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Evans Mitchell el Vie Oct 27, 2017 12:22 pm

Era en su sexto año, Evans había publicado un artículo en una revista académica bajo el seudónimo de Lavish Clement y recibió en respuesta la lechuza de un interesado que le proponía un debate, y así fue como empezó, eso de abrirle la ventana a una lechuza de correos con un pergamino firmado por Eugene aferrado a su patita, y sonreírse. No como un idiota, vamos. Sino, con un ligero acento de asco, del todo fingido. Era una mueca con la que esperaba convencer al aire de su indiferencia cuando en realidad, había estado esperando una respuesta, una y otra vez.

Es que ni Evans Mitchell podía resistirse a un pasatiempo que lo consumía desde siempre como era la lectura y la investigación de temas teóricos referidos a Encantamientos, y bien guardado que se lo tenía. ¿Que si le molestaba compartir esta afición de trogloditas con alguien? SÍ. ¿Que si guardaba su secreto con recelo? POR SUPUESTO. ¿Que si Evans Mitchell sabía leer? Sí, aparentemente.  

¿Por qué alguien sería tan estúpido como para ocultar algo como eso?, te preguntarás. ¿Por qué no compartirlo con alguien que tiene contigo los mismos intereses?, ¿no es acaso lo que normalmente la gente hace?, ¿juntarse según intereses en común? No, no te preocupes, el mundo sigue girando y tú estás en lo cierto, ¡es estúpido! Pero tú sabes, las personas son inexplicables. Y Evans tenía sus motivos. Primero, era un bully que no podía darse el lujo de brillar por su inteligencia. Segundo, en su cabeza, la idea de sentirse expuesto mostrándole al mundo aquellas cosas por las que siente verdadera pasión, es algo inadmisible para Evans. Porque, mira tú, pero lo haría sentirse débil. ¿Has oído esa frase de ‘conocimiento es poder’? Bueno, Evans tenía muchos enemigos, y no podía permitirles que lo conocieran. Y esto, en su cabeza, tenía toda la lógica del mundo. Y como para él es una verdad, vamos a respetarlo, como buenos lectores.

Oh, oh, y nos estamos olvidando de algo. Evans no solía tener relaciones basadas en la honestidad o ‘abrir la puerta a gente nueva’ para que descubran quién eres por dentro y toda esa mierda. Él no iba por allí entregándole a cualquier desconocido su voto de confianza, su lealtad, sólo porque el sol brilla y el cielo es azul y la humanidad es bella. No, no. Él se jodía en la gente. No confíes en nadie, eso es lo que te aconsejaría. Y tú sabes, a nivel interpersonal, eso hace difícil entramar un vínculo con alguien que no sea por conveniencia, es decir, si la otra persona no suponía una utilidad. Pero en este caso, en el que Evans Mitchell era Lavish Clement, y siendo el medio de comunicación vía lechuza una forma indirecta de tratar con alguien, Evans podía darse ciertas libertades que no se daba en el trato personal.

¿Como cuáles? Mostrar modales, por ejemplo, lucir una ‘buena educación’. Demostrar su verdadero nivel intelectual. Y compartir. Sí, intereses comunes, sin decantar demasiado en lo personal, pero apasionándose y dándole rienda suelta a toda esa ansia acumulada por explotar sus temas favoritos. Sin exponerse, sin revelar su identidad, sólo disfrutando de su pasatiempo. Por eso, es que siempre le había gustado participar de los debates en revistas académicas y clubes de ‘magiciencia’ por carta, pero ahora, se había hecho un amiguito, uno con el que había establecido contacto por razones prácticas, como si habláramos de mutualismo, pero que lo entusiasmaba con sus impresiones, sus comentarios, sus repuestas al hilo de los debates que se iban generando entre ellos. Sólo eso, nada personal. Sólo. Sólo eso.

***

Gorrón era una lechuza, pero no cualquier lechuza. Primero, se creía un perro. En lo que a esta ave concernía, enterrar huesos en el jardín, perseguirle al cola a otros perros, mordisquear y gruñir a los desprevenidos cuidando su territorio, atacar a los gatos del barrio, todas estas cosas, eran lo suyo. ¿Qué era eso de ‘ulular’? Ésta GRUNÍA. ¿Qué era eso de ir parar a la pajarería? No, no. Gorrón se juntaba con los perros y hasta había liderado una jauría de callejeros como el macho alfa. Tú sabes, todo depende de tu actitud en la vida. Si no quieres que te confundan con una lechuza, ¡sé un perro!

Por supuesto que para Linda Mitchell eso era demasiada actitud, ¡porque fíjate que hasta le arrancaba las flores del jardín!, ¡el perfecto jardín! Y le traía todos esos perros en la puerta, ¡hábrase visto!, ¡una lechuza entre canes ‘ladrándole’ a los vecinos! Pero como a Aimee le hacía gracia ver a ese pajarraco grandote y con las plumas revueltas, desgreñadas, como si se tratara de algún paria tan salvaje que no respetaba las normas de la sociedad, la dejaron estar, y hasta Linda le tomó cariño, de verdad, lo demostraba dejándole las sobras en un platito, especialmente si eran huesos. Eso no evitaba que le diera un ataque de rabia de tanto en tanto con la lechuza de Evans.

En Hogwarts, por otro lado, no había estudiante que no cuidara el refrigerio que llevaba en la mano cuando veía planear por encima de su cabeza a esta ave de intimidante tamaño, y eso si la veías, antes de que se arrojara sobre ti y te robara el emparedado. ¿Y qué hay de la lechucería? Pues fíjate que Gorrón no entraba allí ni por asomo, y si lo hacía, era para ir a picotear al resto, como el paria pendenciero que era. Hasta dirías que se mofaba de ellas, dedicándoles cabriolas, seguramente porque eran ‘lechuzas’. La única ave con la que se llevaba bien era con Horus, pero esa era otra historia. Por lo demás, vivía como un salvaje, a no ser que Evans lo necesitara para un envío, en cuyo caso, y mira tú que extraño, aparecía enseguida a su lado, llegando desde donde fuera y hacia donde hiciera falta, llamada por la urgencia de su dueño. Porque tú sabes, el perro es el mejor amigo del hombre.

Horario vespertino (¿diurno, nocturno?), situación: hay una lechuza jugando con tu perro al ‘tú la llevas’ (el crup estaba tan contento con su amiguito que movía las dos colas), ¿lugar? (tú dime). Gorrón puede ser un salvaje, pero también es muy orgulloso. No entregará la carta, si no es ofreciéndola con una pata estirada y la cabeza echada hacia atrás, como si se tratara una misiva real, incluso aunque tenga todavía las sobras que te ha robado en su pico y las masque con fruición. Bueno, ¿qué se le iba a hacer? Al menos, las entregas con esa lechuza eran siempre en forma; nieve, llueve o truene, algo que sólo podías pedirle a las más leales.

