necio e inexperto de los médicos sabia el más básico de los protocolos. Período de adaptación.

- Por supuesto. Tenemos muchas cosas de las que hablar Señorita Abigail. - Fui al pasillo a por el típico vaso de plástico que sirven junto a una dispensadora de agua con una garrafa. Toda una modernidad. Al llegar vi como Abigail intentaba incorporarse, de inmediato intente detenerla. -Entiendo que se pueda sentir incómoda tras tanto tiempo en la misma posición, pero le sugiero que use de la camilla automática para mejorar su postura. Tiene una herida grave en el vientre, aunque ya entraremos en detalles. Su agua. - Intente ayudar a la paciente a encontrar una mejor postura. - La verdad es que tiene suerte de seguir viva. -Sonreí a la paciente. Todos mis compañeros decían que no lo hiciera, ya que era tan forzada que hasta resultaba bastante horripilante.

"Tras media hora, la paciente ya había inspeccionado su entorno y a pesar de tener una contusión cerebral, la orientación y el habla no se habían visto afectadas y de momento no muestra signos de nauseas o pérdida de la consciencia." Escribí en el historial médico todas las actualizaciones acontecidas hasta que Abigail interrumpió. "Al fin."


-Vamos por partes. Llegaste aquí hace tres días en estado crítico y en coma, despertaste... - Abro de nuevo la carpeta con el historial médico de la paciente. - A las 11 de la noche de ayer. - Hice una pausa, ya que este tipo de cuestiones impresionaban a los pacientes. - En cuanto a tu estado... Tienes una contusión cerebral leve, lesiones leves por todo tu cuerpo, quemaduras de tercer grado, mayormente, por el lado izquierdo de tu cuerpo y una herida grave en la zona de tu vientre. La buena noticia es que te estas recuperando asombrosamente bien al tratamiento y no hemos percibido ninguna infección por el momento. ¿Alguna otra pregunta Señorita Abigail? - Aunque en ese mismo momento llegó una enfermera con una cara de horror. - Discúlpeme un momento. - Antes de decir nada más salí de la sala y me dirigí a la enfermera. - ¿Qué tenemos?- Inmediatamente la enfermera me explicó todos los detalles, mientras llegábamos a la sala 7. - Está bien tenemos que parar la hemorragia enseguida. Sarah tienes que entubarle ahora mismo, ha dejado de respirar. ¡Decidme la presión arterial! ¡Traed más sangre! - Tras la retahíla de órdenes conseguimos que el paciente se mantuviera estable. En cuestión de segundos se podía decidir la vida de un ser humano si no hacías bien las cosas.

Pasé suspirando hacia los lavabos para lavarme minuciosamente la sangre y otros residuos y poder volver con mi paciente principal.


- Discúlpeme, estamos desbordados. ¿En qué nos habíamos quedado? - Mire fijamente a la paciente intentando recobrar así la calma del principio.
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Abigail T. McDowell el Sáb Oct 14, 2017 6:16 pm

Bebió del agua que le había proporcionado el doctor mientras éste le ayudaba a ponerse en mejor postura gracias a las opciones de las camillas, sintiendo que por mucho que eso se moviese, ella seguía igual o más incómoda. No tenía ganas de estar sentada, sino que quería ponerse de pie y estirar las piernas, ya que tenía una sensación de entumecimiento increíble, como si llevase días sin moverse, lo cual era la triste realidad. Las palabras del doctor se suponían que debían de ser reconfortantes, pero si lo acompañaba de esa sonrisa tan tétrica no cumplían para nada su objetivo. Lo miró un tanto consternada, ¿estaba intentando ser amigable con esa sonrisa de estreñido? Y luego le preguntaban a ella que por qué siempre estaba tan seria... pues probablemente por lo mismo, porque cuando una sonrisa se finge; es peor remedio.

Supongo que el atentado era para que muchos terminásemos muertos, así que sí: la suerte está de mi parte... —respondió débilmente cuando se terminó el agua, medio cerrando los ojos para concentrarse en sentir qué era todo lo que le dolía.

