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Planes imprudentes con salsa de soja [Priv. Steven Bennington]

Laith Gauthier el Miér Oct 11, 2017 7:22 am

15 de septiembre.
21:47pm.
Pocas veces había odiado a Steven como lo odió toda esa semana, y eso que Laith no era alguien que odiase con mucha frecuencia. A último segundo incluso creyó que podría simplemente olvidarse de su pedido, cambiar de número y mudarse, pero más temprano que tarde supo que era una peor idea que la que ya de por sí tenía. Al final había acabado cumpliendo con diligencia la petición que se le había hecho, aprovechó incluso de encontrarse con viejos amigos con su inusual e inesperada visita, pero al final todo había salido bien. Cuatro días después de que Steven se lo pidió, había cumplido con el encargo.

No volvió sino dos días después, pasó unos cuantos sin contactar con el fugitivo otra vez para, como dijo, agradecerle con comida y hablar sobre el asunto. También tenía el cabello que le había pedido, suponía que para abastecerse de multijugos por si no conseguía imitar bien su rostro. Salió a las ocho de la noche de un turno diurno, donde le escribió un mensaje al fugitivo citándolo en un buffet de sushi dentro de un rato para aprovechar a caer por su departamento. Tenía los cabellos guardados dentro de una bolsa con cierre, dándose cuenta de lo mórbido que resultaba tener el cabello de un muerto en su departamento. Iba a volver de la muerte a jalarle los pies o algo.

Salió de su departamento con mucho tiempo de sobra para llegar a tiempo, pero poco luego de haber ingresado a la zona nomaj de Londres, se encontró con el no pequeño problema de una persecución por sangre, uno se daba cuenta rápidamente por la varita que cargaba el perseguidor. Y sí, no había otra mejor idea que involucrarse, más o menos, en ella. Una cosa importante que tenía ser un traidor a la sangre era no dejarse ver cuando estaba actuando contra la ley, así que su táctica funcionaba en entorpecer al mago atacador y encontrarse eventualmente con el perseguido para ver si necesitaba ayuda.

Resultó, para su sorpresa, ser alguien que ya conocía de antes. Sólo tenía algunos araños, así que un par de hechizos bastaron para que se marchase de ahí sin ningún problema. El mortífago se había quedado detrás, o al menos eso quería creer Laith, quien actuó como un transeúnte cualquiera a partir de ese momento. El reloj de su mano le hizo saber que ya iba quince minutos tarde, para variar. Le escribió otro mensaje a Steven para confirmarle que iba en camino y que, si había llegado, no se marchara del local.

Y, a pesar de ello, todavía se sentía intranquilo. Casi perseguido. Giró repentinamente en un callejón justo cuando sintió un hechizo venir directamente hacia él, no tenía tiempo para eso, así que tan pronto como salió de la vista de aquel sujeto había tomado su forma animaga para empezar a volar con dirección al edificio, dejando anonadado a su agresor. No tenía ganas de meterse en problemas, así que empezó a buscar un sitio cercano al local donde retomar su forma humana, había visto ya a Steven en la puerta del restaurante.

Buscando un sitio donde aparecerse, un proyectil más grande que él lo había impactado. Era un proyectil redondo y lleno de plumas negras a excepción del pecho. Parecía un torpe intento de cortejo, a juzgar por sus movimientos, tan torpes que había chocado con el colibrí. Laith se sacudió, por suerte no había llegado a caer al suelo, y se metió en un callejón para retomar su forma humana. El bichito emplumado comenzó a perseguirlo, revoloteándole alrededor. Parecía un petirrojo de raros colores, pero buscó la forma de ignorarlo.

Lamento la tardanza, te explicaré todo lo que sucedió con un plato lleno de nigiri de por medio —le indicó, dándole una palmada en el hombro para invitarlo a entrar, agitando una de sus manos para espantar al pajarito que lo venía molestando desde hace algunos minutos. Aunque Steven cambiase de rostro, había algo en él que le decía que era el fugitivo insensato. — ¿Cómo te ha ido? —le preguntó, distrayéndose casi al instante para pedir una mesa para dos. Había perdido, al menos, la sensación de que alguien lo perseguía. Al menos alguien humano y con ganas de aniquilarlo, pues había otro individuo que no le dejaba en paz.
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Steven D. Bennington el Vie Oct 13, 2017 12:47 pm

Cuando se había reunido con Laith para proponerle aquel plan (sacado de un maldito libro de humor o, en el mejor de  los casos, de la guía de suicidios rápidos que algún día tendría que escribir) no había pensado que el rubio tardaría tan poco en lograrlo. No sólo había tenido que viajar al otro lado del mundo sin usar la magia – dado que Laith era de esos seres extraños que prefería volar durante horas antes que aparecerse – sino que, además, debía haber encontrado a una persona que estuviese a punto de morir y recién fallecida, conseguir toda su documentación y sacarlo del complejo donde se encontrase sin que nadie lo viese. Sin levantar sospechas. Algo que no era tarea sencilla pues no valía un muerto cualquiera. No. Steven había especificado que debía ser alguien a quien nadie fuese echar de menos. Una persona cuya familia no se preocupase por su vida o, al menos no estuviese al corriente de ella.

En definitiva, un fantasma.

La fotografía no había llegado mucho después de su reunión. Un hombre de rasgos comunes, ojos azules y pelo canoso. Lo más llamativo de aquel hombre era una prominente barbilla, algo no muy complicado de imitar si llevabas años practicando con la metamorfomagia. Pero, aún así, no era tarea sencilla. Era prácticamente imposible imitar un rostro pero no era tan complicado para alguien con conocimientos suficiente copiar lo más básico de aquel hombre al que nadie conocía en Hogwars. Tan sólo debía mantener cierto parecido, especialmente en las fotografías de su documentación. Y, lo más importante de todo, no parecerse a sí mismo.

Había practicado durante horas en el espejo pero todavía no lo lograba por completo. Los ojos, estúpidamente, era lo que más se le resistía. No el color en sí, pues un azul podía servir cualquiera con tal de que tuviese ese pigmento. Sino la forma de estos, las pequeñas arrugas que se formaban en sus laterales debida a la avanzada edad de aquel hombre. Y es que Laith no había dado con alguien cercano a la edad de Steven, más bien con un hombre que fácilmente le sacaba 30 años.

Aún tenía tiempo para practicar. Quizá no todo el tiempo del mundo, pero sí suficiente. Y es que todavía  debía dar con la persona cuyo  puesto ocuparía en Hogwarts. ¿Tarea sencilla?  Quizá eso fuese la parte más complicada y es que no era  sencillo dar con un miembro del profesorado y hacerse con su puesto de trabajo. Era complicado. Muy complicado. Y más teniendo en cuenta que para  ello podría tener que recurrir a dejar de lado su faceta más amable para… Bueno, nunca se sabía qué pasaría su aquel hombre o mujer se resistía.

Le debía una bien gorda a Laith por lo que se había ofrecido a pagar el menú de aquel día. Algo que el rubio aprovechó y no lo dudó a la hora de ir a un buffet. Sí, un sitio de esos donde comes hasta que la comida empieza a salir por tu cabeza como si fueses uno de esos muñecos a los que se les mete plastilina en el interior y se aprieta su cabeza para que por diferentes partes de su cuerpo salga esa misma plastilina con forma de estrella, corazón o simplemente un largo espagueti.

- Más te vale, llevo aquí esperando un buen rato. – En verdad no. Steven debía haber perdido la puntualidad el día que perdió su libertad y había llegado apenas cinco minutos antes de que Laith hiciese su entrada triunfal. Entrada  que Steven no había comprendido bien pero ya había dicho el rubio que le explicaría. – Te sigue un pájaro. – Apuntó con el dedo al suelo, donde el animal avanzaba dando cortos pasitos para no perder la distancia con Laith.

Incluso cuando entraron al interior, el animal esperaba en el exterior mirando por la cristalera. Sólo faltaba que sonase el inicio de The Sound of Silence para que aquello fuese una escena de película dramática.

- No me quejo. Agnes hizo croquetas ayer, tengo un tupper lleno para ti. – Dijo como si aquello fuese lo más impactante que hubiese pasado en su semana. – También me topé a un hombre que casi me revienta la pizza en la cabeza porque le di la del siguiente  cliente que era hawaiana. No sé por qué hay tanto odio hacia la piña. – Era algo que no comprendía. Si era comida. Toda la comida era buena. Menos el brócoli que eso eran malditos arbolitos en miniatura. – Ah, y estoy en proceso de mejorar mi transformación para parecerme a… ¿Cómo me llamo? Necesito que me des todos los documentos que tengas para ponerme con ello. Ah, y el pelo, el pelo es importante. – No, no era para él. Pero  era mejor que el día en el que los necesitase no llegase. - ¿Cómo lo conseguiste todo?