Eugene,

    He tenido segundos pensamientos sobre tu teoría. Espera. No estoy diciendo que tú estés en lo cierto (no habrá galleta para ti, ¿ok?). Admítelo, no puedes estar un cien por ciento seguro de lo que afirmas. Yo he admitido que tengo una segunda opinión, ¿verdad? Podemos hacerlo. Rellenar esos espacios vacíos que no encajan con el cuerpo de la teoría, te apuesto que sí. Pero tú, tienes que dejarte tantear por otras ideas. Y no me vengas con que eres ‘calmado’ al respecto o ‘conciliador’. Podría contar las veces que te has sonreído pensando: ‘Con este argumento, le callaré la boca’. Sí, sí. Tienes una puntuación que habla por ti, ya lo creo.

Cambiando de tema, Fugnius Lopardis (vaya con el seudónimo, por cierto) le está enviando lechuzas a todo el mundo pidiéndonos que cortemos toda comunicación contigo porque, según lo que cuenta en sus cartas, y con todo lujo de detalles, eres un, espérate, ¿cómo lo ha descrito? Oh, sí: un ‘jodido alien, que sólo desea destruir el planeta tierra’, un espía del macrocosmos o algo así. Oh, y es soberanamente conmovedor cómo cuenta que secuestraste a su abuela y le chupaste el cerebro. ¿Su abuela? Oh, no. Se trataba del mismísimo Fugnius. Cuéntame, ¿estaba apetitoso? Oh, no te preocupes, sé que de elegir el cerebro de alguien como desayuno, definitivamente no sería el suyo. Pero como habrás adivinado, está muy caliente por las ideas que se te han ocurrido en tu último artículo y esa es su maravillosa forma de desquitarse con tu genio.

Sólo quería que estuvieras al tanto, ni me agradezcas. Por cierto. Me sentí tentado a mandarle ‘pruebas que corroboran su teoría’, y le he mandado una foto tuya. Todo verde, y con antenas. Y escucha la mejor parte: la foto no se mueve. Él sí que me ha agradecido por revelar tu verdadera identidad. Y quedó trastornado con el detalle de la imagen estática. Piensa que es algo de verdad perverso. Tú eres peligroso.

¿Y cómo es que ese tipo trabajaba para el Departamento de Misterios, de todos modos?, ¿tú crees que le hayan quemado el cerebro con un borrado de memoria mal hecho o algo?  

Ok, y sobre ese trabajo de investigación del que te hablé, te lo mandaré en cuanto pueda. Esta lechuza es sólo una excusa para que sepas que sigo vivo. He estado muy ocupado este último mes. Gracias por recibir la visita de mi lechuza. Creo que le gustas. Cada vez que la mando a hacerte una entrega, se hincha de entusiasmo, puedo notarlo. Oh, y acepta mi libro (lo encontré por medio de un extraño bibliotecario, y resultó un tomo muy interesante sobre runas). Te lo presto. Más vale que me lo devuelvas.

Ahora me despido, rogándote encarecidamente que no chupes mi cerebro mientras duermo.

Sinceramente (atormentado),

Lavish Clement



Pd: ¡Oh, ya recuerdo! El porqué mencioné a la abuela. En alguna parte de su atronadora confesión Fignius dice algo de que eres su abuelo venido del espacio, pero que lo abandonaste en el planeta tierra. Está muy resentido por eso. Intenta pidiendo disculpas. Y mándame una foto familiar luego, me encantaría ver a abuelo y nieto unidos otra vez..
©️ HARDROCK






LO SÉ, LO SÉ:
Lo sé, lo sé, sólo quería reírme un poco. Lo siento (?)

Para ser honestos, reírme es el único objeto de este rol.

Y mirale el lado bueno, ¡el pj no va a caer inactivo! Y podés reírte de tanto en tanto, no es tan malo, ¿no?

Lo siento (!)


Última edición por Evans Mitchell el Lun Nov 27, 2017 4:37 am, editado 2 veces
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Sebastian E. Winterburn el Dom Oct 29, 2017 8:28 pm

El año escolar había comenzado sin muchos inconvenientes, con esa libertad propia de la universidad. Había empezado a trabajar, había empezado a rentar su propio departamento después de todo, había pasado la cómoda vida de estudiante de internado para pasar a ser un joven adulto responsable. Su responsabilidad había empezado haciéndose cargo de otra criatura. Era un pequeño cachorro de crup, el más pequeño de su camada. El dueño había dicho que no sobreviviría, pero Sebastian decidió que no podía dejarlo simplemente morir y comprar a alguno de sus hermanos. Tomó al pequeño cachorro para cuidarlo

También se había suscrito a algunas revistas académicas relacionadas a la runología, la carrera que había decidido estudiar primero. Quería estudiar en un futuro otra, por supuesto. En una de esas dichosas revistas había visto un artículo que le llamó la atención con la firma de Lavish Clement. Trató de evitarlo, pero no consiguió hacerlo: acabó enviándole una carta para preguntarle sobre algunos de los puntos con los que no concordaba y, finalmente, se habían visto envueltos en un debate por carta tan largo que ya no era raro ver una carta firmada por aquella persona. No tenía claro si era hombre o mujer, para ser honestos, había investigado y Lavish resultó ser un nombre mixto.

De todos modos, con el paso del tiempo era más normal recibir a aquella lechuza con complejo de perro. Había sido de gran ayuda para Dager, el pequeño cachorro enfermizo y débil. Poco a poco comenzaba a jugar más, los cuidados de su dueño lo estaban ayudando a ganar peso y fuerza, y las visitas de esa lechuza lo invitaban a jugar con ella. Le gruñía y le perseguía en un jugueteo canino, y el crup respondía a ello con alegría, moviendo sus dos colitas felizmente. Porque Sebastian se negó a amputárselas para hacer que se confundiese con un Jack Russell normal. No debía perder su cualidad mágica sólo porque los muggles no lo aceptaban. Era un reto personal.

De hecho, tenía muchos retos personales en aquel año. Había estado esforzándose en olvidar muchos de sus recuerdos del colegio, de todo lo malo que había sucedido. Quería hacer una nueva vida y estaba dispuesto a todo por conseguirla. Estaba pensando en que debería ir el fin de semana a visitar a sus padres, era lo que pensó en toda la mañana durante sus clases, aunque la semana recién estaba comenzando. Era un pensamiento recurrente, debería comprar algunos dulces mágicos para sus hermanos que los adoraban, les parecía ingeniosísimo que con alguno te saliera humo por las orejas o cosas por el estilo.

Durante la tarde, cuando sus clases ya habían acabado salió a pasear con el pequeño cachorro y recién entonces llegaba a su departamento. No mucho tiempo luego había llegado esa lechuza canina de parte de Lavish, lo que hizo sonreír a Sebastian. Con un poco de vanidad, quizá hasta soberbia, tomando la carta de la patita de aquella criatura que con realeza le entregaba la misiva, extendiéndola en su pata estirada y echando hacia atrás la cabeza. Había dejado de desagradarle y parecerle rara debido a la costumbre, ahora incluso le guardaba algunas sobras para que comiese y no se las robara.