Se mojó los labios y se pegó varios minutos intentando habituarse, sobre todo a la espera de que el médico terminase de tomar notas de lo que fuese que había visto en su cabeza. A decir verdad, tenía muy pocas ganas de mantener una conversación basada en la jerga médica que tan poco entendía, pero si quería entender por qué todo su cuerpo le dolía, lo mejor iba a hacer enterarse de una vez por todas.

El médico le explicó todo lo que tenía y Abigail, lentamente, se fue llevando su mano derecha —aquella que no le dolía horrores— a la cabeza hasta colocar sus dedos en el puente de la nariz. Al final sí que iba a tener razón y, después de todo, no solo había salido viva de un intento de asesinato sino también por las múltiples heridas. Ahora mismo estaba alucinando que, después de todo, estuviese allí, despierta y milagrosamente de una pieza. Tenía montones de preguntas, pero se quedó con la palabra en la boca cuando el médico de apellido impronunciable por un mortal británico, tuvo que irse urgentemente.

Ella esperó allí sentada, ¿qué otra maldita cosa podía hacer? Nada. Ojeó de nuevo el vaso de plástico por si quedaba agua que beber, pero se lo había terminado del primer trago. El tiempo que se pasó allí sola se examinó ella misma todo su cuerpo. Empezó bajando las sábanas y subiéndose aquel camisón, observando a través del vendaje del vientre la herida que le recorría.  Al verla recordó perfectamente cómo durante una milésima de segundo no solo sintió un dolor atroz, sino también la consternación al ver tanta sangre en sus manos cuando se tocó allí. Se volvió a tapar y luego se miró el brazo. Si bien la gran amyoría estaba vendado probablemente con un ungüento mágico capaz de regenerar la piel muerta, las pocas partes que estaban al descubierto tenían un aspecto terrible. Intentó levantar un poco de gasa para ver cómo estaba progresando, pero como le dolió desistió rápidamente.

El resto del tiempo se lo pasó muriéndose de aburrimiento, para variar. Abigail era una chica demasiado inquieta y ahora mismo lo único que estaba deseando es que alguien viniese, le diese algo milagroso que le curase rápidamente e irse al Ministerio de Magia.

El doctor Gudjohnsen volvió a entrar, esta vez más calmado, disculpándose por haberse ido de esa manera. En otra ocasión quizás Abigail se hubiera quejado, pero en ese momento no tenía ni ganas de eso.

No se preocupe —se limitó a decir con educación. —Nos quedamos en mi ronda de preguntas. Tengo varias —le advirtió. —¿Qué consecuencias conlleva una contusión cerebral leve? —Todo lo demás lo había entendido, pero lo que quería saber era las posibles consecuencias de eso, básicamente porque no quería quedarse puto retrasada. Ya he dicho ya que Abi y la medicina no se llevan nada bien. Ella era de una rama totalmente distinta. —¿Para cuándo estima que esté recuperada si sigo a este ritmo? ¿Me puedo levantar o me voy a tener que pegar todo el tiempo acostada? Te juro que tengo las piernas dormidas ahora mismo. Siento que no tengo fuerzas pero... también siento que como siga aquí sin hacer nada lo menos que conseguiré será recuperarla.

Y se estaba orinando, pero además de que podía aguantar quería preguntar primero si es que podía levantarse y ya con ese dato podría empezar a pensar un plan para ir al baño.

Y me gustaría pedirle material para escribir, un trozo de pergamino y una pluma. Necesito contactar con mi Asistente ahora que puedo estar consciente más de media hora seguida —le pidió amablemente, ya que tenía el vago recuerdo que ayer, cuando despertó, apenas había estado quince minutos despierta.