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Laith Gauthier el Dom Oct 15, 2017 1:21 pm

Se había encontrado fácilmente con Steven, aunque no precisamente rápido. Con toda aquella película antes de verse, era normal. Le dedicó una sonrisa cuando le dijo que más le valía explicarle aquello, ya lo haría cuando se sirvieran y se sentaran a la mesa, en ese orden, estaba muriendo de hambre. Cuando iban a entrar, el fugitivo reparó en el bichito que lo venía persiguiendo de muy cerca, dando pasitos detrás de él. El sanador no supo si reírse, así que suspiró resignado, intentando espantarlo al mover su pie cerca de él, aunque sólo consiguió alejarlo un poco.

Tú no estás invitado —le dijo al pájaro, entrando al restaurante donde el ave se quedó mirándolo a través de la cristalera. Sólo faltaba una banda sonora deprimente y que empezase a llover para hacer esa escena rompedora de corazones. — Maravilloso, seguro que saben de maravilla esas cocretas —decía aquello con toda la intención del mundo, escuchando su anécdota conforme entraban y llegaban hasta su mesa, riéndose con la historia de discriminación a las pizzas con piña. — No veo mi nigiri por ningún sitio, ten paciencia —le guiñó un ojo, finalmente respirando tranquilo en la espera de que les pidieran las bebidas para levantarse a servirse.

Había pedido un refresco y tan pronto como lo pronunció y se hubo marchado la camarera se levantó a tomar un plato y servirse tanto como se le antojó. Estaba consciente que tendría que levantarse en más de una ocasión, pero el plato que tenía no estaba nada mal, lleno de nigiri, maki, sashimi, otras cosas cuyo nombre ni siquiera sabía. Cuando se sentó a la mesa y estuvo listo para comer y no sin antes dar un primer bocado, usando los palillos chinos con destreza, finalmente consideró todo lo que Steven había dicho antes.

¿Cómo te llamas? Ah… Adam Widmore, creo —alzó los ojos al techo intentando hacer memoria. Ese nombre le sonaba. — Fue fácil, de hecho, había recibido hace tiempo una carta de alguien que conocía que está trabajando en un hospital de allá, sólo le puse cara de perrito lastimero mientras le contaba una descorazonadora historia de la que supuestamente partí una investigación así que necesitaba un cuerpo todavía fresco para trabajar —le iba contando, dando bocados ocasionales. — Me habló de Adam, en estado vegetal a raíz de un accidente, no había sido visitado desde que llegó hace algunos años y pensaban desconectarlo por falta de espacio, sólo pude conseguir algunos papeles pero te bastarán —se distrajo por un momento remojando su maki en salsa de soja.

Le parecía tan triste ese tipo de abandono, ¿cómo era posible que en tantos años uno no fuera visitado en ningún momento por ningún pariente, ningún amigo? ¿Siquiera sabían dónde se encontraba, después de tanto tiempo? Él, quien no tenía contacto con ningún pariente, sí que sabía que más de uno de sus amigos le extrañaría, le iría a ver en cuanto supieran de su estado. Y es que había cosas que ni el dinero ni la magia conseguían, como fue el caso de Adam, que no pudo recuperarse del impacto que sufrió y sus esperanzas de recobrar la consciencia eran nulas. Tampoco se podía comprar ni crear el cariño, ni siquiera el filtro más fuerte de amor creaba amor verdadero.

Es mestizo, así que no te dará lío, sólo recuérdame darte los papeles que tengo y las identificaciones y el pelo también… El pelo, ¿para qué lo quieres? Le he estado dando vueltas pero… no sé, sólo tengo curiosidad —confesó, encogiéndose de hombros dándose una breve pausa de su comida. — Por cierto, llegué tarde porque me choqué de frente con una persecución… Tú sabes, quedarse al margen es muy fácil pero no es cosa mía —se encogió de hombros por segunda ocasión, restándole importancia al asunto. No le apetecía dar demasiados detalles de temas escabrosos, tenían muchas cosas de las que hablar después de todo.

Todavía pensaba que todo ese plan era estúpido y no tenía sentido. Y, bueno, un poco de menos sentido tenía él al no sólo considerar sino realmente ayudar a Steven en esa idea. Pero si todo salía bien, el otro lo había dicho, podría intentar hacer algo desde dentro del castillo, así como ver a su hija. Debía ser horrible para un padre estar separado de sus hijos. Debía ser culpa de su empatía que se había decidido al final a ayudar al otro, imaginarse cómo debía estarlo pasando había bastado para que no hiciera de más preguntas.
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Steven D. Bennington el Mar Oct 24, 2017 10:33 pm

Quién dice croquetas decía crocretas y es que Agnes, como gran parte de las personas de su edad, tenía una capacidad envidiable para inventarse palabras. Pero su especialidad eran las palabras relacionadas con la comida. Vamos, mejor no era decirle que ibas a comer flanes porque acababa preguntando cuatro veces qué era eso para luego terminar diciendo que “los falnes eran demasiado dulces”. Falnes. Aquello era más difícil de pronunciar que la palabra original. Y encima decía que eran demasiado dulces. Ella, la que echaba tres cucharadas de azúcar a los yogures azucarados. E incluso a los yogures con frutas.

- Mira, ahí hay. – Señaló a lo lejos un plato que, posiblemente, tenía nigiri en él. Ni siquiera alcanzaba a ver lo que había pero dado el lugar donde se encontraban era más que posible que Steven, de casualidad, hubiese acertado señalando en aquella dirección. – Sólo tienes que decir que es tuyo y ya podrás contestarme. – Añadió demostrando su falta de paciencia en aquellos momentos. ¡Estaba nervioso! En aquel momento acumulaba más nerviosísimo en cada célula de su piel que hambre, y eso era mucho decir teniendo en cuenta que era alguien que, por regla general, pasaba las veinticuatro horas del día con ganas de comer lo que encontrase a su paso.

No tardaron mucho en llenar sus platos de comida. La gente iba a los buffets y llenaba sus platos hasta arriba para no tener que moverse demasiado. O porque comían con los ojos. Steven era muy diferente. Al menos en parte. Pues no llevaba su plato hasta arriba. Sino que llenaba tres o cuatro platos pero no demasiado con un poco de toda la variedad de comida que alcanzaba a entrar en aquel lugar.

- ¿Hablas en serio? – Preguntó algo preocupado. No por su nueva situación como Adam Widmore, sino por el pobre estado de aquel hombre. - ¿Cómo podían tenerle ahí tanto tiempo sin visitarlo? ¿De verdad no tenía una familia? Bueno, no quiero decir que no me alegre, sino… No tendría a alguien a quién suplantar pero… Da pena, es una persona. Bueno, era, ya no. Y, ¿Qué le pasó? No me suelen interesar ese tipo de cosas pero creo que de alguna forma se lo debo. Ya que voy a suplantarle y eso. Además, así intento que no me pase lo mismo, a lo mejor su aspecto físico está destinado a… - No, esas cosas no sucedían. Por Merlín, ¡Si ni siquiera había cursado adivinación porque no creía en esas tonterías! – Bueno, sólo es curiosidad. – Admitió encogiéndose de hombros.

Un mestizo era mejor que un sangre limpia. Los sangre limpias tenían la mala costumbre de conocerse los unos a los otros. O de estar emparentados. De haber sido sangre limpia seguro que había acabado siento el primo tercero de la directora del colegio y el nieto por parte de tío sobrino perdido en Estados Unidos durante la segunda guerra mundial de la Ministra de Magia. Incluso pariente de Merlín después de la colonización de América por parte de ese tal Cristóbal Colón que no sabía cómo ir a las Indias.

- ¿Seguro que quieres saberlo? – Dijo mientras intentaba que los tallarines se quedasen en los palillos y no en su plato. Y es que aquello sí que era complicado. Era eso más complicado que sacarse una ingeniería muggle o eso decían los que habían intentado sacarse una. – Había pensado recurrir alguien en caso de que  me necesitasen hacer alguna prueba para ver mi sangre. Yo seguiré siendo sangre sucia pero otra persona… Tendría el aspecto de Adam y podría pasar  la prueba haciéndose pasar por mí. Bueno, por mí haciéndome pasar por Adam. – Eso era un maldito trabalenguas.

No podía estar más de acuerdo con Laith. Aquel chico era peor quedándose al margen que él. Básicamente porque Steven ya no tenía mucho que perder a aquellas alturas pero Laith aún contaba con una tapadera que le permitía vivir en paz con el nuevo gobierno mandando a Azkaban a todo aquel que demostraba no estar siguiendo sus mismos ideales.

- Quedarse al margen está sobrevalorado. ¿Qué pasaba? – Preguntó con curiosidad antes de ahogar un pedazo de sushi en la soja. Lo cogió con cuidado aunque ya estaba bastante bañado y se lo metió en la boca frunciendo el ceño porque eso no iba a saber a otra cosa que no fuese soja.
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Laith Gauthier el Jue Oct 26, 2017 11:20 pm

Puso los ojos en blanco cuando Steven le dijo que ya había un plato servido, pero no, él quiso servirse el suyo propio, haciendo la espera tortuosa para el fugitivo que necesitaba información. Para él el nerviosismo estaba acabado desde que bajó del avión de regreso a Londres, sólo necesitaba pasarle el relevo a Steven para que éste siguiese por su cuenta con su locura. Sólo una vez que estuvieron sentados comenzó a hablarle de todo lo que había pasado, quién era el hombre que había escogido para suplantarlo, una descorazonadora historia que a él personalmente le parecía terriblemente triste, la viese por donde la viese.

