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Forente Styrker [Evans Mitchell]

Vane Goldstein el Jue Oct 12, 2017 9:40 pm

Su último año en Hogwarts, solo debía pasar un año más y finalmente podría salir al mundo real en busca de la grandeza que tanto ansiaba obtener. Sabía que estar aprisionado entre las paredes de aquel castillo era tan beneficioso como no, aprendiendo lo necesario pero alejado de la verdadera acción. Esa mañana había despertado un poco más tarde de lo que acostumbraba y la verdad era que era la completa culpa de Evans que lo había mantenido hasta tarde charlando y devorando algún que otro dulce que habían obtenido en Honeydukes, obviamente no podía negarse a eso ni siquiera en un día de semana.

Pero las consecuencias se vieron al día siguiente, para su sorpresa Evans se había levantado primero y probablemente ya estuviese en el Gran Salón tomando su desayuno antes de las clases, si no se equivocaba ese día empezarían con Artes Oscuras, siempre era una buena forma de empezar el día teniendo AO como primera materia aunque lo que realmente esperaba con ansias era la hora de receso que tenía entre Artes Oscuras y Transformaciones... una hora que aprovecharía para escapar a los terrenos en busca de alguna victima a la cual colgar de los tobillos con ese nuevo hechizo que habían aprendido la semana pasada, tal vez hasta Evans se sumara a las practicas, dejar boca abajo algún Puffo desde el Puente Colgante sonaba a una buena manera de practicar hechizos.

Se alistó rápidamente tomando un pequeño libro que tenía en su mesita de luz, era un corroído libro que había encontrado en la biblioteca sobre Encantamientos protectores, ya no recordaba ni como había dado con él solo que se lo llevó porque con solo leer la primera página había quedado atrapado por el conocimiento que este poseía... la verdad pensaba comprarse un tomo nuevo simplemente porque ese estaba bastante maltratado, pero no podía esperar a que el suyo llegara para poder leer así que simplemente retiró ese de la biblioteca hasta recibir el nuevo. Llegar al Gran Salón desde la Torre de Gryffindor era un camino bastante largo si no conocías los atajos indicados, y para su suerte Vane con sus seis años de experiencia en el castillo conocía los mejores y no tardo casi nada en llegar a las enormes puertas del Gran Salón dirigiéndose directamente hasta su mesa pudiendo ver a Evans sentado en ella con su desayuno.

Había un chico de Tercero o Cuarto sentado frente a él, no lo conocía y estaba seguro de que Evans tampoco lo conocía a él pero no sería la primera vez que algún entrometido intentaba colarse en su cerrado grupo de dos solo para sentirse alguien en el castillo. ─ Muévete ─ Ordenó al chico sin vacilar y le empujó su plato de cereales que se deslizó por la mesa de madera bien lejos de ellos dos. El chico lo miró helado unos segundos y amagó a empujarlo a él también pero este se apresuro a irse al otro extremo de la mesa. Dejó caer el libro en la mesa y se sentó frente a Evans mirándolo. ─ Gracias por despertarme, idiota. ─ Dijo con frialdad y tomó una manzana de un gran tazón de frutas que había cerca de ellos y la observó analizando que el brillante fruto rojo fuese merecedor de ser devorado por él y cuando finalmente decidió que era una manzana apta para su persona le dio una mordida y volvió su mirada a Evans. ─ ¿Tienes planes para luego de Artes Oscuras? Hay una hora libre, podemos ir al Puente Colgante y practicar ese hechizo que te cuelga de los tobillos con los que pasen por ahí ¿eh? ─ Preguntó tragando con algo de dificultad el pedazo de manzana y abrió su pequeño libro de encantamiento en la hoja que había marcado.
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Vane GoldsteinGryffindor

Evans Mitchell el Vie Oct 13, 2017 11:03 pm

Si estaba concentrado en algo, no había forma de que lo quitaras de su ensimismamiento, por mucha conversación casual que quisieras colarle. A lo sumo, te respondía por reflejo con alguna que otra onomatopeya, aunque lo más seguro fuera que ni te escuchara. Así, enfrascado, estaba Evans, volcado muy seriamente sobre El Profeta, abierto sobre su plato a medio comer, mientras un mequetrefe cualquiera le hacía una confesión de vértigo sobre algo que había visto u oído (el chico se mostraba muy entusiasmado con toda la historia), y en fin, actuando de chivato con el prefecto, sólo para ganarse algún favor. Era evidente que no tenía idea de lo poco que le podían interesar al ‘prefecto’ los asuntos ajenos de un par de tipejos sin importancia (siempre que no le depararan alguna ganancia, algún provecho, algo útil). Interesarse por otra persona que no fuera sí mismo, ya era milagro. Su gemelo era su mundo, sí, pero en lo que a Evans respectaba, el resto del ‘mundo’ era inexistente. Pero entonces, llegaba Vane, y su presencia —como un imán, frente al que resultaba natural rendirse en su dirección— lo sacaba de sus pensamientos. Bueno, no del todo. Porque, como era habitual, sus asuntos iban primero. Por lo menos, en lo que a él concernía.

Ni reparó en que había habido alguien ahí en primer lugar.