¿Qué tiene Lavish ésta vez para mí? —habló en voz alta al par de criaturas que jugaban ignorándolo completamente. Se sentó para poder leer la misiva que no respondería sino hasta pasados dos días, necesitaba investigar un poco al respecto. Y asuntos que arreglar con cierto nieto suyo.

Lavish, ¿cómo estás?

Comprendo perfectamente el punto de abrirse a nuevas teorías y, ¿sabes qué? Te concedo la razón. Es cierto que nuevas perspectivas podrían poner algunos puntos sobre las íes de mis investigaciones. O darle más peso a mis argumentos. Le daré vueltas a algunas teorías y entonces volveré a escribirte al respecto, creo que será lo más adecuado para dar un nuevo enfoque a este debate. Es lo mínimo que puedo hacer ya que has tenido la humildad de cavilar segundos pensamientos.

Sin embargo, lamento muchísimo de que te hayas enterado de mi peligrosidad de esta manera. Estos nietos de hoy en día ya no pueden guardar secretos. Al final no tuve claro, ¿le he chupado el cerebro a él o a su abuela? Habré ido pasado de plasma ese día que no lo recuerdo, pero si ha sido a Fugnius estoy seguro que me habré quedado con hambre.

No son pocos los casos de personas cuyos cerebros son parecidos a la gelatina tras un mal borrado de memoria, quizá nuestro buen colega Fignius sea uno de esos lamentables casos. No me provoca sino lástima, el pobre hombre ya bastante ha tenido como para que encima venga yo a succionarle el cerebro, me temo que no soy la buena persona que podrías (o no) haber creído que era.

Gracias por la consideración, te devolveré tu libro tan pronto pueda. Y por tu lechuza, sin ningún problema, es un encanto tenerla por casa cuando me envías cartas. Me temo no obstante que no soy el motivo de su entusiasmo, sino mi cachorro. Recientemente he adquirido un pequeño crup que parece llevarse particularmente bien con tu lechuza, pasan una buena parte de la visita jugando por todo mi departamento. Creo que le hace bien la compañía, pues es un cachorro un poco débil de salud, apenas está consiguiendo estabilizar su sistema inmunológico y consigue algo de fuerza, así que te agradezco que envíes a tu lechuza.

De hecho, y por mera casualidad, ¿no tendrás para un pobre dueño inexperto algún consejo sobre cómo evitar que me destroce todo? Sabrás, mi estimado, que el instinto carroñero de los crup me está dejando sin zapatos y sin muebles. Te estaría profundamente agradecido si supieras algún remedio, me niego rotundamente a escarmentarlo físicamente. Cuéntame, Lavish, ya que estamos entrados en el tema, ¿qué opinas sobre el corte de cola? Al mío no se las corté, no me parece correcto cortarlas sólo para que los muggles no se escandalicen.

Espero tu respuesta.


Eugene Smoldercold.


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Evans Mitchell el Sáb Nov 04, 2017 2:08 am

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Evans Mitchell el Vie Nov 10, 2017 5:32 am

No te matará, no debería. Pero la piel se abre al contacto, y la sientes arder. Con esa suavidad, esa ternura, que sólo aquellos de los que se apodera un miedo terrible pueden experimentar. A desprenderse demasiado de uno mismo, a apegarse demasiado rápido; ese miedo. A entregar, sin quererlo. Y perder. Evans jugaba con fuego, piel contra piel, pero no sentía nada. Sólo deseaba el roce de esa boca tonta, en ese breve momento de la tarde. Después, podía hasta olvidar cómo ella se veía.

Porque no le estaba entregando nada de él. Ni sus pensamientos, ni sus proyectos. Nada que pudiera quitarle en ese rato y que le saliera de las entrañas de ese saco de carne tierna que era Evans Mitchell, siempre tibio y arrastrándose detrás de sus propias aspiraciones, que tenían el olor de la ambición cuando es cruda y fértil.

Un solo secreto de los que guardaba para sí era más poderoso en intensidad que toda esa piel derramada en caricias perfumadas entre sábanas de terciopelo. Y bueno, decir ‘perfumada’ era toda una ironía. La muy sucia ni se había bañado. Estaba de coña si pensaba que él se iba a ir hasta allá abajo… Sólo, sólo, concentrémonos. La chica estaba limpita, Evans. Ese sabor, es sólo el emparedado que se pudre en la habitación. ¿Y ahora lo notas?

El dormitorio de los gryffindor, de esos en particular, era un desastre. Evans Mitchel se jactaba de ser ‘ordenado’, pero su orden obedecía una aritmética subjetiva sobre el sentido de la realidad en sí. En otras palabras, su lógica escapaba a la razón. Pero ey, tócale una de sus cositas, y te mandará a ordeñar a las moscas que zumban alrededor de tu mierda. Sí, exactamente eso. Era un tanto maníaco, ¿sabes?

Y lo que faltaba, era un perro venido a hurgar en el dormitorio, atravesando el aire rápido y repentino, dándole una muy buena sorpresa a su dueño, pero más que nada, a la chica en la cama.

***

—¿Qué hace esto aquí?—preguntó ELLA, entre palabra que va y viene. Había tomado el libro sobre encantamientos avanzados de entre un pilar de chucherías en la mesita de noche de Evans Mitchell, ese chico con el que se la pasaba tan bien cuando cerraban la puerta del dormitorio y quedaban a solas. Tú sabes ‘bien’, aunque era un poquito más que eso. Era un idiota, pero se estaba ‘bien’ con él. Era algo incómodo lo que tenían, porque la hacía reír y pasar el rato. Prácticamente ni hablaban. O más bien, él se limitaba a tomarle el pelo a sus naderías, siendo ella la que iba de tema en tema. Hasta que. Hasta que él retomaba por dónde lo habían dejado. Otra vez. Se sentía ‘bien’ cuando estaban así, enredados. Y él la besaba—¡He visto a Vane con esto! ¿No te molesta cuando tus compañeros de cuarto van dejando sus cosas por tu lugar? Bueno, esto es un desastre, ¡pero igual! Mi amiga Patty…

Asumía que él, Evans, no podía ir por la vida LEYENDO. El aludido rió entre dientes. Ok, lo que sea. Ella lo mantenía entretenido. Y no es como si se dedicara a hablar con la muy estirada, ¿verdad? No le caía mal, eh. Mientras se estuviera calladita y no tocara lo que no era suyo…

—Sí, sí. Déjalo ahí, ¿ok?—dijo, sonsacándole el libro de entre las manos y colocándolo EXACTAMNETE de donde lo había tomado. Ey, si hasta acomodó las chucherías que le iban encima de la tapa. Vaya. Y lo que quiero decir es: VAYA—Pero, pero, pero…—soltó a continuación, haciendo una imitación azucarada de la réplica de la muchacha y sellándole los labios.

