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Y de postre, tiramisú [Priv. Einar E. Gudjohnsen]

Laith Gauthier el Jue Oct 26, 2017 11:30 pm

Octubre 27, 2017.
17:25pm
11ºC, nublado.

Su turno acababa de terminar hace más de una hora, aproximadamente. Aunque había tenido que dar una pequeña conferencia a un grupo selecto de sanadores acerca de ciertos aspectos de la psiquiatría, una de las tantas ramas de la medicina que había estudiado. Era todavía un misterio para el mundo mágico que Laith intentaba revelarles, colocar luz al tema para poder hacer innovaciones, con el pánico de que pudieran considerarlo “demasiado nomaj” y por lo tanto ficharlo de traidor. Los magos todavía no tenían bien arraigada la salud mental de los pacientes, aunque San Mungo contaba con su departamento dedicado a ello, era un tanto arcaico.

Laith por otro lado pensaba que muchas de las afecciones mentales que se causan por hechizos mal realizados podían ser curadas con métodos mágicos todavía no descubiertos, mezclados con tratamientos de la psiquiatría tradicional. Dígase, nomaj. Tuvo el corazón en la mano en todo momento, pero la cima de la jerarquía de San Mungo había considerado pertinente hablarlo a puertas cerradas. La mayoría veía mal que alguien tan joven se animase a proponer cosas, los magos eran terriblemente conservadores en ciertos temas. El canadiense pensaba que sólo lo habían escuchado por la relativa popularidad que había ganado a lo largo de ese año.

Es que el morocho no era precisamente un pusilánime. Desde su llegada hacía ya algunos años a San Mungo había destacado por toda la formación profesional que tenía, carreras, congresos, cursos, todo con tal de ser lo mejor de lo mejor. En el último año en particular había empezado a sobresalir poco a poco, los turnos doblados, las actividades extraprofesionales, incluso había salido en una revista de cotilleos del mundo mágico iban dando frutos y la gente lo volteaba a mirar. Además, poseía una personalidad magnética, siempre amable y entregado con todo quien le necesitase. Si todo salía bien y no iba a parar a Azkaban o algo peor pronto iba a poder destacar en la medimagia.

Sin embargo, Laith no era un soberbio a pesar de todo. Por ello cuando uno de los veteranos le pidió hablar sobre lo tocado en su presentación, accedió de buena gana. Su nombre era Einar Gudjohnsen y, si bien lo recordaba, había estudiado como él una carrera nomaj, neurociencia para ser más precisos. No recordaba haber tenido una conversación con él más que meramente lo necesario para trabajar. O un “Hola, ¿qué tal?” por cortesía cuando se topaban en los pasillos, la verdad es que sabía bastante poco de él. Lo invitó a verse dentro de un rato en un restaurante de la zona para poder hablarlo con algo de comida, pues había tomado el turno de mañana.

Y eso lo llevaba ahí, esperando a la entrada del lugar a Einar. Estaba leyendo una nota, una carta que acababa de recibir, distraídamente mientras tarareaba en voz baja una canción de Owl City. Llevaba recargado en la pared quince minutos, más o menos, lo había citado para las cinco y treinta de la tarde y ya que estaba por la zona decidió simplemente quedarse esperando pacientemente. De esas pocas ocasiones en que conseguía ser puntual. Tenía una vida agitada después de todo, su puntualidad normalmente no era la mejor de sus cualidades, pero al menos lo conseguía compensar bien con su actitud.

Lo vio llegar, alzando la vista de su carta y guardándola en uno de sus bolsillos. Iba vestido más informalmente, unos jeans y una chaqueta de cuero eran parte de su vestuario, estaba haciendo algo de frío y a veces creía que amenazaba con llover, pero no parecía incomodar demasiado al canadiense. — Einar, qué gusto verte —lo saludó, separándose de la pared y extendiéndole la mano para estrechársela. Laith era terriblemente informal y siempre tuteaba a todo el mundo. — ¿Cómo va todo? —le sonrió, acto seguido abrió la puerta para dejarlo pasar al restaurante que había elegido para verse.

Siendo honestos, lo había escogido porque tenía antojo de un platillo particular y más nada. Era un buen sitio, un tanto elegante pero suficientemente informal para que su vestimenta pasara sin problemas, cálido y agradable. Ya había pedido una mesa, pero había salido para fumar mientras esperaba al mayor, así que fue poco el tiempo de espera antes de que los pasaran a dicha mesa, una bien posicionada donde el morocho podía mirar el resto de las mesas por mera distracción. Los menús llegaron al mismo tiempo que ellos, el que Laith empezó a hojear aunque sabía qué quería.
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Einar E. Gudjohnsen el Miér Nov 01, 2017 9:21 pm

Desde hacía más de una semana, el hospital era un completo caos. Decenas de pacientes abarrotaban las salas. Entre la falta de equipo y de personal, no dábamos a basto aunque hicieras turnos extras. No recordaba la última vez que dormí sin despertarme cada hora o que no tuviera la cabeza las veinticuatro horas pensando en los casos de mis pacientes. Ni siquiera recordaba cuando fue la última vez que dedique un poco de tiempo a mi mismo. Maldito estrés.