Según me dijeron, intentaron contactar varias veces con la familia pero nada de nada, tenía una cuenta con fondos así que iban succionando el dinero de la estadía, así que lo dejaban aunque sus esperanzas de despertar eran mínimas, por no decir nulas —le explicó un poco, jugando con un rollo mientras pensaba en ello. — No se podía desconectar antes porque no estaba diagnosticado con una muerte cerebral, pero… Bueno, a veces la moral es un poco ambigua, supongo… Al parecer era un hombre cualquiera que tuvo un accidente de escobas, el daño cerebral fue muy severo que ni la magia lo pudo arreglar —suspiró, pero ni siquiera el amargo tema le mermaba el apetito.

Asintió con la cabeza cuando preguntó sobre el cabello, ya estaba demasiado involucrado como para no querer enterarse de detalles. Hace días había perdido el poder decir que realmente no quería saber algún dato de aquella tonta idea. Iba asintiendo mientras le explicaba, aunque claro que no dejaba de comer, tenía bastante sentido, girando los ojos divagando en una idea al tiempo que maquinaba otra idea, todo eso de hacer que otro se haga pasar por él mientras se hace pasar por alguien más era un lío complejo que podía marear a más de uno.

Puedo darte un frasco con mi sangre también —le hizo saber, hasta donde él recordaba los magos no tenían pruebas de sangre y cosas por el estilo para identificar personas, sino sólo para comprobar la pureza sanguínea. Así que podía colar algo de su sangre en la prueba y saldría simplemente mestiza, como él. — ¿A que sí? —sonrió, al menos no era el único que pensaba que quedarse al margen no era bueno. — Era alguien que conocía, es como tú, así que no podía simplemente hacerme a un lado… No pasó mucho, sólo perdimos al sujeto —más o menos, pero las explicaciones podía reservárselas.

Siguió comiendo, remojaba ocasionalmente sus sushis en salsa o añadía otros ingredientes. En ocasiones incluso se metía en el plato de Steven para llenarle algún rollo de wasabi o cosas por el estilo, meramente por molestarlo. No sabía mucho de los gustos en cuestiones de sabores con Steven, pero quizá no le gustase demasiado wasabi o qué sabía él, eran el tipo de cosas irrelevantes que no se preguntan. Hay cosas de las que uno se entera simplemente porque lo ve y así se aprenden.

¿Cuánto planeas ir a hacer tu entrevista de trabajo? ¿Sabes si hay alguna vacante para la que aspirar o una cosa parecida? —le preguntó, casi se sentía como un padre mandando a su vago hijo a que buscara un trabajo preguntando de esa manera sobre el empleo al que pensaba llegar. — Puedes trabajar limpiando, creo que sin disfraz pasarías perfectamente como elfo doméstico, creo que hay de esos en las cocinas —y se metió con él meramente porque podía. — Si te encuentras con el sombrero, pregúntale cómo selecciona a la gente —le sonrió, era una de sus dudas más grandes.

Estaba convencido de que si un día se metía, por cualquier motivo, a Hogwarts iba a ir directamente a ese sombrero para preguntarle los secretos de la selección de casas. Quién se creía él para mandar a alguien a una casa. Una de las cosas que de ley tenía que hacer, estaba en su lista de cosas que hacer antes de morir. Tomó el plato de arroz que se había servido, aunque sí que le costaba un poco cogerlo con los palillos pero no se rendía en el proceso, distrayéndose con ello durante un momento.

Buscaré la manera de escribirte de modo que no sea sospechoso… No lo sé, alguna manera debe haber que no parezca demasiado cómplice, tampoco creo que pueda escribirte muy seguido, pero… Sólo para mantener constancia de que sigues vivo —le hizo saber, hablando lentamente porque los jodidos granos de arroz no querían ser comidos y volvían a caer de vuelta al estúpido tazón.
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Steven D. Bennington el Sáb Oct 28, 2017 1:38 pm

Si era sincero, una parte de él preferiría no saber nada sobre la vida de Adam Widmore. La parte que necesitaba saberlo no era la curiosa, sino la humana. La que necesitaba saber qué le había pasado al hombre al que iba a robarle la identidad. Si existía un futuro en el que el mundo volviese a la normalidad y él siguiente con vida pensaría incluso la opción de ir a Estados Unidos en busca de la familia de aquel hombre. Pero, sin duda, haría algo por darle las gracias aún cuando ya no pudiese hacerlo. Quizá darle sepultura, y es que el cuerpo de aquel hombre debía parecer escondido para no levantar sospechas. Dos Adam Widmore por el mundo sería demasiado peligroso.

- ¿Dónde está ahora? – Preguntó haciendo referencia al verdadero Adam Widmore. – Quiero pensar que de esta manera le estoy dando un mejor final. Aunque él no lo sepa. – Dijo pensando un poco en lo que estaba a punto de hacer. Él mismo sabía que no era ni de lejos su mejor idea, pero sí una que le permitiría estar lo más cerca posible de Alexandra sin ponerla, demasiado, en peligro.

Steven no tenía mucha cultura médica. Ni en el mundo muggle ni en el mágico. Incluso lo poco que sabía había sido gracias a las indicaciones de Laith en el tiempo que llevaban conociéndose y eso que no era precisamente mucho. Y, ni hablar de lo que conocía de la medicina muggle. Todo ello derivaba de la ficción. Bien de películas o series como C.S.I. o House hasta algún libro sobre casos médicos, que tampoco eran muchos y que recordaba tan vagamente como su comida del 3 de mayo del 2011. Un día cualquiera en el que podría ni haber comido de ser cualquier otra persona, ya que Steven no se saltaba ninguna comida a no ser que fuese cuestión de vida o muerte.

- Ni de broma. No quiero que exista la posibilidad de que puedan relacionarte conmigo. No sé cómo funcionará eso de la sangre en los magos pero cuanto menos tengan para relacionarte conmigo si esto sale mal, mejor. – Sólo la opción de que saliese mal hacía que se le erizase el pelo de la nuca, pero no quedaba más remedio que adoptar medidas desesperadas cuando no había otra opción posible. O, al menos, cuando creía que no la había.

Steven siempre había sido fiel a las causas perdidas. Un defensor de imposibles. Desde antes de entrar a Hogwarts había sido así y en la escuela le había costado más de un dolor de cabeza por meterse en problemas que no le pertenecían.

- Estos sangre sucias, siempre dando problemas. – Dijo mientras jugaba con los palillos chinos en un intento de hacerse con el arroz tres delicias. Vale, aquello sí que era complicado y no lo de conseguir un cuerpo fresco para suplantar su identidad. – Mira, como no me dé cuenta y me coma esa cosa verde, te aseguro que me voy a tu país a denunciarte por robo de cadáveres. – Dijo apartando un rollo lleno de  aquella masa verde. Aquello picaba más que cualquier otra cosa que hubiese probado y eso que era alguien a quien, por regla general, le agradaba el picante.

¿Una vacante? Era cierto que Hogwarts cambiaba más de profesorado que Steven de calzoncillos (sí, era un chico limpio) pero no es como si a cada día que pasase dejasen un puesto disponible.

- Aún no. Pero ya habrá uno disponible, no te preocupes. – Dijo con una sonrisa amigable intentando dejar de lado el tema. No quería meter en más problemas (si acaso aquello era posible). – Cuando tenga preparado todo ya pasaré a pensar eso. Por ahora tengo que conseguir una transformación completa que se parezca a Adam y he de decirte que no es precisamente algo sencillo. – Hizo una breve pausa. - También puedo preguntarle cómo roba la magia con sus piojos mágicos. ¿Crees que si robase el Sombrero Seleccionador podríamos…? – Dejó la pregunta en el aire, acababa de morder un maldito rollo con wasabi. – Voy a matarte. –Dijo escupiéndolo en una servilleta y bebiendo agua. Y más agua. ¡Y más agua!

Steven no había pensado cómo mantener el contacto con Laith. Por Merlín, no había pensado nada todavía. Iba paso a paso y Laith ya estaba pensando en un futuro que todavía parecía ser muy lejano.

- Ya buscaré el modo. Pero aún hay tiempo para pensar. – No sabía lo que la transformación le llevaría. Además, tenía que pensar cómo conseguir un puesto vacante en Hogwarts. ¡Aquello no era sencillo! - ¿Qué tal por casa? ¿Me has traído hamburguesas y perritos calientes? – Dijo haciendo alusión a los tópicos de que los americanos sólo comían comida basura. - ¿Viste a alguien? – Preguntó sin hacer alusión en nadie en especial pero tras tantos años viviendo allí podía haberse visto con alguna antigua amistad.
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Laith Gauthier el Miér Nov 01, 2017 4:46 am

Laith no podía decir demasiado sobre el hombre al que sólo conocía por lo que había escuchado, así que si Steven estaba, o no, dándole un mejor final no lo tenía muy claro. Pero mejor que morir solo y abandonado en un hospital claro que lo era, en su opinión. — Lo cremé… Tío no sé dónde esconder un cuerpo, por eso no soy asesino en serie, sólo tomé el cabello y me deshice de la evidencia… Esparcí las cenizas… —se preguntaba si era la decisión correcta, pero fue la única solución que encontró para que a él no le acusaran de nada. Sepultarlo no era una opción en lo absoluto, podrían encontrarlo y si lo encontraban nomajs quizá podrían llegar a dar con él. Viajar con él mucho menos.