—Échale una mirada a esto—soltó, cual ‘Buenos Días’, arrojándole el periódico por sobre la mesa e inclinándose hacia adelante para señalarle algo con un dedo insistente. ¿Que si correspondía a tu gratitud? Le daba por culo, evidentemente. ‘De nada’, en todo caso—Han cortado los suministros a los asilos. Esto es una ganga. Si te presentas con algún descuento o algo diciendo que eres un buen samaritano, se aferrarán a la oportunidad como desesperados. Porque, ¿qué harán con todos esos viejos sin sus suministros? Y todavía me quedan algunos artículos de segunda mano, seguro que los vendo, al toque. Mientras no se den cuenta demasiado rápido que hay algo mal con ellos. ¿Pero qué les importa a ellos? En los tiempos de necesidad, tú no te pones quisquilloso. Algo es útil hasta que deja de serlo, ¿verdad? Deberían estar agradecidos. Nadie piensa en los viejos hoy día, pero ahí entro yo, con mi súper descuento y mi alma compasiva. Será un pastón.

Él sólo comentaba, tan natural. Por su forma de expresarse, saltaba a la vista lo que pensaba sobre la moralidad del asunto, diríase que hasta tenía un cartelito en la frente que delataba la verdad detrás de su convencimiento: ‘Y bueno, si son tan tontos como para no darse cuenta a lo último, que fue una estafa. No eran los indicados para cuidar de nuestros ancianos, en un principio. Culpa a la negligencia’.

Pero Vane no debía estar muy interesado en sus pequeños y ruines emprendimientos, ¡porque vaya que sería resentido! ¿Qué pasaba con toda esa frialdad? Ok, ok. Evans se dejó caer de vuelta a su asiento, dispuesto a atender lo último que quedaba de su plato, pero primero, cruzó los brazos sobre la mesa, encorvándose un poco hacia adelante y lanzándole una mirada condescendiente, tan dulce de repente, porque vaya payaso que estaba hecho.

—Oh, ¿querías tu beso de buenos días?, ¿algo como lo que tu mama haría?—Ladeó la cabeza hacia un lado, fingiendo enternecerse con el asunto. Le canturreaba con el tonito, sólo por picarlo—Mira tú, me cagué los ovarios en un baño público (Que pena, ¿verdad?). Pero podrías preguntarle a una de tus amiguitas, si quiere ser tu puta niñera.

Evans guiñó un ojo, pícaro.  

—¿En serio?—Rió, ligeramente sorprendido por la propuesta, y luego adquirió el ademán de alguien que está a punto de hacer una confidencia—Vane, no sé si sólo te quieres desquitar con alguien porque te has levantado con el pie izquierdo o qué, ¿pero en serio? Vives en ‘el castillo de la tortura’ (aunque tú nunca te enteras, maldito sangre pura. Aunque lo entiendo, lo entiendo, es fácil para ti sólo ser tú), ¿y quieres ir a jugar al Puente Colgante?, ¿para qué? En unos minutos, tendrás toda una remesa de alumnos de primer año para que puedas hacerles lo que tú quieras en AO. Incluso me he dado cuenta de que muchos quieren que les toque contigo. Ya sabes. Si te van a joder bien jodido ‘mejor que lo haga un sangre pura’. Realmente. En casa, los padres deberían estar preocupados.

Le quitó la manzana mordida de las manos, sólo por arrebatarle su atención. Y estaba a punto de tomar una mordida para sí, pero bajó la mano, escrutándolo con curiosidad.

—Sólo escúpelo. Estoy empezando a preocuparme. ¿Desde cuándo eres tan jodidamente considerado con mi itinerario? Hay algo que me estoy perdiendo, ¿hay algo que te tenga inquieto?, ¿o sólo aburrido? —Sonrió—¿El señorito sangre pura quiere algo que lo excite?
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Evans MitchellGryffindor

Vane Goldstein el Sáb Oct 14, 2017 1:48 am

Como era de esperarse Evans estaba en su pequeña nube de concentración de la que estaba seguro tardaría algo de un par de minutos de sacarlo de allí. Simplemente puso los ojos en blanco cuando empezó a hablarle de ancianos y asilos ¿En que se había reducido la primera charla de la mañana? No podía importarle menos una parda de viejos y sus problemas, o el dinero que pudiese hacerse a costa de ellos, él no lo necesitaba... pero solo por ser Evans fingió que lo escuchaba, el interés en el tema no era algo que predominara en su rostro pero si hubiese sido otro le hubiese metido El Profeta en la boca y servido de desayuno.

Le dio otra mordida a su manzana hasta que finalmente Evans fue al punto que realmente le interesaba, así era él, por su amigo podía hacer lo que fuera y soportar lo que sea... pero no iba a fingir frente a él, jamás. Después de todo de eso se trataba su amistad, completa transparencia el uno con el otro, y aunque estaba completamente seguro de que ambos eran completamente transparentes en el fondo sabía que él mismo no lo era con Evans... pero ese era un tema aparte.