Lo que la Ministra ignoraba es que su Asistente se encontraba en la sala de espera, con la esperanza de que recobrase pronto de nuevo la consciencia. Aunque claro, al no ser familiar ni absolutamente nada cercano, le tocaba esperar fuera y no dentro de la habitación de ella. Suponía que el estado en el que se encontraba Abigail para el resto del mundo era un misterio, puesto que desde que se enterasen que estaba despierta, los medios atosigarían aquella habitación para hacerles preguntas y, resumidamente, joderle la paciencia. Obviamente también ignoraba que el pasillo de la planta en donde se encontraba su habitación estaba siendo vigilada por varios aurores y que nadie, ni prensa ni nadie que no fuese de absoluta confianza, podía llegar hasta la habitación de ella. Después del atentado, hasta parecían pocas prevenciones.
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Abigail T. McDowellMinistra de Magia

Einar E. Gudjohnsen el Miér Oct 25, 2017 10:53 pm

No era muy profesional dejar al paciente tanto tiempo desatendido, pero las circunstancias así lo requerían. A pesar de que solo me asignaron el caso de la señora ministra, no podía permitirme el lujo de dejar que todos los pacientes murieran porque no tenían el suficiente estatus para ser atendidos. Me negaba.

- Una vez más... Discúlpeme señorita Abigail. ¿Por dónde nos habíamos quedado? - Dije mientras arrastraba una de esas pequeñas sillas de hospital sin respaldo que servían para analizar o diagnosticar al paciente. - Pues... Se puede presentar debilidad, dolor de cabeza, falta de coordinación motora, adormecimiento, dificultad para comunicarse, amnesia, problemas cognitivos, pérdida de conciencia, náuseas, vómitos, entre otras cosas. Aunque debo decir que usted se está recuperando extraordinariamente bien a pesar de como llegó al hospital. - Sin decir mucho mas me levante y deja un poco de espacio a la paciente. Era mucho que procesar, así que me tomé la molestia de rellenar de nuevo el vasito de plástico con agua. - Bueno... Todo depende de como reaccione tu cuerpo al tratamiento, claro está. Pero teniendo en cuenta sus heridas... Entre unas dos o tres semanas estaría completamente curada. Entiendo que se encuentre incómoda, pero le sugiero que se quede acostada, desgraciadamente no hay mucho que podamos hacer para acelerar más su recuperación. - Podría comprender lo impotente que se puede sentir un paciente cuando se encuentra en estas condiciones. "Debería de buscar una medida de entretenimiento para los pacientes, especialmente para los niños." - Claro, deme un poco de tiempo y volveré en seguida - Era la oportunidad perfecta para poder dedicar un poco de tiempo a los más necesitados.

Salí de la sala en dirección a la sala de espera, dónde se encontraba también la recepción, pero... ERROR. No recordaba que toda la prensa estaría allí. Lo cual como si de un famoso se tratara se abalanzaron sobre mí con millones de preguntas que no tenían ningún sentido, ya que hablaban todos juntos y atropelladamente.
- Sintiéndolo mucho no puedo decir detalles de la paciente ya que es confidencial, y ninguno son familiares como para tener esa información, lo único que puedo decir es que la paciente McDowell está estable y consciente en estos momentos. Ahora si me disculpan... Tengo mucho trabajo que hacer. - Respetuosamente intente esquivar a la gente mientras éstos seguían haciendo más preguntas. Continué, ya por fin, hacía el interior de recepción para coger lo que la señorita Abigail me había encomendado. Cuando levanté la cabeza en un despiste, recordé que el asistente de la ministra seguía allí, esperando calmado y paciente. Desgraciadamente no podía proporcionarle ninguna información mas útil de la que había dado a los medios, así que tras firmar algunos permisos que las enfermeras necesitaban para suministrar tratamientos y responder algunas urgencias, volví a la sale dónde se hospedaba la ministra.