Laith se había animado a ofrecerle su sangre incluso, pero Steven no la aceptó. Si era honesto, se sentía aliviado de esa negación, de que por él no hubiese quedado. No podría dormir con la conciencia tranquila si no se ofrecía, pero la verdad es que no quería ni pensar qué pasaría con él si las cosas salían mal y se involucraba demasiado. Así que el hecho de que fuese Steven quien se negara a su ofrecimiento le quitaba un poco de culpa al respecto. Pero realmente esperaba que no saliese nada mal y que el fugitivo completase su misión sin mayores inconvenientes, aunque no estaba seguro de si había un objetivo. Sólo un proceso.

¿A que sí? Deben aprender a huir ellos solitos —se quejó con una sonrisa bromista, molestándolo al ponerle el wasabi encima de su rollo. Sonrió con inocente picardía en cuanto le amenazó. — Uno que te ayuda a romper la ley y tú le amenazas con denunciarlo, menudo amigo de mierda —dramatizó como si no fuese él quien estaba molestándolo al llenar su comida de aquel picante, con una sonrisa divertida y sin importarle demasiado. Al final, Steven no podía estar hablando en serio, dudaba siquiera que lograse salir del país sin inconvenientes.

Sintió curiosidad por el futuro de Steven, estaba honestamente preocupado por él. No estaba seguro de si podría encontrar algún buen trabajo, pero suponía que tenía muchas cosas que hacer antes de siquiera buscar un puesto de trabajo. Ya antes le había hecho saber lo difícil que era copiar a una persona. Le pidió entonces que hablase con el Sombrero Seleccionador, saliendo el tema tan divertido de los piojos que lo hizo colocar los codos sobre la mesa para inclinarse sobre ella con una sonrisa, aunque esa sonrisa se volvió carcajada en cuanto mordió el rollo con wasabi.

¡No me mates, yo te quiero! —pidió clemencia con una sonrisa muy amplia que amenazaba con crecer más, no había pensado que realmente se fuese a confundir de rollo. Lo dejó calmar el picante de su boca y luego cambió el tema de conversación, para que se le olvidase la amenaza de muerte. — ¿Será que no quieres hablarme? ¿Vida nueva y te olvidas de tus amigos? —dramatizó un poco, aunque no hablaba en serio. Le gustaba poder estar un momento olvidándose de todo con buena comida de por medio.

Se distrajo con la comida hasta que preguntó por lo que había hecho en Estados Unidos, hablando de comida basura como si fuera lo único que los estadounidenses hacían, por lo que enarcó una ceja divertido, vaya con los estigmas. Claro que sólo estaban bromeando, meterse con el otro era parte fundamental del día a día, no podían pasar una tarde juntos sin molestar al menos un poco al otro, incluso si no llegaban a enfadarse en serio. Sus discusiones eran tan serias como las de dos niños que pelean.

Ya que vas a una escuela te traje algunas armas, espero que te gusten —masculló, por lo común que eran ese tipo de incidentes. — En realidad no fui a casa, no recuerdo si te lo he dicho pero soy de un poco más al norte, de Canadá… Pero vi a algunos viejos colegas y… otros conocidos —comentó sin muchos detalles, había visitado a un par de sus antiguas parejas también y a sus amigos del colegio, pero no veía nada particularmente digno de mención. — Me colé al colegio, tenía que decirle a uno de los pukwudgies de ahí que al final soy sanador… —a veces discutía con esa criatura sobre su futura carrera, y siempre le negó ser médimago, tenía que confesar que estaba equivocado. — ¿Tú qué hiciste sin mí este tiempo?
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Steven D. Bennington el Miér Nov 01, 2017 1:32 pm

Deshacerse del cadáver era una opción tan buena como cualquier otra. Siendo buena en esta ocasión una ironía, pues deshacerse del cadáver de la forma que fuese, dejarlo en el hospital esperando a ser encontrado o reconocido o imitar la escena de Este muerto está muy vivo, era una idea nefasta. Pero no era una idea nefasta y ya está, sino que iba directamente relacionada con la cúspide de aquella pirámide de malas ideas: la decisión de colarse en Hogwarts.

- ¿Las tiraste al mar? Oí hace tiempo que habían prohibido tirarlas en determinados lugares por la contaminación. Al parecer había cientos de personas que consideraban que un lugar emblemático era el mejor lugar para tirar las cenizas de sus amigos y familiares y aquello empezaba a ser peor que un fumadero de crack. – Dijo Steven, quien realmente no sabía mucho del tema. – Mi padre quiere que le entierren donde se muera. Que si sale de expedición al Amazonas y se lo come un caimán, que lo entierren ahí. Dice que eso de trasladar el cadáver es un dolor de cabeza para la familia. Mi madre prefiere que la incineren, no le va eso de ser devorada por los gusanos. – Añadió como si el tema de conversación fuese el mejor para compartir una comida.

El wasabi era lo peor que habían inventado los asiáticos. Y mira que esa gente inventaba cosas de lo más raras pero muchas de ellas eran útiles y fascinantes. El tipo de cosa innecesaria pero que al mismo tiempo necesitas porque existe. Así eran los inventos asiáticos. Luego estaba el wasabi que aquello era incluso peor que la idea de comerse bichos. Bichos. Si es que esa gente se comía lo primero que encontraba. Incluso gato. Porque estaba claro que eso del cerdo agridulce era una mentira (agridulce) para conseguir vender más. Ya que, ¿Qué persona que tiene un gato como mascota se comería un gato con salsa agridulce? Aquello sería muy hipócrita.

- Te sacaré los ojos con los palillos chinos. – Dijo en un intento de amenaza después de tomarse dos vasos de agua enteros. Hizo un gesto a la camarera para que trajese otra jarra mientras llenaba por tercera vez su vaso para ponerle fin a las reservas de agua de la mesa. - ¿Cómo lo has descubierto? Laith, nuestra amistad ya no da más de sí, me siento acosado. Eres un pesado que sólo quiere que le invite a comer y le de trabajo en San Mungo. ¡Y encima a costa de mi propia vida! Sé qué lo mejor habría sido decirte la verdad directamente pero… Irme a Hogwarts con la excusa de ver a mi hija parecía tan creíble… ¡Incluso robaste un cadáver por mí!

En ese momento apareció la camarera, la cual casi tira la jarra al escuchar lo de robar un cadáver.

- Sólo bromeábamos. – Dijo Steven con una sonrisa en dirección a la mujer.

- Ah, sí. Ya, ya, lo sabía. – Contestó la mujer bajando la vista al suelo y con las mejillas rojas como si de tomates se tratase.

- Que chinita tan inocente. – Miró como se alejaba de ellos a toda velocidad, como si le hubiesen pedido la receta del pollo con limón y no quisieses que se enterasen que era perro braseado con salsa de cucaracha. - ¿Te la presento? A lo mejor tiene un hermano y te cocina todos los días. Eso es suficiente para que haya boda.

Que Steven comparase a los americanos con máquinas de producir y comida basura era algo tan normal como que Laith comparase a los australianos con máquinas de fabricar canguros ganadores de combates de boxeo.

- ¿En Canadá viven personas? Wow, pensaba que sólo había alces y algún primo lejano del Yeti, por eso del frío y la nieve. – Contestó con tono divertido, como si de verdad fuese lo que creía sobre aquello. – Pukwudgies. – Repitió. – Siempre fui malo en Cuidado de Criaturas Mágicas pero suena a bicho, ¿Qué se supone que es? ¿Y para qué narices hablas con uno? O… ¿Es un nombre en clave para alguno de tus amigos? – Preguntó con cierta curiosidad sobre el tema. Por lo que acababa de decir los imaginaba como elfos domésticos americanos que trabajaban en Hogwarts.

Él no había hecho gran cosa en la ausencia de Laith. Trabajar y mantener el país, si acaso eso era posible. Pero por suerte no había ninguna anécdota sobre cómo un Mortífago lo había perseguido por las calles de Londres o cómo casi muere a manos de un Auror que había cambiado de bando.