─ Mi madre me despertaría metiendo cangrejos de fuego en mi cama seguramente... ─ Dijo frunciendo el ceño como si ni siquiera hubiese entendido el pique de Evans, la realidad era que lo habían entendido pero había decidido ignorarlo, especialmente por la parte del beso. ─ "Amiguitas" hasta suenas celoso, creo que empezaré a reclamarte más cada mañana ─ Sus cejas se levantaron y una sonrisa cargada de malicia se dibujó en su rostro realmente disfrutando de la idea, la cual no le parecía para nada descabellada, un deseo interno incluso le agradaba la simple idea de que Evans estuviese celoso aun sabiendo perfectamente que no se trataba de eso.

─ Que puedo decir... que te sirvan a las victimas en bandeja de plata no es lo mismo que cazarlas por tu cuenta, pierde toda la emoción. Se vuelve una rutina absurda y aburrida, los críos van a esas clases preparados para lo que se les viene, en cambio si los tomas por sorpresa... ─ Dijo con cierta malicia y quitándole la manzana que le había robado en ese mismo instante y le dio una mordida. ─ Ten cuidado a quien le dices maldito sangre pura, sucio mestizo. O tendré que colgarte a ti del puente ─ Amenazó y soltó al instante una leve risa, tal vez con cualquier otro aquella amenaza habría pasado como verdadera pero no con Evans, no podría hacerlo con él aunque realmente disfrutara tomarle el pelo.

Pero siguió insistiendo y por un instante que Evans preguntaba que más no le estaba diciendo se quedó en silencio, poniendo como excusa que había mordido un enorme pedazo de manzana y no era capaz de hablar en ese momento ya que estaba muy concentrado masticando. ─ Estoy seguro que un par de ancianos y un asilo no me excitarán para nada ─ Dijo finalmente tragando el pedazo de manzana que le sirvió de escape mientras pensaba que decir. ─ Además ¿desde cuando a ti te preocupa algo? No creí que colgar un par de distraídos desatara tanta polémica ─ Murmuró rodando los ojos ─ Solo dime si te interesa la idea o tirarle un par de maldiciones a los de primero en Artes Oscuras es demasiado para ti en un día. Puedo entenderlo si atacar a los pobre niños de primero es demasiado para ti, no te obligaré a hacer algo que te de pesadillas de noche Evans... sabes que no me gusta despertarme por las noches con tus gritos. ─ Dijo con una media sonrisa recurriendo al pique para salirse de aquella situación comprometida, ni en mil años le diría a Evans lo que realmente ocurría y eso se debía a que una orgullosa parte de si mismo (una enorme parte) estaba negada a pensar que algo ocurría realmente.
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Vane GoldsteinGryffindor

Evans Mitchell el Sáb Oct 14, 2017 8:06 am

Evans lo punzó con la mirada, para luego desapegarse de ese momento al instante, como quien pierde el interés. Simplemente hizo una mueca y desvió su atención por un segundo, resentido. Sabía que tenía pesadillas por las noches. Siempre las había tenido, desde niño. Y últimamente, eran más oscuras, violentas, recurrentes. Tenían que ver con su hermano, la mayoría. Temía que sufriera, que le hicieran daño. En más de una ocasión despertó gritando, sudoroso, pálido de espanto, luego de haberse revolcado en sueños con la muerte. Y si había tenido una de sus clases particulares con la Lestrange, la metáfora se hacía realidad, de una forma nada placentera.

De ser cualquiera de sus otros compañeros de dormitorio el que se atreviera a mencionarlo, le cortaba la lengua sólo con la rabia asesina en los ojos, o, lo más usual, se metía en una pelea. Una vez el asunto había ido a mayores, tanto como para borrar memorias, importándole poco o nada el costo que pudiera acarrearles a ellos. Porque era celoso con sus secretos, a grados extremos. Y con sus momentos de vulnerabilidad, por sobre todo. Más aún, si tenía que ver con su hermano.

Esa mañana, no estaba resentido con el Vane del comentario. Un poco sí, sin embargo, con el Vane de esas noches de pesadilla. Resentido con lo que sucedía después de que él despertara en medio de la oscuridad, frío, atacado por el sobresalto. Porque estaba en su naturaleza, sentirse incómodo, esquivo, cuando el nudo que lo ataba a otra persona se estrechaba, por motivo de una confidencia, por el vínculo en sí. Como si le molestara que se acercaran tanto, incluso entre ellos, con todas las cosas que habían hecho. Porque tú sabes, su corazón era reticente y violento y anhelante, y así se expresaba, a cada momento, con cada latido.

Evans Mitchell era todo sonrisas, tibia picardía, pura bravuconería. Estaba con todo el mundo, con cualquiera, fingiendo que era tu amigo. Pero si querías acercarte a él, te darías cuanta de que se aislaba, era inaccesible, te hería y te apartaba. Lo suyo eran encuentros, roces, puede que ardientes pero superficiales. Nada duradero. Él partía, y tomaba distancia. No se molestaba en mirar atrás.  

Y sin embargo, se hacía natural volver a Vane, todas las veces.  

Ése, que por cierto, menudo desgraciado estaba hecho.

Sonrió, malicioso.