Un comentario llevó al otro y enseguida se enredaron en una competencia por debajo de las sábanas, ¿para ver quién la llevaba? Hasta que. Hasta que ella entreabrió la boca y a Evans no se lo veía ninguna parte. No. Él estaba yendo hacia abajo. Todo directo hacia abajo.

Y el perro ladró.

¿Qué?

¡Era una lechuza! Gorrón, por supuesto. Había entrado con un ímpetu que atravesó el aire dándose en el trayecto con vaya a saber qué y derribándolo todo a su paso. Hizo un lío terrible, como un perro contento que se ha hecho una tremenda carrerita para saltar a los brazos de su dueño, ¡hasta moviendo las plumas de pura alegría! Lástima que éste estuviera entre los muslos de una mujer. Pequeña inconveniencia.

¡Oh, pero allí estaba después de todo!

Evans, captando la sorpresa de la chica por la exclamación que salió de su boca (claramente distinta a lo que esperaría), asomó por debajo de las sábanas. Y lo vio. A su amigo fiel. ¡Con que su otro amiguito había contestado la carta! Evans saltó de la cama y dando zancada tras zancda se aproximó hasta allí, donde Gorrón, hinchado de orgullo y ansiando caricias detrás de la oreja, lo esperaba con la carta en la patita extendida.

—¡Oh, es mi abuelita!—
explicó Evans, DANDOSE CUENTA de que había dejado a alguien colgada detrás. Sí, finalmente, hombre. Intenta reparar en la gente, ¿sabes? Especialmente cuando tienen esos rostros de que están esperando algo de ti. Evans se llevó la mano a la boca y la miró, ANSIOSO. Sí, porque se fuera, por favor. Y para ello, implementó todo el teatro del que era capaz. Pero ESA, había que decirlo, debía ser una obra bastante mala, ¿verdad? —Está muy, muy enferma, y tú sabes, asuntos de familia. Tengo que atender esto, ¿sabes? ¡Podría estar muerta!

Si se lo creía tenía que ser estúpida. Pero la historia, en sí, tenía tan pocos pies como cabeza. Así que. ELLA, incómoda, se arrebujó entre las sábanas, algo culpable. Pensar que él estaría pasando por una situación difícil… ¿Eh?, ¿por qué la ARRASTRABA hacia la puerta?

—Gracias, simpática. Hablamos luego, ¿ok? ¿Qué es esa cara? Es mi abuelita.

Y le cerró la puerta en la cara.

Oh, vamos, qué pesada.

Él sólo quería pasar el rato.

Pero ahora, se ponía mejor.

—Veamos, veamos, qué tienes tú para mí—Evans se tiró todo lo largo que era sobre la cama, hundiendo el colchón. Tenía la carta en la mano. La abrió al toque— ¿Has tenido una buena visita, Gorrón?—preguntó, arrojándole una chuchería que éste atrapó en el aire.
***

Una semana después.



Eugene,

        Oh, mi amigo, nunca pensaría que eres una buena persona. Me decepcionarías. Así que, no te preocupes. Pero sobresales en otras cosas, y me quedaría contigo a pesar de tus sospechosos recorridos intergalácticos.

Ahora, a lo que importa. Tu mascota. Dime tú, ¿qué sentirías si te cortaran una de tus orejas sólo porque sobresalen demasiado? No creo que sea agradable, ¿verdad? Pues, aplicado al caso del que me haces partícipe, es prácticamente lo mismo.

Además, si un muggle interrumpe su día de buen ciudadano de la ignorancia total y se fija por un momento en lo extraordinario, sólo tienes que inventarte algo que contenga las palabras: ‘congénito’, ‘enfermedad’ o ‘herencia’. Y en lo posible, si te inventas una enfermedad, que suene muy complicada. Es más, ¡que sea impronunciable! Ya verás cómo dejan de preguntar y asienten con la cabeza, como verdaderos entendidos.

Sobre tu petición de consejo, bueno, he de confesarte, que sí he leído algo al respecto. Personalmente, no he tenido mascotas. Pero mi pequeña hermana, sí. Y eran de esas criaturas que lo encastraban y destrozaban TODO. Oh, te miento. Tengo a Gorrón. Fue una criaturita muy fiera de pequeño, de veras. Bueno, me gusta hacerle creer que fue TERRIBLE. No quisiera herirle el orgullo canino.

Volviendo al tema. Sí, puedo soltarte un par de recomendaciones, específicamente para crups. Primero, son animalitos sumamente leales al mago y ferozmente territoriales. Pero muchos magos se equivocan por pensar que sólo por ser magos pueden conseguir su lealtad. Han llegado a maltratarlos y obligarlos a padecer condiciones extremas, sólo para cuidar su terreno o espantar indeseados. Pero no funciona de esa manera con ellos.

Trátalo bien, y será una buena mascota.

Pero, naturalmente, no cedas en todo lo que él quiera cuando empiezas a domesticarlo.

Primero, dale juguetes.

Verás que tendrá un favorito. Así que, cuando haga algo que no debería haber hecho, muéstrate disgustado y quítale su juguete predilecto y devuélveselo SÓLO al día siguiente. No hace falta mano dura. Pero sí tiene que respetar las pautas, y tú también. Son criaturas de hábito, así que, cuando tú lo castigues asegúrate de que entiende las consecuencias de sus actos. Tú sabes: ‘No hay juguete para el perro malo’.

Segundo, que tenga un amiguito.

A parte de ti, es bueno que socialice. Sácalo a pasear (bueno, de momento, no puedes, lo lamento lo de que esté enfermito) por el parque para que conozca a palomas, paseantes y otras mascotas. Gorrón es un buen ‘camarada de hueso’, así que es perfecto que hayan hecho buenas migas. Pero es importante que forme otros lazos. Los entristece no socializar (diría que está en su genética) y los vuelve agresivos. Por eso es que también a cierta edad se les concede un compañero, no sólo para aparearse, sino para estar. Son muy compañeros y se dedican a su pareja toda su vida. Lo comento para demostrarte lo fuertes que son sus vínculos y lo importante que tenga sus lazos, especialmente por lo de no volverse sumamente agresivo. Es distinto defender tu territorio y lo que es tuyo que volverse simplemente peligroso.

Tercero, creo que te he dado datos claves. El castigo físico n oes necesario con esas criaturas. Los crups son inteligentes, mucho más de lo que puedo decir de tantos magos. Y como son emocionalmente complejos, los golpes están, de hecho, desaconsejados. Los únicos que aconsejan este el maltrato son los criaderos que los domestican para proteger los jardines como si fueran bestias diabólicas babeánsoe a la espera de un ladrón. Pero esta es otra historia. En este caso, muchos crups acabaron devorándose a sus ‘dueños’. Así que. Tienes razón en ser ‘suave’. Que lleven el cartel pegado en la frente de ‘mejor amigo del mago’, no quiere que lo vayan a ser de forma incondicional, a menos que tú te ganes su cariño.