Resoplé. Me lavé la cara mientras me miraba en el reflejo del espejo apreciando las tremendas ojeras que tenía. Necesitaba despejarme. Hacía unos días había visto en el tablón de información del hospital sobre una presentación de un compañero de trabajo. No sabía mucho de él, tan sólo que trabajaba duro y que me parecía demasiado extravagante con tantos tatuajes como para trabajar en medicina. Pero de algo había aprendido en esta profesión y era a no juzgar a nadie a pesar de su aspecto. A pesar de ello, me había sorprendido gratamente al verlo en una de sus conferencias. Joven, inteligente y todo un buen futuro por delante. Tienía el pack. ¿Cómo no me iba a fijar en él? Incluso me había cautivado a tener mucho más interés por la psicología humana. Quería saber más.

Eran las cuatro de la tarde y tenía todo a punto para ir al sitio citado con el doctor Gauthier. Era increíble que no supiera su nombre hasta que se presentó en la conferencia. Siempre solíamos llamarnos por nuestros apellidos en el hospital... pero... cuán poco humanos éramos o cuán poco tiempo teníamos que ni siquiera nos dedicamos un poco de tiempo a nuestros compañeros para que, como mínimo, sepamos su nombre. ¿Tan frío y meticuloso me había vuelto? ¿Sólo me pasaba a mi? Agité la cabeza y me centré en ponerme algo de ropa para la ocasión. Cogí también todos los informes útiles sobre la neurociencia que tenía, ya que quería discutir y contrastar sus teorías con las mías. Me recordaba a cuando estudiaba en la facultad.

Puntual llegué al centro de Londres. Allí ya me esperaba Laith, distraído leyendo algo.
-El gusto es todo mío. - Le estreché la mano firmemente. -Mejor ahora que estoy fuera del hospital. ¿Qué me dices de ti? Has estado brillante en la presentación. - dije mientras entrabamos en la cafetería. Era una agradable y cálida cafetería. Tenía ese aspecto pijo sin serlo. Podías notar que cualquier clase social podía estar aquí y me encantaba. Aparte de tener mesas, había pequeños riconcitos con sofás y sillones dónde podía pasar toda la tarde conversando y tomando té.

Para mi sorpresa nos atendieron con rapidez a pesar de que había gente esperando. Lo tenía todo reservado. Qué meticuloso. Nos sentamos y acto seguido nos sirvieron las cartas.
- No sabría por dónde empezar... ¿me recomiendas algo Gauthier?- ¿Cómo podría elegir entre tantas delicatessen? El ansia de azúcar me atacó como a un diabético con hipoglucemia. Quería de todo. Desde una simple magdalena hasta el gofre con plátano, fresas con chocolate caliente.
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Laith Gauthier el Jue Nov 02, 2017 8:55 pm

Había ido a aquel encuentro lleno de curiosidad y deseos de aprender. La gente nunca termina de aprender y menos en una carrera como la suya, era algo así como una esponja que absorbía todo el conocimiento que pudiera servirle con sus pacientes, estaba entregado en cuerpo y alma al trabajo. Einar, siendo un veterano ya a su edad, podría ser una fuente de experiencia que no iba a desaprovechar. Además, siendo completamente honestos, tenía una apariencia agradable a la vista, Laith casi nunca se arrepentía de dedicarle su tiempo a alguien interesante y de buen ver, a pesar de que sabía diferenciar perfectamente su vida personal del trabajo.

Cuando Einar llegó, volcó toda su atención en él, estrechándole la mano con firmeza breves segundos. Así también se interesó por su estado, sonriendo divertido cuando dijo que estaba mejor fuera del trabajo. — Estoy de maravilla, muchas gracias —agradeció por aquel halago. Aunque no se le notara por su extrovertida personalidad y la manera en que se desenvolvía en público, dando argumentos y explicaciones, se ponía muy nervioso cuando tenía que presentarse frente a mucha gente. Así que escuchar que a alguien le gustaba cómo hacía de orador en presentaciones era renovador.