—¿Sabes?—Evans se levantó y apoyó las manos sobre la mesa, como si fuera a correrla contra su lado y echársela encima. Algo que seguramente le hubiera gustado— Si tú quieres cazar, yo quiero cazar—soltó, invadiéndolo con una sombra letal y ambigua en la mirada, ligeramente ardido el tono de la voz—Pero hagámoslo real. Vayamos al bosque y soltemos a los sangre sucia para que corran, que chillen. ¿Esa es la clase de caza que quieres? Considérame dentro.

Se había enojado, estaba claro que por debajo de esa sonrisita y esa piel de cordero, algo le repateaba por dentro como el calentón que era, y se iba desquitar con los primeros desdichados que tuvieran la mala suerte de cruzársele en el camino.

—¿Qué me dices, grandote?—preguntó, con tono de mofa, estirando una mano y capturando el mentón de Vane entre sus dedos, juguetón, para soltarlo enseguida, si es que éste no le apartaba la mano primero. Y retrocedió, dispuesto a largarse por las puertas del Gran Salón, de mejor humor. Ah, pero no sin antes hacerse con ese bendito libro al que Vane le prestaba tanta atención, con la rapidez de un ladronzuelo. Riéndose, se lo llevó consigo, habiendo empezado a caminar—¿Te das cuenta de lo roída que está esta encuadernación?—preguntó en voz alta, volteándose mientras caminaba. Le estaba tomando el pelo, estaba claro. Entre tanto, ojeó las páginas del libro—¿Tan interesante es como para que te olvides de tu manía con las cosas caras y nuevas? Vaya, empezarás a revolver la basura si no tienes cuidado.
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Vane Goldstein el Sáb Oct 14, 2017 3:47 pm

Se había salido con la suya, había logrado esquivar las preguntas de Evans haciéndolo enojar, tal vez con un resultado que fue más allá de lo que hubiese querido. Pudo notar por un instante tras aquella mirada de indiferencia reflejada en el rostro de Evans que había algo en su interior perturbándolo tanto o más como lo que a él le perturbaba, un sentimiento extraño para él capaz de debilitarte tanto que daba miedo.

Decidió no decir nada al respecto, sabía como podía ser Evans con sus secretos y las cosas que deseaba mantener ocultas, al igual que él no era fácil de persuadir así que simplemente lo dejó ser... tal vez en algún momento se lo diría, tal vez no. A veces no podía controlar lo que salía de su boca, que generalmente solía ser puro veneno, no media las consecuencias de sus palabras o tal vez simplemente en ese momento no le importaba demasiado hasta que veía el daño hecho, que en cualquier otro pasaría como si nada pero verlo en Evans era diferente.

Cuando Evans se levantó frente a él no sabía que esperar realmente hasta que finalmente lo escuchó hablar y de cierta manera pudo verse reflejado a si mismo hace segundos atrás tratando de alejarse de un tema que lo debilitaba, tal vez era eso lo que tanto lo unía a Evans más allá de la camaradería, si había algo que odiaba más que revelarse frente a alguien era que los demás se revelasen a él como si fuese un maldito psicólogo, ambos sabían mantener sus asuntos en orden y por su cuenta sin sentimentalismos... aunque en ese momento y mirando a Evans con mayor detenimiento no le parecía ser lo correcto, en su interior había un fuerte impulso que quería saber lo que ocurría realmente, que quería ayudarlo de alguna manera. Pero una vez más se cerró en si mismo y no dijo nada.

Simplemente asintió con la cabeza. – Ahora vuelves a ser tu mismo. – Dijo con una media sonrisa y le dio una última mordida a su manzana a medio comer y la lanzó sobre la mesa para que algún elfo doméstico de turno la levantase luego. – Sabía que encontrarías la manera de hacer más interesante la idea del Puente Colgante. – Confesó y se hizo un poco hacia atrás cuando Evans se acercó pero no evitó que lo tomase del mentón y una vez que lo soltó negó tres veces con la cabeza con desaprobación soltando una pesado suspiro cuando este tomaba su libro y se adelantaba por el pasillo entre las mesas del Gran Salón.

Se adelantó hasta Evans envolviendo su cuello con un gancho formado por su brazo y le quitó el libro de las manos procurando que este no se deshiciera a pedazos. – Así de roída quedará tu cara si vuelves a tocar mis cosas –  Advirtió soltando el agarre pero manteniendo su brazo sobre los hombros de Evans. –Ya he mandado a comprar un tomo nuevo, pero el servicio de entrega por lechuza de Flourish y Blotts es un asco como siempre. – Dijo soltando un bufido la idea de tener que aguantarse varios días con ese libro de segunda mano era inconcebible pero su curiosidad una vez más ganaba a sus instintos de niño rico. – Es interesante, un libro de encantamientos y hechizos protectores, no es como si necesitará protección pero las clases de AO son puras maldiciones y hechizos ofensivos... no quiero descuidar mis defensas. – Dijo levantando un hombro restándole importancia al tema y se acercó un poco al oído de Evans como si lo que fuese a decir fuese algo confidencial. – Mi padre suele decir que la mejor defensa es una buena ofensiva, yo creo que es perezoso concentrarse en una sola. – Comentó traspasando las grandes puertas del Gran Salón junto a Evans y soltó una buena cantidad de aire que había guardado en sus pulmones ligeramente de mejor humor que hace unos instantes.