He terminado con este tema, pero si tienes otras inquietudes, sólo pregunta. Resulta que el Cuidado de Criaturas Mágicas es mi pasatiempo. Así que, sé que si quemas estas hierbas que te envío, harás que tu crup se sienta reconfortado. Serán sólo unos vahos. Siento no haberlos encotrado antes.

Ah, sobre mi investigación, te la adjunto. Terminada, con las últimas conclusiones. Espero que disfrutes la lectura. Cuéntame tus opiniones. Ahora retiro mi pluma. Me queda una noche muy, muy larga. Por aquí los tiempos empiezan a ser oscuros.
©️ HARDROCK



Evans se detuvo. La tinta dejó de correr sobre el papel. Había estado a punto de hacer una mención sobre los tiempos aciagos que se venían, que se presentían desde las sombras. Pero la verdad, no quería saber. Esos asesinatos, esas desapariciones, la acechanza de las fuerzas oscuras, esos rumores que le llegaban a través de aquellos que estaban realmente metidos en toda esa mierda, eran algo de lo que todos estaban pendientes en mayor o menor medida, incluso quizá los muggles. Pero él no quería preguntar. Ni quería saber qué clase de persona sería en realidad ese amante de los perros. ¿A qué bando apostaría, por ejemplo? Así que, terminó la carta, como le era usual. Y agregó:

       Ya sabes, la madrugada.

Sinceramente,

Lavish Clement.
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Sebastian E. Winterburn el Lun Nov 13, 2017 8:42 pm

Solía irle bien en la universidad. Casi siempre. Usualmente. Había una sola materia que le mermaba el ánimo, incapaz de mantenerlo en su cabeza por más de un par de horas. Era un problema que provenía de muchos años antes, en el colegio tampoco se le daba bien: historia. En aquel entonces Historia de la Magia y hoy era Historia de las Runas. Su actitud no era precisamente lo que llamarían un plus para su aprendizaje, una personalidad repelente que no se dejaba ayudar ni aunque lo intentasen. El profesor de dicha materia no es que lo intentase demasiado.

Entonces, en el siglo V se consideraba que las runas eran de origen divino entre los muggles, pues tenían un halo de secretismo y algunos de ellos llegaron a reconocer sus propiedades mágicas como guías que susurraban el camino de… —explicaba aquel hombre, Sebastian estaba entre los universitarios haciendo notas de todo, ¡anotaba incluso cuando el profesor suspiraba, por si aquello también era importante y se le pasaba! — Winterburn —anotó las primeras cuatro letras de su apellido antes de darse cuenta que lo llamaban a él, — ¿quién y en qué año descubrió la piedra de Stentoften?

El silencio sepulcral se formó en el aula. Eso lo habían visto hace dos lecciones, lo recordaba porque ¿quién podría olvidar dicha roca? ¡Pero lo que no era tan importante era su descubridor sino sus propiedades! Eso no era, sin embargo, lo que consideraba el profesor, quien estoico esperaba la respuesta del rubio. Generalmente el profesor hacía eso, preguntas aleatorias de temas anteriores, lo que particularmente le gustaba más cuando se lo preguntaba a aquel prepotente muchacho.

Era una RAK protonórdica… del siglo… VII… por un sacerdote… —era a lo más que llegaba su memoria, a tres asientos del suyo alguien levantó la mano, era Martha quien pedía la palabra para robarle la pregunta que se había visto incapaz de responder.

La descubrió el deán O. Hammer en 1823 —respondió tan pronto como el profesor le dio una indicación de tomar la palabra. Uno no podía ver sus notas cuando estaba en esas preguntas críticas, por lo que Martha tuvo que recitarla de memoria perfectamente. La clase continuó como si nada, no sin una mirada un tanto resignada del profesor.

En eso se iban sus días, en aburridas clases de profesores idiotas normalmente. Por ello el mejor momento era cuando salía, inhaló el aire fresco del otoño y suspiró despacio, acomodándose en el hombro la correa de su mochila antes de empezar a caminar con dirección a su complejo departamental. Iba cruzando por unas mesas en el verde paisaje universitario cuando justo a su lado cayó una lechuza, tirando todos los libros, bebidas y lo que estuviese encima de dicha mesa. Un ladrido característico le hizo saber quién era.

Qué gusto de verte —no pudo evitar sonreír cuando el ave estiró su patita para darle su carta. — ¿Quieres venir conmigo? —le preguntó, pues estaba yendo para allá, seguramente Dager estaría feliz de ver a su emplumado amigo. Se guardó la carta en el bolsillo interno de la chaqueta, cerca del pecho, mientras empezaba a caminar, no quería leerla ahí.

***

Lavish le había dado buenos consejos para educar a Dager, y así los había puesto a prueba. Le compró un montón de juguetes y, de ellos, cogió uno con especial cariño: un pollito. Dormía con él incluso, lo quería llevar a todos lados, si no fuese de peluche también habría intentado tomar baños con él. Pero cuando hacía algún destrozo en la casa, dígase, mordisquear los muebles hasta dejarlos inútiles, significaba quitarle a su pollito y dejarlo fuera de su alcance hasta el día siguiente, justo como se lo había dicho.

No, es que tú no puedes estar haciendo daños todo el tiempo con tu cara de “yo no fui” —comenzó aquella regañina, Dager sentado y con sus orejitas caídas lo miraba con su pollito entre sus patitas. — Ahora, te voy a castigar: te voy a quitar tu pollito, ya no más pollito —tomó el peluche, el crup mordió la mano de su dueño suavemente para evitar que se lo llevara, y vio con ojitos lastimeros cómo lo ponía sobre la barra de la cocina, justo donde no lo podía alcanzar por mucho que saltase y mordiese.

Sin necesidad de más que respuestas verbales y el secuestro de su pollito, Dager poco a poco se fue comportando mejor. Los destrozos se limitaban a mordisquear sus peluches y juguetes, con quienes se ensañaba para sacar toda esa energía. Cuando empezase a recuperar fuerza, su dueño consideraría los paseos para dejarlo corretear a su ritmo. Mantener cansado a un perro era tenerlo feliz, así no tendría ganas de hacer maldades por el departamento, esperaba pronto poder hacer una rutina de salidas.

Ocho días después.
Lavish, ¿cómo estás?

¿Eres un encantador de crups o algo? Te contaré lo que ha sucedido estos últimos días: fui a la tienda de mascotas y compré de ahí algunos juguetes de lo más variados. Destrozó algunos, pero hubo uno, uno en particular. Y he hecho entonces como dijiste cuando hacía algo malo, quitárselo para que entendiese que era su castigo, y desde que empecé con esa práctica ha estado mejorando en su comportamiento. Espero que pronto pare la destrucción de mis muebles, pero va surtiendo efecto, así que te agradezco.