- Comí pizza. – Rió. –También descubrí una hamburguesería nueva en el centro, pero no te llevó porque me tratas como un ser despreciable. – Frunció el ceño, con tono dramático antes de coger sushi, comprobando que este no tenía wasabi por ninguna parte. – Lo cierto es que quería pedirte otro favor. Pero este no tiene nada que ver con robar cadáveres. Es más bien… Bee. No sabe nada de lo que planeo y tengo pensado dejarle una nota antes de desaparecer para que no pueda impedirme hacerlo pero quiero pedirte que cuides de ella. ¿Lo harás? No dejes que se meta en más problemas.
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Laith Gauthier el Miér Nov 01, 2017 10:46 pm

Enarcó una de sus cejas cuando le preguntó si las había tirado al mar, como si fuese algo súper simbólico y todo. La verdad era que él consideraba que no era la mejor forma de trascender, después de todo no le gustaba demasiado el mar, era natural que no se le cruzara por la mente tirar las cenizas de alguien al agua. — Eh… ¿No? Las esparcí en el bosque donde le incineré… —le contesto, y entonces escuchó cómo querían los padres de Steven que se encargaran de sus cuerpos, sin importarle el tema en la mesa. Era un sanador, más raros temas había tenido comiendo y hablando con sus compañeros de trabajo. — Estoy del lado de tu padre, ¿sabes? Después de todo, qué más da dónde esté el cuerpo si ya no estás en él —dio su punto de vista.

La verdad es que ese tema lo jodía un poco. Debía ser por eso que nunca visitaba tumbas. No le gustaba tener que ir a un cuerpo donde ya no había nada para “visitar” a sus difuntos. Era más del tipo de personas que creían que el alma de una persona está en todos lados menos en su cuerpo cuando ha muerto. Pero de todos modos, se distrajo fácilmente, en especial cuando llegó el asunto del wasabi y que casi mata a Steven en medio de la comida por estar jugando a molestarle. Era un mal amigo por burlarse de eso, pero eso no importaba en ese momento, había sido tremendamente gracioso por lo inesperado que fue. No pensaba que fuese a comerlo.

Por favor, todo menos eso —dramatizó al oír que le sacaría los ojos con los palillos, viéndolo terminarse todas las reservas de agua de la ciudad. — ¿Todo este tiempo has…? —iba a seguir con el drama justo cuando la camarera llegó a su mesa escandalizándose por haber oído que aquel rubio había robado un cadáver, a lo que Steven rápidamente repuso que era una broma. — Te dije que no viéramos esa película, te obsesionas con las películas de horror —lo riñó, siguiéndole el hilo a que todo era una broma. Todavía se sentía culpable de haber hecho aquello. Era gracioso cómo a veces se olvidaban que estaban en terreno nomaj.

Él se metió un rollo de sushi a la boca, mirando de reojo a la camarera con diversión. Debería sentirse un poco culpable de haberle dado ese susto, pero no lo hacía. Simplemente se quedó tranquilo y comiendo hasta que Steven le ofreció presentarle a la chica, haciéndolo girar su mirada hacia el fugitivo con un aire gracioso y una ceja alzada. Suficiente tenía con Lindsay queriendo casarlo como para que Steven también insistiera con ello.

Quizá… Pero no sé, no creo que un chino me haga feliz, tú me entiendes —sonrió traviesamente, haciendo una pequeña distancia con su índice y su pulgar, claramente refiriéndose a qué no lo haría feliz. Aunque nunca había estado con un chino. Quién sabe, quizá hasta sabían usarlo y todo. Tendría que intentarlo. — Podríamos presentártela a ti, a ver si te quita la tontería de irte a suicidar —quiso cambiar el tema, su mente estaba divagando demasiado.

Laith siempre se metía con Steven y sus canguros boxeadores, así que al final había sido inevitable que equiparase Estados Unidos con comida basura y Canadá con alces, nieve y yetis. Y la verdad es que no le interesaba demasiado, era parte de su convivencia después de todo, así que parte de molestarse era joder con sus procederes. Era como fastidiar a los londinenses con sus tés y cosas por el estilo.

A veces conversaba con el yeti, tú sabes —se sonrió divertido. “Suena a bicho” era una gran definición para qué era un pukwudgie, no pudo evitar reírse por ello. — Pues sí, son… Uhm… —sería más fácil si tuviese su chaqueta de Ilvermorny, una que había mandado a hacer diciendo que era una banda musical. — Son como los elfos de Hogwarts versión Ilvermorny… Más que elfos son puercoespines quejumbrosos y bípedos —giró los ojos, tratando de describirlos. — Te sorprenderás, pero hubo un tiempo donde apenas hablaba con humanos… así que, a falta de humanos, buenos son los pukwudgies, entenderás que me costaba estar callado, hice amistad con uno y ya está —le contó rápidamente, sin entrar en demasiados detalles, no eran necesarios.

Había terminado de comer, llenando el pozo sin aparente fondo que a veces era su estómago. Al menos por el momento, ya que se había quedado con el plato vacío esperando ver si le entraba un poco más de hambre, había que aprovechar, aunque seguramente podrían dejar en quiebra al negocio si se lo proponían. Recargó los codos en la mesa mientras lo miraba con un gesto de enfurruño por oír que no lo llevaría a la hamburguesería del centro que había descubierto.

No es mi culpa que lo seas, ¿cómo más te trataría? Y es más despreciable aún que no me lleves a esa hamburguesería —se quejó como si hubiese cometido la peor ofensa del mundo al no llevarlo, pero entonces se puso serio cuando le pidió otro favor, llevándose la mano al rostro como si esperase algo peor que robar cadáveres. No fue así. Más o menos. — Creo que llevan los problemas en la sangre, Steven, no puedes pedirme eso… Pero cuidaré de ella siempre que me sea posible, promesa —no por ser nacidos de nomaj sino porque siempre acababan en un lío es que decía que los problemas venían de nacimiento. Pero si podía hacer algo por Beatrice, estaría totalmente por la labor. — Tú también tienes que cuidarte, por ella, por tu niña, ¿vale? —le pidió.
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Steven D. Bennington el Vie Nov 03, 2017 3:39 pm

Steven era partidario de que, tras morir, le quemasen. Como su madre, pensaba que eso de ser devorado por los gusanos no era un buen final ni aun cuando no formases ya parte de aquel cuerpo. No creía en ningún tipo de vida después de la muerte donde necesitase que su cuerpo estuviese de una sola pieza por lo que no era ningún problema eso de convertirse en cenizas tras morirse.

- Menos mal que no enterraste por ahí el cadáver. ¿Viste La Novia Cadáver alguna vez? – Si no la había visto, ya iba a encargarse personalmente Steven de contarle todo el hilo argumental de la película. – Pues va de una chica a la que entierran en el bosque y un tal Víctor da sus votos matrimoniales ahí mismo y le pone el anillo a una rama y resulta que es su dedo. Bueno, luego pasan más cosas como que cantan y demás, pero lo importante era eso. ¡Imagina que le pone alguien un anillo a ese cadáver! – Vale, se le acababa de ir la cabeza una vez más pero intentaba tomarse todo aquello con el mejor humor posible. Y eso que no sabía ya ni cómo hacerlo.

Intentó montar un drama de esos de película de humor que entre ambos se montaban entre ellos sin necesidad de cámaras o espectadores pero la camarera se acercó a ellos y comenzó a escuchar su conversación, por lo que rápidamente tuvieron que girar en esta para no acabar dejando que la mujer se metiese en asuntos que poco tenían que ver con preparar el arroz para el sushi o matar un gato para preparar pollo al limón.

- Sí, sí, lo sé, pero ya sabes que no puedo resistirme a ver películas de terror. Además, ahora con eso de Netflix es imposible no hacerlo. – La mujer no tardó en alejarse y Steven bajó el tono de voz por si aún escuchaba sus palabras. – En serio, ¿Tienes Netflix contratado? Es una pasada. No me juzgues, ser fugitivo es aburrido y no puedes salir tanto como te gustaría. Algo tengo que hacer en mi tiempo libre encerrado en un habitáculo de cuatro paredes antes de que se convierta en un habitáculo de barrotes y no tenga acceso a internet. – No entendía cómo los magos podían infravalorar tanto algo como el mundo de los muggles cuando contaban con inventos tan maravillosos como aquel.

Estaba la teoría de que los chinos la tenían pequeña. Y, bueno, Steven no iba a ser el que negase aquella teoría porque por suerte o por desgracia no había ido a una playa nudista con chinos. Ni tampoco se había parado a preguntarle a uno de qué tamaño la tenía.

- Lo bonito está en el interior, Laith. – No, Steven no era partidario de “el tamaño no importa”. Básicamente porque era una burda mentira de la gente con complejos. Pero sí que pensaba que lo bonito de una persona era su interior y no el tamaño de lo que escondía bajo los pantalones. – Quita, quita, no voy a dejar a ninguna asiática viuda antes de tiempo.  – Tampoco tenía intención de conocer a ninguna en la intimidad. Ni asiática, ni no asiática. Su tiempo para eso había quedado apartado por un buen tiempo. Ni si quiera recordaba la última vez que se había parado a preocuparse por una mujer que no fuese su ex mujer o su hija.