– Entonces no quieres esperar a terminar con AO ¿Iremos directo al Bosque Prohibido? Creo que tenemos algo así como media hora – Dijo calculando de manera rápida el tiempo que les quedaba libre hasta la clase de Artes Oscuras y observó a su alrededor en busca de alguna víctima. – ¿Tienes a alguien en mente o será simplemente una caza indiscriminada? – Preguntó sin mirarlo mientras seguía buscando pero esa particular mañana parecía que los sangre sucia habían decidido esconderse en sus madrigueras.
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Evans Mitchell el Dom Oct 15, 2017 12:57 am

—¡Ey!—se quejó, con una blanca sonrisa de picardía, entre que el libro le era arrebatado de las manos, no sin que él forcejeara lo suyo, pero sin insistir mucho en ello. Después de todo, sólo le tomaba el pelo. El peso de Vane lo había doblado en dos, o más bien, él había querido esconderle el libro abrazándose a este, pero se incorporó luego, con el brazo al cuello, muy juntos, permitiéndole esa familiaridad. Un grupillo de alumnos tuvo que apurar el paso, agachadas las cabezas, y correrse del medio para dejarlos pasar—Por tu puta, tú no harías eso (¡No a mí cara!)—advirtió. Suavizado el tono, agregó, arrugando la nariz en un gesto acompañado de una sonrisa—: Soy demasiado lindo—Mira tú, que comprador—. Eso es todo lo que las chicas dicen sobre mí—¡Por supuesto!, además de ‘Jodete Evans’, ‘Aléjate, no quiero que me pegues nada’, ‘¡Si te pongo las manos encima, juro que te mato!’. Él lo comentaba como si se tratara de una pesada carga sobre sus hombros. Y agregó, vuelto hacia él y palmeándole la mejilla a medida que hablaba enfatizando las sílabas en un tono casi cantarín —: Tú tendrías un montón de problemas—Rió, lo apartó, y aclaró—: con esa jauría de perras—Hablando de chicas, una de ellas, muy bonita y coqueta, lo saludó al pasar (sin ninguna réplica o amenaza de muerte), y él ni reparó en el detalle—, pero no quieres eso, ¿no?

Sobre el libro, ya lo conocía. Se había pasado leyéndolo toda una noche en la que no había podido pegar ojo. Siempre podías ver su culo inquieto haciendo algo en esas noches en las que no dejaba dormir a nadie. Últimamente, prefería mantenerse despierto, más que nunca. ¿Insomnio? Casi, aunque siempre había sido así. Su secreto era que utilizaba las clases para echarse una siestecita, porque algunas clases ameritaban que te llevaras la almohada, sólo para reflexionar contigo mismo en sueños. No estilaba tener pesadillas allí, porque quizá en algún punto, ciertos sermones ‘intelectuales’ fueran tan aburridos que hasta repelían las pesadillas. No, no, lo que hacía por las noches, si no caía rendido por un día de mierda, era molestar a Vane o cualquiera (que era un pesado, vamos), o leerse un libro, porque, como pocos sabían, él de verdad que era un lector empedernido, ¡leía un montón! Siempre que no estuvieras mirando.

Evans sintió el aliento de Vane en su oreja, e inclinó la cabeza hacia un lado, fingiendo una mueca de repelús.

—No, tú tienes que tener cubiertos todos los flancos, ¿verdad?

Y era algo inteligente de hacer.

—Jumm—se limitó a expresar una vaga afirmación con un gemido, distraído. Evans prefería no ir directamente a AO, pero esa, no era una materia que en aquellos días te pudieras escaquear con tanta facilidad. Ser negligente con AO era considerado como una ofensa directa al régimen. Y en la mente calculadora de Evans, eso no podía pasarle a él, lo de ser puesto en la mira. Vane lo tenía fácil, porque era sangre pura. Con Evans no eran tan sencillo. Aunque aquel no era el único motivo. A decir verdad, incluso entonces, la materia que peor se le daba seguía siendo AO. Pero. Si hablábamos de ‘dar caza’, bueno, ahí es cuando las cosas se tornaban diferentes. Recuperó de nuevo el interés al añadir—: No lo llames de esa manera. Es sólo ‘caza’.

Sí, Evans, sólo si quieres convencerte de ello.

***

Hogwarts había cambiado mucho. Y las nuevas autoridades habían hallado que la mejor forma de instalar el cambio, era imponiéndolo, claro, pero también, ser permisivos. Estaban orgullosos de dar el ejemplo, los profesores y la mismísima directora, torturando sangres sucia en los pasillos. Por eso, ¡que orgullo!, cuando los alumnos, por sí mismos, decidían copiar el buen ejemplo y divertirse a costa de todo sentimiento de humanidad. Porque eso estaba bien. Era lo correcto de hacer. Si querías formar parte de ese mundo mejor, si querías ser alguien, y para algunos, si sólo querías divertirte. Era cruento, pero era real.