Lo de la sociabilización, lo he estado considerando seriamente. El magizoólogo ha dicho que dentro de unas semanas podrá empezar a salir a la calle sin riesgo a que coja enfermedades con facilidad, así que lo voy a poner a prueba también. Creo que será lo mejor para los dos dejarlo derrochar energías en un parque con otros animales, eso también debe ayudar con sus problemas de comportamiento destructivo, así que ya te estaré informando al respecto. Ya que vivo en un departamento, el espacio no me deja tener más de una de estas bolas revoltosas de pelos, pero me aseguraré que no se sienta solo, ya veré la forma de dejarlo con otros cachorros el mayor tiempo posible.

Las hierbas que me has hecho llegar son maravillosas, me están sirviendo mucho. Si puedes, envíame dónde las has encontrado para cuando me sea necesario. De verdad te estoy agradecido de que te hayas tomado la molestia de encontrarlas.

Por otro lado, he leído tu investigación. Ya te imagino, con mi carta entre las manos, sonriendo porque sabes que voy a refutar algunas cosas. Y tienes toda la razón. Creo no obstante que estás muy bien encaminado, pero hay un par de detalles que tendrás que tomar en consideración para justificar las rutas que has decidido recorrer con tu investigación. Te lo adjuntaré, pues me quedaría sin papel si intentase explicarte todo en esta carta. Sin embargo, puedo resumirte que creo que puedes explotar más un par de áreas, también te enviaré citas de algunas de mis investigaciones para que entiendas de lo que hablo. Ya me contarás si me equivoco o si estoy apostando correctamente.

Finalmente, te estaría profundamente agradecido si pudieses enviarme tu investigación, la que salió en la revista el tomo pasado. Verás, mi preciado, que cierto cachorro revoltoso se la ha comido y no he podido rescatar nada. Estoy buscando la entrega para comprarla, pero no estoy teniendo mucho éxito, así que preferiría tener tu investigación. Pensaba usar algunas de tus fuentes para un pequeño proyecto en el que estoy trabajando y del que te hablaré en otro momento.

Espero tu respuesta.


Eugene Smoldercold.


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Evans Mitchell el Lun Nov 27, 2017 4:39 am

Ella desplegó el mantel sobre las hojas de otoño y esa fue la última vez que la vi sonreír. No recordaré una sonrisa más bella en mi vida, lo sé. Estoy seguro. Porque fui yo el que asesiné esa sonrisa. Lo siento, Melanie. Debí contarte la verdad antes de que fuera demasiado tarde. De haberlo hecho de esa manera, ahora podrías vivir tu alegría, lejos de mi mala fortuna y los hombres que me persiguen. Porque Melanie, debí decirte. Que soy un alien. Evans sonrío de lado, recostado en la rama más alta del árbol. La revelación le hizo gracia. Alien, eh.

Esos eran los alrededores de Hogwarts, en las inmediaciones del Bosque Prohibido, sólo un poco hacia dentro, entre la espesura. Lo suficiente como para distinguir a los bañistas que se enfriaban el culo en el lago. Le gustaba esa vista. Y todavía más la sensación de conquistar las alturas. Siempre había sido un mono.

Se había pasado el rato leyendo un libro que tomó al azar de entre las cosas de un compañero de familia muggle. Tenía toda una colección de ciencia ficción, el muy friki. Y como a él se le acababa a un ritmo alucinante el material de lectura, necesitaba ‘tomar prestado’. Él no tenía idea de que en ese preciso momento, un gryffindor alterado y atacado por la histeria revolvía guardarropas y cajones buscando ese ÚNICO TOMO de su serie favorita. Y bueno, había quienes eran demasiado quisquillosos sobre eso de ‘no toques mis cosas’. Oh, Evans, por ejemplo.

Ya era suficiente. Cerró el libro y sacó una carta de debajo de su túnica. La había recibido hacía dos días, con Gorrón como intermediario. Ahora la lechuza fiel hacía otro envío, mientras él releía la letra desprolija por, ¿enésima vez? Durante todo ese día había estado haciéndolo repetidamente. Sacaba la carta, la repasaba una o dos veces con ojos nada alegres, suspiraba y la guardaba. Tenía un dibujo. O más bien un garabato saturado de colorete. Era de esas acuarelas infantiles que cuelgas en la heladera, incapaz de decirle al niño o ñiña que ha hecho un mamarracho. No fuera a ser que le quitaran su veta de artista desde tan temprano. Quién sabe. Quizá podría llegar a ser un Michelangelo. No hacía falta arruinarle el futuro.

Finalmente, Evans llegó a la última parte.

        Mamita me compro choco en la tienda. Lo guardo en el cajón para cuando vuelvas. Esta cocinando mi pastel de cumpleaños mientras te escribo la cartita secreta. VA A ESTAR RIQUITISIMO. Ojala pasara mi cumple con mi hermano. Hice que mamita le pusiera tu crema favorita. VAS A VENIR?? POR FAVOR??

Te extraño muchote.

AIMEE
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Había sido el día de ayer, su cumpleaños. Por supuesto, en Hogwarts no permitían que te fueras de unas pequeñas vacaciones a tu casa familiar por el cumpleaños de una niñita. Y aunque se lo hubieran permitido, dudaba que a Linda Mitchell le hubiera gustado la idea. Evans le mandó a Gorrón con un regalo. A ella le encantaban las cosas que se movían y hacían cosas graciosas, así que él solía realizar encantamientos sobre el envío, de forma que el paquete fuera un paquete sorpresa que cuando se desenvolvía hacía algo impresionante, cosas del estilo.

Estaba seguro de que ‘mamita’ intervendría su correspondencia, de poder hacerlo, pero Aimee solita había desarrollado un curioso sistema para comunicarse con él en secreto. El hecho de que Gorrón y ella tuvieran una relación de cómplices, ayudó a la cuestión. Así que, si bien la niña no comprendía por qué su madre no quería que se carteara con su hermano, ella lo hacía de todas formas, con esa inocencia propia del niño que se sabe cometiendo una travesura. Y porque, claro, extrañaba a su hermano. Entendía que no podía evitar que se fuera a ese lugar lejano al que se marchaba cada año, pero todavía no entendía por qué no era posible acompañarlo o siquiera ir a visitarlo. Le enviaba siempre un resumen de su día, sus besos, sus crayones. No tenía idea de que su hermano no volvería a casa o que los planes de Evans no la incluían en su vida. Para ella, estarían siempre juntos. Evans, a su vez, no entendía que ella lo extrañara, o que sufría.

—¡Ey, Mitchell!—Le gritaban. Evans miró hacia abajo y sonrió, burlón. Hasta él llegó el revuelo con plumas que era Gorrón, con un sándwich que habría tomado de camino. Y una carta, claro—¿¡Esa es tu lechuza!?, ¡me ha atacado y se ha llevado mi emparedado!