Las criaturas mágicas nunca habían sido su punto fuerte. Quizá porque estar a su alrededor requería tener cierto valor del que Steven carecía en muchas ocasiones. No era valiente ni se acercaba a serlo, aquello era más que un hecho. Él era de devorar libros y dejar que las cosas sucediesen ante sus ojos sin ser partícipe de ellas. Pero también era cierto que aquel último año le había demostrado que era más valiente de lo que él mismo creía. Que sabía cuándo actuar y cómo hacerlo para salvar su vida y la ajena. Y, lo más importante, que lo que era capaz de hacer como padre carecía de todo límite.

- Tu mejor amigo durante tu época de  estudiante era  un puercoespín. – Repitió el castaño de la manera que había él interpretado todo lo que Laith había dicho sobre aquellas criaturas. – Eso no me deja a mí en un buen lugar como amigo, tú te acercas a cualquiera. Y yo que me sentía especial… - Dijo otra vez sumando a la conversación su habitual tono dramático para dejarlo de lado entre un trozo de pan de gambas. – No tenías muchos amigos, ¿No? – Mira que era algo raro teniendo en cuenta lo mucho que hablaba Laith y lo fácil que resultaba estar a su lado.

Vale, era cierto que si Steven tenía facilidad para meterse en problemas, Bee no se encontraba muy lejos de ser un cromo idéntico a su hermano en ese aspecto. Pero por el momento Bee no había decidido colarse en Hogwarts, al menos que Steven supiese. Que capaz también lo estaba intentando y él no sabía nada.

- Oh, venga, Beatrice no es tan camicace como yo. Ella es la cordura de la familia. – No, no lo era. Pero sí que pensaba más que Steven en ocasiones. Y eso no era mucho decir si era sincero. – No te preocupes por mí, he llegado a superar la treintena, esto a día de hoy es casi como ser inmortal. – Sí, ser sangre sucia y seguir vivo era todo un logro. – Voy a pedir la cuenta, esta vez pago yo.

Y dicho y hecho. No tardó ni cinco minutos en volver y encima pasó por el baño ya que gracias al picante del wasabi se había bebido dos malditas jarras de agua durante el transcurso de la comida.

- ¿Helado? – ¿Qué? Steven siempre tenía hueco para helado. – Vale, ahora, hablando serio. ¿Crees que hay posibilidades de que salga vivo de esta? Sé sincero, porque te advierto que lo que digas no cambiará mi decisión. Vamos, que aunque me digas que voy a morir para meterme miedo seguiré yendo.
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Laith Gauthier el Sáb Nov 04, 2017 9:11 pm

Claro que había visto La Novia Cadáver, pero su sonrisa se iba ensanchando conforme Steven le iba contando la película a su modo, y al final no pudo evitar soltar una carcajada, si se imaginaba al pobre hombre con el anillo y todo saliendo de su lecho de muerte para casarse con el desdichado, o la desdichada, que practicó sus votos matrimoniales en medio de un bosque y le puso el anillo por accidente. Era una imagen al menos hilarante, dentro de su cabeza, mejor no haberlo enterrado y haberlo hecho cenizas justo como había hecho.

¿Sabes cómo me sentí? Como en Juego de Tronos, donde queman a sus muertos —le confesó con una sonrisa más tenue. No lo enorgullecía lo que había hecho, pero tampoco se arrepentía lo suficiente como para pensar que no debió haber realizado aquella mala acción. Pero los dramas aparte, pues las camareras no los dejaban hacerlos en público sin verlos con cara rara y preguntarse si debía llamar a la policía por sospecha de homicidio o por hurto de cadáveres, la chinita no lo tenía claro.

Steven y él consiguieron argüir una historia sobre una película que se creían como verdad, acusando al fugitivo de que confundía la realidad como ficción, y éste le siguió la conversación por el lado de las películas de terror y el Netflix. Cuando la mujer se fue, Steven aprovechó para preguntarle en serio si tenía Netflix, haciéndolo soltar una risa mientras enarcaba una ceja, como si lo estuviese juzgando por completo por ser tan nomaj. No era el caso.

¿Netflix? ¿En serio? Tío —puso los ojos en blanco. — Claro que no, yo lo miro todo pirata en internet —le hizo saber, como si infravalorase completamente aquel servicio. Aunque la verdad era que, ya que vivía en un barrio mágico, era un poco complicado poner conexiones en su casa. Si el internet lo sacaba de un aparato que no iba conectado a nada y que tenía que conectar a su portátil para tener internet. Así de triste era su existencia escondido del mundo nomaj.

La confianza con Steven había llegado hasta directamente decirle que no pensaba ser feliz al lado de un chino por un pequeño detalle. Literalmente. Aunque estaba seguro que ninguno de los dos podría darlo por sentado, pero sí que, al menos, estaba convencido de que si todos lo decían no podía ser casualidad. Aunque el otro trató de hacerle ver que lo bonito iba en el interior y no de ninguna otra forma, cosa que le hizo poner los ojos en blanco.

Ya, eso dicen, pero todos mienten. Si no te interesa el físico no te vas a fijar en el interior —era su opinión. Todos eran superficiales en mayor o menor medida, y el que dijese lo contrario estaba mintiendo. O era ciego. — Mira, si esa linda asiática te enamora ya no tendrás que suicidarte y valorarás un poco la vida, no te vendría mal —le trató de hacer entender como si pensara que en serio iba a ocurrir, cuando los dos sabían que no era así.

Le contó un poco sobre su época de estudiante, aquella relación con una criatura mágica. Criado desde su nacimiento en un ambiente mágico, no era nada raro para él el hecho de vivir cerca de criaturas mágicas. Casi tan natural como ver a una paloma en un parque era observar a un pukwudgie en el colegio, o una planta mágica, o cualquier cosa. Por eso es que la criatura con inteligencia para mantener conversaciones bastaba para poder satisfacer un poco su necesidad de convivencia social. Steven resumió todo lo que le acababa de decir en pocas palabras.

Más o menos. Vale, tenía algunos amigos de la clase y eso, pero pues… sí —no podía dar más explicaciones, — deberías estar orgulloso de tenerme como amigo —se jactó con una sonrisa. Mira que pocos robarían un cadáver por uno. — No los primeros años, luego me desenvolví mejor, ¿qué? ¿Me vas a decir que tú eras el señor popularidad del colegio? —le sonrió con intenciones de dirigir el tema hacia él. Era más divertido cuando podía meterse con Steven.

Lo miró con una ceja arqueada y una expresión de incredulidad cuando le dijo que Beatrice no era así de suicida como él. Y es que no es que fuese suicida, sino que a veces era un poco demasiado apasionada, en su opinión. Y luego pasaban las cosas que pasaban. Una cosa era que salvase vidas siendo sanador, otra muy diferente tener que cuidar personas buenas y sanas que querían ir a hacer acciones de las que difícilmente saldrían buenas y sanas. No era tan influyente.

Sí, claro, lo que digas —le dio la razón como se les da a los locos. Y a las mujeres. — Helado —aceptó sin pensárselo ni un segundo, ¿había dicho que estaba lleno? Eso significa que todavía existe espacio para helado. Había dejado a Steven pagar la cuenta, sin hacerse mucho del rogar, incluso aunque le gustaba ser él quien invitaba. Se levantaron entonces para dirigirse a comprar helado. — ¿Siendo honesto? Las hay, pero son muy difíciles. Diría que es… un veinte por ciento. O menos. Tienes que ser muy discreto y que nadie sospeche de ti, tendrán la vista sobre ti sólo por ser el nuevo —suspiró, se preguntaba si realmente podría pasar desapercibido. — Creo que, de lejos, lo más difícil será ser indiferente si a algún alumno le quieren hacer daño. Y eso es de admirar, supongo. Yo no podría quedarme al margen.

Encendió un cigarrillo, le ofreció uno a Steven aunque asumía que lo iba a rechazar. De todos modos. Iba a pagar él el helado, pero quería aprovechar el momento para dirigirse ahí. Iba mirando las calles discretamente. Hasta que algo lo atacó. Porque sí, el bichito de hace rato no lo había dejado de esperar y al cabo de unos segundos Laith lo tenía parado en el cuello de la chaqueta apegado contra su mejilla, haciéndole cosquillas con las plumitas. Era demasiado mono, tanto que Laith suspiró de resignación, dejándolo estar.
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Steven D. Bennington el Dom Nov 05, 2017 12:30 am

Sentirse como en Juego de Tronos era muy confuso. Básicamente porque la variedad de situaciones era tal que podías sentirte como en aquella serie prácticamente por el hecho de respirar. Por ejemplo, si prendías fuego a un septo y quemabas vivos a todos los que allí se encontraban, incluida tu nuera. Si lanzabas a un niño desde una torre después de haber cometido incesto. Si celebrabas una boda en tu castillo y matabas a todos los asistentes. Si eras acuchillado por la Guardia de la Noche y luego una bruja roja te resucitaba. Si tenías tres dragones e intentabas dominar Poniente. O sí no eras nadie. Entre otros muchos ejemplos, por supuesto.