En el viejo castillo que se había conducido por mucho tiempo según los principios de la igualdad y la fraternidad, ahora era posible cruzarse en los pasillos con grupillos de estudiantes, que entusiasmados, cuchicheaban sobre ‘a quién acribillarían luego’. Tú sabes, cuando la crueldad es compartida, cuando la vives como un divertimento, un pasatiempo, se instala de forma tan natural en el pensamiento común, que hasta para algunos era fácil cosificar a las víctimas y burlarse de su desesperación, su humillación, de su dolor, ¡y prepararse para el próximo juego!

Evans siempre se había apasionado por la caza de criaturas, y ahora, experimentaba algo nuevo. ¿Pero divertirse? Por supuesto que podía fingirlo. La pregunta era, ¿cuánto tiempo pasaría hasta que comenzara a disfrutarlo de verdad? Porque lo que empezaba siendo apariencia, podía convertirse en tu auténtica motivación, si no tenías cuidado. Como a veces ocurre.

Y luego, estaba Vane.

¿Cómo él lo influenciaba?

En algún punto, sentía que percibía experiencias a través de su amigo, porque estando juntos, él, Evans, simplemente, se excitaba como de ninguna otra manera o como con ninguna otra persona.  

La escena es en los alrededores del Bosque Prohibido. Internándose cada vez más y más, un grupo de dos o cuatro estudiantes (repudiados por sus orígenes), corren escapando de una persecución. En el nuevo Hogwarts, esto se ha vuelto el cruento deporte que unos ‘pioneros’, envalentonados por el estado de cosas, propusieron como un juego. Ellos los ‘cazan’ en un violento simulacro del lobo y las ovejas. Por si fuera poco, ‘acampan’ en un punto del Bosque, montando juerga y celebrando ‘el evento’ y las victorias de los cazadores. Evans Mitchell maneja las apuestas.
chocolates:

Jajaj LO SÉ. No entiendo cómo hago para girar los eventos de tal manera (!) XD LO SIENTO. Esto es así: si no tenés mano dura conmigo, puedo llevarte a fliparla de lo lindo. Cualquier cosa, comentame.

En fin, no hay nada estipulado, podés inventarte cualquier cosa. Sólo para aclarar. ¡Beso! :3
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Vane Goldstein el Dom Oct 15, 2017 5:35 pm

Todo el mundo se lo solía imaginar como el gran rompe corazones de Hogwarts, aquel con el que cualquiera quisiera estar y en gran parte se debía a su estatus de sangre y los beneficios que eso podría traer si te acercabas a la protección de una Sangre Pura. Podía ser cierto, pero la verdad poco le interesaban las relaciones duraderas con cualquiera más que un poco de diversión que a la mañana siguiente descartaba como si fuese papel higiénico, no iba a darle el gusto a nadie de aprovecharse de los beneficios que implicaba ser su pareja a menos que representara algún beneficio para sí mismo a cambio.

Cuando aquella chica pasó saludando pasó de largo junto a Evans como si ni siquiera estuviese allí, mirando a Evans de reojo que seguía mencionando a la jauría de mujeres y rodó los ojos. – Por supuesto que no, pensé que había quedado claro que no me agradan las presas fáciles. Ya sabes como es, sirven para saciar el hambre una noche... pero no son más que un aperitivo. – Y Vane no discriminaba entre sexos, aunque si por sangre... algo que parecía hasta absurdo viniendo de alguien que podría estar con cualquiera si así lo quisiera pero se negaba hasta compartir asiento con un muggle, aquello se debía tal vez más a aquellos tiempos en los que vivían que su verdadero repudio, si lo veían con un traidor a la sangre o un muggle ya no importaría que tan pura fuese su sangre, estaría acabado.

Algo de cierto había en las palabras de Evans, para su cabeza ambiciosa y temeraria dejar puntos débiles expuestos era simplemente un pecado mortal, era por eso que estudiaba hasta la última posibilidad y se aseguraba de tener las armas necesarias, incluso si no las necesitara en absoluto. Lo miró de reojo analizándolo por unos segundos y sonrió. – Bien, nos saltaremos AO... yo te cubriré en la excusa pero solo por tus espontáneas ganas de salir cazar. – Dijo sabiendo que si el que presentaba la excusa por su falta a AO era él, Evans saldría libre de aquella situación. – Aunque podríamos llamarlo "un paseo por el bosque" si caza es demasiado fuerte para ti – Comentó simplemente para burlarlo.

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No sabía en que momento el deporte de cazar sangre sucias se había instaurado en Hogwarts, fue tan espontáneo que casi nadie podía recordar la fecha exacta en que aquello se había convertido en algo común en el castillo, aunque si recordaba como era antes de que aquel deporte existiera. ¿Qué si le parecía correcto? ¿Divertido incluso? Si, realmente lo disfrutaba, pero no por el simple hecho de estar persiguiendo y capturando a la fuerza sangre sucias... llevándolos al temor y la adrenalina que significaba ser perseguido en un bosque que era diez veces más peligroso quedarse allí varados que ser capturados. El goce en aquello era que podía probar su habilidades frente a los demás, doblegarlos sin problema, poco le importaba si eran sangre sucias... podría hacerlo incluso si fuesen sangre puras los perseguidos por el simple hecho de probarse frente a ellos y demostrar que era mejor.