—¿Lechuza?—Se entretuvo rascándole la cabeza a Gorrón, a modo de bienvenida. “Has hecho un buen trabajo, chico”—Yo no veo ninguna lechuza.

—¿Me estás tomando el pelo?—Era un alumno de Ravenclaw. Detrás de él, apareció la cara de Vane. El indignado muchacho se volteó, sintiendo el peso de esa mirada. La mala mueca la nació enseguida, pero no le hizo caso. Al principio—Esta no es la primera vez, ¿sabes? Mantén a raya a esa cosa—Incómodo, volvió a mirar por encima de su hombro. Goldstein le provocaba una mala vibra.

—Piérdete.

De mal humor, el alumno se alejó, farfullando alguna queja sin importancia. Y los dos gryffindor quedaron finalmente solos, y en silencio. Evans tomó la carta que su amiguito fiel le traía y se la guardó. La leería después. No es como si le dieran alternativa, ¿verdad? Sí, enseguida la voz calma y autoritaria (joder con esa manía de dar órdenes) de su amigo llegó hasta él. Si pensó que se iría si lo ignoraba, no le acertó esta vez.

—No me hagas subir hasta allí. Tenemos que hablar. Ya me has evitado lo suficiente.


Qué hermoso día. Vane estaba allí, tan seguro de sí mismo. Llevaba las manos en los bolsillos, como un gánster a la espera. Hasta ellos llegaba el rumor de risas y cháchara. Pero era una realidad tan distante, la de otros estudiantes sin preocupaciones.

Evans saltó de la rama. Arriba quedó Gorrón, desmenuzando su sanguchito como un perro deshuesa su almuerzo. Estaba contento porque había cumplido su misión y había recibido un premio por ello. El reconocimiento de su dueño lo era todo para él.

—No me digas. ¿Estás resentido conmigo? No pienso ir por ahí, besando tu culo. No te pongas triste. No es personal—dijo, sarcástico. Y agregó—Han pasado unas horas (¿o minutos?) desde que salí del castillo, ¿sabes? Y no necesito esconderme de ti.

—No de mí. Pero hay cosas de las que no quieres hablar, ¿verdad? Y llevas días dándome largas. Pero pasará, ¿lo entiendes? No hoy, no mañana, pero es real. Y tú no quieres no estar preparado cuando eso ocurra—Evans fue incapaz de sostenerle la mirada. Se mostró incómodo, de repente. Sabía perfectamente de lo que hablaba. Vane acortó las distancias, como hacía siempre que quería abordarlo— Te lo has tomado mal, di la verdad. No te gusta. A mí simplemente no me importa. Pero estaré cubriéndote la espalda, lo sabes. Es la única manera, Evs. Tú no eres tu hermano. ¿Y qué ha hecho él por ti? Creo que ha dejado en claro que cuando no le interesas, puede deshacerse de ti, justo como tu padre—Ese tipo de ataques, tan típicos de Vane, pero ese en especial, contra su hermano, hizo que Evans reaccionara. Pero se interrumpió a mitad de una queja rabiosa cuando Vane continuó—: Ellos piensan que eres mugre, basura. Joder, Evans, en lo que a ellos respecta eres hijo de una puta squib. No tienes nada con qué atacar de vuelta, nada que no sea tu actitud. Es hora de que empieces a tomar decisiones, a tomar partido, mientras todos están tan ocupados haciéndose los idiotas sobre lo que está pasando. Y soy yo el que se pondrá de tu lado cuando la mierda caiga de la nada. Así que no te la tomes conmigo, Evans—advirtió, arrastrando la bronca en las palabras. Alzaba un poco la voz—NUNCA contra mí. Porque puedes enojarte lo que quieras, ¿pero sabes? Todos dependen de alguien, de una manera u otra. No estás solo, Evans. Y tienes que saber a quién es mejor aferrarse cuando las cosas se ponen malas. A mí, me tendrás pegado a tu culo, dando la cara por ti. Así que no te la tomes conmigo—repitió, sombrío—Cuando ocurra, estarás acorralado. Y sé muy bien de lo que eres capaz cuando te sientes acorralado. Querrás salvarte y me lo agradecerás luego. Mantéenme de tu lado. No seas estúpido. Haremos esto juntos, ¿está bien? ¿Tengo tu palabra, Evans?

—Sí, sí, tienes mi…—Se miraron. Vane no estaba bromeando. Suspiró y cambió de actitud a una más seria—Estoy adentro—Hizo una pausa y agregó, pasado el momento de seriedad—: No me perdería por nada del mundo llegar a ser padrino en tu boda. ¿Ya has arreglado tu matrimonio con una pija rubia sangre pura?

Vane sonrió fugazmente y se apartó, volviendo al castillo.

—No hay rubia.


—Bueno, tú eres mi rubia—dijo, ¿a modo de consuelo? Vane se detuvo con su amigo a su lado, alzó una ceja y le lanzó una mirada repelente.

—Que te jodan.

Evans rió y se colgó del cuello de su amigo, camino de regreso. Pero el peso de su corazón era menos ligero.

Estaban hablando de capturar y entregar a la familia de Evans y unirse a los mortífagos. :pika: Vane estaba al tanto de la movida porque en su familia hay mortis y eso. Me di el gusto roleándo a estos dos XD

Pd: Justo acaba de colarse un pío a mi casa y me acordé de vos. El pajarito de mierda no quiere que lo atrape yaoming Está ahí, molestando. (¿Qué hago? :aaa:)

2Pd: El pajarito se fue felizmente por la ventana :3



Eugene,

        Encantador de crups, podría decirse, sí. Digamos que hice mi tarea sobre criaturas domésticas. Es bueno saber que están bien las cosas por casa. Y sobre las hierbas, son una mezcla medicinal que pueden prepararte en las boticarias si lo pides. Los ingredientes son: Alnus glutinosa, Illicium verum, Cnicus benedictus, Rhamnus purshiani y Aesculus hippocastanum. Desgraciadamente, no todos los locales tendrán estas hierbas para vender en el momento, y hasta puede que incursiones en un recorrido imposible buscándolas, así que bien harías en realizar un pedido por adelantado.

He revisado mi investigación, con tus notas en mi cabeza. Y llegué a la conclusión de que se me hace difícil seguirte. Es tu amplio conocimiento sobre runas. Te lo he dicho antes, que nunca fui a lo profundo de esa materia. La he subestimado (aquí puedo imaginarme que se te crispará un nervio). Creo que tendré que dejar de subestimarla. Y te confieso que se hace más fácil admitir que estaba equivocado cuando te leo tan entusiasmado sobre cada detalle. Eres, en verdad, muy puntilloso. Se aprecia.