- También queman a sus vivos. No olvides a Shireen. – Esa muerte era la típica muerte que ves venir pero que al mismo tiempo te niegas a ver. Algo que sabes que sucederá porque lo llevan masticando durante un par de capítulos pero que, al no querer que suceda, decides ignorar hasta que finalmente sucede ante sus ojos. Ante sus ojos sucede algo horrible como es ver morir a una niña quemada viva por sus propios padres. Algo que, si lees los libros, no esperas. Por supuesto. El gran Stannis Baratheon, verdadero rey de Poniente, que lo único que quiere es que su hija sea reina, prendiéndole fuego a su hija. Sí, surrealista.

Laith no sabía lo que se perdía no teniendo contratado un servicio como Netflix. Pero claro, tampoco sabía lo que era ser un fugitivo que no tiene nada mejor que hacer que sentarse frente al televisor y verse toda la programación que contenía aquella plataforma.

- Menudo ilegal. El que paga la plataforma como buen ciudadano está en busca y captura y tú que andas saltándote las leyes puedes ir a trabajar sin que un grupo de magos asesinos intente hacerse con tu cabeza. – Dijo negando con la cabeza. No sabía muy bien cómo funcionaba  la tecnología muggle en barrios como el de Laith pero si era como en Hogwarts las cosas estaban peor para los magos que para los fugitivos. ¡Sin internet! Menuda locura.

Valoraba su vida. ¡Por supuesto que lo hacía! Pero valoraba más la necesidad de ver a su hija y comprobar que estaba bien. Aunque Zoe ya lo hubiese asegurado una y mil veces el hombre necesitaba cerciorarse y, de ser posible, pasar tiempo con su hija. Aunque esta solo lo considerase como un desconocido en su vida que le daría alguna asignatura durante un par de horas a la semana y que quizá ni prestaba atención. Su hija había ido a parar a Slytherin, a saber si odiaba estudiar y por eso no había caído en Ravenclaw.

- Sí, seguro que una linda asiática me enamorará y me dará razones suficientes para dejar de lado a mi familia y no hacer caso a mi hija. Estoy casi al cien por cien seguro que eso puede llegar a suceder con una hipotética asiática. – Dijo con ironía, negando con la cabeza. Y es que la máxima prioridad para Steven siempre habían sido aquellas personas que estaban a su lado. Y, desde que formó una familia, esta había sido su prioridad. Aunque luego las cosas no hubiesen ido tan bien como le hubiese gustado.

El mundo al otro lado del charco no era tan diferente como podía llegar a parecer. Al fin y al cabo era igual pero con pequeñas variantes. Y es que en lugar de elfos domésticos arrugados y vestidos con trozos de tela tenían puercoespines. ¿Acaso eso no era una mejora?

- Hombre, no es que fuese el líder de una fraternidad típica americana de esas que tenéis los yankis pero… Tenía un grupo de amigos y no me andaba por ahí juntando con elfos domésticos, la verdad. Creo que ni siquiera vi uno cuando estudiaba ahí. Más bien descubrí que trabajaban en las cocinas gracias a Historia de la Magia, sino bien podría haberme creído que tenían cocineros y señoras de la limpieza como cualquier otro colegio. Que te recuerdo que yo me críe en un mundo donde las cosas se hacen a mano y no a golpe de varita o explotando a seres mágicos. – Comentó el castaño. No es que hubiese sido la persona más popular en la historia de Hogwarts pero siempre había sido alguien sociable, lo que le garantizaba hacer amigos con facilidad. Y también no enterarse cuando alguna chica le lanzaba indirectas, suerte que su ex mujer era una persona bastante directa.

Salieron del local y comenzaron a caminar hasta que un ave las atacó. Steven se apartó de Laith pegando un brinco ante aquella sorpresa, para luego mirar al animal que ahora estaba sobre Laith como si fuese un maldito loro y Laith un pirata.

- Con eso me vale. – Dijo muy satisfecho Steven, curvando sus labios para dibujar una inocente y alegre sonrisa en estos.

Llegaron al puesto de helados – aun con aquel pájaro pirata cerca – y Steven pidió para ambos, tendiéndole a Laith el suyo y amenazando con darle un lametón antes de que pudiese cogerlo. Sonrió y dejó que el chico pagase. Una por ti y otra por mí, así era la política de pago de Steven.

- ¿Crees que todos allí son de los suyos? Archie dejó Hogwarts en cuanto pudo y ni siquiera era sangre sucia, podría haberse quedado. Y conozco otros dos profesores que hicieron lo mismo, incluso uno siendo sangre limpia. – Cogió con la cucharita la primera parte de su tarrina.
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Laith Gauthier el Dom Nov 05, 2017 2:34 am

Shireen le había dolido, ¿qué clase de padre hacía barbacoa de hija? Unos queriendo meterse a colegios peligrosísimos con tal de estar cerca de sus hijas y otros quemándolas porque una bruja les dijo que es la forma de asegurar su victoria. Y de todos modos perdió. Menuda bruja de mierda era, si iba a ser peor que el propio Laith para predecir el futuro. Ahora quería ir a resolver su existencia aconsejando a otros, como si no fuese suertuda de que le perdonasen la vida. Pero bueno, qué podía esperar de una serie así, si iban haciendo incesto y tirando gente de torres, matando familias en bodas y todo eso. No era precisamente una serie convencional.

Soltó una risa en cuanto lo retó por ver cosas de forma ilegal sin pagar por aquella plataforma, suponía que tenía un poco de razón. Aunque creía que a lo sumo le daban una multa, no querrían su cabeza por no pagar por ver películas y series. — Bueno, soy un miembro activo de la sociedad que paga impuestos y todo eso, tú sólo te escondes y pagas Netflix —puso los ojos en blanco, como si aquello fuese razonable. Steven no trabajaba de ese modo porque no lo habían dejado, así que más bien era un poco tonto llevar las cosas por ese lado, ¡además era pizzero!

Steven casi le escribe en la frente: “NINGUNA ASIÁTICA ME ALEJARÁ DE MI FAMILIA” con lo que le había dicho en ese irónico tono que hizo reír al sanador. Sería idiota considerar en serio que una chica nueva lo enamoraría para dejar todo, como en las películas o algo así, y más cuando estaba tan decidido a ver a su niña. El sanador no podía culparlo, quizá por eso es que nunca le había puesto suficientes trabas en su plan, ¡le había dado todas las herramientas que pudo: un cuerpo, cabello! Eso era de buenos amigos, lo demás son tonterías. Era algo así como esos que dicen que les llames si cometes un asesinato para ayudarte a ocultar el cadáver. Pues así.

Pues no sabes de lo que te has perdido —se sonrió, divertido. — Creo que si yo hubiese sido criado en un mundo donde las cosas se hacen a mano, estaría diez veces más interesado en conocer todo sobre el otro lado del mundo —le hizo saber, encogiéndose de hombros. Sería diez veces más interesante, claro que sí, quizá era por eso que había acabado metiéndose casi ilegalmente a la cultura nomaj desde que era crío. — Creí que los cuervos eran los curiosos e inteligentes y eso —se burló un poco de él con una sonrisa ligera, refiriéndose a los Ravenclaw.

Cuando salieron del local, Laith se disfrazó antes de tiempo para Halloween de pirata con aquel pajarito encima. E ignorándolo, comenzó a hablar con Steven, como si no fuera bastante raro que un pájaro viniese a molestarle. Le respondió que honestamente eran muy pequeñas las probabilidades de que todo saliese bien, y eso no pareció importarle en lo más mínimo. Parecía hasta feliz de que hubiese probabilidades, por pequeñas que fueran, de que todo saliese de acuerdo a su plan. Pagó por los helados que Steven pidió, sin ponerle peros al sabor que escogió, quejándose cuando intentó lamerlo antes de dárselo.

¿Archie…? Oh, ¿Archimedes? Es cierto, es cierto… Supongo que nadie estaba de acuerdo con el nuevo régimen y prefirieron salvar sus vidas, no podemos culparles, imagino… Pero encuentro probable que haya sino todos una mayoría de gente así —le dio su opinión, recordaba que Archimedes le había dicho que no había soportado ver lo que hacían con su materia y por eso se marchó. Era comprensible, hasta donde él lo veía. — Es como yo en el trabajo, supongo… ¿Sabes? A veces nos dan conferencias sobre por qué no debemos atender a la gente como tú, creo que cada sermón es más difícil quedarme callado… —al final había empezado a escaparse causándose heridas. Conseguir que los pacientes más inestables lo atacasen era su forma favorita de acabar en una camilla, siempre creíble y útil.

Comenzó a comerse su helado a mordiscos, sin prestar atención a la cucharita. Sólo la usaba para intentar hurtar del helado de Steven, como repentinos ataques con los que esperaba robar aunque fuese un poco, era divertido. Como si hablasen de la cosa más normal del mundo antes y no con discriminación a la gente por su sangre o su condición mágica. Era lo bueno de ser como ellos, después de todo, que no parecían ser capaces de tomarse nada en serio.