Era sin duda un pensamiento que no compartía con nadie, incluso con Evans, no porque no confiara en él tal vez si él se lo preguntara seguramente se lo diría... pero de cierta manera sabía que él podía deducirlo sin preguntárselo. ¿Qué había de divertido en aquello? Nada tal vez, solo la poderosa sensación de superioridad que todo ser humano era capaz de disfrutar.

En la entrada al bosque había otros cuatro alumnos, dos de ellos reteniendo a los otros dos sosteniéndolos desde sus espaldas y apuntando a sus cuellos con sus varitas, aquellos apresados eran los pobres dos sangres sucias que entrarían al bosque para ser perseguidos. Ni siquiera se molestó en preguntar sus nombres, no era algo que le importara pero si había algo que le interesaba más.

– ¿Confiscaron sus varitas? – Preguntó a los dos captores que amablemente había traído a los dos sangre sucia para ellos. Uno de ellos asintió mostrando ambas varitas. – Bien... devuélvanselas. – Ordenó y los dos captores se miraron confundidos ¿Por qué querría devolverles las varitas si era más fácil doblegarlos sin ellas? Bueno, allí estaba la verdadera diversión.

Levantó su varita al tiempo que le devolvían las suyas a las dos presas del día mientras observaba como algunos alumnos se acercaban también a la entrada del bosque, seguramente curiosos que estaban en alguna hora libre. – Al bosque muchachos – Dijo con frialdad seguro de que no escaparían ahora que tenían sus varitas, estaban en desventaja y si lo intentaban las consecuencias serían peores que la persecución.

Miró a Evans mientras los dos chicos entraban al bosque corriendo y hizo girar su varita entre sus dedos. – Las damas primero – Dijo con una sonrisa maliciosa.

grageas vomitivas:

Pues yo soy super PRO plot twists jajajaja así que no hay problema, tuerce la situación como gustes yo puedo adaptarme bien :B

Hice una pequeña introducción a la "persecución" pero te dejaré a ti plantearla que seguro tienes mejor idea que yo Razz
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Vane GoldsteinGryffindor

Evans Mitchell el Lun Oct 16, 2017 6:37 pm

Evans hizo un truco de manos, curioso truco, y la bolsita de galeones desapareció frente a la cara nada convencida de un amargado de Slytherin, quien a pesar de haberse mostrado renuente con la apuesta, no podía dejar de ceder, por una cuestión de principios y eso de ‘tener bolas bien puestas’, ¿sabes? Claro que con el león, las apuestas siempre eran un asunto peliagudo.

—¡Es mío ahora! Enhorabuena, tú has apostado al caballo equivocado—dijo, y se largó hasta donde Vane, demasiado campante. El otro hizo una mueca, y le soltó: ‘Apostaré a que no lo consigues’, sin ver la sonrisa que asomó en los labios de Evans, cual escena macabra—. ¡Ah, esas serpientes son tan resentidas!—agregó, para su amigo, llegando hasta él y viendo cómo las hojas de los arbustos temblaban por haber sido rozadas por la carne tierna de la presa desesperada. Movió el cuello, primero un lado, luego el otro, se desentumeció los hombros de un movimiento.

Ok, eso había empezado siendo un juego. Pero no lo era. Había vidas que serían torturadas. Y en lo único que Evans pensaba cuando los veía, era en esos traidores a la sangre que él cazaría como un mortífago. ¿No era acaso excelente, por lo demás, cómo se le aceleraba la sangre? Era cuestión de mentalizarse. Ellos, presas. Tú, predador. ¿Y qué? La vida no podía ser justa para todos, ¿verdad? Un día eran ellos, otro día podía ser él, pero Evans tenía que ser más listo, más rápido, estar preparado. Vane estudiaba todos los hechizos, ofensivos y defensivos, él se armaba con un obsesivo empeño por ser una lanza dura de roer, y con Evans lo mismo.

—Las damas primero.

Evans sonrió, en una mueca horrible, de cuidado, pero no dijo nada. Avanzó, sí, y lo empujó con el hombro al pasar, escurriéndose en la maleza.

***

La tarde comenzaba a ponerse de un gris oscuro, y el Bosque Prohibido se alzaba por encima de los límites de los patios de Hogwarts como una negra quimera. No era extraño que los alumnos bordearan el bosque, en busca de emociones que hicieran palpitar sus prudentes corazones, lo suficiente como para considerarse aficionados de las sensaciones excitantes. Pero nunca iban más allá. Nunca se internaban en lo profundo.

—¡Crucio!

La corteza de uno de los árboles reventó en varias astillas. Entre los esbeltos, sombríos troncos que cubrían el cielo con sus ramas, tenía lugar el rumor vertiginoso, violento de una persecución. Haces de luces interrumpían la aparente quietud de las entrañas del bosque. Y los leones, ensimismados en su cacería, se internaban cada vez más y más, como creciente era la saña con que perseguían a sus víctimas.

Evans había olvidado completamente que alguna vez se habían cruzado por los pasillos de Hogwarts, como iguales, con esos ‘traidores a la sangre’. El único con que podía medirse a la par, de tú a tú, era con Vane, el resto, sangre sucia o no, era simple carroña. Y sin embargo, esa carroña lo había puesto en tal estado: despeinado, agitado, y atacado por la rabia.  