Te adjunto el número de la revista que me pides. Pero tuve que pensármelo. Me ofende que la hayas dejado tirada por ahí. Sí, la has dejado tirada. Por otro lado, puede que tu crup haya decidido hacerte la competencia académica. A esos tampoco hay que subestimarlos. Son criaturas muy inteligentes.

Cualquier otra cosa necesites sobre esa misteriosa investigación que te propones, házmelo saber. Imagino que de la teoría pasarás a la práctica en algún momento. Sólo quisiera que consideres que puedo facilitarte materiales. Tengo algunos amigos, algunos contactos. Mantenme al tanto.

Sinceramente,
 

Lavish Clement.


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Psss:
Hasta acá. Si querés, podemos cerrar en el próximo post :3
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Sebastian E. Winterburn el Miér Nov 29, 2017 6:38 am

Había una extraña calma en el mundo mágico que presagiaba tormentas sin igual. Había intentado no pensarlo demasiado, pero era imposible no darse cuenta. No eran pocas las ocasiones en que se sabía en radios y periódicos de asesinatos y ataques cada vez con mayor frecuencia. Algo estaba armándose, una cosa gorda, y todo el mundo fingía no darse cuenta cuando nadie podía ignorarlo. Sebastian trataba de ignorarlo, todavía no eran épocas para pensar en ello, no mientras no le afectasen a él directamente, iba a arrepentirse en el futuro aunque todavía era demasiado ciego, tanto que era él quien no quería ver.

Ese fin de semana se había alejado del mundo mágico, más allá de su departamento. Había ido parar hasta la casa de sus padres que había sido la suya por muchos años. Sus hermanos habían insistido mucho en que los fuese a ver, al final había acabado cediendo a ellos y a las peticiones de su madre por ir a comer. Estaba siendo una tarde tranquila, finalmente tomaba un descanso en el patio trasero luego de haber estado jugando con sus dos hermanos. Ellos parecían tan felices, casi ni siquiera parecía importarles saber que no iban a recibir la carta de Hogwarts, nunca habían presentado “anomalías” como su hermano. Sebastian casi rogaba que al menos uno fuese a su colegio para no sentirse tan distinto a su propia familia.

Miraba a Dager correteando con los dos niños. A pesar de ser muggles, el crup no parecía repudiarlos tanto como lo hacía con cualquier otro muggle, era una cosa muy extraña. Ni siquiera se preocupaba cuando Erik le jalaba la cola o cuando Aria intentaba ponerle moños y ropa. Los mellizos lo hacían y deshacían y felizmente el cachorro jugueteaba con ellos, bajo la atenta mirada de su hermano mayor. Cuando finalmente pareció acabarse la batería de los tres enanos, Dager se había tirado perezosamente a los pies de su dueño para tomar una pequeña siesta mientras Aria y Erik se sentaban en el suelo frente a él.

¿Cómo te va en la universidad? ¿Qué es lo que has visto esta semana? —Aria se interesó por sus clases. — ¿Tienes nuevos hechizos? ¡Haz la cabeza de Erik una calabaza otra vez! —le pidió entusiasmada, aunque luego se quejó porque su mellizo le había pegado en el brazo por pedirle al mayor que convirtiese su cabeza en una calabaza. Había sido divertido para todos menos para Erik, quien se había asustado mucho con el suceso.

¿Por qué a mí? ¡Debería a ti convertirte en… en un sapo! —Erik dijo lo primero que se le vino a su infantil cabeza. Acariciando suavemente al perro de su hermano que descansaba plácidamente, los dos menores discutían y se burlaban del otro hasta que la cabeza empezó a dolerle un poco a Sebastian debido a su susceptibilidad.

El rubio era terriblemente susceptible y podía poderse de malas cuando la cabeza le dolía, así que tuvo que interrumpirlos. — No voy a convertir en calabaza ni en sapo a nadie, ¿me entendieron? Las clases me van bien, hemos estado mirando las propiedades de las runas para saber sus utilidades, ¿saben? Es como… Por ejemplo, esta runa podría protegerte de todo —tomó una roca y fingió que era una runa, despertando el asombro de los dos menores. — Otras sirven para guiar caminos y otras tienen diferentes habilidades dependiendo de su tipo, así que uno tiene que saber eso antes de poder trabajar con ellas en el campo —les iba explicando, ellos escuchaban con total atención. Eran las pocas personas con las que Sebastian se desataba hablando de sus gustos.

Fueron unos minutos más tarde que Erik exclamó: — ¡Vamos a jugar a la consola! ¡Esta vez ganaré! —y se puso de pie, invitando a sus dos hermanos, aunque en ese mismo momento una lechuza cayó del cielo con una carta para el rubio. No pudo esconder la sonrisa de entusiasmo que le ocasionó verla. — ¡Es una lechuza! —se sorprendió, señalando a Gorrón con entusiasmo.

¿Lechuza? —preguntó, para el asombro de Erik, — yo no veo a ninguna lechuza —se había acostumbrado a tratar a aquel emplumado espécimen como un perro, como siempre se comportaba. Recibió la carta de aquella forma que siempre le entregaba y no le dijo nada cuando fue a robarse la comida de Dager, que el crup muy fiero fue a defender su alimento ladrándole y mordiéndole las plumas de la cola para comenzar a jugar.

Cuatro días más tarde.
Lavish, ¿cómo estás?

Me aseguraré de tener un pedido por adelantado para tener las hierbas, gracias por el dato, mi crup realmente te lo agradece y su dueño también lo hace. También tendré en consideración encontrar varios tomos sobre el cuidado y la crianza de los crup para poder apoyarme en ellos con los datos que ya me has dado, seguro que encuentro algo interesante. Estoy empezando a hacerlo socializar poco a poco, también.

No me enorgullece mucho leerte reconocer que te es difícil seguirme, hiciste aportaciones de valor a mis investigaciones y espero que no signifique que piensas retirarte del juego. Puedo decir casi con seguridad que de proponértelo podrías aspirar a mucho dentro de la materia, en caso de que te interese de forma particular, puesto que también podría no ser tu rama de interés y es completamente válido.

La revista es una larga historia. Digamos que subestimé al cachorro y a su aburrimiento y acabó abriéndome un cajón que no consideré que pudiese interesarle, ha sido mi culpa. Probablemente se deba a que intenta sacarme la competencia para ser el crup más experto en runas que existe (¿existen crups expertos en runas? Es una pregunta retórica). Gracias por adjuntarme la revista.

Tomaré en consideración escribirte sobre la investigación más adelante, ya que esté más pulida que la roca en bruto con la que estoy todavía trabajando. Se agradece tu cooperación, así como también te hago saber que estoy a tu entera disposición en caso de que requieras algo con lo que pueda apoyarte.

Espero tu respuesta.


Eugene Smoldercold.


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Así somos los pío, sólo llegamos para molestar un poco sin que nos atrapes y luego huimos de tu corazón (y de tu casa) sin dejar rastro. (?)
PD: Cierras cuando leas<3
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