¿Sabes qué? Deberías hacerte amigo de los elfos de las cocinas. Y no por nada. Imagina si te pilla, creo que ellos pueden entrar y salir del castillo con magia, ¿no? Pues si te haces amigo de uno, ¡salida express si te pillan! —era una gran idea, menos descabellada de lo que parecía en su cabeza. Hasta podría ser buena si no se equivocaba y los elfos podían entrar y salir mágicamente del colegio. Creía saber que ahí las apariciones estaban muy limitadas por temas de seguridad, imaginaba, pero tampoco es que lo tuviese del todo claro.
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Steven D. Bennington el Dom Nov 05, 2017 9:41 pm

Steven siempre había sido una parte activa de la sociedad. Una de esas personas que pagan sus impuestos, acuden a la seguridad social y hacen su declaración de la renta. También una de esas personas que se preocupan por el medio ambiente e incluso reciclan. Salvo en casa de Agnes, pues no importaba cuantos contenedores hubiese que Agnes tiraría todo al mismo por mucho que Steven le hubiese explicado una y mil veces cómo funcionaba aquello. ¡Si incluso le había puesto dibujos!

- Ser un miembro activo de la sociedad está sobrevalorado. – Dijo con tono infantil y una leve sonrisa dibujada en sus labios. No había manera humana de que aquellos dos no se atacasen el uno al otro. Era, simplemente, imposible.

No había manera alguna de que Steven cambiase de parecer. Había tomado aquella decisión tiempo atrás y no pensaba cambiar por nada del mundo. Muchísimo menos por una mujer. No. No y no. Él no vivía en una comedia romántica donde, de un día para otro, olvidabas todos los problemas que giraban alrededor de tu vida para centrarte en una mujer. Mucho menos dejar atrás la oportunidad de volver a ver a Alex por poco que fuese. No importaba nada más que volver a reencontrarse con su hija aunque esta desconociese lo que verdaderamente sucedía.

- Eh, no dije que no estuviese interesado. Sólo que asumí que si tenía comida sobre la mesa era porque había alguien contratado para cocinarla. No porque se explotaba a criaturas mágicas para que cocinasen. – Dijo Steven en un intento de defenderse aun cuando él mismo sabía que ni siquiera era necesario hacerlo. – No, los cuervos roban cosas brillantes o vuelan a toda velocidad entre más allá del muro y Rocadragón. – Corrigió el chico ajeno a que se acababa de meter con él. Era plenamente consciente pero no había mejor muestra de desprecio que no hacer aprecio. O algo así.

Steven era positivo por naturaleza. No le importaba cuan pequeña fuese la posibilidad de reencontrarse con su hija y salir vivo en el intento si esta posibilidad existía. No importaba que fuese mínima y que todo se pusiese en su contra. Si había opción, él se sentía suficientemente confiado como para intentarlo. Si le decían que saltando de un precipicio había una posibilidad entre un millón de salir vivo y, encima, poder estar con Alex, saltaría sin siquiera pensar en las otras novecientas noventa y nueve opciones de abrirse la cabeza.

- Pero vosotros sois más y podéis disimular, ¿No? Quiero decir, si un profesor es contrario al régimen está frente a una clase repleta de alumnos que lo verán titubear a la hora de actuar. Estará presionado por una dirección que lo controla en todo momento. Además, los médicos tenéis ese código de ayudar a todo aquel que lo necesite. – Conocía a Archie y sabía de sobra que, ni de lejos, era una mala persona. Tampoco lo era Odiseo. Ni muchos otras personas que conocía que por una razón o por otra se habían visto obligadas a dejar atrás su puesto de trabajo. – Si siguen ahí, será por qué confían en ellos. – Dijo no muy seguro de aquello último y es que él no sabía cómo conseguiría convertirse en una persona que se ganase la confianza de una dirección purista y sedienta de sangre como era la que controlaba Hogwarts en aquellos momentos.

Lo peor de todo es que aquello no era una mala idea. Los elfos domésticos podían hacer magia sin importar las restricciones. Y a diferencia del resto del castillo ellos podían salir de él siempre y cuando les viniese en gana.

- No es mala idea. – Dijo el castaño mientras caminaba al lado del pirata Laith y su loro. – ¿El bicho tiene nombre? – Interrumpió señalando al ave que se había convertido en un acompañante improvisado para aquella tarde. Un acompañante al que nadie había invitado pero que, por el momento, no intentaba robar helado. – Pero se supone que los elfos domésticos guardan lealtad a alguien, si ese alguien resulta ser la dirección de Hogwarts creo que de poco me serviría tener una bonita amistad con un elfo. Les importa más servir a su amo que cualquier cosa. – Claro, porque Steven no había visto Harry Potter y la cámara secreta, que sino quizá su pensamiento cambiaría. Básicamente porque Harry Potter todavía no había nacido y mucho menos en aquel universo alguien haría una película sobre su vida.
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Laith Gauthier el Mar Nov 07, 2017 10:20 pm

Laith enarcó una ceja con una sonrisa divertida cuando le dijo que ser un miembro activo ya estaba sobrevalorado. Y no estaba seguro de cuánto de eso era verdad y cuánto mentira. Pero, de todos modos, ese no era el asunto que les competía. De cualquier forma, el tema de la china era más interesante hasta que Steven le dejó muy claro que no iba a abandonar su idea por nada del mundo, en especial no por una mujer. O una china. Bueno, no es que se fijase en mujeres, pero todas parecían niñas o estaban feas. O estaban terriblemente llenas de operaciones. En fin, no era momento de criticar a las chinas, pasando pronto al tema de las criaturas mágicas esclavizadas.

Claro, claro, por gente que asume el mundo está como está, ¿no piensas en los derechos de las criaturas? Yo al menos les hacía conversación —culpabilizó a Steven de todos los males del mundo sólo por asumir que había personas trabajando, algo completamente comprensible dada su crianza sin magia. De seguro en el colegio nomaj tenía a las cocineras y todo. — Pues mira, deberíamos conseguirnos uno de esos para las cartas, si creo que era el cuervo de Flash o algo —y le siguió el tema por el cuervo de Juego de Tronos. Hacerse líos peleando como adultos era aburrido, mejor charlar como dos críos de todo y de nada al mismo tiempo, con ocasionales piques.

Steven era tan positivamente optimista que rozaba lo estúpido. Lamentablemente, o afortunadamente, las ideas estúpidas normalmente no salían tan mal, así que esperaba que con buena actitud consiguiese afrontar los problemas que se le pudiesen presentar. Eso trajo a colación a los profesores que conocían y que habían escapado del castillo por no compartir los mismos ideales que los nuevos directivos. Entre ellos uno que conocían en común: Archimedes, uno al que hacía mucho tiempo no veía. Se preguntaba qué habría sido de él, después de tanto.

Me gustaría darte la razón, pero no es así —confesó con aquello del código médico. — Es cierto que se tiene cierto apoyo grupal, pero… No se nos permite atender a todo aquel que lo necesite, va contra la ley —se encogió de hombros, algo decaído por aquello. Era cierto que si seguían ahí, eran parte del nuevo mundo, o al menos lo fingían bastante bien. Él era el mejor ejemplo. — ¿Este? Claro que no, mírale, no se va —se quejó, tratando de apartarlo haciéndolo volar y al poco ya lo tenía parado encima otra vez. — Creo que quiere que le dé de comer o algo, no sé —los había visto entrar a un restaurante, pero era mucho pedir que el animalito comprendiese ese concepto.

Cuando pensó lo de los elfos domésticos, nunca llegó a pensar que sería una buena idea. Es decir, lo pretendía decir sólo para molestar un poco, pero mientras más vueltas le daba era más complicado no considerarlo detenidamente. Eso sí, Steven sacó un punto ciego del plan: los elfos guardaban lealtad. Se acarició la nuca, pensando en aquello con cuidado intentando buscar una salida para barrer el impedimento que comentó el fugitivo.

Ya, pero… Bueno, no lo sé, nunca he tenido un elfo y dudo mucho tenerlo, eso de la esclavitud no me va, pero… ¿Realmente son fieles a la nueva dirección? Quiero decir, piénsalo, han vivido tantos años con la anterior dirección… No creo que no haya uno solo que piense que esto está mal y sea fiel a lo que era antes, ¿no? El problema es encontrar la aguja en el pajar —puso los ojos en blanco unos segundos, él al menos pensaba como si él fuese un elfo. Pero claro, a lo mejor eran malísimos y también odiaban a los nacidos de nomaj y ahí todo su plan se iba a la basura, ¡pero! ¡Él tenía esperanzas de que uno, al menos uno entre todos, no estuviese de acuerdo y arriesgase el pellejo por hacer el bien!

Steven no le dejaba robar de su helado, y había acabado el suyo bastante pronto. Pero se iba entreteniendo por el momento, al menos hasta que sintió algo extraño, un cosquilleo en la nuca. Se giró disimuladamente a ver detrás de sus espaldas, sólo esperando no ver al hombre que se suponía había perdido antes, aquel de la persecución. No lo vio a simple vista, así que trató de restarle importancia, lo peor que podía pasar era que lo pillasen. Y no es que sea malo, sino que podrían dividirse rápidamente para irse de ahí a salvo.
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