Así, apuntaba a ese infeliz que se arrastraba por la tierra. Finalmente, lo había alcanzado. Era frustrante. Evans en verdad que se estaba esforzando con el maleficio, pero no lo conseguía. El resultado no era el de un crucio extraordinario, apenas decente. Y esto, entre esa enferma gente que eran los mortífagos, se notaba. Por eso, él solía usar maleficios que fueran de una ofensa rápida, violenta. Pero no podía darse por vencido con el intento, ¿verdad?

Bueno, había una alternativa.

—¡Vane!—gritó, haciendo eco, eco. Unas alas revolotearon desde algún lugar, ascendiendo por hacia aquel cielo aterrador y oscuro—, ¿dónde estás, maldición?—Evans había hecho aparecer una ballesta, una de sus pertenencias, y la cargó. Respiraba con esfuerzo, a un ritmo acompasado y filoso. Apuntó. Desde el suelo, su presa lo miró, y le suplicó que parara. Evans se lo pensó, y esperó. Cuando el infeliz pudo levantarse y echar a andar, disparó a la pierna. Mejor. Se sentía mejor. Mucho, mucho, mejor.

El alarido de dolor atravesó el bosque.  
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Evans MitchellGryffindor

Vane Goldstein Hoy a las 4:37 am

EL oscuro bosque se alzaba imponente a medida que ingresaba cada vez más hacia su interior, la luz del día era consumida por la copas altísimas de los arboles y aquella aura oscura y misteriosa que siempre dominaba las zonas del bosque prohibido. Era como ingresar a la plena noche aun siendo de día, era entrar a un nuevo mundo plagado de peligros y horror siendo eso mismo el gran atrayente de aquel lugar.

Era una cacería bastante justa, mucho más de lo que podría esperarse, sus presas habían resultado bastante difíciles de seguir teniendo sus varitas en mano pero no había nada imposible para él y una vez que se proponía a hacer algo lo terminaría sin dudarlo. De un momento a otro se separó de Evans que tomó otro rumbo diferente al suyo, cubriendo mayor terreno tendrían más posibilidades de encontrarlos y en su caso al menos lo había logrado aunque los primeros intentos la maldita sabandija había logrado escapar... sin duda hasta ese momento había llegado su buena voluntad, tendría que desarmar al bastardo si quería divertirse un poco.

Respiraba apresuradamente al estarse moviendo entre las ramas y árboles con gran prisa, siguiendo el sonido de las hojas que hacia su presa sin molestarse en disimular un poco que estaba huyendo de él. Tenía su varita en mano y estaba decidido a acabarlo de una vez por todas así que decidió tomarlo por sorpresa, ya no lo persiguiría, dejaría que su víctima viniese hasta él.

El silencio se hizo absoluto de un momento a otro, el aire parecía poder cortarse con un cuchillo en el momento que una ramita rompió aquel silencio y un rajo de color rojo salió de su varita directo hacia unos arbustos. Palalingua Conjuró y en un gemido inentendible sonó un ruído seco de alguien que caía de espaldas, el chico se puso de pie incapaz de pronunciar una sola palabra, en pánico y desesperado quizo ponerse a correr de inmediato pero su varita se blandió en el aire en una elegante floritura al tiempo con conjuraba su siguiente hechizo. Levicorpus Y del talón una fuerza invisible colgó boca abajo al chico que ya no tenía más su varita en mano, probablemente caída cuando quedó colgado en el aire.

Vane era paciente, certero, era como un felino atento entre la maleza esperando el momento justo para neutralizar a su víctima. A diferencia de los demás no atacaba de entrada con sus hechizos más fuertes o los más devastadores, no, él disfrutaba el lento proceso de humillación y tortura. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro mientras se acercaba al joven que colgaba en el aire. – Al fin te encontré – Dijo con un tono divertido e inclinó levemente su cabeza hacia un costado, el sangre impura le resultaba interesante, pero tampoco demasiado.

SectumPronunció rápido con un movimiento seco de su varita y un corte apareció profundo y sangrante en el rostro del chico.Sectum Repitió con una sonrisa que se ensanchaba más y más mientras el cuerpo del sangre sucia comenzaba a abrirse en cada movimiento de su varita tiñendo sus ropas de un rojo carmesí, un corte más y esta vez la sangre le salpicó en el rostro y este se tornó en un gesto de asco dando un paso hacia atrás. – Mira lo que hiciste... mancharme con su sangre inmunda – Gruñó y escuchó en un eco el llamado de Evans. Elevó su varita en el aire y de esta salieron unas cuantas chispas rojas para darle la locación a su amigo... probablemente lo estaría buscando ¿Habría atrapado al otro sangre sucia? – Aun no he terminado contigo – Amenazó mirando al colgado.

– ¡Evans! – Exclamó pero sin antes llevar su varita a su cuello en invocar un sonorus que amplificara su voz para que Evans pudiese escucharlo, estaba seguro que con las chispas rojas y aquel grito lo localizaría... el problema era ¿por qué? ¿se encontraría en problemas?
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