Entraron con dirección a la mesa pronto, la que había pedido ya por no querer esperar mucho tiempo. Comenzó a hojearla instantáneamente, el hambre le molestaba en el estómago. Pensó en una entrada, tenía hambre, y un postre también, una ligera sonrisa iba apareciendo en su rostro, hasta que Einar lo interrumpió en sus hambrientos pensamientos, pidiendo su recomendación. Volvió la mirada a la carta, pensando en qué podría sugerirle al mayor.

Soy Laith para ti —le corrigió, pidiéndole que lo llamase por su nombre de pila. No quería tanta formalidad si ni siquiera estaban en el trabajo. — Estaba pensando pedir un croissant de jamón y queso con un capuchino y, de postre, tiramisú —le sonrió, dándole lo que él iba a pedir por si algo se le antojaba de lo que él estaba por pedir. Generalmente no le costaba mucho decidirse cuando tocaba comer algo, así que sólo ver el menú bastaba muchas veces, en especial cuando tenía imágenes. Era cierto eso de que la comida enamora por los ojos.

Cuando llegó la camarera, pidió justamente lo que le había dicho a Einar que pediría, con una jovialidad tal que no parecía existir nada malo en el mundo. Dejó al otro pedir también lo que quería. Tocó disimuladamente su brazo con la mesa, sólo para asegurarse que la varita estuviese bien sujeta, solía esconderla dentro de su manga derecha cuando usaba ropa con mangas. Se camuflaba bien y era fácil de sacar, aunque debido a la longitud algunas prendas hacían difícil pasarla desapercibida, incluso así lo intentaba.

Entonces dime, Einar, ¿puedo llamarte Einar? —le pidió permiso de usar su nombre de pila, por si no le molestaba, o si debía llamarlo por su apellido por mayor comodidad del otro. — ¿Qué fue lo que te impulsó a querer conversar? Imagino que alguna de las partes de la charla debió llamarte la atención —le sonrió amablemente, esperando que fuera directo de sus intenciones con aquella reunión. Así ambos sabrían a qué tipo de charla estaban apostando, aunque imaginaba más o menos el hilo central, no podía dejar de sentir curiosidad. Y un poco de vanidad, vamos, no todos los días alguien se interesaba particularmente en algo que él decía.
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Einar E. Gudjohnsen el Miér Nov 08, 2017 10:01 pm

Me sentía curioso por el sitio que había elegido el doctor Gauthier para encontrarnos. Estaba acostumbrado a este tipo de reuniones después de las conferencias con los peces gordos de la de medicina, pero sinceramente eran demasiado lujosos para mi gusto, y siempre me daban la sensación que venían a estos sitios para demostrar su poder económico. Algo que siempre había detestado es que alguien se sintiera superior a otra persona por posición social, raza o sexo. Me ponía enfermo. Así que agradecía al doctor Gauthier que fuera tan modesto por elegir un sitio como éste.

Me encontraba en la mesa con mi compañero intentando elegir algo de la carta, pero sinceramente esto era más difícil que elegir entre dos premios de un típico concurso de muggles. Así que decidí despojarme de toda presión y dejé que el doctor Gauthier me aconsejara por cual delicatessen deleitarme.
- Perdona, estoy acostumbrado al trabajo, ya sabes. Intentaré llamarte Laith a partir de ahora. - A pesar de que lo intentaría, me costaba horrores llamar a mis compañeros por los nombres. Rara vez me acordaba de los apellidos, y si lo hacía es porque tenían la placa identificativa siempre puesta. Era horrible para nombres.

Croissant de jamón y queso... Ahora que lo dice... Ahora me apetece también croissant. A Laith le gusta el tiramisú. EL TIRAMISÚ. Mi gran debilidad le gusta. Creo que ahora me cae mejor este chico.
- Vale, creo que me he decidido. - Poco después llegó la camarera. - Para mí un croissant vegetal, un vaso de agua natural sin gas y de postre, tiramisú. Muchas gracias. - Dije mientras entregaba la carta a la camarera y volvía al tema principal con Laith. La medicina.

- Claro, simplemente es que estoy acostumbrado que me llamen así entre mis compañeros. Pero llámame por mi nombre, no estamos en Japón. - Por fin entramos en el tema candente y ahora que había llegado, estaba en blanco. Nunca había ido a una exposición sin tener preguntas al respecto, pero al hablar sobre algo tan genérico como era la psicología, me sentía totalmente perdido. - Para ser honesto contigo, acudí sin saber que eras tú el que daba la conferencia, fue toda una sorpresa cuando te vi, pero fui porque hace poco porque hace unas semanas tuve que reemplazar a un compañero en el área de psicología y me sentí totalmente abrumado por no saber prácticamente casi nada sobre este tema. Así que me puse a indagar un poco y me topé con tu conferencia.. y bueno... Debo decir que has hecho que me entre la curiosidad por la psicología. Ya que los dos trabajamos con cabezas ajenas me gustaría que me ayudarás un poco con este tema. - Me sentía entusiasmado, algo que hacía años no sentía, me había consumido la rutina y había dejado un poco atrás los estudios. Debería retomarlos.