- Ya estoy de nuevo por aquí, ¿Ha conseguido tener una mejor postura? - Intenté abrir un poco de conversación pero hasta yo mismo sentía que no fue de las mejores maneras. Obviamente que no se sentía cómoda y no había manera humana de que nadie se sintiera cómodo en esa camilla. Me sentía estúpido. Así que carraspeé, quitando un poco de importancia y le di su pluma y papel como había pedido. - Espero que esto ayude un poco a matar el tiempo... - "Definitivamente buscaré una forma de entretener a los pacientes de larga estadía. Será la próxima propuesta al director."
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Abigail T. McDowell el Lun Oct 30, 2017 1:16 am

No le quedaba otra más que resignarse y esperar, básicamente porque allí sentada y en su estado no podía hacer ninguna otra más. Agradeció que el doctor Gudjohnsen no tardase más de la cuenta en volver a la habitación, ya que Abigail tenía varias preguntas y alguna que otra exigencia que pedir. Fue bastante gratificante escuchar que lo que presentaba una contusión cerebral leve no era nada demasiado grave, lo cual era lógico, ya que si es leve, no es grave.  Vaya, está claro que 'los problemas cognitivos' los tenía con esa capacidad de relación tan lenta y estúpida. Volvió a llevarse los dedos al puente de su nariz, ya que después de todo lo que más notaba ahora mismo era el dolor de cabeza, el cual era espantoso y le estaba poniendo de muy mal humor.  

En dos o tres semanas estaría totalmente recuperada, pero saldré de aquí antes, ¿no? —preguntó casi por inercia al escucharle. Dos o tres semanas eran demasiado tiempo. —No puedo pegarme aquí dos o tres semanas.

Y vamos, como que se llamaba Abigail McDowell no lo haría.

El doctor aceptó su petición y fue en busca y captura de material para escribir, tardando más o menos entre cinco y diez minutos que para la Ministra se le hicieron eternos. Estaba irritada y aburrida y eso solo hacía que la molestia con todo lo que le rodeaba solo fuese en aumento y siguiese aumentando. Y encima se estaba orinando y no tenía ni fuerzas para levantarse a hacer pis, ¿había algo acaso peor que eso? Bueno, era peor sentir un cosquilleo en la nariz y no poder rascarte, pero en estos momentos no había nada comparado con la frustración de querer ir al baño y no poder.

Einar volvió a entrar en la habitación.

No —respondió un tanto tajante. Él podía ser un doctor profesional que trata a sus pacientes con amabilidad, pero ahora mismo Abigail solo tenía ganas de arrancar cabezas y utilizarlas como retrete en el que orinar. —¿Va a venir alguna enfermera o usted será el encargado tratarme en todos los ámbitos? —Hizo una pausa. La vergüenza era real, aunque para ser sinceros, Abigail era demasiado orgullosa como para siquiera mostrar un poco de rubor. —No se ofenda, señor Gudjohnsen, pero me orino y si no soy capaz ni de colocarme decentemente en una camilla, supongo que comprenderá mi inutilidad para ir hasta el baño. —Echó una ojeada hacia donde se encontraba la puerta hacia el baño, literalmente a dos pasos. Literalmente. Dos pasos. —¿Me puede decir cómo narices hacer esto? —Sonaba tan seria que hasta parecía enfadada, pero siempre había sido demasiado repipi y orgullosa como para ahora enfrentarse a no poder ni hacer pis sola de lo débil que estaba.

Porque tenía una vía puesta que daba hacia una bolsita de suero, la cual estaba sujeta en lo alto de un palo de metal justo a su lado. Así mismo tenía tantas heridas que no sabía qué posiciones debía de evitar o cómo proceder a bajar de aquella camilla. Y vamos, lo de la coordinación motora era otro tema, ya que de tanto tiempo allí acostada le costaba horrores mover bien las piernas. En un principio esperaba que le dijera como moverse por sí misma —básicamente porque no quería sentirse una inútil—, aunque si somos lógicos lo más adecuado sería quitarle la vía y que el médico la llevase para evitar movimientos que pudieran reabrir o empeorar heridas.

Ya tendría tiempo para ponerse en pie y recobrar la movilidad, pero hasta ella sentía que si se ponía de pie, probablemente terminase rápidamente en el suelo. Por mucho que no quisiera aceptarlo: estaba muy débil. Excesivamente débil.
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