Con poco más de diez minutos llegaron los pedidos a nuestra mesa. Aparte de acogedor este sitio es muy eficaz.
- Cuéntame Laith. Te sorprende que un viejales como yo te esté pidiendo consejo. Espero que no te moleste. - No creo que el entretenimiento preferido de los jóvenes sea quedar a seguir hablando de medicina cuando nos dedicamos casi veinticuatro horas en el trabajo. Pero Laith me había embriagado totalmente en aquella presentación.
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Laith Gauthier el Vie Nov 10, 2017 11:05 pm

Le sonrió cuando dijo que intentaría llamarlo por su nombre en lugar de por su apellido, Laith era de ese tipo de gente cuya memoria podía dar asco para muchas cosas, pero nunca olvidaba un nombre. Era lo más importante en una persona, su identidad, así que su nombre y apellido estaban bien guardados dentro de la memoria del morocho. Era un poco más malo para los rostros, pero eran detalles sin demasiada importancia. Entonces le dijo cuál era su opción para comer para ver si algo de eso le llamaba la atención, lo que aparentemente lo ayudó a decidirse, así que esperaron pacientemente a la mesera. Curiosamente, su pedido era un tanto parecido, se sonrió sólo para sí mismo. Croissant y, de postre, tiramisú.

Cierto, cierto —concedió con gracia cuando le dijo que “no estaban en Japón”, donde eran mucho más tradicionales. De todos modos, pronto le apeteció entrar de lleno en el tema que los abordara, esperando no ser muy directo. Sonrió con calma cuando le expuso sus motivos. — Actualmente no estoy en el área de psicología del hospital, pero como habrás notado no voy a oscuras en el tema. Es un tema que, sin embargo, me atrapa, tú y yo no somos tan distintos de hecho, también me he interesado en los asuntos neuronales y, además de lo evidente, también tengo formación en psiquiatría —le confesó, ya que normalmente no trabajaba con “cabezas ajenas” más que algunos días a la semana, el resto estaba como sanador general.

La comida llegó muy pronto, otro plus de aquel local, tomando su bebida para darle un pequeño sorbo, se había quemado la lengua pero no lo dio a notar. Einar era bastante agradable, a juzgar por cómo se expresaba, lo hacía sentirse cómodo y en ambiente. No un ambiente laboral, sino ese ambiente de universitarios que se sientan a discutir sobre sus recientes investigaciones. Y podía no sonar como la cosa más divertida del mundo, pero lo era si uno sabía cogerle el cariño necesario.

¿Qué dices? Si no pasas los cuarenta y, si me permites, estás muy bien conservado —soltó una risa cuando se llamó a sí mismo viejo. — Te equivocas, no me es ningún inconveniente charlar ahora contigo, de hecho me alegra que te hayas interesado en algo que no tiendes a aplicar —le sonrió, pues odiaba que las personas se aferrasen a algo y no quisieran innovar ni cambiar nunca. La evolución era parte de la vida. — Soy de los que creen que la vida es un aprendizaje constante, en especial en áreas laborales, sólo así uno puede ejercer con verdadera vocación —dedicó una sonrisa al mayor antes de dar un bocado a su croissant.

Se limpió los labios con la servilleta, no había vuelto por el momento a tomar de su capuchino por el riesgo que tenía a quemarse de nuevo, pero finalmente su estómago tuvo paz luego del hambre que tenía. Einar lo tendría que perdonar, sin embargo no volvió a hablar sino hasta que se terminó el croissant, su hambre se lo estaba exigiendo. No tendía a ser tan voraz, pero había que comprenderle un poco, ahora sí animándose a darle un pequeño sorbo a su capuchino. La vida era un poco más feliz cuando no tenía hambre.

Pues honestamente siempre he estado interesado en la psicopatología, me llama la atención verlo aplicado al ámbito mágico porque nuestras anomalías mentales suelen provenir de hechizos mal ejecutados pero no por ello podemos ignorar muchos de los trastornos que comúnmente suenan, creo que no se potencian las herramientas que tenemos al aplicar los conocimientos tenidos de métodos sin magia en la comunidad —tenía la esperanza de que Einar no lo juzgase por creer poco ortodoxa la medicina mágica respecto a las psicopatologías, como alguien quien también estudió en el mundo nomaj debía entender a qué se refería, sin suponer que eso lo hacía antisistema al nuevo régimen.
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